All language subtitles for Fate Is the Hunter (1964) BRRip

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Original subtitles

- Buenas noches, Sr. McBane. - Buenas noches.

Hola, Sam. Me voy de pesca. ¿Quieres venir?

Hay una zona de bajas presiones junto a Vancouver.

No la pierda de vista y avíseme en qué dirección se desplaza.

Sam, ¿qué pasa cuando terminas tu jornada?

¿Te metes en el hangar para que te revisen los mecánicos?

Ni a ellos les sobra el tiempo, ni a mí tampoco.

Bien, la semana próxima serás recompensado.

Si eso lo consideras una recompensa.

- ¿De qué estás hablando? - Oh, vamos, Sam.

Stillman asciende a jefe ejecutivo. Tú ocuparás su puesto.

¿Vas a decirme que no lo sabes?

Eso cuéntaselo a Sawyer. No a mí.

No me lo puede contar. Explícale por qué, Sam.

Él también aspira a ese cargo.

- Creí que lo sabías. - No, pero apuesto por ti.

A ver si nos reunimos pronto. Hace tiempo que no charlamos.

De acuerdo.

Y no trabajes tanto.

Aquí tienes, Bob, y gracias.

Atiende a los pasajeros. Yo me ocuparé de esto.

- Está bien. En total son 50, ¿no? - No.49. Hay una anulación.

Iré a ayudarte enseguida.

- Vaya, vaya... Bienvenida. - Hola, Martha.

Ah, hola. Buenas noches. Primer oficial Murray, la Srta. D'Arcy.

Sustituye a Julie Simpson.

Mucho gusto. Es un placer, señorita.

- Soy Jack Savage. - Contra el que te he prevenido.

- ¿Qué te ha parecido? - Hola, capitán.

- Estaba pensando que... - Está ocupada ahora...

Pues cuando termine que me traiga un poco de café.

- ¿Comprobaciones? - Cuando quieras.

- ¿Palanca de transmisión y luces? - Abajo y correctas.

- ¿Freno de estacionamiento? - Sí.

Aquí estará cómodo, Sr. Richards. ¿Me llevo su abrigo y sombrero?

- ¿Qué? - Su abrigo y sombrero. Los guardaré.

Oh, sí, sí. Sí.

Si necesita algo, avíseme. Basta con pulsar ese timbre.

Me llamo Sandra y viajo sola a Seattle.

Me llamo Sandra y viajo sola a Seattle.

Ven. Este es tu asiento. Y la muñeca, aquí.

Sobre todo, pórtate bien. La abuela te esperará en Seattle.

- Un beso a mamá. Adiós. - Adiós.

Yo me ocuparé de ella. Descuide.

- ¿Tablero de instrumentos? - Correcto, pues no. Ahora.

Me ha dicho que cerca de Wala Wala hay un riachuelo repleto de truchas.

Primero en marcha.

Segundo en marcha.

- Consolidated 22, cambio. - Consolidated 22 a la escucha.

Consolidated 22, a la pista 25 izquierda.

Viento 280 grados a siete.

Altímetro 3018. Hora 08 y media. Cambio.

Buenas noches, señoras y caballeros. En nombre del comandante Savage

y la tripulación, les doy la bienvenida a bordo del vuelo Consolidated 22.

La duración del vuelo hasta Seattle será de dos horas y diez minutos.

Volaremos a una altitud de 10.000 metros.

Efectúe el despegue a 270 grados. Confirme. Cambio.

270 grados. Conforme. Consolidated 22. ¿Timón de altitud?

En posición.

Ella sigue ocupada.

Torre de control. Consolidated 22, listos para despegar.

Consolidated 22, puede despegar. Cambio.

- Consolidated 22. Conforme. - Sigue ocupada, ¿eh?

- Sí, y sólo le gustan los jóvenes. - Muchas gracias por el café.

- Siéntate y abróchate el cinturón. - A la orden, jefe.

Luces de posición, Joe.

80 nudos.

Arriba la palanca, Joe.

En contacto de radar. Consolidated 22, continúe su ruta.

Consolidated 22. Conforme.

- ¿Bomba auxiliar del timón? - Funciona perfectamente.

Magnífico. Iré a decirle a esa chica lo bien que vuelas. Quizás así pique.

Se lo diré yo mismo, si no te importa.

Reactor derecho incendiado. Fuera contacto.

El extintor.

El reactor izquierdo sigue bien. Podemos aguantar.

- Mejor que vaya con los pasajeros. - Buena chica.

Torre de control de Los Ángeles, aquí Consolidated 22.

Consolidated 22, aquí torre de control de los Ángeles, hable.

Nuestro reactor derecho se ha incendiado. Funcionan luz y alarma.

- Páralo, páralo. - Aguarde, 22.

- Que vuelva enseguida. - Tendrá que esperar.

- Hay aviones aquí, aquí y aquí. - Nada menos que tres.

Dígale que espere mientras los quitamos de ahí.

- Control de radar a Consolidated 22. - 22, escucho.

Baje a 1.000 m. Manteniendo la ruta 350. No se desvíe hacia el este.

- Hay tres aviones en esa zona. - 22, conforme.

Art, echa un vistazo desde la otra cabina. Pero andando, sin correr.

Diles que volvemos. Que no hay nada de qué preocuparse.

Señoras y caballeros, lamentamos informarles que por dificultades

nos vemos obligados a regresar a Los Ángeles.

Mantengan abrochados sus cinturones, gracias.

Los soportes del reactor derecho están cediendo.

Está inclinado unos 30 grados. Se nos va a caer.

- A mí ya se me ha caído mi café. - ¿Quieres otro?

No, lo tomaré cuando llegue.

Consolidated 22, aquí torre de control de Los Ángeles.

- 22, escucho. - Ya podemos darle paso, 22.

- Bravo, buen chico. - Preste atención. Siga la ruta 20.

¿Qué ha pasado?

Control de radar, aquí 22. Cambio.

No contestan.

¡El otro reactor!

- Control de radar... - Para la alarma.

Martha, prepáralos para un aterrizaje forzoso.

- No hay contacto. - Demasiado bajo para el radar.

Oh, qué playa más hermosa.

Hurra.

LOS PASOS DEL DESTINO

- No pueden pasar. - No. Sí pueden pasar.

Son de la compañía Consolidated. El Sr. Stillman. Vicepresidente.

Fíjate en eso. Presión uniforme en todos los puntos al tocar tierra.

Sí. Pudieron salvarse de no encontrar ese obstáculo.

Hay que dar la lista de pasajeros. No han muerto todos.

- ¿Hay supervivientes? - Sí, tres. Están ahí.

Salieron despedidos. Esas cosas inexplicables.

Uno de ellos es nuestra azafata, Martha Webster.

Los otros dos, pasajeros.

- ¿Hay esperanzas? - No puedo decirlo. Un fuerte shock.

Que se la atienda en todo lo necesario.

El vuelo era el número 22 de las líneas aéreas Consolidated.

Con 54 personas a bordo. 49 pasajeros y 5 tripulantes.

El accidente sobrevino a los cinco minutos de despegar.

El avión que se hallaba ya en vuelo se estrelló a 15 Kms. del aeropuerto.

Todos muertos... ¿Por qué?

Te presento al Sr. Crawford de la junta de aviación civil.

Me encargaré de investigar el caso.

¿Dónde pueden montar los restos del avión para su estudio?

Los trasladaremos a un hangar.

Disculpe Sr. McBane, pero quisiéramos hacerle algunas preguntas.

El Sr. Wilson es nuestro jefe de relaciones públicas. Les atenderá.

- Lo sabemos, pero como jefe... - Un accidente entra en su jurisdicción.

El Sr. McBane dirige las operaciones de vuelo.

El Sr. Sawyer es el jefe técnico y de conservación.

- El accidente nos concierne a todos. - ¿Quiera añadir algo, Sr. McBane?

Al parecer hubo un fallo en el motor derecho. Es todo lo que sabemos.

¡He dicho que es todo lo que sabemos!

No es todo. Sabemos además que esa no fue la causa directa del accidente.

Tras ese fallo, el motor izquierdo seguía funcionando.

- Podía mantener en vuelo al avión. - ¿Cómo se explica el accidente

con el avión a 15 Kms del mayor aeropuerto del mundo

donde todo estaba preparado para que el piloto aterrizara?

- Y recibió instrucciones para hacerlo. - Y la visibilidad era perfecta.

¿No indica todo ello que se debe a un error del piloto?

El capitán Savage era un piloto veterano y de los mejores.

- ¿No posible que cometiera un error? - No. No es posible.

- Lo que nos dice no ayuda. - ¡Por favor!

Un momento, amigos, un momento. Un momento.

¡Déjenme hablar!

Se trata de un auténtico misterio y hacemos lo posible para aclararlo.

Disponemos del registro de vuelo y lo vamos a estudiar.

¿Puede explicarnos qué es un registro de vuelo?

El registro automático de todas sus incidencias.

Si hay un fallo mecánico, los gráficos lo indican.

Es el FBI, parecen saber algo. Acción deliberada del exterior.

- ¿Sabotaje? - ¿Por qué no? Ha ocurrido antes.

Bien, ténganme informado.

Un pasajero suscribió un seguro especial de tres días por el máximo

y luego dos pólizas más en las máquinas del aeropuerto.

Un total de unos 400.000 $.

Quiero que se busquen en el avión señales de posibles explosivos.

Dado que la investigación la llevará a cabo la aviación civil

y bajo mi dirección, yo decidiré lo que se debe hacer.

- Disculpen, caballeros. - No revelen nada de momento.

Aquí. ¿Saben lo de los dos pasajeros supervivientes?

Acaban de comunicarme que no llegaron vivos al hospital.

- ¿Tiene algo que decir al respecto? - No, nada.

Un caso de mala suerte, ¿eh?

Escuche, Sr. Crawford. Yo no creo en la suerte.

Y por tanto, ni en la mala suerte ni en la buena. ¿Me hacen el favor?

Veo que no está enterado de lo del espigón.

Si todo se hubiese desarrollado con normalidad su avión no hubiese chocado.

Un contratista tenía el encargo de demolerlo desde hace una semana.

A última hora decidió ir de caza. Se retrasó dos días en la vuelta.

La demolición iba a empezar mañana. ¿A eso no le llama mala suerte?

¡Un momento!

Este accidente es debido a algo que no tiene nada que ver con la suerte.

Alguien falló en algo. No lo sabemos aún.

¿Y por qué no el piloto?

Tenga presente que en un vuelo no interviene únicamente el piloto.

¿Lo ignoraban? Permítanme.

Hagan memoria y empiece por donde quiera.

Dígame cualquier cosa. Cualquier detalle que crea recordar.

No estoy segura de nada.

Sí, me parece recordar que sonó la alarma.

- Un fallo en un reactor. - Acabábamos de despegar y...

yo estaba con ellos en la cabina de mandos.

- Luego fui a la de pasajeros y... - Diga, ¿era uniforme el movimiento?

- ¡Debió de ser otra cosa, otra cosa! - Le ruego que no la fatigue más.

No, estoy bien.

Creo que abrí una puerta, pero, a partir de ahí, no recuerdo nada más.

La cabina de mando, entré y estaba sonando la alarma.

- Y encendidas las dos luces rojas. - Un momento, ¿las dos luces? ¿Segura?

- Cerré la puerta y volví a salir. - Las dos luces.

- ¡Y allí estaba D'Arcy! - Por favor, déjela ya.

D'Arcy. Estaba de pie, en el pasillo.

Aún me parece estar viéndola. Era su primer vuelo con nosotros.

¿Por qué murió ella y no yo? Dios mío, ¿por qué me salvaste a mí?

Por favor, dime. ¿Por qué a mí? ¿Por qué a mí?

- Plumas de gaviota. - Sí.

Para ser más exactos de una gaviota del Pacífico.

Muy raramente nos visitan en esta época del años.

Prácticamente nunca se acercan a tierra. Se mantienen lejos.

Sin embargo, esta se encontraba en la pista

esperando que la absorbiera este reactor para después ahogarlo.

Es raro que acudan por aquí las gaviotas.

Y más aún la de esta especie.

Bien, es un misterio que dejo a los filósofos.

No tiene nada que ver con la ciencia.

Este es el motor derecho, y sabemos que no fue el que provocó el accidente.

Ni el otro tampoco.

- Espere a que se revise. - Ya lo hemos hecho. Venga.

- Aquí tiene el reactor izquierdo. - Ni un arañazo, Sam. Intacto.

- No hay señales de explosión. - Ninguna.

No es posible. La azafata dice que se encendió la luz roja de este reactor.

- Ella oyó la alarma y vio la luz. - Póngalo en marcha.

Esa muchacha ha debido de equivocarse.

¿No influiría usted en ella... sin darse cuenta?

Lo digo porque debe tener las ideas bastante confusas después de todo.

No. Lo dijo muy convencida.

- Al menos lo parecía. - ¿Te han dicho lo del registro?

Quedó destrozado. No hay medio humano de utilizarlo.

Pero hemos avanzado en otra dirección. En lo del presunto sabotaje.

El que se aseguró era un artista fracasado que vivía en Hollywood

y debía el alquiler. Según su casero, no había subido a un avión en su vida.

Un excéntrico capaz de fabricar cualquier artilugio. Era muy mañoso.

Este es.

Sr. Sawyer. Sr. Sawyer. El control de radar tiene listas las cintas.

Vamos.

Sr. Proctor. Sr. McBane. No saben cuanto me alegro de encontrarles.

Hace unos minutos he recibido una información sobre su piloto.

- ¿De qué se trata? - De su afición a beber.

Alguien está llamando a los periódicos diciendo que vio a Savage en un bar

- Tan solo dos horas antes del vuelo. - Eso es mentira.

- ¿Estás seguro? - Claro.

Vi a Savage 10 minutos antes del vuelo.

Unos soportan la bebida mejor que otros. Ya se sabe.

Me limito a repetir lo que han dicho.

Lo reconoció el dueño de un bar al ver su foto en los periódicos.

Ninguno de mis pilotos infringe la norma de las 24 horas.

Eso es pura invención. Olvídelo.

No puedo, porque una hora antes también lo vieron en otro bar,

y con el mismo amigo. El amigo casi no podía andar.

Si se atreve a dar eso como noticia, le demandaré por calumnia.

Nadie ha asegurado que sea cierto. No son tan estúpidos.

Se lo he dicho por si podía serles de utilidad.

- Gracias. - Se lo agradecemos, Sr. Crawford.

- Sr. Proctor. Le llaman. - Nos reuniremos en la torre.

Se trata de un rumor sin confirmar. Yo no le haría ningún caso.

- Si no fuera porque... - ¿Si no fuera qué?

Pues, no olvides que yo estaba aquí la primera vez que vino Savage,

¿cuándo fue? Hace 16 años, ¿no?

Uno de tus pilotos alumnos. Oh, y qué alumno.

Venía de trabajar en un circo volante.

Después de volar cinco años en una escuadrilla de transporte.

¿Recuerdas cuando estrelló nuestro único aparato de entrenamiento?

Sí, lo recuerdo.

Aún seguía cantando "Luna Azul" cuando tú y yo lo sacamos de allí.

Vaya un tipo.

Es fácil recordar cosas así de Savage, ¿verdad?

Y más pudiéndolas pintar ahora del color que quieras.

Quizás me hayas obligado a hacerlo sacándote motores de la manga,

para echarme responsabilidades encima.

Te aseguro que no podrás conmigo, Sam.

Yo también deseo esa vicepresidencia.

No te bastará para ello sacrificar la reputación de un piloto muerto.

Tendrás que probar su culpabilidad.

Empecemos por ir a la torre a ver qué nos dicen.

Torre de control de Los Ángeles, aquí Consolidated 22.

Consolidated 22, aquí torre de control de los Ángeles. Hable.

Nuestro reactor derecho se ha incendiado. Luz y señal de alarma.

- Páralo, páralo. - Aguarde, 22.

Bien, ¿qué les parece? ¿Qué tal les suena?

Algo preocupado, pero no presa del pánico, diría yo.

No es la voz de un hombre bebido.

- Que vuelva enseguida. - Tendrá que esperar.

- Hay aviones aquí, aquí y aquí. - Nada menos que tres.

Dígale que espere mientras los quitamos de ahí.

- Control de radar a Consolidated 22. - 22, escucho.

Baje a 1.000 m. Manteniendo la ruta 350. Sobre todo no se desvíe al este.

- Hay tres aviones en esa zona. - 22, conforme.

Ya lo han oído. Totalmente normal.

Con frases tan cortas no se puede apreciar.

- ¿Es cierto que bebía? - Puedo asegurarle que no.

También es casualidad un detalle.

De 120 aviones que llegaban a esa hora, sólo tres, justo esos tres,

llegaron con retraso sobre su horario previsto.

De no ser así le hubiésemos hecho aterrizar inmediatamente.

- Ya podemos darle paso 22. - Bravo, buen chico.

Y ahora viene otra cosa extraña. Su radio enmudeció.

Confirme, 22. Aquí torre de control de Los Ángeles. Cambio.

No volvimos a oírles.

Entonces fue cuando les ocurrió lo que fuera, pero claro...

ellos nunca podrán explicárnoslo. ¿Diga?

- Sí, aquí está. Para usted. - Gracias.

- Aquí Proctor. - Bien.

Ya no hay más. Pero díganme,

¿cuántas posibilidades hay de que falle una radio?

Eso no tiene nada que ve con que el avión se estrellara.

No me refiero a eso. Hablo de coincidencias como la de los 3 aviones.

Cosa que es muy posible no vuelva a ocurrir en diez años.

Pero eso no motivó el accidente que es lo que nos interesa. ¿Qué lo motivó?

¿Algo material? ¿Algo que se pueda tocar?

Gracias, iremos en seguida. Sí. Era el FBI...

- ¿Sobre el sabotaje? - Tienen algo que decirnos.

Y la maleta del individuo en cuestión. La sacaron del agua.

Eso es todo, caballeros. No existe tal saboteador. Descartado.

Permítame una pregunta. ¿No creen que un seguro así no es normal?

Para él sí lo era. Iba a acompañarlo un amigo que tuvo un presentimiento.

Se anuló un pasaje, ¿recuerdan? Se asustó y se hizo un seguro.

- Dejó de beneficiaria a su hermana. - Ella vive en Seattle y se iba a casar.

Por eso llevaba en su maleta este frac apolillado. Pensaba lucirlo.

- ¿Diga? - Perdón, Sr. McBane.

El Sr. Hutchins y el Sr. Wilson están aquí.

- Seguiremos en contacto. - He de incluir esto en mi informe.

Mañana se reúne la junta de aviación civil.

- ¿Mañana? - A las diez.

Sé que ha sido aprisa, pero la opinión pública está impaciente.

Y no es esto lo que les va a tranquilizar.

Un rumor ha circulado sobre un piloto al que se vio bebiendo antes del vuelo.

Si hay algo de verdad en todo esto, estamos metidos en un buen lío.

Todos los parientes de las víctimas estarán preparando sus demandas.

- Acudirán con sus abogados. - Bien. Eso es lo corriente, ¿no?

Echarle la culpa al piloto muerto. Así no puede defenderse.

Seamos francos. Reconozcamos que Jack no era la imagen del piloto ideal.

- ¿Por qué lo dices? - En primer lugar, soltero.

A la gente les gusta pensar que son padres de familia.

- Con casa, una esposa, niños... - Yo también soy soltero.

Tú no eres piloto de línea.

Ni has estado pasando de una rica heredera a una bailarina.

Y la última era una china, creo.

- ¿Cómo te has enterado de todo eso? - Hemos recibido mucha información.

Aventurero, juerguista, galanteador. Lo sabrá todo el mundo.

Si no podemos desmentirlo, hemos de reconocer que hemos cometido un error.

Un momento. Calla un momento. Haz el favor.

Con ninguno de mis pilotos cometería un error así.

Hablemos seriamente. ¿Cómo puedes estar tan seguro?

Respecto a él, es fácil. Fui su copiloto en la guerra.

¿Has frecuentado su compañía en estos últimos años?

Sabes que estos últimos años he estado atado a esta mesa.

Por eso no puedes respaldarle. ¿A quién estás defendiendo?

- ¿Qué quieres decir con eso? - ¿A Savage o a ti?

¡A ti en primer lugar por haberle admitido!

Muy bien, muy bien, Ben.

¿Por qué no sales ahí fuera y proclamas lo que piensas?

Ten valor. Al menos exponlo aquí claramente.

Fallo del instructor. Mío, ¿eh?

Soy el responsable de todo esto. ¿Es eso lo que quieres decir?

Basta. Escúchenme los dos.

No me importa quien vaya a ser ascendido ni quien tenga que dimitir.

Me importa la compañía. Hay que defender su prestigio sobre todo.

Y sólo veo un modo de conseguirlo, cargar con la culpa al piloto.

Y tienes que ser tú, Sam, quien lo haga.

Que sea del mejor modo posible, pero tenlo preparado para la reunión.

Todos contra usted, ¿verdad?

No es que escuchara. Es que no tenía algodón para taparme los oídos.

Lo cierto es que algo tuvo que causar el accidente.

- ¿También cree que fue su culpa? - No he dicho eso.

Lo único que he dicho es que sin duda tuvo que haber un motivo.

Pudo deberse a muchas cosas, claro. Actos de negligencia, coincidencias,

a la mala suerte... ¿Por qué no? A esas plumas, quizá.

Sí, o a ese espigón que no fue derruido a tiempo.

Y que les sirve ahora de excusa a los que no saben qué buscar,

- O no quieren buscar. - Y usted se empeña en hacerlo.

Y tal vez se encuentre con una explicación que no le convenga.

- ¿Qué hará entonces? - Han muerto 53 personas.

¡53! Y somos los responsables. ¿Cree que voy a eludir mi parte?

¿Sólo por una vicepresidencia? ¿Vicepresidente de qué?

No me interesa.

Ni me importa perder mi empleo por defender a Jack Savage.

Así mantendré limpia mi conciencia.

¿Qué va a tomar?

Tengo entendido que usted identificó al piloto de este avión, ¿verdad?

- Sí. - ¿Dice que estuvo anoche aquí?

- Sí. - ¿Y usted le vio beber?

Bueno, le serví, pero no me quedé a ver como se lo bebía.

Le ha reconocido por esta fotografía.

Pero iba de paisano cuando le vio, y aquí viste uniforme.

Pues sí, la verdad es que iba de paisano. Una americana a cuadros.

Pero aún con una toga, seguiría asegurando que es él.

- Bernie, pon otro whisky. - En seguida.

- Sírvame uno a mí, por favor. - Bien.

Tenga. Quédese con la vuelta.

Vaya, muchas gracias.

Olvidé decirle que estaba sentado ahí, en ese taburete.

Estuvo un buen rato, riendo y pasándolo bien.

Junto a él se había sentado una rubia llamativa y se divirtieron.

Entró por la puerta el amigo de ella y pensé que le rompería la cara.

En cuanto al amigo que venía con ese piloto, estaba como una cuba.

Y no hacía más que llamarle: "Jack". Por eso lo reconocí al leer su nombre.

Bernie, pon un bourbon, y cámbiame esto.

Dice usted que su amigo le llamaba Jack.

- ¿Cómo llamaba él a su amigo? - La verdad es que no lo oí.

Pero recuerdo que era más o menos de la misma edad que ese Savage.

Y que estuvo una mañana sobre las once y ya borracho perdido.

No podía tenerse en pie.

Se llama Mickey.

- Mickey, ¿qué más? - Oh, pues no lo sé.

Sé que se llama Mickey porque dijo que quería ir a otro bar.

Y su amigo le contestó: "No, Mickey. Antes quiero oír música".

Y me entregó medio dólar para que se lo diera la pianista.

¿Sabe qué quería oír? "Luna azul". ¿Qué le parece?

Menos mal que no es uno de esos periodistas. Cómo han dejado las flores.

Han entrado como búfalos preguntando si conocía a un tal Mickey.

Creo que dos de ellos eran detectives privados. Pero no estoy muy segura.

- ¿Y conoce usted a Mickey? - No, Sr. McBane.

No tengo por costumbre hurgar en la vida privada de mis inquilinos.

Así que no conozco a sus amigos.

Me han dicho que debo dejar las cosas como están durante algún tiempo.

¿Se da cuenta de cómo está todo?

Por lo visto, anoche el Sr. Savage tenía prisa por ponerse el uniforme.

Supongo que será bonita, para el que le guste, claro.

No soporto los cuadros. Demasiado llamativos.

Claro que a él, con su carácter, le sentaba bien.

Oh, su concertina. Le encantaba la concertina.

A los vecinos no tanto. Hay que ver como protestaban.

Daba fiestas y cantaba y tocaba eso hasta la madrugada.

- Quizá no debería haberlo dicho. - No. Hace bien en decirlo.

En realidad a mí no me importa. Jamás me ocupo de los demás.

Vive y deja vivir. Ese es mi lema.

Esa era otra de sus diversiones.

Me parece estar viéndole la noche en que lo trajo a casa.

Riendo como un niño y dando tumbos por el jardín con él a cuestas.

Oh, ya he vuelto a hablar.

Estaba junto a la ventana cuando llegaron en capitán y esa chica.

Una de esas amiguitas que él encontraba Dios sabe dónde.

No sé hasta cuando voy a tener que cuidar de estas cosas.

Como si no tuviera nada más que hacer.

¿Oye usted?

Ese también es inquilino. Cuando no es uno, es otro.

Pero seguro que ninguno es tan particular como lo era el capitán.

Lo siento. Soy mujer de principios y no podía aprobar ciertas cosas.

Fíjese en eso. Una liga de mujer colgada ahí. Una indecencia.

Volveré enseguida, Sr. McBane.

No hay amor, no hay nada...

hasta que mi amor venga a casa.

No, señor, no hay nada...

hasta que el chico deba venir.

Le he prometido que le esperaré.

Hasta que el infierne se congele.

Estoy muy sola, el cielo lo sabe.

Pero cumplo lo que digo.

No hay amor, no hay nada...

Es la promesa que mantengo.

Ni diversión con nadie,

Me está entrando sueño...

Mi corazón está en huelga.

Y pienso que es como un vacío panal...

Sin amor, ni hombre.

Nada hasta que mi amor vuelva.

Ni amor, no señor. Nada...

hasta que mi amor vuelva a casa.

Capitán, saldré con usted.

Ha sabido elegir bien, ¿eh?

La lanza a uno cualquiera de cada campamento para mantener la moral.

Salvo la tuya, amigo.

Ni amor, ni nada

hasta que mi amor vuelva a casa.

No, señor, no hay nada...

hasta que el chico deba venir.

Es la promesa que mantengo.

¿A qué viene esa expresión tan triste?

- Si estoy triste es por ti. - ¿Qué?

Esa cita se anuló.

No te preocupes por ella, se lo dijo el jefe.

- Déjate de bromas, ¿quieres? - No. Hablo en serio.

Hay que salir por la mañana con un cargamento de maquinaria pesada.

Esta noche te lo dirán, porque tienes que ir tú.

¿Y por qué yo?

Porque yo he de ir a una conferencia en la jefatura y ya sabes lo que duran.

Mala suerte, Sam.

- ¿Por qué no ha parado, mayor? - ¿Qué quiere, que perdamos la guerra?

Él tiene una misión importante.

Tú, sucio...

- Hola. - Buenos días.

Muchachos, hay por ahí atracciones para los turistas realmente increíbles.

Y no es mala atracción tampoco su amigo el mayor.

De veras lo siento, capitán. Pero le di algo al mayor para usted.

- Me dijo que había perdido la otra. - ¿La otra?

Hasta la vista. Estaremos de vuelta esta noche.

Una chica estupenda, Sam. Bueno. Ya tenemos el juego completo.

La reunión de anoche fue muy interesante.

Sobre todo al saber que el servicio era idea tuya.

¿Qué? Ah, sí, claro. A veces se me ocurren ideas.

Aunque me cuesta un esfuerzo terrible.

Estás en estupendas condiciones para volar, ¿eh?

No pienso llevar los mandos. Te concederé ese honor a ti.

Despiértame cuando volemos sobre la base japonesa.

Un país ideal. La selva abajo, y arriba nieve.

Y la situación tardará en mejorar. Fíjate cómo llevamos las alas.

La situación es estupenda a mi modo de ver.

En cuanto uno comienza a sentirse seguro, se aburre, surge el descontento

y se queja de todo.

Pues yo soy de esos tontos que prefieren estar seguros.

- ¿Y eso por qué, Sam? - ¿Cómo que por qué?

Porque tengo mis proyectos para después de la guerra.

- ¿Volar? - En efecto, volar.

No en esta clase de vuelos, claro.

- Comerciales, ¿no? - Sí. Serios y comerciales.

Todo bien ordenado, ¿eh?

Exactitud en el horario, amabilidad con los pasajeros,

e ir ascendiendo hasta llegar a ser el mandamás.

¿Qué hay de malo en ello?

Imagínate que llega tu hora y todo se queda en nada.

- Nunca pienso en eso. - Lo suponía.

A mí me gusta volar. No sabría vivir de otro modo.

Y además me temo que no soy inmortal.

Lo mejor que se puede hacer es sacar el mayor partido a cada día

y aceptar que le ha llegado la hora cuando llegue.

- ¿Qué pasa, Ralph? - Esa base japonesa a la que se refería,

- Scott dice que volamos sobre ella. - Bien.

- ¿Estamos en la misma frecuencia? - Sí, señor.

Alcánzame el micro.

- ¿Qué pasa? ¿Qué vas a hacer? - Como no podemos bombardearles,

al menos que sepan que seguimos vivos.

No tiembles, muchacho.

Luna azul, me ves aquí, solo, sin un sueño en mi corazón,

sin un amor para mí. Luna azul...

Siento interrumpir tu concierto, pero debo darte una noticia.

Este aparato lleva más peso del que puede soportar.

Bueno, pues bajemos a limpiarlo. Luna azul...

Genial. ¿Pero qué te parecería si nos diéramos contra esas montañas de ahí?

Estamos perdiendo altura. Cada vez más.

- ¿Tendremos que saltar en paracaídas? - No hay que apresurarse nunca, Ralph.

Haz una cosa, Ralph. Llama a Chabúa.

- ¿Entendido? - Sí, señor.

Diles que estamos en dificultades y que hemos de abandonar el avión.

- ¿Entonces vamos a saltar? - Exacto.

Cuando termines de hablar, destruye la radio. Todo el material importante.

Lanzaos de una vez. Os seguiré cuando Ralph haya hecho la llamada.

¡Salta! ¡Salta!

¡Vamos, rápido! ¡Vamos!

- ¡Vamos, Ralph! Eres el siguiente. - Un momento. Tengo un problemilla.

- Déjalo. Salta tú de una vez. - ¡Vamos, rápido!

- He dicho que saltes tú. - ¡Bundy, Bundy! ¡Vamos!

Estoy al mando y es una orden. ¡Salta!

Bienvenidos, muchachos. Bienvenidos.

No os podéis imaginar la alegría al haber sido localizados.

- Estamos tan contentos como vosotros. - Nosotros no podemos estarlo.

- Bundy y Savage... - ¿Qué pasa con ellos?

Sam... Es el nuestro. El nuestro.

Coronel, dejamos ese avión a punto de estrellarse. ¿Qué ha pasado?

Fue probablemente el vuelo más arriesgado que conozco.

El mayor no quiso resignarse a abandonar el aparato como hacen otros.

Y un avión significa mucho para nosotros en estos momentos.

Le trasladaremos a la base de Groenlandia. Se lo merece.

Bien, ¿qué os parece? Un héroe.

No quiero ni pensar que pudiera prepararlo todo intencionadamente.

¡Qué buen aspecto tiene mi tripulación!

- ¿Estás bien? - Estoy bien.

Me alegro. Iré a verte al hospital.

¿Qué hay, Sam?

El bueno de Sam.

No tenía más remedio que llegar con el avión. El cargamento era valioso.

Un momento...

Ahí va, Sam. Jane también te da la bienvenida.

Siento haber tardado, Sr. McBane.

No se preocupe. No tiene importancia. Iba a marcharme ya.

Es bonita, ¿verdad? Usted la conocerá, supongo.

Con todo mi amor, Lisa. No, no puedo decir que la conozca.

Es su novia, Lisa Bond. Una rica heredera de Pasadena.

Una de las mejores familias del sur de California.

Lo que no entiendo es como se enamoró de él.

Según me han dicho, no ha querido ni ver los periódicos de la mañana.

Quisiera ayudarles en lo posible, siento una pena tan horrible.

¿Dónde ha dicho que vive? ¿En Pasadena? ¿Tiene su dirección?

No me diga que piensa ir a verla en un momento tan delicado.

A una pobre mujer como esa.

- Hola, querida. - Hola, Lisa.

- Estás encantadora. ¿Qué tal Europa? - Fantástico.

Tom y Sarah preguntaban por vosotros. Quedaos y tomaros una copa.

Me espera un hombre en el bar.

Lo siento muchísimo. Ya sabe lo que es la vida social.

Lo comprende, ¿verdad? Todo estaba preparado y no se podía suspender.

No podía hacerlo, a pesar de mi estado interior.

- ¿Y cómo se siente, Srta. Bond? - Muy mal. Estoy desolada.

- Sigamos hablando. - De acuerdo.

Me estaba refiriendo a un hombre llamado Mickey, que era muy amigo

de su... difunto prometido, y pensé que...

- Hola, Sarah. Tom. - Hola, Lisa.

¿Podríamos ir a otro sitio donde pudiéramos ir a hablar tranquilos?

¿Mickey? Pues no recuerdo a nadie de ese nombre.

Aunque yo no conocía a casi ningún amigo de Jack.

En realidad no es que durase mucho nuestro noviazgo.

- No sé ni cómo pudo empezar. - ¿No? En un tocador de señoras.

En San Francisco. En el aeropuerto. En un cambio de avión.

No sé qué pasó, pero cuando iba a salir se atrancó la puerta.

Me quedé encerrada y comencé a pedir auxilio a gritos.

¿Y sabe qué pasó después? Que me convenció y me quedé.

Y convenció a un compañero que volara por él y también se quedó.

Jack era un hombre muy convincente.

Lisa, si no vas a bailar con tu amigo, podrías dejármelo a mí, ¿no crees?

- Iba a proponérselo yo. - No dispongo de tiempo.

Y no creo que sea el momento adecuado para traer a su memoria

recuerdos que puedan entristecerla. En alguna otra fiesta, tal vez.

Discúlpeme.

Es usted un hombre bastante huraño, ¿verdad?

Desea que hablemos a solas, pero ya ve que aquí es muy difícil.

Bailando era más fácil. Y hubiera podido disipar esa mala impresión.

Es posible que haya sido demasiado brusco.

Lo siento.

Tras ese episodio en San Francisco, organicé una fiesta en Santa Bárbara.

Quería que le conocieran todos mis amigos.

Y la sensación de esa fiesta iba a ser el anuncio de nuestro compromiso.

¿Sabe lo que hizo? Desapareció durante todo el día, y a la hora de la cena

lo encontramos en la cocina con botas altas y limpiando una cesta de pescado.

Debió de ser una sorpresa para todo el mundo.

Créame, nunca había sido mejor recibido un desastre.

Y así pude romper el compromiso antes de anunciarlo.

- ¿Tiene un teléfono por aquí? - Sí, allí mismo.

No debió de dolerle mucho, me refiero a las calabazas.

Un amigo mío le vio salir acompañado de una sala de fiestas de Hollywood

menos de una semana más tarde. La chica con la que iba era china.

Una bailarina, supongo. O algo así.

- Lisa, ¿quieres que bailemos? - Será un placer.

Una última pregunta, Srta. Bond. ¿Qué opinaba usted de Jack Savage?

No como novio. Como hombre.

Habla McBane. Con mi despacho.

Si la llamasen para atestiguar sobre su carácter, ¿qué diría?

- ¿Bajo juramento? - Sí, bajo juramento.

Un momento, Peg.

En tal caso tendría que decir que era el hombre menos de fiar,

más irresponsable y más mujeriego que he conocido en mi vida.

Bailemos, Robbie, anda.

- ¿Peg? - ¿Qué tal van las cosas?

Creo que estamos perdidos. Ya saben todo lo de Jack menos lo de Mickey.

Todavía no. Al menos no lo han dicho.

Tengo que informarle sobre algo que he indagado.

- ¿Ha oído hablar de una china? - Sí, entre sus muchas amigas.

No duró más que las otras, así que puede olvidarla también.

- Tengo otra noticia para usted. - ¿De qué se trata?

Acaba de llegar el informe del seguro de Jack.

Hace una semana que designo un nuevo beneficiario.

Sally Fraser. 26 años. Soltera. ¿Quiere la dirección?

- Gracias, tomo nota, Peg. - Que se divierta.

Es una suerte que haya llamado. Estábamos a punto de irnos.

No tardaré mucho.

El caballero está aquí, Srta. Fraser.

Gracias.

Encantada de conocerle, Sr. McBane.

Le agradezco que me haya recibido.

Srta. Fraser.

Le extraña el apellido, ¿verdad? Sucede a menudo.

Se debe a que una familia inglesa me adoptó.

Yo era huérfana de guerra en China, donde también estaba usted entonces.

- ¿Cómo sabe eso? - Jack me lo dijo.

Por eso recordé enseguida su nombre.

Él le apreciaba de veras. Decía que usted vale mucho.

Me alegra de haber vivido aquellos tiempos de refugiada.

Si no, no hubiese conocido a los Fraser.

Y sin los Fraser no tendría este trabajo.

Y de no tener mí trabajo, ahora...

Aquí están. Venga a ver esto.

Xiphophorus maculatus. Por si no lo sabía.

Bastante más pequeño que su nombre.

Puede llamarlo pez luna, si lo prefiere.

Es un pez un tanto loco.

Cuando vuelva a llevarlo con sus vecinos, se esconderá unas horas.

Como he estado haciendo yo.

Mañana, sin embargo, es preciso que vaya a su apartamento.

Para recoger el acuario.

Lo he adivinado porque lo vi allí.

Si nos hubiesen visto cuando lo llevamos...

Sí, ya me lo contó la propietaria.

- No se perdió detalle. - Ya.

Siempre estaba acechando detrás de la ventana como un centinela.

Tardamos horas en colocarlo. Pero fue divertido.

Él fingía que le interesaba mucho.

Lo hacía para complacerme.

Aunque las cosas no empezaron así.

Sino de un modo bien distinto. Fue en Santa Bárbara,

con sus preciosas colinas. Tan bonitas y suaves.

Un sitio ideal para dar un paseo a caballo al atardecer.

Yo estaba pasando un fin de semana en un rancho de los alrededores.

- ¡No! - ¿Qué?

- Devuélvalo al agua. - ¿Está loca? Es una maravilla.

- Por eso. Déjelo. - ¿Pero ha visto el tamaño que tiene?

¿Cómo puede hacer una cosa así?

Tendría que echarla a usted al agua en vez de a él.

Hágalo si se atreve.

Los peces son para admirarlos y para estudiarlos.

- ¿Qué? - Son las criaturas más bonitas.

No me diga.

- ¿Usted quién es? - En primer lugar una oceanógrafa.

- ¿Y en segundo lugar? - Una ictióloga.

Era de tontos preguntarlo, ¿verdad?

¿Y todo eso en una envoltura tan pequeñita? Nadie la creerá.

No me creen nunca.

De todos modos, le ruego que me perdone por lo ocurrido. Lo siento.

Espere un momento. ¿Qué quiere decir con lo siento?

¿Cree que puede aparecer, estropearlo todo, decir lo siento e irse?

No va a salir de ésta con tanta facilidad.

¿Qué quiere usted que haga?

Pues, en primer lugar, puede seguir contándome cosas de usted.

A ver cuántas de ellas soy capaz de creerme.

Y naturalmente, al momento, ya me estaba hablando de él.

De su novia, de los amigos de ella, que aguardaban la noticia que

les iban a comunicar tras la cena.

No, no. Déjelo. Nada de prisas.

Lo que hemos de hacer es buscar el camino de regreso más largo.

No lo entiendo. ¿Quiere llegar tarde para dar esa noticia?

Lo que quiero es que no se dé.

¿Qué clase de hombre es usted?

Otro pez que rechaza el anzuelo.

Usted aprueba eso, ¿no?

Si no estaba dispuesto a casarse, ¿por qué no se lo dijo a ella?

Porque no me dio tiempo a decir nada.

Me enteré que estaba prometido cuando lo leí en los periódicos.

Pero lo voy a arreglar a mi modo.

He estado preparando este plan de fuga durante mucho tiempo.

- Yo creo que eso es cruel. - No, cruel no.

Es crudo.

En cuanto me vean en la cocina limpiando el pescado, adiós noviazgo.

Sus amigos celebrarán que ella haya recuperado el sentido común

y todos la felicitarán por ello.

No se preocupe usted.

Para ella carece de importancia.

Vamos.

Él quería ser capaz de decirle las cosas bien.

Quería estar seguro de no herirla.

Ese era el Jack que yo conocí.

Lástima que no fuera el que conocí yo.

Porque al Jack que conocí es al que tengo que defender mañana

ante una junta por causa de un amigo suyo borracho llamado Mickey.

- ¿Mickey? - ¿Le conoce?

No. No recuerdo que mencionara nunca ese nombre.

Y ahora, además, por causa de dejarle cuanto poseía a usted.

Una mujer a quien conoció hace menos de un mes.

Sí, me llevé una sorpresa también cuando los del seguro me lo dijeron.

Les dijo que yo emplearía ese dinero en mis trabajos.

Y así será, Sr. McBane. Por si le interesa a usted o a los que le acusan.

Es justo lo que he dicho. Después de todo, yo también desconfío de usted.

¿Desconfía? ¿Por qué?

Por molestarse en buscar tantos datos empleando tanto tiempo y esfuerzo

y no saber aún lo que causó el accidente.

- Supongo que usted sí lo sabe. - Claro que sí. El destino.

Creo que ya era hora de que alguien dijera eso.

- ¿Lo cree también? - Nada más como un refugio.

Porque yo sólo trabajo con estadísticas y realidades.

- Es tal como Jack lo describía. - ¿Ah, sí?

Decía que usted era una de las máquinas más perfectas que conocía.

Que nunca se estropeaba.

Que manejaba datos y cifras y siempre daba soluciones concretas.

Aunque a veces eran falsas.

A él tal vez no le convencían, pero eran realidades, no misticismo.

La palabra misticismo no es tan mala.

Para algunos es casi igual a religión.

Lo mismo que para otros, el destino se le debe llamar Dios.

De cualquier forma, todo implica una fe.

La aceptación de un designio divino.

Murieron 53 personas en el accidente.

- Si a eso le llama designio divino... - Como he dicho, hay que tener fe.

Muy bien. Emplee usted eso en lugar de lógica. Lo siento, pero yo no puedo.

Pues en cuanto pueda, muchas cosas encajarán en su sitio.

Y reconocerá que tal vez el destino le ha estado guiando

en cada uno de los pasos que ha dado.

Admito que en ese sentido soy más vieja que usted.

Aunque hubiese nacido usted ayer, podría serlo.

Durante estas últimas horas, ha habido momentos

en que he sentido que ese designio superior, sea el que sea

sigue su camino hacia un determinado objetivo.

Una revelación.

Esta mañana le he dicho lo mismo a Ralph Bundy,

- Aunque dudo que me creyera. - Un momento.

- ¿Ha dicho Bundy? ¿Ralph Bundy? - Usted le recordará.

Jack me dijo que estuvieron juntos en la guerra.

- Era nuestro operador de radio. - Sí, él y Jack eran muy amigos.

¿Sabe dónde podría verle? Quizá él conozca a Mickey.

- ¿Quiere que le acompañe? - Me gustaría mucho.

Sigue cumpliéndose el designio. Vive camino de mi casa.

De acuerdo.

Voy en seguida.

Te he traído a un antiguo camarada.

- Hola, Ralph. - Pero si es el capitán.

Perdone, ya tendré que llamarle mayor, ¿no?

Al principio me llamaba Sam. Vamos a dejarlo así.

Bueno, venga por aquí y siéntese. Tome una taza de café.

- Le traeré una silla. - No, estoy bien.

- Veo que tienes un buen negocio. - No puedo quejarme.

Creo que he tenido algo de suerte.

Lo que siento es que sea una cosa como la que le ha ocurrido a Jack

- lo que le ha hecho venir. - También lo siento, pero...

Es curioso, pero desde que ha sucedido

no miro ni una sola vez alrededor, ni a mi familia ni a mí sin repetirme que

que de no ser por él, yo ahora no estaría aquí.

¿Por él, dice? ¿Por Savage?

Sí, usted vivió aquello. ¿Recuerda que se lanzó del avión?

Claro que sí, sobre todo porque él logró aterrizar con aquel aparato.

No es fácil olvidarlo.

Usted le reprochó que se jactara por ello porque nunca supo la verdad.

¿Qué fue lo que ocurrió?

Me estoy refiriendo a lo que ocurrió en el avión

después de que Jack le dijera que no me esperase

y le diera orden de que se lanzara.

Recuerdo lo asustado que estaba yo. Aquello fue la causa de todo.

Yo había hecho la llamada a Chabúa y me preparé para saltar.

Bien Ralph, llegó el momento. Vamos allá.

- No puedo. - ¿Cómo que no? ¿Estás loco?

No me atrevo a lanzarme.

No te preocupes. Voy detrás, pero tenemos que salir del avión.

- ¡No puedo! - ¡Es preciso que saltemos!

- ¡No puedo! ¡No puedo! - Vamos, ¡domínate!

¡Déjeme! No se acerque a mí. No se acerque.

Te vas a estrellar con el avión. Vamos, abajo.

¡No saltaré! ¡No saltaré! ¡No saltaré! ¡No saltaré!

No saltaremos. Se hará como quieras. No te preocupes más.

Si el piloto automático sigue volando, nosotros también.

Ya ha pasado. Vamos muchacho. Tranquilízate.

Siéntate ahí, Ralph. Vamos, siéntate.

Abróchate el cinturón. Me vas a ayudar a llevar esto.

Sujétate bien, ¿eh?

Creo que hay posibilidades. En primer lugar vamos bajando.

Y abajo habrá menos hielo. Sin tanto hielo el peso se reducirá

y entonces este maldito avión seguirá volando.

Pero esas montañas...

Supongo que habrá algún paso por algún sitio, ¿no?

Es culpa mía. Tenía miedo. Me faltó valor. Merecía estrellarme.

Vaya, ¿qué te parece eso?

¡Mira, Ralph! Por ahí podemos pasar.

Vaya suerte, muchacho.

¿Sabes una cosa? Yo estaba más asustado que tú.

Y eso no está bien, porque al fin y al cabo soy el jefe.

Si le llega a uno la hora, ¿para qué luchar contra ello?

Y si no, ¿por qué preocuparse?

Cuando aterricemos, seremos unos héroes.

Quizás nos den una medalla.

Siempre que no contemos lo que en realidad ha ocurrido, ¿verdad?

- ¿Qué dices a eso? - Por mí de acuerdo, señor.

Trato hecho.

Luna azul, ya no estoy solo, con un sueño en mi corazón

con mi propio amor.

No. No me engañó ni por un instante.

Todo cuanto hizo fue únicamente por mí.

A él se lo debo todo. Hubiera acabado por contar la verdad, pero...

claro, nos trasladaron a Groenlandia...

Puede decirse que desde entonces no nos separamos.

Siempre venía a verme. Nunca estaba demasiado ocupado para ello.

Siempre que le necesitaba, se presentaba aquí.

Y lo mismo hacía con todos los compañeros que habían estado con él.

Matt Grand, Mickey Doolan, Dave Scott...

Un momento. Espera. ¿Has dicho Mickey?

Sí, Mickey Doolan. No puede acordarse de él. Estuvo en Groenlandia.

- Era el copiloto. - ¿No has leído los periódicos?

No, no he querido leer ni una palabra sobre eso.

¿Entonces no sabes que andan buscando a un hombre llamado Mickey?

Probablemente él tampoco habrá leído nada.

Se dice que ese hombre iba con Jack anoche de bar en bar.

¿Dónde vive?

¿Y quién lo sabe? Va de un lugar a otro.

- ¿Dónde va a vivir un tipo como él? - Quiero decir que por dónde suele ir.

Bueno, es lo mismo. No tengo ni idea, Sam. Lo siento.

Debieron hacerlo pedazos, y cuanto más pequeños mejor,

en vez de reconstruirlo.

- ¿Es usted Mickey Doolan? - Sí, yo soy.

Le estaba esperando. Tenía el presentimiento de que quería verme.

Aunque usted y yo ya nos vimos en una ocasión.

- Fui a pedirle trabajo. - Siento que no pudiera ser.

No lo sienta. Probablemente hizo bien en no admitirme.

Digo probablemente.

- No fue culpa de él. - Eso habrá que probarlo.

Si lo hizo él, es señal de que dejó algo tras de sí.

¿Qué quiere usted decir?

Ni yo mismo lo sé.

Es que recuerdo algo que dijo en cierta ocasión.

En Groenlandia.

Es un lugar ideal para charlar. ¿Ha estado allí? ¿La ha visto volando?

¿A una altitud de 1.500 metros?

Luego a mil, a 700, a 300...

como si fuese uno perdido, como si no se encontrara el campo,

metidos entre las nubes, intentando bajar lo suficiente para ver algo.

No sabíamos a qué altura íbamos hasta que lográbamos ver algo.

Eso preocupaba a nuestro jefe.

- Dame fuego, Ralph. - Sí, señor.

Hay cosas a las que nunca me acostumbraré.

Sí, como a la de caer en el mar. Creo que hemos bajado al máximo.

Puede que tengas razón, Mickey.

Gracias, ahora déjame a mí.

Ralph, siéntate y abróchate el cinturón.

Fuera el número cuatro. En bandera.

Cuatro en bandera.

- El campo está detrás de ese fiordo. - ¿Quieres decirme cómo lo sabes?

Porque casi no nos queda gasolina.

Entiendo.

Fuera el número uno. En bandera.

Ya está.

El campo tiene que estar ahí, porque si no, no habría tiempo para buscarlo.

- Oh, sí, claro. - En serio. Sería nuestro fin.

Y aún no nos ha llegado la hora.

No, claro.

Sé que no nos ha llegad la hora porque sería desperdiciar la vida.

Yo no dejaría nada tras de mí, y vosotros, probablemente, tampoco.

¿Me entiendes?

Sí, claro. Te entiendo.

¿Es ese?

Y allí estaba. Y en cuanto a sus divagaciones filosóficas...

la verdad, es que no llegué a entender nada.

Pero no lo he olvidado.

Puede que esta vez dejara algo tras de sí.

Algo dejó que nunca debió dejar. El recorrido por los bares con usted.

El recorrido, sí. ¿Pero qué el bebiera?

Tendrían que haberle narcotizado antes.

- Sé que pidió una copa. - Pidió docenas, pero para mí.

No es que le agradara emborracharme. Al contrario.

Se pasó cinco años tratando de convertirme en abstemio.

Hasta que le convencí de que perdía su tiempo y el mío también.

Desde entonces ya no volvió a insistir.

Decía que ofendía su sensibilidad el que me gustara el whisky áspero

y el vino barato.

No, eso no. Hasta que le conozca mejor.

No, esto es para que se ponga presentable.

Quiero que mañana asista a la junta de aviación civil.

- ¿Para qué me necesita? - Para que les diga lo que me ha dicho.

Por Jack soy capaz de caer sobre esa junta como un B-25.

Y además iré seco, como una esponja bien estrujada.

Quiero decir que trataré de hacerlo con todas mis fuerzas.

Damas y caballeros, van a presenciar la primera reunión de la junta de

aviación civil que investiga el caso del reciente y doloroso accidente.

Se hallan presentes, junto con las autoridades de dicha junta,

los representantes de la compañía aérea propietaria del aparato

como un numeroso público que siente un interés especial por la tragedia.

Incluyendo a los familiares de las víctimas acompañados de sus abogados

entre los que se encuentra el famoso abogado Charles Dillon.

Y ahora, de nuevo a la sesión.

Sr. McBane, ¿tiene la bondad de ir al estrado?

Tengo entendido que ha realizado unas investigaciones por su cuenta

aparte de las realizadas por esta junta.

Permítame decirle que las mías han sido un proceso de eliminación.

Como saben, en un principio se habló de sabotaje, pero luego al descartarlo

sólo quedaban dos posibilidades.

Que son el fallo humano o el fallo mecánico.

Pero al descartarse el fallo mecánico sólo quedó el fallo humano.

Y se eligió una cabeza de turco, el piloto llamado Jack Savage.

En cuanto a las acusaciones hechas contra él de infringir las normas

de defectos en su carácter,

yo... puedo asegurarle que atestiguarán bajo juramento

que tales acusaciones son del todo falsas.

¿Puedo preguntar que el propio Sr? McBane declarará bajo juramento

que sus testigos son imparciales y no ha influido en ellos?

Sr. Dillon, no debe usted interrumpir.

Mis testigos son parciales, muy parciales, Sr. Dillon.

Como lo sería cualquier persona que hubiese conocido bien a Jack Savage.

Y serían los primeros en atestiguar

que no era un hombre capaz de jugar con las vidas de los demás.

Jack Savage era un hombre de gran corazón.

Dispuesto siempre a ayudar.

Jamás a hacer ningún daño.

En muchos aspectos era el hombre que yo hubiera querido ser.

Si ha terminado los elogios, deberíamos volver a la cuestión.

Parece ser usted el que preside esta reunión preliminar.

Le ruego que me perdone, pero he venido acompañado de personas

que han perdido a seres queridos en la tragedia que nos ocupa.

Y que desean conocer los hechos. Sólo los hechos.

El Sr. McBane ha mostrado su gran habilidad para establecer

un proceso de eliminación.

Y debo decir, para su satisfacción,

que ha eliminado hasta la última explicación posible del accidente.

Supongo que, por lo tanto, ya no tiene nada más que decirnos.

Tengo algo más que ofrecerles.

Porque verá usted, Sr. Dillon, también a mí me interesan los hechos.

Siempre me he negado a aceptar todo lo que no fuera un hecho probado.

Pero en este caso, se ha combinado tal profusión de elementos que

no podemos seguir ignorándolos por más tiempo.

Esas plumas de ave, ese espigón que ya no debía estar allí,

los tres aviones que se interponían en su ruta volando con retraso.

Perdone, pero no acierto a comprenderle.

Lo que quiero... lo que intento decir es que por alguna razón inescrutable

todos esos elementos parecen haberse reunido

para causar el... el accidente.

Y yo pregunto, una vez descartadas todas las explicaciones naturales,

¿qué nos queda salvo lo sobrenatural?

¿Y qué palabra usar?

El destino.

¿Quiere decirnos que el accidente fue debido sólo a la mala suerte?

Si prefiere usar esa expresión, sí.

- Sólo mala suerte, ¿sencillamente? - No emplearía la palabra sencillamente.

Porque sencillo, desde luego, no lo fue.

En cuanto a si ha sido mala suerte, ¿quién sabe?

¿No mala? Dice.

¿Cree que puede ser buena suerte que se pierdan 53 vidas humanas?

Yo no soy Dios. No puedo saber si eso ha sido bueno o malo. Y usted tampoco.

Cierto, pero supongo que tendrá una teoría sobre eso.

Sí. Tengo una teoría.

Es que a cada una de las víctimas de ese accidente, por una razón

u otra le había llegado la hora de que su vida terminara.

¿Pretende decirnos que su compañía realizó un piadoso servicio

al colaborar en esa ejecución en masa y que debe ser alabada y no inculpada?

- Sr. Presidente, pido la palabra. - Sr. McBane, ¿no sabe que si

damos el menor crédito a esa explicación

cualquier error cometido por cualquier piloto irresponsable o incompetente

podría atribuirse a la mala suerte?

Claro que lo sabe. Esto no es más que el intento desesperado

de ocultar el error de un piloto.

¡Silencio, Sr. Dillon!

Estoy dispuesto a proceder contra la compañía con esa base de acusación.

¿Puedo hacer uso de la palabra?

El Sr. Hutchins tiene la palabra.

Que conste en acta que el testimonio del Sr. McBane es una opinión personal.

Y que no representa a la compañía aérea Consolidated.

Así constará.

Y solicito que se aplace esta sesión hasta dentro de una semana.

A fin de preparar este caso con mayor propiedad.

Dadas las circunstancias, nada se ganaría si continuamos aquí reunidos.

Solicitud aceptada.

- ¿Podría hacer unas declaraciones? - ¿Hablará a la televisión?

¡No tengo nada más que decir!

Todo cuanto le dije era verdad. Por favor, créame.

No te voy a preguntar el porqué porque eso ya lo sé.

Crees en ello o no lo hubieras dicho.

Pero ya empiezan las consecuencias. Mira esto. Anulaciones de pasajes.

Lo que quiero decirte...

- ¿Diga? - Martha Webster al teléfono, señor.

La azafata. Desde el hospital ¿Quiere hablar con ella?

- ¿Diga? - ¿Sr. McBane?

Quizás le parezca tonto, pero estoy de acuerdo con lo que ha dicho.

Palabra por palabra.

Gracias, Martha. Se lo agradezco mucho.

Luego volveré a llamarla.

Debo decirte, Sam, que me llamaron del consejo de administración.

Puedes contestarle ya. Mañana por la mañana tendrán mi dimisión.

Me temo que son algo más impacientes.

Podrán esperar al menos hasta la noche.

¿Con qué objeto? ¿Qué puedes conseguir en unas horas?

Cuanto más corto es el tiempo, mayor es la paz.

Creo que ya hemos oído bastantes tonterías, ¿no?

¿Qué diablos quieres hacer que no hayas hecho ya? ¿Qué te queda?

¿Qué me queda? Quiero repetir el vuelo de Jack personalmente.

De principio a fin. Todo lo que hizo.

- Puede que así averigüe lo que pasó. - ¿Te has vuelto loco?

- ¿Qué me queda? Tú lo has dicho. - Un momento. Sigue, Sam.

Escuchadme. Lo duplicaremos todo. Hasta el último detalle.

Las condiciones exactas, el tiempo exacto, el lugar exacto,

una copia exacta de todo. Necesito plena colaboración.

No sólo en tierra, sino también a bordo del avión.

Necesitaré a alguien que recuerde la exacta continuidad de los hechos.

Siga, Sr. McBane.

Todo lo que ocurrió desde el despegue hasta el momento del accidente.

Todo lo que sucedió en el vuelo Consolidated 22.

Para ello tendrá que llevar a alguien que haya estado en ese vuelo.

En efecto.

Sé lo que le estoy pidiendo, pero se lo pido porque...

usted es la única superviviente. No puedo recurrir a nadie más.

Tenga, Srta. Webster, lavado y planchado. Como nuevo.

No puedo... No puedo hacerlo. Me avergüenzo de ello.

Si alguien debe avergonzarse, soy yo.

Pongan un saco en cada asiento menos en uno. Él les dirá cual.

¿A quién se la habrá ocurrido enviar sacos de arena por avión?

Y en asientos de primera clase.

El vuelo 22 llevaba en equipajes un peso total de 925 Kg.

Ponga el mismo peso en arena en ese compartimiento.

¿Qué me dices, Al? ¿Vas a ir de copiloto o no?

- No te hace mucha gracia, ¿eh? - ¿Te la haría a ti?

¿Repetir todas las incidencias en un vuelo que acabó en desastre?

Esa idea suya del destino da que pensar.

Parece que le esté pidiendo al destino que actúe otra vez.

Podría repetirse todo.

También podría haberte atropellado un camión viniendo hacia aquí.

Bueno, ¿qué decides? ¿Sí o no?

Hola, Sam.

- Sr. Stillman. - ¿Cómo está, Al?

Sam, peso 77 Kg. Acabo de comprobarlo.

- ¿Qué mecánico has elegido? - Ninguno, todavía.

Puedo recomendarte uno. Yo. También tengo interés en esto.

Si se achaca a fallo técnico tengo que refutarlo. Así que debo ir.

Muy bien. ¿Cuál es tu peso?

Ya está todo. Hasta la última taza, plato, cubierto y botella.

- Les dejo la nota de la comida. - Gracias.

Aunque, la verdad, es que sin azafata de poco sirve.

- Ha de haber duplicidad de todo. - Nos faltan sólo diez segundos.

Cierra, Ben.

- Comprobación. - ¡Esperen!

¡Esperen! Pongan la escalerilla. Voy a subir.

Colóquenla otra vez. He de subir a bordo. Aprisa.

Espera, Ben. ¡Espera!

Perdonen, les he hecho perder algunos segundos.

Ya los recuperaremos.

Primero...

- Esto fue lo que hice primero. - Empecemos.

Palanca de transmisión, abajo y correctas.

Freno de aparcamiento, puesto.

- ¿Instrumentos de vuelo? - Correctos.

Viento 280 grados a 7. Lo cual es muy raro.

Exactamente como la otra noche. Cambio.

Conforme. Gracias.

Buenas noches, señoras y caballeros. En nombre del comandante Savage...

y de la tripulación les doy la bienvenida a bordo de este avión.

La duración del vuelo hasta Seattle será de dos horas y diez minutos,

a una altitud de 10.000 metros.

Consolidated 24, puede despegar.

Consolidated 24, conforme.

Perdón, no sé si lo querrá tan al detalle, Sr. McBane, pero

- En este momento le traje un café. - Sí, repítalo todo.

Se lo di, pero como estaba ocupado con las comprobaciones

recuerdo que lo dejó justo aquí encima.

Estuvimos bromeando acerca de D'Arcy por el café y después usted...

quiero decir Jack me dijo que me sentara y abrochara el cinturón.

Lo está haciendo muy bien.

Fuera las luces.

80 nudos.

- Hola, Ralph. - ¡Mickey!

Bien, recoge el tren de aterrizaje.

24 en contacto de radar. Ponemos la cinta de Savage.

Os guiaremos por ella, segundo a segundo. ¿De acuerdo?

Consolidated 24, de acuerdo.

Estáis dos millas al oeste. Justo en la misma posición.

Aproximadamente ahora se incendió el reactor derecho.

¡Sí, cierto! Fue ahora.

Corta el reactor derecho. No, sin estabilizar.

No. Estabilizo yo.

Tú cierra contactos y pon el extintor.

Nuestro reactor derecho se ha incendiado. Luz y señal de alarma.

- Este fue el momento. - Páralo, páralo.

En este instante fui a la cabina de pasajeros.

Espere un segundo, Martha. Venga. Dígame, ¿estaba todo como ahora?

¿Exactamente como ahora?

Todo, salvo que la luz y la señal de alarma funcionaban.

Así que en efecto se incendió un reactor.

Seguimos, Sam. Le dijimos que bajase a mil metros.

Que mantuviera el rumbo 350.

- Lo estamos haciendo. - Bien. Prestad atención.

Al cabo de un momento enmudeció su radio.

Ya os avisaremos, y vosotros nos diréis a qué se debe.

Preparados.

Consolidated 22. Ya podemos darle paso.

Preste atención. Siga la ruta 2090. Manténgase a mil metros.

Ahora. Tuvo que ser ahora.

Me dicen aquí que ya no volvieron a oírlo hasta pasados unos segundos.

- ¿Ha ocurrido algo? - Nada.

Pues debió de ocurrir ahora.

Fue en este momento cuando regresé de la cabina de pasajeros. Seguro.

- Entonces abrí la puerta y... - ¿Qué pasaba aquí?

La señal de alarma estaba sonando. Murray trataba de apagar el fuego.

Jack me dijo que preparara a los pasajeros para el aterrizaje.

Hable 24, ¿qué ocurre?

- Nada. Nada en absoluto. - Yo lo vi. Estoy segura.

Dígale que vuelva ya con el avión.

Todo esto para nada.

Lo siento, Sam. Acaban de ordenarme que te haga regresar.

Desciende a...

Control de radar, siga.

- Control de radar, llama 24. Cambio. - La radio no funciona.

¡Ya está! El reactor izquierdo. Córtalo, extintor.

¡Ya se lo dije! ¡Les dije que había pasado eso!

- Hable, 24. - ¡Aterrizaje forzoso! ¡Cinturones!

No es preciso. No hay peligro. El reactor derecho está bien.

Logramos apagarlo. Ponlo en marcha. ¡En marcha!

- ¡No lo consigo! - ¡Afondo! ¡Vamos, a fondo!

Parece que se dispone a aterrizar.

- Vuelvo a tenerlo. - Llama a la torre. Que despejen pistas.

- Vamos hacia allá. - Sí.

Gracias. Enciende las luces. Vamos a aterrizar.

Aterrizaje forzoso del vuelo 24 de Consolidated. A 8 Kms.

Hacia la pista 24. Aterrizarán enseguida. Sin radio.

- ¿Pista 24? - Exacto.

Quita esa tapa de ahí, Ben.

Vamos, quítala en seguida.

- En marcha el reactor izquierdo. - Está averiado.

Ese reactor está tan bien como el día en que fue construido.

Toma los mandos.

¿Veis ese café? Se coló por las rendijas y formó cortocircuito

con la radio y el sistema de alarma. El reactor izquierdo estaba bien.

Pero Jack creyó que no.

Igual que yo ahora.

Salvo que él no tenía el recurso de volver al reactor derecho.

Lo tengo. Reactor izquierdo en marcha.

Sí, Sam.

Baja el tren de aterrizaje.

Fuera contactos.

Tú les explicarás lo que pasó, ¿eh, Ben?

Lo haré con mucho gusto.

Hasta luego, Sam.

No fue usted quien hizo las rendijas. Usted sólo le trajo café a Jack.

¿Qué harán ahora con eso? Con las rendijas.

Lo comunicaremos a la junta de aviación civil.

Que informará a todas las compañías.

Y advertirá a las fábricas de aviones para que corrijan ese defecto.

Y eso es todo.

- Para que no vuelva a pasar, ¿verdad? - Sí. Para que no vuelva a pasar.

Estaba pensando... Que esto era lo que quería Jack.

Le dijo a un amigo que...

no podía irse sin dejar algo tras de sí.

- ¡Magnífico trabajo, Sam! - Adivinar que fue el café...

Cuando lo sepan en el consejo de administración...

- Que esperen a mañana, ¿eh? - Pero temprano. Hay mucho que hablar.

Martha, venga. Quiero presentarle a unos amigos.

Subtítulos adaptados por Juan Antonio Ribas.

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