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Original subtitles

¡Alto!

¡Rápido, bájese!

Si obedecen y se portan bien, a lo mejor hasta se pueden ir vivos.

Tú, tira el equipaje, y cuidado con las manos.

Cuídalos.

¿Dónde estará mi niño? Pero, ¿dónde se habrá metido, Dios mío de mi alma? ¿Dónde estará?

¿Qué se trae usted, amiguito?

Nada, hombre, nada, que no encuentro al chaval.

Un chaval de oro puro que traigo bajo mi custodia, ¿sabe usted?

Un chaval de oro, ¿eh? ¿Y una custodia?

Tú, regístralo, a lo mejor los trae encima.

¡Tengo cosquillas!

No, hombre, si lo que se me ha perdido ha sido un muchacho pequeño, un niño, vamos.

Pues ahora mismo me lo buscan y me lo cazan como conejo.

¡Oiga, pero no le haga usted daño, por lo que usted más quiera, pobrecito!

-¡Cállese, cállese! -Sí, señor.

¡Usted, con las maletas!

¡Quieto!

¿Qué traes, escuincle?

Yo no he hecho nada, señor.

No me vas a decir que te andas paseando por estos lugares y a estas horas.

No, señor. Acabo de llegar de España. Venía caminando y…

¿Caminando, de España? Ya, no más. Pues, ¿crees que soy tan menso?

¿Qué, España no queda al otro lado del mar?

Es que me vine caminando arriba del barco.

Caminando…

¿Cómo te llamas?

Me llamo Joselito.

Mis padres murieron en un accidente hace más de un año.

Yo me quedé solo en España.

Es decir, con Félix, que era el mayordomo.

Mi abuela le encargó que me trajera, pero…

por la guerra no habíamos podido hacerlo.

¿Y tu abuela, y el tal Félix?

Félix, lo agarraron los bandidos cuando íbamos a Ocotlán, que es el pueblo donde vive la abuela.

Y a ti, ¿te dejaron ir por tu linda cara?

No me dejaron ir, me escapé, que es diferente.

Eran cuarenta y un jefe, como en Ali Baba.

Y ¿trataron de… "kjj"?

No "kjj", quisieron cazarme, como un conejo.

Pero no, yo que ya me las había tenido que ver con los siete niños de Écija…

y con el mismo Luis Candelas en la Sierra Morena,

pues nada, que me les escapé a pesar de la balacera que me han dedicado.

¡Ay, hombre, vea, no más! ¡Qué raro, oye!, porque por aquí no hay nada.

Pues ¿cómo, y si fue a veinte leguas?

Tuve que atravesar la selva y un río en el que tuve que pelear con una víbora.

¡Ojo, qué víbora! ¡Era un tren de mercancías! ¡Una hora pasando víbora!

Entonces oí una guitarra y un buen cantaor,

y me dije: "Ea, José, que ahí hay alguien cantando, y donde se canta la gente es buena."

"Y si hay buena gente, pues puede haber comida para ti, que estás hambriento."

-Y ¿tú eres gente buena? -¿Eh?

Digo que si eres gente buena, o nomás tienes hambre.

-Bueno, yo soy gente buena, pero… -Ah, entonces has de saber cantar.

Pues sé un poco.

-Tenga, reviéntese una. -¿Eh?

Yo soy un tipo que me gusta comer con música. Siéntese ahí.

Cántese una canción, ándele.

¡Dame un pedacito!

¡Ande, déntrele, con ganas!

¡Qué gala, el muchacho éste!

Mi abuela tiene muchas minas de oro,

y si me llevas con ella te aseguro que te da por lo menos una para ti solo.

¿Y luego?

Mira, éstas son monedas del oro de sus minas.

Me las mandó para un cumpleaños,

y se quedaron un cerro de ellas en las maletas que se llevaron los bandidos.

A ver…

¡Ay, Chihuahua, esto es oro de veras, oye!

Bueno, a dormir. Tú te quedas aquí, muchacho.

Que hay que dormir porque mañana tenemos que madrugar.

Hasta mañana, señor don…

Ni señor mi don, yo me llamo Antonio Cueto, para servir a Dios y a quien me dé la gana.

¡Y ya váyase a acostar, muchacho tan hablador, éste!

¡Minas de oro, cerros de oro…! ¡Víboras de trenecitos…! ¡Qué muchachos, estos, muchacho tan mentiroso!

¡Mi pistola! ¿Dónde está mi pistola? ¿Fuiste tú, Rebelde?

¡Ya te he dicho que no me andes despertando así, un día de estos me va a dar un patatús!

Joselito. ¡Joselito! ¡Joselito, despierta!

-¿Eh? -¿No has visto mi pistola? -¿Cuál pistola?

¡Si encontrara mi pistola, hombre!

¡Joselito! ¿Qué te pasó, muchacho, estás herido?

No, sólo es el susto.

¡Mire nomás, muchacho mentiroso! ¿Qué tal si te matas?

Eso me saco yo por andarme metiendo de tiznada.

Y ¡mire mi guitarra!

¡Muchacho hablador…! ¡Ándele, empiece a recoger las cosas y apague la lumbre!

Venga para acá, Rebelde.

¡Muchachito, éste! El que con niños se acuesta…

¿Se sabe esa canción?

-¡Si es igualita a una que yo me sé! -Ah, pues cántela.

A ver, una leche de vaca y un tequila de Jalisco.

¿Cómo quiere su leche, en vaso o en biberón?

-Oiga, mi amigo… -¿Qué acontece, Antonio? Ya se nos están acalambrando las manos.

¡No comas ansias, Luciano, que para quitarles los centavos con un ratito de buena suerte, tengo!

¡A lo grande!

¿Qué pasó, muchachos?

Aquí, esperándote.

¿Qué pasa?

Oye, Antonio, esos hombres no me gustan, están muy feos.

¡Si no nos vamos a casar con ellos,

y sus centavos no tienen mala cara!

Mira, Antonio, que yo sé de muchos hombres que se han arruinado con el juego.

¿Qué tal si no juegas y te ahorras la poca mosca que te queda?

Ya deja de andar de niñera.

-¡Vente a jugar! -Venga para acá.

A mí lo que se me hace es que no traes dinero para cumplir.

-¿Y éstos qué son, pamplinas? -¡Y ole! -Gracias.

¿Qué está haciendo aquí, mi hijo?

Sálgase para afuera que está prohibida la entrada para menores.

Ándele, sálgase para afuera.

-Tomo. -Mandas.

Diez.

No hay que negar el alón al que nos dio la gallina.

Van los diez.

-No voy. -Yo sí voy.

Diez, y diez más.

-Van los diez. -Pago.

Una carta.

¡Caramba!

Yo, de al tiro, quiero tres.

Completo. Paso.

Oye, Joselito, ¿quieres ser mi socio capitalista?

¿Eso quiere decir que yo pongo el dinero y tú el trabajo?

-Claro. -Y ¿en qué vas a trabajar?

¡Pero, hombre! Mira. ¡Estoy amarrado!

¿Cuántas?

-Y todo lo demás. -Va.

Pago por ver.

-¿Les gusta este fulano? -A mí sí, pero a mi póquer no.

¡Andas de suerte, compadre!

¿Y éstas qué, no juegan?

¿Qué pasó, Luciano?

¡Este mocoso traía las cartas, y ahora quiere hacernos creer que…!

¡Tramposo!

¡Agáchate, Antonio!

¿Qué haces con el dinero?

Joselito, recoge nuestros centavos,

y que estos sinvergüenzas se encarguen de pagar los desperfectos.

¿Qué dijiste, zurra y todo? Pero me quedé con las ganancias, ¿no?

Toma, guárdate éste para el linimento.

-Gracias, socio. -¿Gracias, de qué?

Digo, allí atrás me quitaste un buen golpe.

Y eres machito, ¿eh? Ni siquiera chillaste.

Ahora, que me dolió más a mí que a ti que te hayan pegado.

No, eso no puede ser, ¡si yo sentí como que escupía una docena de muelas!

No sé si me entiendas lo que te voy a decir, pero sentí muy feo que te haya pegado ese condenado.

Pensar que no tienes un padre que te defienda, ni una madre que te cure…

No sé, yo te vi tan chiquillo y tan indefenso que por un momento sentí y te vi como que fueras mi hijo.

-¡Y me dio mucho coraje! -¿De que fuera tu hijo?

¡No! Me dio mucho coraje que te hayan pegado, y sentí como que fuera tu padre.

¡Camínale, escuincle!

¿Qué quiere decir escuincle?

¿Escuincle? Escuincle y chilpayate es lo mismo.

Pues a mí me suena como insulto.

Ya aprenderás a hablar algún día como Dios manda.

¡Qué muchacho éste tan iletrado! Ándale, camina. Vamos.

-¿Ya estuvo eso, maestro? -Listo, patrón.

A ver, Rebelde, cómo te quedó tu manicure.

¡Bien!

¿Cuánto le debo, maestro?

Son cuatro pesos, patrón.

No, no… pero que quede en dos, al fin y que ni trabajo me costó.

No, si no le voy a regatear.

¿Cuánto vale ese caballo?

Acabo de pagar cien pesos por él.

-Ciento cuatro. -Muchas gracias, patrón.

¡Vámosle, escuincle!

¿Qué quiere aquí?

Ándele, ya está grandecito, móntele a su caballo.

¿Mi caballo?

Claro, ¿qué, no me oye? ¿O acaso el trancazo lo dejó sordo? ¡Ándele, móntese!

-¡Ándele, vámonos! ¡Hasta luego, maestro! -Adiós, patrón.

¿Cómo te sientes ahora, Joselito?

Muy bien, socio, muchas gracias.

¡Bueno, vamos, píquele a su caballo! ¡Vámonos, véngale!

-¡Ay, qué buen jinete eres, pelado! -Pues, ¿qué creías?

Es que no me imaginaba que montaras tan bien a caballo.

Pues sí que estoy despistado, cualquiera sabe que los caballos se inventaron en España.

Antes eran todos borricos,

pero con el sol de Andalucía y el agua del Guadalquivir fueron creciendo y espabilándose,

hasta volverse caballos.

Lo mismo que las personas, que antes de dar con España eran monos.

¡Párale ahí, párale, ay, muchacho mentiroso!

No te creas, Rebelde, que tu abuelo no era ningún burro. ¡Mira!

Y ya no siga insultando a mi caballo.

¡Pues vaya, ni que fuera vuestra novia!

Más que eso: los caballos son más nobles, más inteligentes, y más buenos.

Y por si fuera poco, no hablan.

Además, aquí en Jalisco hay una historia muy bonita de un caballo blanco.

Precisamente, pues era el abuelo de tu caballo.

Te la voy a contar para ver qué te parece. Ahí te va.

Parece que Ocotlán es muy retirado, pero ya llegamos.

-Oye, socio. -¿Ah?

Yo me quedo contigo, ¿no?

No, tu abuelita te está esperando.

Vas a obtener allí un hogar y vas a estar muy contento.

Pero tú no lo tuviste.

Yo también quiero ser libre y andar por todas partes.

Jugar a las cartas, tirar al blanco…

Tener una pistola y ser un hombre de verdad, como tú.

¡Ah, eso no es ser hombre!

Yo tengo mis vicios, no soy un angelito.

Un día con otro voy a amanecer por ahí nomás con un balazo entre ceja y ceja.

A otros pelados más dragados los han echado.

Valentín de la Sierra.

Tomás Reséndiz.

Benjamín Argumedo, ¡no, hombre!

Entonces, ¿no quieres que me quede contigo?

Pues… no, vas a estar mejor con tu abuelita. Vámonos.

Tienes mucha prisa de quedarte, ¿no?

La idea fue vuestra.

Además, cualquiera que tenga abuela, seguro que le dan ganas de conocerla.

¡Ande, pues! Para que le ponga su traje de marinerito y su cuello almidonado.

¡Y no chilles, ni que se te hubiera muerto tu caballo!

¡Si es un burro, socio, como el abuelo de Blanco!

Quedaros con vuestro caballo, que ya no montaré ni en burro.

¡Y espérese ahí! Ese es su caballo. Es suyo.

Es como un pecado mortal deshacerse de un caballo.

¿Qué cree, que los caballos no se encariñan? ¿Que no tienen corazón?

Ellos se sienten como hijos de sus amos y así hay que tratarlos, como a hijos. Ya me voy.

¿Tú crees, socio, que los caballos son mejores que las personas?

¡Ya le he dicho que no quiero ser su niñera! ¡Escuincle rajón!

¡Joselito!

Pero ¿dónde te has metido, Joselito?

¿Qué quiere decir "escuincle" y "rajón"?

¿Escuincle y rajón?

Pues mira: escuincle quiere decir un niño.

Y rajón, pues una cosa así como no portarse como un hombre. ¡Vamos, acobardarse!

Pues has de saber que yo no soy ningún escuincle ni rajón.

¡Hombre, eso me parece muy réquete bien, Joselito!

Pero oiga, apéate del caballo que tu abuela está con la soga al cuello, hombre.

¿Se está atando, la abuela?

¿Qué te parece, Rebelde?

Cree este escuincle que porque se va a quedar allí con su abuela me voy a poner a chillar.

¡Está loco, hombre!

¡Párele ahí! ¿Qué quiere?

-¡Cobardes! -Enciérrenla.

¡Y al que se me acerque le pego un estacazo que se va a quedar incrustado en la pared

como un mosaico veneciano!

¡Si así hubieran luchado para buscar a mi nieto

ya lo hubieran encontrado! ¡Bandidos, cobardes!

¡Veré al alcalde, al Presidente de la República, a todo el mundo!

¡Bestias, salvajes!

¡Permita Dios que te salgan bigotes en el hígado y pierdas la navaja de afeitar!

Pero, ¿qué ven mis ojos? ¡Joselito!

¿Mi abuela?

¡Pero si eres tú, mi nieto!

¡Acércate, hijo, acércate, que aunque me veas en una jaula no me como a los niños crudos!

Ven acá, sentraña, ven acá. ¡Mi Joselito!

¡Mi nieto! ¡Gracias, Dios mío!

Te creí muerto, igual que tu madre.

¡Ay, qué bonito eres!

¡Qué bonito eres, igualito que ella!

¡Ay, perdóname, hijo, es que se me atiborran todas las ideas en la cabeza!

Los recuerdos tristes, la alegría de verte…

¡Joselito de mi alma!

Te estoy aturdiendo, pero la emoción, la edad…

¿Qué dices, qué edad, si todavía hay mucho aceite en esta lamparilla?

Y contigo aquí me voy a sacudir la polilla y los años

y voy a tener más agallas que la ballena que se tragó a Jonás.

Bueno, pero cuéntame, ¿y tú, dónde has estado?

¡Sáquenme de aquí, plagiarios!

-¡Sinvergüenzas! ¡Félix! -Señora.

Y ¿qué haces ahí parado, como una estaca?

Paga la multa y sácame de este inmundo chiquero.

Sí, señora.

Acércate, Joselito, hijo.

Cuéntame, ¿qué pasó?

Pues verá, abuela, cuando el asalto, que ya le habrá contado Félix,

yo me escurrí bajo la diligencia y ahí mismo me topé con el más feroz de los bandidos.

Y ¿qué más?

Pues… apenas me vio, empezó a dispararme balazos.

¡Dios mío! Y ¿no te mató?

Sólo un poco, abuela, pero del susto.

¡Vaya, si salí corriendo de Guadalajara!

Me quité las riendas… digo…

crucé como rayo tierras nayaritas hasta Esqüinapa.

En Culiacán ya me iba cansando.

En los Mochis ya me iba cayendo y con el hocico sangrando.

¡Mete el dedo, niño, que ya se terminaron los zapatos!

¡Embustero! ¡En cuanto lleguemos a casa…!

-Está usted libre, señora. -¡Vaya, ya era hora!

¿Cuánto te sacaron esos granujas?

Poca cosa, señora. Veinticinco pesos de multa y cincuenta pesos por daños y perjuicios. Total, nada.

-¿Nada, eh? -Una miseria.

¿Una miseria? Pues paga doscientos mas, porque ahora es cuando va a empezar esto.

A ver, quítese de ahí.

-¡Señora, por favor, señora! -¡Vamos, quítense de aquí!

Bueno, pues ahora vamos a hablar de los planes que he formulado para ti. Tú serás abogado, o médico…

-Eso sí que no, abuela. -¿Cómo qué no?

Los abogados tienen que hacer que uno pierda para que otro gane.

Los médicos, si son buenos, alivian en un tris, y entonces no ganan dinero.

Y para ser eso no tenía que haber venido a América.

Bueno, ¿entonces?

Quién sabe… por lo pronto seré minero, para sacar el oro de sus minas.

¿Cuáles minas?

Pero… ¿tampoco tenéis minas?

Bueno, tu abuelo tuvo una que nos dejó lo poco que nos queda,

pero al poco tiempo se quedó más ciega que la justicia.

¡Vaya pifia! ¿Eh, abuela?

Tú tendrás que trabajar y estudiar para hacerte un hombre de provecho.

Oiga, abuela, ¿es que tan mal lo hago de niño?

No, hijo, supongo que no.

Como todos tienen mucho empeño en que me haga hombre…

¡Y que tienes que serlo, Joselito, quieras que no!

Desde mañana mismo vas a la escuela.

Te gustará, tendrás amiguitos.

¡Eh! Te he comprado una cosa que te va a gustar muchísimo.

Hombre, está al revés esto como me lo das, va al revés.

Toma, anda, quítate de allí.

Mira, mira esto, esto es… ¡esto es grande, hijo!

¡Mira! Un traje de marinerito.

¿Dónde dejaste el barco?

¡Miren, el marinero de agua dulce!

Y había una vez un barco chiquito, y había una vez un barco chiquito…

Y había una vez un barco chiquito, tan chiquito, tan chiquito, que no podía navegar.

-¡Ya, parad vuestro barco! -Alto.

Colón quiere dirigirnos la palabra.

Si seguís bromeando os voy a dar una torta.

¿Una torta de qué, de chorizo o de guacamole?

Bueno, ¿qué, qué, quién es el que quiere pelearse conmigo?

¡Yo!

Tú y el Andrés.

El duelo será a empujones y con las reglas de siempre:

no se vale arañazos, y pellizcos, ni patadas.

Perderá el primero que se raje.

No se responde si hay chipote o sangre.

Los mirones son de palo.

El que raje, pamba * y la ley del hielo durante toda la semana. Vamos afuera.

¿Pues qué?

¿Qué quieres, qué?

¡Ah, ese es Joselito!

¡Está la maestra!

¿Viste eso, Rebelde? ¿No?

¡Pues asómate, tonto! Mira.

¿Qué bonita, verdad?

Sr. Jiménez y Sr. Muñoz, hagan el favor de salir de este salón y no regresar a clase hasta que se hagan amigos.

¡Y tiene los ojos azules!

¿Qué azules, si son café?

¡De veras que es una maestra padre!

¿Qué padre? ¡Será madre!

No seas tonto, padre quiere decir que es muy buena.

Ah.

Este colegio, si no fuera por ustedes, ¡sí que me gustaría!

Y perdona mi terquedad en que vengas a comer con nosotros

pero yo tengo empeño en que tú y mi nieto se conozcan mejor

para que no se encuentre tan solo en la escuela mientras hace amistad con los otros chiquillos.

No se apure. Creo que hoy ha hecho un gran amigo. ¿Verdad, Joselito?

¿Sí? Y, ¿quién es ese amigo, hijo?

¡Contesta, niño! ¿Qué, no oyes?

O ¿es que las golondrinas te han hecho nido en las orejas?

-¡Vámonos, abuela! -¡Pero, niño! ¡Por Dios!

Perdón, señorita, ¿la acompañamos?

¿Qué le pica a este niño, que parece que ha visto al diablo?

Y a mí por poco me lleva, de la carrera que me has hecho dar.

Sra. Arteaga, tengo mucho gusto en saludarla y desearle una muy feliz Navidad.

¿Feliz Navidad? ¡Pero si falta mucho!

¡Estamos en febrero!

El tiempo vuela, señora, y en menos que canta un gallo, mire,

es el veinticuatro de diciembre, y quise ser el primero en felicitarla.

¡Vaya, pues muchas gracias, y feliz Año Nuevo!

Feliz Año Nuevo.

Y usted también, señorita, aunque no tengo el honor de conocerla.

¿Cómo, pero, no se conocen ustedes?

¡Si es Julieta Aranda, la hija de don Raúl!

Y maestra de Joselito.

¡Ah! ¿La hija de don Raúl?

Pero ¡si tan chiquitita que estaba cuando nació, y mire nomás!

¿Y su nieto, doña Refugio?

¡Mire nomás qué muchacho tan lindo!

¡Tan bonito que se ve con su trajecito de marinerito!

¿Verdad que sí? ¡Si parece un cromo!

Y no se lo quería poner.

¡Mire nomás!

Y a usted, ¿qué le parece, señorita profesora?

No sé… los niños tienen sus ideas.

¡Ah, pero con la educación que ustedes dos le van a dar

va a ser un famoso poeta,

como ese pelado que se llamó Adolfo Hocker, el de los nidos de golondrina!

¡Mire nomás, qué mujeres tan tías para despedirse, hombre!

¿Quién es ese hombre?

¡Ese es uno de los bandidos de la diligencia!

¡Dios mío!

¡Válgame Dios, estas mujeres…! Vamos, Rebelde.

Voy a dar parte a la policía.

No vaya, señorita, realmente él no hizo nada, sólo estaba allí.

¡Pero, niño! ¿No dijiste que era el más feroz?

Y no dije feroz, sino veloz.

Era el que más corría alrededor de la diligencia, fue lo único que hizo.

¡Da lo mismo! Es de la banda y habrá que avisar, por si las moscas.

¡Espere, abuela! Es que no estoy seguro si es o sólo se parece, como por aquí todos se visten así…

Me pasa como con los chinos, que a todos los veo iguales.

A mí me sucede lo mismo, y ese hombre no tiene la cara de asesino.

Eso no importa.

Judas era el más hermoso de los apóstoles y sin embargo fue el más traidor.

Su actitud es muy sospechosa, ahora recuerdo no haberlo visto nunca.

Yo tampoco, abuela. Creo que hasta podría jurarlo.

¡Niño! ¿Qué, tú no sabes que es pecado jurar en vano?

Es que está muy nervioso, ¿sabe?

Mañana te purgo con aceite de ricino.

Anda, a ver si le falta agua a los animales.

Sí, abuela.

Es evidente que ese hombre asustó a mi nieto.

¡Ay! Y ¿si es uno de los asaltantes?

¿Qué pasará si cree que mi nieto lo ha reconocido?

¡Por Dios, no lo deje salir solo de la escuela ni un minuto!

¿Sabe? Porque es tan pequeñito, y además un santo, ¡un verdadero santo!

¿Qué, quieres pelea?

¿También con éstos?

¿Tienes miedo? ¡Miedoso!

¡Felix!

¡Félix!

¡Felix!

¿Qué pasa acá?

Pero, ¿qué es esto, Joselito?

¡Pero, hijo! Pero, ¿qué es lo que ha pasado aquí? Mamita, todos los animales por ahí!

¡Dios mío de mi alma! ¿Con qué mentira despacho ahora esto?

¡Quédate quieto, chicho!

¡Chicharrón, déjala tranquila!

Ven aquí. Baja de aquí.

¡Pinche perro, pinche perro!

Lo mejor es no hablarle del asunto,

y mañana cuando vaya a llevarlo a la escuela

me pasaré a ver al señor alcalde a ver qué me aconseja.

¿Eh?

¡Jesús! Y eso, ¿qué es?

¿Esto? Esto es su nieto, señora.

Y yo me regreso ahora mismo a España en el primer tren que salga para allá.

Y si no hay tren me regreso andando, pero yo me voy a mi patria.

¡Qué "me devuelvo" ni qué ocho cuartos!

Ahora mismo me bañas a este demonio

y me los subes a su cuarto, y me lo tienes ahí encerrado hasta mañana.

¡Mire cómo te has puesto el marinero!

Y todo eso lo has hecho a propósito, para arruinarlo.

Pero no te saldrás con la tuya de vestirte como te da la gana.

Mañana te compro otro, y otro, y otro más.

Y vas a estar vestido de marinero hasta que yo grite "tierra".

¡No te rajes, Jalisco!

-¡Papá, papá! -¡Qué papá ni que nada!

¿Qué diablos estás haciendo tú aquí?

Mi mamá te anda esperando con mis diez hermanitos muertos de hambre.

¡Qué mamá ni qué diez hermanitos ni qué muertos de hambre! ¡Mira nomás, esto!

¡Ya ni la mola, éste!

¡Cantando, estando sus hijos, en la cantina!

No sé por qué tienen hijos.

-¡Y de a diez, vale! -¡Cómo no hay una ley que cuelgue a estos criminales!

¡Sinvergüenza, traidor!

¡El traidor eres tú, sinvergüenza, canalla, lo que has de hacer es largarte con tu hijo!

¡Sí! ¡Fuera!

¡Fuera de aquí!

Yo no sé cómo no te di una entrada de cachetadas.

¡Buena se hubiera puesto! Y de seguro que no sales vivo.

-Bueno, ultimadamente, ¿qué traes? -¿La mera verdad?

¡Como si tú supieras qué es la verdad!

Pues sí que lo sé. Yo lo que quiero es vivir contigo y que volvamos a ser socios.

¡Qué da, este muchacho!

El hogar y la escuela no son para mí, yo quiero ser igual que tú.

Eso sí no se va a poder.

Lo que pasa es que tu abuela no se ha dado cuenta de que ya eres un hombrecito,

y te quiere seguir tratando como si fueras un niño.

Pero no te preocupes, que yo voy a hablar con ella mañana,

y ya verás como yo la haré comprender.

Eso es lo que no va a poder ser, socio.

¿No? ¡Qué caray, si yo me pinto solo para tratar a las damas!

¡Doña Refugio, por el amor de Dios!

¡Tenga cuidado que eso truena!

Le juro que es la pura verdad.

Además le he tomado mucho cariño al mentiroso éste.

¡Tenga, hombre, tenga!

Me es usted muy simpático, señor Cueto,

sobre todo por machito,

y yo tengo la virtud de creer en mis corazonadas.

Claro que no tengo minas de oro, pero tengo un establo con algunas vaquitas y…

y este potrillo al que hay que domar.

Pero yo nunca he trabajado para nadie, señora, y mucho menos de niñera.

Y todavía no me salen raíces para sembrarme en ningún lugar.

¡Eh, pamplinas, nadie trabaja para nadie!

Cada uno recoge lo que ha sembrado,

y yo le ofrezco a usted un buen terreno para que siembre.

Haga la prueba, por lo menos.

Bueno, ahí los dejo, para que hablen los dos de hombre a hombre.

Conque… lo espero a comer, a las dos de la tarde en punto.

Y tú, niño, cámbiate de ropa, que estás hecho un asco.

Conque… a las dos en punto.

-Todo bien. -¿Enterado? -Sí, señora.

Bueno, hasta luego.

¿Ya lo ves? ¡Vaya, tu abuelita!

¿Oíste? A las dos en punto.

¡Y yo, que no me he matrimoniado para no dejarme mandar como todos los pobrecitos casados!

¡Y no me voy a dejar mandar de una abuela ajena, no, señor!

Bueno, pero es la mía, y como somos socios, pues algo te toca de abuela.

Oye, ¿por qué no te quedas aquí?

Lo pasaremos bien.

En lugar de ir al colegio nos iremos a bañar al río.

Me enseñarás a jugar baraja y a conocer los gallos, ¿sí?

Eso sí que no, señorito. Usted va a ir a la escuela. Y va a ser el mejor alumno,

porque cuando yo regrese por aquí me lo quiero encontrar hecho todo un hombrecito.

¡Y se acabaron las mentiras, sí, señor!

-Adiós, señores. -Buenas tardes.

Buenas tardes.

Oye, Antonio, esos hombres son de los asaltantes.

¿En qué quedamos, muchacho mentiroso?

¿Sabes quiénes son esos señores?

Son nada menos que el presidente y el secretario de la junta de obras benéficas de aquí, del pueblo de Jalisco.

¡Pero estoy seguro, socio! Esos ojos los tengo grabados aquí.

¿Sabes lo que tienes allí? Es una máquina de echar mentiras, en lugar de sesos.

Y no vuelva a hablarme de asaltantes, porque me lo sueno.

¡Muchacho, tan visionudo!

En los minutos que dedicamos a las lecturas selectas

toca hoy el turno a uno de los más brillantes dramaturgos que haya dado el mundo.

Él se llama William Shakespeare.

He escogido una de sus obras más populares,

que se llama Romeo y Julieta,

la más bella historia de amor que se halla escrito,

en la cual dos jóvenes enamorados mueren por su amor,

víctimas del odio y la incomprensión de sus familias.

La parte que vamos a leer tiene lugar en el balcón de la casa de Julieta,

hasta el que llega su enamorado, Romeo.

¡Julieta, mi Julieta!

¡Oh!, pues ¿qué traes?

¡Joselito!

Tu rienda es corta, la pierna izquierda.

Viene, viene, viene, muy bien.

Ceje su caballo, céjelo, céjelo.

¡Ay, qué pelado tan bueno!

A ver… "Mi querida señorita ex maestra Julieta,

los regalos que le he hecho todos los días no ha sido para que pongáis buenas calificaciones, como los otros.

"Quiero que cuando sea grande seáis mi novia."

¡Joselito! Venga para acá.

"Para que si alguien se opone poder morirnos como Romeo y Julieta,

"sólo que yo me enterraré el cuchillo en donde no me muera

"para que cuando me despertéis casarnos de todos modos.

"Firma el gran corazón hinchado de amor de Joselito". "Joselito".

¡Ay, Chihuahua!

Es el mejor perfume que hallé en la botica,

como que me ha costado cuatro reales y un chorrito.

Todo me parece muy bien, pero

¿qué, la profesora no te lleva algunos añitos de edad?

Por eso digo: "para cuando yo sea grande".

Está bien, socio, haré lo que pueda, pero no respondo, ¿eh?

Porque yo nunca he hecho esos papelitos de…

Ya sabía yo que eras mi cuate y que contaba contigo. Chócala, socio.

¡Socios…!

Señorita profesora.

Perdone que la detenga pero necesito hablar con usted.

¿Conmigo?

Sí, señorita, se trata de Joselito.

Ah, justamente pensaba ir a ver a doña Refugio.

Ese muchacho me tiene preocupada, ¡se porta en una forma…!

Muy justificado, si se conoce la causa.

Ese muchacho vive en otro mundo, señor Cueto.

¡Señor Cueto…! ¿Por qué no me dice Antonio,

y yo le digo Julieta?

-¿Quiere? -Bueno.

¡Rebelde, pórtese serio!

¿Puedo verla mañana?

A la salida de clases.

¡Rebelde, creo que se nos va a hacer, pelado!

¿Qué hay, socio?

No se la entregaste, ¿verdad?

Tráela, verás como yo sí se la entrego.

Es que no hubo oportunidad de dársela, hombre, ¡palabra!

Ya casi no huele nada.

Bueno, mira, no te apures, que te voy a comprar un frascote de este tamaño, de a litro, para que se lo regales.

¿Tú tienes fiebre? ¿Estás enfermo?

Será del susto.

¡Qué del susto ni que nada! ¡Venga para acá! ¡Doña Refugio! ¡Doña Refugio!

No hay de qué preocuparse, se trata de un simple sarampión.

Lo único que hay que hacer es evitar complicaciones.

Surta esta receta.

Evite las corrientes de aire, el exceso de luz,…

¿Qué tiene Joselito, doctor?

-Buenas tardes, señor. -Buenas tardes.

Abra la boca.

¡Sí, abra la boca!

¡Ábrala! ¡Más!

¡Más, más!

Amigo, usted también tiene el sarampión.

-¿Yo? -Sí.

Yo nunca me he enfermado, doctor,

ni me enfermaré de otra cosa que no sea del mal del plomo.

Pues usted dirá lo que quiera, pero no quiero que me ande regando el pueblo de sarampión,

así es que a la cama, y es una orden.

-Oiga, doctor, pero… -Sí, a la cama.

-Yo nunca he sufrido de nada, doctor. -Sí, la cama, la cama…

-¿A la cama? -Sí, señor, a la cama.

¡Listo, chaval, échemela, échemela!

¡Ay, qué pelotas de oro!

¡Agárrese, agárrese, agárrese, pelado!

¡Aguas, aguas, aguas!

"Yo tengo un columpio de suave vaivén

"y en él muy contento me vengo a mecer,

"en la fuerte rama de un alto de laurel

"mi buen papacito lo vino a poner.

"¡Qué suave columpio, qué dulce vaivén!

"Muchachos, ¿no quieren venirse a mecer?"

¡Qué bonito! ¿Verdad?

¡Qué simpático es!, ¿verdad?

¡Ay, si era para ti! Toma.

A ver usted.

Bien. 5 x 1 = 5, 5 x 2 = 10,

5 x 3 = 15, 5 x 4 = 25,

5 x 4 = 21, 22, 23,

24, 25, 5 x 6 = 30, 5 x 7 = 35,

5 x 8.... = 40,

5 x 9 = 45, 5 x 10 = 50.

¿Empiezo otra vez?

5 x 1 = 5, 5 x 2 = 10...

A ver, se tiene que relajar y apretar, hombre.

Métala bien, a ver, amacícese. ¿Ya, listo?

Ahora, se va a levantar el toro. A ver.

¡Agárrese, pelado! ¡Ahora usted métale espuela!

¡Pero no me la meta tan recio!

Bueno, esto se ha rematado.

No hay como el reposo para curar estas enfermedades.

¡Otra vez la campanita dichosa!

¿Cuándo vamos a vivir en paz en esta casa?

¡Ataque, cobarde!

¡Defiéndete, indio Jerónimo!

¡Dichosos los ojos! ¿Qué lo trae por aquí?

Es que desde hace tiempo quería conocer a su nieto, señora Refugio.

Nomás que ya ve cómo ando siempre apilado de trabajo.

-Pues pase, pase usted por aquí. -Gracias.

¡Aguas!

¡Joselito! ¡Joselito!

¡Joselito!

¡Sal de ahí, demonio!

El señor Manuel ha tenido la gentileza de venir a verte.

-¿A mí? -Hola, Joselito.

Aunque sea tarde, he venido a traerte un regalito de bienvenida.

Yo conocí bien a tus padres, que en paz descansen.

¡Antonio!

¿Qué le pasa a ese loco?

Es que estábamos jugando a los indios a los asaltantes.

Él era el indio, y yo… yo tengo que alcanzarlo.

¡Pero si saben que no pueden salir todavía!

¡Ahorita mismo voy a traer a ese escuincle de Antonio!

No, no se vaya, abuela.

Niño, atiende a tu visita, vamos.

No te vaya a dar una corriente de aire, criatura.

A mí no me gustaría que te pasara nada.

Mira lo que te traje.

Es de verdad, y del mejor acero,

pero ten cuidado porque te puedes hacer daño con él.

Éste cuchillo es de un asaltante que juró matar al que lo reconociera o hablara de él.

Guárdalo, y sobre todo guarda el secreto, porque si no…

Y no hables de esto con tu abuela ni con ese tal Antonio,

no sea que se vayan a morir.

Adiós, Joselito.

Ah, y bienvenido a Ocotlán.

San Antonio bendito, haz lo posible porque Nuestro Señor recoja al tal don Manuel en su santo seno,

y dame valor para entregar la carta a Julieta, aunque ya no tenga perfume.

Al fin lo que quiero es que la lea, no que la huela.

Un momentito.

Socio… ¡traidor!

Asegura bien la puerta.

Apúrate con la lámpara, Cosme.

Ahí voy, jefe.

-Dame un fósforo. -Sí, jefe.

Ahora sí vamos a agarrar una buena, muchachos.

Aquí está el telegrama del compadre Chagas.

"Domingo salen cincuenta reses gordas con seis peones".

¿Cómo la ven desde ahí?

¡A poco ahora vamos a robar ganado, jefe!

¡Cómo eres menso, Cipriano!

Una res gorda quiere decir mil pesos,

y seis peones que saldrán a las seis de la mañana, ¿cómo la ves ahora?

Pues que de nada nos sirve.

Ahí nomás estamos a montones, y a montones, y a montones de dinero.

Para hacer pareos, ¿cuándo nos da?

Ya me canso de decírselos: todo a su tiempo.

Aquí traigo el plano, para acordar por dónde se va cada quien por separado,

y estudiar el punto de reunión.

¡Allí hay alguien, jefe!

¿Qué esperan para buscar? ¡Muévanse!

¡Abusados, ahí se corrió alguien!

¡Ayúdame!

No me empujes, Cosme, porque me atoro.

-Ahí anda. -¿Quién es?

Es el nieto de doña Refugio.

-Y ya me atoré. -¿Qué pasa?

¡El Cipriano se ha atorado,

dice que es el nieto de doña Remedios el que anda por ahí!

¡Métanle plomo en cuanto lo vean!

¡Sáquenme de aquí, por favor! ¡Ayúdenme!

¡No me dejes solo, Cosme!

¡Ay, Cipriano está atorado arriba!

San Antonio bendito, olvídate por lo pronto lo de Julieta

y no me falles en este otro favorcito: dame puntería.

¡Corre, Blanco, a casa de la abuela! ¡Llévaselo a Antonio!

¡Fíjese!

Es el caballo del muchacho. Tal vez se asustó con los balazos.

¿Quién llama? ¿Quién llama?

Blanco, ¿qué haces tú aquí?

¿Quién te ha dejado fuera?

Ven. ¿Por qué estás nervioso?

¡Ay, qué raro!

¿Qué es esto?

¡Ayúdenme! ¡Se me están acalambrando las manos!

¡Cállate!

"Y el jefe de los asaltantes es el tan don Manuel.

"No son mentiras, hay un Cipriano y un Cosme

"y otro. El domingo robarán cincuenta mil pesos.

"Adiós, que la abuela no llore, y también que me perdone.

"Fray Joselito."

¡Ay, Dios mío! ¡Dios quiera y sea otra mentira de ese granuja!

¡Atáquenlo por dentro!

¿Conque creíste que te nos ibas a escapar?

Te lo advertí en casa de tu abuela, muchachito.

Quietos.

¡Vuélalos, socio, ya me estaban haciendo enfadar estos pelados!

Y cuando yo me enojo, ¡para qué te cuento!

Quítale las pistolas, socio.

Tira la pistola o mato al muchacho.

¡Tírala!

¡Quietos!

A ver, niño, dame ese juguetito.

Hala, para afuera.

¡Quieto!

Dame tu pistola.

No puedo, jefe, porque si me suelto me caigo.

¡Maldito muchacho!

¿Qué es lo que ha pasado aquí?

Son los asaltantes de la diligencia.

Háganse cargo de ellos, muchachos.

Ya estoy.

Me salvó la vida.

Sí.

Ahora he aprendido a querer a un caballo.

Y yo he aprendido que se puede querer más a un niño que a un caballo.

¿Qué esperas para abrazar a tu novia, Antonio?

Yo ya pienso que es demasiado grande para mí.

Además no tiene los ojos azules.

¡Muy bonito,

haciendo crecer la familia sin consentimiento de la abuela!

Sí, abuela, además se me ha estado ocurriendo que podríamos ser la mejor familia del mundo,

siempre que Antonio y Julieta se casen y se vengan a vivir con nosotros.

Bueno, eso si ese grandulón se decide a echar raíces.

Yo ya las eché, y ¿qué mejor que su casa para sembrarme?

Mire nomás: en una sola jugada mujer, hijo, y hasta abuela.

¡Esta partida sí que la gane!

-¿Socios? -Socios, pelado.

-Socios, pero yo ¿qué? -¡Pues socios!

-¡Pues socios! -¡Socios!

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