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LLOYD'S DE LONDRES
Agradecemos con aprecio la colaboración del historiador
oficial de Lloyds de Londres en la preparación de los datos históricos
para esta producción.
Un pueblo pesquero en Norfolk, en la costa este de Inglaterra. 1770.
Recién cogido, recién cogido. ¿Quién me compra mi figaro?
La viuda de Blake. Casa Pale. Cómodo y acogedor.
Escucha, amigo. El oro tintineará en tus bolsillos.
Y todos estaremos en la gloria.
Eso será si no nos vemos colgados en la horca.
¡Vamos, bébete el ron!
Métete un poco de valor entre pecho y espalda.
Oiga, oiga, viuda Blake.
- Sí, señor. - Traiga dos jarras de ron.
Dese prisa.
Johnathan. ¿Dónde se habrá metido ese condenado chico?
- ¡Aquí estoy! - Vaya.
Llévale dos jarras de ron. Y date prisa.
Escucha, me he cuidado de que no te den monedas portuguesas.
Si no lo dividen, les ajustaré las cuentas.
- ¿Estás conmigo? - Lo estoy.
¿Qué es lo que estás mirando?
- Le cantaremos las cuarenta. - Sí, ya lo creo.
Dame su dinero.
¿No te dije que tuvieses cuidado con las monedas portuguesas?
Así aprenderás la lección. Monedas portuguesas.
Agricolae, agricoli...
Oye, Horatio. Horatio.
- Sigue, sigue, cariño. - No puedo, padre.
No intentes ayudar a tu hermana, Horatio.
Declina tú la palabra "agrícola".
Horatio Nelson. ¿No has oído lo que he dicho?
- ¿Nunca oyes lo que digo? - No, señor... Sí, señor.
Sacrifico mi tiempo y mi fuerza intentando enseñarte los clásicos.
Educarte en el conocimiento de la literatura.
E inculcarte el sentido del deber. Susan, límpiale la nariz a Anne.
Son las cuatro. Empezaremos la clase de religión con la letanía.
Espero que hoy acertéis en vuestras respuestas.
El domingo me molestó oíros tartamudear como hijos de un zapatero.
Oh, Dios. Padre del cielo. Ten piedad de nosotros, pecadores...
Oh, Dios. Padre del cielo.
- ¿Qué pasa, Johnathan? - Hay un buque de piratas.
- ¿Piratas? - Sí. Auténticos.
Dos estuvieron en la taberna de mi tía.
Vamos a echar un vistazo a su buque.
No puedo. Estamos dando la clase de religión.
- Tienes miedo. - No tengo miedo.
Pero sabes que mi padre me ha prohibido ir contigo.
- Tienes miedo de que te pegue. - Ten cuidado con lo que dices.
¿Qué hay de nuestro pacto? Te desafío a que vengas.
Con que me desafías a echar un vistazo al buque.
Yo te desafío a subir a bordo.
¿Subir a bordo? No. Nos harán caminar por la pasarela.
Así que tienes miedo. ¿Qué pasa con nuestro pacto?
Lo que yo haga, lo tienes que hacer tú. Tendré que pegarte un puñetazo.
Está bien. Toma mi mano.
- ¿Ves algo? - Sí. Es un barco.
- ¿Ves el nombre? - Todavía no.
Ya lo veo. "El caballo del mar". Rema. Hay otro barco.
Están amarrados juntos.
¿Qué estarán haciendo?
"Maggie O" Acércate a la proa.
Átalo a la cadena del ancla.
- No veo ni un alma. - Ni yo.
- ¿Ves algo? - No.
- Es un buque de carga, ¿Verdad? - Me pregunto por qué no hay nadie.
- Estamos de acuerdo. - Sí.
- El tiempo está con nosotros. - Pero el barco no durará siempre.
No sé qué hacemos aún en él.
Venga, holgazanes. Subid.
Vamos a nuestra barca.
¿A qué esperáis? Vamos, llevadlo al "Caballo del mar".
- Pesa mucho, capitán. - ¿Cómo no iba a pesar?
Es oro, imbécil. No una bolsa de plumas.
Quiero decir que pesa sobre la conciencia, capitán.
¿Conciencia? Tú no tienes. Llevadlo.
Sabemos lo que se está preparando.
Va a barrenar el "Maggie O" para reclamar su seguro y el del oro.
Mientras el oro estará en el "Caballo del mar" y lo podrá vender.
Eso es un fraude. Y quiere todos los beneficios.
- Recibirás tu parte, ¿verdad? - Sí.
10 guineas a cada uno por arriesgarnos a ser ahorcados.
Si nos cogen, nos ahorcarán como a ustedes.
Así que, por el cadalso del diablo, iremos a partes iguales.
- Sí, claro que sí. - Tiene razón. Tiene razón.
- ¿Así que es un motín? - Llámelo como quiera.
Pero si se enteran de esto en el café de Lloyds de Londres...
- Vámonos de aquí. - Sí. Vámonos.
A trabajar, ratas asquerosas. Vamos, cargad.
- ¿Dónde está el bote? - No te preocupes. Vamos.
- ¿Quiénes son esos chicos? - ¡Detenedles!
¡Detenedles!
- ¡Salta! - No puedo.
¡Salta!
Venga, capitán. Han saltado por aquí.
- Nelson. - Aquí.
- ¿Estás bien? - Sí. Vámonos.
Nada siguiendo la corriente.
Seguro que han mandado un bote a buscarnos.
Escondámonos.
- He perdido mi chaqueta. - Eso no es nada.
Las balas que dispararon eran de verdad.
Deberíamos ir a casa. A contárselo a mi padre.
¿A tu padre? Ya has oído lo que han dicho.
Si se enteran en el café de Lloyds... Se lo contaremos al Sr. Lloyd.
- El hombre de los seguros. - Pero está en Londres.
Qué más da.
- ¿Cómo iremos? - Andando.
- Está a 150 km. - Hemos de hacerlo. Es nuestro deber.
Y, tal vez, el Sr. Lloyd nos dé una recompensa.
No puedo. Estaríamos fuera muchos días. Mi padre no sabría dónde estoy.
Yo voy. Y lo que yo haga lo tienes que hacer tú.
- Si no... - Dios, me gustaría...
¿Y bien?
- Bien. Choca esos cinco. - Iremos esta noche.
Nos encontraremos a las 7, donde siempre.
- Horatio. - Sí, señor.
- Baja aquí. - Sí, señor.
Mira cómo vienes. ¿Dónde has estado?
- Tuve que nadar en el río, señor. - ¿Con la ropa?
Las circunstancias nos impidieron... me impidieron quitarme la ropa.
¿Estabas con ese travieso de Jonathan Blake?
¿No es cierto que te he prohibido ir con él?
Es el sobrino de la propietaria de una taberna poco respetable.
¿Qué puedo hacer Maurice?
No, Edmund. No creo que eso le haga daño al niño.
A mí me gustan mucho las tabernas.
- No soporto la desobediencia. - ¿He de ir a su despacho, señor?
- ¿Y bajarme el pantalón? - En seguida. Anne, el bastón.
- ¿Qué tal está, tío? - Bien, gracias.
Y la guerra con España, ¿Va bien?
Las guerras nunca van bien hasta que alguien gana.
Mi buque fue desarbolado en nuestro último encuentro.
Por eso estoy en casa, pero el martes nos vamos a las Azores.
- ¡Qué emocionante debe ser! - Ya lo creo.
No hay nada tan emocionante como una bala de cañón que te vuele la cabeza.
- ¿Cuántos años tienes, Horatio? - Cumpliré doce, señor.
Vaya, Vaya... Necesito un joven guardiamarina.
Pensé que tu padre conocería al chico adecuado.
Señor, ¿no... no se referirá a mí?
Puede ser, muchacho. Puede ser.
- Llevo una hora esperando. - No he podido salir antes.
Mi tío, el capitán, vino a visitarnos.
¿Y tu sombrero y tu hatillo?
No puedo ir contigo.
- ¿Te echas atrás? - Voy a embarcar.
Voy a ser guardiamarina del buque de Su Majestad "Resolución".
Vamos a luchar con los españoles.
- Entonces no nos veremos más. - No, es verdad. No.
Pero volveré un día, si una bala de cañón no me vuela la cabeza.
Siento no poder ir contigo.
- Bueno, está bien. - Estoy rompiendo el pacto.
No lo puedes evitar.
Pero un pacto es un pacto. Venga, pégame un puñetazo.
Debes hacerlo.
Muy flojo.
¿Puede decirme dónde está el café de Lloyds?
¡Deshollinador!
¡Deshollinador!
¿Puede decirme dónde está el café de Lloyds?
¿De Lloyds, amigo? Llega hasta el número 3,
tuerce a la derecha y sigue recto. Está al lado del Odeón.
Oye, oye, pordiosero. ¿Dónde crees que vas?
- Tengo que ver al Sr. Lloyd. - Venga, vete. Largo de aquí.
Tengo una cita con el doctor Samuel Johnson.
- ¿Su nombre, señor? - Benjamín Franklin.
El Dr. Johnson le está esperando.
Sr. Franklin, permítame que le presente a mí amigo, el Sr. Bosford.
Caballeros, el bergantín "Eggimore", 200 Tm, que sale de Porstmouth
con destino a Jamaica. 2.000 libras de seguro, establecidas al 8%.
- Cogeré 100 libras. - 100. Vendido. ¿Oigo alguien más?
- 200 libras. - ¿200? Gracias.
- No, sólo pagaré 10 libras. - Gracias, Sr. Jukes.
Señor, ¿podría...? ¿Podría decirme quién es el Sr. Lloyd?
- ¿Cómo? - El Sr. Lloyd. El dueño del café.
¿Ah, él?
Este joven busca al Sr. Edward Lloyd.
Le encontrarás en medio del islote. En la iglesia de María.
A diez metros bajo tierra. Hace 60 años que se pudre allí.
¿Es que quieres tomarnos el pelo?
- Anda, fuera. - Tengo que ver al Sr. Lloyd.
Caballeros, el balandro "Maggie O" de Portsmouth se hundió ayer.
No hubo víctimas. El barco estaba asegurado en 2.000 libras.
La carga de oro estaba asegurada en 10.000 libras.
Reclaman pérdida total.
¡500 libras!
- ¿Cuánto hemos perdido? - 2.000 y la carga.
¡Suéltenme! ¡Suélteme, le digo!
Puedo contar la historia. Toda la historia.
Es mentira. El "Maggie O" no se ha hundido.
- Ven aquí... - ¡No se ha hundido!
Camarero, camarero...
- ¿Es usted el Sr. Lloyd? - No. Me llamo Angerstein.
¿Qué sabes del "Maggie O"?
Fue barrenado, señor. Les oí decir que iban a barrenarlo.
Y llevaron el oro al "Caballo del mar".
- ¿Dónde dices que fue eso? - Donde vivo. En Northfolk.
Íbamos a venir los dos. Yo y mi amigo Horatio Nelson.
Pero él no pudo y tuve que venir solo.
¿Viniste caminando desde Northfolk?
Sí, señor. Miren.
¿Por qué viniste al Lloyds?
Uno de los marineros dijo que el barco estaba asegurado aquí.
- Y que si ustedes se enteraban... - ¿Cuándo atracará el "Caballo"?
¿Cuándo atracará el "Caballo del mar"?
El "Caballo del mar" salió hace cuatro días... Llegará mañana.
Quiero que vayan y que lo revisen. Si encuentran el oro, deténgalos.
Si has dicho la verdad, te recompensaremos bien.
Gracias, Sr. Angerstein, pero...
hasta que reciba la recompensa, ¿puede darme algo de comer?
Porque mi hatillo está vacío y me suenan mucho las tripas.
Bien. Pobrecito. Ven, ven conmigo.
Camarero, dele de comer al chico. Lo mejor que tenga.
- Es un chico muy listo. - Sí, muy listo. Mucho.
Toma, empieza con esto.
Bien hecho. Has demostrado un gran sentido del deber.
Está bueno.
- ¡No creo que pueda comer todo eso! - Come hasta que estés harto.
Caballeros, ¿cuánto ofrecen por el bergantín "Nancy"?
- 1.500 libras. - 1.500... ¿oigo alguien más?
- 600. - 600. ¿Oigo alguien más?
¿Para qué es la vela, señor?
El camarero está subastando un barco. Ha perforado la mecha con un alfiler.
Cuando la llama llegue al alfiler, se apagará.
Y el último hombre que haga una oferta mientras la llama arde
- Será el dueño del barco. - ¿Los camareros hacen todo eso?
Además de servir la comida, subastan los barcos
y arreglan los seguros con los sindicatos.
¿Los sindicatos? ¿Qué es un sindicato?
Todos esos grupos de hombres. Lloyds no es sólo una empresa.
Está constituida también por sindicatos.
Cuando van a asegurar un buque, cada grupo contribuye con su dinero
y comparten las ganancias o las pérdidas.
- ¿Como con el "Maggie O"? - Sí. Exactamente.
- ¿Para qué sirve la campana? - ¿La campana?
Suena una vez por los desastres y dos veces por las buenas noticias.
Allí está el tablón de anuncios donde se ponen las noticias de
barcos de todas las partes del mundo.
Me gusta, señor. Es muy interesante.
¿Podría rechazar la recompensa y quedarme aquí a trabajar?
- Yo... Dime, ¿cómo te llamas? - Jonathan Blake, señor.
Sé servir porque he trabajado en la taberna de mi tía desde pequeño.
¡Podría aprender todo lo demás!
Eres inteligente y entusiasta. Tanto que has olvidado la cena.
- Es verdad. - Nos has ahorrado mucho dinero.
¿Podré trabajar aquí?
Sí, si tienes razón con lo del "Maggie O".
Bueno, acaba de comer.
He encontrado un capitán que viene de Cádiz.
Jukes y el joven Blake. Siempre les veo juntos.
Gracias, señor.
Tráeme a Jonathan aquí.
- Ve a ver al Sr. Angerstein. - Sí, señor.
- ¿Has recibido dinero del Sr. Jukes? - Sí, señor.
- ¿Lo has hecho otras veces? - Sí, señor.
- ¿Por qué? - Voy al muelle temprano,
escucho cosas y se las cuento.
¿Qué le has contado ahora?
Que el "Gladiador" se ha hundido cerca de Lisboa, señor.
- Hay que despedir a este muchacho. - ¿Por qué, señor?
Las noticias obtenidas y compartidas honestamente son la base del negocio.
La noticia del "Gladiador" pertenece a la Lloyds, no a un particular.
- Eres culpable de traición. - Me dijo que no era malo.
Y ahorro con sus propinas para hacerme agente de seguros.
Watson, toque la campana una vez. Le pisaremos la noticia a Jukes.
Toque la campana una vez.
Caballeros, la goleta "Gladiador", con una carga de madera,
se ha hundido cerca de Lisboa. Esperamos la confirmación.
- Jonathan. - Sí, señor.
Ven. Ven aquí.
La Lloyds está sentada sobre dos grandes pilares.
Las noticias y los tratos honestos. Si uno falla, fallamos todos.
Y con nosotros, la marina mercante británica.
Lloyds no es sólo un negocio, con sus ganancias y pérdidas.
Es la sangre vital del comercio británico. Piensa en eso.
En los barcos ingleses que navegan hacia los puertos más lejanos.
Barcos y cargas protegidos por nuestra honradez.
Un poderoso comercio que se basa en la confianza.
Ahora lo veo, Sr. Angerstein.
No merecía su confianza. Han podido fracasar por mi culpa.
Bueno, por la tuya y por la del señor Jukes.
Tenga su dinero. No quiero volverlo a hacer. Nunca.
De ahora en adelante, haré lo que pueda para ser como usted dice.
Honrado con Lloyds y con Inglaterra.
Te garantizo que Inglaterra te lo agradecerá.
Caballeros, el bloqueo español del comercio británico ha terminado.
El buque "Resolución" ha llegado a salvo a las Azores.
Tres hurras por el "Resolución".
Señor, señor, señor...
Mi amigo Horatio Nelson está en ese buque.
- ¿Qué? - Sí, señor.
Caballeros. París, 23 de enero, 1771. El parlamento francés
ha sido derrocado por los soldados de Madame DuBarry.
LONDRES. 5 DE MARZO, 1784. LLOYD'S SE TRASLADARÁ
EL 7 DE MARZO A SUS NUEVAS OFICINAS DE LA BOLSA REAL.
- Buenos días, Sr. Angerstein. - Buenos días.
Déjeme esto, señor. Hace un buen día.
Sí, eso es verdad.
- Va a dejar de llover. - Ya era hora, Charles.
Sí, sí. Lleve eso.
- Buenos días. - Buenos días.
- Buenos días, caballeros. - Buenos días.
- Buenos días, Sr. Angerstein. - Hola, buenos días.
- ¿Algún cambio, señor? - Buenos días.
Una gabarra de basura se hunde en el Támesis.
Vaya una noticia importante.
Sigue la tormenta en el canal. Hace días que no llega ningún barco.
Un bonito edificio, unos bonitos muebles, un bonito tablón de anuncios
y no hay noticias en él. Mucho progreso menos en conseguir noticias.
Cuando las noticias son la sangre vital del negocio de los seguros.
- No se puede vencer a los elementos. - Se puede si se tiene inteligencia.
- Buenos días, Sr. Angerstein. - Buenos días, Polly.
- Buenos días, Sr. Angerstein. - Buenos días.
- ¿Lo de siempre, señor? - Sí, por favor.
Su Majestad tiene éxito en las carreras, señor.
Vaya noticia, ¿Verdad?
Permítame presentarme. Stacy de Clanfort.
Buenos días.
Mi tío es Lord Brighton, el primer ministro del almirantazgo.
Así que es usted su sobrino, ¿eh?
Sí, por mi esposa. Mi madre es la duquesa de Chippendale.
Mi tío me dio una carta de presentación para usted.
Pero creo que la he perdido.
- ¿Café? - No, gracias.
No, gracias. Ni lo pruebo.
He heredado algún dinero de mi abuela.
Mucho menos del que esperaba. La vieja era una derrochadora.
He pensado que podría beneficiar a los dos si invierto en Lloyds.
Con usted, en su sindicato.
¿Insinúa que quiere aprender el negocio desde el principio?
Dios, no. He de pensar en mi nombre. Sólo quiero arriesgarme alguna vez.
- De incógnito. - Entiendo.
He oído que algunos aseguradores obtienen grandes ganancias.
Tenemos buenas ganancias de vez en cuando.
Pero Lloyds no es un casino.
Debe haber aseguradores que le acepten en su sindicato de incógnito.
Pero yo no soy uno de ellos.
No estoy de acuerdo ni con el juego, ni con los jóvenes aristócratas
que desprecian el comercio por parecerle indigno pero se aprovechan.
- ¿Qué pasa, Potts? - Buenos días.
- ¿Qué quieres? - Su ayudante. El Sr. Blake.
- Le han metido en la cárcel. - ¿En la cárcel? ¿De qué hablas?
- En los calabozos del viejo Bailey. - ¿El viejo Bailey?
- No sabía si venir a contárselo. - Has hecho bien, Potts.
Ven conmigo.
¿Qué le ha pasado al señor Jonathan?
- No me atrevo a decírselo. - ¿Por qué? ¿Qué ha hecho?
- Se trata del sexo femenino. - No puedo creerlo.
De verdad. Le han detenido por ser un mirón.
Es una mentira. Llevo un año en vano intentando que me mire a mí.
Señoría, es un mirón. Eso es lo que es.
Estaba desnuda lavándome antes de meterme en la cama...
Y él me estaba espiando.
- Señoría, permítame explicarle... - Y cuando me metí en la cama,
entró en mi habitación, sin ni siquiera pedirme permiso.
Orden, orden en la sala.
- ¿Este catalejo es suyo? - Sí, Señoría.
¿Invadió el techo cercano a la ventana de la demandante?
- Abra la boca, señor. - No fue invasión exactamente.
- Déjeme explicarle. - Conteste a la pregunta.
Estaba experimentando.
Experimentaba con una máquina de telégrafo.
¿Telégrafo? ¿Qué clase de palabra es esa?
Es una manera de transmitir la información por el espacio.
¿Telégrafo? ¿Transmitir información por el...?
Está intentando desconcertar al tribunal, señor.
- No, Señoría. Créame. - Culpable.
Sentenciado a un año de prisión. O una multa de 50 libras.
- Siguiente caso. - ¿50 libras? Pero Señoría...
Así aprenderá a llamar la próxima vez.
La corona contra George Cooper, acusado de robar cadáveres.
Señoría, este joven... Me gustaría pagar su multa.
Páguele al alguacil.
Estoy harto de sacarte siempre de líos.
Es cierto que han sido bastante inocentes... Hasta ahora.
Pero, señor, ¿no creerá que soy culpable?
Has admitido que entraste por la ventana de esa chica.
Fue sin querer. De verdad. Me caí.
- ¿Te caíste? ¿De dónde? - Fue por un invento...
La máquina, señor. La hace funcionar de noche.
Déjeme enseñársela. Venga a mi casa esta tarde.
Le demostraré que no he hecho nada malo.
¿Vendrá, señor?
- Bueno, tal vez. - Gracias, señor.
Esta es sólo la maqueta. Pero demuestra lo que afirmo.
Puede mandar mensajes a través del canal, no en dos días
sino en 5 minutos.
- ¿En 5 minutos, desde Francia? - Cierto, señor.
Estás loco, Jonathan.
¿Recuerda aquel día cuando el Sr. Jukes me dio dinero y hablamos?
Siempre le he considerado como un padre desde entonces.
Hasta un padre llega al límite alguna vez.
Dijo que las noticias eran la sangre vital de los seguros.
Y que al crecer Lloyds también crece la flota británica.
Y si la flota crece, crece Inglaterra.
Sí. Bueno, ¿y qué?
Desde entonces he querido justificar su confianza.
Sé que le he causado problemas. Y lo siento, si le he hecho daño.
Pero ahora tal vez pueda pagar mi deuda. A usted y a Lloyds.
Estas letras colocadas aquí, se pueden leer con este catalejo
desde una distancia de 500 m.
¿Qué? ¿Estas letras pequeñas?
Con la ayuda de una lámpara, con máquinas de 3 o 4 metros,
y con catalejos potentes, podemos tener un servicio de noticias.
Informaciones y noticias llegando de todas partes de Europa.
Y siendo fijadas como almenaras en el tablón de anuncios de la sala.
Entonces, Lloyds será el centro neurálgico de Inglaterra.
- D, O... - Sí, Bonaparte ordena la detención.
- D, E... - Detención de...
- T, O, D, O, S. - ¡Todos!
l, N, G, L, E, S, E, S...
"Napoleón ordena la detención de todos los ingleses en Francia".
Señor, señor. Venga, rápido.
- Recójalo todo. - Sí, señor.
- La luz, apague la luz. - No se preocupe, señor.
- Aquí tiene. - Gracias, señor.
Dese prisa, porque en Calais es muy peligroso.
- Adiós, Pierre. - Adiós, Sr. Blake. Buen viaje.
- Buenas noches, padre. - Buenas noches, hijo.
Padre, salgo de viaje, ¿podría darme su bendición?
Con mucho gusto.
- Gracias, padre. - Gracias, hijo.
- Que Dios te acompañe en tu viaje. - Hasta la vista, padre.
Oeste. A 500 metros. Muelle de piedra. Barril.
- Déjeme. Suélteme. - Escuche, señorita.
¿Cómo se atreve a sacarme de la cama en medio de la noche?
- Lo siento, pero es la guerra. - No sé de qué habla.
- No le entiendo. No he hecho nada. - Usted es inglesa.
- Por supuesto que soy inglesa. - Eso es suficiente.
- ¿No hay nadie que hable inglés? - Yo hablo un poco.
Hágalo, por favor. No sé qué he hecho para que me detengan.
Napoleón Bonaparte ha ordenado que detengan a todos los ingleses.
- ¿Es un crimen ser inglesa? - Sí, mademoiselle.
Bonaparte tiene razón. Tiene que protegerse de los espías.
Yo no soy una espía. Dígaselo. Diga que sólo estaré esta noche.
Le aseguro que la señorita no es una espía.
Es muy raro que una señorita tan guapa viaje sola.
Tiene razón. Es muy raro que una mujer joven viaje sola.
Tuve que marcharme de París deprisa.
Quiero decir, que me decidí a última hora.
Echaba de menos mi país.
- ¿Qué ha dicho? - Que echa de menos su país.
No debe tener miedo. Me ocuparé de ella personalmente.
No tenga miedo. Él la cuidará, mademoiselle, personalmente.
Vamos, venga. Vamos. Un coche para la señorita.
Un coche para el teniente. En seguida.
- ¿A dónde quiere ir? - Es para el teniente.
- Pero no puedo ir muy lejos. - No perdáis el tiempo.
No vaya muy deprisa. Es un recorrido muy corto.
- ¿Hacia dónde van ustedes? - Para allí, para allí.
- Muy bien. Permítame. - Pero, por favor.
Este asiento es muy pequeño para tres personas.
Perdone, padre. ¿Va lejos?
No. Me quedo en el primer muelle.
- Cochero, pare en el primer muelle. - Muy bien.
Y cuando digo el primer muelle, digo el primer muelle.
- ¿Dónde me lleva? - Valor, mademoiselle.
¿No le importa que me siente aquí?
El teniente es muy amable al llevar a un sacerdote a su destino.
- Gracias, mi teniente. - Es un placer, padre.
¿Es aquí donde quiere bajar, señor cura?
Pues ya hemos llegado.
Gracias, mi teniente. ¡Baje!
¡Baje del coche!
Baje, señorita.
Cierre la puerta. Márchese, cochero.
Tenga cuidado. Hasta la vista.
Al agua. ¡Salte!
- Pero yo no sé nadar... - ¡Salte!
Hacia el otro lado. Hacia allí, hacia allí.
- Pagará en la horca lo que ha hecho. - Hacia allí. Rápido.
- Vamos, vamos. - ¿Qué vamos a hacer?
- Aquí está. - ¿Qué es?
Adentro.
Venga, agáchese.
Si todo va bien, pronto estaremos camino de Inglaterra.
Buenos días.
Buenos días. Hace un buen día, ¿verdad?
Mire las nubes.
- ¿Ha dormido bien? - Como un lirón.
- Sí, ya me he dado cuenta. - ¿Puedo acercarme?
¿Hay más de eso que está comiendo?
¿Bizcochos duros? Perdone. Hay suficientes para una semana.
¿Una semana para llegar a Inglaterra?
No. Si tenemos suerte, llegaremos mañana.
Debe estar muy cansado llevando el timón tanto tiempo.
- ¿Sabría hacerlo? - No parece difícil. Lo intentaré.
No tiene aspecto de marinero con ese vestido.
Es probable que atraiga a muchos marineros amorosos.
- Amorosos y demasiado curiosos. - Lo siento.
No tiene la culpa. Tome. Manténgalo al viento. veré lo que puedo hacer.
Gorro.
- Aquí está. - ¿Pantalones?
¿Le importa?
Claro que no. Siempre he querido saber qué se siente llevándolos.
- ¿Pero, dónde? - Desde luego, ¿dónde?
El vestuario está en aquel lado.
¿Cree que Napoleón invadirá Inglaterra?
Bueno, ya he escuchado sus fanfarronadas.
Dadme el mando del canal de la Mancha inglés doce horas
y dormiré esta noche en el palacio de St. James.
No tenga miedo. No se preocupe.
- ¿Por qué no me ha llamado antes? - No podía. Parecía tan tranquilo.
- Bueno, ya la tenemos encima. - Es maravilloso.
Entonces Horatio me cogió de los pantalones y me tiró por la borda.
Mientras uno de los capitanes nos disparaba.
Habíamos quedado para ir a Londres aquella noche.
Pero Horatio no pudo ir.
Me hizo cumplir aquel pacto estúpido y luego nos despedimos.
- ¿No le ha vuelto a ver? - No.
Vino a Lloyds hace unos años. Pero yo estaba fuera.
Una vez subí a bordo de su buque, cuando le nombraron capitán.
Pero él estaba en tierra.
Mientras tanto, ha llegado a ser almirante de la flota.
El hijo de Inglaterra.
¿Y usted? ¿Qué ha llegado a ser?
¿Yo? No tengo importancia.
Le conocí hace unos meses en Nápoles, en una recepción.
En casa de Sir William Hamilton. Nelson era el héroe del momento.
Pero por dentro era el hombre más triste que he visto.
Tan trágicamente enamorado de Lady Hamilton.
Pobre diablo. No puedo imaginar nada peor que estar enamorado
de alguien con quien no pueda casarse.
- Mire. Mire. Luces. - Sí. Hace bastante que las veo.
Los acantilados de Dover. Inglaterra.
Mi hogar. Toda una historia.
No me ha contado nada de su vida.
Usted debe conocerme mejor que nadie en el mundo.
Porque dos días enteros he sido yo misma de verdad.
- Tome un poco más. - No, no puedo.
- Es buena carne, señora. - No lo dudo.
- Y un buen pedazo para usted. - No. No puedo más.
Un buen pedazo de buey. Lleva colgado cuatro meses.
- Estaba delicioso. No puedo más. - Le traeré un pedazo de queso.
- Por ti. - Por ti.
Disculpe. ¿Es cierto que arrestan a todos los ingleses en Francia
- Y cometiendo atrocidades? - Es verdad. Muy cierto.
He oído que Bonaparte se especializa en tenderos.
¿En tenderos, señor?
Sí, eso es. Sé que tiene costumbre de asarlos vivos dándoles vueltas.
¿Dándoles vuelta, señor?
No me preocuparía. 20 millas de agua nos separan de ellos.
- Y aún tenemos a Nelson. - Sí, señor.
Eso es lo que yo digo. Que Dios le bendiga, señor.
Un buen pedazo de queso.
- Ahora les prepararé la habitación. - Dos habitaciones.
¿Dos habitaciones? Lo lamento. Pensé que eran matrimonio.
- Bueno, esa es la tuya. - Muchas gracias. Buenas noches.
Buenas noches.
Buenas noches.
Suena muy bien lo que ha dicho el posadero. Marido y mujer.
Pero no lo somos. Buenas noches, Jonathan.
- ¿Puedo hacer algo, señor? - Nada, buen hombre.
Nada en absoluto. Está todo hecho.
¿Todo hecho, señor?
Adelante, adelante.
- Buenos días, señor. - Buenos días, posadero.
El carruaje para Londres está listo, señor.
Gracias, posadero.
- Llevaré su equipaje. - Aquella y esta.
¿Estás vestida? Es hora de partir.
La señora se fue muy temprano.
Se fue en correo especial.
- ¿Dejó algún recado? - No, señor.
Y me sorprendió mucho, porque anoche lo pasaron muy bien.
El coche espera, señor.
Póngase el abrigo. Hace bastante frío esta mañana.
Tome cinco libras. Quiero pedirle un favor.
Cuando vuelva el cochero, averigüe dónde llevó a la señora.
La dirección exacta. Mándemela aquí, a esta dirección de Londres.
Gracias, has hecho un buen trabajo. Estoy orgulloso de ti.
Un día de estos querrás establecer tu propio sindicato.
Y cuando llegue ese momento, te apoyaré. Te apoyaré.
- No me estás escuchando, Jonathan. - Perdone, señor, ¿qué decía?
- No estás enfermo, ¿verdad? - No, señor.
Está bien. Es el trabajo. Es demasiado exigente.
Debes divertirte más. Salir. Visitar a tus amigos.
Menos trabajo y más diversión. Piénsalo.
- Adiós, Polly. - Adiós, señor Angerstein.
¿Qué tal se encuentra? El que vive bien, siempre está mal del hígado.
Lo dice aquí. El príncipe de Gales tiene una indigestión.
¿Qué le pasa? Hace tiempo que no puedo sacarle ni una sonrisa.
- Lo siento, Polly. - No será una chica, ¿eh?
Sí, lo es.
Hace un momento que ha llegado esta carta para usted.
La he encontrado.
¡La he encontrado!
Espere aquí.
- ¿Cuál es su nombre, señor? - Jonathan Blake.
El señor Jonathan Blake.
El señor Jonathan Blake.
- Buenas tardes. - ¿Por qué ha venido aquí?
Perdone la interrupción, pero acabo de enterarme de dónde vive.
- Ha sido una imprudencia venir. - Pero tenía que hablar con usted.
¿Me concede el honor de este baile?
- Le ruego que se marche. - ¿Por qué?
Le veré más tarde y se lo explicaré.
No. Ahora.
Dígame, ¿por qué se fue sin decirme nada?
Edward, el señor Blake.
Ah, sí. Recuerdo su cara.
Un camarero en el café de Lloyds, ¿verdad?
- Sí, estoy con la Lloyds. - Le presento a Lord Stacy.
Mi marido.
Ha sido un placer volver a verla, Lady Elizabeth.
Pasaba por aquí y vine sólo a saludarla.
Buenas noches.
¿Seguro que no has invitado a ese tipo?
- ¡Qué insolente! - No. El Sr. Blake me rescató.
¿Así que fue ese?
- ¿Un carruaje, señor? - No, gracias. Iré andando.
- El almirante Lord Nelson. - El almirante Lord Nelson.
- Por favor... - Camarero.
- No bebas más. - Camarero.
Acabarás bajo la mesa. No estás acostumbrado.
Tranquilo. Aquí está. ¿Es que tiene prisa?
Tome, quédese con la vuelta. Yo también soy camarero. En Lloyds.
¿En serio? Lo tomé por un caballero.
Caballero...
No, Jonathan. No arruines tu vida.
No bebas más. Ella no se lo merece.
Sangre azul. Alta cuna. Alto rango. Diría que está casada.
Que te engañó y luego se burló de ti.
Si no fuera una mujer aprovechada, no se habría portado así.
Tú y yo... Los dos somos iguales. Tú y yo. Lo estoy deseando.
Soy camarero en Lloyds, ¿verdad? ¡Pues ya verás!
No des voces, Jonathan.
- Voy a trepar tan alto que... - No arme jaleo.
- Tranquilízate. - No quiero alborotos.
- Se quitarán el sombrero ante mí. - Jonathan, por favor...
Antes de irme, me vais a oír. Me oiréis, me oiréis.
Vámonos a casa. Vámonos a casa.
14 DE DICIEMBRE, 1799 NUEVA YORK. WASHINGTON MUERE EN VIRGINIA.
2 DE ABRIL, 1801. LONDRES NELSON DESTRUYE LA FLOTA DANESA.
18 DE MAYO, 1803. LONDRES. INGLATERRA DECLARA GUERRA A FRANCIA.
- ¡Eh, ahí está! - Buenos días, señor.
¿Podría decirnos quién ganará el derby?
Creo que Rocky Lee.
¿Quién es el boxeador preferido de su amo?
Apostaré por Beltner.
- Buenos días, señor. - Buenos días.
- Buenos días, caballeros. - Buenos días.
Hemos echado un vistazo al informe del sindicato.
En nombre de los miembros de nuestro grupo quiero darte las gracias.
De nada, olvídalo.
¿Quién de ustedes es Jonathan Blake?
- ¿Con quién tengo el placer? - No es un placer.
Es un crimen deplorable hacer un seguro contra personas vivas.
Todos tenemos que morir tarde o temprano.
Ustedes apostaron a que yo moriría antes de las doce de hoy.
Esperando como unos buitres para roer mis huesos.
¿Cree que es el Todopoderoso para ordenar que muera antes de las doce?
Me alegro de haber perdido la apuesta. Y de verle con buena salud.
Permítame que le felicite.
Estaba en mi lecho de muerte cuando leí esto en el Times, ayer.
Decidí gastarle una jugarreta.
Decidí vivir para quitarle el dinero de mi muerte.
Ojalá llegue a los cien.
¡Dios mío! A pesar de su juventud, viviré para verle morir.
Y ahora, caballeros, me tomaré un café.
- Lo siento, señor. - Soy Lord Stacy.
Sólo los suscriptores y sus socios son admitidos aquí.
Un momento, Jonathan. Ven aquí. Siéntate.
- ¿Me va a regañar, señor? - Sí. Ha llegado la hora de hacerlo.
Desde que me dejaste, has tenido mucha suerte y mucho éxito.
Pero todo ha sido a costa de la Lloyds.
¡Asegurar piernas de mujeres!
¡Asegurar a la reina de Inglaterra por la posibilidad de tener gemelos!
Esos no son seguros. Eso son apuestas de casino.
Ha resultado ser un buen negocio. Y está dentro de la ley.
Al diablo con la ley. Es indigno. Es perjudicial.
Va contra nuestras tradiciones.
Me gustaría señalar que es tan honrado asegurar las piernas
de una bailarina como la carga de un balandro.
Creo que llegará el día que se sabrá en todas partes
que la Lloyds de Londres asegura todo lo que hay bajo el sol.
Ahora veo cómo eres.
Cuando eras un muchacho y viniste aquí eras entusiasta.
Noble, sincero... Y ahora, con este cinismo, esta dureza,
¿sabes? No puedo entenderte.
No lo intente, señor. Perdóneme.
Vaya, otro traje nuevo. ¡Y dos relojes!
¿El caballero de moda querría acompañarme esta noche?
Sería un placer.
- Bien llena, señorita. - Sí, Sr. Jukes.
- ¡Dios mío! ¡Dios mío! - ¿Qué ocurre?
Ese viejo gruñón que vino a verle. Ha muerto.
Subió a su carruaje tan ágil como un joven.
Su cochero le molestó y empezó a pegarle con su paraguas.
Y, de repente, se desplomó sin vida.
Por lo menos fue una muerte con vitalidad.
Dele mi parte a la asociación de marineros.
Tiene la suerte del diablo, Blake. Pero cambiará.
Nadie puede desafiar las leyes de la naturaleza.
Tonterías. Blake no perdería aunque quisiera.
Sé de una apuesta que perdería.
No podría presentarme, esta noche, al príncipe de Gales.
Acepto. Un beso contra diez monedas de oro.
Ganará, aunque no conoce al príncipe.
Apuesto dos mil libras a que perderá.
Acepto dos mil libras. Vendré a buscarla a las diez, milady.
Le estaré esperando, milord.
Bacará.
20 libras en la banca. Damas y caballeros, hagan juego.
- Si es el afortunado Blake. - Encantado de verle, señor.
Maldita sea. La fortuna le ha sonreído, realmente.
Lady Bradford, permítame. El duque de Queensbury.
- Es un placer. - Gracias, excelencia.
El duque es el jefe de la casa real.
Sus cartas, señora. Puede mirar sus cartas.
- Sí, mis cartas. - ¿Quiere alguna carta?
As. Usted gana, señora.
¿Puedo preguntarle a su excelencia sobre la salud de Su Majestad?
Completamente agotado. Completamente.
Ni vigor, ni fuerza. No puedo entenderlo.
- Es una pena. - Exacto.
Es su turno de banca, milady. ¿Quiere que la sustituya?
- No, no. - ¿Cuánto hay en la banca?
118 libras hay en la banca.
- ¡Dios mío, señora! - Damas y caballeros, hagan juego.
Cartas, por favor, señora.
- Creí que había acabado, Stacy. - No, hasta que me acaben.
- Carta, señor. - La banca gana.
Una apuesta tonta, Stacy.
Una mirada le hubiera hecho saber que Lady Bradford iba a ganar.
172 libras en la banca. Caballeros.
Muchas veces me he preguntado cómo pasaba las noches.
- ¿Así que se conocen? - Muy bien. Ya lo creo.
Caballeros, hagan juego.
- Banca de 900 guineas. - Mejor pasar, milady.
- Caballeros, hagan juego. - 50 libras.
- Banca. - Por supuesto, amigo.
Carta, por favor.
- ¡Ocho! - Ocho.
- ¡Nueve! - Nueve. Gana.
No es un mal trabajo, para una criada.
Es usted quien ha hecho de criado esta noche, milord.
Bien dicho, milady.
Condenado grosero. Recoja las ganancias. Vamos a tomar champán.
Gracias, excelencia.
Usted gana.
- ¿Quiere ocupar mi puesto? - Sí, gracias.
Esto es un casino, y no el banco de Inglaterra.
Lo siento. No puedo darle más crédito.
- Buenas tardes. - Buenas tardes, Lady Elizabeth.
Quiero felicitarle por lo que leo y escucho sobre sus éxitos.
- Todo gracias a usted. - ¿A mí?
Por infundir en mí desconfianza hacia los seres humanos.
Tiene derecho a sentir lo que siente.
Pero yo también lo tengo. Algún día, tal vez, me escuche...
- ¿Recordando los viejos tiempos? - Cierto.
Convence al Sr. Blake para que cene con nosotros.
- ¿Acepta, Sr. Blake? El jueves. - Será un placer.
- Nos sentiremos muy felices. - Muy felices. Vamos, querida.
Pero lo que dijo es verdad. Soy una pobre criada.
- Tan solo Polly del café de Lloyds. - ¡Dios, mío! ¡Polly!
- No tengo sangre azul. - Es mucho mejor así.
Ni siquiera el vestido es mío. Me lo han prestado.
Mis ojos dicen que el vestido le sienta muy bien.
Lo que me pregunto es cómo diablos va a salir de él...
¿Con lo mismo otra vez?
Permítame presentarle a Lady Bradford. Su Alteza el príncipe.
- Ha conocido al príncipe. - Levántate.
- ¿Un príncipe de verdad? - Sí.
Una casa encantadora, Lady Elizabeth.
El Sr. Chippendale sabe expresar sus sentimientos.
La expresión de un gran talento.
¿Qué ocurre?
Un recado importante. Reclaman su presencia en el almirantazgo.
- ¿En el almirantazgo? - Sí, milord.
No imagino qué querrán. Supongo que debo asistir.
- Mi carruaje. - Sí, milord.
Espero que me disculpe. Querida, atiéndelo hasta que regrese.
Así lo haré.
- A la casa de Lady Mockham. - Sí, señor.
No sé si habrá tiempo para explicarte y decirte...
El error fue mío. Por tomarte en serio.
Ni hablar. No creerás que yo...
- El fuego está muy bien así. - Como desee, milady.
Cuando nos conocimos en Calais iba huyendo.
Mi esposo y yo discutimos en París.
Estaba ofendida y humillada.
No te conocía y no podía contártelo.
Esos días tan fugaces en libertad. No sabía lo que podía ocurrir.
La noche de la posada, quería contártelo.
Pero no podía estropear algo tan perfecto.
No tenía valor para volver a verte y explicártelo.
Por eso huí.
¿Y por eso merezco un reproche para toda la vida?
- Debes irte. Nos están vigilando. - Tengo mucho que contarte.
- Ahora no. Aquí no. - Entonces, ¿dónde?
Sir Thomas Lawrence me está haciendo un retrato.
Poso todas las tardes a las tres. En su estudio.
Hoy está rodeada de una aureola especia.
Ahora debe disculparme. Voy a dar un paseo.
- Así me descansará la vista. - Me parece una excusa encantadora.
Me temo que volveré dentro de poco.
Cariño.
Abrázame fuerte. Abrázame.
He estado toda la noche pensando en este momento.
Ya ha llegado.
Sí, adelante.
¿Qué quieres?
Parece muy sorprendido. Espero no interrumpir.
- ¿A qué debo el honor de su visita? - Asunto de negocios.
Usted y su socio me han denegado la entrada en su sindicato.
Como las circunstancias han cambiado quizá quiera reconsiderarlo.
- Nada ha cambiado. - Muy oportuno, Blake.
Pero inútil. Aunque he tenido la precaución de informarme.
- Mis deudas me tienen desesperado. - Eso parece.
- En consecuencia... - Vaya al grano. ¿Qué desea?
Invertir en su empresa.
- ¿Cuánto? - ¿Qué tal 5.000 libras?
- Lo anotaré. - Se lo comunicaré a mis deudores.
Y usted adelantará el dinero. Luego compartiremos beneficios.
Buenas noches. Espero no haberle molestado con mi presencia.
Gracias, gracias.
- ¿Es todo excelencia? - Aún no he empezado.
- Ven, siéntate aquí... - No puedo, estoy ocupada.
- Tengo que atender a los clientes. - Al diablo. Son contables.
Con tinta en las venas. Ni un galán en todo el café.
Vas a malgastar tu juventud con ellos.
Cuando estoy dispuesto a ser más obediente y atento.
- Más ardiente... - Protector.
- Pero estoy a gusto aquí. - Buenos días, Polly.
- Buenos días. - Ah, el viejo Q. Buenos días.
Es imposible general. No puedo sentir más que cariño por usted.
- Sólo podemos ser buenos amigos. - ¿Amigos?
La relación menos natural que existe. No he sido amigo de ninguna mujer.
Y, maldita sea, no empezaré a los 70.
Caballeros, hay malas noticias.
245 buques de la flota mercante del Caribe fueron sorprendidos
por los franceses en las Azores.
63 fueron hundidos. Los demás, capturados.
Lea esto.
- Caballeros... - Venga conmigo.
Las siguientes naves han sido hundidas.
Fennimore. 200 Tm. Todos han muerto.
Reclaman pérdida total.
No pierda la calma. Esto es una emergencia.
Es el peor desastre de toda la historia de la flota.
- Jonathan, esto es una tragedia. - No pierda la cabeza.
Eso no nos ayudará.
Convoca a los jefes de los sindicatos en seguida.
Las demandas deben ser pagadas hasta el último penique.
- Debe ser así. - Sí, señor.
Y hablando en nombre de los propietarios
estamos aquí para protestar por los altos precios de los seguros
que nos han impuesto desde el desastre de hace una semana.
¿Insinúa que Lloyds se aprovecha de una catástrofe nacional
para estafar a los propietarios de barcos británicos?
No insinuamos nada.
Los precios de los seguros se establecen matemáticamente,
según los riesgos. Si los precios son más altos es porque
los riesgos son mayores.
Pero no podemos pagar esos precios y seguir trabajando.
- Mande sus barcos sin asegurar. - No los mandaremos.
Si no bajan las tarifas, los barcos se quedarán en el puerto.
Es nuestro ultimátum.
Muy bien. Considerando las pérdidas del desastre de la semana pasada,
y los riesgos que se corren, sería un suicidio reducir las tarifas.
Y no lo haremos. Este es nuestro ultimátum.
No acepta.
Caballeros, no hacen concesiones. Pero romperemos este punto muerto.
Iremos al almirantazgo y exigiremos que se deleguen buques de guerra
para escoltar y proteger a las naves mercantes en las aguas peligrosas.
Entonces reduciremos nuestras tarifas y el comercio podrá continuar.
Así que propongo que encabecemos un comité para presentarles
nuestro caso al primer ministro del almirantazgo.
¡Me opongo a esa moción!
Al exigir escoltas, se exige que la flota británica sea dividida en dos.
Privando a Nelson de la mitad de sus fuerzas.
- Tiene razón... - No tiene razón...
Hace años que Napoleón está devastando Europa.
Mientras hemos disfrutado de la seguridad de nuestras casas.
Y hemos dormido a salvo en nuestras camas.
Ahí fuera, en el mar, entre nosotros y Francia,
hay un bastión de defensa. Nuestra flota y Nelson.
Pero si debilitan sus fuerzas, si le roban la mitad de sus buques,
les digo, caballeros, que Napoleón ocupará el trono de Inglaterra.
- No... - Sí...
¿Cuánto podremos resistir sin comercio? ¿Sin comida?
Nelson acorrala la armada francesa en Tolón.
Es inminente una batalla decisiva.
Propongo que sigamos asegurando a los barcos mercantiles
con los precios antiguos y sin escoltas.
- Claro... - Eso es.
Se lo suplico, Sr. Angerstein. ¿Cuántas veces ha dicho que Lloyds
no es un grupo de aseguradores interesados en el beneficio
sino una empresa atada al destino de Inglaterra?
Esta noche, en alguna parte, lejos, Nelson y sus hombres arriesgan
su vida por nosotros. ¿Por qué no arriesgar nuestro dinero por ellos?
- No duraríamos mucho... - Ya estamos sin...
Todos los sindicatos estamos al borde de la bancarrota.
Lo que propone es la destrucción de Lloyds.
Y usted propone la destrucción de Inglaterra.
- Angerstein tiene razón... - Blake tiene razón...
No se atrevan a dividir a la armada de Nelson.
Si le dicen al almirantazgo que Lloyds no puede asegurar a los barcos
sin una escolta, estarán mintiendo. Porque mi sindicato
seguirá asegurándolos. Y al antiguo precio.
El sindicato de Jonathan Blake es ahí, señor.
El sindicato de Jonathan Blake es ahí, señor.
El sindicato de Jonathan Blake es ahí, señor.
- Buenos días. - Buenos días, señor.
- John Phillips. - Phillips, 1700 libras de carga.
- ¿Cuál es la tarifa hasta Lisboa? - La antigua sigue vigente. 2.000.
- Perdone que le moleste. - Le ruego que me disculpe.
- Muchas gracias. - Aquí tiene.
¿Podemos asegurar una carga de esclavos, señor?
¿Esclavos? Claro que no.
¿Es este barco el "Alexander"?
Tengo mucha prisa. He de hablar con usted.
¿Qué ocurre?
- Quiero retirar 1.000 libras. - Imposible, Stacy.
Hágame un pagaré para unas semanas.
¿Me pide eso cuando cargamos con todo el peso de la flota?
Eso está muy bien, pero necesito dinero.
Siento tener que presionarle.
Esta vez no puede presionarme.
Me uní a su sindicato para pagar a mis acreedores y no he sacado nada.
- Tengo derecho. Es mi parte. - Es mi sindicato.
Los deudores me amenazan con la cárcel. Lo necesito urgentemente.
Sin duda, pero un marinero llamado Nelson lo necesita más.
Buenos días, Stacy.
JOSHUA LAMB ABOGADO EN LEYES
- Buenos días, Sr. Lamb. - Buenos días, milady.
- Buenos días, milord. - Buenos días, Lamb.
Sería un placer no tener a esa bandada de acreedores detrás.
¿Por qué no nos vamos de Inglaterra, de viaje, los dos?
Hemos llegado al final de un largo viaje.
- ¿El final? - No voy a seguir.
- ¿No querrás divorciarte? - Pagaré tus deudas.
Y te daré una cantidad generosa.
Sí, por supuesto. Siendo tú marido, todo será mío.
- ¿Quieres decir que lo quieres todo? - Exacto.
Entonces te lo daré. Con mucho gusto.
- ¿Con mucho gusto? - Informaré a mis abogados.
No haré ningún trámite hasta que se efectúe el pago.
Lo entiendo.
Charles, a mi club. ¿No te importará que me baje en mi club?
- Hasta luego, querida. - Adiós, Everett.
Charles, al número 17 de White Hall. Y deprisa.
- ¿Está el Sr. Blake? - Me alegro de que haya venido.
- ¿Qué pasa? - Malas noticias. Muy malas.
- ¿Dónde está? - En el jardín.
¿Qué ha pasado?
La noticia llegó al acabar la jornada.
La armada francesa ha escapado al bloqueo de Nelson en Tolón.
¿Escaparon?
Pasarán meses antes de la batalla decisiva.
Meses de espera. Mi sindicato me ha abandonado y...
No puedo seguir.
Cariño.
Mañana irán al almirantazgo a pedir los buques de Nelson.
¿Pero cómo ha podido dejarles escapar?
Una tempestad en la noche.
Los cielos conspiraron para cambiar el destino de Inglaterra.
Mi vida. Has trabajado con tanto empeño.
He pensado en ti y en mí, si estuviéramos solos. Solos.
- Ahora... - Mi amor.
Siempre estás cuando más te necesito.
- Pero yo te necesito a ti. - Con valor para ayudarme.
Eso es lo que deseo. Poder ayudarte a seguir.
Ya no puedo hacer nada.
Hoy he recibido mi herencia. He venido para decirte que es tuya.
Toda tuya. Es una fortuna. Más de lo que esperaba.
No. El riesgo es muy grande.
Pero tú te has arriesgado. Y los demás también.
Eso mantendrá tu sindicato en marcha hasta que tengamos más valor.
No podría hacerlo.
¿Ni siquiera por el niño con quien hiciste el pacto?
¿No podrías por Nelson?
Mi amor.
21 DE SEPTIEMBRE. 1805. EL BERGANTÍN "EL VELLONCINO
DE ORO HA SIDO CAPTURADO POR LOS FRANCESES EN LA COSTA IRLANDESA.
3 DE OCTUBRE. 1805. AMSTERDAM CONFIMA EL HUNDIMIENTO
DE CUATRO MERCANTES POR LOS FRANCESES.
16 DE OCTUBRE. 1805. 29 BUQUES DE LA FLOTA MERCANTE
DE LOS MARES DEL SUR, BARRENADOS POR FRANCESES EN EL GOLFO DE VIZCAYA.
El "Bellstree", 150 Tm. Sin víctimas. Reclamación, siniestro total.
Loco, timador. Nos la pagarás.
No digas eso. La culpa ha sido nuestra.
¿Ya no recuerda lo que pasó hace un mes?
Llegó ofreciendo dinero a todo el mundo.
Y nos convenció. Confiaba en su labor.
La absurda compañía de seguros marítimos en Inglaterra se hunde.
- Gracias, caballeros, por todo. - No se oirán más reclamaciones.
Como primer lord del almirantazgo, debo mostrarme de acuerdo.
Muy a pesar mío.
Pero tajantemente. Nuestra reputación debe protegerse.
Inglaterra vencerá y absolutamente. Comuníquese al almirante Nelson.
Ordénese a la mitad de su flota presentarse de servicio.
Su decisión, milord, resulta gratificante para todos.
¿Es eso cierto? ¿Utilizarán los barcos de Nelson?
La orden le llegará a Nelson mañana.
Ahora quiero decirle que, aunque me opongo a su política,
le apoyo espiritualmente, esperando y rezando por la victoria de Nelson.
Estoy muy orgulloso de usted. Tiene mucho valor.
Dice que tengo valor. Pero usted carece de él.
Si vencen a Nelson, si esta gran nación perece,
la culpa será suya.
Ya se ha marchado todo el mundo.
Sí, lo sé.
¿Lady Elizabeth conoce las órdenes de Nelson?
No lo sé.
Lleva todo el día así. Sin hacer nada.
Ni siquiera ha abierto las cartas. ¿De qué vale escribir si no las lee?
Le ayudaré. Parece interesante.
"Querido Jonathan. Ha llegado a mis oídos la noticia de la lucha heroica
que has estado librando en Lloyds, casi solo. Eres el único que se
ha dado cuenta de la necesidad de mantener un frente unido.
¿Quién podría imaginar que nuestro pacto, el pacto de unos niños,
un día serviría para determinar el destino de Inglaterra?
Parece ser que esa es la situación en este momento".
Léela.
"Si todo va bien, obligaré a los franceses a que luchen.
Hasta entonces, Jonathan, le rezo a Dios para que resistamos
cueste lo que cueste. Tu servidor, siempre fiel. Horatio Nelson".
Ha hecho lo mejor. No podía haber hecho nada más.
"Cueste lo que cueste". Es lo que dice.
- ¿Qué va a hacer? - Estaré fuera mañana.
Si te preguntan, di que estoy muy enfermo.
- Que no recibo visitas. - ¿A dónde va?
Y no digas ni una palabra.
- V, E, N, C, E - ¡Nelson vence!
18 DE OCTUBRE, 1805. NELSON DERROTA A LA FLOTA FRANCESA.
- ¿Has visto al Sr. Blake? - No, no está aquí.
- ¿Dónde está? - Está enfermo.
Tenemos que ir al almirantazgo en seguida.
Caballeros, a la salud de Lord Nelson.
Por Nelson y el día más glorioso de la historia de Inglaterra.
Por Nelson.
Cancelé el mensaje para Nelson a tiempo. Ya no necesitamos escoltas.
Y ahora, tres hurras por Nelson.
Creí oírle entrar, señor.
La ciudad está patas arriba.
- ¿Han preguntado por mí? - Aún no, señor.
Iré a mi habitación. Recuerda. Si alguien pregunta por mí,
hace tres días que estoy enfermo. Y no recibo visitas.
¡Sr. Potts, es maravilloso! ¿Dónde está el Sr. Jonathan?
Está enfermo y no recibe visitas.
- Tengo que verle. - Srta. Polly, no puede...
Gracias a Dios que está bien. He estado tan preocupada.
- Vamos, tranquilízate, Polly. - Nelson ha vencido.
Inglaterra está salvada y Lloyds está salvado.
Los socios le han aplaudido a usted al mismo tiempo que a Nelson.
El Sr. Angerstein dijo que Nelson merecía su confianza y que
la nación le debía un homenaje.
Hasta el Sr. Watson admitió que se había equivocado.
Y que usted tenía razón.
Venga a verles. Míreles. Están locos de alegría.
Me gustaría decirles que sin su ayuda, Nelson no hubiera vencido.
¡Estoy tan feliz! ¡Tan orgullosa!
Potts, trae una botella de jerez enseguida.
Brindaremos por la victoria de Nelson.
¿Pasa algo? El Sr. Potts está muy serio. Y usted muy triste.
¿Qué pasa? Dígame.
Nada que tú sepas. No pasa nada, Polly.
¿Entiendes lo que digo? Nada.
Entendido.
Por Nelson.
Luchar por la nación. Vencer a los franceses. Hice todo lo que pude.
Insisto en una respuesta. Tengo que saber cuánto va a tardar
ese viejo loco en cumplir nuestro acuerdo.
- No tengo ni idea. - Me ha dado largas muchas veces.
Siempre con evasivas. Siempre con una excusa nueva.
- Yo tengo la culpa de la demora. - ¿Tú?
He cambiado de idea en lo del divorcio.
No puedes hacerlo.
Hiciste un trato y te obligaré a cumplirlo.
Si no aceptas el divorcio, desenmascararé a ese impostor.
Sí. Ladrón y traidor. Le ahorcarán. Si ha hecho lo que pienso.
- ¿Qué ha hecho? - Te sugiero que se lo preguntes.
Mientras tanto, te aconsejo que visites al Sr. Lamb
para cumplir nuestro acuerdo.
Siento despertarle. Es de suma importancia.
¿Quiere venir por aquí?
Se habrá dado cuenta de que han pasado dos días desde la noticia de
la victoria de Nelson y no ha llegado confirmación de su veracidad.
Ha habido una gran tormenta.
La peor desde hace años.
Sin embargo han llegado algunos barcos desde Calais.
No le entiendo, señor.
Parece que ha habido una pequeña distorsión de los hechos.
¿De qué hecho?
La noticia de la victoria de Nelson es un fraude,
una mentira deliberada de Jonathan Blake.
No sabe lo que está diciendo.
¿No es una coincidencia un poco extraña, que el día que iban
a mandar la orden del almirantazgo de retirar los buques de Nelson
llegue milagrosamente la noticia de la victoria de Nelson,
en la que Blake ha arriesgado toda su fortuna?
¿Dónde estaba Blake ese día?
- Estaba enfermo, en su casa. - No estaba ni enfermo ni en su casa.
Contraté a alguien para que le vigilara. Y estuvo en Calais.
Fue a enviar un mensaje por telégrafo.
Cometiendo el fraude más grande de la historia.
- No. Imposible. - Insisto en que investigue.
- Sí, por supuesto, pero... - Buenas noches, señor.
Pase, por favor.
¿Ha visto alguna vez a este hombre?
- Sí, señor. - ¿Dónde?
Le llevé en mi coche a Dover. Hace tres días.
¿A qué parte de Dover?
Al muelle, señor. Embarcó para Calais.
Eso es todo.
Toda Inglaterra celebra la victoria de Nelson.
Ahí fuera los agentes aseguran los barcos a los antiguos precios
porque creen que Nelson ha vencido
No deberían haber dejado de hacerlo.
- Esa es su opinión, señor. - Lo es.
¿Se da cuenta de que tengo que salir ahí fuera y denunciarle?
Sólo me doy cuenta de una cosa. Que la armada de Nelson sigue entera.
Debes saber que has cometido alta traición.
- Que se castiga con la muerte. - Lo sé. Sé todo eso.
¿Algo más, señor?
Estaré en casa, si me necesita.
¿Quiere sentarse?
Bien. ¿Qué es lo que ha dicho?
- Naturalmente lo negó todo. - ¿Tuvo un careo con el cochero?
El hombre parecía identificarle.
Pero no podemos dar crédito a una persona de ese tipo.
Este es un asunto importante. Tenemos que proceder con cuidado.
¿Con cuidado? ¿Cuando la nación es víctima de un fraude y ahí fuera
están asegurando barcos arruinándose?
- ¿Dónde está su integridad? - Pidió una investigación.
- Y la estoy llevando a cabo. - Está aplazándola, señor.
Insisto que salga y les diga lo que sabemos que es la verdad.
- ¡Yo no sé cuál es la verdad! - ¡Miente usted!
Le denunciaré yo mismo.
Un momento.
Recuerde que el denunciar a Blake le arruina para siempre.
Y se arruina a sí mismo y también a su mujer.
¿A mi mujer?
Su fortuna está en el sindicato de Blake.
¿Qué?
Debe pensarlo antes de seguir adelante.
Ahora, denuncie.
- ¿Sí, señor? - Yo...
¿Qué decía señor?
Nada.
Ladrón, traidor... Todo lo que Stacy ha dicho de mí es verdad.
Me arriesgué y perdí.
Te lo he quitado todo.
No, no. Estoy orgullosa de haberlo hecho.
Cariño...
Acabas de hablar de traición. Te ahorcarán. Tenemos que irnos.
¿Irnos? No puedo huir.
- ¿Me quieres? - Sabes que te quiero.
Si mueres, yo también moriré.
- Al final han acabado conmigo. - No, señor.
- Mi espalda. - Aquí, rápido...
Espera, el pañuelo. Tápame la cara.
No deben saber que su almirante se muere.
Pero señor...
Llevaos a este hombre.
Aquí.
Busca al doctor.
Ordena a la primera columna que cambie de posición.
Y que combata al enemigo más de cerca.
- Hágalo, Hardy... - Sí, señor.
Primera columna. Cambio de posición. Combatan al enemigo más cerca.
Primera columna. Cambio de posición. Combatan al enemigo más cerca.
Primera columna. Cambio de posición. Combatan al enemigo más cerca.
Señor, en tu divina providencia recibe a tu siervo...
Quince buques enemigos han sido hundidos, señor.
Lo han hecho bien. Pero esperaba que fueran veinte.
Echad el ancla, Hardy. Echad el ancla.
Sí, señor.
Gracias a Dios, porque he cumplido con mi deber.
Tiene que vivir, señor. Tiene que vivir, tiene que vivir.
Tienes que vivir, Jonathan. Tienes que vivir, por favor.
Sí, señor. Tiene que vivir. Por ella.
Dios te bendiga.
¿Qué es eso?
- ¿Es una celebración? - Sí.
Sí.
Sr. Angerstein. Hable con él.
¿Lo sabe?
Ha habido una victoria.
Nelson, en Trafalgar.
- ¿Una victoria? - Tal y como lo imaginaste.
- Nelson... - Sí, en Trafalgar.
- ¿Ganó? - Sí.
Me escribió una carta. No se lo dije.
Me escribió en medio de todos sus problemas.
Ahora va a volver a casa.
Le podré ver.
Cañones...
Ha vuelto a casa, Jonathan.
Pero un pacto es un pacto.
Venga, pégame un puñetazo.
- ¿Dónde estás? - Debes hacerlo, Jonathan.
Muy flojo. Adiós, Jonathan.
Adiós, Horatio.
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