Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Que Santiago de Compostela os bendiga.
Sois la novia más hermosa que he visto en mi vida.
-Gracias. -Hija mía.
Esto perteneció a tu abuela.
Ayúdame.
Ahora es tuyo.
Te lo mereces.
-Padre, es maravilloso.
¿Crees que causaré sensación en la Corte española?
-¿Es que dudáis?
Se sentirán abrumados.
Ningún cortesano imagina que en las colonias
pueda haber bellezas como la vuestra.
-Pero recordad, querida Estrella,
lo más importante es que seáis feliz.
-Seré feliz, descuida.
Figúrate: Madrid,
la Corte de España.
Con un apuesto marido siempre a mi lado.
Todos mis sueños... se harán realidad.
Daos prisa.
Los novios partirán después de la ceremonia.
Señor, debéis disculparme, pero estaba repasando la lista
de la dote de vuestra prometida y he observado que...
No me molestéis con estos detalles, no me interesan.
-Pero, señor, ya que vais a administrar
las propiedades de mi querida hija...
Tratad ese asunto con mi administrador.
Fernández, quiero que preparéis una carta para su majestad,
la firmaré más tarde.
Seguro que el rey de España no negará un título
al padre de mi novia. ¿Cómo podré agradecéroslo?
Oh, no será necesario. Y llamadme Enrique.
Señor...
¿Cómo os habéis hecho esto?
En un desafortunado encuentro con...
los piratas.
-Disculpadme de nuevo, señor,
pero he encontrado unos bonos de crédito que...
-Lo olvidaba. Estos bonos pertenecen
al Banco de Santo Domingo, en Zaragoza.
Pensé que, una vez en España, podríais...
-Lo siento mucho, pero...
a nosotros nos resultará muy incómodo operar en Zaragoza.
Nuestros bienes están en Madrid.
-Yo había pensado que los bonos
serían más seguros
si os abordaban los piratas.
Desde que los echamos de Isla Tortuga, están acabados.
De todos modos, mi presencia los mantendrá alejados.
Les he dejado muchos recuerdos peores que este.
Siendo así, no tendré ningún inconveniente
en cambiar estos bonos por dinero contante y sonante.
Eh... Perdonadme.
¿Queréis acompañarme?
(Órgano)
"In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti". Amén.
(CONTINÚA HABLANDO EN LATÍN)
Don Enrique de Almaviva,
marqués de Fuentebuena, conde de Acevedo,
¿aceptáis a esta mujer, Estrella Córdoba,
como vuestra legítima esposa según establece nuestra santa...?
-¡Que nadie se mueva!
(Gritos)
Llevaos al novio.
¡Vamos!
(Música animada)
¡Ah!
-¡Estrella! ¡Estrella!
Dios mío.
Esto vale...
cien escudos.
Y esto... Eso me lo quedo yo.
Doscientos escudos.
Esto vale... cuatrocientos escudos.
¿Cuánto tenemos? -Mena.
-Unos cincuenta mil escudos.
Sin contar la parte de nuestros hombres.
-No está mal. No basta.
Necesitamos mucho más para reconquistar Isla Tortuga.
El riesgo ha sido mínimo.
-Casi acaba casado.
¿Te parece poco riesgo?
Es un suicidio. Cincuenta mil escudos.
Mi padre conseguía diez veces más en un solo saqueo.
Todo ha cambiado.
Ya no volverán los viejos tiempos. -¿Y por qué no, Pedro?
-¿Te escojo otro nombre?
No más romances, lo que quiero es pelear.
Además, ya no tenemos más novias, ¿verdad?
-Te olvidas de Conchita Tamar.
En Santa Cruz. Es más fea que una bruja.
Pero está cubierta de oro.
Cien mil escudos de dote y otro tanto en joyas.
No. Prefiero el riesgo de abordar un galeón español.
¿Un galeón español con esto?
Con el dinero de Conchita compraríamos otro barco.
Y alistaríamos una buena tripulación.
Lo que me pides es imposible.
Debes sacrificarte un poco.
Es necesario si quieres que nuestra bandera
ondee de nuevo en Isla Tortuga, como en tiempos de tu padre.
¿O no te sientes capaz?
Está bien.
Di que pongan rumbo a Santa Cruz.
Ya lo he hecho.
¿Qué?
El gringo y Sánchez han ido delante a preparar el terreno.
Así que te has anticipado.
Sí. Estarán en el mesón de Perico.
A estas horas, ya habrán corrido la voz
de que llega su ilustre señoría.
Don Amadeo de Alcázar.
Duque de Navarra, grande de España
y además, íntimo amigo de su graciosa...
Su graciosa majestad.
Maldito borracho.
Habla de una vez.
¿Qué buscas aquí?
¿Por qué nos espiabas? -Déjame probar a mí, Perico.
Mi látigo le hará cambiar de opinión.
-No.
El vino hará que acabe diciendo la verdad.
Escucha.
Somos gente pacífica.
No queremos hacerte daño. Pero nos intriga mucho
que un noble del séquito del gobernador como tú
venga a emborracharse a este sucio mesón todas las noches.
(EBRIO) -Ya te lo he dicho, me gusta tu vino.
-Bien. Que siga bebiendo.
Es gratis.
Invita la casa.
¿Sabes cómo acostumbramos a llamar nosotros
a los sujetos como tú? ¡Espías!
-No, yo no soy uno de esos.
Te equivocas. Yo...
-¿Qué hacías aquí? ¡Habla!
-Tengo una cita.
Una cita con una mujer.
Es preciosa.
-¿Quién es esa mujer?
-Solo puedo decir que viene de muy lejos.
-¿Por ti?
-No, no.
A ella le interesa...
Shhh.
Le interesa a alguien...
de más arriba. -¿A quién?
-Al gobernador. -¿Estás seguro?
-¡Perico, los guardias!
-Escondedlo, deprisa.
¡Deprisa! -¡Socorro!
-Metedle dentro del tonel.
-Espera, amigo.
-Felices sueños.
-¿Lo habéis escondido?
-¡Abrid!
-¡Sí, sí!
-¡Abrid! -¡Sí!
¿Quién es?
¡El mesón está cerrado!
-¡Abrid, o echaremos la puerta abajo!
(Llaman a la puerta)
-¡Estas no son horas de molestar a la gente!
¡Idos a dormir!
-¡Abrid, en nombre del gobernador!
-Perico... -¡Está bien! ¡Un momento!
¡Un momento!
-¿Dónde está? -¿Quién?
-El noble que ha entrado aquí, ¿dónde está?
-¿Aquí? No hay ningún noble.
-Ah. Oficial, ¿os apetece un poco de vino?
-Cállate. Registradlo todo.
-Este es un mesón respetable, tranquilo.
Nuestros clientes son buena gente.
Debe... debe tratarse de algún error.
-¿No habías cerrado?
-Son mis amigos, oficial, estábamos jugando una partida.
(Ronquidos)
Es vino nuevo, está fermentando.
-Cállate.
Conque fermentando, ¿eh?
Tú, ábrelo.
(EBRIO) -¿A qué viene tanto ruido? Yo quiero dormir.
Dejadme.
-Hay que ver cómo son estos borrachos.
Con tal de beber, se meten hasta en los toneles.
-Quedas arrestado.
-¿Yo?
Pero...
si yo no he hecho nada.
¿Solo porque encontráis en mi casa a un borracho, queréis arrestarme?
Es injusto. -¿Adónde vamos?
Yo quiero dormir. -Llevaos a este hombre.
-¡Eh!
-¡Guardias!
-¡Cogedles!
-¡Perico!
¡Oh!
-¡Guardias! ¡Guardias!
-Otra jarra de vino.
Quiero invitar a mi amigo.
Sí, vámonos de este mesón.
¿Nos esperabais? Aquí estamos.
(Música animada)
¡Vamos, subid!
-¡Duro con ellos! ¡Muy bien, Perico!
-¡Salgamos de aquí! ¡Seguidme!
¡Fuera de aquí! ¡Y daos prisa!
¡Daos prisa, vamos! ¡Salgamos de aquí!
¡Rápido, rápido! ¿Qué hacéis?
¡Soy vuestro superior!
¡Sánchez, echadlos!
-Ahí va.
(RÍEN)
¡Que no quede ni uno! -Claro.
Vamos allá.
¡Fuera de aquí!
¡Vamos!
Corrían como liebres.
-Ay, mi cabeza.
-Los he señalado a todos con mi látigo.
-¡Buen trabajo, Pedro!
-De no haber sido por ellos, hubieran arrestado a todos.
¿Crees que sobrevivirá?
-Es duro de pelar. -Eh, ten cuidado.
Me tratas como a un mulo. -Cállate, siempre te estás quejando.
Cuánta historia por un pequeño golpe en la cabeza.
Has tenido tantos... Ya deberías estar acostumbrado.
-Me duele. -Hacía años que no peleábamos así.
-Es verdad.
Ajá.
-Mirad.
-Qué mujer, amigos.
-¿Qué hará en un sitio como este?
-Siéntate, o te daré otro golpe. -¡Déjame!
-Perico, debes rendirte.
Por favor, entrad..., señorita.
Aquí no corréis ningún peligro.
¿Sois un pirata? ¿Un pirata?
Es lo que decían esos soldados.
¿Creéis que veinte soldados del rey huirían ante un solo pirata?
¿No es más lógico que veinte piratas disfrazados de soldados huyeran
ante un noble al servicio de su rey?
Don Amadeo Alcázar, duque de Navarra.
Representante de su graciosa majestad,
que pone sus más humildes servicios a vuestros pies.
Yo me llamo Soledad Quintero.
Soledad, qué nombre tan hermoso.
No parecéis española.
Soy hija de un colonizador del interior.
No existe una sola princesa en el mundo que posea...
vuestros ojos.
Paquita, atiende como se merece a esta encantadora dama.
¿Tenéis habitación para esta noche?
-Para vos, señorita, tenemos la mejor habitación del mesón.
Y para él... -Saloa no quiere habitación.
Saloa dormirá frente puerta señorita.
Ah.
Es fiel. -Bien.
-¡Pedro!
¡Capitán!
Ya se han ido. Han huido como conejos.
Quiero decir que...
que... todo está en orden, excelencia.
Gracias, Fernández. ¡Posadero, vino para todos!
¿Por qué os ha llamado capitán? Bueno, es...
es una antigua costumbre.
Una vez, estuve al mando de un galeón del rey
y estos hombres eran miembros de mi tripulación.
Oh. -Los piratas jamás olvidarán
al duque.
Señorita, es único al abordaje.
Rechazando abordajes, claro.
-Qué bruto eres.
Miradle.
Parece otro.
Esa mujer le tiene encandilado.
-Tenemos que decirle que está interesado por ella el gobernador.
-No serviría de nada.
Cuanto más difícil es una conquista,
más empeño pone.
Decidme,
¿qué debo hacer para convenceros de que cenéis conmigo?
¿Matar un dragón, o conquistar un imperio?
Pero si hace un momento no me conocíais.
Un instante puede cambiar una vida.
-Señorita, vuestra habitación está ya preparada.
¿Qué decís?
Bajaré a la hora de cenar, señor duque.
Paquita, la señorita Quintero cenará conmigo.
Lo mejor de esta humilde casa está a vuestra disposición.
-Pedro.
Vámonos. ¿Qué?
Al gobernador le interesa esa chica.
¿De veras?
Qué curiosa coincidencia.
A mí también.
Demasiados días sin tener noticias.
Nos prometieron que hoy sabríamos algo.
Pero ha anochecido y no hay ningún mensaje;
ya no podemos esperar.
Hay que saber esperar, Rosita.
Se trata de un asunto...
muy importante.
Quizá tengamos que retrasar la boda.
Oh, no.
No creas que me satisface.
Es un gran sacrificio para mí.
Pero ya hemos enviado todas las invitaciones.
Debo conseguir por todos los medios que esto salga bien.
Es por ti, Rosita.
Para que puedas vivir como una reina.
(Llaman a la puerta)
¡Adelante!
Excelencia.
Nos echaron del mesón.
¿Estás borracho?
No puedo confiar en vosotros.
-Seguro que me han dado vino drogado. Ese mesón es un nido de piratas.
Esa no es la información que te pedí.
¿Ha llegado la chica? Estaba fuera, con el indio.
Ya lo has oído, nuestros planes siguen adelante.
Debemos ir al mesón enseguida.
(Música animada)
(SILBA)
(RÍEN)
Y ahora, desapareced.
-Pedro, rápido. El gobernador y sus hombres vienen aquí.
¿Cuántos son? Por lo menos, 30, y bien armados.
¡La puerta!
-¡Pedro!
Deprisa, marchaos.
¿Y tú? No te preocupes, me las arreglaré.
¡Paquita!
Rápido, vete.
-¡Abrid, en nombre del gobernador!
-Paquita, tenemos visita.
-Será mejor que abras la puerta.
-¡Abrid! -¡Un momento!
¡Un momento!
-¡Os ordeno que abráis!
(Llaman a la puerta)
El posadero es su cómplice.
Déjalo por ahora.
Princesa Soledad, señora de Darien.
Alfonso de Montélimar, gobernador de Santa Cruz,
os da la bienvenida a vuestro regreso de España.
¿Cómo sabéis quién soy?
Vuestro... difunto abuelo era un gran amigo mío
y un valioso aliado de España.
Permitidme, por lo tanto, que os haga un pequeño reproche.
Ha sido una imprudencia que vinieseis a este mesón.
Oh.
No quería que me reconociesen.
Y mi fiel Saloa...
escogió este sitio precisamente porque está poco concurrido.
Este mesón...
no es digno de vuestra alcurnia, señora.
Y además, resulta muy peligroso.
No olvidéis que sois la heredera de una inmensa fortuna,
la que os dejó vuestro abuelo. Lo sé.
Ahora sois muy rica.
Y yo estoy obligado a daros protección
hasta que lleguéis a Darien.
Por lo tanto, princesa, os ruego que aceptéis mi hospitalidad.
Gracias, pero mañana he de partir para Darien.
Hombres de mi tribu me esperan para escoltarme hasta la aldea.
Os hago este ofrecimiento como el mejor de vuestros amigos.
Jamás llegaréis a la frontera si vais sola.
Además, mañana pensaba dar una fiesta.
Déjame un poco.
Seréis mi invitada.
Luego, cuando deseéis partir, os escoltaré personalmente
hasta la frontera de Darien.
Querido Clifford, ya podéis saldar cuentas con el posadero.
Gracias, señor.
¡Arrestadle! -¡No!
¡No!
-¡Lleváoslo!
Lo que pretendo deciros, excelencia,
es que la dote no me importa en absoluto,
tan solo quiero la felicidad de mi hija.
Por desgracia,
el vuestro no es el único caso, señor.
¿De veras? Ajá.
Lo que resulta muy curioso es
que siempre acaben raptando al novio.
Comprendo lo de la dote,
pero ¿para qué quieren los piratas al novio?
¿Cómo era don Enrique de Almaviva?
Distinguido.
Moreno, alto y...,
...por alguna extraña razón,
debía partir inmediatamente para España.
Sí.
¿Tenía algún rasgo particular?
No.
Solo una cicatriz.
En la mano derecha.
Entre los dedos pulgar e índice.
¿Cómo lo sabéis?
Puede que solo sea una coincidencia,
pero todos ellos se parecen.
No te comprendo, querida.
No os alarméis, Rosita tiene una imaginación asombrosa.
Supongo que os quedaréis a la fiesta.
Oh.
Gracias, excelencia, pero...
prefiero volver... junto a mi hija.
Está sola..., podría cometer una locura.
Sí, comprendo.
Doña Rosita,
siempre a vuestros pies.
Haced cuanto podáis.
Podéis contar con ello.
(RÍE)
Que busque él mismo al novio perdido.
(RÍE)
Por lo que a mí concierne,
los piratas pueden conquistar toda la colonia.
Nosotros ya estaremos lejos.
Seremos inmensamente ricos...
y muy felices.
Mírame, Rosita.
¿Estás contenta?
Tengo entendido
que esa mestiza
es muy bonita.
¿Estás celosa?
No olvides que hemos aplazado la boda
para que puedas acompañarla.
Debo hacerlo.
Ella me guiará hasta el tesoro.
Y ese será...
mi regalo de boda.
Perdona.
Tienes razón.
Pero espero que eso no te haga cambiar...
nuestros planes.
(Música tensión)
Tengo entendido...
que desde este jardín se puede admirar
un magnífico panorama.
¿Queréis mostrármelo?
Desde luego, señor.
Yo... soy pintor. Por aquí.
Fiesta en honor de la princesa; debemos volver.
Saloa, se está tan bien aquí.
Yo... me siento como una extraña entre ellos.
Prefiero estar con los nuestros.
Tu padre fue gran hombre.
Amigo de los indios, pero era hombre blanco.
Quería que su hija fuese blanca también.
Debemos volver. Sigamos paseando.
Es aquí, señor.
Ah.
Maravilloso.
¡Oh! ¡Oh!
-Ya viene.
En el colegio de España, nunca dábamos paseos.
Buenas tardes, princesa.
¿Sois un fantasma?
Aparecéis y desaparecéis tan inesperadamente.
Todo lo contrario, soy de carne y hueso,
con un corazón que late deprisa,
muy deprisa.
Decidme, señorita, ¿por qué me mentisteis?
No sé de qué habláis.
¿Por qué no me dijisteis que Soledad Quintero es también
la princesa de Darien?
¿Os escondéis tras las puertas para escuchar?
¿Tras las puertas? Yo soy un caballero.
Estaba en el tejado.
Oh.
Desde allí arriba cuidaba de vos, como vuestro ángel guardián.
Sin duda, necesitáis uno.
Corréis un grave peligro.
Ah.
(RÍE)
¿Eso creéis?
¿No seréis vos quien lo necesitáis?
Quizá, pero ahora he decidido acompañaros a la fiesta.
¿Te importa dejarnos solos?
Como ordenéis.
Os pido perdón por lo de anoche.
No me resultó fácil dejaros en manos de don Alfonso de Montélimar.
La culpa fue vuestra; quise evitar un incidente desagradable
en vuestra presencia.
La familia del gobernador y la mía se han odiado durante años.
¿Y por qué habéis venido aquí, arriesgando vuestra vida?
El gobernador no me conoce personalmente.
Es a mi padre a quien más odia.
Entonces, ¿por qué huisteis?
Hubiese tenido que presentarme con un nombre falso.
Eso es algo que un Alcázar no haría jamás.
¿Y cómo pensáis solucionar eso hoy?
Desde ayer han ocurrido muchas cosas, señora.
Oh.
¿Creéis posible que un hombre pueda ver...
la luz de vuestros ojos,
oír el sonido de vuestra voz
y olvidaros?
Yo...
sabía que estabais en peligro y vine a ayudaros, sin titubear.
¿Qué peligro?
El ofrecimiento del gobernador para acompañaros hasta la frontera
es solo un pretexto para apoderarse de vuestro tesoro.
Os convertiríais en su prisionera.
Soledad, venid conmigo.
¿Por qué iba a fiarme?
Si leyerais en mi corazón,
no dudaríais.
Listo.
Este ya no nos molestará.
(Música animada)
-Deprisa, vámonos.
¿Por qué te fuiste?
Tú no decirme que me quedara.
¡Soledad! ¿Dónde estabais?
Me teníais preocupado.
Os pido disculpas.
Hacía tanto tiempo que no me sentía libre.
La libertad... os sienta bien.
Estáis hermosísima. Gracias.
¿Me permitís?
Espero que disfrutéis de la fiesta.
Entre otras cosas, he dispuesto un torneo.
Oh.
Ya que he puesto mi espada a vuestra disposición,
sería bueno que comprobarais su justo valor.
(RÍE)
Eh, vosotros. Vino español y del mejor.
Lo envía su excelencia.
-Trae aquí.
-Déjame probarlo.
-Para vosotros también hay. -Gracias.
-Es magnífico.
Sí, señor. -Bebed.
¿Estáis listo, excelencia?
Sí.
¿Y vos, caballero?
-Cuando queráis.
Don Ricardo Cortés, ¿queréis pedirle a la princesa Soledad
que dé esto... al ganador?
-Aquel contendiente que desarme a su adversario
habrá vencido.
Cuando gustéis, caballeros.
Adelante.
(Aplausos)
Vamos.
Rápido.
¿Alguien más desea batirse?
-Yo quisiera intentarlo.
(Aplausos)
Declaro ganador a su excelencia don Alfonso de Montélimar,
gobernador de Santa Cruz.
Un momento.
¿Con quién tengo el honor?
Don Amadeo de Alcázar.
¿Sois por casualidad el hijo
del duque de Navarra?
El mismo.
Acabo de llegar de España.
El duque no me anunció vuestra llegada.
He vendido a rendiros mis respetos.
Considero su amistad un honor.
No obstante, tendré que desarmaros.
No puedo permitirme perder ante mi invitada de honor.
Una espada para don Amadeo de Alcázar.
Cuando gustéis, caballeros.
Perico. -Por fin.
-Veo que te han tratado bien. -Veinticinco latigazos.
Bastardos. -Deprisa, o vendrá el relevo.
-¿Podrás caminar?
-Ya lo comprobarás si alguien intenta detenerme.
-¡Alarma! ¡Alarma! ¡Alarma!
Oh.
Ya que sois amigo de mi padre,
os concedo que lo intentéis de nuevo.
Estáis muy seguro de vos, señor de Alcázar.
(Gritos)
-¡Pedro, toma!
Soy el ganador
y tengo derecho a esto.
Princesa. ¡Cuidado!
¡Escapad!
Vamos.
¡Seguidle!
¡Imbéciles!
¡Traédmelo, vivo o muerto!
Según el nuevo tratado, los españoles no pueden entrar
en territorio de los Darien.
El encuentro de Soledad con los indios
debe tener lugar aquí.
No hay otro sitio.
El barco atracará en la costa con algunos hombres.
A partir de ahí, yo tomaré el bando.
Luego, tú, Fernández, llevarás el barco hasta Ensenada,
cerca de Puerto Suárez.
Justo aquí.
Y ten cuidado, hay una guarnición española
en el fuerte que da a la bahía. Sí, ya lo sé.
Esperaréis allí mis instrucciones.
¿Emplearás la táctica de siempre?
¿Por qué no? Es muy eficaz.
Y esta vez, incluso agradable.
-Aquí está la cena, servíos.
Ajá.
Excelente, Paquita. Por fin tenemos buena comida en este barco.
¿Os gusta?
Mmmm.
Clifford, que estén todos listos para partir.
Bien, señor.
El traje indio os favorece, princesa.
Dentro de una hora, encontraremos a los hombres de mi tribu,
quiero que me vean vestida así.
Parecéis muy feliz.
¿No debo estarlo?
Sí, pero pronto
dejaré de veros.
Oh.
Quisiera agradeceros lo que habéis hecho por mí.
No, no me deis las gracias.
Parece un adiós.
Princesa.
Debéis creerme.
Haber estado estos días con vos
me ha hecho descubrir que sois la mujer de mi vida.
Si lo deseáis,
os acompañaré sin mis soldados.
Tengo un barco en Puerto Suárez
que nos llevará a cualquier parte del mundo,
donde queráis.
Sois demasiado joven y hermosa para marchitaros aquí.
Lo que necesitáis es
un hombre a vuestro lado que os guíe
y os convierta en la mujer más envidiada de la tierra.
Excelencia.
Podemos partir cuando lo ordenéis.
Está bien, en marcha.
¡Adelante!
¡Vámonos!
Lo único que puedo deciros es
que os estoy agradecida.
(Música tétrica)
No veo humo.
No hay señales. Quizá no hayan llegado todavía.
Yo les dejé aquí, esperando,
antes de buscar a la princesa.
Clifford.
¿Qué opinas?
-No me gusta nada, excelencia.
¡Sargento!
¡Que se dispersen los hombres y avancen con cuidado!
(Música suspense)
Llama al gobernador.
¡Excelencia!
Venid, daos prisa.
Oh.
-Los han matado con mosquetes.
Venid, Soledad.
En estas circunstancias, no puedo dejar
que sigáis sin escolta.
¿Quién puede haber sido?
Han sido los piratas.
En el mesón,
atacaron a los hombres que os estaban esperando.
Harían cualquier cosa para quedarse con vuestro tesoro.
Pero no temáis nada,
yo y mis hombres os protegeremos.
(Música tétrica)
¡Soledad!
¡Detened el caballo!
¡Clifford! ¡Clifford!
¡Oh!
Excelencia. Olvidaos de mí.
Traedme a la princesa. -¡Seguidme!
Clifford.
Registra toda esta zona de la selva, palmo a palmo.
Esto no ha caído de los árboles.
¡Oh!
¡Dejadme ir, cobarde!
¡Soltadme inmediatamente! No pienso hacerlo.
El gobernador hará que os cuelguen.
No lograréis asustarme.
¡Por allí!
¿Has encontrado algo?
-Los piratas saben esconder las huellas,
aprendieron de los indios.
No os quedéis ahí como unos idiotas, ¡mi caballo!
¡Trae mi caballo!
En diez minutos, estará listo.
Tiene buen aspecto.
Recuerda:
quiero una cena digna de tu mesón.
Por desgracia, no está con nosotros Paquita.
Parecéis fatigada.
¿Por qué no descansáis?
No perdáis el tiempo en cumplidos.
Id cuanto antes al poblado y haced vuestra sucia proposición.
Preguntad por Tálaco, es el hechicero.
Él os dará el tesoro, a cambio de mi vida.
Ah, una idea excelente, no se me había ocurrido.
Es digna del gobernador.
¿Qué queréis de mí? Me he tomado la libertad de venir
porque me debéis el honor de una cena.
Una vez, aceptasteis mi invitación
y no veo por qué razón ibais a negaros ahora.
¿Qué?
¿Pensáis que no ha ocurrido nada desde entonces?
Nada serio, diría yo.
Aquí estamos, sanos y salvos.
Vos está sano y salvo.
Habéis tenido suerte hasta este momento.
Os ha ayudado el diablo.
Sí, quizá me ha ayudado el diablo,
somos viejos amigos.
Pero no todo el mérito es suyo.
¿Recordáis?
¡Dejad de fingir!
No sois más que un vulgar pirata,
incapaz de ningún sentimiento
excepto cuando se trata de dinero o de asesinato.
Escuchadme, Soledad.
Mi verdadero nombre es...
Pedro Valverde.
Y si hubierais vivido entre los vuestros,
ese nombre os diría algo.
Mi padre luchó contra los españoles al lado de los indios Darien.
Vuestro padre quizá,
pero vos no dudasteis en ensuciar vuestras manos con su sangre.
¿Con qué sangre?
¿Con qué sangre?
Matasteis a los indios que iban a escoltarme.
Soledad, ¿os habéis vuelto loca?
¡Escuchadme y entrad en razón!
Yo no tenía motivos para matarlos.
Los piratas no tenemos fronteras,
pero el rey firmó un tratado para respetar vuestro territorio.
El gobernador necesitaba un pretexto para escoltaros hasta el poblado.
Eso es absurdo.
Olvidáis que sois el pirata.
Lo que había olvidado es que el cerebro de una mujer
es incapaz de pensar con lógica.
Pero os juro que os ofreceré pruebas de la verdad.
Aunque me cueste la vida.
Ah, Clifford, ¿qué has encontrado?
Lo siento, señor.
Nada, han desaparecido.
No importa demasiado.
Es evidente que han ido al poblado, allí está el tesoro
y eso es lo que buscan. Pero...
no pensaréis ir al poblado, eso provocaría un incidente
y debemos respetar el tratado. Debemos detenerles como sea.
Así podremos entrar en el poblado como los salvadores de la princesa.
Los indios siempre han sido amigos de los piratas.
Dejarán de serlo cuando les convenzamos
de que mataron a la escolta de la princesa.
Buenas noches, señor.
Tendréis frío.
¿De verdad no necesitáis nada?
No.
¿Por qué no descansáis en la hamaca?
Aquí estoy perfectamente.
(Música suspense)
No has tardado mucho tiempo en encontrarnos.
Yo puedo seguir las huellas cuando están en territorio indio.
Saloa ha dejado a los españoles.
Ellos no deben entrar en el poblado.
Has hecho bien, Saloa.
Eres listo.
Pero tu ama no sabe distinguir a los bandidos de los caballeros.
Los viejos indios dicen...
que los caballeros tienen un poco de bandidos
y los bandidos, un poco de caballeros.
¡Saloa!
Saloa.
Sácame de aquí.
Vayámonos juntos.
¿O estoy prisionera?
Sois mi invitada, no mi prisionera.
Yo solo quería protegeros.
No insistáis, no quiero que me proteja nadie.
Un hombre leal como Saloa es la única escolta segura.
Haced como queráis, pero mis hombres
están arriesgando su vida para desenmascarar al culpable.
Creo que al menos...
deberíais esperar hasta que volvieran.
Buenas noches.
Estamos cansados.
Mejor dormir.
Sí.
Gracias.
(Música suspense)
Eso está muy bien, gringo.
Pero cuando me azotaron a mí,
me desgarraron la piel.
¡Pégale más fuerte! -Será un placer.
¡Ah!
(RÍEN)
Sigue, gringo. Hasta que hable.
¡Ah!
¡Ah!
¡Ah!
¡Basta! ¡Basta!
Ya es suficiente. Déjale.
No sois más que un puñado de asesinos.
Tan solo sois capaces de matar a hombres indefensos.
¿Es así como creéis que se comportan los caballeros?
Quien es capaz de esto es capaz de cualquier cosa:
¡de matar, de mentir! Calmaos, princesa.
Si hubierais podido intervenir cada vez que este hombre
ha mandado azotar a gente inocente,
habríais salvado muchas vidas.
Nuestro amigo Perico sabe algo de esto.
De todos modos,
el gobernador habría evitado el castigo
diciéndonos quién mató a los indios.
Vamos, confiesa.
¡Basta! ¡Basta!
Es muy fácil hacer confesar de este modo.
Seguro que si el látigo estuviera en otras manos,
seríais vos quien confesara. Soledad, debéis creerme.
Yo ya no creo en nada ni en nadie.
Y mucho menos en vos. Ahora, debo irme.
Dejad que os escolte hasta el poblado.
No.
Si no queréis mi desprecio,
libertadle.
Desatadle.
Agua.
Agua. Os lo suplico.
¡Perico, trae agua!
Ya es suficiente.
En otras circunstancias,
le habría contado algo muy interesante a la princesa.
¡Adelante, hablad!
No tengo nada que temer.
Lo haré, cuando el látigo esté en mis manos.
Ya lo ha estado demasiado tiempo.
Tomad el agua y marchaos.
¡Vamos!
Quizá queráis seguirle,
para protegerle de los peligros de la selva.
Esto puede que se complique.
-Olvídala, Pedro.
-Será mejor que volvamos al barco.
¿Estáis locos?
Ahora es cuando empieza lo mejor.
(Música suspense)
(Relinchos)
(Relinchos)
Quieto. ¡Quieto!
(Disparo)
Estabais en peligro. Solo pasaba por aquí.
No os preocupéis, me iré enseguida.
Solo quería advertir a Saloa que los chivas merodean por la selva
en busca de caza o de alguna víctima para sus ritos.
Adiós, y buen viaje.
Debemos irnos.
(Música suspense)
Chivas.
¡Ah!
¿No creéis que para poder llegar a vuestro poblado,
vais a necesitar mi ayuda?
Saloa,
dile que jamás llegará por sí sola.
Está bien.
Pero no quiero deberos nada.
¿Cuánto queréis por servirme de escolta?
Compraré vuestros servicios.
No estoy a la venta.
Pero os cobraré los gastos.
He dicho que os pagaré.
¿Cuánto?
Ya que insistís tanto...
Pero os saldré muy caro, princesa.
La mitad del tesoro.
Tendréis lo que queréis.
Lo habría hecho por nada, ya que os amo.
Pero puesto que insistís en comprarme...
Los chivas volverán.
Son muchos.
Muchísimos.
-Si no nos largamos, nos harán pedazos.
Todos a los caballos.
¡Vamos, Saloa!
(Música tétrica)
(GRITAN)
Levantaos.
(GRITAN)
-Soledad, legítima heredera
del gran Cachica.
Eres nuestra reina.
Estamos esperando recibir tus órdenes.
Estos hombres
me han escoltado hasta aquí,
protegiéndome de muchos peligros.
El precio por su ayuda es la mitad de nuestro tesoro.
Pagadles y que se vayan.
Siento decepcionaros, princesa.
Por lo que a mí me concierne,
podéis quedaros con vuestro tesoro y ser feliz.
Yo solo quería traeros sana y salva al poblado y lo he hecho.
Mi misión ha terminado.
Pero una mujer tan hermosa como vos
no debe ser demasiado rica,
porque acabará por no comprender nada.
Adiós.
¡Eh! ¡Eh!
(Música dramática)
¡Pedro!
¡Pedro!
Pedro.
¿Seguro que quieres casarte con un pirata?
Qué vergüenza, un pirata enamorado.
-No solo la mitad del tesoro, todo entero.
-¡Callaos, botarates!
(EBRIOS) Los españoles serán vencidos.
Los españoles serán vencidos.
Conquistaremos Isla Tortuga.
(RÍEN)
-¡Perico!
Los españoles serán vencidos.
Conquistaremos Isla Tortuga.
-¡Hola, Pedro!
-¡Pedro! -¡Ahí está Pedro!
-¡Por la conquista de Isla Tortuga!
-¡Un brindis por Tortuga! Sí, por Tortuga.
-Menudo beso le diste a la princesa.
(RÍEN)
¡Basta ya!
-¿Todo va bien?
Por supuesto, muy bien.
Vamos a casarnos.
-¿Y a eso le llamas ir bien?
Ese es un asunto que a vosotros no os concierne.
-No te enfades.
-Debemos volver al barco e informar a Fernández.
De acuerdo. Nos disfrazaremos de españoles,
tenemos los uniformes, ¿no?
-¿Por qué de españoles? -Para salvar la piel.
¡Callaos!
¿Quién da las órdenes aquí?
Mañana os diré qué hay que hacer.
Y vosotros
se lo comunicaréis a Fernández.
Nada más.
(Música lenta)
¡Quietos!
¡Que nadie se mueva!
¿Qué es esto?
¿Qué queréis?
-Ahí está. Es inconfundible.
Es ese canalla.
¿Qué significa esto? ¿Cómo os atrevéis?
-¡Habéis roto el tratado!
-Habéis cruzado el río.
Habéis entrado en nuestro territorio.
Tengo motivos. ¿Qué motivos tenéis?
Impedir que este hombre cometiese otra infamia.
Seis veces, bajo nombres falsos,
ha conducido a ricas herederas al altar.
No es verdad.
Pedro.
Pedro, dime que no es verdad.
Esta vez era diferente.
Sí, afortunadamente,
porque estoy yo en vez de vuestros amigos los piratas.
Me has mentido.
Siempre me has mentido.
Debería entregarte a mi tribu,
para que la justicia castigue tus crímenes.
Justicia, esa es la palabra.
En una ocasión, me pedisteis en matrimonio.
Si vuestra proposición sigue en pie...,
estoy dispuesta a aceptarla.
Me hacéis el hombre más feliz del mundo, princesa.
Hasta ese momento,
seréis mi invitada de honor
en mi castillo de Puerto Suárez.
¡Llevaos al prisionero!
(Música tétrica)
Esto servirá de escarmiento para los piratas.
-Sí, será un bonito espectáculo.
-El gobernador no me gusta.
Pedro es bueno.
Estamos prisioneros.
(SUSPIRA)
¿Quién es?
Rosita.
¿Qué estás haciendo aquí?
¿No habíamos acordado que nos encontraríamos aquí?
Sí, sí, claro.
Pero la verdad es que no te esperaba tan pronto.
Comprendo.
Corrían ciertos rumores en Veracruz.
Decían que estabas en manos de los piratas,
que te habían matado.
Estaba preocupada.
¿No te alegra verme?
Naturalmente. ¿Lo dudas?
¡Nunca pensé que tu ambición pudiera ir tan lejos!
¿Qué quieres decir?
Lo sabes perfectamente.
Me han dicho que habrá una boda.
Claro, cariño,
la nuestra.
¿La nuestra,
o la tuya...
con esa princesa, Soledad?
(RÍE) Rosita...
¿No lo entiendes?
Para obtener el tesoro, debo fingir...
¡Mientes!
¿Por qué hay un barco en el puerto listo para partir tras la boda?
Anda,
niégalo si puedes.
Rosita, escúchame.
Ya he oído suficiente.
De nada te servirán tus argucias.
Te conozco demasiado.
Tendrás que quedarte con ella o conmigo.
Decídete.
¿No comprendes que tu repentino enamoramiento
de esa ridícula princesa...
te hará el hazmerreír de todos?
¡Basta! ¡No!
Me aburres.
El destino... ha traído a una hermosa mujer a mi vida.
Y muy rica.
Una mujer que me quiere.
¿Comprendes eso? Una mujer que me ama.
(RÍE) Infeliz.
¿Qué me has dado tú,
aparte de tus estúpidos celos?
Te sugiero que te vayas inmediatamente,
o tendré que utilizar la fuerza.
No será necesario.
¿Adónde vais?
Traigo un mensaje del gobernador para la princesa Soledad.
(Música suspense)
¿Por qué la daga? ¿Por qué no amiga?
Os odio.
Al miraros, se diría que aún sois una niña.
Y, sin embargo, me habéis quitado al hombre que amo.
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué a él?
¿No teníais ya suficiente?
Sois muy hermosa,
¡joven, rica!
Y vais a reinar en vuestro pueblo.
¿No os basta eso? Escuche...
No, no me digáis que le queréis, porque no es verdad.
¿Por qué tortuosa razón
habéis puesto este hechizo en él?
¿Para hacerme desgraciada?
¿O es que disfrutáis burlándoos del gobernador?
Oídme, yo no he traicionado a nadie.
Quizá me haya equivocado.
Y si os he ofendido, ruego que me perdonéis.
La razón por la que acepté al gobernador
fue solo para humillar a ese pirata.
¿Cómo?
Oh.
Estáis enamorada de ese farsante.
Sí.
Pobre muchacha.
¿Soledad?
Márchate.
Soledad.
Sole...
Ah. Oh, querida.
Tú.
¿Qué has hecho?
¿Dónde está Soledad?
Supón que la he asesinado.
No juegues conmigo, Rosita.
Vine aquí para matarla.
Creía que de verdad estaba enamorada de ti.
(RÍE) Pero no.
Ella no te quiere.
Ni tan siquiera le gustas.
Me pidió que le ayudase a volver con los suyos.
¡Mientes!
La has asustado con tus amenazas.
Yo haré que vuelva.
Ella no te quiere, te odia, ¿no lo entiendes?
¡Y la causa es esa horca que hay ahí fuera!
Está enamorada de ese pirata, ¡tu prisionero!
¡Él es tu único rival!
Estúpido.
¡Capitán!
¡Capitán Fernández!
-Está en su camarote.
-Capitán.
-¿Qué ocurre?
¡Princesa!
Pedro está en peligro.
Ha caído prisionero del gobernador.
Debéis rescatarle, o le colgarán.
¡Todos a cubierta!
¡Todos a cubierta!
Listos para desembarcar.
No temáis, princesa, le salvaremos.
¿Estáis seguro de ello?
El castillo de Puerto Suárez está bien defendido,
pero haremos lo que podamos.
Primero, le metéis en un lío y luego, lo lamentáis.
Nunca entenderé a las mujeres.
No iréis a creer que Pedro me importa.
Sé que no es más que un cazador de dotes.
Y le odio.
Pero no deseo su muerte.
El único error que cometió fue perder la cabeza por vos.
Daos prisa o la perderá de verdad.
Saloa está en el castillo, él os ayudará.
¿Y si no consiguiéramos salvarle?
Muy bien.
Lo comprendo.
Él no os interesa.
Pero quizá sí os interese leer
las últimas órdenes que dio ese terrible pirata.
(LEE) "Amo a Soledad
y no quiero que sufra por mí.
Es la primera vez que me ocurre esto
y será la última.
Porque he decidido casarme con ella.
Cuando sea mi mujer, se lo contaré todo.
Le diré la verdad.
Y la convenceré
para que entregue parte de su riqueza
a vuestra causa".
En pie.
Estáis en presencia del gobernador.
¡En pie!
Ahora, el látigo está en mis manos.
Puedo hacer que digáis lo que quiera.
¡Confesad!
¿Ordenasteis matar a los indios?
No soy un cobarde, no me dan miedo vuestros latigazos.
Queréis ser un héroe, ¿eh?
No quiero oíros confesar.
¡Quiero que pidáis clemencia!
¡Y lo haréis! ¡Sargento!
¿Señor?
Escúchame atentamente.
Que esté todo listo para la ejecución.
Deseará la muerte.
Ve. Bien, señor.
Que no entre nadie,
por más gritos que se oigan.
Si queréis que grite, tendréis que esperar mucho.
Ya lo veremos.
¡Perro!
¡Me pediréis clemencia!
(Disparo)
¡Ah!
¡Ah! ¡Ah!
¡Guardias!
Queríais que gritara, ¿eh?
Jamás os daré esa satisfacción.
Ordenad que me suelten,
u os mataré.
Soldado.
Tengo permiso del gobernador.
-Bien.
-¡Ah!
Gracias, excelencia.
(Música suspense)
¡Salgamos!
¡A las armas! ¡Nos atacan!
-¡Aquí, están aquí!
-¡Seguidme, rápido!
¡Vamos!
¡Ríndete, Pedro!
¡Ríndete!
¡No podréis escapar!
¡Fuego!
¡Ahora te toca a ti, Pedro!
¡Fuego!
¡Ah!
-¡Indios!
¡Ah!
¡Quitadme las manos de encima! Pórtate como un caballero.
Bueno...,
ya que sois el vencedor, me gustaría saber
si debo considerarme una prisionera.
Vos no, sois completamente libre. Gracias.
En cuanto a ese prisionero que tanto os interesa,
tomad, está en mi celda, podéis quedároslo.
Es mi sino.
Ah, por cierto.
Supongo que debo desearos buena suerte.
Condesa.
(Música animada)
(PIRATAS RÍEN)
Princesa Soledad.
Ahora ya sois una mujer casada.
Tu puesto está en la cocina.
Pero no nos envenenes a todos.
Mena.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.