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Si tú me tienes que decir
Que ya no piensas tanto en mí
Si tú me quieres explicar
Que ya lo nuestro no es igual
Dímelo, dímelo
Hoy mejor que mañana
Dímelo, dímelo
Hoy mejor que mañana
Cada minuto que pasa
Más fuerte y más grande es mi amor hacia ti
Por eso es mejor que me digas
Adiós cuanto antes y huyas de mí
Si estás cansada de mi amor
Y ya no tienes ilusión
Si tú prefieres terminar
¿Por qué no dices la verdad?
Dímelo, dímelo
Hoy mejor que mañana
¿Hay algo para mí?
¿Tú crees que no te hubiera avisado en seguida
después de la lata que me has dado?
La dirección era...
No pensarás que me equivoqué cinco veces.
Son cinco los cables que has enviado.
Como sigas así, vas a tener que pelar patatas en la cocina para pagarte.
¿La radio funciona bien?
Muy mal. En este momento navegamos sin rumbo.
No sé dónde estamos.
- Hasta luego. - Adiós, hombre.
Tú has hecho muy bien.
Me entusiasma su música. Ese es el secreto.
No ha contestado a ninguno de mis cables.
¿Por qué iba a hacerlo?
Sabe que vienes y es suficiente.
Cuando uno ha deseado algo tanto como yo he deseado este momento
parece que no va a llegar jamás.
Mañana te estará esperando.
Ya lo verás.
Mi hermano ocupa el sitio más importante en mi vida.
Y en la vida de mis padres.
Hemos girado en torno a él durante años y años
en los cuales y a pesar de su ausencia,
nunca nos abandonó.
¿Lo reconocerás?
Claro que sí.
Lo recuerdo siempre lleno de entusiasmo.
A su lado no había problemas.
¿No piensas acostarte?
¿Para qué? No podría dormir.
Bueno. Te dejo.
Hasta mañana.
Hasta mañana, Luís.
¡Mendoza!
Buscan a un pasajero.
¿Por quién preguntan?
Rafael Gandía.
Señorita.
Soy Rafael Gandía. Perdóneme. No sabía que me estuviera buscando.
Me supongo que la habrá mandado Miguel.
- ¿Dónde está? - Me llamo Blanca,
soy la secretaria de su hermano.
Tenía el susto metido en el cuerpo.
Llegué a pensar que no había recibido mis cables.
Se recibieron.
Catorce cables contando los días que faltaban.
Le hubiera puesto uno cada hora si me sobrara el dinero, claro.
Lo siento mucho.
No sé como decírselo.
¿Decirme el qué?
Miguel no ha leído ni un solo telegrama.
Antes de que llegara el primero
había salido contratado para una gira de conciertos.
Le avisé por carta
y me llegó desde el Brasil el encargo de que le atendiera.
De que le dijera lo mucho que lo siente.
Tomé este empleo con el único propósito de estar un día con él.
¿Se da cuenta?
Estas giras no se pueden suspender.
Las localidades están vendidas de antemano.
Lo sé.
¿Puedo hacer algo por usted?
- ¿Necesita..? - No. Muchas gracias.
Dígale a Miguel...
Dígale a mi hermano que...
he sentido mucho no verle.
que los viejos están bien,
que no escriben muy seguido porque cuando yo falto de casa
tardan mucho en hacerlo.
Que la próxima vez ha de venir él a vernos.
- Es su turno. - Se lo diré.
Le traía estos discos.
Los grabé antes de salir de España. Era una sorpresa.
En uno de ellos canto dos canciones
que dejó olvidadas en casa hace mucho tiempo.
Escríbame contándome la cara que puso.
- ¿Vuelve al barco? - Sí.
¿Por qué?
No sé. No traía nada pensado salvo ver a mi hermano,
y al no verlo
me he quedado vacío.
¿Por qué no pasamos el día juntos?
Yo soy de aquí y le puedo enseñar todo lo bonito que tiene esta ciudad.
Así no pensará usted en otra cosa.
Vamos.
Hace un día maravilloso.
Y usted debe estar cansado de tanto barco.
Trataré de elegir los mismos lugares que Miguel le hubiera enseñado.
En este lugar
se consagró Miguel interpretando por vez primera su concierto.
Me había descrito este parque en sus cartas
cuando estaba escribiendo el concierto.
Lo hizo muy bien.
Ahora me doy cuenta.
Venía todas las tardes.
Paseaba,
y tenía ese aire ausente que luego he visto en tantas veces cuando componía.
Estaba solo. Yo también.
Y un día nos conocimos.
Desde entonces he estado a su lado.
Yo estudio música y le ayudo en lo que puedo.
Hubo un momento en que me hizo creer que yo le inspiraba.
¿Ya no piensa así?
No lo sé.
¿Ha cambiado?
Un poco.
Su música ya no es la misma.
Sí, creo que ha cambiado.
¿Qué ha grabado últimamente?
No mucho.
Ahora le gusta otra cosa, componer sobre todo.
Quiero saber algo más de Miguel, una cosa más.
Si yo se lo puedo decir...
¿Es feliz?
¿Sigue tan alegre como cuando estaba con nosotros?
Ahora es distinto.
¿Pero es feliz?
Un artista no puede ser feliz posiblemente.
O quizás sea que la felicidad no le importa.
No sé.
¿Cual le parece que pongamos?
Tengo una gran curiosidad.
En este disco hay una canción de su país.
Tengo interés en que la oiga.
¿Ah, sí?
¿Quiere poner este disco por favor?
Sí, cómo no.
Un canilla po’í, una balsa, una guaina una flor en el río
Un paisaje de cielo reflejan las aguas del gran Paraná
Más allá un camalote va flotando hacia la orilla
Que arbolada de sauces nos invita a soñar
Acuarela de río que pinta de luces mi lindo romance
En el mundo no hay marco más divino y bello para nuestro amor
Con su sol, con sus cálidos matices
Con su brisa perfumada en mágico arrebol
De un lento atardecer
A la deriva el bote va con mi amada por el río
Meciéndonos con su vaivén que acompasa nuestro amor
Y apoyada en mi hombro, me murmura al oído
Mientras beso sus manos completan mi dicha aromas de azahar
Es un gran descubrimiento para mí.
De verdad.
¿Esperaba que fuera peor?
No es eso. No me lo había imaginado así.
Me dan ganas de correr y llevarle los discos a Miguel.
Tendría que correr demasiado.
Es verdad. Pero estoy deseando saber lo que va a decir cuando le oiga.
¿Qué piensa sobre mí?
Supongo que imagina que es el mismo niño que dejó antes quince años.
Ya no soy un niño.
Tengo la sensación de que esta felicidad para cantar no me pertenece.
Todo se lo debo a él.
Cuando algo se me hacía cuesta arriba, pensaba en Miguel.
Leía sus cartas, y salía adelante.
Cuando estaba orgulloso por algo mío también me acordaba de él.
Y se me iba el orgullo.
- ¿Te aburro? - No.
No, no. Pienso en lo que dices.
Le debo todo lo que soy.
Hasta el dinero con que pagué mis estudios.
¿Cuál es tu opinión?
Nunca conocí a nadie como él.
Con tanta seguridad y con tanto desprecio por las cosas menudas.
Pero los artistas como tu hermano no tienen nada que ver con los demás,
tienen otra medida de las cosas.
Pretenden meter el mar en un vaso como este.
- Blanca, - ¿Qué?
hay un sitio que no puedo dejar de ver.
¿Cuál?
La casa de Miguel.
Tenemos que ir.
Será como estar con él.
Es muy difícil.
¿Pero por qué?
No sé.
Es posible que podamos hacerlo.
Espera un momento.
Me la dejé olvidada el otro día.
Cuando Miguel está fuera vengo aquí a despachar la correspondencia.
No me había imaginado su casa así,
- es bastante... - Impersonal.
Él piensa lo mismo.
Pero no se decide a cambiar los muebles.
Este cuarto no lo usa apenas.
En las épocas de mucho trabajo
alquila un apartamento en la costa lejos de la ciudad.
Hace tiempo que no utiliza ese piano.
Y se niega a avisar al afinador.
Cuando vuelva mi hermano le dices que estuve aquí.
Lo siento.
Todo esto no es culpa de nadie.
Él hubiera sido muy feliz contigo este día.
Y te hubiera hecho ver la casa de otra manera.
Cuando él está es distinta.
Bueno,
cuando te despiertes estaré en alta mar.
¿Volverás algún día?
Algún día.
Te avisaré.
Os avisaré.
Y yo vendré a buscarte.
Dile una cosa más a Miguel.
Dile cuánto le agradezco el haberte conocido.
Dale mis gracias por ti.
Por haberme puesto al pie de la pasarela lo más bonito de esta ciudad.
Se lo diré.
Yo también necesito mi buena prensa.
Rafael...
¿Dime?
No habrás cambiado de opinión con respecto a Miguel, ¿verdad?
No. ¿Por qué había de hacerlo?
No lo sé.
De pronto lo he pensado.
Hemos estado demasiado tiempo sin hablar de él.
No, Blanca.
Me duele no haberle visto.
Pero si se rodea de personas como tú,
seguirá siendo el mismo que siempre he imaginado.
Pase lo que pase guarda ese recuerdo de él.
¿Por qué lo dices?
Por nada.
¿Pero me lo prometes?
Lo prometo.
Blanca,
me duele separarme de ti.
Ha sido un día que difícilmente podré olvidar.
Vete. No soporto las despedidas.
Adiós, Blanca.
Que seas feliz.
Adiós, Rafael.
¿Y tu hermano?
No le he visto.
- ¿Pero por qué? - No estaba.
Hago el largo viaje de casi cinco meses.
Doy la vuelta al mundo con el único objeto de encontrarle
y cuando llego resulta que no está.
Que no ha leído ni uno de mis cables.
Que parece ser que no ha recibido mis cartas.
Y que está ocupado en una larga gira de conciertos lejos de aquí.
¿Y con quién has estado?
Mandó a su secretaria.
Una alumna suya que le ayuda.
Y ahora
me viene todo a la cabeza como
como si no tuviera sentido.
Como si hubiesen faltado preguntas por hacer.
He hablado de él, pero me parece absurdo marcharme de aquí sin verle.
Lo siento.
No te preocupes.
Hasta luego, Rafael.
Hasta luego.
Me dan ganas de correr y llevarle los discos a Miguel.
Tendría que correr demasiado.
No, no habrás cambiado de opinión con respecto a Miguel, ¿verdad?
¡Rafael!
¿Qué haces? ¿Adónde vas?
¡Me quedo! ¡Me quedo en esta ciudad!
Pero no puedes irte, ¡el barco ya no pasará por aquí!
Tengo que hacerlo.
¡Estás loco!
¿Con qué vas a vivir?
Pero... no puede ser aquí.
La calle era mucho más ancha y las casas tenían dos pisos y jardín.
La única calle "Zabalía" que hay es esta,
y ese portal corresponde al 20-44
Está bien.
Buenos días, ¿el apartamento del señor Gandía?
¿Gandía?
No vive aquí.
Miguel Gandía, el músico.
Sí.
¿Usted se refiere al pianista?
Pero hace años que no vive en esta casa.
Nosotros...
yo le he mandado cartas a esta dirección y él las contestaba.
Sí, las cartas...
Vienen cada 15 o 20 días a recogerlas.
Yo se las guardo.
No me cuesta ningún trabajo.
Ya no vienen más que algunas cartas de España
y varios telegramas que llegaron estos días atrás.
¿Viene él personalmente?
Hace tiempo que no.
Suele venir una muchacha.
¿Deseaba algo más?
No, no. Muchas gracias.
¿Le molestaría que yo viniere de vez en cuando
para ver si han llegado las cartas?
No será ninguna molestia.
Adiós.
Este es el único que tengo.
Y de casualidad. Pensé que estaba agotado.
¿No hay nada nuevo?
No creo,
puede ojear los catálogos pero es difícil que lo haya dejado pasar.
Estoy al tanto de cualquier novedad.
Los libros y la música
es lo único que tengo en la vida.
Miguel Gandía vivió aquí cerca.
¿Le conoce?
Le conocí pero no intimamos.
Venía de vez en cuando, alguna vez charlamos.
Era un gran pianista.
Y sobre todo un gran compositor.
¿Por qué razón dice "era"?
Hace tiempo que no sé de él.
Y ni siquiera he oído que diera conciertos.
¿Por qué tiene tanto interés?
¿Es un admirador suyo?
Admirador y hermano.
Acabo de llegar de viaje y no sé como encontrarlo.
Puede ser que tenga uno de esos apagones que ocurren en el arte.
No tiene nada que ver con reglas fijas.
Viene y se va cuando le da la gana.
Lo siento.
Si yo puedo hacer algo...
Gracias de todas maneras.
Vuelva cuando quiera.
No sé, pero de momento... es que no tengo nada.
Vuelva la próxima semana.
- Vamos a ver. Esta es la lista de hoy. - ¿Hay algo nuevo?
A ver, a ver.
¡Atención por favor!
¡Necesito tres pianistas!
Cinco que sepan lo que es un violín.
Bueno, un momentito.
Un par de payasos y tres equilibristas.
No hay más trabajo.
Más dicha que dolor hay en el mundo
Más flores en la tierra que rocas en el mar
Hay mucho más azul que nubes negras
Y es mucha más la luz que la oscuridad
Digan lo que digan
Digan lo que digan
Digan lo que digan
Los demás
Son muchos, muchos más los que perdonan
Que aquellos que pretenden a todos condenar
La gente quiere más y se enamora
Y adora lo que es bello y nada más
Digan lo que digan
Digan lo que digan
Digan lo que digan
Los demás
Hay mucho, mucho más amor que odio
Más besos y caricias que mala voluntad
Los hombres tienen fe en la otra vida
Y luchan por el bien no por el mal
Digan lo que digan
Digan lo que digan
Digan lo que digan
Los demás
Nunca había oído cantar de esa manera.
Se lo agradezco.
No lo haga. Porque no tengo empleo para usted.
No miento al decir que me ha gustado.
Pero necesito otro tipo de cantantes.
Mi gusto personal no tiene nada que ver con lo que mi local necesita.
Pero...usted debía buscar algo más importante que esto.
Necesito ganar dinero rápidamente como sea.
Me importa poco el local.
¿Por qué no prueba en el club Amaranto?
Está cerca de aquí.
Vaya y dígales que yo le envío.
De acuerdo. Probaré.
Gracias.
Si actúa en algún sitio avíseme.
Me gustará volver a oírle.
¿Usted se animaría a cantar así?
Perdone. Creo que me he equivocado.
Estamos aquí para oírle.
Déjelo. Perderíamos el tiempo.
Hola.
Hola.
Entré aquí sin saber por qué.
Ha tenido una buena idea.
Revuelva los libros, ponga discos, haga lo que quiera.
Gracias.
¿Ha sabido algo de su hermano?
No, he estado buscando trabajo.
Yo hice unos averiguaciones el otro día.
Cuando usted estuve aquí.
Por curiosidad.
No hay quien sepa de él.
Todos le vieron por última vez hace aproximadamente dos años.
Hay una persona con la que no pude hablar,
pero que es posible que esté informada...
Deme la dirección.
Iré en seguida.
Con mucho gusto.
¡Blanca!
Perdone.
Me dijeron que quería verme.
¿Quiere usted tomar algo conmigo?
No. No podemos durante el trabajo.
Soy el hermano de Miguel Gandía.
Y vine a que usted me diga lo que sepa de él.
Miguel.
Qué gran persona.
En cuanto llegó me eligió como acompañante.
Fue el único que creyó verdaderamente en mí. ¡El único!
¿Pero dónde está ahora?
Desapareció.
Abandonó todo.
¿Hace mucho que no le ve?
Bastante.
Quién sabe dónde puede estar Miguel Gandía.
Miguel Gandía, ¿el pianista?
Dijeron hace como dos años que se había suicidado.
No haga caso.
Yo nunca lo creí.
Se dijeron muchas cosas.
Lo cierto es que cuando uno deja de brillar
es como si no existiera.
De su hermano nadie sabe nada
porque a nadie le importó saberlo.
¿Sabe usted cuántas calles tiene la ciudad?
Comprendo que no es fácil, pero...
estoy seguro que era por esta zona.
Casas de dos o tres pisos y al final de la calle cruzaba un tren.
Bueno, seguiremos buscando.
No se enfade. Me urge encontrar la casa.
Es por aquí, estoy seguro.
Por fin la conseguimos.
Pare, por favor.
Me iré andando.
Lástima.
Me hubiese gustado ver la casa.
Cuando se pasa tanto tiempo juntos
se acaba por simpatizar.
- Adiós. - Buena suerte.
¿Que desea?
Buenos días, ¿está Blanca?
¿Que yo estoy blanca?
No, por favor. Pregunto por Blanca.
Estuve con ella aquí hace unos días.
La secretaria de Miguel Gandía, creo.
Yo no sé quién es ni siquiera sé de qué me está hablando.
Yo vive aquí sola.
Desgraciadamente.
Hace tres días que se me fue Rosa.
La única sirviente que me quedaba.
Porque antes tenía tres.
Bueno, pero pase, no se quede ahí parado, pase.
¿Y cómo dice que se llama la persona que busca?
Blanca.
¿Y de apellido?
Pues no sé.
¿Y qué le hace suponer que Blanca viva aquí?
O este es un pequeño truco,
encantador por otra parte,
para entrar en las casas de las mujeres solitarias.
No, por favor.
¿Eso es de usted?
¿De quién va a ser?
¿Y en la habitación de arriba hay un piano?
Cierto.
¿Completamente desafinado?
¿Quién no lo está a su edad?
Estuve aquí mismo hace tres días
y alguien me hizo creer que...
esta casa pertenecía a otra persona.
Yo hace tres días no estaba en la ciudad.
Y me extraña que alguien puede entrar tranquilamente en mi casa.
Nos han gastado una broma pesada.
A mí por lo menos.
Usted no se fía de lo que le digo, ¿verdad?
No sé.
¿Qué busca?
Busco varias cosas.
A mi hermano,
a una mujer...
también busco trabajo.
Me apena verle tan desanimado.
Pero supongo que a usted no le resultará difícil encontrar trabajo,
con sus años y su aspecto.
No la molesto más.
Bueno, tenga en cuenta otra cosa.
Que aquí en este barrio todas las casas son parecidas
por dentro y por fuera.
Si yo pudiera hacer algo por usted...
Me hicieron creer que mi hermano,
un músico,
vivía en esta casa...
o en este barrio...
Preguntaré.
¿Dónde vive usted?
En el hotel Monte Casino.
Perdone, tengo que irme.
Espero verle pronto.
Hasta la vista.
Perdone.
Le están esperando, señor.
¿A mí? ¿Quién?
Un caballero.
Debe estar en el salón.
¿Quería verme?
Usted es Rafael Gandía, ¿no es así?
Sí, yo soy.
Me llamo Jorge Arencibia.
Y tengo un local de espectáculos.
Hice que le llamaron durante todo el día.
Al no dar con usted, me decidí a venir personalmente.
No entiendo nada.
¿Cómo me localizó?
¿Cómo puedo saber que yo busco...
No, no es preciso que entienda, compañero,
lo suyo es cantar, no entender.
Yo tengo mis espíes.
Le ofrezco un local y un buen sueldo.
He estado muchas horas buscando ese local y ese sueldo.
Si llego a saber que usted venía me hubiera sentado esperarle.
Hubiera venido.
¿Cuándo empiezo?
Mañana mismo. ¿Para qué esperar más?
Pero si no me ha oído.
No sabe cómo canto.
Me fío de los que le oyeron, compañero.
Tengo absoluta confianza en ellos.
¡Hasta mañana, Gandía!
Hasta mañana.
Cierro mis ojos
Para que tú no sientas ningún miedo,
Cierro mis ojos
Para escuchar tu voz diciendo amor
Para que digas
Hoy de verdad lo mucho que me quieres
Para que creas
Para que pienses que ni te escucho yo
Cierro mis ojos
Para que tú me quieras libremente
Para que tú me mires y no tiembles
Y puedas darme tu amor tal como es
Cierro mis ojos
Para que beses mis manos y mi frente
Para que corran tus dedos por mi piel
Yo no te veré, yo no te veré
Puedes hacer lo que quieras conmigo
No te miraré, no te miraré
Hasta que tú me lo pidas, amor
Eh, ¡oiga!
Ayer llegó la carta para el señor Gandía,
de España, como siempre.
¿Vinieron a recogerla?
Aún no. La señorita suele venir antes de mediodía.
Lo hará hoy o si no, mañana.
¿Quiere usted que le diga algo?
No, no.
Ah, le agradecería que no le dijera nada sobre mí.
Como usted quiera.
Perdona, Rafael.
¿Mi hermano esta aquí?
No.
¿Por qué todo esto?
¿Por qué tanta mentira?
¿Dónde está Miguel?
¿Por qué me has estado diciendo cosas que no eran?
¡Explícamelo todo!
¿Qué quieres que te dije?
¿Ha muerto mi hermano?
¿Muerto? ¿Pero quién te ha dicho eso?
¡Claro que no!
¿Dónde está entonces?
Ya te lo dije.
Haciendo una gira de conciertos.
Más mentiras no.
He estado leyendo los periódicos de Brasil y en ninguno pone nada.
¡Todo es falso!
Como lo de la casa,
¡como la música que escribe!
¿Se ha retirado de su profesión?
Si le ha pasado algo, ¡dímelo!
No lo repitas más.
No ha muerto, te lo juro.
Todo lo hice por tu bien.
Si he mentido, lo hice por ti.
¿Sabías que estaba en la ciudad?
Sí.
¿Y fuiste tú quien me buscó trabajo?
Sí, fui yo. También te oí cantar el primer día.
Me gustó estar presente en tu triunfo.
No hablemos de eso ahora.
¿Dónde está Miguel?
Hagamos un pacto.
Fijemos un plazo, una semana.
Hasta entonces te pido que no vuelvas a preguntarme nada más.
Ni siquiera hablarme de Miguel.
Al final de este plazo te prometo que lo verás.
Ten confianza en mí.
Pero... dime al menos cómo está mi hermano,
si es mentira lo que me han dicho.
Mírame.
No te estoy engañando.
Lo sé.
Ahora te creo.
Pero durante esta semana estarás conmigo.
Es la condición que yo pongo.
Ya que no puedo hacer otra cosa.
Estaremos juntos si tú lo quieres.
Solo es cuestión de unos días.
En el hospital me aseguraron que el hombre está fuera de peligro.
Yo no tuve culpa de nada.
Estaba borracho. Lo sabes muy bien.
Los dos estabais borrachos.
¡Déjalo! Ya pasó.
Es verdad.
Ya está arreglado lo de la fianza.
No tienes que preocuparte.
Quiero que saques a Rafael de la ciudad.
Que consigas de Arencibia 4 días de vacaciones.
Llévatelo lejos de aquí,
a cualquier parte.
Lo intentaré.
También yo pienso lo mismo.
Cuando salga de aquí hablaré con él.
Le aclararé todo.
¿Todo?
¿No se trata de ocultarle este asunto de ahora?
Se trata de que no puedes decirle cómo vives,
lo que has ido haciendo con tu vida.
Cómo has sido cayendo.
Me da miedo.
Él tiene una idea tan limpia, tan buena de ti.
Eres algo más que un ídolo.
Algo muy importante para él.
Quizá él comprenda las razones
que tú no has querido entender.
Me olvidaba. La carta de tus padres.
Tengo ganas de charlar con Rafael.
De decirle cuánto me han gustado sus canciones,
de sentarme frente a él,
y pasar días hablando.
Ya inventaré la manera de explicárselo.
Me siento la persona más feliz del mundo en este momento.
Solo quien está enamorado se siente así.
¿Lo estás tú?
Puede ser.
Y tú, ¿has estado enamorado alguna vez?
Sí.
Una sola vez.
De una muchacha a la que quería no querer.
¿Por qué?
Porque mentía con demasiada frecuencia.
Mala cosa.
Aunque quizá tuviera sus razones.
¿Cómo conseguiste escapar?
No he escapado todavía.
No pienso hacerlo.
¿Por cuánto tiempo serás capaz de aguantar?
Mucho.
Haría mal escapándome.
¿Seguro?
Sí, seguro.
Pienso que un día todo puede cambiar.
Y dejarlo no tiene sentido.
- ¿Tienes frío? - Un poco.
Andemos un rato y se me pasará.
Esto es la tierra de los araucanos.
La llaman Bariloche.
¿Qué quiere decir?
Quiere decir "más allá de las montañas".
"Más allá de las montañas"
es un lugar único.
Me gusta estar aquí.
Contigo.
Tengo ganas de cantar.
Hazlo.
¿Por qué no cantas... esa canción de Miguel?
La que viene en uno de los discos.
Me la dedicó antes de marcharse.
Cuando yo era muy pequeño.
¡Cántala!
Mi hermano es diferente a mí
Mi hermano, sé que es mejor que yo
Es todo bondad, es todo dulzura
Sus ojos se nublan si me ve llorar
Mi hermano es diferente a mí
Que él quisiera seguir jugando como ayer
Con aquel caballo de cartón
Con aquel castillo de papel
Pero yo no sé ya jugar porque empecé a querer
Y el amor me roba su amistad
Este amor me apartará de él
Mi hermano da todo por mi bien
Mi hermano va siempre junto a mí
Y cuando la paz termina en mi vida
Él hace que ría y olvide mi mal
Mi hermano, mi hermano
Mi hermano, sé que es mejor que yo
Me ha llamada Arencibia desde la ciudad.
Su clientela me reclama.
Quiere renovarme el contrato.
Me ha propuesto hacer unas grabaciones
y una gira de conciertos por el país.
Eso significa el triunfo completo.
Bueno, me da igual.
Ni siquiera pienso en ello.
Estas deseando ver a Miguel.
¿No es así?
Sí. Estoy deseando verle.
¿Hay algo más?
Puede que sí.
Puede que me duela
tener que marcharme mañana.
La vida suele actuar así.
A menudo se olvida de algún pequeño detalle.
Contigo estoy viendo un paisaje que tenía olvidado.
Pertenecía al mundo de mi infancia.
Y ahora parece como si...
lo encontrara por primera vez.
¿Y qué has hecho desde entonces?
¿Qué he hecho?
Es muy largo de contar.
¿Cómo eres de verdad?
Una mujer a la que...
le gusta reír y sentirse ella misma y que alguien...
note que se ha cortado el pelo,
y que le regalen unas flores de vez en cuando.
Puede que por eso me guste estar contigo.
Blanca, ¿sabes lo que está ocurriendo?
Calla.
Te espero en el parque a las diez donde paseamos cuando te conocí.
En el parque a las diez.
Adiós.
Hoy para mí es un día especial
Hoy saldré por la noche
Podré vivir lo que el mundo nos da
Cuando el sol ya se esconde
Podré cantar una dulce canción
A la luz de la luna
Y acariciar y besar a mi amor
Como no lo hice nunca
Que pasará, que misterio habrá
Puede ser mi gran noche
Y al despertar ya mi vida sabrá
Algo que no conoce
Caminaré abrazado a mi amor
Por las calles sin rumbo
Descubriré que el amor es mejor
Cuando todo está oscuro
Y sin hablar nuestros pasos irán
A buscar otra puerta
Que se abrirá como mi corazón
Cuando ella se acerca
Que pasará, que misterio habrá
Puede ser mi gran noche
Y al despertar ya mi vida sabrá
Algo que no conoce
Será, será esta noche ideal
Que ya nunca se olvida
Podré reír, y soñar y bailar
Disfrutando la vida
Olvidaré la tristeza y el mal
Y las penas del mundo
Y escucharé los violines cantar
En la noche sin rumbo
¿Qué piensas hacer?
No ir.
¿Por qué no le llamas?
Es tarde ya.
Además creo que es mejor hacerlo de esta manera.
Temo que no lo comprenda.
Él no sabe nada.
Tengo la sensación de que le he estado engañando
durante todos estos días que estuvimos fuera de la ciudad.
¿Cuándo piensas ver a Miguel?
Mañana.
No debo seguir una hora más con Rafael.
Ha hecho vivir en mí algo que creía muerto.
A su lado me he sentido halagada, querida.
Yo en cambio no puedo darle nada.
¿Tú sigues enamorada de Miguel?
No lo sé.
Solo sé que Rafael no se merece esto.
Y que Miguel no me necesita.
O lo que es peor, no puedo hacer nada por él.
Algunas veces he llegado a pensar que estaría mejor sin mí.
No te engañas, Blanca.
Miguel no podría vivir sin ti.
Te quiere tanto como tú a él.
Pero no ha sabido hacértelo ver.
Ojala no tarde en darse cuenta.
Entonces todo irá mejor.
¿Y Rafael?
Como no volviste a visitarme
he decidido a regresar a casa.
¿Qué sucedió?
¿Por qué no fuiste a verme?
¿No me das un beso?
Hace muchos días que no nos encontramos así, a solas.
Sin rejas de por medio.
Seamos sinceros, Miguel.
Ya no puedo hacer nada por ti.
Durante estos años he visto cómo te ibas hundiendo.
No te he servido de nada.
Con tu bebida
y tu música has tenido bastante.
Una música que he dejado de entender
y a la que en el fondo
aborrezco.
Estoy cansada.
No sirve de nada que me vaya o que me quede.
No te comprendo, Miguel.
No me comprendo ni yo misma.
Tú no tenías que evitar nada.
No tienes que esforzarte en nada.
Tu forma de ayudarme es estar así como estás, cerca de mí.
Mientras trabajo.
Y mientras bebes.
¡Y mientras bebo también!
Saber que si alargo la mano
puedo encontrarte ahí.
Que puedo sentir tu presencia
detrás mío,
como algo permanente.
Eso es muy poca cosa.
Me gustaría...
me gustaría sentirme necesaria de otra manera.
Esta vez cambiará todo, Blanca.
Los días que he pasado en la cárcel,
la llegada de Rafael,
ya verás.
Ya no te creo.
Todo seguirá igual.
Tú tienes la certeza de que estás escribiendo tu música.
Pero yo no.
Yo estoy muy sola y muy cansada.
¿Por qué has venido entonces?
No lo sé.
Porque es difícil perder la esperanza del todo
y pensar que estos años
han sido mentira.
Pero es igual.
¿Me quieres o no, Blanca?
No lo sé.
¿Quieres a otro tal vez?
Tampoco lo sé.
Solo sé que necesito pensar.
Y cuando se empieza pensar
quiero decir que se ha dejado de querer.
¡Quédate!
No.
Hasta mañana.
Iré a ver a Rafael ahora mismo.
No vayas hoy.
Deja que hable con él, que le explique...
le puedes hacer mucho daño, le puedes perder.
Sí,
tal vez sí.
Pero si no le hablo en seguida,
me parece que no solo le perderé a él,
sino a él y a ti.
A los dos juntos.
Dicen que somos dos locos de amor
Que vivimos de espaldas al mundo real
Pretendiendo lograr de la gente un favor
Que nos dejen querernos en paz
Tienen envidia de vernos así
Abrazados y alegres cruzar la ciudad
Y quisieran cortar este amor de raíz
Que ellos nunca pudieron lograr
Yo sin tus labios me muero de sed
Sin los míos también tú no puedes estar
Nos queremos los dos qué le vamos a hacer
Si la vida nos quiso juntar
Tengo mis ojos tan llenos de ti
Que en mi cuerpo, cariño, no queda un rincón
Donde no mandes tú que este amor que te di
Es el pulso de mi corazón
Sólo en tus brazos me siento feliz
Y me duermo despierto con dulce quietud
Escuchando a compás sonreír junto a mí
El aliento de tu juventud
¿Qué dices a mi canción?
Gracias.
¿Nada más?
Nada más.
- ¿Por qué no fuiste al parque? - ¿No lo has entendido?
Es muy difícil de explicar.
En estos últimos días
he llegado a pensar que
no quería a nadie.
Otras veces, que te quería a ti.
He llegado a no saber lo que pensaba.
Por eso no fui al parque.
Por eso no puedo decir más que "gracias" a tu canción.
A tu canción.
Los días que hemos pasado juntos han sido los más felices de mi vida.
Para ti también.
¿No es verdad?
Ya no sé lo que es verdad.
Para mí la única verdad es que
te quiero.
Eso es lo que me más importa en este momento.
Hemos ido demasiado lejos.
Y ha sido un juego muy duro para mí.
Debo haber estado muy mal.
¡No me digas que ha sido un juego!
Me refiero a otra cosa.
Escúchame,
hasta que no me digas que no quieras saber nada de mí,
que nunca más vas a mirarme como lo haces ahora
no te dejaré marchar.
Una palabra tuya,
solo una palabra,
y yo me iré.
Pero mientras haya una esperanza,
estaré a tu lado.
Y nadie podrá impedirlo.
Déjame marchar.
¡No te dejaré!
¡No pienso hacerlo!
Lucharé hasta el final para tenerte conmigo.
Perdóname.
Dime qué tengo que perdonarte.
¡Todo!
Los proyectos sin realizar, mi marcha, ¡todo!
¿Pero por qué huir de mí sin una explicación?
Si no estás segura
yo esperaría para compartir contigo los días que nos quedan por vivir.
Y hacer que tú me quisieras de alguna manera.
¿Qué ibas a hacer?
¿Qué iba a hacer?
Iría a buscarte muy temprano
para que los días se alargaran.
- ¿Qué más? - Te diría todas las mañanas
"Buenos días, Blanca...
ya estoy aquí."
Eso sería bastante.
Cuando quien nos quiere nos dice "buenos días", ya es bastante.
Entonces.
Rafael,
tu hermano...
vendrá esta noche para decirte todo lo que yo no he podido explicarte.
Mi hermano...
¿Pero qué tiene que ver mi hermano en todo esto?
Déjame marchar.
Miguel...
Dijiste que ibas a ir esta noche.
Va a ser muy duro para el muchacho, no sé si voy a hacerlo.
No sabes si podrás moverte, que es distinto.
Ni siquiera has esperado mañana para emborracharte.
Yo no estoy borracho.
Sé que estoy hablando al hombre que más quiero en este mundo.
Y sin embargo se acabó, Miguel.
Vengo a decirte que estoy cansada.
Harta de ir tras de ti.
¿Estás hablando en serio?
Nunca hablé más en serio.
He intentado ser feliz.
Cerrar los ojos y ser feliz.
Ya no lo intento más.
No puedo vivir contigo así.
De otra manera
por lo menos estaré tranquila.
No me llames ni me busques.
Déjame siquiera un poco de paz.
No podrás olvidar.
Lo sé, ¡pero no soporto un minuto más esta vida!
¡Blanca!
Explícale tu misma al muchacho.
Dile que mañana iré a verle.
No sé lo que voy a decirle,
ni por dónde empezar.
Pero iré.
No imaginaba que me iba a ser tan difícil.
Explícaselo.
No lo haré, Miguel.
No pienso hacer nada más por ti.
¡Miguel!
Tengo que trabajar, no te vayas.
¿Trabajar?
Sí, tocar el piano es mi trabajo.
¡Toca hasta que se te caigan las manos!
¡Y luego tu puedes morir!
¡Blanca!
No te vayas, tenemos que hablar,
escucha un momento,
No queda nada que decir.
Quédate.
Toca hoy para mí.
Lo que quiera, abuelo.
Sírveme lo de siempre, Manuel.
¡En seguida!
Hay un tango derramado
que es viejo como mi corazón
sangra siempre al escucharlo
pero a ti que más te da
Si no sé con quién te encuentras
ni si algún día podrás oírlo
hay un tango derramado
de los viejos tiempos grises
que en la noche...
...soñar contigo.
Hola, muchacho.
¿Cómo están los viejos?
Echándote de menos.
Esperando verte aparecer y
aprendiéndose tus cartas de memoria.
Es lo único que les ayuda vivir.
No esperabas encontrarme en este infierno, verdad?
Quería encontrarte.
No importa lugar.
Yo también quería verte.
- ¿Seguro, Miguel? - Seguro.
Todo lo que ha pasado
me ha dolido a mí más que ti.
Pero ya hablaremos, Rafael, ya te contaré todo.
Sí, pero, luego.
Tú y yo,
solos.
Ahora sigue tocando.
Tocando eres el mismo de siempre, Miguel.
Rafael, tu cantas lo que quieres cantar,
pero yo llegué a hacer no lo que quería,
sino lo que les gustaba,
lo que me pagaban.
Era el pianista de moda y adornaba cualquier casa elegante en una fiesta.
Pero ya no.
Me cansé y me he negado.
La música que yo hago ahora a nadie interesa.
Pero es la música que siento.
Que tengo que hacer.
Pensé que era mejor ocultártelo.
No querías defraudarme.
Creías que ya nunca te podría entender.
Que iba a juzgar tu fracaso por...
el sitio donde vives,
o por tu aspecto.
Así es.
Los primeros años fueron de novela rosa.
Y quise que los siguieran siendo para ti y para nuestros padres.
El fracaso no se puede juzgar con ojos ajenos.
Es uno mismo quien dice "sí"
o "no" al fracaso.
¿Dónde has aprendido todo eso?
Puede ser que lo haya aprendido estos últimos días.
O esta última noche.
Y tú, Miguel,
¿qué va a ser de ti?
¿Por qué me lo dices?
El camino que has elegido es largo y difícil de andar.
No era ni tan largo
ni tan difícil hasta ahora.
¿Por qué?
Había una mujer.
Antes tenía a Blanca.
Una mujer distinta por su dinero,
su ambiente,
pero me quería.
Y eso era todo para mí.
¿Y ya no te quiere?
Creo que no.
Creo que la he perdido.
Y me duele.
Me duele como no pensé que me doliera...
cosa alguna.
No, Miguel.
Te equivocas.
Blanca te quiere.
Pero necesita que la mires,
que repares en ella,
que la hables como se habla a una persona a la que se quiere.
Hace apenas unas horas
estamos tratando de conocernos
y sin embargo sabes más de mí que yo mismo.
Si te importa más de lo que ella cree
es necesario que lo sepa.
¿Qué puedo decirle?
Simplemente
"Buenos días, Blanca.
Ya estoy aquí."
Ella comprenderá.
¿Comprenderá?
Estoy seguro.
¿Qué vas a hacer tú?
¿Yo?
Bueno, yo también puedo pasar por un mal momento, pero...
todo se queda atrás.
Cantaré.
No sé hacer otra cosa.
Es mi profesión.
Y buscaré a alguien por quien hacerlo.
Rafael.
Te he hecho mucho daño.
No, no.
Tú no.
Nadie.
Yo mismo tal vez.
Pero vete que te está esperando.
Gracias, hermano.
Y recuerda:
"Buenos días, Blanca. Ya estoy aquí."
Yo tengo por misión cantar
Y dejo en mi canción volar
Y va mi corazón feliz
Al margen de la vida
Yo gozo con hacer el bien
Y siempre sin mirar a quién
Pues donde vi un pesar
Mi voz logró la paz llevar
Tal vez al final llegue a recoger
Del mundo traiciones
Mas yo sin dudar siempre seguiré
Sembrando canciones
He visto por amor vivir
Dos seres y después reñir
Y luego cuando les canté
Llorando se buscaron
Me gusta ser así, no sé
Tal vez un día cambiaré
Os puedo asegurar
Que no hay razón para cambiar
A mí por quitar penas al amor
Mil gracias me han dado
Con ver sonreír a mí alrededor
Me siento pagado
Y así, tan feliz, voy con mi canción
Por tierras y mares
Me iré cuando ya en mi corazón
No queden cantares, no queden cantares
Cantares en mi corazón
Transcripción y sincronización Olga Schischatskaya y Héctor Lahoz
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