All language subtitles for La.Douleur.2018.FRENCH.1080p.WEB.H264-PREUMS.ESP

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Original subtitles

He encontrado este diario en dos cuadernos

que estaban en unos armarios azules de Neauphle-le-Ch�teau.

No recuerdo haberlo escrito.

S� que lo hice.

Que fui yo quien lo escribi�.

Reconozco mi letra y los detalles de lo que explico.

Recuerdo el lugar.

La estaci�n de Orsay.

Los trayectos.

Pero no me veo escribiendo el diario.

Me he encontrado con unas p�ginas llenas de forma regular

con una letra extraordinariamente regular y tranquila.

Me he encontrado con un desorden fenomenal,

tanto del pensamiento como de los sentimientos,

que no me he atrevido a tocar...

y sobre el que siento verg�enza de su calidad literaria.

Lo que es seguro...

evidente...

es que no concibo haber escrito ese texto mientras esperaba a Robert.

ABRIL 1945

�No ser�a extraordinario que volviese?

Podr�a volver directamente,

simplemente,

contra toda expectativa.

Al margen de las expectativas.

De todos modos, �l s� que volver�a.

No habr�a una notificaci�n previa.

Llamar�a al timbre.

��Qui�n es?� �Soy yo�.

Hay muchas otras cosas que suceden as�.

�Oh, Robert!

�Lo sab�a!

Sab�a que volver�as.

Est�s guapo.

�Quieres comer... o beber algo?

Un vaso de agua.

Tengo caf�. Del de verdad.

�Quieres?

Venga. Haga un esfuerzo.

Es terrible, ya lo s�.

Pero no puede rendirse.

No me rindo.

No me rindo.

Es otra cosa.

Otra cosa... Vale.

Prefiero estar sola esta noche.

-Me las arreglar�. -Como quiera.

Bueno, no olvide que estoy para lo que quiera.

Durante mucho tiempo... Durante mucho tiempo lo he intentado.

El mundo estaba en guerra.

A�n pensaba que corr�a hacia ti, que segu�a tu rastro.

JUNIO 1944

Y que quiz� me reunir�a contigo.

Antes cre�a que ser�a posible.

Su carn�, por favor.

Se�ora Suzanne Bulatzs.

Jeanne Bellay.

Se�ora Jeanne Mathussier.

S�game, por favor.

Venga, por favor.

�A�n est� esperando?

S�, me ha caducado el permiso. No s� qu� hacer.

Tengo que ver a un tal Herman... por el paquete.

Detuvieron a mi marido el martes.

No llevaba nada, no tiene qu� ponerse.

�Ah, es el caso Dupin!

Me he encargado yo mismo.

-Usted es la mujer de Antelme. -S�, soy yo.

Estoy nerviosa por... �Sabe qu� hay que hacer con los paquetes?

-No s�, yo... -�Es usted la escritora?

�C�mo lo sabe?

Su libro estaba encima de la mesa, al lado del plano.

El famoso plano de las instalaciones de carburante alemanas.

Espere aqu�, ahora vengo.

�Se�ora Antelme!

Se�ora Antelme.

Le hab�a pedido que me esperara.

Ver� que puedo hacer con su paquete.

Gracias.

Buenos d�as, Marguerite. �Qu� tal?

-Hola, Suzanne. -Marguerite...

-�Tienes noticias de Robert? -No, a�n no. Espero tenerlas hoy.

Hasta luego.

�Qu� tal?

No ha dormido en su casa.

Esos tres manuscritos son para usted.

�S�?

-Te llaman por tel�fono. -�De parte de qui�n?

No lo s�... Un hombre.

-�Te lo paso? -S�, p�samelo all�.

�S�? �Diga?

S�, soy yo.

�Y c�mo sabe que yo...?

�C�mo que lo han trasladado?

�A d�nde lo han trasladado?

�Y qui�n es el inspector de los interrogatorios?

�Y c�mo sabe usted eso?

Muy bien, s�. �D�nde?

Bueno, entonces... �ahora?

Hola.

Por favor, si�ntese.

-Camarero. -D�game.

-Una botella de C�tes. -Enseguida, se�or.

Est� p�lida. �Est� comiendo, al menos?

Camarero, p�ngale a la se�ora un plato de embutidos.

S�, claro.

Le he tra�do algo. Tome.

Gracias.

Me honra much�simo estar sentado en la misma mesa que una escritora.

Aunque sea una mujer. �Con una intelectual!

Debo confesarle una cosa.

Un secreto que ninguno de mis colegas conoce, ni siquiera mi mujer.

Mi pasi�n, que espero desarrollar cuando gane Alemania, son los libros.

Los libros bellos. Una librer�a de libros de arte.

Eso es lo que pienso hacer.

Ya tengo el local.

-Tenemos mantequilla, por si le interesa. -S�, muy bien.

�Y mi marido?

Ah, perd�n, s�, claro. Tengo buenas noticias.

Est� en Fresnes. Lo han interrogado, pero no lo han torturado, se lo aseguro.

�Y sabe qu� tal est�?

Pues no lo s�, supongo que estar� bien.

-�Qu� le hace suponerlo? -Me he encargado de que as� sea.

�Que ha hecho qu�?

He hecho... He... He tenido que hacer...

A ver, es como el billar. A varias bandas.

Por suerte, tengo amigos que me aprecian.

Los dem�s me temen, as� que eso me permite maniobrar...

He hecho que a Robert no lo metan a hacer trabajos forzados.

As� tendr� un trato m�s favorable.

Vaya, �esa es su reacci�n?

Pensaba que le gustar�a la noticia.

Pensaba que me dir�a que lo hab�an fusilado porque hay muchos prisioneros.

Gracias.

�No quiere comer? Venga, coma un poco.

�Coma! Se lo ruego...

No me gusta verla as�.

Aunque lo cierto es que la tristeza le sienta bien.

Tengo que irme.

�Ya? �Si ni siquiera ha tocado el plato!

Ma�ana sabr� m�s.

-No s� c�mo agradec�rselo. -No, tranquila.

Nos vemos ma�ana, �de acuerdo?

No se preocupe, todo ir� bien.

Hola, Th�r�se.

-Hola, Marguerite. -Beauchamp...

-�Tiene noticias de Robert? -No, a�n no.

-Ha venido Jean. -Hola, Jean.

-�C�mo se encuentra? -�Y usted?

�Va tirando? Hay que hacerlo, �no?

Robert es fuerte. Va a resistir.

�Debo recordarle que no es un cualquiera?

Si al menos supi�semos lo que planean hacer con los prisioneros...

Con los avances de los Aliados, �qu� van a hacer?

�No cree que los fusilar�n? A m� me parece lo m�s l�gico, �no?

Seg�n nuestra informaci�n, eso no entra en sus planes.

Una ejecuci�n de ese tipo no se improvisa as�.

Se requiere un m�nimo de preparaci�n.

Yo me habr�a enterado necesariamente.

-Marguerite, �c�mo est�s? -Hola.

-�Tiene noticias? -No, de momento no.

Desde la detenci�n de Robert, la red es m�s fr�gil,

as� que intentar�n infiltrarse.

Esta es la �ltima vez que nos reuniremos aqu�.

Por lo visto, en Tulle ha habido una verdadera masacre.

-�En Tulle? -S�. Disparan sin distinci�n...

-A mujeres, ni�os y ancianos... -Masacre se queda corto.

En la Creuse ha sido igual, y en Argenton tomaron como reh�n al pueblo entero.

Desde el desembarco, ya atacan por todos lados.

Se prev� una evacuaci�n...

Yo he o�do que en Chateauroux cruzaron el centro del pueblo

dispar�ndole a los peatones.

He hablado con el polic�a que detuvo a Robert.

-�De qu�? -�Perd�n?

�C�mo?

-He hablado con el que detuvo a Robert. -�El cabr�n de la Gestapo?

-He hablado con �l. -�Por qu� lo has hecho?

Me ha dicho que podr�a darme noticias de Robert.

-�Por qu� has hablado con �l? -Tiene un despacho en la calle Saussaies.

-Creo que es importante. -No, es una trampa.

-Es peligroso. -No deber�as contactar m�s con �l.

�Por qu� no me hab�a dicho nada? Es incre�ble...

As� podr�an vigilar el piso y aparecer en cualquier momento.

-�T� crees? -Ha sido una estupidez.

Eso podr�a traernos muchos problemas.

-�Por qu� lo has hecho? -Es una locura.

Piensa que no me entero de nada. Me toma por una escritora.

Yo pienso como Dionys, es demasiado peligroso.

En la mayor�a de redes que se acaban de reconstituir se est�n infiltrando.

�Tiene raz�n!

-Hoy nos veremos de nuevo. -�Veros de nuevo para qu�?

Creo que le gusto.

Est� buscando informaci�n. La est� utilizando.

No consigue que hable Robert y la usa a usted.

-Nos est� poniendo en peligro. -Deje de contactar con �l totalmente.

Debe pasar m�s desapercibida.

Yo creo que se trata de una oportunidad excelente.

Debemos utilizar a ese polic�a.

Es la �nica persona que nos conecta con nuestros camaradas detenidos.

Est� claro que tiene mucho poder.

Es la mejor noticia que tenemos en tres meses.

Tengo miedo por ti, �lo entiendes?

-No me crees capaz de hacer nada. -No digas tonter�as.

Prom�teme que vas a tener cuidado.

-�Qu� tal? -Muy bien.

Mant�n los ojos abiertos. Aseg�rate de que no te sigan.

Av�sale a la portera cuando te vayas

y dile la direcci�n del sitio al que vayas.

No digas nada m�s. Ning�n nombre ni direcci�n.

No te inventes nada.

Intenta mentir lo menos posible.

No bajes la guardia. Incluso cuando te hable de Robert.

�Terrorista!

�Vendido!

�Ahora no estar�s tan orgulloso de haber traicionado a tu patria!

�A ver si as� te hundes en la miseria!

�Ya no estar�s tan orgulloso!

Esto me parece incre�ble.

�Ya veremos c�mo te comportas en el pat�bulo!

Otro m�s al que han denunciado.

Venga conmigo, quiero ense�arle una cosa.

-�Cabr�n! -Vamos.

�Ya ver�s la que te espera!

No se imagina la cantidad de traidores que genera un movimiento de resistencia.

Ya lo sab�a, �no?

No s�. Me imagino que s�.

Su marido no cay� por s� solo, ya lo supondr�.

Lo vendi� un miembro de su propia red.

Habl� bajo amenaza de deportaci�n, fue f�cil.

�Quiere saber su nombre quiz�?

En el fondo importa poco.

�No quiere saber la identidad de quien vendi� a su marido?

�Qu� cambiar�a eso?

Debo prestar atenci�n.

Ah, mire, ah� est� la calle Dupin.

Ya veo lo que intenta hacer.

�Conoce la calle Dupin?

�En qu� n�mero lo detuvo?

Ah, no, �en serio que nunca... ha venido aqu�?

�No conoce este edificio?

-�No lo conoce? -�Qu� espera que le diga?

Ya le he dicho que yo no sab�a nada.

Todo comenz� ah�. Su libro sobre la mesa,

entienda que... r�pidamente todo encajaba.

As� que...

�Qu� me quiere decir?

�No se hace a la idea?

�Intenta meterme miedo? Lo ha conseguido.

Es el teatro que debe hacer con las mujeres.

Una vez hecho, le deben la vida. Algo t�pico de la calle Saussaies.

A ver, mi querida Marguerite.

Tampoco tiene que d�rselas de sabelotodo, �eh?

Venga, nos vemos ma�ana.

�De acuerdo? A�n tenemos muchas cosas que compartir usted y yo.

Con el miedo, la sangre no llega a la cabeza.

Ya no oigo con claridad.

La sordera es relativa.

El ruido de la calle se distorsiona.

Se parece al rumor uniforme del mar.

Camino sobre la calzada, no hay coches.

El mecanismo de la vista se altera.

Ya no distingo nada...

pero sigo caminando.

Paso de la calzada a la acera.

Y luego vuelvo a la calzada.

Camino. Mis pies caminan.

Veo los grandes edificios del cruce de S�vres tambalearse en el cielo.

Y las aceras se hunden. Se oscurecen.

Ya no distingo nada, pero sigo caminando.

Camino. Mis pies caminan.

Paso de la calzada a la acera.

Y luego vuelvo a la calzada.

Me parece sentir cierto remordimiento por no haber conseguido morir en vida.

No s� qu� hacer con la libertad.

Tengo miedo de que me maten.

Tengo verg�enza de vivir.

Y me digo a m� misma que si no muero, volver� a verte.

Que tengo que estar viva para volver a verte.

No s� si conseguir� hacerte llegar estas palabras.

Y, sin embargo, estamos muy cerca.

T� est�s ah�, detr�s de esos muros.

Solo necesitar�a una hora para estar contigo.

A partir de ahora, lo anotar� todo.

Lo sabr�s todo cuando regreses.

�S�?

S�, he llegado bien a casa.

Muy bien, ma�ana.

A las doce y diez.

�D�nde?

Muy bien.

Hasta ma�ana.

Rabier me llama todos los d�as.

Siempre me propone citas en el �ltimo momento,

siempre a horas inesperadas.

Por ejemplo, a las seis menos veinte, a las cuatro y diez...

Las citas son siempre en sitios abiertos.

En sitios con varias salidas.

En cafeter�as en esquinas, en cruces de calles...

ALEMANIA VENCE EN TODOS LOS FRENTES

Los barrios preferidos son el sexto distrito, la Asamblea,

Rep�blica, Duroc, el Palacio Real...

Rabier siempre llega bastante antes de la hora convenida

y espera lejos del lugar de la cita.

Cuando es en la calle, �l se encuentra a�n m�s lejos del lugar indicado.

Cuando es en una cafeter�a, �l se encuentra en la otra acera,

pero no delante de la cafeter�a,

sino siempre desde donde ve mejor a quien est� esperando.

A menudo, cuando llego, no lo veo.

Aparece detr�s de m�.

Restaurante: la puerta cerrada.

Los amigos llaman a la puerta, la mantequilla en las mesas,

la nata fresca desborda de todos los platos,

las carnes chorreantes, el vino...

-Yo no tengo hambre. -Est� all�.

No tengo hambre. �l est� desesperado.

Cada vez que voy a ver a Rabier,

hago como si me fuera a matar.

Hago como si �l lo supiese todo sobre mis actividades.

Cada vez igual, cada d�a.

Mis camaradas quiz� tengan raz�n.

Puede que este colaborador intente infiltrarse en la red a trav�s de m�.

Me est� utilizando. Igual que yo creo que lo estoy utilizando a �l.

Me da regularmente pruebas, garant�as.

Me permite enviar algunas cartas,

me informa de algunas decisiones alemanas en cuanto a los prisioneros,

de las condiciones de su arresto.

�Y qu� dice sobre Robert?

Me ha dicho que no est� enfermo. Que no lo han torturado.

Estoy segura de que dice la verdad.

Necesita esa verdad para tenerme en sus manos.

No s�...

Quiero creerlo.

Estoy a merced de �l y cada d�a corro hacia �l.

Porque cada d�a me acerca a Robert.

Nuestras fuerzas van a realizar todo tipo de misiones

para favorecer el avance de los Aliados,

lo que supone para nosotros una alegr�a.

Que vosotros, compatriotas y amigos lejanos,

pod�is imaginar ver una parte de Francia liberada

con la participaci�n activa de las fuerzas organizadas clandestinamente

sobre nuestro territorio.

A la hora exacta en la que os hablo, mi regi�n ya no es la �nica que lucha

y recibe la felicitaci�n del comando Aliado.

En el sur, decenas de miles de soldados de las fuerzas francesas interiores,

con el apoyo de la poblaci�n, luchan contra los alemanes,

y ellos tambi�n, al igual que nuestros camaradas,

han recibido la felicitaci�n del comando Aliado.

En el centro de Francia,

las ciudades son liberadas por nuestras propias fuerzas.

En el sur de Par�s, miles de patriotas atacan al enemigo de frente.

En el este, en el sudoeste,

se han producido combates contra el enemigo.

Acabo de saber hace un momento que las fuerzas de mi regi�n, Aisne,

han desbordado los l�mites de su sector,

y que cerca de diez mil de nuestros hombres luchan al sur del Loira.

Estas son, amigos lejanos,

las buenas noticias que os hacemos llegar desde la patria.

Francia se alza.

Marguerite, si�ntese, por favor.

�No le molesta que nos vean aqu� juntos? �Entre los suyos?

He acabado su libro. Es extraordinario.

De verdad.

Ya sabe que no he venido a hablar de literatura.

He venido a hablar de mi marido.

�Conoce a este hombre?

Este... Este de aqu�.

-No, no s� qui�n es. -Piense un poco.

-�Qui�n es? -Morland. �No le suena?

No, nunca le he visto.

No puedo ayudarle, no lo conozco.

Ya le he dicho que yo no me ocupaba de las cosas de mi marido.

Si me ayuda a encontrarlo, har� que no deporten a Robert.

�C�mo que deportarlo?

�C�mo, a d�nde?

�Por qu� no me dice nada?

Mire las fotos, usted conoce a este hombre, ya lo ha visto seguro, mire.

M�relas, por favor.

Si me ayuda, le aseguro que Robert se quedar� en Fresnes.

Se lo prometo.

�No le suena?

Aunque lo conociese, no le dir�a nada.

Ser�a inaceptable por mi parte darle esa informaci�n.

Fran�ois Morland es el jefe de la red a la que pertenec�a su marido.

Es un hombre que vale 250.000 francos.

Bueno, eso no es muy importante. El dinero no me interesa.

Si piensa que podr�a denunciarlo, �qu� clase de mujer cree que soy?

Ah, �tan importante es lo que yo piense de usted?

Pero aunque lo conociese, no se lo dir�a.

-�No lo conoce? -No.

El caso es que no lo conozco.

Nunca lo he visto y nunca ha ido a mi casa.

Oiga, se lo suplico.

Se lo suplico, si puede hacer algo, h�galo.

Se lo suplico. �Le gusta que le suplique?

Conozco a un oficial. Trabaja en Fresnes.

Es quien se encarga del transporte.

-�l le dir� el convoy. -�Un convoy a d�nde?

Esto es todo un farol.

S� que no puede hacer nada y es todo un farol.

Le voy a dar un permiso.

Con esto podr� pasar.

Tenga, c�jalo. Es todo cuanto puedo hacer.

Debo ver al se�or Weber, tengo una recomendaci�n.

�Puedo ver el bolso, por favor?

-Pase. -Gracias.

-�Ah� sale alguien! -�Es una se�ora!

Se�ora, por favor.

-�Por qu� no podemos pasar? -�A d�nde los llevan?

-�No sabemos nada! -Tenemos derecho a saber lo que pasa.

-�Ha habido ejecuciones? -No ha habido ejecuciones.

No nos han dicho nada.

�Y qu� est�n haciendo con los presos pol�ticos?

�A d�nde se los llevan?

No lo s�, los transportar�n a partir de esta noche.

�Se los llevan a Alemania? D�game.

�Se los llevan a Alemania?

Tengan paciencia, se lo dir�n. Preg�ntenles a ellos.

�Marguerite! �Marguerite!

-�Robert! -�A Compi�gne!

�A Compi�gne!

Se lo han llevado en cami�n.

A Compi�gne.

Van a deportarle.

No tiene que hacerlo.

Ya no lo necesito.

�Est� segura?

S�, soy yo.

Quisiera verle.

Ma�ana me va bien. S�, me va muy bien.

S�, s� d�nde es.

Muy bien. Entendido.

All� estar�.

El Saint-Georges.

Ma�ana al mediod�a.

Est� al lado de la calle Caulaincourt.

Iremos muy justos para organizarnos.

A mediod�a, es factible.

Debemos darnos prisa. Antes de que ese cabr�n se vaya de Par�s.

Quiero que hable. Quiero saber qui�n vendi� a Robert.

Quiero que pague.

-Buenos d�as, se�or Rabier. -Hola.

-Si�ntese. -Gracias.

-�Se�or Rabier! -A su salud, se�or Rabier.

Muchas gracias. Que les aproveche.

Gracias. �Amigo!

-Se�or Rabier. -�Todo bien?

-Buenos d�as, se�or. -Buenos d�as.

Es diferente al Flore, �eh?

Por lo visto, ya no quiere hablar de literatura.

Ah, s�, s�, al contrario.

Mi librer�a empieza a tomar forma.

�Usted no lee el peri�dico? �No ve que todo est� a punto de cambiar?

Todo el mundo sabe que Montgomery llegar� a Par�s en unas semanas.

Pero Alemania a�n no ha dicho la �ltima palabra.

Disculpe, pero... esta noche... nos han hecho una visita.

Han llamado y golpeado la puerta...

En fin, el jaleo despert� a todo el edificio.

No respondimos ni preguntamos qui�n era.

Habr�n denunciado a las fuerzas francesas del interior, seguramente.

Por suerte, nuestra puerta est� blindada.

Les dejamos que hagan eso y... �y ustedes no hacen nada?

Nos ocuparemos de ello, se�ora. Eso se arreglar� r�pido, se lo aseguro.

Llegaremos hasta el final.

Ella... tiene miedo.

Y es l�gico que lo tenga.

�Qu� tal si pedimos vino?

S�, �por qu� no?

-�Camarero! -�S�?

Una botella de Pouilly. Gracias.

-�Y su puerta? -�Mi puerta?

�Est� blindada?

-Yo no tengo miedo. -Aqu� tiene, se�ora.

No tengo nada que reprocharme. Hice una elecci�n y la asumo.

Se�ora...

-Se�or. -Gracias.

Voy a contarle una historia.

Un d�a ten�a que detener a unos jud�os.

Llegamos al apartamento y no hab�a nadie.

En el comedor, sobre la mesa, hab�a un dibujo hecho por un ni�o.

Yo me fui sin esperar por la gente.

Perdon� a esa familia.

Y no ha sido la �nica.

Lo que quiero decir es que...

la habr�a avisado...

en caso de que... fu�semos a detenerla a usted.

El ni�o jud�o y yo le debemos la vida.

�Est� preparando su defensa?

-El vino lo cambia todo. -Me est� juzgando.

-Ahora soy yo su polic�a. -Usted no sabe nada de m�.

Su libro�

-Perm�tame... -Ya tiene menos importancia,

ya no es nadie.

No es m�s que un agente de la polic�a alemana.

�El d�a parec�a estar cayendo sobre ella como el mar sobre unas ruinas...�

Ahora soy su polic�a.

Observo su camisa nueva, su corbata,

a juego con su traje marr�n, con un tono beige algo dorado.

Qu� l�stima que una camisa nueva como esa la lleve un condenado a muerte.

Es magn�fico. Me ha cautivado.

Parece que haya sido escrito para m�.

El miedo me ha abandonado.

-Disculpe, �dec�a algo? -Me mira.

Me hace beber.

Mi destino siempre ha estado en sus manos.

�Y si era yo la que ten�a el destino en sus manos?

El miedo me ha abandonado. Ahora son ellos los que tienen miedo.

�Quieres ir a bailar quiz�s? �No?

Toda esta gente.

Todos ellos estar�n amenazados de muerte los pr�ximos d�as,

las pr�ximas semanas.

Ya lo saben.

Ya no puede ser de otro modo.

Pronto se hundir�n todos.

Yo soy de un pa�s diferente al suyo. Yo soy de Francia.

Todo ser� m�s sencillo.

Todo es sencillo.

-Yo estoy en otro lugar. -Bienvenido, caballero.

Buenos d�as, se�ora.

-�Podemos coger esta mesa? -S�, claro.

El vino. El miedo.

Dionys, justo al lado.

Robert, si vieses esto, te reir�as.

Oigo tu risa.

Puedo o�rla.

Por fin se ha acabado.

Por fin se ha acabado.

Alemania ha perdido.

Alemania ha perdido, lo sabe todo el mundo.

Es terrible lo que dice, pero no importa.

Verla contenta me alegra.

Disculpe, pero �qu� est� diciendo esa se�ora?

Detuvimos a su marido.

-Ah... Es eso. -Es eso.

Una vez me contaron una cosa sobre el miedo.

Bajo las r�fagas de metralleta, la piel nota su existencia en su cuerpo.

Un sexto sentido que se materializa.

�Est� hablando de m� al decir eso? �O est� pensando en su marido?

No, ahora no estaba pensando en �l.

Disculpe.

Ya no siento nada.

Mi piel... Mi cuerpo...

El miedo me ha abandonado.

S�queme a bailar.

Por favor, se�oras y se�ores, no tengan miedo.

Ap�rtense de las ventanas, por favor, y evac�en la sala.

Encontrar�n un refugio a cincuenta metros a la derecha,

y para los que lo deseen, tenemos tambi�n la bodega.

Habr� m�sica y champ�n. La velada contin�a, se�ores.

Todo va bien, se�oras y se�ores, no se preocupen.

Adi�s, se�or, buen d�a.

Adi�s, se�ora, se�or.

El refugio est� al fondo a cincuenta metros.

Marguerite, qu�dese conmigo.

Pero �qu� hace?

Yo no tengo miedo. El Imperio no caer�.

Conmigo no se arriesga a nada.

Qu�dese.

Quiero saber por qu� me ha llamado.

-Para verle. -�Para qu�?

-Para volver a hablarle de Robert. -Sabe que no es cierto.

Tenga un poco de valor y d�game la verdad.

Quiero saberlo.

�Por qu�?

�Lo ve?

Parece que ya llega.

El mundo por fin ser� libre.

Un amigo m�o tiene un estudio muy cerca de aqu�.

Qu�dese conmigo un poco m�s, por favor.

�Qu� quiere hacer? �Matarme o poseerme?

Usted me desprecia.

La gente como usted desprecia a la gente como yo.

No venimos del mismo mundo.

Si hace unos a�os nos hubi�semos cruzado, ni me habr�a mirado.

Si hubiese podido salvar a su marido...

Me ha mentido.

S� que nunca ha intentado salvar a mi marido.

Ahora s� que siempre lo he sabido.

Usted me ha dado la ilusi�n... de no estar separada de �l.

Eso es lo que me ha dado.

Marguerite, voy a perderla.

�l sab�a que era la �ltima vez. Lo sab�a.

Lo hab�a entendido todo desde el principio.

No hizo nada por detenernos, como si ya no tuviese importancia.

Me habr�a gustado que vieses esto.

Algo va a explotar, ya te lo contar�.

C�mo por todas partes el mundo se libera... te lo dir�.

El vuelco que ha dado todo.

Unos d�as m�s tarde, a las once de la noche,

comenz� la liberaci�n de Par�s.

Ocho noches y ocho d�as enteros.

Tambi�n Rabier, mientras hu�a, debi� o�r el alboroto prodigioso

de todas las campanas de las iglesias de Par�s,

y tambi�n debi� ver quiz�s a las masas de gente, fuera,

en los edificios y en las calles, con una felicidad inefable.

Par�s libre.

En un mundo en guerra ya preparado para el olvido.

El olvido de todo.

Escog� esperarle...

de esta manera.

Hasta morir.

Eso me importa.

Si va a Jap�n, se�ora, visite tambi�n el monte Mihara.

Pero vaya cantando la endecha de la poetisa Shiyu.

Mi peque�o pescador de lib�lulas,

te has ido hoy, pero �a d�nde?

Pero en Jap�n tambi�n hay edificios inmensos de granito blanco.

�Hay avenidas rectas por donde pasan taxis locos a toda velocidad!

Hay oficinas a las que inunda el sol,

en las que un cerebro ordena a los nav�os que zarpen por el mar...

La guerra no acababa de terminar...

Un tel�fono crepita, un reloj gigante da las horas.

A�n carec�amos del conocimiento sobre lo que hab�a pasado realmente.

Es la vida trepidante.

Est�bamos en la primera �poca de la humanidad.

Virgen. Virginal.

Pero espera a que caiga la noche...

Por la noche, el hombre de las casas de cristal se hace con su kimono.

Le cubre desde el cuello hasta la punta de los pies,

el abigarrado kimono cubre a los japoneses como un plumaje.

Al acabar el invierno, fue anunciada la derrota alemana.

A�n faltaban largos meses de guerra, extendida por toda Europa.

Durante mucho tiempo no hab�amos recibido noticias.

No se mov�a nada.

Un manto de silencio sobre una Francia ocupada.

Ahora las noticias comienzan a llegar de todas partes,

extienden su realidad del mundo.

La nueva primavera lleg� con sus muertos,

sus supervivientes,

su dolor inconcebible reflejado en los campos alemanes.

Orsay. Los prisioneros parecen estupefactos.

Llegan directos de Bourget y de Alemania.

A veces responden,

pero con frecuencia no entienden muy bien lo que se les pide.

Sonr�en.

Se vuelven hacia las mujeres francesas, son las primeras que los ven.

Mucha gente que no espera a nadie tambi�n viene a la estaci�n de Orsay...

para ver el espect�culo.

La llegada de los presos de guerra,

as� como la manera como las mujeres los esperan, y todo lo dem�s.

Para ver c�mo sucede.

Es posible que esto no se produzca nunca m�s.

Tambi�n podr�as estar entre ellos.

Ser�a plausible que estuvieses en el pr�ximo tren, o en el de despu�s.

Estoy trabajando mal.

A�ado muchos nombres, pero el suyo no aparece.

Cada cinco minutos vuelven las ganas de terminar, de dejar el l�piz,

de no volver a preguntar si hay noticias,

de irme del centro para el resto de mi vida.

Ella me dijo: �No puede hacer eso, usted no es del Ministerio,

no tiene autorizaci�n para hacer eso�.

No tienen manera de informar a sus familias.

Nos encargamos nosotros. Publicamos la lista en �Los libros�.

�De d�nde salen esos funcionarios? Con sus trajes perfectos...

despu�s de seis a�os en el puesto.

Con su tono altivo, hiriente, condescendiente: �Sus papeles�,

�la mesa queda confiscada�,

�su sitio est� al final de la fila, con las familias�.

Los gaullistas que toman sus puestos son los que van a ocupar Francia.

Est�n reescribiendo la Historia.

Van a envenenar a Francia durante mucho tiempo.

De Gaulle ya no espera nada. Solo la paz.

Solo nosotras segu�amos esperando. La espera de toda la vida.

La de las mujeres de todos los tiempos.

De todos los lugares del mundo.

La de los hombres para volver de la guerra.

Por la noche voy al peri�dico. Entrego las listas.

Todas las noches le digo a Dionys: �Ma�ana no volver� a Orsay�.

Todos los prisioneros de guerra van a volver pronto.

Hasta el �ltimo.

Pero t� a�n no vuelves.

Tome.

Coma algo.

Coma.

No puede abandonar.

Tiene raz�n.

Al final vivir� hasta que acabe la guerra.

Debo tener cuidado.

�No ser�a extraordinario que volviese?

Hoy tiene un mont�n de cosas que hacer.

Le he tra�do el coridrano.

Despu�s d�chese, que empieza a oler.

�Se�ora Antelme!

Debe ir a ver a la se�ora Bordes, su hijo ha preguntado otra vez por usted.

No lo entiendo, ya se lo he dicho.

Su marido tiene previsto llegar en el 3A la semana que viene.

Deber�a ir a verla, no est� bien.

�Ah, no?

Est� aqu�, no quiere levantarse.

-Hola. -Hola.

-�C�mo te llamas? -Suzanne.

-�Mam�? -Hola, Suzanne.

-Hola. -�Mam�?

Ha venido la se�ora Antelme.

�Mam�?

�Se�ora Bordes?

Se�ora Bordes, soy Marguerite.

Voy a entrar.

Se�ora Bordes.

No se deje ir as�.

Venga, ya ha acabado.

Todo va a ir bien, ya se ha acabado. Venga.

Ya lo s�. Ya lo s�.

No se ponga as�. �Eh? No tiene por qu�.

El 3A a�n no ha llegado. Est�n de camino.

Ya me dijo eso hace ocho d�as.

No me lo invento. Lea el peri�dico.

Pero en el peri�dico no queda claro.

Usted dice que a�n no vienen, pero las calles est�n llenas.

Me est� mintiendo.

Ya sabe que liberaron el 3A hace dos d�as.

Esc�cheme, ahora mismo no es m�s razonable pensar

que su marido no volver� que lo contrario.

Es cuesti�n de d�as.

Solo cuesti�n de d�as.

-Cuesti�n de horas. -S�.

Claro.

Gracias, se�ora Antelme. Gracias.

Volver� otro d�a.

Deber�a hacer que paren los latidos en las sienes.

Me duermo cerca de �l todas las noches.

En un foso negro cerca de �l, muerto.

Alemania est� en llamas. �l est� dentro de Alemania.

Si no lo han fusilado,

est� en el incendio de Alemania.

-�Y bien? -Nada.

�Y usted?

Nada.

�Qu� tal est�?

Ah, vaya, ha vuelto. He visto a Sorel en el centro.

Dice que vendr� uno de cada cincuenta.

Ya han liberado el treinta por ciento de los campos.

A d�a de hoy no es m�s razonable pensar que no vendr� que pensar lo contrario.

�Pues mira que hay donde elegir!

Entre los 2.000 fusilados de Belsen.

Entre los 1.500 cuerpos hallados en una fosa com�n en Mittel-Glattbach.

En todas las carreteras hay marchas forzadas.

Los 20.000 supervivientes de Buchenwald contra los 150.000 muertos fusilados

la v�spera de la llegada de los Aliados.

Que ya no pueden hablar.

Los cuerpos a�n estaban calientes.

Se podr�a haber evitado esa masacre.

Enviar paracaidistas entre las 24 horas

que los separaban de la llegada de los Aliados.

Ahora habr� fusilamientos hasta en el �ltimo campo liberado.

No se puede hacer nada para impedirlo. A todo el mundo le da igual.

Y claro, Berl�n arde, Alemania es un hervidero,

y aqu� celebramos elecciones municipales.

�De Gaulle y el olvido de los llantos�.

Se niegan las deportaciones y los campos.

Se declara luto nacional por la muerte de Roosevelt.

Pero el luto del pueblo no se declara.

Esto va a acabar as�.

Seguramente nunca sabremos nada.

Lo �nico que s�,

lo �nico de lo que estoy segura, es de que ha pasado hambre.

Ha pasado hambre durante meses.

Y no ha vuelto a ver un trozo de pan antes de morir.

Ni una sola vez.

Deja de pensar en eso. Es de mal gusto.

Ya ve que soy la m�s cobarde de entre todas las que esperan.

-Llaman. -S�, ya lo he o�do.

Es Beauchamp.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Marguerite.

Buenas noches, Marguerite.

Mirad lo que he encontrado. He encontrado vino.

No tengo ni idea de cu�nto puede costar.

-�Y bien? -�Por qu� no me escribe?

A ver, es por las conexiones.

Ya no pueden escribir. No hay correo regular en Alemania.

Voy a por unas copas.

Pero hemos recibido noticias de los de Buchenwald.

Sabemos que el convoy de Robert, lleg� hasta all�.

-Eso lo sabemos. -S�, s�.

No tenemos por qu� no esperar noticias.

�Y c�mo sabemos que no lo transfirieron?

-S�, es verdad. -No lo s�. Pero�

yo estoy convencido.

El general De Gaulle ha ido a la estaci�n de Lyon

a recibir a los repatriados de Ravensbr�ck.

De todas maneras, los sovi�ticos est�n en Berl�n,

-y ya hace un a�o de eso. -Qui�n lo dir�a. Es incre�ble, �no?

Ah, s�, el convoy sovi�tico. No hay que quejarse.

�Ha o�do la �ltima declaraci�n de...?

Me gustar�a ir por una gran llanura. Sola.

Al otro lado tambi�n es de noche.

En la cuneta, la sombra gana.

Su boca se encuentra ahora en la oscuridad.

Me abandonan las fuerzas, lo s�.

Se acaban seis a�os de guerra. Noto que ya llega.

Es el fin del mundo.

No me muero contra nadie. Debo tener cuidado.

Si muero, no me reunir� con �l. No debo caer.

Dejar� de esperarle. Debo permanecer con vida.

Para esperarle. Lleva muerto quince d�as.

Quince noches. Luchar contra este cansancio.

Quince d�as. Este desgaste.

Abandonado en una cuneta.

Y sobre �l, la lluvia y el sol.

El desgaste de la espera.

El polvo de los ej�rcitos victoriosos. No debo acostumbrarme.

Tiene las manos abiertas.

Si llamase a la puerta: ��Qui�n es?�.

�Yo, Robert Antelme�.

En cuanto llegue, yo me morir�.

Es imposible que no sea as�.

-Es mi secreto. -Dame eso.

�Me lo das?

D�melo.

�Me oyes? D�melo.

Son las tres.

Debe levantarse ya.

Se ha pasado la noche delirando en voz alta.

Hablaba...

y hablaba.

Imposible entenderla.

Respire.

�No le duele aqu�?

Bien... La tensi�n est� baja, �eh?

Dir�a que muy baja. Deber�a tener algo de cuidado.

Tendr�a que dejar el coridrano, comer algo y... tomar aspirina.

Eso le vendr� bien. �De acuerdo?

Hasta pronto, Marguerite.

Ha venido la se�ora Katz, la madre de Dora.

�Est� aqu�?

Le dijo que pod�a instalarse aqu� hasta que volviese su hija.

�Dora? �La madre de Dora?

S�, est� aqu� con sus maletas.

No quer�a molestarla.

He venido en un mal momento. Si est� enferma...

Ah, no, no, al contrario.

Solo he... Solo he pillado un resfriado. Nada grave.

Dionys le ayudar� a instalarse.

Solo me quedar� hasta que vuelva mi hija.

Claro. Yo me ocupar� de usted.

-Est� usted en su casa. -Gracias.

�Diga? Hola, H�l�ne.

S�. S�, est� durmiendo.

�Buchenwald? �Y eso?

�C�mo que camaradas? �D�nde?

La oigo mal.

�Deportados? �No tiene informaci�n m�s precisa?

El hotel Royal.

Gracias, H�l�ne, enseguida vamos.

Los camaradas de Robert han vuelto a Par�s.

Vieron a Robert hace diez d�as y estaba vivo.

Tiene mucha fiebre.

Me parece que he o�do bastante.

Robert podr�a volver con los jud�os.

�Por qu� no con los jud�os?

A�n no se habla de los jud�os en Par�s.

A�n no se ha descubierto nada de las atrocidades nazis.

A�n no se hab�a revelado nada sobre la especie humana.

Era una primavera resplandeciente.

Ante nuestra mirada, una tarde de abril.

CHARLIE CHAPLIN, EL DICTADOR

A la luz del sol.

�Retrocedan! �Retrocedan, por favor!

Vengan por aqu�.

Por favor, pasen por aqu�.

Venga, est�n delante.

Todo recto hacia la ventanilla. Caminen, caminen.

-Oc�pese de ella, por favor. -Gracias, gracias.

-Dionys, est�n arriba. -�D�nde?

Est�n en el sexto.

Disculpe, se�or, �ha visto a mis hijos?

Nissim, Joseph y Salomon. 12 a�os, 16 a�os y 15 a�os.

�Marguerite!

�Marguerite!

Aqu� est�n.

Son los allegados de Robert Antelme. �Se acuerda? Hemos hablado antes.

Este es su amigo.

Y su mujer tambi�n ha venido. Le har�n algunas preguntas.

-Hola. -Les dejo.

-�Es usted Perrotti? -S�.

�Ha visto a Robert?

S�, nos separamos hace dos semanas.

�Y c�mo estaba?

Cansado.

Hola.

-�Pueden ayudarme, por favor? -�Qu� quiere?

Estoy buscando a mi familia. Isaac Mardoch� Gicranec.

Mi madre Marie, mi hermano peque�o F�lix, se los llevaron en el 42.

-Yo no los he visto nunca. -Gracias.

Por favor, se�ora.

�El peque�o?

�Y por qu� no est� Robert con ustedes?

Lo buscamos cuando sali� el tren, pero... no lo encontramos.

Y mira que buscamos bien.

�S�? �Y c�mo es que no lo encontraron?

Estaba oscuro. Y, adem�s, a�n �ramos muchos...

Todo sale a la luz...

aqu�.

Ocho meses en Buchenwald con Robert.

Sobrevivieron el invierno juntos en Buchenwald.

La evacuaci�n del campo.

Las filas en las carreteras.

Decenas y centenares caminando y cay�ndose.

Robert entre ellos en la fila.

Y a lo largo de la cuneta, los cad�veres.

Yo, de todas maneras, lo vi despu�s de que se escapase.

Estoy seguro porque hab�amos quedado en que nos ir�amos desde la estaci�n.

�C�mo que se escap�?

Pues... intent� escaparse. Pero lo capturaron.

�Lo capturaron?

�Y qu� le hicieron?

Pues le dieron una paliza.

�C�mo?

No s� nada m�s...

Yo lo vi de pie.

Estoy seguro de eso.

No est�n contando la verdad.

-D�jeme a m�. -Est�bamos en la fila.

-Estoy seguro. -Intente recordarlo.

�Cu�ndo se escap�? �La v�spera?

No lo saben.

No saben si a�n est� vivo, si a�n est� caminando.

Ya no saben decir nada.

La palabra no consigue decir lo que los ojos han visto.

La palabra se calla.

Disc�lpeme, me he quedado dormida.

Y tambi�n siento mucho este desorden.

Disc�lpeme. Pero he lavado toda la ropa de mi hija.

Ol�a a naftalina y a cerrado. Se secar�n enseguida.

Lo ordenar� todo. Y ya planchar� ma�ana.

Ah, si quiere puedo planchar tambi�n las camisas de su marido.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Ya es tarde, hoy no va a pasar nada m�s.

Deber�a dormir. Vaya a acostarse, le subir� algo de comida.

�No oy� lo que dijo el m�dico?

Algo no encaja.

Hay un vac�o.

No lo entiendo. Estaba en la fila.

Y de all� se escap�.

Lo capturaron, le pegaron,

pero despu�s... �lo vieron de pie?

Ha dicho que lo vio de pie.

�Entonces por qu� no lo vieron en la estaci�n?

Ya sabe que eso no significa nada.

Vaya a acostarse.

-�Usted sabe algo? Seguro que sabe algo. -Yo no s� nada.

Le da demasiadas vueltas. Interpreta las se�ales como le parece.

Est� adelantando acontecimientos.

No, se equivoca.

Ah� se equivoca de lleno.

Porque la se�ora Bordes, la se�ora Katz, yo...

todas las que esperamos... Solo vivimos en el presente.

Nos hemos aferrado a algo como Dios. Estamos pegadas a Dios.

�A Dios? Desde luego, ya ha dicho todas las tonter�as posibles.

Solo piensa en s� mismo.

A usted le da igual. No le importa nada, �eh?

Incluso su mejor amigo no le importa nada.

�Disculpe? �Qu� ha dicho?

Ahora, �qu�? �Va a pegarme?

�Qu�? �Venga, p�gueme!

�A lo mejor prefieres que no vuelva! �As� es m�s f�cil!

Es usted un monstruo. Est� loca. Venga, m�rese. M�rese.

Ya no es la que era. �Qu� quiere demostrar? �Y a qui�n?

-Cuando reflexione, le dar� verg�enza. -Yo no tengo nada que ocultar.

Yo no tengo nada que reprocharme. �Nada!

La �nica verg�enza que siento es por seguir aqu� con vida.

Bueno...

Me voy a mi casa a dormir por si viene alguien. Descanse.

Quiz�s ma�ana sea un gran d�a.

Ll�meme si sabe algo.

�No, no, no, no, no! Lo he prometido.

Prohibido. Debe ser razonable.

�Sabe qu� se comenta?

Que Hitler se ha disparado en la cabeza.

Por lo visto est� muerto.

�No lo ve? Lo dicen todas las semanas.

Espero recibir noticias hoy.

�No quiere vestirse?

Otra foto de Belsen en el peri�dico.

Una cuneta muy larga en la que los cad�veres est�n alineados.

Cuerpos delgados como no se hab�a visto nunca antes.

Ha vuelto una peque�a jud�a de 17 a�os de Faubourg du Temple.

Los codos le han perforado la piel de los brazos.

Sin duda a causa de su juventud y de la fragilidad de su piel.

Apareci� desnuda, limpia, no est� sufriendo.

Ni a causa de sus articulaciones ni a causa de su vientre,

del cual extrajeron, uno a uno, en intervalos regulares,

todos sus �rganos genitales.

Ya hace seis meses que la se�ora Katz espera a su hija.

A su hija jud�a, lisiada,

con una pierna r�gida por culpa de la tuberculosis.

Voy a doblarle el abrigo negro.

Le pondr� unos bolsillos. Y les dar� una puntada a sus medias.

Le he puesto hierro en los zapatos.

Es incre�ble que use estos zapatos.

Creo que no me he olvidado de nada.

En el centro hemos sabido que mataban a los lisiados.

Estoy lista, como se suele decir.

En cuanto llegaban a los campos. Sistem�ticamente.

Con respecto a los jud�os, a�n no se sabe

que ha pasado con la multitud que huy�.

Ya hace seis meses que la se�ora Katz

espera el regreso de su hija de los campos,

y la espera es la que la mantiene con vida.

Se comenta que Hitler se ha disparado en la cabeza.

Se ve que ha muerto. Pero no es seguro.

�Ah!

Ya se lo hab�a contado.

Ya est�...

Ya hace seis meses que la se�ora Katz desaf�a a Dios.

Voy al Carreau du Temple.

All� todas las noches dan informaci�n.

Si volviese, ir�amos al mar.

Ya ser� verano, pleno verano.

Eso es lo que m�s le gustar�.

Llegar�, ir� a la playa...

y contemplar� el mar.

A m� me llegar� con contemplarlo... a �l.

Yo no pido nada.

Si llamase: ��Qui�n es?�. �Yo, Robert Antelme�.

Muerto.

Muerto.

Muerto.

Muerto el tres de mayo.

Robert ha muerto.

La frase se ha convertido en una posibilidad.

Ya est� lleno de bichos. Viven en �l.

Una bala en la nuca.

Muri� pronunciando mi nombre.

En un solo segundo, ya est� hecho.

Muerto, muerto, muerto, muerto.

Ahora.

Tiene las manos abiertas.

Cada una de sus manos es m�s valiosa que mi vida.

Yo las conoc�a.

Solo yo las conoc�a de esa manera.

Es el fin del mundo.

No me muero contra nadie.

Una tierra extranjera surgir� de este caos.

Yo... no tengo sitio...

en ninguna parte en esa tierra, aqu�.

Yo estoy con �l all�,

en esa zona inaccesible,

imposible de conocer para los dem�s.

All� donde quema.

Y donde morimos.

La ciudad iluminada es sin�nimo de muerte.

Se ha convertido en el signo del futuro sin ellos.

Una tierra de olvido.

Su muerte est� dentro de m�.

�C�mo detener este estado? Los latidos del coraz�n,

las pulsaciones en las sienes. Su muerte est� dentro de m�.

�Marguerite, Marguerite, Marguerite!

Mira, esta es la se�ora Antelme. Ella era quien me daba las noticias.

-Volvi� a principios de esta semana. -Hola.

Quer�a darle las gracias. Gracias.

Disc�lpenos.

�Qu� pasa?

Ens��eme sus ojos.

M�reme.

Quiero ver sus ojos.

Ac�rquese.

-Venga, d�game. -�Qu� pasa?

D�game la verdad.

Sabe que Robert ha muerto y no quiere dec�rmelo.

Est� esperando el momento. Est� esperando un buen momento.

�Es eso?

�Est� esperando el mejor momento?

Est� delirando.

�Sabe algo m�s desde ayer?

S� que todos los que est�n vivos vuelven. Robert, no.

D�game la verdad.

Tiene fiebre. No deb�a salir.

Tan solo quer�a ver un gesto en su cara.

Una mentira. Una mentira sobre su muerte.

�Por qu� se hace esto a s� misma?

Yo no me hago nada a m� misma.

Se ha separado de �l cada d�a de su espera,

se ha ido separando un poco m�s.

Eso... Eso es lo que no soporta.

Usted es un cabr�n.

Ya lo s�.

�S�, diga?

S�.

�Est� seguro?

S�, est� aqu�.

Ah, muy bien.

Claro. Claro, hasta ahora.

Robert est� vivo. Era Morland, va a venir.

-Hola, Fran�ois. -Hola.

�D�nde est�?

Hola. Esc�cheme bien.

Robert est� vivo. Est� en Dachau.

-�En Dachau? -Esc�cheme muy bien.

Robert est� muy d�bil. Hasta un punto que ni se imagina.

Debo decirle que es cuesti�n de horas, puede vivir tres d�as, pero no m�s.

Est� en cuarentena y no le dejan irse. Robert no aguantar�.

Habr� que ir a buscarlo.

Tanto usted como Beauchamp deben salir hoy mismo por la ma�ana a Dachau.

Vayan a mi despacho, les esperan all�.

Tendr�n los uniformes de oficiales franceses, los pasaportes,

las tarjetas del estado mayor,

los bonos para la gasolina y los permisos.

Enseguida. Solo se puede hacer eso.

Por las v�as oficiales, llegar� demasiado tarde.

-Ir� con ustedes. -No.

Disculpe, pero no hay sitio para usted. Vuelva a su casa.

Le informaremos de todo. Dese prisa.

No pierda el �nimo. Tres d�as, quiz�s cuatro.

Pronto se acabar� todo.

La gasearon.

No sab�a que los gaseaban.

Nadie lo sab�a.

El mismo d�a que lleg�.

Ya hace cinco meses que mi peque�a Dora... se fue al cielo.

Y yo no sab�a nada. Yo estoy aqu�.

-Venga, si�ntese. -No, no, no.

Voy a coger el tren.

Voy a volver a Lyon.

Nunca se sabe. Quiz�s todo eso hay que...

A fin de cuentas, no son m�s que rumores.

La gente cuenta cualquier cosa.

Si alg�n d�a vuelve, ser� all� a donde ir�.

Ser� all� donde me necesitar�.

A fin de cuentas, quiz� me han contado cualquier cosa.

Tengo que ir a la estaci�n a ver los horarios de los trenes.

Le dejo aqu� mis maletas, �no le importa?

Le deseo buenas noticias sobre su marido.

Ya no s�...

d�nde est�.

Ya no s� d�nde estoy.

�Qu� sitio es este?

�Qu� es toda esta historia?

�De qu� se trata?

Ya no hay dolor.

Yo ya no existo.

Entonces, �por qu� esperar a Robert Antelme?

�Por qu� a �l m�s que a otro?

�Qu� es lo que espera realmente?

�Qu� otra espera est� esperando?

�Qu� sucede en este apartamento?

�Qui�n es ella?

�Qu� es este sitio?

�Qu� es toda esta historia?

Robert Antelme, �ha existido alguna vez?

Robert est� abajo, en la cafeter�a.

Ten�a que hacer una pausa... la disenter�a.

Ahora est� tumbado sobre una manta.

Quer�a decirle que...

que es m�s horrible de lo que nos imagin�bamos.

Va a tener que ser fuerte. No va a reconocerlo.

Nosotros necesitamos una hora para reconocerlo.

Estaba en el barrio con los cad�veres y los moribundos.

Lo envolvimos en una manta, lo ayudamos a ponerse en pie, �l no pod�a.

Pero conseguimos vestirle. Pasamos el puesto de guardia.

Los militares americanos llevaban m�scaras de gas.

Obviamente, hemos evitado las vacunas, ya que eso le matar�a.

Cuando est�bamos en el coche, le ha dado un s�ncope.

Cre�amos que hab�a llegado a su fin, pero no.

Una vez nos alejamos del campo, empez� a hablar.

Nos dijo... que pensaba que... no llegar�a a Par�s vivo.

Que pensaba en usted.

Y ha pronunciado su nombre muchas veces.

No puedo...

No puedo...

No puedo...

�No puedo verle!

�No tengo ganas de verle!

�No tengo ganas! �No puedo m�s!

Tendr� que recuperarse, Marguerite.

Escuche. Escuche. Haga un esfuerzo, piense en �l.

�A qu� siente m�s apego? �A Robert Antelme o a su dolor?

Haga un esfuerzo. Est� muy contento de haber vuelto.

Est� deseando verla, me lo ha dicho. Y no habla mucho. No habla.

Voy abajo. Voy a buscarle.

�No quiero verle!

�Robert!

�Robert!

�Robert!

Cuidado.

Atenci�n ah�. Ya casi estamos.

Cuidado.

Robert volvi� a casa el 7 de mayo de 1945.

Esa figura a�n no estaba muerta, flotaba entre la vida y la muerte.

Hizo falta tiempo hasta que volvi� totalmente a la vida.

Cada d�a, cada hora, cada minuto,

le gana el combate a la muerte.

Fue el primer verano de paz.

En una playa de Italia.

Un d�a con viento �libeccio�,

salimos de refrescarnos en el agua, el sol quema.

Robert est� tumbado bajo una sombrilla.

A�n no puede darle el sol.

A veces se queda durante mucho tiempo en silencio.

Ve venir a la gente y las cosas...

�C�mo hace para ver?

Un d�a le dije que ten�amos que divorciarnos,

que quer�a un hijo con Dionys.

�l me pregunt� si ser�a posible volver a estar juntos.

Yo le dije que no.

Que no hab�a cambiado de opini�n en dos a�os.

El calor se ha vuelto insoportable,

ya no sopla el �libeccio�.

O quiz� era un d�a sin viento...

O quiz� era otro a�o, otro verano,

otro d�a sin viento.

La respiraci�n en un sue�o profundo.

Robert se levant� y avanz� hacia el mar.

Yo me acerqu� a la orilla.

Le mir�.

�l vio que yo le miraba.

Pesta�eaba los ojos tras las gafas y me sonre�a.

Yo sab�a que �l lo sab�a.

Que cada hora de cada d�a yo lo pensaba.

Robert no ha muerto en el campo de concentraci�n.

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