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Noble Enrique.
Y vosotros: Federico y Tello de Trast�mara.
En nombre de nuestro se�or, el rey Pedro I de Castilla y Le�n,
os agradezco la hospitalidad que hab�is dado
a la que va a ser su esposa por la gracia de Dios.
Todos confiamos en que la princesa, do�a Blanca de Borb�n,
no sufriera excesivas penalidades en su largo viaje desde Francia.
He venido a recibirla para llevarla a presencia del rey.
Hab�is hablado bien, Diego Gonz�lez de Oviedo...
pero es muy distinta la realidad.
La princesa de Borb�n no continuar� el viaje.
Si mi querido hermano quiere a do�a Blanca, que venga a por ella.
Se�or...
No lo comprendo.
Esto es una traici�n.
Ah�rrate las palabras que puedan perjudicarte.
He soportado el hedor castellano por demasiado tiempo.
�Y ahora vete!
Has marcado con una infamia tu casa, Enrique de Trast�mara.
�Vamos! �Llev�oslo!
Yo me encargar� de devolverla.
No, ya lo har� yo...
pero en el cuerpo de Pedro.
(Gritos)
Resiste, Daniel.
Ten valor.
Basta ya, Enrique.
Vivir�n.
Y es suficiente.
No ha sido un recibimiento digno de un s�bdito fiel a su rey,
pero lo recordar�n durante mucho tiempo.
�Llegar� mi venganza, Enrique!
�El rey no te perdonar�!
�El qu�?
�El pretender lo que es m�o y dar hospitalidad real a una mujer?
Es la esposa del rey.
Yo ser� el rey.
�O es que lo dudas?
T� eres un vil bastardo.
�Su�ltalos, Diente! �Que lleven a Pedro la marca de Trast�mara!
-�Soltadlos!
Ten �nimo. Ahora somos libres.
�Vamos! �Marchaos ya!
Retiradle
y limpiad el patio.
Ante nuestro rey Pedro, pedimos justicia.
-�En nombre del pueblo, se pide justicia!
Se�or, el pueblo pide justicia.
Que le sea concedida.
-Se�or, convendr�a aplazar el juicio
hasta el regreso de don Diego con do�a Blanca de Borb�n.
Quien pide justicia tiene prisa por obtenerla, generalmente.
En ese caso, me permito aconsejaros...
Antes de que el cuerpo de mi padre se enfriase, conde,
hab�is alfombrado mi camino de excelentes consejos.
Para m� es muy valioso tener al lado un hombre tan experimentado.
Sois muy amable, se�or
y os lo agradezco.
Pero hab�is llevado vuestro celo hasta el punto de elegirme esposa.
Y eso es demasiado.
Creo que ha sido una elecci�n muy oportuna.
Cierto.
Pero solamente lo hab�is hecho para mejorar la alianza con Francia,
sin tener en cuenta que no conozco a la princesa
y que ni siquiera he tenido el privilegio de decir libremente
si esa mujer me agrada o me desagrada,
y no tengo intenci�n de hacerla mi esposa.
Un privilegio que no se le ha negado ni al �ltimo de mis s�bditos.
Siempre os he servido con fidelidad.
�Tambi�n los perros son fieles con su amo!
No pretendo imponeros esta boda. Solo daros un consejo que creo �til.
Consideradlo el �ltimo.
Y yo le dije:
"Te ofrezco una tercera parte de mi reba�o,
pero deja en paz a mi hija".
Creedme, era un buen precio, pero �l rehus�.
�Se ha portado bien?
Eso depende del n�mero de tus ovejas y de la hermosura de tu hija.
La verdad es que solo tengo dos ovejas, se�or.
La tercera parte de dos ovejas no es suficiente
para que un hombre renuncie a una muchacha.
S�, es verdad.
Puede que por eso haya huido con mi hija.
Pero no quer�a matarle, solo asustarle. Os lo juro, se�or.
Son tus cinco cuchillos.
Los lanzaste contra �l.
Pero solo para asustarle.
Tengo una punter�a muy buena, se�or.
Demu�stramelo.
�Qu� esperas?
No puedo.
Condenadme si quer�is.
No es mi vida la que importa, sino la vuestra.
Has dicho la verdad.
Quedas libre.
Miguel.
Es mi hijo.
Esto para demostrar que no he mentido, mi rey.
Puedes marcharte.
-Ante los jueces pido justicia.
Sed bienvenidos, conde Coronel.
Hab�is apelado a la justicia.
Os escucho.
Se�or, unos campesinos de Estella han huido de mis tierras,
dejando abandonados mis bienes.
Han sido sometidos a juicio y puestos en libertad.
Eso es ir contra la ley.
�Son estos los campesinos?
S�, se�or.
�Pagaron el rescate por su libertad seg�n el fuero de Alca�iz?
S�, pero las tierras se quedar�n sin nadie que las trabaje.
No pod�is retenerlos. Son personas libres.
Una ley interpretada de este modo, no sirve los intereses del reino.
Querr�is decir los intereses de la nobleza, conde Coronel.
Vosotros pod�is iros.
-Se�or, los enviados extranjeros os aguardan.
Aldonza,
volved ahora a vuestra casa.
M�s tarde os ver� en la recepci�n para mostraros los regalos.
-Me agradar�.
El rey debe casarse.
Los d�as de infancia quedan lejos.
Es cierto.
Os deseo todo el bien que merec�is.
Y que la mujer que hab�is escogido sepa amaros
y os haga un hombre muy feliz, Pedro.
Gracias.
�Pedro I, rey de Castilla y de Le�n!
(Trompetas)
�El duque Lorenzo Peacock Crownwell,
enviado del pr�ncipe Eduardo de Gales!
(Trompetas)
-Noble rey de Castilla,
en nombre del augusto pr�ncipe de Gales,
tengo la honra de expresaros su satisfacci�n por vuestras nupcias.
Har�is llegar mi reconocimiento al pr�ncipe de Gales
por conservarme su grata amistad.
-�Mohamed V, emir de Granada!
-Estaremos a vuestro lado, se�or,
cuando os sea le�do seg�n vuestra religi�n:
"Vivir�s para ella y su vida ser� tu vida,
su alegr�a, tu alegr�a;
su dolor, el tuyo; su muerte, tu muerte.
Noble y fiel Mohamed.
Me alegra volver a verte, Pedro, y saber que eres feliz.
-�Don Alfonso N��ez, enviado de...!
�Diego!
�Qu� ha pasado?
Una traici�n, se�or.
El castillo de Lara est� en poder de los aragoneses.
Enrique est� preparado para dar batalla.
No reconoce vuestra corona
y pretende arrancaros el trono de Castilla.
Marcados como animales.
�Y do�a Blanca?
Ha sido retenida en el castillo.
"Si el rey quiere a la princesa, que venga a llev�rsela".
Esas fueron sus palabras.
�Y Daniel?
No ha soportado la tortura.
En nombre de tu padre, de nuestro padre,
no derrames tu propia sangre.
�Bastardo!
�No le mat�is!
Se�or, perdonadme.
Pedro, Enrique ha huido.
Tem�a que...
Conducidla a mi palacio.
No, Pedro.
La marca del guante es solo para los plebeyos.
Nosotros llevamos tu sangre.
Ahora ya puedes ir junto a tu amo
y que al verte recuerde qu� le aguarda del rey de Castilla.
En cuanto a vosotros, tendr�is vuestro merecido.
(Trompetas)
�La princesa do�a Blanca de Borb�n!
Maravilloso vestido.
Blanco como la nieve de la sierra.
Est�is p�lida...
y no veo alegr�a en vuestro rostro en este fausto d�a.
Estoy cansada.
-Se�or,
antes de la ceremonia hay que aprobar el contrato matrimonial.
Dame el acta, Samuel Lev�.
Las mujeres infames merecen la picota y el l�tigo en mi reino,
pero nada de eso le reservo a la que hubiera sido mi esposa
que tendr� largos a�os para llorar la honra perdida.
�Llevaos a la princesa y encerradla!
As�, con su traje de verg�enza.
-Esta es una afrenta que Francia no olvidar� nunca.
Sois muy hablador, Alburquerque.
Demasiado para permanecer aqu�.
Ma�ana partir�is hacia Portugal.
Se�or...
�A mi edad enviarme a Portugal?
Y no en misi�n.
No pensaba que mi devoci�n mereciera el destierro.
�Devoci�n?
�Dec�s devoci�n?
�Durante a�os he sido el instrumento de vuestras ambiciones!
�Sujeto a una cadena como un in�til!
�Traicionado y burlado ante mi propio trono!
�Y os atrev�is a elegir a una cualquiera
como esposa leg�tima del rey de Castilla?
�Es esta acaso vuestra devoci�n?
Os he amado como un padre.
�Un padre?
�Vos?
�Fuera de aqu�!
�No quiero veros m�s!
�Y vosotros, dejadme solo! �Marchaos todos!
�Yo no tengo padre!
�Soy hijo de la violencia y del desorden!
�Yo soy el rey de Castilla!
�Quiero estar solo!
�Fuera!
�No necesito a nadie!
�A ninguno!
�Fuera! �Fuera!
�Fuera!
�Yo soy el rey de Castilla!
�Y quiero reinar solo!
�Solo!
(LLORA)
Diego, esta mazmorra es horrible. �Ha llegado el indulto?
Todav�a no.
�Moriremos?
Pedro perdonar�. La s�plica est� en poder del rey.
Ha de perdonarnos.
No os atorment�is m�s.
�Pero crees que llegar� a tiempo?
Pedro no puede matarnos. Somos sus hermanos.
Ser�a maldito. �Solo Enrique es el culpable!
�Ricardo!
�Has conseguido el indulto?
El rey ha rechazado la s�plica.
Debemos intentar algo. Hablar con el legado del papa.
Ya todo es in�til.
Esta es la l�nea fronteriza. Sigue poco m�s o menos este trazado.
El emir de Granada ha destacado todas sus fuerzas
para defender nuestro flanco,
pero el rey de Navarra a�n no se ha decidido.
Claro, naturalmente.
Trata de rehacerse en Castilla de los reveses sufridos en Francia.
Ah, Isabel.
Que teng�is buen viaje.
-Pedro, yo...
Hermosa, pero aburrida.
�No te parece? -Pedro.
No vengues tu desilusi�n deshonrando
a todas las j�venes de nuestras mejores familias.
Nada de sermones, primo.
Escucha, Pedro. Te est�s destruyendo a ti mismo.
Y creando a tu alrededor un c�rculo de rencores.
Necesitas el afecto limpio y sincero de una mujer.
�Yo?
�Y por qu�?
No pensabas as� cuando �ramos muchachos.
�Recuerdas a Aldonza Coronel? Te amaba sinceramente.
Confieso que sent�a envidia de ti.
�Qu� quer�is?
-�Vive aqu� do�a Aldonza Coronel? Tiene que acompa�arnos.
-No pod�is entrar. -Es orden del rey.
Perdonadme, madre.
-No puedo. -Lo siento.
-Quisiera creerlo.
-�Puedo partir con vuestro permiso? -No intento reteneros.
-Es todo lo que tengo. Servir� para el monasterio.
Os ruego que lo acept�is.
-El conde Coronel ha sido ya demasiado generoso.
No.
Jam�s un gesto semejante ante el enemigo.
Ahora lev�ntate.
Ya basta. Reconozco con gusto que eres el m�s fuerte.
Un poco m�s a fondo y hubieras perdido un s�bdito fiel.
-Se�or, do�a Aldonza Coronel est� aqu�.
Bien.
He seguido tu consejo, Fernando.
Me dijiste que necesitaba un cari�o limpio y sincero.
�No es eso, primo?
Pues bien, como ves no he perdido el tiempo en proporcion�rmelo.
Pedro.
Me alegra que me hayas tra�do a tu lado.
�De verdad?
Pues a m� me da igual.
�Desilusionada?
No quiero que entre nosotros haya equ�vocos.
Ya sabes por qu� has venido.
He venido por mi voluntad.
Pero yo te dir� c�mo acabar� esto.
Primero, te ver� con frecuencia
y luego cada vez menos.
S�.
T� no lo comprender�s y al final empezar�s a preguntarme:
"�Est�s loco, Pedro? �Por qu� te comportas as�?".
Y yo te contestar� que no lo s�.
�Comprendes lo que quiero decir?
Yo pens� que me har�as tu esposa.
�Mi esposa?
Mi esposa. Esposa del rey.
Y dime, �me ser�as fiel?
Aldonza.
�D�nde vas?
No me has entendido. Has equivocado todo como nada.
Yo no soy como las dem�s.
Yo te amo.
El color es como una piedra preciosa
y las irisaciones sobre el oro del fondo forman sensuales arabescos.
He aqu� vuestro retrato, do�a Mar�a.
Miradlo.
No hab�is pintado mi collar. S�, es verdad.
Era de mi hermana Aldonza. �Os gusta?
No, a decir verdad no os favorece mucho.
�Acaso turba vuestra inspiraci�n? En efecto, do�a Mar�a.
-Se�ora, vuestro padre os espera.
Vuelvo enseguida.
He intentado por todos los medios retener a vuestra hija,
pero, desgraciadamente, mis esfuerzos han sido in�tiles.
-Ha cedido a la peor parte de s� misma.
Es lo que me tem�a. Ha deshonrado el nombre de mi linaje.
-Eso es todo lo que ha dejado.
�Me llamabais?
-Esta es Mar�a.
Os doy las gracias, madre.
Nunca hubiera cre�do esto.
En mi hermana.
"�Hasta nueva orden no volver� a reunirse la orden de justicia!
�Juzgar�n los nobles del reino!".
�Esta es la voluntad de Pedro I, rey de Castilla y de Le�n!
-�Fuera! �Despejad la plaza!
�Vamos, marchaos o ser� peor para vosotros!
�Basta! �Basta! �Deteneos!
Estos villanos intentaron revelarse contra una orden del rey.
�Retiraos!
Espera aqu�.
�Diego!
Mohamed no ha desmentido su refinada cortes�a.
Es cierto que no he disfrutado de la boda,
pero sus regalos han sido preciosos:
Vino de C�diz y preciosas doncellas para que nos alegren.
Vamos, si�ntate.
�Los soldados atacaron al pueblo porque ped�a justicia!
Yo hablo de belleza y �l de justicia.
Todos est�n acostumbrados a pedir algo
y al obtenerlo siguen pidiendo. �Por qu� concederlo a la primera?
�Diego!
�Si�ntate!
�He dicho que te sientes!
Permitidme que me retire, mi se�or.
Los hombres reclutados en Gredos y B�jar deben tener armas y comida.
Siempre ha habido alguien que ha querido marcharse:
mis hermanos, mi madre...
mi padre.
Durante a�os he permanecido solo entre estos muros.
�Pero ahora soy el rey
y cuando quiero estar solo, me quedo solo!
�Cuando...!
Diego...
eres mi �nico amigo.
�Traed m�s vino!
Aldonza, puedes quedarte.
Soy Mar�a Coronel.
Hab�is rehusado recibir a nuestros enviados
que os tra�an, junto con un desaf�o, el sello de nuestra casa.
Helo aqu�.
�Por qu� he de aceptarlo de vos?
�Por qu� sois una mujer? Porque soy una Coronel.
Entonces, la respuesta es m�s simple:
un rey solo se bate con un igual.
Puede ser una respuesta de rey, pero no de hombre.
Mar�a.
�Y nuestro padre?
�Pensaste en �l antes de abandonar el convento?
He obedecido al rey.
�Instintos? Yo le amo. �Es que el amor no es nada para ti?
Tal vez merezca los vulgares insultos de todos,
pero los tuyos no, Mar�a.
T� eres mujer, eres mi hermana y has de comprenderme porque le amo.
Lucho y sufro. S� que me perder�, pero no importa. Vivo.
�Mar�a!
Lo hab�is olvidado. Tomad, es vuestro.
Mar�a, perdonadme.
�Abandonar a don Pedro ha significado para m� un duro sacrificio!
�Nobles de Castilla, no ha sido una traici�n la m�a!
�El buen recuerdo de sus primeros a�os
lo ha borrado un monarca voluble y tornadizo!
�Quiero creer...
�Quiero creer que en el bando de Enrique a�n impera la raz�n!
No te atormentes, Fernando.
Ninguno de los m�os ha hablado de traici�n.
Todos han apreciado tu noble y generoso gesto.
-Es cierto, se�or.
En nombre del rey de Arag�n,
pido a los nobles de Castilla contrarios a Pedro
que se unan a nosotros en la lucha contra su poder�o.
-Enrique de Trast�mara, los nobles de Castilla aqu� reunidos,
que no comparten la pol�tica del rey, aceptan luchar contra su poder.
Recorrer�is Castilla de arriba a abajo.
Procurar�is convencer por todos los medios a los reacios,
animar a los descontentos,
y persuadir a los que no est�n conmigo.
Ir�is a cada pueblo,
a cada casa y a cada rinc�n.
"O aprovechamos esta oportunidad o nos resignaremos para siempre.
Sembrar�is el terror en cada regi�n.
Nuestros hombres llevar�n el emblema de Castilla
hasta que el pueblo acabe por maldecir a Pedro
y le atribuya la sangre, la miseria y los horrores".
�Por esa otra parte!
Cuando un hombre se equivoca, se le condena.
Si su falta es grave, se le mata.
Es una ley, conde Coronel,
al la cual ni siquiera el rey puede sustraerse.
�No est�is de acuerdo?
Y si no lo estuviera, �qu� otra cosa podr�a hacer?
No os enga��is y hablemos claro.
Necesitamos hombres y dinero. Os lo pido por �ltima vez.
No se os volver� a presentar una oportunidad tan favorable.
�No os parece?
�Pretend�is que est� a vuestro lado despu�s de asaltar mi casa?
Qu� extra�o.
Pedro ha deshonrado a vuestra casa y todav�a intent�is defenderle.
No consigo comprenderlo.
Vos no pod�is comprender.
Mi hija.
Pensaba que viv�a en palacio. �No tolero insolencias!
Padre, permitidme que... Mar�a, ret�rate a tus habitaciones.
Pero �por qu�?
Deber�ais dejarle que conociera
las virtudes del hombre que nos gobierna.
Virtudes que en todo caso, conde,
deber�an seros familiares en los detalles.
Como vuestro lenguaje de taberna.
El �nico posible en la casa de una cortesana.
�Llev�oslos!
�Padre!
�Soltadla!
�D�nde lo han llevado? -No lo s�.
-�Es mi hermana quien te env�a?
-No, pero, en nombre de Dios, se�ora, olvidad vuestro rencor.
Ten�is que hacer algo. Hablad con el rey.
Suplicadle su ayuda porque ya no podemos perder tiempo.
-El rey est� lejos de aqu�.
Hace mucho tiempo que no le veo.
-Habladle, os lo ruego.
�Mi ropa!
�Mi ropa!
�Pedro!
�Sujetadle, que se lleva mi ropa!
Pedro, no os riais.
�Qu� hac�is?
�No os march�is! �No me dej�is sola!
�Pedro!
�Pedro!
�Pedro!
Es m�o.
�Qu� haces aqu�?
Quer�a volver a verte.
Sabes que quer�a estar solo durante alg�n tiempo.
Solo.
�Has venido para decirme esto?
No merec�a la pena.
Basta, Pedro.
No hay sufrimiento capaz de volver a un hombre tan cruel.
Ni a los reyes se les permite pisar los sentimientos de los dem�s.
Por ti he abandonado una casa
donde la palabra honor conserva a�n su justo sentido.
Yo ya no puedo pronunciarla
y me pregunto si t� pudiste hacerlo alguna vez.
Un d�a me concediste el privilegio de quererte
y no me importa.
Me has hecho muy feliz.
Ahora se acab�.
Aldonza, perd�name.
Mi padre, tu m�s noble s�bdito, est� encarcelado.
Enrique quer�a que te traicionara y �l se neg�.
�Y Mar�a?
Enrique la dej� libre.
Te acompa�o.
A ver, ven.
�Qu� te ha ocurrido en la pata? -No pod�is marcharos as�.
O el perro o yo. Ten�is que escoger. Mirad.
�No iras a decirme que le pagaste? �Es que deb�a acariciarle?
Vete.
�Qu� sucede?
�He dicho que te vayas!
�Fuera! �Fuera de aqu�! �Me haces da�o, Pedro!
Graves noticias, se�or. �Qu� noticias?
-Te saludo, rey Pedro.
Y yo a ti.
Me alegra volver a verte.
Enrique ha penetrado en vuestro reino.
Venid.
Se ha producido un ataque por sorpresa.
Los aragoneses han devastado la frontera.
Enrique ha bajado del norte
y ha ocupado Burgos, Zaragoza y Toledo.
Vuestro primo, Fernando, os ha hecho traici�n.
Perm�teme, Pedro, que te d� un consejo.
Por ahora ser� mejor no reaccionar
y aceptar la proposici�n del Cardenal de Bolonia.
�Qu� proposici�n?
Acordar una tregua.
�Una tregua?
El pueblo no quiere la guerra.
Ha sufrido mucho.
Est� muy cansado y... Me odia, �verdad?
�Puedo contar contigo, Mohamed?
No tienes que ped�rmelo. Siempre he estado a tu lado.
�Cu�ntos caballeros puedes armar? 1500 o tal vez m�s.
1500.
Muy bien.
Marchar�s directamente sobre Toledo
mientras que yo intentar� con los barcos alcanzar Barcelona.
En cuanto a ti, Diego. �S�?
Agrupar�s las fuerzas de Galicia y de Asturias,
te reunir�s con Mohamed en N�jera y si os desaf�a, aceptad.
S�, se�or. Aceptaremos.
Pedro de Castilla a�n no se acab�, �eh, Diego?
A�n no.
�Adelante!
�Padre!
Padre. Mar�a.
Conde Coronel, gracias por vuestra lealtad.
A vos por haberme liberado.
Os lo agradezco, se�or.
Mar�a.
Mar�a.
Como �ltima condici�n para la paz,
Pedro de Castilla deber� presentar sus excusas al rey de Francia
como reparaci�n a la ofensa cometida en la princesa de Borb�n.
�Reparaci�n?
Un hombre ha sido herido en su orgullo y en su dignidad,
pero nadie ha tenido un solo gesto de excusa.
A pesar de que este era un hombre de honor.
Un rey.
Un leg�timo rey.
Ha sacrificado a�os de su vida para lograr el bienestar del pueblo
y nadie ha dudado en ofenderle con la peor calumnia,
con el crimen y con la violencia.
�Habl�is de ofrecer excusas y de devolver las tierras?
Pero �qui�n?
�Qui�n podr� restituir a ese hombre su perdido honor?
�Qui�n podr� devolver a ese rey su pueblo?
�Vos? No.
Vos ped�s la paz.
Pues bien sea.
Si es eso lo que quer�is.
�Pero!
Que pague con la vida quien intent� usurpar mi corona.
Ninguna paz puede pretender la muerte de seres humanos.
�Esta s�!
Vuestra proposici�n es inadmisible.
Yo no estoy proponiendo.
�Yo lo impongo!
En tal caso, tengo el penoso y muy ingrato deber
de comunicaros de que la Iglesia os excomulga.
Os lo suplico, se�or. Olvidad vuestros resentimientos.
Pensad en las desventuras de vuestros s�bditos.
Os lo pido en el nombre de Dios.
Que �l os bendiga.
�Vamos! �Pasad todos! �La fiesta es para todo el mundo!
�All�! �Al final!
�No os deteng�is aqu�! �Hay comida de sobra para todos!
�Vamos! �Seguid adelante!
-Toma, S�nchez. Echa un trago t� tambi�n.
Me alegra volver a veros.
Deseaba saludaros antes del volver al convento.
�D�nde est� mi hermana?
-En sus habitaciones.
Aldonza.
No puedo evitar que me odies
ni pedirte que olvides el mal que he hecho.
Me agradar�a que intentaras perdonarme.
�D�nde vas a ir?
Las monjas clarisas me vuelven a acoger entre ellas.
Espera.
�Es que ha dejado de amarte? S�.
Pero ahora ya no sufro.
�Por qu� no te quedas aqu�? No puedo.
He de encontrar la paz dentro de m� misma.
Lo siento por nuestro padre.
Yo hablar� con �l. Es posible que comprenda.
No, por favor.
Mar�a...
tal vez he sido amada por el rey,
pero ahora no es a m� a quien me quiere.
�Aldonza!
Ante ti, se�or, primero entre los jueces,
pido la palabra en nombre de todo el pueblo de Castilla.
Se te concede.
Pido poder hablar como un padre a su hijo.
Se te concede.
Sabemos cu�n duro ha sido aceptar las condiciones de paz.
Has accedido para evitarnos m�s desgracias.
Pedimos que tus edictos lleven el nuevo sello desde ahora.
As� lo quiere Pedro el Justiciero.
Gracias.
Yo...
Necesito cambiar.
Nueva vida.
Aire puro.
Amo a Mar�a.
S�, la quiero.
Es la primera vez en mi vida...
que amo a alguien verdaderamente.
Es extra�o. Perdonadme si os interrumpo.
Se�or, ha llegado un mensajero de Calahorra.
Enrique ha reclutado mercenarios de Francia de las compa��as blancas
y se ha hecho proclamar rey.
No me he pasado a vuestras filas para faltar a los pactos jurados.
Romper una tregua es un deshonor,
pero reclutar mercenarios del extranjero es intolerable.
Teniendo tales escr�pulos por qu� no entr�is en un convento.
Respetemos la tregua. Hemos empe�ado en ello nuestro honor.
�D�nde estaba vuestro honor cuando traicionasteis a Pedro?
�Medid lo que dec�s!
No cont�is conmigo en lo sucesivo.
Bienvenido, Bertr�n. -�Don Enrique?
-Venid, os aguarda.
Bertr�n, se�or.
Os esperaba con impaciencia, Bertr�n.
Oc�pate de Fernando.
-El oficio de mercenario ofrece muy serios inconvenientes
despu�s de la sangrienta represi�n en Francia.
Eso es muy lamentable.
Don Enrique, hoy es muy dif�cil reclutar hombres.
Vos los ten�is.
S�, se�or.
Cada cofre tiene 100 mil florines. Solo veo un cofre.
Si la memoria no me enga�a, este es un pacto entre Arag�n,
Francia, Navarra y vos, se�or de Trast�mara.
Adem�s, de rey de Castilla.
Se habl� de 400 mil florines.
El resto al fin de la empresa, no antes.
Mis hombres est�n acostumbrados a arriesgar la vida despu�s.
Disponeos a partir. Se os pagar� cuanto se os debe.
Como quer�is.
-Se�or.
No cont�is m�s con don Fernando.
En vuestro lugar, yo no me fiar�a de los mercenarios.
�Conoces otra soluci�n? S� y mucho m�s sencilla.
Tengo una deuda pendiente con Pedro.
Elimin�ndole todo caer�a a tus pies.
Y no necesitar�amos a esa gente.
�Est�s seguro de lograrlo?
Es un riesgo que vale 400 mil florines.
De acuerdo.
Enrique no ha cumplido el pacto.
Deb�is intervenir con vuestra autoridad.
No puedo hacer nada.
Tened confianza en Dios.
Todo ha terminado.
Todo no, se�or. A�n queda una esperanza.
Asturias y Andaluc�a permanecen fieles.
Andaluc�a.
Esos nobles obedecen al conde y no puedo pedirle ayuda.
Ten�is que hablar con �l.
El conde es un hombre de honor.
Se�or, ten�is que hacer algo.
�Abrid en nombre del rey de Castilla!
�Abrid en nombre del rey de Castilla!
�Soy el rey!
�Abrid en el nombre de Dios!
Solicito vuestra ayuda en el nombre de Dios
para librar a nuestro pueblo de la amenaza de ser destruido.
No es el rey quien lo pide, sino un hombre que ama su tierra
y que no est� acostumbrado a humillarse.
Se�or, estamos a vuestras �rdenes.
Aguardad, Mar�a.
No huy�is de m�.
Siento que no hay�is cambiado nada.
Entre las muchas virtudes que dicen que os adornan hay una
que seguramente desconoc�is: la piedad.
�Vos habl�is de piedad?
As� es.
S� que he hecho mucho da�o,
pero os juro que nunca he conseguido perdonarme.
Me ofendieron en mi dignidad y en mi orgullo,
y reaccion� como un loco.
Y ahora, �qu� quer�is de m�?
�nicamente comprensi�n.
Se�or.
Con vuestro permiso, conde, quisiera saludar a Mar�a.
Pod�is hacerlo.
Gracias.
Poneos en marcha. Enseguida os alcanzar�.
Perdonadme por no haberos comprendido.
Adi�s.
Os esperar�.
Mar�a.
Tus manos est�n fr�as.
Te amo.
T� eres la �nica mujer de mi vida.
Ahora lo eres todo para m�.
Te necesito.
No estar� mucho tiempo ausente y a mi regreso...
�Cu�ndo?
Pronto.
�Mar�a!
No te vayas.
No me dejes.
No te dejar�.
�Por qu� tanto dolor?
�Tanta sangre?
�Por qu� tanto sufrir?
Pedro, no m�s guerra.
Mar�a.
Pedro.
Te amo.
Soy feliz.
Me has hecho muy feliz.
(LLORA)
�Gloria, se�or! �Los Trast�mara huyen!
�No los persig�is! �Dejadlos ir!
�Volvamos al castillo!
Mi rey.
Ayudadme, se�or.
No quiero morir.
Sangre.
Sangre.
Cada vez m�s sangre.
Ya basta.
�Ya basta!
�Diego, tr�eme una bandera blanca!
Se�or, ser�a una imprudencia. La batalla est� ganada.
Enrique est� a punto de ser vencido.
Tengo que conseguir la paz.
Toma t� el mando.
Alejad la escolta. Volved atr�s.
�Qu� quieres?
El fin de la guerra.
Evitar para siempre todo derramamiento de sangre.
�Y c�mo me lo pides?
�Como rey?
No. Solo como hombre.
�Y qu� le gustar�a entonces a nuestro hombre?
�Dos reyes?
�Dos coronas?
�Dos hermanos...
que gobiernen felizmente el uno al lado del otro?
Yo soy el rey de Castilla
y mientras no est� sentado en el trono no habr� paz. �Jam�s!
�Todos hab�is o�do a vuestro amo!
�No podr� haber paz mientras no ocupe en el trono!
�Qu� es esto, sino locura?
Una insana locura que ha conseguido cegarle.
�Qu� prometes a esta gente?
�Miserias y desgracias!
�Y luego sangre y muerte!
�Y para qu�?
�Solo para poder estar sentado en una silla un poco m�s grande?
�Ambiciosa y necia pretensi�n de un loco sanguinario y envidioso!
�Qu� esperas?
�Adelante si tienes valor!
�Vamos! �Ataca, bastardo!
Ahora est�s solo, Enrique.
Ya puedes reinar.
�Es tuyo, Bertr�n!
Una lanza. -Pero eso es un regicidio.
-�Una lanza!
Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi se�or.
�Basta!
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