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Original subtitles

EL RUIDO Y LA FURIA

¡Teepee! ¡Teepee!

¡Venga, levántate!

Aún no ha amanecido, abuela.

¡Date prisa! Algo pasa en la casa.

¿Cómo lo sabes? Está demasiado lejos de aquí

¡Deja de hablar y vístete! Lo sé y punto.

¡Tú no te muevas de aquí!

¡Teepee, busca a la Sra. Quentin y no vuelvas sin ella!

- ¿Y dónde la busco? - Por todas partes.

Si no vuelve antes del desayuno, mejor que esté muerta.

¡Anda, corre!

¡Luster! ¡Luster!

¡Despierta al Sr. Ben! ¡Lávalo y lávate!

¡Y no armes jaleo!

¡Benjy! ¡Benjy!

¡Despierta! Tenemos que vestirnos.

Sr. Howard, ¿ha pasado otra noche sin acostarse?

¿Por qué no se va a la cama y cierra los ojos, como hacen todos los demás?

Malos sueños, Dilsey.

No hace falta soñar, para que las cosas vayan mal, ¿sabe?

Mr. Howard, esa chica, Quentin, no está en la casa.

Éste es el final de trayecto, señora.

No lo entiendo.

Va a Memphis...

y vuelve,

sin haberse bajado allí.

¡Un viaje de ida y vuelta para nada!

No debe preocuparse por eso; soy una excéntrica.

Soy la Srta. Quentin Compson...

y ésta es la pequeña ciudad de Jefferson (Mississippi),

donde he vivido desde que mi madre me abandonó el mismo día que vine a este mundo,

para que creciera junto a mis dos tíos,

del modo que pudiera.

Debería ser maravilloso el estar viva en un día así.

¡Debería!

CARNAVAL PANAMERICANO. Monstruos. Juegos. Emociones.

Llevo toda la noche fuera y no es la primera vez.

Huyo de una casa donde no me quieren...

y nunca me han querido.

Huyo de él: se llama Jason.

Ha sido mi enemigo, desde que tengo memoria.

¡Jason!

¡Jason y su vieja madre!

Fue un día funesto para los Compson,

cuando llegaron a esta casa para arruinarnos la vida.

Ellos no son de la familia; siempre han sido y serán unos extraños.

Y por mucho que lo intenten, nunca serán parte de mi familia.

Bueno, puedo aguantar todo lo que haga falta.

Y quizás algún día pase algo que pueda ayudarme.

- Buenos días, tío Howard. - Quentin. ¡Quentin!

Buenos días, Dilsey.

- Has estado toda la noche fuera. - Pues ya estoy dentro.

Y ahora quiero café. Me muero de ganas.

¡Me has dado un susto de muerte!

¿Por pasarlo bien una noche fuera?

¡Ya ha amanecido!

¡Déjanos, Dilsey!

¡Espera, Quentin!

¿Qué pasa, tío Howard?

No juegues conmigo, cielo.

Si te pilla Jason te mata, ya lo sabes.

¿Sabes una cosa?

Me da igual lo que haga,

porque no es ningún pariente mío.

Sólo es un perro guardián.

No tiene ojos en la nuca y debe dormir de noche.

Nunca podrá pillarme.

No quiero estar, si lo hace.

Está bien, tío Howard.

Tú no corras peligro y déjame con mi horrible destino.

¡Deja ya de hablar así y dime lo que has hecho!

He estado rondando por ahí.

Estás dispuesto a creer eso, ¿verdad?

Es bonito tener parientes que te quieren.

¡Pero, mira cómo vas!

- ¿Qué pensaría cualquiera? - Tú no eres cualquiera.

Eres mi tío carnal y deberías quererme.

Pero lo único que te importa es el alcohol y beber ginebra con tónica.

¡Lo siento!

¡Lo siento!

No sé que me pasa. Debe tratarse de algo mental o químico.

Si este verano no me pasa algo, voy a morirme.

-¡Pobre Quentin!

Hay que arriesgarse en la vida.

Si no, más vale morirse.

¿Sabes una cosa?

Este verano van a salirme mejor las cosas.

No voy a seguir siendo el resto de mi vida una persona de las que sobran en este mundo.

- ¿Y quién no lo es? - Sí, yo no soy así.

Gracias.

Gracias por tu ayuda y consuelo, tío Howard.

Parece que estés acabando el día, no empezándolo.

¡Café y cigarrillos, con el estómago vacío!

Pues hazme algo mejor.

Lo haré, pero sólo tengo dos manos.

He buscado, pero no la encuentro.

Te dije anoche que trajeras la leña...

y que llenaras eso hasta los topes.

- Se me olvidó. - ¡Se te olvidó!

¿Huelo a café o no?

¿Lo ves? ¡Menuda clase de ayuda eres!

¡Ya vengo! Ya vengo, tan pronto como sea posible.

¿No ve que no tengo alas?

¡Quiero el café inmediatamente!

¿Cómo quieren que se pueda dormir en esta casa?

¡Se oyen sus gritos en el vestíbulo, desde que amanece!

¡Toma! Llévale este café.

¡Todas esos escalones!

Perdona. Mis viejas piernas suben mejor las escaleras que las tuyas.

Es que hay que subir muchos escalones, para llegar a esta habitación.

Es que te has hecho demasiado vieja para servir en esta casa.

Si me muero, nadie iba a echarme en falta.

Esto no lo hubiera permitido nunca el Sr. Compson.

Sí, él la mimaba pero ahora ya está con el Señor...

y yo tengo que dar de comer a ocho.

No he dormido nada en toda la noche y tengo mis pies como témpanos.

Luego le traeré una bolsa caliente.

Voy a hablar con mi hijo Jason sobre ti.

Quiero que sepa que soy la última en recibir atención en esta casa.

¿Por qué no baja a desayunar con los demás?

Eso le iba a ir muy bien.

Cuando era joven, trabajé en Bayou Pointe.

Tenía que golpear la ropa contra las piedras del río...

y cocinar y limpiar para honestos pescadores franceses.

Ahora, que soy vieja, quiero el desayuno en la cama.

Si no se levanta, vendrá el Sr. Jason y la sacará.

¡Dos galletas con mantequilla ...y miel!

¡Abuela, tengo hambre!

Ya vas a tener tu comida, pequeño.

Cielo, ¿cómo estás?

¿Cómo ha pasado la noche?

Por las noches no lo vigilo, abuela, sólo duermo.

Entonces, debe vigilarlo el Señor.

Ben es el único Compson del que se ocupa particularmente.

¿Por qué me mira así? Parece que me odie.

No, no te odia; pero quería mucho a tu madre.

Y lo único que sabe es que ella se fue, cuando tú naciste.

¿Y por qué me echa la culpa?

¡Oh, no sé lo que pasa por la cabeza de este pobre chico!

Nadie lo sabe. ¡Tócalo...!

¡y te corto el dedo con el cuchillo!

Seguro que Ben no lo ha probado.

Sí, ha cogido un trozo grande.

- Pregúntaselo. - Da igual.

A ver si lo vuelves a hacer. ¡Vamos, Luster, hazlo otra vez!

¿Es ese el nuevo uniforme del Colegio?

O quizás es que hoy hacéis fiesta.

¿Me puedes poner una media taza más, por favor?

¡Deja eso y ven aquí un momento!

¿Para qué?

¡Deja la taza en el fregadero y ven aquí!

¿Y ahora, qué quieres Jason?

Tienes diez segundos para dejar esa taza y venir aquí, tal como te he dicho.

¿Qué hora es? Cuando pasen esos segundos, silba. ¡Ponme más! ¡No!

- ¡Suéltame, suéltame! - ¡Déjamela a mí!

¿Acaso no he sido yo quien os ha criado a todos?

- ¡Vaya trabajo que hiciste! -Eres un hombre muy frío, Jason, si es que lo eres.

Al menos lo suficiente para poder alimentaros.

Me ha llamado el Director.

Una falta más y te echarán del Colegio.

¿Por qué no me dices a dónde vas, cuando te ausentas?

¿Vas al bosque con esos petimetres de la ciudad? ¿Eso haces?

No, pero te gustaría saberlo, ¿verdad? Yo te lo diré.

- Hago lo que sea; de todo. - Eso parece.

Vas pintada como un payaso. ¡Mira qué vestido y qué pelo!

¿Acaso quieres insinuar que no me caen bien los vestidos de mi madre?

¿Quieres que todos los del pueblo hablen de ti? ¿Es eso lo que quieres?

Sí. Es mejor que vivir aquí contigo.

¡Pégame a mí, si con eso vas a estar contento! ¡Pégame!

¡Voy a llevarte al Colegio!

Me ocuparé de que vayas.

¡Y ahora sube y cámbiate de ropa!

¡Disley, quiero ir con mamá!

¡Vamos, pequeña, no la llames!

Ella se ha ido lejos. Pero, ahora, tienes a Dilsey.

¡Jason, Jason! ¿No te da vergüenza?

La verdad es que no.

Jason, a mí no se me respeta en esta casa.

¡Ah! Buenos días, mamá.

Ya veo que sigues de tan buen humor como siempre, esta mañana.

¡Soy la señora de la casa!

La cocinera debería preguntarme lo que se tiene que servir a la mesa.

Yo tendría que llevar en el bolso las llaves de la casa.

Y yo debería ser la primera a quien se sirviera el café por las mañanas.

- ¡Tengo prisa! -¿Prisa, con estos Compson tan aristócratas?

Desde que me case con su padre y te traje aquí, no nos soportan.

A nadie le gusta que su padre llegue a casa con una mujer cajún y un hijo de ella, bajo el brazo.

No éramos gran cosa para una buena familia del Delta.

¡Y seguimos sin serlo!

Te voy a decir lo que pasa.

Somos demasiado para ellos. Debíamos habernos ido a Nueva Orleans.

En seguida hubieras encontrado a una rica chica con una bonita casa.

Yo tendría toda una planta para mí y una criada que me frotaría la espalda.

Y tú, hijo mío, tendrías camisas de seda hechas a mano..

Y un despacho moderno al que ir en el centro de la ciudad.

Diles que tienen que llamarme "señora"...

y que deben ponerse en pie, cuando entre en una habitación.

Dile a Quentin que no debe dar portazos cuando duermo.

Tienes que hacer que obedezcan. ¿Dónde estarían ellos sin ti?

¡Cuidado, Howard,

o acabarás rodando desde el porche y te matarás delante de los vecinos.

¡De una en una!

Por lo que veo, no llevas ningún libro.

¿Del Colegio?

Ya sabes a qué me refiero.

Me gustaría saber que has hecho con ellos, si es asunto mío.

No lo es.

¿Te importaría que lo fuera?

Como esta mañana ya te han destrozado los nervios,

te lo diré para aliviarte.

Están en la casa de empeños del Sr. Selbv, en el centro del pueblo.

- ¿Los has empeñado? - Si quieres llamarlo así..

Necesitaba hacerme la permanente y no pude conseguir un crédito,

porque todo el pueblo sabe que no tengo ni un céntimo.

No tengo ningún derecho a preguntar por ellos; sólo pague 14'65 por los libros.

Mi madre manda dinero para los libros, tú no pagas ni un céntimo

¡Antes me moriría de hambre!

¿Sabes que haría si supiera que has pagado esto?

¿Qué harías?

Lo rompería en pedazos y lo tiraría a la calle.

¿No me crees? ¿Quieres ver como lo hago?

No compraría entradas para verlo.

¡Quieres darte prisa! Voy a llegar tarde a las clases que me obligas a ir.

Como no tengo el placer de charlar contigo a diario, aprovecho cuando puedo.

Una conversación es cuando dos tienen algo que decirse mutuamente.

Así que, si no te importa, pensaré en lo que quiera.

ESCUELA PARA CHICAS DE LA SRTA. BAINES

¿Sabes una cosa?

Soy mala, iré al infierno y allí estaré mejor que en cualquier sitio contigo.

Saber es poder. ¡Lárgate y pórtate bien!

- Buenos días, Job. - Buenos días, Sr. Jason.

Está arriba esperándole.

- Buenos días. - Buenos días.

¿Por qué no te compras un reloj de un dólar?

¡Por fin has llegado!

¿Empezaste el día como siempre?

¿No te ha costado levantarte tras dormir plácidamente?

¿Te esperaba abajo la cocinera de color con un zumo helado?

¿Te ha colocado la silla un chico que enseñaba sus dientes sonriendo?

¿O has desayunado esta mañana en la terraza, para poder contemplar todas tus propiedades?

Bueno, lo que queda de ellas.

- Y también me he lavado. - Claro, claro.

Los Compson son gente aseada.

Gente aseada y sin un céntimo.

Tu padrastro se mató bebiendo y el mío se quedó contemplándole.

Por eso la tienda es mía y tú trabajas para mí.

Espero que eso no te haya causado ninguna molestia.

- Si no ya sabes lo que puedes hacer. -No voy a hacer nada.

El apellido Compson es bueno para el comercio.

- Tienes razón, Earl. - Trata de llegar a tiempo, Jason.

- ¿Me has oído? - Sí.

Pero si no te gusta, ya sabes lo que puedes hacer.

¡Eh! ¿Quieres oír algo?

"Querido papi: Ojalá estuvieras aquí.

"No hay buenas fiestas cuando tú no estás aquí.

"Echo de menos a mi querido papi".

¡Oh, estoy seguro que sí!

¿Sabes? La última vez le di 15 dólares. Sí, se los di.

Nunca prometo nada a una mujer ni tampoco le digo lo que le daré.

Es lo único que funciona con ellas: hacer que imaginen.

Si no sabes cómo sorprenderlas, atízales un buen mamporro.

Nunca te he visto ir a Memphis, para relajarte un poco.

Y aquí tampoco lo haces. Me pregunto dónde lo harás.

Sigue preguntándotelo.

- ¿Qué tal, Sr. Selby? - Buenas tardes, Quentin.

¡Oh, tiene un sombrero nuevo!

¿De quién era eso?

¿Eso?

Es el broche de la tía de la Srta. Emily Merridew.

- ¿Y ese amarillo? - De la Sra. Benbow.

Lo vendió después de la muerte de su marido por culpa de la bebida.

Me gusta este.

Es un lazo de amor.

De Horace Franklin. Tras la Primera Guerra Mundial,

se rompió el compromiso.

Tiene Vd. un trabajo muy atractivo, Sr. Selby.

Todos estos recuerdos, abandonados en tiempos de tensión.

Se podría decir que es Vd. un comerciante de corazones rotos.

Prefiero que se me conozca como financiero.

Puede decirse que las mejores familias están aquí representadas, de un modo u otro.

Normalmente no suelen ser tan jóvenes como tú.

A propósito, ¿dónde estabas ayer?

Cuando los empeñaste, acordamos que vendrías a usarlos diariamente.

Ayer me dolían los huesos.

Tu abuelo sabía latín. Tienes que estudiar.

Lo que no puedo encontrar, no lo encontraré en los libros.

Además, ¿de qué me va a servir la botánica en mi vida?

No te va a hacer daño el conocer la belleza de la naturaleza,

además de poder ganarte la vida.

Ya tengo suficientes problemas con la naturaleza.

No. Me temo que volveré mañana.

Si no te duelen los huesos, ¿eh?

FERIA PANAMERICANA. Juegos. Emociones. Prodigios.

¡Jason!

De nada sirve tratar de confiar en ti.

Dejas el Colegio para venir aquí.

Tengo una hora para comer y no la voy a pasar toda contigo.

¿Tengo alguna carta hoy?

¿Tienes algún novio que sepa escribir?

¿Tengo alguna carta de mi madre?

Me dijo que me mandaría dinero. Me lo prometió.

¿Puedes dármelo, por favor?

Te lo voy a dar, si me das un momento.

No dice cuánto.

Pero aquí dice que cree que me estás robando.

"Sé que te quedas el dinero que le mando. Lo sé, como si estuviera viéndote".

¡Tu cheque! Puedes endosarlo aquí.

Debes tomarme por una idiota. ¡A ver!

No te molestes. Son 10 dólares.

¡Qué mentiroso eres! Llevas años robándome...

y todo va a parar a la caja que tienes en tu armario.

Dime para qué necesitas el dinero.

Tengo deudas...

- ...y tengo que pagarlas hoy. - ¿A quién?

Y no retuerzas las manos cuando te hablo.

He comprado a cuenta muchas cosas en la tienda.

Si aún hay alguien que te fía, después de lo que he dicho por ahí,

ya me haré yo cargo.

Jason, por favor.

Por favor, por favor.

Necesito tener algo de dinero.

Si me lo das, haré lo que me pidas.

No digas eso de que harás cualquier cosa.

Tu madre ofrecía siempre eso y todos aceptaban siempre.

¡Tú no vas a llevar su misma vida!

Al menos, mientras yo pueda impedirlo.

¡Fírmalo!

Así te puedo tener cerca de casa.

¡Te arrepentirás!

¡Me rindo, me rindo!

Es la música del espectáculo.

Me encantaría poder ir a verlo,

pero no podré ir. No tengo 25 centavos.

Además, ¿quién te iba a cuidar?

Siempre yo, siempre soy yo. ¡Arre!

Claro que podíamos ir al campo de golf a por una pelota, para venderla.

Pero, ¿quién la compraría?

A lo mejor a alguien se le ha extraviado algo de dinero.

Sólo tendríamos que encontrarlo.

Ben, tienen a uno que toca música con una sierra.

- ¿Es él? - Sí.

- Es enorme. - ¡Qué gallina eres!

No pasará de la puerta. ¡Vamos!

¡Vamos! ¡Adelante, gallina!

¡Ben, Ben, te llevaré a dar un paseo!

¡Un paseo, Ben! ¡Un paseo, Ben!

¡Vamos a dar un paseo! ¡Un paseo, Ben, un paseo!

¡Vamos a dar un paseo!

¡Escucha la música, Benji!

CARNAVAL PANAMERICANO

ASESINO DE LEONES

ESTRENO A LAS 6 DE LA TARDE

¡Fíjate en ese!

Aquí tienen tipos más terroríficos que en nuestro espectáculo.

¡A ver, a ver! ¿Por qué no estáis trabajando aquí?

- ¡Menudo hombretón llevas aquí! - Es el Sr. Compson, Benjamin Compson.

- ¿Compson? ¿El más famoso? - El más famoso de esta ciudad.

- ¿Quieres ganarte un dólar? - ¿Quién, yo?

- ¿Un dólar? - ¡Un dólar!

Lo único que tienes que hacer es dar unas vueltas a la plaza.

¿Eso es todo?

Bueno... el grandullón te ayudará.

No vayas por las calles laterales. Ve por el centro.

- Te daré el dólar cuando vuelvas. - Gracias, señor.

CARNAVAL PANAMERICANO. Monstruos. Juegos. Emociones.

Ya está bien. ¡Basta!

Si cruzas otra vez la puerta con él, te mataré.

Y, ahora, volved a casa.

CASA DE LA DIVERSIÓN

La diversión ya es toda tuya.

- No te estaba siguiendo. - No, señora.

Tengo cosas mejores que hacer que seguir a los chicos.

Sólo íbamos en la misma dirección.

Bueno, pues sigamos así.

¿Y si dejásemos de caminar?

- ¿Qué quieres decir? - ¿Te vas a ir corriendo?

Según para qué nos detengamos.

¿Y si fuéramos a mi caravana a descansar un poco y tomarnos una Coca-Cola?

No tengo mucha sed. Gracias.

No hace falta beber. ¿Podemos hablar, no?

Mira, no te equivoques, si piensas que soy una chica fácil.

No soy uno de esos ligues sureños, de los que hablarás cuando te vayas.

Mira, no pensaba en eso.

Bueno, imagino que no pasa nada.

Muy bien, entra.

Estás loco si crees que eso me da miedo.

¿Por qué sonríes así?

Porque me siento bien, cariño.

Y uno no está vivo, si no se siente así.

Yo soy muy emotiva.

Por eso he tenido muchos problemas y aún tendré muchos más.

Esos problemas te los creas tú misma.

Yo, si tengo hambre, como; si estoy cansado, duermo; si estoy sucio, me lavo.

Si veo a una chica...

no me importa preguntarle su nombre.

Bueno, creo que no quiero decirlo.

Mira, no es que yo sea un fresco.

Es que me gusta la gente.

Pero, en un sitio tan pequeño como este,

si estás en una feria, creen que eres un vagabundo. Nadie habla contigo.

En estos dos días nadie ha hablado conmigo, ni una anciana.

Te morirías de aburrimiento, si lo hicieran.

Sólo saben hablar de sus abuelos, durante la Guerra Civil...

y de sus malestares femeninos...

o de lo que van a cenar este domingo.

Odian a los forasteros,

porque todos son parientes entre sí. Parecemos griegos.

- Como en las tragedias, ¿sabes? - Claro.

Me llamo Quentin Compson.

- ¿Quentin? - ¡Quentin!

- Bueno. Parece un nombre de chico. -Lo es.

El chico que lo llevaba antes que yo se mató por amor.

Se... abrió la tapa de los sesos en el dormitorio de su madre.

Bueno, yo llevo el nombre de un bombero de Nueva York:

Charlie Busch.

Fuera hace calor y tú tienes la mano fría.

Perdona, pero es que soy muy nerviosa.

- ¿Por qué? -Es algo que tiene que ver con mi pasado familiar,

que seguro que no te interesa.

¿Y cuál es ese pasado familiar?

Quieres que empecemos por mi loca abuela o..

Mi tutora o..

Tal vez con mi madre, que se escapó corriendo el día que nací.

Quiero saber cosas sobre ti.

Pues pregunta por ahí. Todos me conocen aquí.

No tengo por qué. Te he elegido a ti,

de entre toda la gente.

¿Por qué? Porque parezco rara.

No, guapa.

Me alegro de haberte dicho cómo me llamo.

Te voy a decir como acabará esto:

tú y yo.

Voy a saber muchas cosas más de ti que sólo tu nombre.

¡Chico!

- ¿Ves esta reluciente moneda de diez centavos? -Sí.

- ¿Podrías entregar esta nota en mi nombre? -Sí, claro.

Pregunta por el Sr. Compson en esa tienda de allí.

He vuelto.

Voy a desmayarme si me miras así, Jason.

Me gustaría alguna señal de bienvenida;

alguna señal de satisfacción.

He venido desde muy lejos.

Así que es Caddy.

He tenido que venir en tren, autobús y a pie...

y ahora siento cada kilómetro.

Pareces muy alto,

examinándome ahí, de pie.

Bueno, es mejor así.

Aquí estamos, uno al lado del otro.

Daría un centavo por saber lo que piensas al verme aparecer de nuevo.

Nunca has sabido ocultar nada, se nota en tu cara.

¡Qué cambio! ¡Qué cambio!

"Caddy ha cambiado"; lo reconozco.

El tiempo no se ha portado conmigo como un amigo.

Eres mayor.

Bueno, espero llevarlo bien. Una mujer mayor no puede hacer más.

Además, no han sido unos años fáciles.

He estado deambulando por todas partes.

Creo que te haría llorar, si te cuento esa larga y triste historia.

Tranquilo, no lo haré.

A los hombres no les gusta oír dramas de labios de mujeres.

Hablas demasiado y muy rápido.

Ya lo sé.

Hay mucho calor y polvo y el sol brilla fortísimo.

Por la tarde tendría que refrescar un poco.

¿No refresca nunca por aquí?

¿Por qué estás aquí?

Tendrás que decírmelo tarde o temprano.

Parece que has perdido el amable arte de la conversación, Jason.

Tenemos muchas cosas que decirnos tras todo este tiempo.

Estoy esperando que tú empieces.

He venido a verla.

Quiero ver a mi niña: a mi Quentin.

- ¡Tu Quentin! - Quiero saberlo todo de ella.

- ¿Has sido bueno con ella, Jason? - Llegas tarde.

- ¿Has sido bueno con ella? - Mejor que tú.

Yo no dí a luz a un bebé, en el suelo de la choza de un sirviente;

- ...ni desaparecí al día siguiente. - No me hables más de lo que hice.

Quiero recuperarla.

Te daré mil dólares si me dejas recuperarla.

Puedo conseguirlos.

Ya sé cómo. Igual que la conseguiste a ella.

Gracias.

Gracias por eso.

Lo que pensamos el uno del otro no es ningún secreto.

Estoy loca.

Estoy enferma.

No podía quedarme con ella, de ningún modo.

No sé en qué estoy pensando;

pero déjame verla.

Sólo un minuto.

No voy a suplicar... o decir ni hacer nada.

Me iré al instante;

pero déjame verla...

un momento.

Llevas el apellido de mi padre. ¿Crees que a él iba a pedírselo dos veces?

- Ni una. - Me lo estás pidiendo a mí.

¿Me dejarás verla?

En casa no sabemos ni tu nombre, ¿lo sabías?

Tampoco hablamos de ti en casa, ¿lo sabías?

¿Puedo ver a mi hija, Jason?

Está bien. Puedes verla.

No me estás tomando el pelo, ¿verdad?

Ven aquí a las 9 en punto.

¿Lo harás? ¿Vendrás?

¿Me lo prometes?

- ¿No te fías de mí? - No, te conozco. Crecí contigo.

Lo siento. Lo...

He dicho una tontería.

¿Lo prometes, Jason? No te lo pediría, si hubiera otra modo.

Así es, Caddy.

No hay otro modo.

¡Mira esa bola de fuego, Ben!

Mira cómo se desliza.

Me pregunto a dónde va cuando se va.

¡Miraos los dos, como un oso y un mono!

¡Dejad eso y venid a cenar!

¡Vamos!

¿Dónde están todos?

- Las señoras, arriba. - ¿Y Howard?

Ha cenado temprano.

- O sea, que ha bebido temprano. - Ahora está dormido.

Me gustaría ir a ese espectáculo de la ciudad.

Si tuviera 25 centavos...

Y si tuvieras alas, podrías volar hasta el cielo.

Y no quiero volver a oír hablar de ese espectáculo.

La cena está lista.

Por cierto, me han regalado dos entradas.

- ¿Entradas gratis? - Sí.

- ¿Vas a usarlas? - Creo que voy a quemarlas.

¡Es una lástima!

- ¿Ves estas entradas, Luster? - Claro que sí.

Podrían haber sido tuyas.

¿Por qué haces eso?

Para que te acuerdes.

No vuelvas a sacar nunca más a Ben, fuera de la verja de esta casa.

¿Has visto, abuela?

Así aprenderás.

Te han dicho una y mil veces que no saques a Ben de paseo por la ciudad.

A ver si así te enteras.

¿Por qué no vienes?

Estoy esperando la cena.

Está lista; ya lo he dicho.

Perdona, pero no he oído bajar a nadie.

No van a bajar. Quieren que les suba la cena.

Si vienes ahora a cenar, podré llevarles algo luego.

¿Acaso están enfermas?

¿Qué ha dicho el médico que tenían?

Espero que no sea viruela.

Jason, por favor, ven y así podré acabar.

¿Por qué te portas así, cuando sabes muy bien el trabajo que tengo?

Mientras sea yo quien pague la comida en esta casa, tendrán que bajar para comérsela.

Y yo estoy esperando la cena.

Parece que hoy vamos a cenar bilis.

¿Te han dado una buena ración de asado?

Porque si no, intentaré que sea mejor.

- No está mal. -¿Qué? - Que no está mal.

- ¿Quieres un poco más de arroz? - No.

¿Mamá?

No, gracias.

Me alegra que ya os encontréis bien para poder bajar a cenar.

Sentarme a la mesa es lo menos que puedo hacer por ti.

Da igual cómo me sienta.

Déjame adivinar cómo te sientes:

ultrajada, desairada, desdeñada y martirizada.

¿He acertado?

¿Qué es esta noche?

Hago todo lo mejor que puedo por sufrir en silencio.

Es el problema de esta familia.

Nadie sufre en silencio.

Nadie sufriría si no fuera por ti.

¿Cómo te atreves a hablarle así?

Por mí no le hablaría. Sólo pienso en huir de él.

Llevas huyendo mucho, pero siempre vuelves para comer.

¿Qué clase de chica eres? Siempre estás discutiendo.

Es culpa suya; no me deja en paz.

Es lo más parecido a un padre que has tenido nunca.

Estás comiendo su pan.

¿Qué menos que obedecerle?

Escúchame: lo que hago es culpa suya.

Si soy mala, es culpa suya.

Jason, si una sola vez, solo una...

¡Continúa!

Si una sola vez intentaras ser humano...

¿No te parezco bastante humano para este zoo?

¿Lo ves? Llama a esto un zoo.

Esto es un hogar, Jason, donde vive gente.

¡Ojalá me muriera! ¡Ojalá nos muriéramos todos!

No quiero volver a oírte eso otra vez.

Pues no pienso retirarlo, porque lo digo en serio.

¡No vas a ponerte de rodillas!

Aguantarás de pie lo que la vida te ofrezca.

¿Puedo retirarme?

Todavía no.

Ven conmigo.

¿Qué haces?

¿A dónde la llevas?

Afuera.

¿A dónde vais?

Nadie me dice nunca nada.

¿A dónde vamos?

¡Para, Jason, Jason!

¡Para!

¡Jason, Jason!

¡Para!

¡Para!

Jason, ¿qué ha pasado?

¿Quién era?

¡Dios mío!

¡Jason, es mi madre!

¡Jason, detén el coche! Es mi madre.

¡Jason, para! Es mi madre.

¡Por favor!

¡Mentiroso!

¡Mentiroso, mentiroso!

Pediste verla sólo un minuto.

- Sólo uno. - Y me lo concediste.

¡Me lo concediste!

Corrí tras de ti.

Vino la gente de la calle y creyó que era un accidente.

Que me habían atropellado.

Hasta los extraños se apiadaron de mí.

Algo terrible te va a suceder, porque Dios no es ciego.

Te dije un minuto.

Es un minuto más de lo que tú le has dado en su vida.

Conozco mis errores.

Te fuiste sin mirar atrás ni una sola vez.

Una no se atreve a mirar atrás.

Te puedo decir lo que habrías visto:

malestar y dolor,

fiebre y lágrimas.

Y tú, ¿dónde estabas?

Anoche, en una esquina, es lo máximo que te has acercado a ella.

Dios sabe que me he dicho a mí misma todo eso.

Me imagino que no estaba capacitada.

¿Te imaginas?

¡Tú y tu gran corazón de madre!

Con extraños que se apiadan de ti.

Algunas personas me tenían en cuenta.

¿Cómo crees que me las he apañado todos estos años?

Siempre me han amado y deseado.

Y cuidaban bien de ti, ¿verdad?

Sí.

Siempre he recibido mucha atención.

Y siempre la he pagado lo mejor que he podido.

Hasta que ya no podías más.

No sé de qué me hablas.

Ha sido un largo y duro viaje, ¿verdad, Caddy?

- Y ahora quieres apearte. - Tergiversas todo.

Nunca he dicho eso.

Ya no te tratan tan bien,

hace ya mucho tiempo.

Es porque he dejado de fingir que me gustan.

Ese es el problema: he dejado de fingir.

Ya no me quedaban fuerzas.

Sabía que saldría esto.

La chica no tiene nada que ver con esta visita.

Ya sabes que no tenía otro sitio adonde ir.

Ninguno más.

¿Qué pensabas encontrar aquí?

- Compasión. - ¿Mía?

¡Dios mío!

Quiero volver a casa.

¡Por favor, déjame volver a casa!

Ella lloró anoche.

Quiere a su madre.

Cree que necesita una.

Tienes una oportunidad.

¿Estás diciendo que sí?

Así tendré la casa llena. ¿Qué puedo perder?

¿Cuánto tiempo quieres decir?

¿Cuanto tiempo me darás: una semana, dos?

- Un mes. -No trates de regatear conmigo, Caddy.

¡Vete a casa!

¿Aquí, en esta casa? ¿Bajo el mismo techo? ¡No!

Por su inmundo escándalo, ninguna buena familia ha pisado esta casa en 17 años.

Es mi hermana,

que vuelve a su casa.

- Esta es mi casa. -Era suya mucho antes que fuera tuya.

¿Quién eres para hablarme así?

¿Quién eres tú, Howard Compson?

Un borracho y un ladrón.

Eso es: un ladrón.

¿Cuántas veces ha tenido que poner mi hijo el dinero que tú has robado?

¿Cuántas veces te han pillado con las manos en la caja para comprar whisky?

Nadie te contrataba en esta ciudad ni para fregar suelos.

Así que ten cuidado.

¡Que venga, pues,

pero no voy a mirarla a la cara!

Mientras ella esté aquí, yo no voy a salir de mi habitación.

- Aunque acabe siendo mi tumba. - ¡Ya llega!

Ya está aquí.

¡Howard!

¡Howard!

¡Benjy!

¡Mi Benjy!

Sí, es mía.

¡Mi auténtica zapatilla de ballet que has guardado hasta ahora!

¡Te acordabas de mí, Benjy!

Te acordabas de mí.

He llegado a un puerto seguro.

¡Adelante!

¿No me das un beso, cielo?

Déjame verte.

Me he abalanzado un poco sobre ti, ¿verdad?

Eso es lo que estaba esperando.

Para eso he venido.

Casi te rompo las costillas.

Cuando siento algo, lo siento de verdad.

Me alegro de que lo sientas por mí.

¡Oh, Quentin!

¡Qué bonito es poder verte!

Tu cara es como...

mirar en un espejo,

en el que el tiempo haya desaparecido.

Eres yo misma.

Sí, eres...

la parte más preciada y querida de mí.

Aunque sea la primera vez que pueda decírtelo.

¡Oh, cielos!

No puedo desahogarme contigo, porque te ahogaría.

Más vale que me controle. No nos conocemos.

Debo darte tiempo para que te acostumbres a mí.

No necesito tiempo.

¡Mi pequeña!

Podría comerte, si quisiera.

No me importaría.

Voy a adelantarme para decirte...

que eres la cosa más bonita que he visto.

Sí, lo eres y seguro que tienes muchos pretendientes.

Puedes hablar con tu madre.

Tus secretos están a salvo conmigo.

- No tengo ninguno. -Seguro que tendrás. Esto es sólo el principio.

Es una suerte que aparezca ahora; doy unas fiestas estupendas.

Tú necesitas fiestas para lucirte...

y aquí no le vendrá mal el que se celebre alguna fiesta.

Y también necesitarás algún vestido.

Podemos empezar por ahí.

La ropa me da igual.

La ropa y las fiestas son el cebo para atraparlos.

Una chica no debe empezar demasiado pronto.

Yo me he graduado en el arte de recibir golpes. Tienes que hacerme caso.

Tú buscas seguridad...

de las buena.

Esa que viene... con un anillo de boda,

ropa de cama y vajilla de plata.

- ¿Mamá? - ¿Qué, cielo?

- Quiero hablar contigo. - Eso es lo que hacemos.

Nos estamos conociendo lo más rápido que podemos.

No me refiero a eso.

Tú puedes ayudarme.

¿Estás metida...?

¿en algún problema?

He tenido problemas desde el día en que te fuiste.

¡Dime, tesoro, dime!

Es Jason.

- ¡Es un demonio! - Calla, cariño.

¡En serio!

Vivir con él me ha convertido en algo que me asusta.

Le odio tanto que a veces pienso que podría matarlo.

- ¡Quentin! - Sí, matarlo.

¿Para eso he venido a casa?

Todo eso de matar, pelearse...

y hacerse mala sangre...

¿No basta con que esta preciosa casa se esté desmoronando?

¿Y que esa horrible anciana...?

¿se ponga en contra mía, ocultándose en su habitación?

¿Qué más tengo que aguantar?

¡Mamá!

Si estuviera herida, me ayudarías.

Si me desangrara, vendrías corriendo.

¡Pues me estoy desangrando y tienes que hacer algo!

¿Qué puedo hacer yo?

Puedes ir a verle.

Puedes ir a verle y decirle que me deje en paz.

Con sólo eso ya me quedaré contenta.

Soñaba con ser una buena madre,

pero no puedo pensar con claridad con tantos frentes abiertos.

Mamá, en todos estos años jamás te he odiado.

He aguantado y aguantado, esperando el día en que ibas a regresar...

y podrías compensármelo todo.

"No le tendré en cuenta nada", decía.

"Da igual que no me quiera. No tengo ni que gustarle.

"Sólo tiene que salir en mi defensa".

Eso es lo más difícil de todo.

¿No voy a recibir nada de ti?

Escúchame.

Estoy cansada, agotada.

- Y yo sola. - Pero eres joven.

- ¡Qué bien! -No creas que el ser una joven no sea nada.

Yo he dejado pasar mis oportunidades y ya no tendré más.

Imagina que te pasara eso y ya no tuvieras más oportunidades.

Estás desperdiciando ahora una: ser algo para mí.

Lo... lo intentaré.

No... no quiero perderte por segunda vez.

Lo intentaré de veras.

Y ahora escucha: tenemos que preparar un plan.

Iré a verle.

Seré muy firme. Le diré...

que todo eso debe acabarse.

Soy tu madre y algo tengo que decir.

Tendré cuidado, por supuesto,

porque Jason está esperando que cometa algún error...

y no queremos que me eche.

Tengo que ir con cuidado.

- ¡Déjalo! - ¡No, lo haré, lo haré!

Da igual. No pienses más en eso.

¡Oh, vaya!

Parezco un adefesio.

Tengo los ojos hinchados.

¡Están ardiendo! ¿Estoy bien ahora?

Muy bien.

Buenas noches, mamá.

- ¡Déjame levantarme! - No.

- ¡Venga, déjame! - No.

- Mira, está mi familia. - Están dormidos.

- Pues se van a despertar. - ¿Te sorprende verme?

- No. - ¿No?

Nada.

- ¿Pensabas que vendría? - ¡Oh, vamos!

Voy a levantarme. ¡Quita o te empujo!

¡Muy bien, empújame!

¡Vamos, déjame! Me da el sol en la cara.

Cierra los ojos.

- No quiero. - ¿Qué crees que te va a pasar?

No lo sé, algo.

¿Algo bueno, tal vez?

"Aguaceros de Abril"

Gracias. Pero no te gastes el dinero en mí.

Me gusta que las chicas huelan bien.

Creo que lo que te gustan son las chicas y basta.

Tienes unos pies muy bonitos...

y no como mucha gente.

No te gusta que hablen de ti.

Te pone nerviosa, ¿verdad?

Es que estás aquí zumbando, como si fueras un mosquito.

- Quieres besarme, ¿verdad? - Sí.

¿Y por qué no dejas los cumplidos y comentarios y lo haces?

¿Quién te ha enseñado a besar?

Nadie.

- ¿Por qué? ¿Qué pasa? - Nada.

Sí. No te ha gustado.

No tienes mucha experiencia.

- ¿Cómo lo sabes? - Porque no lo haces bien.

¿Quieres decir que hay un modo correcto o incorrecto?

Mira, cuando beso a alguien tiene que sujetarme.

- Olvida que eres guapa, ¿quieres? -No.

Y tú tampoco lo olvides.

- No pienso hacer el amor a lo loco en mi vida. -¡Vamos!

No, soy muy estricta sobre el amor.

No te entiendo, pequeña.

Mira, Charlie,

para mí, el amor viene después.

Cuando conoces a alguien, te gusta, confías en él y lo respetas...

Son mis principios y puedes reírte de ello, pero eso no me hace gracia.

Así que será mejor que pares.

Mira, no puedo apagarme y encenderme así como así.

Es agua, ¿verdad?

Bueno...

¡Venga, ahora tú!

No, gracias.

Odio el alcohol. Prefiero beber gasolina.

Creo que debes beber, porque somos amigos.

¡Seamos amigos!

Está bien.

- Me siento como si fuera a causar un incendio. -Sí, a mí.

- ¿Me llevas en brazos? - Sí, te llevo de aquí.

Más vale que me agarre, ¿no?

- Eso es lo que te gusta, ¿verdad? -Sí.

- Veo tu cara por todas partes. - Lo ves. Eso funciona contigo.

Porque nunca había bebido alcohol,

ni tampoco había pasado un día así.

Y no sé si volveré a pasarlo.

- ¿Charlie? - ¿Qué?

- ¿Voy a respetarte? - Seguro que sí.

¡Mujeres sureñas!

- ¡Es Ben! - Pues, deshazte de él.

Sí, pero tengo que llevarlo a la casa.

¡Vamos, mujer!

- ¡Charlie, para! - No habla; no dirá nada.

¡Déjame! Puede vernos.

¡Eh, amigo!

¿Quieres intentar algo? ¿Eh?

¡Fíjate, vamos!

Muy bien, ahora tú. Abre la boca.

- ¡Vamos! - ¡Para!

- ¿Quieres hacerle daño? - Me estorba.

De todos modos, no puedes quedarte más. Jason vendrá a casa pronto.

¿Quién es Jason?

Alguien que te va a matar, si te encuentra aquí.

- ¿Si me voy, nos veremos luego? -Sí.

Sí, ¿cuándo?

Esta noche. Pero tendrá que ser tarde.

Está bien.

¿Quieres oler, Ben?

Lo que más me cuesta creer es que ahora estoy en casa.

¡Qué tonta soy! No dejo de pensar en que van a llamar a la puerta,

para presentar la cuenta.

Los hoteles eran terribles.

Aunque te dejaras una media de seda al irte, te olvidaban.

Me encantan las cosas sólidas.

Adoro esta casa y a todos los Compson:

los fuertes y los débiles,

porque me pertenecen.

Son mi historia.

¡Historia antigua!

Habla la joven irreflexiva.

Pero si eso es lo maravilloso.

Mira... en la Biblia de tu abuelo.

Verás los nombres de los antiguos Compson, amarillentos por la tinta envejecida,

desde el albor de los tiempos.

Casi desde los tiempos de Adán.

Se están riendo de nosotras.

¡Jason,

díselo tú!

Bueno, yo soy de los que llegaron después.

¿Acaso tengo que recordaros lo que éramos?

La casa más elegante de todo el condado.

En tiempos de mi padre, cuando llegaba un invitado...

se paraba el reloj, hasta el día en que se fuera.

El tiempo se detenía, durante los felices días de su visita.

¿Cuando pararás el reloj para mí, Jason?

Mi trabajo consiste en hacer que las cosas aquí funcionen.

"Oigo cómo el carro alado del tiempo va acercándose deprisa", ¿verdad, Jason?

¿Qué es eso?

Es para la Sra. Caroline. Dice que quiere cenar algo ligero.

Es culpa mía, Jason. No quiere verme y por eso no baja.

Nunca le he gustado, porque le parecía que me daba ciertos aires.

Tú también pensabas eso, Jason.

No lo he olvidado.

Eras un niño muy gracioso.

Casi no hablabas en inglés. Eras tan tímido,

con esos ojazos negros.

Me seguías por todas partes, observándome todo el rato.

Te miraba para ver que tenedor había que usar.

No me vengas ahora con eso.

Sé muy bien cuando un chico está encandilado.

¿Quieres decir que estaba enamorado de ti?

Sí.

Puedes estar seguro de que lo estaba.

Pero la vida está llena de pequeñas ironías.

El chico que llego tan tímido a esta casa es ahora el dueño.

El chico que nos tenía tanto respeto es quien ahora nos da de comer.

Papá se revolvería en su tumba.

Bebes demasiado y dices insensateces.

Te parecemos ordinarios, ¿no es cierto?

Bueno, las cosas ahora son diferentes.

¡Claro que son diferentes!

Hay alguien que se gana la vida trabajando.

Alguien que suda diez horas al día, para mantener esto.

Tal vez crees que un Dios previsor va a cuidar de ti porque eres una Compson.

Pero, mira las otras casas de tu entorno.

La casa de los Malmaison está llena de heno hasta en las ventanas.

El Sr. Boudreau trajo la carpintería desde Inglaterra en 1833;

pero, ahora, hasta las gallinas entran en el salón, donde recibía a coroneles.

Bueno,

por esta casa no se pasean los pollos.

Aunque es una pena que ya no haya 20 invitados en el ala izquierda.

Pero, las tuberías funcionan.

Quizás, eso no sería suficiente para papá Compson;

pero para mí sí.

No respetas la memoria de mi padre.

No sé por qué no.

Está muy bien representada en diez mil botellas de whisky.

¡No, no le tienes ningún respeto!

Sí que le tengo respeto.

El respeto de pagar las facturas.

¿Y el orgullo y el honor?

El día que llegue a esta casa estaba llena de abogados que se llevaban los muebles.

Tu orgulloso y honorable padre estaba arriba en su dormitorio,

mientras su criado le llenaba el vaso en su mesita de noche,

porque sus manos temblaban tanto que él solo no podía.

¡Eso es el orgullo y el honor!

Este mundo no era para él.

Así es la vida. Si no puedes ir a caballo, acostúmbrate a caminar.

Y déjame poner las cosas en su sitio.

Él me dio el apellido que tengo...

y todo lo que llevaba consigo.

Así que voy a volver a levantar esta familia.

Y entonces ya podrás traer aquí toda la chusma que quieras:

dos podrán dormir en mi cama y otro sentarse a la mesa a comer en mi puesto.

Pero hasta entonces sujetaos bien a mí, Compsons, porque no tenéis nada más.

- ¡Qué asco! - Sonríe.

Así se ablandarán.

Nunca he visto un mayor hipócrita. No les caes bien y ellos a ti tampoco.

No dejamos que se sepa: eso es la sociedad.

No, eso son miramientos.

Intento que se olviden de algo, pero es difícil porque tienen muy buena memoria.

¿Mi vergonzoso nacimiento?

Alexander Hamilton era ilegítimo y nadie trataba de lavar su imagen en público.

No vivía en Jefferson, Mississippi.

Hace tanto calor que la ropa interior se me pega.

¿No podríamos pararnos en el Drugstore, para tomar un helado?

Vamos a la casa de la Sra. Maud Mansfield, a tomar el té.

Huele a perro, la tarta sabe a soda y estoy harta...

de pasar así los domingos.

Si vas a vivir aquí, necesitas que te acepten aquí.

Y eso es algo que tengo que hacer, ya sea que te guste o no.

Muchas gracias por nada.

Y no te olvides de preguntarle por su asma.

¿Asma?

Todos saben que resuella así por la cantidad de bourbon que se bebe,

que ella toma, como si fuera una medicina, en un frasco de jarabe.

No te sientes de un modo incorrecto ni fumes.

Llevo en esta ciudad 70 años.

Estaba aquí antes de que hubiera pavimento, impuestos, alcalde o automóviles.

He visto su auge y su caída.

Y te puedo decir que los Compson están hundidos.

Y no vas a levantarlos trabajando y sudando en esa tienda.

Tienes que poner a trabajar a tu hermanastro...

y casarte con alguien de un linaje sano.

Mamá se interesa por ti, igual que todos nosotros.

Pero tengo que reprenderte, Jason; no vienes aquí lo suficiente.

Me temo que no haría muy buena compañía.

Soy un poco solitario, Srta. Effie.

¡Oh, eso es un error!

Es... es como ocultar una luz entre los matorrales.

Deberías casarte, Jason.

¡Te lo digo yo!

Sra. Mansfield, mi padrastro decía...

que un hombre es la suma de sus desgracias.

Creo que seguiré sumando las mías.

Mamá siempre tiene consejos para todos.

El único problema que no ha resuelto soy yo.

¿Qué tal esos silbidos, Sra. Mansfield?

¡Oh, estás frente a mí en una heladería!

¡Qué gran día!

Tengo un carácter con muchas caras.

Effie seguro que lo piensa.

Está enamorada de ti. Es buena y decente y está triste.

Si es así, debería de ser tu modelo.

No, gracias. Seguiré siendo yo, si no te importa.

¡Oh, la que estás armando!

Me gusta que se deshaga.

La Sra. Mansfield hoy te ha ofrecido té y también comprensión.

¡Todos esos consejos para enamorados,

pobre soltero Jason!

¿Por qué no te has casado nunca, Jason?

- No me avasalles. - Es que quiero saberlo.

No puedo ocuparme de más mujeres en mi vida.

¿Sabes? A veces pienso en ti.

Bastante últimamente.

Eso es una nueva y halagadora atención.

Quiero decir... que siempre parece que estés echando chispas.

- No debe ser siempre por mi culpa. -¿No?

Bueno, lo que querría saber es que otras clases de sentimientos tienes.

¿Curiosidad infantil?

- No soy una niña. -Entonces, deberías saber lo que preguntas.

Pues no lo sé.

Los hombres no somos diferentes de las mujeres:

las mismas esperanzas, deseos y problemas sin solución.

¡Oh!

Se puede decir "oh".

¿Sabes una cosa?

Creo que tienes miedo de tus propios sentimientos.

Tú también lo tendrías.

¿Sabes que es la primera vez que hablamos...?

¿y la primera vez que no eres el terrible Jason que me manda ir al Colegio?

Me parece que había olvidado que aún eres joven.

Relativamente.

Y lo curioso es que pienso...

que alguien puede enamorarse de ti.

Aún tengo esperanzas.

Pero no te imagino enamorado.

¿No?

Vayamos a caminar por el agua.

Howard,

¿sabes lo que me gustaría hacer?

¿Me escuchas?

Quiero andar por el agua...

y refrescarme los pies.

Lo hacíamos de niños.

- ¿Te acuerdas? - Sí.

Las bragas se me llenaban de barro...

y Dilsey me regañaba.

Este sitio me encanta.

Y yo lo odio.

¿Cómo puedes decir eso?

Crecimos en esta orilla.

Este era mi refugio.

Ya lo sé.

Te observaba.

¿Me observabas?

Sí.

El primero fue Dalton Ames.

¡Dalton Ames!

"Caddy es mi hermana. ¿No tienes tú una?", le dije.

Se rió de mí.

"Tranquilo, chico", me dijo.

"No te va a servir de nada el que te lo tomes tan a pecho".

Lo decía porque yo estaba llorando.

"No es culpa tuya".

"Si no hubiera sido yo, habría sido otro".

"Esta vez, he sido yo por casualidad". Por eso, le pegué.

¡Le pegué!

Pero no pude con todos, Caddy.

¿Por qué lo hacías?

¿Por qué te vendías tan barato?

Había... había algo terrible en mí.

No teníamos nada.

Las tierras y el dinero desaparecían.

Éramos pobres en todo, menos en el apellido.

Pero no nos hacía falta más; con el apellido ya éramos ricos.

Pero tú nos sentenciaste.

Tú hiciste que comenzara nuestro largo declive y muestra vergüenza.

¡Basta ya!

Ya has dicho lo suficiente.

¿Cuántos fueron, Caddy?

¿Los querías, de verdad?

- ¿Los querías? - ¡Calla!

- ¿Los querías? -¡Calla! - ¿Los querías? -¡Cállate!

Perdóname, Caddy.

¡Perdóname!

He... venido para que Jason me lleve a casa.

Ya se ha ido.

Me he pasado todo el día comprando.

Estoy exhausta.

¿Quiere descansar, Srta. Compson?

Siéntese.

- No le interrumpo. - Soy mi propio jefe.

Entro y salgo en mi tiempo libre.

El mundo es como un balancín.

Usted trabajaba aquí de empleado, ¿verdad?

No tenía tanto dinero como ahora.

Bueno, unos suben y otros bajan. Así es la vida.

Es aceite para el baño.

Espero que no se haya roto,

porque aquí el agua es tan dura,

que mi piel no la soporta.

No sé qué voy a hacer con tanto paquete.

¡Qué tonta he sido!

Un chico se ha ofrecido para llevarme a casa,

pero, no dejaba de mirarme y...

era un desconocido y...

¡Qué calor hace aquí!

UN PENIQUE AHORRADO ES UN PENIQUE GANADO

¿Querías algo, Earl?

Ya tuve lo que quería.

- ¿A qué te refieres? - Te lo acabo de decir.

Aunque se llamen Compson, a la hora de cierre, todas son iguales.

¡Levántate, Charlie!

¡Le mataré! ¡Le mataré, si cree que puede citarse en el bosque contigo!

- No soy una propiedad tuya. - ¿Cómo se llama?

- Charlie Busch. - ¡Dilo otra vez!

- Charlie Busch. -Otra vez. - Charlie Busch.

Se te acelera el pulso, cada vez que lo dices.

- ¿Y qué vas a hacer? - Desacelerarlo.

No te saldrás con la tuya, hagas lo que me hagas.

No sabes lo que puedo hacerte.

Bueno, me da igual, porque ya no te tengo miedo.

Él me ha hecho sentirme como una mujer.

Cualquiera puede hacerte sentir como una mujer.

¿Lo has visto?

Cualquiera.

A partir de ahora, sólo te dejaré salir por la mañana.

A partir de ahora voy a vigilarte.

Aquí tienes tu bandeja.

¿Te... vas a quedar ahí sentada?

¿No me vas a decir nada?

¡Qué tonta!

Eres una tonta.

¿Crees que esto puede acabar con campanas de boda?

¿Crees que ese chico te va a llevar a un país de ensueño...?

¿y te va a proteger de todo el mundo?

¡No seas una niña!

Jason sabía muy bien lo que hacía... al encerrarte.

Ojalá alguien me hubiera encerrado a mí.

El Sr. Snopes tenía muchas cosas que contar de ti.

¿Qué te ha dicho?

¿Qué mentiras te ha contado?

Me imagino...

me imagino que es inútil que te diga que es mentira.

No, claro que no.

No me creerías.

¿Para qué molestarse?

Sé que te crees el amo y señor de esta parcelita del Delta...

y que todos tiemblan con sólo verte.

Pero estás solo, Jason.

Estás solo.

Cuando cierras la puerta de tu cuarto por la noche,

a nadie le importaría que murieras.

Ni siquiera se sabría que habías existido en esta tierra.

Yo he tendido la mano a la gente.

Y algunas veces...

maravillosas, me han tendido la mano.

He sufrido por ello y volvería a sufrir de nuevo,

antes de cambiarme por ti.

Eres muy valiente, Caddy.

¿Porque...?

¿diciéndote la verdad he perdido la pensión completa?

¡Pues la doy por bien perdida!

Si Dios me ayuda...

llegaré hasta la primavera. Ya lo he hecho antes.

No te vas a ir, Caddy.

Esta es tu casa...

y la vamos a conservar todos juntos,

porque sois la única familia que tengo.

¡Charlie!

Escúchame porque me voy a sentar aquí y no pienso irme.

- ¡Vete, anda! - ¡No me iré!

Me he asustado y he salido corriendo.

No me importaba lo que te pudiera pasar.

¡Charlie, escúchame!

¡Tienes que escucharme!

Ya no soy una muñeca de cartón.

No necesito que luches por mí, sino que estés a mi lado para defenderme.

- ¡Menudo héroe te has buscado! - Déjame que sea yo quien decida eso.

Escucha esto primero:

Lo que has visto es lo que realmente soy, sin adorno alguno.

Cuando hay problemas, me voy corriendo.

¿Me quieres?

Charlie, ¿me quieres?

Porque si dices que sí, te creeré.

Sí.

Charlie, me iré contigo,

esta misma noche.

Sólo tengo seis dólares. Puedo darte un largo paseo.

Es igual; sé dónde hay dinero. Está todo en una caja fuerte.

Espero que no sea dinero confederado.

¡Charlie, espérame!

Esta vez no huyas.

¿Benjy?

¡Benjy! ¡Benjy, para!

¡Benjy! ¡Benjy, para!

Me parece que ya no va a bajar más por aquí.

¡Jason!

¿Es cierto que te llevas a Ben a un manicomio de Jackson?

Ahí podrá ser más feliz, con otros como él.

Jason, querría llevar antes a Ben a la Iglesia.

Quiero que reciba la bendición de Dios antes de que se vaya.

Bueno, pero no hace falta que me lo digas.

¡Llévale!

Abuela, ¿por qué no dejas ya de llorar?

He visto lo primero y también lo último.

No importa.

¿Lo primero y lo último de qué?

No importa.

El comienzo... y ahora veo el fin.

- ¿Ya está listo? - Sólo un minuto más.

¿Sabe que se va?

Sabe mucho más de lo que algunos creen.

Sabía que llegaba su hora y lo habría dicho si hablara.

No ha sido la primera vez que pasa y podría volver a suceder.

Mataría a alguien y ya sabes lo que pasaría después.

También sé...

que el mismo día que nació su madre lo puso en mis brazos.

Le he criado y vigilado...

y he llorado lo mío.

Ya he terminado.

¡Llévatelo, Jason!

¡Vamos, muchacho!

Tenemos que bajar.

Benjamin, el menor de todos,

vendido a Egipto.

En esta casa no existe la suerte.

- ¿Qué le harás cuando la encuentres? - Antes tengo que encontrarla.

Piensa primero lo que harás, antes de irte de aquí.

Toda tu vida ha estado muy ligada a esa chica; ya lo sé.

- ¿Y tú que sabes, vieja? - Te conozco, Jason.

Y no me dejo engañar por ese hombre que va dando gritos por la casa.

Recuerdo al niño que se escondía en la cocina, incluso en mi regazo.

Para mí no eres ahora muy distinto del de entonces.

- ¡Me han robado! - ¡Jason!

Ten cuidado o perderás muchísimo más que tu dinero.

Jason se va, abuela.

Eso no es cosa tuya.

¿Qué ha pasado con la Srta. Quentin, abuela?

No le ha pasado nada.

Apuesto a que se ha ido y él va tras ella.

Estoy seguro de que la atrapará.

¿Y sabes lo que creo? Que la matará.

Le disparará en la cabeza y la matará.

¡Cállate, Luster! ¡Cállate!

¿Hay un tal Charlie Busch por aquí?

En esa caravana.

Bueno, al fin coincidimos todos.

- Así que eres tú. - Sí, soy yo.

- Y esta vez no voy a huir. - ¡Jason, déjanos en paz!

Si lo haces, quizás por primera vez en mi vida pueda ser feliz.

Está bien. Voy a ayudarte a prepararlo todo.

Hay 3.000 dólares en este maletín.

- ¿Y qué? -Sólo te lo digo, por si no lo has contado.

Jason, es mi dinero.

Es el dinero que me enviaba tu madre y que tú me robabas.

Ahora podré sacarle algún provecho.

Puedes llevarte a la chica en el coche y nadie te detendrá...

o puedes llevarte el maletín.

Pero las dos cosas no, Charlie.

Una u otra, pero no las dos.

¡Vamos, Charlie, responde! ¿Qué vas a hacer?

Aún no has dicho qué vas a hacer, Charlie.

Sabe muy bien que me llevaré el dinero.

¡Vamos a casa!

Quiero hablar con él a solas un momento.

¿No eres capaz de reconocer una causa perdida?

Recuerda que no he tardado ni dos segundos en decidirme.

Te dije que no era bueno y que no contaras conmigo, ¿sabes?

No se puede evitar ser lo que uno es, Charlie.

¡Mira, cielo, ya se ha ido y aquí está el dinero!

Todo lo que tenemos que hacer es irnos en mi coche.

Te llevaré a un buen hotel.

Te compraré una alianza de oro puro y nos casaremos.

Lo vas a pasar como nunca en tu vida, Quentin.

¡Vete solo, Charlie,

porque ya no me gustas!

Tú esperarías hasta que se acabara el dinero;

pero yo, toda la vida.

De todos modos, habría sido demasiada mujer para ti.

Casi pierdes el dinero;

cada centavo robado.

Lo he perdido.

¿Qué vamos a hacer con él, Jason?

No tienes placeres ni sabes divertirte.

¿En qué lo ibas a gastar?

En ti.

No.

No tenía intención de tener otra Compson necesitada por el mundo...

y decidí que no pasara dos veces en la familia.

O sea que he vivido de ti.

Frugalmente.

Está bien.

¿Sabes, Jason? Tenías razón sobre Charlie.

Pero de no haber sido él, habría sido otro similar.

Estaba preparada para un Charlie Busch.

He crecido muy rápido por él.

Pero lo importante es que necesito a alguien.

Tengo que encontrar en algún sitio alguien que me ame.

No bajaré por los árboles,

ni... ni huiré de noche ni diré mentiras,

porque eso no es nada digno.

Pero, seguiré buscando.

De eso no tengo ninguna duda, Jason.

Nunca dejaré de buscarlo, porque esa es mi vida.

Ya soy una mujer adulta, Jason y necesito lo mismo que toda mujer adulta.

Y eso, por si no lo sabes, es respeto y afecto.

Así que ya eres adulta.

Sí, ya lo soy.

Al nacer, te metieron en un cuarto trasero con las persianas bajadas.

Cada vez que llorabas temían que los fueran a echar de la sociedad de Jefferson.

Eras el desliz de Caddy y no querían saber nada de ti.

Pero yo te saqué afuera y te puse en el porche de entrada.

Te paseé por las calles...

y te mandé a la Escuela Pública.

Se lo hice tragar a ellos y también a ti.

Yo te he criado... y alimentado.

Te di libros y te enseñé los principios que tienes.

Hice que pusieran unos hierros en tu columna vertebral.

Eres la primera Compson en 50 años que no está de rodillas.

Y ahora puedes enfrentarte a cualquiera; incluso a mí.

¡Chicas!

No son absolutamente nada;

pero, luego, de repente, lo son todo.

Sí, Jason. Me criaste, me alimentaste, me diste libros...

y todo lo demás, de lo que ahora te congratulas.

Pero, amigo, aún no has acabado conmigo.

¡Ni de lejos, Jason!

Vtg

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