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"LA MUJER QUE VOLVIÓ"
Un poco al norte de Boston está el pueblecito de Eben Rock.
Pese a su aspecto tranquilo y apacible,
hace 300 años fue escenario del Terror Negro.
Personas inocentes fueron condenadas por brujería.
El castigo: la hoguera.
El reverendo Jim Stevens conoce la historia en detalle,
por los muchos documentos procesales
hallados en la cripta de su iglesia,
testigos mudos de la brutalidad de
quienes trajeron al Nuevo Mundo
las oscuras tradiciones de las que
habían querido huir en el Viejo,
algo jamás olvidado por los lugareños,
pues es el pueblo del juez Elijah Webster,
que condenó a la hoguera a 18 mujeres.
A orillas de un hermoso lago se yergue un altar
en memoria de Jezebel Trister,
que murió en medio de las llamas
jurando a gritos su regreso
para vengarse de quienes la habían condenado.
3 KILÓMETROS
Señora, aquí no hay parada.
- No se permiten perros. - Este es especial.
Lo siento, son las normas.
- Si no sube él, yo tampoco. - Pues tendrán que caminar.
- ¿A dónde se dirige? - A Eben Rock.
Son 30 centavos.
- ¿Qué es esto? - Un documento de pago.
Nadie lo diría.
Se equivoca. Tiene vigencia en toda la colonia.
¿Ve la firma del Gobernador de la bahía de Massachusetts?
¿El Gobernador de Ma...?
Por un momento no supe dónde estaba.
- ¿Estamos en Eben Rock? - Aún no.
Creí que había quedado atrás. ¿También va allí?
Viví allí hace mucho tiempo.
Y ahora regreso, como tú, Lorna Webster.
- ¿Cómo sabe mi nombre? - Conocí a un pariente suyo.
No tengo familia.
Me refiero a su tatarabuelo, el juez Elijah Webster.
- Murió hace 200 años. - 300 años.
- ¿Quién es usted? - Jezebel Trister.
"En este lugar, en el año de Nuestro Señor de 1645,
Jezebel Trister fue quemada por practicar
la hechicería y la brujería, por mandato de
Elijah Webster, juez de la aldea de Eben Rock."
- ¡Lorna! - Lorna Webster...
- Matt... - ¿Qué ha pasado, cariño?
- El autobús... en el lago... - ¡Un accidente!
- En el lago. ¿Viene, doctor? - En cuanto pueda.
Sírvele una bebida caliente.
- ¿Por qué habrá vuelto? - Por nada bueno, seguro.
Peggy, ve arriba a ayudar a tío Matt.
- ¿Me oyes, Peggy? - Es Halloween, mamá.
Déjate de bobadas y obedece.
- Pudo pasarnos a cualquiera. - Sí.
A Mary y a mí la semana pasada.
¿Qué tal está Lorna?
Se pondrá bien. Está descansando.
Es curioso. Acaba de volver y ya ha habido otro accidente.
- ¿Insinúas que Lorna...? - No. Sólo digo que es raro.
Pues...
¿Puedo ayudar en algo más?
- Me temo que no. - Todos muertos.
Lorna mencionó a una anciana enlutada sentada a su lado.
- ¿Una anciana? - Sí.
Hemos comprobado el pasaje. No había ninguna anciana.
Qué extraño...
Lorna fue algo incoherente. Serían figuraciones suyas.
Sí. Si no, ya habría aparecido esa anciana.
Tal vez el cadáver fue a dar a esas rocas.
- Ya oíste al doctor: figuraciones. - Comprobémoslo igual.
Yo no. Tengo más que hacer que buscar fantasmas.
¿Vienes, Matt?
Creo que tenías razón, Matt. Hemos revisado todo el lago.
A Lorna la habrá engañado su memoria.
No me extrañaría, con lo que le ha pasado.
Sé que no es de mi incumbencia, pero...
Sigue.
Ah, perdón...
¿Te alegra que Lorna haya regresado?
- Muchísimo. - Bien.
Estuviste locamente enamorado de ella, ¿verdad?
Y lo estoy.
¿Llegaste a saber por qué huyó de su boda y del pueblo?
Sé lo mismo que tú.
Lorna siempre fue distinta a las demás chicas,
muy encerrada en sí misma.
Le afectó mucho aquella serie de accidentes.
No, ya sabes que fueron casualidades.
Lo sé. Pero se culpaba por ellas.
Una joven puede echar a perder toda su...
¿Qué sucede, Matt?
Ese perro algo quiere.
¡Ven, chucho!
¡Anda, que no te hago nada!
¿Por qué haría eso?
¿En qué piensas, Jim?
Acabo de recordar...
que, al parecer, hallaron el cadáver del
chófer del autobús con el cuello desgarrado,
como si le hubiese atacado un animal.
Unos días más y estarás como nueva.
¿Por qué no dejas el sol?
Sabes que siempre me sentó mal.
¿Te acuerdas de aquella quemadura?
Nunca la olvidaré. Fuiste mi primera paciente.
- Y mi preferida. - Y bien que me curaste...
Fue cuando tomamos el día libre...
y fuimos de pesca.
¿Te acuerdas?
Ese día me enamoré de ti.
Traigo algo tuyo.
Le dije a Ruth que lo lavase.
- ¡Es su velo! - ¿De quién?
¡De ella! La anciana de la que te hablé.
Ya, la que dices que iba a tu lado en el autobús.
- No me crees, ¿verdad? - Un cuerpo no se evapora.
Pues nunca me convencerás de que no estaba allí.
Digamos que te la imaginaste.
¿Y cómo ha llegado aquí este velo?
Lo traías al llegar a la posada.
No te preocupes.
En un accidente se confunde todo.
Es mejor que olvides aquella noche.
¿Qué te pasa, cariño?
Recordaba algo que la anciana me dijo...
- No pienses más en ello. - Tú no lo entiendes...
Tal vez.
Pero algo sí entiendo:
que has vuelto. Y es lo que cuenta.
Hasta mañana, cariño.
Ah, Bessie...
La Srta. Lorna necesitará mucha tranquilidad estos días.
- Parece fuerte. - Aún no está repuesta.
- ¿Por qué cree que ha vuelto? - Ni sabía que se hubiese ido.
Sólo sé que ha puesto la casa patas arriba.
- Y yo con mis achaques... - Hay que ventilar bien la casa.
Los Webster la han habitado durante tres siglos.
Sí, y sus recuerdos están aquí criando polvo.
Vea, vaya grupito.
Este es Caleb, un negrero que frecuentaba el Golfo de Guinea.
Este es Joshua, soldado de fortuna. ...
Este es Lucius. ...
Pero la joya de la corona está ahí.
Elijah Webster. Le caería bien.
Un fanático cazador de brujas.
Vaya un juez... ¿Sabe lo que hizo?
Sí, pero debo irme.
No olvide lo que le dije sobre la señorita,
- y no trabaje demasiado. - No, doctor.
¿Qué ocurre?
- Nada. - ¿Y por qué gritó?
- No grité. - La oí gritar.
Imposible. ¡Le digo que no grité!
¿Quiere irse a dormir y dejarme en paz?
POSADA DEL PEREGRINO Propietaria: Ruth Gibson
¿Seguro que no está enferma, doctor?
Me tiene muy preocupada.
Lo que le pasa a su niña es que ha comido muchos dulces.
¿Y no va a pre... pre... prescribirle nada, doctor?
- Dígame. - Pues puede ser. A ver...
Sí... Una pastilla de estas al día
y se repondrá en un santiamén.
¡Ah, de menta!
¿No notas ya la mejoría?
- Deme más. - No, que tengo otro paciente.
- Ya sé quién es, ya... - ¡Hala, corre, pilluela!
- Demonio de niña... - Tiene orejas.
Repite lo que todo el pueblo dice.
¿Y qué dicen?
Que desde el regreso de Lorna no dejas de hacer el ridículo.
Es mi paciente y está enferma.
No tanto para que corras a su casa cada día.
¿No tienes orgullo?
Se marchó un día sin decirte nada.
- Tendría sus razones. - Ya lo creo.
Que no eras digno de desposar a una Webster.
Eso no tuvo que ver.
¿Y ese aire misterioso, ese secretismo?
Estuvo ausente dos años. Quizá se casó en Nueva York.
Matt, soy tu hermana. Te lo digo por tu bien.
Por tu posición y tu dinero, no te faltarían pretendientes aquí.
Sé que tu intención es buena, Ruth.
¿Qué tal, Bessie?
Sigo con mis achaques.
Doctor, está ahí.
¿Cómo no está en cama mi paciente favorita?
Hola, cariño.
Me sentía tan bien que se me ocurrió sorprenderte.
Se ve que no necesitas la medicina que te traigo...
Estas medicinas me gustan.
¿Cómo haces para leer? Está muy oscuro.
Culpa al viejo Elijah.
De él me viene mi gusto por la oscuridad.
Y por el escándalo.
Mejor así.
¿Qué sucede?
Las flores...
están mustias.
Qué raro...
Estaban preciosas cuando las empaquetaron.
¿Quiere un té, doctor?
Aunque no sé de nadie a quien le guste.
- No, gracias. - Lléveselas, por favor.
- Están mustias. - ¿Quiere llevárselas?
- ¿Qué leías? - Ah, esto...
"La práctica de la hechicería y la brujería en Nueva Inglaterra."
Debe ser el libro del viejo Elijah con el pretendía
demostrar la existencia de brujas.
No le quedaría otra si quería quemar a 18 mujeres.
¿Y no crees que algunas de ellas podrían serlo?
Ninguna.
Pero Elijah Webster era dignatario eclesiástico,
y un juez respetado.
Entonces abundaban los cazadores de brujas en la región.
Que él detestase a las brujas le confería prestigio a sus ojos.
- Tendrías que saberlo. - ¿Tendría?
Figura en cualquier libro de texto.
Bastaba un niño travieso o una rencilla
para iniciar una caza de brujas.
La histeria masiva y cierto teatro del inquisidor hacían el resto.
- ¿De veras? - ¿No creerás en la brujería?
Sólo sé que...
hay personas cuyos extraños actos escapan a su control.
Pero no por eso están embrujadas.
Padecerán algún tipo de neurosis.
Lo que necesitan es un psiquiatra.
Hay gente a quien de nada le vale un psiquiatra.
Pero no se la condena por bruja.
Jim Stevens, por cierto, estuvo investigando sobre ello.
Halló documentos valiosos en la cripta parroquial. Me dijo...
Lorna.
- ¿Qué? - ¿Qué te pasa, cariño?
¡Oh, Matt...!
Yo, Jezebel Trister, confieso que hoy, en 1645, se me ha aparecido,
bajo la apariencia de un noble caballero, el Diablo.
He firmado con él un pacto, mediante el cual, a mi muerte,
mi alma mortal se transferirá al cuerpo de una joven.
El Diablo prometió repetir este proceso durante 300 años,
volviendo él al cabo de cada tiempo a reclamar lo suyo.
A cada vez, seré instruida en las artes oscuras
por un espíritu impuro o demonio familiar,
en figura de liebre negra, cabra o perro.
Se me concedió el poder de invocación,
y el de lanzar hechizos y encantamientos.
¿Dónde ha estado?
- ¿Qué lleva ahí? - Nada...
No es nada. ¡Déjeme en paz!
Encontraste esto en la cripta parroquial.
¿Qué hacías allí?
- Pues... - Te dije que descansases.
No puedo, Matt. No me quito de la cabeza
a la anciana que iba a mi lado en el autobús...
- Lorna, no empieces... - Ya, crees que me lo imaginé.
Pero no es así. Allí había una anciana.
Dijo llamarse Jezebel Trister, que había vivido en
Eben Rock hace mucho, y que había conocido a mi tatarabuelo.
- Matt, supongamos... - ¿Qué?
¿Cómo no dieron con el cadáver?
De todos los pasajeros, ¿por qué sólo me salvé yo?
Porque tienes suerte. No le des más vueltas.
No, Matt. Hay otra explicación.
Y está en esta confesión.
"A mi muerte, él transferiría mi alma al cuerpo de una joven.
El Diablo se comprometió a hacerlo durante 300 años."
- ¿No creerás estas memeces? - Sí, Matt.
Por eso no apareció el cadáver. Por eso sólo me salvé yo.
Esta mujer no está muerta. Vive en este mismo momento.
Ha vuelto para vengarse de Elijah Webster por quemarla,
y sólo podrá hacerlo a través de mí.
Y ya está actuando. Lo sé, lo noto.
Siento que cada vez soy más como ella era.
Es una negrura espantosa...
- Cariño, no digas esas cosas. - No puedo evitarlo.
Es este pueblo, y los lugareños...
incluso mi propia casa.
No puedo estar un momento sin sentir los
ojos de Elijah Webster escrutándome.
Por eso me marché.
Lorna, ni el pueblo ni tú tenéis nada de malo.
Sólo eres Lorna Webster, y yo, Matt Adams.
Dos enamorados. ¿Sabes lo que haré?
Hoy mismo te voy a sacar de aquí.
Ruth te cederá un cuarto en la posada y descansarás.
Después,
haré los preparativos...
de nuestra boda, y tras ella,
disfrutaremos de una larga luna de miel.
- Oh, Matt, ojalá pudiéramos... - Podemos.
Y lo haremos.
FERIAL ANUAL DEL CONDADO
- Hola, Noah. - ¿Quiere probar suerte?
- Yo no. - Yo sí, Matt.
Pues adelante. ¿Qué es todo esto, Noah?
Una nueva versión de una vieja idea.
Dicen que en otros tiempos, si querías mal
a alguien, hacías un muñeco de arcilla
o cera a su imagen, clavabas en él un alfiler
- y la persona enfermaba. - ¿Que enfermaba?
Porque era un hechizo.
Había que entender mucho de brujería para hacerlo, claro.
La señorita, por ejemplo.
Si estuviese endemoniada y hechizase al sheriff
con este muñeco, ¿sabes qué pasaría?
Que él conocería una muerte horrible.
Usted perdone, no pretendía...
- Matt..., vámonos. - ¿No querías jugar?
Dudo... que fuese a tener suerte en este momento...
Llévame a casa, por favor.
- ¿Qué tallas, Noah? - Una veleta.
A mí me parece una bruja en una escoba.
Pues una veleta fea.
Ruth, te agradezco mucho que me acojas en tu casa.
Espero que seamos muy buenas amigas.
Dice Matt que os vais a casar.
- ¿Cuándo? - Algo hemos hablado.
No hay fecha concreta. Será pronto.
Lorna...
¿De verdad quieres a Matt?
Por supuesto que sí.
¿A qué viene la pregunta?
No sé...
Quizá a que también yo le quiero.
Ya termino yo.
Puedes dar de comer a los peces.
La comida está en el alféizar.
De acuerdo.
¿Te gustaría una veleta con tu imagen?
Es igual. Sólo bromeaba.
¿Verdad que preferirías que me marchase?
Quédate cuanto desees. No me importa.
Pero no apruebas que Matt y yo nos casemos.
- No he dicho eso. - Pero lo piensas, ¿o no?
- ¡Mamá, mamá! - ¿Qué pasa, cielo?
Se me han muerto todos los peces.
Imposible, si Lorna acaba de darles...
MATARRATAS
No te aflijas, cariño.
Te confundiste de paquete, nada más.
Ahora ve a la posada y arréglate,
que en una hora paso a recogerte para ir a cenar
y comprar peces nuevos.
- No volveré a la posada. - ¿Por qué?
No creo que debamos casarnos.
¿Por lo que dijo Ruth? ¡Qué tontería!
No es ninguna tontería.
Al principio pensé que todo iría bien.
Pero no es así, y jamás lo será.
- ¿Y por qué? - ¡No sigas, te lo ruego!
¿Por qué murieron los peces? ¿Por qué se marchitaron las flores?
¿Por qué me equivoqué de paquete?
¿Por qué ocurrieron esas cosas?
- Porque conocí a... - ¡Lorna, basta!
Pareces una niña histérica que teme a su propia sombra.
O te sobrepones, o acabas loca de atar.
Que esto no se vuelva a repetir, ¿estamos?
Hermoso.
Hermoso y engañoso.
El lago. Míralo.
El sol se refleja en sus aguas tranquilas.
Nadie imaginaría que la semana
pasada doce personas cayeron en él.
- Pues no. - Hay gente así.
Calmada en apariencia,
en su interior alberga oscuros secretos.
Mucho filosofar en un solo día, hasta para un predicador.
¿Qué tal está Matt? ¿Todo bien entre los dos?
- Pues... no sé... - ¿Pensando en Jezebel Trister?
- ¿Co... cómo lo sabe? - Matt me lo contó.
Señor Stevens...
Desde el accidente, tengo la terrible sensación de...
estar cambiando lentamente.
Me tomará usted por... una niña histérica.
No, Lorna. Cualquiera puede cambiar,
para bien o para mal.
Si se está convencido de que algo ocurrirá, ocurrirá.
Ha de hallarse algo bueno y puro en lo que creer.
Lorna, ¿estás enamorada de Matt?
- Sabe usted que sí. - Pues casaos.
Casaos enseguida. Y no cambiarás.
Seguirás siendo tú misma. Y te agradará.
Ven a mi casa. Tengo un libro para ti.
- ¿Un libro? - Sí.
Se titula "Los orígenes de la superstición".
Creo que debieras leerlo.
LOS ORÍGENES DE LA SUPERSTICIÓN
A cada vez, seré instruida en las artes oscuras
por un espíritu impuro o demonio familiar,
en figura de liebre negra, cabra... o perro.
Vete...
¡Fuera! ¡Aléjate de mí!
¡Déjame en paz!
¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres?
Volvía de casa de Shirley, y pensé...
¿Qué pensaste?
Que si llegaba mojada a casa, mamá se enfadaría.
Me dijo que, si llovía, durmiese en casa de Shirley.
Pero Shirley y yo hemos regañado y...
- Señorita Webster... - Dime, bonita.
¿Puedo quedarme hasta que escampe?
Claro que sí.
Mejor llamaré a mamá y le diré que estoy aquí.
No, Peggy...
Yo la llamaré.
No contestan.
¿No? ¿Por qué?
La tormenta habrá afectado a la línea.
Tendrás que pasar aquí la noche.
Quítate esa ropa empapada.
No me toque...
¿Qué te pasa, Peggy?
No tengas miedo.
¡Vuelve, Peggy!
¿Qué tiene, Matt?
¿Cuánto tiempo lleva así?
Toda la noche, desde que la trajo Noah.
No te dé reparo ser sincero.
Aún no lo sé.
Mi muñeca...
Mami, quiero mi muñeca...
Ya dije que te la trajeran, cielo.
¿Cómo está, doctor?
¿Cómo la encontraste, Noah?
Volvía de Boston y la vi correr bajo la lluvia.
Mami, mi muñeca...
Ruth.
- ¿Dónde está su muñeca? - No lo sé.
La llevó a casa de una amiga ayer,
pero dicen que al salir la tenía.
Cuando la encontré, no llevaba ninguna.
¿No se puede hacer nada? Sólo le gusta esa.
Si la llevase, la habría visto.
Lleva toda la noche llorando por ella.
- Tiene otras muñecas. - Muchas, pero no le interesan.
Matt, estoy muy preocupada.
Peggy nunca estuvo enferma. No de esta gravedad.
¿No puedes hacer nada?
¿Cómo estaba cuando la encontraste?
Histérica, asustada.
- ¿Cómo, asustada? - Como si huyese de algo.
- ¿Dónde estaba? - Cerca de la casa de Lorna Webster.
- ¿Le hago una muñeca nueva? - Sí, buena idea...
- Matt... ¿No será que...? - No empieces con figuraciones.
Mami, quiero mi muñeca...
Tranquila, cielo. Ya la he pedido...
Dr. Adams, quería preguntarle algo.
Luego hablamos, Bessie.
Hola, Matt. Vienes muy temprano.
Sí... Tengo que hablar contigo, Lorna.
¿Cómo está Peggy?
¿Sabes que ha enfermado?
- Pues... no. - ¿Estuvo aquí anoche?
¿A qué viene la pregunta?
Noah la encontró vagando bajo la lluvia
y pensó que pudo haber estado aquí.
¿Y qué le pasa?
Está muy enferma y alterada.
Pregunta sin parar por su muñeca.
- ¿Su muñeca? - Sí.
Quizá se la dejó aquí al entrar y salió luego sin ella.
No, Matt.
La niña no estuvo aquí.
Señorita Webster.
- Diga, Bessie. - Quiero hablar con usted.
Disculpa, Matt.
LOS ORÍGENES DE LA SUPERSTICIÓN
- ¿Cuándo piensa marcharse? - En cuanto haga las maletas.
¿Cómo está Peggy? ¿Qué le pasó?
Nadie lo sabe con certeza.
Pero he reflexionado. Y si queréis mi opinión...
- ¿Algún cambio, doctor? - Ponme un vino.
Si no le importa, arreglé la muñeca como pude.
Sí, está bien.
¿Quiere que siga tallando la nueva?
¿Para qué? Hará falta más que una muñeca para curar a Peggy.
No es asunto mío, y no digo que crea en esas cosas,
pero la gente ya habla.
¿Qué dicen?
Que es muy raro que Peggy enferme tan de repente.
Y que la muñeca haya aparecido mordisqueada.
Les parece cosa de brujería.
Creen que la muñeca fue abierta para hechizarla.
- Yo no daría crédito a eso, Noah. - No se lo doy.
Pero la muñeca es idéntica a ella,
y la niña estuvo en casa de Lorna Webster.
Y después de lo que pasó en la feria...
He dicho que no doy crédito a eso.
Está bien, doctor. Sólo bromeaba.
No me gustan esas bromas.
¿Vas a salir, Ruth? Hace frío.
Tengo algo que hacer.
- ¿No puede esperar? - No, no puede.
Te lo ruego, Dios, haz que se cure.
Es muy pequeña para sufrir de esa manera.
Noah dice que la han embrujado.
Yo no entiendo de esas cosas.
Sólo sé que está enferma.
Y algo o alguien en Eben Rock le causa esa enfermedad.
Acaba con quien sea,
antes de que acabe con Peggy,
con Matt y con todos nosotros.
¡Matt!
- ¡Jesús! - ¿Qué sucede?
Venía de la iglesia...
Frente a la casa de Lorna Webster, empezó a seguirme.
- Cada vez más cerca... - ¿Qué es lo que te seguía?
No estoy segura...
Un animal, creo... Grande, negro...
- ¿Y Matt? - Arriba. La acompaño.
En este pueblo pasa algo extraño.
¿Oyeron? Dijo que comenzó en la casa de Webster.
- Y que era un animal... - ¿Y si era otra cosa?
Mire, no digo que crea en esas cosas, pero...
Que mis palabras y pensamientos sean aceptables a ojos del Señor,
mi fuerza y mi redención.
Hoy deseo hablaros de algo
que amenaza la paz de nuestra comunidad.
La semana pasada llegaron a mis oídos ciertas habladurías.
Habladurías desagradables.
No sé quién las puso en circulación, pero...
me hago una idea.
Fuese quien fuese, no importa.
Lo sí relevante es que algunos de vosotros
empecéis a dar pábulo a tales rumores.
Todos sabéis de qué hablo.
Han ocurrido extraños sucesos: una niña gravemente enferma,
sus padres terriblemente asustados...
Estos rumores pretenden hacernos creer
que lo ocurrido es obra de un miembro de la comunidad,
un miembro maléfico de ella.
Amigos míos, todos albergamos maldad.
Pero ninguno de nosotros...
es capaz de causar mal con su mera voluntad.
Pues existe un poder superior,
que actúa entre nosotros para que triunfe el bien.
Quizá no siempre comprendamos su funcionamiento,
pero hemos de tener fe en ese poder superior.
- Venga pronto, doctor. - Bien.
- ¿Le pasa algo a Peggy? - Van a trasladarla al hospital.
- Te acompaño. - No, Ruth.
Le harás más bien a Peggy aquí.
Como decía,
hemos de tener fe en ese poder superior.
Lamento tener que decir que en la última semana
no he percibido muchas pruebas de esa fe,
y sí una gran nube de recelo, sospecha y temor.
El temor que rezumaban los corazones
de los hombres hace 300 años,
cuando inocentes fueron sacadas de
sus casas y se las quemó en la hoguera
con tamaña puerilidad, tamaña estupidez...
Yo os digo que lo sucedido, los pasos,
las enfermedades repentinas,
nos asustan sólo porque no somos
capaces de comprenderlas.
Pero alguien las comprende,
¿y quién, si no esa persona, es responsable de ello?
¡Yo le diré quién!
Nada de esto ocurría hasta que ella volvió.
Nos detesta porque sabemos que es una bruja.
¡Ella enfermó a mi hija, y quiso matarme!
Sra. Gibson, se lo ruego...
¿Y los muertos en el lago el día que llegó? Sólo quedo ella.
Se han llevado a mi niña al hospital...
Siéntense, por favor. Este es lugar de culto.
¡Siéntense todos, por favor!
El Señor es mi pastor: nada me falta.
Sobre los frescos pastos me lleva
a descansar, y a las aguas
tranquilas me conduce. Él restaura mi aliento.
Por las veredas justas me guía, en gracia de su nombre.
Aunque hubiera de ir por los valles
sombríos de la muerte, ningún mal
temería, pues conmigo estás Tú:
tu bastón y tu cayado me confortan.
Enfrente al opresor, me aderezas un
banquete; con aceite me unges la cabeza,
y mi copa rebosa. Sólo bien y favor me
van siguiendo todos los días de mi vida.
Mi morada es la casa del Señor para siempre.
- ¿Creéis que es una bruja? - Calla, que viene...
"Querido Matt: Es inútil. Ya no aguanto más."
HOSPITAL INFANTIL DE BOSTON
...
Sabemos que no es una neumonía.
Ha de haber una causa emocional.
Ella no parece querer reponerse.
- ¿Tiene idea de por qué? - No.
¿Qué hace aquí esta muñeca?
Me dijo que la había perdido. Esa pudo ser la causa.
Así es la psicología infantil.
Si un niño pierde un juguete
o una mascota que le agradaba, le afecta
más de lo que se pueda pensar.
Se le devolvió la muñeca.
Pero está tan enferma que no se da cuenta.
- El daño ya está hecho. - ¿Y no hay...?
Hay cosas que la medicina ignora, Matt.
Fuerzas que no sabemos combatir.
Ruth, vuelvo por un tiempo a Eben Rock.
No hay problema, Matt.
Jim.
- ¡Jim Stevens! - ¡En la cripta!
- Hola, Matt. - ¿Qué haces aquí?
Revisaba documentos antiguos en busca
de algo aprovechable para el libro.
Estoy escribiendo la historia de Eben Rock, ¿recuerdas?
Ah, sí...
¿Qué tal en el hospital?
Por la mañana se sabrá lo que tiene.
- ¿Es neumonía, pues? - Sí.
- Y con todo... - ¿Qué?
Se pasa uno la vida pensando conforme a unos principios,
sabiendo con total seguridad que la
superstición es una engañifa, hasta que...
¿Qué?
¿No estarás empezando a creer en esos rumores?
No sé qué creer, Jim. Estoy confuso.
Pero tú eres médico. Un hombre de ciencia.
Empiezo a ver de que la ciencia no puede explicarlo todo.
Atiende un momento.
Mantengamos la cordura.
Sí, tienes razón. Así no ayudo a Peggy.
Aguarda.
A propósito de Lorna, hoy en la iglesia
se armó un buen jaleo tras marcharte.
- Casi una revuelta. - ¿Contra Lorna?
Están empeñados en que es la causante del mal de Peggy.
- ¿Temes que se desmadren? - No, mucho ruido y pocas nueces.
No, pienso en cómo afectará
a Lorna en su estado mental actual.
Jim, voy a buscar a Lorna y vas a casarnos ahora mismo.
Nos iremos del pueblo hasta que todo se calme.
No, Matt.
La única salida es que Lorna se quede y enfrente la situación.
Supongo que tienes razón.
- Volveré al hospital. - Espera.
Guardo todo esto y te acompaño.
Son actas antiguas que juzgué de utilidad.
Un momento.
Está atascado...
- Algo presiona atrás... - Saquémoslo.
Pues sí, aquí está.
"Diario de Elijah Webster."
Trae acá.
Ah, qué maravilla...
Vámonos, Jim.
Espera, espera.
"10 de noviembre de 1645."
"No sin gran violencia, la mujer llamada Jezebel Trister
compareció ante este tribunal acusada de practicar la brujería."
"Al ser interrogada, se negó a confesar."
"Pese a los muchos tormentos a que fue
sometida, persistió en su silencio."
"Por ello, me fue entregada para proseguir con el interrogatorio."
11 de noviembre, 12 de noviembre...
"Ha sido un día afortunado.
En Jezebel Trister he hallado al fin a alguien..."
"Para ello, la obligué a firmar con gran pánico su confesión:
que había sellado un trato con el Príncipe de las Tinieblas."
"Este documento logrará acallar los crecientes
rumores que corren entre los lugareños
en todo rincón de este pueblo."
¡Pues claro! Piénsalo:
Elijah falseó la confesión.
Ese era su cometido. Todo encaja demasiado bien.
Sí, Jezebel Trister era demasiado ignorante para discurrir algo así.
¿Sabes lo que significa esto?
Que si esto no devuelve a Lorna la cordura, nada más lo hará.
¡Vamos, deprisa!
Vete... ¡Vete!
Matt.
¿Recuerdas lo que decía la confesión?
Jezebel Trister iría renovando su vida durante 300 años.
Sí.
Pues hoy mismo se cumplen 300 años de su muerte.
- ¿Y qué? - Nada. Es interesante.
Más lo será ver qué cara pone Lorna
cuando sepa que la confesión era falsa.
- No todo está claro. - ¿Cómo que no?
El diario no explica la presencia de la anciana en el autobús.
Nada que explicar. Fue cosa de su imaginación.
Voy a ver qué hace aquí esa gente.
No, vamos.
Mira.
- Rufianes... ¡Ya les enseñaré! - ¡No, Matt, aguarda!
¡Lorna!
¡Jim! ¿Estás malherido?
- No... es nada... - ¿Qué pasó?
Lorna... está arriba.
Lorna.
¡Se dirige al lago!
Lorna Webster, clava este dardo en este muñeco
y el sheriff conocerá una muerte horrible.
No... No...
Lorna Webster, tú mataste mis peces.
Los mataste...
¡No!
Lorna Webster, tú hiciste enfermar a mi Peggy.
- Y quisiste matarme. - ¡No!
- Sí, fuiste tú. - ¡No!
Tú... ¡Tú!
¡Bruja! ¡Bruja! ¡Bruja! ¡Bruja!
¡Lorna!
¡Lorna, reacciona!
Tranquila, Lorna. Ya pasó.
¡Matt, ven un momento!
¿Qué hay?
Lo único que quedaba sin explicación:
la anciana que iba con Lorna en el autobús.
¿Cómo llegó aquí?
La arrastraría el perro, para salvarla.
- Me acostumbras mal. - Todavía no he empezado.
¡Niños! Han identificado a la anciana.
Es una evadida de un sanatorio.
- Muy interesante... - Esperad, esperad.
La mujer vivía aquí, en Eben Rock.
- Conocía las leyendas de por aquí. - ¿Ah, sí?
Así, se sentía tan identificada con
Jezebel Trister que llegó a creerse ella.
Ya, y algunos se creen Napoleón Bonaparte.
Y yo que creía estar loca...
Esa mujer se tenía por bru...
¡Oh, Matt!
Subtitulado por Don Medina www.subdivx.com/X9X1568006
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