All language subtitles for Seppuku (Masaki Kobayashi, 1962)

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Original subtitles

Fecha: 13 de mayo de 1630.

Tiempo: Bastante bueno. El calor va aumentando cada hora.

Eran las 10 de la mañana y el honorable heredero Bennosuke

había partido, llevando trucha fresca de río

para regalársela al Sr. Doy, hacia cuya mansión se dirigía.

Ningún incidente digno de mencionar hasta ese momento.

El día transcurría con normalidad.

No obstante, hacia el mediodía,

un guerrero que había estado muchos años sirviendo al Sr. de Geishu

apareció ante nuestra puerta.

HARAKIRI

¿Dices que eres un guerrero que ha estado sirviendo al Sr. de Geishu?

Eso es.

Y mi nombre es Hanshiro Tsugumo.

"Tsu" como en "Ohtsu"

y "Gumo" por las nubes del cielo.

¿Y para qué has venido exactamente?

La caída de mi señor tuvo lugar hace 11 años.

Desde entonces, he malvivido en Edo

y he logrado sobrevivir mientras buscaba otro empleo digno

bajo un nuevo señor que se interesara por mis servicios como samurái.

Pero, en estos tiempos de paz, todo ha sido en vano

y ya he perdido por completo la esperanza.

Han ido pasando los años y no ha encontrado nada.

A falta de un medio de subsistencia,

la vida se le ha hecho intolerable y carece de sentido para él.

Por eso, en vez de seguir viviendo en la extrema pobreza y la desgracia,

prefiere morir con honor por el rito del harakiri

y ruega que se le ceda algún rincón de la mansión para realizarlo.

Esa ha sido su solicitud.

¿Otro más que busca lo mismo?

¿No se acabará nunca?

Señor, ¿qué deseáis hacer?

Está bien, le recibiré.

Señor.

Adelante.

Podéis pasar.

Soy un viejo guerrero

que estuvo al servicio del señor de Geishu.

Mi nombre es Hanshiro Tsugumo.

Os agradezco que me recibáis.

Yo soy Kageyu Saito, jefe de la casa de Iyi.

Estoy en deuda con Vd. por recibirme.

- El motivo de mi visita... - Estoy perfectamente informado.

En lugar de seguir viviendo en la extrema pobreza,

preferís morir con honor por harakiri.

- ¿Es eso lo que queréis, verdad? - Sí.

Realmente, es una actitud digna de admiración.

Estoy muy impresionado por vuestra decisión.

Pero habéis dicho que habéis servido al antiguo señor de Geishu.

Entonces, tal vez conocierais a Motome Chijiwa.

¿Chijiwa?

Sí.

No sé...

¿No os suena el nombre?

Como vos, él también servía al señor de Geishu.

En sus buenos tiempos, el Clan de Geishu contaba

con unos 12.000 empleados.

Me temo que no le conozco.

Es natural, pero no tiene importancia.

A principios de este año, quizá a finales de enero,

otro guerrero, un tal Motome Chijiwa,

vino a esta mansión con una intención

idéntica a la vuestra: me pidió permiso para morir por el harakiri.

Entiendo.

¿Os interesa saber cómo le fue? ¿Cómo cumplió con su misión?

Os escucho.

¿Habéis dicho que sois...?

¿Que habéis servido al señor de Geishu?

Exacto. Fui uno de los guerreros del clan.

Se me conoce como Motome Chijiwa.

¿Y qué habéis venido a buscar?

La desaparición de nuestro clan

me obligó a habitar una vivienda humilde aquí, en Edo.

He logrado subsistir a duras penas,

mientras confiaba en poder servir algún día a un nuevo amo.

Pero en un mundo de paz como el de ahora,

no tengo ninguna esperanza.

Ya sabía que ocurriría.

- Y bien, ¿qué pensáis hacer? - Dejadme ver.

Un estado realmente deplorable.

El clan Sengotu nunca debió hacerlo. Ahora han fijado un precedente.

- No, yo no estoy de acuerdo. - ¿Por qué no?

El antiguo guerrero que entró en la mansión de Sengoku

era totalmente sincero, tenía verdadera intención de morir.

Y ellos, conmovidos por su sinceridad,

decidieron acogerle como empleado, no cometieron un error.

Hicieron lo correcto.

Son los otros, los que le imitan,

los que nos hacen caer a todos en la vergüenza.

Lejos de desear la muerte, solo buscan ayuda material.

No son más que unos vulgares extorsionadores.

Pero no podemos dejarle morir en nuestra puerta como un perro.

Por eso digo que le ofrezcamos una limosna

para que se vaya por donde ha venido, como hacen los otros clanes.

No. Eso no es conveniente.

¿No?

Si le damos unas monedas a uno,

pronto vendrán a tropel a nuestra puerta.

Acudirían a nosotros

con tanta insistencia como las moscas acuden a la miel.

Después de acabar la guerra civil, hay muchos guerreros desocupados

que buscan comida como animales por todo el país.

La casa de Iyi es una casa honrada.

Su reputación de valor y moralidad habían sido suficientes

para mantener alejados a los antiguos guerreros.

Pero, ¿qué ocurre ahora?

Incluso el orgullo que dan las artes marciales,

es algo que pertenece al pasado,

que ha sido barrido por todos estos años de vida en paz.

Esos son los rumores que circulan de un extremo a otro del país.

El señor está ausente

y esos rumores perjudiciales se están extendiendo en su ausencia.

¡No podemos permitirlo!

En ningún momento ha cruzado por mi mente

la idea de sobornarle para quitárnoslo de en medio.

Está muy claro que no tiene ninguna intención de morir.

- Pero se atreve a fingir... - ¡Honorable jefe!

Yo me ocuparé.

Con permiso.

Soy Umenosuke Kawabe, empleado del señor de esta casa.

Yo soy Motome Chijiwa, he servido al señor de Geishu.

Por favor, tened la amabilidad de acompañarme.

- ¿Adónde? - A la sala de baño.

En ausencia del señor, nuestro honorable jefe

ha decidido transmitir vuestra petición y vuestra intención

a nuestro honorable heredero Bennosuke.

Nuestro joven señor está muy conmovido y desea hablar con vos.

¿Se me concede una entrevista con el honorable heredero Bennosuke?

Eso es.

Pero esas ropas no son adecuadas.

Antes tenéis que bañaros y asearos.

Os están preparando ropa más adecuada.

Haré lo que vos digáis.

Estoy conmovido.

No puede ser.

Soy afortunado.

Me parece estar soñando, sin embargo...

Con permiso.

Perdonad el inesperado retraso.

- Ahora tenéis que cambiaros. - ¿Eh?

Y vestiros para el ritual.

¿Estáis sorprendido?

No comprendo. ¿No tenía que ver a vuestro heredero?

Sé que ha expresado su deseo de recibirme.

Es muy extraño.

- Debe tratarse de un malentendido. - No, no lo creo.

El honorable Umenosuke Kawabe ha sido quien me lo ha dicho.

¿Kawabe, eh?

Empiezo a entender.

Sí, es posible.

Entonces, ¿lo sabéis?

Sí, la situación está clara.

Sé que nuestro honorable jefe informó de vuestra situación con detalle

a nuestro honorable heredero Bennosuke,

quien quedó profundamente conmovido por vuestro valor

y que manifestó su deseo de convertiros en uno de nosotros.

"No obstante", dijo,

"un samurái que está totalmente decidido a morir por harakiri,

debe tener una voluntad inquebrantable.

Así que estoy seguro de que no habrá nada

que pueda hacerle cambiar su decisión.

Permitid, entonces, que pueda cumplirse su último deseo.

Con mucho gusto dedicaría un rato a hablar con él,

pero el señor Doi me solicita, ofrecedle las cortesías de mi casa

y dejad que mis hombres presencien el ritual.

Haced que sea un orgulloso ejemplo."

Esas han sido exactamente las palabras que ha dicho.

Bien, decidme, ¿os ha gustado?

Una historia muy interesante,

y, al mismo tiempo, muy propia y muy a la altura

de las valientes tradiciones de la casa de Iyi.

Y, ahora, ¿cuáles son vuestras intenciones?

¿Cómo decís?

Os referís a esto, supongo.

Exacto.

No os preocupéis por mí.

He venido aquí con esa clara decisión en mi mente.

Está bien, está bien. Os felicito por vuestra inquebrantable voluntad.

Honorable Tsugumo,

quizá deba continuar con mi historia

sobre aquel joven Motome Chijiwa.

Os escucho.

Vamos, ¿a qué esperáis? No hay tiempo que perder.

Cambiaros de ropa.

Ya están listos todos los preparativos para vuestro harakiri.

Solicito un favor.

!Os lo suplico! ¡Dadme un poco de tiempo!

- ¿Queréis tiempo? - ¡Sí! ¡Necesito algo de tiempo!

¡Os prometo que volveré! ¡Solo serán unos días!

Me temo que es demasiado tarde.

- Pero eso es injusto. - ¿Injusto?

¿No habéis sido vos quien ha venido a pedir que preparáramos el ritual?

¡Os ruego que me perdonéis!

¡Solo serán uno o dos días! ¡Volveré!

La palabra de un samurái es sagrada.

¡No puede ser!

Este es el espadachín de nuestro señor, Hayato Yazaki.

Es joven, le gusta la acción.

Un solo movimiento, y él o cualquier otro

os abrirá en canal.

En lugar de acabar despedazado como un pez,

no perdáis esta oportunidad y morid con honor.

Vamos, tenéis que cambiaros de ropa.

Escuchadme, honorables antepasados.

Perdonad por la indigna sangre del joven guerrero

que deshonra nuestro jardín sagrado.

El honor de la familia está en juego,

el futuro del clan Tokugawa,

así como el código sagrado de los samuráis.

¡Os ruego que seáis testigos de mi decisión!

¿Las dos espadas?

Es inútil.

Con una espada así, no cortarías ni un rábano.

La espada de un samurái es su alma, incluso una espada de bambú.

¿Y quiere morir por harakiri? Ese joven es un pobre diablo.

Discúlpenme, ya está todo preparado.

Honorable Motome Chijiwa,

en vez de vivir en el deshonor,

habéis elegido morir por el sagrado ritual del harakiri.

Un deseo digno de admiración

y muy propio de un auténtico guerrero.

Me avergüenza tener que admitir

que incluso esta casa, con su sabida tradición de orgullo y valor,

cuenta con muy pocos hombres con tanta integridad.

Por esa razón, todos los empleados de la casa

se han reunido aquí en este momento

para presenciar este ritual tan especial.

Sigue tu camino con paz en tu corazón.

¡Un favor, señor!

¿De qué se trata?

¡Un día o dos de gracia! ¡Solo eso! ¡Os lo imploro, señor!

¡No pretendo escapar! ¡Regresaré! ¡Os lo ruego!

¡Por favor! ¡Os lo imploro!

Me parece una solicitud muy extraña.

Ciertamente, me han informado de que en Edo

abundan los antiguos guerreros que deshonran a nuestra clase,

amenazando con practicar el harakiri a las puertas de las casas,

a menos que se les ofrezca una miserable limosna.

No me digáis que vos...

No, yo jamás haría eso.

Por supuesto que no, estoy seguro de ello.

Un hombre de vuestro carácter sería incapaz de un acto tan vergonzoso.

Motome Chijiwa,

adelante, ya podéis proceder.

Este indigno será vuestro padrino.

Representante de la Escuela Shindo-Munen.

Aunque las palabras son innecesarias, me gustaría explicarlo.

El rito del harakiri ha cambiado con el paso de los años.

Últimamente, este ritual sagrado se ha desvirtuado

y convertido en un mero formalismo.

Apenas la víctima acerca la espada a su cuerpo, es decapitada.

No hay un verdadero desentrañamiento.

A veces, hasta se sustituye la espada de la bandeja por un abanico.

Es una vergüenza para todos.

Por eso,

hoy no se tolerará ninguna mala imitación

de este rito sagrado para un samurái.

Todo se realizará según el ritual tradicional.

Se hará así.

Os abriréis el vientre con dos cortes cruzados.

Solo entonces me dispondré yo a cumplir con mi deber.

Únicamente, intervendré cuando el desentrañamiento

sea satisfactorio para nosotros, ¿está claro?

Procedamos.

Esa es vuestra espada, por ella moriréis.

Para un samurái, su espada es su alma.

Por lo tanto, ¿qué otra podría ser más apropiada para él?

Bien, ¿qué os detiene?

¡Proceded, por favor!

Adelante.

¡Adelante!

Todavía no. ¡Continuad! ¡Debéis abriros el vientre!

¿Por qué paráis?

¡Tirad de vuestra espada! ¡A la derecha!

Sí, incluso como recurso final,

morderse la propia lengua,

es un acto digno de alabanza, aunque resulte impropio.

Al fin y al cabo,

amenazó con practicarse el harakiri y solo llevaba espadas de bambú.

Una vez más,

¿cuáles son vuestras intenciones?

Supongo que os estáis refiriendo a esto.

Os aseguro que lo que le ocurrió

a aquel desgraciado joven fue justo como os lo he relatado.

Honorable Tsugumo, escuchad mi consejo.

Reconsideradlo.

No.

No os preocupéis, mi decisión está tomada.

Al contrario que el joven Chijiwa, ninguna de mis espadas es de bambú.

Realizaré el ritual del harakiri sin morderme la lengua.

Podéis estar seguro

de que haré honor a la tradición samurái.

Está bien.

Honorable Tsugumo,

puesto que insistís en seguir adelante, os concederé vuestro deseo.

- ¡Criado! - Sí.

Hanshiro Tsugumo,

antiguo guerrero de Geishu, desea morir por el rito del harakiri.

Bien.

Puesto que las ropas que lleva son inapropiadas,

se le proporcionará ropa nueva para el ritual.

- ¡Esperad! - ¿Qué pasa?

Me sobran todo ese tipo de consideraciones.

Creo que la indumentaria que llevo es muy apropiada

para un pobre y viejo guerrero a punto de irse al otro mundo.

Por el considerado trato que se me ha dispensado en este día,

os estoy profundamente agradecido.

Hanshiro Tsugumo no encuentra palabras para agradecéroslo.

Ahora, procederé.

Aunque, honorable jefe,

para el ritual, necesitaré un padrino.

Ha sido escogido para ser vuestro padrino Ichiro Shinmen.

Shinmen.

¿Tenéis alguna preferencia?

Sí.

Solicito los servicios del honorable Hikokuro Omodake.

¿Por qué Hikokuro?

Porque su fama de gran espadachín de la Escuela Shindo-Munen

es conocida entre todo guerrero.

Es cierto, Hikokuro se ha ganado una gran reputación.

Hikokuro. ¡Hikokuro!

Me temo, señor, que hoy Omodake se encuentra ausente.

Nos ha hecho llegar una solicitud formal

para disponer de cuatro o cinco días de descanso.

¿Cuatro o cinco días? Entonces, no hay nada que hacer.

Honorable Tsugumo,

como acabáis de oír, Hikokuro Omodaka no está presente en este momento.

¿Alguna otra elección?

Es una gran decepción.

Confiaba en que el honorable Omodaka fuera mi padrino hoy.

¿No sería posible pedírselo como un favor personal?

Sí, tal vez.

Ayer no se le notaba demasiado el cansancio.

No creo que esté muy grave, ¿verdad?

- ¡Criado! - ¡Señor!

Ve a casa de Omodaka

e infórmale de que requiero su presencia aquí.

- Apresúrate. - ¡Bien!

Estoy en deuda con Vd. por vuestra amable consideración.

Decidme,

¿queréis esperarle aquí o preferís poneros cómodo dentro?

Señor, si vuelvo a entrar en vuestra casa,

podría quebrarse mi determinación.

Eso podría hacer que mi viaje empezase mal.

Esperaré aquí.

Vuestra firme voluntad, señor,

es realmente digna de admiración.

Honorable señor.

No vamos a ganar nada con una espera que seguro resultará tediosa.

Permitidme que os cuente la historia de mi vida para pasar el tiempo.

¿Queréis contarnos la historia de vuestra vida?

Sí, señor.

La vida de un viejo guerrero puede parecer aburrida,

pero mi destino de hoy aquí,

puede ser el destino de otros mañana.

Quienes estén presentes y escuchen mi relato,

quizá incluso encuentren ciertas gemas de sabiduría en él.

Vuestro destino de hoy puede ser el de otros mañana.

Sí. Parece interesante.

Escuchad bien sus últimas palabras,

las palabras de un hombre que se dirige a la eternidad.

Podréis oír un testamento nada corriente,

y estoy seguro de que hay mucho que aprender de él.

Honorable.

Antes deseo preguntar si la historia que habéis contado antes,

era toda la verdad sin dejaros ningún detalle importante.

Así es.

Porque aquel guerrero de Geishu, Motome Chijiwa,

era un joven al que tuve la oportunidad de conocer un poco.

Motome Chijiwa,

sí, era un joven al que tuve la oportunidad de conocer.

Motome era un atractivo joven de 15 años.

Y mi hija Miho, una niña de 11.

Fue hace 11 años.

Incluso ahora, cuando cierro los ojos,

todo vuelve a mi mente como si el tiempo no existiera

y hubiera sucedido ayer mismo.

- Venga, otra ronda. - Mejor no.

¿Para qué molestarnos en reconstruir la arquería?

- No servirá de nada. - Cierto, por la paz. Maravillosa paz.

A propósito, será el séptimo aniversario

de la muerte de mi esposa.

El día 22, ¿verdad? ¡Siete años ya!

Sí, y pienso celebrar una pequeña ceremonia en mi residencia.

- Pero sin ofrendas. - Entiendo.

Sí, parece mentira. Cómo pasan los años.

Y aún es más increíble que, un veterano como tú,

curtido por la guerra, esté criando solo a esa niña.

Jinnai, a mí también me has sorprendido.

Al morir tu esposa Yuki, pensaba en cómo te las arreglarías solo.

Sin embargo, ahora,

mira cómo estáis, hecho un ejemplo perfecto de milano y halcón.

¿De milano y halcón?

Sí, del milano que enviuda

y dedica todos sus esfuerzos a su joven cría

que, con el paso del tiempo,

ha crecido y se ha convertido en un halcón para sorpresa de todos.

- En un apuesto halcón joven. - ¿En un halcón?

Tonterías. Mi hijo solo crece de cuerpo.

Está muy lejos de ser un noble halcón de los que planean por el aire.

Sin embargo, yo siempre he pensado

que sería un inútil en el campo de batalla

y reconozco que no ha salido mal del todo.

Si la vida hubiera continuado así, todo habría ido bien.

Pero no paso eso.

Las vidas de las personas son como casas construidas

sobre cimientos de arena,

un viento fuerte significa el final.

¿Sabéis qué causó la caída

del vasto dominio de mi señor de Geishu?

¿Necesitáis que entre en detalles?

Estoy convencido de que todos debéis estar muy bien informados.

Se hicieron modificaciones en el castillo de Hiroshima

que tenían que ser una amenaza para el Shogun de Tokugawa.

Pero en junio de 1619,

el dominio de nuestro señor quedó bruscamente abolido

y 12.000 empleados inocentes que estaban a su servicio

se vieron privados de su medio de vida.

¡Jinnai!

Para el honorable Hanshiro Tsugumo.

Mis últimas peticiones para mi fiel amigo.

La abolición del comisionado por las modificaciones del castillo

se espera en cualquier momento.

Yo simplemente le precedo en este viaje final.

Espero que sea suficiente con que lo haga yo solo.

Te ruego que no me imites.

Y te pido que hagas algo por mi hijo, Motome,

que todavía no es más que un niño de 15 años.

Te ruego que le guíes en su vida futura.

Qué impaciente.

¿No podía haberme esperado?

Hanshiro, te prohíbo que le imites.

Y que me imites a mí, ¿entendido?

Todo esto no tiene ningún sentido.

- Con Jinnai es suficiente. - Pero, señor...

¡Silencio, Hanshiro!

Jinnai

ha muerto primero para prevenir cualquier intento tuyo.

Él me acompañará a mí en tu nombre.

Ahora, Hanshiro,

tu deber es seguir adelante,

debes ocupar el lugar de Jinnai.

¿Quién más podría cuidar de su hijo Motome?

Solo tú.

Masakatsu

irá a reunirse con Jinnai.

Hanshiro,

¿tienes algún mensaje para tu amigo Jinnai?

¿No tienes ningún mensaje para Jinnai?

Decidle...

Decidle a Jinnai...

- Que el futuro de su hijo... - ¿Sí?

El futuro de su hijo Motome Chijiwa,

estará vigilado y protegido por Hanshiro

con su propia vida si hiciera falta.

Honorable Tsugumo.

Es suficiente.

- ¿Va a venir? - No.

Señor, al parecer está gravemente enfermo.

¿Y qué enfermedad padece Omodaka?

Su familia dice que tiene fiebre muy alta

y muchos dolores agudos que le exigen reposo.

¿Le has visto?

Les he rogado que me dejasen acercarme a su cama,

pero padece unos dolores tan fuertes,

que la familia me ha pedido que no lo hiciera.

Así que les he dado vuestro mensaje y me he ido.

Entonces, no podemos contar con él.

Supongo que la humedad de estos días debe de haberle hecho enfermar.

Honorable Tsugumo,

ya lo habéis oído.

Por tanto, debo pediros que nombréis a otro como vuestro padrino.

Es una verdadera lástima no poder tener al honorable Omodaka.

Lamento

que esté demasiado indispuesto para asistirme en el ritual.

Sí.

Solicito a Hayato Yazaki.

Inaba...

- ¿Verdad que Yazaki tampoco está? - Sí, señor.

También ha solicitado permiso para reponerse de su fatiga.

Honorable Tsugumo,

lamento deciros que Yazaki tampoco puede ayudaros.

¿El honorable Yazaki también está indispuesto?

Es una verdadera lástima.

Entonces no tengo elección.

Solicito la asistencia de Umenosuke Kawabe.

Señor,

¿es posible que el honorable Kawabe también esté enfermo?

¿Es posible tan extraña coincidencia?

Vaya,

parece que también está indispuesto.

Los tres que he nombrado están ausentes en este día

que he escogido para pasar a la eternidad.

Sí, es una extraña coincidencia.

Ciertamente extraña.

- Hay gato encerrado. - Cierto.

Hikokuro fue el que más insistió.

De hecho, él obligó a Motome Chijiwa a hacerse el harakiri.

Y fue Hayato Yazaki

quien descubrió que la espada del joven era de bambú.

No, me equivoco, ese fue Unemosuke.

Señor, yo me oponía a que aquello se llevara tan lejos.

- Ahora eso da completamente igual. - Muy cierto.

Pero ¿qué vais a hacer con él, señor?

No es de los que mueren mansamente.

Por otro lado, estoy convencido de que está tramando algo.

Lo sé.

Pero sean cuales sean sus intenciones,

forzaré su mano y le obligaré a cometer harakiri.

Y en el caso de que se niegue,

haré que mis hombres le maten sin ninguna piedad.

Todos sabemos que lo que ocurre dentro de estas paredes,

se queda aquí como un secreto que nadie desvelará jamás.

Los hombres atacarán en cuanto yo les dé la señal.

No obstante, Hikokuro y los otros dos me tienen preocupado.

Será mejor que envíe a alguien.

Sí, eso haré.

Pero, dadas las circunstancias, me gustaría que fuerais vos.

Honorable Tsugumo.

A pesar de que los días de verano son largos, el tiempo vuela.

Por eso os ruego que os resignéis.

Pero, honorable señor, no puede haber ritual sin un padrino.

Eso es bien cierto,

pero acabo de discutir el asunto con mi ayudante.

Ninguno de los hombres que habéis solicitado pueden venir a asistiros,

de modo que yo escogeré uno para vos.

- ¡Ichiro Shinmen! - ¡Señor!

Vos seréis el padrino del antiguo guerrero de Geishu, Tsugumo.

- Cumplid con vuestro deber. - ¡Sí!

¡Señor!

Con vuestro permiso,

he nombrado a tres hombres honorables para que actúen como mis padrinos.

Me temo que debo insistir en que sea alguno de ellos.

¿Qué? ¿No habéis oído lo que he dicho?

Ya os he explicado que hoy los tres están indispuestos.

¿Qué ocurre, no os ha quedado bastante claro, o estáis sordo?

En ese caso, a mí tampoco me queda otro remedio.

Me temo que es razón suficiente para aplazar el ritual.

¡Cuidado con vuestra lengua!

Vuestra insolencia ha ido demasiado lejos.

Primero venís a pedirme un lugar para realizar el harakiri

y ahora tenéis esos reparos respecto al padrino.

Vos nunca habéis querido morir.

El dinero es lo único que os mueve.

Os equivocáis.

Si fuera un vulgar extorsionador,

¿creéis que estaría sentado aquí, ante vos, plácidamente?

- ¡Eso no puedo saberlo con certeza! - ¡He venido a morir!

Pero sabéis que el harakiri por sí solo

no asegura el viaje hacia el Hades.

Se necesita un padrino que corte la cabeza.

Un espadachín, un experto que dé un golpe certero.

Por si fuera poco, no voy a morir como un criminal.

Y reclamo mi derecho a elegir padrino.

Ya estoy harto de exigencias.

No perdamos el tiempo hablando.

Sois una vergüenza. Un miserable impostor.

¡El harakiri nunca ha sido vuestro móvil!

¡Matadle!

¡Esperad!

¡Esperad!

¡Quietos! ¡Quietos!

Todavía quiero hablar con todos los presentes.

Por favor. Por favor, esperad.

¿Qué pretendéis ahora? Ya es tarde para las palabras.

No, aún no.

Aún tengo algo que decir.

No he terminado de contar la historia de mi vida.

De ningún modo.

¡No tengo oídos para otro relato largo!

¡Por favor!

Pensadlo, honorable señor.

Si me obligáis, lucharé con la ferocidad de un poseído.

Seguro que alguno de vuestros hombres inocentes resultarán heridos.

¡Algunos incluso morirán!

Por tanto, señor,

sería más prudente por vuestra parte

que escucharan todos mi relato, luego me abriré las entrañas yo mismo.

Y si el harakiri os parece demasiado honor,

mandad, entonces, a todos vuestros hombres contra mí.

Pero en este momento,

os ruego que prestéis atención y escuchéis mi relato hasta el final.

Y cuando terminéis,

¿cumpliréis vuestra palabra?

¡Sí, os lo juro!

¿Por vuestro honor de samurái?

Bien, pero sed breve.

No abuséis de mi paciencia, no estoy para relatos largos y absurdos.

Atrás, atrás.

Veamos, ¿por dónde iba?

Ah, sí.

Mi señor es relegado.

Y luego la muerte de Jinnai Chijiwa.

Sí, eso es.

Había llegado hasta que él me confía a su querido hijo, Motome.

Después de la caída de mi señor,

abandoné aquella tierra y vine aquí, a Edo.

Con el fin de la guerra aparecieron antiguos guerreros por todas partes.

En tiempos mejores,

un clan habría empleado a un antiguo guerrero, pero en tiempos de paz,

no hay demanda de samuráis,

este come o ayuna según dicta el destino.

Sí, es muy triste.

Me avergüenza recordar cómo han sido

los últimos ocho o nueve años de mi vida.

No obstante, y aunque vivíamos casi en la miseria,

mi hija, Miho, siguió creciendo, se hizo una mujer

y pronto cumplió las 18 primaveras.

Honorable señor.

Si no regresase a tiempo para el mediodía,

os he dejado vuestra comida preparada.

Sabes que hasta el manjar más delicioso

pierde sabor cuando se come sin compañía.

- Así que te esperaré. - Bien.

Si tengo tiempo, cuando me paguen, pasaré a comprar un poco de pescado.

¿Se puede?

- Adelante, por favor. - Perdonad. ¿Estáis ocupada?

- ¿Ibáis a salir? - Sí, justo iba a ver al mayorista.

- Ah, ¿Al honorable Mikawaya? - Sí.

Que vaya bien.

Ya sois un experto.

Se ve que la experiencia es mejor que la formación.

- Perdonadme. - ¿Cómo?

Perdonad que siempre os pida adelantos,

como bien sabéis, mis ganancias son muy exiguas.

Vuestra franca inocencia me desarma.

Había venido para deciros algunas palabras duras,

pero, al tomar así la iniciativa, me habéis atado las manos.

Me inclino ante vos.

Por cierto, sobre la proposición que os hice el otro día,

¿lo habéis pensado ya?

Decidme, ¿habéis tomado ya una decisión al respecto?

Sí, mi decisión está tomada.

Ah, es gratificante.

Sí, me quitáis un peso de encima, de veras.

Veréis,

respecto a vuestra proposición acerca de Miho,

mi decisión es rotundamente contraria.

Me explicaré:

creo que la adopción de Miho sería meramente un pretexto.

Sé que la familia Sakakibara haría de ella una vulgar concubina.

Honorable Tsugumo,

como bien sabéis, son un clan muy poderoso.

Tener alguna relación con ellos, os aseguraría un futuro prometedor.

- Se acabarían vuestros problemas. - Sí, lo sé muy bien.

No obstante, honorable Seibei,

no sería propio de mí.

Jamás sacrificaré a mi hija por ninguna fortuna.

Comprendo vuestra actitud de orgullo,

pero, como padre, ¿no deberíais pensar en vuestra hija?

Lo hago.

Una chica tan joven y tan hermosa como ella,

y no tiene ni un kimono para las fiestas.

La pobre se pasa los días trabajando como una esclava junto a su padre.

Honorable Tsugumo,

no os dejéis confundir por estos tiempos.

Es inútil resistirse a la corriente.

Por el bien de Miho y por vuestro propio bien,

la solución es demasiado evidente.

Escuchad, he de seros sincero.

Una oportunidad como esta solo se le presenta porque ella

está dotada de tanta belleza, no la desperdiciéis.

El gran Confucio dice: El gran Confucio dice:

Ignorar nuestra propia misión no nos convierte en personas superiores.

Ignorar nuestra propia misión no nos convierte en personas superiores.

Ignorar la etiqueta acaba suponiendo fracaso.

Ignorar la etiqueta acaba suponiendo fracaso.

Ignorar las palabras significa ignorar a los hombres.

Ignorar las palabras significa ignorar a los hombres.

-Se acabó la clase. -Gracias, maestro.

Eh, ¿ venís a jugar conmigo?

Bienvenido, señor.

Buenas tardes.

Toma.

- Muy amable. - Verás,

me he tomado la libertad de preparar un poco de té.

No obstante, Motome,

he venido porque quiero hablar muy en serio contigo.

Honorable señor,

¿por qué tanta formalidad?

- El tiempo pasa con mucha rapidez. - Sí.

Mi hija ya ha cumplido 18 años.

Y...

cada día se parece más a su madre.

Cuando la miro, me parece increíble...

- Es muy guapa. - ...que pueda ser mi hija.

Sí, si se pareciera a mí, esa belleza habría sido totalmente imposible.

Honorable, ¿por qué habláis así?

Verás...

Motome...

Miho...

Quiero que la tomes como esposa.

Ya sé que es todo esto te coge por sorpresa,

pero quiero saber si estarías dispuesto.

¿Eh, Motome?

No hace falta que os lo diga, sabéis muy bien la pobreza en la que vivo.

Solo soy el humilde maestro que enseña a los niños del vecindario.

Apenas gano para poder vivir miserablemente.

Así, ¿cómo podría tomar a una esposa?

Motome, ¿acaso no te gusta Miho?

¡Quiero que me lo digas! ¿Te gusta o no?

Si te estoy pidiendo esto

no es simplemente porque yo le esté buscando a mi hija

un marido que la mantenga y que le asegure el sustento.

No, yo solo soy un guerrero fracasado,

pero siento verdadero amor por ti y por Miho.

Convencer a Motome fue mucho más difícil

de lo que me había imaginado.

Hasta entonces,

no me había percatado de lo tozudo que podía llegar a ser.

No obstante, Motome amaba a Miho,

y Miho no puso ninguna objeción al marido que le había escogido.

La grulla

que vive mil años

simboliza los innumerables

días de felicidad.

La tortuga

vive diez mil años

y es el símbolo de los placeres

que triplican su edad.

Que las doradas arenas

reflejen el sol

de las generosas mañanas

que vendrán.

Pasaron dos años

y las aguas volvieron a su cauce.

Tuvieron un hijo al que pusieron por nombre Kingo.

Y, por supuesto,

fui yo quien hizo de abuelo del niño.

Bienvenido, señor.

Vaya, ¿otra vez aquí solo?

Señor, sois muy generoso con todos nosotros.

No digas tonterías.

Bastantes dificultades tienes, no te preocupes por mí.

Además, ahora que solo me ocupo de mi mismo,

he acumulado tanta riqueza que me resulta una carga.

Imagínate, casi no puedo ni llevarla encima.

Mira, mira...

Pero si le he despertado.

¿Qué es eso? Vamos, muchacho.

Los pucheros no son propios del hijo de un guerrero.

Venga, alegra esa cara.

¿He oído que han abolido el clan Satsudaira?

Es cierto, como los de otros señores de la guerra de la provincia.

Sin embargo, ese clan era un enlace con el poder de Tokugawa.

Sí, la política del Shogun hacia los señores de la guerra

está siendo realmente muy dura.

Una cosa es segura, habrá más guerreros desocupados.

Sí.

Por cierto...

¿Lo sabes? ¿Te has enterado de lo de ese guerrero de un antiguo clan

que se presentó en una mansión y amenazó con matarse por harakiri?

Sí, y también sé que se compadecieron de él

y, para evitarlo, lo emplearon.

Sí, pero las consecuencias serán malas.

Eso pienso yo también.

Además, también he oído que ha cundido el ejemplo.

Aunque a aquel le fue bien, otros se están presentando en las casas

amenazando con practicar harakiri.

En la mayoría de ellas, para deshacerse de ellos,

les ofrecen unas monedas como limosna.

Es realmente vergonzoso que ocurra algo así.

Sí, es indignante.

Incluso en una situación de pobreza extrema,

¿cómo se puede caer tan bajo?

Son actos de desesperación propios de estos tiempos difíciles.

Debemos procurar mantener la dignidad

mientras no encontremos a un nuevo señor al que servir.

Sí, hablas con mucha sabiduría, Motome.

Aunque no teniendo empleo,

nosotros, tampoco debemos temer por ningún superior,

ni hemos de sentirnos obligados a nada.

¿Qué pasa? ¿Qué pasa, eh?

Ya es la hora, quiere su leche. Tengo que darle de comer.

Vamos, cada vez que llora un poco, le das de comer.

Así le estás acostumbrando mal. ¿Verdad, Kingo? ¿Verdad?

Sí, claro. ¡Mira!

Ven aquí.

Eso es.

Ven con tu abuelo.

En el templo

de Kyojin...

¿Te gusta que te cante?

...en la víspera de la fiesta,

los pájaros cantan así.

La situación iba empeorando

a medida que iban pasando los días y los meses.

Todos los miembros de la familia

iban pagando las consecuencias de tanta miseria.

Es difícil mantener la esperanza

cuando se vive tanto tiempo sometido a tanta estrechez.

No obstante,

nos esforzábamos en sobrevivir, en intentar salir adelante.

- El gran Confucio dice: - El gran Confucio dice:

- Ignorar nuestra propia misión... - Ignorar nuestra propia misión...

...no nos convierte en personas superiores.

...no nos convierte en personas superiores.

Ignorar la etiqueta acaba suponiendo fracaso.

Ignorar la etiqueta acaba suponiendo fracaso.

Por si nuestra desgracia fuera poca Miho cayó gravemente enferma.

Su delicado estado de salud hacía que la situación

fuera todavía más desesperante.

Pero entre todo aquel sufrimiento, nunca dejamos de luchar.

Motome se esforzaba mucho.

Pobre muchacho.

¡Trabajo comunitario! ¡Vamos! ¿Quién quiere trabajar?

¡Trabajo comunitario! ¡Se necesitan brazos!

¿Quién quiere trabajar?

¡Eh, tú, samurái!

¡Haz el favor de largarte de aquí!

Estos hombres vienen porque necesitan trabajar.

Un obrero con espada seguro que solo puede traer problemas.

¡Vete de aquí!

¡Vamos! ¡Trabajo comunitario!

¿Quién quiere trabajo?

¡Venid aquí, vamos!

¡Trabajo comunitario! ¿Quién quiere trabajar?

La situación de Motome era muy dura.

Todos sus intentos por salir adelante eran en vano.

Miho también iba de mal en peor.

Es curioso cómo el mal se ceba en la desgracia.

Todavía recuerdo

que aquel año apenas logramos sobrevivir.

Y luego, cuando llegó la primavera

y los campos volvieron a florecer...

¿Qué ocurre?

¡Motome!

¿Es Miho?

¿Eh? ¿Es Miho?

Es Kingo.

¿Qué? ¿Kingo?

Tiene fiebre.

Está ardiendo por la fiebre.

Miho, ¿cómo no te has dado cuenta?

¿Qué estabas haciendo mientras el niño estaba enfermo?

Parecía un poco de fiebre causada por el resfriado.

¿Y qué ha dicho el médico?

Le habrás llamado, ¿verdad? ¿Le ha visto?

¿Cómo?

¿No habéis llamado al médico?

Motome, ¿por qué no le habéis llamado?

Kingo...

Kingo, no te rindas.

Este viejo

y tus padres

hace tiempo que vendieron sus cosas de valor.

No nos queda nada.

No podemos hacer nada para salvarte.

Aunque...

Aunque estemos indefensos, Kingo,

un buen samurái

nunca debe abandonar la lucha.

Kingo,

no te dejes vencer, no lo hagas.

No te rindas. No te rindas.

Escuchad.

Todavía queda una última posibilidad.

¿Cuál?

Ahora solo os pido que en mi ausencia,

cuidéis de Miho y de Kingo.

Motome,

¿qué es esa nueva idea?

Veréis, conozco a un antiguo empleado que ahora es prestamista.

He pensado que iré a pedirle algo de dinero.

Ya sé que sus intereses son siempre muy altos,

pero da igual, este no es momento para preocuparnos por esos detalles.

De acuerdo, de acuerdo.

Si le conoces, date prisa, no hay tiempo que perder.

Sí, iré ahora mismo.

Supongo que volveré por la noche a más tardar.

Puesto que Miho también está enferma,

os ruego que cuidéis de Kingo.

No te preocupes, no me moveré de aquí.

Pero, por favor, Motome,

el niño está muy grave, tienes que darte prisa.

Haz lo que tengas que hacer y vuelve enseguida.

Sí.

Me iré ahora y volveré esta noche.

Adiós.

¡Motome! Dependemos de ti.

No, deja, déjame a mí, yo lo haré.

Kingo, tienes que aguantar un poco más, hijo.

¿Por qué se retrasará?

Esto no va bien.

Motome...

¿Por qué no vuelve Motome?

¡Eh! Levantándote ahora no harás que le baje la fiebre a Kingo.

¿Dónde puede estar? ¿Por qué no vuelve Motome?

Debería haber vuelto al anochecer, al menos eso nos prometió.

¿Por qué no vuelve?

¿Dónde puede haberse metido Motome?

Seguí esperando.

Las horas parecían largas como los días de otoño.

Pero esperamos en vano, porque Motome no volvió con nosotros.

"Supongo que volveré por la noche a más tardar. Cuidad a Kingo."

Esas fueron las últimas palabras que dijo antes de irse.

Y aquella fue la última vez que vi con vida a Motome Chijiwa.

Sin embargo,

aquella misma noche, a la hora del perro,

Motome volvió a entrar en casa.

Pero no por sí mismo.

Volvía acompañado por una galante escolta de empleados y criados

del clan de Iyi.

Esa ha sido la conmovedora solicitud del honorable Motome Shijiwa.

Sin embargo, no hemos querido dejarle solo en un momento así

y le hemos acompañado cordialmente a nuestro jardín,

donde ha podido cumplir con su deseo.

Últimamente es habitual que las mansiones

sean visitadas por antiguos guerreros

que arrancan una limosna amenazando con morir por harakiri.

Y comprendemos que los clanes estén molestos por eso.

No obstante,

ese no ha sido el caso del honorable Motome Chijiwa,

quien, efectivamente,

ha muerto por harakiri en la honorable casa de Iyi,

la cual ha tenido a bien adoptar las medidas oportunas.

Queremos que esto sirva de ejemplo

para otros antiguos guerreros

y para los débiles

y para los indecisos miembros de otras casas, será una brisa fresca

que abrirá los ojos, sin duda, a tan indignos elementos.

- Honorable... - Adelante.

Enseñadle las espadas.

Sí. Buena idea.

Se presentó con dos espadas. ¿Queréis examinarlas?

Por favor, observad que son de bambú.

¿De bambú?

¡Miho!

Fijaos que las espadas son de bambú.

No queremos que se nos reclame nada respecto a la pérdida de las espadas.

¿Está lo suficientemente claro?

Ya lo habéis visto.

Entonces,

Motome os suplicaría a alguno de vosotros

que le prestaseis la espada.

No, no fue así.

Murió valientemente usando su propia espada.

¿Motome murió...

con una espada de bambú?

Exacto.

Nosotros hemos presenciado con todo detalle

el ritual realizado con la espada de bambú.

Un caso inaudito,

porque un samurái tiene que morir

con una espada auténtica que es el alma del guerrero.

- Nos vamos. - Buenas noches.

Miho empezó a llorar.

Y lloró.

Y lloró.

¡Perdóname!

Lo siento.

Ha sido culpa mía por no pensar.

Tú vendiste las espadas.

Las vendiste por Miho, pero yo me di cuenta.

Sin embargo, aquí está la mía.

Yo nunca me he deshecho de la mía.

Nunca habría osado.

En mi triste ignorancia,

me aferraba a estos símbolos inútiles.

¡A estos objetos sin valor!

Objetos sin valor.

Vencido completamente por la fiebre y en coma,

Kingo murió dos días después de aquella noche.

Y tres días después,

Miho también falleció,

se fue con su hijo al otro mundo.

Tsugumo Hanshiro,

el antiguo guerrero cuya única riqueza era su familia,

se quedó completamente solo en el mundo.

Honorable Tsugumo,

¿concluye así vuestro relato?

Concluye así, en cierto modo.

No.

Unas últimas palabras.

Ruego a todos los presentes que me escuchen bien.

Por muy extremas que sean sus circunstancias de vida,

que un miembro de la clase de los samuráis

amenace con morir por harakiri para que se le ayude de algún modo,

es un acto impropio y abominable que no se puede excusar ni perdonar.

Por otro lado,

creo que se puede decir con justicia que el comportamiento de esta casa

con Motome Chijiwa también deja mucho que desear.

Un samurái que se rebaja a pedir unos días de gracia

es sin duda alguna porque tiene una buena razón.

¿No os interesó conocer sus razones?

Ciertamente,

no hubiera estado fuera de lugar que vos le preguntaseis

qué razones tenía para solicitarlos.

¿Acaso eso era demasiado pedir?

¿Nadie sintió necesidad de preguntar?

Tenía a su esposa fatalmente enferma

y a su hijo que precisaba atención o iba a morir.

Por eso, Motome Chijiwa suplicó una última oportunidad,

para informarme y hacer un último esfuerzo,

antes de dejarlo todo en mis manos y volver a esta mansión

para cumplir con su destino fatal.

¡Hanshiro Tsugumo!

Todo lo que estoy oyendo son excusas.

¿Excusas?

Es posible que Motome Chijiwa

fuera víctima de varias circunstancias, pero no obstante,

fue él mismo quien vino pidiendo morir.

Aunque las cosas no fueron como las había planeado,

nadie le trajo aquí, él sembró sus propias semillas.

No puede estar resentido con el resto ni culparlos, ni acusarlos de nada.

Y, una vez aquí,

solo tenía que olvidarse de lo demás y morir como un valiente.

Un auténtico samurái debe enfrentarse

a su propia muerte con determinación.

Suplicar días de gracia es propio de un verdadero cobarde.

No os extrañéis si alguien lo tomó por un loco.

Sí, en eso tenéis razón.

Motome no estaba en su sano juicio.

Pero para dicho estado mental enajenado,

yo solo tengo alabanzas.

Incluso el samurái más valiente, no es más que un simple ser humano.

Y como tal no puede vivir solo del aire.

Ante una crisis tan importante,

incluso los hombres como Motome se preocupan por su familia.

Sí, y me alegro de que así sea.

El guerrero del bambú.

No solo los samuráis,

también hay muchos ciudadanos que se mofan de la memoria de Motome.

Sí, dejad que se ría quien quiera.

No lo comprenden, es imposible llegar al corazón de todos los hombres.

La despiadada política de los shoguns,

que acaba con los señores provinciales,

lleva a la ruina a miles de inocentes,

aunque los que comen bien siempre y no han pasado miseria nunca

quizá no se den cuenta.

Algunos de vosotros quizá despreciéis a Motome

por haber suplicado dos días de gracia,

pero poneos en su lugar, ¿qué habríais hecho?

Porque, al fin y al cabo, nuestro reconocido honor de samuráis

solo es un brillo que se queda en la superficie.

Ya estoy harto de oír tonterías.

No lo son.

Claro que lo son. ¿Qué insinúas?

¿Que nuestro honor es meramente superficial?

Exacto.

Hay quien amenaza con el harakiri

y, luego, intenta evitar las consecuencias.

Ese comportamiento es indigno y puede ser peligroso.

Hay que dejar morir a quien lo pide.

De hecho, nosotros le ayudamos a cumplir con su voluntad.

Es la norma de nuestro clan.

¡Para nosotros no tiene sentido el término medio!

En otras palabras, Vd. en el fondo

pensáis que no tengo intención de morir.

Creéis que he venido enfurecido por como tratasteis

a mi yerno aquella tarde, y vengo simplemente

a exponeros mis numerosas quejas.

¿Es eso lo que creéis?

¿No os parece absurdo preguntármelo a mí?

Eso preguntáoslo a Vd. mismo.

De todos modos, Vds. no tienen intención de dejar que me vaya.

Eso lo decidiré yo.

Aunque no veo razón alguna para pediros que os vayáis.

Señor.

Los ojos suspicaces atraen el mal. ¿No conocéis ese proverbio?

Es muy popular.

Os he asegurado que cumpliré mi promesa de morir por harakiri.

Pero, a pesar de mis esfuerzos, no me creéis.

Primero, aunque por cualquier razón saliera de aquí con vida,

¿qué ilusiones podría tener para seguir viviendo?

Prefiero mil veces ir a reunirme con Motome,

con Miho y con Kingo

al más allá, donde están esperando mi llegada.

No obstante, no puedo presentarme ante ellos con las manos vacías.

¿No lo creéis? Es muy sencillo.

Ninguna otra cosa tiene sentido.

Si he explicado la situación de Motome,

es porque espero que vuestros hombres

puedan llegar a comprenderle y reflexionen

sobre sus precipitadas decisiones ante un hombre desesperado.

Seguro que no todos ellos están convencidos de haber hecho bien.

Porque, ¿no es posible que llevaran las cosas demasiado lejos?

Quizá podrían haberse tomado medidas más adecuadas y menos dolorosas.

Sé que una simple palabra en ese sentido satisfaría a Motome

y le daría un poco de sosiego.

¿No sería ese el regalo

más apropiado que podría llevarle yo cuando me reúna con él?

Esos eran mis planes,

pero, lamentablemente, veo que no serán posibles.

Creo que ahora empezamos a entendemos.

Tu conmovedor relato es totalmente inútil.

Tanta charla no ha servido de nada.

No, un samurái que dice que el honor de los de su clase solo sirve

para embellecer no puede llegarnos al corazón.

En otras palabras, consideráis

que solo es una queja lastimera de un viejo guerrero senil.

Bueno, de todos modos, ahora es inútil lamentarse por eso.

Excusad mi prolongada y tediosa narración.

Ahora procederé con el ritual.

Esperad un momento.

Antes de empezar,

quisiera devolver algunas cosas que ahora se encuentran en mi poder.

Cada una de ellas lleva el nombre de su dueño original.

Por favor, examinadlas.

Honorable Hayato Yazaki.

Y la otra es del honorable Unemosuke Kawabe.

Ambos espadachines

tenidos en alta estima en el clan Iyi por su honor y valentía.

Pero, honorable señor

y demás presentes, no os preocupéis.

Lo único que yo acepté de ellos fueron las coletas que ahí veis.

Me conformé con ellas y no quise sus vidas.

Mi encuentro con el honorable Hayato Yazaki

fue hace seis días.

¡Alto!

El siguiente fue el honorable Kawabe,

cuya coleta corté hace cinco días, el 8 de mayo.

Sin embargo,

el tercero, el maestro espadachín de la escuela Shindo-Hunen,

el honorable Hikokuro Omodaka, no fue fácil de encontrar.

Probablemente, sabedor de lo ocurrido a sus dos compañeros,

estaba alerta, nunca bajaba la guardia.

Sí, sinceramente,

tengo que reconocer que no se me ocurría la manera

de coger por sorpresa al honorable Hikokuro Omodaka.

¿Me buscábais?

Cuando intentéis desenvainar,

yo sacaré mi espada

y os mataré de un solo golpe.

No obstante,

temo que mi espada quede bloqueada por este dintel.

Un golpe lateral a vuestra cintura

sería imposible por esta columna.

Perdonad por mi retraso, pero no había podido encontraros.

Os ruego que os preparéis.

Puesto que no podemos celebrar el duelo aquí,

nos dirigiremos a la llanura de Gojin-In.

A pesar de lo mísero de esta casucha,

el dueño se molestará si no regresáis.

Y de todos modos alguien tendrá que acudir allí tarde o temprano

para disponer de vuestro cadáver.

Sugiero que dejéis una nota diciendo que habéis ido

a la llanura de Gogin-In a enfrentaros en duelo con Omodaka.

Él aprovechó sabiamente el viento.

Pero una espada no solo sirve para cortar,

también se puede clavar o ser usada para cortar otras.

El arte de la espada que no ha sido probado en combate

es como nadar en tierra.

Sea como sea, aquel duelo en la llanura

había sido mi primer combate en dieciséis años.

Desde el asedio de Osaka.

Cobrarse la cabeza de un hombre no es fácil.

Pero cobrarse solo la coleta es mucho más difícil todavía.

Independientemente de la dificultad,

perder la coleta es equivalente a perder la cabeza

o aún peor que perder la cabeza.

La humillación y el deshonor no se pueden borrar ni con la muerte.

Por eso, ahora, esos hombres dicen y fingen que están enfermos

y se esconden hasta que les crezca las coletas, honorable señor.

Vos presumís de tradiciones de valentía,

pero incluso los mejores hombres de la casa de Iyi

solo buscan una fachada falsa.

No sabe lo que dice. ¡Matadlo!

Hanshiro Tsugumo ha caído, señor.

¿Y nuestras bajas? Las bajas entre nuestros hombres.

Masakatsu Sugita, Sobei Omemura,

Ichiro Shinmen y Uemon Yoshioka han muerto en combate.

Otros ocho sufren heridas.

El antiguo guerrero de Geishu,

Hanshiro Tsugumo, ha muerto por harakiri.

Nuestros empleados han muerto de enfermedad.

Sí.

Ningún empleado del clan Iyi ha muerto

ni ha sido mutilado por ese antiguo guerrero empobrecido.

Por petición propia, el antiguo guerrero Hanshiro Tsugumo

se practicó el harakiri en esta mansión.

Nuestros hombres murieron de enfermedad.

No puede haber ninguna relación entre ambos hechos.

Sí.

Procurad que ningún hombre más muera de enfermedad.

Que los heridos reciban tratamiento inmediatamente.

Sí, señor.

Honorable señor, he vuelto.

Omodaka Hikokuro...

murió anoche en su residencia.

Los otros dos hombres, Kawabe y Yakazi,

todavía dicen que están enfermos, pero señor, creo...

¡Idiota!

¿Por qué no les has ordenado que se mataran ellos también?

Ve inmediatamente y ordénales que mueran por harakiri.

Y llévate a algunos espadachines.

Si se niegan, tendréis que matarles en el acto sin contemplaciones.

¿Entendido?

Y, para todos, también estos hombres, incluido Omodaka,

habrán sido víctimas de una grave enfermedad, no del harakiri.

¡Estúpido!

¿Sabes cuáles serán para ti las consecuencias

si no cumples con lo que te ordeno?

¡Maldito idiota! ¡Ve ahora mismo!

Ya voy, señor. Ya voy, señor.

El antiguo guerrero de Geishu, Hanshiro Tsugumo,

murió por harakiri al atardecer.

Sus palabras y acciones eran muy extrañas.

Muchos consideraban que había perdido la cabeza.

La disposición a morir de otro de los guerreros de Geishu

Motome Chijiwa, fallecido en enero,

también nos pareció apropiada

y la fama de la casa de Iyi quedó grandemente realzada.

También en este caso, nuestra firmeza

pronto fue conocida por toda la administración.

Consiguientemente, tres días más tarde,

durante una sesión formal en el castillo,

el señor aprovechó la ocasión para loar

a nuestro honorable heredero Bennosuke

tanto en la paz como en la guerra.

Quedó claro para todos que la casa de Iyi

prosperaría a lo largo de los siglos.

16 de mayo de 1630.

Séptimo año de Kan-Ei.

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