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París, 1900. La Belle Epoque. ¡Qué descanso. ¡Qué felicidad!
Nada parecía perturbar la cotidiana paz.
Nuevo drama en cuatro actos.
3 actos.
¡Eso es el colmo! ¡Y ahora me acusas de... monstruo!
- No tan alto. Los vecinos... - ¡Me tienes viviendo en los suburbios,
me abandonas todos los días y ahora ¡te vas a dormir a un hotel en la ciudad!
¡Es demasiado!
- Todo lo que puedo decir, es gracias. - ¡Marcelle!
Se trata de una investigación importante. Y necesitan un experto.
¿Qué hay en el medio de la noche en un hotel de París para investigar?
Debo examinar la habitación donde la condesa Brandolini murió misteriosamente hace 20 años.
Se dice que en la noche hay fantasmas, que hacen ruido.
- Una historia "creíble". - Puedes reirte, naturalmente.
Es una falla de construcción, sin duda, pero el inquilino quiere romper el contrato.
El juez me llamó como experto. No tengo más opción que pasar esta noche allí y ver por mí mismo.
¿Experto en fantasmas? Realmente, ¿me tomas por tonta?
Una cosa está muy clara... ¡Este es el principio del fin!
- ¿Qué vas a hacer? - Voy a regar mi cactus.
¿Crees que nuestros elfos domésticos lo hacen mientras "trabajas" en los hoteles?
- ¿Qué te pasa? - ¡Haces mi vida insoportable!
- ¿Yo? Hago todo lo posible para hacerte feliz! - ¿Yo... feliz? ¡Qué bromista!
Te vas todo el día, y cuando llegas a casa estás cansado y no dices nada.
Luego a la cama temprano y a dormir inmediatamente. ¿Crees que me casé contigo sólo para cuidar de tu casa?
¡Me siento como un ama de llaves! ¡Esto es lo mismo que ser una criada!
¡No exageres! Me paso el día subiendo andamios y rastreando subsuelos. ¡Naturalmente, estoy exhausto!
- ¡Henri! - ¿Quién pidió su opinión?
¿Quién le pidió que interviniera? Ustedes los ingenieros trabajan en casa en zapatillas.
¿Qué es ese ruido? ¿Qué está pasando?
Ya ve lo mucho que tengo que soportar, Angelique.
- ¡Espere a haber estado casada 20 años! - ¡Ahora todo el vecindario está interfiriendo!
Voy a la ciudad y vuelvo por la mañana.
- ¡Quiero un poco de paz y tranquilidad! - Está cometiendo un gran error, Henri.
¡Ocúpese de lo suyo que yo me ocupo de lo mío! ¡Buenas tardes a todos ustedes!
¡Pobre niña! ¡Mi corazón se acongoja por usted! Si mi marido, Bonifacio, se comportara así conmigo...
- ¿Qué, entonces, querida? - ¡No desperdiciaría ni un segundo!
Me lanzaría a los brazos del primer hombre que pase.
- ¿En serio? - ¡Por supuesto que sí!
Él moriría aplastado.
Buen día, señor Bonifacio.
Estoy buscando información acerca de las tuberías en las casas de principios del siglo 18.
En la biblioteca de mi tío, no pude encontrar nada. ¿Tiene algún libro sobre eso?
- Quizás. Ve a ver por ti mismo. - ¿Puedo? Gracias.
Señora Cot, si usted supiera...
Durante meses un hombre la ha estado observando marchitarse como una hermosa rosa italiana,
su admiración por su belleza está en una palabra: pasión.
- ¿Quién es ese hombre? - Yo.
No sabe cómo me ofende que la insulten, usted, la más exquisita de las mujeres.
Yo soy una mujer casada respetable Tengo mis obligaciones.
Olvídese de sus deberes maritales. Su marido la deja de lado. Usted es libre.
- Déle una lección. ¡Tome venganza! - Sí, tenemos que hacer algo.
Vamos a salir esta noche a un restaurante. En un restaurante público.
- ¿Y luego, tal vez, un encuentro discreto? - ¡No, nunca!
¿Ya se ha olvidado del insulto público que ha soportado? Su venganza debe ser rápida y letal.
- ¡Yo le voy a enseñar! - Un hombre debe ser fuerte, tierno...
... y terrible en su pasión!
¡Bueno, Sr. Bonifacio! Puede que no sea guapo, pero tiene su estilo con las mujeres.
Gracias. Nos vemos en algún lado.
- ¿Dónde? - Ni idea.
Piense en algo. No podemos pasear por las calles toda la noche.
- Ya se me ocurrirá algo, se lo prometo. - Eso espero.
Mi esposa.
Mi querida... adiós.
- Estás empapado. ¿Qué estás haciendo? - Regando las flores.
- ¿Encontraste lo que buscabas? - Sí, gracias, señor Bonifacio.
- Perdone, monsieur. - Perdonada...
"descuidado viejos edificios en París"? Bueno, bueno...
- ¿Está interesado en edificios antiguos? - La instalación de drenaje.
Conozco algunos edificios muy viejos, por lo menos de 50 años.
- ¿Quiere que se los muestre? - ¡Por supuesto! ¿Cuándo?
- ¿Esta noche? - Tengo que volver a Marsella.
¡No siga!
Me pareció bastante agradable. No sé por qué.
¿No puedes? Te ves mucho mejor.
- ¿No me ves sin gafas? - Sí... Mucho mejor aún.
¿Por qué las usas entonces?
- ¿Nos vemos esta noche? - Tengo que coger mi tren.
Esos viejos edificios no nos ocuparán toda la noche.
¡Qué extraña chica!
- Monsieur y Madame Bonifacio. - Gracias.
Su revista.
Esto va a ser difi.. difi... difícil...
¡Victoire! No ceno en casa esta noche.
¿No cenas en casa? ¿A dónde vas?
A lo de mi hermana. Está enferma. Voy a tener que pasar la noche.
¡La publicidad de los hoteles! ¡Qué vergüenza enviar cosas así!
- ¿Hoteles? - ¡Los tendrían que prohibir! Escucha.
"Un sueño reparador en Hotel Paradiso especialmente para personas casadas..."
- "Juntos o por separado" - ¿Juntos o por separado?
- ¿Realmente dice eso? - Ve por ti mismo.
- "Habitaciones de todos los precios." - "Descuento para reservas por temporada."
- ¡Asqueroso! - Exactamente. Es un milagro.
Madame, un caballero quiere verla. Un señor Martin.
- ¡Martin! ¡Del campo! - Nuestro viejo amigo. Que pase.
- Lleve esto con usted. - Sí, madame. ¿Va a volver a necesitarlo?
¡No, en absoluto!
Martin en París... ¿Recuerdas su hospitalidad en Valence?
Nos alojamos allí por dos semanas. Es tan encantador y elocuente.
Después de todo es un abogado.
- Entre, querido Martin. - ¡Qué agradable sorpresa!
- Tome su sombrero y su abrigo, Victoire. - Tiene que estar empapado.
- Siéntese y póngase cómodo. - Queridos amigos, estoy muy, muy ...
- Yo estaba deseando volver a verlos. - Debe estar muy cansado. Siéntese.
- Pero yo hoo-hoo, hoo-hoo... - ¿Qué pasa con él?
- Ustedes no me esperaban, ¿eh? - ¿Ha pasado algo?
- ¿Cómo-cómo, por qué? - Su... bueno, es apenas perceptible.
Usted tiene un leve trastorno del habla.
Cuando estuvimos con usted no notamos nada.
El último ver-ver-verano, durante esas dos semanas, el ti-ti-tiempo era tan-tan...
- ¿Tan-tan...? - Espere, no he terminado todavía.
El tiempo era tan-tan-tan... veraniego.
- Sí, por supuesto. - Cuando el clima es tan-tan...
-... ¡veraniego! -... Hablo como todo el mundo.
Sin embargo, si llueve mu-mu-mu
- ¿mumu? - No, muchísimo...
- Inmediantamente empiezo a tar-tar-
- tartamudear un poco. - Un barómetro que camina.
Y cuando hay un hura-hura-huracán, no me sale ni una palabra.
Me alegro de verle de nuevo Martin.
No he olvidado lo que me dijeron el ver-verano pasado.
- "Cuando esté en París, debe quedarse con nosotros." - Por supuesto, tanto como quiera, dos, tres días.
- Quédese por lo menos tres días. - Sí, por favor.
- Ne-ne-no. - Martin, me enojaré.
- No, ma-ma-ma-mes. - ¡Un mes!
He estado esperando el privi.. el privi..
- ¿El qué? - El privilegio.
- Es usted muy amable. - Espero que no sea una carga.
Un soltero como usted con una sola maleta, nunca es una carga.
- Tengo una sorpresa para ustedes. - ¡Qué divertido! Él también piensa en todo.
- Señora, están entrando un baúl. - Ese es el m-mío.
- ¡Qué enorme baúl! - Un verdadero monumento.
-¿ Más? - También son míos.
Uno, dos, tres, cuatro... Yo no entiendo nada de esto.
- Ahora viene la sorpresa. - ¿Sorpresa? Usted exagera.
- Es demasiado bueno para nosotros. - ¡Abrámoslos!
- Po-po ¿por qué? - Para ver la sorpresa.
- Quiere tenernos en vilo. - Cinco baúles llenos de sorpresas.
¿Qué podrá ser?
Lleve a los cocheros a la cocina y déles una copa de vino, Victoire.
Sí, señora. Por aquí.
He conocido a personas generosas, pero esta generosidad llega al punto de...
¡Inconmensurable! Nunca tartamudeo cuando ayudo a otros.
Eso es para mí. He aquí la sorpresa.
No conocen a mis hijas ¿no?
Era un solitario solterón cuando estuvieron conmigo el verano pasado,
Pero desde la muerte de mi esposa, hace ocho años -
- mis hijas estaban en el convento. Y simplemente lo acaban de cerrar.
Y entonces pensé darles una sorpresa,
y traer a mis hijas conmigo.
- ¿Ellas son la sorpresa? - Sí, por supuesto.
- ¿Y todos esos baúles entonces? - Son el equipaje de ellas.
- Entren, entren, ni-ni-ni... -... ¡ñas!
- ¡Una invasión! - ¡Una estampida!
Os he hablado acerca de los señores Boni Boni Boni...
-... ¡facio! - Ellos son. Denles un beso.
Entrañable... No sabíamos que tenía hijos.
- ¿Y qué hará con ellas ahora, van a otro convento? - N-N-no.
- ¿Dónde van a quedarse? - Aquí.
- De ninguna manera. - Usted mismo lo dijo.
Pero eso fue sólo por cortesía.
Tomó mi palabra. Está bien. ¡Pero no con un batallón entero!
- ¡Esta casa no es un cuartel! - De pensar eso, no habría traído a mis hijas aquí.
Discúlpeme un momento. Quiero hablar con mi marido.
- Nunca debiste invitarlo. - ¡Era diferente, pero fue tu idea!
- Lo dije porque pensé que no aceptaría - No es mi culpa que sí haya aceptado.
- Si lo hubieras hecho bien, él nunca había venido. Pero insististe y él lo recordó.
Por último, se sintió obligado.
- Bueno, si entiendo bien, tendremos que ir a otro lado - Sí, no hay suficiente espacio.
Y ahora, me disculpa, tengo que ir a lo de mi hermana enferma. Adiós.
Adiós, señora.
- Entonces, Bonifacio, mejor nos vamos. - Voy a ocuparme de su equipaje.
Me gustaría tener la dirección de un buen hotel...
¡Victoire! Diga a los hombres que lleven el equipaje de nuevo al coche.
- ¡Madame Cot! - ¿Qué hacen estos baúles aquí?
Nada. Se los están llevando.
He encontrado lo que estábamos buscando. Hotel Paradiso, 220 Rue de Provence.
Hotel Paradiso, 220 Rue de Provence.
- ¡Oh, gracias! - Martin... No me agradezca, querido amigo.
Siento mucho que no tengamos lugar para usted.
Esta es nuestra vecina, la señora Cot. Monsieur Martin, con su descendencia.
- Nosotros me-me-mejor nos vamos. Para el hotel. - Sí, exactamente. Adiós.
Bueno, a-a a...
- ¿Dónde nos encontramos? - Place Vendôme en París, en una media hora.
¿Está Maxime todavía aquí? Mejor se apura.
Madame Cot...
- ¡Marcelle! - En media hora...
- ¿Qué es esto? - Tu cena. Victoire tiene libre esta noche.
Creo que no voy a cenar en casa esta noche. Voy a comer una pequeña cena en un restaurante.
¡No harás nada de eso!
Un hombre casado no cena en restaurantes sin su esposa.
- ¿Qué pensaría la gente? - ¿Qué crees que pensarían?
El día que vayas a un restaurante, vas conmigo. ¡Hoy cenas en casa!
- Te guste o no, ceno en un restaurante. - ¡Oh, no!
- ¡Sí! - ¡Eso lo veremos!
- ¡Dame eso! - ¡Nunca!
- ¡Dame la llave! - ¡Nunca!
¡En guardia, señor Bonifacio! ¡No! ¡Y allí!
¡Y allí! ¡Touché!
¡Buenas noches, señor Bonifacio! ¡Nos vemos mañana!
¡Déjame salir! ¡Déjame salir!
¡Echó el cerrojo!
¡Cochero! ¡Cochero!
¡Escandaloso!
¡Alto! Cuidado, el camino está bloqueado.
¡Vuelva!
- Una actuación extraordinaria, ¿eh? - Sí, es muy artística.
¡Por la locura!
Sí, un cigarro.
¡Qué dignidad. ¡Qué... feminidad!
Tiene tres hijos y su esposo es profesor.
O, Marcelle... Me gustaría verla a usted allí.
Tengo miedo a las alturas. ¿Por qué tipo de mujer me toma?
Estoy segura de que encontraremos a alguien conocido aquí. Bonifacio, vámonos, por favor.
- ¿A nuestra pequeña cita? - Sí, pero tenemos que darnos prisa.
Tenemos que estar en casa antes de la medianoche. ¿Y si su esposa regresa esta noche?
- Tal vez su hermana se recuperó. - Espero que no
Bienvenido al Hotel Paradiso. ¿Espera compañía?
Sé exactamente lo que el Sr. busca.
Un nido donde una hermosa dama se sienta a gusto.
No, ¡no estoy esperando a nadie! Usted me está esperando a mí.
Yo soy el señor Cot. El experto contratado por la Comisión de Sanidad.
Sí, sí, sí... por supuesto.
Para la habitación embrujada de la desafortunada condesa.
Era una mujer encantadora. Desde su muerte, la habitación está hechizada.
- ¿Dónde está esa habitación? - Por aquí. En el primer piso.
Todas las noches oigo ruidos extraños. Las paredes crujen, los muebles saltan por el aire.
Aquí estamos, monsieur.
Me alegro de que sea usted el que pase la noche aquí y no yo.
- ¿Qué hacen todas esas camas aquí? - No podía alquilar esta habitación.
así que intenté que el personal durmiera aquí, pero se han ido.
- Y el nuevo botones es un inútil, es una maldición. - Creo que es muy tranquilo aquí.
Por ahora. Pero a medianoche se inicia el trueno. Buenas noches, señor.
Buenas noches. Veamos...
puros... cepillo...
- ¡Oye, tú! ¡Date prisa! - ¿Qué pasa?
- ¿No has oido la campana? - ¿Qué campana?
Cuando un cliente llama, ves allí el número de su habitación y vas ¡corriendo!
- Oh, lo entiendo... - ¿Qué estás esperando? ¡Vamos!
- ¿Has visto el número de su habitación? - ¿Qué número?
¡Número 22, idiota! La próxima vez ¡mira las campanas!
¡Vamos! ¡Presto!
Muchacho, ¿tienes naipes?
Monsieur Anniello...
¡Monsieur Anniello! ¿Qué cree que vi en la habitación 22?
- ¿Qué? - ¡Una mujer desnuda!
No estás en el campo, sino en la gran ciudad.
- Llama a la puerta de la habitación 27. -¿La habitación del Turco?
No ha pagado su factura. Guarda su maleta, patéalo afuera.
- ¡Patéale el culo! - ¿Yo?
¿Quién más?
Hay movimiento abajo.
¡La Gran Antonieta! La reina de la canción. ¡Bienvenida!
- Él es un duque. - Enhorabuena. Bienvenido, Señor duque.
Voy a encontrar un nido donde el caballero se sienta a gusto.
¡Diga a ese idiota de arriba que me regrese mi maleta inmediatamente!
¡La recuperará cuando pague! No le haga caso.
- Ya veremos cuando vaya a la policía. - ¡Policía!
- ¡Basta, basta! - ¡Este hotel es una vieja choza!
¡Usted escuchará de mí esta noche!
¡Bueno, bueno!
Él no se atreverá a mostrar su cara a la policía.
Ahora puedo darle su habitación. ¡Maravilloso!
- ¿Monsieur? - Soy Georges Feydeau.
Usted ha reservado. Su habitación está lista.
Número 21, en el segundo piso.
Feydeau...
- ¿Está monsieur solo? - Totalmente.
Ahora, si me permiten, les muestro el camino.
Estará bien a gusto, Señor duque.
Acogedor y tranquilo, mademoiselle. Aquí está, el número 9. Dulces sueños.
Buenas noches, señorita. Sr. duque...
Escucha. Si tienes un problema con los huéspedes, como con el maldito turco...
- echa un vistazo. - ¿Cómo?
- ¿Para qué crees que es esto? - ¿Un taladro? Para hacer agujeros.
Si espero dificultades...
Y veo todo.
¿Hay alguien ahí?
- ¡Conserje! - ¡Es horrible su hotel!
Es anticuado, pero en un buen hotel hasta es un mérito.
Aquí no nos encontraremos con ningún conocido.
De todos modos, ¿qué importa el hotel?. Sólo importa estar juntos.
Buenas noches, Signor y Signorina.
Yo sé lo que quiere, señor.
Una nidito, donde la dama se sienta a gusto. Sígame, por favor.
Una hermosa habitación donde la princesa polaca pasó su noche de bodas.
Ya ve, la gente más prominente se ha alojado aquí.
Por aquí. Número 11.
- ¿Qué fue eso? - Nada. No preste atención.
- ¿Sale usted, señor? - Sí, me voy a la cafetería.
Vuelvo en media hora.
- ¡Marcelle! - Bonifacio...
- No, llámeme Benedicto. - Como quiera, Benedicto...
¡O, Marcelle!
- Te adoro... - ¡Cuidado! ¡Estoy respirando el humo de sus cigarros!
¿No puede tirarlo?
Me costó 40 sous, así que me gustaría fumarlo hasta el final. Oh, no importa.
- ¿Qué piensa usted de mi vestido? - Se vería deseable con cualquier vestido.
- ¡Y sin él aún más deseable! - Pero es nuevo.
El vestido no es importante. Es lo que hay dentro.
Sólo te veo a ti. Te deseo. ¡Te deseo!
¿Qué es lo que le pasa? ¡Benedicto!
- ¡Te deseo! - ¡Nunca lo he visto así!
Contrólese, Benedicto. El champán se le fue a la cabeza.
No me importa lo que fue, tú, la comida, el champán...
el cigarro... ¡Te deseo!
- ¿No se hecho daño? - No, lo hice a propósito.
¡Silla podrida!... Sólo tenemos una, entonces debería estar en buen estado.
¡Fuera de aquí!
La silla de la habitación 11...
¿Quién ha hecho eso?
No sabía que la habitación estaba ocupada. Yo sólo quería devolver esta silla.
- ¡Esto es demasiado, ya he visto demasiado de esa silla! - Se supone que debe estar aquí.
¡Llévesela!
- Me siento un poco raro. - ¿Qué sucede?
Una sensación de frío en la parte superior de mi cabeza. Se irá en un minuto.
Marcelle... Por fin estamos solos.
Si sólo pudiera ver cómo late mi corazón. Latiendo, latiendo...
Realmente está latiendo.
¡Se puso muy pálido! ¡Bonifacio! ¡Benedicto!
- ¡Oh, cielos! - Me siento muy extraño.
- Siéntese, querido. - ¿Dónde? ¡Ahora no tenemos silla!
- Siéntese en la mesa. - Oh, Marcelle...
Debe perdonarme este tropiezo. Todo estará bien de nuevo.
Fue el cigarro y el champán. Yo bebo agua solamente.
Precisamente me pasa cuando mi esposa no está para ayudarme.
- ¡Siéntese quieto! - No, tengo que caminar.
Quítese el abrigo. Le consigo un vaso de agua.
Gracias, querida.
Espere...
- ¿Qué puede ser? - ¿Qué pasa ahora?
No sé. Duele un poco por mi espina dorsal.
Es una buena señal. La circulación se reanuda.
- ¿Qué siente? - Un dolor punzante como si alguien estuviera perforándome.
- ¿Dónde? - En la parte inferior de la espalda.
¡Suena como una hemorragia! ¡Deberíamos llamar a un médico!
No, no... Sólo necesito un poco de aire.
Y una taza de té. ¿Botones?
¿Hay un balcón o terraza? ¡Necesito un poco de aire!
Un piso más arriba, el pasillo, y luego hacia arriba.
¡Botones! Prepare una bolsa de agua caliente para el señor.
¡Y té!
¿Té...? Sí...
Muy bien...
Ya estamos, hijas. ¡Vamos!
¿Por qué me recomendaron este hotel?
No es un barrio agradable. Pero es tarde y tenemos que dormir en alguna parte.
No veo a nadie pare recibir a los huéspedes.
¿Dónde está el gerente del hotel?
Aquí está, señora.
- ¿No piensa que el caballero pueda coger un resfriado allí arriba? - No, hay buen tiempo.
¡Botones! Hace horas que estamos esperando.
Madame Cot me recomendó este hotel.
- Quiero dos habitaciones. ¿Qué tienen? - No tenemos lugar para...
- Sí, la habitación de la vieja condesa. - ¿Qué condesa?
- Condesa Brandolini. - Sí, por supuesto.
- Murió hace mucho tiempo. - Pobre mujer.
Por aquí, señor. Es una habitación grande.
Aquí está.
- ¡Se trata de un dormitorio! - Todo lo que tenemos. Pero...
- ¡Tiene un gran cuarto de baño! - ¡No puedo compartir el dormitorio con mis hijas!
Usted entra primero en la cama grande -
- y cierra las cortinas, mientras las jóvenes van a la cama.
- ¿Cuánto cobran por este dormitorio? - Veamos...
- Siete francos, todo incluido. - Suena bien. Lo tomamos.
Buenas noches, señor. Buenas noches, chicas.
Deje las maletas, pero de pie. Nos vamos mañana.
Buenas noches.
Ahora, niñas, prepárense para dormir.
Tenemos solamente una lámpara.
- ¡Botones! - ¿Madame Cot?
- No puedo equivocarme, ¿es Madame Cot? - ¡No! Sí, soy yo.
La conocí esta mañana en casa del señor Bonifacio.
¡Vamos, niñas! Madame Cot está aquí.
- ¡Me alegro de verla, Madame Cot! - Su agua hierve, Madame Cot.
- Ahora él sabe mi nombre. - ¿Té...? ¿Usted vive aquí?
No! Sí... mi marido se queda aquí. Nos estamos mudando, y está...
- ¡El agua está hirviendo! - ¡Lo he oído! Me tengo que ir ahora.
- Lo invitaría con té, pero... - ¡Estaríamos encantados! Vamos, chicas.
¡Queremos té! ¡Queremos té!
Eso se ve bien. Necesitamos más tazas, muchacho.
- Bonita habitación. - Sí. ¿eh? Siéntese.
- Nos gustaría, pero hay una escasez de sillas. - Sí, por supuesto.
- ¡Aquí están las tazas! - ¡Necesitamos más sillas!
¡Ayúdenlo, chicas!
Ahora, si me permite, yo sirvo el té.
Ahí están, pónganlas en el suelo.
Voy a conseguir la bolsa de agua caliente para el caballero enfermo.
Sí, adelante. Siéntense, por favor.
- ¿Está todo bien? - Sí, todo excelente.
Vamos, niñas, hagan algo útil, sirvan el té.
- ¿Ve a Bonifacio a menudo? - No, ya sabe cómo es en París.
Bonifacio, querido amigo. ¡Adelante!
- Estábamos hablando de usted. - ¡Buenas noches, señor Bonifacio!
¿Cómo está? Tenía un pequeño negocio por el barrio y pasé a saludar a Madame Cot.
- Qué amable de su parte. - ¡Sí, que lindo!
¿Anda usted por ahí en mangas de camisa?
Tuve un desgarro en mi saco y lo llevé a un sastre cercano,
y me dije: mientras lo arregla debo ir a saludar a Madame Cot.
- ¡Qué amable, realmente! - Sí, ¡qué amable!
- Siéntense, todos. - ¡Gracias!
- ¿Una taza de té, señor Bonifacio? - Gracias.
- ¿Azúcar señor Bonifacio? - Gracias.
- Tiene un verdadero gusto por lo dulce, señor Bonifacio. - Gracias.
- ¿Qué hay de nuevo en París? - Es una república.
- ¿Su esposa sigue estando bien? - Excelente. ¿Y la suya?
- ¡Sabe que ella murió hace 8 años! - Naturalmente...
- Créame, yo... - Aquí está su botella de agua caliente.
- ¿Su botella? - Sí.
Cuando vengo a este hotel, siempre pido una.
Este hotel es conocido por sus botellas de agua caliente. ¿No lo sabía?
Mi esposa siempre me pide que si paso por aquí le lleve una botella de agua caliente para ella.
- Esto es interesante. - Pero... yo nunca...
¡Fuera, fuera, fuera!
Querida señora, veo que está muy cansada, así que, si me permite, me retiro.
- Gracias, señor Bonifacio... - ¡No nos había dicho que estaba cansada!
Vamos, traigan la sillas y volvamos a nuestra habitación. No debemos incomodar.
Adiós y buenas noches. ¡Vamos, chicas!
Buenas noches, Madame Cot.
Bajo por la escalera, y vengo de vuelta.
Dios mío, qué lección...
Adiós, Bonifacio, y no se olvide de saludar a su esposa en mi nombre.
No lo olvidaré.
- ¡Dios mío, oh, Dios...! - Buenas noches, señor Bonifacio.
¡Buenas noches, señor Bonifacio!
Tenemos que irnos inmediatamente. Debe prepararme la factura.
- ¿No precisan la habitación esta noche? - ¡Ciertamente, no!
Ahora vayan al baño y luego directamente a la cama.
Y sin demasiado ruido. Hay gente durmiendo.
¡Qué agradables artículos! ¡Bastante lujosos!
Puros... ¡Y de Regalia!
Este hotel está bien para nosotros. Me gusta su atmósfera hogareña.
Sí, papá. Es bonito.
¡Y ropa de dormir! ¡Y zapatillas! ¡Piensan en todo!
¿Cómo lo harán por ese precio?
Ahora sólo me falta una de esas famosas botellas de agua caliente. Voy a conseguir una.
¡Vamos!
- ¿Otra vez usted? - Sí, por supuesto.
Volví especialmente para verlo. Quería contarle algo.
¿Qué?
- No hay urgencia, pero estaba cerca... ¿me entiende? - No exactamente.
Yo estaba abajo y escuché lo que dice la gente...
... que la sesión parlamentaria hoy ha ido bastante tumultuosa.
El gobierno fue atacado por el presupuesto. Eso siempre es sensible.
También dijeron que el gobierno estaba a punto de caer.
¿A dónde vamos a terminar? ¿Qué está pasando en este país?
Inmediatamente pensé: "Debo informarle a Martin"...
- Pero ¿en qué me concierne? - Si no le importan los asuntos de la nación...
Le deseo buenas noches.
- Buenas noches, y gracias de todos modos. - No hay de qué.
- Vaya dentro, de lo contrario va a coger frío. - Voy por una botella de agua caliente.
- Tome la mía. - De ninguna manera.
- Eso es muy amable de su parte. - No hay de qué. Y ahora, entre.
- Buenas noches. - Buenas noches.
- Buenas noches. - Buenas noches.
Buenas noches.
- ¡Es usted otra vez! - Quería darle la mano.
- Buenas noches. - Buenas noches.
¡Pensé que nunca vendría! Coja su sombrero y su abrigo, ¡y nos vamos!
- ¿Dónde están? - En el cuarto de baño.
- ¿Qué ha hecho con mi sombrero? - Debe estar en alguna parte.
- ¿Pero dónde, dónde? - Lo tenía en mi mano cuando fui a tomar aire...
- Debí dejarlo arriba. - ¿Cree que es gracioso?
¿Por qué se lo llevaba de todos modos? Corra a buscarlo, lo espero acá.
- Sí, espéreme. - ¡Vamos!
- ¿Cómo andan los fantasmas? - No antes de la medianoche, señor experto.
- Vamos, chicas. - Estamos casi listas. Ya vamos, papá.
¿Fantasmas? Tonterías.
Es sólo un ladrón vulgar.
Sin duda. Incluso ha dejado su pelo en mi cepillo.
Debo estar en guardia.
- ¿Dónde está? - No está allí, alguien se lo debe de haber llevado.
Me voy a poner el chal sobre mi cabeza. Vamos a irnos de este horrible lugar de inmediato.
- ¿A dónde me lleva, Mademoiselle? - A un viejo hotel.
- Pero mi tren... - Eso puede esperar.
Buenas noches, Signor, Signorina. Yo sé exactamente lo que necesita la señora.
Un nidito donde puedan los dos sentirse a gusto.
- ¿Tiene agua corriente aquí? - Por supuesto.
- ¿Qué edad tienen los caños? - ¡Georges!
¡Georges! Allí estás... Ven aquí.
- ¿Hay alguna habitación libre? - La número 11 acaba de quedar vacía.
- Gracias. ¿Podemos ir arriba? - Sí, síganme.
- ¡Ése es Maxime! - ¡Y Victoire!
Por aquí.
Mademoiselle, espero que considere la gravedad del paso que estamos por tomar.
No, en absoluto.
La número 11 debe estar vacía ahora.
- ¿Vamos a pasar la noche? - Eso espero. Su tren se debe de haber ido.
- ¡Vienen aquí! - ¡Tranque la puerta!
¡No tengo la llave!
¡No puedo cerrar la puerta! ¡No! Esa puerta tiene un pestillo.
- Si yo hubiera sabido esto... - ¿No hubieras venido?
- Honestamente... sí. - Tomamos la habitación.
Vamos a estar aquí toda la noche. ¡Qué lección!... ¡Qué lección!
- ¡Esa es mi cama! - Finalmente, ¡a dormir!
¡Mi cama!
- Primero me rizo el pelo. - Buena idea. Yo también.
- Me siento como un fantasma. - Parecemos fantasmas.
¡Fantasmas!
¿Recuerdan la canción de la bruja?
Las brujas en sus escobas, gritan a través del aire.
¡Espíritus! ¡Fantasmas!
¡Hijas de Satanás! ¡Fuera!
¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Ayuda!
- ¿Qué fue eso? - ¡Ayuda!
- ¡Mi tío! - ¡Ayuda! ¡Ayuda!
- Bueno, bueno. - La... La...
Lo siento.
¿Qué es esta tontería? ¿Un hombre en la cama?
Me gustaría verlo.
Madame... Lo siento.
Tonterías.
Usted hablan sin sentido. No es un hombre, ¡sino una mujer!
¿Victoire?
- ¿Victoire? - Estoy aquí.
¡Silencio! A mi edad, puedo bien distinguir a un hombre de una mujer.
¡Un hombre y una mujer! Indignante!
Tengo que llegar al fondo de esto. ¡Botones!
- ¡Botones! - ¿Qué pasa?
¿Qué significa esto? ¡Encontrar hombres y mujeres en nuestras camas!
- ¿La ha visto? - ¿A quién?
¡Esa habitación está poseída por una mujer muerta...!
¡Una mujer muerta!
¡Niñas!
- Disculpe, Madame.¿Ha visto a mis hijas? - ¿Sus hijas?
Lo siento, señora..
- Me moriré de miedo si no salimos pronto. - Debemos tener cuidado. Vamos.
¡Atrás! ¡Mi marido!
¡Gente! ¡Gracias a Dios!
- ¡Abran la puerta! ¡Abran la puerta! - ¡No puede entrar!
¡Abra la puerta, por favor!
- ¡Abra la puerta! - ¡No puede entrar!
- Es mas fuerte que yo. - ¡Déjeme entrar!
¡Déjeme entrar!
Ese es mi sombrero. Déme mi sombrero. ¡Devuélvame mi sombrero!
¡Insisto!
¡Auxilio! ¡Espíritus!
¡Auxilio! ¡Espíritus!
- ¡Un negro! - No, soy yo, Benedicto.
Pero usted está negro azabache. ¡Esta noche me está matando!
- Se acabó. Podemos irnos ahora. - ¡Qué alivio!
¡Polis! ¡Corre por tu vida!
- ¿Polis? - ¡Los polis están aquí!
- ¿Qué está diciendo? - ¡Estamos perdidos! ¡La policía!
¡Debemos huir!
- Déjeme entrar, Marcelle! - Arreste a este hombre.
Mi comportamiento es impecable. Estoy aquí con mi esposa.
- ¿Cuál es su nombre? - Monsieur Cot.
Abra la puerta.
- Y ahora, señora... - Pero, inspector...
No entiendo. Soy una mujer casada y ese es mi marido.
Entiendo.
- ¿Y se puede saber su nombre? - ¿Mi nombre?
Bueno...
- Mi nombre es Madame Bonifacio. - Eso pensé. Arreste a todos en el edificio.
Vamos, y no quiero más tonterías.
¡Arresten a ese hombre!
¡Tras ellos! ¡Vuelvan!
¡Vuelvan!
Busquen en todas las habitaciones.
¡Policía! ¡Abra la puerta!
- ¡Policía! - Bueno, bueno...
¡Abra la puerta! ¡Policía!
- Lo siento, señor Feydeau. - No se preocupe, oficial.
¡Arréstenlos a todos y tráiganlos a la comisaría!
Llévenlos a la comisaría
¡Arriba! ¡Todos arrestados!
- ¿Quién es? - Victoire.
¿Qué... ¿Qué quiere?
- ¿Le traigo café, señor? - Sí, por favor.
La señora aún no ha regresado, y no tengo ninguna llave.
Entonces tenemos que esperar hasta que mi esposa vuelva.
- ¿Quién es? - Soy yo, Marcelle.
¿Está sola? Abra la puerta de su lado.
- ¡Bonifacio Bonifacio...! - ¡Qué noche, Marcelle!
- Esto significa mi perdición. - No, no es tan malo.
Nos atraparon juntos en un hotel, pero no somos delincuentes.
- La policía busca a los delincuentes. - Sabe cómo es la policía...
Habrá una investigación, interrogatorios, papeles para firmar...
Y si mi marido se entera, ¡el infierno se desata!
- ¿Qué va a pasar con nosotros? - ¡Sea valiente!
¡Qué pequeña conejita asustada!
¡Qué gatita aterrorizada!
- Tiene algo negro en la nariz. - ¿Algo negro? ¿Yo?
- ¿Y usted? Mírese en el espejo. - ¿Yo?
¡Qué pesadilla!
Pudimos tener que pasar la noche en la comisaría como lo demás,
por lo menos el inspector nos dejó ir, con la condición de llevarle nuestra identificación
Pero no podrá demostrar que es Monsieur Cot, ¿y entonces qué sucederá?
Entonces el inspector vendrá aquí.
Mi marido. Ya se ha levantado.
¡Bonifacio!
¡Si sólo supiera la noche que he tenido! ¿Usted no cree en fantasmas, eh?
¿Fantasmas? Por supuesto que no. ¿Qué pasó?
- ¡Los he visto yo mismo! - ¿Ah, sí?
No hay duda al respecto. Yo estaba en un hotel como profesional-
- convencido de que los ruidos venían de un caño roto. ¡De ninguna manera!
Había dormido sólo media hora. Cuando me desperté, -
- rodeado de salvajes fantasmas oyendo voces sobrenaturales, -
- producidas por criaturas vestidas de blanco, corriendo a mi alrededor.
¡Corrí por mi vida!
Al final, me pareció ver dos seres humanos comunes, una parecía una mujer
pero su rostro estaba escondido debajo de mi sombrero.
No me pregunte cómo ni por qué. Estaba vestida con un vestido de encaje.
- Reconocería el vestido entre un millón. - ¿En serio?
Sí. Tenía un rododendro, justo aquí.
De repente, apareció un deshollinador en la chimenea,
Cómo y por qué, no me pregunte. Un deshollinador, de su tamaño.
- No, no, mucho más bajo. - ¿Qué? Tal vez un poco más bajo.
Voló hacia mí y me arrastró fuera de la habitación.
Este hotel nunca me verá de nuevo.
- ¿Y su esposa cree en esta historia de fantasmas? - No la he visto.
Golpée su puerta pero no me contestó. Debía dormir tan profundamente como un bebé.
Tuve que dormir en la habitación de invitados. ¡Qué noche!
¡Qué noche!
- Aún está en el jardín. - Tengo que irme, tengo que deshacerme del vestido.
- Si él lo ve, estoy perdida. - Vaya por el frente.
¡Cierre la puerta!
Gracias, monsieur.
¡Bonifacio! ¡Bonifacio!
¡Benedicto! ¿Estás ahí?
- ¿Eres tú, Angelique? - Sí, querido.
¡Oh, Benedicto! ¡Estoy tan feliz de verte.
- Angelique, ¡tienes un ojo negro! - Sí, no me hables de ello.
- ¿Te das cuenta que casi me pierdes? - Dime más.
Tuve un terrible accidente, que casi te priva de mi persona para siempre.
Qué horror...
Tomé un coche para ir a lo de mi hermana. Al principio todo iba bien,
y allí estábamos, trotando juntos, los tres...
- ¿Los tres? - El cochero, el caballo y yo.
En las afueras de la ciudad al caballo se asustó con un coche y lo golpeó con locura.
El conductor no pudo detenerlo. Volamos, zumbando a través del aire -
- por los caminos rurales, y nadie alrededor para rescatarnos..
En momentos como esos, una mujer aprecia a su marido.
Pensé cada segundo de ti. Tú, que no estabas en peligro.
Y pensé: "Me gustaría que estuviera aquí, también."
Pero tú no estabas ahí, ¿eh? ¿Qué crees que pasó?
Fuimos derecho a un carro de verduras y yo aterricé en un montón de calabazas.
Me desmayé y me desperté esta mañana -
- en una granja, rodeada por un grupo de desconocidos.
Fueron muy amables. Lástima que yo tenía sólo 100 francos conmigo.
Me hubiera gustado darles todas nuestras posesiones.
- ¿No es un poco excesivo? - ¡Me salvaron la vida!
Esta mañana, cuando vieron que estaba un poco mejor, me pusieron en un carro de verduras, -
- y a los tumbos me trajeron a casa. Y aquí estoy.
- ¡Qué horror...! - ¡Tu pobre esposa!
- Esto llegó por correo urgente. - Voy a dejar que te recuperes.
¡Madame! Tal vez no lo notó pero ¡tiene el ojo tan morado como el sombrero!
¿No lo he notado? ¿Qué quieres decir? ¡Cuidado que me doy cuenta de todo!
¡Prepárame inmediatamente el baño!
¿El inspector de la policía? ¿Qué quiere de mí?...
"Se invita a la señora para venir a identificarse a la comisaría."
¿Identificarse? ¿Por qué?
"Madame Bonifacio, que fue detenida anoche por la policía, -
en compañía de Monsieur Cot en el Hotel Paradiso - ".
¡Esto es una locura!
¡Bonifacio! ¡Alucino. Bonifacio!
- ¿Qué pasa? - ¡La policía!
- ¿La policía? - Léelo. Aquí dice...
No, esto es terrible. ¡Lee!
"Mme Bonifacio, que fue detenida anoche por la policía, con Monsieur Cot en el Hotel Paradiso"
- Yo, yo detenida con Monsieur Cot. - ¡Desdichada criatura! ¡Lo admites!
¿Tú arrestada junto con Cot? ¿Qué hacías con el señor Cot?
¡Nada! Me estás asustando.
- ¡Está en negro sobre blanco! - ¡No es cierto!
¡Lo sabremos pronto! ¡Vamos!
¡Tú, Lucrezia Borgia, la mujer en quien yo confié!
¡Es una mentira!
¡Dije la verdad sobre el caballo, las calabazas, los agricultores...!
- ¿Dónde viven esos agricultores? - En un pueblo, lejos de aquí.
Me encerraste para satisfacer tus apetitos con Monsieur Cot.
¡No, es una mentira asquerosa!
¡Cot! ¿Puedo tener su atención?
Espíritus, que saben la verdad, miren hacia abajo y háganme justicia.
- ¿Dónde dijo que pasó la noche? - En el Hotel Paradiso.
¿Qué? Me debo estar enloqueciendo. ¿Podría ser que usted y...? ¡No, eso es imposible!
¿Con quién estaba en el hotel? ¡Estaba allí con Madame Bonifacio!
Lo sé todo. Usted es el amante de mi esposa.
- Me está tomando el pelo, Bonifacio. - Lea usted mismo.
¿Madame Bonifacio...? ¿Hotel Paradiso con Monsieur Cot?
- Esta es una acusación falsa. - ¿Cómo se explica esta citación?
Una mala broma de un idiota. La prueba es que yo no he recibido una citación.
- ¿Monsieur Cot? - Gracias.
"Para Monsieur Cot. Arrestado anoche con Madame Bonifacio en el Hotel Paradiso"...
¿Todavía lo niega? ¿Se atreve a negarlo?
- Aquí, éste. - Hermoso. Demasiado para mí.
No es mi estilo. Te queda mucho mejor. Es un regalo.
- ¡Madame Cot! - ¡Ya voy!
- No le digas esto a nadie. - Gracias, madame. Es hermoso.
- ¿Qué pasa? - Madame Cot...
- Este hombre... - ¿Mi marido?
- Él es el amante de mi esposa. - ¡Eso no es cierto!
Desmáyese en mis brazos.
¡Por Dios! ¿Marcelle?
Debe decirle, ¡es una broma, querida!
¡No te atrevas a hablar conmigo! ¡Así que ése era tu supuesto fantasma!
- ¡Ahí están! - ¡Martin!
- ¡Qué noche, amigos! - Escuche, Martin...
Buenos días, señora Bonifacio. ¿Qué le ha hecho a su ojo?
Estamos en medio de una discusión muy privada, por lo que si no le importa...
Madame Cot...¿Cómo terminó usted anoche?
- Excelente. Como todo el mundo... - En el invernadero. Allí dentro.
- ¡Ni una nube en el cielo! - ¿Qué quiso decir?
Es una expresión de Valence, cuando quieren saber si alguien durmió bien, dicen:
- "¿Cómo terminó usted anoche?" - Eso es nuevo para mí.
- Es una expresión muy conocida. - ¡Madame!
- El inspector de policía. - ¡Llega justo a tiempo!
- Quiero hablar con el señor Cot. - A su servicio, señor.
Disculpe, señor, no lo reconocí de inmediato. Anoche su cara estaba sucia color negro azabache.
- ¿Mi cara? - Pero ahora lo reconozco.
Yo fui quien lo arrestó a usted y a Madame Bonifacio en Hotel Paradiso anoche.
- ¡Usted me arrestó! - Sí.
Su rostro era apenas visible detrás del pañuelo de encaje.
Pero ahora la reconozco. De todos modos, ya no es importante.
- ¿Qué quiere decir? - Este caso fue desestimado.
Cuando me enteré de que era "el" Monsieur Cot, el arquitecto, -
- estoy realmente apenado de que mi secretaria haya enviado las citaciones.
Sabe, estoy pensando en construir una pequeña casa en el campo y...
¡Pero yo quiero saber lo que pasó anoche!
No se preocupe más. Mientras tengan una residencia permanente y trabajo, no son preocupación de la policía.
¡No me interesa la policía! Si esa dama y yo...
- Buenos días, señor. Madame. - Piense cuidadosamente y mírenos bien.
Incluso si no vio la cara de la dama, seguramente vio su figura, su silueta.
Sí, me pareció que tenía proporciones menos ambiciosas, pero podría ser una ilusión óptica.
Llevaba un vestido de encaje con un rododendro.
- ¡Yo no tengo un vestido así! - Ni yo.
Inspector, debió arrestar otra gente anoche. Pregúnteles si nos reconocen.
- ¿Quiénes eran? - Tengo la lista de nombres aquí.
¡Permítame!
"Bonnard, el toro de las cantinas." No le conozco, sin duda.
"La Grande Antonieta, Monsieur Martin y sus cuatro hijas."
- ¡Un Monsieur Martin acaba de llegar! - Y tiene cuatro hijas.
- Es nuestro hombre. - Vamos a preguntarle.
- Siento que me hundo. - No debe hacer eso.
Sí, es él. Lo recuerdo bien.
¡El inspector! ¡No, otra vez no!
Tengo algunas preguntas para usted, Martin.
¡Por favor! No todos a la vez. No puedo entender.
- ¿Estuvo anoche en el Hotel Paradiso? - Sí, ¡y me arrestaron!
- ¿Nos vio allí a Monsieur Cot y a mí? - No.
- ¡Ya lo ve! - Cuando pienso que la policía llevó a mis hijas...
Si no nos vio a nosotros, ¿a qué otra gente vio?
Por supuesto que hubo otros. No es tan difícil...
Estamos liquidados.
- Me preguntan a quién vi, Bonifacio. - Sí, lo escuché.
- ¿Quiere saber a quién vi? - Sí, ¿a quién?
Vi...
¿Qué es lo que le pasa?
¡Responda! ¿A quién vio?
- ¡Hable! - ¡Lo está haciendo a propósito! ¡Hable!
Hay un camino, que lo escriba. ¡Venga!
¡Una idea brillante!
- Aquí, señor Martin. - Ahora llegaremos al fondo de esto.
- Siéntese aquí. - Anote todo.
¡La pluma!
- Tómese su tiempo. - Una lista completa.
¿Qué está sucediendo? ¡Ahora está lloviendo en el interior también!
¡Victoire! ¡Victoire!
¡Victoire!
¡Goteras en el techo y el baño desbordado!
¡Victoire!
Vengo, madame.
- Yo sólo me estaba cambiando. - ¿Sabes que la bañera se está desbordando?
¡Un rododendro! ¡Venga, todo el mundo!
¿Y ahora qué? ¡El vestido de encaje! Lo reconocería en cualquier lugar.
- ¿Puedes explicar ese vestido? - Me lo puse sólo para ajustarlo.
- ¿Estuviste anoche en el Hotel Paradiso? - ¿Cómo lo supo?
- ¿Y tuviste la audacia de usar mi nombre? - ¿Qué quiere decir?
- Ya has dicho suficiente. - Ya la has oído. Era ella.
Sí, la recuerdo muy bien. ¿Y quién era el caballero con quien estabas?
¿El caballero? Bueno...
¡Qué reunión! Ahí estás, tío. Buenos días, tía.
Buenos días. Vine por el jardín, porque no había nadie en la casa.
¡No estás en Marsella!
Perdí el tren y no los quise despertar...
Quiero oír la verdad, Maxime. ¿Estuviste anoche en el Hotel Paradiso?
Sí, así que lo sabes. Es un hotel horrible, te aconsejo fuertemente que lo evites.
- ¿Con quién estabas en ese hotel? - Bien, ahí va... Con Victoire.
¡Victoire!
Inspector, éste es el hombre que busca.
- ¡Ahí está! - Sí, claro que lo es.
Lo recuerdo muy bien. El misterio está resuelto.
- Está todo perfectamente claro. - Yo no lo entiendo
¡Ni una palabra! ¡Arregla ese baño y dercho a tu habitación!
¡Martin!
- Aquí está mi l-lista. - Ya no es necesario.
- ¡Tiene que coger el tren! - ¡Sí, de vuelta a Valence!
- ¡Fuera de aquí! - La lluvia ha cesado.
Y entonces, a pesar de algunos malentendidos menores -
- la vida continuaba, en paz y felicidad.
Más adelante en ese otoño, París, la ciudad luz, brillaba y relucía más que nunca.
Los principales restaurantes eran como pajareras llenas de chismes.
La oferta de teatro para esa temporada fue particularmente atractiva.
La Divina Sarah Bernhardt -
- planeaba interpretar un rol masculino en su nueva pieza.
La nueva obra de Georges Feydeau se anunciaba en el Palais Royale.
Los privilegiados, que fueron invitados a la premiere,
inundaron el teatro con las más altas expectativas.
¡Marguerite!
- ¿Monsieur Benedict? - Marguerite...
- La quiero. - ¡Usted!
- Soy el último que traicionaría a un amigo. - Yo lo sé, señor Benedict.
Pero el honor de la caballería francesa está en juego. ¡Sea mía, Marguerite!
- Soy una mujer casada, piense en mis obligaciones maritales. - A veces tenemos que olvidarlas.
Ahora, ¿no estoy yo dejando de lado mis obligaciones?
Pienso en mi esposa, pero no hay duda. Su marido la ha ofendido...
y cuando se ofende a una mujer, no hay vuelta atrás.
¡Adelante! ¡Donde sea! Vamos.
- No puedo hacerlo, señor Benedict. - Su ausencia la ha puesto en libertad.
Deja a su bella esposa vegetando como un repollo italiano.
- Sí, soy un repollo. - La venganza es suya.
- Debe ser rápido y letal. - ¡Yo le voy a enseñar!
- Lo seguiré hasta el final. - Le mostraré cómo un hombre debe ser.
Fuerte, tierno, y ¡terrible en su pasión!
Puede que no sea guapo, pero tiene su estilo con las mujeres.
¡Gracias, Marguerite!
Hace una hora yo habría repelido sus avances.
Los pájaros madrugadores no siempre capturan los gusanos.
- ¡Mándeme, que yo obedezco! - Marguerite, estoy flotando, flotando...
- ¡Benedict! - ¡Nos hundimos!
No hay tiempo que perder. Su marido viaja esta noche y usted es libre como un pájaro.
También seré tan libre como un pájaro. Nos encontraremos en algún lugar.
- ¿Dónde? - Ni idea.
Pero ya se me ocurrirá algo. Y entonces... ¡La venganza! ¡Mi esposa!
¡Venganza!
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