All language subtitles for Cry of a Prostitute (1974)

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Original subtitles

El pasaporte.

Disculpe, ¿el niño está enfermo?

No, no es nada. Sólo un poco de gripe.

Ya íbamos de camino, y pararse ahora...

¿Nada que declarar?

Bien.

Buen viaje.

Traducidos del italiano para www.noirestyle.com

Los pasaportes son falsos, señor.

Saquen y comparen las huellas dactilares.

Quiero un informe completo en 24 horas como mucho.

Con tanto tráfico, he llegado en cuanto he podido.

- Señor Fiscal. - Señores.

Como le dije por teléfono,

el accidente ocurrió en la nacional 40,

con un hombre, una mujer y un niño muertos.

El niño ya llevaba muerto dos horas.

Mire lo que hicieron.

Atroz.

Proceda.

Heroína pura.

Envíe el informe a mi despacho. Nada de medias tintas esta vez.

Llegaremos hasta el fondo.

¿Incluso si en el fondo

hubiese peces muy gordos?

¡Aun así!

Ahora...

hemos de tomar una decisión.

No hay tiempo que perder.

Y esta vez no lo digo solo por mí:

esto nos afecta a todos.

¿Se refiere al niño muerto?

A eso y a todo lo demás.

La noticia nos ha sorprendido a todos desagradablemente.

Ninguno de nosotros había probado antes tal sistema.

Involucrar en nuestros negocios el alma inocente de un niño

no es ningún honor para nuestra familia.

Pero este no es el tema, Don Cascemi.

¿Y cuál es, entonces?

Colle Pietra es el origen del escándalo.

- Lo sabía usted, ¿verdad? - Claro que sí.

Y Don Ricuzzo Cantimo,

"El Americano".

Desde que le mandaron aquí desde Brooklyn,

no ha hecho más que crear problemas.

Don Ricuzzo ha llegado con una recomendación especial.

Ha bastado esto para quitar a Don Turi Scannapieco

el control de la zona.

Me pregunto cómo no se me consultó a tiempo.

Colle Pietra forma parte de mi sector.

Debieron haberme informado.

En aquel tiempo estaba usted enfermo.

Bonito resultado.

Los Cantimo y los Scannapieco

matándose entre ellos,

¿y Don Ricuzzo qué hace?

Inventar nuevos métodos de transporte de la mercancía,

con lo cual todo nuestro trabajo se va por el retrete.

Eso no podemos consentirlo.

Las venganzas personales no nos convienen.

Seamos todos humildes servidores de la Mamma.

- ¿Tengo razón, Don Rafitta? - La tiene.

Por esto, le encomendamos a usted que lo arregle todo.

¿Dijo que Colle Pietra cae en su zona?

Depende de usted, pues. Es su responsabilidad.

De acuerdo.

Me encargaré personalmente.

Beso sus manos.

Saludos, Don Cascemi.

¿Qué quieren?

Lo sabrá en su momento.

¡Qué hermosa tierra!

Veamos, ¿qué quieren?

Nos han dado un mensaje para usted: métase en sus asuntos.

Y...

¿puedo saber

cuáles son esos asuntos?

Me ha entendido perfectamente.

Es el último aviso.

Tendrá que perdonarnos que le dejemos aquí,

pero el coche nos hace falta.

Os equivocáis, muchachos.

Sois vosotros

los que os quedareis aquí.

Bravo.

Bravo, Tony.

Buen trabajo.

A la americana.

La educación que te dieron allí, lo reconozco,

es muy positiva,

por desgracia, pero,

en todo caso,

América le hace a uno perder

el justo valor del lenguaje...

Siéntate.

Aquí, entre nosotros,

todo es muy diferente.

Por ejemplo, lo que acabo de decirte,

es como si nadie te lo hubiese dicho.

¿Está claro?

¡Sicilia...!

Sicilia es un lugar antiguo.

Mucho más que Brooklyn.

Puede que los idiomas sean distintos,

pero los problemas

son los mismos.

Te pareces mucho a Don Ricuzzo Cantimo,

y quizá por eso me pareces la persona más válida.

Por desgracia,

En toda familia creada por Dios,

hay manzanas podridas

y manzanas buenas.

Y las podridas siempre acaban estropeando el cesto.

No es difícil evitarlo.

Solo hay que desechar a tiempo

las manzanas podridas.

Con profundo pesar,

con profundo pesar,

muchacho...

Un sabio padre de familia

ha de procurar el bienestar de todos sus hijos.

Y, a veces, está obligado a sacrificar

la sangre de su sangre

por el bien común.

Tanta palabrería.... Bastaría con pedirme que eliminase

a los Cantimo y a los Scannapieco.

Yo no he dicho eso, hijo.

Simplemente te digo que

hay que acabar con la discordia, la desobediencia y la anarquía.

Ese sucio asunto del niño

- se tiene que acabar. - Así se hará.

- Con las debidas formas. - De acuerdo.

Esto no es América.

- Ya conoces las reglas. - Sí. Las conozco.

Por cierto. Reconocí a aquellos tres.

De hecho, todos

pertenecían

a la familia de Don Ricuzzo Cantimo.

Lástima que tenga que irme,

pero espero que, a mi regreso,

todo haya vuelto a la normalidad.

Buena suerte, hijo. Buena suerte.

Ve.

Tony.

Aquel silbido...

Nada.

Un silbido solo es aire en movimiento.

Beso su mano, Don Cascemi.

Bienvenido, Tony Aniante.

Quiero una habitación.

- ¿Para mucho tiempo? - Depende.

¿De qué?

Negocios.

No se hacen negocios aquí en Colle Pietra,

es un pueblo muy pobre.

Y lo sabes.

Número cinco, al lado del baño.

- ¿Por qué has parado? - Por nada, por nada.

¿Por miedo a los Scannapieco, tal vez?

- Deja de preocuparte. - ¡Me importan un cuerno!

Era por prudencia.

Que estás acobardado, eso es.

Toca, que es mejor.

¡Eh, los de la casa!

¿Qué quieres?

Alguien me dijo que este carro es vuestro

y vengo a traerlo.

El carro no es nuestro.

Pero lo que contiene sí podría interesaros.

Baja de ahí y vete.

¡Don Turi!

¡Don Turi Scannapieco!

¡Soy Tony Aniante!

Que pase.

¿Has visto, hijo?

Antonio Aniante.

Llevabas mucho tiempo fuera de Sicilia.

Tiene razón, pero he regresado.

¿Por qué?

Para traerle... fruta fresca.

De la mejor. La de los señores.

Mandé a dos hombres a buscarla.

Se había perdido,

y yo la se la he traído.

¡Alfio!

Tú y tu hermano, descargad el carro.

Me has hecho un favor.

¿Por qué?

Porque soy siciliano.

Nací en esta tierra

y nunca me gustaron los hijos de perra.

Los bastardos como Don Ricuzzo Cantimo.

Además... Siempre he sentido debilidad

por los papelitos.

Entiendo.

Con esto saldamos la cuenta.

Me gusta cómo hablas,

y si piensas igual que hablas,

los dos juntos...

A tu salud.

¡Zino! ¡Zino!

Mi hija Santa.

También eso fue cosa de Cantimo.

Hace tiempo, le mató al marido y ella enloqueció.

Y ahora, ese pobre hijo suyo

se ha convertido en carne de mi carne.

Pero un día haré pagar a ese cerdo americano

el mal que ha hecho.

Aunque me cueste la vida, y la de mis hijos.

Espero volver a verte, Aniante.

Necesito gente como tú.

¿Vas a estar mucho tiempo por aquí?

Pensaba establecerme aquí.

¿Dónde te alojas?

En la posada del pueblo.

Gracias por el vino.

Hasta pronto, Don Turi.

Ven, Zino.

¡Mierda!

¡Malditos cabrones, hijos de puta!

¡Eso es lo que sois!

¡Bobos!

¡Idiotas!

¡Buenos para nada!

¡Dejarse robar un cargamento de tal manera...!

El carro, las cerezas, el caballo, ¡todo perdido!

Evaporado. Y nadie sabe nada ni ha visto nada.

¿Para qué os pago? ¿Qué hiciste tú?

¿Eh?

Me corto los cojones si detrás de esto no anda Don Turi Scannapieco.

Eso es absurdo.

Dos muertos eran de Don Turi. ¿Qué hicieron, suicidarse?

Don Ricuzzo, no sé si puede ser importante,

pero en el pueblo vieron a Tony Aniante.

¿Recuerda? El que expulsaron de América.

Tony Aniante...

Huele a casa de putas.

Tinuzzo, te olvidaste la corbata.

La corbata elegante.

Si me la olvidé, pido perdón.

Las corbatas como esa las uso para limpiarme el culo.

Puedo comprarme otra para limpiármelo.

¿Cuánto es?

No deberías aceptar su dinero.

Apesta.

¿Queréis limpiarme los zapatos, por favor?

No me he expresado bien.

Lo repetiré.

Tenéis que limpiarme los zapatos.

¡Cabrón!

No hagas tonterías.

Cretino.

¿Me aceptas un trago,

amigo Tony Aniante?

Desde luego, Don Ricuzzo Cantimo.

Veo que América te ha sentado bien.

La última vez eras un matón de tres al cuarto.

El vino mejora con los años.

Coincido.

Fueron por lana y salieron trasquilados.

Esas cosas pasan,

pero no comprendo este recibimiento.

Lo lamento.

Pero no hubiese sucedido si, al llegar,

me hubieses hecho una visita de cortesía.

Sobre todo después de ciertos sucesos misteriosos.

¿Qué sucesos misteriosos?

Tonterías.

Digamos... hortofrutícolas.

Cerezas...

Me vuelven loco.

No es el único.

Lo sé.

Pero hay que tener cuidado... con los empachos.

- Hasta luego. - Hasta luego, Don Ricuzzo.

En Sicilia, ya lo sabes,

hay que respetar a quien merece respeto

y no olvidarlo. Vive y deja vivir.

Es una regla muy importante.

¿No es igual en América?

Sí.

Más o menos igual.

Debe ser un lugar grande y hermoso.

¿Por qué decidiste volver?

Mis motivos tendré.

¿Puedo saber de qué se trata?

No.

Confía en mí. Podemos hablar en confianza.

Soy un sacerdote.

Asuntos personales. No se inmiscuya.

Los asuntos personales... Ese es nuestro problema.

Demasiados asuntos personales. Rencores, venganzas...

Y así, la gente sigue matándose.

¿No veis que la mejor venganza es el perdón?

Mariano, escúcheme.

Me ha invitado a jugar a la petanca,

no para echarme sermones inútiles.

No, por favor...

Pero será mejor que escojas bien.

Tu turno, por favor.

Gracias.

¡Tony Aniante!

Don Ricuzzo Cantimo solicita el honor de tu visita.

Vengo a acompañarte.

- Un momento, te anunciaré. - Bien.

Tío.

Ha llegado Tony Aniante.

Que pase.

No, espera.

Tráeme la camisa.

¡Tony Aniante! ¡Ven aquí!

Por aquí.

Dame la botella.

Bienvenido a mi humilde morada.

¿Nos sentamos aquí? Con este calor,

es el único lugar donde se respira algo de aire.

Siéntate.

- ¿Whisky? - Por qué no.

Reconozco que has crecido.

El de las cerezas fue un golpe maestro.

Lo que no entiendo

es por qué mataste a dos hombres de Turi Scannapieco,

para luego llevar el cargamento al propio Don Turi.

Aprecio mucho mi amistad con Don Turi.

También deseo su estima.

Bravo...

Nunca pensé que crecerías tanto.

Pero en mi estima y amistad no has pensado.

Se equivoca. Por eso acepté su invitación.

Le hablo como a un padre,

a corazón abierto.

Bravo.

Un gesto de gran inteligencia por tu parte.

Hola, Rico.

Te presento a mi esposa, Margie,

cien por cien americana.

¿Qué? ¿Otra vez has estado bebiendo?

¿Y qué más puedo hacer en este asqueroso lugar?

Comportarte como una dama.

Y ahora, vete.

Es una chica estupenda.

Sólo tiene un vicio:

la bebida.

Pero no es culpa suya.

Tuvo una adolescencia particularmente difícil.

Pero volvamos a nuestras cerezas.

Como te decía,

las cerezas me vuelven loco.

y me gustaría volver a ver aquel cargamento.

Sin reparar en gastos.

Sé que Don Turi no es perro al que echar un hueso,

pero tú tienes mucha imaginación.

Sí, pero no creo que me convenga. Mucho riesgo.

Lo sé.

Pero, como suele decirse, cada hombre tiene su debilidad.

Y parece que la de Don Turi es su chico.

Zino, creo que se llama.

Creo que haría cualquier sacrificio por él.

Me pide demasiado. No puedo

exponerme personalmente.

¿Y quién te dice que lo hagas?

Mis hombres están a tu disposición.

¿Cuántos necesitas?

Dos.

Pero... ¿cuál es mi tarea?

Digamos...

llevar las negociaciones.

¡Déjame dormir!

¿Ya estás con caprichos?

Déjame dormir.

Considéralo una... prestación profesional.

Tal vez con un cliente negro.

Eres mi juguete. Debes divertirme, ¿verdad?

¿Te entendiste con un negro joven, fuerte,

que andaba con una puta blanca?

Suave, dulce...

guapa como tú.

Dímelo, por favor. Sabes que me excita.

Sí, sí. Hace tiempo.

¿Y qué te hacía?

Me besaba.

¿Así?

Sí , así.

¿Y luego?

Me entraba.

¿Así?

- Sí .. así . - Así, ¿eh?

- Sí. - ¿Te gusta?

Sí, mucho.

Sí, mucho...

Golfa, golfa, golfa...

Sí...

- Sí... - Basta.

Para... Para...

¡Paolo!

¿A dónde crees que vas?

¡Carmela! ¡Carmela!

Déjale y vámonos.

Es mejor...

¡Hay tiros en la cantera!

Zino está allá abajo. ¡Zino!

- ¡Zino! - ¡Carmela! ¡Espera, Carmela!

¿Dónde estás? ¡Sal! ¡Da la cara!

¡Cobarde!

¿Dónde estás? ¡Sal, cobarde!

¡Da la cara!

¡Sal!

¡Zino!

¡Zino!

¡Carmela!

¡Bellaco!

¡Sal, o mato al chico!

¿Dónde estás, cagón?

¿Dónde estás, asqueroso?

¡Mira que le mato!

¡De verdad que le mato!

¿Me oyes?

¡Carmela!

Zino...

¡Zino!

¿Dónde va, Santuzza? ¡Venga aquí!

Zino, hijo, ¿qué te hicieron? Dime, ¿qué te han hecho?

No le hicieron nada. Está sano y salvo.

- Vuelve a tu cuarto. - ¡No, no le dejaré aquí!

Llévala.

¡No me toques!

¡No me toques! No, no le dejo.

Quédate conmigo, quédate conmigo.

Puede dejarle aquí.

Estará seguro.

Mataré a Don Ricuzzo Cantimo.

Lo prometo.

Te creo.

Yo...

te creo.

¡Mátale, mátale, mátale!

De acuerdo.

Se hará a tu manera.

Diré a Don Ricuzzo que cambié a su nieto por esto,

y que he matado a dos hombres de usted.

Pero esté preparado.

No le gustará mucho

ver a dos de los suyos hechos salsa siciliana.

Y, en caso de represalias,

¿de qué lado estarás tú?

Del ganador.

Deliciosas.

Nunca he comido cerezas tan sabrosas.

Bravo, Tony. Has hecho un trabajo excelente. Te felicito.

Gracias.

¿Sabes?

Nuestra rivalidad con los Scannapieco es antigua.

Han corrido ríos de sangre entre nuestras familias,

desde hace ya tiempo, pero siempre bajo las reglas de la Mamma.

- ¿Me entiendes? - Claro.

Margie, dejar de beber.

Y lléname el vaso.

Últimamente parecía posible un acuerdo,

pero luego mi amigo Turi se ha liado la manta a la cabeza,

y lo siento de veras, porque acabaré dándole una lección.

Sabe que puede contar conmigo.

Gracias, lo tendré en cuenta.

Hora de retirarse, ¿verdad, Margie?

Por supuesto, dormirás aquí. Estarás a gusto.

Te he hecho preparar una habitación.

Con esta lluvia hay peligro de corrimientos de tierra.

Conozco bien el camino. Tendré cuidado.

Sí, pero... Prefiero que no corras riesgos.

Eres un amigo muy querido.

Margie.

Buenas noches, Tony.

Buenas noches.

Buenas noches, Tony.

¡Mierda!

Hola.

¿A dónde vas? Rico no nos oye.

Le dolía la cabeza y ha tomado somníferos.

¿Por qué no te quedas aquí?

De eso nada. Tengo más en qué pensar,

y no quiero buscarme problemas.

Los tendrás si te vas, cielo,

porque gritaré y diré que quisiste violarme.

¿Y él te creerá?

No, pero tendrá que fingir hacerlo.

Después de todo, soy su mujer.

De acuerdo.

¿Qué quieres de mí?

Qué tonto...

¿Cómo que qué quiero?

¿No lo entiendes?

No me gustan las mujeres que se insinúan.

No hay diferencia entre demanda y oferta.

No. ¿Pero sabes lo que eres, pequeña Margie?

Venga, dímelo tú.

Una puta, naturalmente.

Cuando conocí a Rico, yo hacía la calle en el Bronx.

Diez dólares el servicio completo.

Cinco por algo rápido en el coche.

Según tú, ¿soy menos mujer por eso?

No, tal vez no,

pero por lo que a mí respecta, sí.

Ya basta, Tony Aniante.

A mí no me engañas.

Tú también haces la calle,

con la diferencia de que no vendes sólo el cuerpo, también el alma.

Los dos somos basura, pero tú mucho más que yo.

Está bien.

Como quieras, Margie.

Pero a mi manera.

Vamos, date la vuelta.

¿Qué?

Me has entendido. ¡Date la vuelta!

No...

Cerdo...

¡Cerdo!

¿Qué coño vas a hacer con esa caja?

- ¿Con quién hablas? - Contigo.

¡Qué agradecido!

- Vete a la mierda. - ¡Tú primero!

Y cuéntamelo.

- ¿Qué pasa? - ¿Por qué?

Estás nervioso, hoy.

Cuando se ponen así, me sacan de quicio.

Paolo.

¿Sabes dónde está tu tío?

No le he visto.

¿A dónde han ido los demás?

¿Me lo preguntas a mí? Y yo qué sé.

¿No lo sabes tú? ¿No sois uña y carne Don Ricuzzo y tú?

Pues búscale.

Hijo de perra...

¡Zino! ¡Zino!

Alfio, ¿qué sucede?

Vuelve a casa y cuida de Santa.

¿Dónde estabas, desgraciado?

¡Alfio!

¡Santa se ha escapado! En la casa no está.

¿Cómo la dejaste sola?

¡Tenías que acompañarla!

Alguien dice

que sabías lo que iba a ocurrir

y no quisiste dar aviso.

Si ese alguien se atreve,

que me lo diga

a la cara.

¡Hijo de puta!

Tienes diez segundos para pedirme disculpas aquí mismo.

No puede usted perder dos hijos el mismo día.

Yo no sabía nada. Solo vine a decirle

que estaba buscando la mejor oportunidad

para acabar con Don Ricuzzo Cantimo y toda su familia.

Pero visto lo visto, váyase a la mierda.

¡Tony Aniante, escucha!

Carlo será vengado.

De acuerdo, pero recuerde:

esto será lo último que haga por usted.

Palabra de Tony Aniante.

Cabrón.

Cabrón...

¡Hijo de perra!

Confieso que empiezas a inspirarme simpatía,

o, mejor dicho,

confianza.

En suma, empiezo a creer

que eres hombre con quien hablar libremente.

Y esa sigue fastidiando con el tocadiscos...

Mira, creo que hay que revisar todo el sistema.

Trabajar con drogas es algo delicado.

Muy delicado.

Y esa con la música todo el santo día...

¡Qué manía!

Tony... Ahora hay demasiada gente que sabe.

Demasiada gente que habla.

¿Entiendes lo que quiero decir?

Claro.

En mi opinión, hay que centralizar el trabajo:

menos bocas que hablen y más cerebros.

Mejor: un sólo cerebro.

¿Sabes qué dicen en Estados Unidos?

Poner todos los huevos en la misma cesta.

No sé si...

¡A romper!

¡Adelante, marchen!

¡Uno, dos! ¡Uno, dos!

En unos días, haremos una operación muy importante,

fundamental, para la familia.

Quería...

que lo supieras,

ya que ahora perteneces

también a mi familia.

¿Qué te sucede?

¿Me escuchas?

¡Eh, Tony!

Pareces drogado.

¿Dijo usted algo?

No.

Nada.

Cosas sin importancia.

Brindemos.

¿Qué hace nuestro huésped? ¿Duerme la siesta?

Creo que sí.

Es normal.

Estará cansado, el pobre.

Apuesto a que

también te has acostado con él.

Así es.

¿Cuándo?

La otra noche.

No estaba seguro...

Te gustó, ¿eh?

Sí , mucho.

Qué puta eres.

Lo sé.

¿Por qué no me avisaste? Sabes que me gusta.

¿Qué puta sería si lo hiciera?

Tienes razón.

Qué pena que tenga que irme,

pero cuando vuelva, tienes que contármelo todo.

¿A dónde vas?

No es asunto tuyo.

¿Tony no va contigo?

No. Todavía no confío en él .

De hecho... vigílale.

- ¿No viene Tony Aniante? - No.

¿Qué quieres otra vez?

Déjame en paz. Vete.

No aguantaba más. Tenía que verte.

Vete. Podrían encontrarnos juntos.

No hay nadie. Se fueron todos.

¡No! ¿A dónde?

No sé...

Pero no pensemos en Rico... Tony, Tony...

Escúchame.

Que te joda otro, yo no tengo tiempo.

Por favor, Tony, no me trates así .

¿Me quieres dejar en paz?

- Paolo, Paolo... - Vete.

Paolo, por favor. Tienes que ayudarme .

Olvídalo.

Hazlo al menos por Carmela. Es importante.

¿Qué pasa con Carmela?

Mira.

Solo tienes que decirle

que entregue esta nota a Don Turi.

Es urgente.

¿Más muertos? ¡Enterrador!

Más de los que puedas imaginar.

Haz lo que te digo y evitaremos una matanza.

No te creo.

Paolo, sé que quieres a Carmela,

y que sólo quieres vivir con ella en paz.

- ¿No es así? - Sí.

- ¿Pero de qué se trata? - Tú haz que la entregue.

Mañana por la mañana espérame en Colle Pietra con Carmela,

en la posada. Os daré 5 millones, al contado.

Os ayudaré a abandonar este lugar para siempre.

¿No es lo que queréis, hacer vuestra vida lejos de aquí?

- ¿No mientes? - Tienes mi palabra.

Acepto.

Nos vemos la posada.

¡Ese era tu plan, asqueroso!

Oh, Tony, por favor. Escúchame, Tony.

No me importa Rico. No me importa nada.

También quiero irme de aquí. Contigo. Llévame lejos.

Tú también estás acabado.

¡No te dejaré marchar, hijo de perra!

¡Se lo contaré todo a Rico! ¡Te matará como a un perro!

¿Qué has dicho?

¡Que te matará como a un perro!

¡Basta!

Tony, ¿qué haces?

¿Quieres hacer el amor conmigo?

Tómame. Desde aquella noche, ya no sé pensar en nada más.

¡Tony! ¡Tony!

Tú también lo deseas, ¿no?

Tony... Basta, me das miedo, Tony...

¡No!

¡No! Tony, por favor, ¡no!

¡No!

Escúchame, Paolo. No tendremos otra oportunidad.

¿Hemos pedido venir a este mundo?

¿Hemos pedido vivir de esta manera?

¿Entre sangre, odios y venganzas?

Tira ese papel, no arregla nada.

Se matarán mañana, y pasado mañana,

mientras les quede aliento en el cuerpo.

Y te matarán a ti, tarde o temprano.

Marchémonos mientras estemos a tiempo.

En algún lugar habrá sitio para nosotros.

Paolo...

Escúchame.

De acuerdo.

¡Alfio!

Papá, no te metas en esto. Es asunto nuestro.

Mientras me quede vida, también lo es mío.

Ya vienen.

Que avancen.

Es el momento, papá.

¡Ahora!

¡Abajo!

¡Alfio!

Alfio...

Alfio...

¡Don Ricuzzo, es a ti a quien quiero!

Espera aquí.

¡Margie!

¡Margie!

¡Margie!

¡Margie, abre!

¡Abre la puerta, Margie!

¡Sé que estás ahí!

¡Vamos, abre!

¡Abre!

¿Vas a abrir o no?

¡Margie!

¡Abre la puerta!

¡Abre!

¿Quién fue?

¿Quién fue?

Tony... Aniante...

¡Buscad a ese hijo de perra y hacedle pedazos!

Zino...

Zino...

¿Abuelo?

¡Abuelo!

¡Vamos, a la posada!

Aquí está el dinero.

Bien.

El autobús sale en diez minutos.

Cogedlo y... no volváis nunca.

¿Entendido?

Y ahora marchaos.

¡Rápido, arriba! ¡Arriba! ¡Vamos, vamos!

A la derecha. ¡A la derecha!

Cruzas esa calleja y sales a la calle. ¡Vamos!

¡Paolo! ¡Paolo!

¡No!

No...

¡Asesinos! ¡Asesinos!

¡Cogedle, vamos!

¡Abajo!

Muerte natural.

Ahora tú eres el hombre de la familia.

Ve.

¿Por qué?

¿Por qué lo hizo?

¿Quién fue?

No sé, Don Ricuzzo.

¡Alto!

Me dijiste que le habíais destrozado.

Parecía muerto.

Tiene que creerme.

¿Está solo?

Eso parece.

Está loco.

¿A qué debo el honor, Tony Aniante?

Es una visita... de cortesía.

¿Una despedida?

¿Es que se va usted?

- Yo no. - Pues...

yo tampoco.

Creo que debes ir a reunirte con Margie.

¿Dónde?

En el infierno.

Margie está muerta.

Lo siento.

Yo también.

Pero tuvo el final que se merecía.

¿Crees en Dios, Tony Aniante?

Sí, casi siempre.

Pues santíguate.

Bravo, hijo.

Has hecho un buen trabajo.

Tu misión está cumplida.

No, todavía falta

el miserable que abre en canal

cadáveres de niños.

Le has matado, con tus manos.

Don Ricuzzo Cantimo era un megalómano.

Quería ocupar por la fuerza su luga.

Así que usted me mandó a eliminarle

de la exportación.

Pero Don Turi también tenía que morir,

y ya sabe por qué.

Porque, como socio de usted

en aquella infamia de los niños,

algún día podría chantajearle o, mejor,

informar a la Familia.

¿No es así, Don Cascemi?

Puede, Tony Aniante.

Pero saberlo no te servirá de mucho.

Ya tenía decidido que debes desaparecer.

En esta tierra, los testigos son incómodos.

Adiós..., Tony Aniante.

También lo tenía previsto, Don Cascemi.

Sólo quisiste velar por sus propios intereses,

pero la Mamma siempre acaba por saberlo todo de todos.

Te equivocas.

Eres tú quien debe desaparecer, Cascemi.

Lo han decidido los de arriba,

los que cuentan.

A partir de ahora,

yo también soy un padrino.

¿No recuerdas, hace muchos años,

en una casa pobre...?

¿Qué pasó?

Obligaste a una mujer a acostarse contigo.

Luego llegó el marido.

Les mataste.

Eran mis padres.

¿Te acuerdas, Cascemi?

Aquel disco,

en casa de mi madre...

¡Socorro! ¡Socorro!

Vámonos.

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