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(Disparo)
¡Abajo! ¡Con cuidado, que esos hijos de puta tienen puntería!
¡Vamos, alférez! ¡Para allá, al blocao!
¡Vamos, vamos, ritmo!
¿Qué cojones...? ¿Quién ha traído aquí a este tío?
¡Que te van a matar, coño!
Sargento, al camión con él y que se vaya con los heridos.
¡Me cago en mi calavera!
(Disparos)
-(GRUÑE)
-¿Qué problema tiene con su arma, alférez?
-No tengo munición.
-Pues quítesela al próximo que maten.
-¿Cuál es la situación?
-Jodida.
(SUSPIRA) Bien, el líquido no parece turbio.
Y no presenta rigidez en la nuca,
así que no tiene por qué ser meningitis.
-(SUSPIRA) Dios lo quiera.
Entonces, ¿qué le sucede? -No le baja la fiebre.
Algún proceso infeccioso, calentura...
Pueden ser tantas cosas...
La mantendremos aislada por precaución, supongo.
-Sí. Repetiremos la punción, por supuesto.
Pilar, asegúrese de que la sala esté bien ventilada
y aplíquele compresas de agua fría. Si le sube la temperatura,
me avisa inmediatamente. Julia, vaya a la cocina y traiga agua
con unas gotas de vinagre. Ahora mismo.
Esperemos que no sea nada grave.
No se lo merece.
¡Médico! ¡Médico!
Capitán, son heridos del blocao del Gurugú.
El soldado presenta quemaduras de segundo grado en el cuello
y en el pecho. Y este hombre debe tener la muñeca fracturada.
-Que vayan con el Dr. Sanesteban. Usted, acompáñeles.
-El oficial tiene tres heridas de balas. Está en shock.
No han podido contener la hemorragia.
-Ha perdido demasiada sangre. No podremos recuperarle.
-Habrá que hacerlo. Soy íntimo amigo de la familia.
Haremos todo lo que sea posible. Vamos, el quirófano. ¡Al quirófano!
-Julia, acompáñenos. Sí, doctor.
(CORONEL) Limpie bien esa herida, capitán.
(FIDEL) Estoy haciéndolo, señor. (CORONEL) ¡Bisturí, por favor!
-Señor... No hay pulso. -¿Cómo que no hay pulso?
-Lo siento.
(CORONEL) Ocúpense de él, por favor.
Vendrán sus padres a recogerlo a Melilla.
Hagan lo que puedan para que esté lo más presentable posible.
Así se hará, coronel.
(Grifo)
-¿Cómo fue evacuado, señor? -Sobre mulas, en artolas,
hasta donde pudo llegar la ambulancia.
-Eso fue lo que le mató.
A él y al resto de heridos que estaban esperando
a ser atendidos en condiciones. -No es el momento, capitán.
-Coronel... -Por favor, capitán, por favor.
-Este es el momento de ponerlo en práctica. Ahora sí.
Si nos ponemos a trabajar cuanto antes,
podremos llegar a tiempo para la campaña del desquite.
-La campaña ha empezado. Están cayendo bombas sobre Nador.
-Por eso mismo, señor. No podemos perder ni un minuto.
-¿Usted sabe todo lo que se necesita para establecer
un hospital de campaña? -He estudiado el proyecto
del comandante Gómez Ulla punto por punto. Se puede hacer.
-Empiecen a preparar todo lo que consideren necesario.
Y si es verdad que puede estar listo para atender al blocao
y a las demás posiciones avanzadas de la zona, si es verdad,
a ver qué opinan mis superiores.
-Gracias, coronel. -No, no me dé las gracias.
No es un favor personal. Simplemente,
confiemos en que sea usted el que tiene la razón.
Cuando esté listo el cadáver del oficial, me avisan.
No me diga nada.
Tenemos mucho trabajo por delante.
(GUILLERMO) En cuanto la enfermera termine de entablillarle la mano,
podrá marcharse. -¿Ah, sí?
Pero también tiene que curarme esto.
-¿Cómo se hizo esta herida? -No tengo ni idea.
De pronto, estaba ahí.
Nos tirotearon en el camino de vuelta.
-La herida no parece profunda.
Lo mismo desaparece ella sola tal como vino. ¿No le parece?
Pilar, límpiela y póngale una venda. Lo dejaremos en observación
el resto del día. -Gracias, doctor.
-¿Es un tesoro o puedo ponerlo bajo la cama?
-Es mi equipo.
Para hacer magia.
-¿Es usted mago?
-Algo así.
-¿Y qué hace un mago en el frente?
-Ojalá hubiera hecho desaparecer las balas con un juego de manos.
Alejandro Prada.
Encantado de conocerla.
-Alejandro, este hospital es para militares.
Tendré que dar parte y lo trasladarán
al hospital central, pero estará todo bien, ¿de acuerdo?
-¿Y ese niño?
¿También es militar?
-Ese niño es un caso especial.
-Yo también.
Déjeme quedarme aquí, enfermera.
Solo hasta que se me pase la calentura, por favor.
¿Es mucho pedir?
Por favor.
-Voy a por gasas y yodo para curarlo.
¿Sí? Vaya quitándose la camisa.
Férulas de madera articulada, férulas metálicas,
tubos para hemostasia, vendas dobladas y empaquetadas,
imperdibles, ampollas de morfina, ampollas de cafeína...
¿A qué distancia podremos establecernos del frente?
La suficiente para ser eficientes y no ser alcanzados por su artillería.
En un cruce de caminos, supongo,
para poder atender a varias posiciones a la vez.
Afirmativo. Y que haya agua es imprescindible.
Gómez Ulle habla más de 40 mulas para poder transportarlo todo.
Prepararemos primero un equipo quirúrgico avanzado.
No necesitaremos tanto para transportarlo.
Carmen,
discúlpeme.
Hace unos meses mandé que prepararan unas tiendas
para recepción de enfermos y como quirófano.
Las tenemos y podemos llevarlas.
Ha estado maquinando a espaldas del coronel.
(Llaman a la puerta)
Sí.
-¿Me llamaba, duquesa? Sí, Pilar.
¿Cómo sigue Magdalena?
Dormida. Aún tiene fiebre.
Es joven y fuerte. Recemos por ella.
Pilar, quiero que vaya a ver
al carpintero que le indicará el doctor Calderón.
¿Carpintero? Sí.
Necesitamos tablillas para férulas
y protectores de madera para transportar jeringas y probetas.
Esterilizar y empaquetar gasas, vendas, algodones,
preparar soluciones antisépticas y lo que el doctor Calderón
ha dejado en esta lista.
-Pero ¿cómo vamos a llevar todo? -Con cestos, cajas y baúles.
¿Se te ocurre alguna otra manera?
-En el almacén vi tres o cuatro baúles llenos de ropa.
-Vaciadlos y traedlos.
Es importante que se puedan llevar entre dos personas.
Hay que subirlos a lomos de una mula o una ambulancia.
-Se trata de llevar lo necesario para un quirófano,
pero que ocupe lo menos posible. (PILAR) Vamos.
Julia.
¿Te quedas preparando esto? -Claro.
Hay que conseguir los cestos que podamos.
-¡Verónica, Verónica! ¿Tienes un minuto?
-Ahora no puedo, Guillermo.
-Ay, Guillermo, pero ¿por qué no te lanzas de una vez?
-Porque no soy un adonis y ella está enamorada de otro.
-¿De quién, del alférez?
Es un crío; además, acaba de volverse a Madrid,
a su casa. -Por eso.
Lo echará más de menos. -A ver, Guillermo.
Si tanto se quisieran, se habría marchado con él a Madrid
o él se hubiera quedado aquí. ¿No te parece?
Como te quedes pasmado, vendrá otro y te cogerá la delantera.
Guillermo, hazme caso, en esto de las mujeres
tengo un poco más de experiencia que tú.
-Sí, experiencia sí. Por eso, cuando te cruzas con Pilar en el pasillo
saltan chispas. -Eh, pero eso no cuenta.
Eh, no, lo de Pilar es una excepción, un caso aparte,
a mí Pilar me... Pero se acabó, ¿me entiendes?
Entre ella y yo no hay nada. Y cuando digo nada, es nada,
pero nada de nada. Bueno, sí, una cosa, indiferencia.
¿Sabes qué es eso? -Me da igual.
-Me voy. -No, no, espera.
No digo que me dé igual, digo que indiferencia significa
"me da igual". Es el concepto, la idea, indiferencia...
Lo tuyo... ¿Cómo me va a dar...? Somos amigos.
Entonces, ¿qué dices, que me lance? -Claro.
Con esto de aquí no cabe nada más. Muy bien.
Cuando traigan las férulas de madera, las metemos en esta caja,
¿de acuerdo? Bien.
Doctor, si se despliega el hospital de campaña,
¿irán enfermeras?
Claro.
Será peligroso.
Julia,
este es el proyecto más importante en mi carrera como oficial médico.
Claro que será peligroso, y quizás nos equivoquemos,
pero iniciamos un camino que no tiene marcha atrás.
Las academias militares estudiarán lo que hagamos, Julia.
¿Sigues molesta conmigo?
No, no estoy molesta contigo.
Simplemente te dije lo que siento
y lo que creo que es mejor para los dos.
¿Para los dos, para ti y para mí? ¿Y eso cómo lo sabes, Julia?
Perdóname, perdona, no tengo derecho a hablarte así.
-Hola. ¿Qué estáis preparando, un traslado?
(FIDEL) Estamos organizando todo
para levantar el hospital de campaña.
-¿Vas a volver al frente? No...
-Aún no se sabe, Susana. ¿Por qué?
¿Qué quieres? -Nada, soy dama auxiliar
y estoy destinada en este hospital, ¿ya se te ha olvidado?
Ahora que ha acabado la cuarentena, habrá mucho que hacer.
Dime. ¿Qué hago?
-Pregúntale a Pilar, ella está organizando todo.
Bueno, yo voy a dejar esto con todo lo demás.
(SUSANA) Vendrá a casa el párroco de La Purísima.
Quiere hablar de la boda.
-Muy bien. Allí estaré.
-No me falles, Fidel, mi madre se ha puesto muy pesada.
Yo prefería Sagrado Corazón, pero ella dice que la Virgen
está en La Purísima, que si no nos casa la Virgen,
es como si no nos casáramos.
¿De verdad os preparáis para ir al frente?
Así no habrá quién defina la fecha da la boda.
-Susana,
sabes que si por mí fuera, lo decidía ahora,
pero estamos en plena campaña, tengo que levantar un proyecto,
entiéndeme.
-Y cuando no es una campaña, es una cuarentena.
En ti siempre hay algo que te tiene secuestrado.
Al menos, no nos hemos contagiado.
-Por cierto..., Magdalena está en cama con fiebre.
-Ay, Dios. ¿Qué ha pasado?
Ay, Magdalena.
Tiene que descansar.
¿Nos puedes dejar solas? Seguro que tienes mucho que hacer.
(Suspiro)
-Esto tiene que estar cerrado. Susana, por favor.
-Tiene mucha fiebre, ¿no? Está ardiendo.
-Tengo que tomársela cada 2 horas.
-Lo sabía, se ha contagiado.
(PILAR) No es meningitis. Le hemos hecho análisis.
Estamos esperando el resultado. No sabemos qué tiene.
-Hay que llevársela, aquí no puede estar,
tiene que venirse a casa. -No se puede mover
y aquí está bien atendida.
-Aquí es donde se ha contagiado por andar con la gente
que anda por aquí, por no hacerme caso.
Él tiene la culpa de lo que ha pasado.
Yo no la he contagiado.
Tú trajiste al niño cuando estaba enfermo, ¿no?
Que casi morimos todos por ello.
Si le pasa algo a Magdalena, será por tu culpa.
-Susana, por favor, eso es muy injusto.
-Aléjate de ella, ¿eh?. No te lo voy a repetir.
Ella es mi amiga. No lo es y no lo será nunca.
Pertenecéis a mundos distintos. Eso no se puede cambiar.
(CON DIFICULTAD) Susana...
Estoy bien, no me pasa nada.
Estoy bien.
Has venido a verme, Susana.
Claro que sí.
Descansa, ¿eh?
La situación es crítica.
Los rifeños poseen una ametralladora que está causando estragos
en nuestras líneas. Cada mensaje que recibimos anuncia más bajas.
-Apenas disponemos de sanitarios para la evacuación
y el acceso a la zona es abrupto.
-El último intento de evacuación acabó en escabechina,
los rifeños asaltaron las mulas. Solo tres llegaron vivos a Melilla.
(GENERAL) Habrá que enviar más sanitarios escoltados.
Pereda, organice una unidad de apoyo.
-A la orden, mi general.
-El problema es la vuelta, con los heridos a cuestas.
-¿Cuánto tiempo tardará en quedar despejada la posición?
-Es imposible saberlo.
De momento sujetan a los rebeldes, pero...
-Me temo que si esperamos a que acabe la batalla
para atender a los heridos, será demasiado tarde.
-¿Qué más necesita, coronel? -Un vehículo.
Un vehículo para trasladar al personal sanitario
y otro de carga para llevar el material que haga falta.
Hoy le puedo hacer saber de cuánto material hablamos.
-Pero... botiquines, camillas... ¿Qué más van a llevar?
¿En qué está pensando, coronel?
-En atender a los heridos sobre el terreno.
Un equipo quirúrgico en la vanguardia.
Podríamos salvar muchas vidas, mi general.
¿Qué pasa?
¿Por qué coño no disparan?
-O se han ido... o se les ha acabado la munición...
o quieren ponernos un poco más nerviosos.
Solo hay un modo de saberlo.
Labrús y Sanchís, conmigo. Vamos.
Espera.
Vamos.
Esos hijos de puta nos han robado la ametralladora, coño.
No, pero ¿adónde vas? ¿Adónde vas?
-¡Es una trampa!
-¡Vamos!
-Voy. -No, no. A ti no te voy a perder.
Ah. ¡Mierda!
(AMBOS GIMEN DE DOLOR)
-Ah.
-No.
¡Vamos, vamos, vamos!
-¡Los huevos que tiene, alférez, joder!
¡Alférez!
-¿Qué? -Habrá traído tabaco, ¿no?
(VERÓNICA) ¿Sabe algo de su hermano?
Debe estar ya por Málaga.
Me dijo que me pondría un telegrama cuando llegara,
pero todavía no lo he recibido.
No quiso decirle nada a mi madre. Menuda sorpresa se va a llevar.
(RÍE) Qué alegría cuando le vea. Es su hijo pequeño.
Verónica, usted cuidó de mi hermano cuando estaba en el calabozo.
Si recuperó la visión, es porque animó al doctor Sanesteban
a que lo operase. Mi deber como enfermera.
No. Si mi hermano está vivo, es gracias a usted.
Muchas gracias.
Una cosa más.
¿Va a ir al frente con el doctor Calderón
al hospital de campaña? Supongo que contará conmigo.
Ya servimos juntos antes del desastre
y nos entendemos bien. Quizá por eso no nos pasó nada.
Pero, bueno, aún no lo han autorizado,
así que para qué preocuparse antes de tiempo, ¿hum?
Verónica, ¿tienes un momento? Tenemos que hablar.
Verás, sé que soy un hombre vulgar y corriente,
y que no soy el más guapo del mundo, ni de Melilla, ni del hospital,
pero... pero nadie te querrá nunca como yo te quiero.
Nadie.
¿Quieres casarte conmigo?
Has dicho que sí... ¿Así, sin pensarlo ni nada? (RÍE)
Verónica, ¿tienes un momento? Tenemos que hablar.
-Dime. Toda oídos.
-Verás, sé que soy un hombre vulgar y corriente...
-¿Me pasas esa probeta, por favor? -¿Eh?
-Sí, sí. Claro.
-¿Qué decías? -Que... Que soy un hombre vulgar.
Bueno, vulgar no, pero corriente.
Un hombre formal... -¿Ha pasado algo?
-No. ¿Qué va a pasar?
-Entonces, ¿qué quieres decirme?
-Que necesito formol.
Formol. Si lo necesitas tú después, me lo pides y te lo traigo,
sin problema ninguno, ¿vale?
(LUIS) ¿Cómo se encuentra?
Veo que mejor.
Veamos.
El doctor Sanesteban dio orden
de que le trasladaran en cuanto se repusiera.
-Es que no me he repuesto.
-Está usted ocupando una cama que ya no necesita.
-Ella me ha autorizado.
Me ha dicho que puedo quedarme.
Ha sido muy amable conmigo. (LUIS) ¿Ah, sí?
¿Esa de ahí? -Sí, la enfermera.
-Pilar. Pilar.
¿Has autorizado a que ese hombre siga ocupando una cama?
-¿Me estás hablando a mí? -El herido de aquella cama
ocupa un lugar destinado a las evacuaciones urgentes.
El doctor Sanesteban dejó firmadas órdenes muy claras.
-Y me dejó a mí que me encargara del caso, ¿verdad?
-Hablaré con la duquesa entonces. -Ya he hablado yo
y está de acuerdo conmigo, así que cada uno a lo suyo, doctor.
Usted cure a sus heridos
y yo me encargo de organizar el hospital, ¿hum?
-¿Es su novio?
-¿Perdón?
-Si es su novio.
-¿Por qué dice eso?
-Porque discuten como si fueran novios.
¿O es su marido? -Está usted pasándose de la raya.
-¿Nunca le han dicho que está guapísima cuando se enfada?
-No estoy enfadada.
¿Cómo vamos a traerla a casa? ¿Tú estás loca?
-Está muy enferma, madre. Si la hubiese visto...
-Ya, pero en casa no estará mejor atendida que en el hospital,
hasta tiene un moro cuidándola.
Si está contagiada, no la dejarán salir.
Mira lo que pasó con nosotras.
-No es lo mismo. Magdalena no tiene meningitis.
-¿Ah, no? ¿Y qué es lo que tiene?
(SUSANA) Aún no lo saben. No me lo han dicho.
-Claro, no te lo quieren decir. Por algo será, ¿no?
¿Y si nos contagia a todos?
-Si usted fuese su madre, la sacaría de allí.
-Muy bien, ya sé lo que vamos a hacer.
Vamos a enviar un telegrama a su madre.
Se va a asustar, pero es su madre
y tiene derecho a saber de su hija y dónde se ha metido.
Y, si quiere, que venga a buscarla.
Larbi.
Larbi.
Eres tan guapo.
Tan guapo.
(CHISTA)
No digas eso. ¿Por qué no? Es la verdad.
Y yo... Lo que... Tú también tienes que decirme la verdad, ¿eh?
Dime, ¿tú crees que yo soy guapa?
Desde el primer minuto que te vi.
(GIMOTEA)
Tienes mucha fiebre.
Tu mano está caliente. Dímelo otra vez.
Tienes que descansar. (RÍE)
Si me lo dicen a mí en Madrid... (RÍE A CARCAJADAS)
¡Un moro!
Si me hubieran dicho que...
(CHISTA) No hables.
Tienes que dormir. No.
No, quiero estar despierta, no.
Si... Si me hubieran dicho que me iba a enamorar
de esta manera tan...
Tan...
Se me ha olvidado lo que iba a decir.
Ahora solo piensa en ponerte bien, Magdalena.
Larbi,
¿tú me quieres?
Con toda mi alma.
Larbi.
Gracias por cuidarla.
Seguro que a ella le está haciendo mucho bien.
Pero usted no le gusta que me vean con ella,
¿eso es lo que quiere decir? No.
Magdalena es como una hermana para mí.
Nos conocemos desde pequeñas. Yo...
Yo no quiero perderla,
solo de pensarlo... No la vamos a perder.
Larbi, yo no soy como la hija del coronel,
yo no pienso como ella.
Si no apruebo algunas cosas es por el bien de Magdalena.
Si le llegan a decir en Madrid todo lo que le iba a pasar
cuando viniera aquí... Yo tampoco sabía
que ustedes iban a venir.
Nadie sabe nunca lo que va a pasar.
Tómatelo con calma.
La fiebre está empezando a remitir, pero todavía está alta.
Por eso deliras y hablas en sueños.
¿Cómo que hablo en sueños? ¿Usted me ha oído, doctor?
Es lo normal, Magdalena, no tienes por qué asustarte.
Lo importante es que los resultados de la analítica
son tranquilizadores.
Tú solo preocúpate de descansar.
Seguiremos tomándote la temperatura cada dos horas.
Ya veo que tienes un ángel de la guarda.
Bueno..., o dos.
¡Larbi! Eres tú el que ha estado trayendo flores, ¿no?
Tú alegras a enfermos con flores... Ahora eres tú la enferma.
Son muy bonitas.
¿Has visto qué bien está Ahmed? Sí.
Yo ya estoy un poco mejor.
La lata que estoy dando, ¿verdad?
Se me pone una cara cuando estoy mala.
Pero tu mirada es dulce.
Y... tus palabras también.
Bueno, a saber las tonterías que he podido decir
con la fiebre. No, no eran tonterías.
Larbi, ¿qué he dicho?
(CARRASPEA)
¡Larbi, Larbi, Larbi, Larbi!
No me tomes el pelo.
Dijiste que quieres ser mi mujer.
A ver, pero, Larbi, cuando uno está enfermo y habla,
lo que dice no le pasa por la cabeza.
Quiero decir que se dicen cosas que no se piensan
y por eso luego no se recuerdan, porque las dices sin pensar y...
Y por eso son verdad, porque no son pensadas.
Ay, Larbi, qué vergüenza.
¡Ay, qué vergüenza, por favor!
¿Qué tiempo necesitarían
para tener listo un equipo quirúrgico en condiciones?
-Si es un equipo reducido y a modo de pruebas,
está listo, llevamos todo el día trabajando.
-Supongo que iría usted al frente. ¿Acompañado de quiénes?
-Dos médicos y tres enfermeras.
-Necesitaríamos un destacamento que les proteja.
Las damas auxiliares cubrirían nuestro puesto en el hospital.
Yo me encargaría de organizar todo antes de marchar.
-No, usted no irá al frente de ninguna de las maneras.
Está enferma y no puede dejar el hospital sin dirección.
Si no voy, ¿autorizará el despliegue del hospital de campaña?
Espero no tener que arrepentirme.
No muy... -Padre, perdone.
¿No está Fidel con usted? -Pues no. ¿Tenía que estar?
-No lo sé. Teníamos cita con el párroco arriba en casa y,
como no llegaba, pensé que igual había pasado por aquí para...
No sé para qué, vaya.
Pero... ¿Le importaría pedir una llamada con el hospital
para ver si ya ha salido de allí? -No hace falta llamar, hija.
No hace falta llamar.
Acabo de dejar al capitán Calderón ultimando los preparativos
para el hospital de campaña.
Saldrá para el frente mañana a primera hora.
-¿Quién sale? -Sale un equipo quirúrgico
con dos médicos y tres enfermeras. ¿No te lo ha contado?
El hospital de campaña será un puesto relativamente seguro,
pero estará en primera línea y no tengo que explicarles
que el trabajo será muy duro y el peligro constante.
Tendremos que improvisar en muchas situaciones
y las horas de sueño las marcará el enemigo.
Confiamos en que tanto sacrificio tendrá una recompensa inmediata.
Sin su presencia allí, muchas vidas se darían por perdidas.
Tres de ustedes acompañarán al doctor Calderón en esta misión.
Voluntariamente.
Agradecemos enormemente su valentía, señorita,
pero usted se acaba de incorporar al servicio y no está preparada.
Además, a las damas auxiliares las necesitaremos aquí en el hospital.
Pilar, a usted también la necesitaré conmigo para organizar el hospital.
Verónica, usted sí tiene experiencia en el frente
y su ayuda será inestimable. ¿Alguna voluntaria más?
Doctor, tiene usted dónde elegir.
Le aseguro que cualquiera de ellas desempeñará su labor
sin tacha alguna. Elija a dos más.
Matilde.
Y Davinia.
El resto, muchas gracias por su valentía, de verdad.
Es un honor contar con todas y cada una de ustedes.
Y ahora tenemos mucho trabajo por delante.
(RESOPLA)
-Menudo plantón le hemos dado al párroco. No sabía ni qué decirle.
-Ya. Bueno... Ya ves cuál es la situación, Susana.
Hay mucho que hacer aquí. ¿Te parece que hablemos luego en casa?
-Ajá.
(Pasos alejándose)
Pensaba que confiabas en mí. -Y confío.
¿Lo dices porque no te he elegido?
Bueno. Siempre dices que soy valiente
y que puedo ser una buena enfermera. Tú has dicho que lo mejor es
que no volvamos a trabajar juntos, ¿no?
Quiero ir al hospital de campaña.
Nunca has estado en el frente, Julia.
La mayoría de los soldados tampoco han estado.
¿Sabes lo que estás diciendo? ¿De verdad quieres venir
a primera línea? ¿Cuándo nos vamos?
(GUILLERMO) Mañana por la mañana. ¿Cómo que mañana por la mañana?
-Pues mañana. Y necesito a uno de los dos.
-Mañana es un día muy complicado, Fidel.
¿Lo echamos a suerte? -No hace falta. Yo voy.
-A ver, Luis, piénsatelo. Vas a tener un niño
y entendería que dejaras a Guillermo.
-Sí, claro. Lo que tú digas, Luis. -Que no,
que no, que no. Que quiero formar parte de esto. Hombre...
Tanta murga que has dado con lo del hospital de campaña...
Quiero comprobar si es verdad lo que decías.
¿Te importa, Guillermo? Tú también estarás deseando ir.
-Sí, pero, bueno, ¿qué se le va a hacer?
Para otra será. -(ALIVIADO) Gracias.
Bueno, pues volveremos a pasar miedo juntos.
-Aunque miedo... Miedo es lo que tengo yo ahora.
Pero ¿qué blocao ni qué niño muerto, Luis?
-A ver, Raquel, está sellado por los rifeños.
-¡Sé lo que es el blocao! Lo sabe toda Melilla.
A este paso, los moros no dejan ni uno vivo.
-Por eso es necesario montar un hospital de campaña.
-Y te mandan justo a ti. -A ver, Raquel.
Soy teniente médico. Es mi obligación, mi deber, mi trabajo.
-Mira. Te vas a hablar con el coronel
y le dices que necesitas cuidarme, que es la verdad.
Anda que no hay médicos sin familia para enviar allí.
Mira. Si no vas tú, voy yo. -No. No es necesario que vayas.
Me he presentado voluntario.
-Quita.
¿También va Pilar voluntaria?
-Pues no lo sé ni me importa.
Ya te he dicho que lo único que me hace ir es mi obligación.
-Luis, tu obligación es esta.
Tú te vas solo por una razón, porque quieres.
Y si al niño le da por nacer cuando no estás tú,
¿eres un padre como Dios manda? -Mujer, no nos pongamos en lo peor.
-Ay, Luis...
Si quieres que me pase todo el día llorando,
que la congoja se me junte aquí en el vientre,
tú verás...
Y a mí cuando me da por llorar, no paro hasta que me ingresan.
Ya me conoces.
Está muy bien.
Ay... Ha sido como una sofoquina, ¿sabes?
Me sube de pronto y no sé qué hacer.
Estoy muy cansada, Magdalena.
Ha llegado una carta para la enferma.
¿Para mí? Ajá.
¿Es de Daniel? No. Ignacia Medina de Legorri.
Es mi prima de Sigüenza. ¿Aún no te ha contestado Daniel?
Ya le habrá llegado la carta. Se estará pensando la respuesta.
Ay, yo qué sé. No quiero darle vueltas.
Lo que tienes que hacer es recuperarte,
que nos tienes preocupadas. ¿Estás bebiendo agua?
Sí. Ay... Toma.
Me da una rabia estar así. Y encima me han dicho
que con la fiebre estoy delirando y diciendo cosas que luego...
Que luego ¿qué?
Nada, nada. Que no hago más que pensar en mí,
con todo lo que hay que hacer. ¿Y tú, Julia?
(SUSPIRA) ¿De verdad te vas a ir al frente?
¿No tienes miedo? Claro que me da miedo.
Tanto, que prefiero no pensarlo. ¿Por qué
te has presentado voluntaria? Porque quiero ser enfermera.
Porque tengo que aprender a afrontar mis miedos.
Va a ir bien, seguro.
¿Qué dice tu prima? Eso. ¿Qué dice?
No sé. Nada. Que está aprendiendo a jugar al tenis.
Ah... Qué interesante.
Me extraña porque mira que es torpe, ¿eh?
(RÍEN)
Verónica, tenemos que hablar. -¿Tiene que ser ahora?
Mañana a primera hora nos vamos al frente.
-De eso quería hablar contigo.
-No me digas que vienes con nosotros.
Nunca lo hubiera pensado.
-¿Por qué no? -Bueno, no sé.
Porque... No te imagino en primera línea.
-Pues, mira, me conoces muy poco.
Fidel me eligió para que vaya con él,
pero antes de que me eligiese, me presenté voluntario.
-¿De verdad? -Ajá.
-Qué bien. Cómo me alegro, Guillermo.
-¿Tú sabes lo que acabas de decir? -Eh, eh. Guillermo.
¿Qué te pasa? Parece que te va a dar un ataque.
-Por ahí van los tiros. Los tiros, Luis.
Que me voy al hospital de campaña, Luis. Me tengo que ir.
-¿Y eso? ¿Necesitan otro médico? -No. Yo voy y tú te quedas.
Tú vas a ser padre y yo voy de voluntario.
-Cuando dije que quería ir, sabía lo que estaba haciendo.
Gracias, pero no hace falta.
-No, Luis. Por favor. Somos amigos.
Te lo pido por favor. Es mi última oportunidad.
Si le digo que no voy, quizá pierda a Verónica para siempre.
-Ah... -Tengo que ir yo.
-No sé qué decirte. -Deséame suerte.
-Suerte. -No. Mejor reza por mí.
-¿Yo, rezar? -Bueno, pon una vela.
De las caras, ¿eh? -Ajá.
(GUILLERMO, PARA SÍ) Mamá...
-Un poco más... Uno.
Dos... y tres.
Muy bien.
Vamos a hacer otra.
Bienvenida, enfermera.
Llega tiempo para la foto.
-Así que es usted fotógrafo. ¿O periodista o...?
-No. Soy un espía.
-Ah. Un espía. -(CHISTA)
-¿Un espía? -Sí.
Un espía de la vida.
No trabajo para ningún gobierno. Trabajo para mí.
Para ellos.
Para usted.
Hago fotos para "El Imparcial". ¿Me deja que la retrate?
-No. Me ha mentido. Y para esto tenía que pedir permiso.
-(NIÑO, EN SU LENGUA) ¿Por qué no se pone la enfermera en la foto?
-(EN SU LENGUA) Porque está enfadada conmigo. Lástima.
Con lo guapa que es... (RÍE)
¿Hum? -¿Habla usted árabe?
-Nací en Tánger. -Ah.
Así que tampoco es español. -Mitad español,
mitad francés y mitad marroquí. -Eso son tres mitades.
-Lo sé, y es complicado.
Llevo toda la vida intentando comprenderlo.
Me siento europeo,
pero amo esta tierra.
Vamos a hacerla.
A ver... Ahí, muy bien.
Quietos.
Uno, dos... y tres.
Perfecto.
Aquí tiene.
Todavía no sé su nombre.
-Pilar.
-Estoy dispuesto a caer gravemente enfermo
solo por estar junto a usted, Pilar.
¿De verdad no va a dejarme que le haga una foto?
En Madrid tienen que ver todo lo que hacen ustedes aquí.
El amor que regalan a los heridos de guerra.
Y solo será un momento.
Por favor.
Gracias, enfermera.
-Bueno, el niño tiene que descansar. Vamos, Ahmed.
-(EN SU LENGUA) Sigue enfadada, Ahmed.
Qué le vamos a hacer. Tendrás que ayudarme a enamorarla.
-¿Qué le ha dicho? -La verdad.
Que es usted la mujer más hermosa que he visto
desde que empezó la guerra.
-Bueno.
-(EN SU LENGUA) ¿Lo harás?
-Vamos, Ahmed.
Con su permiso, mi capitán.
Estoy organizando la escolta para los sanitarios
que subirán a desplegar el puesto quirúrgico avanzado.
¿Cuándo partirán? -Mañana a primera hora.
Acaba de llegar esta lista con el material que hay que transportar
y el personal que viaja para allá.
Con un camión será suficiente para el material.
¿Ocurre algo?
David, falta una caja con gasas y vendas y la ponemos aquí.
Y una tienda de campaña.
-¿Solo van tres enfermeras y una tiene que ser mi prometida?
¿Por qué razón, capitán?
-Se presentó ella voluntaria. -No me joda.
Ha sido usted, ¿verdad? Esto es cosa suya.
Al principio le agradecí que la hubiese ayudado,
pero ya no estoy tan seguro de cuáles son sus intenciones.
-Ya se lo he dicho, teniente, se presentó ella voluntaria.
Yo me opuse a que viniese al frente.
-Mire, capitán, yo puedo hacerme el ciego y mirar para otro lado.
No me tome por imbécil.
-Pero, vamos a ver, su prometida está dispuesta a morir
porque quiere ser enfermera
¿y a usted lo único que le importa es que venga conmigo?
-¿Quién coño se cree que es? -Por favor...
-Sé quién es mi prometida. No hace falta que me lo recuerde.
-Me hubiese encantado que la hubiera visto trabajando como enfermera.
-¡No es enfermera!
¡Vino a buscar a su hermano, a buscarme a mí!
Espera. ¡Andrés! Lo siento, no debí decir eso.
El doctor ha dicho la verdad, me presenté voluntaria.
¿Por qué tienes que ir? Porque soy enfermera
y porque hay heridos que atender. Tú podrías ser uno de ellos.
O Pedro. Julia.
¿De verdad quieres que estemos juntos?
Si ha cambiado algo, dímelo, es el momento.
Lo único que ha cambiado es que ahora soy enfermera, nada más.
En el proyecto del capitán tú no podías faltar, claro.
Estoy muerta de miedo, pero tengo que ir.
Este hospital ha hecho muchas cosas por mí y por ti.
El capitán fue a rescatarte sin pensarlo un momento.
¿El capitán? No me voy a echar atrás.
Tengo que ir, ¿lo entiendes? No.
No sé si quiero entenderlo.
¿Te queda mucho, Julia? Nos están esperando.
Enseguida voy.
Si no estuviera usted nerviosa y si no tuviera mucho miedo,
sería una inconsciente.
Mire, Julia, hasta hace bien poco
esto de ser... enfermera era algo mal visto, que nadie respetaba.
Todavía hoy muchos consideran esto un pasatiempo,
no un trabajo, ni mucho menos una profesión.
La verdad es que tampoco tenía mucha idea de en qué consistía
hasta que llegué aquí.
Darle al herido lo que necesita en cada momento.
Nadie lo hará si no estamos nosotras.
¿Sabe?
A mi primer herido los médicos lo dieron por muerto
y yo... Yo me quedé ahí, a su lado, y no me separé de él en una semana.
Cada mañana ese hombre me daba las gracias a mí,
que lo único que hice fue estar ahí.
¿Murió?
No. No, no, no. Fue como... Fue como si resucitara.
Pero, fíjese, el día que se fue del hospital
fui yo quien le di las gracias a él.
No se entretenga, ya ha empezado la carga.
Ahora mismo bajo.
Me alegra mucho que se haya presentado usted voluntaria.
(FIDEL, PARA SÍ) Seis.
(MURMURA)
-Julia no va al hospital de campaña. ¿O sí?
-Sí. Ha habido cambios de última hora.
-¿Por qué no me lo habías dicho?
-Porque no es importante, Susana.
A ver, Susana, esto va a ser muy duro
y sabes que es muy importante para mí.
-Ten mucho cuidado... (SUSPIRA) Y mucha suerte.
-Enfermeras, marchamos.
¿Me acompañas?
Que todo salga bien.
Está en juego nuestro futuro.
Como cada día de nuestra vida, coronel.
Estamos escribiendo una página en la historia de la sanidad militar
y debería estar orgulloso. ¿Quién dice que no lo estoy?
No es cosa de ponerse a dar saltos, ¿no le parece?
Voy con ellos hasta el cerco, allí les está esperando la escolta.
Duquesa. Coronel.
-Ten cuidado.
(Motor arrancando)
-¿Vamos dentro, madre? -Qué remedio.
Le prometí a la madre de Magdalena que iríamos a verla.
Que Dios nos ampare.
(SUSANA) Ya verá que Magdalena se lo agradece, madre.
-Espero que su agradecimiento sea lo único que me lleve de aquí.
-Pilar, ¿está Magdalena en su cama? -Sí.
-¿Sola? -Sí. Las acompaño.
-No hace falta. Gracias.
-Magdalena, querida, estás más blanca que la sábana.
Qué sorpresa, habéis venido a visitarme.
Pero si eres para mí como una hija.
Me hubiera gustado venir antes, pero ha sido imposible.
-Sigues teniendo fiebre. -¿De verdad?
Hay que avisar a alguien.
Magdalena, ¿cómo está? ¿Cómo se encuentra?
(SUSANA) Todavía con fiebre.
-No sé, tantas horas, tanta fiebre...
Menos mal que aquí todo el mundo está pendiente de ella, ¿verdad?
(SUSANA) Sobre todo ese chico, que se pasa aquí las horas muertas.
¿Cómo se llama?
Larbi.
Solo son unas décimas.
Tiene que salir al jardín y tomar un poco el aire.
(MANUELA) Y por tu casa no te preocupes,
ayer le mandé un telegrama a tu madre.
¿Qué le ha dicho? Se va a llevar un susto.
No, a las madres nos gusta estar al corriente.
Además, le dije que estás muchísimo mejor.
La verdad. Solo creo que es un poquito de calentura.
Salga al jardín y das un paseo.
Señoras.
Ya verás que esto va a pasar enseguida.
Y a la vuelta de dos meses te nos casas con tu querido Daniel,
del que todo el mundo habla maravillas.
(SUSANA) Mamá. -¿Mamá qué? Todo el mundo lo dice.
Te mereces un buen marido y un buen padre para tus hijos,
como debe ser.
Lo más bonito del mundo es formar una familia,
¿verdad que sí, Magdalena?
Bueno, no tiene fiebre.
La cabeza no le duele, ¿verdad? -Usted me lo ha curado todo.
Es mi ángel de la guarda.
-¿Cada vez que le diga algo va a responder adulándome?
Empiezo a no creer nada de lo que me dice.
-Hace bien. Soy un mentiroso, lo reconozco,
pero cada vez que la veo tengo ganas de decir la verdad.
-Bueno, la herida no se ha infectado, gracias a Dios.
Por cierto, ¿cree usted en Dios o en Alá?
-¿Hay alguna diferencia?
-Hombre, claro que hay diferencia.
No me dirá que es lo mismo una cosa que otra.
-Solo sé que por eso la gente acaba matándose,
como en esta guerra.
Yo practico el agnosticismo.
-¿No será usted bolchevique?
-Y si lo fuera, ¿me retiraría usted la palabra?
Yo solo creo en lo que veo, por eso me aficioné a la fotografía,
para guardar esas cosas que merecen ser vistas.
-Uy, no me diga más, como yo. -Como usted.
-Es imposible. Vístase.
-Parece que esa herida ya no va a dar problemas.
-La enfermera dice que debería seguir en el hospital
24 horas más, en observación.
-¿Ah, sí? ¡Ah!
Pero es que resulta
que esa es una decisión que solo puede tomar un médico.
Enfermera, ¿tiene fiebre?
-No. -¿Náuseas, vómitos?
-No.
-Entonces me temo que tendré que darle el alta inmediatamente.
-Está bien.
Recogeré mis cosas. -Sí, dese prisa, por favor.
-¿Ese médico tiene algo contra usted?
-Digamos que es una larga historia.
(SE QUEJA)
En cuanto dé la orden y empecemos a disparar,
salís echando hostias de aquí...
Calladme a esa puta ametralladora.
Con ganas me iba yo con vosotros. (GIME DE DOLOR)
-Que sea lo que Dios quiera. -Así será.
Ya lo que me faltaba es que Dios fuera con los moros, ¿no? (RÍE)
Aniquílalos.
¡Fuego!
-Vamos.
-¡Alto el fuego! ¡Dios!
¡Teniente!
¡Teniente!
¡La tenemos!
¡La tenemos!
(GIME DE DOLOR)
La tenemos... Es nuestra.
Es nuestra. (JADEA)
Te vas a poner bien.
No tienes que estar triste.
No, no estoy triste.
Solo estoy... hecha un lío.
¿Por qué?
Llevo aquí muy poco tiempo, Larbi.
Y ya no soy la misma. He cambiado... mucho.
Soy otra persona.
Pero ¿eso es bueno o es malo?
Quiero decir, ¿eres mejor persona?
Si le preguntas a mi familia, te dirían que no, seguro.
Pues quizás ha llegado el momento de no escuchar a los demás.
Solo escuchar a ti misma,
a tu interior. ¿Y eso cómo se hace?
Porque un día mi interior me dice una cosa
y al día siguiente la contraria.
¿Por qué has tenido que aparecer?
¿Por qué tuviste que fijarte en mí?
¿Y tú?
¿Por qué te fijaste en mí?
Solo tenemos una vida, Magdalena.
Y hay que elegir bien.
Gracias.
Magdalena.
¿Daniel? Sí.
-Enfermera. (PILAR) ¿Sí?
-Venga, por favor. -¿Qué quiere?
-Es una sorpresa. Y si se lo digo, dejará de serlo. Pase.
-¿Qué es esto? ¿Qué es esta luz?
-Confíe en mí.
Está a punto de empezar la magia.
(PILAR, SORPRENDIDA) Ahmed...
-¿Qué hace el niño en este hospital?
-Ha estado muy malito. Meningitis.
Su familia murió en la restinga. Él llegó con un oficial herido.
No se separó de él hasta que también murió.
No le soltó la mano jamás. -¿Sabe lo que quiere ser de mayor?
Me lo ha dicho.
Médico.
-Claro.
-Este es Juan, es de Béjar. El pequeño de cuatro hermanos.
Su padre trabaja en la tierra. Trigo, creo.
Abel... Se casó justo antes de venir aquí.
Y todavía no conoce a su hijo.
Santiago. Es herrero en Hortezuelos, un pueblo de Guadalajara.
En toda su vida no ha visto más que su pueblo y esto.
¿Cuántos de ellos volverán a su casa?
-No diga eso.
-¿Le da miedo la verdad?
De buena familia, sensata, responsable...
Y la enfermera más hermosa de todo el hospital.
-Usted no sabe nada de mí.
-Sé que volvió a nacer en Melilla. En Melilla, en julio de 1921.
Y que aquí, entre tanta calamidad, sigue en pie como una flor,
como un regalo para todos,
que merece todo el amor del mundo.
Que nunca será tanto... como el que ella misma da.
-No. No.
(Puerta abriéndose)
(FIDEL) Es normal que estemos nerviosos ahora.
Nos enfrentamos a algo nuevo y algo difícil.
Pero hay que evitar que el miedo nos bloquee.
-(NERVIOSA) Doctor, yo lo intento, pero no puedo.
Tranquilo, doctor, no nos va a temblar el pulso.
-Hay que aprender a trabajar con miedo.
-Hagan caso a Verónica.
Ella ha estado en el frente y sabe de lo que habla.
-¿Sabemos algo del sitio al que vamos?
-Primera línea del Gurugú, Guillermo.
Posiciones avanzadas.
No creo que sea necesario hablar de eso ahora.
-Sí, sí, claro. Yo lo decía por...
Vamos, que nervioso nervioso no estoy.
Pero que, a ver, estoy un poco nervioso, pero...
-Agárrate, Guillermo. Agárrate.
-A buenas horas, coño. Vamos.
(FIDEL) ¿Capitán Calderón?
Teniente Molina. A sus órdenes. Podían haber tardado un poco más
y más vale que hubieran traído un enterrador, ¿eh?
-Debería curar esa pierna cuanto antes.
-Sí.
-Soldados, bajen todo del camión y déjenlo aquí.
-Estamos empezando a traer todas las bajas: a los heridos
y a los que desgraciadamente ya no lo son.
¿Está muy lejos la posición, teniente?
A 1 km más o menos, capitán.
Pero ¿qué van a montar aquí las tiendas o qué?
-Sí, aquí. ¿Por qué? -Un poquito peligroso, ¿no cree?
Capitán, con el debido respeto. Aunque no se oiga a los rebeldes,
no quiere decir que no estén aquí. Están subiendo piezas de artillería,
que yo lo sé... -Lo sabemos, teniente.
Estaremos operativos lo antes posible.
¿De acuerdo? Guillermo.
-Enfermera, ¿no nos conocemos?
No, no creo. ¿Hay muchos heridos?
Ahora lo verá.
Ahora, estamos vivos gracias a un alférez de Infantería
que se comportó como un puto héroe.
-Julia, ¿puede ayudarnos con esto? No hemos venido a estar de cháchara.
A sus órdenes, mi coronel.
¿Hay novedades del hospital de campaña?
-No, teniente. No, no se trata de eso.
-Dios, menos mal. Pensé que quería verme para darme malas noticias.
¿Ni siquiera han enviado comunicación de su llegada?
-El capitán Somarriba ha recibido un telegrama del hospital de Málaga.
El alférez Pedro Ballester no se ha presentado en el hospital.
-¿Cómo que no se ha presentado? -He consultado a puerto
y tampoco lo han visto embarcar. -¿Cómo es posible?
-El capitán ha preguntado a todo tipo de gente
que pudieran dar cuenta de su paradero.
-Varios soldados confirman que ayer por la mañana
vieron a un alférez subir a un camión de voluntarios.
-¿Dónde iban esos voluntarios?
-Al pie del Gurugú.
Bien. Los que estén para evacuar los colocamos al lado de la ambulancia,
todos con tablilla.
Julia, no se separe de mí. -Julia, cuando termine con uno,
empiezas con el siguiente. -Por favor, agua.
-Soldados, aquí.
Este hombre, al hospital. Vamos. Vamos.
(SOLDADO TOSE)
(Barullo y gemidos de dolor)
Vale. (FIDEL) Julia, examine las heridas.
Así... (MURMURA)
Tranquilo.
Respire. Aguante.
Tranquilo.
No.
No, no, Pedro.
Pedro.
Pedro.
(SOLLOZANDO) Pedro...
Tiene pulso. ¡Soldados! Soldado, aquí.
Este hombre al quirófano, urgente.
Vamos.
-Enfermera. -Teniente.
-Rápido.
(FIDEL) Herida de bala en costado derecho con orificio de salida
por riñón derecho.
(GUILLERMO) Otra herida en pectoral, pero sin entrada de bala.
-Limpie esta zona.
Julia, es mejor que esperes fuera.
No. Quiero quedarme aquí. Matilde,
acompáñela fuera.
Doctor, quiero quedarme aquí, por favor.
Julia, confía en mí.
Bisturí.
¡Verónica, bisturí!
¡Vamos!
Limpie la zona.
(Tumulto)
(PEDRO) "Ya nadie quiere vernos sufrir,
nadie va a escuchar nuestras quejas."
-¡Enfermera, por favor!
-"Nadie quiere oír hablar de la derrota.
"Cada uno sabe cuál es su puesto.
Ya no es momento para preguntas.
Ya no hay tiempo para más."
-¿Sigue teniendo pulso?
-Sí.
-"Porque lo están esperando todo de nosotros
y no podemos tener miedo.
Ha llegado la hora de la verdad." -Julia, Julia, ayúdame, por favor.
(Explosión)
Hay una dama enfermera herida. -No, señor, está muerta.
-Confirme de quién se trata. -Le dije que la línea está cortada.
-Necesito saber qué ha pasado.
Tiene que quedarse en Melilla, ahora más que nunca.
Yo envié a civiles desarmados al frente de batalla.
Solicito ser relevado de mi cargo de jefe de sanidad militar de Melilla.
¿Tú no has recibido una carta mía? -¿Una carta? ¿Para mí? No.
Tendrás que decirle lo que pasa. Ya, ya lo sé, ya,
pero por carta era más fácil.
(ALEJANDRO) ¿No te das cuenta de que es un caradura?
(PILAR) ¿Y a ti qué te importa?
-No quiero que por mi culpa te eches en brazos de un canalla.
-Mi vida no gira en torno a ti desde hace mucho.
Daniel, en la carta te decía que no me voy a casar.
-¿Hay otro hombre? ¿Es eso?
¡Tú!
¡Tú eres el culpable de todo!
Tú has destrozado mi vida.
(Barullo)
-¡Julia!
¡Julia!
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