Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
(PEDRO) "Llegó el momento de los valientes,
los que vienen a salvarnos".
-¡Compañía, firme! ¡Ar!
-"Nunca se vieron tantos soldados en Melilla
listos para el combate".
-¡Sobre el hombro!
-"Esta vez vamos a ganar".
-¡Armas!
-"Por fin llegaron buenas noticias.
Estamos los tres juntos: Julia, Andrés y yo.
Cada día que pasa me encuentro mejor,
gracias a las enfermeras.
Si no fuera por ellas, yo estaría muerto,
uno más de los miles de soldados que nunca volverán a casa.
El comandante Silva murió como un cobarde,
y así será recordado para siempre.
El suicidio ha servido para que archiven mi causa.
Ya nunca me juzgarán por insubordinación.
Soy libre, madre, libre para siempre".
Alférez,
le garantizo que el ejército borrará toda sombra de sospecha
sobre usted. Todo ha terminado.
-"En Melilla hay ahora más de 40.000 soldados.
Vamos a reconquistar Nador, a 15 km de aquí,
al otro lado del Gurugú.
La operación tiene nombre:
el desquite".
¡Teniente Pereda!
No me lo puedo creer...
-Roberto Molina...
¿Qué coño haces vestido así? ¿Es carnaval?
-En el tercio está la acción, amigo.
A los de Infantería solamente os quedan fuerzas
para enterrar cadáveres.
-¿Cuándo has llegado? -Hace un par de días.
Estoy en la primera bandera, la punta de lanza de la campaña.
-Así que en el tercio, ¿eh? -Sí.
La verdad que al enterarme que había una unidad de choque,
no me lo pensé dos veces. Se va a liar una buena.
¡Por fin estamos juntos!
Bueno, ¿y cuál es tu unidad? ¿Cuándo te vas para Nador?
-No sé. De momento, no creo que me mueva de aquí,
de Melilla. -¡Sargento!
Monta el segundo pelotón. -¡Sí, mi teniente!
-¡El resto al camión, coño!
Perdona, que nos mandan proteger la guarnición de un blocao
a las faldas del Gurugú. Hay que mantener limpia
la carretera de Nador. -Ya...
-¿Cuándo me decías que ibas para allá?
-No, no lo sé. Todavía estoy esperando.
-Ya. -Teniente. Estamos.
-Muy bien. Me reclaman.
Nos vemos en el frente, amigo. -Cuídate.
-Igual.
¿Cuándo empieza la campaña?
-Aún están llegando refuerzos, pero mañana parten dos columnas
hacia el Atalayón.
-¿Vas a ir?
Puedes pedir que te destinen ahí. -No, no, no.
Yo ayudo a organizar el despliegue desde Comandancia.
Acabo de volver, Pedro.
No puedo decirle a tu hermana que me marcho otra vez.
-Eres militar de carrera. Tendrá que entenderlo.
¡Madre mía! Pero ¿quién le ha hecho esto?
¿Puede oírme? ¡Ayuda! ¡Por favor, ayuda!
Acabe de limpiar y prepare instrumental.
-Estoy aquí. -Pilar, éter.
-Sí, señor. -¿Qué tenemos, Guillermo?
-Herida profunda de arma blanca. Pinta mal. Ah, es un civil.
-¿Has visto quién es?
¡Luis!
-¡Vamos, Pilar, anestesia! -Sí, señor.
-Por favor...
¡Ay! Por favor, por favor... -Está intentando decir algo.
-Vamos, Pilar, ¿no has escuchado al doctor? ¡El éter!
-Trataremos de cortar la hemorragia, limpiar a fondo
y suturar. A ver si aguanta, claro.
(PILAR) Listo. (LUIS) Vamos allá. Separadores.
-Pinzas.
Pero...
Pero ¿qué ha pasado? ¿Quién es? ¿Lo conoces?
Es el padre del hijo de Raquel. ¿Qué dices?
¡Ay, Dios! ¿Y quién le ha hecho eso?
No sé, dímelo tú. ¿Cómo ha llegado aquí?
¿Quién lo ha traído? Ay, no sé, Pilar.
Yo salí a tender y me lo encontré ahí, en el suelo.
A lo mejor vino solo. ¿Cómo va a venir solo
ahí como estaba el hombre? Es imposible.
Ay, no sé.
¿Qué estás pensando, Pilar? Nada.
Pilar, por favor, que nos conocemos mucho.
Mírame.
No lo sé, Magdalena, solo sé que lo vi discutir con Luis ahí fuera,
y que Luis le dijo que si volvía a verlo por aquí,
lo mataría, pero...
Pero que le han dado una puñalada. Luis no es capaz de...
No. No, ¿verdad?
Somarriba, cuánto me alegro de verle.
-A sus órdenes, mi coronel.
-Daba por hecho que estaría disfrutando de un permiso
dos o tres semanas para estar con los suyos.
-Señor, no puedo irme ahora que acaba de empezar la campaña.
Aunque después de lo ocurrido, entendería perfectamente
que usted quisiera que... -Por favor, Somarriba, no.
Le quiero a mi lado.
No creo que pueda encontrar a nadie como usted.
Capitán.
Ya estamos aquí, coronel.
(CORONEL) La respuesta es no.
Vamos a ver, coronel...
En cuanto comience la campaña de desquite,
los hospitales se volverán a colapsar
por la avalancha de heridos, y debemos estar preparados.
Pediré más ambulancias y artolas para las bulas.
-La mayoría de los heridos mueren en los traslados, señor.
Salvaríamos muchas vidas
si pudiéramos crear hospitales de campaña.
Somos nosotros quienes tenemos que desplazarnos,
no los heridos. -Conforme se recuperen plazas,
se recuperarán puestos de socorro. ¿En qué condiciones estarán?
-Tenemos tiendas, camillas e instrumental necesario
para poder improvisar quirófanos. -¿Improvisar?
¿Improvisar?
¿Montar un quirófano sin asepsia ninguna,
y que nuestros médicos y nuestras enfermeras
corran el riesgo de ser heridos? ¿Han pensado en eso?
En Melilla también corremos riesgos, coronel.
Enviamos efectivos para montar hospitales de campaña,
¿y qué hacemos con los de Melilla, los dejamos vacíos?
El capitán Calderón tiene la respuesta para eso.
-Cursos.
En poco tiempo podemos formar como damas auxiliares
a voluntarias de la ciudad
y acabar la formación de campaña de las damas veteranas.
-En su hospital pueden hacer lo que les parezca,
pero la intervención en campaña me corresponde a mí,
y la respuesta sigue siendo no.
Piénselo. El desquite está a punto de comenzar.
-Señor. -Capitán.
¿Le parece...?
¿Le parece necesario apoyar a la duquesa?
Hasta el punto de venir a discutirlo conmigo,
aquí, en mi propio despacho.
-¿Por qué siempre le lleva la contraria, señor?
-No consentiré que esa señora acabe dirigiendo
los hospitales militares de Melilla. No debo consentirlo.
-Pensaba que nuestro trabajo era salvar vidas,
no perder el tiempo en luchas de poder.
Somos médicos.
-No es la medicina, sino la organización militar
la que juega el papel principal de la sanidad en una guerra.
Encárguese del curso de formación.
Yo...
Yo decidiré cómo organizar los medios.
Puede retirarse.
-Gracias, señor.
Falta nombre y regimiento. Ha llegado hace poco de quirófano.
¿Cómo está?
Agitado. Tiene la tensión descompensada.
¿Continuamos?
Sí.
Hay que cambiar el vendaje. Ahora mismo.
Y continuamos con la morfina.
Espero que seas muy feliz.
En tu matrimonio.
Te lo digo sinceramente.
Muchas gracias, Julia.
Yo también deseo que seáis muy felices.
Sigo pensando que eres la mujer más valiente que conozco.
Lo que hiciste aquí con el comandante...
No quiero pensar ahora en eso.
-Capitán, me alegra verle.
Enhorabuena por su compromiso. -Muchas gracias, teniente.
-Me dijeron que la mismísima reina les dio su bendición.
-Sí. No puedo quejarme, la verdad.
¿Qué haces aquí? ¿Está todo bien?
-Tengo algo que decirte, Julia.
¡Julia! ¡Andrés!
El doctor va a darme el alta.
Estoy curado.
¿Qué os pasa?
-Voy a pedir que me envíen al frente.
-¿Cuándo te vas?
¿Y qué más te ha dicho el doctor? ¿Cuándo te va a dar el alta?
Me trasladan a Málaga, y de allí, a casa.
Pero...
Pero yo también puedo ir al frente. Tenemos que ir.
-No, Pedro, no. Tú no estás recuperado.
-No voy a quedarme de brazos cruzados si tú vas.
¡Deja de decir tonterías, hombre! Pero ¿qué locura es esa?
Si te han dicho que al hospital de Málaga, es que debes ir.
Nunca me he sentido mejor. Nos merecemos estar en la victoria.
¿Has visto lo que has conseguido?
¿Cómo le voy a decir a mi madre que Pedro vuelve al frente?
No va a volver, Julia.
Se alistará en cuanto pueda. Parece mentira que no le conozcas.
Quiere demostrar que puede ser como tú.
Ya sabes lo mucho que te admira.
Andrés, tú ahora trabajas en comandancia.
Tienes que conseguir que le den la baja definitiva,
que vuelva a casa. No sé si puedo llegar a eso, Julia.
Vine aquí para buscaros a los dos.
Y ahora que lo he conseguido, ¿no va a servir para nada?
Por favor, prométeme que hablarás con el general.
¿Dónde estoy? -Acuéstese.
Román.
Román. -¡Ah!
-¿Me oye usted?
¿Me oye?
Está en un hospital.
Hemos tenido que operarlo. Lo han apuñalado.
¿Recuerda usted quién le hizo esto?
Román, ¿quién le ha hecho esto? -¿Cómo está?
-Muy grave.
-Qué lástima.
¿Qué le estaba contando? -No puede hablar.
Solo dice cosas sin sentido.
-¿Cree que saldrá de esta, Pilar?
-¿Acaso soy médico?
-Agua.
-Vas a dar guerra hasta el último minuto.
-Agua. Agua.
-¿Agua?
Ahí la tienes.
En algún momento te cansarás de vigilar.
De Sevilla nada, Susana.
El traje de novia te lo hará Montalbán, en Madrid,
como debe ser. -Montalbán...
Montalbán está anticuado, madre.
-Pero si es el que viste a toda la Corte.
-Excepto a su majestad.
-Porque la reina nació en Escocia y tiene otros gustos.
Fidel. Fidel, ¿tú conoces a Montalbán?
¿Quieres ver el catálogo? -Pues...
lo siento, doña Manuela, pero no tengo tiempo.
Me tengo que marchar; de hecho, estoy con el curso de mañana.
-Ah... -¿Qué curso?
-El curso de damas auxiliares, Susana.
Si lo ha contado tu padre esta tarde.
Pero como no estás en lo que estás...
-Buenas noches. -Buenas noches.
-¿Por qué Fidel no me ha contado nada del curso?
-Pues no lo sé, hija. -Siempre me lo cuenta todo.
Seguro que al curso, además de damas auxiliares,
también van enfermeras.
-Mira, Susana,
¿tú sabes lo que significa esto? Que ya no tienes nada que temer.
-Ojalá fuera verdad.
¡Uy, qué bien que haya venido la pequeña de los Osuna!
-Su madre ya no sabe qué hacer para encontrarle novio.
A la que no esperaba es a Luchita Cortés.
Mira, nunca es tarde para aprender.
Hola.
-¡Oh! Será de mentira, supongo. -Pues no sé qué decirte.
A mí me recuerda a don Venancio. -¡Ay!
-Buenos días, señora, señoritas. (MANUELA) Buenos días.
-Buenos días. No entrarán mucho en detalles, ¿verdad?
Es que si empiezan a hablar de sangre y cosas feas,
a mí no sé qué me pasa, que me pongo mala.
-No, no se preocupe.
Doctor, esto ya está listo.
Si necesita cualquier cosa, por favor, avíseme.
-Muchas gracias, Julia. ¿Por qué no se queda?
Aún no tiene el diploma de dama enfermera.
Gracias.
En este curso vais a aprender rudimentos básicos
en primeros auxilios, así como algunos casos
a los que se pueden enfrentar en este hospital. ¿Preparadas?
-Sí. -Sí, sí.
-Bien. Para que se vayan familiarizando,
me gustaría comenzar con cuatro conceptos básicos,
como son la asepsia, la antisepsia...
-Perdón. ¿Llego tarde?
No estaba segura de a qué hora empezaba el curso.
-¿Te quieres incorporar?
-Seguro que puedo ser útil, ¿verdad?
-Por supuesto.
Susana, hablábamos de cuatro conceptos básicos
como son la asepsia, la antisepsia,
hemostasia y anestesia.
Tres.
Tres...
Ay. Espérate.
Dos, Magdalena, dos.
Pero ¡bueno!
¿Qué haces aquí, Ahmed? No se cogen las sábanas.
Ven. ¡Te vas a enterar!
Ay... ¿A ver?
Te noto caliente, Ahmed.
Tendremos que ir al médico.
(EN SU LENGUA) Ahmed, ve a jugar. Los mayores tenemos que hablar.
¿Qué pasa?
Magdalena, Rachid se ha marchado.
¿Cómo que se ha marchado? Pero...
Esta mañana fui a verlo y él no estaba.
Yo busco, busco, pero nada.
Creo que Rachid ya no está en Melilla.
¿Y adónde va a ir?
Para los rebeldes es un traidor, y los nuestros
dispararán contra él si lo ven huyendo.
(Golpe)
¿Ahmed?
¡Ahmed! ¡Ahmed!
(EN SU LENGUA) ¿Qué tienes? ¿Qué tienes?
¡Un médico! (EN SU LENGUA) ¡Dime algo!
¡Un médico, por favor! ¡Por aquí!
Bien, pues tenemos 7 cervicales, 12 dorsales y 5 lumbares.
Las dos primeras presentan caracteres muy particulares. Son...
¡Doctor! ¡Doctor! Ahmed. Está enfermo.
Parecía que estaba bien, y, de repente, ha perdido
el conocimiento. Tiene fiebre.
Bien. Guillermo, acompáñeles al quirófano
y explora al niño. -¡Vamos!
-¿Aquí dejan entrar a moros? -¿Aquí?
Aquí hacen lo que les da la gana.
Lo que no entiendo es qué pinta Magdalena
mezclándose con esa gente.
¿Sabe si comió algo que le sentara mal?
Esta mañana ha vomitado su desayuno.
¿Qué es lo que tiene, doctor?
Pues por tener... Por tener tiene fiebre,
dolor de cabeza, vómitos y...
y la nuca, la nuca no...
Bueno, y las rodillas tampoco.
No me asuste, doctor.
¿Qué tiene?
Meningitis.
¿Estás seguro al 100 %?
Hemos hecho una punción lumbar y el líquido es turbio.
-Los síntomas son claros.
Lleva dos días adormilado, con fiebre, dolor de cabeza
y rigidez en la nuca.
¿Qué sugiere entonces, doctor?
Desde este momento y hasta nueva orden,
este hospital está en cuarentena.
Nadie puede entrar ni salir del hospital
bajo ningún concepto.
Comuníquelo al personal. -Sí, señor.
No me digas que no está pasando nada
porque está pasando algo.
-A ver si han entrado los moros en Melilla.
Vuelvan a la sala y esperen a que los doctores nos digan.
-Mira, vámonos. Estoy harta de tanta informalidad.
Le voy a contar todo a mi marido.
-Lo siento, señoras, pero tengo orden de que nadie salga
de este hospital. -Usted sabe quién soy yo, ¿verdad?
Apártese, por favor.
No, doña Manuela, Pilar no se moverá de ahí.
Lo siento mucho, pero nadie puede salir
de este edificio. Nosotros tampoco.
-¿Cómo que no podemos salir? ¿Qué está pasando?
-Hemos detectado un caso de meningitis.
Probablemente no sea grave, pero debemos prevenir
un posible contagio. (MANUELA) Me parece muy bien.
Cierren la puerta en cuanto salgamos. Vámonos, hija.
Si cruza usted esa puerta, no sabe lo que puede pasar.
Uno solo de nosotros podría empezar una cadena de contagio y Melilla
sería pasto de la epidemia. ¿Es eso lo que quiere que suceda?
¿Y entonces? Pilar, cierra la puerta, por favor.
¿De verdad pretende que nos quedemos aquí encerradas?
No hay más remedio.
Supongo que ahora nos tendrán que hacer pruebas.
¿Qué pruebas?
-Manuela, ¿es que no vas a decir nada?
-Exijo hablar inmediatamente con mi marido.
12 batallones estarán a cargo de la reconquista.
4 más de la guarnición de la plaza,
y otros 2 reforzarán las posiciones
en la falda del Gurugú. -Perdón, mi general.
¿Dos batallones más, aparte de los que ya subieron
a defenderlas? -Eso he dicho.
Si no le importa, teniente, continúo.
Dos baterías flotantes ya están actuando desde lanchones
en la Mar Chica,
y preparadas para partir las cuatro columnas
al mando de los generales Cabanellas, Sanjurjo,
Berenguer y Tuero.
-Cada uno con su apoyo sanitario correspondiente.
Con su permiso, mi general...
Aunque las fuerzas de la compañía mixta de sanidad
se hayan visto mermadas notablemente por los sucesos de julio,
hemos mantenido, no sin esfuerzo...
Hemos mantenido el nivel de atención sanitaria
por encima incluso de los mínimos deseables,
evitando así las epidemias que la masacre
amenazaba con extender.
-Con su permiso, mi general. -Adelante.
-Perdón, mi coronel. Llamada urgente del Hospital de la Cruz Roja.
Su esposa. La duquesa no le deja salir del hospital.
-Con su permiso, mi general.
Ya sé que no te lo creerás, Vicente, pero no nos dejan salir.
Nada, nosotras no hemos hecho nada, ¿qué vamos a hacer nosotras?
-Esta tarde tengo visita. No puedo faltar de casa.
-Vamos a ver cómo te lo cuento...
Ha entrado un niño con fiebres; bueno, un morito,
y casi nos contagia a todas. -Pero ¿qué clase de fiebres?
¿Os lo han dicho? -Meningitis.
"¿Cómo nos vamos a quedar aquí? ¿Y si el morito empeora?".
-Manuela, por favor, cálmate. ¿Está con vosotras el jefe médico?
-"Sí". -Dile que quiero hablar con él.
-Fidel. Que quiere hablar contigo.
-A la orden, coronel.
Sí, tuvimos que activar el protocolo obligado
para evitar contagios.
Todos podemos ser portadores ahora mismo, señor.
-Pero ¿cómo ha permitido el ingreso del niño?
¿Sabían que estaba infectado? -No, no, señor.
Sabían que llevaba varios días incubando algo,
"pero no lo habían comunicado". -¿Y cómo de grave es la meningitis?
-No estamos seguros, por eso, no deberíamos correr riesgos.
Ya sabe que, si por mí fuera,
permitiría que su esposa se marchase ahora mismo.
Señor, si queremos evitar una epidemia,
no tenemos más remedio.
-Capitán, ¿quiere pasarme con mi esposa de nuevo, por favor?
-Vicente, nos manda a recogernos, ¿no?
-No, no, no, Manuela. El capitán tiene razón. Escúchame.
Haced todo lo que se os diga, ¿me oyes?
-Pero vamos a ver, Vicente... -¿Le dijiste que tengo visita?
-¡Vicente! -Todo lo que se os diga. ¡Todo!
-Ha colgado.
Somarriba.
-Coronel.
-Envíe una patrulla que proteja el hospital
y que no permita que entre ni salga nadie del recinto.
Y encárguese también, por favor, de que les envíen víveres,
medicinas... En fin, lo que necesiten
durante el tiempo que dure el aislamiento.
-A sus órdenes, coronel.
(FIDEL) Bien. Tenemos que mantener al niño aislado.
Cuidado quien se encargue de él. Toda precaución es poca.
Revisamos a todos los enfermos que tengan fiebres altas,
tengan el diagnóstico que tengan. -Los exploramos uno por uno.
-Sí, y si aparece rigidez en la nuca,
ya sabéis, punción diagnóstica
y analizamos el líquido cefalorraquídeo.
-¿Y si no la tienen, pero cursan vómitos,
dolor de cabeza o postración, punción?
-Sí, ante cualquier sospecha.
En casos avanzados, aparecen las flores de la muerte,
que son pequeñas manchas en todo el cuerpo.
Mucho cuidado con los enfermos.
No queremos que cunda el pánico, ¿de acuerdo?
Vale. No nos pueden ver preocupados.
-Voy a repasar las fichas y ver a quién le subió la fiebre.
Muy bien.
Ahmed, estás en el hospital.
Te vamos a cuidar.
(EN SU LENGUA) Tienes suerte.
Te va a cuidar la enfermera más guapa de todo el hospital.
¿Qué le has dicho?
¡Atención todos!
¡Teniente Molina, primera bandera del tercio!
Traigo el relevo.
-Sin novedad en el puesto, mi teniente.
¿Traen agua?
-¿Quién está al mando, soldado? -Pues creo que yo, mi teniente.
El sargento cayó ayer y el cabo...
-¡Fuego a discreción! ¡Al blocao!
¡Vamos, todos al blocao!
Pues esta va a ser nuestra casa, soldados.
¿Alguna queja?
Malas noticias. El blocao de Nador está a punto de caer.
-El teniente Molina pide socorro. Perdió a la mitad de sus hombres.
-Mi general, habría que mandar a una unidad de refuerzo.
Si cae el blocao, habrá que retrasar el desquite
con todo lo que eso supone. -Sería una misión suicida.
Los rifeños han cortado las vías de acceso.
-Con todos los respetos, mi general,
solicito ser enviado a una unidad de combate.
-Pero, teniente, si acaba usted de llegar.
Por cierto, he propuesto su ascenso a capitán
por méritos de guerra. Enhorabuena. -Enhorabuena.
-Agradecido, señor. Reitero mi petición.
Quiero volver al frente. Sé que puedo...
-Usted está destinado aquí, en comandancia.
También se sirve a la patria desde los despachos.
No hay más que hablar, teniente.
-Teniente,
acabo de enviar una patrulla al Hospital de la Cruz Roja.
Su prometida se encuentra allí, ¿no?
-Sí. -Hay un brote de meningitis.
El hospital está en aislamiento hasta nueva orden.
Enhorabuena por la propuesta. -Gracias.
Ahí no va a encontrar la respuesta, Pilar, sea cual sea la pregunta.
Venga, queda mucha tarea por hacer.
Llevaremos la mascarilla siempre al cuello
y la subiremos siempre que tengamos que atender
a un enfermo, ¿de acuerdo?
Seamos muy estrictas en esto, por favor.
¿Al final van a dormir aquí las damas de Melilla?
Bueno, ¿qué remedio? Nos las repartiremos como podamos.
Julia, ¿Andrés sabe algo de todo esto?
Le habrán avisado en comandancia. De todas maneras, quiero hablar
con la señora duquesa para ver si puedo hablar con él por teléfono.
Me ha dicho que quiere volver al frente.
¿Tan pronto? Sí.
Y yo no quiero volver a separarme de él.
Te daremos fuerzas, Julia.
Para eso estamos aquí juntas, para darnos fuerzas
las unas a las otras.
Cuando llegué aquí, me dijeron que había muerto.
Traté de aceptarlo.
Y pensé que mi vida podía ser distinta.
Incluso con otra persona.
¿Con otra persona en general o te refieres a...?
Es normal.
¿Tú crees? Claro.
A todas nos ha pasado, ¿no?
Ya.
Pero es que no quiero que me vuelva a pasar cuando Andrés se vaya.
-¡Magdalena, el niño! Le ha subido la fiebre.
-Vamos.
¿A ver?
Le sigue subiendo la fiebre.
No sé qué vamos a hacer.
¿Aviso al médico?
No podemos dejar que se muera, Larbi. No podemos.
Román.
¡Luis!
¡Román!
No tiene pulso. -No, no, no, no.
Nada. Está muerto.
-Esto es demasiado raro, Luis.
Primero chantajea a tu mujer, luego tú lo amenazas,
aparece herido en este hospital, ¿y ahora está muerto?
-¿Qué estás insinuando?
¿Que mi mujer lo trajo moribundo y yo lo rematé, es eso?
Te estás envenenando, Pilar, día tras día,
y nos quieres envenenar a todos. -Yo no enveneno a nadie,
Luis, solo expongo los hechos. Es demasiado raro...
-El día que me encontré contigo me llevé una alegría.
Me dije: "Una carambola del destino volvernos a ver".
Bueno, pues ojalá no nos hubiéramos vuelto a encontrar, Pilar.
¿Qué quieres de mí? ¿A qué viniste, a amargarme la vida?
-Estoy preocupada por ti. -Pues no te preocupes más por mí.
No quiero volver a hablar contigo.
Olvídate de mí.
A sus órdenes, mi teniente. No se puede pasar.
-Mi prometida es una de las damas enfermeras del hospital.
-Señor, las órdenes...
-No voy a entrar, pero quiero hablar con ella.
¿No me ha oído, cabo?
Fidel necesita los tubos de ensayo para las punciones.
Sí, sí, sí. Termino de colocar todo y te los doy.
Aquí tengo que acostumbrarme a llamarle doctor Calderón.
Se me hace raro.
¿Tú cómo le llamas? Doctor.
Tiene mucho mérito lo que hacéis aquí.
Todo el día viendo sangre, dolores y gente sufriendo.
Yo no sé si aguantaré esto, ¿eh?
Eso mismo pensaba yo cuando llegué aquí.
¿Vas a acompañar a tu hermano? Me han dicho que lo trasladan
al hospital de Málaga. No, no puedo.
Hay mucho trabajo que hacer. No puedo ir.
Yo iría con él.
Después de todo lo que ha pasado, no sería capaz de dejarlo solo.
¿Lo sabe tu madre? Le está escribiendo una carta.
Poner un telegrama es muy complicado.
Cloruro de mercurio y azúcar en polvo...
Pues si te quedas, estarás aquí para nuestra boda.
Supongo.
Aún no tenemos fecha, pero yo quiero que sea lo antes posible.
Al fin y al cabo, contamos con la bendición de la reina.
Fue precioso, ¿verdad? Ya está. Listo.
Toma, ¿te encargas tú de llevarlo? Sí.
¿No vas a darme la enhorabuena?
Claro que sí.
Que seáis muy felices, Susana.
Julia, preguntan por ti. Te esperan en la puerta.
Gracias.
(ANDRÉS) Julia. Julia, ¿cómo estás?
Bien. Bueno, cansada. Todas estamos muy cansadas.
Pero todavía no sabemos cuándo podremos salir de aquí.
En comandancia dicen que hay una epidemia. ¿es cierto?
¿Estás bien?
Dime la verdad, Julia. ¿Te ha pasado algo?
Tranquilo, estoy bien. Estoy bien.
Estamos intentando controlar el brote.
Ya...
Traigo una noticia que seguro que te anima.
La licencia para Pedro, la he conseguido,
la baja definitiva. ¡Gracias a Dios!
He pedido al general Ibarra que...
Que me deje volver al frente.
Me ha dicho que no.
Pero quiero que sepas que voy a seguir intentándolo.
Todavía no sé qué voy a hacer.
Quizás me apunte al tercio. No lo sé.
¿No dices nada?
Ya sabes que no quiero que vayas.
Pero no tengo ningún derecho a pedirte que dejes tu carrera.
Te quiero.
Siempre estaré muy orgullosa de ti.
Te dejo aquí la licencia para que se la des a tu hermano, ¿vale?
Prométeme que te vas a cuidar.
Te lo prometo.
Extienda los dedos índice y medio
y colóquelos en esta zona de la muñeca.
-¿Yo? -Ajá.
Presione levemente
y trate de sentir los latidos.
¿Siente? -Sí.
Sí, sí, sí.
-Cuente cuántos latidos siente en un minuto.
Ya.
-Uno, dos, tres, cuatro... -Para usted, Manuela.
(CUENTA EN VOZ BAJA)
Doctor, se requiere su presencia en infecciosos.
Hay un enfermo que está muy mal, pero muy mal.
Ya no sé cuántos llevaba. Me he perdido.
Me has distraído, Magdalena, por favor.
-Bueno, continúen practicando entre ustedes. Tome, Manuela.
Ahora vuelvo.
-A ver, déjame a mí, a ver...
-Aquí.
Aquí.
Sí, doctor, Ahmed sigue con fiebre.
Le doblo la nuca cada poco y creo que la tiene bien,
pero no sé qué pensar.
(FIDEL) Hola.
-¡Fidel!
-Susana, ¿qué haces aquí? Espera fuera, por favor.
-¿Por qué? Si voy a ser enfermera.
-Porque es peligroso.
-Y nos vamos a contagiar todos, ¿verdad?
Vamos a ir cayendo uno detrás de otro, ¿a que sí?
-Baja la voz. Están enfermos.
¿Tú quieres ser enfermera? Bueno, pues tranquilízate.
(SUSANA) ¡Magdalena! -¡Susana, por favor!
-Un momento.
¿Puedo hablar contigo? Sí, claro.
¿Es que no ves qué está pasando?
Son ellos quienes trajeron las fiebres.
¿Ellos? ¿Quiénes son ellos? Tú viniste aquí para cuidar
a nuestros soldados, no para coger enfermedades
de esa gente. Pero ¿qué estás diciendo, Susana?
A ver, Magdalena, ¿tú no sabes cómo viven?
¿Cómo no van a coger algún bicho si no tienen agua en sus casas?
¿Sabes cómo son algunos barrios? Claro que lo sé. Estuve en su casa.
Pero ¿qué dices?
¿Que has estado en casa de ese...? ¿Moro?
Dilo de una vez.
¡Moro! ¡Moro!
Te está oyendo. Claro, ¿y qué?
¿Qué si me oye?
¡Ya está bien, Susana, de verdad! Trabaja aquí como yo,
y yo estoy aquí para cuidar a enfermos:
generales, soldados, moros o de donde sea que hayan nacido,
me da igual, porque soy una dama enfermera.
¿No has visto esta cruz, Susana? -Magdalena, por favor.
Vamos a tranquilizarnos.
Llevamos muchas horas aquí y estamos nerviosos, ¿eh?
(FIDEL) Ven conmigo, Susana.
¿Está confirmada la causa de la muerte?
"Sí".
Hágame llegar el informe de la autopsia
y los resultados de la punción y de los análisis, si los hay.
¿Ya no se fía de mi palabra, coronel?
No, no es eso, señora, no es eso, aunque debo reconocer
que no me queda más remedio que confiar en usted.
"Espero que se dé cuenta de la gravedad de la situación".
Créame, aquí dentro no se nos puede olvidar.
Tenemos que tener mucho cuidado al preparar el cadáver
para la evacuación.
Si el brote llega a extenderse, no sé bien qué podríamos hacer.
Pues seguir trabajando, como hasta ahora,
para ganarle la batalla a la enfermedad.
Y,.. señora, ¿mi...?
¿Mi mujer y mi hija se encuentran bien?
Están bien, coronel. Resistiendo como todos.
Si notase el menor de los síntomas, yo...
"Le mantendré informado inmediatamente".
"No se preocupe". Gracias.
Espero que todo esto pase pronto y podamos olvidarlo.
Ojalá. Ojalá.
Adiós. Adiós, coronel.
(DÁMASO) Descanse, cabo.
Traigo suministros para los de dentro.
Voy a necesitar ayuda.
-Soldados, descarguen el camión.
-Cuidado con eso, van seis docenas de huevos.
(PILAR) Adelante.
La comida, a la cocina.
Fernanda, los paquetes de ropa, al dormitorio.
Mira a ver para quién es cada cosa. ¡Cuidado con eso, por favor!
Es material médico. Por favor.
Pinillos, tarde, llega tarde. Póngalo en la mesa, por favor.
Las verduras, venga, al fregadero, que las vea yo.
¡Menuda birria! A ver qué hago ahora yo con esto. Déjelo ahí, por favor.
¿Padre?
Pero ¿qué hace usted aquí? -¡Calla, que te van a oír!
¿Cómo estás? -Muerta de miedo. ¿Cómo voy a estar?
-Deja eso, que te vienes conmigo. -No, padre.
-No puedes seguir aquí en tu estado. Y si enfermas, ¿qué?
-Si enfermo, prefiero estar donde los médicos.
-Acabo de ver cómo se llevaban a un fiambre.
Seguir aquí es un peligro. -¡Dámaso!
No sé cómo demonios consiguió entrar, pero ya no podrá salir.
No estamos aquí aislados por capricho, ¿entiende?
-Solo se le ocurre a usted.
Mira que venir a meterse en la boca del lobo...
-¿Ya le has contado que Román ha muerto?
-Se fue como un pajarito.
Sin decir ni pío.
-¿Quién lo trajo aquí?
¡Vamos! ¿Quién?
¿Fue usted, Dámaso?
-Hija, tienes mucho que hacer.
Lo de Román fue un accidente.
Nadie quería hacerle daño. Él solito se lo buscó.
Se presentó en la cantina pidiéndome más dinero a punta de navaja.
Yo me negué y se puso como hidra.
Se me echó encima. Le juro que me asusté.
¿No me cree?
-Si me lo pregunta, ya no sé qué pensar.
-Cuando le traje al hospital, todavía respiraba.
Si hubiera querido que muriera, ¿para qué lo iba a traer?
-Para que nadie le acusara de su muerte, por ejemplo.
-Hágalo usted si quiere, mi teniente, hágalo usted.
Vaya a comandancia y dígales lo que le acabo de contar.
¿Volverá a la vida a ese infeliz? Porque es lo que era, un infeliz.
-Yo solo quiero saber la verdad.
-Y yo quiero que mi hija Raquel no sea también una infeliz.
Ella no sabe nada de todo esto.
Y usted... no se lo va a contar, ¿verdad?
Va a quedar entre usted y yo.
Vamos a cuidar de ella y de lo que venga...
Entre los dos.
¿No es lo mejor que podemos hacer?
-Quédese aquí con ella.
Como oficial médico, le prohíbo que salga del hospital, ¿está claro?
-Como el agua, mi teniente.
¿Y cómo se lo ha tomado?
(PEDRO) ¡Julia!
¿Has sido tú? ¿Ha sido idea tuya?
¿El qué?
Esto. Baja definitiva.
Firmado por el general Ibarra. Yo no he pedido nada, Julia.
No sé, lo habrá decidido él.
No, no, no, no. Venga, dime que es mentira.
Venga, mírame a la cara, dime que ni tú ni Andrés
tenéis nada que ver con esto. ¿Qué?
Él no quería. Tuve que convencerle yo.
Si quieres echarle la culpa a alguien, échamela a mí.
Deja de tratarme como a un niño.
Voy a salir de aquí, ¿te enteras?
Voy a ir ahora mismo a comandancia a alistarme para la campaña.
¡Pedro! ¡Pedro!
¡Dejadme salir!
¡Abra la puerta, tengo que salir!
Pedro, no te van a dejar salir de aquí.
¿Qué le vas a decir a madre en tu carta,
que te vas a volver a ir?
¿Y qué se supone que le tengo que decir yo,
que no hay noticias tuyas, que no sé dónde estás,
y ni siquiera sé si estás vivo o muerto?
¿Eso quieres que le diga?
O sea, que tengo que daros las gracias.
Eso es lo único que puedo hacer, ¿verdad?
Muchas gracias.
Vamos, alférez, la cabeza bien alta.
Ha dado a la patria mucho más de lo que le exigían.
¿Va a ponerse triste ahora, justo después de la operación?
No, hombre.
-¿Usted sabe dónde puede estar Verónica?
-Deberíamos celebrarlo, ¿eh?
Ayer vi unas botellas de jerez en la cocina...
¿Hacemos una excursión?
¿Para qué quieres saber dónde está Verónica? A ver.
-No me hace ni caso desde que empecé a curarme.
¿Por qué?
-Por qué, por qué, por qué... ¡Tanto por qué!
Si supiéramos todos las respuestas, el mundo sería aburridísimo.
-Tiene novio. ¿Es eso?
-Depende. Puede que sí, puede que no.
-Pero ¿usted lo sabe o no lo sabe?
-A ver cómo se lo explico, alférez, a ver cómo se lo explico...
Verónica se pasa todo el día conmigo, pero no me hace ni caso.
Con usted no quiere estar, así que blanco y en botella...
Mire, Pedro,
a Verónica le gusta usted,
y creo que le gusta tanto que...
Que se asusta con solo pensarlo.
Perdón, ¿ha visto a Verónica?
-¿Qué haces? -Chist.
¿No te das cuenta?
No ver nada.
Fiarte solo de lo que oyes o de lo que te imaginas.
Así me sentía yo antes.
-Pedro, tengo que trabajar. -Oh, trabajar, trabajar...
La gente dice que eres seria... y desconfiada.
-¿Quién?
-Da igual. Yo he visto más cosas.
-Pedro,
enseguida te van a volver a enviar al frente, como a todos.
Lo he visto tantas veces ya...
Llegan soldados heridos, los curamos,
los devuelven otra vez a la guerra
y luego... Y luego ves sus nombres en las listas de bajas.
-Por eso puedes estar tranquila.
Ya no soy militar.
Me han licenciado.
-Pero eso es buena noticia, ¿no?
-Eso quiere decir que... que me voy a ir,
y que no volverás a verme, nunca más.
-No deberías haber hecho eso. -¿El qué?
¿Esto?
-¡Pedro! -¿Qué pasa?
-Pues que puedes estar contagiado,
o yo, yo puedo estar contagiada y...
Y... Y ahora tengo que seguir trabajando.
Por favor, vete. -Vale, vale.
Me voy a la cama.
-¡Vamos!
-Yo sí que estoy contagiado.
Aquí tienen la sopa, que se la he hecho yo con todo mi cariño.
Ya verán, ya, cómo les entona al cuerpo.
-Muchas gracias. Seguro que sí.
-Bueno, yo me voy a seguir con la tarea,
que se ve que tenemos muchos inquilinos.
-Esta sopa no huele a nada. -Mejor.
Cuantas menos cosas le echen, más seguras estamos.
¿Y esto qué es?
Esto no es mío.
Ahora tendremos que ir preguntando cama por cama a todas.
-Peor que la inclusa.
Como los huerfanitos del hospicio nos tienen.
(MANUELA) Yo, de verdad, miro las sábanas,
miro los cubiertos, las tazas...
Y me pregunto: "¿Quién lo habrá tocado antes?".
(ROSARIO) Con las sábanas no me atrevo.
Seguro que están llenas de chinches o algo peor.
-Ay, no me digas eso.
-Se quejen o no se quejen, vamos a estar aquí algunas noches.
-Eso, tú ahí, animando.
-Nos tratan lo mejor que pueden.
Nos han dejado su dormitorio para nosotras, nos han hecho la cena.
-Susana, ¿qué quieres que te diga, que estoy feliz de estar aquí?
Pues no lo estoy.
-Os apuntasteis al curso para ser enfermeras, ¿no?
Bueno, pues esta es la vida que tiene una enfermera.
-Susana, ¿adónde vas?
Está que no está.
Aplica una bolsa de hielo cada hora y compruebe la temperatura.
Este soldado tenía muy mal aspecto. No creo que llegue a mañana.
¿Quiere descansar, Julia? No, no, estoy bien.
Muchas gracias.
Julia, ¿le pasa algo? Es por mi hermano.
Se ha enfadado conmigo por lo de su licencia.
Yo sé que no es un niño, pero... ¿Pero?
Pero nada. Disculpe, doctor, no debería contarle todo esto.
Hay mucho trabajo por hacer.
De hecho, lo he estado pensando y...
creo que es mejor que no siga ayudándole.
Le agradezco mucho todo lo que me ha enseñado en este tiempo,
de verdad, pero ahora usted
tiene nuevas alumnas y yo podré encontrar otro mentor.
¿Otro mentor?
Bueno, no será tan bueno como usted.
No la entiendo, la verdad, no sé qué quiere.
Nada, no quiero nada.
No es por ti, Fidel,
es por mí.
Tengo miedo de...
De ser yo la que te bese esta vez.
Me han pasado tantas cosas últimamente
y tú has estado a mi lado en todas ellas.
Susana.
¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás descansando?
Íbamos a pasar consulta. -Solo seré dama auxiliar,
pero se supone que también voy a estar con enfermos.
Si ella puede, yo puedo.
-Susana, ahí adentro hay enfermos que están a punto de morir,
y Julia tiene más experiencia.
Julia, puede descansar. Susana me acompañará.
Muy bien.
Buenas noches, doctor.
¿Qué tengo que hacer, doctor?
"No sé cuándo llegará esta carta, madre. Estamos encerrados.
Llevamos días sin salir del hospital.
Médicos y enfermeras se pelean con la fiebre.
No duermen, no descansan...
Espero que no caigan ellos enfermos también.
Cada vez que preguntamos, dicen lo mismo,
que hay que esperar, esperar,
y rezar para que la enfermedad no sea tan grave como parece.
Pero cada muerte nos obliga a seguir encerrados,
esperando.
Es una batalla donde no hay disparos,
bombas ni trincheras,
que no se ve ni se oye,
por eso es la más peligrosa de las batallas.
Y mientras estamos encerrados, los soldados se preparan
para entrar en Nador.
Llega el desquite.
He conocido a una chica.
Se llama Verónica".
¡Ay!
Ahmed...
Pequeño, buenos días. ¿Cómo estás hoy?
(EN SU LENGUA) Me gusta tu pelo.
No te entiendo.
¡Uy!
Pero si... Espera un momento.
Ahmed...
Pero ¡si no tienes fiebre!
¡Ya no tienes fiebre! ¡Doctor!
¡Doctor Calderón!
¡Por favor! Ahmed no tiene fiebre.
¡Ahmed!
Hola.
¿Cómo estás, Ahmed?
Bien, veamos.
Bien.
(EN OTRA LENGUA) ¿Estás bien?
(EN SU LENGUA) Estoy bien.
-Buen trabajo, Magdalena.
Comprobaremos el resto de pacientes minuciosamente,
y si no tienen ningún síntoma,
pediré a la duquesa volver a abrir el hospital.
¿En serio? ¿De verdad?
¡Ay, doctor!
Tranquilos, ha pasado el peligro.
Tranquilos.
Ay, qué maravilla.
¿Hueles el mar?
Ya podemos salir, y ustedes entrar; bueno, si quieren, claro.
¿No es maravilloso?
A trabajar. Vamos.
Pero es que... ¡Vamos!
Manuela, ¿tú estás bien?
Pero ¿bien, bien, del todo? -Mira, no lo sé.
Cuando llegue a mi casa, ya lo pensaré.
-Yo es que no estoy muy católica, ¿eh?
No sé si es el colchón, pero tengo un dolor...
-Rosario, ni una palabra o jamás saldremos de aquí.
¿Entendido? Vamos.
-Ay. ¿Preparadas para salir?
¿Cómo os encontráis? -Perfectamente. ¿Verdad, Rosario?
-Sí, sí, sí. -¿Sí? Pues vámonos a casa.
Ya pasó, ya pasó, ya pasó.
Ya pasó.
Rosario, ¿cómo estás? -Vicente, por favor,
llévanos a casa, no sea que se arrepientan
y cierren otra vez la puerta. -Subid al coche.
-Padre. -Hija.
-¿Nos ha echado de menos? -Y todavía tienes fuerza
para abrazar. -Vámonos ya, por Dios bendito.
-Capitán. -Señor.
Bien, pues descansa todo lo que puedas
y repón fuerzas. Lo has hecho muy bien.
-Ya soy dama auxiliar.
Me voy a venir mañana y casi todos los días.
Vamos a estar mucho tiempo juntos.
No sé a cuál de los dos le queda mejor el uniforme.
A cuál de los tres querrás decir.
-Eh, no llores.
No, no lloro. Eso es lo que querías, ¿no?
¿Sabes algo de tu amigo? ¿Sigue en el blocao?
-Sí. Sí, están pidiendo voluntarios para subir a defenderlo.
Se están apuntando muchos.
Pronto espero estar ahí.
-Echaremos a esos rebeldes de allí, y de todo el Rif, ya lo verás.
-No lo dudes.
-No, no, no me acompañes, de verdad.
Me esperan en media hora en comandancia.
Bueno. ¿Llevas la carta para madre? Aquí está.
En cuanto llegue a Málaga, la echo.
-Cuídate, Pedro.
¡Pedro!
-Cuando acabe esta guerra, volveré a por ti.
-Ya.
¿Y si la guerra no acaba nunca?
Quiero que tengas esto.
(PEDRO) "Nadie va a escuchar nuestras quejas,
nadie quiere oír hablar de la derrota.
Cada uno sabe cuál es su puesto.
Ya no es momento para tormentas. Ya no hay tiempo para más".
-¡Soldados!
¿Voluntarios para defender el blocao?
¿Estáis listos, valientes?
¡Vamos!
¡Vamos, valientes! ¡Vamos!
(PEDRO) "Porque lo están esperando todo de nosotros
y no podemos tener miedo.
Ha llegado la hora de la verdad".
Cuando acabes, le tomas la tensión. Muy bien.
(Golpe)
¿Magdalena?
Magdalena, ¿estás bien? (PILAR) ¿Magdalena?
¿Qué te pasa? Nada, nada.
¿Estás bien?
(CORONEL) "El alférez Pedro Ballester
no se ha presentado en el hospital".
-¿Cómo que no se ha presentado?
-Varios soldados han confirmado que ayer vieron a un alférez
"subir a un camión de voluntarios".
"Tiene mucha fiebre y acaba de vomitar".
¿Se ha contagiado? -Aún no sabemos.
(CORONEL) El general Ibarra ha accedido a mis peticiones.
Irá a primera línea a atender las bajas
de las posiciones avanzadas.
Si me piden que vaya, iré, exactamente igual que harías tú.
Él tiene la culpa de lo que ha pasado.
Ella es mi amiga. No lo es.
Pertenecéis a mundos distintos, no se puede cambiar.
Quiero ir al hospital de campaña. ¿Quieres venir a primera línea?
¿Cuándo nos vamos?
¿Solo van tres enfermeras y una tiene que ser mi prometida?
-Me hubiese encantado que la hubiera visto
trabajando como enfermera. -¡No es enfermera!
(ANDRÉS) ¿Quieres que estemos juntos?
Si ha cambiado algo, dímelo. Es el momento.
Me tengo que ir. ¿Lo entiendes?
(Disparos)
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.