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Julia! Qué ha pasado?
Han tomado Zeluán. Pilar y Luis iban hacia allí.
No sabemos nada de ellos.
(GRITA) Qué vamos a hacer?
-Prepárate para correr.
Vamos!
Andrés quería que le olvidaras, me pidió que te lo dijera.
Tienes que olvidarlo, Julia.
Hay que salir de aquí, hay que encontrar la manera.
-Parece que uno ya la ha encontrado. -Comandante. Comandante! Eh!
Nunca ha visto rezar a un musulmán? Larbi.
Cómo? Así es como me llamo.
Y usted es Magdalena.
Tu padre y tu hermano Miguel
me prohibieron que me casara contigo.
-Llevo ocho años odiándote.
Estáis bien? No os ha pasado nada?
Avisad a los camilleros y al doctor Calderón,
traemos a un herido.
Trajeron al jefe de tu regimiento, al comandante.
Andrés está muerto por su culpa, te juro que vengaré su muerte,
te juro que voy a vengarla.
Hijo de puta.
Nos querías entregar, traidor.
-Qué hace? Pare, pare!
-Ese hombre dice la verdad, quiso entregarnos al enemigo.
-Que manden un coche y se los lleven al calabozo.
Por qué? Por rebelión.
No hicieron nada. Por rebelión.
No dejaré que te pase nada.
Nos lo entregan para que se recupere,
y qué es lo que pasa?
Luis! Amor mío, pensaba que iba a nacer sin padre.
-Es mi mujer.
Si pudiera, le ayudaría.
Sabe lo que pensé de usted la primera vez que le vi?
Que era un soberbio.
Miguel!
Parece que todo el mundo tiene prisa por que nos casemos menos tú.
Es que ya no me quieres?
Quiero sacar a una persona de Melilla. Puedo pagarle.
No tener más, señorita. Suélteme.
Yo quiero esto. No, el anillo no.
Suélteme! Sáquelo.
Siente un zumbido en los oídos, sensación de vértigo?
Prométame que guardará silencio. Prométame que se hará pruebas.
He dicho que no.
Hay un enfermo que no se encuentra bien.
Y si metemos al cadáver en la cama de mi hermano
y es a mi hermano al que llevamos en la ambulancia?
No, no, no, no.
Pedro, soy yo.
Hola.
Es lo único que me queda.
Vayan. Gracias.
Eh! Baje de ahí.
Es inocente, es la única forma de salvarlo.
Sabe lo que me pasará si nos descubren?
Alto!
No, no, no, por favor!
(Grito)
Eh, alto ahí!
Pueden pensar que me has ayudado.
No, no! Alto ahí!
No! No! No!
No, no, no, no! Pedro!
Pedro. Pedro.
Enfermera.
Qué ocurrió anoche? Oí unos disparos.
-El alférez Del Bazán.
Lo han detenido cuando intentaba fugarse.
Madre mía, solo espero que estén todos bien.
Que no estén muy mal, porque bien...
Magdalena, cállate.
Buenos días, señora duquesa. -Mi coronel.
Nos ha mandado a llamar. Cómo están?
Ahora los verán. -Dónde están los heridos?
-En el calabozo. Somarriba, acompañe al doctor
y a las enfermeras. -No hace falta.
-Acompáñeles. -Síganme, por favor.
En el calabozo? Es una broma.
Le parece una broma un intento de fuga
en su hospital y con su ambulancia? No,
pero veo que usted ya ha juzgado y dictado sentencia.
Tiene usted un concepto muy particular de la justicia.
Va a tener que dar bastantes explicaciones.
Confío en que sean todas convincentes.
Por favor.
Julia. Julia, estás bien? Gracias a Dios que habéis venido.
Qué te han hecho? No, yo estoy bien.
Le dispararon en la pierna y al caer se dio un golpe en la cabeza.
No debí dejarle salir. Podrían haberles matado a los tres.
Habría salido aunque usted no me hubiese dejado.
Doctor, quédese curando al herido con las enfermeras.
Usted venga conmigo.
Y el conductor de la ambulancia también.
Soldados.
Lo siento. Lo siento.
Tranquila, Julia, va a estar todo bien.
-Ah, ah!
Tranquilo, Pedro. Respira.
-No veo bien, doctor.
No veo. No veo. No veo bien.
-Mire aquí. -Eh?
-Aquí. Aquí. -No...
Así que su hermano ha intentado escapar
y ha llegado hasta el puerto nada menos.
-En una ambulancia del hospital, señor.
Ese dato nos ha quedado claro a todos,
no es necesario que lo repitamos más.
Y con ayuda. Larbi no tiene culpa de nada, señor.
Él pensaba que estaba llevando a un herido
que acababa de fallecer.
De hecho, cuando se dio cuenta, se enfrentó a mi hermano.
Por eso tiene el golpe en la cara.
Es tal y como lo dice la señorita?
Yo soy la única responsable. No estoy hablando con usted.
Si pensaba que transportaba un cadáver,
por qué lo llevó hasta el puerto en lugar de hacerlo a la morgue,
donde le estaban esperando? Porque le obligamos.
Me obligaron, señor.
Así es como agradece la confianza
que el Ejército ha depositado en usted?
Le está diciendo la verdad. Le ordenaron silencio, señorita.
Si va a utilizar ese tono, hasta aquí hemos llegado.
Nadie más que yo está interesada en aclarar este asunto.
Se da cuenta de la gravedad de los hechos?
Una enfermera ayudando a escapar a un detenido.
Es su hermano. Quería que esperase de brazos cruzados
a que lo fusilaran? El alférez atacó a un superior
que además es un héroe de guerra.
Lo que hizo con el comandante Silva no tiene nombre,
ha de pagar por ello.
-Será juzgado por un tribunal militar.
Mientras tanto, permanecerá encerrado en el calabozo,
así como la señorita.
La señorita no está bajo sus órdenes.
No consentiré que la detenga.
Tendrá que responder por lo que ha hecho.
Por supuesto. Ante la reina y ante mí.
Que venga la mismísima reina en persona.
No tengo ningún problema en llamarla.
Pues llámela! Llámela.
Como militar solo obedezco órdenes de mis superiores
y ellos, del Ministerio de la Guerra.
Una dama enfermera no irá al calabozo.
Asegúreme que no volverá a suceder una cosa así.
Nadie puede asegurarle nada, coronel.
El futuro de toda Melilla pende de un hilo.
Nunca debieron venir ustedes aquí.
Nunca.
Lo que acaba de suceder lo demuestra
y será motivo más que suficiente para que las echen de aquí.
Inténtelo. Yo haré lo mismo con usted.
Pero Larbi no tiene culpa de nada. Por qué le despide?
Conseguí que no lo llevaran preso, le parece poco?
Julia.
Cómo está mi hermano?
La herida en la cabeza le ha producido pérdida de visión.
Y eso qué quiere decir? Se puede quedar ciego?
Aún es pronto para saberlo,
pero haré todo lo posible para evitarlo.
Usted debería descansar un poco, no cree?
A mi despacho inmediatamente.
(SISEA)
Qué? Qué ha pasado? Las mandarán de vuelta a la Península?
-No lo sé.
-Pues espero que no.
Estoy hablando como médico, que quede claro.
-"Excusatio non petita"...
-Chicos, yo permití que sacaran a su hermano.
(HABLA EN OTRO IDIOMA)
-Nada, que últimamente te has tomado muchas molestias por ella.
-Por quién?
-Vamos, Fidel, que nos conocemos desde hace mucho tiempo
y esto no es la facultad.
La dama enfermera.
Que aquí nadie está diciendo que no sea guapa.
-Claro que es guapa.
Y tiene talento también, que es importante en nuestro oficio.
-Es peor de lo que pensaba.
-A ver, casanova, te recuerdo que tengo novia
y se llama Susana. -Y la quieres mucho
y eres un hombre muy fiel.
-Al final será verdad que me conoces y todo.
-Pero todavía no le has puesto un anillo
a pesar de que ella lo está deseando.
-Luis, no confundas lo que te pasa a ti con Pilar
con lo que me pasa a mí.
-Hala, "carallo".
-Pues sí, puede que sea eso, puede que esté confundido,
pero precisamente por eso permíteme que te dé un consejo.
Piénsate muy bien lo que haces porque puede que dentro de poco
te veas casado con una mujer a la que quieres mucho, sí,
pero a la que no amas.
Y un día te sorprendes a ti mismo intentando ser fiel y leal
y no convertirte en un traidor al que ni siquiera respetarías.
-Dios le da pan a quien no tiene dientes.
-Guillermo, necesito tu opinión.
-Mi opinión? -Sí.
Profesional, digo. -Ah, profesional, claro.
Cómo no, para eso estoy yo. A ver, dispara.
Por lo que a mí respecta, usted nunca subió a ese tren.
No es enfermera, ni siquiera está diplomada;
por lo tanto, no veo motivo alguno para que continúe en este hospital.
Pero si no estoy en el hospital,
el coronel me expulsará de la ciudad y mi hermana no podrá...
Su hermano permanecerá en el calabozo
hasta que llegue el juicio.
Señora duquesa, por favor,
permítame que les devuelva todo lo que han hecho por mí.
Déjeme que cumpla mi promesa.
En este hospital hay mucho que hacer, señora duquesa.
De verdad aún tiene algo más que decir?
No le negaré cama y comida el tiempo que siga aquí,
pero quítese ese uniforme ahora.
Y ustedes...
Pónganse a trabajar.
Lo siento.
No sé qué decir.
Mejor no digas nada.
Un trago?
Creo que aún queda algo en la petaca.
A lo mejor hoy es el día de emborracharnos de verdad.
Bueno, me voy a trabajar.
Sé que la duquesa solo piensa que vine aquí por mi hermano
y por Andrés,
pero no es así.
Yo quería ser enfermera
antes de que pasara todo esto.
Quería ser enfermera.
Y ahora os he complicado la vida a vosotras,
se la he complicado a mi hermano
y han echado a Larbi por mi culpa. No, lo de Larbi fue mi culpa.
Yo le convencí de que te ayudase.
Tengo que hablar con él. Tengo que pedirle perdón.
Adónde vas?
No digas nada, que no se entere la duquesa ni tampoco Pilar.
Magdalena, ten cuidado. Sí.
(Tumulto)
Ay.
Uy, perdón. Lo siento.
(HABLA EN ÁRABE)
No entiendo. (HABLA EN ÁRABE)
No quiero comprar. De verdad, solo estaba mirando.
Muchas gracias, pero solo miraba.
Ah, española. Sí.
Pero no. (HABLA EN ÁRABE)
De verdad, se lo agradezco, pero de verdad que no.
No sonría. Si sonríe, cree que quieren comprar.
Me espera un momento?
(HABLAN EN ÁRABE)
Regalo. No tenía por qué.
"Shukran".
Va mejorando con mi idioma.
He tenido un buen profesor.
Mujeres solas aquí no.
Las mujeres no van solas.
En España mujeres solas? No, en España tampoco vamos solas.
Bueno, solo a misa.
Usted atrevida.
Qué hacía por aquí? Estaba buscando su casa.
Me dijeron que vivía por aquí. Sí, vivo aquí cerca.
Pero me buscaba a mí?
Quería hablar con usted.
Siento mucho lo que ha pasado.
Sería muy honrado
si usted aceptara venir a mi casa.
Puedo ofrecerle un té marroquí.
Tajín.
Es como olla donde se asa cordero.
Huele bien.
Es bonita su casa.
Aquí vivo con mi madre y con mi primo Abdallah.
Ahora está en la escuela.
Es importante estudiar
para encontrar buen trabajo cuando sea mayor.
En las casas humildes no tenemos muchas cosas.
Seguro muy distinto a la suya.
No?
Siéntese, por favor.
Um...
Quema un poco,
pero sabe bien.
Bueno, yo no soy muy de té. No le gusta?
Coja un dulce.
Mi madre los hace. Seguro mejor que té.
Um...
Sabe a mazapán.
Mazapán no ser español,
mazapán ser árabe.
Nos unen muchas cosas, aunque algunos no lo quieran ver.
Lamento lo que ha pasado.
Por mi culpa se ha quedado sin trabajo.
Nadie me obligó, señorita.
Sabía el riesgo.
No es su culpa.
Se llama hiyab.
Ser símbolo de nuestra religión.
Quiere que le enseñe cómo se pone?
Este color sienta bien a su cara.
Lo siento, yo me tengo que ir.
Es tarde y la duquesa no sabe que he salido.
Yo ni siquiera debería haber venido. Lo siento si yo la he molestado.
Es culpa mía. No sé si le di a entender algo que no era,
pero estoy prometida, me voy a casar.
Hombre con suerte.
Lleva muy buena esposa.
Que sea feliz.
(HABLA EN ÁRABE)
Que Alá le bendiga.
Bueno, pues me marcho.
Déjeme que la acompañe, esas calles son muy peligrosas, señorita.
No. Mejor voy sola.
Da igual, de verdad, he venido sola y no ha pasado nada.
Hay mucha gente en la calle. Adiós, Larbi.
Ah!
Hola, señorita.
Es Abdallah, mi primo.
Ella es una de las damas enfermeras del hospital.
Hablaré con la duquesa. Intentaré que le devuelvan el trabajo.
(HABLA EN ÁRABE)
Te han despedido del trabajo, verdad?
Eso es cosa mía.
Yo sabía que iba a pasar.
Nunca me escuchas.
La contusión pudo afectar al nervio óptico,
aunque puede que provocara una hemorragia interna
que lo está oprimiendo.
-Si reabsorbe la hemorragia, recupera la vista.
-Ojalá, porque, si no se reabsorbe, puede ser peligroso.
Puede acabar causando una embolia.
-Y por qué no hacer una incisión y liberar el coágulo?
-Sabes por qué te seguí hasta aquí?
-Porque te aburres sin mí, Guillermo.
-Porque tienes más coraje que yo.
Y que Luis y que todos los médicos que conozco.
-Tú lo llamas coraje y otros locura.
-"Una cosa va con la otra". Que decía mi madre.
Una mujer sabia.
-Quiero que te encargues del alférez.
Si alguien puede devolverle la vista, eres tú.
Y te llevas a Verónica contigo.
-Si me lo pides así, no puedo decir que no.
Aunque yo es raro que diga que no.
Ya sabes que soy más de que me rechacen que rechazar.
-Por cierto, lo mío no es coraje, amigo,
lo mío es saber que a veces no hay nada que perder.
Muy bien.
Si ve al doctor, recuérdenle
que tiene que llevar los análisis al laboratorio.
(Piano)
Perdón. No quería molestar. No, al contrario.
Julia,
le he pedido al doctor San Esteban que se encargue de su hermano.
Es oftalmólogo de formación
y creo que es el mejor para su problema.
Gracias.
No solo por esto, doctor, también por no haberme delatado.
Se podía haber metido en un problema.
Es usted un buen hombre
y su prometida una mujer afortunada.
No, si no estoy prometido.
Bueno, voy a revisar las curas de cirugía,
si quiere usted aprender.
Ya no soy dama enfermera, la duquesa me lo ha prohibido.
De hecho, solo me quedaré en Melilla unos cuantos días más
hasta que se sepa qué sucede con mi hermano.
Menos mal, dónde te has metido?
En la cocina, revisando los menús de la semana.
Ay, Dios, no hay manera de mantener esto limpio.
Magdalena?
Te pasa algo?
Tú, cuando tu marido vivía, qué sentías por él?
Qué iba a sentir?
Que lo quería, que era bueno,
educado, atento.
Ya, pero cuando pensabas en él,
no...
No sentías algo como...?
Cómo un nudo en el estómago
o calor recorriéndote todo el cuerpo?
Bueno, mi marido era... caballero.
Y con Luis, no te pasaba?
Ay, Magdalena, con Luis... No me acuerdo, hace mucho tiempo.
Me parece que estás empezando a echar de menos a Daniel?
No.
Pilar, no.
Daniel y yo nunca... Es decir...
Un beso, lo normal, claro, pero no...
Daniel es muy bueno y educado y atento.
Entonces, cuál es el problema?
Ninguno, no hay ningún problema.
Era simple curiosidad.
Vamos?
Claro.
(HABLAN EN ÁRABE)
De verdad cree que podemos prescindir de una enfermera?
No pienso prescindir de ninguna.
Se refiere usted a Julia Ballester?
Sí, ya sé que no tiene formación... Doctor,
yo me ocupo de las enfermeras, ese era el trato.
Por supuesto, tan solo le sugiero...
El buzón de sugerencias está a la entrada de mi despacho.
Duquesa, nos falta personal, podría darle una oportunidad?
La ha tenido y eligió fugarse engañándonos a todos.
Que valore en su justa medida lo que está perdiendo.
Señorita, las toallas.
Que piense qué es lo que quiere hacer.
Y después ya veremos.
Si me disculpa, tengo tareas pendientes.
Claro.
Pilar, por fin.
Perdón. No te he visto en toda la mañana.
-Será porque yo trato de evitarle.
-No hace falta que seas tan sincera,
con un simple "buenos días" habría bastado.
-No se me da bien disimular. Quería algo, doctor?
-Quería saber cómo estabas.
Después de todo lo que ha pasado, por un momento,
pensé que os iban a enviar de vuelta a casa.
-La duquesa ha dado la cara por nosotras.
-Me hubiera gustado que confiaras en mí,
yo habría podido ayudaros. -Confiar en ti?
-Sí, confiar, confiar.
Hubo un tiempo en que confiabas en mí.
-Exacto, hubo un tiempo. Quería algo más, doctor?
-Podrías, por favor, dejar de hablarme de usted?
-O mejor, podría dejar de hablarte. -Fantástico.
De modo que a partir de ahora va a ser así, no?
Doctor, enfermera... -Eso es lo que somos, no?
O no es eso lo que le has contado a tu mujer?
Tengo cosas que hacer.
Pilar?
-No hablar, peor.
(HABLA EN ÁRABE)
-Pilar?
Pilar, estás bien? -Sí, sí.
Se me han caído unas cosas al suelo, doctor, no entre.
Tranquilo, tranquilo, por favor, tranquilo.
Tranquilo, no entra, no entra.
Luis, que no entres.
Ya está, ya está, ya se fue, ya se fue.
Mira, tengo este anillo, tengo este anillo.
Es muy caro, llévatelo, pero déjeme, por favor, por favor.
No, yo te lo doy. -Sácalo.
Duquesa. Sí.
Duquesa, por favor.
Ocurre algo?
Pilar.
Nos han robado.
Tendría que haberme enfrentado a él.
-Pilar, ese hombre iba armado. -Ya lo sé.
Pero nos ha robado muchas cosas,
a ver ahora cómo atendemos a los heridos.
-Pues habrá que improvisar.
En el frente no teníamos de nada y nos las arreglábamos.
Es cuestión de agudizar el ingenio.
-Agudizar el ingenio, sí. -Esto te va a picar.
-Se puede?
Venía a traerle a doña Pilar un poquito de caldo.
A ver si le entona el cuerpo. -No se preocupe,
si no ha sido nada.
Gracias, doctor.
-No hay de qué.
Pobrecilla. No gana usted para sustos.
-Sí, se ve que no he entrado con buen pie.
-Se ve que no.
A este paso,
voy a tener que empezar a preocuparme por mi marido.
-Cómo dice?
-Que siempre que a usted le pasa algo, él está cerca.
Ya me ha contado que antes estuvieron juntos.
Antes de entrar al almacén, digo.
-Sí, hablando de algún paciente, claro.
Ojalá hubiera entrado con usted en el almacén.
Estoy segura de que se habría enfrentado al ladrón, segura.
Si es que es tan noble.
-Muy noble, sí.
-Cuando me quedé embarazada, todo el mundo se creyó
que iba a desentenderse del niño, a dejarme sola con la tripa.
No, no, nos casamos.
Y sabe lo que hizo?
Convidó a toda mi familia a la boda, a toda.
Bueno, se gastó un dineral.
Si casi le hacía más ilusión a él casarse que a mí.
He tenido suerte.
Mucha.
Y no pienso dejarle escapar.
Si necesita cualquier cosita, estoy en la cocina.
Quién hay?
-Soy Verónica, enfermera del hospital.
Se acuerda de mí?
-Si pudiera verla, seguro que la reconocería.
Mi hermana cómo está?
-Está bien, yo soy el doctor Guillermo San Esteban.
Ahora tranquilícese, por favor.
La enfermera tiene que cambiarle el vendaje de la pierna.
Tranquilo. -Sigue en el hospital?
La han detenido? -Tranquilo, Julia está bien.
-Cuándo volveré a ver, doctor?
-Es normal que le duela, ha sido un golpe muy fuerte.
-Pero cuándo recuperaré la vista?
-Pronto.
Antes incluso de lo que se imagina.
-Eso lo dice para animarme, no?
-No, eso lo digo porque es verdad.
No vamos a venir aquí para contarle un cuento.
-Vale, vale, no se ponga así.
Si la creo, si estoy deseando creerla.
-Tiene usted buena mano, Pedro.
En dos años que llevo trabajando con ella,
aún no he conseguido arrancarle una sonrisa como esa.
-Dígame, doctor, cómo es?
-Muy guapa.
-Qué lástima no haberla conocido antes de encontrarme así.
-Pues nada es imposible.
Hay que tener fe.
Perdón, piense... Doctor.
Perdone, me han dicho que ha ido a ver a mi hermano.
Cómo se encuentra?
Todo lo bien que se puede estar en una celda como esa
y sin poder ver, claro.
Imagínese.
Uy, pero está de un humor.
Ya me gustaría a mí tener ese humor.
Yo estaría llorando por las esquinas todo el día,
pero claro, yo no soy como él.
En ese sentido, claro, yo...
Si me disculpan, tengo que irme.
Simplemente le hemos cambiado el vendaje.
De la vista sigue igual.
Habrá que seguir esperando.
Gracias.
Julia! Julia!
Han entrado a robar. A robar? El qué?
Paquetes de gasas, férulas,
todas las compresas,
algunos tarros de farmacia, medicamentos,
botiquines, jeringas,
estetoscopios, lámparas de vela,
de petróleo,
jarras, pisteros... Se lo han llevado todo.
Casi todo.
Por no hablar de lo que han cogido en nuestros dormitorios.
Nuestras joyas, una cajita que tenía con recuerdos.
La morfina nos alcanza solo para dos o tres días como mucho.
Enviaré un telegrama para que nos manden repuesto
en el próximo barco.
Hasta entonces, aguantemos.
Podríamos pedir a los demás hospitales.
Podríamos recuperarlo en el mercado negro.
Está diciendo usted que paguemos por lo que es nuestro?
Si hacemos esto, les estaremos dando un aliciente
para que mañana mismo vuelvan a robarnos.
Afirmativo, pero la morfina no podemos inventarla.
Les daremos baños fríos.
Hay heridos que no pueden dormir por el dolor y sin morfina
no vamos a poder calmárselo.
Pues tendremos que fabricar nosotras mismas las píldoras
con los compuestos que tengamos y darles mucho ánimo.
Magdalena, hay que llevar a rajatabla el tema de la higiene
y de la limpieza.
Cuando se le acabe la morfina, me va a dar la razón.
Quiere usted ayudar, doctor? Es lo que intento.
Pues hable con sus superiores y dígales que redoblen
las medidas de seguridad; está claro y es evidente
que no merecemos la simpatía de los rifeños.
No sabemos si han sido rifeños, señora duquesa.
Quiero decir, no son todos iguales.
No deberíamos hablar de ellos como si todos estuvieran de acuerdo.
Soy la primera que piensa que no se debe generalizar, querida,
pero Pilar les ha visto la cara y ha dado señas bastante precisas.
Pues debería ir a testificar a comandancia.
Lo hará, lo hará, pero imagino que rifeños con una cicatriz
en la cara en tiempos de guerra habrá más de uno.
Una cicatriz?
Vamos a dejar de hablar de los ladrones y a centrarnos en esto.
Necesitamos urgentemente gasas, vendas y...
Señora duquesa, disculpe.
Sé que no me corresponde meterme en esto,
pero las vendas son telas, no?
Y otra cosa no,
pero en este hospital telas tenemos unas cuantas.
Qué está haciendo aquí?
He venido a recuperar el trabajo.
A lo mejor, si hablo con la duquesa puedo...
Ya, con la duquesa. Pues que tenga suerte.
Perdone.
Molesta por lo del pañuelo? No es por lo del pañuelo.
Bueno, también, pero...
Mire, no sé si ha tenido algo que ver,
pero será mejor que se marche.
Con qué he tenido que ver?
Esta mañana han robado en el hospital! No lo sabía?
No, no sabía nada. Llevarse mucho?
No tenemos vendas ni medicinas.
Hemos estado a punto de cerrar el hospital.
Sin contar con nuestros objetos personales,
los únicos recuerdos que teníamos.
Usted pensaba que haber sido yo?
Pilar vio a tu primo.
Abdallah?
Usted ver a Abdallah?
Yo no, Pilar.
Ella no sabe quién es, pero yo sí.
No creo que haya muchos rifeños con esa cicatriz.
Abdallah!
Abdallah!
Abre la puerta.
(Golpes en la puerta)
Abre la puerta!
Dónde están las medicinas? De qué medicinas me hablas, primo?
Apártate de la puerta.
No me crees porque ha hablado contigo esa señorita, verdad?
Eliges creer a esa española antes que a nosotros?
Eh?
Antes que tu familia?
Larbi.
Escúchame.
Si abres eso no vuelves aquí nunca, me oyes?
Qué has hecho con el resto de las cosas?
Robando solo conseguirás que te llamen ladrón!
Que nos llamen ladrones a todos!
Y tú nos vas a delatar?
En el resto de los hospitales no sobran los medicamentos, duquesa.
Lo sé, pero en cuanto llegue el suministro se lo devolveremos.
Necesitamos urgentemente morfina, cloroformo, fenol.
Llame a la reina y que se lo manden.
Lo hará?
Pero el cargamento no llegará hasta finales de la semana que viene.
-Señor, la situación es realmente crítica.
-Ni el hospital ni yo podemos darle lo que no tenemos.
No tienen medicamentos. No los suficientes
como para compartirlos. Compartieron ustedes
sus suministros con el resto de los centros médicos de Melilla?
Cómo?
Perdóneme.
Perdóneme, no quiero que se tome esto como algo personal.
Ah! Ah, no? Y cómo quiere que me lo tome?
Señora duquesa, están ustedes igual que todos nosotros;
sobreviviendo, nada más.
No tengo otra cosa que añadir.
Señores.
Mi coronel, usted siempre toma las decisiones pensando en lo mejor
para sus hombres, pero esto es personal.
Es personal.
Capitán, le aconsejo que mida sus palabras.
De lo contrario, aténgase a las...
(Teléfono)
Sí? Sí, mi general, está todo listo.
Sí. Solo esperamos su autorización para el juicio sumarísimo
que ha solicitado el comandante Silva.
El nombre del alférez es Pedro Ballester.
Sí, todo listo. En menos de 24 horas.
Sí. Espero, sí, señor.
También tiene algo que decir respecto a esto?
No, señor.
Hola. -No sé qué ha debido pasar dentro,
pero, claramente, no ha sido algo bueno.
-Afirmativo, prefiero no hablar. -Es por el robo?
Me lo ha contado mi madre. -Entre otras cosas, sí.
No tenemos ni vendas para los heridos, pero a tu señor padre
le parece más importante su pelea personal con la duquesa.
De verdad, que prefiero no hablar.
Quieres que haga algo?
No va a servir de nada, ya le conoces.
Me tengo que marchar.
La idea era buena, mi teniente,
pero llevamos horas así y no ha respondido nadie.
Se te ocurre otra cosa mejor?
No voy a rendirme.
-Pues quizá debería asumir que no va a volver a ver
a su prometida y yo que no voy a volver a ver a mi hijo.
Me han visto.
-Qué? -Me han visto, están respondiendo!
-Qué dicen?
-Espera, espera, espera.
Están en el monte Harcha.
-Dígale que estamos prisioneros. -Ah, oh.
-Yo, ya lo hago yo. Lo hago yo, lo hago yo.
(HABLA EN ÁRABE)
-Escóndelo.
(HABLA EN ÁRABE)
Espera, espera! No ha hecho nada, no te lo lleves!
Ah!
Ah.
Quién es ella?
Mi prometida.
Me espera en Madrid.
(Puerta y llaves)
Rápido, por favor, un médico! Rápido, por favor!
-Los rifeños lo han dejado malherido en las puertas de la ciudad.
Síganme.
Sabemos cuánto tiempo lleva inconsciente?
No. Lo único que se sabe es que se lo encontraron vagando
por la ciudad, con delirios.
(Disparos)
Luis.
Qué haces? Hay gente que necesita descansar.
-Estaba desempolvándola.
Nunca se sabe cuándo tendré que utilizarla.
Las cosas se están poniendo feas por aquí.
-Tenemos que hablar. -De hecho,
te sentirías más protegida si aprendieras a utilizarla.
Has visto que aquí no estáis muy seguras.
Toma, por qué no pruebas? -Qué?
-Vamos, cógela. Cógela, mujer, que no pasa nada.
Vamos, apunta.
Agárrala con fuerza, con fuerza.
Pon el dedo ahora en el gatillo.
Bien, muy bien. Siempre preparado, de acuerdo?
El brazo firme, firme.
Pero el hombro relajado.
(PILAR SUSPIRA)
Muy bien.
Apunta. La punta del cañón, el objetivo...
Pero no dispares hasta que no estés segura.
-Luis, tienes... -Cuidado! Qué haces?
-Tienes que hablar con Raquel. -Baja el arma, por favor!
De qué estás hablando? -Que le digas que hemos sido novios.
-No, no, no. No voy a hacerlo, Pilar, no.
Ya lo hemos hablado, de acuerdo?
Está embarazada, no quiero preocuparla más.
-Se enterará por terceras personas y será mucho peor!
-No voy a hacerlo, Pilar, no quiero hacerlo.
Es que no te das cuenta? -De qué?
Te casaste con ella porque la dejaste embarazada?
Y por qué no me lo has dicho? -Intenté hacerlo.
Pero me cruzaste la cara. -Venga ya!
Además, no habría cambiado nada.
Va a tener un hijo mío.
-Tienes razón, no habría cambiado nada.
-Tampoco cambia lo que siento por ti.
-Qué haces? Qué pretendes, una mujer y una querida?
-Vamos, Pilar.
Tú sabes perfectamente que jamás podría verte como a una querida.
-Estupendo, porque no lo soy.
-Pilar, si se lo cuento, sería...
Sería como admitir que entre tú y yo jamás va a pasar nada.
-Es que jamás va a pasar nada. Yo no te quiero.
(RÍE) -Mientes.
El otro día nos besamos. -Me besaste tú.
-Me besaste tú.
Pilar, por favor, mírame a los ojos, de acuerdo? Mírame.
Mírame y dime que lo nuestro es algo acabado.
Lo siento. Doctor, el que resiste, gana.
Y nosotras vamos a resistir hasta el final.
Julia. Lo siento,
me esperan en las cocinas. Es importante.
Tengo noticias de su hermano.
Esto es peligroso, Raquel. -Ay.
-Ya has visto lo que ha pasado. Además, tú estás embarazada.
-No, Luis, que no me voy a ir. Esto está todo para tirar.
De verdad, no sé qué vamos a dar de comer a esta gente.
Y adónde voy a ir? -Cómo que adónde?
Pues a casa y te quedas descansando. -Cómo se va a ir a casa ella sola?
El hospital no es un sitio seguro después de lo que ha pasado.
-Ya. Y en casa sí va estar segura, no?
Usted sabe cómo está la ciudad?
-Mi padre tiene razón. Menudo susto en las calles.
-Esto es un hospital, Raquel, aquí puedes coger una enfermedad.
Y eso en tu estado no es nada conveniente.
-Aquí la mayoría son heridos de bala.
-Pero hay infecciosos. -Pocos.
Además, ella ni se acerca a los enfermos.
-Tú no te das cuenta que prefiero estar aquí contigo?
Ay! Aquí sí que me siento yo segura.
-Pero no, tienes que descansar más. Ayer tenías la tensión muy baja.
Es como su madre, que estuvo trabajando hasta el día de parto.
Y al día siguiente ya estaba en pie otra vez.
-Que me noto cansada, pues pararé. No puedo estar de brazos cruzados.
Cariño, que no soy así, ya lo sabes.
Bueno, con estas patatitas y las verduras nos queda un buen puré.
Que estoy muy bien, de verdad, no te preocupes.
-Está bien, como quieras.
Nada bueno va a salir de todo esto.
-De qué no va a salir nada bueno?
-Eh? No, de las verduras.
No están muy buenas, no? No.
-Recuerda lo que le dije cuando preño a mi hija?
-Sí.
Ah...
Que o me comportaba con un hombre o tendría que vérmelas
con arrocinanta.
-Pues eso, la arrocinanta sigue aquí.
-Padre, solo le pido que lo reflexione.
-He dicho que no y se acabó la discusión.
-Qué sucede ahora?
-La duquesa ha venido exigiendo. Se su gerundio favorito.
Se ha quedado sin suministros. Al parecer han entrado en el colegio
y les han robado vendas, aparatos, medicamentos.
-Pero yo no se lo estoy pidiendo por la duquesa, sino por Fidel.
Cómo van a sacar el hospital adelante ahora?
-Buena pregunta.
Buena pregunta.
Ahora van a saber de verdad lo que es mantener en funcionamiento
un hospital del guerra sin la ayuda de su majestad.
-Pero, Vicente, supongo que les echarás una mano.
Con el esfuerzo que están haciendo esas santas mujeres.
-Tengo las dos manos ocupadas, Manuela, no puedo.
Que lo sufran como lo sufrimos todos los demás.
-Así es cómo va a tratar a mi futuro marido.
-Tu futuro marido, hija, para llamarlo así
primero tendrá que pedirte en matrimonio.
Y de momento... De momento no lo ha hecho.
-Pero lo hará.
-Bien.
-No te preocupes, cariño.
La comprensión nunca ha sido el fuerte de tu padre.
Pero nosotras no nos vamos a quedar de brazos cruzados.
Confía en mí.
Confía.
-Esto no recaba pruebas ni contrasta testimonios.
Lo mínimo para dictar sentencia.
Tengo que conseguir que no le condenen.
Nunca se rinde, eh?
Me subí en un tren a Melilla sin billete,
sin el título de enfermera y sin el apoyo de mi familia.
Con un solo objetivo,
encontrar a mi hermano y a mi prometido.
He perdido a uno de los dos.
Pero mientras el otro siga vivo, no, no, no pienso rendirme.
Tiene usted coraje, Julia.
Y eso es lo más importante para ser enfermera.
Pensé que lo más importante era leerse el manual.
Raquel, por favor, puedes parar un momento?
Quiero hablar contigo. -No ves que no puedo parar?
Vamos, con todas las cosas que tengo que hacer aquí.
Limpiar las frascas, tengo que barrer.
-Ya. -Tengo que limpiar los vasos.
-Sí. -Y mi padre, que aún no ha llegado.
-Pero me puedes escuchar, por favor?
-Cariño, qué es tan importante? No, no es importante,
pero es una cosa de... Es sobre...
-Qué?
-Es Pilar.
-Qué Pilar?
-Cómo que qué Pilar? Pilar, Pilar, la dama enfermera.
-Ah, la Solaruce. La pobre, mira que lo intenta.
Pero no hay manera de que se le quite la cara de susto.
Qué pasa con ella?
-Sí. Eh...
Ella y yo... -Sí.
-Estuvimos, éramos, fuimos novios.
Hace mucho tiempo, mucho.
No te he querido contar nada para no darte un disgusto.
Sé que es un momento difícil, estás esperando un hijo mío,
nuestro, de los dos.
Pero no pasa nada. Es que tampoco te quería mentir.
Ya te he dicho que fue hace muchísimo tiempo,
éramos unos críos. Bueno, yo cometí un pequeño error.
Nada grave.
-Los sabe todo el mundo, no?
Todo el mundo menos yo.
-Pero...
Raquel, espera.
Duquesa.
Sáltese los preámbulos, por favor.
Imagino que ya tiene un diagnóstico.
Pues la verdad es que no, pero lo que he visto no me gusta.
Puede que sea una sarcoidosis o una granulomatosis.
O algo mucho peor.
Duquesa, la situación es grave. Si no la tratamos a tiempo
y se ve afectado el pulmón o el corazón,
podría ser mortal en cuestión de semanas.
Pero todo esto son meras especulaciones.
Debe guardar reposo, duquesa.
Debe usted guardar reposo y debemos tratarla.
Con todo el respeto, debería usted avisar a su marido de la situación.
Eso es asunto mío.
Me someteré al tratamiento que usted prescriba.
Pero solo si esto sigue siendo un secreto entre usted y yo.
Es usted la primera paciente que me pone condiciones.
Sabe usted lo que hará el coronel si tiene noticias de todo esto?
Se lo digo yo.
Será la excusa perfecta para mandarnos a Madrid
y cerrar el hospital. Y usted, doctor,
también se quedará sin trabajo.
Cuidado.
Prométame al menos que guardará reposo.
Ahora, como usted comprenderá, no puede ser.
Ya es la hora.
Va a la comandancia, verdad?
A declarar contra mi hermano.
Julia.
He enviado un telegrama a la reina.
Le he pedido que intervenga.
No estoy segura de que lo haga.
Señoritas.
Julia.
Va a empezar. El juico va a empezar y no podemos hacer nada.
Es que ni siquiera me van a dejar estar con él, o verle al menos.
Bueno, no le aseguro nada, pero vamos a intentarlo.
Venga conmigo. Cómo?
Venga.
No se separe de mí. Si tenemos algún problema, hablo yo.
Se llama usted Pedro Ballester y Gómez de Rozas?
-Sí, señor.
-General.
-Sí, mi general.
Sirvió usted como soldado en el regimiento Gazán
con el cargo de alférez a las órdenes del comandante Silva?
-Sí, mi general.
-Fue usted herido en el repliegue de Anual?
Resultó usted herido en el repliegue de Anual
y posteriormente lo trasladaron al hospital de la Cruz Roja
de Melilla?
-Sí, mi general.
-Estando en ese hospital, agredió usted al comandante Silva,
que acababa de ser ingresado?
-Con su permiso, mi general, me encontraba bajo los efectos...
-Trató usted de escapar del citado hospital estando bajo arresto?
-Sí, sí, mi general.
Pero me arrestaron... -Eso es todo.
Retírenlo.
No van a preguntar a nadie más?
Dónde me llevan?
Mi general, tiene que escucharme. -Silencio, alférez!
-Me acusaron falsamente.
El comodante Silva es un traidor.
Quiso entregarnos al regimiento. -Hable cuando se le pregunte.
Un respeto a este tribunal y un respeto a sus superiores.
-Quiso matarnos a todos. El comandante...
No pueden tratarle así.
Julia.
Está herido. Silencio!
Silencio, señorita, o me veré obligado a expulsarla de esta sala.
Quién es usted?
Es mi hermano.
Es inocente, tiene que escucharle, por favor.
Siéntese, señorita.
Este consejo tiene que continuar.
-Tiene que calmarse.
Todavía no hay noticias de la reina?
Incomunicados?
Desde cuándo?
No se ha podido enviar el telegrama que le entregué?
Sí, fue enviado. Pero los rebeldes están cañoneando desde anoche.
No escuchó usted las bombas?
Han debido de dañar la línea. No han pensado en repararla?
Por el amor de Dios, no me mire así. No podemos estar aislados.
Haga algo! Con su permiso.
-Gasa.
Pilar. Señora duquesa.
Se sabe algo del hermano de Julia? Voy a acercarme a comandancia.
Estas sábanas hay que cambiarlas.
Gasa. Sí.
Se nos ordenó resistir.
Yo solo disparé sobre los soldados que pretendían huir.
-Y no volvió a ver al alférez Pedro Ballester
hasta que coincidieron en el hospital?
-Hasta el momento que intentó asesinarme con unas tijeras.
-Por qué cree que le atacó?
-Para evitar que le acusara de deserción.
-Eso es mentira. No soy un desertor.
-Silencio, alférez, por última vez.
Silencio!
-Gracias, comandante. Puede retirarse.
Este tribunal va a dictar sentencia.
No necesitamos ningún otro testimonio.
Póngase en pie el acusado.
En la plaza de Melilla, reunido en juicio sumarísimo
el presente tribunal,
resulta aprobado y así se declara en acta,
que el acusado es culpable de deserción y de traición
a la patria. No.
Lo siento, pero no cabía esperar otra cosa.
-En tiempos de guerra ambos delitos han de ser castigados
con la pena de muerte, que será ejecutada de forma inmediata
y en las dependencias de esta misma comandancia.
Llévenselo.
Pedro, escúchame. Vete de aquí.
Dile a madre que me perdone. No pienso dejarte aquí, me oyes?
Saquen a esta señorita de la sala y llévense al condenado.
Llévenselo! Llévenselo!
Que espera el pelotón de fusilamiento.
Te voy a sacar de aquí! Ya está. Ya está.
Socorro, un ladrón! (SISEA) Señorita...
Soy yo. He venido para devolverle lo que le pertenece.
Yo no se la robé, se lo juro.
Entonces, por qué la tienes tú?
Porque tenía razón. Mi primo era uno de los ladrones.
Yo solo quería volver a dejarla aquí, se lo juro.
Y no pensabas decirme nada?
Cómo quieres que te crea? Cómo...
Quieres que confíe en ti?
Cómo he podido decirle a todo el mundo
que no tienes nada que ver con el robo
si luego entras aquí como un ladrón?
Es que no me vas a responder?
No vas a decirme nada? Ni siquiera...
Me vas a pedir perdón?
Perdón.
El alférez va a ser ejecutado en contra de las órdenes del Gobierno.
Qué órdenes? No hemos recibido ninguna orden.
Hable con el general Ybarra, que aplace la ejecución
hasta que vuelvan las comunicaciones.
El general solo obedecerá al alto comisario.
La reina ha ordenado al ministro de la guerra
y al alto comisario que detengan el juicio.
Y usted...?
Usted cómo sabe que eso ha sucedido?
Porque lo sé.
Y vamos a ser todos responsables de la muerte de ese pobre chico,
usted el primero.
Un, dos. Un, dos. Un, dos.
-Quieres una última confesión, hijo?
-Gracias, padre. Estoy en paz.
-Un, dos. Un, dos. Un, dos.
Un, dos. Alto!
Ar! Listos?
-Señor, se ha restablecido la línea.
-Operadora. Operadora.
Le habla el coronel Márquez, desde comandancia.
Necesito urgentemente hablar con Madrid.
Urgentemente. Con el general Berenguer.
Es muy urgente.
Cuánta demora dice?
Dele prioridad absoluta. Es una orden!
Esto es lo más cerca que nos permiten estar, Julia.
-Izquierda. Ar!
Prepárense para cargar armas!
Car... guen armas!
Apunten... armas!
Julia.
(Teléfono)
Sí? Sí, pásemela.
Mi general, le llamo porque ten...
Un telegrama?
Cuándo lo ha enviado?
Alto! Esperen!
Descansen... armas!
Julia. Julia, hemos llegado a tiempo.
El fusilamiento se ha suspendido.
Habrá un juicio ordinario llegado el momento,
pero su hermano ha salvado la vida. Gracias.
Se las daré a la reina de su parte.
Julia, no hay nada imposible. Lo ha visto?
Doctor.
Se habrá divertido mucho a mi costa, no?
-Si le sirve de algo, cuando vine a Melilla,
no sabía que Luis estaba destinado aquí.
-Mire, señorita,
yo no la culpo a usted de nada,
pero entiéndame. No soy más que una chica humilde, y usted...
Cualquier hombre la preferiría a usted antes que a mí.
-No diga tonterías.
Él la quiere.
Y está deseando ser padre. Le hace mucha ilusión.
-Donde hubo fuego, siempre quedan cenizas.
Quién me dice a mí ahora que se no van a volver a enamorar?
-Le aseguro que el día que me dejó plantada en el altar,
dejó de existir para mí.
-La dejó plantada en el altar?
-No se lo ha dicho?
-Me ha dicho que fue algo sin importancia.
No me dijo que...
Lo ve? Ya me está engañando. Se da cuenta?
Dios...
Raquel, está bien? -Déjeme.
-Le duele la tripa? -No es asunto suyo.
-Déjeme... -No me toque!
-Raquel. Túmbese. Túmbese.
Túmbese. Ayuda! Ayuda!
-Despacio. Despacio.
-Qué ha pasado? -Luis, por favor,
no quiero perder al niño. -No, no. Tranquila.
La tensión. Hay que tomarle la tensión.
-Luis, tranquilo. Yo me hago cargo.
Es mejor que esperes fuera. -No, Luis. No... No te vayas.
-Pero es mi mujer. Es mi hijo.
-Pilar, por favor. -No, no.
Luis, vamos. -No me dejes. No, por favor.
-Tranquila. Tranquila. -Por favor, no...
-Ha sido culpa mía. No debería haberle dicho nada.
-No, no! Ha sido culpa tuya por no haberle dicho nada.
-Vaya. Gracias.
Si le pasa algo al niño, no me lo voy a perdonar en la vida.
Están vivos.
Están vivos.
Están vivos.
Dónde estoy?
Esto es Melilla, no? -Venga. Tiene que acostarse.
Hay que ir a rescatarlos. Los soldados del Bazán.
Están vivos! Y el teniente Andrés Pereda.
Están vivos!
Tienen que ir a rescatarlos! Están vivos!
No me entiende?
Andrés tenía razón. Aún es más guapa que en la fotografía.
-Conoce a Andrés? -Está prisionero.
-Está vivo?
Coronel, un herido me ha contado que hay soldados presos.
-Qué le has dicho a la enfermera? -Es un traidor.
-Con su permiso, mi teniente.
Como le paso a mi Raquel, usted y yo seguiremos hablando.
-Raquel no se merece esto, así que tengo claro
que entre tú y yo nunca pasará nada.
-Qué puedo hacer para ustedes?
-Que nos ayude a recuperar la morfina.
-Que le ha contado de mí?
Es él. Quién?
El ladrón. No estáis muy lejos
de vuestra casa? -Vamos a buscar a los soldados.
Vamos... -Me estás amenazando en mi casa?
(GRITOS)
-Van a matarnos! Nos van a ejecutar!
(Disparos)
Al hospital, rápido!
Duquesa! Carmen!
Carmen.
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