All language subtitles for Tiempos de guerra - 1x13 Online - HDFull.tv

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Original subtitles

-¡Vicente! -¿Qué pasa?

-¡La niña! -¿Qué pasa?

-Está herida, se ha pegado un tiro. -¿Qué?

(CORONEL) ¡Susana! ¿Qué ha pasado aquí?

Susana. Yo estaba durmiendo.

Me desperté y vi que se apuntaba con una pistola.

Déjame.

Presione. Lo siento, coronel.

Manuela, mi botiquín, agua y toallas.

No pude hacer nada. Perdóneme. Olvídese.

Ayúdeme a incorporarla. He tapado la hemorragia

como he podido, pero... No tiene orificio de salida.

La bala está dentro. ¿Hace mucho que ha perdido el conocimiento?

No, poco. Susana, despierta.

(GRITA) ¡Susana!

-¡Dios mío! ¡Dios mío! -Hola, buenas noches.

-¿Qué haces aquí? ¿Cómo te has enterado?

¿Vicente te ha mandado a alguien para avisarte?

-¿Para avisarme de qué? -Susana ha intentado matarse.

¿Qué le hemos hecho?

-Capitán, ayúdeme. Hay que llevarla al hospital.

Manuela, deja eso. Avisa a Said. Que prepare el coche.

-¿Cómo está? -No la hemos perdido de milagro.

Vamos. ¡Vamos!

-Dios mío, se va a morir.

¡Susana! Ha abierto los ojos,

pero vuelve a estar inconsciente. ¿Qué ha pasado?

(CORONEL) Vamos al hospital. Vamos al hospital.

-Vamos. Tapone la herida. -Sí, tapone.

(FIDEL) Aguanta, Susana. Aguanta, por favor.

Aguanta, Susana, por Dios.

Luis, ¿el quirófano está listo? -Sí, capitán.

Es Susana. ¿Qué ha ocurrido? (CORONEL) Un accidente fortuito.

Mi arma cayó al suelo y se disparó. Hay que intervenir inmediatamente.

-Conmigo. Uno, dos, tres.

Magdalena, tapone la herida. -Retírense.

Enfermera, prepare el éter. ¿A qué espera?

Perdone, pero la duquesa no me autoriza a que vista el uniforme.

Con uniforme o sin uniforme usted es enfermera, ¿no?

La anestesia. Sí, señor.

-¿Qué necesita, señor?

Señor, vamos a hacer juntos esta intervención.

¿Qué necesita?

-Acerque el instrumental. Confiemos en que el proyectil

no haya causado destrozos irreparables.

-Señor, creo que la bala está alojada en la costilla.

-Sujete ahí. Hacia mí. Más. Más. Abra más.

Está perdiendo el pulso.

Sí, hay que darse prisa. Hay que darse prisa.

Abra más, abra más. -Está perdiendo mucha sangre.

Ya lo sé, ya lo sé.

Voy a sacar la bala.

-Aguanta, Susana.

-¿Por qué a solo un par de días de la boda?

¿Por qué, cuando podía ser la mujer más feliz del mundo?

¿Qué ha sucedido?

-Aspirador.

Hay que cerrar la hemorragia. -Ya.

-Hemostasia. -Sí.

Aplique ahí, aplique ahí.

(PILAR CHISTA)

(PILAR SUSURRANDO) ¿Julia?

Julia.

¿Qué ha pasado? ¿Qué haces aquí?

No ha aparecido.

Estaba dispuesta a dejarlo todo por él y no ha aparecido.

Bueno, igual ha surgido un problema y no te ha podido avisar.

¿Has preguntado abajo? Sí, está en el quirófano.

¿Lo ves?

Pilar, se ha arrepentido. Eso es lo que ha pasado.

No lo sabes. Sí, sí lo sé. Lo sé.

¿Sabes qué?

¿Qué?

Me alegro mucho de volver a verte.

Y, pase lo que pase, nos tienes a nosotras.

Gracias.

Pero tengo que hablar con él.

Al menos, para que me dé una explicación.

Claro.

¡Mi niña!

¿Cómo está?

Tranquila, doña Manuela.

Le han sacado la bala y han podido cortar la hemorragia,

aunque ha perdido mucha sangre.

(MANUELA) Pero se pondrá bien, ¿verdad?

-Aún es pronto para saberlo.

Vete con ella. Cuando despierte, que te vea a su lado.

Capitán,

¿me va a decir ahora qué ha sucedido?

-Señor, no sé lo que ha podido ocurrir.

-Es mi única hija. No voy a parar hasta averiguar por qué lo hizo.

No puedo ni pensar en la idea de que la voy a perder.

-No la va a perder, señor.

Con su permiso.

Doña Manuela, venga. Siéntese aquí.

¿Necesita algo? Aquí nos ocuparemos de ella.

¿Por qué no se va a casa a descansar?

No, a casa no me voy.

Yo me quedo aquí con mi hija.

Sí, claro, por supuesto.

Me llevo esto fuera, que...

Vuelvo enseguida. Bien.

Magdalena. Doctor.

Quiero darle las gracias por salvar la vida de Susana.

Si le llega a pasar algo...

Me hubiera gustado llegar antes.

Usted es su única amiga aquí.

Yo sé que lo he hecho muy mal,

pero si hay algo

que yo pudiera saber que me ayude a entender todo esto,

si...

Estaba encima de la mesa.

La cogí antes de que entrara nadie.

Va dirigida a usted.

(MANUELA) Magdalena.

Magdalena, ¿estás ahí? Sí.

(SUSANA) "Querido Fidel:

Ojalá no tuviera que escribirte esta carta de despedida.

Sé que tú no elegiste que las cosas fueran así,

ni tú ni ella, pero son,

y yo sé que no podría soportar vivir sin ti.

Fidel, es triste, pero es cierto.

No te culpes.

No eres tú el causante,

sino mi propia debilidad para afrontar las adversidades.

Sé feliz y piensa que yo siempre te voy a querer,

esté donde esté".

La pistola cayó de la mesa y...

Con tal mala fortuna que se disparó.

La culpa fue mía por haber dejado allí el arma.

Lo importante es que se recupere. ¿Dónde está?

No quisiera llevarla a casa si usted no tiene inconveniente.

Preferiría que se quedase en el hospital.

Por supuesto, coronel.

Siento mucho un accidente así en vísperas de la boda.

Tendremos que atrasarla una vez más.

(Explosión)

A propósito del robo de los medicamentos,

he hablado con Ibarra.

Se niega a cualquier investigación.

Ahora conviene callar,

esperar y ganar la guerra,

eso me ha dicho, ganar la guerra.

Esos cañonazos tienen prioridad.

Vaya a descansar.

Será lo mejor. Buenas noches.

Buenas noches.

¿Hay algo que me quieras explicar?

Julia, sé que te he fallado, pero te prometo...

¿Me prometes qué?

¿Qué más me vas a prometer? Te prometo que iba a ir.

Es que no entiendo.

No entiendo por qué me pides que me marche contigo.

No me toques. Explícamelo.

Susana, Susana está ahí, acaba de salir del quirófano.

Cuando fui a su casa a despedirme, estaba desangrándose.

Ha intentado matarse. ¿Cómo?

Necesito tiempo.

24 horas.

Cuando sepa que está bien, nos iremos juntos.

De verdad. Por eso no fui.

Lo siento.

Estaremos juntos, Julia.

Pero necesito que me esperes.

Tiene unas décimas, pero...

¿Se encuentra bien? Sí, perfectamente. Estoy muy bien.

Tiene mala cara. Que no, que estoy bien.

¿Seguro? Seguro.

Bueno, ya que está aquí, voy al baño.

Necesito refrescarme un poco. Vete, yo me quedo con ella.

Gracias.

Niña, ¿qué va a ser de ti?

(Llanto de bebé)

(RAQUEL) -Cállate, Luisito, por favor.

No llores, no llores. Cállate.

Ya, ya, ya. No llores.

-¿Cómo está? -No sé, tú eres el médico, Fidel.

¿Crees que se va a poner bien?

-No lo sé, la verdad.

A ver qué tal reacciona esta noche.

-¿Y el niño? ¿Va a perder el niño?

-¿Qué niño?

-¿No sabías que estaba embarazada?

(FIDEL SUSPIRA)

Perdóneme, doña Manuela, ¿por qué no me había dicho nada?

-No lo sé, no querría asustarte,

pero yo soy su madre y me lo cuenta todo.

Yo también sabía que tú y ella habíais estado juntos.

¿Entiendes ahora las prisas por casarse

y el miedo a que te pasara algo y no llegaras a conocer a tu hijo?

Tienes que cuidarla, Fidel.

Hazlo por tu hijo.

Ha traicionado mi confianza en usted, capitán.

Le creía un caballero. ¿No se daba cuenta

de con quién estaba jugando y a qué, capitán,

a qué estaba jugando?

-Es mi vida, nuestra vida,

y nadie da órdenes en mi vida. -Esto no es ninguna orden, capitán.

Esto no es una orden, olvídese del uniforme.

Es mi hija.

¿Por qué intentó quitarse la vida? -No lo sé, señor.

Ayer le dije a su hija que quería cancelar la boda.

Es lo que sé.

-Si la pierdo, no se lo perdonaré jamás.

Y si no, espero que asuma su responsabilidad

y cumpla con su palabra.

-Con su permiso, coronel.

¿Qué ocurre?

Susana está esperando un niño.

Yo no sabía nada, Julia.

Solo lo sabía su madre.

Y yo no puedo abandonar al niño en una situación como esta.

No puedo permitir que ese niño crezca sin saber

que yo soy su padre.

Julia.

No, Julia, espérame.

No hay nada más que hablar. ¿Qué quieres que te diga?

Es mi obligación entiéndeme. ¿Tu obligación?

Ayer me decías que me querías. Por supuesto que te quiero, Julia.

Claro que te quiero, Julia. Julia, créeme, te quiero.

¿Y de qué me sirve creerte ahora?

¿Qué tipo de persona sería capaz

de abandonar a su hijo en una situación como esta?

¿Te habrías ido con un hombre así?

El Fidel que se enamora de ti es el mismo que te está diciendo

que no puede abandonar a su hijo.

¿Y mi corazón?

¿Eh? ¿No te importa cómo lo dejas?

Julia.

Julia.

-Enfermeras, camas para estos heridos.

Vienen del Gurugú. Hay otra ambulancia de camino.

Atiende ahí al cabo.

Julia, Julia, por favor, limpia bien la herida del brazo

a ese soldado, está sangrando mucho.

(GRITOS Y JALEO)

Julia, ¿no oye?

Julia, ¿me estás oyendo? Sí.

(EL SOLDADO SE QUEJA) Cuidado, cuidado, duele.

Tranquilo. (EL SOLDADO GRITA)

Solo es un momento.

Esos cabrones... Ya casi los teníamos.

Hemos puesto la bandera en la columna de Núñez de Prado.

(GRITA)

Hemos recuperado dos cañones, pero tienen más.

Arriba del todo. (GRITA)

Dígame la verdad.

¿Voy a perder el brazo? No, no perderá el brazo.

Tranquilo, estamos aquí para curarle.

¿Y me voy a curar?

Se lo prometo.

Agárrese aquí. Ahora mismo vuelvo.

Gracias, cabo. Preparen el coche para mañana.

-Capitán, buenos días. -Buenos días.

-¿Qué noticias hay de la operación del Gurugú?

-La bandera ondea desde ayer.

Los regulares de Melilla y el regimiento de la Corona

han salido de Beni Sicar para rodear el pico del monte.

-¿Aún les quedan cañones a los rebeldes?

-Uno. Solo uno.

Pero con uno solo seguimos estando en peligro.

Dispararán con él hasta que ya no puedan más.

-Un par de días más y serán nuestros.

Bueno, mejor dicho, suyos.

Yo embarco con la primera unidad que salga hacia la península.

-Pero ¿es definitivo? -Eso me temo.

-Capitán, ha prestado un gran servicio a la patria.

-Eso he intentado.

Estuve dispuesto a jugarme la vida. Varias veces me dieron por muerto.

-Lo sé.

Yo mismo intenté matarle.

Veo que no me guarda rencor. -Usted ya sabe lo que pienso.

Ojalá todos los oficiales fueran tan honestos como usted.

-Capitán, ¿sabe lo que más lamento de que se marche?

Que deje de investigar la corrupción.

-Si los de arriba siguen empeñados en esconder lo que pasó,

¿qué podemos hacer los que cumplimos órdenes?

(Teléfono)

Dígame.

Sí. La he pedido.

Sí, soy yo, señorita. Muchas gracias.

Señora, buenos días. Muchas gracias por atenderme.

Carmen, salgo ahora mismo para San Sebastián,

presido una tómbola en el casino

a beneficio de los heridos de África.

Señora, ¿ha leído mi telegrama? Sí.

Es increíble que negocien con las medicinas.

¿Os ha afectado al hospital, os hacen falta más?

No, señora, este no es el problema.

Si no se encuentra al culpable, esto va a continuar.

Berenguer me ha insistido en que el ejército

ha puesto en marcha una investigación.

Dejemos que los militares se ocupen de sus cosas, ¿no te parece?

Las cosas de los militares son nuestras cosas, señora,

aquí estamos bajo su mando.

Carmen, esos rifeños siguen lanzando cañonazos sobre la ciudad

de Melilla y su líder, el dichoso Abd el-Krim,

acaba de proclamar la República del Rif.

¿Te parece buen momento para hablar mal de nuestro ejército?

No, señora, no pretendo hablar mal de nuestro ejército,

solo de quienes están cometiendo un delito.

Nos ocuparemos con calma cuando se acabe la campaña.

Cuando acabe la campaña,

solo se hablará de la victoria, señora.

Ojalá sea así, pero ahora nuestro deber,

el de todos, es infundirle ánimos.

Tenemos que ganar esta guerra. ¿Ganar la guerra?

¿Esa es la única consigna, al precio que sea?

Señora, discúlpeme, con el mayor de mis respetos,

será muy difícil que esto se investigue si usted no...

Si es eso lo que decide el ejército, Carmen,

dirige el hospital como creas conveniente.

Tú mandas en tus damas enfermeras,

pero las cosas del ejército se lavan dentro del ejército.

Sí, señora.

(Llanto de bebé)

Tranquila, seguro que se calma.

Mira, tu padre. -Buenos días, mi teniente.

-Señor. -¿Qué tal, hija?

Pero ¿qué le pasa a mi nieto que no para de protestar?

-Que no me deja dormir.

Ya no sé si menearle, si dejarle quieto... Que no se calla.

Luisito, ya.

-Tiene hambre. ¿Le has dado de comer?

-No. -¿Te ha subido la leche?

-Que no, que no me la quiere coger.

Luis, por favor, llévatelo un rato, ya no puedo más.

De verdad, estoy como si me hubiera pasado un tren por encima.

No, Luisito, por favor, no.

-Tienes fiebre. -¿Sí?

-Estás ardiendo.

Ven, déjame al niño.

(LUIS CHISTA)

Enseguida vuelvo. -Vale.

-Pilar, ¿puedes ocuparte del niño un momento?

Raquel está enferma. (LUIS CHISTA)

Tiene fiebre. No sé lo que tiene, pero tiene algo.

Tengo que hacerle unas pruebas.

Prepárale un biberón, por favor. -¿Yo?

-Pilar, por favor, te estoy pidiendo un favor.

-Llama a una nodriza, es lo suyo. -Solo será un momento.

(EL BEBÉ LLORA)

Unas horas. Mediodía. ¿Un día? Dos días a lo sumo.

Hasta que a la madre le baje la fiebre.

(RAQUEL) Luis. -Voy.

Seguro que contigo se calma. -Luis, pero...

-¿Ves? Mira qué bien.

(EL BEBÉ LLORA)

-¿Ya te has calmado?

Menos mal. No era para tanto, ¿verdad?

Es que tienes peor genio que tu madre.

¿Qué te pasa? ¿No te gusta este hospital?

Pues aquí has nacido tú.

Ah, sí, aquí mismo, en este quirófano, ¿me oyes?

Eres muy bonito, ¿sabes?

Y tú no tienes la culpa de nada.

No, claro que no.

¿Cómo vas a tener la culpa?

Ay, perdón. Larbi.

¡Larbi!

¿Dónde estabas? Te estaba buscando. Es que Susana...

ha tenido un accidente y he pasado la noche aquí

con ella y con su madre.

¿Y cómo está? Bien, bien. Mejor.

No te preocupes tanto.

Es raro verte aquí, vestida de calle.

Magdalena. -¡Uy!

Señora duquesa.

Buenos días. Buenos días.

Estaba... He venido a acompañar a Susana.

¿Cómo ha pasado la noche? Bien. Ha dormido tranquila.

Perdón, señora. Sé que tendría que haberle pedido permiso

para quedarme. Suba a mi despacho.

Perdone, señora duquesa. Estaba acompañando a Susana,

pero si le molesta que venga al hospital...

Siéntese, Magdalena. Póngase cómoda.

Yo no quiero causar molestias, todo lo contrario.

¿Usted quiere volver a trabajar aquí?

Pe... Pero no puede ser, ¿no? La reina Victoria Eugenia no...

La reina acaba de darme carta blanca para que organice

el hospital y a sus damas como me plazca.

Y si bien ella prohibió expresamente que usted ejerciera,

la guerra me obliga a tomar medidas excepcionales.

Necesitamos enfermeras.

Y usted, Magdalena Medina, es de lo mejor que yo he conocido.

¡Uy!

¿De verdad, señora...?

No sé qué decir.

Pues no diga nada.

Vaya, vaya a trabajar.

Acaban de llegar más heridos de la operación del Gurugú.

Ahora mismo. Muchísimas gracias, señora duquesa.

Vaya. No se arrepentirá.

Y escriba a su madre.

Aunque usted no lo crea, lo está esperando.

Lo haré, señora.

Lo haré.

¡Me alegra tanto que volvamos a ser compañeras!

El hospital sin ti no era lo mismo. ¿Verdad?

La duquesa me ha dicho que ella se entenderá con la reina

y que empiece ahora mismo.

Así que aquí me tenéis, dispuesta otra vez para lo que haga falta.

Has pasado la noche con Susana, ¿verdad?

¿Cómo está?

Sigue inconsciente.

No podía dejarla sola.

Le han sacado la bala, pero sigue sangrando.

Qué mala suerte, ¿no?

Su madre me ha contado el accidente.

Qué mala suerte que se cayera una pistola,

se disparara sola y vaya a darle justo a ella.

¿No?

Ay, Pilar, a vosotras no os puedo mentir.

No ha sido un accidente.

Anoche Susana intentó quitarse la vida.

Yo estaba durmiendo y me desperté y, de repente,

la vi allí, apuntándose con la pistola.

No se me va de la cabeza. ¿Por qué haría algo así?

Porque está embarazada.

¿Qué?

Se supone que también era un secreto, pero...

Lo cierto es que Fidel y Susana van a tener un hijo.

No, no me mires así, yo de esto sí que no sabía nada, de verdad.

¿Y ahora qué?

No lo sé. Todo lo que podía salir mal ha salido mal.

No, no digas eso, Julia.

Nos tienes a nosotras.

(SUSPIRA) Venga, vamos a trabajar. Julia...

Yo no quiero que a Susana le pase nada.

Yo tampoco quiero que le pase nada.

Pero también quiero que tú seas feliz.

Las tres nos merecemos tanto un poquito de felicidad...

Aunque solo sea un poquito.

¿Verdad que sí? Sí.

¡Ay!

(Ruido)

Espere, espere.

Tenga.

Qué bien. Qué bien.

Vuelves a ser la Magdalena de antes.

No, no soy la de antes. Te tengo a ti.

Y ya no tenemos que escondernos de nadie ni pedir perdón.

Somos libres de hacer lo que queramos, Larbi.

Sí, pero las cosas no van a ser tan fáciles.

Sí, son muy difíciles. Y más que nos las van a poner.

Pero yo no tengo miedo, Larbi.

He aprendido a pelear por lo que quiero.

(Explosión)

Ha caído muy cerca, ¿no? Sí, sí.

Apártense de las ventanas. Sí, vamos.

Rápido por aquí. Rápido, rápido. Vamos.

(Explosión)

Nos van a matar. ¡Nos van a matar!

¡Tienen que pararlos! -Cálmese. Cálmese.

-¡Hay que quitarles ese cañón! -Cálmese.

-Antes de que nos maten a todos. -Cálmese.

-¡Van a derribar el hospital! ¡No! -Cálmese.

-¡Son unos salvajes! -Cálmese.

-Nos van a matar a todos. Nos van a matar. (LLORA)

-Madre.

-Susana, cariño.

Por fin has despertado. Gracias, Dios.

-¿Qué hago en el hospital?

¡Ah! -No, no te muevas, mi vida.

No. Tranquila. -Agua.

-Sí. Sí.

Ven. -Ah.

-A ver.

Pronto te vas a poner buena, ya verás.

Cariño, estás esperando un bebé.

-¿Qué? -Se lo he contado a todo el mundo.

Bueno, a todo el mundo no. A tu padre y a Fidel.

-Madre, ¿está usted loca? -Al revés.

Soy la única que tiene todavía la cabeza en su sitio.

Tú quieres a Fidel, ¿verdad?

Pues va a dejar de hacerte sufrir ahora que cree que es padre.

Se va a olvidar de esa enfermera.

-¿Qué pasa cuando se dé cuenta de que es mentira?

De que es mentira. ¿Qué pasa cuando pasen las semanas y nada?

-Pues será demasiado tarde para arrepentirse.

-Madre, por favor. -Fidel también te quiere.

Pero esa mujer le tiene trastornado.

-¿Qué ha dicho?

Cuando le ha contado que yo... -No le des más vueltas.

Y ahora voy a avisar a los médicos de que ya has despertado.

-No.

No le diga a Fidel que he despertado.

-Por favor. -Ahora no quiero verlo.

Por favor. -Tranquila. Tranquila.

Anda, solo un poquito. Solo un poco.

Un poquito.

Muy bien. Muy bien, bien.

¿Qué haces ahí? ¿Estás tonto?

No me lo distraigas,

me he venido aquí para estar tranquila.

Ya no sé dónde ponerme. ¿Un poco más?

-¿Y este desbarajuste? ¿Esto lo has hecho tú o el niño?

Como lo vea la duquesa...

-¿Ves? Has llegado tú y se ha puesto a llorar.

-¿Dónde has aprendido a hacer eso?

-Pues yo qué sé. Con mis primos, en los libros.

-Se te da estupendamente.

De hecho, el niño solo se calla cuando lo coges tú.

Ya sé lo que tengo que hacer para que me hagas caso.

(IMITA EL LLANTO DE UN BEBÉ) -¿Te quieres callar?

Lo vas a contagiar.

Vamos a cambiarlo. ¿Sabes cogerlo?

-Pilar, por favor, ¿por quién me tomas?

Yo también he leído libros, tengo primos.

¿Verdad que sí, campeón?

Ven aquí.

Pilar. -¿Qué?

-Me está apuntando con su fusil. -Eres tonto. Quita, anda.

-No, lo digo de verdad. A ver si le entran ganas de repente

y nos pone perdidos a los dos.

-Luis.

-Estate quieto. -¿Qué hacéis?

¿Que qué hacéis?

¿Eh?

¿Qué hacéis con mi bebé? -Raquel.

-Y tú, señoritinga, devuélvemelo.

-Raquel, tranquila. Raquel, tranquila.

-Que... -Tranquila.

Raquel. Raquel. -¿Qué le pasa?

-No sé, no sé. Puede ser la infección, no sé.

¿Cómo quieres que lo sepa? -Eres médico.

¿Quién lo va a saber? -Soy médico militar,

jamás he atendido una fiebre puerperal.

-Voy a buscar a alguien.

-Raquel. Raquel. Date prisa, por favor.

Raquel.

Tenemos que trasladarla a otro hospital,

al Docker o al central. Allí podrán atenderla mejor.

-No, no. Yo de aquí no me muevo.

-No podemos estar todo el día contigo.

-Esto me molesta, esto no lo quiero.

-El frío le viene bien. -No, a mí no.

A mí no, será a otra. Luis, me va a estallar la cabeza.

Haz algo, por favor. -Si dejas de hablar...

-No. ¿Y dónde está mi niño? Luis, ¿dónde está el niño?

-El niño está bien. Es mejor que no esté aquí,

podría ser peligroso. -Tráeme a Luisito.

-No. Hasta que no te baje la fiebre, no.

Cálmate y descansa.

-Recuerde cambiarle el drenaje al paciente de la 2

y el de la 3 revise la temperatura. -¿Le importa venir un momento?

Le necesito para una cosa.

-La temperatura de la 3.

-¿Pero qué te pasa? ¿Por qué te apartas?

-Yo no me aparto. ¿Cómo me voy a apartar?

Yo te aprecio, Gloria. Para, para, para.

Te aprecio muchísimo, eres una mujer de bandera.

No te merezco. -¿Qué tonterías dices?

-A nadie le amarga un dulce. A ver...

¡Ah! Para, para. Ahí no. Para. Para, por favor, para.

Que nos puede ver alguien y no es el momento.

Mira, a ver cómo te lo explico.

Yo... A ver. Es que no sé fingir.

No sé fingir.

En realidad salí contigo para ver si tu hermana me hacía caso.

Estoy loco por ella.

Estoy enamorado de ella desde hace muchísimo tiempo.

Como vi que se ponía un poquito celosa...

No te enfades conmigo, es una buena causa.

(GRITA) ¿Por qué me pinchas?

-O sea, que ha sido ella. -¿Cómo?

-Verónica, como siempre. -No. ¿Cómo ella?

Te estoy diciendo que... (GRITA)

Mi teta.

-Ella se ha enterado de que te besé y se tuvo que meter en medio.

-No. -Me has utilizado, Guillermo.

¿Te parece bonito?

-No. Bonito no. Para. Vale.

-¡Siempre, siempre que consigo algo, me lo tiene que chafar!

Esto lo va a pagar caro.

Esta vez lo va a pagar caro. -Gloria, para, para. ¿Qué haces?

Para, para.

¿Pero esta mujer está "tola"?

¿Qué haces?

-Hola, ¿eh?

Preparando material para esterilizar.

-Te clavas ahora un bisturí de esos y ni sangras.

-¿Eh? -Ni sangre.

Así de mala persona eres. -¿Pero qué mosca te ha picado?

-¿Y a ti? ¿Cuándo vas a dejar vivir a los demás?

Igual que siempre, pones caritas como si contigo no fuera la cosa,

pero te molesta que los demás seamos felices.

Te molesta. -Mira, no me hagas hablar.

No me hagas hablar.

-Le das calabazas a Guillermo,

pero ahora no soportas que me acerque a él.

-¿Pero qué estás diciendo?

Si yo os he dejado en paz, haced lo que queráis.

-Verónica, que te conozco. El doctor hace lo que tú dices.

Yo no sé cómo te las apañas,

pero al final todos acabamos haciendo lo que tú mandas.

-Gloria, estás aquí porque te da la gana.

Yo no te pedí que te fueras de Madrid.

-En qué hora. Pensé que aquí se te había ablandado el corazón.

-Pues ya sabes lo que tienes que hacer,

te vuelves a casa y se acabó el problema.

(GRITA)

¿Pero quién ha tocado esto?

Seguro que ha sido alguna de las damas.

Se ponen a tocarlo y no tienen ni idea.

Cualquier día de estos me echan por su culpa

o salimos de aquí ardiendo. ¿Estás bien?

-Verónica, yo no me pienso ir de aquí.

Ya veremos quién acaba marchándose por las buenas o por las malas.

-¡Gloria!

Gloria, por favor.

-Hay que vigilar la fiebre, es muy traicionera.

-No seas agorero, Vicente. -¿Cómo te encuentras?

-No lo sé. Mejor.

-Tu madre me ha contado... -Ahora no, Vicente.

-Susana, escucha.

Eres lo único que tenemos

y ni tu madre ni yo vamos a consentir

que nada ni nadie te haga infeliz.

-Siento mucho haberles hecho pasar por esto.

-Coronel, convendría cambiarle el apósito.

-Yo me encargo.

Vuelve a sangrar.

Gasas. Gasas.

La pinza.

-Me mareo. -Más gasas.

Más gasas.

(MANUELA) Cariño.

-Coronel.

-Ha vuelto a sangrar.

Esa herida nos va a dar problemas.

Es posible que tengamos que volver a intervenir.

En fin, de momento está tranquila.

-¿Ha podido hablar con ella?

-No, está aturdida. Es natural.

¿Ha pensado ya lo que va a decirle?

-Sí.

(CORONEL) Vivimos momentos críticos, señora.

Si no recuperamos el Gurugú,

media ciudad puede saltar por los aires.

¿Y usted cree, coronel, que lo que nos queda de guerra

habrá algún momento que no sea crítico?

Al Ejército se le va a perdonar cualquier cosa,

cualquier cosa menos que pierda el Rif.

Ganar esta guerra es imprescindible.

Y a nosotros nos corresponderá atender a las bajas,

a los que van a perder de cualquier manera.

Es una vergüenza que estén robando el dinero

que iba destinado a mitigar su sufrimiento, ¿no cree?

¿Ha denunciado el caso ante la reina?

Sí. Sí, he hablado con ella esta misma mañana.

¿Y qué le ha dicho?

Es de la misma opinión que el general Ibarra.

¿Y qué hacemos, tiramos la toalla?

Yo tengo suficientes años de servicio

como para marcharme con la frente muy alta.

Usted no se va a retirar. No, no les voy a dar ese gusto.

Si queremos hacer las cosas bien, hagámoslas.

Hagámoslas. El Ejército será lo que seamos nosotros

porque nosotros somos el Ejército.

Incluida usted, señora. ¿Sabe qué he pensado?

Nombrarla directora de todos los hospitales de África.

¿Qué le pasa, señora?

¿Qué le pasa? No sé.

Han vuelto los dolores, ¿verdad?

Sí. Tenía que ocurrir.

Tenemos que saber si esos tumores son malignos.

Voy a pedir que le practiquen una biopsia

y esta vez no puede negarse. Hágalo. Hágalo.

¿Se le ha pasado el dolor, señora? ¿Le hizo efecto el calmante?

Sí, bastante, doctor.

Será muy breve. Solo practicaré una pequeña incisión,

lo justo para obtener muestras de tejido.

¿Y cuándo estarán los resultados?

Pronto. Mañana mismo, no se preocupe.

Ya, ya.

Cuente hasta diez, por favor, en voz alta.

Cariño, Fidel está fuera deseando hablar contigo.

Tarde o temprano, tendréis que hablar.

-Dile que pase.

-Piensa en tu futuro, hija. Piensa en tu futuro.

-Hola.

¿Cómo estás?

He leído la carta, Susana.

-No tendrías que haberlo hecho. -Lo siento.

Lo siento, de verdad.

-¿Has venido a mostrarme tu compasión?

-Si te hubiera pasado algo,

no me lo hubiera podido perdonar jamás.

Quiero estar contigo, Susana.

¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada?

¿De verdad creías que iba a abandonar a nuestro hijo?

¿De verdad creías que te iba a dejar sola

si hubiera sabido lo del embarazo, Susana?

Yo voy a estar contigo.

-Prométeme que no volverás a irte.

-Nuestro hijo nos va a tener a los dos.

Yo voy hacer las cosas bien, Susana.

Nos vamos a casar.

En cuanto te pongas bien nos casamos.

-No.

Quiero que sea ya, como estaba previsto.

Ya está. Y ahora descanse. Gracias.

Julia, ¿tienes un momento?

Julia. Julia, por favor.

Sé que es muy difícil de entender lo que te voy a decir,

me vas a odiar por esto.

Voy a casarme, Julia, este domingo.

Lo siento.

Lo siento.

¡No!

Fidel, ¿no sería mejor que esta noche también la pasara aquí?

-Estoy bien.

Necesito descansar, en casa será más fácil.

-Voy a bajar a comprobar que está el coche. Ahora vengo.

-¿Ves cómo la mentira valía la pena?

Mira quién está ahí, esa mujer. -Vámonos, madre.

-Espera.

Supongo que cada uno tiene lo que se merece.

Susana, su marido, y tú...

¿A nadie?

Tranquila, hija, ya pasó.

Con su permiso, mi coronel.

-No estoy para nadie, capitán.

Tengo que subir a vestirme para la boda.

-Ha llegado este sobre del hospital.

Son los resultados de la biopsia de la duquesa.

Raquel es joven, sacará fuerzas para vencer la infección,

pero deberá guardar cama al menos un par de semanas.

-Raquel no aguanta en la cama dos semanas

ni con esa fiebre. Te lo digo yo, que soy su padre.

Les dejo la botella. -Gracias, Dámaso.

-Quietos ahí. Habrá que brindar, digo yo, ¿no?

El domingo a estas horas Fidel va a estar felizmente casado.

-Pues que hagan el brindis.

-Pues a mí solo se me ocurre un brindis:

que termine esta guerra de una maldita vez.

-¿Esta guerra? ¿Qué guerra?

-Por nosotros. (AMBOS) Por nosotros.

-Os quiero pedir un favor.

Si Julia decide quedarse en el hospital,

me gustaría que la ayudarais.

-¿Y tú qué vas a hacer, te vas a ir?

-Pues, tal cual está la situación,

Susana y yo lo mejor que podríamos hacer es irnos.

-Hombre, eso tendrá que decidirlo tu futuro suegro,

capitán Calderón.

-A ver, "carallo".

En serio, ¿vais a ayudarme con esto?

-Por Fidel Calderón, militar,

cirujano, hombre de ciencia, valiente soldado,

buen amigo. -Un poco gallito.

-Y un hombre de principios.

Por ti, capitán.

-Por Fidel.

En este coche irá la señora del coronel Márquez.

En este irá el coronel Márquez y, por supuesto, la novia.

Continúe. -Somarriba.

Solo me falta despedirme de usted.

Esta tarde sale mi barco.

-Buen paso del estrecho.

Supongo que en Madrid verá las cosas de otra manera.

-Eso espero.

Lejos de esta guerra. -Y gracias por venir a despedirse.

Un poco más y no me encuentra. Estoy con los preparativos

de la boda de la hija del coronel Márquez.

-¿Cómo que la boda? ¿Se casa?

¿Con el capitán Calderón? -Así es. En la Purísima.

Una boda sencilla, pocos invitados.

Supongo que no es momento para muchas celebraciones.

Capitán, debo continuar.

Larbi, me gustaría conocer a toda tu familia.

¿Me los presentarán algún día? Todos no puedo.

Tengo familia grande, muy grande.

Estarán felices de conocerte.

Ven, Larbi.

No quiero que piensen que eres mi criado.

Ay.

¿Y a tu familia no le importará que yo no sea musulmana?

Supongo que a algunos sí y a otros no.

No sé, Larbi, tenemos que hacer algo.

No quiero que nos señalen por todas partes.

No es que me importe demasiado lo que digan,

pero si vivimos aquí será muy difícil estar tranquilos.

¿Y qué podemos hacer?

No sé. A lo mejor yo podría hacerme musulmana.

Ven. Ven conmigo. Pero...

Ven, ven. Larbi.

(RÍE)

Pase lo que pase, hagamos lo que hagamos,

diga la gente lo que quiera decir, aunque vayan contra nosotros,

aunque no nos dejen vivir... Larbi...

(LARBI CHISTA)

Hay algo que no nos pueden quitar.

Nunca.

¿El qué?

Esto.

Esto es nuestro.

Lo hemos ganado.

(HABLA EN MARROQUÍ)

¿Qué quiere decir?

Yo te amo.

(HABLA EN MARROQUÍ)

¿Qué? ¿Cómo estoy?

-Muy elegante.

Sí.

Sí, sí. -¿Por qué no vienes a la ceremonia?

Y luego te vuelves. -No puedo, tengo mucho trabajo.

¿No lo ves?

-Es por mí, ¿verdad?

Te trae malos recuerdos.

-¿El qué?

-No, digo, eh... La boda, digo.

Tú y yo, juntos, en una iglesia. -Ah.

No, no lo había pensado.

-¿Ah, no? -No.

-¿No te hace pensar en lo que pasó?

-En lo que pasó no, Luis, en lo que me hiciste.

En lo que me hiciste. -Sí, en lo que te hice.

-Exactamente. Porque... -¿Está listo?

Debemos llevar a la novia a la iglesia.

-Sí, enseguida.

Enseguida voy.

-¿Eh?

Pilar. -¿Qué?

Sí. Adiós, Guillermo.

-Bueno, pues adiós.

-Adiós.

Que lo pases bien.

-¿Qué haces? ¿Qué haces?

¿Qué haces? (LUIS CHISTA)

-¿Qué haces?

-Nunca se sabe cuándo podremos darnos el siguiente.

Hora de irse, capitán.

-¿Qué, nervioso?

-Sí, un poco, la verdad. No os voy a engañar.

Pero lo importante es que estoy con vosotros.

-Voy a ver si está el coche.

Tranquilos que no conduzco yo.

-Luis, Luis.

Necesito que entregues esta carta a Julia.

Es importante. Si se la entrego yo, no va a querer cogerla.

-Pero si nos vamos contigo a la iglesia.

-Luis, por favor, es urgente.

Por la novia. -Por la novia.

-¿Preparadas?

¡Ay! Aquí está.

-¡Oh! Te queda como un guante.

Vas a causar sensación.

Además, no se te nota nada. -Rosario.

-La herida. -Vamos saliendo,

que Vicente está abajo esperando con los coches.

Magdalena, por favor, el ramo. Sí.

Y ayuda a Susana.

¿Cómo estás, Susana? -Ah. Magdalena.

Perdón. Perdona, perdona.

Ay.

Estás preciosa.

Gracias.

Susana, querría comentarte algo.

¿Qué?

Larbi va a venir a la boda.

¿A la Purísima?

Pero eso es imposible.

Si él no va, yo tampoco iré.

Pero es una iglesia y él es musulmán.

Sí, pero también es mi novio.

Y va a estar allí acompañándome.

Magdalena, definitivamente se te ha ido la cabeza.

Creo que sí.

Y me das envidia.

Mucha envidia.

Vamos. Sí.

¿Falta alguna por bajar? No, señora, estamos todas listas.

-Señora. Capitán.

Está usted muy elegante. Usted también.

Bueno, como ya sabe, ha sido muy importante para mí en estos meses.

Y quiero pedirle que actúe como madrina de mi boda,

si no le importa. Será un honor.

Yo también quiero pedirle algo a usted.

El coronel me ha manifestado su intención de proponerme

como directora de los hospitales de África.

Quiero compartir esa dirección con usted.

Digamos que es mi regalo de boda.

(RÍE)

Gracias.

Vamos, señoritas.

¿Vamos?

Sí.

Estabas aquí. Toma.

Me lo ha dado el doctor Garcés, de parte del doctor Calderón.

(FIDEL) "Julia, mi amada Julia, hoy es un día muy triste.

Creo que haga lo que haga, nunca será suficiente

para merecer tu perdón.

Hoy he recordado el día en que nos conocimos, Julia,

delante de la comandancia.

Agachados para esquivar los Pacos.

Si entonces hubiéramos sabido todo lo que íbamos a vivir juntos,

¿habríamos renunciado a ello?

La vida ha decidido por nosotros, Julia.

La vida se abre paso y solo nos deja mirar de vez en cuando

hacia atrás para mirar el camino recorrido.

Deseo que no estemos tristes.

La historia de amor que tú y yo hemos vivido

seguirá siendo la más hermosa del mundo.

Porque vino cuando nadie lo esperaba y nos robó el corazón.

El mío quedará para siempre tocado por ti.

Soñando contigo, amándote en tu ausencia.

Siempre tuyo, Fidel Calderón".

-Yo, Susana Márquez de la Maza,

te recibo a ti,

Fidel Calderón Santacruz.

Prometo serte fiel en la prosperidad

y en la adversidad.

En la salud y en la enfermedad.

-Y así amarte...

-Y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.

Todos los días de mi vida.

Todos los días de mi vida.

-Yo, Fidel Calderón Santacruz,

te recibo a ti, Susana Márquez de la Maza...

Y prometo serte fiel...

en la prosperidad y en la adversidad,

en la salud y en la enfermedad

y así amarte y respetarte...

todos los días de mi vida.

-...del universo, que hiciste al hombre y a la mujer

a tu imagen y semejanza, envía tus bendiciones...

Andrés. ¿Estás bien?

Te han dejado sola.

¿A qué has venido?

Mi barco sale dentro de un par horas

y me puse a dar vueltas.

No podía dejar de pensar en lo que ha pasado.

En ti.

Lo dejaste todo, Julia.

Lo dejaste todo para venir a buscarme.

Te negabas a aceptar que no volviéramos a vernos.

Era una inconsciente.

Yo te quería así.

Andrés, márchate.

Cuando estuve en el asedio no pasó ni un día sin que estuvieras ahí.

Cada palmo del camino te llevaba conmigo.

¿Qué ha pasado?

¿No vale nada?

Andrés...

Sí, me voy, tranquila.

No volverás a verme.

Si eso es lo que quieres...

Voy a cambiarte las sabanitas, ¿sí?

¿Sí?

(PILAR) Raquel.

¿Qué es lo que quieres?

¡Maldita sea!

¡Raquel!

¡Raquel!

¡Raquel!

-No...

(PILAR) ¡Vuelve aquí! -No, no, no...

-¡Raquel!

¡Raquel! -No, no, no.

-Raquel.

¡No, no, no!

-¡No te acerques!

¡No, no te acerques! -Por favor.

-No te acerques o te juro por Dios que tiro al niño.

-¿Por qué haces esto? -¡Porque no quiero que toques

a mi hijo! ¡Ni a Luis!

-De acuerdo.

Raquel, mírame, mírame.

-¡Quieta!

-Estás con fiebre, no sabes lo que haces.

Si no quieres que toque al niño, vuelvo al hospital y traigo a Luis.

-¡Quiero que te vayas! -¡Mírame!

-¡Quiero que te vayas, que no vuelvas nunca!

No te acerques.

¡Vete, no, no!

-¡Raquel, déjame! -¡No!

-Por favor, Raquel. -¡Socorro, no puedo!

¡No sé nadar!

¡Pilar, por favor, cógeme! ¡Por favor!

-¡Aguanta, aguanta!

-¡No!

¡No, por favor!

-¡No, no, no!

(RAQUEL) -¡No!

(PILAR GRITA)

(Llanto de bebé)

¡Ah!

¡Ah! ¡Ah!

¡Ah! ¡No me toquéis!

¡No me toquéis!

¡Dejadme en paz!

¡Que no me toquéis!

¡No me toquéis!

Verónica, ¿qué ha pasado?

Vosotros, que venís aquí a jugar a las enfermeras.

Mira lo que me habéis hecho. -Venga, señorita. Venga.

Tiene que dejar que le cure la herida.

-¡No, ellas no!

-Cálmese, cálmese. Tranquila, tranquila.

No te toques. Hay que curarte.

¡Traed agua, yodo y muchas gasas!

¡No te toques! ¿Qué ha pasado?

¡El autoclave! Alguien se lo ha dejado encendido.

(Explosión)

(Explosión)

-Esa ha caído cerca.

-¿Quién les enseñaría a usar los cañones?

(Explosión)

(JULIA TOSE) Julia, ¿estás bien?

Recibe esta alianza en señal de amor y de fidelidad a ti.

-Señor, escucha nuestras oraciones...

¡Mercedes! ¡Todo el mundo fuera! ¡Venga, vamos!

¡Salgan de aquí!

(ANDRÉS) El impacto ha tocado la cubierta.

El techo puede caer en cualquier momento.

Hay que sacar a todo el mundo de aquí.

(ANDRÉS) ¡Ortiz!

¡Ayúdeme a levantar la viga, vamos!

¡Todo el mundo fuera! ¡Venga, vamos! ¡Salgan de aquí!

¡Todo el mundo fuera de aquí, vamos!

(ANDRÉS) ¡Vamos!

(JULIA TOSE)

¡Todo el mundo fuera de aquí! Con cuidado, vamos.

¡No!

Está muerto, Julia.

Está muerto. Déjalo, vamos. Hay que salir de aquí.

(ANDRÉS) Hay que salir de aquí.

(JULIA TOSE)

¡Hay que llamar a Comandancia! Vamos.

(JULIA) No, a la Purísima.

Todo el mundo está en la iglesia.

¿Estás bien?

(ENFERMERA) ¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Ayuda!

¡Un médico, ayuda! -Julia.

Espera, voy contigo. No, ve a pedir ayuda.

¡Corre, ve! ¡Andrés, ve!

¡Ortiz! A la Purísima, rápido.

¡Julia! ¡Julia!

(Explosión)

(Explosión)

Ha pasado algo. Sí.

Dios mío.

¡Ayuda! ¡Necesito ayuda, rápido!

Los cañones.

Han caído dos cañonazos en el hospital.

¡Hay muertos y heridos!

¡Ayuda, por favor!

-¡Coronel, que envíen ambulancias!

¡Luis, hay que pedir ayuda a Comandancia!

¡Coronel!

(Gritos de auxilio)

Déjenme por aquí. ¡Paso!

Señorita, ayúdeme hay que atender a estos heridos.

¡Luis! ¡Cuidado, cuidado!

-¡Julia!

¡Julia!

¡Julia!

(Gritos de auxilio)

-¡Capitán!

-Julia.

Fidel.

No me he casado, Julia.

Yo quiero estar contigo el resto de mi vida.

Te quiero.

Te quiero.

¡Pilar, Pilar!

¡Pilar!

¡Pilar!

¿Dónde estabais? ¿Qué ha pasado? ¿Estáis bien?

-He intentado salvarla, Luis. No he podido.

Te lo juro que lo he intentado y no he podido.

-¿Dónde está? ¿Qué ha pasado? -No he podido salvarla.

No he podido.

"¿Qué va a ser de todos nosotros?

¿Qué va a ser de Pilar, de Magdalena, de Julia?

¿Qué va a ser que este hospital?

Sabíamos que corríamos peligro viniendo a Melilla.

Pusimos en marcha este hospital en tiempo récord

y doy fe de que cada una ha dado lo mejor de sí misma

para atender a los heridos.

Las bombas y los cañones no han podido con nosotras.

Mañana mismo empiezan a reparar el hospital.

Los enfermos han vuelto a las camas,

los oficiales médicos están de nuevo en sus puestos.

Cada uno de ellos debería tener un monumento.

Pronto volveremos a ser los de antes.

Puede que un poquito mejores.

Y quién sabe si está guerra al menos habrá servido para esto.

Magdalena Medina ya no es aquella joven frágil y asustadiza.

Su relación con Larbi le da fuerza.

Tendrán que usarla para vencer

tantos contratiempos como les esperan.

Pilar de Solaruce ha tomado nuevas responsabilidades a su cargo.

Sabrá sacarlas adelante.

Ella puede con todo y mucho mejor con la compañía adecuada.

Julia Ballester no podía imaginar lo que la vida iba a depararle

cuando se atrevió a subir a aquel tren.

Tampoco podía saber el doctor Fidel Calderón

que el destino que estaba esperándoles no era el que pensaba.

Les deseo lo mejor, es lo que merecen.

Así que para todos, la vida sigue,

abriéndose paso.

Para mí también.

Los tumores son benignos Pablo, esposo mío.

El coronel Márquez estaba más feliz que yo con la noticia.

Supongo que compartiremos aún muchos días de trabajo.

Hay tanto por hacer aquí...

Y algún día, por fin, acabará esta guerra.

Entonces, cariño mío, volveremos a casa".

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