All language subtitles for Tiempos de guerra - 1x12 Online - HDFull.tv

af Afrikaans
ak Akan
sq Albanian
am Amharic
ar Arabic Download
hy Armenian
az Azerbaijani
eu Basque
be Belarusian
bem Bemba
bn Bengali
bh Bihari
bs Bosnian
br Breton
bg Bulgarian
km Cambodian
ca Catalan
ceb Cebuano
chr Cherokee
ny Chichewa
zh-CN Chinese (Simplified)
zh-TW Chinese (Traditional)
co Corsican
hr Croatian
cs Czech
da Danish
nl Dutch
en English Download
eo Esperanto
et Estonian
ee Ewe
fo Faroese
tl Filipino
fi Finnish
fr French Download
fy Frisian
gaa Ga
gl Galician
ka Georgian
de German
el Greek
gn Guarani
gu Gujarati
ht Haitian Creole
ha Hausa
haw Hawaiian
iw Hebrew Download
hi Hindi
hmn Hmong
hu Hungarian
is Icelandic
ig Igbo
id Indonesian
ia Interlingua
ga Irish
it Italian
ja Japanese
jw Javanese
kn Kannada
kk Kazakh
rw Kinyarwanda
rn Kirundi
kg Kongo
ko Korean
kri Krio (Sierra Leone)
ku Kurdish
ckb Kurdish (Soranî)
ky Kyrgyz
lo Laothian
la Latin
lv Latvian
ln Lingala
lt Lithuanian
loz Lozi
lg Luganda
ach Luo
lb Luxembourgish
mk Macedonian
mg Malagasy
ms Malay
ml Malayalam
mt Maltese
mi Maori
mr Marathi
mfe Mauritian Creole
mo Moldavian
mn Mongolian
my Myanmar (Burmese)
sr-ME Montenegrin
ne Nepali
pcm Nigerian Pidgin
nso Northern Sotho
no Norwegian
nn Norwegian (Nynorsk)
oc Occitan
or Oriya
om Oromo
ps Pashto
fa Persian
pl Polish
pt-BR Portuguese (Brazil)
pt Portuguese (Portugal)
pa Punjabi
qu Quechua
ro Romanian
rm Romansh
nyn Runyakitara
ru Russian
sm Samoan
gd Scots Gaelic
sr Serbian
sh Serbo-Croatian
st Sesotho
tn Setswana
crs Seychellois Creole
sn Shona
sd Sindhi
si Sinhalese
sk Slovak
sl Slovenian
so Somali
es Spanish Download
es-419 Spanish (Latin American)
su Sundanese
sw Swahili
sv Swedish
tg Tajik
ta Tamil
tt Tatar
te Telugu
th Thai
ti Tigrinya
to Tonga
lua Tshiluba
tum Tumbuka
tr Turkish
tk Turkmen
tw Twi
ug Uighur
uk Ukrainian
ur Urdu
uz Uzbek
vi Vietnamese
cy Welsh
wo Wolof
xh Xhosa
yi Yiddish
yo Yoruba
zu Zulu

Original subtitles

(Disparos)

(Disparos)

(GRITA)

Vamos a ver.

(LUIS) Capitán, ¿todo en orden?

(ANDRÉS) El tirador está muerto.

Vayan al hospital y comuníquenlo.

-¿Y Fidel? -(GRITANDO) ¡Vayan!

Es usted un miserable.

Al menos Julia tuvo el valor de confesar.

Usted ni siquiera eso.

-Lo que ocurra entre Susana y yo es asunto nuestro.

-Usted se ha metido en mis asuntos.

Pero puede estar tranquilo.

Su prometida lo sabe.

-¿Qué le ha dicho a Susana?

Estará contento de romperle el corazón

a la única que no tiene la culpa.

-No he disfrutado. ¡No he disfrutado en absoluto!

Pero tenía que hacerlo.

-¡Por qué! -¡Porque eres un cobarde!

-A Julia y a mí...

también nos ha sorprendido todo esto.

-¿Cree que eso cambia algo?

-No lo sé, solo puedo decirle que...

que lo siento y que...

que nosotros también hemos sufrido todo esto.

Y que Julia no sabe lo que quiere.

Y yo tampoco.

-Ya.

-¿Usted siempre ha sabido lo que ha querido?

-Lo sabía.

Pero lo he perdido.

(GUILLERMO) Tirador abatido. -¿Alguna baja más?

-Dos soldados que cubrían la puerta.

¿Y el doctor Calderón y el capitán Pereda?

Están a salvo.

Julia, avise a los camilleros que retiren los cuerpos.

Ustedes, acompáñenme a atender a los señores.

Vamos. -¡Amor mío!

Baje el tono.

Pero qué miedo he pasado, abrázame.

¡Es que no puedes jugarte la vida así, Luis!

Este niño tiene que nacer con un padre.

-Raquel, por favor. Ya has escuchado a la duquesa.

Baja el tono, estamos en un hospital.

-Pero ¿qué te pasa, Luis?

-Guillermo, nos acaban de contar lo del tiroteo, ¿estás bien?

-No lo sé, sinceramente no lo sé.

Las balas pasaban tan cerca que... no sé si estoy herido.

-Valiente, es usted un valiente.

Si se va a jugar la vida así, de hoy no pasa.

-¿De hoy no pasa qué? -Que me saque por ahí.

No vaya a ser que venga un moro

y tenga más puntería, hay que aprovechar.

-Sacarla por ahí... ¿a qué se refiere?

¿Tener una cita juntos?

-¿Qué pasa? ¿No le parece bien?

-No...

Sí, sí, quiero decir, es una idea estupenda.

-¿Dónde me va a llevar? -Pues no sé...

A cenar, a bailar, a dar un paseo.

Depende. -A mí bailar me encanta.

Acaba de salvarme la vida.

¿Estás bien?

-Estoy vivo, si te refieres a eso.

Al menos por fuera.

Andrés... Déjalo, mejor no digas nada.

Tenemos que hablar.

¿Hablar? Sí.

Sí...

Hablar no va a cambiar lo que ha pasado.

Supongo que no es culpa de nadie, pero...

está claro que lo nuestro acaba aquí.

No quiero perderte.

Adelante.

-Disculpe, coronel, pero es urgente.

-¿Qué sucede?

-Han atacado el hospital.

-¿Y Fidel?

-Tenemos tres bajas.

Ninguna del personal del hospital.

Afortunadamente, el doctor Calderón y el capitán Pereda

neutralizaron al tirador a tiempo.

-Lo sabía. ¡Sabía que esto ocurriría!

Vámonos.

-Hija, ¿dónde vas? -Al hospital.

-¡Susana, ni se te ocurra, por Dios!

He venido en cuanto me he enterado.

¿Está bien? Sí.

Sí, sí, sí. Más o menos.

Gracias por su interés,

un... incidente propio de los tiempos que vivimos.

La jarca está agitando a sus partidarios

en el interior de la ciudad.

-Se han encontrado degollados

soldados y civiles en las calles del centro.

Se han producido saqueos, en comercios,

e incendios en edificios oficiales.

Nada de eso aparece en los periódicos.

La prensa que interesa, supongo.

Dígales a sus hombres

que tienen permiso para entrar en el hospital,

que pidan lo que puedan necesitar.

Nosotras nos encargaremos de que esté a su disposición.

-Sé muy bien que no es lo que quería, pero...

No hay más remedio.

Solo le pido que el hospital siga bajo mi mando.

Somarriba se encargará de eso.

¿Somarriba? -Señor.

-La tendré informada de la evolución de los avances.

¿Cree usted que tomarán Melilla? Espero que no.

Sería la peor noticia para todos.

Señora...

Fernanda.

¿Sabes dónde puede estar el doctor Calderón?

-Estaba en la sala de profesores.

-Gracias.

(RAQUEL) Están riquísimas.

Calentitas y riquísimas.

-¿Sabe dónde está el doctor Calderón?

-¿Cree que estoy para ver a nadie?

No paro. Mire, mire qué estampa.

Suerte que tenía esto y unos melones

que si no, vamos, ni qué llevarse a la boca tenían.

Claro, como no avisan...

-¿Quiénes son? -Vecinos.

Vecinos de los barrios donde han caído las bombas.

Imagínese qué noche.

Está durmiendo en la cama

y de repente, ¡bum!, se le cae la casa encima.

-¿Y... se van a quedar aquí?

-Eso parece. Mientras les buscan alojamiento,

la duquesa ha ordenado que nos encarguemos de ellos.

No sé usted, yo solo tengo dos manos.

A ver, señores, una cosita.

Hay una tajada de melón para cada uno.

Ya si sobra, tendrán más.

Por favor, ¿se puede encargar de todo esto,

que tengo que hacer en la cocina?

-Eh... Sí. Sí, sí, claro.

-Gracias, bonita.

-Tomen.

Que está caliente.

Ante todo, ustedes no se preocupen.

Aquí estarán a salvo.

Hasta aquí no llegan los cañonazos.

-Susana.

-Me han contado lo del francotirador.

¿Estás bien?

-¿Has hablado con Andrés?

-¿Me abandonarás y te irás con ella?

-Susana, quiero que hablemos, pero aquí no, por favor.

Dime la verdad.

Dime la verdad y nunca más volveré a preguntarte.

¿La quieres?

-Sí.

-Me has mentido, todo este tiempo,

mientras me oías hacer planes de futuro.

Me has permitido que siguiese adelante con la boda.

¿A qué estabas esperando, Fidel?

¿No lo sabes?

Te has aprovechado de mí.

Tú y yo hemos estado juntos.

Tú y yo nos hemos acostado y no se puede cambiar.

-Ya lo sé. -¿Lo entiendes?

-Lo sé, sí. -Pero para ti todo es tan fácil...

-No. -Sí.

-No. -Sí...

-Cancelaré la boda.

Yo hablaré... y asumiré toda responsabilidad.

-Un acto de valentía...

Llega tarde.

¿Ni siquiera vas a intentar que te perdone?

¿Que te perdone y lo olvide?

Yo estaba dispuesta a hacerlo, ¿sabes?

Sabía que...

Que algo pasaba entre vosotros,

pero pensaba que...

Pensaba que recapacitarías y que...

Y que vendrías a decirme... cuánto lo sientes.

-Susana...

-Seré yo quien diga que la boda no se va a celebrar.

Es lo mínimo que puedes concederme después de lo que me has hecho.

Julia...

¿Cuánto tiempo lleváis mintiendo?

Susana, yo no quería engañar a nadie.

Así que lo siento si quizá... No, no lo sientes.

Dímelo. ¿Desde cuándo?

¿Desde el primer día?

Todo lo que temía cada vez que os veía juntos...

era verdad.

Te conozco.

Conozco a la gente como tú.

Vas de mosquita muerta, pero en realidad tienes veneno

en las venas.

Eso no es verdad. -Sí, claro que es verdad.

Fidel y yo...

éramos felices antes de que llegaras.

Teníamos una vida juntos, teníamos un futuro...

juntos. Pero tuviste que meterte en medio

y destrozar todo lo que teníamos planeado.

Eres una mala persona, Julia.

Si no lo fueras,

te hubieses ido de este hospital y nos hubieses dejado en paz.

Perdone.

Soy la hija del coronel Márquez.

¿Podría comprobar si está mi coche?

Gracias. -Ahora mismo.

Julia.

¿Cómo estás?

Bien.

Ya lo veo, ya.

Fidel, no quiero ser responsable de la infelicidad de nadie.

No puedo.

Es un poco tarde para eso, ¿no?

No, porque tú todavía puedes hacer feliz a Susana.

No puedo.

Yo quiero estar contigo, Julia.

Vámonos de aquí.

¿Y adónde iremos?

Adonde nadie nos busque.

Donde podamos estar juntos tú y yo.

Tengo un amigo, el coronel Campos. Es mi mentor.

Seguro que puede ayudarnos a conseguir un trabajo

lejos de aquí.

El capitán Calderón y yo rodeamos el hospital.

No había tiempo de esperar refuerzos.

Cuando tuve oportunidad, abatí al tirador.

-Pero estaba usted suspendido de servicio.

-Lo sé, mi general.

Asumo las consecuencias.

-Es usted un buen soldado, Pereda.

Ya lo creo que sí.

Puede llegar alto, ¿sabe?

Con un poco de cabeza y algo de sentido común.

Creo que no fui muy justo con usted.

Por eso quiero devolverle a su antiguo puesto de capitán.

En Madrid.

-Bien. -¿Bien?

Creí que le ataba a Melilla una circunstancia personal.

-Ya no hay nada que me ate a Melilla.

Madrid será un destino perfecto.

¿Todos estos sacos tienen que estar aquí?

Complican mucho la entrada de enfermos.

-Hombre, de eso se trata, señora, de complicar.

Pero no se preocupe, que haremos todo lo posible

para que los salvajes no entren por esa puerta.

-Ya.

-Tiene mucha suerte de que estemos aquí, ¿sabe?

Ni se imagina las cosas que están pasando en esta ciudad.

Esos salvajes...

han entrado en un convento.

Han cogido a todas las monjas

y han degollado a la madre superiora.

La han colgado de un campanario y bocabajo...

-Ya, ya. Haga lo que tenga que hacer.

(GRITA)

(SUSURRA) -Pilar, soy yo. -¿Me quieres matar?

-Soy yo, perdón, perdón.

Pilar...

Cuando estaba fuera en mitad de los disparos,

solo podía pensar en ti.

En nosotros.

(SUSPIRA) En esto...

Y en que cabía la posibilidad de no volver a verte.

¿Y tú? -¿Yo qué?

-Que si no tenías miedo de no volver a verme.

-Luis, claro que tenía miedo de no volver a verte.

Pero, para.

-No sabes lo que daría por estar contigo.

-Yo también, pero aquí no podemos.

No podemos.

Luis, aquí no... ¡Que no podemos!

-Vale, perdón, pero es que me...

Pero entonces, ¿dónde, Pilar?

¿Dónde? ¿Cuándo? -¡Yo qué sé dónde!

Los enfermos dicen que el hospital se ha convertido en una cárcel.

Pero no saben de lo que hablan. ¡Una cárcel es donde estoy yo!

¡Atrapado!

-¿Qué dices?

-¿Eh?

No se veía nada, nada.

Entre los tiros, el polvo, la tensión,

se palpaba la muerte.

Pero había que arriesgarse.

Entonces, le digo a mis compañeros:

"Hay que rodear el edificio".

-Ya, doctor, pero... -Allá voy, esquivando balas.

Intento resguardarme tras de un camión.

Pero tenía que verme.

Desenfundo la pistola, busco un hueco,

saco la pistola, intento apuntar al tirador y de repente...

¡Pum! Entonces voy yo: pum, pam.

Cuando me doy cuenta, una bala casi abate al doctor Garcés.

Menos mal que estuve rápido y le salvé la vida, que si no...

-¿Qué? -¿A qué esperan

para ponerle una placa?

-Eso digo yo.

-¿Cómo me ve?

-Con el alta debajo del brazo. Estás más fuerte que un roble.

Como decimos en Galicia, estás "bombuxo".

Guillermo.

¿De verdad vas a invitar a mi hermana a salir?

-Quien dice salir dice dar un paseo o cenar algo.

Pero una cena de postín, eso sí, cuidado.

No pienses que no sé cómo tratar a una dama.

-Gloria no es una dama. -Y después, si se tercia,

echamos unos bailes o damos un paseo.

-Guillermo. Vamos a hablar claro.

Yo sé que lo de Gloria lo estás haciendo para darme celos.

-¿Yo a ti?

¿Por qué querría darte celos?

-Guillermo. -¿Qué piensas?

¿Que todo gira a tu alrededor? ¿Que no me puede gustar tu hermana?

-Es que si te gusta, me preocupa aún más.

-Pues me gusta.

-Pues no debería. -¿Cómo?

-Gloria no es como crees.

Parece simpática, pero...

no es la mujer que te mereces.

-A ver, eso tendré que decidirlo yo, ¿no?

-Ella va por el interés.

-Claro, porque conmigo no se puede ir por otra cosa.

-¡No digas tonterías!

-Si tantas tonterías digo, no sé qué haces aquí escuchándome.

¿Mohammed?

Pero si es Mohammed...

Pero ¿qué haces todavía por aquí?

Ay, claro...

Si es que los blancos somos muy blandos, ¿eh?

Ya.

Pero conmigo has pinchado en hueso, ¿sabes?

Salvoconducto.

No tengo salvoconducto.

Pues mala cosa.

Hable con enfermeras. Yo conductor y camillero.

No sé por qué cojones os dejamos vivir en Melilla.

Cuando sois peores que las ratas.

Pero, mira, las ratas por lo menos te las puedes comer.

Un día me comí una.

No están mal. Están buenas.

Pero ¿qué hacemos con vosotros, eh?

¿Qué hacemos?

¿Qué hacemos con vosotros?

Fuera.

No, teniente. Yo trabajo aquí.

Te doy tres segundos para que te vayas.

Uno.

¡Dos!

¡Larbi!

¿Magdalena?

¡Larbi!

¡Magdalena!

Cómo te he echado de menos.

No podía estar ni un minuto más sin verte,

sin... abrazarte.

Sin besarte.

"Shukran, ila, shukran".

"Shukran".

Dale también las gracias de mi parte.

Pero... Pero tu carta.

Tu carta decía que nunca volverías más.

Según la eché al correo, me arrepentí.

Me ahogaba sin ti, Larbi.

Y no era Madrid ni mi casa ni mi familia, era...

que me faltabas tú.

Estás aquí.

¿Y tu familia te ha dejado venir?

Madre. (CARRASPEA)

Sí, dime, hija.

Me voy.

¿Adónde?

Vuelvo a Melilla.

¿Te has vuelto loca?

Todo lo contrario.

He recuperado la cordura.

Vuelvo donde quiero estar.

Vuelvo a mi trabajo y vuelvo con mi amor.

Tú no te vas a ir.

No tienes nuestro permiso,

y por supuesto, no tienes nuestro dinero.

No me importa, madre.

Tengo un sueldo. ¿Qué sueldo?

Si ni siquiera sabes cuál es tu sueldo.

Magdalena...

si sales por esa puerta...

no eres mi hija.

Siento oír eso, madre.

Escribiré.

No te molestes.

(RÍE ENTUSIASMADA)

Ya.

Pero es que si no tiene salvoconducto,

no puede estar aquí, ¿sabe?

Teniente... (CARRASPEA)

Un día volverán a traerle aquí herido.

Eso lo tiene claro, ¿verdad?

Bueno...

Pues ese día,

será él quien le traiga en ambulancia

y yo quien le haga la primera cura.

Vaya.

¿Y usted responde por él?

Por supuesto que respondo por él.

¿Vamos?

¡"Salam aleikum"!

Sabía que ibas a volver.

Y yo sabía que tú lo sabías.

(PILAR) ¿Qué haces aquí?

Larbi, amor mío...

tengo que cambiarme.

¿Te importaría...?

¡Larbi!

¡Mi cama, mi cama!

Pero...

¿"Amor mío"?

¿"Amor mío"?

¿Qué ha pasado?

Me he ido de casa.

¡Sin el permiso de mi madre! No, ¿sin permiso?

Sí, soy una especie de fugitiva. ¿No es romántico?

¿Y qué ha pasado con Daniel?

Daniel...

sigue sin querer aceptar la realidad.

Espero que con el tiempo...

todo se arregle.

Mientras no vuelva a aparecer aquí...

Bueno...

Ya está, ya estoy aquí.

¿Vosotras qué? Contadme, ¿cómo estáis?

Bueno...

¿Qué?

¿Qué pasa?

Andrés me ha dejado.

Y hemos roto nuestro compromiso.

Vaya.

¿Y Fidel?

Y Fidel...

también ha roto su compromiso con Susana.

¿Qué?

Yo eso no lo sabía. ¿Qué?

Susana le ha pedido tiempo para contárselo a su familia.

Madre mía de mi vida...

Me voy dos días y...

¿Estaba aquí? Estaba aquí...

Y yo buscándolo.

¿Magdalena está aquí?

Llegó hace un rato, señora.

Yo pensaba que usted estaba al tanto.

No, no, Fernanda, no estoy al tanto.

Pero no se preocupe.

Ella debería haberme informado al llegar.

Por favor, no diga que he venido aquí...

No se apure. Seguro que vendrá enseguida.

(Puerta)

¿Ve?

(TOSE)

Con su permiso, duquesa.

Querría hablar con usted.

Disculpe.

Si quiere vuelvo un poco más tarde. No, no, no.

Solo que estaba esperando a alguien...

Fernanda, déjanos a solas, por favor.

Adelante.

Échele un vistazo.

Este informe me lo encargaron mis superiores.

Es evidente que se han cometido irregularidades

en distintos ámbitos.

Entre otros, con los suministros médicos.

Se cobro dinero por medicamentos que nunca se suministraron.

Probablemente se revendiesen en el mercado negro.

Esos suministros se pueden llegar a pagar

por el triple de su valor.

¿Está seguro de todo esto?

Obviamente a altos mandos del ejército

esto les incomoda. No quieren que salga a la luz.

Pero pensé que usted opinaría de otra manera.

Quizá pueda hablar con la reina.

De momento...

analizaré el informe y le aseguro que, si es cierto,

yo me encargaré de que esto salga a la luz.

De todos modos, creo que sería conveniente

que usted se mantuviera al margen.

Ya ha hecho suficiente, y temo que le expulsen del ejército.

Le aseguro que eso es lo que menos me importa.

Deseo que llegue más lejos

con este asunto de lo que yo lo he hecho.

Que tenga la mayor de las suertes.

Usted lo verá, ¿me equivoco?

Gracias.

A usted, capitán. (TOSE)

Pilar. ¿Señora?

¿Cuánta tusedrina hemos recibido en el último pedido?

Tusedrina... 30 frascos.

¿Y anestésicos cuántos?

50... -52 frascos, señora.

Yo misma los conté.

-¿Está todo en orden, señora?

(ASIENTE)

Sigan trabajando.

Sigan.

No, no, no se trasladen sin avisarme.

De acuerdo.

Tengo que colgar, adiós.

¿Necesita algo?

Mire, coronel,

si estoy aquí ahora en vez de al teléfono

con su majestad, es porque, a pesar de nuestras desavenencias,

quiero seguir creyendo en su honestidad.

Usted dirá.

¿Está informado de que recibimos menos medicamentos

de los que figuran en las hojas de entrega?

Por supuesto que no, señora.

Pues hay pruebas.

¿Hay pruebas de qué?

¿De que ordeno comprar medicamentos?

¿Sabe cuántas órdenes tengo que dar al cabo del día?

No sé cuántas órdenes da al día, pero sí sé

que esos medicamentos no llegan a mí hospital

y juraría que tampoco a los demás. Y su firma está ahí.

La rapiña ha llegado también a sanidad.

Es la guerra, señora mía.

Dolor y muerte para muchos,

y un sencillo negocio para otros.

No.

No soy responsable de esto, señora, créame.

Y haré cuanto esté en mi mano para dar con los culpables.

Cuento con ello.

(SILBA PIROPEANDO)

No sabes...

No sabes cuántas veces he soñado con este momento.

Ahora voy a tener que vivir de mi sueldo.

Qué gracia.

Si ni siquiera sé cuál es mi sueldo.

Con lo que me enviaban de casa, me sobraba.

Cuando nos casemos, tú no tienes que trabajar.

Yo me ocupo de todo.

No, yo quiero trabajar.

Me encanta, Larbi.

Cuando estaba en casa,

echaba de menos el jaleo, los gritos, las curas de urgencia.

¿Te parece raro? Tú eres rara.

Echaba de menos esto.

Magdalena.

Señora duquesa...

he vuelto.

Ya lo veo.

Sé que ha llegado hace unas horas.

¿Por qué no ha venido a verme? Lo siento, señora.

Supongo que ya habrá hablado con mi madre y con la reina.

Y estará al corriente de todas mis locuras.

Me temo que sí.

Pues eso,

que entre unas cosas y otras,

me costaba un poco venir a verla. Claro, claro...

Duquesa...

Cómo la he echado de menos.

Venga.

Venga.

Magdalena, el brazo, quita el brazo.

Perdón. Vamos a mi despacho.

La hemos echado de menos, Magdalena.

Y me alegro mucho de verla. Mucho.

Pero su presencia aquí me plantea un grave problema.

Siéntese, siéntese.

Yo sé que es su corazón quien dicta sus actos

y no soy yo quien va a juzgarla.

Pero nuestro mundo se rige por unas normas

cuya ruptura implica consecuencias.

Y estoy dispuesta a asumirlas, señora duquesa.

A estas horas, mi madre ya me habrá desheredado

y mi nombre habrá sido borrado de todas las agendas.

No tengo familia ni amigos ni dinero

ni nada.

Pero no me importa.

Tengo mi amor y tengo mi trabajo. No.

Me temo que no, Magdalena. Se equivoca.

Su madre es miembro destacado de la junta de este hospital

y la reina es la presidenta.

Ninguna de las dos la quiere aquí. ¿Me está echando?

Vamos a ver, Magdalena, créame, yo he hecho todo lo que he podido,

pero tengo las manos atadas.

Ya.

¿Sabe? La ilusión de mi vida es ser enfermera.

Y creía que aquí hacía falta toda la ayuda posible.

Y hace falta, Magdalena, hace mucha falta.

Vamos a ver, ¿por qué no hacemos las cosas bien?

Yo puedo conseguirle una plaza en el primer vapor hacía Málaga

y un billete de tren a Madrid.

Habla con su madre, endereza las cosas, vuelve aquí.

Estoy segura de que su familia la perdonará.

Señora duquesa, no pienso volver.

Y no quiero ningún perdón porque no he hecho nada malo.

¿Y qué piensa hacer? No lo sé.

Pero no se preocupe. Estaré bien.

Tómelo. Lo va a necesitar.

Muchas gracias, señora duquesa.

Por todo.

Es una mujer extraordinaria.

Y he aprendido mucho de usted.

Igual no lo contaste bien. Yo siempre cuento bien.

¿A que sí, Magdalena?

Magdalena.

¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

Las cosas no han salido como yo esperaba.

Si me vais a seguir viendo por aquí.

¿Qué os pensáis? ¿Que os habéis librado de mí?

Es muy injusto.

Deberían darte las gracias

por todo lo que has hecho por el hospital.

Yo no lo entiendo. No lo entiendo...

Eres dama enfermera, Magdalena.

Pilar, sí, soy dama enfermera y lo seguiré siendo.

En cuanto a mi madre se le pase el berrinche,

todo volverá a ser como antes. Magdalena, tu madre...

No.

No salgáis a despedirme.

No hagamos un numerito, que no hay necesidad.

Ni abrazos ni nada.

Ni me digáis adiós.

Que no me voy a ninguna parte. Me quedo en Melilla.

Mírala.

Se va tan contenta, como si nada.

Solo le importa Larbi.

Parece hasta fácil viéndola a ella, ¿no?

Fidel me ha pedido que me marche con él.

¿Qué? ¿Adónde?

A la península.

Dice que puede encontrar ahí un trabajo en otro hospital.

¿Y te vas a ir?

Sí. Yo creo que es lo mejor.

Pilar...

¡Pilar! ¡Dejadme en paz!

Voy a cerrar el tráfico del puerto.

Quiero el muelle despejado

para que solo atraquen nuestros buques de guerra.

Estaremos aislados unos días, hasta nueva orden.

¿Qué le pasa?

¿Algún problema en el hospital de la Cruz Roja?

No me diga que la duquesa le ha vuelto a hacer la puñeta.

-No, no... No, señor, no.

No, esto es más grave.

Nos están robando, general.

-¿Cómo robando?

-Más de la mitad de los medicamentos

desaparecen antes de llegar al hospital.

-Feo asunto. Sí, señor.

¿Cómo se ha enterado de una cosa así?

-La cuestión no es saber quién me lo ha dicho,

sino averiguar quién es el culpable.

Pensé que... tal vez usted sabría algo.

-Pero, por Dios, Vicente...

¿Qué puedo saber yo?

-En ese caso, recurriré al alto comisario.

Tal vez él me pueda informar.

-Piénselo fríamente, Márquez.

Los rebeldes nos están comiendo por los pies.

Usted lo sabe.

Y si trasciende a la prensa,

ya lo que nos faltaba.

Que sigan difamando contra el ejército,

que corra la voz, las tropas...

Nuestros hombres están entregando su vida

por su patria, por España.

Hay que mantener la moral de esos chicos bien alta.

Mi consejo es no molestar a nadie con esto.

De momento, claro.

Mejor esperar a que todo esto acabe.

-¿Esperar?

¿Cuántos muertos más con la moral alta

y cuántos ladrones más sin ella?

No sé...

Señor, si hay que molestar a alguien, se molesta.

No creo que debamos esperar a que esto acabe.

Yo no puedo esperar.

Mi nombre está en esos documentos, y por lo tanto...

-Precisamente por eso, Márquez.

Si usted se empeña en destapar esto ahora,

quizá haya que encontrar un culpable para calmar las aguas.

¿Entiende?

Usted podría ser el más perjudicado.

Piense en su hija, que se casa en unos días.

Sea listo.

Los verdaderos problemas están justo aquí.

Sí, ¿coronel?

Sí, le escucho, le escucho.

¿El puerto?

¿Y cuándo sale el último barco?

Muy bien, señor.

Necesito que me confirme...

Si llego a la península,

¿puede asegurarme estos dos trabajos?

No es justo, tú eres buena enfermera.

No pasa nada, Larbi.

Lo importante es que estamos juntos.

Es mi culpa.

¿Y de qué tienes la culpa?

¿De quererme?

No tenemos que arrepentirnos de nada, nunca.

Pero yo no puedo dejarte en calle.

Podría ir a casa de Susana. Es mi amiga.

Bueno, pero eso temporal.

María Magdalena, futuro es ser mi mujer.

¿Y qué hay que hacer en Melilla para ser tu mujer?

Bueno, si tú musulmana, es fácil.

Y si tú cristiano, también, no te digo...

No, no, no es broma, hablo en serio.

A lo mejor si tú te haces cristiano,

será todo más fácil.

Pero, Magdalena, yo no puedo renunciar a Alá.

¿Y yo tengo que renunciar a Dios?

Pero Dios es Alá. Es lo mismo.

No vamos a tener una discusión religiosa ahora, Larbi.

¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?

¿Cómo? Nada.

Ya verás como todo saldrá bien.

Vamos a ser felices.

(CARRASPEA)

Doña Manuela...

¿Cómo tienes el valor de presentarte en mi casa

y sin avisar?

Perdone.

Tiene razón.

Es que pensaba que...

¿Y Susana está? Me gustaría despedirme de ella.

¿Regresas a Madrid?

No, no creo que regrese a Madrid.

Me voy del hospital, doña Manuela.

Creo que usted ya conoce los motivos.

Tienes que recapacitar.

Y ponerte en la piel de tu pobre madre.

¿Sabe qué es lo que me gustaría?

Que ella se pusiera en la mía.

Muy bien.

Susana está en su cuarto.

(Puerta)

¿Sí? ¿Susana?

¿Se puede?

Qué sorpresa.

¿Cuándo has llegado? Pensé que...

Susana... Estás...

Dime la verdad: ¿te gusta?

Es precioso.

Es más bonito que aquellos que pintábamos de pequeñas.

Y mira que eran bonitos,

¿te acuerdas? Sí que eran bonitos.

Bueno, los míos porque tú...

les pintabas colas de 20 metros.

Claro, como tiene que ser.

Que se desparramen por las escaleras de palacio.

¿Y esa maleta?

Nada, es que...

he tenido un problema en el hospital

y pensaba que a lo mejor podía quedarme aquí,

pero tu madre no...

Tú te quedas aquí lo que necesites.

No quiero ser una molestia, de verdad.

Ahora le digo que suban el resto de tu equipaje.

Esto es todo. No me lo puedo creer.

¿Así has venido? ¿Desde Madrid? Y no he echado nada de menos.

Pero ¿qué te crees que vas a encontrar ahí, muchacho?

¿A "Bil Krim" ese?

-Abd El Krim, hija.

Abd El Krim El-Khattabi.

-Como se llame, aquí no está.

Dígale que se coja lo que quiera de comer

y que se largue.

-Ya lo ha oído, soldado.

Coja algo de fruta

y vaya a hacer su trabajo a otra parte, gracias.

-Pues yo no sé lo que le sucede, padre,

pero le digo yo que Luis está muy raro conmigo últimamente.

Yo creo que sigue a vueltas con esa.

-Tienes que entenderte con tu marido de la manera que sea.

Si no está contento, la cosa se pone color de hormiga.

-No empiece otra vez, de verdad.

Yo no sé qué mosca le ha picado...

Le ha visto con la Soraluce.

Es eso, ¿verdad?

No, esta me va a oír a mí, hombre. Ya está bien con la tontería.

O deja en paz a mi marido o yo le juro...

-Raquel, tranquila, escucha. Espera.

¿Por qué no le dejas que viva su vida?

-¿Perdone?

-Oficialmente seguiríais casados.

Él te mandaría el sustento, claro.

Pero cada uno seguiría por su cuenta.

No sé si me explico. -¡Ya está bien!

Coja su dinero, su pedido y váyase, que tengo mucho jaleo.

-Te va a repudiar. -¡Luis me quiere!

Y eso solo lo sé yo porque yo sé cómo me habla

y sé cómo me mira.

Y él no será capaz de hacer una cosa así.

¿Qué es eso de repudiar?

¿Puede romper los papeles?

-Si se presenta ante un juez

y demuestra con testigos que ese hijo no es suyo,

te pone de patitas en la calle.

-No, no lo va a hacer.

No tiene valor. -¿Adónde vas?

-¡A hablar con Luis!

¿Me vas a dejar por esta?

-Este no es el sitio.

-¿Con esta tripa? ¿Vas a abandonar a tu hijo?

¿Eso lo hace un hombre? No, ¿eso lo hace un hombre?

-De verdad, parece mentira.

¿Quieres bajar la voz, por favor?

-Ya sé que no soy suficiente para ti.

Ni tengo educación ni tengo familia fina.

Solo soy una pobre cocinera.

-No, por favor. No sigas por ahí, te lo ruego.

-¿Te avergüenzas de mí? Ya lo sé.

Pero ni siquiera me llevaste al baile de oficiales.

-¿Qué?

Si fuiste tú la que no querías ir

porque me dijiste... No, no, no me líes, Raquel, no.

Ese no es el tema. Yo...

No quiero hacerte daño, de verdad.

Pero no voy a seguir con esto.

-Haberlo pensado antes de hacerme esto.

-Deja ya las mentiras. Yo no soy el padre.

-¿Cómo puedes decirme esto, Luis?

Es que no puedo respirar.

Luis me va a dar algo, agárrame.

-Basta ya, Raquel. -Agárrame...

-Raquel. -No...

-El numerito no te va a servir de nada esta vez.

Arreglemos las cosas de una manera civilizada.

-¡No hay nada que arreglar!

Si quieres abandonarme, allá tú y tu conciencia.

Pero cuando veas a tu hijo en la Plaza Real pidiendo limosna,

dale algo, anda, dale algo.

-Raquel... -¡Déjame!

¿Tú qué miras, golfa? ¿Te has quedado a gusto?

-¡No he hecho nada!

-¿Qué? Has destrozado una familia. -¿Yo?

-¡Dejarás a esta criatura sin padre! -Déjala en paz.

-¡No, que la deje en paz no!

¡Voy a arrancarle ese pelo de rata que tiene!

-¡La culpa de esto es tuya!

-Fantástico. -¡Tuya!

-¿Qué querías que hiciera? -¡Creo que viene!

-Va... -Luis, está de parto.

-No, no... -¡Luis, que está de parto!

-Si todavía faltan varias semanas.

-Pero ¿qué me estás contando? ¿No la ves?

Al quirófano. ¡Al quirófano!

Esto está listo...

-¡No me toques, asesina!

-Ya estoy aquí. ¿Cómo está la futura madre?

-¡Cállese! -Tranquila, Raquel.

-Raquel... -¡Que se calle!

-No oigo los latidos, Luis.

-¿Cómo vas a oír con todo este jaleo?

Déjame a mí. -¿Se ha adelantado?

-Silencio, por favor, silencio.

Ya lo oigo, ahí está.

Un poco débil y quizá demasiado acelerado.

-Será normal.

Pilar, vaya a por un tranquilizante.

-¿Has asistido alguna vez a un parto?

-Nunca.

Nunca, es la primera vez.

Aunque para el bebé también es la primera vez...

Tranquilos, tranquilos...

(FIDEL) Me ha dicho que me puede conseguir un trabajo

en el hospital de Málaga.

A los dos.

Hay un problema.

Hay que salir ya.

¿Ya? Esta noche.

¿Esta noche?

Sí, van a cerrar el puerto al tráfico de viajeros.

¿Nos dejan incomunicados?

Sí, esta noche sale un vapor.

No sabemos cuándo sale el próximo.

Tengo dos pasajes para esta noche

y creo que puede ser una buena oportunidad.

-Madre mía, que me tenga que pasar todo a mí.

Todo a mí...

Raquel se ha puesto de parto. Y no va bien.

-Dios...

Tengo que marcharme.

Te veo a las 12 en el callejón.

Te quiero.

¡Fidel, ayúdame, por favor!

Guillermo, llévate a Dámaso. Es mejor que salga del quirófano.

-Hija mía, Luis es tu marido y el padre de la criatura.

Estás en buenas manos. -¡Padre, no!

-Tranquila. -Fidel.

-No, no...

-Creo que viene de nalgas.

-A ver, tranquilo, tranquilo.

-Tiene la barriga muy rígida y muchas ganas de empujar.

-Viene de nalgas.

Bien, vamos a empujar.

Luis, es tu hijo, encárgate tú.

Yo te apoyo desde arriba.

Raquel, tranquila, vamos a empujar entre todos.

-No, no. -Respira y empujamos a la de tres.

Uno, dos... ¡y tres!

-¡Vamos! -Bien, bien. Más, más.

Más. Bien, bien.

Tranquila, respira. Respira.

Uno, dos y tres.

-Vamos...

-Más, más, más.

-Otra vez, Raquel, otra vez, tú puedes.

Sí, una, dos, ¡y tres!

¡Vamos, vamos, vamos!

-Se ha desmayado, doctor, se ha desmayado.

-¡Raquel! ¡Raquel!

-¡Las piernas! ¡Las piernas, Luis!

¡Tienes que sacarlo, vamos!

Ay, mi niña...

-Tranquilo, Dámaso, tranquilo.

-Me han dicho que está de parto, ¿cómo va?

-La verdad es que no lo sabemos.

Pero a mí me da que va a tardar en salir.

(Llanto de bebé)

-Mi nieto.

Ese es mi nieto. O mi nieta, quién sabe.

¡Abuelo, me han hecho abuelo!

-Felicidades, Dámaso. -Enhorabuena.

-Qué alegría, ¿no?

Qué alegría.

¿Qué pasa? ¿No te alegras?

-Claro que sí.

Es el primer niño que nace en este hospital

después de tanta muerte.

Voy a entrar a verle.

Gracias.

-Ha salido a su padre.

Cógelo.

-Usted puede con todo, doctor.

¿Has mirado si trae el pan bajo el brazo?

-A ver si pudiera traer algo más que pan.

-Un jamoncito.

El primer bebé que nace en este hospital.

(VERÓNICA) Qué cosa más pequeña.

¿Es niño o niña? -Niño.

Niño, niño, ¿no le ves los papeles?

(GLORIA) Enhorabuena. (DÁMASO) Gracias.

(GLORIA) ¿Cómo ha ido su parto? -Bien...

(GUILLERMO) Primeriza.

Sietemesino y de nalgas.

Menos mal que mantuvimos la calma, que si no...

(GLORIA) Vale usted para todo, doctor.

Un día pega tiros otro trae niños al mundo.

No me explico cómo puede ser que no tenga novia.

-Ya, yo tampoco me lo explico.

-Voy a...

-Espere, teniente, hay que ser agradecido.

Esta noche celebremos todos a base de bien en la cantina.

Están todos invitados.

Que la ocasión lo merece.

-Ay, qué bien. -Paga el abuelo de la criatura.

Se va a llamar Luis, como su padre. ¿A que sí, Raquel?

-Luisito. -Luisito.

(GLORIA) Qué bien...

(FIDEL) Se nota, ¿eh?

-¿El qué? ¿Quieres?

-Se nota que nos gusta lo que hacemos, ser médicos.

Te veía ahí dentro y pensaba...

Este hombre ha nacido para esto.

-No está mal que le doren la píldora a uno de vez en cuando,

pero... ¿a qué viene esto precisamente ahora?

-El hospital de campaña va a continuar

y quiero que te ocupes de ello.

Necesito saber que puedo contar contigo.

-Espera, espera.

¿Y qué pasa contigo?

El hospital de campaña es tu sueño, llevas luchando por el mucho tiempo.

-Sí, lo sé, pero ya no.

Me voy.

Susana y yo hemos roto nuestro compromiso.

-Te vas... -Sí, me voy.

-¿Te vas y nos dejas?

No puedes irte de aquí, Fidel. Este es tu hospital.

No, esta es tu casa. -Para.

-Somos tu familia, Fidel. -Luis, para, por favor, para.

Eres el mejor médico que conozco.

Y sé que lo vas a hacer muy bien.

Confío en ti, Luis.

Te quiero, amigo.

Me tengo que ir.

¿Se puede saber desde cuándo bebes?

Desde que vivo en la guerra.

¿Quieres que te ayude a quitarte el vestido?

No.

Lo quiero tener puesto toda la noche.

¿Estás bien, Susana?

¿Puedo?

Entonces...

¿has vuelto por Larbi?

Sí.

Quiero estar con él.

No sé si será el amor de mi vida,

pero no quiero que pasen los años

y arrepentirme de no haberlo intentado.

Es un cielo de persona.

Si le conocieras un poquito...

Pero no podéis estar juntos.

Quiero decir, tú eres cristiana y él es musulmán.

Nunca lo van a aceptar en tu casa y tú en la suya no creo...

Ya lo sé, Susana.

Ya lo he pensado. A lo mejor me hago musulmana.

¿Qué pasa? No me mires así.

Eres una buena persona, Magdalena.

Siempre lo has sido.

Y no comparto lo que haces, pero...

pero espero que seas muy feliz.

De verdad que sí.

Susana...

¿Cuándo vas a decírselo a tus padres?

No sé...

No sé cómo voy a poder vivir con esto, Magdalena.

No sé...

Sí... Vas a poder.

Las dos podremos. Ya verás como sí.

Ya lo verás.

Julia, nos vamos a la cantina. ¿Vienes con nosotras?

No, mejor me quedo.

Estrella, Andrea, vámonos.

¿Te vas?

Fidel me espera dentro de una hora.

¿Estoy loca?

Despídete de las demás, ¿de acuerdo?

Os voy a echar mucho de menos.

Y nosotras a ti.

Suerte, Julia.

(GUILLERMO) Gloria, ¿le importa si lo dejamos para otro día?

Es que no me encuentro muy católico.

-Eso son nervios, que lo sé yo,

que me tiene más miedo que a la jarca.

-No, mujer. Es que estoy un poco revuelto...

-Eso con dos copitas se le pasa. Ya verá.

Vamos.

No sé, Luis, no...

Es que me da miedo, es como que se va a romper.

Si es que es muy llorón.

(LLANTO SUAVE DE BEBÉ)

-Le acabamos de sacar de ahí dentro.

¿Cómo te sentirías tú si de repente te sacaran

del sitio más calentito del mundo?

Déjame a mí.

-Le gusta estar con su padre.

-Raquel, soy médico.

Sé reconocer un niño sietemesino y este no lo es.

-Soy cocinera.

Sé alimentarme bien, Luis.

-Esta noche te hemos podido hacer un hueco aquí.

Pero seguro que mañana te encuentras mejor

y podrás irte a casa.

-Luis, vendrás conmigo, ¿verdad?

-Raquel, descansa, ¿de acuerdo?

Coge fuerzas.

Las vas a necesitar.

-Pero... yo no...

no sé qué hay que hacer con un bebé.

Me tienes que ayudar.

Pero ¿cómo voy a criarlo yo sola?

El caso es que el tiempo que hemos estado

lo hemos pasado bien, ¿verdad?

-Sí, la verdad es que sí, mucho.

-Pues ya hacía tiempo

que no me invitaba un caballero a una cita.

Podemos repetir cuando quieras.

Hasta mañana, Guillermo.

-Hasta mañana.

(ANDRÉS) Saldré en uno de los próximos barcos

que salgan para la península. Así que aprovechen

si quieren que les lleve algo a sus familias.

Veo que no soy el único que se va de Melilla.

¿Tú también te vas?

Venía a despedirme.

Todo un gesto por tu parte, pero no hacía falta.

Andrés...

yo tampoco quería que nada de esto sucediera.

De verdad.

Te quiero y formas parte de mí.

Siempre vas a formar parte de mí.

Por eso no quería irme sin que me perdonaras.

¿Es importante para ti?

Mucho.

Nos merecemos un buen recuerdo.

¿No crees?

Prométeme...

que te vas a cuidar.

Que vas a ser muy feliz.

Yo también espero que seas feliz, Julia.

"Querido Fidel:

Ojalá no tuviera que escribirte esta carta de despedida.

Pero... así son las cosas a veces.

Precipitadas, absurdas, inevitables.

Sé que tú no elegiste que las cosas fueran así.

Ni tú...

ni ella.

Pero son.

Y yo... sé que no podría soportar vivir sin ti.

Fidel, es triste, pero es cierto.

Hay momentos donde la vida te sonríe,

donde parece que todo... sale bien.

Y hay otros, en cambio, que...

te rompen el alma.

Para siempre.

No te culpes. No eres tú el causante,

sino mi propia debilidad para afrontar las adversidades.

Sé feliz

y piensa que yo siempre te voy a querer, esté donde esté".

¡Susana!

¡No!

(Disparo)

(CORONEL) ¿Qué ha pasado aquí?

¿Hace mucho que ha perdido el conocimiento?

No, poco.

Susana, hija, despierta. ¡Susana!

(PILAR) Julia, ¿qué ha pasado? ¿Qué haces aquí?

Estaba dispuesta a dejarlo todo por él

y no ha aparecido.

¿Se va a morir?

-Aguanta, Susana, por Dios.

¿Me va a decir ahora qué ha sucedido?

-Señor, no sé lo que ha podido ocurrir.

-No voy a parar hasta averiguar por qué lo hizo.

(RAQUEL) Luis...

¿Qué hacéis?

¿Qué hacéis con mi bebé? -Raquel, tranquila.

Raquel, tranquila.

Raquel. -Se me va la cabeza...

¿Qué le pasa, señora?

Tengo aquí presión.

Voy a pedir que le practiquen una biopsia.

Hágalo. Hágalo.

(PILAR) ¡Raquel! ¡Raquel!

-No te acerques o te juro por Dios que tiro al niño.

-¿Por qué haces esto?

-Porque no quiero que toques a mi hijo.

-De acuerdo.

¡Ayuda! ¡Ayuda!

(ANDRÉS) ¡Julia!

Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.