All language subtitles for Tiempos de guerra - 1x11 Online - HDFull.tv

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Original subtitles

(Música)

¿Qué tal la comandancia, capitán?

-Revisando presupuestos y libros de cuentas.

-Fascinante. -Sí, ríete, ríete,

pero hoy he descubierto algo.

El número de comidas que paga comandancia

no se corresponde con el número de soldados ingresados en el hospital.

Me temo que alguien se está quedando con un buen pellizco.

-¿Y qué si Dámaso se está quedando con algo de calderilla?

Tenemos problemas más importantes. -Un militar está robando

desde dentro, ¿no te parece grave?

-¿Te dedicas a mirar con lupa lo que hacen los nuestros o qué?

Te equivocas de bando, capitán.

Pero, madre, si ha dejado el campo sin flores.

Todo es poco para mi hija. Estarás cansada, ¿verdad?

Tienes preparado el baño

y después vendrán a recogernos para ir a comer.

Tus tíos están deseando verte, te han traído un regalo de boda.

Te va a encantar.

Y mañana por la mañana... Madre, me gustaría dormir un poco.

Hum... Quiero descansar.

Claro que sí, hija mía, lo que tú quieras.

Después de todo lo que has pasado en Melilla...

¡Eh, eh! Ya, ya. Ya estás en casa, ya se acabó.

Ya no te puede pasar nada.

Anda..., vete a descansar.

(FIDEL) Julia..., ¿duermes? No puedo.

Si hiciéramos las cosas como Dios manda

y no deprisa y corriendo...

Vamos a quedar fatal con tanta gente...

-¿Y qué nos importa la gente? -Susana, ¿cómo puedes decir eso?

-Lo importante somos nosotros, Fidel y yo.

Y usted, madre, que por fin la dejaremos tranquila.

Nos vamos a casar, ¿no le alegra?

-¿Cómo no me voy a alegrar? Si eres mi única hija.

Pero es que vamos a ser cuatro gatos en la iglesia, cuatro gatos.

-Irán los oficiales médicos del hospital.

-Están en la lista. -También irán las damas enfermeras.

-¿Todas? -Sé lo que hago, madre.

Cuando Fidel y yo nos casemos, se acabarán las habladurías.

(Explosión a lo lejos)

-¿Qué ha sido eso, Vicente, un cañonazo?

(Explosión y sirena)

-Con su permiso, mi coronel. -¿Qué está sucediendo?

-Los rifeños están subiendo más piezas de artillería

a las crestas del Gurugú.

-La respuesta a nuestra entrada en Nador

no se ha hecho esperar.

-La ciudad está hasta arriba de soldados,

ya pasó el peligro, ¿verdad?

-Mientras sigamos en estas tierras, hija, viviremos siempre en peligro.

Capitán.

(Explosión)

Ya está, ya está. Despacio.

(Explosión y cristales rotos)

Yolanda, siga usted.

¡Cúbranse! ¡Cúbranse!

¡Cierren, he dicho! ¡Vamos! ¡Vamos! Venga, venga.

(Continúan las explosiones)

Salgan de las ventanas, fuera.

Sara, que cierren todas las contraventanas de la galería,

rápido. Aléjense, aléjense de las ventanas.

¡Fuera, fuera!

¡Vamos! ¡Vamos, señoritas, vamos!

¡Movimiento! ¡Descargadlo todo, va, va!

(Barullo)

(MOLINA) ¡Vamos!

Primero apuntalen las ventanas, sobre todo las que dan al sur.

Soldado, coja la ametralladora y sígame.

Vamos a buscar un mejor emplazamiento.

-¿Se puede saber qué hacen? -Cumpliendo órdenes.

Para acceder a la azotea, ¿por la derecha o por la izquierda?

Teniente, ¿órdenes de quién si se puede saber?

De la Jefatura de Sanidad Militar.

Hemos de tomar posiciones de defensa y proteger el hospital.

Teniente, fuera puede organizar lo que quiera,

pero aquí dentro no quiero armas.

Con el debido respeto, señora, cuando recibo una orden, la cumplo.

Pues cumpla esta. Fuera. Yo solo recibo órdenes de mi mando.

La autoridad de su mando termina justo en esa puerta.

Creo que se equivoca.

El coronel es el jefe de Sanidad

y la orden viene directamente de comandancia.

Y la mía ha venido directamente de la reina.

Si tanto le importa cumplir órdenes,

vaya y explíquele al coronel por qué no pudo cumplir esta.

Si él tiene cualquier problema, ya sabe dónde encontrarme.

Señora.

¿Tan grave es la situación, señora?

Lo han oído: los rifeños están atacando Melilla

y no pararán de lanzar obuses

hasta que nuestro ejército vuelva a echarlos del Gurugú.

Hasta ese momento no puedo garantizarles

que el hospital sea un lugar seguro.

-¿Y qué vamos a hacer, irnos a otra parte?

Cada una de ustedes es libre de quedarse o de irse.

Vinieron por voluntad propia y yo no les pediré que se queden.

Entenderé perfectamente si optan por ser prudentes.

Pero ¿usted se va a quedar? Sí, Julia, por supuesto.

Es mi deber. El hospital seguirá funcionando pase lo que pase.

Bueno, pues entonces nosotras también nos quedamos, ¿no?

Julia, esto es una decisión de cada una.

-Tomaremos precauciones.

Nada de salir al patio a pasear con los enfermos

ni asomarnos a las ventanas

y protejamos el material médico más frágil, por favor.

No podemos perder nada.

Señoritas. (TODAS) Sí.

Bien. Por la noche tengan mucha precaución

y solo utilicen las luces imprescindibles,

¿entendido?

Muy bien. Vuelvan al trabajo.

Ah, por cierto,

la madre de Magdalena ha confirmado su llegada por telegrama,

así que no se preocupen por ella, seguro que está perfectamente.

Pero, Magdalena, ¿todavía estás así? ¿No piensas levantarte?

¿Te pasa algo? ¿Te ha subido la fiebre?

No has probado bocado. Estoy un poco desganada, madre.

Le diré a Angelines que traiga un poco de hojaldre,

que a ti te gusta tanto, ¿de acuerdo?

¿Quieres? ¿A que sí? (RÍE)

Hija mía, ¿por qué no me acompañas al recital?

Seguro que a la reina le encantará verte.

Por la ropa no te preocupes,

tienes un montón de ropa nueva acabada de confeccionar

para que estés a la última. Prefiero quedarme en casa.

Ay, Magdalena, ¿qué te han hecho en ese sitio?

Tú, que eras un cascabel.

No me han hecho nada. ¿Qué me van a hacer?

Madre, allí no parábamos quietas, todo el día de arriba a abajo.

Cuando le empiece a contar...

Cualquiera diría que echas de menos Melilla.

Pues es que es así.

Lo echo de menos. Lo que necesitas es distraerte.

Todavía no has bajado ni al jardín.

¿Le digo la verdad, madre?

Todo esto... es mi casa,

pero me parece de mentira.

Lo que parece mentira es que tu príncipe azul

haya tenido que ir a África para traerte sana y salva

con los tuyos.

Vamos. No se hable más, levántate.

Hoy porque estás cansada del viaje,

pero que sea el último día que holgazaneas, ¿de acuerdo?

Cualquier cosa que tenga que hacer puede esperar.

No, no es verdad. Tu boda es dentro de dos meses.

Tenemos el tiempo justo para prepararlo todo.

Madre, tendríamos que hablar de la boda.

Usted y yo. Ya.

Ya me ha dicho Daniel. ¿Daniel? ¿Qué le ha dicho?

Que queréis pasar la noche de bodas en el Palace.

Me parece estupendo, así olvidarás tanta miseria.

Alegra esta cara, hija mía, que te vea guapa.

¡Qué suerte tienes con este chico que te ha estado esperando aquí

tanto tiempo y te quiere como el primer día o más!

(Llaman a la puerta)

-Perdón. Señorita Magdalena, el señorito Daniel ya está aquí.

-Venga, hija, apúrate. No le hagas esperar.

Dicen que ahora mismo es uno de los mejores restaurantes de Madrid.

Sobre todo por los postres.

Y sabiendo lo mucho que te gustan los postres, pensé que te gustaría.

¿Qué quieres que hagamos ahora? ¿Vamos al Retiro?

Tienes que coger color, respirar aire puro.

¿Y si montamos en una barca? Así también te da la brisa.

Vamos donde quieras.

Me da igual un sitio que otro.

Daniel,

¿por qué le has dicho a mi madre

que pasaremos la noche de bodas en el Palace?

Mujer, fue idea suya. Le hacía ilusión.

¡Cómo llevarle la contraria con lo que ha sufrido por ti!

Pero ¿qué noche de bodas, Daniel? ¡Si no nos vamos a casar!

(CHISTA) Buenos días.

¿Has visto quién es? Don Manuel, del Banco Urbieta.

Ese hombre, desde que quedó viudo, ¡menudo cambio ha dado!

La que he cambiado he sido yo.

Y parece que ninguno queréis daros cuenta.

A ver, Magdalena, ¿tú le has contado algo a tu madre

de nosotros? No, aún no.

Por algo he venido contigo, para actuar de una manera madura

y hablar cara a cara con mi familia y con la tuya.

Le vas a dar el disgusto del siglo cuando se lo cuentes.

Y no se lo merece. ¡Si vieras el sofocón que se agarro

cuando se enteró de tu enfermedad! ¿Qué quieres que haga, Daniel?

¿Esperar al día de la boda? No, claro que no.

Claro que no, pero ¿tiene que ser hoy?

Acabas de llegar. Tú primero descansa, recupérate.

Que vea que eres la de siempre. Y luego ya sin prisas...

hablas con ella tranquilamente. Es cuestión de esperar unos días.

¿Qué más te da hoy que mañana? ¿Hum?

¿Flores? ¿Como hacía Magdalena cada mañana?

Ayúdeme a darle la vuelta.

¿Ha llegado carta de ella?

Nada desde el telegrama de su madre.

Le escribirá, no se preocupe. No lo hará.

Y mejor así. ¿Qué iba a contarme?

A lo mejor el día que piensa volver. No va a volver.

Ninguna de ustedes vino aquí para quedarse.

Más tarde o más temprano, todas se irán, como ella.

No es mi intención hacerme con el control del hospital.

Lo parece, o no tomaría decisiones

sin consultar antes con su dirección. O sea, conmigo.

Le aconsejé que lo evacuaran. Claro.

Como no seguí su consejo, envió a sus hombres

a ocupar mi hospital y a obligarme a obedecer.

¿No ve el riesgo que hace correr a sus médicos

y enfermeras? Sí me doy cuenta. Están informados.

Se quedan por voluntad propia. No se moverán.

No se atreverán a llevarle la contraria.

Pasó lo mismo en el hospital de campaña.

Y pagamos un alto precio por ello.

Lo siento. Lo siento, no la culpo de la muerte de la enfermera.

El único responsable de aquello soy yo.

No me marcharé, coronel. Y menos ahora que tenemos la guerra

encima y somos más necesarias que nunca.

Le agradezco su preocupación por nosotras,

pero seguiremos aquí de momento. Sabía que no lo aceptaría.

¿Puedo, por lo menos, dejar a un par de hombres para la vigilancia?

Claro, y se lo agradezco, pero que se queden fuera

sin interferir en el funcionamiento del hospital.

No se preocupe, no lo harán.

Señora...,

confío en que no les pase nada.

Ni a usted ni a ninguna de sus enfermeras. Lo confío.

(Llaman a la puerta)

Con el permiso de vuecencia, mi general.

-Pase, capitán. Pase, enseguida estoy con usted.

La brigada de Sanjurjo subirá desde Atlatén.

Las fuerzas de Berenguer ya están en las Peñas del Rayo.

Por cierto, mándele recado al coronel Riquelme.

Quiero hablar con él. -A sus órdenes.

-Que reúna a los jefes de las cabilas amigas,

que también colaboren. No vamos a parar

hasta que la bandera ondee en el picacho más alto del monte.

A trabajar, señores.

Ya ve cómo estamos.

La prensa habla de la reconquista de Nador,

pero volvemos a estar bajo el fuego.

Y ayer nos las prometíamos tan felices.

-Mi general, he revisado toda la documentación que me entregó.

Antes de redactar el informe,

me gustaría saber si usted puede echarles un vistazo.

He descubierto anomalías graves, mi general.

Y en cada balance que compruebo, aparecen nuevas irregularidades.

En los servicios de comida que se da en los hospitales, por ejemplo.

En los justificantes de los ranchos abonados,

no consta la firma de ningún oficial médico responsable.

Puede comprobarlo usted mismo.

-Esto pertenece a Sanidad.

El coronel Márquez es un hombre intachable.

Hablaré con él.

-Mi general, la falta de honestidad está muy extendida.

Empiezo a sospechar que el Ejército no hizo todo lo posible

para escapar de la derrota.

-Capitán, no pienso tolerar semejante falta de respeto.

Pero ¿quién se ha creído?

-Perdón, mi general, no pretendo ofender a nadie.

-¿Ha oído los obuses?

Abd El Krim no va a ponernos la reconquista tan fácil

como dice la prensa. Hay que apoyar al Ejército.

Si nos descuidamos, entrarán en Melilla.

-Si vuecencia no ordena ninguna cosa más...

-Espere,

no consentiré otra acusación de ese calibre.

Ni una más. ¿Está claro, capitán? -Sí, señor.

-Ninguna por una simple sospecha. Retírese.

-Se han cometido muchos excesos.

Pero nadie parece muy interesado en sacar toda la verdad a la luz.

A veces la verdad puede ser dolorosa.

Sí. Y a veces sacarla a relucir puede perjudicarte.

¿Crees que el general Ibarra está implicado?

No estoy seguro. Lo que sí que sé es que no es un caso aislado.

Ni este hospital se libra. ¿El hospital?

Sí, también aquí hay movimientos sospechosos con la contabilidad

del rancho. No sé, Julia, no puedo dejar las cosas así.

Lo estoy viendo a diario.

Siento que debo llegar hasta el final.

Lo siento. Lo siento, qué egoísta soy.

Yo aquí hablándote de mis problemas como si tú no tuvieras ya bastantes.

Sé que hay algo que te preocupa. ¿A mí?

Claro. Sí, Julia, puedes contármelo.

No es nada, de verdad.

Estás preciosa.

Si no fuera por esos ojos,

no estaría aquí.

(FIDEL) No se preocupe, yo me encargo de eso.

Lo siento.

¿Por qué, Julia? No tienes por qué disculparte.

Lo sé. Pero es que, haga lo que haga, me siento mal.

Me siento mal con Andrés. Me siento mal contigo.

Me siento mal conmigo misma.

-Doctor, ¿puede venir un momento, por favor?

-Ahora voy.

Veámonos fuera de aquí, Julia.

Estás loco. De verdad, necesito verte a solas.

Tal y como están las cosas allí afuera,

no creo que sea una buena idea. Da igual.

En la calle del mercado.

Es un lugar seguro. En media hora, por favor.

Dígame.

Presenta un cuadro de fiebre severa,

dolor agudo...

-Alta en Traumatismo para la firma de la señora duquesa.

-Doctor, tiene que firmar usted también.

-¿No lo he firmado?

-Estrella, voy a llevarle esto a la duquesa.

¿Estás bien? -¿Quién, yo?

Sí, estoy bien. ¿A ti qué te parece? Un poco... Pero estoy bien.

Espera, ¿adónde vas? No estoy bien. Por supuesto que no.

No puedo dejar de darle vueltas a... ¿Qué querías decir cuando...?

Que no te ibas con el fotógrafo porque lo que querías estaba aquí.

-Ya lo sabes. -No, no lo sé.

-¿Qué quieres oír? ¿Qué me he quedado aquí por ti?

Pues sí, me he quedado por ti. Bueno, en parte.

-No juegues conmigo. Estabas a punto de marcharte

a recorrer el mundo con ese... ¿A qué viene decir

que te quedas aquí por mí? -No he jugado contigo.

No te he mentido en la vida. Yo sigo enamorada de ti.

Me encantaría que no fuera así, pero es imposible.

Y te digo algo, como se te ocurra pensar

que lo digo para separarte de Raquel, te aseguro que...

-No, sé que no has hecho nada para separarme de ella.

No he sido justo contigo, Pilar. Perdóname. Tú no eres así.

-No, yo no soy así. Y tú mejor que nadie deberías saberlo.

-Si fuera un hombre libre... -¡Luis! ¿Has oído los cañonazos?

En la cocina estamos en vilo. Pero ¿qué hacemos,

seguir aquí hasta que esto salte por los aires?

-No han dado la orden de evacuar. Luego traeré las altas.

-Sí, sí. -¿Esta no se iba con el fotógrafo?

¿Qué pasó? ¿Al final le salió rana? -Eso parece.

-¿De qué hablabais? ¿Ya te está volviendo a enredar?

¿No estabais de uñas? -Tengo que seguir trabajando.

-¿Después de las mentiras que dijo

vas a perdonarla? -Mira, Raquel...

El pasado, pasado está. Dejemos las cosas como están, ¿no?

¿No te parece que es lo mejor para todos?

-Pues eso. j-Ah...

-Estamos diciendo lo mismo.

A ver si de una vez miramos para adelante.

Que cuando nos quedamos dar cuenta, este va a empezar a pedir pan.

¿Va a salir? Sí, voy un momento al mercado.

Si no va a decirme la verdad, mejor no me diga nada.

Va al encuentro del doctor Calderón. ¿Me equivoco?

Los vi, Julia. Los vi, a usted y al doctor Calderón,

besándose a escondidas como dos colegiales.

¿Cuánto tiempo creen que podrán mantener el secreto?

Lo lamento mucho. No deberíamos haberlo hecho en el hospital.

Completamente de acuerdo. Pero eso no es lo que más me preocupa.

¿Cree usted que yo puedo seguir confiando en ustedes dos?

Por supuesto lo último que queremos es hacer daño a alguien.

¿Y Andrés, su prometido? ¿Y la señorita Márquez?

No le pregunto todo esto por simple curiosidad, Julia.

Esto puede ser un mazazo para el futuro del hospital

y no sé si es consciente del todo.

Lo sé.

Si el coronel se entera,

¿cree que permitirá que Fidel siga trabajando aquí?

¿Cree que permitirá que continúe con su carrera?

Lo están poniendo todo en peligro.

Me había prometido que no sucedería algo así de nuevo, pero...

Por favor, no me envíe a la península.

(SUSPIRA) Julia, desde que llegó a Melilla

ha tenido el corazón en un puño, demasiadas emociones,

pero debe encontrar el camino correcto.

¿Y cuál es el camino correcto?

Eso solo puede averiguarlo usted.

Lamento tanto haberla decepcionado.

Ser dama enfermera implica un compromiso moral.

Solo le pido que resuelva esta situación

antes de que involucre a nadie más o lo haré yo misma.

Y recuerde una cosa: no siempre viviremos en tiempos de guerra,

esto se terminará algún día.

Y es en ese día en el que tiene que pensar.

(Tumulto)

(FIDEL, SUSURRANDO) Hola.

Nunca me había sentido tan mal.

Menos mal que fue la duquesa la que nos vio.

Imagínate, podía haber sido cualquiera.

Pues quizás hubiera sido lo mejor, Julia.

Todo el mundo se entera de una vez. No.

No podemos hacerles eso a Susana y Andrés.

En algún momento habrá que decirles la verdad.

Pero es que, si se enteran,

Susana romperá su compromiso contigo.

Su padre te mandará lejos de aquí. ¿No lo entiendes?

Y Andrés... ¿Y Andrés qué, Julia?

¿Tú...? ¿Tú qué quieres?

No lo sé.

¿Qué le se ofrece, mi capitán? ¿Un vinito?

Tranquilo, de este no. Este es para la tropa.

-Suboficial,

¿sabe usted lo que es esto?

-A ver.

Lleva el membrete de la Cruz Roja.

-Es el comprobante de los ranchos servidos

en los meses de julio y agosto sin la firma del superior.

-Ah, eso sí es raro, mi capitán, porque siempre se ha firmado todo.

Esto es de los días del desastre.

Esos días no paraban de llegar heridos

y no paraban de hacer pedidos y más pedidos. No lo sé.

Puede que con el caos del momento...

-Unos se olvidaron de pedir la firma y otros, de estamparla.

Es que durante ese período mucho dinero cambió de manos

sin que haya un triste papel.

-Y ahora les dio por buscarlo. -Claro.

¿Le parece mal? -No, mi capitán, así debe ser.

No, pero uno cree que hay cosas más urgentes o importantes.

Nunca nos han puesto problemas por cosas así.

Por cierto, tengo un whisky escocés...

-No quiero whisky, quiero saber dónde están los papeles.

¿Qué oficial debió autorizar los ranchos?

-Un momento. Ya sé qué pudo pasar.

Debimos entregar la copia sin firmar, claro.

Con las prisas entregamos la que no era nuestra,

que, como es para nosotros, muchas veces se queda sin firmar.

No sé si me explico. -Claro.

En ese caso, la solución es fácil.

Encuentre el comprobante firmado y tráigalo a comandancia.

-A sus órdenes, mi capitán. A ver si aparece...

-Y si no aparece, tendremos un problema.

Hablaré con el coronel Márquez y alguien asumirá responsabilidades.

¿Lo ha entendido?

Buenos días. -A sus órdenes.

Hola, Gloria, ¿qué tal? Venía por si me dejaba aguja e hilo.

Es que se me cayó un botón y... -Traiga, lo coso yo.

-No, coser lo coso yo, que aprendí en la academia,

y debe estar ocupada y no quiero distraerla.

-Usted tendrá que coser otras cosas.

Los botones son cosa mía. -Como quiera. Muchas gracias.

-Están cerca, ¿verdad? -Sí.

Supongo que han escogido el mejor momento para venir.

-Creí que estábamos ganando. -Sí.

A ver, sí, quiero decir que, aunque estén cerca,

la situación está controlada, no se preocupe.

Ya que estamos con el botón,

recuerdo una vez en quirófano operando,

se me cayó un botón en una herida. -(RÍE)

-La que armé para quitarlo... Armé una... Sí.

-Qué cosas tiene, doctor. No me haga reír, a ver si le pincho.

-Sí. Una risa de carallo.

-¿No tiene una mujer cerca que le repase los botones?

-Ni cerca ni lejos.

Nada. -Ya. Ya me conozco a los hombres.

A disfrutar de la vida de soltero hasta el último momento

y luego enganchar a una tonta que le cuide.

-No, yo para las mujeres soy invisible.

Con decir que me cruzo con una y tengo que saludarla dos veces

para que me responda. Dos.

-Que no se burle de mí, que también tengo ojos en la cara.

Y un hombretón como usted, encima buena persona,

debe tener rondándole a pares.

-Rondándome no. Más bien al contrario, soy yo el que rondo,

pero al final nada. Me dan la patada.

-Pues esto ya está. -Muchas gracias.

Por el botón y por la conversación.

-No sé quién será la tonta que le dejó escapar,

pero estoy segura de que ya se está arrepintiendo.

La hermana de Verónica es encantadora, ¿verdad?

Y tiene buen gusto.

-¿Y tú cómo lo sabes? -Eso se sabe, Luis, se ve, se nota.

No hay más que verle la cara. No para de hablar, de sonreír...

¿Qué pasa? ¿Qué dije?

-¿Eh? No, nada, no... No te estaba escuchando.

-Ah, vale, pues muchas gracias. Ya sigo hablando con el matraz.

(RESOPLA)

-Mi vida es un desastre, Guillermo.

¿Cómo he podido equivocarme tanto?

No es que no quiera a Raquel, la quiero,

pero Pilar... -Pilar otra vez.

-Me ha dicho que sigue enamorada de mí,

que nunca ha dejado de quererme.

¿Qué te parece?

-¿Y eso es verdad?

-Puede que sea la única verdad.

La más importante de todas.

Que todo lo demás sea una mentira.

¿Y si Pilar tiene razón y ese niño no es mío?

-Eso es lo que te gustaría, ¿no?

Necesitas una razón para calmar tu conciencia e irte con Pilar.

-¿Quién dijo que quiero irme con Pilar?

-Tú. -¿Yo? No.

-O me estás liando... -Yo no dije eso.

-Mira, Luis, viste a Pilar con el fotógrafo,

te moriste de celos y te diste cuenta de que también la quieres.

-Sí, también la quiero, es cierto. Oh, Dios mío, yo también la quiero.

Pero Raquel está embarazada, apenas quedan dos meses

para que nazca el niño.

¿Qué clase de padre sería si me fuera con otra?

-Lástima que no haya forma de saberlo.

(Explosión)

(PILAR) Ay, Dios, ¿otra vez?

Sé que debería estar acostumbrada, pero cuando suena una tan cerca,

se me encoge el estómago.

(SUSPIRA)

Julia, ¿estás bien?

Julia.

¿Qué te pasa?

Que no puedo más, Pilar.

No puedo más.

(SUSPIRA)

Cuando nos secuestraron,

Fidel y yo pasamos la noche juntos.

Estábamos solos,

lejos de todo,

y pensábamos que iba a ser nuestra última noche.

Ya, ya sé que puede sonar a excusa, pero...

No, sigue.

Y ahora no sé qué hacer.

¿Pero...?

Pero no lo puedo evitar.

No lo puedo evitar, cada vez que veo a Fidel...

Estoy siendo muy injusta con los dos.

Y no sé qué hacer. Pilar, de verdad que no sé qué hacer.

Lo único que no puedes hacer es dejar que pase el tiempo

y los demás decidan por ti,

ni pensar que una boda conseguirá que borres todo eso,

porque no es así, te lo puedo asegurar.

Pero tú fuiste feliz en tu matrimonio.

Yo me casé huyendo de un hombre al que nunca conseguí olvidar,

eso no es ser feliz.

Tienes que tomar una decisión.

Al final la más valiente de las tres es Magdalena.

Es la única que se ha atrevido a decir en alto

lo que siente,

aunque eso signifique renunciar a su boda y a todo lo demás.

(Continúan las explosiones)

Madre, ¿tengo que vestir así? Estás perfecta, cariño.

Lo que no sé es por qué no está aquí Daniel.

Porque viene a verme a mí, no a él.

No sé quién está más raro últimamente, si tú o él.

En fin, supongo que todo se arreglará cuando os caséis.

Ya está aquí.

-Su majestad la reina.

-Vamos.

-Lely. Magdalena, cariño.

Qué bien que estés levantada. ¿Cómo te encuentras?

Has adelgazado, ¿verdad? -Allí no sé,

pero aquí apenas prueba bocado. Allí también, señora,

no nos faltaba el trabajo a todas horas.

-Lo vi, lo vi. Regresé muy orgullosa de Melilla.

-Vino con unas fiebres que casi la consumen.

-Lely, querida, ¿nos dejas que hablemos a solas?

Debe ponerme al día de todo lo del hospital

y no queremos aburrirte. -Por supuesto, señora.

Ordenaré que traigan café.

Señora, siento que mi madre le haya preocupado.

No sé qué le contaría, pero ya ve que me encuentro bien.

Magdalena, yo me siento responsable de todas vosotras.

La muerte de Matilde, tu enfermedad...

No sé si Carmen y yo nos hemos precipitado con todo esto.

Señora, la labor de las damas de Melilla es extraordinaria.

No lo dude ni por un momento. Lo sé, pero mira cómo has vuelto.

Debéis haber pasado un infierno... Yo estoy así por otra razón.

No se lo dije a mi madre

porque no sé cómo hacerlo sin herirla, pero...

a usted no le puedo mentir, señora.

No quiero casarme con Daniel.

Pero tenéis fijada la fecha de boda.

En Melilla... he conocido a otro hombre.

(DISGUSTADA) Ay, Magdalena.

¿De quién se trata?

¿Un joven oficial? ¿Conozco a su familia?

Dime, ¿cómo se llama?

Se llama Larbi. ¿Cómo?

Larbi.

Sé que parece una locura, pero es un hombre bueno.

Desde que estoy aquí, solo pienso en el momento

en el que poder regresar a su lado. ¿Me dices que quieres volver con él?

Nada me haría más feliz.

¿Te das cuenta de las consecuencias que tendría para ti

si decides seguir adelante con esta locura?

El dinero no es lo más importante. No te estoy hablando de dinero.

Te quedarías sola. Todo tu mundo te daría la espalda.

Le tendría a él.

La felicidad junto a él duraría muy poco.

Después, tu vida se convertiría en un infierno.

No tienes ni la menor idea de lo que dices, Magdalena.

Por favor, señora.

Si usted pudiera ayudarme a decírselo a mi madre...

De ninguna manera.

No puedes darle ese disgusto tu madre.

Recuerda quién eres, de dónde vienes

y a quién debes el mayor de los respetos.

Pero, señora... No le dirás nada a tu madre.

Y olvídate de ese "Lardi".

Larbi, señora.

Olvídalo.

Y entra de una vez en razón, Magdalena.

Lely, cuida de tu hija. Se merece lo mejor.

-Ajá...

-Os espero este jueves en palacio. No faltéis.

-¿De qué has hablado con su majestad?

Espero que no hayas sido impertinente.

No. (RÍE) Ah...

Nada. De la duquesa, del hospital...

De la guerra.

Todo eso ya pasó. Tienes que dejar de preocuparte.

La guerra terminó para ti, Magdalena.

Le he dicho que no voy a casarme con Daniel.

No habrá boda.

Y quiero volver a Melilla.

Y cuanto antes, mejor.

Señorita, abra algunas ventanas, que circule un poco el aire.

Hace un rato que no se escucha nada.

Con precaución.

Doña Carmen.

Tengo que hablar un momento con usted.

Es urgente.

Vamos.

Qué ilusión. ¿Ya tienes el vestido? -Casi, casi. Es maravilloso.

Cuando lo veáis...

Ay, Pilar. Julia.

Venid un momento.

He traído vuestras invitaciones.

¿Para qué enviarlas estando tan cerca? Así os veo.

-No hacía falta que te molestaras.

Estarás muy ocupada con los preparativos.

-Y que lo digas.

Y eso que es una boda pequeña, para disgusto de mi madre.

-Gracias, Susana.

-(SUSPIRANDO) Julia.

Toma.

Para mí, significa mucho que vengas a mi boda.

Hemos pasado muy malos ratos esperando noticias del frente

y de nuestros prometidos.

Pero por fin puedo ser feliz.

¿Y la duquesa? ¿Dónde está?

Señora, sé que usted nos vio a Julia y a mí.

Quiero pedirle disculpas.

Y que sepa que soy consciente de lo delicada que es la situación.

Doctor, no me interesa la vida personal de nadie.

Pero usted es el director médico, su prometida es la hija

del jefe de Sanidad, Julia es dama enfermera.

Es una situación delicada. No sé si es consciente de las consecuencias.

Absolutamente, señora.

Por eso mismo quiero presentarle mi renuncia

como jefe médico de este hospital.

Guarde eso.

Señora, ambos sabemos que, si no lo hago yo,

el coronel Márquez se encargará

en cuanto rompa el compromiso con su hija.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

-Duquesa.

Disculpe la intromisión. Me dijeron que Fidel estaba con usted

y he pensado: ¿qué mejor momento que este?

Para nosotros sería un honor que asistiese a nuestra boda.

Usted apoyó a Fidel incluso cuando mi padre no lo hizo.

Y yo estoy muy muy agradecida por ello.

Además de estar muy ilusionada, porque es lo que más feliz me hace.

Así que... sería un honor que asistiese.

Y si este es su deseo, yo no puedo negarme.

Espero que no se arrepientan. De la invitación, quiero decir.

Ay, los huevos. Paquita, los huevos, por favor.

Como esto siga temblando por culpa de los cañonazos,

se nos caerán los huevos encima y verás la gracia.

Te he dicho que en la fresquera, por Dios. Venga.

Vaya cara, padre. Ni que hubiera visto al diablo.

-Ojalá viniera de hablar con él. -Uy, ¿qué le pasa?

-Que todo se ha acabado.

Me quitan la cantina

y tendré suerte si no acabo en el calabozo.

-Ay, por... Padre, no exagere.

No exagere, que todo problema tiene solución.

-Ya sé yo de tus soluciones.

El coronel me quiere emplumar por presentar

los comprobantes de los ranchos de la Cruz Roja sin firmar.

-Pero bueno, ¿y a él qué más le da?

¿El coronel también quiere su parte o qué?

-Si solo falta una firma.

-Pues que se la firmen. No entiendo el problema.

-Nadie querrá hacerse responsable. Miran hasta debajo de las alfombras.

Vamos a ver. A mí me dejan llevar la cantina a condición

de que entregue una buena parte del dinero que saco, ¿hum?

Pero no basta con lo de la caja.

De manera que cobro un montón de ranchos,

aunque después solo sirvamos la mitad.

Y lo mismo pasa con las compras de suministros.

(RESOPLA)

-Seríamos ricos con todo eso.

-Si no se lo doy a los de arriba, me quitan la cantina.

Que es lo que va a pasar ahora, claro.

Aprovecharán esto de la firma para echarme la culpa de todo

y quitarme de en medio.

-¿Qué necesita?

¿La firma de un oficial?

¿De cualquier oficial?

Raquel, por favor, de verdad, luego me cuentas.

¿No ves que estoy trabajando? -Es un minuto.

Mi padre está en un sinvivir.

-¿Por qué no los firmó nadie?

-Vete tú a saber. Ahora está de baja, de vuelta a la península.

El que han puesto en su lugar no quiere saber nada.

-No puedo firmar. ¿No lo entiendes? -No lo entiendo. ¿Por qué no?

-Porque sería mentir. ¿Entiendes? No, peor aún, cometer un delito.

-Si no los firmas, a mi padre le quitan la cantina.

Lo mismo le hacen pagar a él los ranchos.

Y si no tenemos dinero, acabará en el calabozo.

¿Eso es lo que quieres?

Porque para mí eso sí que tiene delito.

Luis, te juro por lo más sagrado de mi vida

que mi padre no ha hecho nada malo.

Solo te estoy pidiendo que ayudes a tu familia.

-¿Y te da igual meterme en una mentira?

-Y dale con la mentira. ¿Es malo mentir si ayudas a los tuyos?

-¿Tú lo harías? ¿Lo haces?

No te importa mentir para conseguir lo que quieres.

-¿Qué te pasa, Luis? Estás muy raro.

-Mira, Raquel, yo prefiero ir con la verdad por delante.

Lo siento mucho, pero conmigo no cuentes.

Eres una ingrata. Después de lo que Daniel ha hecho por ti.

Fue a por ti porque estabas enferma.

Te ha traído de vuelta a casa. Daniel ya lo sabe todo, madre.

¡Un moro! ¿Por qué me tiene que pasar esto? ¿Por qué?

Madre, estoy segura de que cuando le conozca...

¡No quiero conocerle!

¿Qué pensabas, traerlo aquí, que se ventilara la herencia

de tu padre? No aguantaré a un cazafortunas.

Pues yo no pienso aguantar que mi vida sea como la suya.

Yo quiero amar a mi marido. Y que él también me ame a mí.

¿Es tan difícil de entender, madre?

¡Ah!

Si quieres destrozar tu vida, hazlo, pero a mí no me arrastrarás contigo.

Te irás de esta casa con lo que lleves puesto

y no quiero que vuelvas.

Magdalena.

(SOLLOZANDO) Magdalena. (LLORA)

"Querido Larbi: Por fin puedo escribir unas líneas.

Hasta ahora me han faltado las fuerzas".

(FIDEL) Me habló de lo feliz que le hacía la boda

y no fui capaz de contarle nada.

-Normal, no quieres hacerle daño, eres buena persona, Fidel.

La quieres. -Por eso, Luis,

no puedo hacerle esto.

Me creo un valiente por estar en la guerra y soy un cobarde.

-No seré yo quien te juzgue por eso.

No es fácil ser el motivo de la infelicidad de alguien.

Sé de qué hablo.

Sobre todo si es alguien que te quiere tanto.

-¿Me estoy equivocando?

-Si no lo sabes tú...

-No sé, Julia me ha hecho sentir cosas que...

-Cuidado, Fidel. Que la pasión no es igual que el amor,

hay que saber diferenciarlas.

Yo aún no lo tengo muy claro, la verdad.

Lo que quiero decir es que la vida es así, Fidel.

A veces no hay decisión correcta.

Esto también tiene un precio.

-¿Y me costará mucho pagarle el favor?

-Sea honesto, con eso vale.

¿Le parece un trato justo?

Román y Raquel eran novios, ¿verdad?

-Román era un sinvergüenza, un sinvergüenza.

Por suerte para Raquel, apareció usted, mi teniente.

-Cuando yo la conocí, ¿aún se veían?

-Pero ¿adónde quiere llegar?

-Si quiere este papel, dígame la verdad.

Necesito saber si el hijo que espera Raquel es mío.

-¿Quiere la verdad?

Yo le diré la verdad.

La verdad es que usted está casado con mi hija,

que es una buena mujer.

Cualquier otra cosa que piense solo servirá para envenenarle

y hacer infelices a los dos.

-Con eso no me dice nada.

-Sí, se veían, pero no quiere decir que el hijo no sea suyo.

-¿Quiere decir que ni Raquel lo sabe?

-También usted se veía con otras. ¿O cree que no lo saben todos?

-Sí, pero no engañé a ninguna para casarse conmigo.

-Dígame una cosa, mi teniente.

¿Qué haría usted en su lugar?

Si no tuviera la seguridad de quién es el padre, ¿qué haría?

¿No elegiría al mejor de los dos?

¿Al hombre honrado, al que no le daría mala vida?

¿Eh?

¿Qué va a hacer?

Bueno, ya está todo solucionado.

Al menos de momento. -Me alegro, padre.

Me alegro de que Luis entrara en razón.

-¿No te lo ha contado Luis?

-Discutimos esta mañana, pero que haya hecho esto por usted

es buena señal.

-¿Qué te pasa? -Nada. (GIME DE DOLOR)

Es el niño, que se tiene que estar colocando.

-Se está colocando para salir. Ya sabes que te falta poco.

-¿Me falta poco? Falta aún dos meses.

-¿Y qué harás, decirle que se espere?

-Eso es cosa mía, déjelo.

-Si nace antes de tiempo, sabrá que no es suyo

y tendrá vía libre para irse con Pilar.

¿Lo sabes?

Pilar.

He estado pensando

y existe una posibilidad legal para romper mi matrimonio.

-¿De qué estás hablando? -De repudiar a mi esposa,

de repudiar a Raquel.

Bueno, sí, repudiarla. Ya, suena muy mal,

pero solo tengo que ir al juzgado...

-Y humillarla públicamente. -Ajá.

¿Qué? No me mires con esa cara, tengo derecho.

Ella no mostró reparo al engañarme y decirme

que el niño que esperaba era mío. -¿Y después qué harás?

¿Echarla de casa? -Ajá.

-¿Dejarla en la calle a punto de dar a luz?

Tú no eres capaz de hacer eso, Luis.

Y yo no te querría si lo fueras.

-¿Y qué vamos a hacer, Pilar?

La vida es demasiado corta y yo quiero pasarla contigo.

-Uy, no. No, no... No me mires así. No me mires así.

-¿Cómo?

-Uy, no. No, no, no, no, no.

-¡Ay! -Perdón, perdón. Perdón. No...

No quería hacer eso. Perdón, perdón.

Perdón, perdón.

Como ve, lo tengo todo en regla. Menuda es mi hija.

Aquí tenemos más papeles que platos. Con eso le digo todo.

(CARRASPEA)

Aquí puede ver la firma.

-La veo.

-¿Todo en orden entonces?

-Todo en orden, de momento.

Si necesito algo más, se lo haré saber.

-A sus órdenes.

-Pensé que ya habías acabado con tu investigación.

-Es mi trabajo, Molina, aunque sé que tú no lo comprendes.

-No comprendo que busques culpables

en nuestras filas cuando tenemos un enemigo común.

Eso es lo que yo no comprendo.

¿No estás escuchando los obuses?

Es el único ruido que debe haber en tu cabeza.

No podemos pensar otra cosa hasta acabar con todos esos.

Mueren soldados nuestros cada día. No sé si lo sabes.

-Lo he vivido. Mueren soldados porque no van preparados.

Y no van preparados porque alguien se llena los bolsillos

con dinero que no le corresponde. -Baja esos humos.

Llevas dos días en el despacho de los generales

y ya me hablas así. -¿Los generales?

Los generales son los primeros que quieren esconder lo que pasó.

No tienes ni idea.

-El que no tiene ni idea de lo que pasa en su casa eres tú.

¿Cómo vas a saber lo que pasa en el Ejército?

-¿Qué has dicho?

-Que vigiles un poquito más a tu enfermera

y deja que los hombres ganemos la guerra.

-Repite eso. -Solo hablo de lo que veo

y he visto a tu enfermera con el capitán ese por ahí,

y bien juntitos.

-¡Dale! ¡Pelea! -¡Venga!

-¡Dale! ¡Dale! -¡Pelea!

-¡Dale! ¡Dale! -¡Vamos!

-¡Pelea! -¡Vamos, Pereda!

¡Dame! ¡Vamos! -¡Dale!

-¡Vamos, Pereda! ¡Vamos!

-¡Dale! ¡Dale! -¡Venga, venga!

(MOLINA) Vamos.

-¡Suelta! -¿Eh?

Por suerte, parece que no hay que dar puntos.

¿Te duele mucho?

Hay cosas que duelen más que un golpe.

Molina es otro de los que piensan

que limpiar al Ejército de corrupción

es ir contra el propio Ejército.

¿Y por eso te ha pegado?

En realidad fui yo el que pegó primero.

Lo tengo merecido.

Quería que me creyese que esta mañana os vio a ti

y al capitán Calderón entrar a escondidas a una callejuela.

(SUSPIRA)

Es verdad.

Lo siento, Andrés.

Yo te quiero, pero...

Pero no solo a mí, ¿no?

Sé que es muy injusto y no te lo mereces,

pero es la verdad.

Daría lo que fuera porque las cosas fueran de otra manera, de verdad.

¿Por qué?

¿Por qué, Julia?

Sabes lo que siento por ti.

¿No te basta?

¿No soy suficiente para ti? No, no es eso.

¿Qué es? ¿Qué coño es?

Maldigo a esta puta guerra y todo lo que está trayendo.

Aguanté herido por ti, Julia.

Jamás pensé que serías capaz de esto.

(SUSPIRA)

¿Qué haces aquí? -¿Yo? Nada, dando una vuelta.

Me paso el día encerrada más sola que la una.

-Gloria, no entres en la sala de camas, ¿eh?

Hay algunos infecciosos que aún no sabemos qué tienen.

-Sí, y también hay algunos médicos la mar de simpáticos,

como ese, el gallego. Es un encanto, ¿no te parece?

-¿Guillermo? -Ajá. Tendrá novia.

A su edad, alguna le esperará en la península.

-No. Ya te dije que no tiene novia. -¿Y cómo estás tan segura?

-Pues porque lo estoy, Gloria. Porque lo estoy.

Porque me pidió que me casara con él y le dije que no.

¿Qué? -¡Ay, qué cosas tienes!

Casi me lo trago.

-No te miento, es verdad. -Sí, claro.

Y tú vas a ser tan tonta de decirle que no a un oficial médico.

Nosotras, que estamos a dos velas. Anda. No sé para qué te pregunto.

¡Madre mía!

Queda separado del servicio hasta nueva orden.

No puede decir que no se lo advertí. -Siento lo ocurrido.

He hablado del asunto con el teniente Molina.

-Ha hecho bien, pero no es suficiente.

-Mi general,

mi comportamiento no fue el adecuado,

pero usted y yo sabemos que no me separa del servicio

por una pelea en la cantina.

-Retírese, capitán. No hay nada más que hablar.

-Sé que no aprueba mis informes

y apartándome del caso dejaré de recordarle

que el honor del Ejército es incompatible con la corrupción

y que pronto la verdad saldrá a la luz.

-¿Quién se ha creído que es usted?

¿Qué busca ahora, que le expulsen del Ejército?

-Lo único que he buscado es servir a mi país honestamente.

-¿Después de todo lo que su prometida hizo por usted?

En este mismo despacho me pidió de rodillas

que fuéramos a rescatarle.

¿Así es cómo se lo devuelve?

-Con su permiso,

general.

(Puerta abriéndose y cerrándose)

Lo siento. -No se preocupe.

-Lo siento, no la había visto.

-Voy despistada, pensando,

y sin mirar al frente, que es lo que hay que hacer.

Capitán,

vendrán a la boda, ¿verdad? Usted y Julia.

La invitación era para ambos.

¿Sucede algo?

-Sí, sí que sucede.

Creo que hay algo que debe saber.

No ha pasado nada entre ellos. Fidel me dio su palabra.

-Está bien, como usted quiera.

No tengo por qué meterme en sus asuntos. Lo siento.

-Espere.

¿Se lo ha dicho Julia?

¿Por qué me hace esto, capitán? ¿Por qué viene a contármelo?

-Porque es la verdad.

Lo que yo te diga, Vicente, tú has menguado.

Estoy un poco más delgado, eso es todo.

-¿Qué quieres decir, que no te cuido bien?

Porque eso es lo que pensará todo Melilla

cuando entres en la iglesia. -Manuela, por fa...

-Hola, hija. ¿Has comprado todo lo que querías?

-No.

Es que me he encontrado con...

-¿Qué te pasa, cariño?

-¿Pues qué me va a pasar? Que estoy a punto de casarme.

Y usted, padre, está guapísimo.

Va a ser una boda maravillosa.

-Manuela, trae un poco de agua fresca, por favor.

-Sí.

-Y ahora... ¿me vas a decir lo que te pasa?

-Nada, de verdad.

-Si no quieres, no me digas nada, pero no me mientas, ¿hum?

Susana, hija,

puede que en ocasiones pienses que soy demasiado duro contigo

y hasta puede que lo sea, no digo que no.

Lo único que intento, dentro de lo posible,

es tratar de evitarte sufrimientos innecesarios.

Y quiero que sepas que, pase lo que pase,

puedes contar con el apoyo de tu madre y el mío.

-Lo sé, padre.

¡Pilar, Pilar!

Ha llegado una carta de Magdalena. ¿Ah, sí?

Léemela, por favor.

No puedo, Larbi.

¿Por qué?

Porque es algo íntimo, es algo entre ella y tú.

No está bien.

Es que yo no sé leer.

¿Qué quieres que haga?

Eres una amiga y confío en ti. ¿Prefieres que me la lea un extraño?

(CARRASPEA)

¿Qué dice?

"Querido Larbi, por fin puedo escribirte unas líneas.

Hasta ahora me han faltado las fuerzas.

Se me pasan las horas muertas pensando en el hospital,

en mis amigas, en ti...

No sabes lo que daría por estar allí

viendo cómo Pilar recibe las atenciones de su fotógrafo".

Sigue, por favor. Sí. Esto no... Ah...

"Cierro los ojos y me imagino con vosotros".

"Con Julia... Dile que me acuerdo también a cada minuto.

Siempre tan decidida, tan segura de todo.

Después de todo lo que ha sufrido...

Pero el sufrimiento tiene fin y la alegría puede ser infinita.

Echo tanto de menos el hospital...

Siempre funcionando a toda máquina bajo las órdenes de la duquesa.

Por ella hemos hecho cosas que jamás pensé que pudiéramos hacer.

Si la tuviera a mi lado ahora mismo, sabría qué decisión tomar.

Mi casa es un lugar vacío.

Madrid es una ciudad muerta por la que camino como un fantasma.

Ya no puedo engañarme más.

Te quiero, Larbi".

"Pero al igual que no puedo engañarme en esto,

tampoco puedo hacerlo en la esperanza de vivir mi vida contigo".

No entiendo.

"Tenías razón, Larbi. No sé si voy a volver.

Todos dicen que me he vuelto loca,

que mi sitio está aquí con los míos".

"Siempre te echaré de menos.

Siempre estarás conmigo, Larbi,

porque tú también eres de los míos y yo fui tuya un día.

Espero que algún día me perdones.

Ese día recuerda que nos quisimos con locura

y eso es algo que solo nosotros podemos recordar.

Adiós, amor mío.

Tu María Magdalena jamás te olvidará".

Civiles masacrados por los cañonazos del Gurugú.

Han ordenado que los traiga aquí. Yo no sé nada más.

Lo siento, pero no tenemos camas suficientes.

Además, no están heridos.

Que pasen inmediatamente.

Estas personas han perdido todo lo que tenían,

sus casas y todo lo demás. De acuerdo.

Señoritas, que les preparen algo de comer

mientras les buscan acomodo. Vamos. Cuidado.

Bienvenidos al hospital de la Cruz Roja de Melilla. Adelante.

¿Le ayudo? Cuidado.

Bien. Por ahí.

Adelante.

(ANDRÉS) Julia. Andrés.

¿Está todo bien? Me han relevado del puesto.

¿Por la pelea? Y por la investigación.

Pero no he venido por eso.

(Disparo)

(Gritos y disparos)

¡Julia, adentro! ¡Adentro!

¡Vamos, rápido! ¡Julia!

Dispare, que no se acerquen.

Aléjense de las ventanas. Julia, ¿está bien?

Sí. Vayan por ahí, a la sala de profesores.

Yo les llevo. -¿Qué pasa?

-Un francotirador, creo que está solo.

Tras la fuente, 40 metros. ¿Llevan todos las armas?

-No. -Si salimos por detrás,

podemos detenerlo. -Vamos a por ellas.

Eh, eh, Guillermo. -Sí, claro.

-Tú y yo somos los de mayor rango,

saldrá conmigo a neutralizar al tirador. Vamos.

Doctor, preferiría que no se arriesgase.

-Tranquila, tenemos que ayudar. -Duquesa, que no salga nadie.

(Disparos)

(Disparos)

Ustedes no se queden aquí,

ayuden al soldado a mantener a distancia al tirador.

Y cúbrannos, ¿de acuerdo? Capitán.

Conmigo.

-Vete, yo te sigo.

(Pistola encasquillada)

-Guillermo, el seguro, por Dios. -(MURMURA PARA SÍ)

(Disparo)

-¿Estás tonto? Casi me matas. -Me metes prisa y pasa lo que pasa.

A ver, ¿dónde está el individuo ese?

La madre que te parió. Vas a saber lo que es bueno.

Toma plomo.

-Está muy lejos, hay que acercarse. -Sí.

Será mejor que nos dividamos.

Usted, por aquí. Yo iré por el flanco izquierdo. Vamos.

(Disparos)

¡Baja el arma!

-Hola, capitán.

-Rashid.

Tranquilo, Rashid.

No tiene por qué salir nadie herido, tranquilo.

-Usted saldrá muerto, capitán.

-¿Por qué este cambio, Rashid?

Estamos vivos gracias a ti. -¿De qué me sirvió?

Vosotros me odiáis, no distinguir entre buenos y malos.

Solo ver moros.

-No todos pensamos así y lo sabes.

Tranquilo.

Baja tu arma. -¡Quieto!

Adiós, capitán. -¡Rashid!

(Disparo)

-Rashid.

(APESADUMBRADO) No..., Dios.

(MURMURA)

Este pobre hombre solo quería vivir en paz y no pudo.

No le dejaron.

Qué locura.

Estoy vivo gracias a él y ahora lo mato para salvarlo a usted.

-¡Me cago en esta puta guerra!

-Eso digo yo, capitán.

Me cago en esta puta guerra.

Está destrozando mi vida.

Tengo derecho a hacer lo mismo. -Tiene razón, lo siento.

-Usted no siente una mierda.

Sabía que Julia estaba prometida y no le importó.

Se aprovechó de su dolor. -No subestime a Julia.

Julia decide ella sola lo que hace. -¿Por qué me obliga a hacer esto?

-Dispare, capitán.

-Va a arruinar su vida, la mía y la de su prometida.

-Dispare, capitán.

-No me deja otro remedio.

¡Amor mío! -Baje el tono.

-Qué miedo he pasado, abrázame. (SOLLOZA)

-¿Por qué no le dejas vivir su vida?

-¿Perdone? -Si se presenta ante un juez

y demuestra con testigos que ese hijo no es suyo,

te pone de patitas en la calle. -¿Me vas a dejar por esta?

-Todo lo que temía cada vez que os veía juntos era verdad.

Eres una mala persona.

Si no lo fueras, te hubieses ido de este hospital

y nos hubieses dejado en paz a todos.

-Se han encontrado degollados soldados y civiles.

Se han producido saqueos.

¿Cree usted que tomarán Melilla? -Espero que no.

Sería la peor noticia para todos.

Te doy tres segundos para que te vayas.

Yo trabajo aquí. Uno.

Dos.

¿Está informado de que recibimos

menos medicamentos de los figurados en las hojas de entrega?

-Por supuesto que no. Pues hay pruebas.

(GENERAL) Si se empeña en destapar esto ahora,

usted podría ser el más perjudicado. Sea listo.

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