Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Tranquila, Julia, tranquila.
Esta gente nos necesita. -Silencio.
(HABLAN EN SU LENGUA)
(FIDEL) ¿Estás bien?
-Están aquí para curar a él, ¿entiendes?
-¿Qué le ha ocurrido? -Herido fusil.
(HABLAN EN SU LENGUA)
-Necesita un hospital, no puedo ayudarle aquí.
-Los médicos curan, cúrale.
-Los médicos curan, pero no hacen milagros.
-Pues hoy tú vas a hacer milagros. ¡No!
-Si él muerto, tú muerto. Los dos muertos.
(HABLA EN SU LENGUA)
Agua caliente para limpiar la herida.
-La herida está infectada, tiene muy mala pinta.
Está ardiendo, ¿qué vamos a hacer?
Rezar para que no se muera.
(GUILLERMO) Mientras no diga que no, yo mantengo la esperanza.
(LUIS) ¿De qué hablas, Guillermo? -¿De qué va a ser? De Verónica.
-Claro, ¿cómo no?
No ha respondido a mi proposición de matrimonio, igual es buena señal.
-¿Que no te diga nada es bueno? -Se lo estará pensando.
-Está pensando cómo decirte que no.
¿A quién se le ocurre pedirle matrimonio de repente?
Elegiste el peor momento y el peor lugar,
Verónica está de luto, en lo último que piensa es en ti.
-Si lo que piensa es bonito, aunque sea lo último...
-Amor, ¿has visto a estos dos? Él habla y habla y ella le mira
con ojitos golosones. No va él y le dice
que se van a ir juntos a recorrer el mundo.
(DÁMASO) Señores, noticia exprés, el tercio ha entrado en Nador,
Nador es nuestra, ¡viva el Ejército español!
(TODOS) -¡Viva!
-La guerra se va a acabar en un periquete.
¡A celebrarlo todo el mundo!
Señorita, esto es para mecanografiar.
Señora, señora, ¿se ha enterado?
Hemos entrado en Nador.
Dígaselo a todos.
Hemos entrado en Nador.
¡Hemos reconquistado Nador!
¡Magdalena!
-Por fin. -A ver, a ver.
-¿Qué va a pasar?
(PILAR) Voy a avisar a la duquesa.
-La gente está recuperada ya.
¿Y los demás no deberían estar trabajando?
Es que tú no deberías estar trabajando, no estás recuperada.
¿Te traigo un vaso de agua? No.
Prefieres un té, voy a por él.
No, no, no quiero nada, Daniel.
Tengo que decirte algo.
Estoy pensando en volverme a Madrid contigo.
¿De verdad? Sí.
¡Magdalena!
Tenemos que contárselo enseguida a Susana y a su familia.
Han sido tan amables de acogerme. Y a tu madre.
Se va a poner tan contenta. Está deseando la ayudes
con los preparativos de la boda.
Espera, Daniel, no me has entendido.
Voy a casa para curarme... La salud es lo primero.
Primero ponte bien, de la boda me encargo yo.
Qué feliz soy. Escúchame, Daniel.
Voy para curarme y para hablar con mi madre, no para casarnos.
(GUILLERMO) ¡Verónica!
Verónica, ¿te enteraste? Entramos en Nador.
-Sí, era lo previsto, ¿no?
-¿Pensaste lo que te dije?
Lo de casarnos.
Sé que no es el mejor momento y a lo mejor no te decidiste,
pero yo puedo esperar, no creo que sea tan urgente.
Aunque si lo sabes, me gustaría saberlo.
Y si necesitas más tiempo, ya te digo que las prisas no son buenas.
-Guillermo, lo siento. -Mejor te lo pregunto otro día.
-Me gustaría decirte otra cosa
o decírtelo de otra manera, no sé.
Todavía no me he hecho a la idea de que Pedro no esté.
A veces creo que me lo voy a encontrar fumando en la galería
con los demás soldados.
-Ha pasado poco tiempo,
pero seguro que si...
-No me voy a casar contigo.
No quiero darte esperanzas, no sería justo.
-Es lo que hay.
No te preocupes, ya tengo experiencia.
Pasaré unos días malos y después a otra cosa, mariposa.
-Guillermo,
me gustaría que siguiéramos siendo amigos, si tú quieres.
-¿Amigos?
Claro.
¿Cómo no voy a querer? Amigos.
Verónica, ¿ha visto al doctor Calderón?
Necesito que revise esta documentación, esta y esta también
y no le encuentro por ninguna parte.
Se ha marchado al hospital de campaña.
Órdenes del coronel. Pero ¿cuándo se ha marchado?
Hace un rato, se fue con Julia Ballester en una ambulancia.
¿Y por qué no he sido informada?
No lo sé, se fueron con material quirúrgico.
Bien, muchas gracias.
Hay que abrir más la herida. -Cuidado.
Es un hombre muy importante, más que tú y más que ella.
-Voy con cuidado, tengo que trabajar, por favor.
(HABLAN EN SU LENGUA)
Esta cara yo la he visto antes. -La bala.
Aquí está. Si no fuera alguien importante,
no nos hubieran traído hasta aquí. Julia, pinzas. Julia, por favor.
-¡Cállense!
-Las pinzas. -Cállense.
Aquí está la bala, aquí está.
-(EN SU LENGUA) ¡Bala fuera, el sheik ya está curado!
La herida está muy mal, hay que llevarle a un hospital.
Un hospital.
Ha perdido mucha sangre, tiene mucha fiebre.
Si no le llevamos a un hospital, morirá.
¿Entiendes? Que morirá.
-Tú, fuera. Vamos, vamos.
-¿Qué hacen? ¡Eh!
-También, también. ¿Dónde se lo llevan?
-Tú, cúrale. De acuerdo, de acuerdo.
Hay que vendar la herida. -Cállate.
-Hay que vendar la herida. -Que te calles.
-Si a sheik le pasa algo, tú muerto.
Y ella también.
(Puerta)
Adelante.
Perdón por el retraso.
Estaba pasando consulta y me entretuve.
¿Hay alguna noticia de ellos? No.
No, ninguna que nosotros sepamos. Con su permiso.
Solo quería preguntarle lo mismo
que le he preguntado al doctor Garcés.
¿Sabe usted por qué razón el doctor Calderón se ausentó
sin informar a nadie y con Julia Ballester?
No. No sé lo que le habrá dicho el doctor Garcés, pero...
Le estoy preguntando a usted.
¿Hay algo que yo debería saber y que no me hayan contado?
No sé a qué se refiere, señora.
Yo me enteré de que los vieron marchar con la ambulancia
y poco más. No les pasaría nada, ¿verdad?
Espero que no.
Pero cada minuto que pasa
sin noticias suyas es un mal augurio.
(LUIS) Estarán bien.
El capitán sabe lo que hace. -Claro, claro.
Ocupe usted su puesto hasta que vuelva.
Ah, doctor.
Si desea usted ausentarse, que sea por un buen motivo
y consúltelo antes conmigo. -Por supuesto que sí, señora.
Lo justo para manchar el té. -¿Así?
-Un poquito más. -¿Así?
-Otro poquito más. Bah, da igual.
Y ahora el limón que le pedí. Las rodajas esas.
Aparte, por supuesto, no las ponga dentro porque...
-Por supuesto. -A Magdalena le gusta...
-Por supuesto. -Muchas gracias, perfecto.
¿Me deja pasar, por favor?
Magdalena y yo nos vamos a Madrid.
¿Sabe?
(RAQUEL) A mí también me lo ha dicho.
No calla.
Claro que le he dicho que no nos vamos a casar.
Varias veces. Pero es como si no me escuchara.
Es que no quiere escucharte.
Bueno, ya tendremos todo el viaje juntos
para dejar las cosas claras.
Así que es verdad.
Te vas con él a Madrid.
Pilar, Pilar, por favor. ¿Qué quieres que haga?
Tengo que ir para hablar con mi familia en persona
y decirles que se cancela la boda e intentar que lo entiendan.
Pilar, por favor, Pilar. Escúchame.
Estas cosas no se pueden hacer por carta.
Ya lo sé.
Ya lo sé.
Bueno, aunque le tendré que pedir permiso
a la duquesa, claro.
Pilar.
Será por poco tiempo, volveré lo más pronto posible.
Igual para entonces eres tú la que no estás aquí.
Anda, anda, anda. No voy a estar yo aquí.
India y Egipto. Que es una locura.
Qué exótico, ¿no? No, que no, que no.
¿Cómo voy a hacer yo una cosa así?
Ah, o sea, que te lo estás pensando.
No, no.
A veces se me va la cabeza. Es normal.
Viajar por Egipto, ¿te imaginas?
Pero que no, que yo no conozco a Alejandro de nada.
Ya. Muy poco.
Parece simpático.
Lo es.
Y culto.
Es verdad que parece culto. Y muy divertido.
Seguro que es muy divertido.
E inteligente. Sí, muy inteligente.
-Aquí está el té con leche.
Toma.
Tengo que ir al puerto.
Acaba de llegar un vapor de la península.
El único desde hace días y se va pasado mañana, así que...
Perdón.
No va a ser fácil conseguir pasajes,
pero haré lo que haga falta para que podamos cogerlo.
Se me van a hacer eternos estos días aquí.
Se te va a enfriar el té.
-Pilar, te necesito.
-Sí. Termina con esto.
Se ha vuelto a caer.
Ya nos encargamos nosotros, gracias.
-Tráeme agua, agua.
¿Qué le pasa? -Lo han traído de Nador.
Intenta levantarse permanentemente de la cama,
pero, con estos temblores no puede ni caminar.
-Pero aquí dice que no tiene lesiones,
solo quemaduras, ¿y que le damos el alta hoy?
-Sí, pero no podemos.
Yo firmé ese alta, pero me equivoqué.
Quiero decir, está mal de las piernas, pero su cabeza...
Mírale.
Dicen que olía a carne quemada desde km de distancia.
-Luis, por Dios.
-Necesito que alguien se comunique con él.
(CHISTA)
Inténtalo tú, por favor, que yo no lo he conseguido.
(LUIS) Gracias, Beatriz.
-Cabo Herranz.
-No sé dónde está, pero desde luego aquí no.
-¿Crees que se ha vuelto loco?
-Como todos los demás.
Solo estando locos soportan los horrores de esta guerra.
Por eso no podemos darle el alta. Ahora no.
Si se la damos, ¿qué clase de vida le espera?
¿Qué diría su familia, qué harían con él?
O peor, ¿y si se sube a un camión
para ir al frente como el hermano de Julia? No, no.
Nos entregan heridos y de aquí tienen que salir personas,
es nuestro deber.
No deja de sorprenderme, capitán.
Daba por descontado que pediría plaza
en alguna unidad de combate ahora que lo puede hacer.
Hace unos días me perseguía para pedírmelo.
¿Qué le ha hecho cambiar de opinión?
-Estoy convencido de que también podré servir al ejército
destinado aquí, en comandancia.
-Eso mismo le dije yo.
Pero justo hoy que parece fiesta en todos los regimientos
por el paseo militar en Nador.
-Es una victoria importante, mi general.
Le aseguro que me habría gustado participar
en ella. -¿Entonces?
-Es hora de que los que estamos aquí desde antes del desastre
pasemos a retaguardia.
Si autoriza mi incorporación al servicio...
(Puerta)
-Pase.
Hoy mismo le pondré a trabajar. No lo dude.
-Gracias, mi general.
-Capitán.
Han encontrado una ambulancia en el camino a Gurugú.
De la Cruz Roja.
Abandonada y sin rastro de los ocupantes.
No, solo le estoy mirando si tiene fiebre.
Si no me sueltas, no puedo atenderlo. ¿De acuerdo?
¿Este es vuestro jefe?
Es él, ¿verdad?
¿Qué haces? (HABLA EN SU LENGUA)
No, no, suéltame. Escúchame, suéltame.
Tengo que atenderle, tiene mucha fiebre, ¿me oyes?
Suéltame, suéltame.
Se va a morir. Que se va a morir.
¡Socorro! ¡Suéltame! ¡Socorro!
(HABLA EN SU LENGUA)
¿Qué te han hecho?
Tiene mucha fiebre. ¿Qué te han hecho?
Ven, hay que atenderle, tiene fiebre muy alta.
No tiene fiebre, Julia.
No quería quedarme a solas con él.
Creo que ya sé por qué me sonaba su cara.
Este hombre es Abd el-Krim.
El líder de los rebeldes.
Julia.
Por culpa de este hombre mi hermano está muerto.
Julia.
Si acabamos con él, la guerra terminará.
Nuestro deber es atender a los heridos.
Vengan de donde vengan.
Piénsalo, salvaríamos muchas vidas.
Si lo matamos ahora, nos matarán a los dos.
Nos van a matar de todas maneras.
-(HABLA EN SU LENGUA)
Tú y tú, levanta, vamos.
¡Levántate!
¿Dónde nos llevan? Cállate.
(HABLA EN SU LENGUA)
Suelo.
-Nunca debí pedirte que me acompañaras.
No es culpa tuya.
Fui yo la que quise acompañarte.
Pero ahora nadie sabe dónde estamos.
La ambulancia en la que iban el capitán Calderón
y Julia Ballester ha aparecido en el camino del Gurugú
vacía y abandonada.
¿Ha hablado ya con el hospital de campaña?
Igual tuvieron un fallo mecánico y llegaron caminando.
En el hospital no saben nada. -¿Cuál era el objeto del viaje?
¿Para qué iban al Gurugú? -Ordené al capitán
que organizase el traslado al hospital de Nador.
La ruta parecía segura.
-Varias patrullas están peinando la zona.
De momento, no hay rastro de ninguno de los tres.
Dos solamente.
He preguntado y viajaban solos, sin conductor.
El propio capitán iba al volante.
¿Por qué estaba Julia ahí?
¿Dio usted orden de le acompañase?
-¿Es verdad eso? ¿Fidel está desaparecido?
-¿Quién te ha dado permiso para entrar?
Es mi prometido, padre. -Sal inmediatamente de aquí.
-¿Estaba Julia con él?
-He dicho que salgas inmediatamente, este es un asunto militar.
Bajo ningún concepto, ¿me oyes? Bajo ningún concepto
vuelvas a entrar así en la comandancia.
Aunque seas mi hija, precisamente porque lo eres
no debes hacerlo.
-Muy claro, padre.
No le importa que la vida de Fidel esté en peligro.
-Me importa mucho que la vida de nadie esté en peligro, de nadie.
Pero si Fidel arriesga la suya, es por su propia voluntad.
Es un soldado, él eligió libremente esta carrera.
Sabía a lo que se exponía.
Somos pocos los que podemos decir lo mismo en esta guerra.
Hija,
debiste andarte con más cuidado
a la hora de enamorarte de un militar.
-Eso no se elige, padre. Sucede.
Y punto.
-Confío en que...
en que sepas enfrentarte a las consecuencias.
-Aparecerán, hija, aparecerán.
-¿Por qué se fue con ella? Los dos solos.
Madre, ¿no le parece extraño?
Se han fugado.
Se han ido juntos.
Julia.
¿Duermes?
No puedo.
No dejo de pensar que teníamos que haberle matado
cuando tuvimos la oportunidad.
Aunque después no nos pudiéramos escapar.
Yo es que me hice médico para salvar vidas, Julia.
No me gusta la violencia.
¿Te crees que a mí sí?
No.
Ya sé que no.
(FIDEL SUSPIRA)
Salvaríamos la vida de mucha gente.
Quizá tengamos otra oportunidad.
Si se encuentran mal, vendrán a buscarnos.
¿Tú crees?
Pero será lo último que hagamos.
Nunca me imaginé que pasar una noche contigo
fuera a ser así.
Entonces vamos a morir.
Si esta fuera tu última noche,
si ya no importase nada,
si pudieras hacer cualquier cosa, ¿qué harías?
¿Cualquiera?
Sí.
Cualquiera.
Aparecerá...
¡Venga, bebe!
-Lleva horas desaparecido.
Seguro que lo han secuestrado, y eso en el mejor de los casos.
-Vamos a buscarlo ahora mismo. -¿Qué estás diciendo?
Si ponemos un pie fuera del cerco, vamos directos al calabozo.
-¿Cómo sabían los rebeldes que iba una ambulancia?
-¿Qué quieres decir?
-Pues a ver...
En teoría, la zona era segura.
Pero ellos iban a tiro hecho.
¿Quién coño les había avisado?
-Por lo que yo sé, la ambulancia salió de forma improvisada.
Muy pocos lo sabían.
-Eso simplifica un poco las cosas.
Pero ¿quién más lo sabía?
¿Hay alguien que les haya podido pasar información?
¿Alguien en el hospital que les haya podido decir algo a los moros?
Suele andar por aquí.
-Qué poquito me gustan los hospitales, coño.
Quien entra aquí no sale, te lo digo yo.
-Larbi, ¿podemos hablar con usted?
Será solo un momento.
Claro.
¿En qué puedo ayudarles?
¿Sabe que Julia y el capitán Calderón están desaparecidos?
Sí, me lo contaron.
Lo siento.
-¿Has hablado con los tuyos de esto?
¿Cómo?
Que si has hablado con los tuyos de este tema.
-Quizá se le escapó sin darse cuenta.
Algo inconsciente. ¿Habló con alguien sin mala intención?
No. No, yo no he dicho nada.
No sabía. Estaba aquí, en el hospital, trabajando.
-(RÍE)
No te creo. -¡Molina!
-Tranquilo.
-¡Molina! -Tranquilo.
Diga lo que diga, usted no me va a creer.
Júramelo, Mohamed. -¡Déjalo, Molina!
Júrame que no sabes nada de lo que te estoy hablando.
Juro que no sabía nada.
-Ya está. Vamos, venga. ¡Vamos!
¡Eh!
-¡No te fíes de esta gente!
-Molina, ¿qué haces?
¿Qué coño te pasa? ¿Qué haces?
-Que este tío sabe algo. -¡Vete de aquí!
-¿Vas a defender a esta gentuza? -¡Fuera!
-(RÍE)
-Lo siento, Larbi. ¿Está bien?
No sabía que iba a reaccionar así.
No miento.
No quiero que pase nada malo.
Ni a Julia ni al capitán Calderón.
Lo sé.
Buenos días.
Se me había olvidado que estábamos aquí.
Y a mí.
Escuche.
Mi familia tiene mucho dinero.
¿Me está escuchando?
Mi familia tiene dinero.
Pueden pedir un rescate. Estoy segura de que están dispuestos
a pagar para sacarnos de aquí.
Pagarán lo que sea. ¿De acuerdo?
Para que nos marchemos de aquí.
Está solo.
Ahora o nunca.
(SUSURRANDO) La puerta.
-(HABLA EN SU LENGUA)
-¡Corre, corre!
(Gritos)
-¡Quietos, españoles!
-¡Dios!
¡No disparen!
-¿Quién quiere morir primero?
-(EN SU IDIOMA) ¡Traedlos!
-(EN SU IDIOMA) ¿Va a perdonarles la vida?
Han intentado matarle, sheik.
No les mates, déjemelos a mí.
Yo me encargo de que paguen con sufrimiento lo que han hecho.
(SHEIK) Silencio Mufid. Retírate.
Yo diré lo que haremos.
Sírveles té a ellos también.
(MUFID HABLA ENFADADO EN SU LENGUA)
Habla usted muy bien el castellano.
-Lo estudié en España, de joven.
No entiendo por qué se levantaron contra nosotros
si se supone que éramos sus amigos.
Un amigo no abusa, no atropella, no maltrata.
Eso es lo que hacían los españoles.
Son mis prisioneros.
Pero les voy a hacer una oferta.
A usted y a su esposa.
No es mi esposo.
Nosotros necesitamos los sanitarios.
Y ustedes no quieren morir.
Es un trato más que justo.
Usted es Abd El Krim.
¿Qué me dicen?
¿Se quedan con nosotros o...? -¿O qué?
¿Va a matarnos?
Han podido matarme.
Se arrepentirán de no haberlo hecho.
(HABLA EN SU LENGUA)
(HABLAN ENFADADOS EN SU LENGUA)
¡Déjala!
¡No, no, no! ¿Qué nos van a hacer? ¡No, no!
Descanse, sargento.
¿Sabe si está el coronel?
-Sí, mi capitán, pero está ocupado.
-¿No puede atenderme...?
-Capitán...
-Con su permiso.
-Si viene buscando noticias, al igual que yo,
no hay nada de nada.
No sé cuántas patrullas están rastreando el terreno,
pero seguimos igual.
-Cabe la posibilidad de que estén escondidos y...
Eso nos da esperanzas. Buenos días.
-¿Fuma?
-Sí.
Gracias.
-Tanto si tenemos esperanza como si no,
lo único que podemos hacer es esperar.
A mí se me llevan los demonios.
¿A usted le pasa lo mismo que a mí?
Seguro que no para de darle vueltas a la cabeza.
-¿A qué se refiere?
-A que hayan huido.
Los dos. Mi prometido y su novia.
Eso podría ser una explicación, por eso se fueron juntos...
-Lo que insinúa es una falta de respeto.
-Lo sé. Lo sé, perdóneme.
Pero no me diga que no se le ha pasado por la cabeza.
-Julia y su prometido pueden estar en peligro,
eso es realmente lo que importa.
Lo demás carece de sentido, así que no ceda a malos pensamientos.
-¿Malos pensamientos nosotros?
Lo único que quiero es que estén bien
y que vuelvan lo antes posible.
Con los suyos.
(MUFID EN SU LENGUA) ¡Perros infieles!
Pagaréis por lo que le habéis hecho al sheik.
-Quédese conmigo, por favor.
-(EN SU LENGUA) ¡Lo pagaréis! -Déjele a ella.
-¡Al suelo!
-¡Déjela marchar! -¡Cállate!
-¡Déjela! -¡Que te calles!
Nos van a matar.
-El sheik dice: "Una vida por otra".
Pero eso no va a volver a pasar.
(MUFID HABLA EN SU LENGUA)
Nos han dejado cerca de la ruta que hicimos con la ambulancia.
Así que, si no me equivoco, estamos a dos horas de camino.
¿Por qué nos habrán dejado escapar?
Supongo que el sheik nos ha perdonado la vida
por salvar la suya.
Es curioso. Ayer creíamos que iba a ser nuestra última noche...
Fidel, Fidel... Lo de anoche...
No sé qué es lo que vamos a contar, pero...
Ya.
Tranquila, Julia. Ya está.
Ayer pensábamos que íbamos a morir.
Creo que lo mejor es que lo olvidemos todo.
Que continuemos con nuestra vida.
¡Larbi!
Hola.
¿Dónde estabas? Te estaba buscando.
Tengo que decirte algo.
No es fácil, pero no quiero que te enteres por otra persona.
Te marchas a Madrid con prometido.
¿Cómo lo sabes?
Espera.
Larbi, tengo que irme.
Pero volveré,
contigo.
¿Qué vida te espera conmigo, Magdalena?
Tú en Madrid ya tienes todo.
Yo no tengo nada.
¿Crees que eso me importa?
A mí, sí.
Tú te vas a Madrid y ya no volverás, María Magdalena.
Yo lo sé.
Yo lo sé.
¿Por qué dices eso?
Será mejor para todos que te quedes con los tuyos.
¿Cuándo te vas?
Eso lo dices, pero no es lo que estás pensando.
Quieres que no me cueste marcharme, ¿verdad?
Sábanas raídas.
Toallas envejecidas.
Batas deshilachadas de tanta lavada.
Habrá que estirar el presupuesto para comprar más.
¿Lo ha apuntado todo? Sí.
-Señora. Ah, Pilar. Perdón, no quería interrumpir.
Ya lo ha hecho. ¿Qué pasa?
Es el cabo Herranz. Cancelé su alta, pero me han dicho
que usted contaba con esa cama para un ingreso.
Yo solo cumplo sus órdenes como médico.
Pilar, esto está sucio.
Ese alta la firma usted, ¿no? Sí.
¿Podemos hablar un momento, por favor?
Sígame.
El cabo sufre un miedo paralizante. No podemos darle el alta.
Hemos visto varios pacientes que fingen cualquier cosa
con tal de no volver al frente. Esto para pasar a máquina.
La mirada de ese muchacho no se puede fingir, señora.
Solicite su traslado a la península. No tenemos pabellón psiquiátrico.
Solo pido tiempo. No sé en qué hospital pueden tratarlo mejor.
Usted es el médico, pero
¿qué diremos si mañana llegan heridos del frente
y no tenemos suficientes camas? ¿Que necesita usted tiempo?
Intento cumplir con mi deber de la mejor manera posible.
La guerra deja heridas que duran muchos años.
Nosotros solo somos la primera etapa.
-¿Sigues peleando por ese paciente?
-Diga lo que diga la duquesa, no pienso abandonarlo a su suerte.
Ese paciente tiene miedo.
El mismo miedo que tenemos todos al mirar la vida que nos espera.
Pero en su caso es un miedo multiplicado por 10.000.
Perdona. No sé por qué te estoy contando todo esto.
-Porque te he preguntado yo.
¿Te marchas?
¿No? Te vas. Nos dejas.
Digo. He oído por ahí que tu periodista...
-Me ha invitado a dar la vuelta al mundo con él, sí.
¿Tú qué vas a hacer? -¿Qué harías tú?
-No sé.
Yo no soy tú, Pilar.
No sé lo que haría en tu lugar.
Lo siento mucho. Siento no poder ayudarte en esto.
-¿Te importa si me quedo o me voy?
-Quiere hablar contigo. -Si no conozco a nadie en Melilla.
No sé quién puede preguntar por mí.
-La pobre lleva esperando ni se sabe.
No te encontrábamos. -Claro.
Estoy ocupada, tengo mucho trabajo, ¿tú no?
-Aquí la tienes.
-No me lo puedo creer.
-¡Verónica!
-Pero ¿qué haces aquí?
-El viaje estupendo. Gracias por preguntar.
-¿Que qué haces aquí? -Te iba a escribir.
Como Correos es lento, pensé:
"Gloria, mejor ve tú, y llegas antes".
-Pero ¿cómo no me avisas? Un telegrama al menos.
-Es que estoy muy mal, Verónica. Muy mal.
El taller de costura cerró. No pude pagar la pensión
y doña Úrsula me echó. No tengo donde dormir.
-¿Y una ciudad en guerra es mejor que Madrid?
-Claro por la guerra. Necesitaréis gente. Así ganamos antes.
-Vienes aquí, te presentas sin avisar.
Negra me pones. -Chica, que no tiene dónde dormir.
-Esta noche te vienes a mi casa y mañana ya veremos.
-Sí. -No, pero te vas en el primer vapor.
-Pues no tengo dinero para el pasaje.
Verónica, solo nos tenemos la una a la otra.
Si no me ayuda mi hermana, ¿quién lo va a hacer?
-¿Hermanas? ¿Sois hermanas?
-No os parecéis en nada. (AMBAS) Siempre nos lo dicen.
Gracias. Encantada.
¡Verónica! Verónica, tu casa es muy grande. Podremos vivir las dos, ¿no?
¿Tiene usted un momento? (ASIENTE)
Quería pedirle un favor.
Mi hermana está buscando trabajo y había pensado...
Su hermana. Sí.
-Gloria Montellano, para servirle a Dios y a usted.
¿Y qué sabe hacer usted, Gloria? De todo.
Limpio, cocino, plancho, remiendo. Trabajo mucho y me quejo poco.
Míreme las manos. Mire.
Ásperas de trabajar como una burra.
Ya tenemos personal que limpia y cocina.
Gracias. Buscaremos en otro sitio.
-En Madrid era modista.
He visto que tienen lavandería. -Gloria.
-La cocinera me ha dicho que se les amontona la ropa
para lavar y remendar. Yo eso lo haría de maravilla.
Ahorrarían dinero. No tirarían nada. Ahorrar dinero.
Música para mis oídos.
Bienvenida al hospital de la Cruz Roja de Melilla.
No se arrepentirá, señora. Gracias.
Gracias. Verónica, suélteme a su hermana
y llévela a la lavandería. -Disculpe. Gracias.
-Ay, estaremos juntas todo el día, como de niñas.
-Anda, por favor, tira para adelante.
(FIDEL) Avisen al coronel Márquez.
¿Julia? ¡Julia!
¡Pilar! Pilar, vamos.
¡Fernanda!
¡Julia!
¿Os han secuestrado?
(FIDEL) Hacía falta una enfermera por si había un imprevisto.
No podía imaginarme que nos iban a secuestrar, señora.
Supuestamente, el camino al hospital de campaña
es de los más seguros.
Pensábamos que era un trámite. Ir y volver.
Si algo hemos aprendido en esta guerra
es que no hay lugar seguro
y siempre hay que ponerse en lo peor.
¿Por qué Julia?
Pues...
Sí, ¿por qué ella y no Marta o Milagros?
¿Y por qué no? Es muy buena enfermera
y hemos trabajado juntos en el hospital de campaña.
Yo me ofrecí cuando el doctor dijo que necesitaba ayuda.
Lo siento, señora.
En tal caso, soy yo quien tiene que pedir disculpas, señora.
De usted me lo habría esperado, la verdad.
Es... impulsiva.
Pero de usted, capitán...
Han cometido una grave irresponsabilidad.
Y ahora, díganme, ¿quién es este caudillo al que curaron?
Estábamos en este área, señor. Era Abd el-Krim.
Estoy seguro. Estábamos aquí. -Imposible.
Nuestras informaciones lo sitúan en San Juan de las Minas.
¿Dónde dice usted que lo vio?
-2 km al este sobre este área.
Era él. Estoy seguro, señor.
-Capitán, mire las coordenadas y envíen una patrulla.
-A sus órdenes, mi general.
-¿Y cómo es que pudo usted escapar de allí?
-Nos perdonaron la vida, señor.
Nos obligaron a curarle.
-¿Tuvo usted en sus manos la vida de ese malnacido?
¿Le curó las heridas?
Debería arrestarle en el cuarto de banderas por lo que ha hecho.
-General,
intenté matarle, pero en el último momento...
-Prefirió salvar su pellejo, ya veo.
Esto pesará sobre su conciencia el resto de su vida.
Cada día más de guerra, cada batalla,
cada una de nuestras bajas...
Recuerde que usted pudo evitarlo.
Coronel, está bajo su mando. -Mi general.
(Portazo)
Espero que esté diciendo la verdad.
-¿Por qué iba a mentirle, señor?
-Para evitar darme la información de por qué iba en esa ambulancia
a solas con la dama enfermera.
(Teléfono)
Susana.
¿Por qué no has entrado? Estaba con tu padre.
-Quería hablar contigo.
A solas, sin...
Sin mi padre delante, sin nadie delante.
Quiero que me mires a los ojos.
Dime que no ha pasado nada.
Dime que no has tirado por tierra todo nuestro futuro.
-No llores.
Dime...
Dime que me quieres.
-Te quiero.
Te quiero.
Menos mal que estabas con Fidel.
Cuentan cosas horribles de los secuestros.
Sí. Por eso intentamos escaparnos.
¿Cuántos eran? ¿Os dispararon? ¿Dónde pasasteis la noche?
Ay... No me digas que pasó algo, algo que no se puede contar.
(PILAR) Es que dijeron que os habíais fugado juntos, Julia.
¿Quién ha dicho eso?
Julia, ¿ha pasado algo?
Magdalena tiene una cosa que contarte.
¿Eh?
¡Ay, sí! Me voy a Madrid.
¿Qué? Poco tiempo. Pare recuperarme.
Mañana me voy. ¿Mañana? ¿Tan pronto?
-Julia.
Cuanto más pienso en la guerra, más me acuerdo de Pedro.
Todo el mundo celebrando la victoria de Nador
y yo no sé qué me pasa.
Pero si hasta hace poco querías volver al frente.
El general quiere que participe en un informe sobre el desastre.
El ministerio ha enviado desde Madrid a un general
para que investigue lo que pasó.
No voy a volver, Julia.
He pedido destino como capitán aquí, en comandancia.
Eso es lo que quieres, ¿verdad?
Que esté cerca de ti.
Claro que sí.
Si hubiera pasado cualquier cosa,
si ya no sintieras lo mismo,
tú me lo dirías.
Andrés, de hecho, hay algo que no te he contado.
Cuando llegué aquí, no sabía qué era una guerra.
Y pensé que en unos días os encontraría a Pedro y a ti.
Pero de repente me dijeron que habías muerto.
Comencé a sentirme sola y perdida.
Me refugié en el hospital
y Fidel se volcó mucho con Pedro.
Me ayudó tanto que... Espera, espera.
Entonces descubrí que estabas vivo. No sigas.
Escúchame. Hay algo... No quiero saber más.
Sé lo que es una guerra y sé lo que es perder la esperanza.
Lo único que necesito saber es si quieres estar conmigo.
Por supuesto que sí.
Sí.
Eso es lo único que me importa.
Lo único.
(ALEJANDRO) Buenas tardes, teniente.
-Si está buscando a Pilar, está en las oficinas.
Es ese pasillo de ahí.
Porque la está buscando, ¿verdad?
-Y ahora me va a decir que no son horas de visita, ¿verdad?
Conozco a Pilar desde hace... mucho tiempo.
-Mire, no me gusta que se metan en mi vida.
Y... conozco a la gente como usted.
El perro del hortelano.
-Tranquilo, solo quiero darle un consejo.
-No me gustan los consejos. -Pilar lo ha pasado mal.
Muy mal.
Algunas veces por mi culpa.
Por favor, no haga lo mismo que hice yo.
-¿Y qué es lo que no tengo que hacer?
-No sea un cobarde.
-No le haga promesas que no pueda cumplir.
Si lo hace, saldrá del paso,
pero tarde o temprano se arrepentirá.
Y será demasiado tarde.
Nada más.
Enfer... -¡Ah!
-Estás tonto. ¿Por qué haces eso?
-Debería haber dicho "periodista".
¿Ya no eres enfermera?
¿Ahora escribes para la competencia?
-Estoy trabajando. ¿Qué quieres?
-¿Te dicto?
Querida madre: qué hermoso es El Cairo,
qué románticos atardeceres
y qué bien lo estamos pasando a Alejandro y yo. Yo y Alejandro.
Alejandro y yo.
-Trae eso, anda.
-El periódico me está metiendo prisa.
Tengo que partir rumbo a El Cairo.
Si por ellos fuera, mañana mismo.
¿Qué les digo?
¿Que esperen unos días?
¿Una semana?
Tranquila, Pilar,
puedes unirte a mí más tarde.
Así tendrás tiempo de comprarte un salacot.
-¿Y si te digo que no voy a ir contigo?
-Pues haré como que no lo he oído.
-¿Cuál es el problema, Pilar?
Dímelo.
Eres todo lo que yo podría desear, Alejandro,
pero no te quiero.
-Eso es como decirme que quieres a otro.
-No.
No te enfades.
-Vas a arrepentirte de dejarme escapar.
Recibirás una carta cada día y no sabrás dónde meterlas.
Te mereces lo mejor.
(Puerta)
(MANUELA) Ya están aquí.
Bienvenidos. Hemos preparado un brindis para la feliz pareja.
-Cómo me alegro. ¿Ya tenéis los pasajes?
-Nos vamos pasado mañana.
Quería agradecerle de nuevo su hospitalidad. Y a usted, coronel.
-Ha sido un placer tenerte entre nosotros.
-Coronel, con su permiso quisiera plantear un brindis por Magdalena.
-Por la enfermera con el corazón más grande
del hospital de la Cruz Roja.
(MAGDALENA SUSPIRA)
Y por las bodas que están por venir.
Bueno, la nuestra...
Que seamos muy felices los cuatro.
(SUSANA) Por Magdalena y Daniel.
Y por Fidel y por Susana.
(MANUELA) ¡Ah! Mirándonos a los ojos, que trae buena suerte.
Julia.
¡Julia!
Julia, ¿qué te pasa?
¿No puedes dormir?
¿Tú crees que si luchas por olvidar algo,
al final lo acabas olvidando?
No lo sé.
Pero estoy segura de que no voy a poder olvidar nada
de lo que ha pasado aquí desde que vinimos a Melilla.
¿Te acuerdas de cuando llegamos y esto era un colegio?
Nos pasamos una semana entera limpiando.
Y fuera se oían los "pacos", qué horror.
Cuando vi el primer herido, casi me desmayo.
Espérate.
Magdalena, ¿qué haces?
Por nosotras.
Por nosotras.
(Puerta)
Esto...
¿Estáis bebiendo en el dormitorio?
No.
(SUSURRANDO) ¿Sin mí?
Dame eso.
(RÍEN) (CHISTA)
(PILAR) Trae eso.
Por nosotras.
Y por Magdalena sobre todo.
Te voy a echar de menos.
¿Sabéis lo que os digo?
Solo me voy a llevar la maleta pequeña,
el resto se queda aquí.
En mi casa tengo de todo. ¿La pequeña?
Le ha vuelto a subir la fiebre.
Lo que te tienes que llevar es el brazal.
Así te acuerdas de nosotras.
No. Ya está, que no me gustan las despedidas.
Ni abracitos ni discursos ni nada que me da por llorar.
¡Ay!
(Aplausos)
Pero ¿qué hacen todos aquí con lo pronto que es?
Pues darle la despedida que se merece.
-Y desearle un buen viaje.
-Y si necesita un reconocimiento médico, también se lo hacemos.
(RÍE)
Gracias, doctor. Volveré enseguida, de verdad.
La vamos a echar de menos. Lo sabe, ¿no?
Se ha convertido usted en toda una mujer, querida.
No lo olvide.
Magdalena, todavía hay algo que te queda por hacer en la farmacia.
¿El qué? Daniel debe de estar a punto de llegar.
-Nosotras nos ocupamos de tu equipaje.
Sí. Ve.
¡Vamos! Ve.
¡Larbi!
Ahmed no ha querido venir.
Está enfadado contigo.
No quiere que te vayas.
¿Qué tienes ahí?
¿Qué te han hecho?
No importa.
Para algunos siempre seré el moro.
¿Ahora ves cómo es mejor que estés lejos de mí?
Adiós, María Magdalena.
Adiós no.
Casi no te va a dar tiempo de echarme de menos.
Enseguida estaré de vuelta.
Ya no volverás.
Claro que voy a volver.
¿No me crees?
Magdalena, esto ha sido como un sueño.
Lejos de tu casa...
Ahora vuelves a Madrid, volverás a tu vida otra vez y...
te olvidarás de mí.
Eso es imposible.
Tengo un pequeño regalo para ti.
Esta flor...
no se marchita.
(Puerta)
Que Dios la bendiga. Vaya.
Qué ganas tengo de llegar a casa. ¿Tú no?
¡Magdalena!
El brazal.
Julia,
si algo te dice que no te cases, no te cases.
No lo hagas por compromiso.
-Capitán, le he hecho llamar para informarle.
Como sabe, enviamos una patrulla en busca de Abd el-Krim
al lugar donde nos dijo que habían estado secuestrados.
(FIDEL) ¿Lo han encontrado?
-Los han pasado a cuchillo.
Los hemos encontrado abandonados en el camino.
-¿De qué unidad son? ¿Conocemos a algunos?
-Es difícil saberlo.
Les han cortado la cabeza.
Uno a uno.
Le he conseguido una plaza en una clínica de Barcelona.
Son pioneros en el estudio de la fatiga de combate.
No es precisamente barata, pero...
Ya se me ocurrirá la forma de recaudar fondos.
Allí estará bien.
-Le has salvado la vida.
-Bueno, lo que hacemos aquí todos los días, ¿no?
-Sí, es muy hermoso.
-Ayer me crucé por aquí con el periodista.
Venía buscándote. No sé si te encontró.
¿Ese viaje por el mundo sigue en pie?
-Yo no puedo irme a ningún sitio, Luis.
-¿No? ¿Por qué?
-¿Que por qué?
Porque todo lo que quiero está dentro de este hospital.
Todo.
-¿Qué hacéis aquí? Ya estamos celebrando.
¿Y esa música de dónde viene, de la cantina o del casino?
-De todas partes, Fernanda. La ciudad entera está de fiesta.
Vamos, hay mucho que celebrar.
Uy, perdón. Soy el doctor San Esteban, Guillermo San Esteban.
¿Es usted nueva?
-Gloria Montellano, para servirle. -¿Montellano?
Ah, qué casualidad.
Se apellida igual que una enfermera.
-Nos apellidamos igual porque somos hermanas.
-Digo: "Qué susto".
¿Hermanas? Pero ¿hermanas, hermanas? ¿En serio?
-Sí. Ya lo sé, no nos parecemos en nada.
Ella es guapa y simpática y yo no. -A ver, yo no dije nada de eso, no.
Es porque no sabía que tuvieses hermanas, pero...
A ver, mucho no os parecéis. Sin ofender.
Una es morena, otra rubia... -¿Querías algo?
-¿Qué? Eh... Sí, que nada, que vamos a celebrar
en la sala de profesores la toma de Nador y no podéis faltar.
Si queréis, claro. Si queréis, claro.
Encantado, Gloria.
Un placer conocerla.
-Igualmente.
-Nada, ya me iba. -Sí. Si te piden manteles,
ropa de cama, sábanas o toallas, lo apuntas aquí,
hay que llevar un registro. -Qué gracioso el médico, ¿no?
Oye, una cosilla. ¿Sabes si está casado?
-No, no está casado. -¿Tiene novia?
-No, no tiene novia. -Qué raro,
me ha parecido encantador.
Encontrar un hombre de su posición, con buen carácter...
-Gloria, por favor, ¿puedes seguir?
-Hija, la alegría de la huerta.
¿Dónde está la aguja? ¿Eh?
Señores, un momento de atención.
Señores, un momento de atención.
El ejército acaba de escribir una página gloriosa
en la historia de nuestro país.
La toma de Nador será el principio del final de la guerra.
Por nuestros soldados. (TODOS) Por nuestros soldados.
-Y por Magdalena, que llegue bien a su casa
y que se acuerde de nosotros tanto como nosotros de ella.
¡Por Magdalena! (TODOS) ¡Por Magdalena!
Diviértase, Fernanda. Tome algo.
(Tumulto)
-¡Eh, no os bebáis todo!
La próxima semana habrá que celebrar otra victoria.
Y luego otra. Alegre esa cara, mi capitán, un vinito.
Como usted quiera, mi capitán.
(Piano)
¿Conoces a la nueva?
No te lo vas a creer, es hermana de Verónica. Simpatiquísima.
Esta se ríe mucho más.
-Calla, que viene. -Doctor San Esteban, ¿verdad?
-Guillermo mejor.
-Dígame, ¿cómo es que hay música y nadie baila?
-Yo es que tengo dos pies izquierdos, así que...
-Sáqueme a bailar, yo le enseño.
-¿Yo? Pero es que no... De verdad, no.
-Sí, si lo está deseando. Así.
-¿Quieres brindar conmigo?
-¿Tenemos algo por lo que brindar?
¿Qué ha pasado?
¿Está todo bien?
¿Por qué no lo maté, Julia, por qué?
Porque soy un cobarde. No, no eres un cobarde.
Sí lo soy, sí.
No.
Eres un buen hombre. No soy un buen hombre, Julia.
Han matado a todos los soldados que fueron a por Abd el-Krim,
a todos. Por mi culpa. No ha sido por tu culpa.
Es que, aunque lo hubiéramos matado, esta guerra seguiría.
¿Me oyes?
No es tu culpa.
(SUSURRANDO) No deberíamos hacer esto.
Lo sé.
¿Quieres que me vaya?
No.
Veámonos fuera de aquí, Julia.
En la calle del mercado.
Es un lugar seguro.
¿Cuánto tiempo creen que podrán mantener el secreto?
Esto puede ser un mazazo para el futuro del hospital,
están poniendo todo en peligro.
El que no tiene idea de lo que pasa en su casa eres tú.
-¿Qué has dicho?
-Que vigiles un poco más a tu enfermera.
-Repite eso.
Si no firmas, a mi padre le quitan la cantina.
-Mira, Raquel, prefiero ir con la verdad por delante.
-¿Es así como proteges a los tuyos?
Esto también tiene un precio.
Necesito saber si el hijo de Raquel es mío.
Yo quiero amar a mi marido. ¿Es tan difícil de entender, madre?
(GRITA)
¿Sucede algo?
-Sí que sucede.
Creo que hay algo que debe saber.
(Explosión)
(Campana)
¡Cúbranse! ¡Cúbranse!
¡Aléjense de las ventanas!
¡Fuera, fuera, fuera!
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.