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1860 Un consultorio médico en París
Doctor, su coche está esperándole.
¡Vaya, va voy!
¿Doctor François?
- ¡Asesino! - ¡No!¡Justiciero!
¿Qué daño le ha hecho?
Ha matado a mi esposa.
Con sus sucias manos, le ha pasado la fiebre,
la fiebre puerperal.
¿Y así mató al médico?
Tenga, lea esto.
¡MÉDICOS! ¡CIRUJANOS!
"Laven sus manos. Hiervan sus instrumentos.
Los microbios matan a sus pacientes". Louis Pasteur
¿Quién es?
Una amenaza para la ciencia. La muerte del doctor lo prueba.
Señores, si autorizan a Pasteur a proseguir su trabajo,
la medicina se volverá peligrosa
para nosotros, los médicos de Francia.
Han leído su panfleto.
¿Louis Pasteur?
No es médico, sino químico.
¿Químico? ¿Cómo es posible?
Hará algunos años,
sostuvo una polémica sobre la fermentación del vino.
¡Oh sí... lo recuerdo!
Había unos bichos, seres infinitamente pequeños.
Pero, ¿tales criaturas existirán de verdad?
Los organismos microscópicos son bien conocidos.
Se crean espontáneamente cuando hay putrefacción.
Son el resultado y no la causa de la enfermedad.
Hirviendo el vino, el Sr. Pasteur los ha destruído.
He deducido que pretende curar a sus pacientes
haciendo hervir su sangre.
- ¡Dios no lo quiera! - No sería capaz.
Imposible, Charbonnet. No lo toleraría.
¡No estamos en la Edad Media!
No, estamos en Francia, en el París del siglo XIX.
El Sr. Pasteur tiene derecho a defenderse.
Pero, su majestad...
Igualmente he leído el panfleto, Dr. Charbonnet.
No habla de hervir la sangre,
sino los instrumentos de los cirujanos.
Si me vieran hervir mis instrumentos,
o lavarme las manos, me tomarían por un hechicero,
y debería salir del hospital.
Sería una novedad, señor.
Pues la mayoría de las personas salen del hospital...
...muertos.
Sí, Charbonnet.
¿Por qué?
"Pues nuestro desprecio criminal contra los gérmenes
y su poder devastador, causan una mortalidad
dada por la fiebre puerperal de tres madres sobre diez,
y en una ciudad como París,
con más de 20,000 pobres e inocentes mujeres cada año.
Ya está dicho, señores,
les dejo decidir...
...cuál de nosotros debería ser tratado como el asesino".
Sé lo que dirán:
"Denos las pruebas."
¡Pruebas!
¿Los muertos no bastan para probar su estupidez?
Pero Louis, no estás seguro de nada.
No has descubierto el germen.
- ¡Roux! - ¿Si?
Estas placas, ¿te dicen algo?
58 ensayos. Todos negativos.
¿Y usted?
Hay uno con filamentos cortos.
Déjeme ver.
Semmelweis afirma
que en cada caso de fiebre puerperal,
el médico o la comadrona habían tenido contacto
con otro enfermo.
¿Eso nos ayuda?
No estoy seguro.
Prueben de nuevo.
¿Otra vez?
Sí, ¡otra vez... otra vez... y otra vez...!
Recuerden que no tenemos más que un objetivo:
"Descubir el microbio, matar el microbio".
¿Mamá?
Sí, Annette.
Hay alguien en la puerta.
- ¿Quién es? - No lo sé.
En mombre de su majestad, el Emperador de Francia.
Una carta para el Sr. Pasteur.
Está ausente.
No. ¿Y qué es esto?
Para el señor Pasteur.
"Por orden de su Majestad. Louis Pasteur está invitado
al Palacio de las Tullerías. Un coche se presentará a las 20 h."
¡El emperador! Si tan sólo pudiera convencerle.
¡No, gracias!
¡Ahora preparemos enseguida la sorpresa!
- ¿Puedo ayudar? - Sí, querida.
¡Esto no es el Palacio!
Me debo detener, señor. Sólo un momento.
Mi mujer está gravemente enferma. El doctor me ha avisado.
¡Louise!
No puede hacer nada doctor... ha estado en coma por dos días.
¿Fiebre puerperal?
Sin duda alguna.
Es terrible.
Es la providencia.
¿La providencia? ¡Mejor dicho: es la ignorancia!
¿Va usted a otro parto?
Sí, señor.
La condesa de Villefort para el Dr. Charbonnet.
Tome uno limpio.
¡Charbonnet!
¡Charbonnet!
¡Su majestad!
Tengo una sorpresa para usted. ¿Adivine quién está ahí?
Me gustaría saberlo. ¿De quién se trata?
- Pasteur. - ¿Pasteur?
¿Aquí, en Palacio?
Sí, lo he mandado llamar.
El Emperador nunca ha visto un germen, es muy escéptico.
Si se digna a mirar...
Señor Pasteur. Le esperan.
¿Cómo se maneja este aparato?
¡La Emperatriz!
Permítanme ver.
Vamos, Pasteur, precise su pensamiento.
Señor, los hospitales de París son nidos de parásitos.
Los médicos llevan la muerte a dónde van con sus manos e instrumentos.
Usted habla de microbios ¿su zoológico invisible?
¡Exactamente!
El Dr. Charbonnet podría verlos por si mismo,
si merece la pena utilizar el microscopio.
Los verá reproducirse por millones.
Proliferan en la suciedad. Nacidos por la noche,
matarán mañana a una dama de la corte.
¡Es grotesco!
¡Un ser humano sería aniquilado por un animal
diez mil veces más pequeño que una pulga!
Es como decir que un ejército de hormigas derrotara al Imperio.
Señor,
una joven, esposa de uno de sus sirvientes,
ha muerto esta tarde, víctima de este mismo error.
¿Me acusa de asesinato?
¡Pero ahí no termina la cosa!
La comadrona que la asistió
contaminará a su muy ilustre parienta,
la condesa de Villefort.
¡Basta! ¡Se confunde, señor!
La Condesa es la hermana de su Majestad.
¡Ya escuché suficiente!
Señor Pasteur, todo esto es fascinante...
Por favor, querida.
Su Majestad...
¿Ha escrito un panfleto que causó la muerte de un notable médico,
y usted ejerce una medicina atípica?
No ejerzo la medicina.
Me esfuerzo por terminar con la negligencia de los médicos.
¡Pasteur!
Sus métodos de fermentación han ayudado a Francia.
Se le tiene en alta estima.
Pero en el futuro, manténgase en su terreno.
Deseo, o más bien ordeno, que en el futuro sus teorías
sean transmitidas por escrito a la Academia de Medicina,
que es el único garante de la salubridad nacional.
¿Emperador, y respecto al panfleto que ya escribió?
Respecto a ese panfleto...
...retráctese ahora o sufrirá mi descontento.
Permítame señor, soy Jean Martel, médico y cirujano
diplomado en la Escuela Normal,
doctor por la Sorbona, como Higienista,
miembro de la Asociación Internacional de Médicos.
Estoy convencido que sus palabras describen la verdad.
Usted me honra.
Charbonnet es idiota. Todo lo novedoso...
Le ruego... me disculpe.
¿No es usted el asistente del doctor Charbonnet?
Así es, en efecto...
Debe respetarlo... y no ridiculizarlo.
¿Yo, señor?
- ¡Buenas noches! - Pero...
- ¡Ahí viene! - Las velas
¡Enciende las velas, rápido!
Feliz Cumpleaños.
Marie,
harás las maletas. Dejamos París mañana.
Guerra Franco-Prusiana.
"Mientras los hombres se matan,
Pasteur lucha contra los microbios,
el único enemigo de la humanidad".
NAPOLEON III EMPERADOR DE FRANCIA
Louis Adolphe Thiers, Primer Presidente de la República de Francia.
¿Sabe las condiciones que Bismarck ha dictado
para retirar de Francia las tropas alemanas?
No sólo perdemos Alsacia y Lorena,
sino que debemos pagar 5 millones de francos.
Yo me pregunto.
¿Dónde encontraremos esa suma?
Su excelencia, nuestras industrias están paralizadas.
Las granjas están abandonadas,
la epidemia que diezma el ganado nos cuesta millones cada año.
Mis esfuerzos por recibir fondos han fracasado completamente,
excepto en un pequeño municipio, el de Arbois.
Si Arbois puede pagar, ¿por qué no los demás?
Arbois no está afectada por la epidemia.
¿Eso es verdad, Dr. Radisse?
Lo ignoro, Excelencia.
Si el ganado de Arbois no está contaminado,
necesitamos conocer la razón.
quizá encontraron algún medio para curarlo
Su excelencia, cualquier granjero tiene dicha cura para el carbunco.
La academia de ciencias tiene una lista de 1000
Entonces, ¿Cómo explica usted este fenómeno?
A veces puede que el campo esté inmunizado.
Es casi seguro que Arbois, tenga esa condición.
No es más que una hipótesis, Dr. Radisse.
Le pido que estudie la cuestión inmediatamente.
Francia lo necesita desesperadamente.
Todos sus recursos deben ser explotados.
Cada animal salvado de la muerte,
rescatará la libertad y la dignidad de los franceses.
¡No parecen estar enfermos!
¡No es más que el azar! Un puro azar.
Interrogemos a este chico.
Vamos.
Hola, pequeño.
¿Tus animales tuvieron el carbunco?
¿El carbunco? ¿Qué es?
Lo sabes, la enfermedad de las ovejas.
La tuvieron antes, pero ahora no.
Lo sabía, estos campos están inmunizados.
Pero, ¿cómo? ¿Por qué?
Amigo mío, a veces la razón escapa a la ciencia.
Para responder a estas preguntas consulta con los teólogos.
¿Cuándo estaban enfermas que hizo tu maestro?
Nada por los animales enfermos.
Pero un señor ha ayudado a los otros,
y están muy bien.
¿Qué señor?
- ¿Ve la casa cerca del puente? -Si.
Él vive allí.
Le ruego me disculpe.
Soy Jean Martel.
Dr. Radisse, presidente de la Comisión Agrícola.
¡Visitas!
¿Qué son estas tonterías?
¿Señor?
¿Qué hace con esas ovejas?
Las vacuno contra el bacilo del carbunco.
¿Qué dice?
El germen responsable del carbunco.
¿Ya oyó esto Martel? ¡El germen!
Estamos en Arbois para descubrir
porque los animales no están enfermos.
Sea bienvenido, señor.
Me llamo Annette Pasteur.
Quiere decir...
Mi padre estará encantado de verle.
¿No es Louis Pasteur, el químico?
¡Papi!
¿A dónde vas, Louis? ¡Debes descansar!
Vuelvo enseguida.
¿Ha venido a salvar a las ovejas?
Muy interesante.
Por su culpa el Dr. François está muerto.
¿Se acuerda?
Fue expulsado de Paris.
No del todo doctor.
No debería proseguir con sus investigaciones.
¡Se lo habían prohibido!
Todo profeta tiene sus discípulos.
Ellas tienen una inteligencia única.
Saben lo que es bueno para ellas.
A mi también me gustaría saberlo.
Seguramente no sirva de mucho pero lo intentaré.
¡Roux!
¿Sí?
Quiere intentar explicar nuestros trabajos al doctor.
Es miembro de la Academia de Medicina,
entonces empleemos un lenguaje sencillo.
Estamos convencidos,
después de ocho años de experimentos,
que esta vacuna inyectada al animal crea una inmunidad.
¡Ridículo! Harían falta 80 años para convencerme.
¿80, no está siendo un poco optimista?
Desperdicia su dinero.
No pago nada, todo es gratuito.
Vámonos, Martel. Ya he oído suficiente,
¿Viene?
No, me quedo.
Entonces vámonos.
¿Siempre desobedece a sus superiores?
¡Vaya! ¡Se acuerda de mí!
¿Cómo podría olvidarlo?
Esa noche en las Tullerías,
dónde predije la muerte de la condesa de Villefort.
Tenía razón. Ella está muerta,
y Charbonnet no le ha perdonado eso.
¿Por qué se quiere quedar?
No soy un cortesano.
El gobierno me ha encargado ayudar a los ganaderos franceses.
Entonces, si no le molesto.
¡Annette!
Sí, padre.
Pregúntale a tu madre si tenemos una habitación libre.
¡Creo que sí!
Es decir... voy a ver.
Quiere prestar sus servicios a la patria, ¿no es así?
Sí, así es.
Bien. Venga conmigo.
Esto debería de interesarle.
Tengo aquí toda la historia del bacilo del carbunco
bajo una forma accesible para el más profano.
Por ejemplo,
esta placa muestra los gérmenes durmientes, llamados esporas,
encontrados en el suelo, en donde penetran en los animales enfermos.
En este estado, el germen hiberna, si me permite decirlo,
como una oruga en su capullo,
puede estar inactivo durante años.
Pero cuando estos gérmenes encuentran un lugar favorable
como la sangre caliente de una oveja,
cambian de forma inmediatamente...
...volviéndose largos palillos...
...como estos.
¡Increíble!
Observemos la sangre de un animal sano
durante la incursión de los gérmenes.
Aquí están las células sanguíneas de una oveja sana.
¿Cómo entran las esporas?
El animal las ingiere mientras pasta en la hierba.
Muy pronto las esporas se transforman
en gérmenes enteramente desarrollados,
implacables y prolíficos.
Aquí está la sangre de un animal contaminado.
Esta vez, el bacilo del carbunco está presente.
Mire los palillos entre las células.
Son los culpables que estamos combatiendo.
En esta fase, el animal ya está condenado.
Una vez enterrados, los gérmenes vuelven a ser esporas.
Con el paso de los años, se extienden por el suelo,
se remontan a la superficie y contaminan la hierba,
de ahí la persistencia de la epidemia.
¿Entonces hay esporas en los pastos de Arbois?
En cada trozo de tierra que he analizado.
El ganado sólo está sano gracias a mi vacuna.
Para cualquier animal sin ser vacunado,
Arbois es uno de los lugares más peligrosos en toda Francia
"No hay carbunco en Arbois según Radisse".
"El gobierno ha alquilado los pastos".
"Radisse anima a los granjeros a dejar su ganado en Arbois".
¿A dónde llevan sus ovejas?
No sé nada. Boncourt, ¿qué sucede?
¿Qué sucede?
¡Vean! Radisse es el responsable de esto.
¡Campo requisado!
Tanta estupidez es imperdonable.
Hay que pararlos.
¡Basta!
¡Alto! ¡No sigan!
Sólo traemos a los animales sanos.
¡Morirán! Los campos están contaminados.
Represento al Estado y afirmo que los campos están bien.
¡Se equivoca! ¡Se ha probado lo contrario!
¡Vamos, atrás!
¿A dónde nos podemos ir?
He visto con mis propios ojos el trabajo de Pasteur
y lo que ha hecho por el ganado de Arbois.
Otros miembros de la Academia de Medicina,
no hemos contribuido en nada para erradicar el carbunco.
Entonces, ¿por qué no vemos su trabajo?
Pasteur ha sido reconocido como un charlatán hace diez años
por sus absurdas afirmaciones sobre la fiebre puerperal
que nunca pudo probar.
No merece nuestra consideración.
No estoy de acuerdo.
Si existe un remedio, deseo conocerlo.
Yo también.
Los invitados del palco, ¡silencio!
- Dr. Radisse. - Gracias.
No haré más que una pregunta, y es la siguiente.
¿El Dr. Martel trabaja por la causa de la ciencia
o es por amor?
Me inclino por la segunda.
La Srta. Pasteur, es encantadora, no puedo culpar a mi colega
por querer ser su yerno.
¡Protesto, Sr. Presidente!
Estoy aquí, pues tengo la seguridad de que Pasteur tiene la razón.
Se le recompensará sin duda por sus meritorios esfuerzos.
Dr. Rossignol.
Amigos, colegas, sugiero efectuar un experimento.
que desenmascará para siempre a este charlatán de Pasteur.
He logrado inocular el carbunco a los animales sanos
inyectándoles sangre envenenada
de un animal ya golpeado por la enfermedad.
Ese tratamiento causa invariablemente la muerte.
Tomaremos 50 ovejas sanas,
25 serán vacunadas por el señor Pasteur,
y las otras 25 no lo serán.
Inocularé la enfermedad del carbunco a las 50 ovejas
con el método expuesto previamente.
Y desafío a todo hombre o a toda vacuna
de salvar a una sola.
- ¡Bravo! - Pasteur lo rechazará.
¡No se atrevería!
Dr. Martel.
Bueno yo...
...solo puedo hablar por mí mismo...
Si ese tratamiento existe...
¡Que lo prueben!
¡Acepto el desafío!
¡Acepto!
Estas ovejas están vacunadas por Louis Pasteur.
¡Sr. Pasteur!
Gracias.
Estas ovejas no están vacunadas.
¡Dr. Rossignol! Un momento, por favor.
Sólo el Dr. Rossignol, por favor.
Esta es la última.
Si me esperas, voy a casa contigo.
- ¿No se debe quedar? - No, no puedo.
El reglamento lo prohibe.
Entonces, ¿mi papá también vendrá a casa?
Si.
Desde el momento en que estos animales reciben su vacuna mágica,
¿sostiene que están inmunizados?
Correcto.
¿Puedo inyectarle sangre de un animal contaminado?
Si insiste, doctor.
Pero es un método bastante torpe.
Bastaría con utlizar solo el germen.
¿Quién habla de gérmenes?
Según usted, ¿de dónde viene la enfermedad?
Está generada por el cuerpo y no por una fuente externa.
Entonces, ¿por qué inyectar? Deje que se genere.
Señor...
¿Se va a someter al reglamento del experimento,
o declara que usted es un fraude desde ahora?
Tranquilo, por favor. Pensaba únicamente que no hay necesi...
Usted piensa demasiado... y ese es su mayor problema.
Estamos listos, doctor.
Adelante.
Sr. Pasteur, ¿alguna declaración para el Times de Londres?
Las ovejas que no han sido vacunadas por mi,
morirán de carbunco en 48 horas.
Y las otras... ¿no morirán también?
Esperemos que no sea así.
Por el bien de Francia.
Experiencia en Pouilly Le Fort, ganaderos y científicos escépticos.
Demostración de Pasteur mañana Se esperan multitudes en Pouilly Le Fort
Pasteur confía en su éxito
¡Por la muerte de los microbios
y de su gran maestro! ¡Louis Pasteur!
No te preocupes, Louis.
Debí quedarme.
No debí dejarlas.
Alguien se quedó...
El Dr. Rossignol ha dicho que respetará el reglamento.
El reglamento. ¡Qué estupidez!
Louis...
¿Te das cuenta lo que esto significa?
Si mañana tienes éxito, Europa utlizará tu vacuna.
Ya no tendrás ni un momento de tranquilidad.
El progreso de la ciencia no es para proteger a los científicos
pero sí a la humanidad.
Nuestros adversarios están en camino.
Bueno, Rossignol o Pasteur, ¿quién vencerá?
Yo digo que Rossignol. Es miembro de la Academia.
Apuesto por el Sr. Pasteur.
Por favor, un momento.
¡Es una verdadera feria!
Ha llegado gente de toda Europa.
¿Para ver a los acróbatas o a este sucio espectáculo?
El populacho atrae como moscas a estas vulgares ferias.
Gracias, señor.
Dr. Lister, un momento, por favor.
- ¿Lister? - ¡Que tal!
¿El Dr. Lister, de Inglaterra?
Alguna declaración...
¡Lister! ¡Qué extraordinario! ¿Qué le trae aquí?
Lo mismo que a ustedes, amigos míos.
¿Cómo está?
Por favor.
- Lo siento, después de usted. - No, después de usted.
- No insisto, después de usted - Primero usted...
"Las ovejas que no han sido vacunadas"
- Muertas. - Así es, Pasteur, ha dicho la verdad.
Hasta ahora... veamos las que ha vacunado.
Con que no se morirán... ¿Eh?
Nunca me convenció.
Están completamente sanas, Justo como usted lo proyectó.
Roux...
Mi fiel amigo.
Papi, ¡estoy tan feliz!
Estoy orgullosa de tí, cariño.
¡Annete!
¡Jean!
¡Es maravilloso!
¡Bueno, señor! Es un triunfo.
Para usted también, muchacho.
Felicidades.
Papito...
Jean tiene algo que preguntarte.
Lo escucho.
Sr. Pasteur, querría decirle que...
Sr. Pasteur...
...desde mi llegada a Arbois...
...le he conocido a usted y a su familia muy bien.
Y es...
...Sr. Pasteur...
Si, bueno...bueno...
Creo que...
Papi, Jean intenta pedirte mi mano.
Si, nos queremos casar.
Bueno...
¡Eso espero!
Felicitaciones...
Parece imposible. ¿Cómo es que estan vivas?
Yo tampoco lo entiendo.
Es muy sencillo de entender.
Pasteur tenía razón y nosotros estábamos equivocados.
Su vacuna es eficaz.
Tenemos a un gran hombre entre nosotros.
Estoy de acuerdo.
Los progresos serán inmensos, sobre todo en la cirugía.
Dígaselo usted mismo a Pasteur.
Me encantaría. Me gustaría verlo.
Ahí está. Discúlpeme.
Mire sus ojitos llenos de salud.
Si he sido escéptico, le ruego que me disculpe.
¡Es un milagro!
Gracias.
El Dr. Lister. Desea conocerle.
Ha viajado desde Inglaterra.
Es un honor estar aquí.
El honor es mío, doctor.
Conozco sus trabajos sobre la antisepsia.
Es gracias a usted. Tiene un liderazgo formidable.
¡Así es el destino!
¡Perro rabioso!
¡Es su pierna!
Llevémosle con la hechicera.
¡Eso hace uno! Crear diez a partir de nada.
Cuenta dos, tres, pero olvida cuatro.
Vienen el cinco y el seis, un maleficio de verdad.
Cuenta siete y ocho. Pero acaba rápido.
Y nueve igual a uno, y diez igual a nada.
¡Tal es la suerte lanzada por la hechicera!
Ningún médico de Europa le habría podido ayudar.
Será afortunado sino tiene la rabia.
Si pudiéramos encontrar la causa.
La causa de la rabia.
Tal vez bastaría un medicamento.
Debe de haber un medio.
PARÍS. Un año más tarde.
¡Madre!
¡Annette!
¿A esta hora aquí?
- Jean no ha vuelto a casa. - Trabaja con tu papá.
Pero es mi marido.
No lo ha olvidado, cariño.
¡La ciencia, la ciencia!
¡No hay nada más que la ciencia!
Espero un bebé. ¿Lo sabe él?
A tu edad, ya tenía bebés, y no lloraba por tan poco.
Pero, ¿cuánto se debe aguantar?
¡Annette!
- Madre, ¡tengo tanto miedo! - No.
¡Quiero hablar con mi papito!
Lo vas a inquietar. ¿No te da vergüenza?
Ya sabes cómo se preocupa de todo.
¿Dónde está el Sr. Pasteur?
Está ocupado. ¿Qué pasa?
Es por causa del veterinario.
Quédate aquí, voy a hablar con él.
Esto no funciona.
Nada lo hace.
Hemos actuado como con el carbunco.
Esto prueba nuestra ignorancia en materia de enfermedades.
La naturaleza es lo bastante sutil como para repetirse.
Lo siento, Jean.
Estás en pleno trabajo, te molesto.
No pasa nada.
Papá te necesita.
No, yo te llevaré a casa.
Es inútil, he traído un coche.
¡Oiganme todos!
No hemos encontrado todavía el microbio que causa la rabia,
pero nuestros experimentos han demostrado que existe.
Óiganme atentamente.
Desde que el veterinario está aquí...
¿Dónde está Martel?
Un momento, por favor.
¡Martel!
- Buenas noches, querido. - Buenas noches.
- Buenas noches. - ¡Martel!
¡Ya viene!
¿Dónde está, qué hace?
- Annette ha venido a verle. - ¿Annete?
- ¿Está bien? - Sí.
Son las once Louis... necesitas cenar.
Un momento, cariño.
Ya me lo has dicho hace tres horas.
Todos lo necesitamos.
Muy bien, diles que paren un rato.
Pero volveremos al trabajo en media hora.
Es el veterinario. Ábrele.
- Louis... - ¿Si?
Tengo una carta para tí. Ha llegado de Inglaterra.
- ¡Del Dr. Lister, déjame verla! - Primero come.
¡Es importante!
Muy bien, te la leeré.
"Querido señor.
Mis observaciones indican que es usted una escoria.
¿Qué...?
Es usted un tirano con sus ayudantes,
ignora a su esposa y a su familia."
Vamos, ¡no es el momento de bromear!
Come primero. Te la leeré.
Mi querido Pasteur,
Me gusta más así.
Su artículo sobre las causas de las infecciones es admirable en todo detalle.
Disculpe mi precipitación, suscitada por el amor a la ciencia,
le doy un abrazo.
Mis colegas en Bruselas y Praga
afirman que sus hospitales se han vuelto lugares seguros.
Las madres acuden sin temor.
Ahí es donde Annette debería de ir para su parto.
Estos médicos de París...
Pero esto no es todo.
Puedo decir que es usted el hombre mas valioso
en el dominio de las ciencias.
- ¿Qué sucede? - Nada, Marie.
Es un perro.
¡Un perro rabioso!
Abra su hocico.
Lo quiero lo más cerca posible.
¡Suavemente!
¡Louis, aléjate! ¡La rabia no!
¡Me he comprometido a descubrir un remedio!
No puedo renunciar.
Debo intentarlo todo para librar al mundo de esta terrible enfermedad.
Pasteur promete una vacuna contra la rabia.
¡La enfermedad estaría causada por un microbio!
El señor Pasteur rechaza asistir a nuestras reuniones,
pero continúa abusando de la credulidad de la gente.
Inunda los periódicos con sus teorías.
¡Su vacuna contra el carbunco no es una teoría, es un hecho!
Forma parte de la élite de la Academia
y permite a nuestros granjeros pagar la deuda de la guerra.
En nombre de la ciencia francesa...
¡La ciencia! Insulta a esa palabra.
Defenderé el honor de la medicina francesa
contra los trucos de este charlatán.
Dr. Zaranov.
Soy ruso.
Estoy aquí con un objetivo preciso,
encargado por mi país para estudiar los trabajos de Pasteur.
Su nombre es conocido por los campesinos de mi país
quienes, desde hace siglos, son víctimas de los lobos rabiosos.
Me he pasado la vida estudiando la rabia
o la hidrofobia, que es un síntoma,
y caballeros,
me inclino
ante el hombre que ha abierto la vía para un remedio.
Los microbios no provocan la rabia ni ninguna otra enfermedad.
Dr. Charbonnet,
¿está seguro que las bacterias no son peligrosas?
Tal vez son también desatrosas como ha dicho Pasteur.
Pasteur rechaza venir aquí, vayamos a verlo.
¿Debemos humillar a nuestra Academia?
La humildad es una virtud, para los que sufren
y los que esperan curación.
Bien, vamos.
Veamos lo que el gran hombre nos puede enseñar.
Gracias señora.
Está un poco mejor.
Ciertos miembros de la Academia desean felicitarle.
¿Felicitarme?
El Dr. Zaranov ha leído sus recientes declaraciones...
Encantado, doctor.
...prometiendo la cura para la rabia.
La prensa se toma libertades.
Como siempre, exageran mis palabras.
¿Su predicción no tiene fundamento?
- ¿Fundamento? - ¡Pruebas!
No, todavía no.
Ya lo decía.
¡Qué peste!
Recientemente nos había declarado
estar en el umbral de un nuevo mundo.
¿Le puedo preguntar si ha franqueado ese umbral?
La ciencia ha dado un paso al frente,
luego otro,
después se detiene a reflexionar para dar un tercero.
Una madre espera que su bebé se siente y luego camine,
el niño da un primer paso luego otro,
después se detiene, inseguro. ¿Y acaso la madre le dice?:
"Titubeas, ¡no caminarás nunca!"
¡Apague su pipa apestosa!
¿Qué decía?
Paso a paso, he llegado a la conclusión
de que los microbios causan todas las enfermedades.
Si siempre son escépticos.
Si los microbios son un mito para ustedes.
Una gota de este líquido sobre una herida sería mortal.
Con esto, podría aniquilar a toda la ciudad.
¡Ridículo!
¿Cómo podría esto matar a un hombre?
Ya sólo me quedaría saber la hora de mi muerte.
Un célebre cirujano desafía a la muerte.
Los microbios no causan la rabia, afirma Charbonnet,
y se inyecta el producto, refutando la teoría de Pasteur.
Hace más de un mes, y va muy bien.
¿En serio?
- Lo he visto ayer. - ¿De verdad?
Ahí viene.
- Hola Charbonnet ¿Cómo está? - No podría estar mejor.
Según Pasteur ya debería estar en la tumba.
¡Los gérmenes son mis mejores amigos!
Cecile, avisa al señor de que el Dr. Rossignol está aquí.
Hay que hacer algo. Vengo del Boulevard.
Charbonnet se mofa de todo, burlándose de su esposo.
¡Habla alto y fuerte para ridiculizar al Sr. Pasteur!
Louis se burla de este ridículo cuando sabe que tiene razón.
Sr. Pasteur, he venido a prevenirle sobre Charbonnet.
Hay que pararlo. Su trabajo es tan importante.
¿Importante? ¡Podría decir la verdad!
Tampoco es el caso. Los resultados son negativos.
¿Quiere decir que no ha podido descubrir el microbio?
Ningún trazo.
¡Parecía tan confiado!
¡Siempre lo estoy!
Todos los animales a los que se lo inyecté están muertos.
Charbonnet, ignoro cómo, pero ha resistido la enfermedad.
¿Está seguro de que era la misma probeta?
¡Absolutamente! No tenía más que una muestra.
Quizás estaba muy vieja.
Me dijiste que con el tiempo, el germen pierde su virulencia.
¡Espera!
¡Puede ser eso!
- Roux - ¿Si?
¿De cuándo era el virus que se ha puesto Charbonnet?
Tenía 14 días.
¿Cuándo se lo había inyectado al conejo?
Una semana antes, creo.
¿Una semana, seguro?
Un momento, lo escribí en su día.
- Nueve días. - ¡Ahí está la respuesta!
¡Eso debe ser! Es la única explicación.
Envejeciendo, ¿el virus se vuelve inofensivo?
No, ¡pero bastante atenuado para que el sistema lo resista!
De ahí que no avancemos.
¡En caso de mordedura el germen es fuerte!
- No está atenuado. - ¡Precisamente!
Pero si empezamos con un virus atenuado durante 14 días.
Supongamos que se lo inyectásemos a un animal sano
y que poco a poco, la resistencia crezca,
aumentamos las dosis con un virus más fuerte
hasta que el animal pueda resistir la enfermedad.
- Estaría inmunizado. - ¡Eso sería imposible!
Si sobreviviera a la primera dosis, las siguientes le matarían.
Roux, ¿dónde están las probetas que has preparado?
Allí.
Dámelas.
Están en orden cronológico y fechadas.
Aquí está. Catorce días.
¿Jean?
¿Sí, señor?
¿Cuántos perros nos quedan?
- Diez. - ¿Están sanos?
En perfecta salud. Nunca fueron expuestos.
Inyéctales la hidrofobia.
- ¿En serio? - Dales la hidrofobia.
Décimo cuarto día. Última inyección.
Resultados en 10 casos sobre 10: satisfactorios.
Abre la puerta.
Hay bastante para todos.
Y decir que le debemos todo a Charbonnet.
¡Pobre Charbonnet!
Si supiera que fue nuestra cobaya favorita.
- ¡Louis! - ¿Sí, cariño?
Ven, por favor. Un médico quiere verte.
¿Un médico?
Sr. Pasteur, soy el Dr. Pfeiffer.
Disculpe mi intrusión, pero hemos llegado de Alsacia.
¿Nosotros?
Le pido disculpas. Aquí están.
La señora Meister.
Su hijo es uno de mis pacientes.
Fue mordido por un perro.
Hice todo lo que pude. Si tuviera la rabia...
¡Puede ayudarlo! Nos lo han dicho.
Dame tu mano.
No tengas miedo, no te haré daño.
Mi pequeño. ¡Mi querido Joseph!
¿Cuándo sucedió?
Hace cinco días.
¿Cauterizó la herida?
No en el momento. 24 horas después de la mordedura.
¿Voy a morir?
Claro que no.
Los niños no mueren. Tienen toda la vida por delante.
¡Va a morir, lo sé!
El año pasado, le pasó al hijo de los vecinos.
¡Cállese! Eso no tiene nada que ver.
¡Sálvele!
¡Salve a mi bebé!
Llévatelo a la cama, necesita mucho calor.
No debes tener miedo.
Ándale, subamos, ya verás.
Debes de estar cansado después de un viaje tan largo.
¡Mamá!
Ya voy, cariño. Ya voy.
¿El perro tenía la rabia?
Estoy seguro, lo examiné. ¿Puede ayudarlo?
Estoy todavía experimentando, tengo esperanzas, pero...
Roux, ¡haz venir al Dr. Rossignol enseguida!
Entiéndame, Dr. Rossignol...
Lo siento.
Es evidente que el muchacho está condenado.
Estoy dispuesto a todo. ¿Qué me dice?
No lo puedo aprobar.
Admiro los trabajos del Sr. Pasteur,
pero cuando una vida está en juego,
necesito volver a la medicina tradicional.
Eso significa dejarlo morir.
¡Le daremos sedantes!
¿Existe un remedio contra la rabia?
¡No quiero discutir esto!
Le describo tan sólo el tratamiento usual.
Siempre es peligroso abrir una nueva vía,
sobre todo para el Sr. Pasteur
que es químico y no es médico,
y que no será protegido por ningún colega.
Por su seguridad,
juro que no intentaré nada ilegal.
Buenas noches, caballeros.
¡No irá a escucharle!
Compréndame.
Mi tratamiento ha salvado a los perros. ¡A diez!
Pero ignoro cuáles serán los efectos sobre un ser humano.
Si fracaso, acabaré en la cárcel,
¡incluso... puede que me guillotinen!
Si cambia de opinión, le ruego que me lo avise.
Buenas noches.
¡Louis!
¡No has hecho eso!
¡Te llevarán a la cárcel!
Está durmiendo.
Hola, Jean.
Buenos días, señora.
¿Alguna noticia de Annette? Deberían de haber llegado ya.
Vengo a hablar con usted. Nuestro médico está enfermo.
¿Leclerc?
Louis encontrará otro médico que lo sustituya.
Si pero son pocos los médicos que utlizan antisépticos.
Es muy difícil encontar a alguien confiable.
¡Martel!
Sí, señor.
¿Cómo está el pequeño?
Está febril. La tercera dosis le ha puesto enfermo.
¿Está Roux con él?
¿Qué va a hacer?
Darle una cuarta, una quinta, una sexta...
si es que no muere antes.
- ¿Se acabó el análisis? - Todavía no.
¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
Se ha roto un frasco.
¡Idiotas! ¡Malditos locos! Lo necesito, encárguese.
¡Nadie salvo usted debe tocarlo!
Louis, hace 48 horas que no has cerrado los ojos.
Dormiré más tarde.
No es verdad. Nunca te detienes.
Marie...
He tenido suerte toda mi vida,
más de la que merezco.
Pero si fracaso ahora...
No lo harás.
El pequeño saldrá adelante.
Y nos iremos. Para unas largas vacaciones.
Martel, Roux y los otros...
...son lo que necesito.
Son tan buenos, tan pacientes.
¡Les estoy tan agradecido!
Deberías decírselos.
Lo haré.
Y tú, Marie,
tú, más que los demás.
¿Qué he hecho para merecer esta devoción?
¿Recuerdas tu petición de mano?
Habías dicho:
"Nada de mí puede atraer a una chica
pero mis verdaderos amigos sienten un cariño sincero hacia mí".
¿Yo dije eso?
¿Era tan vanidoso?
¡Vanidoso, pero prudente! Te mirabas en el espejo.
Por aquí, por favor.
Perdonen mi intrusión.
Vengo de la embajada de Rusia.
Vamos a la ventana.
¡Miren!
Son los campesinos víctimas de los lobos rabiosos.
Mi país se los ha enviado.
¿Tan pronto?
¡No hablan más que de su vacuna!
Aún no se ha probado.
Por eso están aquí. Se ofrecen como cobayas.
¡Es una oportunidad maravillosa!
¡Una oportunidad para matarlos, para asesinarlos!
Aléjate. ¡Qué no te vean!
Soy un estudioso, no un mago.
Mi tratamiento es para los perros.
¡Pero son hombres! ¿No irá a rechazarlos?
Llévelos al hospital.
Aíslelos.
Quiero un informe de cada caso.
Gracias, señor.
¡Qué triunfo!
Adiós, señora. Le pido disculpas de nuevo.
Adiós, doctor.
- ¿Señora? - Dime Cecile.
- ¿Y el pequeño? - Nada nuevo.
Le he puesto la inyección. La cuarta.
- ¡Roux! - ¿Si?
¡Dí a los del laboratorio que no se vayan por nada!
- ¿Está claro? - Si.
Podría necesitarlos en cualquier momento.
¿Qué le digo al cochero?
- ¿Todavía está ahí? - En la cocina.
- Espera un momento. - ¡Louis!
Es Annette, el Dr. Leclerc está enfermo.
- ¿Leclerc? - Avisaré a Jean.
Ni una palabra a Jean. Se queda aquí.
¡Es su marido!
¡Debe acabar su trabajo!
¿Qué vamos a hacer?
No te inquietes. Voy a buscar un médico.
¿El doctor está aquí?
Ha salido a visitar a un paciente. Volverá en un momento.
¡Un momento!
¿El Dr. Daumery está aquí?
El doctor se ha ido un mes a la Costa Azul.
¿La Costa Azul? ¡Perfecto!
¿Hay algún mensaje?
No, ninguno, gracias.
¡Charbonnet! ¡Deténgase!
Quiero hablar con usted. Mi hija va a dar a luz.
Felicidades, pero porqué acude a mi.
¿Está bien? Aquí está mi esposa, ella le ayudará.
Señora, es un honor.
Cecile, haz hervir el agua.
Volveré a ver a Annette.
Que hierva a flama alta.
Espere...
¿No pone a hervir sus instrumentos?
- Claro que no. - No puede ser.
Querido Pasteur, le hago un favor profesional.
Siga mi método, por favor.
Muy bien, acepto, pero le propongo un trato.
¿Un trato?
"Yo, Louis Pasteur,
reconozco por la presente...
Si en un mes no tengo la rabia,
haré publicar esta nota en las revistas científicas de Europa".
Yo, Louis Pasteur, reconozco por la presente,
que mis investigaciones sobre las causas de la rabia
se han revelado infructuosas y sin valor.
- Déjelos hirviendo. - Si.
- ¿Dónde está la paciente? - Espere, espere.
Primero lávese las manos.
No, no... quítese el abrigo.
Ahora lávese la manos. Hasta los codos.
- ¿Qué es eso? - Sólo es bicloruro.
Utilice el cepillo. ¡El cepillo!
Sí, ¡enseguida!
¿Está satisfecho?
Sí, está mejor.
Allí hay un paño limpio.
Cecile, date prisa.
Pase. Mi hija le espera.
- ¡No lo toque! - ¿Qué?
¡Sus manos!
Están sucias. Habrá que lavarlas de nuevo.
He asistido a cientos de partos...
Recuerde nuestro trato. Haga lo que digo.
¡Qué tonterías!
Lave sus brazos.
¿Y después?
¡No toque más que a la paciente!
- ¿Mis instrumentos? - Están por llegar.
Louis... ¡Tenemos un nietecito!
¡Louis! Dr. Charbonnet, mi marido se ha desmayado.
¿Louis... Louis...?
Ha tenido un derrame.
Tengo el lado izquierdo paralizado.
Sólo ligeramente. No es grave.
¿Cuándo ocurrió?
Hace algunos días.
Algunos días...
Estuviste al límite de tus fuerzas.
¿Te sientes mejor?
¿Y el pequeño Meister?
Se porta como un encanto.
¡Gracias a Dios!
¿Y los rusos? ¿Ha podido ayudarlos?
El hospital ha rechazado las curas sin permiso de la Academia.
Fue expedido esta mañana, pero demasiado tarde.
Tres hombres están muertos.
¡Una muerte atroz!
- ¡Levántame! - Por favor, Louis.
Debo ir. ¿Cuántos quedan?
Diecinueve, pero sin esperanza.
Aunque tan sólo salvemos a uno de ellos,
habrá valido la pena.
Ayúdame a levantarme. Vísteme.
¿Qué pasa?
Pasteur va tratar a los rusos. Pero creo que es demasiado tarde.
Dr. Charbonnet, ¿no quiere pasar?
No quiero molestar.
Paciente número uno.
Tres centímetros cúbicos.
Jean.
Paciente número dos.
Dr. Charbonnet.
No le he agradecido lo de mi pequeño nieto.
Ha estado muy enfermo.
Lo siento mucho.
Esta carta quizás apresure su curación.
Un trato es un trato.
Quiero conocer su tratamiento contra la rabia.
- ¿Cómo evolucionan? - Mejorando.
Está bien.
Noveno día. Paciente número uno.
- ¿Novedades? - Nada esta mañana.
Prosiga el tratamiento.
- ¿Después de ocho días? - Si.
Paciente número cinco.
¿Cómo van los pacientes rusos?
Muy bien.
Mañana. Pasteur dará su última visita.
¿Joseph está bien esta mañana?
Muy bien. Tiene un apetito de ogro.
¡Se ha ido!
¡Joseph!
¡Pillín! ¡Quieres vestirte!
- ¿Cómo decidirse? - Yo me encargo.
No debe saber nada.
No se dará cuenta de nada.
¿Marie?
¡Señor Pasteur!
- ¡Joseph! - ¿Estás listo?
Espera, tengo una sorpresita para tí.
La Sra. Mesiter desea agradecérselo una vez más.
Señor, ¡el mundo nunca lo olvidará!
Adiós.
¡Joseph!
- ¿Sabes escribir? - Si.
¿Querrás escribirme?
Sí, claro.
Entonces, envíame noticias tuyas cada mes,
¿querrás?
Sí, lo haré.
No lo olvides. Esperaré tus cartas.
- ¡Joseph! - ¿Si?
Gracias.
Adiós.
A propósito, Louis...
...un profesor extranjero da una conferencia en la Academia.
Afirma haber refutado la teoría de los gérmenes.
¿Cómo?
¿Quién?
¿Cuál es su nombre?
Lo ignoro.
Llama a un coche. Debo ir.
Llega justo a tiempo.
Se valiente, querido.
Te oiré desde el palco.
¿A quién aplauden?
Al orador, el Dr. Lister de Inglaterra.
¿Lister?
¿Lister ha venido a atacarme?
Damas y caballeros.
El homenaje que rendimos hoy a Pasteur
no es nada comparado a los millones de personas
que honrarán su memoria en los años venideros.
Las vacunas contra el carbunco y la rabia
son ciertamente grandes avances,
pero lo más importante, creo,
es que miles de personas
escaparán de la muerte causada por las infecciones,
y que las madres nunca más temerán
la cirugía o el parto.
En nombre de Francia, le saludo.
Sr. Pasteur, ¡le saludo en nombre de la humanidad!
Lister.
Mi querido Lister.
De su majestad imperial, el Zar de Rusia
con su más profunda gratitud.
Me faltan las palabras para expresarme.
Jóvenes,
médicos y estudiantes del futuro,
no se dejen contaminar nunca
por un escepticismo estéril
ni venirse abajo por la tristeza en ciertas horas
que se insinúan entre las naciones.
¡No demuestren envidia hacia sus contrarios
pues ninguna teoría científica nunca fue aceptada
sin oposición!
Vivan en la serenidad
de las bibliotecas y laboratorios.
Pregúntense primeramente:
"¿He hecho lo suficiente para mi formación?"
Y a medida que avancen:
"¿Qué es lo que estoy realizando?"
Pues un día,
tendrán quizás la inmensa alegría de pensar
que han contribuído, en cierta manera,
al bienestar y al progreso de la humanidad.
Subtítulado por mexview México CDMX 2023
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