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"LA CASA DE LOS ESPÍRITUS"
Es bueno volver.
Ven, papá.
Es bueno haber vuelto.
Nuestra memoria es frágil.
El transcurso de una vida es muy breve.
Todo pasa tan de prisa...
que no alcanzamos a ver la relación entre los acontecimientos.
Esto es lo que anotó mi madre en sus diarios...
para registrar el paso del tiempo.
¿Qué ocurre, papá?
¿Quieres acostarte?
Echo de menos a Clara.
Papá...
creo que mamá está aquí con nosotros ahora.
Ven a acostarte.
Mi madre hablaba siempre del amor como de un milagro.
Desde que era niña, lo anotó todo en sus diarios...
para ver las cosas en su dimensión real.
Era la primera vez que veía a mi padre.
Aunque mi padre había ido a pedir la mano de Rosa, su hermana mayor...
mi madre supo que estaba enamorada de él.
Querida, no oímos lo que decimos.
Bien, Esteban, Rosa también lo desea...
Lo importante para nosotros es que Rosa sea feliz...
pero también... - Estoy decidido...
Decidí que trabajaré duro cada día.
Estoy convencido de que si trabajo duro cada día...
algún día seré lo bastante rico para...
No, Clara.
Algún día seré lo bastante rico para llevar a Rosa al altar.
¡Clara, no!
Dos años después, mi padre encontró oro y podría volver junto a Rosa.
El amor lo condujo a la mina, pero el trabajo arduo y la espera...
sólo aumentaron su deseo.
Por fin lo logró y volvería para llevar a Rosa al altar.
Se celebraba la nominación de mi abuelo...
como candidato del Partido Liberal.
Aunque mis abuelos intentaban mantener en secreto...
los poderes sobrenaturales de mi madre, todos lo sabían.
La gente le pedía consejo a escondidas.
Sólo quería saber si Clara podría decirme...
He contraído una gran deuda.
Al ser un político, es un escándalo.
No sé qué hacer.
- Mi familia... - «Diablo Negro» ganará el domingo.
- ¿Qué? - En la tercera carrera.
Bueno, te lo agradezco mucho.
Prometo no volver a pedirte ayuda nunca más. Gracias.
- Gracias. - Se trata de mi prometido.
Soy tan infeliz.
Y pensé que quizás podrías ayudarme.
¿Qué debo hacer para que me vuelva a querer?
Su prometido no soporta el olor de lavanda.
Si deja de untarse con aceite de lavanda...
quizá vuelva a desearla.
¿Clara? ¿Qué ocurre?
¿Clara?
¡Debería avergonzarles trastornarla de este modo!
Es una niña delicada.
Rosa, ¿qué dice?
Que pronto habrá una muerte en la familia...
pero que será accidental.
El Partido Conservador ha estado en el poder desde que recuerdo.
Es un partido de codiciosos, corruptos, intolerantes y de viejas ideas.
Nosotros, el Partido Liberal, debemos luchar contra ellos.
Gracias, queridos amigos, por su apoyo.
Gracias. Gracias.
Tú debes brindar.
El que trincha el cerdo, brinda. Es la tradición. Bebe.
¿Clara?
Ahí hay suficiente veneno para reventar un toro. Pero...
para asegurarme que fue eso lo que la mató...
debo hacer una autopsia. Tendré que examinarla.
¿Quiere decir que... la va a abrir?
Clara...
no ha sido culpa tuya.
No puedes provocar acontecimientos...
querida.
Sólo los presientes un poco antes... de que tengan lugar.
Rosa tuvo que morir en mi lugar.
No, no necesito venganza.
La venganza no ayuda a nadie.
La venganza...
no hará volver a Rosa.
¿Quién me mandó meterme en política en este país?
Es un negocio de matarifes y bandidos.
Mi madre estaba convencida de que Rosa había muerto por culpa de ella.
Creyó que si volvía a hablar, provocaría más accidentes.
Atormentada por el dolor y la culpa, se quedó en silencio.
Decidió no decir ni una palabra a nadie, nunca más.
¿Es cierto, Clara?
¿No podías haberme esperado, Rosa?
¿Por qué no me esperaste?
Si hubiera sabido que ibas a durar tan poco...
habría robado el dinero para casarme contigo.
Te habría hecho feliz.
Cuando mi madre dejó de hablar, se encerró en su propio mundo...
envuelta en sus fantasías.
Un mundo en que la lógica y la física no siempre...
podían aplicarse.
Rodeada de espíritus del aire, del agua y de la tierra...
que hicieron innecesario que hablara durante muchos años.
- No voy a volver a la mina. - En algo tendrás que trabajar, Esteban.
Las medicinas de mamá son caras.
He terminado.
He terminado.
¿Sabes cuántos años he dedicado a cuidar de nuestra madre?
La devoción y el sufrimiento son el camino de Jesús.
Eso es lo que me enseñaste.
- Me marcho. Odio esta ciudad. - ¿Por qué no dices que odias esta casa?
Eso también.
Me habría gustado nacer hombre para poder irme también.
Me alegro de no haber nacido mujer.
He comprado una granja con el dinero de la mina.
Te extrañaremos.
Escríbeme si mamá empeora.
¡Oiga! ¿Puede llevarme a Las Tres Marías?
- ¿Cómo te llamas? - Segundo.
Yo soy el patrón ahora.
Al que no le guste, que se vaya. Los que se queden...
tendrán comida, pero deberán esforzarse.
¿Entendido?
Entendido, patrón. No tenemos adonde ir.
Empujen, empujen.
¡Cuidado, romperás la rueda!
Vamos, voy a contar. ¡Uno, dos, tres!
Durante los 20 años siguientes, mi padre hizo de Las Tres Marías...
una de las haciendas más productivas del país.
Trabajaba de la mañana a la noche...
y siempre tenía conflictos con sus descontentos trabajadores.
¿Quieren que les pague un sueldo? ¿Qué es esto?
Soy severo, pero siempre justo.
A pesar de los conflictos y fatigas mi padre era consciente de que...
todo cuanto poseía era fruto de su propio esfuerzo.
¿Cuánto?
Preferiría que me prestara un dinero, patrón.
- ¡Qué caradura! - 50 pesos, patrón.
Es el hombre más rico y poderoso de por aquí.
No se lo pediría a otro.
¿Por qué tanto?
Un billete de tren a la ciudad, un vestido rojo...
unos zapatos de tacón, un frasco de perfume...
y una permanente. Quiero ser rica y famosa.
- ¿Qué pasa si no te vuelvo a ver? - Nos volveremos a ver.
Lo sé.
Confíe en mi.
- ¿Cómo te llamas? - Tránsito.
¡Trato hecho! Me gusta la gente ambiciosa.
- ¿Algo más? - Es suficiente.
Está bien.
Un telegrama, patrón.
¿Recuerdas cuando éramos niños?
Solía guisar para ti...
y te lo preparaba para la escuela.
Podría volver a cuidar de ti, ¿sabes?
Haré lo que me pidió mamá.
Me aceptaron como yerno una vez.
- Ella no, Esteban. - Pueden volver a hacerlo.
Ella no está bien.
Su hermana Rosa era especial.
Al menos era sana y normal. Pero...
Clara es rara. Nunca serás feliz con ella.
Estás celosa. Tú nunca has estado enamorada.
Acabarás en un asilo para solteronas.
Nunca sabrá amarte como necesitas ser querido.
Clara es demasiado rara.
Necesitas a una mujer que cuide de ti.
- Alguien que te adore y obedezca. - ¡Ya basta, Férula!
Desde la muerte de Rosa, parece vivir en otro mundo.
- Lo sé. - No porque no pueda hablar.
Sencillamente nunca quiso.
Lo sé. Lo único que importa es que pueda tener hijos sanos.
- Quizá la protegimos demasiado. - No es posible...
dar demasiado afecto a alguien.
¿Quizá podría verla ahora?
No tome decisiones apresuradas.
Conózcala primero. Y debemos considerar los deseos de Clara, ¿no le parece?
Quiere que me case con Ud., ¿no?
¡No seas impertinente!
Quiero saberlo. ¡Para no perder tiempo!
También me gustan las cosas directas. Sí.
- ¡Ha dicho algo! - Para eso he venido.
- ¡Ha hablado! - ¡Ha dicho algo!
- ¡Ha dicho algo! - ¡Has dicho algo!
- ¡Ha hablado! - ¡Ella habla!
¡Ella habla!
Gracias, Clara. Me has hecho muy feliz.
Adiós.
¿Todo está a su gusto?
Buenas tardes, Férula.
Siento llegar tarde.
De repente... no recordaba si era hoy.
Te debo una explicación por pedirte que vengas aquí.
Espero no haberte hecho esperar mucho.
No. Me alegro mucho de que hayas podido venir.
No voy a menudo a sitios como éste.
Es la primera vez que vengo aquí.
Está buena.
Clara, quería hablarte de...
No te preocupes.
Vas a venir a vivir conmigo y con Esteban.
Las dos seremos como hermanas.
Y nuestra amistad...
durará el resto de nuestras vidas.
No debes preocuparte por Esteban. Ya hablaré yo con él.
Y no le diremos que nos vimos.
¿Verdad?
Discúlpame. Lo siento. No suelo llorar.
Es que no estoy acostumbrada a que me toquen. Lo siento.
No estoy acostumbrada a la amabilidad.
Nadie me ha dado nunca muestras de ternura.
Perdóname. Es sólo que...
estoy tan confusa...
y tan aliviada.
Gracias, Clara querida.
Querida hermana Férula.
¿Quieres tú, Esteban Trueba...
tomar a Clara del Valle...
como tu fiel y legítima esposa...
para cuidarla y amarla...
en la salud y en la enfermedad...
en la pobreza y en la riqueza...
hasta que la muerte los separe?
Sí quiero.
¿Y quieres tú, Clara del Valle...
tomar a Esteban Trueba...
como tu fiel y legítimo esposo...
para amarlo y cuidarlo...
en la salud y en la enfermedad...
en la pobreza y en la riqueza...
hasta que la muerte los separe?
Sí quiero.
Sí. Sí quiero.
Es preciosa.
- Oh, ¡es muy bonita! - Bienvenida a Las Tres Marías.
- Felicidades. - ¿Recuerdas a mí hermana Férula?
Debes de estar cansada.
Ven. Te prepararé chocolate.
No, no estoy cansada.
¿Has tenido un buen viaje?
No es una niña. No la trates como si lo fuera.
¡Mi querido Esteban!
Vamos.
Perdóneme, Padre, pues he pecado. Hace una semana que me confesé.
Padre...
creo que he cometido un pecado terrible. - ¿De la carne?
Mi carne está seca, pero mi espíritu no.
- Me atormenta el demonio. - La piedad de Dios es infinita.
No sabe qué pensamientos puede tener la mente de una mujer sola.
Una virgen que no ha conocido varón.
No por falta de oportunidades. Pero Dios...
envió a mi madre una enfermedad y tuve que cuidarla.
Un sacrificio registrado en el Cielo.
¿Aunque haya pecado de pensamiento, padre?
Bueno, depende del pensamiento.
A veces...
por la noche...
no puedo dormir.
Siento que me sofoco.
Para calmarme, me levanto y camino por la casa.
Voy al cuarto de mi cuñada y pego el oído a su puerta.
A veces...
entro de puntillas y la miro cuando duerme.
Solía considerarla tonta e incompetente.
Ahora sé que es de otro mundo.
Quizá su vida en la tierra sea sólo una pequeña parte de ella.
Podría estar más cerca de Dios que nosotros, Padre Antonio.
Parece el Ángel de la Luz.
Quiero meterme en su cama...
y sentir...
la tibieza de su piel...
y su suave aliento.
Reza, hija. La oración ayuda.
Espere, no he terminado.
Cuando mi hermano duerme con ella...
es aún peor.
De nada me sirve la oración.
No puedo dormir.
Transpiro, mi cuerpo entero tiembla.
Al final, me levanto y cruzo la casa oscura.
Me deslizo por el pasillo...
con cuidado, para que no cruja el suelo.
Les escucho...
a través de la puerta de su cuarto.
Y una vez, incluso pude verlos...
La puerta estaba entreabierta.
Lo que vi...
No puedo contárselo, padre. Es un pecado terrible.
No es culpa de Clara.
Ella es inocente como un niño. Mi hermano la induce.
Él desea mucho más que su cuerpo.
Quiere apoderarse de lo más secreto que hay en su interior.
Está eternamente condenado.
Sólo Dios puede juzgar y condenar, hija mía.
Pero...
¿qué hacían?
Solías ser una narradora talentosa.
Pues...
no podía ver muy bien, pero...
lo que percibí era increíble.
Los movimientos trémulos...
la abundancia de los jugos...
las palabras murmuradas al oído de ella.
Los extraños olores secretos.
Un verdadero milagro.
Es una niña.
Y se llamará Blanca.
¿No es preciosa, Esteban?
Ojalá mamá pudiera ver esto. Se sentiría orgullosa de ti.
Y pensar que será una niña. No puedo esperar.
No me gusta que ande tanto.
El doctor le dijo que debía reposar mucho.
Y dijo que no debería acostarse contigo.
- ¿Qué? - Dijo que no era bueno para Clara...
que se acuesten juntos.
- A mí no me lo dijo. - Sólo te repito lo que dijo.
Pero creo que se refiere...
a que pesas demasiado para el bebé, o para el cuerpo de Clara.
Creo que no es bueno que se excite demasiado.
Te estás metiendo en asuntos que no te conciernen.
Buenos días.
- ¿Es necesario besar tanto? - Sí, ya lo creo que sí.
Siente cómo da patadas.
Creo que quiere salir a saludar a sus abuelos.
- ¿Abuelos? - Llegan hoy. ¿Recuerdas?
Debes tomar tu baño.
Eso me hará sentirme bien.
El doctor me dio aceite de almendras para untarte...
para que tu piel no tenga estrías.
- Lo siento muchísimo. - Les dije que tomaran el tren...
pero papá insistió en conducir el viejo cacharro.
Hay otra cosa.
- Es horrible - Dígame.
Debido a la fuerte colisión con el tren...
sus padres salieron disparados del coche.
La cabeza de su madre fue cortada del tronco.
- Y lo terrible es... - ¡Pero yo sé dónde está!
- Basta ya. - ¡Te digo que sé dónde está!
La han buscado por todas partes.
Lo siento, mi esposa está un poco... Es por el embarazo.
Hermana Férula, ¿me ayudas?
- Está aquí. - ¿Clara?
Estamos demasiado lejos del accidente.
Está aquí. Lo sé. Te digo que está aquí.
¿Me haría el favor de...
meterse allí y pasarme una cabeza de señora que encontrará? Y dese prisa.
Dese prisa, señor.
Creo que voy a dar a luz.
Dese prisa.
Eso es, eso es. Relájate.
Empuje.
- Todo va bien. - ¡Empuje!
¡Vamos! Ya viene.
Bienvenida al mundo, pequeña Blanca.
Mantenlo horizontal.
- Concéntrate, Blanca. - Eres la campeona.
¡Devuélvelo a la Tía Férula!
¡Vamos, Férula, dale más fuerte!
¿Es necesario jugar con sombrero?
Ganaremos la partida.
Lánzalo dentro de la pista. Mantenlo dentro.
¡No lo lances tan lejos!
¡Vamos, Férula! Deja de hacer la tonta.
¡Vamos, Férula!
- ¡Casi! - Debes enseñar a Clara a jugar.
Hemos ganado, pequeña. ¡Blanca es la campeona!
Ojalá mamá viviera, para enviarte con ella.
Vamos a tomar un refresco, los dos solos.
Tía Férula, ¿vienes a jugar conmigo? Por favor, ¿jugamos?
Aquí tienes.
¿Quiénes son?
¿Qué hacen aquí? ¡Largo!
Necesitamos dinero para comer.
¡Pues vayan a ganárselo!
- ¡Fuera! - ¿No me recuerdas, Esteban?
¿En la orilla del río? Este es tu hijo.
Míralo. Le puse tu nombre.
¿De qué me habla?
¡Tome esto y lárguese! Vamos, ¡tómelo!
Sí vuelvo a verlos en mi propiedad les echaré los perros.
¡Nunca te librarás de nosotros, Esteban!
¡Nunca te librarás de tu hijo!
¿Terminaron de jugar? ¿Le has ganado?
- ¿Quién eres? - Esteban García.
Mis padres no están.
Lo sé.
¿Qué quieres?
- Ver tu casa. - No puedes estar aquí.
Los extraños no pueden entrar sin permiso.
Lo sé.
Pues vete.
Me iré pronto.
Ven aquí.
- ¡Ven! - ¿Por qué?
Quiero olerte.
Hueles bien.
Es ron de laurel. Mi madre me baña cada día.
Llevas un vestido muy bonito.
Siéntate aquí para que lo toque.
Me lo hizo mi tía Férula.
Imagínate. Tenemos la misma sangre.
No te entiendo.
Tu chocolate está listo.
Quisiera que Pedro se levante y nos relate...
su cuento de las gallinas y el zorro.
Érase una vez un gallinero...
y cada noche un zorro se colaba dentro...
para robar huevos y devorar los pollitos.
Eso enfurecía a las gallinas.
La gente agradece que les enseñe.
- ¡Pedro! - ¡Blanca!
¡Blanca!
¿Por qué no usas tus poderes para decirme dónde están?
No puedo encontrar a quien no quiere ser encontrado.
Si no tuvieras la escuela, no hubiese ocurrido.
¡Clara, los ha encontrado! Segundo los encontró junto al río.
- ¿Están bien? - Sí.
¡Es por tu culpa!
¡No quiero volver a ver a tu hijo con Blanca! ¿Entendido?
Entendido, patrón.
Cerraré la escuela y Blanca irá a un internado.
- ¡No, no puedes hacer eso! - ¡Si que puedo!
No veré cómo mi hija se convierte en una nativa.
Es mi deber ofrecerle una vida entre la gente de su clase.
- No hay necesidad... - ¡Cállate!
¡No te metas en mis asuntos de familia!
- ¡Pedro! - ¡Blanca!
Había terminado el colegio.
Lo único que hacía soportable el internado...
eran las maravillosas vacaciones que me esperaban.
Enhorabuena por las notas.
- ¡Cuánto tiempo! - Estamos orgullosos de ti.
- ¡Terminó el colegio! - ¡Gracias a Dios!
- Qué alegría tenerte aquí. - Te echábamos de menos.
Cada año, Pedro y yo nos reuníamos junto al río.
Con mis estudios terminados, estaríamos juntos para siempre
Te he echado de menos. Creí morir en el colegio.
Ya no vuelvo allí. Sólo seremos tú y yo.
- ¿Qué ocurre? - Sabes...
que no somos sólo tú y yo. - Claro que sí.
No me importa lo que piense mi familia.
Yo te quiero y tú me quieres. Eso es lo que importa.
Dicen que has empezado a hacer discursos políticos.
Tu padre oprime a los campesinos.
Le tienen miedo.
- Todos lo odian. - Pedro...
Prométeme que tendrás cuidado. No debe pasarte nunca nada.
- Te amo. - También te amo.
Yo también te amo.
¡Bienvenido, Sr. Trueba!
Los conservadores quieren proponerte algo.
- No soy un político. - Eres un hombre poderoso.
Un hombre de honor. El tipo de senador que necesitamos.
El país está cambiando.
Las cosas ya no son como eran, desgraciadamente.
La gente tiene ideas locas. Los campesinos de tu zona...
y los obreros de las ciudades hablan de unirse.
Si no tomamos medidas ahora...
- Voy a pensarlo. - Piénsalo. Eres un jefe de familia.
Vale la pena protegerla. Debemos proteger nuestros valores.
- ¿Quién es ése? - El Conde Jean de Satigny.
No lleva mucho tiempo en el país. Es muy rico y todavía soltero.
Tal vez a tu hija le guste añadir un escudo a su tarjeta de visita.
Hazme saber tu decisión sobre el partido.
Disculpe.
He oído hablar mucho de Ud.
Dicen que su finca es la propiedad más bella de la región.
Y la más productiva.
Espero verla algún día. Estudiaría sus métodos.
- Admiro... - Será bienvenido a...
¡Salgamos de aquí!
¡Un terremoto!
Clara.
¿Se ha notado aquí? ¿Ha pasado algo?
Todo va bien.
¿Clara?
Me pidió que me acostara aquí hasta que se durmiera.
Estaba muy asustada con el terremoto. Sólo ha sido eso.
¡Se acabó!
¡Ya te has metido demasiado en mi vida familiar!
¡Quiero que abandones ahora mismo mi casa!
No quiero volver a verte.
Y te prohíbo que te acerques a mi mujer...
o a mi hija.
Te enviaré dinero cada mes por el Padre Antonio.
Tendrás para subsistir con decencia mientras yo viva.
Pero si vuelvo a verte rondando a mi familia...
te mataré.
Te juro...
por nuestra madre...
que te mato.
Te maldigo, Esteban.
Siempre estarás solo.
Se te encogerán el cuerpo y el alma.
Y morirás asustado...
y con remordimientos. - ¡Fuera!
Por respeto a Clara...
quiero que sepas que nunca hubo lo que imaginas entre nosotras.
¡Nunca!
Clara...
Quiero hablar contigo, Clara.
¿Cómo has podido hacer eso?
- ¿Cómo has podido echarla? - Ya no hay nadie entre tú y yo.
- Ella nunca lo estuvo. - Te amo, Clara.
¡Quiero hacerte feliz!
¡Quiero que tengamos una familia feliz!
Pero ella es parte de la familia.
- Es tu hermana. - Férula no me importa..
¡Me importa nosotros, nuestro amor!
Muéstrame que me amas.
Muéstrame que soy tu esposo.
Ámame.
Ámame.
¿Me oyes? ¡Ámame!
Ayúdame, Clara.
Dime qué debo hacer...
para que vivamos felices como marido y mujer.
Dame un poco de tiempo, Esteban.
Dame un poco de tiempo.
Ha pasado mucho tiempo, Tránsito.
- Tienes buen aspecto. - ¿Cómo me encontró, patrón?
Busqué el mejor burdel de la ciudad.
Ahora puedo devolverle los 50 pesos...
con intereses.
Prefiero que me debas el favor.
Espera un poco, Tránsito.
Muéstrame sólo...
un poco de ternura.
Finge que te importo.
- Es cuanto necesito. - Pero Ud. me importa.
Me importa mucho.
Ven.
Ven aquí conmigo.
Me siento tan bien contigo.
Es como volver a casa.
Eres el mejor, Esteban.
Eres un hombre fuerte.
Muy, muy fuerte.
Un hombre de la tierra.
A su salud.
Hay una cosa que no entiendo, Monsieur Tassigny.
Satigny.
Y es...
¿qué hace en nuestro país de bárbaros?
Bueno... afortunadamente, no necesito trabajar para vivir.
Para mí es un pasatiempo.
Pero una vida de rico resulta aburrida. Te vuelve inquieto.
Tengo mis viñedos en Liechtenstein y en la Riviera.
Pero...
este país...
es un desafío para mí. - Sí, pero «Monsieur» Tassigny...
- Satigny. Sigue siendo extraño...
porque las tiro una y otra vez y no sale en mis cartas.
Tampoco su familia, ni su edad, ni de dónde es.
Tal vez tus cartas no puedan ver al otro lado del Atlántico.
- ¿Para mí? - Sí.
Gracias.
Es preciosa. Gracias.
500 toneladas al año en dos cosechas.
La ventaja de no estar al norte del Ecuador...
es que producimos fruta cuando ellos no pueden.
La voluntad divina dice que tenemos derecho a luchar por la justicia.
No es Su voluntad que esperemos una recompensa del Cielo.
Jesucristo también era un revolucionario.
Tenemos derecho a pedir un sueldo.
¿Revolucionario? ¡Pues, claro!
Tenemos derecho a descansar los domingos.
Tenemos derecho a votar. Y a ser libres.
¡Ya basta! ¡Vuelvan al trabajo!
He dicho: ¡Vuelvan al trabajo!
Diles que vuelvan al trabajo.
Por favor, vuelvan al trabajo.
Ven aquí.
¿No le has enseñado nunca a tu hijo a no mirar a su patrón a la cara?
Quítate la camisa.
Tassigny... ¿No va a cenar con nosotros?
Satigny.
Conde de Satigny. Está examinando la cosecha de maíz.
- Tiene gran interés por la agricultura. - Y por saber cuánto ganas.
Hoy he tenido que despedir a Pedro Segundo.
- No podrá volver aquí nunca más. - ¿Por qué?
Intentaba volver a los granjeros contra mí. ¡Predicaba la revolución!
No le he matado por respeto a su padre.
¡Dios mío!
Me he pasado la vida intentando...
ayudar a esa gente. Se los he dado todo.
¡Y ahora ese canalla les habla de sus derechos!
- Necesitan que los protejan. - Necesitan justicia, papá...
no caridad. - Son como niños.
Necesitan una mano dura.
- Es lo que entienden. - No puedes impedir que el mundo cambie.
No, pero puedo intentarlo.
He decidido presentarme como candidato Conservador al Senado.
¿Qué opinas?
Los políticos son todos unos bandidos y criminales.
¿No podemos cerrar una de las ventanas?
- ¿Tía Férula? - ¡No!
Férula ha muerto.
¡No puede ser!
La vi hace sólo dos días y estaba muy bien de salud.
Sé que es cierto.
Por favor...
déjenme sola con ella.
Si supieras cuánto te echamos de menos...
Blanca y yo.
Hablamos de ti casi cada día.
Estarías tan orgullosa de Blanca.
Esteban ha despedido a su amado...
pero se ven en secreto junto al río.
Es tan valiente y... fuerte...
y fiel a sus sentimientos.
Siempre te recordaré.
Hasta la vista.
¡Todos ustedes!
¡Tienen derecho a hablar y a exigir!
¡A defenderse de sus opresores!
Ellos dependen de ustedes...
porque ustedes hacen girar las ruedas.
Ustedes hacen el trabajo.
¡Hacen posible que ellos que vivan cómodamente!
¡Tienen derecho a sindicarse!
¡Por eso deberían exigir, formar sindicatos y organizarse!
Si dejan de trabajar...
¡ya no habrá patrones!
¡Si vuelvo a verte, te hago papilla a escopetazos!
¿Me has oído? ¿Me has oído?
Discúlpeme por... Estaba... estaba junto al río.
No podía dormir... Fui a pasear junto al río...
y allí los vi.
Vi a mi futura novia yaciendo desnuda...
en brazos de... - ¿Quién? ¡Dígamelo!
¡Dígamelo!
Ese indio. Ese revolucionario.
¡Mataré a ese canalla!
¿Dónde está?
¡Dímelo! ¿Dónde está? Dime dónde está.
Lo mataré. ¿Dónde está?
¡No te lo diré nunca!
- ¡Nunca! - ¡Lo mataré!
¡Dime dónde está!
¡Abran la verja!
¡Esto es culpa tuya! La has criado sin moral...
sin religión ni principios. ¡No sabe quién es!
¡Es mi hija!
Podría entender que lo hiciera con alguien de buena familia.
Pero con esa escoria, ¡ese cabrón hijo de perra!
¡Lo mataré! Juro por mi madre que deseará no haber...
Pedro no ha hecho nada que no hayas hecho tú.
También te has acostado con mujeres que no son de tu clase.
Pero él lo ha hecho por amor, y Blanca también.
Clara, mi ángel.
Vamos.
- Ven. - No.
- Ven. - No.
No volveré a hablarte nunca más.
¡Nunca más!
Nos mudamos a la casa de mis padres en la ciudad.
Todos la echaremos de menos, señora Clara.
Y yo a ustedes...
también.
Me marcho, patrón.
¿Por qué?
No quiero estar aquí cuando encuentre a mi hijo.
- ¿Lo han encontrado? - Aún no, pero seguimos buscando.
Lo quiero para mí. Ofreceré una recompensa, no importa de cuánto.
- ¿Por qué lo toma como algo personal? - Porque es personal.
- Debo advertirle... - Conozco las leyes de este país.
¿Qué haces aquí? ¡Estoy comiendo!
Sé dónde se oculta Pedro.
¿Cómo lo sabes?
¿Me dará la recompensa...
patrón?
¿Cómo lo sabes?
Todo el mundo sabe dónde está...
menos Ud.
Enséñame, para que sepa que no mientes.
¿Me dará la recompensa, patrón?
Cuida los caballos.
¡Mierda!
Un telegrama para Ud., señor.
¡La recompensa, patrón!
Los delatores no reciben recompensa.
Se casará con mi hija.
¿Qué?
Hará lo que le he dicho. Un whisky.
Recibí un telegrama. Ella está embarazada.
- Así que se casará con ella. - Pero no fui yo.
- Fue el indio, el revolucionario. - ¿De qué está hablando?
Debió de ser algo que Ud. soñó.
- Hay un malentendido. - ¡Oiga!
Sé qué clase de hombre es usted. No soy idiota.
Así que Ud. y yo haremos un trato.
Le ofrezco lo que siempre ha deseado, mi dinero...
¡Sólo para que mi nieto pueda llevar su ridículo apellido!
¿Lo ha entendido?
- ¿Dónde está tu madre? - No quiere verte.
Tengo un marido para ti.
- No voy a casarme. - Un padre para tu bastardo.
- No voy a casarme. - Sí lo harás. Te casarás con él.
Voy a ser senador. No habrá bastardos en la familia.
Creí que ya teníamos varios.
Además, estoy enamorada de otro.
Debes saber que Pedro Segundo ha muerto.
Yo lo maté. Así que será mejor que te olvides de él.
¿Puede pedirles a mi marido y a su amigo...
que salgan ahora mismo de mi casa?
Señor, me temo que debo pedirle que se marche de la casa.
¡Dios, cómo odio a papá!
No llores, mi amor.
Tantas lágrimas harán daño a la criatura...
y te harán infeliz.
Sería capaz de matarlo.
No debes buscar venganza, no le hace ningún bien a nadie.
Además...
Pedro está vivo.
¿Cómo lo sabes?
Lo soñé.
No le verás durante mucho tiempo, pues tiene que ocultarse.
No puede salir hasta que el mundo haya cambiado.
Estoy tan...
orgullosa de que te hayas rehusado a casarte.
- ¿Por qué te casaste con papá? - Porque lo amaba.
¡Yo lo amaba!
Me tenía fascinada.
Era fuerte...
y valiente.
Él luchó mucho durante toda su vida.
Pero debes saber...
que nada de lo que hace tu padre es por maldad.
Es sólo que tiene demasiada energía.
Y todavía lo amo.
Es cierto.
Él es mi vida...
como también lo eres tú.
Para defender esos valores...
sustentado por todas las personas decentes...
- ¿No quiere ir al hotel? - No.
¿Prefiere volver a Las Tres Marías?
No, tan sólo...
sigue conduciendo un rato.
Ya te indicaré.
¿Clara?
Disculpa.
La puerta estaba abierta. Yo...
Perdóname.
Perdóname por...
todo lo que te he hecho a ti.
Por lo que le he hecho a Blanca.
Perdóname, Clara.
Quiero estar un rato contigo aquí...
si no te importa.
No quiero volver a Las Tres Marías.
Te echo tanto de menos.
Echo de menos a la familia.
No hace falta que hables.
Sólo déjame quedarme aquí.
Se me ha ocurrido...
que soy abuelo...
y nunca he visto a mi nieta.
Apágalas todas...
de una sola vez, de un gran soplo.
Aún falta una vela, Alba.
Así que tienes un amor secreto.
¿Vas a decirnos quién es? Díselo a mamá.
- ¡Es el abuelo! - No pongas celosa a la abuela.
Siéntate y cortemos el pastel.
- ¿Has oído los últimos sondeos? - Yo no me preocuparía.
Siempre pasa lo mismo.
Creo que obtendremos más votos que nunca.
Es bueno para el país.
- No subestimes a la oposición. - No sé cómo...
alguien puede tomarse en serio a la oposición.
Soñadores, románticos.
Cómete el pastel, tesoro.
¿Cuándo ha ganado la izquierda elecciones democráticas?
¡Nunca! Hasta un niño podría ver que...
la izquierda es enemiga de la democracia.
Mira la Historia.
¿Cuándo han sido los revolucionarios elegidos libremente?
- Es tan fácil para ti. - Sé lo que digo.
Sé lo que necesita este país.
Si de ti dependiera, no cambiaría nunca nada. ¡Nada!
Todo lo ves o blanco o negro, la ley del más fuerte.
- Así es la Naturaleza. - La ley de la selva.
Eres tan primitivo.
Tu mundo es tan pequeño, tan minúsculo.
Blanca, querida, tus ideas son utópicas.
- Ese mundo no existe. - ¿Puede pedirle a mi marido...
que respete el cumpleaños de mi nieta?
Sí, señora.
- Debo pedirle... - Lo siento, Clara.
¿Puede pedir a mi marido que ofrezca de beber a los invitados?
¿Les apetece un licor de coñac?
- Blanca, ¿un licor? - Coñac. Iré a ver quién es.
- ¿Quién es? - Quiero ver al Senador Trueba.
El senador está ocupado.
¿Eres Blanca?
Sí, lo soy.
¿No la he visto ya en alguna parte?
Sí.
¿Quién es Ud.?
Soy un pariente del senador.
Espere aquí.
Disculpen.
¿Qué es eso de que es un pariente mío?
¿No se acuerda de mí...
patrón?
¿Qué quieres?
Date prisa, tengo visitas.
Quiero enlistarme y necesito dinero para mis estudios.
- Debiste quedarte en el campo. - Bueno...
aún me debe la recompensa. - Sí, lo sé.
Llamaré a la Academia Militar por la mañana.
Conozco a la gente allí. Te darán una beca.
Vete.
No vuelvas a molestarme.
PARTIDO CONSERVADOR
Parece ser que el pueblo ha votado distinto esta vez.
¿Han perdido los conservadores?
¡En absoluto!
¡Ganaremos! ¡La patria ganará!
Creo en el sentido común del pueblo.
Su suerte parece haber cambiado.
Somos defensores de la democracia. Siempre ganamos.
- Y volveremos a ganar. - ¡Eres un viejo loco testarudo!
Esperemos a ver los resultados.
Creo que...
ya tenemos los resultados definitivos.
A la espera de los resultados...
Sigue el recuento de los últimos votos.
La oposición, el Frente Popular, ha logrado una victoria abrumadora.
¡Hemos ganado! ¡Hemos ganado!
Mamá, ¡hemos ganado!
Tras más de una generación en el poder, los conservadores...
han sido rechazados por los votantes.
Una victoria sensacional para el Frente Popular.
Los en su día denominados subversivos, enemigos del Estado...
esta noche celebran abiertamente...
Un momento.
Blanca, teléfono.
¿Quién es?
¿Dónde estás?
Alba, éste es un gran amigo mío.
- Salúdalo amablemente. - Hola.
Sentémonos.
¿Quieres venir conmigo?
Está bien.
Había un conejo.
Son las viejas alas de ángel que me hizo mi madre.
Se pasan por aquí.
No hay comida, ni ropa, ni zapatos...
ni piezas de repuesto, nada.
Eres un mal perdedor. Sabes quién provoca las huelgas.
- Todos lo saben. Es sabotaje. - Han expropiado Las Tres Marías.
Todo aquello por lo que trabajé, será entregado...
¡a los campesinos!
- ¡Mi propiedad! - Ya nos arreglaremos.
- Hay que hacer algo. ¡Y deprisa! - Y de vuelta...
a tus soluciones para todo. - Tú no lo entiendes.
- Más policía, más generales locos. - ¿Por qué "locos"?
Sólo les preocupa nuestra patria igual que a mí.
Quieren restablecer el orden.
¡Abuela!
Creo que necesito acostarme en mi calmo mar azul de seda.
¿Estás muy enferma, abuela?
Creo que empiezo a irme de este mundo, mi amor.
Pero no debes jamás temer la muerte, Alba.
Morir es como nacer, sólo un cambio.
Tú sabes que puedo comunicarme con las almas del Más Allá.
Y cuando llegue allí...
me comunicaré contigo...
y con todos los demás.
¿Me has entendido?
Por favor, dáselos a tu madre.
Le ayudarán...
a rescatar el pasado.
Tal vez le puedan...
ayudar a ver...
con más claridad la relación entre los acontecimientos.
Y tal vez algún día esto pueda servirle...
para algo más...
que para disfrazarse.
Dile al abuelo...
Dile al abuelo que prometo volver...
para buscarlo.
Querida.
- ¿Qué dices? - La abuela ha muerto.
- ¿Qué pasó? - La abuela murió.
Es difícil evaluar la situación. Los acontecimientos se precipitan
Los militares atacan al nuevo gobierno elegido en las urnas.
El ejército está bajo el mando...
de oficiales que apoyan el golpe....
a su vez apoyados, según rumores, por el partido conservador...
que asumirá el poder, en cuanto el ejército haya restablecido el orden.
El país está controlado por las Fuerzas Armadas.
¡Por la patria!
¡Mierda!
¡Vamos! ¡Vamos!
¡Vamos! ¡Salgamos de aquí!
¡Empuja!
¡Abran la puerta!
Vayan detrás. Nosotros nos quedamos aquí.
¡Senador!
¿Qué está pasando?
Queremos ver a su hija.
¿A mi hija?
Es sospechosa de subversión. Tenemos una orden judicial.
¿Está loco?
¡Es un error! Déjeme ver la orden.
Todo irá bien. Volveré pronto.
Ven conmigo.
Ha habido un error.
Soy el senador Trueba.
¿Es que no me reconoce?
- ¡Por Dios! - ¡Cállese!
¡En mi propia casa!
¡Cállese!
¡Viejo imbécil!
¡Su hija sale con Pedro Segundo, un guerrillero!
Mi padre es un hombre muy mayor.
¿Me deja un momento a solas con él...
sólo para despedirme, por favor?
Papá, escúchame.
Pedro está aquí. Está en el sótano.
¡No! ¡No!
Si lo encuentran, lo matarán.
¿Me has entendido, papá? Esos hombres son peligrosos.
Pueden matarme y a ti también. Pueden matarnos a todos.
Tú sabes cómo es el amor.
Y yo amo a Pedro como tú amabas a mamá.
Él es toda mi vida, papá.
Y es el padre de Alba.
Tienes amigos con influencia, ayúdalo si puedes.
Ayúdalo a salir del país.
No dejes que tu nieta se quede sin padre.
¿Me has oído? Te lo ruego.
No dejes a Alba sin padre.
Lo necesita.
Lo necesita.
No te tocarán. No temas, mi amor.
Iré a ver al Ministro. Ha sido todo un error. ¡No tengas miedo!
¡Las manos quietas! Vamos.
¡Ustedes, alto!
¿Adónde van? ¿Adónde la llevan?
Buenas tardes, Blanca.
Blanca...
queremos que nos digas dónde está tu amante.
Quiero ir al baño.
Será mejor que cooperes.
Quiero ir al baño.
¡Alto ahí!
- Papeles. - Trueba, para el Ministro.
Muy bien, adelante.
¡Tú!
¿Qué? ¡Déjame en paz!
- ¡Apártese! - ¡Alto ahí!
¡Soy el Senador Trueba! ¡Exijo ver al Ministro!
- ¡Siéntese! - ¡Ahora mismo!
¡Siéntese!
Puede pasar.
¿Por qué arrestaron a mi hija anoche?
¡Conteste! ¿Dónde está mi hija?
Las llaves del coche.
Han cerrado el Congreso.
Y se han terminado los privilegios de los congresistas.
Han perdido todos la cabeza.
¿Quién cree que estableció contacto con sus generales?
¿Y los vínculos con los americanos?
¿El dinero y la reputación...
de quién garantizaron sus armas?
¿Sabe quién soy?
Y van y arrestan a mi hija...
y quieren confiscarme el coche.
Déjeme ver al Ministro.
- Tratará conmigo. - ¡Debo ver al Ministro!
¡Ya no hay Ministro!
Ahora trata conmigo.
¿Entendido?
¿Quiere encontrar a su hija?
Rellene los formularios.
Ud. y sus amigos aún tienen el poder económico...
pero nosotros gobernamos el país.
Ahora...
deme las llaves del coche.
Hola, Blanca.
¿Quién es?
Será mejor que hables.
Conozco su voz.
¿Quién es Ud.?
Quiero ir al baño.
Empieza a hablar, ¿me oyes?
- ¡No tengo nada que decirte, cabrón! - ¡Habla ya!
¡No tengo nada que decir, cabrón! ¡Cerdo!
¿Quién eres?
¿Quieres saber quién soy?
¿Quieres saber quién soy yo?
Hueles bien.
¿Te imaginas?
Tenemos la misma sangre en nuestras venas.
¡No!
No hay nadie.
No encuentro a nadie que...
pueda...
o quiera ayudarme a encontrar a mi hija.
Ahora eres alguien importante, Tránsito.
Estás bien relacionada.
Más tarde o más temprano, todos vienen aquí.
Por los viejos tiempos...
por favor, ayúdame.
Ayúdame a encontrar a mi hija.
Aún le debo un favor, patrón.
Este hombre no sabrá juzgar qué es bueno para él ni para los demás.
- Él profanará el pasado... - Deberías comer algo.
De nuestro amado pueblo. Erosionará nuestras tradiciones.
Como la sarna y los parásitos, estas fuerzas malignas...
¿Volverá pronto mamá?
¿Cómo pude equivocarme tanto?
¿Cómo pude equivocarme tanto?
Esteban Trueba. Quisiera hablar con el Embajador.
¡John!
No, no estoy bien, John.
¿Cómo puede alguien estar bien? Es terrible lo que está ocurriendo.
Yo personalmente me siento avergonzado.
Siento que todo es culpa mía.
No he llamado para pedir compasión. Necesito su ayuda.
Por los viejos tiempos.
Sé que lo que voy a pedirte va más allá de lo que permite la diplomacia.
Y sé que es peligroso. Muy peligroso.
Pero hay alguien a quien debo ayudar.
Vengo a sacarte de aquí.
¿Por qué?
Aquí no estás a salvo.
¡Váyase al infierno!
Por favor, ven conmigo.
Por favor.
EMBAJADA DE CANADÁ
El senador Trueba para ver al Embajador.
¿Sus papeles?
¡Registren el maletero!
¡Abran el maletero!
Por favor, bájese del coche. Hay que registrarlo.
¡Baje del coche!
¡Baje del coche!
¡Quédese donde está...
viejo civil idiota!
Está limpio.
¡Puedes abrir! ¡Abre la verja!
Ya no reacciona.
No debes desear la muerte, hija.
Eso no es lo importante.
La muerte llegará de todos modos.
Debes luchar para vivir...
pues la vida es un milagro.
Y Alba te necesita.
Te está esperando.
¿Quién es?
¿Lo conseguiste?
Gracias, Tránsito.
Gracias.
Recuerde el toque de queda. No se mueva hasta que amanezca.
¿Qué te han hecho, hija mía?
Creí que no volvería a verte.
Creí que me moriría solo y miserable...
como dijo Férula que sucedería. - Papá...
¿Pedro está...?
Está a salvo.
Está a salvo.
Te espera en Canadá.
Espero que sea mejor padre de lo que fui yo.
Hiciste lo mejor que pudiste.
Durante un tiempo, estuve muy enfadada contigo.
Hasta llegué a odiarte.
Eso ya lo sabes.
Cuando estaba en la cárcel sólo pensaba en vengarme.
No de ti, pero...
me obsesionaba la idea de vengarme.
Vengaría a todos los que deberían ser vengados.
Pero ahora ya no estoy segura de mi odio.
Empecé a ver que tiene que haber...
una relación entre los acontecimientos, como decía mamá.
Es bueno haber vuelto.
- ¿Qué ocurre, papá? - Echo de menos a Clara.
Vamos. Ven a acostarte.
Gracias, querida Blanca.
¿Te encuentras mejor?
Ahora vete, Blanca.
Ve con Alba.
Clara.
Mi adorada.
Mi ángel.
Mi madre lo escribió todo para registrar el paso del tiempo.
Lo que escribió me ayuda a sobrevivir mis propios terrores.
Y hoy me pregunto si quiero prolongar...
la interminable historia de odio, sangre y venganza.
Pero ya no encuentro razón para ello.
Para mí, la vida es...
mi hija...
Pedro...
la luz...
el día...
este momento...
los recuerdos...
el futuro.
Para mí, la vida misma se ha convertido en lo más importante.
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