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MALASIA
LA CASA BLANCA WASHINGTON 12 de junio de 1942
Estimado Sr. Boddy: Le agradezco que se haya molestado en escribirme
acerca de c�mo conseguirme caucho por v�as indirectas.
Ya estamos procediendo de este modo y espero que de resultados.
Cordialmente suyo, Franklin Delano Roosvelt.
Aqu� tenemos, por primera vez, una historia rigurosamente secreta
de las intenciones del presidente Roosvelt.
Retrocedamos a enero de 1942, un mes despu�s del ataque a Pearl Habor,
cuando un convoy procedente de Australia conduc�a
los �ltimos norteamericanos refugiados de Oriente
a la seguridad de las costas de los Estados Unidos.
S�anos permitido presentarles a un joven periodista
al que llamaremos John Royer.
Est� bien.
A Los Angeles Record.
A Los Angeles Record, es un peri�dico.
�S�?
- Se�or, �desea ver al Sr. Manchester? - No, �l desea verme.
- Me llamo Royer. - �Ah, el Sr. Royer!
- Puede pasar, Sr. Royer. - Muchas gracias.
Si�ntese.
Es usted un hombre al que no resulta f�cil encontrar.
Se esfuma en el aire, como suele decirse. �C�mo lo consigue?
Conozco a un brujo.
Hac�a al menos 5 a�os que no lograba ver esa honrada fisonom�a suya,
tan simp�tica.
Yo me preguntaba por qu� me har�a venir desde tan lejos.
Y es para recordar un viejo conocimiento.
No, no es eso exactamente. Estaba usted en un buen aprieto.
- Traerle nos beneficia a los dos. - �C�mo es eso?
Se me ha confiado un cargo muy importante.
Soy jefe de la compa��a del caucho en la costa occidental.
- �Sabe lo que esto significa? - Lo imagino.
�Sabe sobre qu� lucha un ej�rcito moderno y mecanizado?
- D�gamelo. - Sobre caucho.
�Sabe cu�nto caucho hay en los Estados Unidos ahora,
al empezar esta guerra? Tan s�lo 125 mil toneladas.
Por eso hemos organizado la campa�a nacional de recuperaci�n del caucho.
S�, ya he visto los carteles. Son bonitos.
- Pero nuestra situaci�n no lo es. - �Y qu� quiere de m�?
- �Que me siente a escribir art�culos? - �Por qu� no?
�Y por qu� los chiquillos tienen que recoger desperdicios
si el caucho se puede obtener en el lugar de origen?
- �D�nde? Siga. - �D�nde? En Malasia.
- Siga. - Ya lo he dicho, en Malasia.
Hay m�s insectos que en cualquier lugar del mundo.
Pero el que pica con ah�nco mayor es ese que puede con todos nosotros.
- �Cu�l es? - El dinero.
Con dinero de la mejor clase y cierto sujeto de la peor,
le puedo conseguir ese caucho.
Si todo el mar de la China est� bloqueado.
Los japoneses han ocupado Malasia supongo que lo sabr�...
Est� bien, entonces usted tiene la palabra.
No es que yo piense desacreditar sus conocimientos,
pero eso es absurdo.
�No lo es?
Suponga usted que le dijera que ya no tienen esas 125 mil toneladas
de caucho que se hallaban en la f�brica de Massachussets,
y que �sta fue saboteada por los japoneses.
- �No es absurdo? - �C�mo sabe usted eso?
�No se acuerda de que soy un �guila para las noticias?
Siempre me entero de las cosas malas gracias a que conozco a la mejor gente.
�Pretende decirme que sacar�a caucho de Malaca?
- Con oro. - �Y con gente buena?
Eso se entiende.
�Y usted cree que puedo contar una historia como esa en Washington?
Yo no s� lo que podr� contar.
Lo que s� s� es que no escribir� cuentos de hadas sobre el caucho
para las p�ginas infantiles. �Puedo tomar otra copa?
He alquilado una casita para usted.
Hab�tela hasta que se aliste en la infanter�a de marina.
Gracias.
Bien, es el mejor whisky que he bebido en cuatro a�os.
Buenas noches.
�Diga? �Qui�n?
�Keller? �C�mo se escribe?
No, no le conozco.
S�, yo s�lo conoc� a un Keller.
No puede ser usted como no me hable desde una tumba en Birmania.
No, no... Oiga...
Oiga, �por qu� no hace una cosa? �Por qu� no se va a su casa
y toma una ducha fr�a, una taza de caf� y los dos nos sentiremos mejor?
- �Qu� quiere? - Acabo de hablarle por tel�fono.
- �Lo lleva encima? - Quer�a encontrarle aqu�.
Agente federal. �C�mo podr�a echarle?
- �Se iba usted? - No, no. Acabo de llegar.
Ya lo s�. En el "Mar del Sur".
- Si�ntese. - Gracias.
- Un recuerdo. - Ya.
- �Una taza de caf�? - No se moleste por m�.
No, si ya est� hecho.
No crea que me ir� a espaldas suyas.
Le advierto que hay alguien fuera por si acaso.
Mi mayordomo se alist� y el criado japon�s est� alistado.
- Terrible guerra. - Y que lo diga.
�Qui�n de los dos tiene que hablar?
Veamos.
Natural de Michigan, cumple 35 a�os en julio.
A los 15 a�os le condena el tribunal de menores por quitarle el carburador
al coche de un agente de una compa��a financiera.
- Y no lo lamento. - Ni yo se lo censuro.
Adem�s, no fue un delito grave.
Jugaba al b�isbol en el instituto y fue a la universidad.
Luego se dedic� al periodismo y trabaj� para la Agencia Press.
Public� reportajes en varias revistas cuando la guerra civil
espa�ola, y luego fue corresponsal durante la contienda chino-japonesa.
En el Jap�n tuvo un conflicto con el gobierno de aquel pa�s
por fisgonear demasiado. Perdi� el empleo y tuvo que ir a Singapur.
Tuvo que agarrarse a lo que pudo y lanz� unos reportajes
sobre el contrabando que no estaban mal.
Pero result� que un compa�ero suyo era el hombre invisible de aquel asunto.
Y entonces, de repente, se hizo demasiado visible en la primer plana
de unos 300 peri�dicos.
Tan popular lo hizo usted que fue a dar con sus huesos en un presidio.
- Yo ten�a que vivir. - Es cierto.
Pero dudo que �l llegue a perdonarle.
- No puedo censur�rselo. - No.
Despu�s se perdi� usted de vista y en junio del a�o pasado
apareci� en Australia donde public� un art�culo, no autorizado,
que le ocasion� un l�o con los censores,
y el c�nsul americano lo embarc� para ac�.
Bueno, sigo sin ver claro.
Esta noche en el Record, le dijo usted a Manchester que podr�a
sacar caucho de Malasia si le dan los medios que pide para ello.
- �Voy bien hasta ahora? - No. Se ha olvidado de algo.
En octubre de 1933 yo iba a casarme con una muchacha
que se llamaba Fay Hot, pero ocurri� algo y me qued� compuesto y sin novia.
- Se cas� con un joyero llamado Sweet. - De veras, �eh?
Yo me preguntaba por qu� ser�a.
�Tiene un cigarrillo?
Mire, acabo de saber algo por usted.
De algo han de servir los agentes federales.
- �Qu� hay de ese asunto del caucho? - A nadie le interesa.
Al gobierno s�.
Usted llevar�a oro all� y mandar�a caucho, �no es cierto?
Eso es.
�Sabe lo que creo?
Que usted y su amigo debieran haber seguido con el contrabando.
Esa es mi opini�n particular.
Mi opini�n profesional es que me va a hacer perder mucho sue�o.
- Qu�deselos. - Gracias.
�Oiga, ha hecho alguna vez contrabando? Perdone la pregunta.
- Claro. Y le perdono. - Gracias.
Lo primero que ha de hacer ma�ana es pasar por el servicio de selecci�n
- Para sacar un carn�. - Est� bien.
- Muchas gracias. - No hay de qu�.
�Me sirve un caf�? Por favor
�Ha cerrado ya, o es que nunca abandona mi rastro?
S� y no.
Gracias.
�Sabe que le ser�a m�s c�modo venirse a vivir a mi casa?
- �Ha sacado el carn�? - No.
- Oiga, �est� borracho? - Cobre todo y qu�dese el cambio.
Gracias.
Sacar ese caucho ser� una empresa arriesgada que puede costarle la vida.
- S�. Usted lo ha dicho. - Y est� sin un c�ntimo.
- �Eso qu� tiene que ver? - �No le interesa el dinero?
Oiga, ma�ana me alisto en la infanter�a de marina,
- �por qu� no se va a su casa a dormir? - Est� bien, no se enfade.
Tome el caf� e iremos a otra parte.
S�lo quer�a preguntar una cosa y ya tengo la respuesta.
Y no soy un psic�logo, sino un polic�a experto.
�Listo?
- �Ad�nde iremos? - Se lo dir� por el camino.
�No me venda los ojos?
Grandes personajes se interesan por usted.
Haberlo dicho, para ponerme de etiqueta.
- No tiene. - �Quiere saberlo todo?
Duermo desnudo porque ya no me quedan pijamas.
- Sin duda est� usted loco. - Yo tambi�n le aprecio.
- No lo dudo. - �A qui�n voy a ver aqu�?
Le conviene estar empollado sobre Malasia.
No se puede encontrar gente mejor. Todo el mundo les roba y no les importa.
Les gusta holgazanear, jugar, pescar y beber aguardiente.
Igual que a m�.
Adelante.
- �Todo esto por m�? - No, s�lo es una pieza de la m�quina.
- Aguarde aqu�. - Gracias.
Oiga, �tiene un f�sforo?
Gracias.
Si yo le pregunto qu� vag�n es este y qui�n est� dentro, supongo
que no hay probabilidad de que me lo diga.
Pr�cticamente ninguna. Quiero decir en absoluto.
- Gracias por el fuego. - Siento haberle hecho esperar. Entre.
Hola, buenas noches. Si�ntese aqu�. Si�ntese.
- Se�ores, les presento a John Royer. - Encantados.
El Sr. Royer ha hecho la sorprendente afirmaci�n
de que puede sacar caucho en bruto de Malasia.
No sab�a que se sorprendiese por tan poco.
�Yo? No. Pero ciertos caballeros aqu�. presentes tienen la responsabilidad
de buscar caucho. Usted podr� decirles algo.
S�lo he hecho una peque�a sugerencia. No sab�a que tuviera repercusi�n.
�Cu�l es su plan para llevar a cabo esa acci�n?
Yo...
No puedo decirlo en este momento.
Pero en otro momento m�s apropiado para sus intereses, podr�a, �verdad?
- Pues es posible. - �Operar�a solo?
- No, se�or. - �Con qui�n operar�a?
Eso no lo dir� de momento.
�Llevar�a usted el mando de esta empresa?
- Lo dudo. - �Qui�n ser�a?
No, hasta que el trato no est� cerrado, no podr� decirlo.
Estos caballeros entienden que para eso necesita oro, �no es cierto?
El oro siempre hace falta.
- �Y qu� m�s? - Pues la cooperaci�n de la Armada.
Suponga que pudiera decirle que ya cuenta con el oro y con la cooperaci�n,
�qu� dir�a entonces?
Dir�a que estoy seguro que el caucho se puede conseguir.
Es un juego. Y ganarlo depende de c�mo se desarrolla la acci�n. Nada m�s.
Comprendo lo que se ganar�a si sale bien.
D�game lo que se pierde si sale mal.
- A m�, que es como no perder nada. - Sr. Carson.
Roger, �tendr�a el inconveniente de salir a charlar con el Sr. Carson?
Ninguno.
- Un hombre dif�cil, �eh? - M�s lo es la operaci�n.
Se est� bien aqu�.
Soy lo que esos se�ores de dentro llaman un perito en caucho.
Fui cauchero en �frica, Brasil y oriente.
Creo que quieren que le tantee.
Pues yo conozco tan poco del cultivo del caucho como del rododendro.
- Pero s� qui�n puede robarlo. - Sin duda ayudado por usted.
- Puede ser. - Pero Malasia la ocupan los japoneses.
No lo crea. S�lo est�n diseminados por los pueblos de la costa.
Casi todo el g�nero est� en el interior.
Los plantadores llevaron all� sus existencias cuando los japoneses
ocuparon la costa desde Singapur.
Hay escondidas toneladas de caucho que nuestro oro puede conseguir.
Y si se ha podido ocultar, tambi�n se podr� contrabandear desde el r�o
- Hasta el mar. - �Y una vez all�?
Lo que tienen que hacer es enviar grandes barcos de carga camuflados,
que se apostar�n en cualquiera de las islas que hay all�.
Los llenaremos y lo dem�s lo har� la armada.
- Har� falta una buena organizaci�n. - S�, por supuesto.
�Est� seguro de la extensi�n de la ocupaci�n japonesa?
He estado all�.
Eso es suficiente. Celebro conocerle.
- Gracias. - Buenas noches.
Adi�s.
- Bueno. Trato hecho. - �Mis condiciones?
Nada de preguntas. �Sabe que empiezo a creer que se saldr� con la suya?
Y yo empiezo a creer que no podr�.
- De todos modos, �tiene parientes? - Como si no lo supiera.
S�, tiene un hermano. �Qu� ha sido de �l?
Lo mataron en la isla de Weit.
�C�mo va a empezar?
No se lo dir� hasta que encuentre a cierto sujeto.
- �Carnahan? - �S�!
- Se lo tengo guardado. - �A Carnahan? �D�nde?
Lo tengo en un sitio fresco.
En Alcatraz.
- Hola, Kellar. - Hola, George.
- Le presento a John Royer. - Encantado.
Ahora mismo baja. Les dejar� a solas con �l.
- Gracias, Jerry. - De nada.
�Vaya, si es mi amigo!
Mi viejo camarada de otros tiempos.
- Se me ha ido la mano sin querer. - S�, ya lo s�.
- Pero ya me encuentro mejor. - Me alegro de saberlo.
- �Por qu� ha hecho eso? - Naci� con esp�ritu de cruzado,
le gusta mejorar el mundo, tenerlo todo bien ordenado.
Todo limpio y aseado, como su conciencia de bienestar.
- �Verdad, amigo? - Me gusta comer.
�Y qu� has venido a decirme? �Qu� tienes hambre?
No. Viene a traerle un buen plato.
Carnie, el Sr. Kellar, del gobierno.
Todo lo que digas, lo sabe de antemano.
Es la verdad.
�Quiere escuchar su proposici�n?
S�, claro que la escuchar�. �De qu� se trata?
He hecho un trato para nosotros dos.
- Contrabandear caucho de Malasia. - Ni m�s ni menos, �eh?
�Y t� qu� har�s, escribir art�culos sobre eso?
- Esta vez tomo parte en el asunto. - Caramba, eso es estupendo.
- Hay oro. - Eso est� mejor.
S� que no podr�a hacerlo solo. T� s� que puedes.
Debes intentarlo. Yo te secundar�a.
- �Y yo qu� sacar�? - Saldr�as de aqu�.
- �Es cierto? - Es cierto.
Si con eso soy capaz de salir de aqu�, soy capaz de traerles al propio Tojo.
Bueno,
- No me hab�as olvidado, �eh? - No.
Me alegro de verte. He pensado en ti.
Siempre he deseado que no te ocurriera nada malo, claro que
he deseado que te vieras en alg�n buen aprieto,
- Pero no demasiado grave. - Claro, claro.
- �Y ahora a qu� estamos esperando? - A que se cambie de traje.
Esto es lo que necesitaba. Muchacho, te debo la vida.
Recu�rdame, cuando llegue el momento oportuno que estire la pata por ti.
No es rom�ntico este chico. No es poeta.
En vez de coraz�n, tiene una nevera, por eso conserva su sangre fr�a.
- Ahora s�lo desea su caucho. - �Y usted qu� desea?
�Qu� deseo yo?
�Ahora? Tener el mar aqu�, en la palma de la mano.
Y quiero el sol aqu� dentro.
Si usted supiera, hay un caf� en la costa malaya del Mar de la China,
repleto de vino, whisky de palma, serr�n, dados y l�os.
Es de un amigo m�o al que llaman "El Holand�s",
que parece la luna sobre un barril.
Y tiene una italianita que act�a en el caf�
y que canta "Blue Moon" como nadie.
Eso es precisamente lo que deseo.
Pronto lo tendr�.
- Te tomas todo esto muy en serio. - S�, es la verdad.
- �Qu� haces ahora? - Estoy mirando un mapa.
Est�s mirando un mapa. �Un mapa de qu�, amigo?
- Un mapa de Malasia. - T�ralo.
- Lo conozco como la palma de mi mano. - S�, pero yo no leo la palma de la mano.
�Qu� es lo que te preocupa, peque�o?
Cualquiera dir�a que vas a hacer una simple excursi�n y que lo �nico
que te preocupa es no olvidarte de la plata.
Dir�s del oro.
- Conviene que te diga una cosa. - Puede que s�.
- No trato de hacerme rico. - �Pues qu� te propones?
Este es el primer trabajo que pido sin pensar para nada en lo que ganar�.
Esto es...
es algo que mi madre trat� de ense�arme de ni�o antes de
convertirme en un vivo como t�.
Lo mismo le ense�� a mi hermano, y este dio su vida en la isla de Weit.
Pienso continuar lo que �l empez�.
De acuerdo, compa�er,Lo continuaremos los dos. Pero con cuidado para durar m�s.
Sabemos lo que sabemos, y lo que no sepamos, "El Holand�s" nos lo dir�,
si es que todav�a vive. Estoy deseando verle.
A�n me alegrar� m�s de ver a Luana.
Soy hombre de grandes recursos, d�jate guiar por m�.
Nos proporcionar�n documentaci�n del estado libre de Irlanda,
nos vestir�n de marineros y nos trasbordaremos de esta ba�era
de acero a un submarino en pleno oc�ano cerca del Mar de la China.
Tendremos que dar un saltito, pero lo pero es que se nos mojaran los pies.
Nos llevar�n al cuarto de derrota, donde el capit�n guarda los mapas.
All� nos enteraremos de todo. Ad�nde vamos y d�nde nos dejar�n.
El capit�n nos dir� d�nde fondear� el barco
y c�mo debemos llevar el caucho hasta �l.
Nos dir� d�nde podemos recoger el oro y t� le escuchar�s
con ese aire tuyo tan pac�fico y tan encantador,
y lo grabar�s en tu memoria, mientras yo ir� sudando por el pez de hierro,
ya sabes que no puedo soportar esos sitios tan cerrados.
Luego parar�n cerca de alguna isla, en una hermosa noche de calma
y nos meter�n en uno de esos botes de goma que nunca se hunden.
Nos dar�n un cart�n de cigarrillos, un par de pistolas autom�ticas
y empezar� para nosotros nuestra excursi�n de placer.
Miraremos atr�s y veremos c�mo se hunde el submarino
y entonces te dar�s cuenta de que lo �nico que te queda en el mundo soy yo.
Al fin solos.
Y ya nos hallamos ante una playa de una islita del mar del sur.
Remamos hacia la orilla en una quietud y soledad que s�lo alteramos t� y yo.
Navegamos por la bah�a del Claro de Luna
sin novedad digna de menci�n.
Lo malo que tienes, muchacho, es que contigo nunca pasa nada.
Ahora estamos, como quien dice, en casita.
Luego pagamos nuestro pasaje en un samp�n de pescadores
que va a la costa malaya y que parece arrancado de la postal
que enviamos al amigo que se qued� en nuestra tierra trabajando.
Llegamos a Marengue de noche.
Estamos a punto de llegar a nuestro destino,
cansados pero contentos.
Estaremos como en nuestra propia casa, al menos yo.
Qu� tierra. La met�lica m�sica china, el olor de especias, el rostro bueno
y honrado del mal por las calles.
- �No ser� esa? - �La conoces?
�Y qui�n no?
Nadie la conoce, muchacho, s�lo la ven.
- Hola, nena, �te alegras de verme? - D�jame pensarlo.
Te supon�a ya muerto o en la c�rcel.
Pues si quieres que te diga la verdad...
- Creo que me alegro. - Oye...
Disfruto de una escena tierna, pero, �no te parece que antes
- Deber�amos ir a saber alguna cosa? - Creo que tu amigo tiene raz�n.
Si siempre la tiene.
�No os parece que deb�is pasar a ver al Holand�s?
- �Holand�s! - Qu� alegr�a de verte, amigo m�o.// Supon�a.. Sientate
Supon�a que estabas en presidio para toda la vida
o que hab�as muerto a manos del enemigo.
Est�s m�s grueso. Cuando empeoran las cosas, t� engordas.// Y Ud es...
- Soy Royer, No, no se levante. - Gracias.
Trae el co�ac bueno. Por favor, si�ntense, me fatiga verles de pie.
Me da mucha alegr�a volver a verte. Siempre me recuerdas mi juventud.
- Lo creo. - �Cu�l es la situaci�n militar aqu�?
�La situaci�n? Delicada. A su salud, se�ores.
No puedo ser optimista respecto a su longevidad.
Un co�ac estupendo.
Un regalo de nuestro mutuo enemigo, el japon�s.
Yo cre� que podr�as comerciar con ellos.
Cuesti�n de supervivencia. �Te gusta esto?
Han desvalijado mucho.
Cierto coronel Tomura tuvo la amabilidad de regal�rmelo.
Por mis servicios. Tambi�n le interesan los objetos de arte.
- Si duda le ver�n esta noche. - �Y qui�n es?
Tomura es el comandante japon�s del distrito. Viene a jugar a mi casa.
Yo me las arreglo para que siempre tenga suerte.
- �Ten�is documentos? - S�. Somos marineros irlandeses.
A nuestro barco lo torpede� un submarino.
Ah, s�. Irlandeses, submarinos, una cosa muy confusa.
Pero no para ti.
Siempre ha habido guerras, y esta es otra.
No soy hombre de guerra, lo sabes, sino un simple hombre de caf�.
Creo que lo mejor ser� que me digan sin rodeos qu� es lo que quieren.
�Ves c�mo es? Lee en mi interior, soy su juventud.
- Entonces vamos al grano. - Venimos a comprar caucho.
�En cantidad?
Todo el que haya, si puede ser.
Eso puede ser m�s caro que peligroso.
- �De d�nde sacar�is fondos? - Tenemos un t�o rico.
Y sin duda me habr� reservado alg�n papelito en este proyecto.
Es asombroso. El t�o m�s listo del mundo. A veces creo que has vivido
- M�s de mil a�os. - Y a veces creo que los tengo.
Te necesito, Holand�s. Necesito tus informes y tu inteligencia.
- Hay mucho oro en este asunto. - No lo dudo si andas t� en �l.
- Ver� usted... - Espera. D�jalo pensar.
No me gu�a s�lo el oro, sino tambi�n cierta aversi�n
que les he cobrado a esos soldaditos amarillos.
Ha pasado alguna cosa que soy demasiado viejo para comprender.
Este los odia, mataron a su hermano.
Le comprendo entonces mejor que a ti.
�Qu� quieren?
Por lo pronto, los servicios de unos doce hombres.
No, d�jame terminar. Deben ser 12 hombres de una fidelidad probada.
- �Nos ayudar�? - Claro, claro.
Nunca puede resistirse a ning�n jaleo.
Si podemos fiarnos de �l, �por qu� es tan amigo de Tomura?
- �Qu� sabes de Tomura? - Me basta con que sea japon�s.
- �Pueden evitarlo? - �Y yo?
�Qu� me importa que sea japon�s? Puedo trabajar con quien sea.
Hola, Portini, �c�mo est�s? Me alegro de verte.
Amigo, eres como el mundo, no cambias.
Si no es para empeorar, como el mundo.
Vaya, me alegro de veros. Todos est�is.
- Caramba, �qui�n es este? - Amigo m�o.
Est� bien, queda reunida la asamblea.
Se�ores, mi amigo tiene algo que proponerles,
les ruego que le presten la m�xima atenci�n.
Muchachos, mi amigo y yo hemos venido a buscar caucho.
Lo compraremos donde lo vendan, y donde no lo vendan, lo robaremos.
Recorreremos esta pen�nsula para vaciarla de caucho,
reba��ndola hasta el fondo.
Necesito gentuza buena y honrada como vosotros.
Os pagar� bien y en oro contante y sonante.
Se os dar� un buen precio por vuestras vidas, porque bien podr�ais perderlas.
Al que no le interese, puede irse de aqu� ahora mismo.
Y tan lejos como pueda.
Est� bien. �Hay algo que sugerir?
Que no hay japoneses en el puerto de Sohawa.
Qu� l�stima.
Hay guerrilleros malayos en los montes, a quienes gustar�
mucho cualquier forma de saqueo que resulte desagradable a los japoneses.
- �C�mo los encontrar�? - Yo los encuentro a menudo.
Y tengo el gran placer de suministrarles armas y municiones,
- Que proceden de los japoneses. - Tambi�n nos proveer�s a nosotros.
Lo har� con mucho gusto.
Di a esos guerrilleros de qu� se trata. Los necesitamos.
Buscan lucha con los japoneses y se la daremos.
Portini, organ�zalo t�. Tenlos preparados.
Y ahora, por si no os hab�ais dado cuenta, muchachos,
esta es una operaci�n secreta, hasta que nos pesquen.
Y yo creo que nos pescar�n. Pero hasta que esto ocurra,
gran cantidad de caucho habr� cambiado de manos.
Tendremos que trabajar deprisa y de noche.
- �Qui�n es este? - Un amigo.
- �Por qu� hace eso? - As� me indica que mi amigo,
- El coronel Tomura, se acerca. - Volved a vuestras mesas.
- �Tenemos que escondernos? - Nada de eso.
La mejor manera de que pod�is conocer a vuestro enemigo
es estando conmigo.
Y lo m�s conveniente es que me dej�is hablar a m�.
Probablemente lo �nico que se interpone entre vosotros y la eternidad
es mi vocabulario.
Tres co�acs.
Siempre gana, �eh?
S�lo tiene que tirar los dados y salga lo que salga, le pagamos.
Es un medio ingenioso de jugar.
- �Por qu� hace usted eso? - Esto afianza nuestra amistad.
- Buenas noches, amigos m�os. - Buenas noches.
Veo que tiene forasteros esta noche.
- Amigos. - Documentos.
- �Se le ha dado bien el juego? - Muy bien.
Puede decirse que soy un hombre afortunado.
Hoy d�a el que conserva la vida es un hombre afortunado.
- �C�mo han llegado hasta aqu�? - Por una tuber�a de desag�e.
Son viejos amigos m�os.
En otros tiempos tuvimos negocios juntos.
Alguno de ellos de tipo algo irregular. �Comprende?
- Perfectamente. - �Quiere tomar una copa?
No, muchas gracias. Volveremos a vernos pronto.
Algunos hechos interesantes reclaman mi atenci�n.
- Entonces cuando usted guste. - Le deseo muy buenas noches.
Buenas noches, coronel.
- �Se trag� lo de los papeles? - Pudiera ser.
�Qu� son esos hechos interesantes de los que ha hablado?
Colecciona objetos de arte mientras contin�a su conquista
- Y yo se los guardo. - A usted no se le escapa nada, �eh?
Arriba hay un cuarto donde pueden quedarse.
Ma�ana seguiremos hablando de ese asunto.
- Luana les acompa�ar� a su cuarto. - Me encantar�.
S�lo espero que no me maten.
No pierdas la cabeza con los japoneses, que no la recuperar�as.
�Crees que Tomura se trag� la p�ldora?
- Ni mucho menos. - No me gusta.
D�jaselo al Holand�s.
- �De veras te f�as del Holand�s? - �Por qu� no? Me dio esta camisa suya.
�Qu� haces? �Te vistes para acostarte?
No voy a acostarme. Me gusta rondar de noche, como los gatos.
- Y los ladrones. - Sab�a que me dir�as eso.
Heyyy..Casi creo que me has echado de menos.
C�rtame el brazo y olvidar� que lo ten�a.
S�lo es cuesti�n de un poco de tiempo.
Pero una eternidad no es suficiente para olvidarte, querida
- Si�ntate. - Me encantan tus mentiras,
porque t� te las crees.
- �Cu�nto tiempo hace que te quiero? - Desde cada vez que te vas.
- �Recuerdas cuando nos conocimos? - �Y t�?
Claro que s�, pero d�melo t�. Me gusta o�rtelo decir.
Es lo �nico que me gusta recordar.
Fue...
en Singapur. Estabas bastante borracho y llegabas de China.
Yo estaba cantando y t� te embobaste contempl�ndome,
- Igual que un pobre palurdo. - Cierto.
Luego me diste una medalla de plata que llevabas al cuello.
S�, te di un San Crist�bal, porque sab�a que no eras capaz de empe�arlo.
- �D�nde est�? - Aqu�.
- �Lo ves? - Bien.
S�lo le pido que me saque de aqu�.
- �Por qu� me dices que me quieres? - Pues no lo s�.
Porque eres vieja, lo menos tienes 24 � 25 a�os.
Podr�a decirte que eres m�s fascinadora que una estrella
o m�s hermosa que el mar, pero no s� por qu� te quiero.
�Tengo que saberlo?
Es que resulta grato o�rtelo decir. Me alegro de que no me conozcas mejor.
Ning�n hombre puede conocer a una mujer tanto como puede quererla.
Un hombre tiene que ser de una mujer o no ser de nadie.
No se puede ser del mundo, es demasiado grande y muere cada d�a.
T� eres el mundo.
Lo que a �l le pasa es lo que te pasa a ti.
Yo pretend�a antes saber mucho del mundo.
- �Y ahora ya no? - Ahora s�lo s� que es redondo.
Cu�nto me gustar�a salir de aqu� a ver si es cierto.
Yo te sacar� de aqu�, te pasar� de contrabando y te llevar� a California.
Viviremos una casita con ba�eras empotradas y cultivaremos naranjos.
Te llevar� a San Francisco, donde se aprecia el talento y la belleza.
Ya estoy invitada a ir all�,
por el coronel Tomura.
Ir� acompa�ando al ej�rcito japon�s.
No me digas que no me has sido fiel, �eh?
No te lo digo.
�Cu�nto conoces a ese Tomura?
- Buenos d�as, se�ores. - Buenos d�as.
- �Dormiste bien? - He so�ado bien.
�Qu� le pasa a esa?
Que est� convencida que vivir� hasta muy vieja.
He pensado a tres hombres a los que deb�is ver.
Matison, el ingl�s. Tassuma, el brasile�o espa�ol,
- Y Bruno Gr�ber, el alem�n africano. - �Es un nazi?
�Qui�n conoce las ideas de uno? Los tres son grandes plantadores.
Son astutos y tienen suerte.
Creo que si la luna fuera de oro en lugar de ser de queso
construir�an un cohete en vez de dedicarse al cultivo del caucho.
Como tiene m�s de 100 a�os entiende esto perfectamente.
- Tambi�n yo. - �Conoces esos hombres?
- Menos al alem�n. - Pues trab�jalo con cuidado.
Tengo una lancha motora, pueden utilizarla.
El r�o Tanaga conduce a las tres plantaciones.
Ya lo s�.
Ustedes me mencionar�n lo menos posible, o mejor, no me mencionar�n.
Ya me he tomado la libertad de satisfacer la curiosidad de Tomura
indic�ndole que ustedes ir�n a diversos lugares
con objeto de solicitar un empleo.
Al mismo tiempo he requerido la ayuda del coronel
para que les meta en un barco que les devuelva a Dubl�n,
- Aunque no tiene esperanzas. - Te quiero como a un padre.
La lancha est� ya lista. �Se me olvida algo?
Andando.
- �No tiene usted un mapa? - �No va �ste con usted?
Claro que s�, pero...
Si hasta los monos le preguntan a �l el camino.
Hasta luego.
Alg�n d�a, entre los granos, habr� uno de cianuro que te cortar� la risa.
�Sabes que no es enteramente imposible que esos monos hereden la tierra?
S�, como no es enteramente imposible que ya sea suya.
�Qu� te pasa, amigo? No pareces muy feliz.
Est� bien, somos muy felices juntos y si quieres, despu�s de la guerra,
ser� hasta tu cocinero. Pero ahora estoy tan metido como t�
en este fregado y tengo derecho a saber algo m�s.
T� puedes admitir las cosas como se te presenten, porque
si salen mal, puedes volver al punto en que las tomaste,
pero yo no me volver� atr�s.
Llevar� esto a t�rmino y no te seguir� lo mismo que un perro atado
que en vano se esfuerza por seguir el camino opuesto.
S�, tiene mucha gracia.
Lo siento, pero no me r�o de ti. Si yo supiera algo concreto,
te lo dir�a, pero no lo s�.
Tenemos que tomar lo que nos ofrezcan.
Y sabes bien que yo tampoco retroceder�, �verdad?
S�.
All� a la vuelta est� la casa de Matison.
�C�mo puede comerciar siendo ingl�s?
Porque sabe sacarle provecho.
Es una gallina que pone huevos de caucho.
No le eliminar�n si no comete un error.
Es un t�o alto y nervioso.
Y desde luego tiene motivos para estarlo.
Le pagan con billetes japoneses que no le sirven para nada.
Yo le ofrezco buen oro americano que le abrir� todas las puertas
menos la del cielo.
Si me lo encuentran, me abrir�n esa puerta antes de lo que espero.
Miren.
Entren ah�.
�Qu� tal, coronel?
Seg�n parece, est� usted muy nervioso.
No creo que me d� motivos para estar tranquilo.
Sin duda ser� porque su conciencia no estar� puesta en orden como
estos informes.
- Ah, los marineros irlandeses. - Buenos d�as.
�Podr�an decirme qu� les trae por aqu�?
Como uno tiene que comer, venimos a buscar trabajo.
- Me temo que... - Siempre est� temiendo.
Claro que no es usted el �nico anglosaj�n cobarde.
Sin embargo, no he venido a echarle en cara eso.
He venido a recordarle que si quiere que le deje vivir,
tiene usted que producir de firme.
Hago cuanto puedo.
No s�lo es usted cobarde sino embustero.
- �Podr�an darme un cigarrillo? - Claro.
Gracias. Es un hombre generoso.
Es porque estoy sin blanca.
- Norteamericano. - S�, se encuentran aqu�.
S�, eso me han dicho.
Espero que tengan suerte y encuentren trabajo.
En este sector s�lo se puede vivir si se produce.
�l cree que usted le enga�a. Yo tambi�n.
Tiene usted grandes reservas escondidas
y s�lo queremos librarle de ellas.
A mi amigo pueden interesarle las ganancias, e incluso a Tomura,
pero esto a m� no me afecta, ni creo que le afecte a usted tampoco.
Usted es ingl�s y est� empe�ado en la misma guerra que yo.
S�lo hay una cosa que realmente nos importa.
Una cosa tan solo: ganarla.
�Tengo raz�n?
S�, la tiene.
Bien, �qu� m�s tiene que decir?
Este es el r�o Tanaga, �puede encontrar estos sitios?
Claro que s�.
Pueden contar con mi cooperaci�n, mientras viva usted.
- Despu�s no. - Gracias.
No dudo que, como usted dice, la bala ya ha sido fundida
y que en ella est� escrito mi nombre.
Pero no puedo darle lo que ya no me pertenece.
Le compramos lo que tiene escondido.
Imposible comprarme nada.
- �No quiere saber qu� ofrecemos? - D�jale acabar.
- Es imposible comprar. - �Y si se lo rob�semos?
Esa es una cuesti�n para discutir ah� dentro.
�No ven que si accediera a sus deseos me convertir�a en un traidor?
�Qu� dice? �A qui�n iba a traicionar?
A mi compromiso, a mi integridad.
�Quieren que me convierta en algo as� como un se�uelo?
No s� qu� dice.
Si cree que voy a obrar, est� en un tremendo error.
Si cree que va a descubrir por m� el escondrijo del caucho
al extremo norte del pantano de Luaga,
es usted un ingenuo. Yo no digo nada.
Atice aqu�.
Muy bien !
No crea que voy a confesar que hay otro dep�sito de caucho
escondido al sur de la bifurcaci�n del r�o Yenau,
a 50 pasos de la orilla izquierda.
Tendr�a antes que matarme. Un poco menos.
Eso si que va a resultar de la manera m�s dif�cil..
Y que el tercero que nunca encontrar�n
est� al otro lado del r�o, en medio mismo del platanar.
No. No sabr�n nada por Carlos Tassuma.
Oye, te toca a ti, �quieres?
Le voy a pedir un favor, amigo.
Trabajen deprisa mientras mis golpes est�n frescos.
Quiero que Tomura consiga verme en todo mi esplendor.
Ser� un placer.
Extra�o sujeto. Sab�a que no podr�a sacarle nada.
- �Te gustar�a luchar con �l de veras? - Ni con una silla, l�tigo y pistola.
- Ten presente que �ste es alem�n. - S�, pero es codicioso.
Y la codicia tiene nacionalidad propia.
- El amo no est�... - �Ap�rtate! Deja pasar.
- No esperaba ninguna visita. - Me llamo Carnahan, Smith
o lo que quiera. Y este amigo quiere hablar de negocios con usted.
Bien. Si�ntense, por favor.
Nos interesa comprar caucho pagado en oro.Sin preguntas..
Podemos sacar de aqu� el caucho sin que lo sepan los japoneses.
- �Qui�n me asegura eso? - Yo se lo digo.
- Me han dicho que es usted alem�n. - S�. Era alem�n.
�Se ha transformado en otra cosa? �En nazi, tal vez?
No he estado en mi patria desde hace 20 a�os.
As� que ya no s� ni lo que soy.
Les escucho porque la velada es muy aburrida.
Historias como �sta s�lo se oyen por la radio.
Tal vez se haya hecho usted hombre de negocios de pronto
y esto le parece impracticable.
- �Qu� he de contestarle? - Conteste "s�" o "no".
Si dice "s�", nos llevamos el caucho y usted el oro.
Si dice "no", nos limitaremos a llevarnos el caucho.
- �Usted cree? - Poco a poco.
Esto no es una amenaza ni un juego de ni�os.
- Es una proposici�n comercial. - Perm�tame seguir la broma.
- �C�mo se ingeniar�n ustedes? - Lo cogeremos de noche,
lo transportaremos por el r�o y usted ni lo ver�.
�Y esto es todo lo que tienen que decir?
Ahora perm�tame seguir yo la broma.
Mi amigo es un hombre de negocios.
Y no ha conseguido causarle impresi�n a usted.
Yo, como no soy hombre de negocios, tal vez pueda lograrlo.
- �S�? - S�.
Si no nos vende el caucho, se lo quitaremos.
Sepa que cuento con un gran n�mero de hombres que s�lo sirven para eso.
Y si se toma esto como una amenaza, sepa que lo es.
Son ustedes muy distintos. Creo que prefiero a su amigo.
Yo tambi�n le ser� simp�tico.
Es l�gico que fuera cauto y que tuviera mis dudas.
Y es l�gico que quiera ayudarles.
- Diga, �qu� quiere que haga? - Ya se lo diremos.
- �Y el oro? - Lo cobrar� primero.
Ten�a raz�n respecto a su amigo. Es un hombre de negocios.
Y yo ten�a raz�n respecto a m�. Tenga usted presente eso.
S�lo debe pensar una cosa, Gruber. Si hay caucho, hay oro.
Cierre usted los ojos y yo lo har� rico.
�En qu� medida? Mientras sus nervios puedan soportarlo sin abrir los ojos.
No es tonto, Gruber. No querr� arruinarse con los que pierden,
sino enriquecerse con los que ganen.
Y ya sabe usted qui�nes ser�n.
Hola, compadre. �Una copa?
Esta noche haremos algo m�s importante que beber.
- Pelear, �eh? - S�.
- Empieza el gran golpe. - Estupendo.
Ya engordaba y me volv�a perezoso. Estoy sin blanca.
No sabes cu�nto me gusta o�r eso.
Entonces, escucha.
El material ya est� en movimiento.
Todo est� apilado en la curva del Tanaga.
Mordini quiere la mitad de los elefantes a unas 100 millas
para cargar esta noche.
Ya veo que no te aburro.
- Y yo, �qu� he de hacer? - Encargarte de las armas.
�Y con qu� cari�o lo har�?
Una vez puestos en marcha, podemos tropezar con una patrulla
o un japon�s aislado, un centinela, en fin, �qu� se yo?
- Yo s� lo s�. - �Quieres encargarte de eso?
- Qu� bueno eres conmigo. - Entonces entendido.
Ahora aseg�rate de que el g�nero de Matison
pueda ir con lo dem�s.
Eso hay que hacerlo r�pido y en silencio.
No admito bromas ni errores. Es algo muy serio.
Es esta noche, �verdad?
Esta noche ser� como una de tantas.
- Es peligroso, �verdad? - �Peligroso?
La tierra se aproxima al sol a raz�n de media pulgada cada 100 a�os
y a nadie le parece peligroso. �Es que temes por m�?
- No. �Por qu� he de temer? - Debes de temer que vuelva.
Vamos, al�rmate de que no pueda volver.
Basta de simular que no soy el �nico hombre de tu vida.
- �Eso te dar� m�s valor? - Quiz� me encuentre mejor.
Est� bien. Temo por ti.
Bien, te explicar� lo sencillo que es.
Royer llevar� el cargamento hasta el mar por el r�o.
Navegaremos hasta una isla donde espera oculto un barco mercante.
Descargaremos, volveremos aqu�, todos cobrar�n
y yo traer� un precioso regalo.
Siento mucho molestarte,
pero hace una noche espl�ndida para dar un paseo.
Est� bien.
No te apures, nena, es como ha dicho �ste, s�lo un paseo.
Un paseo por el parque.
Vamos.
- Compadre. - �Qu� hay, amigos?
- Estupenda flotilla, �eh, muchacho? - Muy dif�cil de escamotear.
Y menos mal que no se os ocurri� robar los �rboles.
Tal vez lleguemos a eso.
Nadie ha pasado a�n de Matute una pen�nsula.
V�monos ya.
Saldremos al mar por Rayuna, �algo que objetar?
- �C�mo te llamas? - Barracuda.
- Cre� que eso era un pez. - Le llaman Ed, el Barracuda.
- �Qu� ibas a decir? - Hay japoneses en Rayuma.
- �Tiene importancia para ti? - No...
Si no hay m�s preguntas, en marcha.
Vamos, a los sampanes.
- �Qu� es eso? - No lo s�, �y t�, Romano?
S�,amigo .. yo s�.
Muchacho, aqu� te dejamos Romano y yo.
Vamos a ocuparnos de los japoneses de Rayuma.
- T� lleva el cargamento al barco. - Est� bien.
�Est�s seguro de lo que dices, conoces la situaci�n aqu�?
Claro, no hay m�s que seis u ocho japoneses.
Ah� est�n. Las sirenas de alarma a�rea.
Me gusta como peleas. Vamos.
Vuelve a casa del Holand�s.// Qu� pasa con vos? �Vete ya!
Espero que haya salido bien del todo.
Me hubiera gustado estar con �l a pesar de todo.
S�.
�Ah� est�! La vaca. // Qu�?...//El barco.
Yo no veo m�s que un islote lleno de vegetaci�n.
Lo que ves es un peque�o camuflaje norteamericano.
- �Camuflaje, y eso qu� es? - No te preocupes. Ya lo ver�s.
Madre m�a, qui�n lo hubiera dicho.
Hola, yanqui.
- �D�nde est� Carnahan? - Qued� all� para protegernos.
No s� qu� habr� pasado.
Me dijeron que usted har�a esto, pero yo lo dudaba.
- �Quiere el oro ahora? - S�, me lo llevar� esta noche.
- Se lo ha ganado. - Empiezo a creer que s�.
Barracuda, di a las barcas que han descargado que se alejen de aqu�
y vayan a pescar a otro sitio. Si
Quisiera saber qu� le habr� ocurrido.
�Hable, hable!
Se har� da�o en la mano.
Si como usted dice, estaba borracho, �Por qu� se encontraba en Rayuma?
- Me perd�. - �Por qu� toc� la sirena de alarma?
Me gusta o�r su sonido.
Como todos dorm�an, decid� despertarlos.
La gente no debe malgastar su vida durmiendo cuando se tiene s�lo una.
Siento haber tenido que hacer esto con su amigo.
Crea usted que era necesario.
No lo pongo en duda si usted lo dice.
Ha pagado cara una botella de mal whisky.
Cinco de mis hombres est�n heridos, ha perturbado nuestro orden
�y quiere que no haga nada para escarmentarlo?
Un hombre que no pelea y perturba el orden cuando est� borracho
malgasta su dinero.
Pelear y beber forman parte de ese orden que no he inventado yo.
�Qu� quiere que le diga?
Siento admiraci�n por usted. Gracias a usted,
su amigo se ha librado de que le mate. Usted lo presenta como inocente.
Pero hay en todo esto algo que no me gusta y que no puedo creer.
D�jemelo a m�. Le pondr� a fregar el suelo del caf�.
As� aprender� buenos modales. Mat�ndole no se le ense�a nada.
Pero me proporcionar�a una gran satisfacci�n.
Usted le pegaba para que aprendiera algo.
�Qu� hubiera aprendido si le matara?
Hola, muchacho.
- �C�mo sali�? - Perfecto.
�Sabes que ya eres casi un hombre cabal?
Te cre�a muerto.
Cu�nto me alegro de verte y trabajando.
S�, casi preferir�a haber muerto.
Y creo que lo conseguir� si t� no te vas de aqu�.
Creo que lo mejor es que cojas a Romano y a los chinos
y abras una nueva base en Suaya. Ya sabes ahora c�mo se hace.
Y luego que Romano instale otra por s� solo en Kuana.
All� habr� ahora otras dos vacas. Pronto habr� todo un reba�o
y pondremos en fuga a toda la armada japonesa.
- �No vienes t�? - No, no.
Yo soy el cebo del tal Tomura.
Cuanto m�s me vea a m�, menos os ver� a vosotros.
Esto es algo as� como quitarle un caramelo a un gorila.
�Est� bien, me emborrach�! �Y qu� quieres que haga?
�Echarme a llorar? L�rgate, tengo que limpiar esto.
Siempre est�s borracho.
- Canta, �eh? - Como el p�jaro en la jaula.
Puede que a�n fuera m�s feliz barriendo en una prisi�n.
Tal vez, pero entonces no podr�a usted ser testigo de su regeneraci�n.
M�s valdr�a que le pegase un tiro.
Lo que vendr�a a decir que ya no necesita usted mis servicios.
Aunque no cargase otro barco, ha realizado una labor enorme.
150 mil toneladas. Merece una felicitaci�n.
- �Cu�nto podr�n seguir as�? - Una expedici�n m�s,
de un tal Gruber, alem�n. �Tiene un cigarrillo?
- Llevo de los que le gustan. - �S�?
Oiga, quiz� les den una medalla por esto.
Voy a hacerle una pregunta. �Qui�n est� ganando la guerra?
- �Le digo la verdad? - Es lo que quiero.
Se la dir�: es usted.
No estoy muy seguro de que les convenga venir por aqu�.
- �Por Tomura? - Es un hombre muy amable,
pero me visita con demasiada frecuencia.
- Por eso yo deduzco... - �Quieres servir una copa?
�Qu� estabas diciendo que deduc�as, amigo m�o?
Dec�a que ya han hecho bastante.
Mucho caucho y mucho oro han cambiado de manos
- Y todos deber�an estar satisfechos. - Yo estoy satisfecho.
- Pues yo no. - �Quieres reba�ar el plato?
S�, hay un plato que a�n no hemos tocado: Bruno Gruber.
S�, un gran comerciante, pero es alem�n, no s�...
Preg�ntale al Holand�s a ver qu� le parece.
- No he venido a preguntar opiniones. - Quiere usted que nos maten.
- �Eso es lo que pretenden? - �Quieres soltarme el cuello, nena?
Hemos sacado gran cantidad de caucho de aqu�,
t�, el Holand�s y yo. Lo conseguimos ayud�ndonos mutuamente.
Hemos cobrado buenas cantidades y nos podremos comprar lo que queramos.
Bien, el Holand�s fue astuto, yo afortunado y t� valiente.
Lo dejo todo en manos del Holand�s.
Bien, pues yo te dejo a ti.
Cuando insinuaste que no podr�a hacerlo sin ti, ten�as raz�n.
No s� si hubo astucia o suerte, s�lo s� que Bruno Gruber tiene caucho
y que voy a sac�rselo. Si ahora quieres volverte atr�s,
por mi parte, puedes hacerlo.
S� tienes tus motivos, yo tengo los m�os.
T� ya me comprendes.
Carnie...
�t� ya me comprendes?
�Qu� es eso? �Un hombre que se vuelve loco o un loco que se vuelve hombre?
�T� crees que es un loco?
S� que cada hombre tiene su ocasi�n de ser loco y siempre sale triunfante.
Bien, pues no quisiera perder mi ocasi�n.
- �Vas a ir con �l? - Con �l vine.
Porque �l quiera matarse, no es raz�n para que t�...
Esa es la mejor raz�n.
�Qu� te propones hacer?
Voy a llevar a la pr�ctica lo que predico.
Adem�s, aqu� ya no hay quien viva.
Hasta pronto, nena.
�As� que al fin te has decidido? Me alegro de verte, amigo.
- �C�mo va eso? - Bien.
- �Os entendisteis? - Como ya ves, el caucho est� ah�.
- �Sabes que tu cara no me gusta? - Bueno, yo no pude elegirla.
�Qu� est�s haciendo?
Puedes verlo. Esto es lo que hago.
- Nos dir�s lo que hay. - No hay nada, lo juro.
- Dinos lo que intentas. - Le juro que no hay nada.
�Qu� te has propuesto, que te estrangule?
Suelte, lo dir�. No pude evitarlo.
Todo est� dispuesto, est�n junto al r�o.
Los japoneses les han preparado una emboscada.
- �D�nde est�n? - Yo se lo ense�ar�.
Por la cuenta que te trae, vaya que si nos lo dir�s.
Canta de una vez.
Est�n aqu�, y este es el Tanaga.
Est�n apostados aqu�, entre el sendero y el mar.
Podr�amos ir por el r�o hasta el sendero, tomar �ste y rodearles.
S�, podr�an hacer eso.
Vamos, Carnie.
Ten�as raz�n, compadre, los japoneses est�n en el r�o.
Es bueno saber que uno no es bobo.
S�, es bueno no estar demasiado seguro.
- �Entonces nos volvemos? - Todo se acab�.
Gruber nos ha traicionado, nos espera una emboscada
as� que hemos de separarnos. Ha sido muy agradable conoceros.
Espero que volvamos a encontrarnos en circunstancias igualmente provechosas.
Pero pod�is seguir trabajando conmigo.
No he dejado esta operaci�n a�n.
Lo que mi amigo dice es verdad. Hay japoneses r�o abajo,
pero est�n a muchas millas de aqu� pasado el sendero.
Podemos seguir por �l y rodearlos.
Voy a intentarlo, al que quiera seguirme se le recompensar�.
El que est� conforme, que suba a su barca.
Yo ir� delante de todos.
- �T� no vas, compadre? - �Para qu� he de ir?
Pues si t� no vas, no ir� yo.
�Qu� clase de tonter�a vas a cometer?
- Una de mis locuras. - Ese tipo ya nos minti� una vez,
no sabes si esos japoneses est�n a 50 metros o a 50 millas.
- Est� bien, qu�date aqu�... - Podr�a imped�rtelo.
- S�, podr�as matarme. - No me obligues a ello, muchacho.
Dijiste que yo quer�a reba�ar el plato y ten�as raz�n.
Esta expedici�n lo reba�a.
No trates de oponerte,
porque me ir� r�o abajo
aunque tenga que matarte.
�Quieres darme un pitillo?
Puedes qued�rtelos.
Listos, muchachos, adelante.
No deber�a hacer eso.
Bueno, si tan seguro est�, tal vez lo consiga.
Ya no queda nada que hacer.
S� que queda, s�lo una cosa.
- Royer era un loco. - Es muy posible que fuera un loco,
- Pero muy bueno a su modo. - Yo sab�a que era un disparate.
Ese era su modo. Ha muerto por algo.
Cuando yo muera, lo har� por nada y lo mismo te ocurrir� a ti.
Esa es la gran diferencia entre �l y nosotros dos: �l cre�a en algo.
- �En qu�? - �Qu� s� yo?
En un sue�o, en palabras, en una bandera...
Quiz� en ti. Yo no s� de esas cosas.
- Es un placer volver a verle. - Gracias.
En su hemisferio suelen decir que los extremos se tocan.
Eso es lo que suele ocurrir con nosotros dos.
En muchas cosas.
Voy a darle cierta informaci�n absolutamente confidencial.
En justa reciprocidad, yo le pedir�a otros informes,
- Si est� dispuesto a d�rmelos. - D�game c�mo puedo servirle.
�Se ha enterado de que grandes cantidades de caucho han salido
de esta pen�nsula con destino al enemigo?
- Rumores. - No son rumores, es cierto.
- �C�mo se iba a hacer eso? - Con oro. Con oro ilimitado.
�Me perdonar� si le digo que usted est� enterado de todo esto?
No soy hombre que discuta las opiniones de un amigo.
Usted puede enterarse de los hechos, yo, como due�o de un caf�,
s�lo puedo enterarme de los chismes.
El traidor fue por fin atrapado por la traici�n de un hombre
con quien estaba en tratos monetarios.
Muerta esa persona, se acab� todo.
S�, ha muerto, pero eso no ha terminado precisamente.
- Le hablo en tono confidencial. - Eso me honra.
Sabr� que un cargamento de caucho qued� abandonado en el r�o
all� donde muri� el yanqui.
Por oro, podr�a embarcarse.
�Se r�e?
Claro, all� est� el caucho abandonado y el yanqui muerto.
Le demostrar� lo desaprensivo que soy confes�ndole que he pensado
que usted y yo podr�amos beneficiarnos de esta casualidad.
Es inexplicable este mundo.
Tal vez podr�a usted encontrar otra fuente de oro.
Si hay bastante, es posible que pudiera cerrar mis ojos
y el caucho dejara de obstruir el r�o.
- Har� ciertas averiguaciones. - No lo pongo en duda.
Si tengo suerte, me pondr� en contacto con usted.
Cada hombre tiene su precio, y eso es todo.
- No lo creas tan f�cil. - �No?
Tomura har� la vista gorda, el caucho podr� ser llevado al mar.
Yo recibir� el oro y Tomura cobrar� su parte
para asegurarse su porvenir en la posguerra, en un mundo dif�cil.
�Y no es lo que yo he dicho? Es bastante justo.
�No hab�as decidido no reincidir en este asunto?
Entregar� yo mismo el �ltimo cargamento.
- Por razones particulares. - Si�ntate.
Tomura sabe muy bien que yo te dir�a lo que te he dicho.
- �Entonces por qu� lo hace? - Te dejar� sacar el caucho.
Incluso te dejar� cargarlo en el barco.
Es muy astuto, no s�lo le interesas t�, lo quiere todo.
El caucho, el oro, el barco, la operaci�n.
Quiere que sea un triunfo personal.
Ya ves si te equivocabas respecto a �l.
Del mismo modo que nada pudo detener tu amigo,
- Nada puede comprar a Tomura. - Dile que est�s de acuerdo.
- �Quieres que lo haga? - D�selo.
No cre� jam�s que ver�a llegar este d�a.
�Le vas a dejar que siga la suerte del otro?
No puedo hacer m�s que lo que haga �l.
�Pero t� no puedes al menos intentarlo?
No, ni se me ocurrir� siquiera.
Tengo un trabajo para ti y ser� mejor que digas que no.
- Entonces digo que s�. - Ese caucho que mi amigo
no pudo sacar sigue en la plantaci�n de Gruber.
Quiero que me busques hombres que lo lleven a la vaca.
- �Puedo terminar el vino antes? - �Qu� te pasa?
�No discutes nunca? Eres el tipo m�s raro que he conocido.
�Siempre dices que s� a todo lo que te proponen?
Compadre, �t� nunca has tomado la vida tan en serio? �Qu� te pasa?
Oye, dame s�lo alg�n consejo respecto a ese tal Tomura.
No os molestar�, me vigilar� a m�.
- �D�nde te encontrar�? - Ya nos veremos.
S�, �pero d�nde?
En el cielo, compadre, donde ya no seremos contrabandistas,
sino un par de �ngeles. �Qu� dices a esto?
Que es hermoso. Muy hermoso.
- �Crees que Romano saldr� adelante? - Lo dejar�n pasar,
te seguir�n y lo tendr�n todo: el caucho, la vaca, el oro y a ti.
Sobre todo a ti. Creo que es la primera vez que ha odiado
a un hombre m�s de lo que ama al dinero.
Tomura y yo siempre tenemos planes mutuos.
�Cu�l es el tuyo respecto a �l?
�Sabes que es muy posible que ni siquiera pueda confiar en ti?
Ese es tu modo de pensar y creo que es extremadamente razonable.
- Te acompa�ar�. - No, Holand�s, esto es para m�.
Y yo ser� un siervo de Tomura al igual que lo era Gruber.
No, t� no. Tomura ser� de sus antepasados, si es que lo quieren.
Bueno, ya supon�a que no consentir�as que volviera a dejarte.
- �Sabes a d�nde voy? - S�.
- �Y que esto puede ponerse feo? - S�.
Me gusta c�mo lo dices.
Cuando ten�a nueve a�os, mi padre construy� una barca pesquera.
Yo imaginaba que era un gran trasatl�ntico,
y que atravesaba con �l el oc�ano.
Si los has tenido, �d�nde cumpliste los nueve a�os?
En Iscia, una isla preciosa en el golfo de N�poles.
�Me imaginar�as remendando redes con mis pies descalzos
en la arena ardiente?
Te puedo ver en esa playa porque he estado en ella.
�Sabes? Siempre he deseado que me preguntaras d�nde hab�a nacido.
Eres el �nico que no me lo ha preguntado.
Y el �nico tambi�n a quien se lo he dicho.
�Y por qu� en este momento?
Porque creo que se nos est� acabando el tiempo.
�No ser�a lo m�s bonito que desapareci�ramos los dos juntos?
El tiempo es s�lo un reloj al que alguien le da cuerda.
- �Por qu� no quieres contestarme? - S�, s�, ser�a estupendo.
No tendr�amos que ir a vivir a California,
cultivar naranjos y tener ba�eras empotradas.
No ment�as al decirme aquello, �verdad?
- �De qu� hablas? - De que ibas a sacarme de aqu�.
Oh, no, no.
Bueno, entonces ya no tengo nada que decir.
No. S�lo una cosa. �Te enamoraste sinceramente alguna vez?
- S�lo una vez. - �De qui�n?
Del que no me conven�a.
Nadie me comprender� jam�s.
Eres una ni�a grande.
- Gracias por haber venido. - No pod�a dejar de hacerlo.
Suba a bordo.
Tomar� el tim�n y nos llevar� al punto a donde se dirig�a.
Hemos dejado seguir a sus amigos.
He cre�do que deb�a esperarle para ir a reunirnos con ellos.
Perm�tame que le felicite por el atrevimiento y la sencillez
de esta operaci�n. Afortunadamente la entereza norteamericana
- No corre pareja con su ingenio. - Cre� que se hab�a vendido.
- No vendemos a nuestra patria. - Puede que tengan que darla.
Pero no de balde.
Bueno, ya supon�a que no har�a nada solo.
Claro que no.
Aunque no cre� que necesitase su armada.
Es que yo no soy un aventurero ni un tonto.
Desde luego no es un aventurero.
A usted le ha amargado este jaque mate, pero es hombre de recursos
y espera que se produzca un milagro.
Usted lo ha dicho. Un milagro en forma de par de lanchas torpederas.
- �Es ah�, en esa isla? - Eso es.
Y f�jese en eso.
�Fuego el uno!
�Fuego el dos!
�Fuego el uno!
�Fuego el dos!
Ahora ya podemos salir de aqu�.
�Lo encontr�?
S�, lo encontr�.
Lo encontr� en una isla con una italiana.
�Por qu� no me lo dijo desde el principio?
�Por qu� iba a complicarle a �l la vida para simplificar la suya?
- Le di la medalla. - �Ah, s�?
No puedo imaginar nada m�s ir�nico que Carnahan luciendo una medalla.
Ni tampoco �l.
Su deseo es que la lleve usted.
Dijo "p�ngasela al Holand�s".
Como si ello fuera un crimen.
Me voy a dormir, estoy deshecho. Buenas noches.
Buenas noches.
FIN
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