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Original subtitles

ESCOCIA, 1306.

LA MUERTE DEL REY ALEXANDER III HA SUMIDO AL PAÍS EN EL CAOS.

A FALTA DE HEREDERO,

LOS NOBLES COMPITEN POR LA CORONA ESCOCESA.

LOS CLANES PODEROSOS SE ALINEAN CON INGLATERRA Y SU TEMIBLE REY,

PERO ROBERT THE BRUCE, QUE LUCHÓ CON WILLIAM WALLACE,

AÚN CREE EN LA INDEPENDENCIA ESCOCESA.

UNA VEZ MÁS, ESCOCIA SE ENCUENTRA AL BORDE DE LA GUERRA CIVIL,

PERO EL FUEGO DE LA LIBERTAD ARDE EN LOS CORAZONES DE SU GENTE.

Tras la muerte de William Wallace,

Robert the Bruce quiso reclamar el trono de Escocia de una vez por todas.

El trato estaba cerrado,

las tierras de los Bruce serían cedidas al clan Comyn

y, a cambio, John Comyn renunciaría al trono.

Era un día frío.

Impulsada por un viento gélido,

la nieve cubría las colinas y los muros helados de la iglesia de Greyfriars.

Acordaron reunirse en tierra sagrada y parlamentar desarmados.

Pero como William Wallace no había logrado la libertad de Escocia,

el caos reinaba en sus tierras

y la desconfianza se apoderó de los clanes.

¡So!

¡Robert!

Me alegro de verte.

Hay mucho por hacer si queremos unir nuestras tierras.

Tenemos que cambiar el legado que dejó William Wallace.

Los años no han debilitado el sentimiento que despertó.

Y si vamos a combinar nuestro poder bajo Inglaterra,

no podemos tener a miles de los nuestros…

y a varios clanes poderosos clamando por la revolución.

-¿Qué es eso? -The Bruce sabía que,

aunque habían llegado a un acuerdo, John Comyn había conspirado

para que lo arrestaran por traición y lo ejecutaran.

¿Y si prescindimos de esta frívola charla?

Cuando viniste a mí y te comprometiste a entregar tus tierras

a cambio de mi apoyo como rey,

¿no estabas traicionando a Inglaterra?

¿Y no tenías intención de cederme esas tierras...

una vez fueras coronado rey?

Oh… Vamos, Robert.

No eres ningún santo. En absoluto.

Le tendiste una trampa a Edward y escapó.

Yo te tendí otra y escapaste.

Mañana tú me tenderás otra y escaparé.

Y así seguirá hasta que seamos viejos.

Como nuestros padres antes que nosotros.

Aun así, puedo ver la guerra en tus ojos.

Debes aprender a controlar tu temperamento, Robert.

Acabará contigo.

Los hombres de Comyn aguardaban sus órdenes,

pero los de Robert decidieron combatirles,

liderados por el gran guerrero James Douglas.

-¡Mamá! -¿Qué, Scott?

Robert the Bruce le cortó el cuello a John Comyn en la iglesia

y reclamó su trono.

¿Quién está contando la historia, Scott?

-Pero no fue eso lo que pasó. -¡Fue hace muchos años!

-¿Cómo vas a saber lo que pasó? -El tío Brandubh me lo contó.

Ya…

Tu tío lo cuenta a su manera y yo a la mía.

¡Pero no es la verdad! Yo sé lo que pasó.

¿Me dejas continuar?

¿O prefieres acostarte?

Ay, Robert. Robert, Robert.

Te conozco demasiado bien.

Ansías aquello que nunca podrás tener:

ser como William Wallace.

Ser tan amado como él.

Tan valiente como él.

Tan libre cómo él.

Qué deseo más desdichado.

Debe estar consumiéndote por dentro.

¿Es eso lo que ansías?

Vamos, abalánzate sobre mi espada y muere.

Sé por un momento...

un eco vacío del hombre que fue William Wallace.

Venga, adelante.

¿No?

Tú…

no tendrás… una de estas, ¿verdad?

Esa es la razón por la que Robert the Bruce…

¡fracasó en su intento de convertirse en rey de Escocia!

Vamos.

Se produjo un gran combate.

Ambos eran campeones. Ambos combatían encarnizadamente.

Luchaban por la corona, por la supremacía de sus clanes.

Y por el futuro de Escocia.

The Bruce luchaba por la libertad,

mientras que Comyn era una marioneta de Inglaterra.

Cuando las puertas de la iglesia se abrieron,

una sombra emergió de entre las llamas.

Nadie supo quién era al principio.

¿The Bruce o Comyn?

¿Comyn...

o The Bruce?

Ya se han dormido.

¿Volveremos a luchar algún día?

Hace años que the Bruce es nuestro rey.

Hemos perdido seis batallas.

El tío Brandubh dice que se ha quedado sin ejército.

Lo llama “el rey pretendiente”.

No sé tú, Carney, pero yo nunca lo llamaría así.

Ayúdame con el cubo.

EL REY DE ESCOCIA

En apenas seis años...

gobernamos esta tierra, ¿no es así?

Tú y yo.

Y nuestra ambición real.

Siéntate.

Tres días, puede que cuatro,

-para llegar a Nordland. -¿Volveremos algún día?

¿Con tu madre?

También la echo de menos.

Tus padres vivían en un castillo de la hostia, ¿me equivoco?

-En un castillo, sí. -Vale.

Allí fue donde nací. Es mi hogar.

Está rodeado… de campos y bosques en los que jugaba de pequeño.

-¿Nos llevarás? -Se lo arrebataron los ingleses, chico.

Ahora debe haber un cerdo seboso

sentado en su preciosa mesa hartándose de comer.

-Algún día, ¿vale? -Sí, claro.

Algún día nos sentaremos en esa mesa, a comer jabalí,

¡y beber clarete!

Ese hombre de ahí va a liberar a Escocia.

Pronto recuperaré mi castillo.

Pienso ensartar a ese cerdo inglés con la hoja de mi espada

y lanzarlo por la muralla de mi castillo.

Y tú también volverás.

Aunque algo mayor, más hombre que niño.

Y volverás a ver a tu madre.

Después del invierno. Ya verás.

No iremos a Noruega.

Marchaos.

¡Marchaos! Volved con vuestras familias.

¡Hemos terminado!

Y si alguien os pregunta...

qué le sucedió a Robert the Bruce, vais a decirle…

que no lo sabéis.

Decidle que luchasteis junto a Comyn y los ingleses.

¡Marchaos! ¡Venga!

¡Dejaos de lamentos, Robert! ¡Sois el rey!

Dios elige a los reyes, James, no los hombres.

Nos hemos rendido, chico. ¿Para qué hemos luchado?

“Marchaos”, dice.

Decidles que hemos luchado junto a Comyn.

He oído que Comyn ofrece cincuenta piezas de oro por él.

Tendremos que deshacernos de James.

-Desde luego. -No, no, no.

Eso es regicidio. Es pecado.

No hay por qué matarlo. Capturémoslo.

Han puesto precio a vuestra cabeza. ¡Aquí ya no estáis seguro!

No dejaré de luchar por vos.

Ni por Escocia.

Fíjate en sus rostros, James. Mírales.

Están agotados. Apenas tienen fuerzas para combatir.

Hemos terminado.

¡Deprisa, muchachos!

Los peces vienen solos, Hamish.

Si tiras del anzuelo muy pronto, se irán asustados.

Pero si dejas que muerdan el cebo y entonces tiras, no escaparán.

Espera. Cógelo.

Buen chico.

¿Hacia dónde os dirigís?

Supongo que vivís al sur.

Sí. Como él.

Quiere la recompensa. Como nosotros.

Ah, la recompensa.

Cincuenta piezas de oro.

¿Es ese vuestro precio?

-Somos tres, James. -Sí,

aunque tampoco me importaría que fuerais diez, ¿verdad?

Te tenía por un hombre decente.

Tu música ha endulzado mis noches durante estos meses.

Tú.

Tú nunca me has caído bien. Pero he luchado a tu lado...

y habría muerto por ti, como compatriota.

Se acabó, James. The Bruce ha caído.

No fue Robert the Bruce quien perdió esas batallas,

sino los hombres como vosotros.

Le habéis fallado, y ahora queréis capturarle por una mísera recompensa.

Si no somos nosotros, alguien más lo hará.

¡Judas! Sois unos traidores.

¡Ahora!

¿Hamish? ¿Qué estás haciendo?

No te metas en esto.

-¡James! -¡No!

¡James! ¡James!

¿Qué has hecho? ¡No había por qué matar a Hamish!

-Iba armado. -¡Con un hacha que apenas puede blandir!

-¡Iba a clavársela por la espalda! -¡Era un crío!

Nos vamos.

Todavía respira.

-Oye, ¿qué estás haciendo? -Sabe adónde vamos.

James Douglas no merece morir así.

¡Pero sabe adónde vamos!

Reza por él.

¡Reza por él!

Puedo hacerte libre, ¿verdad?

Que tu día esté lleno de bendiciones, como el sol que ilumina el cielo.

Siempre tendrás el coraje de desplegar tus alas y volar.

No te vayas.

-¡Mamá! -No.

-¡Mamá! -No te vayas.

¡Mamá!

¡Toma esto!

¡Y esto!

¡Te voy a rajar!

¡Scott!

¡Scott!

-Ayúdame a recolectarlas. -¡Toma esto! ¡Y esto!

-Ahora te ayudo. -Gracias, señor.

¿Hemos perdido?

¡Hemos ganado!

Bien. Ayúdame a llenar la cesta.

Por supuesto, señora.

¿A quién estás encarnando?

A tu rey.

-¿Te parece suficiente? -No hemos terminado.

Esta es preciosa. Fíjate.

Es muy bonita. Para ti.

Para tu padre.

Arrodíllate conmigo.

¿Quieres decirle algo?

Te echo de menos. Ojalá no te hubieras ido.

Espero que los ingleses encuentren al rey pretendiente y lo maten.

-¡Scott! -¡Lo digo en serio!

¿Crees que puede oírnos, mamá?

Sí.

-¿Volvemos? -Sí.

-El caballo se fue por ahí. -Mira, ahí arriba.

Sí.

¿Qué hay de los nuestros?

¿Crees que el tuyo va a ir dónde le plazca?

-Michael tiene un caballo mágico. -¡Jesús!

Sí, se fue por aquí.

Cincuenta piezas, chicos. Cincuenta piezas.

Scott, lávate las manos.

¡Tienes las manos sucias! Ve a limpiártelas.

Sí, pero no tanto como las tuyas.

Lavároslas, los dos.

-Es tu favorita. -Otra cucharada.

-Acábatelo antes. -¡Es mi cumpleaños!

¡Scott!

-Vale. -¿Qué tal el día, Scott?

Bien, de momento. ¿Qué me habéis traído?

Nada, para variar.

-¿Has alimentado a las cabras? -Sí.

Muy bien.

Gracias por Scott.

Porque hoy celebramos el comienzo de su undécimo año.

Es un buen muchacho.

Y aunque a veces es un poco salvaje, confía en ti.

Es una gran persona y un gran hijo.

Rezamos por Escocia y por nuestro rey.

Para que le guíes y le des fuerzas.

Y para que nos protejas durante el próximo invierno.

Para que tengamos comida y estemos a salvo.

-Amén. -Amén.

-Quiero un poco de pan. -Eh, espera tu turno.

Carney.

-Cuenta la historia, mamá. -Ahora no.

-¡Es mi cumpleaños! -Mamá.

-Comienza por la iglesia. -Se refiere a la parte violenta.

Está bien.

The Bruce había desarmado a John Comyn.

Y cuando se corrió la voz de lo que había sucedido,

Robert the Bruce fue excomulgado de la santa iglesia

y considerado enemigo.

Pero los sacerdotes de Escocia lo coronaron rey.

Le arrebataron a su familia. A su esposa, Elizabeth.

Y a su pequeña princesa, Marjorie.

Continuó la lucha que William Wallace había iniciado por la libertad de Escocia.

Contra el ejército inglés y los clanes que se negaban a apoyar la causa.

Luchó durante varios años.

Y durante varios años perdió.

Una y otra vez.

Combatió hasta que los ríos se mancharon de sangre escocesa.

Hasta ser cazado como un animal. Por ingleses y escoceses.

Cualquier hombre...

que traiga la cabeza de Robert the Bruce...

recibirá un total...

de cincuenta piezas de oro.

Pero pronto reunirá un nuevo ejército...

y volverá a luchar.

-Quizá uno de vosotros le acompañe. -Yo no.

Ganará. Y seremos libres.

Le he visto. En el bosque. Esperando la muerte.

-¿De verdad? -¡Le he visto!

¡Os lo juro!

Si ves a un extraño en el bosque, debes decírmelo.

¡Lo juro!

Bendita hada que estás en el lago.

Iré a verte bajo el…

Somos soldados. Tenemos hambre.

Y sed.

¿Tenéis cerveza?

¿Para quién luchasteis? ¿Robert the Bruce o John Comyn?

Mi padre luchó con Robert the Bruce en Strathalne.

-¿De verdad? -Sí. Era muy valiente.

Robert the Bruce se lo dijo en persona.

-¿En serio? -Sí.

Nos contó historias.

Ve con Iver.

Vamos.

¿Dónde está ahora? ¿Sigue luchando con the Bruce?

Murió.

Apoyamos al clan de los Comyn. Tú también deberías.

Porque tus señores le han jurado pleitesía.

Mi padre también luchó con William Wallace.

-¿Ah, sí? -Sí.

Escocia murió con Wallace, en mi opinión.

Estamos muy agradecidos por la comida.

Nos vamos.

A no ser… que quieras que nos quedemos.

-Will. -Podríamos hacerle un favor.

-He dicho que nos vamos. -¿Qué me dices?

¿No quieres que te eche una mano?

Repito, nos vamos.

Suéltame.

¿No me has oído, Will?

¡Mamá!

Debéis marcharos.

-¡Ya! -¿Ahora vas a hacerte el héroe?

No tiene por qué. Vamos.

Te enseñaré cómo acaban los héroes.

¡Largo! ¡Está bien!

Escoceses atacando a escoceses. ¿Con qué fin?

Lo sé. Algún día seremos libres.

Algún día moriremos.

-¡Michael ha caído! -¡De acuerdo! ¡Ya voy!

¡Thomas!

¡Eh!

¡Eh!

Buenas. Estoy herido.

¿Quién eres?

Un soldado. Ayudadme.

¿Y para quién has combatido?

-¡No ves que estoy herido! -Soy el Sheriff. ¿Con quién estás?

Andábamos tras la pista de Robert the Bruce.

-Está junto al río. -¿Quiénes?

Mis compañeros.

Él los ha matado, pero está herido, y grave.

Sabréis que ofrecen una recompensa por su cabeza.

Os llevaré hasta él y la repartiremos. ¿Qué decís?

Está bien. Fergus, dale tu caballo.

Tú, llévanos.

Si dices la verdad, te ayudaremos.

Bien.

Donald, Finlay, venid conmigo.

Vamos, ve primero.

¡Sí! Es aquí.

Está justo ahí.

¿Lo veis?

Es la espada de Robert.

No debe andar muy lejos.

Va herido.

¿Qué me decís? ¿Me ayudaréis?

Sí. No sufrirás por mucho tiempo.

-Lo siento, amigo. -¡En marcha!

Cualquiera que lo sepa buscará su tajada.

Si es suya, la recompensa será nuestra.

Cincuenta piezas de oro.

Ya no importará el tamaño de tu espada, Finlay. ¡Serás rico!

Podría ser su espada. Es vieja.

Lo encontremos o no, tendréis que mantenerlo en secreto.

Nadie debe saberlo.

Ya sea hombre o mujer, Finlay.

Escucha, si alguien se entera, sabré que has sido tú.

Y acabaré contigo, al igual que con aquel hombre.

-¿Queda claro? -Sí.

¿Estás dispuesto a matarlo? ¿A nuestro rey?

No es mi rey.

Pensad en los hombres, padres, hijos y hermanos...

que hemos perdido por su vanidad.

Puede que lo encontremos muerto.

Pero si no, deseo batirme con él.

Le enseñaré… qué significa la libertad.

Estate quieto, imbécil.

¡Robert! ¡Robert the Bruce!

¡Salid y dad la cara!

¿Me oís? ¡Robert!

¡Robert!

¡Robert the Bruce! ¿Me oís?

¡Robert! ¿Me oís?

Robert the Bruce, ¿podéis oírme? Somos amigos.

Os curaremos. Traemos comida.

¿Crees que estará en las montañas?

De ser así, tendremos que dejar los caballos.

No, está herido. Habrá bajado al valle.

¡Robert! ¡Robert the Bruce!

¡¿Me oís?!

¡Robert!

¡Robert the Bruce!

¡Somos amigos!

¡Hola, niños!

Aunque Carney ya es todo un hombre.

Brandubh.

-Finlay, ata los caballos. -De acuerdo.

Iver. Ah, benditos sean mis ojos.

¡Tío!

¡Ah, Scott!

¡Mi pequeño granuja! ¡Ven aquí, sobrino!

Te he traído un regalo de cumpleaños.

-¿De verdad? -Todo tuyo.

Alguien debe plantar cara a Iver en los juegos.

-No tengo rival. -¡El año pasado te gané!

-Tendrás que practicar, chico. -Lo haré.

-¿Sabes qué? -¿Qué?

Ayer vinieron unos soldados. Y Carney los ahuyentó.

¿Y eso por qué?

Bueno, mamá les ofreció comida,

-y uno de ellos se rebotó. -¿Se rebotó?

Sí.

Carney, ven.

Iver, podrías enseñar a mis hombres a disparar un arco.

Vosotros dos, marchaos.

Brandubh.

-¿Honraste a Yorky el domingo? -Sí, cada día.

Mi hermano era un hombre afortunado.

Pero… la parca se lo llevó.

Carney.

Hola, cielo. ¿Qué nos traes?

Carney, ven.

Esta espada...

está astillada. ¿Lo ves?

Aquí y aquí. Y se ha mellado por aquí.

Repárala.

-¿De quién es? -Pertenece a un noble.

Podría llevársela al viejo Sean en la aldea, pero…

sé que te ha enseñado bien.

Ahora recibe más elogios por tu trabajo que por el suyo.

Bueno, repáralo durante el invierno y muéstrale tu talento.

¡Puede que hasta consigas la mano de su hija!

Necesitarás oro para la empuñadura, un par de monedas.

El resultado debe ser impoluto.

-Sí. -Ponte a ello.

¿Te apetece tomar algo?

Dime, ¿vinieron soldados?

Sí.

-¿Y hubo problemas? -Nada grave. Estamos a salvo.

¿Por cuánto tiempo?

¿No os habéis planteado vivir en la aldea?

Aquí somos felices.

Felices, pero expuestos.

Mira, solo quiero ayudarte.

Ya lo haces.

Mi casa es segura,

grande, acogedora… y solitaria.

A veces canto a las estrellas.

Cuando éramos cuñados, aún seguían gustándote mis canciones.

Aquellos hombres… han muerto.

Los he matado.

Dejarías de tener miedo a los forasteros, si vivieses en la aldea.

No tengo intención de hacerlo.

Bueno,

esta es mi última visita antes del invierno.

A la vuelta, me llevaré a Carney.

-¡No tienes derecho! -Ya es mayor y debe servir al clan.

Agradece que no me lo lleve ahora.

Además, ¿cuánto tiempo podréis aguantar aquí solos,

cuando la hija del viejo Sean le espere en la aldea?

Ven con él y trae a los niños, cuidaré de todos vosotros.

Sé que soy un hombre rudo, Morag,

pero vendrás a mí.

-Carney. -Vengo a ver a tu padre.

Pura artesanía.

Ha debido ser obra de un maestro. Suave.

Fuerte. Escucha, chico.

Todavía eres mi aprendiz.

Voltéala una vez, y otra, y otra, y otra y otra.

Brandubh dijo que necesitabas oro.

No es de aquí. Viene de lejos.

Francia, tal vez.

¡Bum bidi bum, bidi bum, hace el martillo!

¡Tápati, tápati, tápati, tap!

-¿Oro? -Sí.

¿Cuánto me has traído, chico?

Sí…

Dile a Briana que me traiga cerveza.

-Déjame ir, Briana. -No. Antes tendrás que luchar conmigo.

Muy bien.

Briana…

Nos veremos en primavera.

No le creo.

¿A Brandubh?

Es la mejor espada que he visto jamás.

-Brandubh no es un tipo fácil de engañar. -¿De quién es?

Scott dijo que vio a un hombre en el bosque.

Scott siempre es el primero en ver al lobo. Lo sabes.

Venga, acuéstate antes de que despierten.

No soy un crío.

Siempre has sido un chico muy maduro.

Te quiero como a un hijo.

Me has enseñado a hacer lo correcto.

-Sí. -Y Brandubh es un perro.

Pasa.

Cuando mi hijo nació,

me dijiste que lo viste… en un sueño.

Que lo viste...

en un campo de batalla.

Me dijiste que estaba con Robert the Bruce.

Lo recuerdo.

Sus hombres le vitoreaban porque habían ganado la batalla.

Pero dijiste más.

¡Dijiste más!

¿Qué viste?

¿Llegará a cumplirse? ¿Morirá mi Scott?

-Solo fue un sueño. -Fue una premonición.

Estaba en su undécimo año.

No puedes evitar que tu niño se haga hombre.

Nada es seguro.

Ni el futuro, ni el presente.

Tengo miedo.

-Debes soltarlo. -No.

Basta.

Suéltalo.

Eh.

Oye, lo entiendo.

Ya lo entiendo.

Toda telaraña...

debe hilarse.

El viaje de un alma perdida debe ganarse.

La alegría de un rey…

debe terminarse.

La canción de la justicia…

debe...

cantarse.

¿De qué lado estás, los Bruce o los Comyn?

¡Los Comyn! ¡Los Comyn!

¡Suéltame! ¡Ah, suelta!

¡Alto, alto!

Deja que Iver lo mate.

¡Yo también puedo hacerlo!

¡Carney!

Le he dado.

¡Buen disparo!

¡Le habría dado también!

Sujétale las patas.

Ha sido un disparo limpio.

¡Carney! ¡Iver!

¡Carney!

¿Está vivo?

-¿Quién es? -No lo sé.

Es Robert the Bruce. Te lo dije.

-Creo que está muerto. -Mira si tiene pulso.

Sigue vivo.

¿Cómo lo movemos?

-¡Busquemos una rama gruesa! -¡Seremos ricos!

Chicos,

ese hombre…

Ya sabemos quién es.

Corremos un grave peligro acogiéndolo aquí.

El tío Brandubh lo mataría y compartiría el oro.

-¡Es nuestro rey! -Pero mamá…

Scott, silencio.

¡Seríamos ricos!

Su vida está en nuestras manos.

Fue voluntad de Dios que viniera.

Si le ayudamos, tendremos que huir, ¿verdad?

Brandubh se enteraría.

¿Y qué hay de Briana?

Tienes razón. Es nuestro rey.

Le debemos lealtad.

La espada es suya.

Brandubh me mintió.

Lo matará, ¿no es así?

Y a nosotros.

Brandubh perdió a muchos en las guerras de Robert.

A Yorky, a sus amigos…

Siempre le guardará rencor.

Ni una palabra.

Entrad.

¡Niños!

¡Venid a ayudarme!

Hay algo ahí.

¿Es una herida de espada?

De flecha, quizá.

Ayudadme a ponerlo de lado.

¡Traed un paño! Déjalo ahí, Scott.

Mételo en el agua.

Eso es. Te lo advierto, sangrará.

No me da miedo la sangre, mamá.

Muy bien. Límpiala.

-No lo sueltes, Iver. -¡Mamá!

-¡Me ha pateado el pecho! -¡Cállate, Scott!

Tráeme un paño.

-Me duele, mamá. -Ha sido un acto reflejo.

-¿No te importa? -Ahora la pierna.

Vale.

Carney, el cuchillo.

Está bien.

Agárralo fuerte.

-Iver, tú también. -De acuerdo.

¿Listos?

Sujetadlo. ¡Vamos!

Ven aquí.

Átalo.

Que no se suelte.

Bien.

Iver, Carney, volved al trabajo.

Scott, ven aquí.

¿Te has hecho daño?

¿Dónde?

Mi padre dijo una vez: “hijo,

nadie está a salvo cuando la lucha ha comenzado”.

Nos lo han quitado todo.

A nuestros hermanos, padres e hijos.

Me robaste el corazón, se han llevado nuestras armas.

Roban, roban, roban.

Hasta que se han saciado.

Cuando no queda nada que amar,

es hora de matar.

Es una bruja.

Tened cuidado.

Aquí no eres bienvenida, bruja.

No seguirás suspirando por Morag, ¿verdad?

Un amor que duele siempre dolerá.

Su corazón…

latirá siempre por tu hermano.

Será mejor que te calles.

Ni hablar.

¿Me permites invitarte a un trago, Ylfa?

Sé lo que veo.

Un hombre como tú, tan atractivo.

Y tan importante.

No eres ningún cardo silvestre,

pero serás rico después del invierno, ¿no es así?

Está maldita.

¿Qué haces?

¡No!

¡No le he dicho nada a nadie!

Diles a todos que lo de Robert the Bruce es mentira.

-Que es una de tus bromas. -Sí.

Si alguien vuelve a mencionarlo pasado el invierno, ¡te corto el cuello!

Vencimos.

Los ingleses se han ido.

Sois nuestro rey.

¿Vencimos?

Toda telaraña… debe hilarse.

La alegría de un rey debe terminarse.

El viaje de un alma perdida debe ganarse.

La canción de la justicia debe cantarse.

¿Quién eres?

Toda telaraña…

debe hilarse.

El viaje de un alma perdida...

debe ganarse.

La alegría de un rey...

debe terminarse.

La canción de la justicia debe...

cantarse.

-Está demasiado lejos. -¡Deja de poner excusas, Scott!

Cuando vengan a matar al rey, habrá que luchar.

-Y no podrás hacerlo cuerpo a cuerpo. -Claro que puedo.

No eres lo bastante fuerte.

En cuanto veas a alguien,

coges el arco y la aljaba y corres hacia ese árbol.

-Iver, tú te colocarás ahí. -Vale.

Una vez que empiece el combate, haz lo que puedas.

-¿De acuerdo? -No quiero enfrentarme a ellos.

Sí.

Lo sé.

Pero debemos proteger a tu madre.

Y protegerte a ti también.

Si tenemos que luchar, yo estaré al mando.

O seguís mis órdenes o alguien morirá.

Puede ser él, o Iver,

o yo, o tú.

O incluso tu madre.

Somos una familia.

-¿Vale? -Sí.

Ahora coge tu arco y sigue practicando.

Ten paciencia esta vez.

-¿Listo? -Sí.

-Ha estado cerca. -Mejorarás tu puntería.

¿Estás con los Bruce o los Comyn?

Los Bruce.

No tienes nada que hacer.

Eso habrá que verlo.

¡Y ahora, morirás!

¡Mamá! ¡Mamá!

¡Mamá!

Se os ha bajado la fiebre.

Te conozco.

-No. -Para nada.

-Te vi. -¡Déjame en paz!

Casi morís congelado cuando os encontró.

Descansad.

Vete.

¿Puedo?

Vuestras heridas están sanando.

Le vi en un sueño.

¿La fiebre, quizás?

Libertad.

Victoria.

Nada.

¡Robert!

¡Robert the Bruce!

Él es mi sobrino mayor, Carney.

Esta es mi sobrina, Iver.

Y él es mi hijo, Scott.

Por favor, sentaos.

Carney tenía un año cuando Wallace empezó la guerra.

Nuestro clan rendía tributo a Inglaterra

y decretó que quien luchara con ellos sería proscrito.

Cuando mi hermano Toag decidió unirse a ellos,

le supliqué que no lo hiciera.

Parecía tan orgulloso la noche que partió…

-Carney lloró. -Sí, lloró.

Lloró por su padre.

Cuando el tuyo fue a luchar con Robert, tú también lloraste.

-Eso es mentira. -No, lo hiciste.

Mi otro hermano, Boag,

era seis años mayor que yo.

Era arquero, al igual que Iver.

Vaya, ¿así que eres arquera?

-Yo también. -Es buena.

Hasta los hombres de la aldea sufren al competir contra ella.

Boag nunca supo que era padre.

La madre de Iver murió en el parto y, poco después…

supimos que Boag había caído en Falkirk.

Así que cuidé de ellos.

Mamá. Háblale del poema.

Boag era poeta.

Cuando Toag murió,

Boag compuso una canción.

Hay sangre…

y cadenas.

Hay sangre. En la casa.

En las rocas. En las cumbres.

Y cuando miramos a nuestro creador, el cielo arde,

teñido con la tinta escarlata… de los corazones que amamos.

No pierdas la esperanza.

Ese cielo sangrante no sucumbirá a las tinieblas que engullen la tierra.

Porque he visto al sol alzarse… sobre el sucio manto.

Es el amanecer… de un nuevo día.

Es precioso.

-¿Tu padre lo escribió? -Sí.

Ahora el mío.

Háblale de él.

Era un gran hombre.

Y un gran espadachín.

Entonces llegó la noticia de vuestra coronación.

De que luchabais por nuestra libertad.

Nuestro clan se alineó con vos y reunió un ejército.

Mi Yorky era el hijo menor. Su otro hermano Brandubh…

debía partir.

Pero era el sheriff, así que…

se quedó en la aldea y mi Yorky fue en su lugar.

Sigue siendo el sheriff.

Yorky os acompañó en Strathfallen, pero le hirieron.

Le amputaron la pierna antes de regresar.

Apenas respiraba cuando llegó.

Su clan perdió la esperanza y juraron lealtad a los Comyn.

Pero mi Yorky aún creía en vos.

Nos dijo que jamás os rendiríais,

pese a las adversidades y la dificultad de la lucha.

Habría desafiado al clan con tal de seguiros.

Pero sus heridas se infectaron.

Murió ahí mismo, donde os sentáis.

¿Y bien?

¿Crees que podrás hacerlas?

¿Que si puedo dices?

¡Por supuesto que puedo!

Son las espinas del demonio, pero puedo hacerlas.

Mis hombres traerán sus armas para que las afiles también.

Termínalo antes de la primavera.

Qué hermoso.

Por ahí marchan, el acero brillando bajo el sol,

cantando y sonriendo juntos.

Por ahí marchan.

Armados con espinas.

Por ahí marchan, para nunca regresar.

-Gracias, Briana. -A ti.

-¿Antes de la primavera, dices? -Sí.

Niños. Bajad al río y colocad las trampas.

¡Sí, mamá!

Ahora no. Estoy limpiando el granero.

Es una orden.

Justo ahí.

¡No deberíais estar cazando! Ayudadme a colocarlas.

¡Espera, Carney!

Apunta, ten paciencia.

Con los ojos. Apunta con los ojos.

-Ya sé cómo hacerlo. -Acompáñalo con el cuerpo.

-Es culpa tuya! -¡Qué te he dicho!

-¡Puedo hacerlo solo! -¡Iver! ¡Scott!

¡Dejad de discutir y ayudadme a colocar las trampas!

-Tendrías que haber apuntado. -¡Lo he hecho!

Callaos, los dos.

No entiendo por qué hay que colocar trampas.

Tenemos la medicina almacenada.

Tu madre nos lo ha ordenado.

Quiere más carne para the Bruce.

No debimos rescatarle.

¡Es un hombre! ¡No podemos dejarle morir!

Mi padre murió por su culpa.

Y el tuyo también. Y el tuyo.

¿Por qué no se lo decimos al tío Brandubh?

Hicimos una promesa, Scott.

¿Y si acaba reuniendo un ejército?

¿Y si nuestros señores se ponen de su lado?

¡Irás a luchar! ¿Y para qué?

Colocad las trampas.

Amén.

-¿Cuándo lucharéis? -Scott.

Quiero saberlo.

-¿Tenéis un plan? -No tengo ningún ejército.

-Ellos lo serán. -¿Y qué hay de ti?

Supongo que os matarán en vuestro lecho.

-Os cortarán el… -Scott.

Mi señor…

¿Alguna vez… has matado, chico?

-Sí. -¿El qué?

-Pollos. -Ajá.

Ardillas, aves, cerdos…

¿Y has matado a un hombre?

Eres un buen chico.

Eres fuerte y lleno de vida.

¿Pero sabes qué hace falta para ser soldado?

-¿Matar a muchos hombres? -No.

Para ser un buen soldado, primero debes ser…

un buen hermano.

Un buen amigo y un buen hijo.

Soy un buen hijo.

-¿Verdad, mamá? -Sí, Scott.

Cuando tengas la edad de Carney, estarás listo para luchar. Hasta entonces,

intenta ser un buen chico.

Luego un buen hombre.

Y eso es lo que implica ser un buen soldado.

Saber que luchas por lo importante.

-¿Y qué es lo importante? -Verás,

cuando seas lo suficiente mayor como para saberlo, estarás listo.

Ahora, por el momento, ¿por qué no coges este cuchillo...

y pelas un par de patatas para tu madre?

-¡Baja el cuchillo, Scott! -¡Él no es mi padre!

No es quién para mandarme en mi propia casa.

Scott.

-¡Suelta! -¡Scott!

Siento mucho que tu padre ya no esté con vosotros.

Siento mucho que muriera en mi guerra.

Siento mucho que no esté aquí

para ver cómo te conviertes en un gran muchacho.

Estaría muy orgulloso de ti.

Pero si lo que buscas es venganza,

una vida por otra,

¡toma la mía!

Tranquilo.

¡Scott! ¡Ven a practicar!

Muy bien. Empecemos por la postura.

-¡Me alegra veros caminar! -Sí.

Si mi ejército hubiera tenido a mujeres como tú,

creo que ya habríamos ganado la batalla.

Y has criado muy bien a tus hijos.

Bueno, he hecho lo que he podido.

Ahora dejad que os mire la herida.

Bien.

¿Qué fue lo que pasó?

Me perseguían tres soldados. Querían su recompensa.

-¿Estabais solo? -Sí.

Pensaba que el rey jamás salía sin sus hombres.

Los mandé a casa.

¿Por qué lo hicisteis?

Siento entrometerme.

Estaba convencido de que Dios me había elegido como rey.

Pero perdimos.

No fue dios quién me eligió, sino yo.

Todo cuanto hice para honrar su nombre y todo cuanto he hecho,

solo ha servido para enfurecerle.

Tuve un sueño.

Era rey y vivíamos libres.

-Pensé que era real. -Tal vez fuera una premonición.

Tu hijo, Scott, estaba conmigo en aquel sueño.

Abriros la capa.

Sí. Pronto marcharé.

-Aún no estáis listos. -Curarme es traición en estas tierras.

-Ya has hecho bastante. -He tomado la decisión de curaros.

Y haré lo que sea por defenderos.

Sé que sois el rey y yo vuestra sierva.

Pero hasta que no os recuperéis, seré la médica y vos mi paciente.

Y haréis cuanto diga.

Bien.

¿Podremos visitaros cuando recuperéis vuestro castillo?

No recuperaré mi castillo.

¿Cómo es vivir en un castillo?

¿Es diferente?

Sí.

Veréis… en el fondo, nada le pertenece a nadie.

Esta tierra ya estaba aquí antes que nosotros.

Cierto.

Y seguirá estando aquí.

Nadie puede poseerla.

-¿Ah, no? -No.

Quizá nosotros le pertenezcamos.

Quizás.

Ojalá viviera en un castillo.

Aunque tampoco diría que es mío.

Rey Robert, ¿es esta vuestra espada?

-¿De dónde la has sacado? -Mi tío me la ha dado, para reparar.

Ahora es vuestra.

-¿Así que eres herrero? -Soy aprendiz.

Un gran trabajo.

-Quédatela. -Es vuestra.

Será mejor que la devuelvas.

No es justo. Os pertenece a vos, el rey.

Harías mejor complaciendo a tu tío, en vez de arriesgar el cuello por mí.

Arriesgasteis vuestra vida por Escocia. Por todos.

Yo haría lo mismo por vos.

Tienes coraje.

¿Todo bien?

Hola.

Sufres por Scott.

Tranquila, no voy a llevarme a tu hijo.

No habrá más guerras, ni volveré a luchar.

Sí que lo haréis.

Escúchame, Morag.

Si pudiera,

me quedaría aquí contigo y los niños, ¿de acuerdo?

Desaparecería.

Sería un granjero con los pies embarrados.

No.

-Sí. -No.

No.

Diez mil mujeres, diez mil madres…

necesitan saber que sus hombres murieron por algo.

Tienes a tus hijos.

Cuídalos.

Las lágrimas de una madre no podrán cambiar el destino de mi hijo.

Nuestro destino está ligado al vuestro.

¡Tú te vienes conmigo!

¿Sabéis dónde es?

¡Cuidado!

¿Qué buscamos?

¿Qué es eso?

Mira dentro.

¿Esta es la corona?

Y yo os declaro…

reina de los bosques, las cañadas y las hadas.

-Reina Ballywiggle. -¡Preparaos para morir!

¿Entonces soy rey?

Buen tiro.

Ahora Scott.

-¡Es culpa suya! -¡Avísanos antes de salir, mamá!

-¿Listo? -Sí.

-¿Seguro? -Sí.

¡Quieto!

Vigila la rabia. Podría costarte la vida. Firme.

Vamos.

¿Qué te acabo de decir?

Separa un poco más los pies.

Estira el brazo. Ya lo tienes.

¡Mira, mamá! ¡Le he dado!

¡Muy bien, Scott!

He encontrado a the Bruce. Está en la granja de tu hermano.

-¿Te parece afilada? -Sí.

Y si el hombre que buscamos está vivo,

-voy a partirle la cabeza. -No lo pongo en duda.

Todos los chicos matan a sus enemigos y todos los enemigos son chicos.

¿De quién es la espada?

¿Por qué no le preguntas a tu novio?

-Su familia lo ha acogido. -Lárgate, muchacho.

Y no le ha dicho nada a Brandubh.

¡Lárgate, he dicho y llévate tú dichosa navaja!

Necio. Sí, un necio.

La espada más afilada del mundo desperdiciada a manos de un patán.

Papá, la espada que trajo Carney...

La grande.

¿Corre peligro?

Duerme, niña. El hogar.

Un trozo de pan, algo de cerveza,

y los días pasan volando como nubes en el cielo.

Para eso están las manos de un hombre.

Pero pensamos en el hierro y no en la sangre.

No.

No.

¡Briana!

¡Briana!

¡Briana!

¡Es cierto! Lo habéis acogido.

Siéntate.

Vienen de camino. Brandubh y sus hombres.

-Mi padre les ha fabricado armas. -¿Cuándo vendrán?

Por la mañana.

Carney. Si te vas, iré contigo.

Vale. Sí.

Tienes las manos heladas. Tráele algo de sopa.

Son ellos.

Sí.

¡Mamá!

¡Ya vienen, mamá!

Rápido. Meteos dentro.

Me habéis cambiado.

Habéis cambiado a vuestro rey y la tierra en la que viviremos.

Si tenemos que luchar, puede que algunos…

no volvamos a ver el atardecer.

Esa es la naturaleza de la guerra.

Pero sabed una cosa.

Ahora puedo ver en vuestros ojos...

lo que Escocia es capaz de ser.

Habéis sentido su miedo y su furia.

Habéis sentido el rugir de su espíritu.

Habéis derramado sus lágrimas y vertido su sangre.

Y habéis tocado la cruel y fría piel de su muerte.

Nosotros hemos visto a Escocia

aplastada bajo una mano implacable.

Y ahora, la liberaremos.

¿No merece la pena luchar por ello?

Sí.

Sí.

Sí.

Sí.

¡Sí!

¡Tío Brandubh! ¡Mira lo que sé hacer!

He estado practicando el arco.

-Sigue practicando. -Sí.

Ha llegado el invierno.

Los chicos cazaron un ciervo. Tenemos carne para pasar el invierno.

Me alegro de verte.

-¿De veras? -Sí.

Carney, ¿qué me has traído?

Parece nueva.

Te doy la enhorabuena.

Hice bien en dártela a ti, chico.

Está perfectamente equilibrada.

Pesada, pero resistente.

Su dueño estará encantado de recuperarla.

Aquí tienes.

Por tu trabajo.

Es una buena propiedad.

De pequeño, jamás pensé que Yorky acabaría siendo granjero, pero...

él era feliz aquí. Contigo.

Sí.

Es una pena.

Todo esto...

Su muerte...

Te dije que cuando volviera...

me llevaría a Carney conmigo a la aldea. Ya es mayor.

-Lo sé. -Vente.

Lo he estado pensando.

Ha sido un invierno gélido.

Sí. Desde luego.

Tengo trabajo que hacer antes de irnos.

Un mes, dos tal vez…

y me iré contigo.

¿Querrás ser mi esposa?

Sí.

-¿Y compartir mi lecho? -Ya he sido una mujer casada.

-Sé muy bien qué debo hacer. -De eso estoy seguro.

Vayamos dentro.

Primero deja que termine todas mis tareas.

-Luego podrás tenerme cuando quieras. -Llévame dentro.

-Ten paciencia. -¡Ahora!

-Por favor. -¿No has visto a nadie…

-durante el invierno? -¿A quién, aparte de los niños?

Otro hombre.

¿No has estado cobijando a un hombre aquí,

en la casa de mi hermano?

Llévame hasta él y te tomaré como esposa.

Protégele y no me dejarás otra opción.

Imagina a los niños. A Carney, a Iver, a tu Scott.

Y por supuesto, a ti.

A ti, Morag, ¡siendo pasto de los gusanos!

-¡Es nuestro rey! -¡Zorra!

¡Bastardo!

¡Peinad la zona!

¡Tiene que estar aquí!

¿Dónde está? ¡Llévame hasta él!

¡Llévame hasta él!

¡Basta!

Yo soy Robert the Bruce.

Vuestro rey.

Esta familia está bajo mi protección.

Soltad las armas.

¿Este es tu rey?

¿Y de qué está hecho un rey?

Sino de carne y hueso.

Vete…

o únete...

y no saldrás herido.

¿Que no… saldré herido?

En serio.

¡Es nuestro rey!

¡Señor!

¡Muere!

¡Carney!

¡Briana!

¡No!

¡Iver! ¡Me he quedado sin flechas!

¡Iver!

¡Iver!

¡Iver!

¡Iver!

¡Déjame en paz!

Quedaos ahí.

¡Muere! ¡Muere!

¡Muere!

Tú ve delante nuestro. ¿De acuerdo?

Buena suerte.

¿Cuál es tu nombre?

¿Y de dónde vienes?

¿Estáis con Inglaterra o con los Bruce?

¿Estáis con Inglaterra o con los Bruce?

¿Quiénes sois vosotros, que vagáis por mi bosque?

¿Robert?

¿Es Robert?

Venid. Esta familia me ha salvado...

y me ha mantenido con vida durante los meses de invierno.

¡Vamos!

¡Venga, chicos!

Ahora son mi familia.

No por sangre,

sino por el espíritu que nos une a todos.

Mi nombre es Angus, del clan McDonald.

Habéis hecho un gran servicio a vuestro rey y a Escocia.

Sois bienvenidos en nuestras tierras.

Tened por seguro...

que nuestro clan cuidará de vosotros y que podréis vivir en paz.

¡James!

¡James Douglas!

¡Mira qué he encontrado agazapado en el bosque!

Dime, Angus. ¿Qué has encontrado?

He removido cielo y tierra por vos.

Me alegro de verte, James.

Dijisteis que nos fuéramos.

Pero aquí estamos.

Ordenasteis que depusiéramos las armas,

pero las hemos mantenido afiladas...

y listas para vos. Por todo el país.

Decidme que nos liderareis.

Decidme que volveremos a luchar.

Durante el invierno, vosotros y yo,

y toda Escocia, hemos resistido.

Confiando.

Creyendo que nuestra lucha por la libertad volvería.

Este es el día que hemos estado esperando.

¡Nuestro rey vive!

Enviad mensajeros a cada aldea.

Decidles que es hora de alzarse de nuevo.

Decidles que es hora de luchar de nuevo.

¡Decidles que es hora de ser al fin libres!

¡Bruce!

¡Bruce! ¡Bruce! ¡Bruce!

¡Bruce! ¡Bruce! ¡Bruce!

¡Bruce! ¡Bruce! ¡Bruce!

¡Bruce! ¡Bruce! ¡Bruce...!

¡Bruce!

¡Bruce! ¡Bruce! ¡Bruce!

Y así acaba nuestra historia, Scott.

Tu historia.

Tu sangre nos hizo libres en Bannockburn.

Te veo en todas partes.

Estás… en la niebla de la mañana.

En cada pequeña criatura.

En cada riachuelo salvaje.

En la risa del atardecer.

Estás…

en mis sueños.

CON EL SACRIFICIO DE MILES DE FAMILIAS, ROBERT THE BRUCE UNIÓ A LA NACIÓN

TRAS GANAR LA BATALLA DECISIVA DE BANNOCKBURN.

EXPULSÓ AL EJÉRCITO INGLÉS DE ESCOCIA.

TRAS TREINTA AÑOS DE CONFLICTO,

INGLATERRA RECONOCIÓ LA INDEPENDENCIA DE ESCOCIA

Y EL INDISCUTIBLE ESTATUS DE ROBERT COMO REY DE LOS ESCOCESES.

EL PAÍS FLORECIÓ BAJO SU REINADO.

ROBERT NUNCA POSEYÓ UN CASTILLO COMO REY.

EN CAMBIO, VIVIÓ JUNTO A LOS SOLDADOS Y LAS FAMILIAS

DE QUIENES LUCHARON A SU LADO.

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