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¿Creían que estaba durmiendo?
Nadie en Forza d'Agro duerme durante el día,
excepto el domingo que echan un sueñecito en la iglesia.
Es un pueblo como cualquier otro, de cualquier otro lugar,
pero éste está en Sicilia.
Mis buenos feligreses son gente muy sencilla.
Trabajadores que siembran las tierras a su debido tiempo.
Y, también a su tiempo, con la ayuda de Dios,
crece la simiente y así, cuando ya es el tiempo,
recogen lo que habían sembrado y pueden criar a sus hijos.
Cosechas y pequeñuelos, es un pueblo normal.
Aunque será mejor decir que era un pueblo normal.
Porque un día llegaron las complicaciones.
Jessica, la nueva comadrona.
Un alboroto de pelo, una sonrisa fugaz.
Una chiquilla encantadora, un delicioso producto americano.
Una obra maestra de la naturaleza.
¿Saben lo que ha hecho a mis feligreses?
Ha alterado la buena marcha de los negocios.
Guapa, quieta.
Entorpece la puesta a punto de los medios de transporte.
Ésta es la mejor tetera de mi hermana.
- Peppi, has visto mi tetera? - No.
Por su causa, los propietarios se ven desposeídos de sus objetos.
Ha descendido la curva de producción del trigo y del maíz.
De todos los maridos, el único que puede citarse como ejemplo
es el alcalde del pueblo.
Pero, como se suele decir, ¿qué significa ayunar
cuando no se tiene hambre?
Mientras que los demás maridos sueñan con un banquete.
Señor, tenemos un gran problema.
Hola, padre.
Luego hablamos.
Hola, Jessica.
¿A dónde vas?
A casa de la Sra. Risino, mi primer alumbramiento.
Llegó el momento.
Todas las del pueblo están deseando ver cómo te desenvuelves.
¿Estás preocupada?
Soy una buena enfermera.
Pero no la juzgarán como enfermera.
Sí, lo sé. Jessica Brown Visconti, joven comadrona.
Una comadrona fuera de lo común.
¿Lo dice porque soy americana?
No, yo tampoco soy siciliano y me tratan como si lo fuese.
Pero en usted hay muchas cosas poco comunes en una comadrona.
Jessica, una pregunta. ¿Por qué vino aquí?
No lo sé, padre.
No tiene ninguna obligación de decírmelo.
No, no lo sé, de veras.
Verá, me he pasado la vida haciendo planes.
Cuando estudiaba, quería ser enfermera jefe.
Un día, en los pasillos del hospital de Passavant de Chicago, Illinois...
tropecé con un estudiante de medicina, Carlo Visconti...
y mis planes cambiaron.
Nos casamos en el palacio de su familia, en Palermo.
Mis sueños se iban cumpliendo, la boda, la recepción...
la luna de miel, pero lo que no planeamos
es un árbol cruzado en la carretera y Carlo iba demasiado deprisa.
Él murió y yo me salvé sin un rasguño.
Después de eso, ya no he hecho más planes.
Cuando recibimos su carta pidiendo una comadrona
no lo dudé un instante.
Es Priscilla, me han hablado de ella.
"Priscilla, al padre Antonio en agradecimiento por su ayuda
de los chicos de la Tercera compañía, Quinto regimiento, de los EE.UU.
Los muchachos americanos son tan generosos y entusiastas.
Y nuestras chicas tan guapas.
Bueno, no hablemos del pasado.
¿Ha pensado en volver a casarse?
Es lo natural, padre, pero he estado ocupada.
A ver qué solteros hay en el pueblo.
Están Peppi Torriello, el alguacil municipal,
que tiene una tienda de vinos can su hermana.
¿El tipo de la tetera?
¿Le conoce?
No, tiene razón. No funcionará.
Luego, está Edmondo Ramo.
¿Quién?
El Barón. No, tampoco sirve.
No es como su padre. Sería una equivocación.
¿Y por qué, padre?
Luego, está... ¡Gianni!
Buenos días, padre.
¿Qué tal?
Bien, Gianni. Este es Gianni Cruppi.
La Sra. Visconti.
¿Ha dicho señora?
Eso es. La Sra. Visconti es nuestra nueva comadrona.
¿Comadrona? ¿Usted? ¿Cuida de los bebés de otros?
Qué desperdicio.
Supongo que habrás aprovechado el viaje, Gianni.
¿Cuánto tiempo has estado fuera, dos semanas? Es bastante tiempo.
Sí, demasiado.
Nicolina debe estar esperándote con impaciencia,
Nicolina.
¡Gianni!
La Sra. Risino debe estar preguntándose dónde estoy.
Será un niño muy afortunado.
La primera cara que vea será la suya.
Si no me doy prisa, tal vez no.
Si es un chico, esperará.
Jessica, olvidaba una cosa.
Gianni es un muchacho afortunado.
Heredará la finca de los Lombardo algún día,
porque Maria Lombardo le ve como a un nieto.
Y lo será, porque va a casarse con su nieta Nicolina
dentro de pocos días.
Ah, esa chiquilla tan guapa y adorable.
Sí, con una abuela severa y autoritaria.
No se preocupe, no me siento tan sola. No quiero causar problemas.
Hija mía, tú ya eres un problema.
Mi madre.
Enseguida voy. Rece por mí.
Lo haré.
Desde que está aquí no he parado de rezar por todos mis feligreses.
¡Gianni!
¡Nicolina!
Hola, Gianni. Bienvenido.
Gianni, ¿dónde has estado?
Divirtiéndome.
¡Gianni! Te he echado mucho de menos.
¿Por qué has tardado tanto?
He tenido que vérmelas con el aceitunero más testarudo.
¿Le has convencido?
A tu abuela no le quedará más remedio que felicitarme.
Gianni.
Gianni, no.
¿Por qué no?
Nos van a oír.
¿Qué más da que nos vean?
¿Por qué te has entretenido por el camino?
Te he visto hablando con el padre Antonio y Jessica.
¿Quién?
La Sra. Visconti, la chica americana.
Es guapa, ¿verdad?
No me he fijado.
Ya.
¿Y por qué deberiá hacerlo? Una mujer casada, ¿qué me importa?
No está casada. Es viuda.
¿De veras? Y se llama Jessica.
Gianni, ¿qué estás pensando?
Estoy pensando en cómo debe sentirse.
¿Quién?
Jessica, la comadrona.
Conocer el amor, los brazos de un hombre,
unos labios que la besan y, luego, perderlo todo.
Nunca lo tuvo.
Su marido murió el día de la boda.
Entonces, es virgen.
¿Se olvida de la comadrona, Sra. Lombardo?
Usted nos dijo que iríamos a vigilar.
Quiero decir, a ayudarla.
La Sra. Risino está a punto de dar a luz.
Sr. Risino, está a punto, pero no debe preocuparse.
¿No pretenderá ver a su esposa ahora?
Gracias, no es lugar adecuado para un marido.
Cuando el niño haya nacido, sí. Ahora déjenos a su mujer y a mí.
Vuelva a su trabajo.
Tengo hambre.
Pero si acaba de comer. Vuelva al trabajo.
¿Por qué no?
Es sólo un arañazo. Váyase.
Quiero ver a mi mujer.
Está bien. Adelante.
Dios me valga. ¿Qué haces aquí?
-He venido para ver... -¿Para ver qué?
-Pues a la criatura. -¿Por qué?
¿Crees que no sé cómo se tiene a un hijo?
¿Quién ha tenido los otros ocho? ¿Tú? ¡Sra. Visconti!
Que se vaya de aquí.
¿Te duele?
"¿Te duele?" Échelo.
Vamos.
Antes nunca había dejado de trabajar para nada.
¿Por qué lo habrá hecho?
Señora, ¿puedo hablar con usted?
Váyase. Fuera.
Y no vuelva.
Le mandaré a uno de sus hijos con noticias, largo de una vez.
No podemos culparla. Le ha echado a empujones.
Pero, ¿ha tenido que hacerlo?
Hay que juzgarla por su trabajo.
¿Y si de verdad trabaja bien?
Imposible, os lo aseguro yo.
¿Trabajarías en el horno si fueses guapa como ella?
Les ha lavado la cara.
-Están desconocidos. -No hay polvo.
Qué bien huele.
¿Ya está? Suele tardar un días.
Venimos a ayudarla. ¿No hubo dificultades?
No.
Con la anterior comadrona, siempre las tuvo.
Siempre las tuvo. Filipella es estrecha de caderas.
¿Le gustan a usted los niños?
Me gustará mucho mi bisnieto.
Pondré todo mi cariño en el hijo de Nicolina y Gianni Cruppi.
Yo los quiero a todos. Son tan listos.
Apenas llegan al mundo, saben dónde está su sustento.
Gracias por venir a ayudar.
¿Y ahora qué me dice?
Me he equivocado.
¿Le parece buena?
Peor.
¿Peor?
Es honesta, buena y ama su trabajo.
Es irritante.
¿Cómo te ha ido?
Bien.
¿Del todo?
Sí, Mamma Parigi. Todo ha ido muy bien.
Eso había oído.
Hay tanta gente malintencionada en el pueblo.
Dame la cartera. Diantre, lo que pesa.
Debes de estar cansada.
Tenía muchas ofertas de casas para trabajar.
Has tenido suerte. Preferí la tuya.
Has dado una lección a Maria Lombardo y a las otras.
Ya estoy enterada de todo.
¿Cómo lo has sabido?
Esas cosas se saben enseguida, les has dado una lección.
Se me olvidaba, el viejo Cruppi tiene una infección muy fea.
¿Quién?
El viejo Cruppi, el jardinero del castillo.
El tío de Gianni, el joven que Maria quiere que se case con su nieta.
¿Conoces a Gianni?
Qué chico, ese Gianni. Si yo pudiera volver a los 55...
¿Qué le pasa a su tío?
Se ha hecho un corte en la mano.
Gianni quiere que vayas a curarle, pero tu no lo hagas.
Alcánzame esas tazas.
Con o sin infección, Cruppi es como un oso.
El café está listo.
Odia a los médicos y probablemente odie más aún a las comadronas.
No quiere pagar facturas pero tampoco quiere morirse.
Es un miserable.
Qué rica.
Será mejor que vaya a verle al castillo.
Te lo agradecerá mandándote a paseo.
¿El Sr. Cruppi?
Hola, soy Jessica Visconti.
¿Sí?
La nueva comadrona.
Señorita, se equivoca, yo no espero ningún niño.
Qué lástima, pero vengo por otra cosa.
Su sobrino Gianni...
Mi sobrino Gianni es un idiota.
Es posible, pero quiere saber cómo está su mano.
Ya la he visto yo.
Permítame que la vea.
¡No! No se lo permito. Que usted lo pase bien.
¿Teme que le cobre? ¿De verdad es usted tan tacaño?
Lo soy, ya lo creo que lo soy.
¿Tiene miedo de que le haga daño?
Claro que sí. También tengo miedo. Ahora, déjeme en paz. Adiós.
Está bien. Perdone que le haya molestado.
Señor Cruppi, ¿es cierto que usted es el mejor jardinero del pueblo?
Soy el mejor jardinero del mundo.
¿De veras?
¿Por qué?
Veo que pone tulipanes y enredaderas juntos.
y que mezcla todos los colores.
¿Y qué?
Desentonan.
Venga usted. Venga aquí. Mire. Mire esto.
¿Quiere saber lo que dicen de mis parterres?
Que son los más hermosos de toda Sicilia.
Tienen todos los colores del arco iris.
He plantado tulipanes más rojos que la nariz de un borracho,
lirios dorados como un rayo de sol,
geranios rojos, blancos y azules, todo en el mismo parterre.
Usted no me está describiendo un jardín, parece más una selva.
No entiende nada. Es el más bonito que existe.
Para los ojos y para el corazón.
También hay que pensar en las abejas.
Se alimentan de flores y les gusta cambiar de sabores.
Como a nosotros, como a todo el mundo.
Los ranúnculos como entremeses. De primero, los crisantemos.
De postre, las cinias.
Planto y cuido mis flores más para las abejas que para las personas.
Son menos ingratas que los hombres
y mucho más inteligentes que ellos, ¿no cree?
Se le ha infectado un poco, no es grave, pero no la use mucho.
Me ha engañado.
Sí.
No soy médico, pero déjeme que le diga
que no tiene muy buena cara.
Ya lo sé.
¿No podría llamar a un médico?
No, no puedo.
Supongo que ahora pretenderá que le pague por la cura.
Claro.
¿Cuánto?
El permiso de volver a ver su jardín.
Demasiado caro.
Entonces, me considero ya pagada.
Aunque, si por casualidad pasa usted por aquí,
puede venir a verme, siempre estoy con mis flores.
Gracias. Me encantará.
Hasta la vista, señor.
-Rosario, ¿qué te parece? -¿No faltan luces?
Si la novia nos ve bien, puede cambiar de opinión.
El trabajo que está dando.
Si Gianni es como mi marido, quedará enseguida como una pasa.
¿Por qué?
Los hombres se ponen muy nerviosos, Virginia.
¿Con qué?
Jessica, necesito su ayuda. Venga a ver esto.
Deberíamos celebrar una boda cada día.
Nicolina, ¿estás en casa?
Arriba, en mi cuarto, Jessica.
No se quede ahí.
Estamos todas aquí.
No me puedo quedar pero quería darte esto.
Es un vestido precioso. ¿Es suyo?
Sí.
Es una maravilla, igual que usted.
Jessica.
Quiero que lo lleves. Me lo regaló mi marido. Lo llevé en mi boda.
Me sentiré feliz de llevarlo en la mía. Gracias, Jessica.
¿Se desprende tan fácilmente de los regalos de su marido?
El recuerdo está en el corazón, no en las cosas.
Muy cierto.
No es costumbre aceptar regalos de extraños
No podemos aceptarlo.
Pero Jessica es mi amiga.
Sí, soy tu amiga, pero también una extraña.
Pero tu abuela sabe que no pretendía entrometerme.
Y yo sé también que ella no ha querido ofenderme.
Puedes quedártelo.
Adiós, Nicolina.
Adiós y gracias.
La ha convencido enseguida.
He cambiado de idea.
-¿Empieza a gustarle? -Empiezo a odiarla.
¿Por qué demuestra que está equivocada?
No hay tiempo que perder. Alcánzame los alfileres.
Aquí está otra vez.
Que no se escape.
Sírvele vino. Tiene que brindar por el novio. Date prisa.
-Un brindis por el novio. -Sí, un brindis.
Y un beso para el novio.
¿De qué tienes miedo? No muerde.
Sra. Lombardo, no se pierda el espectáculo.
Piense que es como un bebé, sólo que un poco mayorcito.
Tenía razón en tener miedo.
Jovencitos, ¿no vais demasiado deprisa?
El matrimonio aún no se ha celebrado.
Jessica.
Solo felicitaba al novio. Sus amigos insistían.
Padre, estoy a punto de perder mi libertad para siempre.
¿Tomará una copa con nosotros?
No, no.
Debo hablar con la Sra. Lombardo de algunos detalles sobre la boda.
Además, el barón me espera en el castillo y debo acudir.
Otro día será, excusadme. Mientras tanto divertíos.
Pero no demasiado.
Entendido.
Adiós, padre.
Jessica, recuerde que irá conmigo a la boda.
De acuerdo.
-Hasta la vista, Jessica. -Adiós.
No lo olvides, te recogeré.
Hola, Anna Maria.
Buenos días, padre.
¿Está el barón?
En el bosque, paseando a los perros.
Daré una vuelta, tal vez me lo encuentre.
Padre, le aconsejo que hoy no le pida ningún favor.
Está que no hay quien lo aguante.
-¿Quién lo ha dicho? -Señorito, ¿por dónde ha entrado?
-Por la puerta de servicio. -Usted perdone...
Está bien. Váyase afuera. Quiero decir, vaya adentro.
Buenas, padre, demos un paseo. Tengo que hablar con Cruppi.
Bien.
¿A qué debo el honor? ¿Necesita dinero para sus feligreses?
En efecto.
¿Cuánto pide esta vez? ¿O soy demasiado brusco?
No, le he traído una pequeña lista que quisiera leerle.
Si no me equivoco, la última vez dije que no a toda su lista.
Cierto, lo recuerdo.
Primer punto, Bugianni falleció hace un mes.
Su viuda está apenada, no tiene dinero para una lápida.
¿Qué le importa una lápida a un muerto? Ni hablar. Siga.
Debe asistir a la boda de Nicolina Lombardo y Gianni Cruppi.
Sabe que nunca voy a la iglesia. La respuesta es no.
No iré a la boda. ¿Qué más hay en su lista?
La hipoteca que tiene sobre la finca del viejo Vantorte.
Sí.
Una pierna de madera para el viejo Spani.
Sí.
Maria Lombardo es la matriarca de Forza d'Agro. Se lo debes.
¿A qué dedica su "no" esta vez, padre?
No quiere asistir a la boda de tu sobrino con Nicolina.
Claro que no, teme hacer a alguien feliz.
Me da pena, porque se parece mucho a su padre.
Yo no soy mi padre.
No hace mucho, usted era como él.
Quizá, no me acuerdo.
Bueno, me marcho. A ver si tú logras convencerle.
¿Por qué yo?
¿Porque eres un viejo gruñón y cabezota como él.
Tienes razón. Y con uno como yo basta y sobra.
No puedo ni levantar una piedra. El tiempo no pasa en balde.
Hijo mío...
todos estos años he intentado ser tu amigo
y nunca me he permitido darte consejos.
Pero abre las ventanas y que entre luz.
Abre las puertas y sal a la calle.
Crees que la gente es maravillosa y no debería encerrarme
tan sólo porque unos canallas, que se hacen llamar fascistas,
asaltaron a mi mujer y la mataron como a un perro.
Lo sé, fue un golpe terrible. Debes olvidarlo.
Tienes razón. Debo recordarlo.
¿Puedo hacer algo más por ti?
Sí. Ir a esa condenada boda.
Está bien.
Con una condición. que tú también vayas.
-¿Yo? -O no iré.
-Jessica. -Jessica.
Además, cómo conduce la vespa. Qué vulgaridad.
-Siempre va sonriendo. -Tiene una voz suave.
-Y cómo camina... -Y su cuerpo.
Perdone, padre. Me refería a su línea.
-Sus piernas ya son un pecado. -Tú sí que pecas al hablar así.
-Todas estáis celosas. -¿Yo? ¿Cómo puedes decir eso?
Ya está bien, basta.
Usted perdone, padre.
Hijas mías, ha llegado el momento de hablar.
Estáis disgustadas por culpa de Jessica.
Os hace infelices, muy infelices.
Queréis libraros de ella. No os culpo.
Debe ser una comadrona pésima.
No, es magnífica.
Bueno, es la verdad.
Tal vez, aquel fue un golpe de suerte.
Han nacido más criaturas. Seguro que lo ha hecho fatal.
No, al contrario. Es muy diestra.
Entonces, queréis libraros de ella
porque coquetea con todo el pueblo.
Siempre usa su sonrisa,
su dulce voz,
exhibe su línea de un modo escandaloso.
No, no hace nada de eso.
-¿No? -No.
Entonces, son los hombres que corren tras ella.
Sí.
Y descuidan un poco a sus esposas.
No sé vosotras, pero el mío tiene más atenciones que nunca.
Entonces, ¿cual es el problema?
-Estoy cansada. -Y no sólo eso.
Cada vez que se acerca, sé que piensa en ella.
-¿Cómo lo sabes? -Porque cierran los ojos, Virginia.
Dios mío.
Si tan mal van las cosas, debéis tomar una decisión
y decirle a Jessica que se marche.
Pero explicando las razones, a ella y a vuestros maridos.
Entonces, no hay nada que hacer.
Perdón, recordaba una historia muy graciosa.
Me la contó Tuffi. Es una historia sobre Lisistrata.
Sobre unas mujeres que vivieron hace muchos años.
Sus maridos se pasaban la vida en la guerra
y ellas ya estaban hartas.
Un día, decidieron decir que no a sus maridos.
Al cabo de un tiempo, dejaron de ir a la guerra.
¿Que ellas se negaron? No puede haber ocurrido aquí.
-¿En Sicilia? Jamás. -Al parecer fue en Grecia.
Hicieron huelga, una especie de resistencia pasiva.
Es una idea magnífica. ¿Os dais cuenta?
Sin hombres, no habrá hijos y se acabaron las comadronas.
Asunto resuelto. Es perfecto.
Debemos permanecer unidas.
-Haremos una votación. -De acuerdo, a votar.
Intervenga. Hágalas entrar en razón.
Pero yo pienso como ellas.
¿Tan poca confianza tiene en Gianni Cruppi?
Esa chica, Jessica, es como una hoguera
que prende en el corazón de todos los hombres.
Pero no es su culpa. ¿Por qué debe ser castigada?
No es un castigo.
No avivas el fuego que devora tu casa, lo echas fuera.
Va contra la naturaleza.
La naturaleza resistirá.
Es un pecado, es negar la vida.
No niegan la vida, se niegan ellas en persona.
En el fondo es una virtud.
Maria, eso sólo son palabras. Usted lo sabe.
Y sabe también, igual que ellas, que una esposa
no tiene derecho a negarse a su marido.
No hay más que añadir, hijas mías. Pensadlo bien.
Soy la más vieja y siento dejaros en este enredo, pero...
Cuánto me gustará ver a Musodino haciéndome carantoñas.
Si voto que sí, ¿no habrá más bebés?
-Exacto, ni un bebé más. -¿Y nada más de...?
-Nada más. -Pero es sábado.
-¡Lucia! -Vale, voto que sí.
¿Estará Nicolina de nuestra parte?
Yo voto que sí y ella tendrá que hacer lo mismo.
¡Huelga!
Todas las mujeres están en huelga desde hoy.
¿Huelga? Qué interesante. ¿Contra qué?
-Contra el sexo. -¿Qué?
No importa.
¿Quieres decir que no podré hacer el amor con Gianni?
Sólo por un tiempo.
Vais a ser muy felices juntos.
Hay otras muchas cosas en un matrimonio, ¿sabes?
La vida es larga y, por fortuna, tú eres aún muy joven.
Tienes muchos años por delante, Nicolina.
Así sabrás si Gianni te quiere de verdad.
Pero ya lo sé.
Te lo estoy pidiendo, Nicolina.
Será mucho más difícil para Gianni.
A un hombre joven, le conviene un poco de paciencia. Le hará bien.
Entonces, ¿me lo prometes?
Haré todo lo posible, abuela.
Las intenciones de un Lombardo valen más que los logros de otros.
Estoy segura de que mientras estés bajo mi techo, cumplirás la promesa.
Y comprobarás que sé más de lo que piensas.
No olvides que mientras Gianni esté ocupado en conquistarte
no tendrá tiempo para pensar en otra mujer.
Eso lo han descubierto muchas esposas.
Pero no hay otra en quien pensar.
No estés tan segura.
Éste es otro descubrimiento de las esposas.
Abuela,
¿te refieres a Jessica? Sé que es muy guapa.
Pero Gianni me quiere sólo a mí.
Querida, el amor es para los domingos.
Recuérdalo bien, por muy enamorado que pueda estar un hombre,
si se le presenta una buena ocasión, pica.
Tienes mucho que aprender y tiempo de sobra para ello.
Pero por ahora prométeme esto.
Sí, supongo.
Bravo, bien por mi nieta.
Abre la puerta. ¿A dónde quieres que vaya a dormir?
No me importa, vete con tu tos a dormir en la panadería.
¿Por qué he esperado a tener nueve hijos?
¿Por qué no se me ocurrió antes?
No es la primera vez que pasa.
Sucedió hace muchos años en Grecia.
-Es la historia de Lisistrata. -Ven a acostarte.
Sus maridos estaban siempre en la guerra y estaban hartas
así que hicieron una huelga y al poco tiempo...
¡Filippo!
Amados hijos míos.
Es el lugar reservado al barón.
¿Qué?
Que ahí no se puede sentar. Es el sitio del barón.
Doy cuenta del compromiso matrimonial
entre Gianni Cruppi y Nicolina Lombardo,
ambos feligreses de esta parroquia, el próximo sábado.
Ésta es la segunda amonestación.
Mi sermón de hoy está basado en la epístola
de San Pablo a los Efesios, versículo quinto.
La esposa debe obedecer al marido igual que obedece al Señor.
Porque el esposo es la cabeza de la mujer.
Y las mujeres deben obedecer a sus maridos
en todas las cosas.
El padre Antonio ha estado muy elocuente.
-Lo he intentado y fíjate. -Pon más empeño.
Esta noche, cuando te acuestes, recuerda que estoy contigo.
No ha hecho más que hablar de usted.
Es la primera vez, en 30 años
que oigo a mi tío hablar bien de alguien. Es un viejo cascarrabias.
No, es un viejo muy sabio.
Buenos días.
¿Cómo están mis niños?
Vámonos, niños. Marchando.
¿Antonio?
¿Cómo está, señora Lombardo? ¿Le preocupa algo?
Nada, nada.
¿Y tú, querida? Pareces una jovencita de 18.
¿De veras?
Nicolina, tu boda se acerca. Estoy contenta por ti.
Gracias, Jessica.
¡Nicolina! ¡Gianni! Vamos.
Adiós, Jessica. Vamos.
Hasta la vista.
-Toma, bebe. -No, no quiero emborracharme.
Lo que quiero es...
Qué día tan hermoso, padre.
Me gustaría únicamente que mi pobre Roberto pudiera verlo.
Su pobre Roberto habría podido con todos.
Sí, les ganaba a beber, a bailar y a enamorar.
Venga, vamos a bailar.
No pasa nada. No están casados.
El barón.
-Hola -Me alegra que haya venido.
-Buenas tardes. -Qué agradable sorpresa.
No podía faltar a la boda de mi ahijada
con el sobrino de mi viejo amigo Cruppi.
A propósito, ¿dónde está Cruppi?
Tenía algo que hacer pero ahora vendrá.
Más le vale.
Señora,
¿me honra tomando una copa conmigo?
Naturalmente.
Mire a mi mujer.
¿Tienes celos, Luigi?
¿Celos? Nada de eso.
Pensaba que si estuviese aquí la americana
nadie se fijaría en Nunzia.
He dejado a Jessica vistiéndose para venir...
esperando a eso.
Se suponía que pasaría a recogerla.
Sr. Cruppi, pero yo... ¿Dónde está Rosario?
Borracho como una cuba.
¿Aún no está lista?
¿Es para mí?
Pues claro, para usted.
Entonces tome usted esto.
¿Estoy bien?
Va a coger frío. Vamos.
Un momento.
Para usted.
Y con esto no cogeré frío.
Iremos así.
Vamos.
Hijos míos, no tengo que echaros ningún sermón.
Ni siquiera tengo un regalo, sólo mis mejores deseos.
Es mejor amar
es mejor, si quieres
Es mejor amar
que ser amado, si puedes
Es mejor amar
Es mejor, si lo haces
Es mejor amar
que ser amado
El don de amar reside en dar
Y tendrás una vida llena de vida
Es mejor amar.
Es mucho mejor, si puedes
Es mejor que ser amado
Que ser amado, si quieres
Es mejor amar
Es mejor amar, si quieres
Es mejor que ser amado
Que ser amado, si puedes
Es mejor dar amor
Es mejor, si puedes
Es mejor amar que ser amado
El don de amar reside en dar
Y tendrás una vida llena de vida
Es mejor amar
Es mejor, si puedes
Vaya, mi viejo amigo Cruppi.
Olvídalo. Vamos.
Le dijimos a Rosario que no la trajese.
Lo sé, Rosario me lo dijo.
¿Cómo lo ha sabido Cruppi?
El pueblo es muy pequeño y la gente murmura.
No la había visto nunca. ¿Es de aquí?
Eso sí que es una pregunta, hijo mío.
Mi Roberto decía que no hay buena boda si no hay palos
pero a mí no me gusta.
¿Qué espera de un pueblo que tiene un volcán por almohada?
-Sí. -¿Qué?
¿Un poco más de vino, Jessica?
¿Debo aceptar?
Como quiera.
Entonces, no. ¿Cómo sabe mi nombre?
El padre Antonio me habló de usted.
Bueno, un poco más. ¿Y qué le ha dicho?
Que trae locos a todos los hombres del pueblo.
Eso.
Pero no me ha dicho quién la trae loca a usted.
Ninguno de ellos me gusta.
¿Quiere hacerme creer que ninguno de esos bronceados
y musculosos jóvenes la atrae?
Ser joven no es bastante. Vale más no serlo tanto.
Ya.
De joven no se aprecian las cosas.
Al paso de la edad, se mejora, o se debería mejorar.
Los sentimientos son más delicados.
Entonces, yo le convengo. Por eso, me ha traído al jardín.
-Cuando quieras, querida. -¿Estás cansado?
Algo, pero si quieres quedarte...
Sólo mataba el tiempo mientras te esperaba.
-Gracias, Pasquale. -Antonio.
Sí, claro.
Me encanta el vino.
Está bien. Se llama Giuseppe,
su barco pesquero está en Taormina,
mañana se hará a la mar con su flota,
y volverá dentro de un par de semanas.
Cuénteme algo más.
No hay más, pero soy un hombre afortunado.
¿Porque se va mañana?
Porque la he encontrado esta noche.
¿Está seguro de que es usted un pescador?
Si, ¿por qué no?
No lo sé, suena...
suena tan aburrido.
No sé, no sé cómo explicarlo.
¿La pesca es aburrida?
¿Usted la encuentra emocionante?
Sí, si el adversario vale la pena, si sabe luchar,
si es un pez combativo... Entonces, es emocionante.
No hay hombre en el mundo, rico o pobre,
que no obtenga la presa si sabe esperar el momento.
Eso es cruel.
¿Cruel? Es la presa la que va hacia el anzuelo
y no el anzuelo hacia la presa.
El caso es que el pez no tiene escapatoria.
¿Para qué necesita una escapatoria?
Si yo no lo pesco, ¿qué haría con su vida?
Pobre pececillo.
¿Qué?
No importa.
Casi se me olvida.
¿Está casado?
No.
¿Tiene novia?
No.
¿Amante?
No.
Entonces, nadie sufrirá.
Luigi, es tarde, cierra el balcón y ven a la cama.
Por eso las mujeres dejan que sus maridos se emborrachen.
-Para que no puedan... -Claro.
Está muy bien que os emborrachéis todas las noches durante meses.
-¿Tú también, cariño? -Yo también, ¿qué?
¿También formas parte de esta conspiración?
-Sí, soy una mujer, ¿no? -Salta a la vista, querida.
-¿Qué estás mirando? -A una mujer.
-A una mujer de lo más deseable. -¿Quién?
Tú, Nunzia.
¡Luigi!
Para mí eres tan apetitosa como la fruta prohibida.
-¿Te has vuelto loco? -He atravesado el Rubicón,
he cruzado el puente, debo confesar que, en este momento
te encuentro irresistible.
No sé si será por la luna, pero algo me ha pasado.
Tengo que enfrentarme a este reto como un hombre.
-No puedo explicarlo. -No hace falta.
Nicolina.
Mi abuela puede oírnos.
No oirá nada que no se imagine ya.
Nos va a oír.
Gianni, ahora no.
¿Por qué no?
Tengo sueño.
No has estado más despierta en tu vida.
Antes tenemos que hablar,
como personas civilizadas
y decidir qué... Gianni...
No, no puedo.
No te resistas, pequeña, te quiero.
Sí, ya lo sé y yo también te quiero a ti, pero no sé...
Nicolina, deja que te diga una cosa.
Todas las chicas tienen miedo, pero, luego, les gusta mucho.
Confía en mí, no tengas miedo.
¿Miedo? ¿Quién tiene miedo?
Gianni, tengo una idea. Vamos a los frutales.
¿A los frutales? ¿Ahora?
¿Quieres cambiar el calor de la cama por el frío de fuera?
Sí, por favor, Gianni, por favor.
Quiero que nuestra primera noche sea baja las estrellas,
bajo la luna y sobre la suave hierba.
¿Quieres dormir en los frutales?
Entonces iremos.
Los zapatos.
Vamos, loquita, date prisa. Date prisa.
Gianni.
Mis manos no parecen haber cambiado.
¿Esperabas que cambiasen?
Los árboles están igual.
El sol brilla como siempre. Nada ha cambiado. Sólo yo.
Gianni, ya nunca volveré a ser la misma.
Y, por fin, se marcharon los novios.
El marido tiene unos ojos de fuego oculto.
Tiene suerte esa muchacha.
Ese chico es un premio.
¡Jessica! ¿Necesitas hacer tanto ruido?
Esas plumas chocando ahí dentro.
Tú lo pasaste mucho mejor anoche. Vino y amor.
Yo sólo tuve vino.
pero, cuando te vi salir con el barón...
¿Te refieres a Giuseppe?
¿Quién es Giuseppe?
Es más alto y guapo, con esos ojos...
y esa sonrisa cruel...
pero no es nada cruel.
El que yo digo, el hombre que te acompañó al jardín.
El barón Edmondo, el dueño del castillo.
¿Giuseppe es el barón?
Hace años que le asedian mujeres de toda Sicilia.
Hasta hoy, a ninguna de aquí le ha hecho el menor caso.
Contigo habrá hecho una excepción, porque eres extranjera.
¿Estás segura de que el hombre con quien me viste anoche era...?
Era el barón. Seguro, te lo digo yo.
Para los hombres tengo aún vista de lince.
A propósito, anoche pasaba algo raro.
Los maridos, todos borrachos y todas las mujeres contentas.
Algo estarán tramando y debe ser contra ti.
Y está a punto de estallar.
Me muero por ver qué es.
Lo vas a ver ahora mismo.
¿Por qué no me dijo que era una huelga contra mi?
Te habría puesto furiosa.
¿Y por qué no las ha detenido?
Luchan por las dos cosas más importantes de sus vidas:
su marido y su hogar. No puedo hacer nada.
¿Cree que tienen derecho a hacerme esto?
Tienen derecho a defender la familia.
¿Qué mal les he hecho yo si puede saberse?
Estar aquí.
Hija mía, eres lo que llamamos la oportunidad del pecado.
Una tentación para los maridos y un tormento para las mujeres.
Ninguno me ha tocado.
No, pero estás en sus sueños.
Y eso, las mujeres no lo pueden perdonar.
¿Y si yo quiero quedarme?
Estás en tu derecho, hija.
Entonces, ¿qué debo hacer?
Yo no puedo decir nada, Jessica. Debes decidirlo tú.
Sí, claro.
Gracias, padre.
¿Por qué no me dijiste que era una huelga?
¿Qué importancia tiene? ¿Mantuviste tu palabra?
Sí, claro.
-Espero que no te arrepientas. -Claro que no.
Y quítate esas hierbas del pelo.
-¿Algo más? -Sí. Hilo marrón.
Tiene los calcetines llenos de agujeros.
Empieza bien.
Pareces cansada. ¿No has dormido bien?
He dormido muy bien pero poco como sabéis.
Como todas sabemos.
¿A quién se lo contáis? Si le vieseis a él...
No consigo verle la gracia.
¿Tiene idea de lo que ha hecho?
¿De verdad encontráis gracioso
que nos haya traicionado, humillado, saboteado?
¿A nosotras?
Sí, a todas nosotras.
No sé tú, pero yo hace tiempo que no cierro la puerta de mi habitación.
Podéis reíros, pero si no fuera por mí
tal vez alguna estaría ahora llorando.
Soy la única que ha visto el peligro que suponía esa Jezabel.
Y la primera en adivinar sus planes.
La primera en ver que iba a emplear su diabólica belleza
para robarnos a todos los hombres del pueblo.
Buenos días, señoras.
El padre Antonio me ha contado lo de la huelga.
Y me iba a ir, pero eso era antes de oíros.
Mi diabólica belleza. Qué palabras tan envenenadas utilizan
para sus malos pensamientos. ¿Robar a los hombres?
Soy inocente y lo saben.
Pero queréis libraros de mí porque pensáis que os traeré problemas.
Pues vais a saber lo que son los problemas.
¡Qué insolencia!
Qué bella es Jessica
Qué mujer tan bella
No hay una igual en todo el mundo
Jessica, Jessica
Cuando Jessica entra en el pueblo
el pueblo se revoluciona
y todo está patas arriba cuando está Jessica
Jessica, sonríe con la mirada
tiene un pelo muy atractivo
Jessica tiene unos labios tiernos
y un pelo color miel
El panadero no puede hacer las tortas
El granjero se queda apoyado en el rastrillo
Todo está lleno de romance por Jessica
Por Jessica, bellísima
Qué chica tan maravillosa
Está todo lleno de romance por Jessica
La bella Jessica Qué bella es Jessica
Eso es.
Ahí está.
Señor, tengo que confesar
me temo que he armado un follón
no puede ser culpa tuya
Así que debe ser culpa mía
Las mujeres del pueblo tienen razón
y los caballeros también tienen mucha razón
Y Jessica también tiene razón
Pero todo está mal
Mi pequeño pueblo está patas arriba
Mi pequeño y tranquilo pueblo
Mi pequeño pueblo está patas arriba
con Jessica por aquí
Las mujeres del pueblo tienen razón
y los caballeros también tienen mucha razón
Y Jessica también tiene razón
Pero todo está mal
No puedo culpar a los hombres
No puedo culpar a los hombres
Ah, men.
Perfecto. Un ejemplar perfecto.
Proporciones exquisitas. Extremidades largas.
Y figura esbelta.
Es la gran ocasión que tanto esperaba. Buenas tardes, Jessica.
Nunca había visto algo tan perfecto y he visto bastantes.
Un momento...
No es fácil distinguir al macho de la hembra...
pero esta vez no me cabe la menor duda...
es un abuelo macho peludo.
¿Qué?
Una araña.
¿Dónde está?
Ya se ha escapado.
¿Le interesan las arañas?
No, a mí no, pero celebro que le interesen a usted.
Es mi afición, estoy escribiendo un libro.
¿Sobre las arañas?
Qué orden, qué paciencia, qué obstinación...
qué infinita delicadeza se advierte en sus obras de arte.
Piense por un momento en un tela de araña.
Es una trampa peligrosa llena de gracia y de belleza.
Se puede dedicar la vida a describirlo.
-Ahí viene. -Buenos días.
No quiero que nadie me distraiga.
Necesito estar solo para poder revivir lo de hoy.
Ha sido una experiencia única, maravillosa.
¿Bueno?
-Pobrecilla. -Qué pena.
-¿La americana? -Sí, desnuda.
Es una araña.
Luigi, qué dulce.
Pues yo ahora, cariño, tengo una noticia para ti.
Pronto serás padre. ¿Qué me dices?
-¿Padre? -Sí.
Luigi. Luigi.
Bravo, Tuffi.
Es usted un verdadero siciliano.
Ya lo veis. No acostumbro a perder el tiempo.
-Vamos beba un trago. -Beba.
No, idiota. Cavas demasiado.
Dos dedos de profundidad, como me ha dicho.
Ahí hay más de los dedos. Vas a ahogarla.
Vamos, déjalo.
Matará todas las flores.
Sí, es una pena, pero no se levante.
Se lo he repetido cada día durante cuatro semanas
pero no escucha.
Si no escucha, no aprenderá.
Tendrá que volver a ayudarle.
Está bien.
Usted es la única que me hace caso.
Nadie más. Nada más.
Estas dichosas piernas tampoco quieren obedecerme.
Ni siquiera puedo sostenerme en pie.
Hay tanto que hacer aún y me queda tan poco tiempo.
¿Se da cuenta de cómo me he echado a perder con sus cuidados?
¿Por qué ha hecho esto?
¿Quién más se atrevería con su mal genio?
Tengo madera de santo.
Y Dios sabe que soy mucho más interesante.
Bueno, vaya a ver a ese muchacho antes de que me estropee todo.
Ande, ande, quiero dormir.
No me haga favores
pero si por casualidad pasara mañana por aquí...
Pasaré.
¿Qué le parece?
Horrible, si lo hubiese hecho a drede, no habría sido peor.
¿Me lleva a casa en la vespa?
¿Por qué?
Porque todos lo verían y eso sería muy grave.
Volviendo a la siembra, lo hace deliberadamente.
Su tío y yo le hemos explicado muchas veces como se hace.
Se planta profundo, pero no tanto.
Las rosas...
Vaya, Gianni. ¿Tan rápido?
Estaré fuera una o dos semanas. Ocúpate de tu tío. Cuídate.
Cuando vuelva, lo arreglaré
pero no se lo digas, es testarudo.
Hace semanas que debería haber ido al hospital.
Ya estaría muerto.
¿Experta en defunciones?
No, en pesca.
Qué sorpresa. Creía que de eso sabía poco.
Ya ve, aprendo enseguida.
Una gran suerte para sus amigos.
Dese prisa, si quiere venir conmigo en la vespa.
Gianni, da recuerdos a tu mujer.
-¿Nos vemos mañana? -¿Por qué no?
Gianni, llegas tarde.
El padre Antonio y la abuela ya han terminado de cenar.
Te estaba esperando.
Hola, Nicolina.
No quiero que esa mujer entre en mi casa.
¡Nicolina!
Ya lo sabes. Que se vaya.
Quédese a cenar con nosotros.
No, nos veremos mañana.
Siempre que te dejen salir de casa.
Hasta la vista. Gianni.
Gianni, ven aquí.
Usted vieja, métase en sus cosas. ¡Nicolina!
Gianni, quiero hablar contigo.
Es pronto para la misa.
¡Nicolina!
¿Dónde está mi cena?
Gianni, por favor, no me trates así.
Avísame cuando esté puesta. Esperaré en el establo.
Gianni...
Y hazme la cama en la habitación pequeña.
No sé qué hacer, pobre de mí.
Ni yo tampoco, pero lo intentaré.
No estoy seguro de que esto fucione.
Por una parte, tengo a Edmondo.
Por otra, a la muchacha.
Y me parece que Edmondo puede salvar la situación
y ella salvarle a él. Tengo que intentarlo.
Aunque sé que es arriesgado.
No, padre, no es arriesgado. Es una locura.
-Bonito, ¿verdad? -Precioso.
Entonces, ¿lo hará?
No lo sé.
Parece que la muchacha no ha hecho más que bien.
Ha traído al pueblo optimismo y alegría.
Así es, lo ha llenado de vida.
¿Y aún así quiere que la eche?
Exacto.
¿Y no puede explicarme el motivo?
No.
Está bien.
En cuanto vuelva, le complaceré.
Cuénteme algo más de ella.
No se preocupe, cuando llegue el niño yo estaré con usted.
Quería estar segura.
Puede estarlo.
¿Cuántas embarazadas?
Con éste, tres seguros y cuatro probables.
Siete chicos que vendrán en secreto y con regalos.
Y está en camino otro.
¿Quién es?
¿Ella? No puede ser.
Ahora voy.
Sra. Visconti, será una sorpresa para usted.
Olvida la sorpresa. ¿Quién es el hombre?
-Mi hermano Peppi. -¡Su hermano!
Mi hermano Peppi, alguacil municipal de Forza d'Agro...
Sra. Visconti.
Como alguacil municipal de este pueblo
he recibido el encargo de leerle lo siguiente.
Jessica, si quiere oponerse, la ayudaré.
El barón Edmondo Ramo dispone
que la señora Jessica Brown Visconti
desaloje su casa en el plazo de 15 días
a contar desde el de hoy. Firmado, Edmondo Ramo.
Legalmente, puede hacerlo, pero yo podría encontrar el modo...
¡Cómo te atreves!
Por usted, Jessica, haría lo que fuese.
¿Así están las cosas?
Es una pelandrusca, una desvergonzada, alguien despreciable.
Peppi, hablo contigo.
¿A dónde vas ahora?
Me voy a la taberna. ¿Por qué no te vas al infierno?
¿Qué desea? ¿Qué quiere?
Es usted.
Quiero hablar con usted.
¿De qué se trata?
Bien, venga adentro.
No tema, el pescador espera que vayan al anzuelo.
Por favor.
Siéntese.
No estoy cansada.
Como quiera. Bueno, veamos...
Ya veo.
¿Por qué me ordena que desaloje mi casa?
Es mía.
Le pago el alquiler.
Entonces, ¿por qué?
Por nada en especial.
No me quiero ir.
Pues no se vaya.
Me pidieron que hiciese algo. Lo hice. Y ya está.
-¿Una copa? -No.
¿Tiene miedo?
Sí.
Está bien. Váyase.
¿Aún está aquí? Qué amable.
Por favor.
Giuseppe, Edmondo o como se llame usted.
¿Por qué me ha mentido?
No lo sé. Por costumbre.
Digo la verdad y quieren mentiras. Miento y quieren la verdad.
Pero no me disgusta que lo haya advertido.
Yo también me he dado cuenta de sus mentiras.
¿Qué mentiras? No le he mentido.
Daba la impresión de que le gustaba vivir aquí dedicándose a los niños.
Y, en realidad, se dedica a los padres.
Eso ha sido después y nunca ha sido en serio.
¿Era una broma?
A mí también me gustan las bromas, pero las bromas sobre mi gente
que vienen de intrusos.
Quizá no esté siendo justo.
Quizá esté usted realmente enamorada de Gianni Cruppi,
Antonio Risino, Pietro Musodino,
Filippo Casabranca, Peppi Torriello...
¿No se olvida de su jardinero?
¿También del viejo Cruppi?
Creía que era una artimaña para engatusar a su sobrino.
Supone que soy demasiado hábil.
Nada de eso, aprecio el talento cuando lo descubro.
Me alegro por usted.
Y, ahora que tengo su voto, veo de dónde viene la unanimidad.
Estoy harta de que todos me estén observando
y decidiendo si soy bastante buena para vosotros.
Creo que ya es hora de que decida si vosotros sois buenos para mí.
¿Pues sabes qué? Que no. Empezando por usted.
Jessica.
Pensaba que Gianni estaba aquí.
No.
No ha vuelto a casa y he pensado que quizá estaba aquí.
No.
Jessica, no se lleve a mi marido.
Le sería fácil si quisiera y yo no podría hacer nada.
Pero no lo haga.
¿A qué viene todo esto? Yo no lo quiero.
No quiero a ninguno.
¿Cuándo vais a entender que no es de mí
de quien debéis tener miedo?
Sino de vosotras mismas. Y no miedo, vergüenza.
¿Cómo dudáis de vuestros maridos tan fácilmente?
¿No confiáis en ellos?
No importa.
No debes preocuparte por Gianni, Nicolina.
Nunca debías haber dudado. Te acompañaré a casa.
Jessica, mi tío se muere, quiere que vaya a su lado.
Gianni.
Nicolina.
Déjame ir también.
¿Dónde diablos se ha metido?
No te entiendo. ¿Qué dices?
Que dónde diablos se ha metido.
Quieto, no te muevas. Ya vendrá.
¿Sufre, padre?
No.
¿Usted qué sabe?
Se creen que me estoy muriendo.
¡No me hagan rabiar! Tendrán una sorpresa.
Bueno, pero ahora debe descansar.
Quiero ver mi jardín.
Luego. Ahora no debes fatigarte.
Luego, no habrá tiempo. Ayúdeme a levantarme.
¿Qué pasa?
Mi jardín... Jessica.
Sí, hay tormenta.
Quiero verlo. Quiero verlo.
Ayudadme. Ayudadme.
60 años de trabajo.
Toda mi vida dedicada a este jardín y se acabó.
Habrá que plantar de nuevo.
Lo haremos por ti.
¿De veras?
¿De verdad, Jessica?
Sí, y exactamente igual. Flor por flor.
No me la juguéis, recordad que os esperaré ahí arriba.
Padre, si reza por mí, ¿cree que podré subir?
Haré lo que pueda.
Entonces, será mejor que empiece...
enseguida.
-Edmondo. -Dime.
Me muero, ¿verdad?
Dime la verdad.
-Sí, es verdad. -Bravo.
Y, aunque esté medio muerto, estoy más vivo que tú.
Espabila, hijo. Espabila.
Jessica.
Estoy aquí, Cruppi.
Calla, no hables.
¿Que no hable?
Sabe muy bien que nada puede impedirme que...
En nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Amén.
Da pena, pero nos vamos a Roma a olvidarlo todo...
aunque Maria Lombardo y las otras nos han enviado sus excusas...
nosotras seguimos profundamente heridas.
Apriete un poco más esa correa.
Eso es, gracias. ¿Ya has hecho el baúl, hijita?
Entonces,s pídele al padre Antonio que lo cierre.
Jessica, no sé qué podría decirte.
Jessica, se nos olvida la fotografía...
de nuestro pobre difunto marido.
Perdone, padre, ¿qué decía? ¿Le he interrumpido?
No te vayas a Roma.
¿Por qué no debemos ir?
Jessica, he cometido un error.
Hablé con Edmondo para que te dijese que te fueses.
Yo sólo quería poneros frente a frente...
porque estaba seguro o esperaba...
creía que... en fin...
que me he equivocado.
Sólo un gran hombre reconoce sus errores.
Nosotras le perdonamos.
Bueno, ¿cerramos el baúl y nos ponemos en marcha?
¿No te quedas?
Por mi culpa.
No, padre, no es por usted.
¿Por las mujeres?
No, tampoco.
Entonces, ¿por quién?
No lo sé.
Creo que yo sí.
El barón.
Justo estaba por decirlo.
¡El barón!
¿Cómo?
-Temía que se hubiese ido ya. -Estábamos a punto.
-Vamos, Jessica. -Por favor, espere.
Lamento mucho, presentarme así y también muchas otras cosas.
Lo que usted siente por lo niños, lo siento yo por las promesas.
Y quisiese que fuesen cumplidas.
¿De qué promesa está usted hablando, Sr. Barón?
Vamos, Mamma Parigi. Vamos, fuera.
¿Por qué?
Usted prometió plantar de nuevo el jardín de mi amigo.
¿Cómo ha proyectado hacerlo?
Mezclando todos los colores. Parecía una selva.
Así es como queremos que sea y yo creo que una selva...
es el jardín más hermoso del mundo.
Barones.
Os anuncio el nacimiento del hijo
del Sr. y la Sra. Luigi Tuffi.
Enhorabuena.
Dos varones.
¡Dos chicos!
Dos chicos han tenido el Sr. Y la Sra. Tuffi.
Peppi, dos chicos.
Me he resbalado.
La madre y los hijos
y el padre,
todos están bien.
El tema de mi sermón de hoy será
"Cuando el fruto está maduro
es tiempo de cosechar".
Os ruego que os unáis a mi en acción de gracias.
Te damos gracias, santísimo Padre...
por habernos indicado el camino de la verdad...
y de la cordura, del amor y de la comprensión...
Sólo así nos es posible a nosotros, pobres humanos,
recoger el fruto de nuestro trabajo, de nuestra vida,
en concordia y hermandad.
Rogamos que continúes velando por nosotros
y que nos guíes por el camino de la paz.
Porque sin tu ayuda podemos equivocarnos.
Señor, cuánto podemos equivocarnos.
Qué bella es Jessica
Qué mujer tan bella
No hay una igual en todo el mundo
Jessica, Jessica
Cuando Jessica entra en el pueblo
el pueblo se revoluciona
y todo está patas arriba cuando está Jessica
Qué bella es Jessica
Qué mujer tan bella
No hay una igual en todo el mundo
La bella Jessica
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