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Original subtitles

¿Porque ralentizáis el paso? ¿Ya estáis cansadas?

Pero llevamos cabalgando desde el amanecer. Estamos molidas.

No nos pararemos nunca... Deseo un servicio y mirarme en un espejo.

¿Estáis cansado, conde?

No, general, pero si lo necesitáis podemos pararnos un rato.

¡Socorro, un bandido me ha capturado, socorro, conde de Baldoca!

Para de lloriquear. Te haré bajar ahora mismo.

Fantaguirò, eres tú.

Oh, Carolina.

No te había capturado nadie. Sólo te habías enganchado a una rama, y Fantaguirò la ha abatido.

¿Quién es ésta? Eres tú, querida.

¿Yo? Soy víctima de un maleficio. ¿Quién me ha transformado?

¡Es culpa tuya! Tu has convencido a nuestro padre. ¡Mírame!. Doy lástima.

Bien general, tenías razón, quizás sea mejor pararnos, acamparemos aquí.

No, estas deslumbrandome. ¡Déjala!

Tiene un brillo único... si quieres puedes reflejarte en ella.

Guardala, si no los ojos serán deslumbrados por ella.

¿Qué te pasa? Estás raro...¿Te has arrepentido de haber lanzado el desafío?

¡Buenas noticias, Romoaldo!

Tres caballeros están ya en el camino... Tendremos uno para cada uno.

¿Qué te pasa? ¿Estás preocupado?

¿Qué quieres hacer? ¿Qué te pasa por la mente?

Dictaré una proclama,una proclama real.

¡Oid, oid! Oid el edicto de nuestro soberano.

El rey Romoaldo ordena a todas las muchachas en edad de merecer que se presenten al castillo hoy mismo.

Tendrán que ir totalmente cubiertas de velos, ni un trozo de piel podrá ser visible, nada más que los ojos.

No lloriquées. Nos descubrirás a los soldados.

¿Quieres que descubran nuestra identidad?

No te dirijas así a su hermana, la armadura le estropea la piel. Pobre querida.

No es nada, Caterina. Tu piel es todavía delicada pero las costras tomarán el lugar de las llagas

y cuando se quiten serán sustituidas por callos, y entonces la armadura ya no te dolerá. ¿Contenta?

Estoy harta, no me quedaré aquí ni un minuto más. ¡Vuelvo a casa!

¿Ah, sí? ¿Y lo conseguirás sola?

Mejor que la acompañen dos soldados.

Yo sola... ¿con dos hombres? No, no me fío. Diré al general que me acompañe.

Ah , buena elección.

Él sí que es una persona fiable.

Pero si representa a nuestro padre...

Oh, muy representativo... hace mucho que paga a los adivinos para que predigan lo que le viene bien.

No me lo puedo creer.

Si tú desperdiciaras menos tiempo cosiendo y tú pararas un rato de mirarte al espejo

os hubierais dado cuenta de lo que pasa.

Entonces díselo a nuestro padre.

Chivarse no es leal, en consecuencia mantendréis el secreto. Prometedlo, si no...

No contéis este secreto cuando lleguéis al castillo.

¿Las dos?

Sí, Caterina, es mejor que volváis atrás. No hay nada que podáis hacer contra el rey Romoaldo.

Tu puedes desafiarlo a un duelo de costura.

Y Carolina puede afrontarlo blandiendo un peine.

Os he dejado venir conmigo porque no me hubieran dejado partir sola,

pero ahora que estáis aquí nos sois nada más que un peso.

Oigo sólo quejas y lloriquéos . Sois totalmente inútiles.

Eres mala, desobediente y cruel.

Peor. Eres una arrogante. Pero tienes razón, es mucho mejor para nosotras partir.

Pero cuidado: tu arrogancia hará que nunca seas amada por nadie.

¿Y entonces? Yo no quiero ser amada.

Ahora idos.

Adiós, Fantaguirò. Nos iremos ahora mismo, me horrorizo al pensar lo que dirá nuestro padre.

Se han resignado por fin. Caterina y Carolina volverán al Castillo.

Bien. Queda la pequeña Fantaguirò.

Pronto nos desembarazaremos de ella también y de este estúpido duelo.

Pato, ¿te has escondido o me has dejado tú también?

¿Por qué todo el mundo me deja y me quedo siempre sola?

¿Por qué el destino quiere que me quede siempre sola?

¡Esperad! ¡Carolina, Caterina! Perdonadme, he dicho cosas horrorosas de vosotras,

pero no lo pensaba en serio, o quizás si. Pero ya no lo pienso.

Quiero volver a casa. Voy con vosotras.

Perdóname, Caterina, tienes razón, mi arrogancia conjura contra mí.

Yo también he sido dura y no pensaba lo que he dicho.

Es mentira que nadie te quiera. Yo te quiero, Fantaguirò.

¡Yo también!

Llevadme con vosotras entonces, no me dejeis sola.

Pero tú no estás sola, Fantaguirò, tienes contigo tu coraje, tu obstinación, tu fuerza de carácter, tu cólera...

Por fin ha llegado el momento de demostrarte a ti misma lo que vales.

Temo no estar a la altura.

Si quieres descubrirlo, el único medio es intentarlo.

Nosotras nunca hemos sentido el deseo de intentar nada,

pero tú, si. Y es justo que satisfagas tus deseos.

Confío en tu éxito, Fantaguirò, nuestro corazón estará contigo.

Quedándonos seremos solamente una traba. ¡Combatirás por las tres!

Que tengas suerte, hermanita.

Gracias, Carolina.

Gracias, Caterina.

Adiós.

Dejadnos pasar, noble caballero. Dadnos paso.

¿Por qué yo? Haceos vosotros a un lado, ¿o queréis sacar provecho del hecho de ser tres contra uno?

Si es esto lo que crees, me enfrentaré a ti sólo.

No, no lo hagas.

Y ahora dejadme pasar.

Somos hombres de honor, y tú te estás aprovechando del hecho de que no podemos aceptar el desafío los tres al mismo tiempo.

Yo no he lanzado ningún desafío. He sido asaltado.

Cálmate, Cataldo. Hombres de sangre real como nosotros no han de confundirse con un caballero común.

No soy un caballero común, y os lo demostraré. ¡Luchad si podéis!

¡Déjalo! Me libraré de él en un momento.

¡Cataldo, no lo hagas, espera! Ha tropezado.

Te ayudaré a levantarte, dame tu mano.

No te daré ninguna mano. Puedo volver a levantarme sólo.

¿Quien eres?

Soy el conde de Baldoca y estoy aquí para aceptar el desafío del rey Romoaldo.

Si acaso lo encontráis decidle que el conde de Baldoca está aquí por él.

Y ojalá lo conozca pronto.

¡Esperad, caballero! Acabáis de conocerlo... Conde...

Yo soy el rey Romoaldo.

Ha querido humillarme. Un descarado, arrogante y cobarde. No ha tenido el coraje de acabar conmigo.

¿Eso piensas en serio?

Claro que sí.

Lo reprochas porque te había salvado la vida, dado que te habías tropezado. Ha sido un gesto generoso y caballeroso además.

¡Cierra el cinco o terminarás asado!

Puedes callarme si quieres, pero no puedes callar tu conciencia, querida.

Dentro de ti misma sabes perfectamente que Romoaldo es un caballero valiente.

¿Y por qué otros combaten en su lugar? Claro, porque es leal y generoso.

Es un bárbaro.

Así será, pero es un bárbaro muy guapo.

¡Vete!

¿Me lo permites? Y que sabrá de hombres un pato... guapo... que tiene de guapo. No es guapo para nada.

No.

Eres un hombre afortunado. La mujer más hermosa de todo el reino está aquí para ti. Es toda tuya, ¿cómo puedes rechazarla?

Es esplendorosa, mira que cuello sinuoso. Y esos ojos. No Romoaldo, puedes rechazar vino, platos, pero una mujer así...

Hará lo que quieras, sólo quienes que pedírselo. Es tuya, Romoaldo.

Puedes pedirle cualquier cosa.

Desde luego es verdad. ¿Puedo pedirte cualquier cosa? Sí señor.

¿Y tú no me esconderás nada? Nada.

Venga, dime, ¿cuál es la cosa que asusta más a una mujer?

Que tonto...Que tonto, como he podido no pensarlo antes...

Podríais también haceros anunciar, general.

Lo siento, princesa, pero tengo que trataros como uno de mis iguales. Nadie tiene que sospechar que nos sois un caballero.

Ha llegado un mensaje del joven rey, nuestro amigo.

Ah, bien, ¿cuándo es el duelo?

No habla de duelos. Es una invitación a una batida de caza.

¿Se ha vuelto loco? Es ridículo. Decidle que rechazo y añadid de mi parte que tiene apresurarse en fijar la fecha del duelo.

Mis hermanas han partido y me he quedado sola. Empiezo a tener prisa.

Sensata decisión, mi señor. Sois precavido, os alabo.

Esta batida de caza es un pretexto fútil para humillaros.

¿Qué razón tiene para quererme humillar?

Esta batida de caza tiene que tener lugar en la Gruta de Sant' Elmo.

Nadie es tan valiente como para vencer a la sagrada bestia en su propio territorio, aún menos una mujer.

No tengo miedo de las bestias, tampoco de las sagradas.

Escuchadme... seguid vuestro instinto...rechazadla.

No se os da muy bien la caza.

No, aceptaré la invitación. Y veremos quién saldrá humillado.

Esta vez no te comprendo, Romoaldo.

¿Porqué aquí, en la Gruta de Sant' Elmo?

Pronto lo comprenderás, Cataldo. Ten paciencia.

Pero aquí no se caza bien, entremos en el bosque.

No he venido para cazar animales.

¿Y para qué? ¿Quieres decirmelo ?.

Mirad.

Bienvenidos, mis señores.

Pero todavía es un niño.

He sido vencido por un lactante.

No, Ivaldo, no es un lactante ni un niño.

Bienvenido a vos. Y bienvenido a nuestro territorio, conde de Baldoca.

Justo a tiempo para la batida de caza.

Oh...¿Y qué cazaréis en el bosque sagrado, en donde está prohibido cazar animales?

¿Haréis disfrazar de siervos a vuestros compañeros?

Lo que cuenta es cazar, y que la presa se revele un oso o una mujer, decidme, ¿qué importa?

Importaría mucho. Cazamos osos para comerlos, pero no cazamos mujeres. No son animales.

No, me habéis malinterpretado. Yo hablaba de caza de amor, pero quizás esto no es todavía materia para vuestro oído.

No he venido aquí para charlar, Romoaldo sólo decidme que he de cazar. Y pongámonos en camino.

¿Qué preferíis: lagartijas o mariposas?

Me da igual. Elegíd vos la presa. No hay nada que me dé miedo.

¿Tampoco la bestia sagrada?

No tengo miedo de los animales. Sean verdaderos o legendarios.

¿Dónde está la bestia sagrada? Guiadme hasta ella.

¿Cómo habéis podido hacerlo? Disculpe, padre, nunca hubiéramos podido conseguirlo.

Si hubiéramos combatido ahora vos seríais el hazmerreír de todo el mundo.

Ah, no estoy enfadado porque hayáis rechazado el desafío, sino porque habéis dejado sola a vuestra hermana,

no hubierais tenido que hacerlo.

Pero Fantaguirò es totalmente capaz de apañárselas sola. Es la única de vuestras hijas que puede conseguirlo.

Es la más joven... es una niña...

Quiero saber lo que le ha pasado. ¡Los adivinos!

Consultaré a los adivinos.

Que inútil pérdida de tiempo. Esos son unos traidores...

Hemos prometido a Fantaguirò...

¿Que le habéis prometido?

Mantener el secreto...

¿Qué le habéis prometido a vuestra hermana?

Ahora es tarde para arreglarlo. Fantaguirò ha descubierto que el general pagaba a vuestros adivinos

para que dijesen lo que él quería.

Sabía que eran charlatanes, tiralevitas, que pero traidores, no.

¡Adivinos! ¿Dónde estáis? ¿Dónde estáis, traidores?

Buenos días, señor. ¿Qué podemos hacer por vos?

¡Traidores, traidores! Me habéis vendido al general. Ahora pagaréis con la cabeza vuestras mentiras.

Perdonadnos, señor, no queríamos haceros daño. El general, en el fondo, sólo quería que la guerra continúase.

¿De qué le sirve a un soldado la paz?

¿Y de que me sirven a mi tres adivinos charlatanes?

¿Quién me dirá que le pasa a mi hija?

¿Cómo puedo ahora confiar en vosotros?

Es verdad, señor, quizás nosotros seamos charlatanes, pero ellas no mienten...

Y si no queráis creer nuestras palabras, creeréis a vuestros ojos...

He aquí, zumo de víbora, alma de ajo...

Cebolla... cebolla...

Semilla de mandrágora...

Fórmula mágica...

Si de Fantaguirò la imagen buscais, abrid bien los ojos y la halláis...

¿Hierve, hierve? ¿Pero cuánto tiene que hervir ?

¿Y yo que se ? ¿Qué preguntas me haces?

¡Aquí está! ¡Aquí está por fin!

No consigo comprender...¿Que es esto?

...parece...parece...parece...parece, parece

Parece...a mi parece que se parece a...

A una caverna.

¿Dónde está esa bestia sagrada?

En la caverna

¿Y a que esperamos? ¡Vamos!

Nosotros no podemos entrar. Forma parte de nuestro territorio, pero sólo los extranjeros pueden acceder.

Pues iré solo

Mas no a caballo, tenéis que ir andando.

¡Bajad! Nosotros cuidaremos de vuestro caballo mientras vos visitais a la bestia sagrada...

¿Queréis que la mate?

No hay hombre que pueda matarla. Traednos la rosa de oro que custodia.

Consideradla vuestra ya.

¿Qué queréis decir? Era broma, esperad, perdonadme, caballero, no quiero que entréis.

Creía que íbais a rechazarlo. Y vuestro rechazo hubiera sido para vos la peor humillación,

pero ahora que os veo así, tan decidido, admito que habéis superado la prueba.

No es mi costumbre superar pruebas con vanas palabras. He dicho que iré... ¡e iré!

Sois un loco insolente y testarudo. ¡Esperad!

Paraos, caballero, o será vuestro fin. ¡No entréis! ¡Haré lo que queráis!

Estoy dispuesto a fijar lugar y fecha del duelo. Os ruego, ¡esperad!

Nos enfrentaremos lealmente, pero así no tenéis ninguna esperanza ¡salir de allí, os lo suplico!

Ya es tarde para suplicar

Esperemos que todo salga bien.

Ya está, lo habéis querido, la bestia sagrada nunca ha perdonado la vida a un ser humano. Pensáoslo mejor.

¿Pero qué te ha pasado por la cabeza? Quiero una prueba, una prueba.

¿El coraje demostrado no te bastaba, o quizá te da miedo? .

No tengo miedo. No de él por lo menos.

De sus ojos... tiene esos ojos...

¿Vosotros sabéis que me ha contestado la bailarina cuando le he preguntado de quien tenía miedo una mujer?

Si. La bestia sagrada. ¿Y esto que tiene que ver?

Ten, bebe Tonino. Nos hemos librado también del tercer caballero.

¿Estáis seguro, general?

¿Sabes dónde han ido a cazar? En la gruta de San Telmo.

¿Y qué hay en esa gruta ?

Oh... Dios mío... la caverna de la bestia sagrada.

¿Y la bestia que come, lo sabes?

Mujeres. Sólo mujeres.

Volvamos atrás a donde podamos.

¡No! El caballero blanco que ha sido mi maestro no me ha enseñado sólo a combatir

sino también a hablar con todo tipo de animales.

Sí, pero la bestia sagrada no es como los otros animales...

Y yo no soy como todos los demás hombres.

¿Es mujer ? En fin... he sido vencido por una mujer.

Esos ojos. Esos son los ojos de una muchacha.

¿Estás seguro?

No, por eso quiero una prueba.

Es un muchacho... has sido engañado por su piel joven y lisa.

No. Es mi corazón que me ha engañado.

¿Por qué esta duda te atormenta ?

¿No lo comprendes? Si el conde de Baldoca fuese una mujer, yo no podría batirme.

También vencerla sería una humillación.

Si el caballero hubiese rechazado entrar en la gruta ninguna mujer hubiera entrado jamás.

Pero así lo has enviado a una muerte segura. La bestia lo matará y ningún duelo tendrá lugar.

Tienes razón.

¡No, no, no vayas!

Tengo que ir.

Verás cómo conseguiré convencerlo.

Eso significa que no tienes la intención de matarlo.

No, yo no mato animales.

Para comerlos o por otros motivos...

Estás todavía viva. ¿Ves?

Si tienes miedo vuelve atrás.

Yo no tengo miedo para nada.

Bien, bien, por esta vez me quedo.

¡Vamos, deprisa! Pon otra piedra en el Caldero.

Pero es la última...

¡Ponla, tengo que ver lo que le pasa a mi hija.

¡Dámela, dámela!

¿Pero dónde estaré? No tengo miedo, no tengo miedo. Yo no tengo miedo.

Calla.

¡No, no, no la toques!

Conde de Baldoca, ¿dónde estáis? Habéis dado prueba de vuestro coraje.

No la toques, no la toques... ¡no toquéis la rosa de oro!

¡No la toques, no, no!

¡No, no, no se puede tocar, no! ¡No se puede, no se puede!

¿No es maravillosa?

¿Pero qué pasa?

¿Quién eres tú que te atreves a tocarme?

Anda, seguíd haciendome ver.

Pero no tenemos otras piedras, señor. Es imposible, es imposible.

¡No!

Soy el conde de Baldoca. Y no quería hacer ningún mal . Sólo intentaba tocar la rosa.

¿De verdad?

He venido aquí para hablar contigo.

¿De verdad?

¿Es la única palabra que conoces? “De verdad...”

Para tu fortuna eres un hombre. Si no...ya te hubiera devorado entero de un sólo bocado, sin embargo me contentaré con matarte.

¿Comes sólo mujeres?

Sí.

¿Porqué? ¿Las odias tanto que te las comes?

Yo no odio a las mujeres. Al contrario, me gustan muchísimo.

Por eso me las como. Están mucho más sabrosas que los hombres.

¡Voy!

¡No, no lo hagas! Es la caverna de la Bestia. Está prohibida a nuestro pueblo. No cometas la misma falta que Romoaldo.

Pero tenemos que salvarlo.

Si es posible salvarse, lo conseguirá solo.

¿Pero no has escuchado qué sacudidas tremendas?

Te pido perdón, pero Romoaldo no te lo hubiera permitido.

¡Allí está!

No me gusta hablar con alguien que no veo.

Tu estás mirándome.

¿Dónde estás?

Por todo tu alrededor.

¿Tú comprendes algo?

Te lo había dicho...te había dicho que no entrásemos.

Vamos a ver si consigues comprender esto.

¿Empiezas a darte cuenta de dónde te encuentras, caballero?

En tu caverna, en tu reino...en tu...

...en mi boca...

¿Y...¿que gracia tiene?

Hablad. ¿Qué ha pasado, padre?

Hijas mías...Fantaghiró temo que haya muerto.

No es cierto, señor. Todavía hay una esperanza, y está en la misma leyenda de la bestia sagrada.

Pero nadie ha salido vivo de la Caverna de la Bestia Sagrada.

La Bestia mata a los hombres y devora a las mujeres

Es terrible.

¿Y porqué, yo me pregunto, come a las mujeres sin dejar rastro alguno de ellas?

Porque un día, y fue una predicción, será una mujer la que lo destruya. Y esa mujer podría ser...Fantaghiró.

¿Ella?

No...Si.

¿No? ¡Sí!

¡Tengo una idea!

Toma una de mis plumas.

¿Entonces? ¿Has elegido cómo tengo que morir?

¿Por qué todavía no has muerto de miedo?

Igualmente sé que no me matarás...

Todavía no me has dicho qué tengo que hacer con la pluma.

¿Porqué tendría que decidir algo parecido?

¡Porque soy una mujer!

¡Una mujer!

Sí, esos son dientes, y nosotros estamos sobre su lengua. La rosa de oro...¿qué crees que sea?

Entonces tienes razón, dulce muchacha. ¡No te mataré!

Claro, es la campanilla.

Esa es la campanilla.

Una mujer, peor para tí. Entonces te mataré.

No creo que consigas comerme. ¿Y sabes porqué?

¡Porque no se puede comer y reir al mismo tiempo!

¿Pero qué haces?

No me hagas...

Tenemos que entrar.

Si encontramos el cuerpo significará que era un hombre.

Si no lo encontramos, la habrá devorado.

Igualmente seré culpable. No tenía que someterlo a una prueba tan cruel.

¡Voy con vosotros!

Pero...no os ha devorado...pensaba que os había comido.

¿Pero no come sólo mujeres? No necesito ayuda.

Primero me exponéis al peligro y después queréis ayudarme.

¿Tenéis miedo de batiros conmigo?

No quería que entráseis...sólo quería provocaros. Quería que temiérais a la Bestia Sagrada.

¿Porqué tengo que temer a una bestia? Era simpática. Nos hemos reído mucho.

Espero nuevas de vosotros.

Mis señores...

No. No me batiré con una mujer. No puedo, no puedo, no puedo. No puedo batirme con una mujer.

No digas tonterías. La Bestia no se lo ha comido. Pero tampoco lo ha matado.

Entonces no es ni mujer ni hombre. ¿Porqué no admites que tienes miedo de batirle?

Dilo de nuevo y te prometo que tampoco tendré miedo de cortarte el gaznate.

¿Qué quieres saber? ¿Si es hombre o mujer?

Bátete y descúbrelo.

Tengo que saberlo antes. Rechazaré el duelo.

Porque la amo. La amo. La amo y no puedo parar de pensar en sus ojos. En ella.

Y esto no prueba que sea un hombre.

Necesitas un medio para asegurarte. Yo lo tengo.

¿Confías en mi, verdad? Tengo un plan.

Y no pongas esa cara, todo irá bien.

¿Porque para tí me ha enviado a una muerte segura?

Es tu enemigo.

¿Me odia hasta este punto?

¿Porqué?

¿Tú lo quieres?

Qué pato tonto. Me tiene miedo y yo no a él.

No pido nada mejor que clavarle la espada en el pecho.

Entonces no aceptaremos desafío alguno.

Exacto

¿Puedo entrar?

El duelo tendrá que tener lugar ahora mismo.

Otro mensaje del rey Romoaldo.

Esta vez, sin embargo tenéis que rechazarlo de verdad.

¡Agua, deprisa! Llevad agua.

¿Qué noticias?

El conde de Baldocca...

¿Ha muerto?

Está vivo. Se ha salvado de la Bestia. Ha sido un terremoto. La caverna está destruída para siempre.

Que se den las gracias a los dioses.

Esto significa que el duelo tendrá lugar hoy mismo.

No, no, señor. El rey Romoaldo ha desafiado al conde de Baldocca a una prueba de natación.

¿Qué? ¿Una prueba de natación...? Oh, me imagino que la habrá rechazado.

No, majestad. Ha aceptado.

Tenemos que impedirlo, padre. Si se desviste...

Si se desviste pueden descubrir el...

Oh, no...deprisa, vamos...

Esperad. Es inútil, majestad...Nunca llegaréis a tiempo.

Toda la noche he cabalgado. He cambiado dos caballos. Antes de que consigáis llegar, todo habrá acabado.

No...

Pierdes tu tiempo. Tendrás que desvestirte de todas maneras.

Puedo decir que me había herido en la caverna y dejarme las vendas.

Si, si, cómo que no; No te creerán.

Si Romoaldo se ha inventado este desafío es porque sospecha que eres una mujer y quiere verte desnuda.

Te avergonzará delante de todo el pueblo.

Sí, pero hubiera sido peor un rechazo de mi parte.

¿Cómo harás entonces?

¿Porqué no puedes hacer tu magia?

No, no puedo. Puedo hacer magia sólo sobre mi misma, no sobre los otros.

Entonces no tengo esperanza.

Cuando se dé cuenta que soy una mujer rechazará batirse conmigo, y la guerra durará para siempre.

A menos que yo...

Quiero el caballero más rápido. ¿Dónde puedo encontrarlo?

Aquí está, señor.

¿Cual es la cosa que te gusta más?

El vino, señor, que otra cosa si no.

Si ejecutas mis órdenes tendrás todas las viñas del castillo como recompensa.

Mira el estandarte.

Sí.

Cuando aquella piedra sea alcanzada por su sombra, monta a caballo y corre hasta el río,

donde me encontrarás listo para enfrentarme en la prueba contra el rey Romoaldo.

Tendrás que parecer destruído, desesperado, con el corazón partido.

Dirás que nuestro rey está muy mal, y que debo volver al castillo de inmediato.

¿He sido claro?

Claro.

Jura que no cometerás faltas y que nada podrá pararte.

¿Que puedo desear más que servir al señor y a sus viñas?

Nada me parará. Lo juro. Sobre mi honor.

El juramento que quiero hagas es diferente. Si fallas no beberás nunca más una gota de vino.

Así sea...

Nuestro pueblo está contento porque no tiene que combatir.

Todas las guerras tendrían que ser resueltas con desafíos incruentos: rey contra rey.

¿Que harás si descubres que el conde es una mujer?

Me desposaré con ella.

¿Y si fuese un hombre?

Lo desafiaré a duelo. A duelo a muerte. Sin límite de armas. Lo mataré. Sin piedad alguna. Y después me mataré a mi mismo.

¿No podrías sobrevivir a la vergüenza de amarlo?

No podría sobrevivir al dolor de perderla.

Os saludo, rey Romoaldo.

Bienvenido vos, conde de Baldocca.

Habéis aceptado el desafío sin problema.

No había motivo para que lo rechazara.

Mi sabio amigo Cataldo será mi segundo.

El general será el mío.

Esas banderas indican la meta. Si para vos es demasiado la pondremos más cerca...

Por lo que a mi concierne podemos ponerla también más allá, si eso os agrada.

Bien, ahora sólo nos falta desnudarnos.

Conde, he dicho desnudarnos. ¿Qué hacéis?

Antes de un momento tan importante, demos las gracias a los dioses.

Señor, señor.

Tengo aquí un vino oriental con especias. Vuestra fama de experto no tiene limites. Agradecedme probándolo, os lo ruego.

Seré feliz degustándolo...

Tomad.

A mi vuelta.

Ahora o nunca más, caballero.

Mi señor antes que todo. Os saludo.

¿Cuánto van a durar todavía esos rezos?

No me metáis prisa, señor. Casi he terminado.

¿Porqué no me miráis? No me diréis que ver a otro hombre sin ropa os da vergüenza.

¿Qué vergüenza? Es que yo...os imaginaba más fuerte.

¡Sois grácil!

¿Ah, sí, en serio? Yo no veo la hora de admirar vuestros músculos.

¿Necesitáis ayuda?

Aquí está.

¿Cuantas camisetas lleváis?

Es que hace mucho más frío aquí que de donde vengo yo. No estoy acostumbrado a eso.

No os creía tan delicado, anda, quitáos una capa más.

¡Socorro, socorro, socorro!

¿Qué os ha pasado, buena mujer?

He sido acometida por bandidos.

Ayudadme, estoy muriendo de dolor...vos sóis gentil, vuestra fama no conoce confines.

En cuanto llegue al río os enviaré socorro.

No, ahora o nunca más, caballero.

Tengo una misión que cumplir. Mi señor está antes que mi generosidad. Os saludo.

Estoy listo. Zambullámonos.

Lleváis todavía ropa.

De donde vengo yo, nadamos con la armadura entera.

La ropa será un estorbo para vos. No puedo aceptar tal ventaja. U os desnudáis o el desafío no tendrá lugar.

Decíais que no queréis desnudaros por el frío... yo empiezo a creer que escondéis algo.

¡Socorro, socorro, ayudadme, os lo ruego! No sé nadar, salvadme, señor.

No os mováis de allí. Cumplo mi misión y vuelvo.

¡No, ahora o nunca más, caballero! Vuestra fama de amante no tiene confines.

Demostradme que os la merecéis.

¿Qué esperáis? ¡Zambullíos! En el agua hierve. Quitáos la blusa, si no me obligaréis a pensar que...

¿Que?

Que no sabéis nadar.

Yo nado muy bien.

¿Qué pasa? ¿Esperáis a alguien?

No, a nadie.

Si teméis algo será mejor que lo confeséis con franqueza.

Yo solo temo lo que no comprendo.

He venido a batirme en duelo, sin embargo, vos antes me invitáis a cazar

y después me desafiáis en una ridícula competición de natación.

¿Estáis intentando entretener al pueblo o ganar esta guerra?

¿No tendréis miedo de batiros conmigo...?

Yo no tengo miedo de nada. ¡Demostradmelo, en guardia!

¡Toma!

¡Por fin en el agua!

¿Os habéis ahogado? Era verdad entonces. No sabéis nadar.

¡Oh, dios mío...! Lo siento.

¿Qué pasa?

¿No toleráis la visión de la sangre?

¡Siento no haberos matado!

Bien, intentadlo de nuevo, podéis conseguirlo. ¡Más convencimiento!

No tan cerca...podéis mancharos de sangre.

Vuestra sangre no me impresiona.

¡Por fin! Por lo menos las piernas están desnudas ahora.

Son delgadas...y sin muslos.

¿Qué decíais, Romoaldo?

Has ganado...acaba conmigo.

¡Matadlo!

¿Qué esperáis? ¡Matadlo!

No puedes dejarlo vivir sin honor.

Has ganado, ¡acaba conmigo ahora!

No puedo matarlo...

¡Cobarde, traidor!

Vuestro comportamiento deshonra a vuestro pueblo.

Será mi deber poner al corriente de esto a su majestad el rey. Tomad mi palabra, conde de Baldoca.

Hermana...para...¿estás loca?

Mi querido campeón. Nos hemos enterado de que estábais a punto de ganar el duelo, pero habéis rechazado ganar.

¿Por qué?

No se, vuestra majestad. No he tenido coraje,

y todo tipo de castigo que queráis infligirme nunca será bastante rígido para borrar la pena que llevo conmigo.

Perdonadme, padre. Perdonadme, padre. Perdonadme, perdonadme. Os pido perdón.

En consideración a vuestro coraje nos abstenemos a condenaros a la pena de muerte.

Igualmente expiaréis con una vida de aislamiento en la torre. ¡Llevaosla!

Pero padre...

...eliminar al conde es la única manera de recuperar a Fantaghiró.

General, parad. Tengo algo que deciros.

¡Alto! ¿Quién está allí? Haceos reconocer.

Quiero hablar con vuestro rey. Soy el rey Romoaldo.

Avanzad.

Esperad, esperad, soy la hija del rey. Os ordeno que os apartéis para que pueda hablar un momento con el prisionero.

No intentes salvarme, Caterina. Es lo que me merezco.

En cuanto estés sola toma esta poción. Te sumergirá en un sueño profundo...tan profundo que nadie podrá despertarte en un mes entero.

La gente dirá que el Conde de Baldoca ha muerto, y Fantaghiró ha vuelto de un largo viaje.

Pero ha sido Fantaghiró quien ha cometido el fallo, no el Conde de Baldoca. Él se ha portado dignamente, con honor.

Vos nos habéis engañado de mil maneras.

Corrompiendo a los adivinos reales habéis dejado que nuestro pueblo sufriese en una larga y extenuante guerra.

Por sed de poder y ambición desenfrenada.

Os condenamos por esto.

No soy yo quien ha engañado al pueblo, sino vos, señor.

No fue mía la idea de enviar a vuestra hija...

Rey Romoaldo, el barón Ivaldo y el conde Cataldo.

Carolina, todo está arreglado.

Señor. Estoy aquí para daros lo que os pertenece por derecho.

Vuestro campeón me ha vencido. Me pongo a mi mismo y a mi pueblo en vuestra mano.

Sólo una cosa os pido.

Que seáis clemente con ellos: No merecen la prisión o el saqueo.

Y por lo que me concierne, ya mi vida no tiene valor alguno. Vuestro campeón me ha humillado perdonandomela.

Si queréis, concluid vos su deber.

El conde de Baldoca ya ha pagado por no haber cumplido su deber.

Sin embargo, por lo que os atañe mi decisión será tomada como es conveniente por un rey justo e imparcial.

No lo mires de esta manera, Es nuestro enemigo.

¿Oh, y lo que estás mirando tú es, sin embargo, nuestro amigo?

En consideración del coraje por vos demostrado, no sólo en batalla,

Nosotros queremos que vos, rey Romoaldo merezcáis no solamente mi perdón, sino que sigáis también reinando sobre vuestro pueblo.

Pero con el fin de asegurar una paz duradera entre nuestros dos reinos, os pido...

que os caséis con una de mis hijas...

siempre que ellas quieran. Está claro.

Esta es mi decisión. Sois libre de aceptarla o declararnos una nueva guerra.

Gracias, mi señor. Sois mas generoso de lo que podría esperarse. Pero no tengo motivación para declarar una nueva guerra.

Claro que la tenéis. Vos no sabéis cuanto os ha humillado el rey. En verdad el conde de Baldoca es su...

Adios, General...

¡Cuando es necesario, es necesario!

¿General? ¡General, general, general! ¡General!

¡Pero se ha convertido en piedra! Llevemoslo fuera.

¡Para, no lo bebas!

No acepto órdenes de una rata.

Presuntuosa. Soy un amigo tuyo. Vamos a ver si así me reconoces...

Y de mi parte, ¿aceptarías un consejo?

¡Presuntuosa! No sé porqué pierdo tanto tiempo contigo.

¿Por qué no has venido al río conmigo?

Contigo a mi lado no hubiera fallado.

Pero tú no has fallado. Sólo has seguido el impulso del corazón humano.

¿Y tú qué sabes del corazón humano?

Eh...más de lo que tú crees.

Adiós, Fantaghiro. Sí, sí, en serio, de verdad.

¡Vos!

¿En serio creias que te habría abandonado?

Ella es mi primogénita, Caterina.

Parece hecha para mí.

Mi buen amigo Cataldo me ha confesado que apenas ha mirado a vuestra hija Caterina

ha sido golpeado por su expresión inteligente y su hermosura.

Asipues, de su parte os pido permiso para tomarla como esposa.

Contestad que sí, padre. ¿Padre?

Eh, sí, sólo pido verte feliz, Caterina.

Acepto de buena gana.

Y ésta es mi segunda hija, la bella Carolina.

¿Entonces quieres casarte con el rey Romoaldo?

Intercede también para mi, te lo ruego. Espera

No, padre, con vuestro permiso, me casaré con el Barón Ivaldo.

Ah, beh...no hay mucho de que tratar, me temo.

Querido Romoaldo, ¿qué pensáis vos de eso?

Estoy de acuerdo.

Dejaré mi trono a vosotros dos.

Estas bodas unirán nuestros reinos en la paz.

Ahora os ruego que...

¡Se puede casar con Fantaghiró!

Claro...podría, sí.

No, mi señor, yo nunca me casaré, nunca. Mi corazón se ha perdido para siempre.

Pero vos no conocéis a Fantaghiró: Es hermosa, inteligente, vivaz...

y...¡oh, dios mio, la poción! ¡Deprisa, deprisa, venid conmigo!

No, yo no quiero conocer a nadie.

Pero, no, no tenéis que conocerla, tenéis que salvarla.

Vamos.

Sólo tú ahora puedes elegir tu destino.

Están a punto de llegar. Si no quieres a Romoaldo, bebe esta poción.

Pero yo lo quiero...

Repite lo que has dicho.

Yo lo quiero, lo quiero, lo quiero, desgraciadamente.

Entonces no te desesperes. Está a punto de llegar.

Pero mirad la condición en que estoy.

De eso me hago cargo yo, mejor, no exactamente yo...

¡La Bruja del Bosque!

Sí, y el pato y la rana...siempre era yo. También el caballero blanco.

Pero ahora no pensemos en esto, tenemos una tarea que cumplir.

Cierto, te has quedado hecha un trapo.

He comprendido, haremos un tratamiento total.

¡Sí!

Esperad, si en serio queréis salvar a alguien podéis contar conmigo

pero no me casaré con ninguna muchacha, no conseguiría quererla, mi corazón pertenece a...

Esperad a verla...

Es demasiado tarde, hubiera tenido sólo que dormirse. No desaparecer.

No he desaparecido.

¿Porqué os ponéis colorada?

Nunca había besado a un caballero antes de ahora.

Yo tampoco.

Desde hoy en adelante aquí no habrá sólo un rey que os gobierne; el trono será dividido entre mis hijas y sus valientes maridos.

Los dos reinos que han vivido en guerra entre ellos por tantos siglos, se fundirán en uno solo

y entre nuestros dos castillos prosperará una ciudad , y todos vosotros tendréis trabajo

y comida para vosotros y para vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos.

Yo he sido el rey de la guerra. Esta es la razón de mi decisión de abdicar y partir.

Atravesar el mundo contando esta historia como mensaje de paz.

Este trono no se quedará vacío.

La reina Carolina y el rey Ivaldo.

Estás todavía más guapa que ayer, mi querida.

Verás como mañana dirás lo mismo.

La reina Caterina y el rey Cataldo.

¿Estaremos a la altura de la tarea que nos espera, querida?

Si tenemos dudas, interpelaremos al pueblo. Él elegirá si somos dignos de este trono.

Y ahora aquella por cuyo coraje y amor se ha vencido a la guerra. La reina Fantaguirò.

La reina está fuera defendiendo los patos. ¡Venid!

¡Permiso, dejadme pasar!

Os he dicho mil veces que no cocinéis los patos, e incluso he promulgado una ley que lo prohibía,

una ley que hace de los patos animales no comestibles.

Ay de vosotros si os pillo de nuevo persiguiendo a uno de ellos con la intención de comeroslo.

¡Romoaldo, si estáis todos aquí!

No habréis empezado ya, ¿verdad?

Creía que habías cambiado, pero sin embargo...

Sólo he corregido mis defectos, no mis valores.

Y además estaba explicándoles que tienen que respetar la ley. ¿No hace parte ello del gobernar?

Pero hoy gobernar significa tomar parte en la investidura.

Oh, sí, pero ¿cuál es la ventaja entonces de ser muchos gobernantes si después tenemos que estar siempre juntos?

Sí, quizás no te equivoques. Pero en todo caso tu presencia es hoy fundamental.

Hay una corona solamente, y creo que el pueblo querrá verla sobre tu cabeza.

Escucha, también los patos están contentos.

(C) Serolillo y Eleonorina (2007)

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