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Original subtitles

(Música)

(Música suave)

¡Vamos, gandul, trabaja!

Gladys. Oh...

Hija mía. Padre.

Les dejo solos cinco minutos.

Padre, no... no quisiera verte así.

No, hija, no te preocupes por mí, soy fuerte aún y podré resistirlo.

Dime, ¿revisarán el proceso?

Parece que sí, según dice nuestro abogado no podrán evitarlo,

pero Jeremías Zack está haciendo desaparecer

los testigos para retrasar la audiencia.

¡Miserable, el día que salga de aquí...!

Nos hace falta dinero,

mucho dinero para poder darle la batalla.

¿Por qué no confías en mí?

Dime dónde está el mapa,

yo podría recuperar la gran esmeralda y entonces...

No me gusta la idea, demasiado peligroso para una mujer.

Pero es la única forma de que se haga justicia.

Si pudiéramos encontrar al Zorro.

Ya hace tiempo que no le ha visto nadie.

Tendremos que arreglarnos solos.

Está bien, te diré dónde está el mapa y que Dios te proteja,

pero ten cuidado, Zack tratará de seguirte y entonces...

Ya lo ha intentado, pero he logrado despistarle

y ahora me cree a 100 millas de aquí.

(Música suave)

No, si la hemos hecho creer que hemos perdido sus huellas

es para que se sienta tranquila.

La seguiremos de lejos y cuando haya llegado a su destino

será cuando intervengamos.

Y, entonces, de acuerdo con mis planes,

veréis el final del Zorro.

(Música)

La trampa está lista y va hacia ella el ratón.

(RÍE)

(Continúa música)

(Música suave)

Este es el sitio, muchachos, tú, Johnny, allí arriba,

donde domines la casa,

y en cuanto llegue el Zorro, le fríes.

¿Y si no se presenta?

Johnny, el Zorro es un caballero

y la ventaja de enfrentarse con uno de esos tipos

es que siempre se sabe cómo se va a comportar.

Y si hay una mujer en peligro, ¿verdad, muchachos?

(RÍEN)

Apenas suene el primer disparo, zas,

podéis jurar que le tendremos ante nuestras narices.

Andando.

(Música tensión)

Atentos a... ¿Eh?

¿Dónde demonios...?

Imbéciles, ¿qué hacéis detrás de mí en fila india?

¡Dispersaos, unos por allí, otros por allí, pero corriendo!

¡Vamos! ¡Sí, jefe, sí!

¡Todos en el mismo lado no!

¡Arriba, idiotas! ¡Venga, tú a mi izquierda!

Vosotros, adelante. Sí, jefe.

-Qué listo es el jefe.

(Música suspense)

Uno, dos, tres.

Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis...

20.

(Música suspense)

1, 2, 3, 4, 5,

6, 7, 8, 9, 10.

(RÍE)

Estúpido...

(GRITA) ¡Al ataque!

¡Sí!

(Disparos)

(Continúan disparos)

Ay, jolines, mi... mi madre.

-¡Maldita sea, nunca me sale bien!

-Ay, ay, ay.

-¡Te pillé!

-¡Aguanta, que ya voy!

¡Quítame tus sucias manos de encima!

Estate quieta, fiera.

(JADEA) ¡Quieta!

-¡Uy!

(RÍE)

Mucho gusto en verla, señorita Alfaros.

Váyase al diablo.

Buscad el mapa por toda la casa.

Ha sido usted una guía estupenda. ¡Cerdo!

Qué palabra tan fea en boca de una señorita.

¿Dónde está el mapa, eh?

(RÍE)

(BALBUCEA) -No lo hemos encontrado.

¿Dónde ha metido el plano? Lo he quemado.

¡Bruja! Si eso es verdad, la desuello viva.

(RÍE) No, no la creo capaz de una tontería semejante.

Apuesto algo a que lo lleva encima. (RÍE)

Voy a registrarla. No, no.

Por favor. Entonces, ¿me lo dará?

¿Qué miráis, sinvergüenzas?

Media vuelta y de cara a la pared. Bueno, pero no es justo.

Tenga.

Objetivo cumplido.

Todavía no, el Zorro no se ha presentado.

A lo mejor le importan un rábano la chica, el mapa...

Pero qué bestia eres, Johnny. No sé por qué.

Le hemos adelantado, pero llegará. Yo sé lo que me digo.

Vámonos ahora y tened los ojos bien abiertos.

¡A la orden! ¡Vamos, chicos, a caballo!

Tú y yo iremos en el carro con la muchacha,

vosotros seguidnos de cerca, pero sin dejaros ver.

Estoy convencido de que nuestro amigo el Zorro

aparecerá de un momento a otro.

(Música acción)

¡Ahí está, jefe!

¡Te lo dije, adelante, azota a los caballos!

¡Échate encima!

Sigue, no disparará porque llevamos a la chica.

(RÍE)

¡Allí está, el Zorro! -¡Vamos por él!

(Disparos)

¡Alto! ¡Date preso! -¡Venid a cogerme!

¡Doblo la recompensa por su pellejo, 2000 $ vivo o muerto!

(GRITA)

¡Espera!

So, so, so.

Maldita sea.

(GRITA) ¡Idiota!

¡Ven a ayudarme! Voy, jefe.

Deje que le vea, ¿se ha hecho daño? ¡Quieto!

¡Pues claro que me he hecho daño! Entonces, ¿por qué se ha tirado?

¡Imbécil, me he caído! ¡Cuidado, que se escapa!

¿Quién se escapa? ¡La muchacha!

Corre y cógela otra vez,

si la perdemos, te arranco la piel a tiras.

Corre, corre.

Ya, ya la tengo. Bravo, Johnny.

Al redil, ovejita.

Y ahora a la ciudad a esperar que los chicos

me traigan la piel del Zorro.

(Música acción)

(Disparos)

¡Ya es nuestro!

-¡Desmontad y desplegaos!

(Disparos)

(Disparo)

(Disparos)

Eh, Joe, ya no dispara. -¿Lo habremos matado?

-O no tendrá municiones.

-Cuidado, yo no me fío.

-¿Tú lo ves?

-Veo el sombrero bajo el tronco, pero no se mueve.

-Cubridme, voy a rodearle.

¡Le sacudí!

Pero si...

¡Desgraciado! Nos ha tomado el pelo.

(RÍE) -Maldito sea.

(RÍE) -Un muñeco. -Tarado, ¿de qué te ríes?

(Música acción)

¡Eh, mirad! -¡Vamos por él!

-Ay, ay, ay.

-Mis saludos a Mr. Zack. -Ay, que me mato.

Me maté.

El cerebro, Johnny, hay que usar el cerebro,

claro que para usarlo hay que tenerlo.

Ahora, señorita, con el mapa y usted en mi poder

y el Zorro fuera de circulación,

nada podrá impedir que me apodere de la gran esmeralda.

¿Tanto valor tiene esa joya?

Su valor en sí no me importa un rábano, Johnny,

¿qué son para mí 20 o 30 000 $?

¡30 sábanas de 1000 $, caramba! Esa cantidad es una basura.

Pues si es una basura,

ya me dirá por qué nos estamos dando esta paliza.

Esa esmeralda está incrustada en una imagen que adoran

los pieles rojas de la región del mezcal.

Con ella en mis manos todas las tribus me quedarán sometidas,

y de esa forma todas sus tierras serán mías.

Pero son tierras áridas, apenas sin pastos,

allí no hay más que rocas y matojos de cardos.

¿Para qué quieres el cerebro, Johnny?

(RÍE) Pastos... Es el subsuelo lo que me interesa.

Oro, hay oro. ¿Eh?

Millones y millones de dólares. Tradúzcamelo en pesos, jefe.

También millones y millones, Johnny.

¿Eh? -Arriba las manos.

Y, tú, para los caballos. -Sí, sí, señor. Ahora mismo.

-Levanta las manos también, vamos. -Sí, señor.

-Buenos días a todos, ¡quieto! Domina tus nervios.

-Sí, señor.

-Los nervios son contagiosos

y a lo peor se me dispara solo el revólver.

Oiga, ¿es usted el Zorro?

A sus órdenes, señorita.

Vamos, baja del carro y dame el mapa.

No sé de qué me habla. No sea tozudo.

Si no me lo da, lo buscaré yo.

No se atreverá a ponerme la mano encima.

¿Qué vamos a hacer ahora? -Seguir el camino de la ciudad.

Si había preparado esta trampa, seguro que fue para asaltar el coche.

Ya pueden volver a vestirse.

Ah, y gracias por su colaboración, señores.

Déjame, dame mi ropa. Sí, señor.

Mire, allí.

¡Ya vamos, jefe! -¡En un momento!

-Ahí viene su gente, le dejo en buenas manos.

Zorro maldito,

¡me las pagarás todas juntas como me llamo Zacarías!

¡Jeremías, jefe!

¡Me llamo como me da la gana a mí, cretino!

Será un lío, señor. -Maldito sean los chumbos.

-Nosotros acompañaríamos con mucho gusto a la señorita

si nuestro patrón nos autoriza.

Por lo que a mí respecta, tu patrón se puede ir al infierno.

(RÍE) Decid al señor Sandoval que se lo pido yo

y veréis cómo os da el permiso.

Pero usted tiene que devolverme el mapa.

No tengo otra posibilidad para recuperar la gran esmeralda.

Puede hacer lo que quiera, Gladys, yo no voy a impedírselo,

pero no cuente conmigo.

Sí, ya sé que esa joya ha sido durante siglos

patrimonio de la familia Alfaro, pero ahora la tienen los mezcaleros.

Si alguien se la quita, correrá la sangre

y no quiero que usted... Pero necesito dinero.

Mi padre debe salir de aquella horrible prisión.

Pida ayuda a Sandoval. ¿A David?

Usted bromea.

(RÍE) Sí, no es precisamente un aventurero,

pero tiene una gran fortuna y es dinero lo que usted necesita.

Yo no pido limosna.

Por lo que se ve, ha heredado todo el orgullo de los Alfaro, ¿verdad?

Sí, y también la gran esmeralda.

me consta que David está enamorado de usted.

¿Enamorado?

Si le hablo de matrimonio es capaz de coger

el primer barco para Europa.

(RÍE) Eso no puedo reprochárselo,

a los zorros no nos gusta meter el hocico en... una trampa,

y no hay peor trampa que el matrimonio.

¿Y por qué no nos casamos antes?

¿Qué, casarnos? ¿Te casarías conmigo?

¿Por qué no?

(RÍE) Hasta ahora el hablar de matrimonio

te hacía sentir escalofríos.

Y ahora también, pero soy un hombre muy razonable.

Y mis razones son de pesos. De verdad que no te entiendo.

Tú proposición es que prepare la fuga de tu padre de un penal,

con lo que automáticamente me pongo fuera de la ley.

No teniendo el mapa le necesitamos a él.

Que me embarque en la aventura de robar un ídolo indio que...

Pero si no se trata del ídolo.

Bien, el ojo, el ombligo, lo que sea de ese ídolo,

la esmeralda, con lo que tendré a mi espalda

una jauría de pieles rojas,

y a cambio de ello, ¿tú que me ofreces?

La mitad de lo que logremos.

Tú sabes lo que puede valer la gran esmeralda,

de modo que verás que es una oferta generosa.

Generosa solo a medias. ¿Por qué solo a medias?

¿Qué otra cosa quieres?

Ya te lo he dicho, que te cases conmigo,

así aparte de una bellísima esposa,

tendré como consorte el ciento por ciento.

Creo que es de una lógica aplastante, ¿no?

Solo a un tiparraco como tú se le podía ocurrir algo semejante.

Y yo que estaba dispuesta a aceptar pensando que me querías a mí

y no al dinero.

Si yo te quiero mucho, mujer, pero son amores distintos.

Está bien, lo haré yo sola,

pero te advierto que le diré al Zorro

que no has querido atenderle y que me dejas...

¡Eh, espera!

¿De verdad ha sido el Zorro quien me pide que colabore

en esa insensatez? Pregúntale a tus peones.

¿Por qué tendrá que enredarme a mí en este asunto?

Es cierto que le debo algún favor, pero no como para transigir en esto.

¿Entonces, no?

Sí, prefiero verme entre el ejército de California de un lado

y todos los pieles rojas de América del otro,

antes que tener la sombra de ese bandido sobre mi cabeza.

(RÍE) Gracias.

Yo sé que aunque gruñes contra todo, tienes un gran corazón.

Eso es lo malo cuando empiezan los tiros,

que no hace falta mucha puntería si lo toman de blanco

para que te lo llenen de plomo.

(RÍEN)

-La curiosidad es un pecado feísimo, hermano.

Le hacemos un par de agujeros.

-No, luego se pone todo perdido de sangre

y nos tocaría enterrarle además. -Sí que es una lata,

pero no vamos a dejarle meter las narices

en los asuntos del patrón.

(GRITA) -¡Ah, ah!

-Mira si logras quitarle el sombrero.

(RÍE) -Afina la puntería, hermano.

(RÍEN)

-Maldito sean los chumbos, es que se mueve mucho.

-Pues tírale a las posaderas a ver si es más fácil.

(RÍEN)

Ahora vete, Pancho y Ramón te llevarán al hotel.

No me da miedo quedarme aquí.

Pero a mí sí que te quedes. (RÍE)

Lo prepararé todo y esta noche iré a cenar contigo,

y de paso a darte la novedad.

ten por seguro que Zack no se habrá rendido.

Es mucho dinero, Dubois, no quiero fallos.

Quede tranquilo, Mr. Zack.

Yo haré que ese zorro salga de su madriguera.

Buenas noches.

Buenas noches. -Adiós.

Está ahí, ahí fuera y...

(LEE) "J.P Cooper de la agencia Pinkerton".

Hágale pasar. Pero ¿es un detective?

Claro, que pase. Pero es que...

Vamos, ¿a qué espera?

Pase, por favor.

Buenas noches.

(TOSE)

Buenas noches.

A veces el humo gasta bromas pesadas, ¿eh?

¿Puedo sentarme?

Claro, siéntese, siéntese, por favor.

Parece sorprendido por mi visita.

Pues no precisamente por eso, sino por...

¿Porque soy una señorita?

Mi querido amigo, estamos en pleno siglo XIX,

ya no hay nada que le sea prohibido a la mujer.

Bien, entonces, supongo que fumará.

¿Virginia, turcos?

Gracias, prefiero un cigarro puro, si son habanos.

Bien, entonces, ¿se cree usted capaz de llevar a buen fin

la misión que he contratado con su agencia?

¿Descubrir quién se oculta bajo la máscara del Zorro?

Eso mismo.

Desde luego, siempre que consiga usted hacerlo aparecer.

Ya me he ocupado de eso, mañana o pasado podrá verle.

Entonces, cuente con ello.

Le atraen los 5000 $ de recompensa que ofrezco por él, ¿cierto?

(RÍE) No.

Entonces, ¿por qué va a darle caza?

No le persigo, mi trabajo se refiere únicamente a descubrir

quién es el Zorro.

Su captura no nos interesa,

ni mi agencia ni yo tenemos nada contra el Zorro,

al contrario, le consideramos como uno de esos animales,

que si bien son rapaces,

limpian el campo de otras alimañas, por lo que resultan beneficiosos.

¿Y entre esas alimañas me cuenta usted a mí?

Ay, es usted quien lo dice.

Se cree muy lista, ¿verdad? Lo soy.

Entonces, ¿cómo es que no se ha dado cuenta

de que, quieran o no, serán ustedes quienes acaben con el Zorro?

¿Qué?

Si le descubre, le habrá dejado inerme en mis manos.

Y nada más fácil entonces que quitarle de en medio

cuando aparezca bajo su verdadera personalidad.

¿Y si fracaso?

Dado el prestigio de la agencia Pinkerton

eso solo podría suceder si el Zorro la matase.

Es solo una hipótesis, claro. Continúe suponiendo.

En ese caso estaría perdido igualmente,

Pinkerton jamás dejó de vengar a sus agentes.

(Cristales rotos)

(Música tensión)

¡Johnny!

¡Johnny!

¿Quieres venir de una maldita vez cuando te llame?

Sí, jefe.

Pero ¿qué clase de vigilancia has organizado?

El Zorro ha llegado al pie mismo del balcón

y ha tirado una piedra a la señorita.

Era para usted.

(RÍE)

(LEE) "Abandona la empresa de la gran esmeralda.

Es mi primer y último aviso. Saludos a la señorita Cooper".

¡Maldito!

Si ese bandido cree que va a acobardarme con sus amenazas,

está pero que muy confundido.

Si él es un zorro, yo soy una hiena, un chacal,

un tigre de bengala.

Atiende bien, Johnny, prepara todo para partir mañana,

hombres, caballos, armas.

Quiero marcharme al alba. ¿Has comprendido?

Si falta algo, te pego 36 balazos

en eso que Dios te ha dado como cabeza.

(BALBUCEA) Sí, sí, señor. ¡Largo!

Sí, señor. ¡Quítate de mi vista!

Estoy rodeado de imbéciles.

¿Y usted qué piensa hacer?

Oh, dada la situación,

la mejor manera de ver al Zorro será no separarme de usted.

Buenas noches, caballero.

¿La señorita Alfaro? Avisa a la señorita del 17.

Buenas noches, señorita Cooper. Buenas noches.

¿No ha llegado Mr.Zack? Todavía no.

Gracias.

Le esperaré aquí. Como guste.

(LEE) -"Solo los cobardes ocultan el rostro.

Mañana al amanecer esperaré al Zorro ante las tapias del cementerio

para quitarle la máscara y la vida".

Estoy seguro que alguno de ustedes dará el recado al Zorro.

Díganle que si no acepta mi desafío,

reconoce ser el cobarde que afirmo yo.

¿Y por qué no se lo dice usted mismo?

¿Quién le ha dado vela en este entierro? ¿Acaso es usted el Zorro?

No, por Dios, pero todo esto, sin tenerle delante,

me parece gastar pólvora en salvas.

¿Me está llamando cobarde?

Al contrario, quiero decir que se está haciendo el valiente.

¿Mantendría sus palabras con las armas en la mano?

No, en absoluto. Si lo prefiere, retiro lo de valiente.

(RÍE)

"Touché".

¡David, no permitas...!

Dame tu pañuelo.

Coge el tuyo, cobarde.

Gracias.

Si me llevase una mano al bolsillo,

daría a este señor la oportunidad pegarme un tiro,

pretextando que buscaba un arma. Espero sus padrinos,

mañana a las siete le mandaré al infierno.

Si no le importa, prefiero a las nueve, no me gusta madrugar.

De acuerdo, a las nueve.

Pero tuviste que... ¿Hacerme matar?

Te será más útil un cobarde vivo que un valiente muerto.

¡Vete al diablo!

Muchas gracias.

Si me permite, me quedaré con su pañuelo como recuerdo.

Le prometo que le enviaré mañana el pañuelo más bonito de Monterrey.

Entonces, ¿es que confía en que podrá salir vivo del duelo?

Espero que el Zorro me lo quitará de en medio unas horas antes,

tiene que encontrarse con él al amanecer.

¿Y si no fuese así? ¿Y si lograse matar al Zorro?

Bien.

El caso es que mañana a las ocho... salgo de viaje.

Se me ha olvidado decírselo, soy un tremendo despistado.

¿Señorita?

Mi querido Sandoval, no me diga que la señorita Alfaro

ha logrado involucrarle en su inútil aventura...

Las mujeres están locas, pero, ¿quién se resiste?

Entonces, ¿somos enemigos? No.

Digamos... adversarios.

¿Señor?

Un hombre muy interesante.

¿No será el Zorro? El último en quien debe pensar.

Al Zorro le verá mañana en el campo del honor.

¿El duelo lo ha organizado usted? (ASIENTE)

Lamento haberle comparado antes con una alimaña.

Ah, empieza a comprenderme.

No he debido insultar a esos pobres animales.

(RÍE A CARCAJADAS)

¿Alguna novedad? La calle está despejada,

y la paloma debe dormir hace rato. Estate atento.

Voy a subir al palomar, a ver qué clase de pájaro

es realmente esa detective.

(Música)

(Rifle)

(Continúa música)

(CHISTA)

¡Malditos sean los chumbos!

Ponga las manos arriba.

¿Puedo volverme?

No, tire el cinturón.

¿Quién hay en la cama?

(RÍE) Nadie.

¿Y esa melena? Trucos de la mujer moderna.

Acérquese al armario.

Ahora puede volverse.

Estará contenta,

ahora podrá terminar su misión.

Tenía un gran deseo de conocerle. Bien.

Eso es fácil, quíteme la máscara.

No, lo haré luego, cuando le tenga muerto a mis pies.

Mientras, no cometeré la tontería de acercarme.

¿Me permite fumar?

No.

Dicen que el polvo del tabaco soplado en los ojos

los irrita muchísimo, no me apetece experimentarlo.

¿Cuánto quiere por dejarme ir?

Ponga usted el precio, yo podría pedir poco.

No le daré ni un céntimo más de 25 000 dólares.

(RÍE) Es mucho más de lo que ofrecen por su piel.

¿Por qué esa diferencia?

Porque usted tiene un revólver cargado en la mano, y yo no.

Y si no acepto, ¿qué piensa hacer para salir del aprieto?

Si estuviese más cerca de la ventana, intentaría saltar por ella.

Le volaría la cabeza antes de que llegase allí.

¿Por qué no intenta esconderse detrás del armario?

¿Cómo sabe que era precisamente eso lo que estaba pensando?

Porque es lo que haría yo.

No, aunque lo lograse, tendría que quedarme ahí acurrucado

como un ratón, esperando que usted se pusiese a tiro de mi Derringer.

¿Tiene uno? Sí.

No, no le creo.

Tiene razón, era un farol, no lo tengo.

Ahora es cuando no me fío. ¿Dónde lo guarda?

Escondido en la bota.

¿Pretende que yo vaya a comprobarlo? Lo estoy deseando.

Prefiero quedar en la duda.

Le he puesto en una situación digamos desagradable, ¿verdad?

Lo es tanto para usted, como para mí.

Yo estoy armada, ¿por qué dice eso?

Porque no quiere matarme a sangre fría, y no sabe cómo hacerlo,

un bonito lío.

Es cierto. ¿Qué haría usted en mi caso?

Le daría la oportunidad de defenderse.

Está bien,

tome.

¿Por qué hace esto?

No podía disparar contra usted

teniendo de mi parte todas las ventajas.

Pasados cinco segundos, las ventajas hubieran sido mías.

¿Lo cree usted así?

Sí. (GRITA)

(RÍE)

¿Se ha convencido?

Está visto que con el Zorro hay que disparar primero,

y preguntar después.

¿Por qué no lo hizo así?

Yo no tengo nada contra el Zorro.

Ni yo contra usted, pero le advierto que si descubre quién soy,

tendré que matarla.

Y la agencia Pinkerton caerá sobre usted hasta exterminarle,

es ese diabólico plan de míster Zack,

por eso no disparé cuando entró.

Debo darle las gracias.

Pero esté seguro de que averiguaré quién hay detrás de esa máscara.

¿Me perdonará si no le deseo suerte en la empresa?

Oh, no, yo nunca cuento con ella,

pero conozco perfectamente mi oficio.

No lo dudo.

Buenas noches, señorita.

Es usted realmente peligrosa.

Ya se lo he dicho.

Bien, entonces tendré que despedirme de otra manera.

(Música)

Hasta la vista.

(CHISTA)

Ramón.

-¿Dónde está, señor?

-¿Por qué no estás en tu sitio?

-Hay gente emboscada, deben ser 10 o 12.

Han cerrado la calle con dos carros, y han cercado los corrales.

-Abre la puerta y provoca una estampida.

(ASUSTA A LOS CABALLOS)

-¡Cuidado, trata de escapar entre los caballos!

-¡Seguidle! -¡Corre!

(ASUSTA A LOS CABALLOS)

(Disparos)

-¡Cuidado, imbécil, casi me das a mí!

(Disparos)

(Música acción)

-Es inútil. ¿Quién sabe dónde estará ya?

(Disparos)

(RÍE A CARCAJADAS)

Hola, Dubois.

¡Ay!

-¡Ah!

-Verás que soy puntual. Hoy es mi día de suerte,

voy a ser el cazador que más gane por matar a un zorro.

-No vendas la piel antes de cobrar la pieza.

-Tienes razón, la cogeré primero.

-Me interesa saber cómo piensas hacerlo.

¿Me lo quieres decir?

-Contaré hasta tres...

y dispararé. Uno... -Un momento, Dubois,

nos batiremos a espada. -¿Eh?

¿A espada?

-Yo soy el ofendido,

y por lo tanto tengo derecho a escoger el arma.

(Disparo)

(Disparo)

(RÍEN BURLONES)

(Gritos de lucha)

Por esta vez me conformo con dejarte mi marca,

la próxima, te mataré.

Ahora vete, y no vuelvas por aquí.

(SILBA)

(Disparo)

(RÍE)

(RÍEN BURLONES)

¿Dónde está el señor Sandoval? Son más de las ocho, y no aparece.

Yo no le llamo,

cuando lo hice esta mañana me tiró una bota,

y me amenazó con colgarme si le volvía a molestar. Ahí viene.

(SE DESPEREZA)

¿Ha amanecido ya?

¿Pancho?

Vamos, vamos.

¡Jía, jía!

(Música dramática)

Intentaremos pasar uno a uno

por el terradillo junto a la puerta,

nos ocultará a los ojos de los centinelas del patio;

los de las murallas hacen el recorrido en sentido inverso,

y tardan en reunirse unos dos minutos.

¿Vamos ahora?

No, lo haremos un rato antes del alba:

nos conviene dar el salto a oscuras,

pero debemos huir con la primera luz.

(BOSTEZA)

Ahora podríamos cenar,

con el viaje se me ha despertado un hambre atroz.

¿Cuándo pondrás el corazón antes que el estómago?

(Corneta)

Una cena exquisita, Ramón,

recuérdame que te suba el sueldo cuando volvamos, si es que volvemos.

Gracias, patrón.

Pancho, tráeme el jerez, por favor.

Aunque me saques de quicio continuamente,

reconozco que no te creí con una serenidad semejante.

Solo se vive una vez,

de modo que hay que aprovechar lo que la vida te ofrece hoy.

Si nos vuelan la cabeza esta noche, que será lo más seguro,

¿por qué desperdiciar el paté el jamón, la fruta, el café y el jerez?

Si quieres, déjalo. Desde ahora, quedas libres de tu compromiso.

Yo soy fatalista, Gladys, no busco nada, pero tampoco huyo.

Lo que tenga que ser, será.

"Alea iacta est".

¿"Iata" qué?

-Quiere decir que nosotros tampoco somos mancos.

-¿Cómo? -En francés.

¿Tenemos alguna posibilidad?

La conquista del Perú se presentaba peor,

y Pizarro salió adelante.

Pero ahora durmamos un rato.

Pancho, llámame a las cinco.

Sí, patrón.

Hay que reconocer que tiene agallas.

-Está chiflado, no sabe dónde va a meterse.

-A meternos.

-Si no fuese por el Zorro, le iba a acompañar su padre.

Gracias.

Era lo que faltaba para que la noche fuera perfecta.

(Música tensión)

¡Arriba!

¡Vamos!

(Música tensión)

(Disparos)

¡Malditos sean los chumbos!

-Quizá podamos escapar por donde vinimos.

No, es igual que nos peguen un balazo yendo para un lado,

que para el otro.

Intentaremos sacar a tu padre, cubridme.

Atentos.

(Disparos)

(Disparos)

(Música dramática)

¡Eh, venga, patrón!

No hay nadie aquí dentro.

(Música tensión)

Arriba también está vacío.

-¡Eh, patrón, mire aquí!

¡Corra, patrón, corra!

(Gemidos)

-Entonces, ¿contra quién hemos estado peleando?

-¿Contra quién hemos disparado? ¡Eh!

¿Quién está ahí? Es míster Zack.

Ha pensado lo mismo que nosotros.

¿Se habrá apoderado de mi padre?

No, si fuese así, no estaría aquí.

Buenos días, míster Zack.

!Sandoval, ay!

Entrégueme a Alfaro.

Si me quiere registrar...

Es inútil que intente engañarme.

No está con nosotros.

No piense ninguna jugarreta. No sea tonto,

los presos escaparon por su cuenta. Ojo, que les tengo rodeados.

Si se mueven, disparad a matar.

¿Es usted idiota, Zack, no ve cómo están los guardias?

Maldición, es cierto.

Cálmese, Zack. Aparte esto, que el diablo las carga.

Nos estamos portando como estúpidos,

todos queremos la gran esmeralda, y por conseguirla

nos vamos a matar entre nosotros, con lo cual, no será para nadie.

Le propongo un pacto. ¡No lo permitiré, canalla!

¡Quieta! No la haga caso, ya conoce a las mujeres.

Unamos nuestras fuerzas, estoy seguro de que Alfaro

habrá escapado hacia la región del mezcal.

Gracias por la información. ¡Todos a los caballos!

Ah, y no hay pacto, le garantizo que Alfaro hablará

cuando le tenga en mis manos. Hasta la vista, señores.

¡Eh, oiga, espérenme!

No se ofendan si cojo sus caballos,

servirán de reserva a los míos, y además así no podrán seguirnos.

¡No tienes vergüenza!

Querías pactar con ellos, y les has dado la pista de mi padre,

no quiero verte más.

Mujeres, chifladas.

Vamos, Gladys, cálmese. Estoy segura de que el señor Sandoval

no ha obrado a lo loco, ¿verdad? ¿Por qué dice eso?

¿Es que no es así? Bien, yo creo...

que tu padre habrá ido primero al rancho, esperando encontrarte.

(LLORA) Es cierto. Yo... David, perdóname por haber dudado de ti.

Nos reuniremos allí con él, y marcharemos juntos

a las tierras del mezcal.

¿Sin caballos? No llegaremos en un mes.

(SILBA)

Se la ha dado con queso. Me largo, Ramón.

Lucero es un caballo muy inteligente,

siempre lo tengo a mano para cualquier emergencia.

Recoge el campamento. Ya mismo, patrón.

-¡Jía, Lucero!

Dentro de un par de horas podremos reanudar el viaje.

¿Y esos?

Les liberarán cuando hayamos puesto suficiente tierra por medio

para que no nos puedan perseguir.

(INTENTAN HABLAR)

-¡Gladys!

¡Gladys!

¡Gladys!

¡Gladys!

Tenía razón, es mi padre.

¡Vamos, deprisa!

(Disparo)

¡Cuidado, no dispare!

Somos nosotros, Alfaro, no dispare.

(Disparo)

¡Alfaro, soy Sandoval, David Sandoval!

Vengo con su hija Gladys, fuimos a la prisión para liberarle,

pero usted ya se había escapado.

Voy a salir sin armas y con las manos en alto, no dispare.

Despacio. Tranquila, no ha sido nada.

(SORPRENDIDO) -¡David! Ahí está Gladys, vaya con ella.

¡Padre! ¡Hija mía!

Pude haberte matado, perdona, no suponía que...

Qué miedo he pasado.

¿Te sientes mejor ya? Sí, padre. Ayúdame a levantar.

¿Cómo está? Parece que no es más que el golpazo.

¿Y el caballo?

La bala le hizo un rasguño en una pata, pero puede caminar.

Cúralo. Volando.

Pensaba que solo era usted inteligente.

(RÍE)

Pero nunca hubiera creído que tuviese tanto valor.

A la fuerza ahorcan: si no lo hubiera hecho así,

ese viejo loco nos hubiese frito a balazos.

Gracias, David.

Gracias por haberme traído a mi hija,

ahora si quiere pueden ustedes volverse, continuaremos solos.

No, no, si el Zorro se enterase de que le había desobedecido,

no encontraría... un lugar en el mundo para vivir tranquilo.

Ya que nos hemos zambullido juntos en esta absurda aventura,

juntos continuaremos hasta el final.

Y atención, despídanse de sus cabelleras si nos cogen los indios.

(RÍEN)

(Música suspense)

Aquel es su campamento, si la cueva de la gran esmeralda es un templo,

no puede estar lejos. Jefe, muy bien visto.

Gracias. Mire allí, jefe.

(CHISTA)

¿Quién se queda con los caballos? (CHISTA)

Toma esto. Sí, jefe.

Y esto. Sí, jefe.

Despacio, cuidado.

(Música tensión)

(Música dramática)

¡Ay, mi dedo!

¡Quieta, muchacha! ¡Ya es nuestra!

(RÍE) -Te caes siempre, Johnny. -¡Por su culpa!

-¡Adelante con ella!

-¡Fiera!

-Hombre blanco dejar Yuma.

Hombre blanco romper cabeza a Yuma si no contestar.

Pero, jefe, ¿por qué habla como los indios?

¡Cierra el pico!

Tú...

¡Allí arriba!

De centinela, por hablar.

No hay derecho.

¡He dicho allá!

(GIME) ¡Siempre la tiene que tomar conmigo, estoy harto!

¿Quién eres?

Ser hija gran jefe Jerónimo. Bien.

Hemos tenido suerte.

Óyeme bien, muchacha, no te quiero hacer daño,

pero me tienes que llevar la cueva de la gran esmeralda.

Si te niegas, te torturaré, te haré sufrir lo que...

Ya, tú eres la hija de un gran jefe, y morirías sin ceder.

Pero es que tú no conoces aún quién soy yo.

¿Sabes lo que es esto?

Esto puede matar de lejos, y ahora, mira.

¡Johnny!

A la orden. Trae los gemelos.

Como el rayo, jefe.

(GRITA)

(RÍE BURLÓN)

-No, no ha sido nada, ya estoy aquí.

Tome, tome.

Mira.

Es tu gente, ¿verdad?

Pues si no me obedeces, rodearemos el poblado

y los mataremos a todos.

Mis guerreros matar a ti. Puede,

pero antes morirán muchos de ellos, y hay mujeres y niños.

¡Andando, todos a caballo! Dejar caballos.

Caballos no poder subir.

Siempre montaña arriba.

¡Dejad los caballos!

(Música tensión)

¡Alto!

Ahí comienza el territorio indio.

Todos ustedes tienen ya un mapa de él,

conviene que nos dividamos.

Así será más fácil que pasemos desapercibidos

y además, las posibilidades de encontrar la gran esmeralda

se multiplicarán por seis.

Por cinco, don César. No cuenten conmigo.

¿Qué dice?

¿Nos va a abandonar ahora? Mire.

Y ahora, escuchen.

(Tambores)

Pancho, dile a estos señores lo que significa todo esto.

Parece que los pieles rojas se han puesto en pie de guerra.

(Grito)

(Tambores, gritos)

No sea cabezota, don César,

yo le prestaré lo necesario para que escape a Europa.

Haremos revisar la causa, y cuando todo vuelva a la normalidad,

podrá regresar. Seguir ahora es una locura.

No. No estoy dispuesto a perder todo este esfuerzo,

a renunciar a lo que es mío. Ustedes no tienen por qué seguirme,

pero yo me voy. Tozudo, ¿eh?

Padre, yo voy contigo, el Zorro nos ayudará.

Gracias, Gladys.

-Oiga, patrón, ¿podríamos ir nosotros?

Ni soñando, vosotros, no.

Yo creo que al Zorro le gustaría. Pero da la casualidad

de que os pago yo, y no ese bandido.

Bueno, le diremos que no nos dejó. -Y que le llamó bandido.

Está bien, id al infierno si os place.

(GRITAN)

¡Pero os prometo que compraré a Jerónimo vuestras cabelleras,

para que todo Monterrey recuerde a los dos ciudadanos

más imbéciles que tuvo jamás!

¿Cree que el Zorro intervendrá para ayudarnos?

¿Qué sé yo? Les esperaremos aquí tres días,

si en ese tiempo no han regresado, volveremos a la ciudad

a encargarles un buen funeral.

No se olvide del mío.

Oiga, ¿dónde va? Con ellos.

Pero, pero, ¿qué le importa a usted la gran esmeralda?

Nada, solo que he venido a cumplir un trabajo,

y creo que podré hacerlo mejor en primera línea.

Locos...

Locos...

Locos de remate.

(Tambores)

¡Eh, muchacha, espera!

No te separes de ella.

-¿Yo? Sí, tú.

Siempre yo. Cooper haz esto, Cooper haz lo otro...

-¿Nos habrán descubierto? Seguro,

no nos atacan porque la llevamos a ella.

Sigamos.

(Tambores)

¿Atacar ahora?

-Si haber lucha, Yuma poder morir. -¿Qué hacer entonces?

-Yuma digna hija de gran jefe,

andar siempre mismo sitio hasta agotarlos.

Apresemos otros rostros pálidos.

(Música tensión)

(GRITA) ¡Oh, no! ¡Oh!

(Continúa la música)

(GRITA) ¡Pancho!

(Tambores)

(RESPIRAN CANSADOS)

No puedo más. Yo juraría que ya hemos pasado por aquí.

Eh, muchacha, escúchame, si nos estás tomando el pelo,

te degüe...

Te degüello.

-¿Y quién llevarte al templo gran esmeralda?

La muchacha tiene razón, estúpido.

Además, ¿no oyes esos tambores?

Si la matas, caerán sobre nosotros como una tempestad. Anda, camina.

(Música tensión)

Malditos sean los chumbos, ya podían jugar a otra cosa.

(Música tensión)

Tú elegir primero cabellera.

(Continúa la música)

¡No, déjame! ¡No, hija!

(GRITA) ¡No!

Cerdo, suéltame y será tu pelo el que arranque.

¡Déjale!

Quieto, hombre ser mío.

Ella ser tuya. -Hablar bien.

(GRITA) ¡No, no!

(Disparo)

¡Alto!

Gran jefe, hemos fumado juntos la pipa de la paz,

¿por qué me atacan tus guerreros?

Blancos romper pacto, Yuma, mi hija, presa.

Lo sé, pero estos blancos no tienen la culpa

de lo que hagan los demás.

Déjalos en libertad y yo te devolveré a Yuma.

(Música tensión)

Hombre blanco decir verdad.

-Soltad.

-No, jefe, mujer rostro pálido ser mía.

-Oso grande querer mujer, tú luchar si querer ella.

Gran espíritu ayudar justicia.

Está bien.

Duelo ciego. -¿Eh, duelo ciego?

-Preparar cuchillos.

(Música tensión)

(CHAMANA) ¡Oh, Manitú!

Tu fuerza irá al cuchillo del guerrero justo.

(Música tensión)

¡Vamos, duro con él!

(Gritos)

¡Anda, malditos sean los chumbos! -Acaba con él.

Zorro vencer, prisioneros ser tuyos.

Dime, Yuma ha perdido a los otros hombres blancos, ¿verdad?

Yuma ser muy inteligente hija mía.

Pues bien, dile con los tambores que ahora ya puede llevarlos

a la gruta de la gran esmeralda.

Gran esmeralda ser sagrada. Ten confianza en mí.

Jefe, yo creo que estamos otra vez en el mismo sitio.

¡Maldita cara sucia, ven aquí y escucha!

Te has estado burlando de nosotros pero ya no aguanto más,

si he respetado tu vida ha sido para que me llevases

a la gruta sagrada, pero si no lo haces,

tanto me da matarte. Así que piénsalo.

(Tambores)

Yuma llevar.

(Tambores)

(RESPIRAN CANSADOS)

Estar allí.

-¡Eh, mi-mi-mirad! (GRITA) -¡Los indios!

Arriba, imbéciles. Eso quiere decir que ahora vamos en buena dirección.

Anda, anda, camina.

¿Pero y si se nos echan encima?

No hay miedo, ella es nuestro escudo. Adelante.

¡Uy, uy!

-Esa es la gruta sagrada.

¡Lo logramos! ¡Vamos, chicos, moveos!

(GRITAN FELICES)

Adelante, vamos.

Cooper, entra tú. -¿Pero por qué siempre yo?

Que entre la chica, andando.

Eso, eso, las mujeres primero. He dicho que adentro.

(Música tensión)

¡La esmeralda! Espere.

Usted ya tiene lo que quería, ¿por qué no nos da el dinero?

¿El qué? Eso, eso.

-La paga que habíamos estipulado, nosotros ya hemos cumplido

el compromiso acompañándole, ahí tiene la gran esmeralda.

Ahora nos queremos ir, no nos gusta este sitio.

¿Verdad, muchachos? (A LA VEZ) Nada, nada.

Tomad, aquí tenéis vuestro dinero, no me voy a quedar con él.

(DISCUTEN)

¡Orden, que hay para todos!

-De-dejadme verlo, po-po-por lo menos.

(Música tensión)

Ya es mía. Sí, señor, ya es mía.

La gran esmeralda.

(CUENTAN DINERO)

No os dais cuenta de lo que vale esta joya, imbéciles.

Me da pena veros contar así esos cochinos dólares.

Hala, corred a la ciudad a gastaros en tequila esa miseria,

pero no os separéis de Yuma, esa india es vuestro salvoconducto.

No se preocu... ¡La india!

¡Ay, ay, ay, madre!

Jefe.

¿Qué te pasa ahora?

La chica se ha pirado, se ha dado el bote.

¡Cretinos! ¿La habéis dejado escapar?

¡Atrapadla inmediatamente, pero viva, nos hace falta viva!

¡Vamos, deficientes, corred!

¡Ay, qué porquería de banda me ha tocado en suerte!

¡Allí está! ¡La encontré, jefe!

-Cuidado que se escapa. -Mira, mira, cómo corre.

¡No habléis tanto y prendedla, o estamos perdidos!

¡Vamos, vamos, hay que cogerla!

(RÍE)

¡Eh, chica, espera!

(RÍE)

¡Detente! -Anda, que no te vamos a hacer nada.

-Si corres, va a ser peor.

-¡Quieta! ¡Ven acá!

(GRITAN)

-¡Ay, ay, ay, están todos!

(Gritos)

(Música tensión, gritos)

¡Ya es nuestra!

¡Espera, chica, espera, no te vamos a hacer nada!

(Música, gritos)

¡El Zorro!

(MALDICEN)

¡Los indios!

(Gritos)

He cumplido mi palabra, aquí tienes a tu hija.

-Ella importar más que esmeralda.

-No, tampoco has perdido la joya.

Ten.

-Mi pueblo, tu amigo.

-Entierra tu hacha y que haya paz.

-Ya sabes lo que hay que hacer. -Tranquilo.

-¡David, David!

¿Me llamaban?

No creí que le encontráramos ahí. ¿Qué?

¿Ya están de vuelta?

Comenzaba a impacientarme. ¿Lograron la esmeralda?

¡Lo logré!

¡La conseguí yo, desgraciados!

¡Mírenla, eh, mírenla!

Me salí con la mía, la gran esmeralda, mírela.

¡Canalla! ¡Quieto!

Se ve, pero no se toca, ahora es mía, mía,

la gran esmeralda.

Ella me hará el amo y señor de estas tierras, ¿se entera?

(RÍE)

Pero qué idiota, Dios mío.

Padre, ¿qué te pasa?

(RÍE) Se ha creído que eso es la gran esmeralda.

(RÍE) Eso no es más que un vidrio, un vulgar cristal.

Se la han dado con queso.

(RÍEN)

¿Qué dice? Está mintiendo. Es la gran esmeralda.

La rabia le hace delirar,

está furioso y por eso dice esas sandeces.

¡Qué ridículo!

Hace falta ser lo bruto que es usted para creérselo un solo instante.

Dele, dele un golpecito y verá en lo que se queda

su gran esmeralda.

(RÍEN)

(Música)

Cristal.

(RÍEN)

(RÍE)

¡No, no y no! Ha sido ese Zorro maldito,

pero acabaré con él, y usted, señorita Cooper,

¿qué ha averiguado, no me lo iba a entregar?

Espere. ¿Qué demonios tengo que esperar?

Verá.

¿Pero qué ridículo juego es este?

Gracias, necesitaba esta comprobación.

Señor Zack, los agentes de Pinkerton nunca fallamos.

Si le puede servir de consuelo, le diré quién es el Zorro.

David Sandoval. ¿Sandoval?

Eh, no diga tonterías. ¡Le mataré!

No toque esa pistola. ¿Pero se ha vuelto loca?

Mi agencia le prometió descubrir quién era el Zorro,

y hemos cumplido, pero también es mi deber

impedir cualquier delito,

y usted quería matar a ese hombre. ¡Me vengaré!

Acabaré con usted, Sandoval, en cuanto llegue a la civilización,

le tendré en mis manos, lo haré encarcelar,

ejecutar, ahorcar.

(Música tensión)

¡Así os muráis todos! ¡"Bye, bye"!

(Música tensión)

Qué extraña ética la suya.

Le descubre el secreto del Zorro, pero de forma que no lo pueda

decir nunca. Exactamente.

Dígame, Joan, ¿por qué supone que yo soy el Zorro?

No lo supongo, lo sé.

La falsa esmeralda era el tapón de su botella.

Me lo quitaron, seguramente sería el Zorro.

Una vez besé al Zorro y tenía sus mismos labios.

¡Ya está bien, desvergonzada!

David es mi novio, déjele en paz de una vez.

Ahora que sabe que es el Zorro, porque antes no lo quería ni ver.

¡Y usted, cállese! Me importa un comino

lo que usted opina, David es mío y basta.

No piense que se lo va a llevar de rositas, vamos.

Por favor, por favor, no se pongan así, si no vale la pena...

(Grito)

¡Escuchen, escuchen de una maldita vez! ¡Escúchenme!

Por favor, señoritas, yo no quiero pecar de vanidoso,

así que si me quieren aclarar por quién se están peleando,

por mí o por él.

¡El Zorro!

Ya se lo dije.

Discúlpeme, no sé cómo pude creer que...

¿Dónde va? ¿No me quiere? ¡Ni por pienso!

Seguimos siendo novios, ¿verdad?

¡Y un rábano!

Dios mío, ya que no hay forma de entender a las mujeres,

dame paciencia para aguantarlas.

¡Malditos sea los chumbos,

a mí me tenían que vestir ahora de máscara!

a mí me tenían que vestir ahora de máscara!

(Música)

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