Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Czech
Danish
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
S@CINES
LA FAMILIA TIENE UN PRECIO
Pues nada…
Todo listo.
Mi habitación ya está vacía.
¿A qué la destinaréis?
Igual pongo una cinta de correr.
- Buena idea. - Tu madre quiere dejarla como está.
Tiene la esperanza de que os vaya mal
para que volváis y así cuidaros para siempre.
- Eso no es verdad. - Qué miedo.
Dímelo a mí.
Bueno, voy a meterla en la furgo.
Venga.
Mira, estoy sonriendo.
Anna.
Hola, Loredana.
Dentro de nada, estarás encantada de no verles el pelo.
Te entiendo perfectamente.
Cuando Maya y Pietro se fueron, fue un momento muy emotivo.
Íntimo.
Eso, íntimo.
Muy familiar.
Bueno, ya está.
Ven a vernos de vez en cuando. Al menos, para ver los partidos con papá.
Así no tendré que verlos yo.
- Claro, mamá. - Vale.
No quiero meterme, pero ¿por qué os mudáis a la ciudad con lo bien que se está aquí?
Tiene razón.
- Adiós. - Adiós.
Adiós, mamá.
Adiós, mamá.
Venga.
Mañana haré lasaña. Venid a comer.
Es broma.
- Era broma. - Venga ya.
ALQUILER DE COCHES Y FURGONETAS EN TODA ITALIA
15 MESES DESPUÉS
Emilio y Alessandra solo llaman cuando necesitan algo.
Ni siquiera han venido al funeral.
Es una vieja a la que habrán visto tres veces en su vida.
Pero era de la familia, mamá.
- Sé fuerte. - Carlo.
- Adiós. - Te acompaño en el sentimiento.
Ha sido algo totalmente inesperado.
Bebía como una cosaca. No me extraña que la haya espichado.
¿Y Alessandra? Hace mucho que no la veo.
Bien.
No ha podido venir porque tenía… una entrevista de trabajo.
- ¡Qué bien! ¿Para qué? - Sí.
Es que…
- No me lo ha dicho, por si se gafa. - Narcotraficante.
¿Y Emilio?
Tenía que ir a un funeral más importante.
No ha podido venir. ¿Nos vamos?
Ahora voy, mamá.
No paran de ajustarle la medicación.
Es como una montaña rusa de emociones.
- Bueno, adiós, Anna. - Adiós.
- Adiós. - Adiós.
Estáis muy guapas. A seguir así.
Adiós.
Espera un segundo. Gracias.
- ¿Estás ahí? - Sí, mamá.
Vale.
Escucha, papá y yo tenemos ganas de veros y de pasar un rato juntos.
- Yo también. - Adivina qué voy a hacer.
Pollo relleno.
Soy vegana, ¿no te acuerdas?
Cariño, pero si es tu cumpleaños.
Vale, nos vemos mañana.
Ale, otra cosa.
He visto tu foto de perfil de Whatsapp.
Parece un anuncio de un burdel colombiano.
¿Qué?
O sea, sales guapa porque tú eres guapa,
pero no lo entiendo.
¿Qué no entiendes?
Lo de posar medio desnuda delante del espejo poniendo morritos.
Parece que te hayas puesto el tubo del aspirador en los morros.
Hasta mañana.
¿A qué hora vendréis?
¿A las 13:30?
Mejor a las 12:00, ¿no?
Así pasamos un rato juntos y me echas una mano.
- Vale, nos vemos mañana. - Adiós, cariño.
- Adiós, mamá. - Cariño, espera…
Emi, cariño, ha habido un cambio de planes.
Tu hermana quiere venir a las 12:00.
Tú también podrías venir a las 12:00.
Así pasamos un rato juntos. Será un cumpleaños muy divertido.
Cariño, te espero, ¿eh? No me falles. Adiós, cielo.
LA RESISTENCIA
Va a ser genial…
¡Felicidades!
- Feliz cumpleaños, cariño. - Felicidades.
FELICIDADES
EL VERDADERO CAFÉ ITALIANO
Bueno, voy a recoger la mesa.
No voy a quedarme sin comer porque tú estés mosqueada.
Estoy muy tranquila.
A lo mejor se les ha olvidado.
- O llegan tarde. - No me toques las narices.
Es natural que los jóvenes se distancien de sus padres.
Pero, en este caso,
seguramente es porque no os aguantan.
Gracias, mamá.
Deja de llamarla, por favor. Déjalo ya, porque es humillante.
¡No seas infantil!
Es mía y haré con ella lo que quiera.
- ¿Y si vienen? - No vendrán.
Pues que rebusquen en la basura, como los jabalíes.
- Hola. - Hola.
- Estoy esperando a Maya. - Qué bien.
¿Tus hijos no vienen a comer?
Creía que hoy era el cumpleaños de Alessandra.
¡Sí! Qué buena memoria tienes.
¿No viene a celebrarlo?
No, porque dice que no quiere que me pase el día cocinando.
Nos va a llevar a algún sitio.
Qué bien.
Es un rollo que vengan siempre a casa a comer. ¡Qué fastidio!
A nosotros nos gusta.
En tu familia, aprendéis a pitar antes que a andar, ¿eh?
¡Hola, tesoro!
Maya está embarazada otra vez.
No.
¿Ah, no?
Lo parecía.
Adiós.
¿Dónde hemos quedado con Emilio?
En un bar cerca de su oficina.
Tomaremos un aperitivo rápido, porque luego tiene una cena.
Ya que estamos cerca de casa de Alessandra,
podemos decirle que se venga.
- Sigue soñando. - Por probar…
Vale.
Mira, ahí está.
¡Aún fuma! Qué mentirosa. Me dijo que lo había dejado.
- ¿Has visto la cara que ha puesto? - ¿Qué cara?
Cara de "qué quiere esta pesada ahora".
- Pero ¿qué dices? - ¿No?
Venga ya.
Mira.
¿Ves? Esa cara.
Hola, mamá. Dime, estoy trabajando.
¿Estás fumando?
No.
No, no estoy fumando.
¿Qué pasa, mamá?
Te llamo porque hemos quedado con tu hermano para tomar algo.
Estoy trabajando… Mamá, escucha… no podré ir a comer en Navidad.
Se me olvidó decírtelo.
- ¿Qué pasa? - ¿Cómo que no?
Me voy a París con Rocco. Lo siento, se me pasó decírtelo.
¿Hola? ¿Mamá?
¿Mamá?
¿Nos vamos?
- Ya que estamos, vamos a saludar. - ¡Vámonos!
Vale.
¿Sabes qué me haría feliz esta Navidad?
- No. - La esperanza.
La esperanza de que Rocco deje a la niña y vuelva a casa implorando consuelo.
¿"Implorando"? Qué navideño.
Y que, cuando quiera entrar,
tú sonrías y le digas: "Lo siento, cariño.
Mamá y yo no somos un pañuelo de usar y tirar".
O mejor se lo dices tú.
¡Hola!
- Hola, cielo. - Hola.
Ya estoy aquí.
- Toma, te las he planchado. - Gracias.
Cuidado, no las arrugues.
Aquí están las camisas sucias. A ver si puedes tenerlas para el miércoles.
Sí.
Las lavanderías existen, ¿sabes?
No me llega el sueldo.
¿Llorándole a mamá y papá?
- No. Es Azeglio, mi jefe. Mis padres. - Hola.
- Hola, soy Anna. - Bien.
Encantado. Quiero felicitaros por vuestro hijo.
Gracias.
Felicitaros por ser tan buena gente
y no haberlo dado en adopción.
¿O no?
Era broma.
No bebas, tenemos una teleconferencia en una hora.
¿Esta noche?
No, con lo de "en una hora" me refería a mañana.
Vale.
¿Cómo que "vale"? Claro que esta noche. ¡Espabila, coño!
- Vamos. Buenas noches. - Adiós.
- Mañana… - Adiós.
No te preocupes, mamá. Estoy acostumbrado.
¿Crees que es por él? No.
- No es por él. - Entonces, ¿por quién?
Tu hermana.
¿Qué ha pasado?
Se va a París por Navidad.
¡Será cabrona!
Yo no usaría esa palabra, pero sí.
¿Y ahora qué?
¿Qué de qué?
Alessandra no estará por Navidad, y a mí también me han invitado a un sitio…
- ¿Qué? ¿Quién…? - Yo tampoco podré ir.
Pero me quedaré solo con mamá y la abuela. Ya sabes…
¡Claro!
¿Y si dejamos la cena de Navidad para el 3 o el 4 de enero?
¿Adónde vas ahora?
¿No lo has oído? La conferencia. Me llevo las camisas.
Eso es.
Adiós, mamá.
- Amor… - Adiós, papá.
Entonces,
¿se cancela la Navidad?
Ya cenaremos juntos el 3 de enero.
- ¿Qué más da? - ¿Una cena de Navidad el 3 de enero?
Además, después de Navidad, el cordero está tirado de precio.
Venga, mujer.
- ¡Das pena! - Por favor.
Mira quién habla. Pareces un payaso con ese jersey.
Se lo he regalado yo.
Lo trajo mi padre de Laponia.
Bueno, en Laponia, efectivamente, pega mucho más.
- Es muy festivo. - ¿Y cómo está tu padre?
Bien. Él y su nueva novia viajan mucho.
¿Y qué tal Carlo y Anna?
No sé… Están enfadados porque no pasaré la Navidad en casa.
Hace una semana que no me llaman. Es rarísimo. ¿Cómo están?
Yo tampoco sé nada de ellos.
¿En serio?
Venga, chicos, es normal.
No, en ellos no.
No había pasado nunca. Es rarísimo.
¿No?
Sí. Yo tampoco estaré por Navidad.
¿Y eso?
Tengo planes.
Nada.
- No lo cogen. Ninguno de los dos. - Llama a la abuela.
- ¿Sí? - Hola.
Abuela, soy Ale. ¿Estabas durmiendo? ¿Te molesto?
No, qué va.
Y sí, me molestas. ¿Qué quieres?
Bueno…
- Estoy con Emilio y… - ¿Y a mí qué me importa?
Hola, abuela. Oye, ¿qué les pasa a mamá y a papá?
No cogen el teléfono y no sabemos nada. ¿Sabes si están bien?
Mejor que bien. ¿Cómo estarías tú en su lugar?
¿Viejo y aburrido?
No seas tonto.
Con lo que ha pasado, seguro que no se aburren.
¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
Qué raro.
¿No os lo han dicho?
La herencia de la tía Tea.
Tu madre se portó muy bien con ella, así que se lo merece.
- ¿Quién es la tía Tea? - ¿Qué han heredado?
No sé cuánto, pero sé que es mucho.
Adiós, cariño.
Adiós.
La vieja de Ceccano.
Nada, no lo cogen. No responden a las llamadas ni a los mensajes. Nada.
- ¿Quiénes? - Mis padres.
Suelen ser como lapas, pero ahora…
¿Los tuyos también te agobian tanto?
Murieron cuando yo tenía 12 años.
Vaya…
Los echo mucho de menos.
Lo siento.
Sigue insistiendo.
Al menos, están vivos.
- ¿Te has pasado la noche trabajando? - Hasta las 6:00.
Pues yo creo que te quedaste dormido a las 2:30, soñaste que eras gilipollas
y, de repente, te has despertado y tu pesadilla sigue aquí, en este papel.
¿O no?
Repítelo para mañana. A ver cuándo cojones espabilas.
- Yo así no puedo seguir. - Ya.
Si me pusieran en la "zona Emilio", saldría corriendo.
- Todo tiene un límite. - ¿Qué es la "zona Emilio"?
Es… una cosa que se inventó Marzio.
Es…
Lo he entendido perfectamente.
¡Serás cabrón!
¿Qué pasa?
¿Cómo era?
"Vamos mañana, esta noche trabajo".
He salido antes. ¿Y tú qué?
- No puedes ser más gilipollas. - No me rayes.
Venga.
Oye, no saques el tema de la herencia. Que nos lo digan ellos.
- ¿Por qué? - Porque pensarán que venimos por eso.
- ¡Hola! - ¡Hola!
¡Qué sorpresa!
¡Sorpresa!
Como no cogíais el teléfono, hemos decidido pasarnos.
- Estáis desaparecidos. - Qué va.
- Hola. - ¡Mamá!
- ¿Qué estáis haciendo? - Estaba preparando la cena.
¿Queréis quedaros?
- Vale, si no os importa. - ¡Claro que no!
Por cierto, he traído un vinito.
¿Os ha costado llegar?
- ¿A qué te refieres? - ¿Recordabais la dirección?
- ¡Qué bueno! - Sí, claro.
Lo siento, no sabía que ibais a venir y solo tengo esto.
¿Qué dices, mamá? Hay de sobra.
- Tranquila. - No sé yo…
Qué buena pinta tiene. ¿Qué es?
Pastel de casquería.
Lleva corazón, hígado, callos,
la cresta y la papada. ¿Queréis un poco?
Sí.
¿Ya no eres vegana?
Sí, pero en ocasiones especiales…
- Para tu hermano. - Sí.
Pruébalo. El de la vinoteca dice que ganó el premio al vino del año en los Abruzos.
- ¿En serio? - Pruébalo.
¿Qué te parece?
¡Una mierda!
Es broma. Es bueno, con cuerpo.
Con cuerpo…
- Gracias. - ¿Y cómo te va con Rocco?
Bien, como siempre.
¿Y no has pensado en hacer algo para que tu vida no sea "como siempre"?
Ya sabes que a Ale no le gusta hablar de esas cosas.
No, papá.
Tranquilo, me encanta hablar con vosotros de estas cosas.
Aunque… tener hijos es caro hoy en día.
Muy caro.
- ¿Y tú qué te cuentas? - ¿Yo?
No hago más que trabajar.
No es que esté contento.
Pero hay que pagar el alquiler.
El dinero no cae del cielo.
Tú lo has dicho.
¿Y vosotros?
Bien. Estamos bien.
Todo bien.
Al final, no iré a París.
He cancelado mis vacaciones de Navidad. Me quedaré con vosotros.
- ¡Qué bien! - ¡No me digas!
- Yo también. - ¿Ah, sí?
¿Tú también?
Yo no he cancelado nada, pero…
he decidido que quiero pasarla con vosotros.
Seré un inmaduro,
pero no puedo cortar el cordón umbilical.
El cordón umbilical…
Eso da… bastante grima, ¿no? Es…
Cállate y cómete el pastel.
- Es muy indigesto. - Gracias.
- Me ha dado sueño. - Estaba buenísimo.
- Muchas gracias por la cena. - Adiós.
- Buenas noches. - Gracias otra vez.
- Hablamos mañana. - Sí.
- Vale. - Vale.
- Venga, que hace frío. - Adiós.
- Adiós. - Quería preguntaros una cosa.
¿Qué tal el funeral de la tía Tea? Siento no haber podido ir.
Fue muy emotivo. Fue toda la familia. Solo faltabais vosotros.
Cuando me enteré, me entró un dolor en el pecho
y no me vi con fuerzas para ir.
Sí, yo igual. Aunque no la veíamos mucho, la quería un montón.
Sí, yo también estaba muy unida a la tía Tea. Sí.
Se nos había olvidado decíroslo.
Nos ha dejado una pequeña herencia.
Bueno, pequeña…
- ¿Ah, sí? - ¿Cuánto?
- Seis millones. - Seis millones. Seis…
Bien, ¿no?
Es mejor que nada.
Seis millones es mucho dinero. Cuesta gastárselo…
Es verdad. Podríamos donarlo o algo así.
La tía Tea era muy generosa.
Se alegraría si se lo diésemos a los pobres.
¡Yo soy pobre!
- No hay prisa. - Era broma.
- De momento, está en el banco. - Bueno, adiós, chicos.
Venga, que me resfrío.
- Mañana podríamos… - Adiós.
¿Has visto?
- ¡Para! - ¡Cállate!
Por los seis millones.
No está mal, ¿eh?
Por fin podré decirle adiós a esta vida de mierda.
¿Tu vida conmigo?
No, amor, no me refiero a ti, me refiero sobre todo al trabajo.
Trabajas conmigo.
Sí, solo digo que ahora podré decidir
qué quiero hacer con mi vida sin preocuparme por el dinero.
Tienes razón, pero deberías hacerlo independientemente del dinero.
Total, es de tus padres, ¿no?
¡Me cortas el rollo!
¿Por qué tienes que ser tan coñazo?
¿No podías decir simplemente: "Seis millones. Echemos un polvo"?
No.
- ¿Aún estoy a tiempo? - ¡No!
¡Otra ronda!
¡Emilio!
¡No, Marzio, tú no! ¡Marzio se paga lo suyo!
¡A pagar! ¿Has visto, Marzio?
Esta es la nueva "zona Emilio", ¡y tú no puedes entrar!
¡Un brindis por la tía Tea!
¡Por la tía Tea!
¡Tía Tea!
No quieren estar con nosotros.
¿Cuándo ha pasado?
Porque no me he dado cuenta mientras pasaba.
Antes hacíamos muchas cosas juntos.
¿Te acuerdas en Grecia? Los cuatro en una tienda de campaña…
Nosotros también podemos hacer cosas.
¿Ah, sí? ¿Cómo qué?
Sin ropa, tumbados…
¿Un TAC?
No me mortifiques.
Mira, Carlo, no estoy de humor para celebrar nada.
No lo hacemos desde el año pasado, el Día de los Difuntos.
¿Un año? ¿Solo?
El rendimiento fue, por mi parte, notable, túrgido e infinito.
Tenías razón.
¿En qué?
En que solo vienen si hay dinero de por medio.
Imagínate cuando les digamos que es mentira.
Se irán para siempre.
- ¡Ojalá! Porque son unas sanguijuelas. - Lo sé, tienes razón.
- Al menos, pasaremos la Navidad juntos. - Sí. Una última Navidad los cuatro.
Un mensaje de Emilio.
"Mamá, papá, os quiero".
- Cariño, sabes que… - Son unas sanguijuelas.
Pero… es bonito, ¿no?
Bueno…
¿Cómo les haremos creer que somos millonarios?
- Tranquila, tengo un plan. - ¿Qué plan?
Ya lo verás.
- ¿Este? - O este.
- Es muy llamativo. - ¿Y qué tal este?
- ¿Qué tal? - Precioso.
¿A cuánto?
Madre mía.
¡No está mal!
- ¿Puedo entrar? - Claro.
¿Cómo te sientes?
De aquí no me sacan ni con agua caliente. Pero es divino.
¿Cuánto quieres alquilarlo?
Hasta Navidad.
Muy bien.
Y… ¿cómo hacemos lo del seguro?
Si le haces algo, te corto los huevos y se los doy al perro.
Vaya. Le dijo el marqués al conde.
El deducible es alto.
Tienes que estar en Ámsterdam el jueves y volver el lunes.
Vale, no pasa nada.
¿Sí? Pasa, adelante. Ven aquí.
- No hay problema. - ¿Aquí?
Gracias.
- ¿Cómo va todo? - ¿El qué?
¿Cómo estás?
Bien, todo bien, gracias. Sí.
Quería decirte que, últimamente, has mejorado mucho.
Era difícil ir a peor…
Creo que una parte del mérito es mía porque,
sin mis inyecciones diarias y constantes de frustración,
no habrías mejorado, ¿o no?
No sé.
Yo sí lo sé. Pero esa no es la cuestión. Ahora que por fin has florecido,
puedo proponerte que seas…
socio.
¿Qué te parece?
- ¿Va en serio? - Claro.
Ya basta de darte por culo.
A partir de ahora,
seremos tú y yo quienes les demos por culo a otros, ¿o no?
¿Por qué no?
Obviamente, tendrás que invertir una pequeña suma
para entrar como socio, igual que hice yo en su día.
Claro.
Bien, porque sé…
He oído que…
Se rumorea que tienes posibilidades.
- Así que… - Entiendo.
Pero el dinero no es mío, es de mi padre.
Y él es una persona muy comedida, por usar un eufemismo.
Es de los que guardan el dinero debajo del colchón.
Pues ha sacado algo de debajo del colchón.
Caray.
Manda huevos.
¡Baja, anda!
¡No me lo puedo creer!
Pues créetelo.
¿Es tuyo?
- Déjame probarlo. - Ni de coña.
- ¡Una vueltecita! - Vale, entra, pero conduzco yo.
¡Qué bonito es!
¡No me rayes el Ferrari! Deja de hacer el tonto,
que te están mirando todos. Estamos haciendo el ridículo.
- No lo toques, que lo vas a estropear. - ¿Estropear?
Sí.
¿Puede volver a llamar a las 15:00? ¿Le va bien? De acuerdo.
Muchas gracias.
Ya te he dicho que solo puedes coger una piruleta.
Y ya llevas tres.
Por Dios, mamá.
- ¿De qué vas vestida? - Es piel de serpiente.
Es supersuave, toca.
No, me lo imagino.
Cuatro mil euros.
He visto un anuncio de un piso en venta. Te quedas muerta.
¿Habéis decidido invertir?
No.
Es más bien un regalo.
Te va a encantar.
¿Quieres acompañarme?
Sí, claro. Con mucho gusto.
- O sea… os encargáis vosotros, ¿no? - ¿Quiénes?
Tú.
¿Quieres que haga los empastes en recepción?
Sí, muy buena idea. Adiós.
Adiós.
Mi jefe me ha invitado a jugar al golf este sábado.
Quiere que vengas tú también.
Apenas me conoce.
Así tenéis ocasión de conoceros.
- Pero yo no sé jugar. - No te preocupes.
Pasearemos por el campo y charlaremos, poco más.
Escucha,
coge este cheque.
Mételo en la guantera. No quiero llevarlo encima.
Es para WWF.
Tu madre y yo queremos salvar una isla donde viven seis kanarús.
- ¿Qué son los kanarús? - ¿Que qué son los kanarús?
Una foca de las Galápagos en peligro de extinción.
- ¿70 000 euros para los kanarús? - Sí. Me parte el corazón.
A mamá le ha dado por las obras benéficas. Es un tesoro.
- ¿Qué es eso? - Es la máquina, que se rebela.
Y esta es la terraza, muy amplia y tranquila.
Por ahora, la cuidan nuestros jardineros.
Si los necesitan, llámennos y estarán a su disposición.
- Es estupendo. - Sí.
¿Cuántas personas vivirían aquí?
Bueno, dos…
o quizá tres.
O cuatro o cinco.
Discúlpenme.
¿Sí?
- ¿Te gusta? - ¡Es precioso! ¡Sí!
Es muy bonito, en serio. Y enorme.
¿Te imaginas… viviendo aquí, en este piso?
Por cierto, quería decirte que he dejado de fumar.
Me alegro mucho. Qué bien.
Y también…
he dejado la píldora.
- ¿De verdad? - Sí.
¡Cariño!
- ¿Desde cuándo? - Desde hoy.
He decidido que quiero centrarme en hacer las cosas bien.
Sí.
¡Mira!
¡Qué bonito!
Nos vendrá de maravilla para la fisioterapia.
Pondremos barandillas para que los ancianos no se hagan daño.
- ¿Qué ancianos? - Los que vendrán a vivir aquí.
Sí, voy a retomar esta iniciativa que tuvo la tía Tea con una asociación.
Dan alojamiento gratis a ancianos necesitados.
Gente sola y abandonada por su familia.
¿De verdad, mamá?
No sabes cuántos hijos desagradecidos abandonan a sus padres.
Es tristísimo.
LA TRATTORIA DE PIERO
Tendríais que haberle visto la cara cuando dije que era para los ancianos.
Sois dos monstruos.
¿Nosotros? Ellos son los monstruos.
Llevan años tratándola como una mierda.
- A los dos. - Sí, pero tú eres la que se enfada.
Es Alessandra.
¿Cariño? Hola.
Estoy en la iglesia, con el padre Ciro.
Sí, porque le voy a dar un cheque por su misión en Nigeria.
Claro, ¿dónde? ¿En Shedo?
No, claro. Desde luego.
Si no tiene una estrella Michelin, ni me siento, ¿sabes?
Nos vemos mañana.
Adiós.
"Sin estrella Michelin", dice. ¿Y esa fantasmada?
Creo que te estás pasando.
La venganza es como emborracharse:
cuando quieres parar, ya no puedes.
Claro, porque emborracharse es lo mejor que hay, mamá.
Salud.
Hola, Lori.
- Hola. - Hola.
Me voy al centro a comer con Ale.
Qué bien.
Y Carlo, a jugar al golf con Emilio.
Sí, voy a ver si mejoro mi swing, como dicen en la jerga.
Últimamente, vienen mucho por aquí.
Son como sanguijuelas.
Pero nos divertimos mucho.
Ahora vamos a la ciudad. Ya estábamos hartos
de comer siempre lo mismo en casa.
Aunque, oye,
hay a quien le gusta, claro…
Sí…
¿Estás jugando al limbo?
¡Le dije que comprara un SUV!
Si tengo que ir tumbada, para eso me quedo en el sofá.
Pero los hombres son como niños con los coches.
Vincenzo no es muy aficionado a los coches, no le interesan.
Pues menos mal porque, con ese monovolumen que tenéis,
ya se habría pegado un tiro.
Te estás convirtiendo en un bicho.
¡Adiós!
- Esta es su mesa. - Gracias.
¿Les apetece una copa?
Sí.
Dom Pérignon para dos, s'il vous plaît.
¿Por qué no?
Hay que celebrarlo.
¿Qué pasa?
Hacía mucho que no hacíamos algo juntas,
las dos solas.
Qué exagerada.
No, es verdad.
Te prometo que lo haremos más a menudo.
Eso espero.
¿Qué?
¿Qué de qué?
A veces pareces un pichón, un pichón tonto.
Como si quisieras decir algo y no pudieras.
- ¿"Un pichón"? - Ahí está.
¡Papá, aquí!
Déjamelo a mí, yo lo engatuso.
- Estamos hablando de mi padre. - Lo sé.
En el buen sentido. Ganará mucho dinero.
Además, he dicho "engatusar", no "joder", ¿eh?
Espero que no.
- Hola. Disculpad el retraso. - Hola.
- Tranquilo. - ¿Te acuerdas de mi jefe?
Nada de "jefe", Azeglio de Frescobaldi.
- Un placer. - Llámame De Frescobaldi.
Carlo Delle Fave. Llámame Delle Fave.
¿Te ríes? Tú también eres Delle Fave. Es bonito esto.
- ¿Te gusta? - Sí.
Tacos de mijo con puré de apio y espárragos de Cantello.
¡Cantello!
Tartar de calabaza marinado con ajo y pomelo rosa.
Crujientes de remolacha con mousse de pepino.
Ensalada de salicornia con crema de frambuesa.
Espaguetis de patata ahumada con emulsión de pimiento.
Pesto de tomates cherry.
Macaron de mandarina, tarta Tatin
y postre Pop al estilo neoyorkino, un homenaje a Andy Warhol.
Aquí tienen.
- ¿Les ha gustado? - Mucho, gracias.
Sí, gracias.
No sé qué decir.
Gracias.
- Gracias a ti. - No.
No, yo soy la que te da las gracias.
Podemos repetirlo, si quieres.
Cuando quieras.
Además, casi nunca salimos a comer,
así que podemos tirar la casa por la ventana.
Voy al servicio.
No quiero ver cuánto te va a costar porque, te lo juro, me da algo.
Gracias, cariño.
- ¡Un golpe magnífico! ¡Estupendo! - ¡Bravo!
- ¿Os sorprende? - ¡Bravo!
No.
Emilio dice que has recibido un buen…
Un regalo inesperado de la vida.
De la muerte, más bien.
Eso. Pero es lo mismo.
Vida o muerte, alguien tiene que gastarse la pasta.
Podemos hablar de eso luego
porque, en mi opinión, un regalo sin abrir
es más inútil que un pene flácido, ¿o no?
Eres un poeta.
- Prueba tú. - Gracias, pero no se me da bien.
¡Claro que sí! Es fácil. Yo te enseño.
Este tío es un capullo, ¿eh?
Disculpe.
- Disculpe. - ¿Sí?
Oiga, por casualidad, ¿aceptan vales de restaurante?
No.
No, claro.
Necesitaría unos 300, así que…
Muy bien, pagaré con un cheque.
- Tranquilo. - Lo estoy.
Relaja las piernas. Relájate.
- Mueve más la pelvis. - ¡Ya te he oído! ¿Por qué me toca tanto?
Respecto a la herencia,
te beneficia más fiscalmente hacer una donación en vida.
Pero no hacerla mejora la relación padre-hijo en vida.
¡Ay, Dios! ¿Te he hecho daño?
Mira.
- ¡Me has dado! - Vaya.
Venga, que ya casi está.
La semana que viene te pondré los implantes provisionales.
Y luego los definitivos.
Hay que hablar con mamá y papá.
¿Qué?
Hay que hablar con mamá y papá. Están despilfarrando el dinero.
El Ferrari, la puta organización benéfica… No nos quedará nada.
Pero es su dinero, ¿no?
Sí, pero son seis millones.
¿No les van a dar ni un euro a sus hijos?
¿Tú sabes lo que haría yo con dos millones?
¿Por qué dos millones?
Dos para mí, dos para Emilio y dos para ellos.
Ellos cuentan como uno.
- Un momento. - ¿Quién es?
- Es mamá. - Cógelo.
Eso iba a hacer.
- ¡Hola! - Hola. ¿Cómo está Emilio?
- En la mierda. - Está dolorido.
- Y bastante nervioso. - Papá se siente muy culpable.
Normal. Si ya le costaba socializar, imagínate ahora, sin dientes. Pobrecito…
¿Qué coño dices?
Escucha, papá y yo queremos hablar con vosotros.
¿Quedamos el domingo donde Piero?
Así hablamos de la herencia y todo eso.
Vale.
Entonces, nos vemos el domingo.
- ¡Os quiero! - ¡Y yo!
- Yo os quiero más. - Adiós.
Adiós.
- Por fin. - Sí.
Devolveré el coche después de comer. Dejaré que lo lleve Emilio
para compensárselo.
Deberíamos haber esperado hasta Navidad.
El jefe de Emilio intentó sacarme dinero.
No sabía qué hacer. Yo no puedo seguir así.
¿Cómo se lo decimos?
Con normalidad:
"Es todo mentira, era una broma". No hemos matado a nadie.
Tenemos que hablar muy seriamente, en familia.
No pueden tratarnos como a un felpudo.
"¡Paga esto, lava aquello! ¡Estáis viejos!".
Sí.
Ya están aquí.
- Le has destrozado la cara. - ¡Venga ya! Si no es nada.
- Hola. - ¡Cariño! ¿Y los dientes?
Rocco me pondrá los provisionales dentro de dos días.
- Lo siento mucho. - No pasa nada.
Pero ¿qué…?
El golf es un deporte para idiotas.
Luego le das a alguien con uno de esos palos de hierro y…
se hace daño.
¡Giulia, ya lo tenemos!
Linguini al estilo Piero para cuatro. ¿Os parece bien?
- Sí. - Perfecto.
Gracias.
Habla tú.
¿Yo? ¿No tú?
A ti se te dan mejor estas cosas.
Ni de coña.
¡Anda!
Se han adelantado las fiestas, ¿eh?
Sí, es un detallito, un anticipo de la Navidad.
- Qué bien huele. - ¡Qué suspense!
Es lo mismo para los dos, para que no os peleéis.
Son billetes diferentes, pero la suma es la misma.
¿150 euros?
Chicos…
os hemos gastado una broma.
¡Claro, era eso!
Ya nos extrañaba. En plan: "Jolines, qué tacaños. Todo para ellos".
Vale.
Bueno, bromas aparte,
quiero abrirme una cuenta con mi parte. ¿Qué os parece?
No nos hemos explicado bien.
Solo podemos daros…
esto.
¿Qué?
Vámonos.
¿Por qué?
Porque, si me quedo, no respondo.
¡Eh, no seáis exagerados!
- ¿En serio? ¿150 euros? Ahí los tenéis. - ¡Qué triste!
- Lo vuestro sí que es triste. - Hacerles eso a vuestros propios hijos…
¡Los que solo acuden si hay dinero!
¡No nos hagáis chantaje emocional! Podríais habernos ayudado.
¡Siempre os lo hemos dado todo!
Vámonos.
Que se gasten sus millones, pero solos.
¡Mejor solos que con dos sanguijuelas! Debí dejarlo también sin muelas.
Se lo hemos dado todo: pañales, vacaciones, la universidad…
Después de tantos sacrificios, resulta que soy un tacaño.
Es normal que se enfaden, creen que hemos heredado seis millones.
¿Acaso son suyos?
No, pero 150 euros por Navidad… Podríamos haberles dado más.
- ¿Ah, sí? - Un poco tacaño sí que eres.
¡Qué voy a ser yo tacaño! Soy ahorrador.
Emilio cobra 2000 euros,
más que yo de pensión. Y la otra gana 1000 por no hacer nada.
¿Sabes qué? Será un alivio pasar la Navidad sin ellos.
Escúchame.
Eso, Carlo, no lo digas ni en broma.
Después de todo el circo que has montado…
¿Yo? ¡Pero si lo he hecho por ti! ¡Estás obsesionada con ellos!
¿No podías dejarlo estar en vez de hacerte la víctima?
¡Y todo por la puñetera Navidad, que me persigue!
¿Sabes qué haremos?
Yo hablaré con Emilio y tú hablarás con Alessandra.
Con calma, se lo explicamos todo. Lo entenderán.
Pues yo no quiero una Navidad sin ellos.
Por Dios, qué tortura.
- Le he hecho pagar. ¿He hecho mal? - No.
La culpa es suya, así que paga él, ¿o no?
Gracias.
Ezio, como tus compañeros te odian, ¿quieres pagar tú?
- Quizá así les caigas mejor. - Vale.
¿O no?
- Dadle las gracias a Ezio. - Gracias.
Gracias, Ezio.
¿Qué haces aquí? Entro ahora a trabajar.
¿Ya tienes dientes?
Qué pena, parecías un hámster cuando hablabas.
¿Qué quieres?
Nada. Solo quería saludarte y hacer las paces.
¿Quieres conducirlo?
- No intentes contentarme. - Venga, y así hablamos.
Tengo que confesarte una cosa.
¡Delle Fave! Hola
- ¿Qué tal? - Bien. Desapareciste.
Es que tengo muchas cosas que resolver.
Claro. Haberlo dicho, hombre.
Os hice una buena propuesta.
Esperaba que, al menos, me dieseis una respuesta.
Tienes razón.
Aunque hay que ser gilipollas para esperar algo de Emilio,
¿o no?
¡Cariño!
¿Me abres?
No quiero ver a nadie.
Debo decirte algo importante.
- Te he traído un regalo. - No quiero regalos.
¿Te vas de viaje?
No, me voy de casa.
¿Qué ha pasado?
Lo que ha pasado es que soy una fracasada.
No, eso no es verdad.
Sí lo soy, mamá.
¿Qué dices, cariño?
¿Me ayudas?
Prueba a sentarte encima.
Joder.
Ale.
Rocco ya no me quiere.
Es más, ahora me desprecia porque discutí con vosotros.
Os habéis puesto de acuerdo para hacerme creer que no merezco nada.
¿Qué querías?
Has venido porque querías decirme algo.
- ¡Madre mía! - Cariño.
- Hola. - ¿Cómo ha ido?
Todo arreglado.
¿Y cómo se lo ha tomado?
Bueno, hemos hablado y hemos llegado a un entendimiento.
Aquí nos hemos equivocado todos, ¿eh?
- Sí. - Él mismo lo ha admitido.
Pero no le he dicho que lo de la herencia es mentira.
¿Cómo?
Hemos hablado de nuestra relación, que es lo importante.
Es verdad, sí.
Le daré 200 000 euros para que sea socio.
- ¿Estás loco? - ¿Qué?
¿De dónde vas a sacar 200 000 euros?
¡Y yo qué coño sé!
Y tú, ¿se lo has dicho a Alessandra?
- Sí… - ¡Hola, papi!
- Hola. - ¿Ya está la cena?
Casi.
Me quedaré con vosotros una temporada.
- ¿Estás contento? - Sí.
Puedo ayudaros a decidir qué hacer con el dinero.
Todo esto de ser millonaria la está estresando mucho.
Nos necesita.
Dale cariño. Es demasiado dinero y está muy estresada.
Haced el favor de no airear lo de la herencia, ¿eh?
¿Por qué?
Porque, cuando hay dinero, la gente te coge y no te suelta.
Sobre todo la familia.
Buenas noches. Ya estamos aquí.
- Hola. - Buenas noches.
- Estabas muy guapa. - No.
¡Atención!
Quiero hacer un brindis.
- ¡Qué coñazo! - Exacto.
Había preparado un discurso muy bonito,
pero, como eres tan sentimental,
he dicho: "Seguro que mamá se emociona", así que mejor lo dejamos.
Solo quiero decirte una cosa:
mamá, te quiero.
- ¡Felicidades, Giuliana! - ¡Gracias!
- ¡Gracias, cariño! - ¡Felicidades!
- ¡Anna! - Matteo, dime.
Anna, creía que los discursos emotivos
te los guardabas solo para mi madre.
¿Qué…? Todos la queríamos mucho.
¿Qué…?
Solo me ha dejado migajas.
Y vosotros, con un Ferrari.
Déjalo, cariño.
¿De dónde sacó tanto dinero, por cierto?
¿No? Al menos, aclárame eso, Anna.
Debió de dárselo Bisacci. Si no te hubieses opuesto a su relación…
¿Qué dices? Mamá no tenía ninguna relación.
Ni siquiera estabais en el testamento. ¿Qué habéis hecho?
¿La obligasteis a firmar algo en su lecho de muerte?
Carlo.
- No encuentro mi servilleta. - No es lo que piensas, Matteo.
¿Ah, no? ¿Y qué es?
Anna mandó al marido. Lo mandó a hacer el trabajo sucio.
Primero, Bisacci.
Y, luego, Carlo.
Carlo también se la tiraba.
¿Tú estás mal de la cabeza? ¿Bisacci? ¿Quién coño es Bisacci?
- ¿Y el dinero? - Matteo.
¡Matteo!
- ¡No! - ¿Es de la Gestapo o qué?
Con cuidado.
- Déjame ahí. - Sí.
Ya está.
- Vale. ¡Cuidado! - Vale.
Si alguna vez soy padre, dudo que llegue a estar a vuestra altura.
Cuando seas padre, te saldrá natural.
No sé yo.
No sé si me acostaría con la tía Tea por seis millones.
¡No empieces tú también! ¡Por Dios!
Cariño, ¿cómo estás?
- Hecho un trapo. - No te hagas la víctima.
¿Vais a montar el árbol?
¡Está nevando!
¡Qué bonito! Hacía años que no nevaba.
- No me fastidies. He venido en moto. - Sí.
¿Qué más da? Quédate a dormir.
Y decoramos el árbol juntos.
Prepararé chocolate caliente con harina.
¿Por qué no?
- ¿Qué pasa? - Estoy muy contenta.
Mira esto.
Esta chaqueta le quedaría genial.
¿Cuánto cuesta?
Por favor, deja de hablar de dinero.
No podemos seguir así.
No nos lo podemos permitir.
Ya lo hablamos. Seguiremos hasta Navidad.
A este paso, tendremos que vender nuestros órganos.
No seas aguafiestas.
Te dije que hasta Navidad. ¿Es mucho pedir? ¡Dime!
Me das miedo.
Mira eso.
Les daremos dos cheques sin fondos para el Caribe.
Hacer cheques es fácil.
Es un Versace. ¿Me lo llevo también?
Así tendrá dos.
¿Versace acepta cheques?
¿Y esta que no está planchada? A lo mejor cuesta menos.
- ¿Qué hay después de las cinco estrellas? - La bancarrota.
¡El paraíso!
- Hola. - Qué bonito.
¿Verdad que sí?
- ¿Cómo estáis? - Bien.
- ¿Bien? - Sí.
He hecho las paces con Rocco.
- Me alegro mucho. - Es un buen chico.
Sí, pero no estamos juntos. Solo hemos hecho las paces.
Lo que yo quiero es encontrar mi camino,
descubrir cuáles son mis sueños y ambiciones.
¿Qué ambiciones?
Las mías.
¿Ah, sí? No sabía que…
Ya sé que creéis que soy idiota y que Emilio es el triunfador.
- Emilio tampoco es un triunfador. - ¡Oye!
En fin…
Quiero abrir un salón de té.
Salón de té y librería. Ya he encontrado un local.
- Qué alegría verte tan entusiasmada. - Pues sí.
Y me voy a independizar.
No quiero arriesgarme a dormirme en los laureles.
- Lo comprendo. - Pero ¿por qué?
¿Y dónde vivirás?
Aquí. Tengo una suite.
Pero en casa estamos muy bien los tres.
Serán solo unos días. Ya estoy buscando un pisito o algo.
Siempre que podáis echarme una mano.
Dame el talonario.
Creo que no lo llevo encima.
- Sí lo llevas. Dámelo. - No en esta chaqueta.
Dámelo.
- ¡Anda, aquí está! - ¿Lo ves?
También tengo un boli.
¿Cuánto necesitas?
- Bueno, tengo que dar la señal, así que… - ¿Para comprar la suite?
No, para el salón de té.
No sé… ¿10 000, 20 000?
Sé que a Emilio le habéis dado 200 000.
- Bueno, solo lo hablamos. - No.
¿Qué tal 40 000?
Así no tendréis que darme dinero todos los meses.
¡Pero no es molestia, mujer! Además, así nos vemos más a menudo.
Cuarenta.
- Cuarenta, sí. - Sí.
Muy bien.
- Te falta un cero. - Tú a lo tuyo.
Listo.
Gracias.
Cuidado, que resbala.
Y con esos zancos…
¡Bienvenidos!
Qué bien que me llamaran. ¿Cómo están?
- Ahí vamos. ¿Todo bien? - De maravilla.
Acompáñenme, nos sentaremos en el salón, así hablamos con calma.
Por aquí, por favor.
No sabía que tenían un salón.
Es para clientes especiales. Es un secreto.
- ¿Como la batcueva? - Exacto.
Y usted es el Bruce Wayne de Speroncello, ¿no?
Por favor.
No me pases llamadas, ¿eh?
- Pero si es un despacho normal. - Muy bien.
¿Qué puedo hacer por ustedes?
Nos gustaría liquidar nuestro seguro de vida
y transferirlo a la cuenta.
Vale.
¿Y luego?
Ya está.
Luego queremos retirar el dinero.
¿Y eso por qué?
Motivos personales.
Quieren cambiarse a otro banco más grande.
- No. - Uno que pegue con su Ferrari.
Pero ellos no saben que ustedes son gente de provincia,
que, de donde vienen, el aire huele a mierda.
- ¿Sí o no? - Pero ¿qué dice este loco?
Diez años de relación tirados a la basura.
¿Qué relación?
En Sharm el-Sheij, superamos el límite de crédito
y se negaron a aumentarlo.
¿Qué relación?
¡No, eso es mentira!
No pude ni hacerme la henna.
Pasamos el resto de las vacaciones en la habitación, comiendo pan y faláfel.
¡Pan y faláfel, imagínese!
Señora, hay normas, y las normas están para cumplirlas, ¿estamos?
No. Nos vas a dar el dinero porque somos millonarios
y no seguimos las normas.
Y, lo más importante de todo, porque así puedo mandaros a tomar por culo.
Ah, por cierto.
Coge esto y cómprate un poco de clase,
paleto.
Pero no te pases.
Discúlpela, es muy dramática.
Doscientos euros le ha dado de propina.
Bueno, que vaya bien.
¡Anna, hemos quedado como el culo!
OS QUEREMOS… MAMÁ Y PAPÁ
Listo.
Con esto, tendrán que perdonarnos cuando les digamos la verdad.
- ¿Tú crees? - ¡No jodas!
Si me dieran 50 000 euros cada vez que me toman el pelo,
me dejaría engañar eternamente.
Ya están aquí.
¡He comprado el salón de té!
¡He comprado el local!
Tengo cita con el notario mañana.
Hola.
Es un chollo: 200 metros cuadrados cerca de la estación.
El de la inmobiliaria nunca había visto nada igual.
- ¿Por cuánto? - ¡400 000 euros!
¡Ostras!
Os juro que es lo último que os pido. ¡Os lo juro!
Podéis donar el resto de mi parte a la beneficencia.
O puedo quedármela yo.
- Papá. - ¿Sí?
He traído los papeles
para que firmemos la financiación.
¡Qué buenas noticias!
¿Qué?
¿Qué pasa, mamá?
Basta. Tenemos que deciros la verdad.
Carlo, tenemos que… decírselo.
- Sí. - ¿El qué?
No podemos daros ese dinero.
Eso.
Porque…
vuestro padre…
¿Yo? ¡Y tú también!
…está muy enfermo.
- Así es. - Tiene una grave enfermedad, muy grave.
¿Cáncer?
Aún peor.
- Manda huevos. - Una enfermedad rara.
Al parecer, están buscando una cura en Estados Unidos.
Pero es carísimo.
Carísimo.
Así que, a partir de ahora, tendremos que destinar todo el dinero
a salvar a papá.
Salvadme.
Pero ¿qué enfermedad es? ¿Cómo se llama?
Aún no tiene nombre porque la acaban de descubrir.
- Sí. - ¿Cómo te diste cuenta?
- Me sentía… - Sí.
Me notaba muy raro.
- Mareado. - Sí, pero…
No dormía bien, tenía muchos gases y palpitaciones.
Para, que me da mucha impresión.
Además del viaje a Estados Unidos,
también tenemos citas programadas en París y en Tokio.
- Y en Hong Kong. Son expertos. - Sí.
Pero no os preocupéis, volveremos para Navidad.
Estaremos dos días en París y luego volveremos.
- Ella nunca se perdería la Navidad. - Sí.
Así que…
no podemos daros más.
¿En serio?
¿Es una broma?
No queremos nada.
Gracias.
Gracias.
Ven aquí.
- Rezaremos todos por papá. - Sí, rezad.
Yo te mato.
¿Qué hacemos ahora?
Si tenías una idea mejor, haberte adelantado.
¿Es mejor decir que me estoy muriendo?
No sabía qué hacer.
- Y baja la voz, que te van a oír. - Se van a dar cuenta de que es mentira.
No tiene por qué.
¿Vas a matarme en la dichosa cena de Navidad?
Escucha, podemos decirles que te has curado.
O que la enfermedad está latente.
¿Qué pasa?
Chicos.
¿Aún estáis despiertos?
Es que queremos dormir con vosotros.
Como hacíamos en Nochebuena.
- Sí, claro. Sí. - No entramos.
Bueno, intentaremos ser felices, ¿vale?
Aunque probablemente sean nuestras últimas Navidades juntos.
¡Y dale!
No digas eso.
- ¡Cuidado, tengo cáncer! - ¿Qué?
- Venga. - Perdón.
Buenas noches.
Hijo, podrías darte una ducha, ¿eh?
- Es insoportable. - Vale.
No tiréis, esperad.
- Huele a alcantarilla. - ¿Estáis bien?
- La mano no. - Vale.
- La mano no, que me siento preso. - No te conviene alterarte.
Así no se puede dormir.
- Dame la mano. - Ay, Dios.
- Increíble. - Venga.
No te alteres.
Muy bien. Perfecto, gracias.
- Gracias. - Hola.
¡Hola!
- ¿Cómo estás? - Bien.
¿Y qué tal el día?
- He caminado mucho. - Ya veo.
- Podéis pasar. - Gracias.
- Adiós. - Adiós.
- ¿Sigues viviendo con tus padres? - No, estoy en casa de Mara.
He pensado que será mejor darles un poco de espacio.
¿Cómo está Carlo?
Por ahora, bien, gracias a Dios.
Pero creo que se hace el fuerte por nosotros.
Han ido a ver a un médico en París.
Me gustaría verlo.
¿Sabes qué? Haremos una videollamada.
- Será mejor no molestarlo. - Le hará ilusión.
Además, los llamo diez veces al día. Ahora, al menos, tengo excusa. Ven.
- Ahí están. ¡Hola! - ¡Hola!
- ¡Hola! - ¿Cómo estás, Rocco?
- Bien. Es bonito París, ¿eh? - Sí, pero hace frío.
No hay gente, ¿no?
No, casi nadie. ¿Cómo estáis tú y Emilio?
¿No os lo ha dicho?
- ¿El qué? - Lo han despedido.
¿Cómo?
No os lo habrá dicho para no preocuparos.
- Pero ya está buscando otro trabajo. - Se quedará conmigo una temporada.
No puedo vivir sin ningún Delle Fave cerca.
- ¡Vamos a llamarlo! - Mamá, no te preocupes, estamos bien.
Vosotros disfrutad de París.
Me encanta veros tan felices.
Cariño, no llores.
Llámalo, anda, y hacemos una videollamada familiar.
Vale, voy a añadirlo.
- ¡Hola! - ¡Hola!
- Hola. - Ya estáis todos.
- ¿Cómo va todo? - Bien. Estaba pensando en vosotros.
Oye, ¿dónde estás?
He ido a casa a por unas camisas.
Perfecto. Pues nada, os dejamos ya.
No, papá, espera.
- ¿Qué tal con el Dr. Roland? - ¡Genial!
- Dice que estoy sano. ¿Cómo que estás sano? Pero…
¡Adiós!
¿Emilio? ¿Qué haces en París?
Bonjour.
Estabais desaparecidos.
No os veíamos nunca.
Vuestra madre estaba desesperada, y vosotros, como si nada.
E ibais a dejarnos plantados en Navidad. Estaba destrozada, ya la conocéis.
- Fue idea suya, por cierto. - Tampoco es que tú te opusieras.
El caso es que todo empezó como un juego.
- ¿Un juego? - Sí.
"Seguro que vienen si hay dinero".
Y así ha sido.
Íbamos a decíroslo después de Navidad.
Pero me gusta tanto teneros aquí…
¿Lo de la enfermedad también era un juego?
Gracias a Dios.
Eso fue una cagada de mamá.
Porque no sabía qué hacer.
Claro. Y a nosotros, que nos den.
Debería daros vergüenza.
- Solo queríamos… - ¿Qué?
Sentir que aún estabais ahí.
Felices fiestas.
No te preocupes, seguro que vuelven. Si no, ¿adónde irán?
Al menos, ahora tienes un bolso de Versace.
Sí.
No he conducido el Ferrari ni una vez.
Abuela, ¿por qué no nos dijiste nada?
¡Ni loca!
Yo no me meto en cosas de familia.
- Eres de la familia. - Peor me lo pones.
- Hasta he perdido mi trabajo. - Pero si ya no aguantabas más.
Al final, todos sois culpables. Pero sobre todo ellos.
- Exacto, gracias. - ¿En qué sentido?
En el sentido de que no querían reconocer
que tenían que comprar vuestro cariño.
Os necesitan tanto que estaban dispuestos a pasar por alto
vuestra indiferencia y vuestra frialdad.
Gracias.
No, por favor.
Pago yo.
- No, abuela, deja que… - Pago yo.
Con el dinero que me ha dejado la tía Tea, hasta podría comprarme el restaurante.
Feliz Navidad.
Hola.
Hola.
¿Ya las quitas?
Sí, porque… como ya no somos millonarios,
hay que ahorrar electricidad.
Sí, ya me he enterado de lo de la broma.
Más que una broma, ha sido…
un gesto desesperado para llamar la atención de mis hijos, pero…
Lo siento.
¿Cómo están los tuyos?
He salido a fumar para tener algo de tranquilidad.
¿Tú estás oyendo la que tienen montada?
Y no aguanto a mi nuera. Cocina de pena.
Feliz Navidad.
Feliz Navidad.
- ¿No puedes esperar hasta mañana? - ¿Por qué? ¿Qué más te da?
Es Nochebuena.
¿Y si nos vamos unos días a la playa?
No, demasiada humedad.
¿Y a París?
Tengo una cita pendiente con el oncólogo, el Dr. Roland.
- Está muy enfermo. - ¿Él también?
- Hay una epidemia. - Qué obsesión.
- ¿Qué ha sido eso? - ¿Qué? ¿Qué pasa?
- Será Papá Noel entrando por la chimenea. - Calla.
- ¿Lo oyes? ¿Quién anda ahí? - ¿Quién es?
¿Quién es?
Hay alguien.
No. ¿Qué haces? Ven aquí.
No, quieto.
¡Ven aquí!
- ¡Feliz…! - Papá, ¿qué haces? ¿Estás loco?
Cariño, otra vez los mismos dientes.
- Madre mía. - El hielo lo arregla todo.
Primero con el palo de golf, y ahora con el atizador.
La próxima vez, pégame un tiro.
Es que os habéis colado como dos ladrones.
¿Los ladrones llevan bengalas?
¡Y yo qué sé! He visto un resplandor, una figura
con una cara diabólica y le he dado.
¡Es instinto de supervivencia!
Digamos que esta Navidad ha sacado lo peor de nosotros.
Pero ahora estamos aquí, los cuatro juntos.
Cariño, sonríe.
Bueno, da igual.
Aunque no te soporto, te quiero mucho.
Sienta bien oírlo de vez en cuando.
¿Os acordáis?
Cuando erais pequeños, ponía esta canción
e íbamos por la casa buscando los regalos de Navidad.
Podemos buscar mis dientes, porque no sé dónde están.
¿Era un molar?
¡Y yo qué coño sé!
No digas palabrotas,
que es Navidad.
Es Navidad.
Hay que limpiar la alfombra. ¡Qué asco! Mirad qué manchas.
- ¿Cómo son? - No sé, son dientes.
¿Son blancos?
LA FAMILIA TIENE UN PRECIO
- ¿Era un molar? - ¡Y yo qué coño sé!
Búscalo.
¿Cómo te has enterado?
- Me notaba raro… - Mareado.
Se está descojonando.
- Soy Emilio, no Carlo. - Te llamas Carlo.
Tu hermana quiere venir… a las 12:00. Voy a repetirlo.
- Hace años. Años… - Nosotros…
¿Tenías que hablar tú?
- Es supersuave, toca. - Anna.
- Sí. - Estás estupenda.
Aún no hemos dicho nada, joder. Ah, no. Fallo mío, perdón.
Lo veía venir.
¿Ya tienes dientes…?
¿No habías terminado?
Estamos en bucle.
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.