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¿Qué haces tú por aquí?
Nada, me estaba cambiando. Me voy a casa.
¿A casa te vas?
Pero si no son ni las tres.
-¿No tenías que estar bailando tú ahora? - Me encuentro un poco mal.
Pues yo te encuentro de putísima madre.
He salido de casa solo para verte bailar,
para verte hacer la bajadita esta qué haces tú así.
En serio, Moro, me piro.
Mañana bailo para ti, ¿vale? Te lo prometo.
- Me lo has prometido. - Prometido.
¿Qué llevas ahí?
¿Eh?
-¿Qué? - En la bolsa, ¿qué llevas?
Mi ropa. ¿Por qué?
¿Tu ropa?
No te has cambiado,
vas igual que antes.
- Como para no fijarse estás. - Venga, va.
"Venga, va". Ábrela.
Ábrela.
Venga.
¡Hija de puta!
¡Tu puta madre!
¡Tu puta madre!
-¡Hijo de puta! -¡Me cago en Dios!
¡Hija de la gran puta!
¡Puta!
Joder, joder.
Vamos.
El teléfono al que llama está...
Es ella.
Alba, no empieces.
Está enfadada.
Prepara tus cosas, nos vamos.
¿Pero adónde nos vamos?
No lo sé, pero nos vamos ya.
- Está ocupado. -¡Joder!
¿Olivia?
¿Pero qué haces aquí? ¿Sabes qué hora es?
-¿Os vais? - Sí, nos vamos.
Pero mañana es la fiesta.
-¿Qué fiesta? - Su cumple.
-¿Os vais? - Cariño, lo siento, no vamos a poder ir.
¿No vendréis?
No, Olivia. Y vete a tu casa, que se va a preocupar tu tía.
¿Lucía?
¿Quién es?
¿Qué haces aquí?
No.
Lucía.
¿Cómo ha sido?
Y yo qué sé, Salinas.
Debía de tener las llaves y sabía dónde...
¿Cómo cojones podía tener las llaves una puta bailarina, hostias?
Pues las tenía. La he visto con la bolsa, me ha olido mal...
Entonces la he parado y entonces...
Y entonces te revienta a hostias una tía que mide cuánto, ¿eh?
¿Cuánto mide? ¿Cuánto mide, Moro, hostias?
Yo no tengo la culpa, Salinas, hostias.
Que la culpa es de estos, que la han dejado salir.
-¿Lo sabe Arruza? - Aún no.
Si la cogemos antes, no tiene por qué enterarse.
Pero qué tonto eres, Moro.
Se va a enterar, claro que se va a enterar.
Le he pinchado en la pierna y va con la cara reventada.
No ha podido ir lejos. Que la he dejado "fina", que la tenías que haber visto.
Si es que el problema es de estos. Ven a una piba con la cara llena de sangre
y con una puñalada en el muslo y la dejan salir como si nada.
- Cállate. - Y luego la culpa es del Moro, ¿no? Vamos, no me jodas, hombre.
Tenemos la ubicación.
¡Joder!
-¿Quién te ha hecho esto, Lucía? - Me he metido en un lío.
¿Un lío dices?
Aguanta.
Fuerte.
Respira, que ya está.
Ya está.
Saca la mano.
Tienes que dejar que me quede.
No.
- Por favor. - Ni hablar.
Aquí no te puedes quedar. Te curo esto y te vas.
Mamá...
Alba, vete a tu cuarto y te acuestas.
-¿Ya no nos vamos? - No.
No lo sé.
Rocío,
no puedo irme.
Aquí detrás no hay nada.
Qué hija de puta.
Hazme caso. Con la sangre que ha perdido, no ha podido ir muy lejos.
Moro, no me toques los cojones.
Pero qué mierdas...
¿Qué coño es esto, Lucía?
No es tu puto problema.
¡No, no es mi puto problema! ¡Efectivamente!
Que me da igual lo que hagas con tu vida.
Lucía, no puedes aparecer con esa mierda aquí y poner en peligro a mi hija.
¡Lo siento!
¿Lo sientes?
¡Una mierda lo sientes!
Ahora mismo coges la farmacia ambulante esa que llevas y te vas.
- No. Si me voy, me van a pillar. - No es mi problema, Lucía.
Y dejaste de ser mi problema hace muchos años ya.
-¡Me van a matar! -¡Que me da igual!
Gracias.
¿Cómo nos has encontrado?
Mamá me dio la dirección.
¿Mamá?
¿Desde cuándo hablabas tú con mamá?
Fui al hospital,
para despedirme.
¿Para despedirte?
Le jodiste la vida y en el último momento tienes el cuajo de aparecer ahí
para ver si lo arreglas, ¿no?
Qué hija de puta.
Me perdonó.
¿Te perdonó?
Claro. ¿Y sabes por qué, Lucía?
Porque, aunque parezca mentira, mamá nunca dejó de quererte. Nunca.
Es lo que tiene ser madre.
Qué pena.
¿Adónde ibais en plena noche?
¿Qué pasa?
Que tú no eres la única que tiene problemas,
eso pasa.
Mira, ya sé que todo esto es una mierda,
pero ya está hecho.
Y es mucho dinero.
¿Pero qué me estás contando, Lucía?
Es una oportunidad, joder.
- Y estoy con un tío en esto, ¿vale? -¿Un tío? ¡Cojonudo!
-Él me va a ayudar, sabe cómo venderlo. -¿Pero tú eres gilipollas o qué?
¡Escúchame! Con lo que saquemos, podríamos comprar la casa de la tata en el pueblo.
Y nos vamos allí las tres.
Seguro que es mejor que esta mierda.
Eso sí.
Pues vamos a hacerlo, joder.
Piensa en la niña.
Ya ni siquiera la conoces.
Hola.
- Hola. - Te he hecho café.
¿Tomas café?
Vale, gracias.
¿Eres mi tía?
Sí, soy tu tía.
Yo me llamo Alba.
Alba...
Y tú Lucía, ¿no?
-¿Mamá sigue durmiendo? - No, no está.
¿Cómo que no está?
Creo que se ha ido por la noche, no está su maleta.
¿Pero qué pasa?
¡Rocío!
-¡Rocío! - Ya te lo he dicho.
Vale, ¿y no sabes adónde puede haber ido?
No lo sé. No le gusta esta casa, le da miedo.
¿Tenéis un teléfono?
Solo el móvil de mamá, pero se lo habrá llevado.
¿Y no tenéis algún vecino que tenga un teléfono?
Casi no hay vecinos.
¿Qué miras?
Aumenta el desconcierto de los expertos,
que siguen sin explicarse cómo un cuerpo celeste de estas dimensiones
puede haber aparecido de golpe sin haber sido detectado antes.
Este misterioso objeto fue visto por primera vez hace apenas dos días
por diversos observatorios astrofísicos.
- Buenos días. - Y si bien su tamaño es inferior
...al de resto de planetas, estaría muy lejos...
Menuda cagada, Salinas. Menuda cagada.
Está todo controlado.
Hemos hecho correr la voz y la gente está acojonada.
Tú conoces a los chinos, ¿verdad?
Los de Usera.
Son mis socios.
Hacemos negocios juntos, y me respetan.
¿Y sabes por qué? Porque cuando necesitan que les llegue un paquete,
les llega siempre puntual, sin problemas.
Están contentos.
¿Y ahora qué?
Desde que Amparo dejó la churrería, no están tan buenos. Se jubiló.
Sí, creo que sí. Estaba mayor la mujer.
Pues la buscas y le dices que vuelva a la churrería
a hacerme churros, que yo le pago.
La niña no le tiene cogido el punto.
¿Cómo se llama?
Amparo, como la madre, creo que se llama.
La puta, coño, la puta.
Lucía. Se llama Lucía.
Lucía,
"la que trae la luz del día".
¿La conoces?
De vista.
Habré hablado con ella un par de veces. Es una de las de la tarima.
Tiene gracia. Pago a un montón de subnormales
para que lo tengan todo controlado...
y viene una bailarina y me lo pone todo patas arriba.
Yo no estaba en ese momento, me lo contaron después.
Pues fíjate que yo creo que...
nuestra Lucía no lo ha podido hacer sola.
Alguien le habrá dado un soplo, digo yo.
Yo... Yo me encargo.
- Le aseguro que voy a dar con ella. - Ya.
Se lo juro.
Pero esto es un asunto mayor, para eso está aquí Calvo.
Tú búscame a Amparo y le dices que haga mis churros.
¿Crees que podrás?
Vale, pasa.
- Buenos días. - Hola. ¿Tiene un teléfono?
Necesito hacer una llamada.
- Que sea rápido. - Gracias.
Hola, soy Rocío. Ahora no puedo...
Vamos.
Venga, chavales, vamos a por ella.
De momento, nada. Ni Dios la ha visto.
O eso dicen.
Pues será verdad.
Es que son demasiados bloques. Va a llevar su tiempo esto, ¿eh?
Sangre.
¿Qué dices tú?
De la chica.
Algo suyo, íntimo.
Unas braguitas o algo de eso.
Consíguemelo.
Madre mía, cómo está el patio, colega.
¿No comes?
¿Quiénes eran esos chicos?
Nadie.
¿Fueron ellos los que te hicieron daño?
¿Qué?
Anoche, cuando viniste, tenías sangre.
¿Fueron ellos? ¿Por eso les tienes miedo?
Sí.
Pues los tienes que denunciar a la policía, es lo que hay que hacer.
Claro. Pero, de momento, es mejor que nos quedemos aquí.
Vale.
¿Qué haces?
Mamá quiere que el butano esté cerrado si no cocinamos,
por seguridad.
Claro. Es que yo no cocino mucho. Se nota, ¿no?
Mamá dice que eres bailarina.
Sí, bueno, algo así.
- Pues me podrías enseñar. -¿Qué?
A bailar.
Claro, te enseño.
Pero en plan bien, o sea, profesional.
Me encanta.
Alba, ayer cuando llegué, ¿por qué os ibais?
Ya te lo he dicho, a mamá le da miedo esta casa.
Pero, ¿por qué?
Por la mujer de arriba.
¿Del piso de arriba?
Mamá dice que no vive nadie,
pero yo sé que le tiene miedo y por eso se ha ido.
Y te deja a ti aquí.
Eso no es muy normal.
¿Por qué? Estás tú. Eres mi tía, ¿no?
¿Y quién es esa mujer de arriba?
La sirvienta.
¿La sirvienta?
Su señora no está, por eso manda ella ahora.
Pero dice que vendrá pronto.
Vaya,
¿y por qué mamá le tiene miedo a la sirvienta?
Porque da miedo. Si la vieras, a ti también te daría.
Pues a ti parece que no te da mucho miedo.
Es que... somos amigas.
A veces me trae regalos,
del espacio.
¿Quieres verlos?
Son regalos un poco raros para una niña, ¿no?
¿Por qué? Dice que son ofrendas. A mí me gustan.
Son lágrimas de niños.
Son dientes.
Alba, dime la verdad.
¿De dónde has sacado todo esto?
Ya te lo he dicho, son regalos que me trae ella.
Te los trae... ¿Aquí?
Me los trae por los sueños.
Me hace soñar cosas feas y entonces puede entrar aquí.
Dice que los sueños son puertas.
-¿Qué coño haces aquí? - Necesito hablar con Lucía.
¿Y a mí qué me cuentas?
Bueno, vivís juntas, ¿no? A lo mejor sabes dónde está.
- Ni puta idea, no ha dormido en casa. - Ya, eso ya lo sé.
¿Te ha llamado o algo? ¿Sabes algo? ¿Lo que sea?
¿No te lo estoy diciendo? No, no me ha llamado.
Escúchame.
Lucía se ha metido en un marrón muy gordo
y yo solo quiero...
yo solo quiero ayudar.
Mira, tío, yo no quiero líos, ¿vale?
¿No quieres líos? Pues estamos metidos en un lío de cojones.
Así que, si quieres ayudarla, dime dónde está.
Yo no sé nada, te lo juro.
¿Me enseñas ahora... a bailar?
Luego, ¿vale?
¿Qué miras?
¿Eres tú?
Y mamá.
Y la abuela.
Parecéis contentas.
Siempre estábamos contentas.
¿Y ya no?
Cuando te haces mayor es más difícil.
Mamá nunca me cuenta cosas de ti.
Porque no he sido muy buena hermana.
Pues a mí me pareces buena.
-¿Será mamá? - Shhh...
¡Vamos a la fiesta!
- Es la vecina, no se va a ir. -¡Fiesta!
¡Fiesta!
¿Tú quién eres?
- Es mi tía. Es bailarina. -¿En serio?
Ah, pues también puede venir.
Es su cumpleaños. En el quinto.
- Mejor no, Alba. - No.
¿No venís?
Tienen teléfono.
-¡Fiesta! - Hola, mi amor.
-¡Hola! -¡Pero espera! ¡Espera!
Hola. Soy Lucía, la tía de Alba.
Adelante, adelante.
Gracias.
¿Y Lucía? ¿No va a venir?
No. Ha tenido que salir, estoy cuidando yo de la niña.
Pues qué bien. Venga, por aquí.
-¡La tarta! - Marga, ella es Lucía, la tía de Alba.
Hola.
Bienvenida.
- Huy, esa va a ser la Rosita. -¡Bien!
- Tan puntual como siempre. - Espera, espera.
Cómo se nota la sangre,
eres igual que la cría y que la madre.
Igual de guapas las tres.
Gracias.
¡Pero bueno! Si ya estáis todas.
Menudo jaleo tenéis aquí montado.
- Hola, soy Lucía. - Hola.
Qué guapa, por Dios.
Y qué piel.
Yo es que me fijo mucho en esas cosas.
Y en el pelo.
El pelo me vuelve loca.
¡Rosita!
¡Aquí está nuestra estrella! ¡Catorce añitos!
¡Toma, regalo!
-¡Ábrelo! -¿Qué va a ser?
- Venga, mi niña. - Venga, ábrelo.
-¿Qué será? ¿Qué será? -¿Me has traído un regalo?
-¡"Pepis"! -¡Bien!
- Qué cosa tan bonita. - Para que montéis un salón de belleza.
Que clientas no os van a faltar, garantizado.
Venga, venga, un poquito de música. ¡A bailar!
¡Esos cuerpos!
Esta casa es así. Qué se le va a hacer.
Pues sí que bailas bien tú.
Anda, bebe conmigo, no me hagas el feo.
... y siempre perdona. Esa niña, sí, no...
¡No!
¡Esa no soy yo!
¡Venga, todas!
Aquí no somos muchos. Supongo que ya te habrás dado cuenta.
Y en cuanto te descuidas, pues ya tenemos el jolgorio montado.
¡La fiesta!
Alba dice que no hay casi vecinos.
Bueno, esto no es el Palace.
Todos acaban yéndose de aquí.
...con la verdad, con el amor...
de los demás.
¿Y vive alguien arriba, en el ático?
Lleva vacío... casi treinta años.
Cerrado a cal y canto.
Mejor.
Mejor... ¿Mejor por qué?
¿De qué tienes miedo, criatura?
¿Qué?
Se te nota en la mirada. Y eso no se puede esconder.
Es solo que estoy un poco preocupada por mi hermana.
No sé nada de ella desde ayer.
Tu hermana es muy suya.
Ya volverá.
Pero ha dejado la niña aquí sin decir nada.
¿La has llamado?
No, me dejé el móvil.
Quería pediros si podía llamar desde aquí, si no te importa.
Claro, claro que sí. Cómo me va a importar.
Yo no soy esa que tú te imaginas,
una señorita...
Hola, soy Rocío. Ahora no puedo hablar contigo.
¡Joder!
-¿Sí? - Soy yo.
Por fin. Oye, ¿dónde estás?
La he cagado, joder. Me pilló el Moro y no sabía qué hacer.
Ya lo sé, tranquila, tranquila. Solo dime dónde estás.
- Dijiste que iba a ser fácil. - Escúchame, Lucía.
Han encontrado tu coche, han puesto a Calvo a buscarte.
¿Qué?
No me jodas, Víctor. No me jodas.
Lucía, escúchame. Estamos juntos en esta mierda, ¿vale?
Así que tienes que confiar en mí.
Mi amor, solo dime dónde estás y yo me encargo. Por favor.
Por favor, confía en mí.
Vale.
Estoy en el edif... Venus.
Ve... Ve... Venus. ¿Qué Venus? ¿Qué Venus?
Lucía, no te oigo. Se te cor...
Se te corta la voz, Lucía. ¿Dónde coño estás?
¿Qué?
Lucía, ¿qué...?
¡Me... cago en la... puta!
El teléfono al que llama no existe.
¡Me cago en Dios!
- El señorito. - Tía Galga.
Se llama Lucía.
Guapa.
¿Qué le quieres?
Lo de siempre.
- Encontrarla. - A ver qué me traes.
Mejor no pregunto.
Ahí.
¿Seguro?
Es la misma sangre.
La chica está ahí.
Pero no se llama Lucía.
Se llama Rocío.
¿Qué dices?
Es lo que yo veo.
Ten cuidado, señorito.
- Me aburro ya. -¿Cómo te cae Olivia?
Antes nos llevábamos mal, ahora me cae muy bien.
- Mamá dice que están un poco locas. - Un poco, sí.
¿Has hablado con ella?
No, no ha contestado.
Es muy tarde. Venga, a la cama.
Lucía,
cuando vuelva, ¿te irás?
No lo sé, supongo.
Pues me tienes que enseñar a bailar, me lo has prometido.
Mañana, ahora a dormir.
Ahí estás.
¿Qué?
Lucía.
Vete a la cama.
Me duele.
-¿Qué llevas ahí? - Nada.
-¿Qué has hecho, Alba? - Déjame.
Trae.
¡Joder!
Aguanta, aguanta.
Apriétate fuerte, no lo sueltes.
-¿Vas a llevarme a un médico? - No.
No mires.
Escuece.
¿Por qué has hecho esto, Alba?
Ella me lo ha dicho. Tengo que hacer lo que me dice.
¡Ya basta!
Lucía.
Vosotras sois sus amigas.
Bailáis juntas. O lo que sea que hacéis.
No la conocemos mucho, va siempre a su bola.
Sí, eso ya lo hemos visto.
Tenemos toda la zona vigilada,
terminará saliendo como las ratas.
¿Y qué pasa si no sale?
¿Qué le decimos a los chinos?
¿Les vas a hablar tú? ¿En chino?
Yo no vengo mucho por aquí,
no es mi ambiente.
Si estoy aquí, es porque tenemos un problema muy gordo.
Supongo que os lo imagináis.
Y se me está acabando la paciencia.
Así que si tenéis algo que decir...
o algo que os haya contado...
o que hayáis oído,
yo os escucho con toda mi atención.
Pues si no queréis hablar...
Pues entonces...
a bailar.
Porque bailar... sí que sabéis, ¿no?
Tengo toda la noche.
La tengo.
Aquí, Edificio Venus.
-¿Estás seguro? - Casi.
Pero seguro que aquí las vedettes nos echan una mano.
Ya se lo he dicho, no sabemos nada.
Rocío.
- Igual os suena de algo. -¿De qué coño estás hablando?
¡Venga! ¿Quién es Rocío?
- Creo que es su hermana. -¡Bien!
¿Qué haces aquí?
¿Dónde coño estabas?
Te dije una noche y que luego te irías.
¿Estás loca?
Alba no puede quedarse sola, no puedes irte así.
- Alba es mala, por eso me fui. -¿Qué?
Te mete cosas en la cabeza:
esa sirvienta, sus regalos...
- Quiere volverte loca. -¿Lucía?
No la escuches.
Aún estás a tiempo, haz como yo.
Vete de aquí.
¿Qué estás diciendo?
Es una niña, es tu hija.
Ya no.
-¡Alba, métete en tu cuarto! - Lucía.
¡Alba!
-¡Esta no es tu casa! -¡No! ¡No!
-¡Esta es la casa de nuestra madre! -¡No!
Hola.
Hola.
Te ha traído regalos.
- La sirvienta. -¿Qué?
Para ti.
¿Qué es?
No lo sé, dímelo tú.
Si es una broma, no me hace gracia.
No es una broma, ha sido ella.
La has dejado entrar.
Habrás tenido un sueño... feo, ¿no?
No te muevas de aquí.
Quédate viendo la tele, ¿vale?
- Aquí está la tarántula... -¿Y tú?
Ahora vengo.
Ya es solo cuestión de minutos que se produzca este eclipse inesperado.
- Si uno quieren perdérselo,... - Eclipse.
...no olviden que para observar el fenómeno
es necesario el uso de lentes apropiadas que protejan de la radiación solar.
Otro factor que desconcierta a la comunidad científica...
Menudo antro, chaval. Ni buzones hay.
Que son diez pisos.
Como no vayamos llamando puerta por puerta...
Demasiado jaleo.
Pues ya me dirás tú qué hacemos.
La comunidad científica sigue sin poder explicarse...
Si no salgo en media hora, llamas a Arruza. Él sabrá qué hacer.
- Vamos, no me jodas, ¿me quedo yo aquí? - Sí.
Eh, espera, espera, joder. Si está arriba, me la dejas,
que me lo merezco.
Los expertos insisten en que...
- Buenos días. ¿La ayudo? - Gilipollas.
...usar para su protección, deben ser homologadas...
- Buenos días. - Hola.
Mira, que se ve que la empresa de este señor
ha hablado con el propietario para comprar el edificio.
Somos una compañía de inversiones,
pero antes tenemos que ponernos de acuerdo con los inquilinos, claro.
Por supuesto.
Pase, pase.
Vamos a poder asistir a uno de los fenómenos más insólitos
e inesperados que se recuerden...
Huy.
Gracias.
Igual si los conocen, pueden... ayudarme.
Es que... no constan los pisos.
Claro, aquí los conocemos todos.
Pues no sabe lo que me facilitan las cosas.
Tengo...
María Rosa Luna, que dice que es usted.
Eh... ¿Margarita Soliño?
- Mi hermana. - Ah, perfecto.
- Eh... ¿Ramón Cantero? - Huy, esos se marcharon el año pasado.
Estaba muy enfermo el pobre.
Se fueron a Motril, que se ve que allí el aire es mejor.
Claro, es que no debe de estar actualizado.
Y... Y... Y... Hmm...
¿Rocío Selvas?
- Sí, sí. - Sí, sí.
-¿Que es el piso...? - El noveno. Pero justo se fue ayer.
¿Y no saben dónde?
Igual su hermana, que llegó hace dos días.
Se quedó con la niña. Igual ella lo sabe.
Claro. Y me dicen que es el noveno...
Huy, mírala.
No. No, no, no, no se levante.
Alba.
Rocío...
-¡Rocío! - Alba.
Shh... No hables, no hables.
No te muevas, no te muevas.
¿Quién te ha hecho esto?
Ellas.
-¿Quién? - Las señoras de abajo.
Mataron a todas las niñas.
Quieren a Alba.
Quieren... a Alba.
Llévatela, por favor.
No, no, no. Aguanta conmigo.
Aguanta conmigo, voy a sacarte de aquí.
No, no, no. No te vayas, quédate.
Quédate conmigo, ¿vale? Quédate conmigo.
¡No, no puedo!
¡No puedo!
Perdóname.
- Alba... -¡Perdóname por todo!
- Alba... -¡Perdóname por todo! ¡Lo siento!
- Alba... - Lo siento. ¡No!
¡No!
Y... Y dice usted que...
que usted ha hablado con los propietarios.
Sí, está todo resuelto.
Eh... Me dicen que Rocío Selvas es el noveno... ¿qué más?
Qué raro,
porque la propietaria soy yo y...
no recuerdo haber hablado con ustedes.
¿Será la edad?
Señoras, vamos a hacer esto fácil.
Es fácil. ¿A qué ha venido usted?
Noveno... ¿qué más?
Noveno... D.
...parece estar desafiando las limitaciones del conocimiento
como valor de elongación.
Esto va a provocar este eclipse planetario que ya es inminente...
Un cuerpo celeste en nuestro sistema solar
sigue siendo un misterio...
Va a haber un eclipse, lo están diciendo.
- Nos vamos. -¿Pero adónde?
Puede haber aparecido de la nada y sin previo aviso.
Dada su anormal trayectoria orbital...
¿Qué pasa?
¿Sabes si hay otra salida del edificio?
No.
¡Joder!
¿Quiere jugar Alba?
- No, no quiere. Anda, vuelve a casa. -¿No?
Haremos un salón de belleza.
- Olivia, no es un buen momento ahora. -¿No quiere jugar?
-¡No, no quiere! - Pero, ¿por qué no?
- Joder... -¡Yo quiero jugar!
¡Ábreme la puerta!
¿Qué pasa?
Métete en tu cuarto y no salgas de ahí.
No lo sé, lleva casi una hora y veinte, y no me coge ni el teléfono.
Qué hija de puta. Lo sabía.
La chica no está sola.
Que nos la han metido doblada, ¿no? ¿Es eso?
Eso parece, pero lo vamos a solucionar.
Déjemelo a mí, patrón.
Déjemelo, que entro ahí y me cago en Dios y en la Virgen puta.
Le juro por mi vida que esta vez no se va a escapar.
Tú no te muevas de ahí. Que no salga nadie.
Vamos a hacer las cosas bien, como hay que hacerlas.
Vale.
En cuanto la vi, supe que traería problemas.
No sé en qué anda metido esa chica, pero está claro que en nada bueno.
-¿Crees que se huele algo? - Está asustada, como su hermana.
Pero no se va a ir, por la cuenta que le trae.
Aquí estás.
El mensajero está listo.
Déjalo ir,
que esparza la buena nueva.
¿Tú quién eres?
Hola, guapa. ¿Vives aquí?
Sí.
Estoy buscando a una amiga que ha venido aquí hace un par de días.
Se llama Lucía. ¿La conoces?
Soy yo.
Ya.
Me refiero a otra... Lucía. Igual la has visto.
¿Otra?
Sí, una chica rubia muy guapa.
¿La conoces?
Métete debajo de la cama, no hagas ningún ruido
y, pase lo que pase, no salgas.
Es ella.
¿Ahora me crees?
El planeta está a punto.
Los cónsules ya han llegado,
ya no hay marcha atrás.
Traigamos a la niña.
¡Joder!
-¡Víctor! - Joder, Lucía, tranquila.
- Hay que salir de aquí. - No, espera. La bolsa. ¿Dónde está?
¡Olvídate de la bolsa! ¡Están aquí, Víctor!
Me han encontrado.
¡Moro está abajo y muchos más, pero no podemos quedarnos aquí!
-¡Vamos! - No.
¿Qué?
¿Qué haces?
Eso cambia las cosas, ¿no?
¿Quién coño es?
Vámonos, por favor.
Hay algo ahí.
-¿Dónde está la bolsa? -¿Qué?
-¿Que dónde... está la bolsa? - Víctor, ¿qué haces?
¿Dónde está?
En el armario.
En el armario... ¿En qué armario?
Ahí, en el baño.
Muy bien. Muy bien.
Ahora te voy a decir lo que vamos a hacer.
Les voy a decir que... que te busqué por mi cuenta...
y que tengo la bolsa.
Y se la voy a dar, ¿vale?
Pero entiendes que no puedo dejar que les digas nada, ¿no?
No.
No, te lo juro.
Mi amor, no es por ti,
es por ellos.
Te lo sacarían, tienen a Calvo.
No lo puedo permitir.
Dime que lo entiendes.
Víctor...
-¡Déjala! - Víctor, por favor.
¡Que la dejes!
No.
- Dime que lo entiendes. - Víctor, no lo hagas.
Víctor.
¡Déjala!
- Qué putada. -¡Déjala!
Lucía.
- Patrón. -¿Es aquí?
Menudo sitio de mierda es este, ¿no?
Estos están un poquito nerviosos, tienen ganas de fiesta.
- Pues vamos a dársela, ¿no? - Hombre.
Yo no sé quién cojones está ahí dentro, pero lo van a pagar.
Sobre todo la chica. Quiero verle la carita.
Usted no se preocupe, que yo se la traigo. Se lo juro.
Pero tráemela viva,
que yo también tengo ganas de fiesta.
Yo se la traigo, no se preocupe. Vamos para allá.
Escúchame, corre.
Sal corriendo a la calle, ¿vale?
Y para a alguien que veas por allí
y dile que me tiene que ayudar, ¿vale? Que llame a la policía.
No, me tienes que enseñar a bailar.
Me lo has prometido.
Parece que ya conoces a su sirvienta.
Ahora solo falta ella,
su señora, la señora de esta casa,
la madre del dolor,
la madre de todo lo triste.
Nosotras la invocamos.
Le dimos la sangre.
Pobrecitas niñas, ¿verdad?
No pasa nada, cariño. Ven conmigo.
- No, no, no. -¡Lucía!
No, por favor.
Alba.
Alba.
Por favor...
Lamaasthu...
ha estado aquí desde entonces.
Todos estos años.
Alimentándose de esta casa,
de su dolor,
de cada grito,
de cada lágrima.
Creciendo,
esperando un cuerpo para encarnarse.
Y por fin ha llegado el día,
el día de la coronación.
Deja que se vaya.
No, no, no, no lo entiendes.
Ella ha sido la elegida.
Será una reina maravillosa.
Tienes que disculparme por lo de tu hermana,
fue un pequeño... imprevisto.
Se la quería llevar.
Y eso no podíamos permitirlo.
No, no llores, se acabó.
Se acabó.
Tu papel termina aquí.
Ya está.
Lo has hecho muy bien.
Si en el firmamento
poder yo tuviera,
esta noche negra,
lo mismo que un pozo,
con un cuchillito
de luna lunera
cortaría los hierros
de tu calabozo.
Si yo fuera reina
de la luz del día,
del viento y del mar,
cordeles de esclava
yo me ceñiría
por tu libertad.
Ay, pena, penita,
pena, pena,
pena de mi corazón
que me corre por las venas,
pena,
con la fuerza de un ciclón.
Es lo mismo que un nublado
de tiniebla y pedernal.
Es un potro desbocado
que no sabe adónde va.
Es un desierto de arena,
pena,
es mi gloria en un penal.
Ay, pena. Ay, pena.
Ay, pena, penita,...
...pena.
Me tienes que enseñar a bailar, me lo has prometido.
Vamos a bailar.
¿Qué cojones es esto?
¿A qué cojones huele, macho?
-¿Perdón? -¿Cuántos sois en casa?
- Somos tres. -¡Coño!
¿Qué pasa?
Es Lamaasthu,
se está abriendo paso.
Ya está aquí.
Madre mía, Lucía, la que has liado.
Pero si solo tenías que bailar.
Estoy bailando.
Así me gusta.
¿No tienes que bailar? Venga, báilame.
¡Del Moro no se ríe ni Dios!
Venga, levántate ahora. Venga, levántate. Vamos, vamos.
Si no me bailas tú, te bailo yo. Mira.
Que no pare la fiesta, ¿no?
No va a parar.
Nunca.
¡Está aquí!
¡Está aquí!
Eras tú.
Siempre fuiste tú.
Tenía que haberlo visto.
¿Tú quién eres?
Lucía,
la que trae la luz del día.
Te perdono.
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