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Así abandona este mundo Héléne Delambre,
viuda de mi hermano André,
a la que amé profunda y perdidamente.
Los atroces recuerdos acabaron por destruirla:
Horrores cuyo recuerdo, en lugar de borrarse con el paso de los años,
creció de manera monstruosa hasta dejar su mente conmocionada, inestable.
Tanto así, que la muerte, al llegar, fue una dichosa liberación.
- Disculpen, caballeros. ¿Podemos hablar? - No, no podemos.
¿Sr. Delambre? Mi sentido pésame por la muerte de su madre.
- Apártese de nuestro camino. - Soy un periodista acreditado.
Lo que es es un chismoso acreditado. Haga el favor de dejarnos en paz.
¿Por qué no quiere que hable con su sobrino?
¿Por las preguntas sin respuesta sobre la muerte de su hermano?
Todo muy misterioso: Primero lo llamaron asesinato.
Luego, suicidio. Primero detuvieron a Héléne Delambre.
Después la dejaron libre. Todo muy raro.
Granville, váyase de aquí. Y no vuelva a emplear esa táctica.
Inspector Beauchamp. Usted participó en el encubrimiento, ¿verdad?
Será un artículo interesante, se lo aseguro.
Gracias, inspector Beauchamp. La prensa puede ser desagradablemente insistente.
Debe comprender su ansia por revelar un misterio.
Sí. El inspector Charas y usted fueron muy amables.
- Sólo ayudé a Charas. Era su caso. - No.
No, su ayuda fue inestimable. Nunca lo olvidaré.
Tuvo que soportar mucho, monsieur. Si puedo ayudarle en algo, llámeme.
Gracias.
Ese hombre es una vergüenza para su profesión. ¡Importunar en un momento así!
De todos modos, ha hecho una pregunta.
¿Por qué acusaron a mi madre?
- No puedo decírtelo. - Tienes que hacerlo.
Toda mi vida he oído rumores.
Sé que ocurrió algo terrible, algo aún más terrible que
el suicidio o el asesinato.
¿Qué fue?
François... Cualquier cosa es mejor que no saber.
Si te lo cuento, Philippe, te obsesionará el resto de tu vida.
Dímelo. Tengo derecho a saberlo.
Llévenos a Delambre Fréres, por favor. A la vieja fundición.
- Monsieur Delambre. - Gaston.
Philippe. Se lo ruego, por favor, no entren aquí.
Este lugar está maldito. Les juro que lo está.
Desde... Desde el día en que André Delambre empezó a trabajar en él.
Soy yo quien... quien encontró su pobre cuerpo aplastado.
Créanme, lo sé... Lo sé.
Oh, por favor. Se lo pido por favor. No entren.
Está bien, Gaston. De acuerdo. Gracias por avisarnos.
No tardaremos. Vuelva al trabajo.
Pobre hombre. Le perturba que venga gente aquí.
Recuerda demasiado.
El laboratorio lleva cerrado desde el día en que murió André.
Está tal y como lo dejó.
El equipo... está destrozado.
Lo hizo él en un ataque de furia, para destruir la máquina que había creado
porque ella lo había destruido a él.
Lo destruyó a él y a tu madre,
porque se adentró en áreas del conocimiento vedadas al hombre.
Pura superstición. No hay áreas del conocimiento vedadas al hombre.
Hace cincuenta años, los estúpidos decían que el hombre no debía volar.
Mi padre investigaba la transmisión de estructuras moleculares. Lo sé.
- Dime qué pasó. - Muy bien, Philippe. Te lo diré.
Sí, es cierto. André investigó la transmisión de la materia.
El dispositivo que ves hecho pedazos fue construido para demostrar su teoría:
Que las estructuras moleculares tridimensionales
pueden transmitirse de manera instantánea en el espacio
de manera muy parecida a la de las imágenes de televisión.
Pero éstas sólo son una representación electrónica de luces y sombras.
La máquina de André desintegraba las moléculas de la materia sólida
y luego volvía a reintegrarlas en un lugar diferente.
Con el tiempo, André adquirió tanta confianza en su máquina
que se sometió él mismo al proceso de desintegración-integración.
Consiguió transmitirse a sí mismo.
Entonces, en un trágico segundo intento,
algo salió mal.
Sin darse cuenta, se encontró en la cámara de desintegración,
pero no estaba solo.
Con él había una mosca.
El resultado fue una criatura con el cuerpo de André Delambre
y la pata y la cabeza
de una mosca.
Entonces, André decidió acabar consigo mismo
para evitarle al mundo semejante abominación.
Con la ayuda de tu madre, aplastó sus monstruosas cabeza y pata
en una de las prensas de la vieja fundición.
Ahora ya sabes por qué no quería contártelo,
y por qué tenemos que salir de aquí, cerrar con llave
y no regresar jamás.
- ¿François? - ¿Sí?
¿Recuerdas lo que me dijiste tras la muerte de mi padre?
Sí, eso creo.
Dijiste que era como un explorador en una tierra salvaje
donde nadie había estado antes.
Que buscaba una gran verdad.
Casi la encontró, pero durante un instante fue descuidado.
- Sí, Philippe, lo recuerdo. - ¿Recuerdas también lo que te pregunté?
Sí. Dijiste que querías ser explorador como tu padre.
- Y me pediste que te ayudara. - ¿Lo harás?
¿No lo he hecho ya? La mejor educación científica...
Dije que quería ser explorador como mi padre. Leí sus documentos científicos.
Comprendo lo que intentaba hacer. Yo mismo he trabajado en ese campo.
Quiero reconstruir esto.
Será su monumento, su reivindicación.
Philippe... Lo destruyó. Podría destruirte a ti.
Fue descuidado. Yo no lo seré.
- No, Philippe. - ¿Faltarías a tu promesa?
- Fue una promesa hecha a un niño. - Fue una promesa hecha a mí.
- Lo siento, no puedo ayudarte. - ¿Por qué no? Dame una razón.
- Además de tu interés por mi seguridad. - Te daré una razón: El dinero.
No puedo permitirme avalarte en esta empresa. Y tampoco el negocio.
Ésa es la pura y desagradable verdad del asunto.
Está bien, François. No te creo, pero no discutiré contigo.
- ¿Abandonarás tu idea? - Nada de eso.
- Philippe, mira... - Nunca renunciaré a ella.
Con mamá tan obsesionada por sus miedos, yo no podía trabajar abiertamente.
Hice lo que pude.
Trabajé en secreto.
Ahora, ella no está.
- Philippe, escúchame... - Por favor. Quiero estar solo.
Quiero quedarme aquí un rato.
Haz el favor de dejarme solo.
- Hola, Alan. - Hola, Phil.
- Espero que no fuera muy duro. - Gracias.
- He hablado con mi tío. - ¿Sí? ¿Te va a ayudar?
No. Pero me ha contado cosas que me han decidido aún más a continuar.
- ¿Aún quieres trabajar conmigo? - Pues claro que sí.
Te pagaré lo mismo que te paga mi tío, mientras me dure el dinero.
- Empezaremos donde lo dejó mi padre. - El dinero no importa.
Es la oportunidad de continuar el trabajo de André Delambre. ¿Cuándo empezamos?
- Ahora mismo. - ¿Aquí? ¿En la planta?
No. Quiero salir de Montreal. Tengo el lugar de trabajo perfecto.
- ¿Quieres verlo? - Por supuesto.
Ésta era la casa de mi abuelo.
A mi padre le gustaba tanto que el viejo se la dejó.
Así que ahora es mía.
Phil, es una mansión.
- Monsieur Philippe, me alegro de verle. - Y yo a usted, madame.
Éste es el señor Alan Hinds. Madame Bonnard, mi ama de llaves.
Encantada, monsieur.
- Hola, Cécile. - Hola, Philippe.
- Cécile, éste es Alan Hinds. - Mucho gusto.
- Encantado. - Alan va a trabajar aquí conmigo.
- Déle la habitación contigua a la mía. - Cómo no. Y hoy se quedará a cenar.
Oh, no. Yo...
Bueno, parece que nos quedamos a cenar.
- Vamos a ver el taller. - No exagerabas, ¿sabes?
Es una belleza.
Ah, sí, lo es. Vamos.
Aquí es donde he estado trabajando.
Está bien.
Sitio de sobra para expandirse.
Bueno, la situación es ideal. Podemos vivir aquí cómodamente.
Tendremos total intimidad. El vecino más cercano está a casi un kilómetro.
- Lo primero que hay que hacer... - Después de cenar.
Después de cenar, es ir al viejo laboratorio a por los papeles de mi padre.
No quiero que se entere François.
Hay un vigilante, un viejo llamado Gaston. Puede que tengamos que distraerlo.
A mí no me conoce. Ya me inventaré algo.
De acuerdo. Cogeremos todo lo necesario.
Diagramas, notas de los experimentos, todo lo que encontremos. Y luego, a trabajar.
No reconocerás la vieja bodega cuando la llenemos de máquinas.
Dejaremos que nos visites si nos traes galletas como éstas.
- Las he hecho yo misma. - No te creo.
- Te lo aseguro. - ¿De verdad?
- ¿Hace mucho que os conocéis? - Desde niños.
- Solía venir a visitar a mi abuelo. - Jugábamos juntos en el jardín.
Una vez, Philippe se enfadó mucho conmigo y me echó arena a la cara.
¿Echaste arena a la cara de esta hermosa criatura? ¡Bellaco!
- Philippe. - ¿Qué demonios pasa?
- ¿Está enfermo, monsieur Philippe? - Parece que ha visto un fantasma.
Ha sido la mosca. La mosca te ha perturbado.
Siempre las he odiado. Lo... lo siento.
ALTO VOLTAJE
- ¿Qué hacemos ahora? - No lo sé.
Necesitaríamos un tetrodo enfriado por agua, pero cuestan una fortuna.
- ¿Cuenta bancaria en las últimas? - Así es.
Mira, Phil, quería hablar contigo de eso.
Llevas tres semanas pagándome y no he gastado un céntimo.
La comida y el alojamiento son magníficos. Olvida mi salario.
Págame cuando tu artilugio sea un éxito, como estoy seguro de que sucederá.
Gracias, Alan. Te lo agradezco, créeme.
Buenos días, madame Bonnard.
- ¿Dónde está Philippe? - En la bodega, trabajando.
Hola, François. Me preguntaba cuánto tardarías en encontrarme.
No hacía falta ser ningún genio.
Veo que has seguido adelante, en contra de mis deseos.
Bueno, estoy en mi casa. Y he usado mi propio dinero.
- ¿Sabías que Alan Hinds estaba conmigo? - Por supuesto.
Lo sospeché cuando dejó su empleo conmigo.
Gracias por tu lealtad.
Bueno, como dices, estás en tu casa. Supongo que ahora me pedirás que me vaya.
No, François, no haría eso. Me alegra que hayas venido.
Me has ahorrado un viaje a la ciudad.
La verdad es que casi se me ha acabado el dinero.
- Te dije que no te avalaría. - Sí, ya lo sé.
Pero ¿soy dueño de la mitad de Delambre Fréres?
Sí, así es.
Muy bien... Quiero mi mitad.
Tonterías. No puedes repartir un negocio como si fuera un saco de manzanas.
Venderé mi mitad por lo que me den, a cualquiera que quiera comprarla.
No hablarás en serio.
¿Destruirías una empresa que lleva más de 100 años en la familia?
Si fuese necesario.
- Me pones contra la espada y la pared. - Lo siento, François.
Pero, si tú no me ayudas, conseguiré el dinero de la manera que sea.
Sí, te creo capaz.
Te creo capaz.
Muy bien.
Tengo sentido de la responsabilidad hacia Delambre, aun si tú no lo tienes,
te proporcionaré lo que necesites.
Gracias, François.
Va a funcionar. Créeme, no quiero simplemente tu dinero.
- Quiero que trabajes con nosotros. - Lo haré.
No porque esté convencido, ni porque crea que triunfarás donde André falló,
sino para protegerte, si puedo, de las consecuencias mortales de este artilugio.
Y seguiré intentando disuadirte en todo momento
de continuar con este proyecto.
Está bien. Puedes hacerlo si quieres.
Pero trabaja conmigo.
Te prometo que llegarás a creer en esto tan firmemente como yo.
- Ya lo veremos. - Lo veremos.
- ¿Cuándo puedo pedir el nuevo equipo? - Cuando quieras.
- ¿Hoy? - Si así lo deseas.
Te veo en la planta.
Muy bien.
Phil, has estado maravilloso. Ahora sí que podemos empezar.
- Siento haber tenido que hacerlo así. - Te acompaño, si no te importa.
- Tengo algo que hacer en la ciudad. - Está bien.
- Te recojo aquí mismo a las tres. - De acuerdo.
Taxi.
- Hola, Ronnie. - Ronnie, no. Alan Hinds, si no te importa.
Bien, Sr. Hinds, ¿qué le trae por aquí?
- Dinero. - ¿Has dicho dinero?
- De mí no lo recibirás, muchacho. - Un momento, mi buen y gordo amigo.
¿Qué responderías si te dijera que he dado con algo que vale millones?
- Diría que mientes. - Esta vez no, Max.
Mira, una cosa sí admitirás: Entiendo de electrónica.
He estado trabajando para Delambre Fréres.
El nuevo radar para la aviación canadiense. Podría ser valioso.
Max, no es ningún radar. Es algo realmente fantástico,
y estoy en la situación ideal para robarlo.
Adelante, róbalo. ¿Por qué acudes a mí?
Necesito a alguien que lo venda por mí.
Yo cojo los diagramas y las especificaciones. Tú los vendes.
Ronnie, traicionarías a tu propia madre.
Tú también. Pero hay de sobra para los dos.
- Te lo aseguro, es tremendo. - Muy bien, es tremendo.
¿Qué es?
¿Estabas aquí en Montreal cuando murió André Delambre?
- Sí. - ¿Recuerdas los extraños rumores
sobre el proyecto en el que trabajaba cuando murió?
Los recuerdo.
Habla con los grandes negocios de electrónica, los grandes cárteles.
Pregúntales una sola cosa: Si les interesa un desintegrador-integrador.
Luego, relájate y espera a que te lluevan las ofertas.
Querrán algo en que basarse, alguna prueba.
Te traeré algo en un par de días. Lo suficiente para abrirles el apetito.
Lo que saquemos irá a medias. ¿Hace?
Trabajaré contigo. No porque me f'ie.
Naturalmente que no. Sería estúpido hacerlo, y tú no lo eres.
Un cerdo codicioso, quizá, pero no un estúpido.
Gracias. Por cierto, ¿dónde puedo encontrarte si te necesito?
Max. Reconóceme un cierto sentido común también.
Tendrás noticias mías cuando esté listo.
- Puedes contar conmigo. - Estoy seguro de ello.
Con la policía británica buscándote, no te atreverías a hacerme una jugarreta.
¿Cuántos años te caerían si te llevaran de vuelta a Londres?
Nada de eso. Quizá la horca, pero no la cárcel.
Y es que una vez puse fin a mi asociación con un tipo con el que no pude contar.
De hecho, le puse fin a él.
- Adiós, Max. - Adiós, Ronnie.
Alan. ¿Qué haces en esta parte de la ciudad?
Un viejo amigo. Yo... le hago una visita cada vez que vengo.
Bien, Alan. Todo concuerda.
Ahora que estamos listos para intentarlo, ¿le gustaría hacer una pequeña apuesta?
¿Ya no es tan escéptico? Sabía que le convenceríamos.
Puesto que un cenicero fue el primer objeto transmitido en los experimentos de papá,
me parece adecuado que usemos otro en el nuestro.
- Perfecto. - No ha habido transposición.
- Buenos días, Philippe. - Buenos días, François.
- Buenos días, Alan. - Buenos días.
- ¿Qué tenemos para hoy? - Vamos a intentarlo con un sujeto vivo.
- ¿Un conejillo de indias? - Ya he acabado, Phil.
- Comprueba el circuito de ignición, François. - Bien.
- Gigantismo. - Debe de ser por el control de amplitud.
Averigüémoslo. Comprobémoslo todo.
Hola, Cécile.
- Es tarde. - Sí, lo sé.
Gracias, Cécile.
¿Phil?
Bueno, parece perfectamente normal.
Pon un conejillo de indias en el desintegrador, ¿quieres, Alan?
Una vez corregido el gigantismo, probaremos el experimento que describe aquí papá.
Primero, la desintegración: "Mantener un tiempo al sujeto en estado incorpóreo.
Luego, completar el ciclo y recuperar al sujeto".
Sólo el ciclo de desintegración.
Papá nunca registró efectos negativos a causa de la reintegración retardada.
Lo recuperaremos mañana hacia las diez.
De acuerdo. Me aseguraré de estar de vuelta.
Vamos, Phil. Acaba por hoy.
- No puedes trabajar día y noche. - No estoy cansado.
- Demasiado excitado, supongo. - Lo comprendo.
Ya es mía.
Phil. Lo siento, de verdad.
Levántate.
¿Qué pasa? ¿Por qué te inquietan tanto estos bichos?
Soy tu amigo. Puedes decírmelo.
Si eres mi amigo, no vuelvas a hacer eso.
De ninguna manera. No lo haré.
Vamos. Ha sido un día duro.
Tienes que cuidarte.
Ve arriba y descansa. Mañana nos espera otro día duro.
Supongo que tienes razón.
Ronald Holmes, queda usted detenido.
De eso nada. Levántese.
- ¿Cómo me ha encontrado? - Es lo de menos.
¿Dónde están sus agentes? No... habrá venido solo.
Dése la vuelta y extienda las manos.
- Philippe, ¿qué ha pasado? Las luces. - Las mías también han bajado.
¿Alan?
- ¿Qué ha pasado con las luces? - Un cortocircuito. Estúpido de mí.
He apoyado esta silla en el interruptor principal.
Espero no haber estropeado nada.
Se han fundido unos pedazos de cobre. Nada más.
- No creo que afecte a la máquina. - Seguro que no.
Quizá debiéramos probarla y traer al conejillo de vuelta un poco antes.
Espera, Phil. François ha dicho que quería estar aquí.
Seguro que se ofende si lo hacemos sin él.
La máquina está bien. Ni siquiera han saltado los disyuntores.
Seguro que tienes razón.
Esperaremos.
Iba a acostarme cuando han bajado las luces.
He bajado a echar otro vistazo al circuito compensador.
Recojo todo esto y me acuesto también.
- Está bien. Buenas noches, Alan. - Buenas noches.
- ¿Diga? - Max, quiero verte esta noche.
- No puedo. Tengo trabajo. - Tiene que ser esta noche.
No, no puedo ir ahí. Te lo diré cuando te vea.
Dentro de 40 minutos en la carretera de Cross Creek, a 2km al oeste.
Estáte allí.
- ¿No puedes esperar a mañana? - No. Tengo que deshacerme del coche ahora.
Ronnie, ¿en qué andas metido?
Ahí va, muy bien.
Bueno, Max, ¿algún interesado en lo nuestro?
¿Interesados? Ya lo creo.
Hablé con las cuatro grandes empresas. Dos de ellas están dispuestas a negociar.
Sólo piden alguna muestra de que lo tenemos de verdad.
Pues aquí tienes tu muestra.
Suficiente para mostrarles que vamos por el buen camino, pero no para revelarlo todo.
Muy bien. La revelaré cuando vuelva.
Iré andando el resto del camino.
Habla con tus contactos, muéstrales la película y consigue el mejor trato.
Acabaré lo mío aquí y te llamaré mañana.
Muy bien, Ronnie.
- Hola, Alan. - Philippe, me... me has asustado.
- ¿Qué hacías ahí? - He oído arrancar un coche
y he salido a investigar.
Madame Bonnard ha oído un coche.
Me ha despertado para decírmelo. Pero de eso hace casi dos horas.
Ah, no. Esto ha sido hace sólo 10 o 15 minutos. Otro coche, quizá.
Misterioso, ¿eh?
Muy misterioso.
Manchas de sangre...
Parece que alguien ha intentado limpiarlas.
Son manchas de sangre, ¿verdad?
Bueno, Phil, estoy totalmente avergonzado, créeme.
Has intentado reintegrar al conejillo, ¿no?
Y no lo has conseguido.
Tenía tanta curiosidad por ver si habíamos resuelto el gigantismo
que lo reintegré para echarle un vistazo.
Continúa. Lo estás haciendo muy bien.
Bueno, el muy pillo me ha mordido,
he perdido los estribos y lo he matado.
- Lo siento. - A verla herida.
- ¿Cómo? - Enséñame la herida.
Las mordeduras de rata son peligrosas. Hay que curarlas.
No es nada, en serio. Sólo un rasguño. No merece la pena.
Tienes explicaciones para todo, ¿verdad, Alan?
Mira, Phil, yo...
A ver cómo explicas esto.
Puedo explicarlo.
Pero no voy a hacerlo.
Con esto, uno no necesita explicar nada, ¿no es cierto?
Dame tus llaves.
Las llaves.
Abre el armario.
Confiaba en ti, Alan. Te habría dado una buena parte de lo que ganara.
Ábrelo.
Es demasiado tarde, Alan. Ya he llamado a la policía.
¿Una pelea?
¿Dónde está Philippe?
Cécile. Cécile, me ha llamado Philippe.
Algún problema con Alan. ¿Dónde está?
- Se han peleado, monsieur. - ¿Peleado? ¿Quiénes?
¿Alan? ¿Philippe? ¿Dónde? ¿Dónde?
Abajo. Philippe ha gritado.
Y luego he oído la máquina.
¿La máquina?
¿Alan? ¿Alan?
Alan, ¿dónde...?
- ¿Dónde está Philippe? - Buena pregunta, Sr. Delambre.
- ¿Dónde está? - Digamos que sirviendo a la causa científica.
Alan.
- Monsieur François. - Ayúdenme a entrar.
Es una herida terrible, monsieur. Deje que llame a un médico.
No, debo ir al laboratorio. Es la única manera de salvar a Philippe.
Ayúdame.
La policía.
No quiero a la policía aquí hasta que haya terminado con la máquina.
Madame Bonnard, entreténgalos si puede.
Alto.
Con el departamento de policía.
- Departamento de policía. - Soy el sargento Dubois.
Tenemos a un herido por arma de fuego.
Envíen una ambulancia al 418 de la calle Cromwell.
Socorro. Cécile.
Ayúdame.
Estoy aquí. En la puerta, Cécile.
Ayúdame.
Cécile.
¿Monsieur? ¿Qué le pasa?
- Buenos días, teniente. - ¿Dónde está Delambre?
- Acaba de salir del quirófano. - Quiero hablar con él.
Dicen que llevará varias horas como mínimo, señor.
Todo esto empieza a encajar.
Las esposas eran las de Evans, y estoy convencido de que lo han asesinado.
Había manchas de sangre, y huellas de que han arrastrado a alguien hasta un coche.
Quiero hablar con François Delambre en cuanto vuelva en sí.
Gracias.
Llame al teniente MacLish, por favor.
Monsieur Delambre, soy el sargento de policía Dubois.
¿Lo han... lo han atrapado?
¿A su sobrino? No, no lo hemos hecho.
Pero lo ha visto.
Usted lo sabe. Ha visto a la criatura.
¿La criatura, señor? Mis hombres y yo hemos visto a alguien en el laboratorio.
Desobedeció la orden de detenerse
y disparé, pero huyó.
Entonces, ¿no lo ha visto?
No hemos visto su rostro, si se refiere a eso.
Era su sobrino, ¿no es cierto?
Debo hablar con el inspector Beauchamp.
Lo siento. El inspector Beauchamp está fuera de la ciudad.
- El teniente MacLish está al mando. - Yo...
Debo hablar con el inspector Beauchamp.
Monsieur Delambre, el teniente MacLish.
No hablaré con nadie más que con el inspector Beauchamp.
Sr. Delambre, yo estoy al mando.
Responda a mis preguntas. ¿Por qué huyó su sobrino?
Exijo hablar con el inspector Beauchamp.
Sr. Delambre, su continua negativa puede costarle la vida a su sobrino.
Ha desobedecido la orden de detenerse. Mis hombres tienen órdenes de disparar.
No... Eso sería asesinato.
- No ha hecho nada. - Entonces, ¿por qué huyó de nosotros?
Quiero ver al inspector Beauchamp.
- Quédese con él. - Sí, señor.
Monsieur Delambre... Dígame, por favor.
¿Por qué insiste en hablar con el inspector Beauchamp?
¿Por qué?
Ayudó al inspector Charas en la investigación de...
la muerte de mi hermano.
Conoce el... terrible secreto.
Usted no lo creería... No se lo creería...
Ese terrible secreto...
¿Tiene que ver con una mosca?
¿Qué... qué vio usted?
- ¿Qué vio? - Nada.
Yo... Pensé que... No es nada.
Me pondré en contacto de inmediato con el inspector Beauchamp.
¿Diga? ¿Ronnie? ¿Dónde estás?
He estado organizando el material. ¿Estás preparado?
Sí, lo estoy. Tienen el dinero listo.
Debo decir que has hecho una buena chapuza.
No cabe duda. El joven Delambre te anda buscando.
Exacto. Me busca a mí. Tú no tienes de qué preocuparte.
Puede que no. Pero sugiero que te apresures.
Gracias.
Inspector Beauchamp... Gracias a Dios que ha venido.
Inspector, ha... ha vuelto a suceder. A Philippe.
Sí, cuando oí hablar de esa extraña máquina...
La máquina... Nadie debe tocarla.
Si la tocan, habremos perdido a Philippe para siempre.
Nadie la tocará, se lo aseguro.
Si...
- Si cogen a Philippe vivo... - ¿Sí?
Si cogen a Philippe vivo,
aún tendremos que encontrar a la pequeña criatura, ¿recuerda?
Sí, lo recuerdo.
La encontraremos. Iré en persona al laboratorio.
La cabina de integración está destrozada. He... he pedido una nueva.
Sí, pero ¿tendrá fuerzas para operar la máquina?
- Las encontraré. - Estoy seguro de ello.
Llévenlo arriba, por favor.
Mademoiselle, soy el inspector Beauchamp.
- Lléveme al taller de Philippe. - Sígame.
Cécile. Soy Philippe.
Philippe.
Nadie más puede ayudarme.
Cécile.
Cécile. Soy Philippe.
Philippe. Nadie más puede ayudarme.
Cécile.
Soy Philippe.
Ayúdame, Cécile.
- Enfermera, discúlpenos, por favor. - Sí, inspector.
- ¿La ha atrapado? - Sí, lo he hecho.
Parecía débil. La he alimentado.
¿Cuánto tiempo vive una mosca?
Musca domestica, o mosca común: Vive unas tres semanas.
- Mueren rápidamente si hace frío. - Haré que haga calor en el laboratorio.
Pero ¿cómo podemos saber cuánto de vida le queda a esta mosca?
Es tan imposible, inspector. Tan imposible.
Querido amigo, nada es nunca imposible.
Pero con 100 hombres buscándolo, dándole caza como si fuera un animal...
¿Cómo puede eludir a 100 hombres?
Quizá ya haya muerto.
Herido por una de sus balas, quizá se haya arrastrado a morir entre los matorrales.
No pierda el valor.
Lo va a necesitar, por completo, cuando lo encontremos.
¿Qué pasa?
- El hombre al que conocía como Alan Hinds. - ¿Sí?
Ha muerto. Con el cuello aplastado por una presión gigantesca.
También un conocido tratante de objetos robados llamado Max Barthold.
¿Lo hizo Philippe?
- ¿Qué podemos hacer? - Esperar a que la policía coja a Philippe.
O, si los elude, esperar a que venga aquí.
Usted, la chica y su madre son los únicos a quienes puede pedir ayuda.
- Inspector... - ¿SÍ?
Suponga que viene aquí.
Y suponga que no es como André.
Cuando esto le sucedió a mi hermano,
conservó una mente y una conciencia humanas.
¿Y si Philippe no tiene una mente humana, sino el cerebro asesino de la mosca?
Rezo por que no sea así.
Pero, ¿y si viene aquí, no a pedir ayuda, sino...
a matar...?
Entonces, habrá que eliminarlo.
Inspector. Por favor, ayúdeme.
Dígale a François que venga al laboratorio. Y que la enfermera no se entrometa.
Estoy bien.
A la cámara, rápido.
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