All language subtitles for Elena si, ma.. di Troia (1973) (360p_24fps_H264-128kbit_AAC)

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Original subtitles

- Iremos allá. - ¿Qué haremos en Micenas?

El refrán dice: "Comer, beber y casarse"

- Los refranes son basura. - No seas ignorante.

Dije: "En Salónica comes, bebes y te haces rico."

Si, y en Salónica nos jodieron.

Nunca estás satisfecho.

El de la taberna dijo que nos mata si volvemos.

Y lo hará. Es un tipo duro.

No quiero seguir metiéndome en líos.

- No son líos, es la vida. - Es basura.

Es sobrevivir. Lo que hacemos es vivir.

¿Oíste eso? Lo logramos.

Si hay une reina, hay un palacio.

Es lo que necesitan dos náufragos como nosotros.

Un momento, despacio. Tengo hambre.

¿De qué tu quejas? Conmigo aprendes mucho.

- Paris y Elena. - Tremenda mujer.

Elena es la esposa de Menelao.

Y Paris es príncipe... príncipe de algo.

- No recuerdo de dónde. - Me suena bien.

Les falta mucho para llegar a la meta. Vamos.

Esos dos están haciendo un buen trabajo.

Nosotros somos náufragos pero ellos se hunden.

¿Cuánto más tardarán? Gritemos con fuerza.

- Mira. - Me pregunto quiénes son.

- Náufragos. Casi muertos. - ¿Podemos ayudarlos?

La respiración de boca a boca podría servir.

Es la técnica adecuada y la más moderna.

- Se la haré a éste. - No, a mi amigo primero.

Está muy grave.

No, no estoy tan grave. A él primero.

Tranquilo. Trato de salvarte la vida.

Ya estoy bien. Este casi me ahoga.

Era el único modo de salvarte.

Elena, ¿puede moverse ese joven?

No. Tengo une erección y no puedo pararme.

Miren mis cuentas. Joyas, bolsos, vestidos.

¿Están locos? Quién se robó mi aceite de oliva?

Lo tenía en estas vasijas y ya no queda nada.

- Rey Menelao, Ud. es rico. - Mentira. Soy muy pobre.

Trabajamos todo el día y no nos paga nada.

Páguenos algo.

¿Qué? No tengo ni un céntimo. Váyanse todos.

Vagos, lacras. No puede confiarse en Uds. Fuera.

No puede confiarse en la clase baja. Me roban.

- ¿Qué es esto? - Mi lista de compras.

¿Qué vas a comprar, el ejército persa?

Trabajo duro y sólo tengo gastos.

Cuñado, esto es lo mínimo que puedo gastar.

Encurtidos, pan, arvejas. Los precios suben.

Ya no más. ¿Crees que el dinero cae del cielo?

Sólo tengo gastos y ningún ingreso.

- ¿Dónde está mi hermano? - Entrenando las tropas.

Estoy harto de su tropa y de sus marchas.

Izquierda, derecha. ¿Quién les paga?

Yo les pago. Sí, yo.

- Magníficos soldados. - Qué hermano tan torpe.

No son muchos, pero están bien entrenados.

En mi opinión son demasiados.

Tu esposo es un maniático.

Encontraron náufragos en nuestra costa.

No. Tendré que alimentarlos y vestirlos.

Es la costumbre. Además, traerán noticias.

Conversaremos con ellos. Aquí nunca pasa nada.

Ni guerras, ni nada. ¿Qué crees, esposa mía?

Estoy de acuerdo. Nunca pasa nada aquí de noche.

Estábamos perdidos en la inmensidad del océano.

Esperamos siglos a que nos salvaran.

- Debió ser horrible. - Cierto. Terrible.

Esos 2 se están comiendo todo. ¿Qué hacemos?

Si no nos salvan, estaríamos muertos.

¿Muertos?

Es sólo un modo de hablar etrusco.

El etrusco es una lengua rara. ¿Verdad Agamenón?

No es nada especial.

Dales un poco de ese vino aguado.

Si no, se beberán todas mis reservas.

Este pollo debe tener 200 años de edad.

¿Cómo sabes lo viejo que es un pollo?

- Por lo duro. - Ellos no saben la fecha.

- Oye, chico. - Menelao.

- ¿Ella es tu mujer? - Sí, ella es mi esposa.

¿No crees que pasa mucho tiempo con Paris?

Él es como un pájaro migratorio. Viene y se va.

Ah, lo siento. No quise decir nada.

En ese país, la gente era muy distinta a nosotros.

¿Cómo se visten las mujeres allá?

Los vestidos son más cortos. Hay mucho sol.

- ¿Son así? - ¿O así?

No, querida. Son así. Nada en absoluto.

¿No quieres tú también estar a la moda?

¿Qué están haciendo? Se toman mi comida y mi vino.

- Ya ahora mis doncellas. - La hospitalidad es santa.

Pero esto es un sacrilegio.

Un momento, Menelao. Estamos practicando.

Claro, hay que practicar antes de la batalla.

Así nos luciremos frente al enemigo.

Son guerreros. Trabajaré en mis planes de guerra.

Otra vez a gastar mi tesoro.

Con sus chismes sabremos cosas interesantes.

Lacio, Troya. Cómo son sus murallas y sus ejércitos.

Lo mismo que tú hiciste con Paris.

No pensarás en una invasión. ¿Sabes su costo?

El reino de Micenas se está volviendo pequeño.

Debemos pensar en expandirnos, ¿verdad?

Debes prepararte para una reunión intima.

- Encantada. - Sí, pero no te apures.

Debemos ser cautos.

Elena sabe hasta dónde llegar, si eso te preocupa.

Retirémosnos. Estudiaré mis planes de guerra.

¿Qué guerra?

Tarde o temprano tendrá que haber une guerra.

Oh, eres tú.

Ahora creo en el amor a primera vista.

- ¿Por qué, Tony? - Así empezó la vez pasada.

Oh, Tony, quiero verte.

Mírame, porque voy a hacerte el amor.

Si, hazlo, cariño.

- Di que mis ojos brillan. - Brillan como estrellas.

- Mi pelo brilla como luz. - Sí, brilla.

- Mis labios son cerezas. - Sí, eso es.

Qué cosas tan poéticas me dices.

- ¿La viste? - Dijo que irá a tu cuarto.

- ¿Te veré pronto? - Sí, claro.

¿Por qué tardaste? Te esperé una eternidad.

Tengo, esposo, cuñado y muchos deberes.

- ¿Me dices la verdad? - No hay razón para mentir.

Pronto, mi rosa, se sabrá nuestro secreto.

No tendremos que vivir en la mentira.

- ¿Qué quieres decir? - Ya lo verás.

La vida de la reina está en peligro.

¿Oíste? Algún tonto se llevó a la reina.

¿Estás bromeando? Todos se la llevan.

Quiero decir que la secuestraron.

A mí no me importa. No es mi esposa.

Usa tu cerebro. Comemos y bebemos aquí.

Paris secuestró a Elena. Declararé la guerra.

Guerra contra todos los troyanos.

Quizás secuestro a mi esposa por un rescate.

¿Y qué?

Si no pide mucho, ajustamos los impuestos...

y podremos pagar sin que sufra nuestro tesoro.

Nos traicionan vilmente y sólo piensas en regatear.

Esto amerita la invasión de Troya.

Que suenen las trompetas. Llamaré al gran consejo.

Príncipes, ha llegado la hora de la decisión.

La acción de Paris trajo vergüenza y deshonra.

- Todos acordamos... - Cuidado con la alfombra.

Un gran ejército. La infantería y caballería.

Miles de barcos. Iremos por mar a la vil Troya.

¿Mil de barcos? Un poco menos. Digamos cien.

Pongámonos en contacto con un abogado.

Que escriba pidiendo la devolución de mi esposa.

- Silencio. - ¿Qué? Yo soy el que paga.

Dinero, dinero.

Usemos la sabiduría, no la fuerza.

Escúchenme, nobles. Yo, Ulises de Ítaca les hablo.

El desea la guerra, pero oigamos al sabio Menelao.

No puede hacer eso.

Nuestros ejércitos están ocupados...

en Macedonia y Creta. Sugiero lo siguiente:

Algunos de nosotros vamos a Troya.

Nos escabullimos dentro y traemos a Elena.

- Magnífica idea. - Una expedición.

Será tan grande que el mar se llenará de barcos.

- Adelante, Áyax. - ¿Cuál Áyax?

Áyax y Áyax, ya se los dije. Pero por turno.

- ¿Cuál de nosotros? - Cualquiera. Los estimo.

Me alegro. Nosotros también te estimamos.

Buenos chicos. Oigamos a Áyax Telamón.

Yo soy Áyax Soleo.

Pues cállate y deja que hable el otro.

- Yo también te estimo. - Buenos chicos.

¿Has visto a Savio?

Está en su cuarto. Anda con Clitemnestra.

No, así no. No quiero. ¿Olvidas que soy reina?

Ni un momento. Esto fue inevitable.

- ¿Dónde te fuiste? - ¿Cómo osaste entrar?

Sólo entré.

Ni siquiera puedes pararte. Vamos, párate.

Ella dice que mis caricias la enferman.

- Miente. Te ves muy bien. - Tus caricias me repugnan.

Mientes. Ya te enseñaré.

Sigue, sigue. Pégame de nuevo.

Tú si sabes hacer el amor. Sigue. Eso me excita.

Eres una bestia. Hazlo de nuevo. Pégame.

Ella tiene problemas.

No eres sofisticado. No sabes tratar a la mujer.

Eres tan simple. No sé por qué ando contigo.

Le falta un tornillo.

Listo. ¿Aprendiste algo, idiota?

Lo aprendí todo. Ahora lo haré yo.

- Mejor te apuras. - Ahí voy, Antonio.

Espera, alto. Ahora es mi turno.

¿Si? ¿Quieres que te pegue?

No. ¿No quieres que te bese dulcemente?

Adelante. ¿No entendiste lo que te dije?

Ahora te morderé el cuello. No dolerá mucho.

Ay, está loca.

Seguiré bajando.

Ya te divertiste suficiente esta noche.

¿Divertirme? Casi quedo castrado.

- Atrápenlos. - ¿A quiénes?

A esos dos abusadores.

Diablos, es Ulises. Me conoce.

Se hicieron pasar por príncipes náufragos.

Se bebieron mi mejor vino. Se comieron mi comida.

Se acostaron con mi esposa y mis doncellas.

Aquí hicieron lo mismo.

- No les des cuartel. - Me dejarán sin esclavos.

¿Me concedes este baile, querida?

No, no. Es una antigüedad.

Vamos, acaben con ellos.

- Eso fue de mi papá. - Atrapen a esos hombres.

Destruirán todo lo que tengo.

- Mis preciosas bandejas. - Atrapen a esos hombres.

¿Dónde van? No rompan más cosas.

Muévanse, chicos o les haré daño.

Hasta luego.

Si los atrapo, los colgaré por todo este desastre.

- Crees en los dioses? - Creo en todos ellos.

Pues empieza a rezar. Estamos en apuros.

Un poco más y no salimos con vida, Tony.

Este no es modo de vivir. Esos hijo de perra...

- ¿Qué? - Pon atención.

- ¿De quién hablabas? - De Menelao.

No es un hijo de perra. Es esposa de la reina.

Eres una desgracia. Hablo del barco que robaste.

Tú fuiste el que robaste el barco. Eres el experto.

¿Por qué no hiciste algo?

No sabía que el barco no tenía remos.

Cállate. Estamos en problemas.

- Creo que ya estuve acá. - Yo no lo reconozco.

¿Qué pasa?

Viene gente. Debieron ver el naufragio. Escóndete.

Qué sitio tan raro. Crees que sea el Olimpo?

Ignorante. El Olimpo es un monte. Esto es una playa.

Se matarán unos a otros porque no se deciden.

El grande fue el primero. Se queda con nosotros.

Diablos, ésta es la cocina que hay que limpiar.

Trabajen, esclavos, u os haré azotar.

- ¿Esclavos? - Nosotros somos artistas.

Uds. son esclavos. Cuando hay unos náufragos...

el primero que los ve, se los queda.

Somos príncipes italianos. Caballeros de Verona.

Eso somos.

¿No te das cuenta de la ropa que llevamos?

Dile quién eres.

Encantado. Soy Savio, príncipe de Etruria.

- Soy Tony, hijo de diosa. - ¿Y qué más?

Príncipe de Lacio.

¿Príncipes? Mentira.

Trabajen o los soldados los encadenaran.

Conque príncipes. Vaya.

Bueno, mejor empiezas a trabajar.

¿No haces nada? Ambos somos esclavos.

- Odias el trabajo, ¿no? - Eso es cierto.

Simpatizo contigo. Hay cosas que uno hace mejor.

Tú haces lo que puedes.

Yo usaré mi cerebro para poder escapar.

¿Por qué no pienso yo mientras tú trabajas?

No servirá. Ya lo tengo todo planeado.

¿No reconoces este lugar? Es Troya.

- ¿Y qué? - Paris le roba Elena...

a Menelao. Agamenón, el naufragio, ¿entiendes?

Pues quédate tranquilo y déjame pensar.

Dejen eso. Apúrense y vayan por agua.

Deben lavar y planchar esto antes de la noche.

No podemos. Tenemos que terminar esto.

Calla idiota. Mi esposo los castigará.

A trabajar. Tenemos invitados importantes.

Debemos dar una buena impresión. Vamos.

- Lo haremos. - Claro que lo harán.

Me dio la ropa de toda la familia.

Yo les enseñaré cómo se lava, si quieren.

Me dijeron que Uds. son príncipes. ¿Es cierto?

Claro. Estoy ofendido. Soy príncipe de Lacio.

Déjeme ser su esclava. Mande y obedeceré.

- Supongo que está bien. - Gracias, príncipe.

No es nada. Nada en absoluto.

¿Por qué no atraigo a las mujeres como tú haces?

¿Qué tienes tú que no tenga yo?

Nuestro único riesgo son esos dos náufragos.

Ellos son los únicos que nos conocen.

Espera que les ponga las manos encima.

Madre, los griegos.

Savio, deja de roncar. Debo decirte algo.

Mientras te acostabas con la esclava...

yo lo hacía con la esposa del amo. Qué mujer.

¿Eres sordo? Me acosté con la esposa del amo.

Qué hembra. Parece una pantera. Si nos vieras.

Qué magnífica. Ahora te espera. Es tu oportunidad.

- ¿Quién hace tanto ruido? - Estabas soñando.

- Estoy seguro que oí algo. - Eras tú soñando. Te oí.

Echa una mirada aquí.

Pondremos nuestros héroes dentro.

Y los dejamos en las puertas de la ciudad.

Aquí lo que hace falta es valor y don de mando.

- Por dios, Agamenón. - Basta. Pelean como niños.

Y ese troyano se está acostando con mi mujer.

¿Qué crees que hago? - ¿Por qué hablas así?

Me pones furioso antes de luchar contra el enemigo.

Muchos enemigos, mucho honor.

No. Muchos enemigos cuestan mucho dinero.

¿Oíste eso?

Áyax Telamón entrará a Troya y ofrecerá...

a Paris 3.000 dracmas por Elena.

Un momento, es mucha plata. ¿No podría ser menos?

Y si no la devuelve, habrá guerra.

Yo mandaré al ejército. Si avanzo, síganme.

Si me retiro, mátenme. Y si me muero...

- Por fin te callarás. - ¿Dónde está el posadero?

Tráiganos algo de comer, pronto.

Posadero, tráiganos algo de comer.

Dejen de gritar. Ya voy.

Está decayendo el servicio por aquí.

Es porque no lo cobran.

Ya que cayó por aquí, tráiganos algo de comer.

En lugar de pagar a Paris por que devuelva a Elena...

que nos pague los daños y que se quede con Elena.

Eres repulsivo. ¿Cómo puedes decir eso?

Una mujer tan bella, con tan linda boca...

una piel tan delicada que no se atreve uno a tocar.

Y esas piernas tan largas y esbeltas.

Y esos senos tan grandes y redondos.

Y ese trasero tan suntuoso.

¿Cómo hablan así de mi esposa?

Creo que me faltan el respeto.

Un momento. No se ofendan. Todos están en mi contra.

No te ofendas. Esos 2 Áyax son unos bocones.

Inventan tonterías. Son mal educados.

Es ridículo. Impensable. Es nuestra reina.

¿No podemos pagarlo en cuotas? En 6 meses.

En 9 meses o quizás en un año.

Para ti es fácil. No sabes el valor del dinero.

- ¿Dónde está el dinero? - No lo tenemos.

Lo sé idiota. No vuelvas a olvidarlo. Toma.

No lo pierdan. Apúrense, tienen una cita.

En la balsa roja del lago. ¿Está claro?

Vayan, si quieren llegar a Troya antes del alba.

Vamos. Déjame quitarme esto.

- Alguien nos robó la capa. - No es momento de bromear.

¿Qué capas? Las tenían cuando les di la plata.

- ¿Nos dio la plata? - Me van a volver loco.

- ¿Y mi dinero? - Se lo di a ellos.

¿Tratas de meternos en problemas?

Yo no sé nada. Ya les di el dinero. Arréglenselas.

Un momento. No peleen. ¿Dónde está el dinero?

Te digo que se lo do. Un momento.

Los 2 tipos salieron volando de aquí.

- Por Jove, miren allá. - Parece el italiano gordo.

- Y también el flaco. - Los dos.

- Ven conmigo. - ¿Qué pasa, Antonio?

Anda, ve.

- Tu túnica. - No. Me da vergüenza.

Si quieres ir con la chica, quítate la ropa.

- Alto. - Tenía tú en alto.

Eso haré. Tú quédate tranquilo.

No opongo resistencia. Estoy tranquilo.

Quítame las manos de encima. Yo lo haré.

- Métete allá. - No, soy alérgico al agua.

¿Qué pasa, también debo lavarme eso?

Si, es la costumbre.

- ¿Eres etrusco? - ¿Por qué?

El diseño de tu traje de baño parece etrusco.

No hagas esto. Creo en la igualdad de los sexos.

- Métete en la tina. - ¿Contigo?

Claro, ¿no es grandioso?

Ahora tú me pones crema y yo a tí.

¿Te gusta el masaje?

Me hace sentir bien.

Me estás masajeando mal.

- Acuéstate allá. - Encantado.

- ¿Qué hacen? - Un masaje.

Aquí no hacemos ese tipo de masaje.

Date la vuelta. Acuéstate sobre el estómago.

- ¿Por qué de este modo? - Te haré un gran masaje.

Hicimos un buen trabajo.

- Tony, ya terminé. - Ya era hora.

Mira qué desastre. ¿Por qué haces estas cosas?

Fue su culpa. Me pegó en el culo. Me enfurecí.

Las cosa que sufro por tu causa.

Los dracmas. Los perdiste. Perdiste nuestra fortuna.

Los dracmas están a salvo. Yo tengo cerebro.

- ¿Dónde están? - Te lo diré. Escúchame.

- Te escucho. - Los puse en esas jarras.

¿ Qué jarras? Allá no hay nada.

- Allá. En un ánfora. - ¿Qué ánfora? No hay nada.

- Había un ánfora aquí. - Sólo hay un cuerpo.

- Estaba aquí. Lo juro. - ¿Qué haremos?

- El marico lo sabrá. - Le preguntaré.

Es una buena idea. Él debe saberlo.

Despierta. Habla un ánfora acá. ¿Dónde está?

¿Qué me importa? Uds. me arruinaron.

La vida ya no tiene significado para mí.

Si quieres seguir vivo, dime dónde está.

- Qué sé yo. En el palacio. - Bien. ¿Qué palacio?

Pues el palacio real. Quisiera morirme.

Que tengas un buen idea. Ahora, al palacio.

- Mejor renunciamos. - ¿Renunciar a ese dinero?

¿Cómo entraremos al palacio?

Con ingenio. ¿Recuerdas la noche en la taberna?

¿Recuerdas el refrán? El que tiene ingenio es...

- Un hijo de perra. - Eso es. Vámonos.

De Keops, rey de Egipto, a Príamo, rey de Troya.

De Nabucodonosor, rey de Asiria.

A Príamo del rey de Numidia.

Hijos de perra. Sólo me regalan basura.

Sólo quiero una esclava desnuda.

Pero papá, ¿qué harás con una esclava desnuda?

- Tienes 80 años. - ¿Cómo te atreves?

¿Crees que tuve 100 hijos silbando?

- ¿Terminamos con todo? - Aún queda un regalo.

Pues adelante.

Este regalo es de Augusto príncipe de Enarea.

La tierra del buen vino. Ábrelo.

- Qué raro. No hay vino. - ¿Cómo qué no?

- Parece vacío. - Inténtalo de nuevo.

- Quiere un vaso de vino. - Pues encuéntralo.

- ¿Cómo? Dáselo tú. - Debes pensar en una idea.

Podría darle vino blanco.

Aquí está.

Esto es orina de caballo. Desháganse del barril.

- Estamos en el palacio. - No. Estamos en la mierda.

- Allí está el dinero. - ¿Seguro?

¿Seguro? ¿En cuál de ellos?

Los perfumes están listos.

Buenas noches y que los dioses te protejan, Elena.

Selene, diosa de la noche.

Haz que siempre sea deseable.

Seré tu fiel servidora si me das el amor de Paris.

- Rápido, a la ventana. - Estás loco. No servirá.

Vamos, ayúdame a subir.

- Casi no logro. - Silencio.

Me siento enfermo. Estaré mejor si me acuesto.

Tranquilo. Debemos buscar en otra parte.

- Empieza con ésta. - Si Paris nos descubre...

Paris, ¿dónde estás? Ven a mí.

Ocúpate de las ánforas. Me ocuparé de ella.

Aquí estoy. Todo irá bien.

- No puedo sacarla de aquí. - Yo tampoco.

- Nada pasará. - Te deseo.

- Traición. - Es Paris.

- Un momento, no entiendes. - Te cortaré en pedazos.

Guardias, vengan.

Arreglemos esto como caballeros.

Déjala ir, te digo.

Paris, al fin en tus brazos.

Échame una mano.

Savio, ¿qué diablos haces?

Haz el favor de mirar.

Tampoco está aquí.

Tampoco aquí.

Tres y cinco son ocho y dos son diez.

Mira lo que hiciste. La perdiste.

Me dijiste cuidado, no que la atrapara.

Pero ésa es la que tiene el dinero.

- No la veo. - Cayó en el pozo.

- ¿Cómo la conseguiremos? - No te preocupes.

No sólo son ignorantes campesinos...

también son aliados de los griegos.

No conozco a ningún griego.

Un momento. La apariencia engañan, pero...

sólo hacíamos un intercambio social.

Estabas acostado con ella. ¿Quieres que te crea?

¿No tenías intercambio sexual con ella?

Ni lo pensé. Somos embajadores de Menelao.

Quería que viera la situación.

Mejor ser embajadores que maricas como esos.

- ¿Dónde está él? - En la cueva roja del lago.

El lago rojo de la cueva. La cueva roja del lago.

Me alegra. Encierren a éstos en la cárcel.

Ellos decidirán la suerte de Troya.

Todo ese dinero y nosotros pudriéndonos.

- Podría haber sido peor. - Cállate, ¿quieres?

Un nuevo compañero. El juez bajará pronto.

- Denos otra celda. - Quédense tranquilos.

- El perverso Paris. - ¿Qué es perverso?

Nunca comprendes nada de lo que digo.

- Yo aquí encerrado. - No te olvides de mí.

- Estamos en la mierda. - Estarás tú.

¿Quieres callarte?

Que los dioses te bendigan y te guarden.

Hice que me arrestaran esta noche. ¿Me oyes?

Hice un trato con el guardia. Tengo la llave.

Soy libre. Libre como los pájaros.

Por aquí, vamos.

¿Qué vamos a hacer?

Un momento. Oigo a las cabras.

Donde hay cabras hay queso y comida. Eso quiero.

Vamos, idiota.

Qué hermosa es esto. Provoca llorar.

Mira esto.

Nunca había visto esta cueva.

¿Será esta la cueva roja? ¿Te parece roja?

Es sólo un nombre. Siempre me das la lata.

Hieres mis sentimientos. ¿Qué clase de tonto eres?

- ¿Herirte? Me voy. - Espérame, idiota.

Deténganse todos.

Las cabras están nerviosas.

Cuando eso pasa, producen un 15% menos de leche.

Necesitamos las cabras para entrar en la ciudad.

Debemos trepar hasta la cima.

Trátenlas con cuidado.

Esta aventura me cuesta mucho dinero.

Veamos. Una, dos, tres. Creo que están todas.

- ¿Dónde están las otras? - En otra cueva.

Que alguien prenda fuego. Sin usar mucha leña.

Nuestros hombres entran a Troya disfrazados.

Con pieles de cabra. Junto al resto del rebaño.

Ya intenté antes esa idea.

Yo también, pero cometí un error.

Ataqué a uno de esos amanerados.

Ahora me saluda y me hace sugerencias al verme.

Hasta me enseña sus tesoros. Qué repulsivo.

Este lugar es lujoso. Me cuesta mucho dinero.

Recuerdo cuando Elena llegó ese primer día.

Yo estaba sentado en mi trono. Qué bella era.

Ella avanzó hacia mí y me dijo con voz suave...

- Eres un idiota. - Eso lo dijo luego.

- ¿Es esto un burdel? - Ella no dijo eso.

No hablaba contigo. Mira.

Les diré que los troyanos son unos bastardos.

Yo y mi amigo tratamos de rescatar a Elena.

Cierto.

Los troyanos rechazaron a vuestros embajadores.

A nosotros. Nos metieron en una prisión.

Nos torturaron, amenazaron con matarnos.

Lo haces bien.

Naturalmente, nosotros no perdimos nuestro honor.

Debemos vengarlos. Troya debe ser arrasada.

Un momento, procedamos con sensatez.

Sugiero que consultemos el oráculo de Delfos.

Qué tontería. Debemos actuar ahora. Habla Ulises.

Podemos deslizarnos en Troya por la noche.

En unos camellos. Nadie los notará.

No apoyo ese plan. Habla tú, Áyax Telamón.

Yo digo... Áyax Telamón es ése.

Bueno, que hable alguno de ustedes.

Dijiste que la llanura era segura.

Dije que no era segura.

- No los traicionaré. - Repite eso.

Dime cuando quieres que empiece.

Mi amigo es idiota y grande. ¿Tiene futuro?

¿Grande y gordo? Dejemos que los cerdos coman.

Buena idea.

Siempre hablas mal de mí. Creí que eras mi amigo.

Retiremosnos. Los griegos buscan a estos 2 locos.

Buscarán en el bosque. Nos esconderemos allá.

Ellos quedarán atrapados aquí. Yo, tras ese árbol...

pondré en acción el sistema diabólico...

que los hará caer en nuestra trampa.

Así.

Eneas, por los dioses, revisemos el terreno.

- Tienes razón. - Mejor nos apuramos.

No te preocupes. Capitán de la guardia.

Coloque un hombre tras ese árbol y otro allá.

La dificultad es que la trampa no funcionó.

Esto es maravilloso. Un milagro de la ciencia.

Sólo hay que halar esta cuerda así.

Por fin haces lo correcto. Apúrate.

Yo, Eneas, predigo que ustedes acabarán mal.

- Uds. dos de nuevo. - Un momento.

Atrapamos a los troyanos. Paris está allá.

Por fin hacen algo útil. Los dioses nos sonríen.

Y sin tener que pagar un sólo dracma.

Coman y beban, queridos amigos.

Claro, yo soy el que paga.

Con los troyanos presos, controlamos la situación.

Dos de ellos son nobles. Los llevaremos a Micenas.

Y pediremos rescate. Nos devolverán a Elena.

- ¿Tu ejército? - Bien dicho.

Si necesitan a dos jefes para este atrevido plan...

Dos tipos atrevidos, nosotros lo haremos.

Me gusta la idea de estos italianos simplones.

Antonio y Savio, tienen razón. Los recompensaré.

Denle las sobras a los prisioneros.

Traición. Se escaparon. Den la alarma.

No esta mañana los liberé yo mismo.

No tenla sentido tenerlos. Esta gente come mucho.

Hace falta mucha carne para alimentar a Troya.

Alimentar a tu ejército ya es mucho para mí.

- Esto es increíble. - Deja la actuación.

Cambio a Paris por Elena y volveré a mi palacio.

Debo cobrar los impuestos. Ya he perdido mucha plata.

Está aquí toda la pandilla.

Aún no he terminado con ustedes dos.

Óyeme. Las mujeres sólo traen problemas.

Si, mi padre siempre lo decía.

No se te oye. Quítate el casco.

No seas tan brusco.

- Estamos listos. - Espérense.

- ¿Por qué no avanzan? - ¿Por qué no se mueven?

Porque te espero a ti.

Yo no me moveré. Ellos son los que empezaron.

No perdamos tiempo. Nos moveremos todos juntos.

Avancen ustedes. Sólo diez pasos, no más.

- Es suficiente. - Los otros siguen andando.

Retírense.

Adelante. Regresen.

Avancen. Dije que avancen.

Retírense. Retírense.

- Adelante. - Avancen.

- Retírense. - Adelante.

Decídanse. ¿Dónde quieren que vaya?

Pobre Elena. Espero que haya superado sus penas.

- Mi pobre chiquilla. - Todo será para bien.

Alisten las provisiones para el viaje de regreso.

Espérame, Menelao.

Ellá está bien. Está en muy buena forma.

Mejor que nunca. El tratamiento le hace bien.

- Debemos irnos ahora. - Un momento.

Vámonos ahora. Vamos.

Quiero entrar a rendirle homenaje a su belleza.

Disculpa. Deseo felicitarte...

Traición. Traición.

¿Qué hice mal?

Estúpido. Todo iba bien y te dejaste atrapar.

Odio decir esto, pero me rompas las bolas.

- ¿Ahora qué hacemos? - Qué sé yo.

En todo caso, estamos fastidiados.

Elena. Adelante, salta.

Atrápame.

Mi amor.

Donde estés, estaré yo.

- ¿Habrá otra allá arriba? - No lo sé.

Si lo sacudo, quizás obtengo una chica.

Basta ya. Debemos volver a Troya. Tenemos plata allá.

Tengo una buena idea. Elena, debes ayudarnos.

Claro. Paris hará lo que yo le pida.

Príncipes italianos. Por devolverme esta tesoro...

los nombro miembros del cortejo real y caballeros.

Los mando a la cárcel. - Él es el culpable.

Él es el que se rebeló. Yo no hice nada.

A la cárcel. Llévenselos.

- Él es el culpable. - Está loco.

No pensamos más en esos griegos.

No entrarán Troya aunque se les ordene hacerlo.

Olvida esos ejercicios. Estamos jodidos.

No hay manera de salir de esta cárcel.

Elena nos sacará de aquí. Ella me lo prometió.

Izquierda, derecha. Izquierda, derecha.

Alégrate. Trata de dormir. Piensa en el pozo.

Concéntrate en la plata. Compraremos comida.

Piensa en un pernil al horno.

- ¿Qué haces? - No sé.

Pensé que era pollo. Sólo pienso en la comida.

¿No te detuvo el olor? ¿Qué eres, un caníbal?

Esto se está incendiando.

¿Viste? Vámonos. Te dije que Elena nos salvaría.

Mira lo que hizo. Sabía que lo haría.

Está bien que ayude, pero esto es demasiado.

- ¿Dónde vamos? - Al palacio real.

Debemos sacar el dinero del pozo.

- Pero la ciudad arde. - Por aquí, idiota.

Tómenlo todo. Destrúyanlo todo. No me importa.

Príamo es el que tendrá que pagarlo.

- ¿Me perdonas? - No.

- Menelao. - Puta.

Eso es distinto. Estás perdonada.

La guerra. Esto es vida.

Funcionó lo del caballo. Funcionó muy bien.

Eneas, ¿Dónde está el palacio?

Querrás decir dónde estaba. Mira.

Nuestro dinero.

- ¿Dónde vas? - Donde la reina Dido.

Es mi amiga. Vive en un país de leche y miel.

¿Oíste? Está hablando de Sicilia.

- Allá me protegerán. - ¿Qué tipo de protección?

Óyeme. Si vas más al norte, llegas al Lacio.

Es verde y bello. El terreno es muy barato.

- Podrías construir. - Quizás tengas razón.

Gracias por el consejo. Disculpa, pero nos vamos.

El camino es largo y mi padre no puede andar.

Comprendo. Buena suerte y "bon voyage".

- No te ves muy bien. - ¿Cómo puedes ser feliz?

Hay un viejo refrán: "El que llora demasiado...

acaba con agua salada en las mejillas."

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