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Original subtitles

UN TRANVÍA LLAMADO DESEO

NUEVA ORLEANS

¿Puedo ayudarla en algo, señora?

Bueno, es que me han dicho que coja un tranvía llamado Deseo...

...que haga trasbordo a otro llamado Cementerio...

...que siga durante seis manzanas y que me baje en los Campos Elíseos.

Ahí llega su tranvía.

DESEO

Gracias.

Billares Lafayette

Llegó a casa, ella le estaba esperando.

Es que ni te lo imaginas, chica.

¿Qué le pasa, cielo? ¿Se ha perdido?

Busco los Campos Elíseos.

Está usted en los Campos Elíseos. ¿Qué número busca?

El seiscientos cuarenta y dos.

Ya no tiene que seguir buscando.

Busco a mi hermana, Stella DuBois. La señora de Stanley Kowalski.

Sí, es justo aquí. Pero se acaba de ir.

¿Sí?

- ¿Esta es su casa? - Ella vive abajo, y yo arriba.

¿ Y ha salido?

¿Se ha fijado en una bolera que hay viniendo?

- No estoy segura. - Bueno, pues está ahí, cielo.

Está viendo cómo su marido juega a los bolos.

¡Blanche!

¡Blanche, cariño!

- Stella. ¡Stella, mi estrellita! - ¡Blanche!

Cariño mío. Deja que te vea bien. Pero tú no me mires a mí, Stella. ¡No, no!

- Me veo espantosa con esta luz. - ¿Has encontrado la casa?

¿Cómo puedes vivir allí?

Nunca, ni en mis peores pesadillas habría imaginado...

Sólo Poe. Sólo don Edgar Allan Poe podría hacerle justicia.

¿Qué haces en un sitio tan horrible?

Pero, ¿qué digo? No quería decir eso.

Quería ser amable y decir: "Qué bien situado está", y eso.

- Pero si no has dicho ni palabra. - No me has dejado.

- Di algo por esa boquita bonita. - Ven a saludar primero a Stanley.

- No, ahora no. - Es sólo para que le saludes.

¿Quién es? ¿Cuál es de todos?

- ¿Es el que...? - El que está armando bronca.

¿A que es guapísimo?

Stella, no puedo conocerle ahora. Debo bañarme y descansar primero.

- ¿Quieres beber algo fresco? - Bendita seas, qué gran idea.

Ay, mi pequeña, mi pequeña.

¿Te apetece un refresco?

Cielo, ¿un refresco?

Con estos nervios, no. Un whisky, por favor.

Refresco de uva.

No me has preguntado cómo he dejado las clases antes de terminar el semestre.

He pensado que ya me lo dirías tú si querías.

- Habrás pensado que me han echado. - No. Que lo habías dejado tú.

Estaba tan agotada por todo lo que me había pasado, que perdí los nervios.

Casi estaba al borde de la locura.

Y el señor Graves...

El señor Graves es el director del instituto.

Gracias. ÉI sugirió que...

Que cogiera la excedencia.

No podía detallártelo en el telegrama.

Cómo me entra, y qué bien me sienta.

- ¿Quieres otro? - Uno es mi límite.

Aún no me has dicho qué tal estoy.

- Estás muy bien. - Qué mentirosa eres.

A la luz del día soy una auténtica ruina.

Sin embargo tú... Has engordado. Sí.

Estás rellenita como una perdiz. Pero te sienta de maravilla.

- Ay, Blanche. - De verdad. Si no, no lo diría. Tú...

...sólo tienes que vigilar un poco las caderas.

Fíjate en mi figura.

No he engordado un gramo en diez años, Stella.

Peso lo mismo que cuando te fuiste de Belle Reve aquel verano.

Aquel verano en que murió papá...

...y tú nos dejaste.

Es increíble, Blanche, lo bien que estás.

- ¿Estás segura de que no quieres otro? - Bueno...

Igual me echo otro sorbito de nada.

Echaremos la última, como se suele decir. No te preocupes.

Tu hermana no es una borracha. Sólo es que estoy alterada...

...tengo calor, y estoy sucia y cansada.

Camarero.

Camarero.

- El agua, ¿caliente? - Que abrase.

- Stella. - ¿Qué quieres, cielo?

Sólo tienes dos habitaciones. No sé dónde me vas a instalar.

A ti te pondremos aquí.

¿Qué tipo de cama es? ¿Una de esas plegables?

- ¿Te gusta? - Es estupenda.

No me gustan las camas blandas.

Stella, las dos habitaciones no están separadas, y Stanley...

- ¿No te parece indecente? - Stanley es polaco, ya sabes.

Ya. O sea que es como los irlandeses, ¿no?

Bueno...

He comprado ropa bonita para causar impresión a tus encantadores amigos.

Bueno...

Igual no te parecen encantadores.

Pues da igual, me he comprado ropa bien bonita y me la pondré.

No sé si estás esperando que diga que me voy a un hotel.

Porque no me voy a ningún hotel. Tengo que estar junto a ti, Stella.

Tengo que estar con gente. No puedo estar sola porque...

Porque como te habrás dado cuenta...

No estoy muy bien.

Pareces un poco...

¿Le caeré bien a Stanley...

...o seré simplemente la cuñada de visita? No lo soportaría.

Os llevaréis bien. Lo único que debes hacer es no compararle...

- ¿Era oficial? - Era brigada...

...del Cuerpo de Ingenieros, con cuatro medallas.

¿Las llevaba cuando le conociste?

Te aseguro que no me deslumbró tanta hojalata.

- No quería decir... - Claro que había...

Había cosas a las que me tuve que acostumbrar después.

Como a su vida de civil.

¿Cómo se tomó el que yo venía?

- Pasa mucho tiempo fuera. - ¿ Viaja mucho?

Bien. O sea, ¡vaya!

Una sola noche que falta y se me hace insoportable.

Stella.

Cuando falta una semana, me vuelvo casi loca.

- Madre mía. - Y cuando vuelve...

...me echo a su regazo a llorar como una cría.

Supongo que eso es lo que llaman estar enamorada.

Stella.

No te he preguntado lo que esperabas que te preguntara probablemente...

...de modo que espero que seas comprensiva con lo que te voy a decir.

¿Qué, Blanche?

Me lo vas a reprochar. Me lo vas a echar en cara, pero antes de que lo hagas...

...recuerda que tú te marchaste. Yo me quedé y luché.

Viniste a Nueva Orleans pensando sólo en ti.

Yo me quedé en Belle Reve para salvarla.

Y no te lo estoy echando en cara ni nada.

- Pero el peso recayó en mis espaldas. - Lo mejor era hacer mi propia vida.

Tú fuiste la que abandonaste Belle Reve, no yo.

Yo luché, me desviví y casi muero por la casa.

Déjate de arrebatos y dime qué pasa.

- Sabía que te ibas a poner así con eso. - ¿Con qué? ¡Dime!

Con la pérdida.

La pérdida.

¿Belle Reve? La hemos perdido, ¿no?

Sí, Stella.

Pero, ¿cómo es posible? ¿Qué es lo que pasó?

- Qué fácil es para ti preguntármelo. - Blanche.

Qué fácil es para ti acusarme.

- No me quedaré en esta casa. - ¡Blanche!

- Blanche. - Yo fui la que me llevé los golpes...

...en la cara y en todo el cuerpo.

Todas aquellas muertes, el largo cortejo hasta el cementerio.

Padre, madre, Margaret, qué forma tan espantosa de...

Tú justo volvías a tiempo para los funerales, Stella.

Y los funerales son bonitos comparados con la muerte.

¿Cómo crees que se pagaron todas esas enfermedades y muertes?

La muerte es cara, señorita Stella.

Y yo, con mi miserable sueldo de maestra...

Eso es, acúsame.

Contémplame y sigue pensando que perdí yo la propiedad.

¿ Yo perdí la propiedad? ¿ Y dónde estabas tú?

- Ahí dentro con tu polaquito. - Blanche, calla. Basta.

- Stella. Stella, ¿estás llorando? - ¿Te sorprende?

Mitch, ¿jugamos en tu casa mañana?

En mi casa no. Mi madre está enferma.

- Pero tú pones la cerveza. - ¿Dejáis ya la tertulia?

- Hice espaguetis y me los comí sola. - Cariño, te he dicho mil veces...

...que íbamos a jugar a la cervecería de Jack.

No tiene gracia. No me lo habías dicho ni una vez.

A la hora del desayuno, del almuerzo.

¡Entra ya de una vez!

- ¿Lo anuncio en el periódico? - Estoy harta de andar detrás de ti.

Tú debes de ser Stanley.

Yo soy Blanche.

Ah, la hermana de Stella.

Sí.

¿Qué tal?

¿Dónde está mi mujercita?

En el baño.

- ¿De dónde eres, Blanche? - Bueno, yo...

Vivo en Auriol.

En Auriol. Auriol, ¿eh?

Ah, sí, es verdad. Auriol. No está en mi zona.

Vaya, el alcohol se acaba antes con el calor.

- ¿Quieres un trago? - No, casi ni lo toco.

Hay muchos que casi no lo tocan, pero resulta que el alcohol les toca a ellos.

¿Te importa que me ponga cómodo? Estoy empapado...

Por favor, adelante. Por favor.

"Ponte cómodo". En mi tierra ese es mi lema.

Y en la mía. Con este calor no es fácil estar algo decente.

Aún no me he lavado, ni siquiera empolvado...

...pero tú ya estás...

Hay que tener cuidado. Si no te quitas la ropa sudada, pillas un resfriado.

Sobre todo después de un duro ejercicio, como son los bolos.

- Tú eres la maestra, ¿no? - Sí.

- ¿Qué enseñas? - Lengua Inglesa.

A mí nunca se me dio bien Lengua.

- ¿Cuánto tiempo te quedarás? - Bueno, aún no lo sé.

¿Te quedas a vivir un tiempo?

Eso pensaba, si no es mucho inconveniente para vosotros.

Bien.

Viajar me agota.

- Bueno, tú descansa. - ¿Qué ha sido eso?

Son los gatos.

Eh, Stella. ¿Qué pasa? ¿Te has quedado dormida?

Tengo la impresión de que no te voy a parecer muy finolis, ¿eh?

¿Sabes? Stella me ha hablado mucho de ti.

Me dijo que estuviste casada, ¿no?

Sí.

Cuando era muy joven.

¿Sí? ¿ Y qué pasó?

- ¿Sí? ¿ Y qué pasó? - El chico...

El chico murió.

Me parece que...

Me estoy poniendo mala.

¡Pescado fresco! ¡Pescado fresco! ¡Pescado fresco!

- Por lo visto se va a quedar un tiempo. - Sí.

- Stan, ¿jugamos esta noche? - Sí.

He pensado que quizá...

- Nada de quizá. Todo sigue igual. - ¡Stanley!

- Hola, Steve. - Déjalo aquí.

- ¿ Voy ahora a por el otro? - Sí.

- Gracias, cariño. - ¿Stella?

- ¿Sí? - ¿Ha llegado Stanley con mi baúl?

- Sí, Blanche. - Cariño...

...¿me sacas mi vestido azul? - De acuerdo, Blanche.

Stanley ha sido muy amable al traerme el baúl.

Lo ha hecho encantado.

- Hasta luego. - Bien. Oye, no te olvides.

Cielo, me llevo a Blanche a cenar al Galatoire's...

...y después al teatro, ya que tú tienes póquer.

¿ Y yo qué ceno? Que yo no me voy al Galatoire's.

Te he dejado un plato en la nevera.

Voy a ver si saco por ahí a Blanche hasta que terminéis.

- Porque no sé cómo se lo tomará. - Mira qué bien.

Así que tendrás que darme dinero.

¿Dónde anda ahora?

Dándose un baño caliente para que se le calmen los nervios.

Está muy alterada.

¿Por qué?

Ha pasado un auténtico calvario. Hemos perdido Belle Reve.

¿Qué, la propiedad que teníais en el campo?

- Pero, ¿cómo? - Tuvo que venderse o algo así.

Escucha, cariño. Cuando salga, dile algo bonito sobre su aspecto.

Y no le menciones lo del bebé.

No le he dicho nada aún. Estoy esperando a que esté más tranquila.

- Procura comprenderla y sé amable. - Está bien.

No esperaba encontrarnos en un sitio así.

- Ya. - En mis cartas embellecí...

...un poco la realidad.

Échale un piropo a su vestido. Dile que está preciosa.

Para Blanche es importante. Es su pequeña debilidad.

Está bien, cielo, ya pillo la idea, pero...

Retrocedamos un poco. Dices que habéis perdido la propiedad.

Sí.

¿ Y no me puedes dar más detalles?

Cielo, es mejor no hablar mucho de eso hasta que se calme un poco.

¿Así están las cosas? ¿No se le puede molestar a la hermanita con detalles?

Bueno, ya viste cómo estaba anoche.

Sí, ya lo vi, ya. Echemos un vistazo a la escritura de venta.

Yo no la he visto.

¿Cómo? ¿No te ha enseñado nada, ni papeles, ni escrituras, nada de eso?

Parece que no ha sido vendida.

¿ Y entonces? ¿La ha donado a la beneficencia?

- Te va a oír. - Me da igual.

- Quiero ver los papeles. - Cielo, no hay ningún papel.

No me ha enseñado ningún papel. Y me da igual.

Espera. Escucha, ¿sabes lo que es el Código Napoleónico, Stella?

- No sé qué es el Código Napoleónico. - Muy bien. Verás.

- Te voy a ilustrar un poquito. - ¿Ah, sí?

Aquí en el estado de Luisiana tenemos el llamado Código Napoleónico.

Según el cual, lo que le pertenece a la mujer, le pertenece al marido...

...y viceversa.

Escucha, anda.

Supongamos que yo tengo una finca...

Me da vueltas la cabeza.

Mira, está bien, cariño.

Pues nada.

Esperaremos a que salga de su baño caliente...

...y le preguntaré si conoce el Código Napoleónico.

Stanley, no digas tonterías.

Me parece que te han timado. Y si te timan a ti...

...según el Código Napoleónico, me timan a mí. Y eso no me gusta.

Stanley...

...no tienes ni idea de lo ridículo que eres...

...al sugerir que mi hermana...

...yo o alguien de mi familia haya cometido una estafa.

Vamos, por favor. Si se ha vendido, ¿dónde está el dinero?

Vendido no. ¡Perdido!

- Perdido. - Ven aquí.

- Stanley. - ¿Con qué se ha comprado esto?

- ¿Con el sueldo de maestra? - Calla.

Fíjate en todas estas plumas y pieles que ha traído para lucirse.

¿Qué es esto? Un vestido de oro puro, parece.

- ¡Por favor! - Y esto de aquí. Piel de zorro.

- ¡Stanley! - Piel de zorro de un kilómetro de largo.

¿Cuándo has tenido tú pieles de zorro?

Pieles blancas como la nieve, nada menos. ¿ Y dónde están las tuyas?

Son pieles baratas que Blanche tiene desde hace mucho tiempo.

Tengo un conocido que comercia con esta clase de género.

- Vendrá para que me diga cuánto valen. - No seas tan idiota, Stanley.

Escucha, te apuesto a que aquí hay al menos mil dólares en ropa.

A ver, ¿y eso qué es? ¿El cofre del tesoro de un pirata?

- Stanley. ¿Quieres...? - Eso son perlas, Stella. ¡Hileras!

¿Las busca esa hermanita tuya en el fondo del mar?

Pulseras de oro macizo. ¿ Y tus perlas y las pulseras de oro?

Estate quieto, Stanley.

Y esto. Diamantes. Una corona de emperatriz.

Una diadema de bisutería que se puso para un baile de disfraces.

- ¿Bisutería? - Lo más parecido al cristal.

Ya.

Tengo un conocido que trabaja en una joyería y lo voy a traer...

...para que lo tase.

- Aquí tienes tu plantación, toma. - Te pones estúpido y odioso.

Deja todo antes de que salga del cuarto de baño.

Los Kowalski y los DuBois ven esto de modo distinto.

Desde luego, y gracias a Dios. Me voy afuera.

Pues vete.

Y tú ven conmigo mientras Blanche se viste.

Oye, ¿desde cuándo me das tú órdenes?

¿ Vas a quedarte aquí y ofenderla?

Puedes apostar tu vida a que me quedo.

Hola, Stanley.

Aquí estoy, limpia y perfumada. Me siento como un ser humano nuevo.

Eso está bien.

¿Me disculpas mientras me pongo mi vestido nuevo?

Adelante.

Gracias.

Tengo entendido que tenéis partida de póquer esta noche...

...a la cual las mujeres no hemos sido cordialmente invitadas.

Así es.

¿Dónde...? ¿Dónde está Stella?

Fuera, en el porche.

Voy a pedirte un favor dentro de un momento.

Vaya, ¿y de qué se trata?

De abrocharme los botones de la espalda.

Puedes entrar.

¿Qué tal estoy?

Estás bien.

Gracias, hombre. ¿Me abrochas?

No soy capaz de abrocharlos.

Qué dedos tan torpes tenéis los hombres.

- ¿Me das una calada? - Toma un cigarro si quieres.

Gracias. Esto...

Parece que mi baúl ha explotado.

Stella y yo te hemos ayudado a deshacer el equipaje.

Habéis hecho un trabajo rápido y minucioso.

Es como si hubieras saqueado las tiendas de moda de París, Blanche.

La ropa me apasiona.

¿Cuánto cuesta una piel de estas?

Me las regaló un admirador.

Te admiraba un montón entonces.

De joven despertaba bastante admiración, pero mírame ahora.

¿Crees posible que hubo un tiempo en que era atractiva y todo?

No estás mal.

- Buscaba un piropo. - No es mi estilo.

- ¿Qué estilo? - Piropear a las mujeres.

Nunca he conocido a una que no sepa si está guapa o no sin que se lo digan.

Y algunas se creen más de lo que son.

Una vez me dijo una tipa: "Soy glamurosa".

Me salta: "Soy glamurosa". Y le dije: "¿ Y qué?"

- ¿ Y qué te dijo ella? - No me dijo nada.

- Se quedó bien calladita. - ¿Ahí se acabó el idilio?

Bueno, ahí se acabó la conversación, nada más.

Hay hombres que se dejan engañar con el glamur a lo Hollywood...

...y otros que no. - Tú perteneces a la segunda categoría.

- Así es. - No imagino a ninguna mujer...

...que te pueda embrujar. - Así es.

Eres sencillo, directo y honrado.

Quizá un tanto primitivo, me parece a mí.

- Para interesarte una mujer tendría... - Que enseñarme sus cartas.

Nunca me interesan los que se andan con medias tintas.

Por eso, cuando te vi entrar anoche, me dije:

"Mi hermana se ha casado con un hombre".

- Fue lo que pensé... - ¡Corta el rollo de una vez!

¡Stanley!

Sal afuera y deja que Blanche termine de vestirse.

- Ya he terminado. - Sal igualmente.

- Estaba hablando con tu hermana. - Cielo...

...ve a la tienda y tráeme una cola al limón y con hielo.

¿Serías tan amable, cariño? Por favor. Por favor.

Está bien.

La pobre estaba escuchándonos.

Y me da la impresión de que no te comprende tan bien como yo.

Bien, señor Kowalski, prosigamos sin más interrupciones.

Estoy lista para responder a todas las preguntas. No oculto nada.

¿De qué se trata?

En el estado de Luisiana tenemos lo que se conoce como el Código Napoleónico.

Lo que le pertenece al marido, le pertenece a la mujer y viceversa.

Estás hecho todo un hombre de leyes.

Si no supiera que eras mi cuñada, se me pasarían ideas por la cabeza.

- ¿Como cuáles? - No te hagas la tonta. Ya lo sabes.

Está bien. Te mostraré mis cartas.

Soy algo mentirosa. Al fin y al cabo, el encanto femenino es mitad ilusión.

Pero en las cosas importantes digo la verdad.

Y la verdad es esta:

Nunca engañaría a mi hermana, ni a ti, ni a ninguna persona en toda mi vida.

- ¿Dónde tienes los papeles, en el baúl? - Todo lo que poseo está en el baúl.

¿Qué estás pensando? ¿Qué tienes en ese cerebro infantil tuyo?

Ya lo hago yo. Será más rápido y sencillo.

- Suelo guardar mis papeles en esta caja. - ¿Qué es eso de debajo?

Son cartas de amor...

...que se han vuelto amarillas con el tiempo...

...todas de un mismo chico. Dámelas. - Sólo voy a mirarlas.

- Tus manos insultan las cartas. - No me vengas con eso.

Ahora que las has tocado, las tendré que quemar.

¿Qué son?

Poemas que me escribió el que ahora está muerto.

Le hice el mismo daño que me quieres hacer tú a mí. Pero no podrás.

Ya no soy ni joven ni vulnerable, pero mi joven marido sí lo era, y yo...

Bueno, da igual.

Devuélvemelas.

Gracias.

¿Qué querías decir con lo de que tienes que quemarlas?

Lo siento.

He perdido la cabeza por un momento.

Todo el mundo tiene algo que no quiere que nadie toque debido a...

Su carácter íntimo.

Ambler y Ambler.

Crabtree.

- Más Ambler y Ambler. - ¿Qué es Ambler y Ambler?

Los que nos hicieron el préstamo.

- La perdiste por una hipoteca. - Eso habrá sido.

Nada de suposiciones. ¿ Y el resto de los documentos?

Hay miles de papeles que se remontan a cientos de años atrás...

...sobre Belle Reve.

Poco a poco nuestros imprudentes antepasados...

...vendieron la tierra para sus épicas juergas...

...por no decir otra cosa.

Hasta que finalmente lo que quedó... Stella te lo confirmará...

...fue la propia casa.

Y unos 20 acres de terreno, incluyendo el cementerio...

...al cual han ido a parar todos menos Stella y yo.

Aquí los tienes. Todos los documentos.

Te los otorgo. Quédatelos, examínalos, guárdalos bien guardados.

Es de lo más irónico el que Belle Reve...

...se haya convertido en este montón de papelajos viejos en tus manazas.

Me pregunto si habrá vuelto Stella ya con mi cola.

Tengo un conocido abogado que los estudiará bien.

Entrégaselos, y de paso dale una caja de aspirinas.

Con el Código Napoleónico un hombre debe velar por los intereses de su mujer.

Y sobre todo ahora que va a tener un niño.

¿Stella?

¿Stella va a tener un hijo?

No sabía que esperaba un hijo.

Stella.

Stella, mi estrellita, qué bien que vayas a tener un hijo.

Cielo, todo va bien.

Lo hemos discutido a fondo.

Estoy temblorosa, pero he controlado la situación.

Me he reído y lo he tomado a broma.

Me he reído, le he llamado crío y he coqueteado con él.

He coqueteado con tu marido, Stella.

Ya vienen los invitados para la partida.

- Hola, Stella. - Hola, Steve.

Siento que te haya tratado así.

Me da que no es la clase de hombre al que le va el perfume de jazmín.

Quizá haya que mezclarle con nuestra sangre ahora que hemos perdido...

...Belle Reve y que ya no nos protege.

Qué bonito está el cielo.

Debería subir hasta él en un cohete...

...que no vuelva a bajar más.

¿Por dónde vamos, Stella?

¿Por aquí?

No, cariño, por aquí.

Un ciego guiando a otro ciego.

¡Perritos calientes!

¿ Vas a subir a decirle que pare de una vez?

Si subo, ya no bajo. Mejor no hacer caso.

¿Recordáis la noche que vertió agua hirviendo por las rendijas?

He de irme a casa temprano.

- Venga, ¿qué decís? - Yo me planto.

Siempre que llevas mucho ganado, te vas pitando.

Mi madre está enferma y no se acuesta...

...hasta que llego. - ¿Qué decís?

Voy a lavarme.

- ¿Stella? - ¿Sí, Eunice?

Di a los chicos que he puesto el agua a hervir.

Voy a decirles que acaben ya.

- ¿Qué quería decir con eso? - Les va a echar agua hirviendo.

Stella, espera que me empolve.

Estoy tan acalorada y agotada...

- ¿Estoy muy acabada? - Tan fresca como una rosa.

Sí, cortada hace varios días.

¿Por qué no baja alguien al chino y se trae unas raciones de chop suey?

- Yo perdiendo y tú con ganas de comer. - Ya veo que seguís jugando.

- ¿Dónde habéis estado? - Vimos una obra.

Blanche, te presento al señor Gonzalez y al señor Hubbell.

Encantada. Por favor, no se levanten.

Aquí no se levanta nadie, tranquila.

- El póquer es fascinante. ¿Te ayudo? - De eso nada.

¿Por qué no os vais a casa de Eunice?

- ¿Cuánto va a durar la partida? - Hasta que nos dé la gana.

Pues ya se os pueden ir quitando las ganas.

- Vete a casa de Eunice. - Oye, que esa es mi chaqueta.

No tiene ninguna gracia, Stanley.

Me pone furiosa que me haga eso delante de la gente.

- Me voy a dar un baño. - ¿Otra vez?

Soy un manojo de nervios. ¿Está el baño ocupado?

No lo sé.

- Buenas noches. - Hola.

Blanche, te presento a Harold Mitchell.

- Mi hermana, Blanche DuBois. - Encantada.

- Encantado, señorita DuBois. - ¿Qué tal tu madre, Mitch?

Igual que siempre, gracias.

Te da las gracias por las natillas que le mandaste.

Disculpadme, por favor.

Perdón.

- Este parece superior a los otros. - ¿Sí?

- Tiene aspecto de ser más sensible. - Su madre está enferma.

- ¿Está casado? - No.

- ¿Es mujeriego? - Pero bueno, Blanche.

- Pues no, yo creo que no. - ¿En qué trabaja?

En la sección de precisión del departamento de piezas de recambio.

En la misma fábrica que Stanley.

- ¿Es un buen puesto? - No.

Stanley es el único que puede trabajar en algo bueno.

Oye, Blanche, estás a plena luz.

¿En serio? Madre mía.

Tendrías que ver a sus mujeres.

Me lo imagino. Entraditas en carnes, supongo.

- ¿Conoces a la de arriba? - Ah, sí.

Pues una noche...

¡Y la escayola...!

¡Parecéis un par de gallinas!

- Dejad de cacarear. - Pero si no nos puedes oír.

Vosotras me oís a mí y os digo que cerréis el pico.

Stella.

Mira, esta es mi casa y hablo todo lo que me dé la gana.

- Stella, no provoques una bronca. - Está medio borracho.

Saldré enseguida.

Hablas, Mitch.

Vamos, Mitch, ¿lo ves?

No, me planto.

¿Quién ha encendido eso?

- Yo. ¿Te importa? - ¡Pues apágalo!

Venga, hombre. ¿No pueden poner música las chicas?

¡Stanley!

Ya está. ¡No te he oído apostar!

- ¿Ah, no, Mitch? - No estaba atento.

¿Qué hacías?

Mirar por entre las cortinas.

- No estaba mirando. - Vamos a jugar ya.

Daremos cartas otra vez y jugaremos.

A mí no me repartas.

Esta vez jugaremos a la modalidad "Spit in the Ocean".

¿Sí?

Hola.

Disculpe.

El cuarto de baño está ocupado.

Ah, perdón.

- ¿Tiene un cigarrillo? - Claro.

Vaya... Qué pitillera tan bonita.

- ¿De plata? - Sí.

Sí, lea la dedicatoria.

Anda, tiene dedicatoria.

Vaya, no soy capaz de leerla.

"Y si Dios así quiere...

...te amaré más todavía después de la muerte".

Es de mi soneto preferido de la señora Browning.

- ¡Anda, lo conoce usted! - Por supuesto.

Hay una historia detrás de esa dedicatoria.

Me suena a historia de amor.

No, no, es una triste historia. La chica murió.

Ella sabía que se moría cuando me la regaló. Una chica muy dulce, algo rara.

- Muy... - Debió de quererle mucho a usted.

Los enfermos sienten un apego profundo y sincero.

- Así es. Es cierto. - El dolor mueve a la sinceridad.

Eso es lo que provoca en la gente.

La poca que queda pertenece a la gente que sufre.

- Creo que tiene usted razón. - Estoy muy segura de ello.

- ¡Eh, Mitch! - No repartas. Hablo con la señorita...

DuBois.

DuBois.

Es un apellido francés.

Significa "del bosque" y Blanche "blanca"...

...así que junto es "blanca del bosque"...

...como la orquídea en primavera.

Así puede recordar mi nombre...

...si quiere.

Usted es hermana de Stella, ¿no?

Sí. Stella es mi preciosa hermanita.

La llamo hermanita a pesar de que es un poco mayor que yo.

Sólo un poquito. Apenas un año. ¿Quiere hacerme un favor?

Claro. Dígame cuál.

He comprado este farol de papel en una tienda china de Bourbon.

Póngaselo a la bombilla, si es tan amable.

Será un placer.

No soporto ver una bombilla sin nada, al igual que un comentario grosero...

...o un acto vulgar.

Supongo que le habremos parecido un pandilla bastante tosca.

Me adapto muy bien a las circunstancias.

Está muy bien ser así.

- ¿No está usted...? - ¿Casada?

No. No, sólo soy una maestra solterona.

Podrá ser una maestra, pero una solterona no.

Gracias, señor.

Se agradece su galantería.

De modo que se dedica a la enseñanza.

Sí.

- Sí. - ¿Primaria o secundaria...?

- ¡Eh, Mitch! - ¡Ya voy!

Por Dios, qué pulmones.

Enseño secundaria en Auriol.

¿ Y qué asignaturas enseña?

- Adivine. - Apuesto a que enseña arte o música.

Pero claro, igual me equivoco.

Igual enseña aritmética.

Aritmética nunca, señor. Aritmética jamás.

No me sé ni las tablas de multiplicar.

Tengo la desgracia de enseñar Lengua Inglesa.

Intento inculcar a un montón de adolescentes...

...y gamberretes un poco de respeto por Hawthorne...

...Whitman y Poe.

Seguro que están más interesados por otras cosas.

Qué razón tiene usted.

De sus conocimientos literarios no es de lo que más puedan presumir.

Pero son encantadores...

...y en primavera es enternecedor cómo descubren el amor por primera vez...

...como si nadie lo hubiera conocido antes.

- Lo siento. Disculpa, disculpa. - ¿Ha terminado con eso?

- Sí, sí, ya está. - Espere, espere. Pondré la radio.

Encienda ahora la luz.

Pero, mire.

Hemos creado un encantamiento.

- Trío de ases, bigotes. - ¡Escalera, te he ganado!

¡Stanley! ¡Stanley! ¿Qué haces con la radio?

¡Borracho! ¡Eres un animal!

- ¡Fuera! - ¡Eh!

- ¡Venga, fuera de aquí! - ¡Eh!

¡Suéltala!

¡Mi hermana está embarazada!

Tú te subes conmigo a casa.

Hermana, ¿te ha hecho daño, querida?

No debería jugarse al póquer en presencia de mujeres.

- Tranquilízate, ¿quieres? - Cuidado.

Metedlo en la ducha.

- Cuidado. - ¡He dicho que a la ducha!

Venga. Cógele de los pies. ¡Cógele de los pies!

Cógele de los pies, venga, con cuidado.

Vamos, chico. Mete la cabeza.

Vamos.

Mete bien la cabeza. Eso es.

¿Qué tal te sientes, Stan?

¡Stanley, despierta! ¡Eh, Stanley!

- Habría que quitarle la ropa y... - ¡Eh! ¿Qué os creéis que hacéis...?

¡No debería jugarse al póquer en presencia de mujeres!

¡Vamos!

- ¡Eh! - ¿Dónde está Steve? Vamos.

Espera. Ven aquí. Tranquilo.

Stella.

Stella.

¿Cariño?

Eh, Stella.

Cariño, ¿dónde estás?

¿Stella?

Oye, nena...

Puedes dormir aquí, Stella. Blanche en la cama de Steve.

No va a volver si sabe bien lo que le espera. ¿Diga?

¿Está ahí arriba mi mujer? Quiero...

No va a bajar y tampoco va a hablar contigo...

...¡así que no la llames!

¡Stella!

¡Deja de aullar y vete a dormirla!

- ¡Eunice, quiero que baje mi chica! - ¡Que te calles!

- Voy a llamar a la Policía. - ¡Stella!

No puedes pegar a una mujer y esperar que vuelva.

Vais a ser padres.

¡Espero que te encierren otra vez y te enchufen la manguera!

- ¡Quiero que baje mi chica! - ¡Asqueroso!

¡Stella!

¡Stella!

Yo no me metería en esto.

No me dejes nunca, nena.

¡Blanche, vuelve!

¿Señorita DuBois?

¿Señorita DuBois?

¿Sin novedad en el frente?

Bajó y volvió con él.

- Claro. - Estoy aterrorizada.

No hay por qué. Se aman los dos con locura.

Es una pena que pase esto estando usted aquí.

- La violencia es... - Siéntese...

...y fúmese un cigarro conmigo. - Pero...

...no estoy bien vestida.

Eso no importa mucho en el Barrio Francés.

Qué pitillera de plata tan bonita.

Le enseñé la dedicatoria, ¿verdad?

Sí.

Cuánta...

Cuánta confusión hay en el mundo.

Gracias por ser tan amable.

Eso es lo que necesito.

¡Plátanos!

¡Plátanos!

¿Stella?

Stella. Mi pequeña. Mi hermanita pequeña.

¿Qué te pasa, preciosa?

- ¿Se ha ido? - ¿Stan?

¿ Va a volver?

- Ha ido al taller, ¿por qué? - ¿Por qué?

Casi me vuelvo loca, Stella. ¿Cómo pudiste volver a esta casa anoche?

Por favor, Blanche. Cuando volví estaba manso como un cordero.

- Está muy avergonzado. - Y con eso...

- ¿Con eso se arregla todo? - No.

Stanley siempre está rompiendo cosas.

En nuestra noche de bodas, en cuanto volvimos...

...me quitó uno de mis zapatos...

...y se lió a romper bombillas con él por toda la casa.

¿Qué me dices?

Se cargó todas las bombillas con el tacón del zapato.

¿ Y se lo permitiste? ¿No huiste, ni chillaste?

Casi me hizo hasta ilusión.

¿ Ya habéis desayunado Eunice y tú?

¿Tú crees que estoy yo para desayunos?

Eres tan impasible para todo, Stella.

¿ Y qué voy a hacer si no?

Se ha llevado la radio para arreglarla.

No llegó a caerse a la acera, de modo que sólo se rompió el tubo.

Y encima te hace gracia.

¿Qué quieres que haga?

Ten dignidad. Afronta los hechos.

¿A qué hechos te refieres?

En mi opinión, estás casada con un loco.

Tengo un plan para que las dos salgamos de aquí.

No des por sentado que estoy metida en algo de lo que quiera salir.

Supongo que conociendo Belle Reve te parecerá imposible...

...vivir en esta casa y con estos jugadores.

- Das demasiado por sentado. - No creo que vayas en serio.

- ¿No? - Entiendo un poco lo que ha pasado.

Lo viste primero con uniforme, de oficial, no aquí.

No creo que tenga importancia donde lo viera.

De lo que estás hablando es de deseo, de un deseo brutal.

El nombre de ese trasto de tranvía que hace temblar el barrio.

Subiendo y bajando esas estrechas calles.

¿Te has montado tú alguna vez en ese tranvía?

Me ha traído hasta aquí.

A un sitio donde no me quieren...

...y donde me avergüenza estar.

¿No crees que no vienen al caso tus aires de superioridad?

- Un hombre así... - Te dije que le amo.

¡Tiemblo por ti, tiemblo!

- Hola, Stanley. - Hola.

¿Puedo hablarte con franqueza?

Sí, por favor. Con tanta franqueza como quieras.

Bueno, con tu debido perdón...

...es un hombre vulgar.

Sí, supongo que lo es.

¿Supones?

Estoy segura de que no has podido olvidar tu educación, Stella...

...como para suponer que en su carácter tiene algo de caballero.

Me odias por decirte esto, ¿verdad?

Vamos, desahógate, Blanche.

Es como un animal.

Tiene costumbres animales.

Incluso hay algo infrahumano en él.

A pesar de los miles de años que han pasado, ahí lo tienes...

...Stanley Kowalski, un superviviente de la Edad de Piedra.

Que trae de la selva la carne cruda después de cazarla. Y tú...

...aquí esperándole.

Tal vez te pegue, o tal vez te gruña y te bese.

Eso si ha descubierto ya el beso. ¿A eso le llamas póquer?

¿A esa manada de primates?

Me parece que nos falta bastante para ser la imagen y semejanza de Dios.

Pero, Stella, hermana mía...

...se han hecho algunos progresos desde entonces.

Cosas como el arte, la poesía, la música.

En cierta clase de personas...

...han ido brotando algunos sentimientos de ternura que...

...deberíamos acrecentar y aferrarnos a ellos...

...mientras marchamos entre tinieblas hacia algo que desconocemos.

No te quedes tú atrás con las bestias.

Stell.

¡Stell!

- Hola. - Hola.

¿Ha vuelto ya Blanche?

Sí, ya ha vuelto.

Ah, hola, Blanche.

Parece que te has metido debajo del coche.

Ese mecánico no sabe diferenciar un eje de un bate de béisbol.

¡Eh!

¡No se te ocurra tirarme eso! ¡Eunice!

Serás bestia, ¡vas a ver tú!

Quieres jugar conmigo, ¡pues vas a ver tú!

¡Te daré para el pelo, como a tu hermano, cabezona!

¡Me ha pegado! ¡Voy a llamar a la Policía!

Algunas amigas de tu hermana aún no se han ido de veraneo.

- ¿Ha ido Eunice a la Policía? - No, está tomándose una copa...

...en los Cuatro Doses. - Eso es mucho más práctico.

Blanche está haciéndonos fundas nuevas, cariño.

¿Está esa aquí?

Se ha ido a los Cuatro Doses.

Esa maldita bruja...

Oye, Stella, no encuentro mi otro par de zapatos.

Hemos hecho limpieza.

Iré a por ellos.

No soy capaz de encontrar nada en esta pocilga.

¡Stanley!

¿Bajo qué signo naciste?

- ¿Qué signo? - Signo del Zodiaco.

Apuesto a que eres aries.

Los aries son vigorosos, dinámicos, idolatran el ruido.

Les gusta tirar cosas.

Stanley nació cinco minutos después de Navidad.

¡Capricornio, el macho cabrío!

Dime...

...¿no conocerás a un tipo llamado Shaw?

Pues... Bueno, todo el mundo conoce a alguien que se llame Shaw.

Este Shaw tiene la impresión de haberte conocido en Auriol.

Pero me parece que te ha confundido con otra persona...

...porque a esta otra persona...

...la conoció en un hotel llamado Flamingo.

Vaya, pues sí, parece que me ha confundido con otra.

El hotel Flamingo no es un lugar donde quisiera que me vieran.

Ah, entonces, ¿conoces el sitio?

Lo he visto y lo he olido.

Habrás estado muy cerca para poder olerlo.

El olor a perfume barato es penetrante.

¿ Y eso que te echas es caro?

Doce dólares la onza. Me queda poco.

Una indirecta por si te acuerdas de mi cumpleaños.

Supongo que te ha confundido...

...pero va y viene de Auriol muy a menudo, así que...

...podrá darse cuenta enseguida de que se equivoca.

- Nos vemos en los Cuatro Doses. - Oye, ¿no me das un beso?

No, delante de tu hermana no.

No llores. Sólo hago eso con las otras chicas porque te quiero, nena.

No llores.

Stella.

¿Te siguen asustando los truenos?

¿Qué has oído de mí?

¿Qué te ha estado diciendo la gente de mí?

- ¿Diciendo? - ¿No has oído...

...ninguna clase de cotilleo acerca de mí?

Qué va, Blanche. Por supuesto que no.

Cielo, en Auriol había muchas habladurías.

¿Qué más da lo que diga la gente?

No me he portado muy bien en este último año desde...

Que Belle Reve empezó a escurrírseme de los dedos.

Cielo, todos hacemos cosas...

Nunca fui fuerte ni suficientemente independiente.

La gente delicada...

La gente delicada tiene que atraer el favor de los fuertes, Stella.

Tienes que brillar y deslumbrar.

No sé hasta cuándo podré mantener esta ilusión.

No vale con ser delicada.

Tienes que ser delicada y atractiva.

Y yo...

Estoy marchitándome.

¿Me has prestado algo de atención?

Nunca te hago caso cuando te pones trágica.

¿Es para mí esa cola?

- Y sólo para ti. - Eres un encanto. ¿Es cola a secas?

- ¿Querías que le pusiera alcohol? - Nunca le viene mal a la cola.

Permíteme a mí.

No tienes por qué servirme.

Me gusta hacerlo, Blanche. Me hace sentir como en nuestra casa.

Tengo que admitirlo, a mí...

Me encanta que me sirvan.

Blanche.

- Blanche, cielo, ¿qué te pasa? - Eres tan buena conmigo, y yo...

- Blanche. - Detestas que me ponga sentimental...

...pero créeme, siento más de lo que expreso.

No me quedaré mucho tiempo, te lo prometo.

- Vamos, Blanche. - Me iré. Me marcharé pronto.

No quiero quedarme hasta que me eche él.

- ¿Quieres dejar de decir tonterías? - Sí.

¡Ten cuidado en no derramarlo!

Cielos.

En toda mi...

...bonita...

...falda rosa. - Ten. Utiliza mi pañuelo.

- Sécalo con cuidado. - Lo sé.

Con cuidado...

...con cuidado...

...con cuidado.

¿Queda mancha?

No.

No, ni un poquito.

Qué suerte, ¿verdad?

¿Por qué has gritado de esa forma?

No sé por qué he gritado.

Mitch...

Mitch vuelve a las siete.

Estoy nerviosa por nuestras relaciones.

No ha recibido más que un beso de buenas noches. No le he dado más.

Quiero respeto. A los hombres no les gusta lo que sea muy fácil.

Por otro lado, pierden rápidamente el interés, sobre todo si una tiene...

Más de treinta.

Cuando les hablaba de matrimonio, se olvidaban hasta de donde vivía...

Por eso comprenderás que a este no le he dicho mi verdadera edad.

Cielo, ¿por qué te importa tanto la edad?

Debido a los duros golpes que ya ha recibido mi vanidad.

Quiero decir que él cree que soy...

...remilgada y decente, ya sabes.

Quiero engañarle...

...Io justo para que así me desee más.

Cariño...

...¿y tú le deseas?

Deseo descansar.

Quiero volver a respirar tranquila.

Sí, deseo a Mitch.

Pero mucho.

Piensa que si ocurriera...

...podría escaparme de aquí y dejar de ser un problema para todos.

Blanche, y ocurrirá.

¿De verdad?

Ocurrirá, ya lo verás, cielo.

Pero no bebas más.

¡Eh, Steve! ¡Eunice!

¡Stell!

¡Quita! ¡Déjame!

- ¡Bájame! - ¡Verás tú ahora...!

- ¡Hola, cariño! - ¡Suelta!

Ay de mí.

Ay de mí.

Ay de mí.

Adelante.

Buenas tardes, señora.

Vaya...

- ¿Qué puedo hacer por usted? - Soy cobrador del Evening Star.

No sabía que las estrellas cobraran.

Me refiero al periódico, señora.

Lo sé.

Era un chiste. Bastante malo.

¿Quiere...? ¿Quiere una copa?

No, señora.

No, gracias. No puedo beber durante el trabajo.

Bueno, vamos a ver.

No, no. No tengo ni un centavo.

No soy la señora de la casa. Soy su hermana de Mississippi.

Soy una de esas parientes pobres de las que habrá oído hablar.

No pasa nada, señora. Volveré más tarde.

Oiga.

¿Tiene...?

- ¿Tiene fuego? - Claro.

- Aunque no siempre va. - Es temperamental.

Gracias.

Gracias a usted.

Oiga.

¿Qué...?

¿Qué hora es?

Las siete menos cuarto.

¿Tan tarde es?

¿No le encantan estas largas tardes lluviosas de Nueva Orleans...

...en las que una hora no es sólo una hora...

...sino un trocito de eternidad que nos ha caído en las manos...

...y que no sabemos qué hacer con él?

A usted...

¿No le ha sorprendido la lluvia?

No, señora. Me puse a cubierto.

En una tienda, y se tomó un refresco.

- ¿De chocolate? - No, señora. De cereza.

- De cereza. - De cereza.

Se me hace la boca agua.

Yo debería...

Jovencito.

Joven...

...joven...

...joven.

¿Le han dicho alguna vez que parece un joven príncipe de Las mil y una noches?

Lo es, dulce criatura.

Acérquese.

Acérquese, hágame caso.

Sólo quiero besarle una vez...

...suave...

...y dulcemente en la boca.

Y ahora váyase corriendo.

Estaría bien retenerle, pero debo ser buena y...

...no ponerle la mano encima a un niño.

Pero mira quién está aquí.

Mi Caballero de la Rosa.

Saludad primero con una reverencia.

Y ahora, présentez.

¿Qué tal, Mitch?

Me parece que no te lo has pasado muy bien esta noche, Blanche.

- Te la he estropeado yo. - No, para nada.

Simplemente no he estado a la altura de las circunstancias.

Creo que nunca me he esforzado tanto en estar alegre y me ha salido tan mal.

Pero por intentarlo me llevo diez puntos. Y lo he intentado.

Hola, luna.

Estoy buscando las Pléyades...

...las Siete Hermanas...

...pero esta noche no han salido.

Sí, sí, ahí están.

Allí están, que Dios las bendiga.

Todas van juntitas a casa a jugar su partida de bridge.

¿Puedo besarte?

¿Por qué siempre me pides permiso?

- No sé si quieres que te bese. - ¿Por qué tienes que dudar tanto?

Aquella noche junto al lago, te besé...

Cielo, no me puse así por el beso. Me gustó mucho.

Fue otra pequeña familiaridad la que me obligó a desanimarme.

No es que me ofendiera, ni lo más mínimo.

De hecho, me sentí halagada por el hecho de que me desearas.

Pero sabes tan bien como yo que una soltera, una chica sola en el mundo...

...tiene que controlar sus sentimientos...

...o estará perdida. - ¿Perdida?

Estarás acostumbrado a tratar con chicas a las que les gusta perderse.

Me gustas exactamente como eres...

...porque con toda mi experiencia, nunca he conocido a nadie como tú.

¿Te estás riendo de mí?

No.

No, cielo.

No me estoy riendo de ti.

Venga, vamos a terminar nuestras bebidas.

Llevas toda la noche tan inquieto y solemne.

Los dos estamos inquietos y solemnes.

Y, ahora, para estos últimos momentos de nuestra vida juntos...

...quiero crear joie de vivre.

Voy a encender la vela.

Muy bien.

Nos vamos a poner en plan bohemio.

Nos imaginaremos que estamos en un café de artistas de París.

- ¿Entiendes el francés? - No, no, no entiendo el francés.

Bueno, ¿por qué no te sientas? Quítate la chaqueta, aflójate el cuello.

- No, prefiero dejármela puesta. - No. Quiero que estés cómodo.

No, me avergüenza lo mucho que transpiro. Se me pega la camisa.

Eso es sano. Si no transpiráramos, nos moriríamos en cinco minutos.

Una chaqueta muy bonita. ¿Qué...?

- ¿Qué clase de tela es? - Es un material llamado alpaca.

- Ah, alpaca. - Una alpaca muy ligera.

- Ah, alpaca ligera. - Sí.

No me gusta llevar chaquetas lavables ni en verano porque se traspasa el sudor.

Y además no me quedan bien.

Con esta corpulencia uno debe saber qué lleva para no parecer un patán.

- No eres tan corpulento. - ¿Te parece que no?

Tampoco eres ningún enclenque.

Tienes una sólida estructura ósea y un físico imponente.

Muchas gracias.

En Navidad me hicieron socio del Club Deportivo de Nueva Orleans.

- Qué bien. - Fue el mejor regalo que me han hecho.

Allí hago pesas y nado. Me mantengo en forma.

Cuando empecé, tenía la barriga blanda, pero ahora está bien dura.

Tan dura que un hombre podría golpearme sin hacerme daño.

Golpéame. Adelante. Vamos. Tú pega.

Venga.

- Madre mía. - ¿Lo ves?

Blanche.

Blanche.

Adivina cuánto peso.

- Yo diría que en torno a los 80 kilos. - No, inténtalo otra vez.

- ¿Menos? - No, más.

- ¿ Y bien? - Peso 94 kilos.

Mido 1,85 metros de altura descalzo...

...sin zapatos, y los 94 kilos son sin ropa.

Dios mío, impresionante.

Bueno, mi peso no es un tema muy apasionante.

¿Cuál es el tuyo?

- ¿Mi peso? - Sí.

- Adivina. - Déjame que te levante.

Sansón. ¡Vamos, levántame!

- Pesas menos que una pluma. - Ya me puedes bajar.

Digo que me suelte, señor.

Mitch, Mitch, que estamos en público. Compórtate como un caballero.

Pues me das un tortazo cuando me pase.

No será necesario. Eres un verdadero caballero. Uno de los pocos que quedan.

No quiero que pienses que soy una severa maestra solterona...

...o algo así. Lo que pasa es que...

Quizá tenga unas ideas anticuadas.

¿Adónde han ido Stanley y Stella esta noche?

Creo que iban a un preestreno de medianoche.

Una noche tendríamos que salir todos juntos.

No me parece muy buen plan.

¿Por qué no?

¿Eres un viejo amigo de Stanley?

Servimos juntos en la 241.

- Supongo que habláis con franqueza. - Claro.

¿ Y nunca te ha hablado de mí?

- No, no mucho. - Por cómo lo dices...

...sospecho que sí. - No me ha contando mucho.

Sí te ha contado. ¿ Y cuál es su postura respecto a mí?

- ¿Qué te hace pensar eso? - Bueno...

¿No te llevas bien con él?

¿Tú qué crees?

Creo que no te entiende.

Vaya forma de suavizar las cosas. Seguro que te ha dicho cuánto me odia.

A mí no me parece que te odie.

Me odia. Si no, ¿por qué me insulta?

Claro que...

...existe una cosa llamada hostilidad...

Tal vez, de alguna extraña manera...

Pensarlo me hace...

- Blanche. - ¿Sí, cariño?

- Blanche, ¿puedo preguntarte algo? - Sí, ¿qué?

¿Cuántos años tienes?

¿Para qué quieres saberlo?

Le hablé a mi madre de ti y me dijo: "¿cuántos años tiene Blanche?"

- ¿Le has hablado a tu madre de mí? - Sí.

¿Por qué?

Porque le dije que eras buena y que me gustabas.

¿ Y fuiste sincero al decir eso?

Ya sabes que sí.

¿Por qué quiso tu madre saber mi edad?

- Mi madre está enferma... - Cuánto lo siento. ¿Es grave?

Ya no vivirá mucho...

...tal vez sólo unos meses, y le preocupa que no me haya formalizado.

Quiere que me asiente antes de que ella...

La quieres mucho, ¿verdad?

Te sentirás solo cuando fallezca, ¿no?

Yo sé bien lo que es eso.

¿Sentirse solo?

Yo amaba a una persona.

Y perdí a esa persona que amaba.

¿Murió?

Era un chiquillo.

Sólo era un niño, y yo era muy joven.

A los 16 años, hice el gran descubrimiento:

El amor.

Llegó de repente...

...y por completo.

Fue como si de pronto se encendiera una luz cegadora...

...sobre algo que siempre había estado medio en penumbra.

Así es como cambió el mundo para mí.

Pero fui desdichada.

Engañada.

Había algo en ese chico.

Un nerviosismo, una ternura...

...una incertidumbre.

Y yo no lo comprendía.

No comprendía por qué aquel muchacho que escribía poesía...

...parecía no ser capaz de hacer nada más.

Perdía todos los empleos.

Buscó en mí ayuda.

Y yo no me enteré.

No me enteraba de nada...

...sólo que le amaba...

...de un modo insoportable.

Una noche fingí que dormía.

Y le oí llorar.

Lloraba.

Lloraba como lo hace un niño cuando se ha perdido.

No lo entiendo.

No.

No, yo tampoco lo entendía.

Y por eso lo...

Lo maté.

¿Tú...?

Una noche...

...fuimos a un sitio llamado Casino del Lago de la Luna.

Bailamos la varsoviana.

De repente, en mitad del baile, el chico con el que me había casado, me soltó...

...y huyó corriendo del casino.

Unos pocos minutos después...

...hubo un disparo.

Salí corriendo.

Todos corrieron.

Todos corrieron y rodearon aquel terrible bulto en la orilla del lago.

Se había metido el revólver en la boca...

...y había disparado.

Fue porque...

...en la pista de baile...

...no habiendo podido contenerme, le dije:

"Eres débil.

Te he perdido el respeto.

Te desprecio".

Y entonces...

...el reflector que había iluminado el mundo...

...se volvió a apagar.

Y nunca...

...desde aquel momento, ha vuelto a brillar una luz más potente que...

Que la de este...

...farol amarillo.

Necesitas a alguien.

Y yo también necesito a alguien.

¿No podríamos ser tú y yo, Blanche?

A veces...

...Dios existe...

...tan inesperadamente.

¡Quieres meterte conmigo, vamos! ¡No pasa nada, soltadlo!

¿A quién vas a matar tú? ¡Pero si ni aun avisándote te enteras de nada!

¡No me tienes que avisar de nada!

Vamos, hombre. Venga, a trabajar. Hay que seguir con la tarea.

A ver si nos ganamos el jornal.

Vamos, cásate con ella, pero date prisa.

Porque lleva cinco meses en mi casa y eso se acabó.

Hola, Stanley.

Vaya con el canario cantor.

Está bien.

Haz el favor de contarme lo que crees haber descubierto sobre mi hermana.

Sabes que tu hermana Blanche no es ninguna santa, ¿verdad?

¿Qué has oído y quién te lo ha contado?

Tendrías que oír las historias que le cuenta a Mitch.

El proveedor de la fábrica lleva años yendo a Auriol.

Lo sabe todo sobre ella.

Y todo el mundo en Auriol la conoce de sobra.

Es tan famosa en Auriol como el presidente de Estados Unidos...

...sólo que a ella nadie la respeta.

Así que se mudó a un hotel llamado Flamingo...

...un hotel de segunda clase...

...que tiene la ventaja...

...de no meterse con la vida privada y social de sus huéspedes.

En el Flamingo están acostumbrados a todo tipo de cosas.

Pero hasta la dirección del Flamingo quedó impresionada por doña Blanche.

Tan impresionados estaban que le pidieron que...

...les devolviera la llave para siempre.

Esto pasó un par de semanas antes de que se presentara aquí.

Cariño, sé que esto te va a dar un buen disgusto.

Pero mira, te ha engañado tanto a ti como ahora a Mitch.

Pura invención. No hay nada de cierto.

Cariño, escucha. He corroborado las historias.

El problema es que ya no podía seguir fingiendo más en Auriol...

...porque espabilaban.

Después de dos o tres días pasaban, así que pasaba a otro.

Las mismas mentiras, la misma farsa, las mismas bobadas.

Hasta que se convirtió en el personaje del pueblo...

...considerada no sólo diferente, sino chiflada perdida.

Así llegamos a la mentira número dos...

Stella.

Vamos, cariño...

No es que pidiera la excedencia por los nervios. La despidieron...

...antes de terminar el semestre.

No me gusta nada decirte la razón por la cual ocurrió.

Se había enrollado con un alumno de 17 años.

El padre del chico se enteró...

...y se puso en contacto con el director del instituto.

Fue prácticamente como si la echaran del pueblo.

- ¡Stella! - ¿Sí, Blanche?

¿Me pasas otra toalla para el pelo? Me lo acabo de lavar.

Sí, cielo.

- ¿Qué te pasa, cielo? - Nada, ¿por qué?

Tienes una expresión rara.

- Supongo que estoy algo cansada... - Bueno...

...¿por qué no te das un baño en cuanto termine?

¿ Y eso cuándo será, Blanche?

No tardaré tanto. Aplaca tu espíritu con paciencia.

No me preocupa mi espíritu precisamente.

¿ Y bien?

¿Cuántas velas pondrás en la tarta?

Dejé de poner velas a los 25.

¿Esperas compañía?

Hemos invitado a Mitch.

No esperéis que aparezca Mitch esta noche.

¿Por qué?

Mitch es amigo mío. Servimos juntos en la 241 de Ingenieros.

¡Trabajamos en la misma fábrica y jugamos juntos a los bolos!

Stanley Kowalski, ¿le has contado...?

Puedes apostar a que sí. Me remordería la conciencia...

...si dejara que esa enganchara a mi mejor amigo.

- ¿Ha roto Mitch con ella? - No lo sé...

...pero ha espabilado. - ¡Iba a casarse con ella!

¡Pues ahora ya no se van a casar!

No se va a lanzar a un tanque con tiburones.

- ¿ Y qué va a hacer ella? - Ya está planeado su futuro.

¿Qué quieres decir?

¡Cariñito! ¡Canario cantor, sal del cuarto de baño de una vez!

Qué bien me sienta un buen baño caliente.

Me siento tan bien, tan tranquila y descansada.

- ¿De veras, Blanche? - Sí, como nueva.

Un buen baño caliente y una bebida bien fría...

...me hacen siempre sentir como nueva.

¿Qué te pasa?

¿Qué ha pasado?

- ¿Qué tienes? - No ha pasado nada, Blanche.

Mientes.

Algo ha pasado.

¿Stanley?

Stanley, cuéntanos un chiste.

Cuéntanos algún chiste para que nos riamos.

No sé qué os pasa, pero estáis muy serios.

¿Es porque me ha plantado el novio?

Es la primera vez con los hombres... Y he conocido muchos y de todo tipo.

...que me dejan plantada.

No sé cómo tomármelo.

Cuéntanos un chiste, Stanley.

Algo que nos anime.

Creía que no te gustaban mis chistes, Blanche.

Me gustan si son divertidos, no indecentes.

No conozco ninguno bastante fino para tu gusto.

Muy bien. Pues cuento yo uno.

Sí, cuenta uno, Blanche. Antes te sabías un montón.

Vamos a ver. Tengo que repasar mi repertorio.

Ah, sí, me encantan los de loros.

¿Os gustan los de loros? Este va de una solterona y su loro.

Una solterona tenía un loro que decía palabrotas...

...unas palabrotas más vulgares que las del señor Kowalski.

La única forma de que se callara el loro era cubrir...

Parece que es arriba.

En fin, que la única forma de que se callara el loro era...

Sigue, Blanche.

No.

Creo que no le va a hacer gracia al señor Kowalski.

El señor Kowalski está muy ocupado con sus guarradas para pensar en otra cosa.

Tienes la cara y los dedos grasientos.

Ve a lavarte y después ayúdame a recoger.

Así es como recojo yo la mesa.

No me vuelvas a hablar así en tu vida.

Cerdo, polaquito, asqueroso, vulgar, grasiento.

Llevo demasiado tiempo escuchando esas palabras...

...de tu boca y de la de tu hermana.

¿Qué os pensáis que sois, un par de reinas?

Recordad que Huey Long dijo: Todo hombre es un rey, y aquí el rey soy yo.

No lo olvidéis.

Mi sitio ya está limpio. ¿Os recojo lo vuestro?

Stella...

...¿qué ha pasado mientras me bañaba?

- ¿Qué te ha contado? - Nada. Nada, nada, Blanche.

- Te ha contado algo de Mitch y de mí. - No.

Sabes por qué no ha venido Mitch y no me lo dices.

- No. - Le voy a llamar.

- ¡No le llames! - Sí, le voy a llamar ahora, por teléfono.

Blanche, yo no le llamaría.

Necesita dar una explicación.

Espero que estés contento con lo que has hecho.

En la vida me había costado tanto tragar la comida...

...viendo la cara de la pobre muchacha y una silla vacía.

¿Hola? Querría hablar con el señor Mitchell, por favor.

Me gustaría dejar mi número.

- Cielo. - Tulane, 4947.

Y dígale que es muy importante, por favor.

Cielo, todo irá bien cuando se vaya y tú hayas tenido el bebé.

Todo volverá a ser como era antes entre nosotros dos.

¿Recuerdas cómo era?

Todo será genial cuando podamos encender las luces de colores...

...sin ninguna hermana que nos espíe detrás de la cortina.

Steve y Eunice.

Volvamos adentro.

¿Blanche?

¡Blanche!

- ¿Sí? - Vamos, cielo.

Pero qué velas tan bonitas. No las enciendas, Stella.

- Claro que las voy a encender. - No.

Guárdalas para los cumpleaños del bebé.

Espero que las velas brillen en su vida.

Espero que sus ojos sean como velas...

...como dos velitas azules...

Sobre una tarta blanca.

Qué poético.

No debí llamarle.

¡Blanche! ¡Ya sabes el calor que hace en el baño con todo ese vapor!

¡Te he pedido perdón tres veces!

Tomo baños calientes para los nervios.

Se llama hidroterapia.

Tú eres un polaquito sano, sin un solo nervio.

¿Cómo te vas a imaginar lo que es la ansiedad?

¡No soy ningún polaquito!

Los de Polonia son polacos, no polaquitos.

¡Y yo soy cien por cien estadounidense!

¡He nacido y crecido en el mejor país del mundo y estoy orgulloso!

- ¡No me vuelvas a llamar eso! - ¡Es para mí, seguro!

No te levantes. Yo no estoy tan seguro.

- ¿Diga? - ¿Stanley?

- Sí, Mac. - Escucha, Stanley...

Suéltame, Stella. ¿A ti qué te pasa?

- ¿Por qué me miras con cara de pena? - ¿Quieres callarte?

No, es que tenemos una gritona en casa.

Te he dicho que no quiero ir allí. Tuve una bronca con Riley la semana pasada.

Soy el capitán del equipo, ¿no? Bien. Pues no vamos a la bolera de Riley.

Iremos al West Side o al Gate, allí nos vemos.

Hermana Blanche...

...tengo un regalito de cumpleaños para ti.

Espero que te guste.

- Pero si es... - Es un billete de regreso a Auriol.

Para el martes.

Blanche.

No había necesidad de hacer eso.

No olvides todo lo que he aguantado por ella.

No hacía falta ser tan cruel con una persona tan sola.

- Qué delicada la criatura. - Pues lo es. O lo era.

No conociste a Blanche de niña.

Nadie era tan tierna y tan confiada como ella.

Pero la gente como tú la maltrató y la obligó a cambiar.

- ¿Crees que te vas a jugar a los bolos? - Exactamente.

De eso nada. ¿Por qué has tenido que hacerle esto?

- Suelta. - ¡Quiero saber el porqué! ¡Dímelo!

¡Oye, tranquilita!

Escucha, cuando nos conocimos tú y yo, pensaste que era vulgar.

Pues tenías mucha razón. Era tan vulgar como la tierra.

Me enseñaste la foto de la casa con sus columnas...

...pero yo te aparté de ellas y eso te encantó.

Como ver las luces de colores.

¿ Y no éramos felices? ¿No estábamos bien hasta que apareció ella?

¿Eh? ¿No éramos felices? ¿No estábamos bien hasta que apareció ella?

La muy estirada, tratándome de simio.

¿Stella?

¿Qué te pasa?

Cielo, ¿qué te pasa?

Cielo, ¿te he hecho daño?

¿Qué tienes, cariño?

Llévame al hospital.

¿Quién es, por favor?

Yo. Soy yo, Mitch.

Mitch.

Un momento, por favor.

Ya voy. Ya voy.

Hola, Mitch.

No debería dejarte pasar después del trato que me has dispensado.

Tan poco caballeroso. Pero bueno, hola, guapo.

Vaya, vaya, qué indiferencia. Y qué aspecto de zafio.

Ni siquiera te has afeitado.

Pero te perdono, porque es un alivio verte.

Ahora ya no suena esa polca en mi cabeza.

¿Nunca se te ha pegado una melodía?

Claro que no, a ti nunca te obsesionaría nada.

- ¿Necesitas el ventilador encendido? - No.

- No me gustan los ventiladores. - Pues lo apagamos.

A mí tampoco me van.

No sé qué habrá de beber, no he mirado.

- No quiero bebida de Stan. - ¡No es de Stan!

Algunas cosas de esta casa son de hecho mías.

¿Cómo está tu madre?

- ¿Está bien tu madre? - ¿Por qué?

Algo te pasa, pero da igual.

No interrogaré al testigo, fingiré no haber notado nada diferente.

Esa música otra vez.

¿Qué música?

La polca que tocaban cuando Allan...

Espera.

Ahora...

...suena el tiro.

Después del disparo para la música.

Sí.

Ya ha parado.

¿Estás en tu sano juicio?

Iré a ver qué puedo encontrar de paso...

Por cierto, perdona por no estar bien vestida. Ya pensaba que no vendrías.

- ¿Olvidaste mi invitación para cenar? - No iba a volver a verte más.

Espera, no te oigo bien.

Hablas tan poco, que cuando dices algo...

...no quiero perderme ni una sílaba.

¿Qué estaba buscando yo? Ah, sí. La bebida.

Ha sido una noche tan excitante, que he perdido la cabeza.

Aquí hay algo.

"Southern Cheer".

¿Qué será esto, digo yo?

Quita los pies, que está limpia la colcha.

Los hombres no os fijáis en esas cosas.

- He hecho tantas cosas en esta casa... - ¿No ibas a irte pronto de aquí?

No sé si habrá que mezclar esto con algo.

Es dulce, muy dulce. Yo creo que es un licor.

Justo, es eso, un licor. No creo que te guste, pero pruébalo.

- Igual te gusta. - Te he dicho...

...antes que no quiero su bebida, en serio.

Dice que te has pegado el verano bebiendo sin parar.

No me rebajaré al nivel de esa burda acusación para responder...

¿Qué piensas?

- Veo algo en tus ojos. - Esto está oscuro.

Me gusta la oscuridad. La oscuridad me consuela.

Nunca te he visto a plena luz. Nunca.

Nunca te he visto por las tardes.

- Por las tardes estás en la fábrica. - ¡No un domingo por la tarde!

No sales nunca antes de las seis, y siempre a sitios poco iluminados.

Aquí hay algo oscuro que no entiendo.

Lo único que hay es que nunca te he visto bien.

- Enciende la luz. - ¿La luz? ¿Para qué?

La del farol de papel.

- ¿Por qué has hecho eso? - Quiero verte con toda claridad.

- No tendrás intención de insultarme. - No, quiero realidades.

- Yo no quiero realismo. Quiero magia. - Magia.

Sí, sí, magia.

Eso doy a los demás. Manipulo las cosas, no digo la verdad.

Digo cómo debería ser la realidad y si eso es pecado, que me castiguen.

¡No enciendas esa luz!

No me importa que seas mayor de lo que yo pensaba...

...me importa todo lo demás.

Tanta charla acerca de esos ideales tradicionales...

...todas esas sandeces que has repetido todo el verano.

¡Sabía que no tenías 16 años, pero fui idiota por creer en tu honestidad!

¿Quién dice que no soy honesta? ¿Mi querido cuñado?

- ¿ Y vas tú y le crees? - ¡No!

No, le llamé mentiroso primero, pero después corroboré la historia.

He hablado por teléfono con ese comerciante de Auriol.

- ¿Qué comerciante? - Kiefaber.

Kiefaber, el comerciante. Lo conozco. Me silbaba al pasar.

Le puse en su lugar. Y ahora se inventa cotilleos.

¿No te hospedaste en el hotel Flamingo?

¿Flamingo? ¡No!

Se llamaba Tarántula.

- Me quedaba en el hotel Tarántula. - ¿Tarántula?

Sí, una araña bien grande. Allí es adonde llevaba a mis víctimas.

Sí.

Tenía allí encuentros con muchos desconocidos.

Después de la muerte de Allan...

...las citas con extraños eran todo lo que parecía llenar mi corazón vacío.

Creo que era pánico, puro pánico...

...Io que me llevaba de uno a otro en busca de protección.

Uno aquí, otro allá, y después en los sitios más inauditos.

Hasta que por fin, un chico de 17 años. Pero alguien le escribió al director:

"Esa mujer no es moralmente apta para su cargo".

¿Es verdad?

Sí.

No apta, eso sin duda.

Así que me vine. No tenía otro sitio adonde ir.

Estaba quemada. ¿ Ya sabes lo que es eso?

Se me había ido la juventud al garete.

Y entonces te conocí.

Dijiste que necesitabas a alguien.

Y, bueno, yo también necesitaba a alguien.

Le di las gracias a Dios por encontrarte.

Parecías tan tierno.

Una grieta...

...en esta roca que es el mundo donde me podría ocultar.

Pero supongo que esperaba...

...demasiado.

Kiefaber...

...Harris y Shaw le han puesto un verdadero lastre a mi vida.

Te creía una mujer recta.

¿Recta?

¿Qué entiendes por recta?

Una línea puede ser recta, o una calle...

...no el corazón de un ser humano.

- Me mentiste, Blanche. - No digas que te mentí.

- ¡Mentiras! ¡Por fuera y por dentro! - Por dentro nunca.

¡Nunca he mentido con mi corazón!

¿Qué?

Hay alguien fuera.

Flores. Flores para los muertos.

No.

No.

Ahora no.

Ahora no.

Vivía en una casa donde las viejas moribundas recordaban a sus fallecidos.

Se desmoronaban, luego desvanecían.

Remordimientos, recriminaciones.

"Si no hubieras hecho eso, no me habría pasado tal otro".

Herencias...

...y otras cosas como...

...fundas de almohada manchadas de sangre.

Yo solía sentarme aquí...

...y ella ahí.

La muerte estaba tan cerca como lo estás tú.

La muerte.

Lo contrario es el deseo.

Entonces, ¿de qué te extrañas?

¿Cómo es posible que te extrañe?

No muy lejos de Belle Reve, antes de que la perdiéramos...

...había un campamento militar para jóvenes reclutas.

Los sábados por la noche, iban a emborracharse al pueblo.

A la vuelta, se acercaban tambaleándose hasta mi jardín y gritaban mi nombre:

"Blanche".

"Blanche".

¿Qué quieres?

Cásate conmigo, Mitch.

No, creo que ya no me quiero casar contigo.

¿No?

No. No eres suficientemente pura para llevarte a la casa de mi mad...

¡Pues vete!

Vete de aquí.

Pero ya, antes de que empiece a gritar.

¡Sal de aquí ahora mismo antes de que empiece a gritar!

¡A gritar! ¡A gritar!

¿Se encuentra bien, señora?

¿Qué le pasa, señora? ¿Qué le pasa, señora?

- Estará borracha. - Que alguien llame a la Policía.

Ahí viene un guardia.

- ¿Qué pasa? ¿Qué ha ocurrido? - No lo sé.

Soy agente de Policía. Abra.

Abra la puerta.

Soy agente de Policía, abra.

¿Qué le pasa? ¿Está herida, señora?

¿Se encuentra bien, señora?

Sí. Váyase.

- Váyase. - ¿Está herida?

- ¿Se encuentra bien? - Me pondré bien.

Todo está bien. Dispérsense.

Me pondré bien.

Me pondré bien. Me pondré bien.

Madre mía. Qué cosas.

¿Qué os parece bañarnos bajo la luz de la luna, entre las rocas de la presa?

Eso si alguien está sereno como para conducir.

La mejor forma de quitarse el mareo de la borrachera.

Sólo hay que asegurarse de tirarse donde cubra bien.

Si te pegas contra una roca, no sales a flote hasta el día siguiente.

Dios mío. Están tocando "Buenas noches, señoritas".

¿Me permite reposar la cabeza en su hombro?

Es tan...

...reconfortante.

Hola, Blanche.

- ¿Qué tal está mi hermana? - Se está portando bien.

¿Qué tal está la criatura?

No nacerá hasta mañana, por eso me han dicho que duerma un poco.

¿Eso quiere decir...

...que vamos a estar los dos solos?

Sí, solos tú y yo, Blanche.

Oye, ¿cómo es que te has puesto tan elegante?

Es verdad. Te fuiste antes de que recibiera el telegrama.

¿Has recibido un telegrama?

He recibido un telegrama de un antiguo admirador mío.

- ¿Es algo bueno? - Yo creo que sí. Una invitación.

¿Para qué?

Un crucero por el Caribe en yate.

Vaya, mira tú por dónde.

Nunca me habían dado tal sorpresa. Ha sido como un regalo del cielo.

¿ Y quién dices que te lo ha mandado?

Un antiguo ligue mío.

El que te regala las pieles de zorro blanco.

Shep Huntleigh.

Llevé su insignia el último año de la carrera.

No le había visto hacía tiempo, y me llega...

...el telegrama sobre el crucero. El problema es la ropa.

He deshecho el baúl para ver qué sería lo adecuado para el trópico.

Y encontraste esa preciosa diadema de brillantes.

¿Esta vieja reliquia? Es bisutería barata.

Yo creía que eran brillantes de Tiffany's.

Bueno, el caso es que es todo un lujo de invitación.

Esto demuestra, Blanche, que nunca sabes qué te espera.

Justo cuando me estaba fallando la suerte.

Aparece un millonario de Miami.

No es de Miami. Es de Dallas.

El caso es que sea de alguna parte.

Si te vas a desnudar, haz el favor de correr la cortina.

No, ya no me quito más ropa por ahora.

Oye, Blanche, ¿has visto el abrebotellas?

Yo tenía un primo que abría las botellas de cerveza con los dientes.

Otra cosa no sabía hacer. Era un abrebotellas humano.

Hasta que una vez, en una boda, se rompió los dientes delanteros.

Después de eso, le daba tanta vergüenza que...

...solía escaparse a escondidas de casa cuando llegaban las visitas.

Lluvia del cielo.

¿Qué me dices? ¿Enterramos el hacha de guerra y sacamos la copa del amor?

No. No, gracias.

- ¿Por qué no te animas? - ¿Qué haces aquí dentro?

Espera un segundo. Quiero enseñarte algo.

Sólo me lo pongo en ocasiones especiales:

El pijama de seda de mi noche de bodas.

Cuando me llamen para decirme: "Ha tenido un hijo"...

...¡lo romperé para agitarlo en el aire como una bandera!

Ambos merecemos vestirnos de punta en blanco.

Tú vas a tener un millonario petrolero y yo un hijo.

Cuando pienso lo increíble que será volver a tener una vida privada...

...podría llorar de alegría.

¿Este millonario no se entrometerá en tu vida íntima?

No es como te lo imaginas.

Este hombre es un caballero. Me respeta.

Sólo quiere mi compañía.

Tantas riquezas sólo traen la soledad a veces.

Una mujer culta, educada e inteligente puede...

...enriquecer inmensamente la vida de un hombre. Yo le puedo dar eso.

Y eso no se lo lleva el tiempo.

La belleza física es efímera, es una propiedad temporal.

Pero la belleza de la mente, la riqueza del espíritu, la ternura del corazón...

Yo tengo todas esas cosas, y no se van, sino que crecen con los años.

Es curioso que me tacharan de mujer desposeída de todo...

...cuando tengo todos estos tesoros guardados en mi corazón.

Yo me considero una mujer muy rica.

Pero he sido estúpida, por arrojar mis perlas...

A los cerdos, ¿no?

Sí. A los cerdos.

Y lo digo por ti y por el señor Mitchell, que ha venido antes.

Se ha atrevido a venir todo harapiento a repetir tus crueles calumnias.

Así que lo he mandado a paseo.

Pero después ha vuelto. Ha vuelto con un ramo de flores para rogarme perdón.

Para implorar mi perdón.

Pero ciertas cosas son imperdonables.

¡La crueldad deliberada es imperdonable!

Es lo único imperdonable, según mi opinión...

...y lo único de lo que yo nunca...

...he sido culpable.

De modo que le dije: " Gracias.

Ha sido estúpido pensar que podíamos amoldarnos el uno al otro.

Nuestra forma de vivir es diferente, nuestros orígenes incompatibles.

Así que, hasta siempre, amigo mío, no nos guardemos ningún rencor".

¿ Y esto fue antes o después de recibir el telegrama?

¿El telegrama? ¿Qué telegrama?

- El hecho es que el telegrama... - El hecho...

...es que no existe ningún telegrama.

Y ningún millonario.

Ni Mitch ha vuelto a traerte rosas, porque yo sé dónde está.

Es todo pura imaginación, mentiras, engaños y tretas.

Mírate a ti misma.

Contémplate bien, con este raído disfraz de carnaval.

Alquilado a algún trapero por 50 centavos y esa extravagante corona.

¿Qué clase de reina te crees?

Ya sabes que desde el principio te calé bien...

...y que no me la has pegado ni una sola vez.

Llegaste aquí para rociar la casa con tus polvos y perfumes...

...y cubrir la bombilla con tu farol de papel.

Y fíjate, parece esto Egipto...

...y tú la reina del Nilo, sentada en tu trono...

...y empinando el codo. ¿Sabes qué te digo?

¿Me has oído?

Flores.

No.

No.

Ahora no.

- Operadora. - ¿Qué pasa con la conferencia?

Olvídese de la conferencia. Póngame con Western Union.

¿ Western Union? ¿Me oye? Anote este telegrama:

"Situación desesperada.

Atrapada en una trampa. Socorro. Atrapada en una trampa".

¿Oiga? Soy la operadora. Le paso con Western Union.

Western Union.

¿Oiga? Western Union.

¿Oiga? Western Union.

Aquí Western Union.

Oiga.

- Has dejado el teléfono descolgado. - Aquí Western Union.

Déjame...

Déjame pasar.

¿Quieres pasar? Adelante.

Échate a un lado.

Tienes suficiente sitio para pasar.

Tengo que salir. Como sea.

¿Crees que voy a impedírtelo?

¿Sabes? Tal vez no sea mala idea.

Atrás. No te me acerques ni un solo paso más o...

- ¿Qué? - Ocurrirá algo terrible. ¡Verás!

¿Qué vas a hacer ahora?

Te lo advierto. No lo hagas. ¡Estoy en peligro!

¿Por qué has hecho eso?

Para clavarte los cristales rotos en la cara.

- Apuesto a que eres capaz. - Claro que sí. Si tú...

Conque quieres pelea, ¿eh?

Muy bien, pues pelea tendrás.

Tigresa, más que tigresa. Suelta esa botella. ¡Tírala!

¡Escalera interna, amigo!

Dímelo en inglés, bigotes.

- Maldita sea tu suerte. - ¿Sabes qué es la suerte?

La suerte es sólo creerse con suerte.

Como en Salerno. Me creí con suerte. Calculé que cuatro de cinco...

...morirían, y que yo sería el que se salvaría.

Y ahora es mi regla: para ir primero en esta odisea de la vida...

...debes creerte con suerte.

- Serás... serás... ¡Fanfarrón! - Pero, ¿qué te pasa?

Siempre he dicho que los hombres sois insensibles, pero esto es el colmo.

- Parecéis una piara de cerdos. - ¿Qué le pasa a esa?

Venga, reparte.

- ¿ Y Blanche? - Bañándose.

¿Qué tal está mi niño?

Durmiendo como un angelito. Te he traído unas uvas.

- ¿Cómo está ella? - No quiere comer nada.

No paro de decirle que puede ir al campo a descansar.

Pero está tan confundida con sus cruceros y sus islas, con...

...Shep Huntleigh, aquel novio. - ¿Stella?

- ¿Sí? - Si llama alguien mientras me baño...

...apunta el número, que le llamo enseguida.

- Sí, Blanche. - ¡Ah, Stella!

Ve a ver si aquel traje de seda amarilla tan bonito está arrugado.

Si no está arrugado, me lo pondré. Y en la solapa...

...ese broche plata y turquesa en forma de caballito de mar.

Está en la caja en forma de corazón, con los complementos.

Oye, Stella, y a ver si me localizas en la cajita aquel ramo artificial...

...de violetas. Lo llevaré con el caballito en la solapa de la chaqueta.

No sé si he hecho bien.

¿Qué otra cosa ibas a hacer?

No podía creerme su historia y seguir con Stanley.

No debes creértela nunca. Tienes que seguir tu vida, cariño.

Pase lo que pase, todos tenemos que seguir adelante.

- ¿Stella? - ¿Sí, Blanche?

- ¿No hay moros en la costa? - No, cielo.

Corre las cortinas antes de que salga.

Dile que está muy guapa.

Ya las he cerrado, cielo.

Me acabo de lavar el pelo.

- ¿Ah, sí? - No sé si me he aclarado bien.

- Qué pelo tan bonito. - Ese es el problema.

- ¿Ha llamado? - ¿Quién?

- Shep Huntleigh. - No, cielo, todavía no.

- Qué raro. - Vamos, Mitch.

¿Mitch?

¿Qué ha pasado aquí?

¡Quiero una explicación de lo que pasa!

- Calla, por favor, Blanche. - Cielo...

¿Por qué me miráis las dos de esa manera?

¿Me pasa algo raro?

Estás estupenda, Blanche. ¿ Verdad que sí?

- Tengo entendido que te vas de viaje. - Sí.

Sí. Blanche se va de vacaciones.

Qué envidia.

Echadme una mano. Ayudadme a vestirme.

- ¿Es esta la que quieres? - Sí, esta me irá bien.

Qué ganas de irme de aquí. Esta casa es una trampa.

- Qué camisa lavanda tan bonita. - Es lila.

Os equivocáis las dos. Es azul Della Robbia.

¿Has lavado las uvas?

- Digo que si las has lavado. - Son del Mercado Francés.

Eso no significa que no haya que lavarlas.

Las campanas de la catedral. Es lo único...

...puro que hay en el Barrio Francés.

Ya me voy. Ya estoy lista.

- Todavía están jugando la partida. - ¡Espera, Blanche!

¿Tenemos que pasar delante de esos hombres?

Esperemos a que terminen la partida.

Sí, ven, siéntate.

Diles que esperen fuera.

¿Les importa esperar fuera un momento? Ahora salen.

Hay alguien que pregunta por Blanche.

Es para mí.

¿Es el caballero de Dallas que estaba esperando?

Sí.

Sí, cielo, yo creo que sí.

Aún no estoy preparada.

Dile que espere fuera.

¿ Ya están las maletas?

Stanley.

Enseguida sale.

- Te esperan en la puerta. - ¿"Me esperan"?

¿Son más de uno?

Le acompaña una señora.

No sé quién puede ser esta señora.

¿Cómo va vestida?

Con un sencillo traje de chaqueta.

¿Es posible que sea...?

¿ Vamos ya, Blanche?

- ¿Hay que salir por aquí? - Yo te acompañaré.

- ¿Qué tal estoy? - Preciosa.

Preciosa.

Por favor, no se levanten. Sólo voy a cruzar por aquí.

Usted...

...no es el caballero...

...que esperaba.

¡Este hombre no es Shep Huntleigh!

¿Se te ha olvidado algo, Blanche?

Sí. Sí, se me ha olvidado algo.

¿Qué le van a hacer ahora?

No permitas que le hagan daño.

- ¿Qué van a hacer con ella? - Cariño...

Hola, Blanche.

Dice que se ha olvidado algo.

Está bien.

Y bien, ¿qué se te ha olvidado, Blanche?

- Da igual. Lo recogeremos luego. - Lo enviaremos con el baúl.

A usted no la conozco.

No la conozco.

- ¡Quiero que me dejen en paz, por favor! - Vamos, Blanche...

Aquí no te has dejado nada salvo polvos de talco y frascos de perfume.

A no ser que quieras llevarte el farol de papel. ¿Quieres el farol?

Tú tienes la culpa.

- Basta ya, vamos. - Dejadlo ya, ¿queréis?

Está así por su culpa...

Este se ha vuelto loco.

¿Qué estáis mirando?

No la he tocado ni una vez.

Habrá que cortarle estas uñas. ¿Camisa de fuerza, doctor?

Tal vez no sea necesario.

Señorita DuBois.

Por favor...

No será necesario.

Dígale...

...que me suelte.

Sí. Suéltela.

Quienquiera que sea usted...

...siempre he confiado en la bondad...

...de los desconocidos.

- Blanche. - Déjala, cariño.

No me toques. No vuelvas a tocarme en tu vida.

¡Stella!

Ven, Stella.

No, no iré. Esta vez no volveré. Esta vez no.

Nunca volveré. Nunca.

¡Stella!

¡Stella!

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