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PASIÓN INMORTAL
ESTA ES LA HISTORIA DE CLARA, ROBERT SCHUMANN, JOHANNES BRAHMS Y
FRANZ LISZT, SE TOMARON LIBERTADES EN CUANTO A INCIDENTES Y CRONOLOGÍA.
LA HISTORIA BÁSICA DE SU VIDA
PERMANECE COMO UN CAPITULO REAL Y BRILLANTE DE LA HISTORIA DE LA MÚSICA
ÓPERA REAL DE DRESDEN
ACTUACIÓN EN NOMBRE DE AUGUSTUS FEDERICUS II, REY DE SAJONIA
SRTA. CLARA WIECK AL PIANOFORTE
10 DE MAYO DE 1839
Bien. Crescendo.
-Más crescendo. -SÍ, padre.
Es increíble, ¿no? Una pianista brillante para su música.
¿Cómo puede mover los dedos tan rápido, Sr. Liszt?
¿Es que no sonríe nunca?
Atención. Clara, presta atención.
¡Bravo!
¡Bravo!
¡Al rey!
Sonríe.
La Campanella.
Si no os importa, padre, me gustaría tocar "Tráumerei".
Quedamos en la Campanella.
Con el permiso de su excelentísima Majestad,
interpretaré la obra de un nuevo compositor, se llama Tráumerei.
¿Quién dijo que lo ha compuesto?
No lo ha dicho, majestad. Fue escrito por Robert Schumann.
¡Bravo!
¡Bravo!
¡Bravo!
Bravo.
Yo hago tu programa. Te comportas como una niña.
Te deshonras a ti misma e insultas a Su Majestad.
Discúlpeme, padre. Siento que no estéis satisfecho.
No estoy satisfecho. ¿Por qué te comportas así?
Lo hice por él, por Robert. lo hice porque le quiero.
¡Bravo!
¿Cómo ha sonado? No me lo digas, seguro que ha sido maravilloso.
-Clara. Clara. -Las flores y la tarjeta divinas.
Deberías haberme avisado. Cuando empezaste a tocar, casi me morí.
Papá casi ha muerto. Se lo he dicho.
-¿Lo he hecho bien? -Estoy asustado.
-Srta. Wieck, ha estado maravillosa. -Gracias.
-Música de verdad, Sr. Schumann. -Gracias.
-Robert. -Clara, te quiero, te quiero mucho.
Sr. Schumann, me gustaría hablar con usted.
-Ya me lo imaginaba. -Srta. Weck, por favor.
En nombre de Sus Majestades mis tíos, quiero felicitarla.
Nosotros... nosctros...
Hemos escuchado.
La escuchamos tocar con el mayor interés. Gracias.
Gracias, Su Alteza Real.
La última pieza fue maravillosa. Creo que usted también...
Gracias.
Nuestro carruaje se va en unos minutos. Prepárate.
Creí que bamos a cenar en el Metrópole.
Lo lamento, pero debemos imos a Leipzig. Vamos, ve.
Y coge mi abrigo y mi sombrero.
Creo que Clara le dijo que nos amamos. Y yo se lo confirmo.
Y yo me opongo. Ya lo sabía, ¿no?
Nos queremos casar. Y seríamos los más felices si lo aprobase.
Le puedo dar muchas razones por las que no consiento.
Tiene 10 años más que ella, y ella aún no debería casarse.
Su carrera es lo más importante.
Debería casarse con un hombre con medios.
o al menos, con un hombre con conocimientos financieros,
que supiese conservar su capital aunque no pueda mantenerla.
No debería casarse con alguien de la misma profesión.
Sus carreras entrarían en conflicto.
O silo hace, debería ser con un hombre con talento,
o al menos, comparable con el suyo.
No es justo. Profesor Wieck, estudié muchos años con usted,
viví en su casa, conoce mi trabajo.
Vivió en mi casa y conspiró a mis espaldas.
-Eso no es verdad. -¿ Y cómo lo llama usted?
Así es, señor, pero nos vamos a casar.
Sus razones están bien, supongo. Sé que soy mayor que ella,
soy desconocido, ella famosa y todo eso.
Podría mencionar la posibilidad de hacerla feliz.
¿Cuándo lo ha intentado? Le he visto dominarla,
acabar con su espíritu, como si lo disfrutase.
Le he visto obligarla a llevar trenzas hasta los 17 años.
para que se avergonzara que la vieran por la calle.
¿Por qué? Eso significaba más beneficios para sus conciertos.
Entiende de talento, no se lo cuestiono.
Entiende el suyo como su propia mina de oro.
Y esta es otra razón por la que no quiere perderla.
Robert.
Vuelva a Leipzig, recoja sus cosas y váyase de mi casa.
-Está bien, señor. -Si él se va, yo también.
Entonces verás que te obligarán a obedecerme.
-Sr. Schumann, aún hay leyes. -¡Por supuesto, Prof. Wieck!
Denos nuestra libertad, excelencia.
La libertad de vivir juntos, bajo un mismo cielo.
Y morir, si debemos,
juntos, donde nuestras manos se puedan tocar.
Le amo, orgullosa, modesta y etemamente.
Os lo suplico. Le quiero tanto.
Me pregunto, señorita, si esta corte ha juzgado
durante mucho tiempo, el odio del ser humano
y que ahora se encuentre indefenso e indeciso ante el amor humano.
Su padre, a pesar de sus faltas, ha probado ser un excelente guardián.
¿Y qué sabemos del Sr. Schumann?
Que usted le ama, eso es todo. Puede sentarse, Srta. Wieck.
Prof. Weck, levántese, por favor.
No le diré que me gusta decidir a su favor...
¡Silencio! ¡Silencio!
Pemiso para intervenir, excelencia.
-Franz Liszt. -Franz Liszt.
Posiblemente, yo podré aclarar el punto de la discordia.
-¿Cómo se llama? -Franz Liszt.
Con el permiso de los espectadores, seguiremos con el proceso.
Haga su declaración lo más brevemente posible.
La habilidad del Sr. Schumann parece importante.
No sé qué pensará el Prof. Wieck de mi juicio.
O de mi habilidad.
En cualquier caso, no me ciega la pasión por el Sr. Schumann.
¡Silencio! ¡Silencio!
A mi parecer, es un compositor con un futuro brillante.
El mes pasado recibió un diploma en música por la Universidad de Viena.
No entiendo esta conversación sobre el fracaso.
El Prof. Wieck estaba presente, cuando su hija tocó
una de las composiciones del Schumann en un concierto reciente.
Si al Prof. Wieck no le entusiasmó, sí que lo hizo a Sus Majestades.
Bravo.
Y como muchas personas estarán de acuerdo con Sus Majestades,
personalmente, tengo esperanzas en cuanto al Sr. Schumann.
Eso es todo, excelencia.
-¡Bravo! -Bravo.
En la alegría y la tristeza, en la riqueza y en la pobreza,
en enfemedad y en salud, para amar y respetar
hasta que la muerte los separe.
-Robert, es preciosa. -¡Bien!
-¿Subimos? -Subimos.
-¿Aquí? -No, más arriba.
No me importa nada subir escaleras.
¡Qué bien!
¡Qué casa tan altal
-¿Cuantos más? - Ya no hay más.
Tu nuevo hogar.
Lo siento.
Robert, eres muy cariñoso.
Robert, me encanta.
No es un lugar tan grande como para podemos perder.
Va a ser fácil cuidar y estar sienpre uno al lado del otro.
No nos podemos separar ni que queramos.
-¡ Y estamos tan arribal -¡El aire es bueno!
Me encanta estar tan arriba.
MI DIARIO
Es todo lo que puedo darte. Los días de mi vida.
Días felices, otros días, mis pensamientos.
Como el sol aparece cuando estás de pie.
y como se va cuando dices buenas noches.
Soy yo. Y es tuyo.
¿Conoces un poema llamado "Dedicación"?
Le he puesto música.
Eres mi alma, mi corazón.
Mi aflicción, mi alegría.
Mi otra mitad.
Eres mi sueño, mi realidad.
El espejo de mi vida del cielo, la tierra, la etemidad.
Es un regalo de bodas, lo he escrito para ti.
Es todo lo que te puedo dar.
No tengo palabras para decirte lo bonito que es.
PROFESOR SCHUMANN
-¿Puedo hablar con el Prof. Schumann? -Está ocupado.
Acabo de venir de Dresden. Tengo una carta para él.
Ya veo. Está dando una clase de música.
Entre.
Puede esperarle aquí.
Puede tardar algunos minutos.
¿Es esa manera de tratar a un bebé?
¡La cojo yo!
Deja que la coja yo.
¡La cojo yo!
¡La cojo yo!
¡No! ¡La cojo yo!
Esta gallina es mía.
¡Es míal
¿A cuántos has contado?
Vamos, cariño, no te muevas más Quieta con los pies. Mojarás el suelo.
-¡La hemos cogido! -¡Se subió a un amario!
Nos ha atacado. Ha intentado matamos.
Lo decís para que no os castigue. ¿Quién la dejó escapar?
-¡Fue ella! -No es verdad. Fuiste tú.
-¡Yo nofuil -¡Sí lo hizo!
¿Cómo se puede trabajar así en esta casa?
Si lo descubres, dímelo.
Corriendo por toda la casa durante una hora.
Lo siento, Robert, alguien abrió la jaula de la gallina.
-No sé quien ha sido. -Es imposible. ¡Niños! ¡Niños!
No los podemos vender a los gitanos, no los aceptan.
Robert, es Nochevieja, tenemos invitados a cenar.
Estamos ocupados. Tenían que coger la gallina.
-Está bien. -Ferdinand, el siguiente.
Quítate la ropa.
Niñas, vamos. Marie, Julie, ayudadme a cogerlo.
¡Ferdinand! ¡Ferdinand!
-Bertha, quiero hablar con usted. -Le escucho.
Mi esposa tiene mucho que hacer.
No es culpa mía que hayan tenido tantos hijos.
Claro que no.
Perola Sra. Schumann es una artista.
No debería ocuparse tanto en dar baños a los niños,
barriendo suelos, haciendo camas.
¿ Y por qué una artista tiene tantos hijos?
No toque ese pastel. ¡La gallina!
Lo que quiero decirle es que..
quiero que en un futuro no tenga que trabajar tanto.
¿Está diciendo que no trabajo bastante?
-No. -¿Cuántas manos cree que tengo?
¿O prefiere ver mis juanetes?
-Bertha, realmente... -¡No trabajo bastante!
Cada noche pongo los pies en una cubeta de agua caliente.
Luego, los masajeo con aceite.
Me levanto por la mañana, cuando aún está oscuro.
Voy de un lado a otro de la mañana a la noche.
-¡ Y no trabajo bastante! -De verdad, Bertha...
Por mucho menos, Profesor, yo...
Está bien, Bertha. No la culpo, la entiendo.
Pero sé que tratará que todo vaya mejor en un futuro.
Cuento con usted.
Bertha.
¿Qué hacemos ahora? ¿Ponemos a extraños a trabajar?
Profesor Schumann. Tengo una carta para usted, señor.
Bertha. Ven, Félix, querido.
¡Bertha! ¡Félix!
¡Berta! ¡Qué bonito!
Ya se lo he dicho, Prof. Schumann.
Lo lamento. ¿Hace tiempo que espera?
No pasa nada. Sólo se ha olvidado de mí.
Joachim.
-¿Cómo está? -Estaba bien cuando le dejé.
Siéntese, por favor.
Prof. Schumann, no hay nadie con quien me gustaría más estudiar.
Sé que soy joven...
Eso no importa. Joachim lo aprecia mucho.
Ya tengo bastante. Toque algo que haya escrito.
Es una rapsodia.
¡Continúe! ¡Continúe!
Clara, ven aquí. Escucha. Es mi esposa.
Por favor, continúe.
Quítese el abrigo, estará más cómodo.
-¿Quién es? -Un compositor. Lo envía Joachim.
Sí, Robert, ¿pero, quién es? ¿Quién?
Brahms. Johannes Brahms.
Vamos, continúe.
Gracias.
Quisiera poder escribir algo así.
Es diferente, extraño. Un nuevo tipo de música.
Es magnífica. ¿Por qué quiere estudiar conmigo?
-¿Está bromeando? -No.
Prof. Schumann, desde que aprendí a tocar...
desde que oigo música, supe lo que era.
Su música.
Quiero estudiar con usted.
Será porque le respeto más que a ningún otro compositor en Europa.
Debe saber que algunos músicos comparten su entusiasmo.
Y algún crítico de ciudades sin importancia.
De vez en cuando, recibimos bonitas cartas.
Vamos viviendo. Doy clases y hago críticas para algunas publicaciones.
Y sigo escribiendo mi música. Esperamos.
Espero que vivamos lo suficiente.
Esta es una casa grande. ¿Quiere vivir aquí mientras estudia?
Eso me gustaría.
Puede pagar su hospedaje, espero.
El bebé. Olvidé de alimentario.
-¡Bertha! ¡Bertha! -¿No trabajo bastante?
Cada noche, pongo los pies en agua caliente.
Diez años trabajando en esta casa,
y lo único que ha quedado de mi son pellejos y sebo.
-Bertha, ¿De qué está hablando? -¡Pregúntele a ese hombre!
Bertha, Bertha, ¡no...!
-¿Qué has hecho? -Yo... no...
Tenemos una cena para esta noche.
Te juro que tuvimos una discusión, pero llegamos a un acuerdo.
-¿De verdad? -Palabra de honor.
Durante la discusión, no le diste con una sartén en la cabeza, ¿no?
-No. -Los hombres no entran en la cocina.
Ocho personas. ¿Qué haremos?
Robert, ponte el abrigo y ve a decirles que lo cancelamos.
¡Pero es Nochevieja!
¿No podríamos, el Prof. Schumann y yo...?
¡Brillante! Los dos. -¿El qué?
-Haremos la cena. -¡No!
No tendrás que levantar ni una mano. Ni entrar en la cocina.
Robert, no puedes hacer esto a nuestros amigos.
Vamos quitamos las chaquetas.
¡Camel
¡Patatas!
Bertha no ha matado la gallina.
La gallina para la cena.
-¿Matarla? -No podemos comémosila viva.
No tiene mucho secreto. Basta con cortar la garganta.
¿Adqué esperas, Robert?
¿No quita nadie las plumas antes?
¡Qué boberíal
Vamos, cógela por las piernas.
Soy un profesor de música, no un asesino.
-Hazlo tú. -¿ YO?
Es sólo cortar la garganta.
No seas tonto. Hace falta fuerza. Es un trabajo para hombres.
Yo lo haré.
Sr. Brahms, vi que era valiente en cuanto dijo que viviría aquí.
-¿Está la hoja bien afilada? -Lamento que sí lo está.
Voy a buscar el vino.
No vas. Si yo puedo aguantar esto, tú también.
-Ha puesto un huevo. -¿Cómo? ¡Clara!
-¿ Ya se ha acabado? -Ha puesto un huevo.
Ahora será difícil poder matarla. No seria adecuado.
Pobrecita. Pobrecita.
La debe haber asustado. No te preocupes.
Puedes poner los huevos que quieras.
No quería decirlo, pero, ¿Qué vamos a comer?
No hay bastante con ese para hacer una tortilla para 11.
Bien, si no les importa, como regalo de Nochevieja,
viniendo vi una camicería y tenían un ganso.
Les juro, amigos míos, que el ganso estaba muerto.
-Las 12. -Media noche.
¡Feliz Año Nuevo!
¡Feliz Año Nuevo, Brahms!
¡Feliz Año Nuevo!
¡Feliz Año Nuevo!
-Con cuidado, por favor. -¿Qué es esto?
-¡La hora de las brujas! -¿Quién tiene los soldados de plomo?
¡Aquí están!
-¡Pobres peces! -Estarán bien.
¡No en la tetera del cafél ¡Estarán toda la noche despiertos!
¡No te preocupes!
¿Jugarán a los soldados?
Es tradición. Los derretimos y después decimos la fortuna.
Sra. Sneiper, apague las luces.
¿ Ya llegas? Ya lo hago yo.
-¿ Ya está, Heller? -Listos. ¿Quién va primero?
Clara, ¿quién si no?
¿No hay un fantasma viejo en algún lugar?
¡Cuidado!
-¡Es una cunall -Vamos, ¡Sra. Heindles!
Es una caja de diamantes.
-¿Cuándo cumple años? -¡Es un corazón!
Bonito, un corazón. Eso quiere decir felicidad.
-Usted es el próximo. -Oh, no.
Vamos, Johannes, vamos.
-Puede ser una rueda de coche. -¡Es una coronal
-Una corona perfecta. -No sería un buen rey.
¿Por qué no? Beethoven fue rey.
-¡Eres el siguiente, Robert! -Está bien.
Vamos, Robert. Consigue una ciguieña.
-¡Una cunal -Una cigueña.
-Con pañales. -¡No digáis esol
No digáis eso.
¡Cuidado! ¡Cuidado!
¡Abracadabra! ¡Abracadabra!
Una orquestra de 100 personas, tocando la obra de Robert Schumann.
¡En trajes de galal
-¡Parece un ataúd! -¡Qué bobería! Es un baúl de dinero.
-Seremos ricos, Robert. -Puede ser cualquier cosa.
Toque alguna cosa.
Su tumo, Elsie.
Hay algo que está mal con el piano, ¿no?
¿Qué quieres decir? Es muy bonito.
Gracias, Clara.
¿De que?
No lo sé.
No puedo estudiar piano, tío Brahms. Mamá duerme en la sala.
Nunca antes ha dormido por la tarde.
-Será que no la dejáis. -¿La despierto?
¡Por Dios, nol Ha tenido una mala noche.
Pero, entonces, ¿qué hago?
Hazme los botones.
-¿Cuál eres tú? Julie.
¿No sabes abrochar un botón?
-jJulie! -¿Qué pasa?
¡Tus ojos!
Te pareces mucho a tu madre.
Para mí, no se parece a nadie. Aún es demasiado pequeña.
Marie, tú tampoco eres tan mayor.
Apuesto a que no sabes ni vestir a Julie.
Claro que sí. Vamos, Julie.
-¿Qué hace usted aquí? -Soy el nuevo ayudante.
Vine a buscar mi salario.
Bien, siéntese, Bertha. No tardarán.
¿Cómo sabe mi nombre?
Bertha, he oído hablar mucho de usted.
¡Esta no es forma de lavar un plato!
Por lo que dicen, no espere mucho de mi trabajo.
¿Qué quiere decir?
Que era muy cuidadosa, como se encargaba de todo tan bien.
¡Torpe!
¡Tonto! ¡Uno de sus mejores platos!
No me critique. No tengo experiencia.
Hago esto sólo para poder estudiar con el Prof. Schumann.
-No se lo dirá, ¿no? -¡Idiota! No, no se lo contaré.
No significa nada. Ya no trabajo aquí.
Gracias, Bertha, gracias.
Sé cómo la escuchan. Dicen que no hay ninguna como usted.
Como la Sra. Schumann lloró cuando usted se fue.
¿Lloró? No debería haberme ido tan de repente, supongo.
-¿Como fue la fiesta? -Terrible. Lo estropeé todo.
No sé cuantas veces dijo el profesor la cocinera maravillosa que era.
-Una y otra vez. -¿El Prof. Schumann dijo eso?
Sí, dijo que era como perder a un miembro de la familia.
La señora dijo que cuidaba a sus hijos como si fueran suyos.
Y esos niños, Bertha, esos pobres niños.
Of Ludwig, rezando. Y decía:
""Por favor, Dios, cuida de Bertha.
"Coge un pequeño algodón de las nubes y envuélvelo en sus pies,
"para que no le duelan tanto."
Ludwig, ¡ese mocoso!
-¿Qué va a hacer con eso? -Cocinarlo.
Necesitan comer, Bertha.
-¿Ha hecho un asado antes? -No, pero lo voy a intentar.
¡Deme esto!
-Bertha, no vuelve a trabajar, ¿no? -No pienso dejar que los envenene.
¿Y qué hago yo?
Le va a dejar estudiar con él. El es así.
¡Salga de mi cocinal
¡Bertha! ¡Ludwig, Bertha ha vuelto!
¡Bertha!
¡Bertha!
¡Bertha!
¡Me alegro mucho que hayas vuelto!
Bertha ha vuelto.
Lo siento, creí que habías parado de trabajar.
Estaba pensando.
Deberías poner una bandera, Robert, porque así sabría
si estás pensando o sólo estás sentado aquí.
Tengo dolor de cabeza, Clara.
En 30 min. debo empezar a meter música en la cabeza de unos ineptos.
Y estoy intentando encontrar tiempo para acabar esta ópera idiota.
¿Es el mismo dolor de cabeza que has tenido estas últmas semanas?
Claro que no. ¿Por qué dices que es el mismo?
Tengo dolor de cabeza y se me pasa. Después viene otra vez.
¿Por qué eres tan boba de llamarlo el mismo dolor de cabeza?
-Es un dolor diferente. -Lo siento, Robert.
¿Recuerdas al empresario Haslinger?
Quería que hiciera un concierto en Colonia.
Es el mes que viene. Serán como unas vacaciones.
Johannes cuidará de los niños y nos iremos con Bertha y el bebé.
Tocaré tu Camaval, se me lo permites.
Ni siquiera sé si aún puedo tocar.
Piénsatelo. 2 mil $ sólo por un concierto.
Los voy a derrochar. Me compraré un abrigo de piel. El más caro.
Vas a pagar mis deudas.
Nuestras deudas.
-Robert. -No quiero hablar de ello ahora.
Es como si no pudiera manteneros.
-"Fausto" lo pagará todo, lo sabes. -¡Claro que sí!
Es una ópera. Es lo más grande que has hecho.
Y aún no la has terminado. No puedes correr.
Y nadie me va a escuchar. ¡Vamos! ¡Dímelo!
No te lo diré. No es verdad.
Ya firmaste con Haslinger. Y me lo estás contando ahora.
-Me lo acabo de encontrar. -¡No me trates como a un niño!
Soy adulto. ¡Me debes respeto! ¡No me mientas más!
Lo siento mucho.
Está bien, Robert. Me puse en contacto con Haslinger.
No te lo conté porque sabía que no me dejarías.
Ya no podía aguantar más.
Viéndote cada día, año tras año, luchando para ganar dinero.
Trabajando, matándote. ¿Para qué?
Por mí, por los niños, para el casero.
Robert, escúchame. Gano dinero fácilmente.
Porqué soy pianista, sólo ejecuto, tengo un tipo de personalidad
por la que la gente está dispuesta a pagar.
Lo que hago, se oye hoy pero mañana estará olvidado.
Pero tú creas, Robert. Lo que tú haces durará para siempre.
Si hoy no ganas dinero, ¡eso no es importante!
Debes ser libre para escribir tu música.
Música que nadie escucha.
Música que los ángeles estarán orgullosos de cantar.
¿Se ha olvidado de algo?
Nunca la vi tocar tan rápido antes. ¡Mira sus dedos!
¡Bravo!
¡Bravo!
¿Ha creído el público que he enloquecido?
Creyeron que has estado maravillosa. Y lo has estado.
Creyeron que iba directa a un incendio.
Srta. Wieck... Sra. Schumann, le ofrezco una fortuna.
Menos su comisión del 20%.
30 mil $ con todos los gastos pagados.
No me escucha. Londres caerá a sus pies. París...
Sr. Haslinger aprecio su entusiasmo por la geografía
pero tengo siete hijos, un marido...
Qué bobería. ¿Qué estaba diciendo?
Una mujer como usted pertenece al mundo,
-no a una guardería. - Ya está bien, Sr. Haslinger.
Está bien. No deberá luchar por las concesiones.
Pago todos sus gastos. Traiga a sus hijos y a su marido.
No estoy interesada en sus concesiones, ni en los conciertos.
Quería dar un concierto y lo hice.
Mis hijos me necesitan, mi marido me necesita.
Acaba de terminar una ópera. Hertel la está escuchando ahora
y esperamos noticias de él, en cuanto lleguemos a casa.
Por última vez, no haré esos conciertos.
-¡Sra. Schumann! -¡ Ya bastal
¡Y no tire las cenizas al bebél
ENFERMEDAD CONTAGIOSA
¡Robert! ¡Cuarentena! ¡Están enfermos!
¡Johannes!
¡Johannes! ¡Mare! ¡Ferdinand!
¡Mamá! ¡Ferdinand, despierta!
Marie, ¿quién está enfermo?
Mamá, ¡por fin habéis llegado!
-¿Dónde está Julie? -¡Arriba!
¿Por qué? ¿Quién ha hecho esto?
-El tro Brahms. -Julie está enferma.
Julie tiene el sarampión.
El tío Brahms dice que parece un leopardo.
Tío Brahms puso esto para que no subiéramos y lo cogiéramos.
-¿Puedo yo también tener sarampión? -Estate quieto, Ludwig. Johannes.
Todo va bien, Clara. No tienes que cogerlo tú.
-Tengo que verla. -¿Por que?
El médico la acaba de ver, dice que está bien.
No quieres que ellos lo cojan por ti.
-Piensa en el bebé, Clara. -¡Mamá! ¡Mamá!
No se preocupe por ella. Seré yo quien no sobreviva esta noche.
-¿Cómo fue el concierto? -Todo bien.
¡Quiero el sarampión! ¡Quiero el sarampión!
-¿Habéis cenado? - Yo he cocinado.
Tío Brahms me explicó como por la escalera.
Pobre tío Brahms. Vamos, ala cama. ¡Vamos!
Corred, corred.
Ése es mi lado.
No, es mi lado.
Aún no.
Aún no puede haber llegado. Pongamos a los niños en la cama.
-¡Mami! ¡Mami! -Ve tú, me pondré a trabajar.
Robert, olvídate de Haslinger, es un bobo.
-Tío Brahms, tengo frío. -Es por la fiebre que tienes frío.
Si la fiebre es caliente, ¿por qué tengo frío?
Vamos, deja de hablar. Ahora es hora de dormir.
-¿Vas a tener tu también sarampión? -No, ya lo tuve.
Vamos, estate quieta ahora.
Quiero beber agua.
Con limón.
Azúcar.
Gracias, tío Brahms, beberé después.
Tápame.
-Coge mi mano. -Julie, debes domir.
Coge mi mano.
-¿Te gusto? -SÍ, Julie.
¿Te gusto más que Marie?
Me gustáis todos.
¿Te gusto más yo o mamá?
A un hombre le gustan los niños de una manera,
y alos adultos de otra, Julie.
-Mamá me quiere. ¿Tú me quieres? -Claro, Julie.
¿Quieres a mamá?
¿La quieres?
Ya te he dicho que es diferente con los adultos. Y ahora, duérmete.
-Cuéntame más historias. -Ya no sé más.
-Puedo tocarte música. -Está bien.
¡Tío Brahms! ¡Tío Brahms!
-¿Sí, Julie? -Buenas noches.
Buenas noches, Julie.
¡Julie! ¡Julie!
¿Ludwig? No. ¿Julie? No.
¡Marie!
¡No vale! ¡No vale! ¡Mamá no cuental
¡No quiero ver al médico! ¡ Ya estoy bien!
Venga, vamos.
-Aquí tiene. -A ver. Abre la boca.
Saca la lengua. Di "A".
-Gracias. -¿ Ya me puedo ir?
Espera. ¿Comes caramelos?
Espera un momento. ¿Qué se dice?
¡"A"!
Nunca para de trabajar, ¿no?
Una pieza curiosa. ¿En qué está trabajando?
Esperamos noticias sobre la ópera.
Es algo en lo que... ¿Por qué no va a verlo?
-¿Qué ocurre? -Nada. Unos dolores de cabeza.
Hable con él. Como si estuviese de visita social.
Se pone furioso en cuanto menciono la palabra "médico".
Eso es nomal. No se preocupe, seré sutil.
-Buenos días, Dr. Hoffman. -¿Le molesto?
De ninguna manera. ¿Cómo está Julie?
Perfecta. Con sus hijos tan sanos,
pasaran meses antes de tener la oportunidad de verle.
Está muy oscuro aquí. ¿Le molesta la luz?
-Un poco, cuando trabajo. -Trabaja mucho.
¿Qué música estaba tocando? Sabe que soy un músico frustrado.
Una melodía extraña. Puede que sean las disonancias,
pero no se parece a nada de lo que acostumbra a hacer.
Así es.
Está basado en un poema que encontré el otro día.
Se llama "El bosque maldito". Aquí está.
Eso es si le interesa. Justo aquí.
"Las flores crecen altas y blancas, como si estuvieran muertas.
"Una sola, en medio de las otras, florece de color rojo escarlata."
Alo mejor puede seguirme. Continúe.
"Ese rojo, no es como el rojo bronceado del sol
"ni como el brillo de la mañana.
"Sus raíces beben de la sangre de los hombres.
"que empapan la tierra de abajo"
Bastante dramático. Le debe haber fascinado.
La idea.
No lo sé. Una flor enpapada de sangre, separada, sola.
Es duro, pero eso también pasa a las personas a veces, ya sabe.
- Y no dirán que lo he plagiado. -¿Lo dicen?
- Ya sabe que sí. -¿Quién?
¡Personas! ¡Personas! ¿Cómo sé quién son?
Espero no parecene tan idiota como me lo parezco a mí mismo.
Es como el "do" que tengo en la cabeza que no lo hace menos real.
-¿El qué? -El "do". Do, do, do, do.
Es una mancha en el pentagrama, se cuela en la música
y ahora se ha metido en la mía. Así: do, do, do, do.
-¡Es un tormento! -Siéntese.
Tiene dolores de cabeza, ¿no? ¿Dónde?
¿Esto le duele?
No donde está tocando.
¡No me torture más!
¡Ustedes, los músicos! Me alegro de ser uno de frustrado.
Un médico no se excita por algo a no ser que sea por la vida o la muerte.
Descanse de tanto trabajar, ¿me oye? No puede trabajar de esta manera.
Los nervios de nadie lo aguantarían.
Descanse, es lo que le digo.
Le enviaré algo para los dolores de cabeza. Tómeselo.
Le volveré a ver en unos días.
Doctor.
-¿Qué piensa? -Trabaja demasiado.
-¿Está siendo amable conmigo? -¿Quién está siendo amable?
Tome. Un sedante.
Está sano. Cuide que no trabaje tanto, que duerma y descanse.
No tiene nada grave. Volveré el viernes.
¿Para ver si aún no tiene nada grave?
Su hemana se volvió loca y se suicidó.
-Tiene miedo, ¿verdad? -Clara, ¿de dónde saca ese valor?
Le amo, doctor. Se sabe todo de una persona cuando se la ama.
-Disculpen. -No, Johannes, quédate.
El doctor dice que Robert tiene neurastenia.
- Yo no he dicho eso. -Cuidado, puede oírle.
No sabemos nada con certeza.
La neurastenia ocurre en el cerebro. ¿Sabemos qué ocurre en el cerebro?
Casi nada, aún.
Pero a él si le conocemos. Sabemos que es un genio.
¿Y qué sentirá el espíritu que alberga al genio?
Toda su vida con algo dentro que quiere salir y inundar el mundo.
Si fuera mediocre, ¡sería tan fácil!
¿Hay posibilidad que consiga algún éxito?
¡La óperal
No puedo hacer nada más por él como médico.
Manténgalo tranquilo. La veo el vienes.
-Johannes. -Hertel, la ópera.
No es posible.
¿Por que?
-Por favor, no llores. -No aguanto más.
Muchas cosas dependen de usted.
-¿Cómo voy a decírselo? -No lo hagas. Lo esconderé.
Di que aún no ha llegado. Me encargaré del resto.
Pero no...
PARA MIS AMIGOS CLARA Y ROBERT
CON MI MÁS PROFUNDA ADMIRACIÓN. FRANZ LISZT.
Habla usted como si le pasara algo grave a Robert.
Es un tipo extraño, Sr. Brahms.
Un compositor normal me traería su propia música.
No sabe lo que han hecho el Prof. y la Sra. Schumann por mí.
¿Ella sigue siendo tan hermosa como era?
Supongo que sí.
Siempre sentí debilidad por ella. Lo puedo entender.
Clara no lo sabe. No me delatará, ¿verdad?
¡Mujeres! ¡Mujeres!
Tengo una idea.
Princesa Hohenfels, el Sr. Brahms.
-Enchantée. -Me siento honrado.
No deje que le confunda. Se casó con un príncipe,
es todo el francés que sabe.
Escucha, querida.
¿Sería raro si te pidiese insinuarte a alguien con un buen propósito?
No a él.
-¿A otra persona? -Dije: "con buen propósito".
Mañana por la noche, al Sr. Reinecke.
-¿Quién es el Sr. Reinecke? -No es tu tipo.
Los pocos pelos que tiene, están confinados en sus patillas.
Es el mejor director de orquestra. Es quien nos va a ayudar.
Reinecke. ¿Cuándo llega la sorpresa? Siempre sale con alguna sorpresa.
Lo lamento.
Ahí está sus sorpresa.
¡Bravo!
¡Bravo!
Gracias.
Me gustaría tocar algo que no se ha escuchado en público.
Una paráfrasis arreglada por mí con una superba melodía.
"Dedicación", de mi estimado colega, el Prof. Schumann.
Mi regalo de boda.
Dedicado al amor. Dedicado a la pirotecnia.
Es muy interesante.
¡Bravo!
¡Bravo!
-La princesa Hohenfels. -Un honor.
Enchantée.
¡Qué técnica, Sr. Liszt! No sé qué decir.
Es mejor que no diga nada. Sería un sacrilegio
ante la presencia de la reina de la música.
Hace mucho tienpo que no la oigo tocar, Clara.
¿Hay algún modo de persuadira, Robert?
Me encantaría, Franz. Si es para ti.
Eres un artista brillante, Franz. Te envidio.
Me gustaría poder traducir algo en una experiencia maravillosa.
De vez en cuando llega un pequeño momento que
parece desafiar tal traducción.
¿Entiendes lo que te digo, Franz?
Las cosas más pequeñas, las maravillas y la magia.
Dos corazones que parecen nacidos el uno para el otro.
Las cosas insignificantes.
El amor, Franz, tal y como es.
Sin falsas ilusiones ni tempestades.
Sin pecado ni resplandor.
Sin crujido de sedas,
ni rebrillar de las joyas de Francia.
Sólo amor, sin adoos.
¿Sabes lo que quiero decir?
Tengo hambre, Robert. Llévame a cenar.
¿Vienes, Johannes?
¡Esa mujer te ha insultado!
Ha hecho más que insultarme. Me ha descrito.
¿No lo diría usted también, Sr. Reinecke?
¿Y vas a aceptar sus insultos?
Vete, querida, encanta a alguien.
Siempre me veo alrededor de hombres mejores que yo.
El Prof. Schumann es extraordinario.
Debería ver su último trabajo, sería ideal para el Gewandhaus.
Puede que consiguiera que él mismo lo dirigiera.
¡Enchanté!
Bertha, adivine. ¡Naranjas, directas de España!
¿No es fantástico? Y en medio inviemo.
¿Problemas con los pies?
-Se va. -¿Quién?
El Sr. Brahms. Está haciendo las maletas.
¿Haciendo las maletas?
-Johannes. -Buenos días.
¿Qué estás haciendo?
Ya sabías que tenía que pasar algún día.
-¡Que idiotez! -¡Clara!
No os puedo incomodar para siempre.
No hables así, por favor, pareces un tonto.
-Pero no puedo. -¿Qué haremos si te vas?
Debería contratar a una niñera, una cocinera, un gerente.
No tenemos dinero. Para con esto.
Nunca podríamos comprar a un amigo como tú
-En ningún mercado. ¿Qué ocurre? -Por favor, Clara.
¡Te quedaste con nosotros en los momentos difíciles!
Ahora todo va mejorando.
Robert dirigirá él mismo "Fausto" en el Gewandhaus.
Ahora es una bobería que te vayas. ¿Qué ocurre?
No puedo decirte el porqué. Simplemente, debo irme.
¿Es por los niños? No puedes trabajar bien con ellos.
No te culpo. Son insoportables.
No sé si podré trabajar sin ellos.
¿Robert te dijo algo?
Ya sabes cómo es, a veces, se pone furioso.
-Hasta se enfada conmigo. -Por favor, Clara.
Has tenido que oír algo. ¿Dije yo alguna cosa?
La otra noche. Cuando bromeé sobre tu ropa.
Pareces un oso falso. ¡Mírate!
Esto lo arreglaré después.
Dejar tus estudios con Robert. Te lo prohíbo.
Te quiero, Clara.
Te quiero desde el primer día, cuando entraste en la habitación
y yo estaba tocando y Robert estaba escuchando.
Lo he intentado. Lo he intentado todo.
Pensaba que era porque estaba solo y que ya lo superaría.
El único hombre en este mundo.
No lo puedo evitar. Aún te quiero.
Ya no puedo vivir más aquí.
Te echaremos de menos, Johannes. Mucho.
¿Te gusta?
Mucho.
En cuanto me alejé de Franz, me lo imaginé.
Pensé en llamarla "Arabesque".
Johannes se va.
Temía que eso ocurriera.
Está enamorado de ti.
-¿Te lo ha dicho? -Claro que no.
Tedos lo sabían. Menos tú, supongo.
¿Qué esperabas? Caminas como un ángel.
Inocente, ocupada, brillante.
Te vuelves tan necesaria para las personas que les choca
cuando descubren que no pueden vivir sin ti.
¿Qué vamos a hacer con él?
Envenenarlo, dispararle, enterrarle bajo la casa.
Robert.
Escucha, esto ocurre. No pasa nada.
Las personas se enamoran de cosas que saben que nunca tendrán.
Soy tan infeliz.
Pobre Clara.
Tal vez me equivoque. Lo superará. Es joven.
Es muy bueno. También tendrá suerte.
Y además, no ha estado a tu lado tantos años como yo.
Vamos, Robert. Vamos para casa, ahora.
Vamos.
No, por favor. Puedo sola. Por favor, siéntese. Siéntese.
Cuando vaya a verle, tenga cuidado con lo que dice.
No ha visto a nadie en meses, no desde que intentó suicidarse.
Pero está mejorando. ¿No es verdad, doctor?
He esperado mucho tiempo. Me escribió que estaba mejorando.
Está en lo cierto. Pero en estos casos, nunca se sabe.
Hay días malos y días buenos.
-¿ Y hoy? -Es un buen día.
Espere un momento. Me quitaré el sombrero.
Está acostumbrado a verme sin.
Es un jardín muy bonito, Robert. Puede que puedas ir a pasear por él.
Tal vez. Cada día estoy más fuerte.
-Clara. -¡Mi Robert!
¿Cuánto tiempo ha pasado? Sin ti, pierdo la noción del tiempo.
- Yo también. -¿Cómo están los niños?
Maravillosos. Pronto los verás. El médico está muy esperanzado.
Sí, parece que estoy mejorando.
He estado trabajando.
-Ya lo veo. -Sí.
Temía que ya no pudiese trabajar. Qué tonto he sido.
-Trabajo con la misma facilidad. -Claro que sí.
Me gustaría tocarte algo que acabo de escribir.
Un momento.
Hoy no estoy muy fuerte.
La acabo de terminar. La he escrito para ti.
Espero que te guste.
¿Te gusta, Clara?
Es preciosa, Robert.
¡Sr. Brahms!
¡El mundo le ha tratado bien!
-Bertha, ¿cómo está? -Cinco años más vieja.
Le diré quién está aquí. La va a sorprender.
Bertha, ¿dónde están los niños? ¿Dónde está Julie?
Ahora están todos en la escuela.
No suele bajar. Puede que tarde un poco.
-¡Clara! -¡Johannes!
-Te ves tan pequeña. - Y tú tan maravilloso.
-He ido leyendo sobre ti. -¿De verdad?
He tenido mucha suerte.
Si has tenido que conquistar todas las capitales
desde Londres a St. Petersburgo, para comprarte ropa nueva,
debo decir que tu triunfo está justificado.
-¿Adónde vas ahora? -A Colonia.
Hoy van a tocar por primera vez la primera sinfonía que
he tratado de hacer. ¿Vendrás conmigo, Clara?
-Por eso he venido. -Eres muy amable.
Significaría tanto para mí. Afuera nos espera un carruaje.
Lo siento mucho, Johannes, pero es un viaje largo y bueno...
Ya no tocas más, ¿no? ¿No sales nunca?
Johannes, por favor.
Clara...
una de las cosas más inolvidables de Robert,
o al menos más inolvidables para mi,
es que pasase lo que pasase, continuaba escribiendo su música.
¿Cómo llamaríamos eso? ¿Deseo de crear?
¿Viste nunca a Robert desistir enfrente a cualquier cosa?
¿Cómo esa última tarde en el sanatorio?
Tráumerei, no sabía que era una pieza ya hecha.
Creía que era nueva. Al menos él lo intentaba,
y lo intentaba e intentaba. Hasta que no pudo más y muñó.
-No lo alvides nunca, Clara. -¡Para! ¡Para!
-Ya lo has olvidado. -Johannes.
-Nunca le vi cerrar el piano. -Si pudiera ofrlo, si pudiera...
También sufría. No conozco a nadie que haya sufrido tanto como él.
Pero cuando se sufre y se huye, eso no es más que autocompasión.
Me sorprendes, Johannes.
¿Con esta brutalidad has comprado también tu ropa?
Lo siento mucho, Clara. Es duro ver que te escondes así.
¿No cambiarás de idea y vendrás a Colonia conmigo?
Me gustaría mucho.
Adiós, Clara.
Adiós.
No hace falta decir lo contento que estoy que estés aquí.
-Tenías razón. -Tal vez.
Pero no tenía derecho a hablarte así.
Honestamente, Clara, cuando oigo...
Venga, Clara, vamos.
Tengo hambre.
¡Qué bárbaro! No reconoce la buena música cuando la oye.
Ése bárbaro en particular era Johannes Brahms.
No sabía que aún podía bailar.
Es divertido, ¿no? Aquí solos, donde nadie nos conoce.
¿Que nadie te conoce?
Es maravilloso. Tu música. La gente la escucha.
Estoy contenta por ti. Se lo que significa para ti.
¿De verdad?
¿Quieres casarte conmigo?
Perdóname por no mirarte, pero es que no puedo.
-Johannes. -Te quiero.
No puedo decirte cuánto. Ya te lo dije una vez.
Ahora te quiero, más que nunca.
Por favor, di algo, estoy muriendo.
Johannes, sé sensato, tengo siete hijos.
Estoy siendo sensato. Quiero a tus hijos.
Quiero a tus hijos casi tanto como te quiero a ti.
Créeme, Clara. Me necesitan. Tú me necesitas.
Me he alejado de ti durante cuatro años.
Quería hacerlo, pero no parecía lo correcto.
Pero luego vi que estabas sola en tu casa.
Toda sola. Sabía que tenía que venir a verte.
-Soy más mayor que tú. -¿ Y qué?
Si fuera más joven...
Lo eres, Clara. Eres etemamente joven.
¿Qué importa la edad cuando los años no te tocan?
Por favor, Clara, te necesito.
La música y la gloria no significan nada cuando uno está solo.
Me necesitas, Clara. Lo sé todo sobre la soledad.
No te gustará.
Tú y yo.
Es la primera vez que otra persona la toca para mí.
-¿Cómo la conoce? -Soy músico, madame.
Querida, Clara.
Johannes.
-Te estoy haciendo sufrir. -No lo puedes evitar.
Tú y yo hablamos sobre...
cómo yo te necesito y tú me necesitas.
Nunca dejaré de amarle.
y nunca dejará de necesitarme.
Todo lo que quiso y nunca tuvo.
Aún está vivo.
Sí, Johannes.
Aún está vivo.
En el corazón de algunos por un tiempo.
Puedo ayudarlo a vivir para siempre.
ESTA FUE LA DECISIÓN DE CLARA.
ASÍ, DURANTE AÑOS, EN PUEBLOS Y GRANDES CIUDADES,
TOCÓ LA MÚSICA DE SCHUMANN, PARA QUE EL MUNDO CONOCIERA
Y RECORDASE PARA SIEMPRE LA GLORIA DE SU GENIO.
CONCIERTO EN MEMORIA DE ROBERT SCHUMANN
ACTUACIÓN DE DESPEDIDA DE CLARA SCHUMANN
AL PIANOFORTE 10 DE MAYO DE 1890
Tenía 11 años y ella sólo era una niña.
Aún me acuerdo del discurso que me hicieron aprender.
"Srta. Wieck, la hemos escuchado con el mayor interés.
"Gracias."
Sus Majestades, señoras y señores.
Hace mucho tiempo que...
he tenido la satisfacción, que ustedes y yo,
hemos aprendido a amarla misma música.
Mi marido y yo se lo agradecemos mucho.
Su Majestad, no sé si lo recordará, pero hace ya muchos años,
toqué por primera vez una pequeña composición de mi marido.
Era su favorita, creo, hasta el día que muro.
¿Puedo tocarla de nuevo?
Por favor.
FIN
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