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¿Hola?
- ¿Quién es? - Soy el Dr. Faraday.
Yo esperaba a Granger.
Roderick Ayres.
Dijeron que es una de sus criadas.
¿"Una de nuestras criadas"?
Eso me agrada.
Por la escalera, a su izquierda.
Mi hermana le explicará.
Gyp.
Perdón.
Cree que los desconocidos vienen a degollarnos
y a robarse la última cuchara de plata.
El Dr. Faraday. El nuevo socio del Dr. Granger.
¿Sí? Caroline Ayres.
Betty está por aquí.
¿Estás enferma, Betty?
¿Sientes cosquilleo, o te arde?
Siento que me arde
y me cosquillea.
Entiendo.
Vamos a examinarte.
Relájate.
Por favor, ¿podría dejarnos a solas, Srta. Ayres?
Sí. Desde luego.
Vamos, Gyp.
¿Y bien?
Pero me sentía mal.
En serio.
Yo pensé que si era bastante grave,
podrían mandarme a mi casa.
¿Qué pasa?
¿Trabajas demasiado?
¿No son buenos contigo?
Entonces ¿qué pasa?
No es grave. Para mañana se pondrá bien.
Pues gracias.
Una cosa más. Es una casa muy grande.
De noche, Betty está sola. Yo pensé...
Niñas tontas.
Usted ha vivido aquí toda su vida.
Tal vez podría reconfortar a Betty. Es demasiado joven.
Entiendo.
Vamos por Roderick.
Dígale a él cuánto le debemos.
¿Rod?
¿Roddie?
¿Cómo está la paciente, doctor?
Sra. Ayres.
Mamá, es el Dr. Faraday.
Le parecemos crueles.
Es un resfriado.
Supongo que para mañana estará muy bien.
Notará algún cambio en Betty.
Esta casa afecta a la gente.
Las chicas llegan como granos de arena.
Cuando se van, diez años después, son perlas.
Supongo que el Dr. Faraday cree que Betty no se quedará diez años.
Hoy, las chicas prefieren trabajar en fábricas. ¿Quién puede culparlas?
Casualmente, estaba pensando en mi mamá.
Ella fue criada aquí, antes de que yo naciera.
Vaya.
Espero que haya disfrutado su estadía.
Bueno. Roderick.
Vamos, Gyp.
Por favor, espere aquí.
Conocí Hundreds Hall por primera vez en julio de 1919.
En el Día del Imperio, el verano después de la Gran Guerra.
Había pasado frente a los portones muchas veces,
pero nunca imaginé que se abrirían para mí,
un niño común y corriente.
Había banderines, pastel, y muchos juegos diferentes.
Y en el centro de todo, la familia Ayres.
Entonces eran muy felices y elegantes.
Pero la casa misma, en la plenitud de su gloria,
me causó una impresión terrible.
Mi mamá me la describía a menudo.
Pero al verla en persona por primera vez,
nada hubiera podido prepararme para el influjo que tuvo sobre mí.
Qué guapo eres.
Mamá.
Por favor, no se muevan.
No estará tan mal como crees.
Espero que no estén hablando de la cena.
Del Servicio Nacional de Salud.
A Granger le irá muy bien.
A la gente le gusta admirar a su médico.
No quiere tener uno de los suyos.
Tonterías. Quieren a quien haga su trabajo.
Además, tienes amigos influyentes.
Peter dijo que fuiste a Hundreds.
- No puedo creer que yo no estuviera. - ¿Cómo te fue?
La casa es un desastre.
Supe que son desordenados.
No pueden conseguir obreros. Muchas cuentas sin pagar.
Roderick me dio sus últimos chelines.
Pobre.
Un héroe de la fuerza aérea, de pronto capitanea un naufragio.
Todavía le duele mucho la pierna.
Buenas noches, Rod.
Y parece que sufre del sistema nervioso.
- Desde que regresó. - No me sorprende.
¿No lo atendiste?
La familia cerró filas, guardaron todo en secreto.
No, hicieron que Caroline viniera a cuidarlo.
Qué lástima.
Le iba muy bien. Una comisión en la WAAF, o en la Wrens.
Es muy inteligente.
Tranquilo.
¡Gyp!
¡Gyp! ¡Ven aquí!
¿Qué rayos crees que haces?
Lo siento mucho.
Es usted.
Lo siento. Iba demasiado rápido.
No pasó nada.
Al menos, está vivito y coleando.
Tome. Pagaré mi pasaje.
¿Qué tiene el paciente al que va a ver?
Tosferina. Trato de visitarlo dos veces al día.
Rayos, debe ser millonario.
Es un paciente del club.
Atiendo a toda la familia por unos chelines al año.
¿Cómo está Betty?
Rod le obsequió una radio.
Santo remedio.
El día que vino lo tratamos muy mal, ¿verdad?
- Claro que no. - Claro que sí.
Ya no sabemos tratar a la gente.
A mamá no le gusta que vean la casa desaseada.
¿Sus padres siguen aquí?
Mi mamá murió hace un tiempo. Mi papá, el año pasado.
De hecho, por eso regresé.
Vamos, Gyp. Muy bien.
- ¿Seguro que no quiere entrar? - Qué amable, pero...
Su paciente.
Rod se pondrá muy celoso porque me trajo.
Adora su auto.
Si me permite decirlo,
me sorprende que en la fuerza aérea no lo remendaran mejor.
No sé si él quería que lo remendaran.
Soy muy atrevida, pero ¿podría hablarle?
- No soy psicólogo. - No, tal vez él le haga caso.
Perdón, no debí pedírselo.
La cuestión de su pierna.
¿Él aceptaría recibir tratamiento?
Sí. Le preguntaré.
Gracias.
Bueno. Vamos, Gyp. Muy bien.
Caroline me dijo que es un favor.
No.
Es en beneficio mutuo.
Usted recibe el tratamiento, y yo hago un ensayo.
Se piensa que las bobinas de inducción solo sirven con las heridas recientes,
pero yo tengo una corazonada.
Parece salido de Frankenstein.
Le prometo que no es tan dramático como parece.
Entonces ¿trabaja y duerme aquí?
Sí, cuando acababa de regresar, no podía subir escaleras.
Ahora lo prefiero así. Me ayuda a mantenerme al corriente.
Son tiempos difíciles para haciendas como Hundreds.
¿Con el 75% de impuestos a las herencias? Ya lo creo.
Los laboristas no estarán
satisfechos hasta que roguemos por nuestras vidas.
Tal vez usted opine lo mismo. No sé.
¿Por qué pensar así?
No.
¿Le molesta?
Le venderé al concejo parte de las tierras.
¿Venderá tierras?
La parte descuidada, detrás de los establos.
Instalaré electricidad y agua. Ayudarán con la ordeña.
Dios mío.
Por favor, siéntese.
Es una sensación muy leve.
Puede aliviarle un poco el dolor.
- Está bien. - ¿Puedo?
Sí.
No me molestaría, si no fuera porque camino muy lento.
No puedo seguir a los obreros.
Qué asco, ¿verdad?
He visto peores.
No está tan mal.
Se está calentando.
Es un mago, Dr. Faraday.
No sé cómo agradecerle.
Podría considerarlo una compensación.
Hace mucho, cuando era un niño de rodillas sucias,
entré y robé algo de la casa.
- ¿En serio? - Uno de sus adornos de yeso.
Qué gracioso.
No sé por qué lo hice.
Generalmente, era muy obediente.
Roddie y yo arrancamos cientos de esos adornos ridículos.
- Llamaban a gritos a algún vándalo. - No era mi intención.
Estaba lleno de admiración.
Como quien le roba un rizo de cabello a la chica de la que está enamorado.
Mi mamá casi se muere de la vergüenza.
¿Lo obligó a devolverlo?
Cielos, no. Lo quemó en la chimenea.
No volvimos a mencionarlo, pero creo que nunca me perdonó.
Considérese perdonado. Lo perdono.
Qué raro, ¿verdad?
Que estuviera aquí antes que Rod y yo.
- En esa época había una niña. - Susan.
- Susan murió antes de que yo naciera. - Sí.
Yo estaba terriblemente celoso de ella.
Su vida parecía de cuento de hadas.
- Nadie sabe el futuro. - No se preocupe, Doctor.
Todos estábamos celosos de Suki.
No era solo usted.
Una golondrina.
No debería quedar ninguna.
¿Regresará a Lidcote?
Tengo a un paciente en Edgworth y a otro en Hawthend.
Tome el atajo y salga por la puerta este.
Es más rápido. ¿Sabe el camino?
Eso creo.
¿Le serviría usar el parque a veces?
¿Como atajo?
Gracias.
En las semanas siguientes el tratamiento siguió dando resultados,
y desarrollé una relación con el pobre Rod.
Vi de primera mano lo abrumado que estaba
por tener que administrar Hundreds.
No pude evitar pensar que la casa merecía algo mejor.
Y me compadecía de Caroline.
Mucho más capaz de muchas formas,
se veía obligada a atestiguar su decadencia.
Decidí que la ayudaría en lo que pudiera.
Srta. Ayres, ¿qué la trae al pueblo?
Doctor.
Rod y mamá están con el abogado, por la venta de las tierras.
Yo quise venir a pasear.
Nunca sé cuándo podré.
Ella me preguntó si podía venir a hacer montón
a una fiesta de bienvenida para los nuevos vecinos.
- Ellos fueron invitados. - ¿Podemos con todo?
No hay alternativa.
Doctor, usted también asistirá, ¿verdad?
Parecía que era lo menos que podía hacer.
¿Hola?
Betty.
Perdón, Doctor.
Déjame ayudarte.
Hoy, todos están nerviosos.
¿Betty?
¿Todo bien?
Doctor.
Bienvenido.
Perdóneme. Llamé, pero...
He estado reparando la casa con alfileres.
Eso veo.
Mi querido hermano sigue en Lidcote,
discutiendo con el constructor.
Ojalá no sellen el acuerdo con alcohol.
A propósito, sírvase.
Si es que queda alguna copa.
No le hagas caso.
Me pareces muy inteligente, Betty.
Debo advertirle
que este salón tiene una acústica sobrenatural.
Se escucha todo.
Usted, Srta. Ayres, se ve hermosa.
Y todavía no ha bebido nada, Gyp.
También sírvame algo, ¿sí?
Esperaba que el clima hubiera mejorado. Por desgracia, no fue así.
- Los señores Rossiter y la señorita... - Dabney.
Querida.
- ¿Cómo está? - Bastante bien.
Edith, ¡te ves maravillosa!
- Caroline. - Cuánto gusto de verla.
Buenas noches, un placer.
¿Ya conocen al Dr. Faraday?
Buenas noches.
Espero que nadie esté enfermo.
¡Ay, no!
Es nuestro invitado.
Es uno de nosotros.
¿Roderick nos va a acompañar?
¡Gillian!
Espero que no les moleste.
Amor, es solo un perro.
Por favor, pasen.
Los señores Baker-Hyde, y el Sr. Morley.
Pórtate bien.
No debiste venir.
Mi mamá creció aquí.
De niña, conocía bien la zona.
Mi hermano viene casi todos los fines de semana.
Debería mudarse aquí.
Ojalá yo no tuviera que trabajar.
¿A qué se dedica usted, Sr. Morley?
Estoy en publicidad.
¿Es contador?
No, publicista.
En una empresa estadounidense.
Estados Unidos.
Gyp, ven aquí.
Señores, por favor siéntense.
- Gracias. - Sr. Morley.
Dr. Faraday, ¿tendría la amabilidad de preguntarle a Roderick si vendrá?
Desde luego.
¿Vino desde lejos, Srta. Dabney?
¿Roderick?
¿Roderick?
No bajaré.
Dígale a mamá que lo siento.
Rod, deje esa bebida.
Vístase.
Es el hombre de la casa.
Le dije
que no.
- Maldita sea. - ¡No puedo!
Tengo un mal presentimiento, Faraday.
Un muy mal presentimiento.
- Rayos, ¿usted no? - ¡Basta!
Basta de tonterías. No siga con eso.
Ahora, vístase.
- ¿Ha viajado mucho? - Es lo que yo quería.
¡Aguarda, Gyp!
¿Por qué no viene a jugar conmigo?
No se queda quieto.
Tal vez tú deberías quedarte quieta.
Gillian, mi amor...
¡Dios mío! ¿Puede?
No creo en poner reglas arbitrarias.
Provoca muchas neurosis.
No hay que acomplejarlos.
Nunca me duermo antes de medianoche.
Y una vez fumé un cigarrillo.
No creo que lo aprobara el Dr. Faraday.
No, pero mamá estaba muy a favor de las reglas.
Y no le hizo ningún daño.
Gillian, mira qué piano tan hermoso.
Es una espineta, filistea.
De hecho, es un flamenco virginal.
- Toca algo, Tony. - Gyp.
Si no es demasiado antiguo y frágil.
Ven.
A ver.
¿Ya ves?
Gillian, amor, deja en paz al pobre perro.
¿En dónde está Roderick?
Bajará en un momento.
Ha trabajado demasiado en la granja.
- Qué sonido tan encantador. - Sí, ¿verdad?
Es muy ligero.
Es cierto.
- Él toca muy bien. - Sí, es verdad.
Qué perro tan bueno.
No sabía que el hijo estuviera tan mal.
¿Por eso lo tienen cerca a usted?
Soy un invitado, igual que usted.
No estoy seguro.
Yo vine a hacer montón, mientras mi esposa y la anfitriona hacen de celestinas.
Yo lo veo difícil.
Tony podrá ser un desgraciado, pero le gustan las mujeres bonitas.
Gillian.
¿Qué pasa?
- ¡Gillian! - ¡Gyp, ven aquí!
¡No pensará atenderla aquí!
El hospital más cercano está a 14 km.
Abran la puerta.
¡Abran la puerta!
Limpien la mesa.
- Está bien. Sujétenla. - ¡Por favor!
Betty, agua hirviendo.
- Sujétenla. - ¡Por favor!
Sujete el pañuelo aquí.
¡Amor!
Sra. Baker-Hyde, espere arriba.
- ¡No, me quedo! - ¡Diana, obedece!
Diana, querida, vamos.
Betty, dales unas frazadas.
¡Deberían matar al perro!
Que no se mueva.
Eso intento, Doctor.
Quédate quieta.
Así, muy bien.
Le quedarán unas cicatrices horribles, ¿verdad?
No entiendo por qué tuvieron que traerla.
Deben tener nodriza, o ama de llaves.
Pensaron que la dejarían acomplejada.
Ahora sí quedará acomplejada.
Caroline.
Buenas noches.
Quise advertirle, ¿o no?
La Srta. Caroline está abajo.
Vino en cuanto pudo, ¿no?
Hubiéramos podido ir a juicio.
Debí reunir el dinero.
Con la niña tan mal, no hubiera sido decente.
Lléveselo.
Ya perdimos todo lo demás, ¿por qué no a él también?
Caroline.
Vete, perro tonto.
Dios mío.
Perro bueno.
Aléjate, Faraday.
Marca tu distancia con ese maldito desastre.
Casi debiste terminar de tratar la pierna.
Escribe lo que has hecho.
Debe ser suficiente.
En serio, la gente como los Ayres
te deja agotado, si se lo permites.
Sí,
el problema es su corazón, Sra. Ravensdale.
No está funcionando como debe,
por eso se queda sin aliento y se inflama.
¿No pudo ser algo que comí?
Temo que no.
¿John?
Sra. Evans. Por favor, pase.
Alfie, vamos.
Meakins, acabamos de comenzar.
¡Vamos a celebrar!
Maldita sea.
¡Déjala!
Váyanse.
Váyanse, los alcanzaré.
Él ya bebió suficiente, ¿no?
Porquería.
Siéntese, por favor.
Gracias.
Bueno,
acabo de firmar el contrato con Babb.
¿Por las tierras?
Buenas noticias.
Sí.
Sí, deberíamos anunciarlo.
Claro que los hombres están felices.
Qué bajo han caído los poderosos.
¿No?
Piense en cuánto van a mejorar las cosas.
No mejorarán.
Vamos. Seguro que sí.
No diga eso, Faraday.
No sabe de qué está hablando.
Debería alcanzarlos, me toca pagar.
Se sorprendería, muchas veces mi trabajo es escuchar.
- Maldita sea. - Rod.
¿Por qué no me dice qué sucede?
Estoy preocupado por usted.
- No me va a creer. - Claro que sí.
Y soy médico.
Todo lo que me diga será confidencial.
En esa casa hay algo.
¿Algo?
Me odia.
Desde siempre.
Y desde aquella horrible noche con la niña...
Continúe.
Quiere que me vaya.
Se lo juro.
El Dr. Faraday.
Doctor.
¿Lo esperábamos?
Perdonen. Vine a ver a un paciente aquí cerca.
Tenemos una gotera en el recibidor. Los trasteros se mojaron.
Mis hermanos.
Mire, Doctor.
Seis meses después comenzó la guerra, y los perdimos a todos.
Suki.
Como enamoradas, ella y yo.
Tiene porqué sentirse conmovido, Doctor.
Fue el último día feliz de mi hija.
Esa noche, ya se sentía muy enferma.
Mamá, puse unos libros viejos en una caja para la Cruz Roja.
Me pregunto si el Dr. Faraday los llevaría a Lidcote en su auto.
Desde luego.
Betty.
Yo
- Me siento incómodo al venir... - No diga eso.
Me da gusto que viniera.
Acabo de ver a Rod en Lidcote.
Dios mío, ¿se siente mal?
Su estado mental me preocupa.
No solo a usted.
Anoche vino muy alterado a mi habitación.
Dijo que olía a humo.
Pero yo no olía nada.
- Parece que está embrujado. - No es eso.
Trauma de guerra.
Mamá no debe enterarse.
La venta de las tierras ya es demasiado.
Estoy de acuerdo.
¿Qué pasará cuando Babb derribe la barda?
¿Por qué tendría que derribar una barda?
No querían el pastizal.
¿No le dijo Rod?
Solo querían el campo de flores.
No pensará dividir el parque, ¿o sí?
Debe haber alternativas.
Créame, lo intentó.
- Debe cancelar la venta. - ¿Qué?
Rod no está en sus cabales.
Todavía pueden cancelarla.
Doctor.
¿Qué te estaba diciendo?
¿Estoy loco?
No, claro que no, Roddie.
Cuánta confidencialidad.
Rod, yo no había entendido lo de la venta de las tierras.
- Rod, esto es muy grave. - Ya lo creo.
La muchedumbre vendrá para lincharnos.
Empuñando machetes.
No debería preocuparse, Doctor.
- Los piratas nunca mueren. - Rod.
Sí.
- Esta noche habrá función. - Dios mío, mírese.
Tiene miedo.
Puede sentirlo.
¿No es cierto?
Rod no está en condiciones de tomar decisiones irrevocables.
Ya lo puede sentir.
¿Lo siente?
Le pediré su opinión a Granger.
¡Maldita sea! ¿Quién coño es usted?
¡Es mi casa, voy a hacer lo que quiera con ella,
y no es asunto suyo!
¿Qué está haciendo aquí?
Usted no es de la familia.
¡No es nadie!
- ¡Lárguese! - Rod, por favor.
¡Largo de mi casa!
Vete, por favor.
¿Qué quieres?
¡Apártate de mí, por favor!
¡Traté de advertirles, lo intenté!
¡No quisieron hacerme caso, por favor!
¡Debes irte!
¡Por favor, vete!
- ¿Betty? - Apártate de mí.
¡Betty!
Roddie, abre la puerta. ¡Roddie!
Anoche no debí dejar que se quedara.
Usted me dio su confianza. La decepcioné.
No volverá a pasar.
Rod, llegó el Dr. Warren.
Lo siento, Caroline.
Es demasiado fuerte para mí.
Rod.
Un viaje en un Humber. Qué maravilla.
Está bien.
Sra. Ayres.
Espero que no esté muy seco.
Parece perfecto.
Caroline.
Lástima que Betty no esté.
Qué bueno que su padre la invitó a su casa en Navidad.
Qué guapo eres.
VIDA EN EL CAMPO
Gracias por venir.
No hubiéramos sobrevivido estos meses sin Betty y sin usted.
Con Rod fuera, hubiera sido un día triste.
La Navidad es triste para los solteros mayores.
Me dio gusto una invitación que no pareciera por lástima.
Dios mío, no. Nosotros damos lástima.
¿Veía la fotografía?
¿Sabía que salí en ella?
¡No!
¿En dónde?
¿En dónde? No lo veo.
Ahí está el hombro de mi chaqueta.
Susan lo tapó.
Como a todos nosotros.
Por lo demás, fue estupendo.
¿Té para entrar en calor?
Sí. ¿Por qué no lo preparo?
Usted quédese aquí.
Órdenes del médico.
¡Tom! ¡Ven aquí!
Sidney.
Claro que estaba prohibido entrar a la casa.
Pero por suerte, mamá tenía amigas entre las empleadas.
Milagrosamente, sucedió todo.
Me admitieron.
Todo el mundo me consintió, me dieron las golosinas más deliciosas.
Era el sueño de cualquier niño.
Habitación Sur
Solo por un momento, me sentí parte de la vida de la casa.
Tal vez eso explique, al menos hasta cierto punto,
lo que pasó después.
La ropa que llevaba era prestada o me la obsequiaron.
Pero ahí, en ese gran salón lleno de maravillas,
no pude evitar imaginar que yo vivía ahí.
Un pequeño caballero.
Pero estaba lejos de serlo.
¿Qué haces ahí?
¡Ven aquí! ¿Qué estás haciendo?
Ese día se acabaron mis ambiciones.
No digas una palabra.
¡Ven conmigo, ahora mismo!
Qué curioso.
Algo tan pequeño, hace tantos años.
Pero sigue fresco en mi memoria.
Por favor siéntate, Alan.
Levanta la barbilla.
Vamos a ver si has mejorado.
Si puedes, abre los ojos.
Ábrelos.
¿Puedes ver quién es, Alan?
Vaya.
Maravilloso.
- Gracias. - Muy bien.
Dios mío.
Veinticuatro casas, en los dos campos.
La mayoría ya está apartada.
Qué lástima.
No lo sé.
La gente debe vivir en algún lado.
- Dr. Faraday. - Sr. Babb.
Sabía que vendría, Srta. Ayres.
Cada día, en punto.
Avergüenza a mi capataz.
Le prometí al Doctor que le mostraría todo.
Perfecto. Adelante.
Entonces,
un salón.
Una cocina, estufa de gas, enchufes eléctricos.
Baño con tina.
Dios mío.
Cómo cambiaría la vida de la gente.
Nada competiría con ellas.
Tiene razón con las casas.
Mamá hubiera querido una.
Viviría en una de ellas,
si no hubiera muerto por trabajar tanto
para pagar mis escuelas.
Seguro que se sentía orgullosa.
Igual que su padre.
Solamente me avergonzaba de ellos.
Dios mío, qué pesimista estoy.
Debe desear que no hubiera venido.
Claro que no.
Estoy agradecida.
Sin Roddie, a veces me siento muy sola.
Con estos días cortos, peor.
Siento ganas de salir.
- ¿A dónde? - Nada complicado.
Solo quiero estar un rato con la gente.
Dice que nada complicado.
Bueno. Dígame todos los escándalos.
¿Quién mató a más pacientes,
qué médicos duermen con cuáles enfermeras?
- Faraday. - Bland.
¿Bebidas sin alcohol?
Tomen.
Directo del tubo de ensayo.
- Yo no... - Está bien.
Salud.
Faraday. Felicidades por ese ensayo.
Suerte en Londres.
Gracias, Hewitt. Muy amable.
Vaya, es toda una celebridad.
- Londres. - Claro que no.
Ni siquiera he aceptado la invitación.
Dios mío. ¿Por qué no?
Vamos a buscarle una pareja de baile.
No.
Todos están esperando su turno con las enfermeras bonitas.
Podemos bailar usted y yo, ¿no?
Ya me puse nerviosa.
Cierre los ojos.
- Baila muy bien. - Usted también.
Mi padre me enseñó cuando era niña.
¿Hablo demasiado?
Hable todo lo que quiera.
¿Por qué sonríe?
Parece que está en un concurso de baile.
¿Tiene un número en la espalda?
Ahí está el Dr. Seeley.
Mire su corbata de moño.
Déme la vuelta para que lo vea.
¿Sabía que le dicen "el pulpo"?
Siempre lleva a las chicas a sus casas.
Mano larga.
¡Faraday!
- Caroline, ya conoce a David Granger. - Sí.
- Hola. - Ella es Anne Granger.
- Caroline Ayres. Igualmente. - Un placer.
- Les presento a nuestra amiga... - ¿Brenda?
¡No lo puedo creer!
Brenda y yo nos conocimos hace muchos años, en la guerra.
¿Cómo estás?
No es necesario presentarlas.
Me da gusto ver a Caroline afuera.
Es una chica estupenda.
Damas y caballeros,
por favor pasen a la pista con Paul Jones.
- ¿Vienes conmigo? - Está bien.
- No sean tímidos. - Es tu oportunidad de ir con ella.
- Vamos. - Vamos, Faraday.
- Termina lo que inicias. - Bien.
Las damas afuera.
¡Vaya! ¡Hola!
Es la muerte.
Bueno. Hola, Seeley, ¿cómo está?
- Está tan hermosa como una pintura. - Gracias.
Aquí vamos.
En noches como esta, me pesa la edad.
Caroline Ayres baila bien.
Tiene cadera grande, y sabe usarla.
Lástima que no esté tan bonita.
Pero no se desanime.
Las chicas deben desahogarse.
¡Vamos!
Todos saben cuánto tiempo pasa usted en su casa.
No me diga.
Se lo repito, Faraday, tiene que actuar hoy.
Antes de que se le adelante ese tonto de las gafas.
¡Valerie! ¡Corazón!
¿Me has estado ignorando?
¿Le enciendo uno?
Yo puedo.
Vamos. Déjeme.
Como en las películas.
No. Las manos en el volante.
Recuerde que hay hielo.
Listo.
Brenda no me agrada tanto.
Nunca lo hubiera adivinado.
Pensó que usted y yo éramos amantes.
Espero que la haya corregido.
¿O no?
Le dije la verdad.
Es un atento amigo de la familia.
Dios mío. Los pies me están matando.
Ya no falta mucho.
No quiero ir a mi casa.
¿No puede llevarme a otro lado?
Son más de las dos.
¿Vamos a caminar?
¿Con zapatos de baile?
Por favor, Faraday.
No quiero ir a mi casa.
Dios mío.
Lo siento. No puedo.
Maldita sea.
- Pensé que usted quería. - Yo también.
- No puedo. - ¡Aguarde!
Caroline, por favor. ¡Espere!
Después de 15 minutos de aplicarle electricidad en la pierna,
el pulso del paciente se aceleró, como era de esperarse,
y la presión arterial bajó ligeramente.
No sintió dolor durante el tratamiento, y después,
se observó una mayor movilidad general en la articulación.
Los efectos disminuyeron con el tiempo.
Sí, es un trabajo muy interesante.
Debería considerar quedarse.
Me halaga que me lo pidieran, pero...
- ¿En dónde estudió? - En Birmingham.
Me quedé ahí un tiempo,
y fui a un hospital militar en Plymouth,
después de Dieppe.
- Debió tener mucho trabajo. - Demasiado.
Ahora tengo práctica en Warwickshire.
Es un pueblo pequeño.
Salud.
¿Usted tiene familia, o...?
No.
Por todos los cielos.
Múdese a Londres. ¿Qué se lo impide?
Charles, ¿no crees que Faraday debería mudarse a Londres?
Es una idea excelente.
¿Sí?
Bienvenido otra vez.
¿Todo está bien?
Desde luego. Solo que
tengo curiosidad de saber cómo te fue. Los reflectores, y todo.
Sí.
Interesante.
Perdón.
Mi primer día fue difícil.
Una niña de 13 años en Illescote. Embarazada.
- El padre la hizo abortar a golpes. - Dios mío. Qué horror.
- Lo siento, Faraday. - Me siento impotente.
No sé por qué regresé.
No digas eso.
Te eché de menos.
Y Caroline llamó hace un par de días.
La Sra. Ayres tuvo una especie de...
Se puso mal.
No estaban muy dispuestas a hablar.
Yo no le encontré ningún problema.
- ¿Fuiste a Hundreds? - Así es.
Te aseguro que no veía la hora de irme.
Lo siento por Caroline, que no puede salir.
Es la mejor de todos ellos, por mucho.
- Doctor, quiero... - Srta. Ayres.
¿Podemos comenzar de nuevo?
Dígame lo que pasó.
No estoy segura.
Ahora parece una tontería.
Ya no entramos a menudo.
Pero estábamos buscando goteras y escuchamos...
Parece una tontería, pero escuchamos que alguien golpeaba.
Allá abajo.
Encontramos estas marcas.
Al principio, creí que debió ser aquella niña.
Pero Betty limpió después de eso.
Las hubiera visto.
No se quitan.
Y eso no es todo.
En la noche, algo despertó a mamá.
Pensó que se había metido un pájaro.
Llamó a Betty y lo buscaron en el vestuario.
Este me encanta.
Cuando tenía tu edad, era mi favorito. ¡Pruébatelo!
Está bien.
Mírenos, Dr. Faraday.
Espera.
Ven, Betty.
Señora, ¿puedo?
Nuestra frivolidad no le gusta al Doctor.
Me da gusto verla tan bien.
Caroline me dijo que ha estado inquieta.
¿Después de lo que descubrí?
¿Podría verlo?
Suki.
Después de tanto tiempo, no creí que quedaran rastros de ella.
El pulso de su mamá es un poco rápido. No me sorprende.
Aparte de eso, está saludable.
Dios mío, Faraday.
Muy bien. ¿Le explico lo que pasó?
Mire.
Encontró por accidente las marcas de allá abajo, ¿sí?
Por ellas, su madre recuperó un recuerdo olvidado.
Recordó las otras marcas.
¿Y las que aparecieron hoy?
No son nuevas.
Esas marcas, aunque dan miedo, incluso yo lo sentí,
- no son más de lo que aparentan. - ¿Y el ruido de golpes?
Supongo que es la calefacción.
Hace meses que no la encendemos.
Las tuberías contrayéndose del frío.
Caroline, no debe dejar que la afecte.
Todo tiene una explicación.
Faraday.
Me da gusto que haya venido.
Cuando estoy sola, ya no sé nada.
Cuando usted no está, pasan cosas espantosas.
Querida.
Se dice que voy a regresar allá.
Para siempre.
¿Vivirá en Londres?
Debería pensar en lo que dejo aquí.
No mucho.
Lidcote le parecerá una pesadilla.
Me refería a lo nuestro.
Mire, Faraday, aquella vez en el auto,
me comporté como una tonta.
- El tonto fui yo. - No.
Caroline, la echo de menos.
Me duele estar lejos de usted. Dios mío.
Me tiene hecho un tonto.
No debí dejarla.
No lo volveré a hacer.
Mire.
Es perfecta.
Esto no volverá a pasar, cuando estemos casados.
No es una sirvienta.
- Faraday... - Solo diga que sí, Caroline.
Solo diga que sí.
Esta casa necesita una buena dosis de felicidad.
Está listo.
No lo hemos anunciado formalmente porque Caroline es tímida.
Y está pendiente la Sra. Ayres.
¿Ya se lo dijeron?
No queríamos preocuparla antes de saber qué haríamos.
¿Crees que dé su aprobación?
Creo que estará encantada.
Excelentes noticias. Felicidades.
¿Qué es eso?
Le escribo a Roderick.
¿Ya le dijo? ¿Lo de nosotros?
Betty podría entrar en cualquier momento.
Tendrá que acostumbrarse a ver que nos besamos.
Cada mañana, nos traerá a la cama huevos con tocino.
Pero si nos casáramos, no viviríamos aquí.
¿Preferiría vivir sobre el consultorio?
No podemos abandonar a su madre.
No aceptará que vivamos con ella.
- ¿Qué hay de Londres? - ¿Londres?
Rechacé el puesto para quedarme con ustedes.
- No me lo había dicho. - Creí que era obvio. Mire...
No se preocupe por su madre.
Cambiará de opinión.
- No es cierto. - Tendrá que hacerlo.
Betty, ¿qué estás haciendo aquí?
Tocó la campana, señorita.
No fui yo. Debió ser mamá.
La Sra. Ayres está arriba. Sonó esta campana.
¿Sonó sola?
- No lo sé, pero... - Ve a ver lo que quiere.
Por cierto, el agua está herrumbrosa.
Babb debió golpear las tuberías.
Por ahora, se saldrá con la suya.
Iré a ver a Babb.
Salón Comedor
Se lo dije. El comedor.
¿Ya vio?
Tal vez mamá despertó.
Ve a ver si necesita algo.
Betty.
Fue en la habitación de mamá.
Maldita sea, ábrete.
Ratones.
¿Qué es todo ese ruido?
Ratones.
En la granja hay veneno. Voy a traerlo.
Cuarto del Bebé
El cuarto del bebé.
Solo son ratones, señora.
Ven.
Ven, escucha.
¿Qué oyes?
No lo sé.
Debemos revisar arriba.
Hay que esperar a la Srta. Caroline.
Señora, espere.
Por favor, espere a la Srta. Caroline.
Si quieres, quédate.
¿Qué puede pasar en el cuarto del bebé?
¿Susan?
Betty.
Betty, abre la puerta.
¡Betty! ¡Abre la puerta!
Betty.
¡Caroline!
Rod tenía razón.
En esta casa hay algo que nos odia.
- Tonterías, Caroline. - No, hemos cambiado mucho.
Tan solo en un año.
Sabía que en esta casa había algo malo. Se lo dije.
¿Cuándo se lo dijiste?
La primera vez que lo sentí.
- La Sra. Ayres me cree. - ¿Se lo dijiste a ella?
Dijo que no me asustara del fantasma.
Que no nos haría daño.
¿No nos haría daño?
¿Tú crees que esto no es un daño, Betty?
Nadie te está culpando, Betty.
Has sido muy valiente.
Le he fallado.
A mi hermosa niña.
La quería con desesperación,
pero cuando vino,
me dio miedo.
Sra. Ayres, su mente la engaña.
Necesita descansar.
No estoy inválida.
Yo soy el médico.
Deje que decida quién está inválido.
Y usted, recuerde de quién es esta casa.
Basta.
Por favor, basta.
Lo siento mucho, mamá.
No tienes porqué disculparte.
¿Un trabajo difícil?
Seeley.
Una amigdalectomía de rutina.
Y yo la arruiné.
Demasiadas visitas nocturnas.
Lo entiendo.
¿Ya terminó por hoy?
Siento que las cosas se salen de control.
Casi parece contagioso.
Durante un tiempo fui oficial médico en una escuela para niñas.
Una vez, se puso de moda desmayarse.
Las niñas caían como bolos.
- Después, las maestras también. - Exactamente.
No sé en qué terminará.
Caroline comienza a creer que hay algo sobrenatural.
Que hay una fuerza maligna en la casa.
Ya sé que es una locura,
pero yo mismo he comenzado a dudarlo.
¿Qué está insinuando?
Todos aceptamos el principio general
de una personalidad consciente y una segunda personalidad del sueño.
¿Está insinuando que el subconsciente podría
desprenderse por la presión?
¿Volverse travieso, o maligno?
¿Actuando todos los impulsos negativos
que oculta la mente consciente?
¿No es la antigua teoría de los espíritus chocarreros?
Dios mío.
No tiene nada que ver con la ciencia.
No, espere.
Tal vez haya algo de cierto.
¿Y si hay una forma de medir esas cosas que la ciencia todavía no conoce?
Como las niñas que se desmayaban.
Por lo general, hay mujeres en el centro de estas cosas.
¿Tienen alguna criada joven?
¿Varada allí en Hundreds, sin nadie con quién coquetear?
Betty todavía es una niña.
Los niños tienen los deseos más intensos.
Gracias por acompañarme.
Me está gustando mucho.
Nunca me dejan sola.
Supongo que por órdenes suyas.
No importa.
Quiero decirle algo,
antes de que vuelva Caroline.
Debe llevársela de aquí.
- No voy a hacerlo. - Sí.
Déjenme aquí, a solas con Susan.
Susan es un recuerdo. Llegamos a ese acuerdo, ¿no?
Qué ingenuo es.
Ella está conmigo todo el tiempo.
- Ahora mismo me acompaña. - Por favor, basta.
Ella debe estar aquí. Ustedes no.
Sra. Ayres.
¿Qué sucede?
¿Cómo lo hizo?
Mi niña está enfadada.
¿Podría quitársela, por favor?
Siéntese.
Cortaron los cables. ¿No recuerda?
Cuando Susan nos estaba jugando bromas.
Déjeme ver.
Ya basta.
Alto. ¡Betty! ¡Basta!
¡Alto!
Voy a ver cómo está.
Déjela dormir.
Está bajo el efecto del Veronal.
Quisiera traer a un psiquiatra.
Primero Roddie, ahora ella.
- ¿Cuándo será mi turno? - Es absurdo.
Mamá prefiere morir que avergonzar a la familia.
No la abandonaré con sus delirios
- solamente por orgullo. - No, Faraday.
¿Entiende?
Se lo prohíbo.
¡Faraday!
¿La encerró con llave?
¿Qué?
Mamá.
Mamá, abre la puerta.
Sra. Ayres.
¿Qué has hecho, mamá?
¿Qué has hecho?
Como un padre se compadece de sus hijos.
Así se compadece el Señor de aquellos que le temen.
Porque él nos conoce.
Él recuerda que somos polvo.
Queremos pedirle a Caroline que venga a vivir con nosotros.
No puede quedarse sola en esa triste casa.
No está sola.
Me tiene a mí.
Hoy fue muy valiente, Rod.
Llévese a Caroline.
Ella será la siguiente.
Tranquila.
Tengo mucho que resolver, pero todo saldrá bien.
Aquí nos divertíamos mucho en los viejos tiempos.
A menudo yo venía de visita,
aunque, por desgracia, mi salud ya no me lo permite.
Lamento escucharlo.
Temo que no recuerdo su nombre, Doctor.
Faraday.
No.
Creo que mi hermana nunca lo mencionó.
La he estado mirando.
Debió ser muy aburrido.
Ya es tarde. Tiene que irse.
Primero coma algo.
No podría.
Tiene que hacerlo.
Le prometo comer algo. Pero más tarde.
Gracias por lo de hoy.
Caroline.
Dígame una sola cosa.
¿Cuándo podemos casarnos?
Por favor, estoy muy cansada.
Quiero estar aquí, con usted.
He tenido paciencia, ¿no?
Pero mamá acaba de morir.
Le gustaría saber que usted tiene quién la cuide.
Un mes es suficiente para organizar todo.
- Pero tenemos mucho que hablar. - Lo sé.
Necesita damas de compañía, un vestido.
Nada complicado. Tengo vestidos de sobra.
Seis semanas.
A partir de hoy.
Sí.
Sí, está bien.
¿Sí?
¿Podría dejarme dormir, por favor?
La última vez que me senté a comer en esta mesa, Betty,
yo tenía ocho años.
Mi mamá estaba conmigo,
ahí parada.
Qué curioso.
Nunca imaginé volver en estas circunstancias.
Ojalá me hubiera visto.
Mi papá también.
Mi papá quiere que regrese a mi casa.
Me insiste sin descanso.
Somos todo lo que tiene la Srta. Caroline.
Necesito ayuda para cuidarla.
Él cree que la casa tiene una maldición, después de
lo de la señora.
Creo que todos nos sentimos así.
La Srta. Caroline dice que yo debería dormir arriba.
Creo que tiene miedo de estar sola.
¿Y si te dijera que no estará sola mucho tiempo?
Que, ¿la Srta. Caroline se casará pronto?
¿Se casará?
Doctor. ¿Cuándo?
Muy pronto.
Y necesito que me ayudes.
No Hacer Citas
Le traje algo que debe copiar.
¿Dice que la dama está indispuesta?
¿Puede caminar?
Sí.
No es nada grave.
Caroline.
Encerrada, con este día tan hermoso. Acabará agotada.
Sé que no es lo que se acostumbra.
Lo mandé hacer a juego con los suyos.
Betty me ayudó.
Parecemos agentes secretos.
También le daré sombrero y guantes, por supuesto.
Por último,
- era de mi mamá. - Perdón, no puedo seguir.
Perdóneme.
Se lo dije de golpe.
Podemos verlo después. O, si prefiere, en privado.
No puedo seguir con nada.
No me puedo casar.
- Caroline... - Perdóneme.
Me agrada mucho,
y estoy agradecida, pero...
Querida, está confundida.
- No, veo con mucha claridad. - Por favor.
- Está cansada. - Deje de decir eso.
Creo que usted quiere que esté cansada.
Quiero que sea feliz.
No seré feliz casada con usted.
No debemos vivir como matrimonio desde el inicio, si es lo que le preocupa.
¿No lo ve?
Lo nuestro nunca ha sido de verdad.
Me iré.
Puse la propiedad en venta.
No puede, no es suya.
Hepton ya preparó los papeles.
Tengo el poder legal desde que Rod se enfermó.
Al recuperarse, irá conmigo.
¿A dónde?
Me iré a Londres en cuanto pueda,
- luego a Canadá, o Estados Unidos. - Canadá.
Pero me iré.
Antes de que sea tarde.
Anne, perdón, ¿crees que David podría cubrirme en mi cirugía de hoy?
No, tengo una fuerte infección estomacal.
Le quedaría muy agradecido.
Gracias.
No recuerdo bien los días que siguieron.
Una pesadilla de la que tardé mucho en despertar.
Perdí Hundreds Hall.
Y a Caroline.
Sin duda, en Lidcote se reían mucho a mis costillas.
Así aprenderé a no tratar de subir de clase social.
Durante un tiempo pensé en irme,
pero nadie escapa de sí mismo.
¡Doctor!
¡Doctor Faraday!
Me llamaron a las tres de la mañana.
Era Betty.
Estaba muy mal.
Supongo que quería hablar contigo, pero la comunicaron conmigo.
Visita a domicilio en Edgworth.
Fue instantáneo.
No hubieras podido hacer nada.
El tribunal llama a la Srta. Elizabeth Walker.
Esa noche nos fuimos a dormir temprano, la Srta. Ayres y yo.
Habíamos estado limpiando, estábamos agotadas.
¿Le pareció que la Srta. Ayres estaba deprimida?
Claro que no.
Estaba feliz. Tenía muchos deseos de irse.
Usted se fue a su habitación y no supo más, hasta...
Como a las 2:30. Las escaleras crujieron.
Al principio, me dio miedo.
¿Por qué le dio miedo?
La casa es grande, señor, y a veces...
Bueno, es solitaria y oscura.
Supe que los pasos eran de la Srta. Ayres.
Su habitación estaba frente a la mía, no me preocupé.
Pero...
¿Pero...?
Pero iba subiendo al segundo piso.
No tenía nada que hacer allá.
Está vacío, cerrado con llave.
Luego, oí que se detuvo,
e hizo un sonido.
Usted.
Usted.
Caroline.
¡Hubo un accidente!
La Srta. Caroline.
¿Dr. Faraday?
¿Dr. Faraday?
¿Usted confirmaría el veredicto de suicidio por enfermedad mental?
Con base en mi relación con la Srta. Ayres en sus últimas semanas de vida,
creo que estaba confundida.
Es muy posible que se haya suicidado.
Gracias, Dr. Faraday.
Conocí Hundreds Hall por primera vez en julio de 1919.
Había pasado frente a los portones muchas veces,
pero nunca imaginé que se abrirían para mí, un niño común y corriente.
Todo el mundo de Hundreds Hall me impresionaba mucho.
Mi mamá me lo describía a menudo.
Pero nada hubiera podido prepararme para el influjo que tuvo sobre mí.
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