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(CARDENAL-CR) Sois familia y amigos de Gonzalo de Montalvo.
Si confesáis acerca de su paradero podréis iros.
Si no, ateneos a las consecuencias.
Se los llevan escoltados.
He vendido el palacio.
El comprador está visitándolo ahora mismo.
Voy a levantarlo entero.
Será un buen lugar para construir mis caballerizas.
(EXTRAÑADO) Saben que estoy vivo.
(Crujido de huesos)
Pero eso no es todo.
El Rey ha ordenado que le encuentren.
(Golpe)
Quiere casarle a usted con la rusa.
No voy a dejar a atrás a Alonso.
Encontraré la forma de acercarme a él.
(IRENE-IR) Vamos a tener que separarnos,
vivir cada uno por su lado.
Este momento tenía que llegar.
Antes o después.
Nunca encontrarás a una mujer como yo.
Nos volveremos a ver.
Adiós, Lucrecia.
Amo,
usted velará por su hijo, pero yo velo por todos nosotros.
Así que voy a buscar el cofre.
Espérenme en la ermita del bosque.
Gonzalo de Montalvo está escondido por aquí.
Tengo que encontrarlo yo.
(DUQUE) Le propongo un trato: Yo callo,
y usted me cede todas las posesiones del marquesado de Santillana.
Absolutamente todas.
(Disparo)
¿Qué pasa?
No reprendas a tu criado.
Él no tiene la culpa. No te muevas.
(CR) Has pagado a un monaguillo por su ropa.
Y el hijo del maestro ha desaparecido.
Lleváosla. Morirá en la horca.
(Cuchillada)
¡Amo!
(NUÑO-NU) Así murió el primer comprador. Igual que Irene.
Estamos salvados, amo.
Haré todo lo que me pida.
Pero no ejecute a la mujer que intentó ayudarme a huir.
¡Padre, sigue!
(CR) Gonzalo de Montalvo,
¿recibes a Irina Romanova como tu legítima esposa
hasta que la muerte os separe?
Sí, quiero.
(GRITA)
¿Recuerdas al asesino de mujeres que atemorizó a toda la villa?
(NU) El que las mataba después de violarlas. Es su mano.
Yo la utilizaré para hacer el bien.
A ver si consigo averiguar de una puñetera vez
con quién se encamó el amo.
Evidencia uno.
Pendiente en el jergón.
Evidencia dos.
La hembra tira a castaña.
¿Quién cojones será la hembra?
¿Sátur, qué haces aquí?
¿Eh?
Nada, que tenía un pelo ahí enconao y estaba mirando...
¿Y usted que hace aquí?
Voy a seguir buscando al sucesor de Cristo.
Joder, vaya horas...
Pues hala, habrá que quitarse el camisón, ¿no?
Por cierto,
¿usted sabe si estas bolitas amarillas se pueden comer?
Sí. Son semillas de maíz.
¿De dónde las sacaste?
Las afané de un carro que venía de las Américas.
Antes de que me abronque, ¿ha visto mis zapatos?
En la chimenea.
¡La madre que me parió!
¡Chist! ¡Sátur!
¡Mierda!
Vamos.
(Desenvaina)
Perdón.
Perdón.
¿Eso qué es? ¿Qué pasa?
¡Nos atacan!
No, no, no.
¿De dónde ha salido todo esto blanco, amo?
El fuego ha convertido las semillas de maíz en esto.
¡Pero eso es magia, padre!
No toques esas cosas. ¡Ni te acerques!
Está muy bueno.
¡Que lo mismo me he inventado una comida nueva, asín, a lo tonto!
¿Quién iba a querer comerse esa cochinada, Sátur?
Bueno, ya es muy tarde. Vamos todos a dormir. Vamos.
¿Y qué haces vestido?
(CIPRI-CP) ¿Y dónde ibas con las alforjas?
¡A ver, a ver, a ver!
¡Basta de preguntitas! ¿Vale?
Tú, venga, a tu cuarto.
Y tú, Cipriano, con la hoz, a la cuadra.
¡Vamos!
Que casi le destapan, amo.
¿Y ahora cómo hacemos para ir a la misión?
¡Con la que he liado!
Ya sabes cómo.
¿Eh?
No, no, no.
Por el tejado, no. ¡Que siempre me deslomo!
¡Mierda!
¡Amo!
(Llantos)
(CR) Comisario,
siempre me habéis hecho dudar de vuestras capacidades
cuando estabais entero.
Decidme porque debo ahora confiar en vos que sois un tullido.
Mi trabajo se basa en el miedo, eminencia.
Le aseguro que sabré imponerme.
¿Sí?
Ha llegado a palacio un emisario del Vaticano, señor.
Desea ver a monseñor Adrián.
Hazle pasar.
Eminencia, busco a monseñor Adrián. Le traigo algo de vital importancia.
Lamentablemente, monseñor no se encuentra en ahora palacio.
No obstante, yo puedo hacerme cargo.
Debo entregarle esta nota única y exclusivamente a él. Son órdenes.
Hijo,
soy el cardenal Francisco de Mendoza,
amigo personal del papa Alejandro.
Puedes confiar en mí.
Lo siento, Eminencia.
El mensaje que traigo solo puede verlo monseñor.
Ah...
En ese caso...
Su hospitalidad con las visitas deja mucho que desear, Eminencia.
(Puerta abriéndose)
(Espuelas)
El linaje sagrado.
¡Eso es lo que vino a buscar!
Soy un hombre de armas, no de biblias. Hable claro.
Según este mensaje de Roma,
existe un sucesor de nuestro señor Jesucristo.
¿Un sucesor?
Jesucristo...
comenzó a predicar en Galilea a la edad de 30 años.
Si la historia se repite,
la persona que vamos a buscar debe tener esa edad.
Eminencia, en la villa hay cientos de hombres de 30 años.
Será difícil dar con él.
Según este escrito llevará en su cuerpo una señal.
La magnitud de este asunto requiere la máxima discreción, comisario.
Buscad y encontrad a ese falso profeta.
¿Qué hará con él cuando le encuentre?
Eso no es de vuestra incumbencia.
Marchaos.
Eminencia...
(LEE) "Las órdenes han cambiado.
El Sucesor debe morir."
Qué rara la muerte del duque de Bercero, señora.
¿Quién podría dispararle en una alcoba cerrada a cal y canto?
La vida está llena de misterios, Catalina.
Y qué triste el funeral.
Sin hijos, sin parientes. Si solo había criados.
Míralo por el lado bueno. He recuperado mi palacio.
Lo que no entiendo,
es por qué nos hemos llevado ese baúl del difunto.
Está más que muerto, Catalina. No creo que le vaya a importar.
Y si no es indiscreción, señora, ¿qué lleva dentro?
Cosas sin importancia.
¿Sabe lo que le digo, señora?
Que después de la que formó el hombre,
qué menos que llevarse algo.
Es la condesa de Yanes.
La pasearán así por todas las calles de la villa.
Es el castigo a la mujer adúltera.
Ya se nos ha hecho de día, amo.
Y más que nada para organizarme,
¿hasta cuándo vamos a buscar al Sucesor?
No voy a darme por vencido, Sátur. Ya me conoces.
Si yo le admiro la energía,
pero ya me veo con bastón y desdentao persiguiendo al Elegido.
Debemos expandir la búsqueda.
¿Expandir dice? ¿Y por dónde?
¿Por los ríos? ¿Por los bosques?
¡Que es el sucesor de Cristo, no un petirrojo!
Voy a seguir buscando dónde sea
y durante el tiempo necesario.
¿Se ha planteado que igual hay alguien ahí arriba
al que no le interesa que le encuentre?
¿Lo ha pensado?
No pararé hasta dar con él.
Que lo mismo ni existe.
La han llevado sobre el asno desde el Alamillo
hasta la plaza Mayor.
La han llamado y tirado de todo.
Es adúltera. Es el castigo que se merece.
¿Merecer?
¿Cuando su esposo visita a una afamada actriz?
Vosotros podéis ser infieles.
Mientras nosotras somos repudiadas.
El hombre está por encima de la mujer.
Nos debéis lealtad y obediencia. Así son las normas.
¡Pero dónde está escrito eso! ¡Quién lo dictó!
No lo sé. El mundo está hecho así.
Ni siquiera deberías planteártelo.
Disculpen, pero hay una... señorita
que pregunta por el comisario.
¿Una señorita? ¿A estas horas?
"(Disparos)"
Hazla pasar.
"(Lucha de espadas)"
"(Fuego)"
¿Y bien?, ¿a qué debemos tan distinguida visita?
"(Gritos de animales)"
Traigo esto al comisario.
Lo olvidó.
¿Alguna cosa más que devolver?
¿No? Pues entonces, fuera.
(HERMANA MAYOR) (LLORA)
¿Estás celosa?
Celosa, no, indignada.
¿Has escuchado lo que te he dicho antes?
Céntrate en pagar las deudas de tu negocio
y no abras frentes absurdos.
Ahora me voy, tengo prisa.
¡Catalina!
¡Catalina!
Sí, señora, ¿qué desea?
Trae las direcciones de la condesa de Olano,
la duquesa de Augusta
(Golpe)
y de todas las nobles con las que salgo a pasear.
(Desenvaina)
Sí, señora. ¿Va a dar usted una fiesta?
No.
Ah. Con permiso.
¡Sacad a todos los hombres de sus casas!
¡Solo a los varones!
¡Vamos!
¡Es mi hijo! ¿Por qué se lo llevan?
¡No! ¡Es mi hijo!
¡Todos en fila!
(ALONSO) ¿Qué van a hacernos?
No lo sé. No te separes de mi lado.
Fuera.
Fuera.
Déjame a mí.
- Cipri... - ¡Vete!
Los que tengan 30 años que den un paso al frente.
¿Cuántos años tienes?
No lo sé, señor.
¿Cuántos años tienes?
¡No lo sé! ¡No sé cuándo nací!
Sacad a estos hombres de aquí. ¡Y a este también!
¡Sí, señor!
¡Vamos!
¡Vosotros! ¡Dispersaos!
¿Por qué se los llevan?
No lo sé. Lo mismo están buscando a unos ladrones.
Espera.
No tengo nada que hablar contigo.
Vamos a dejar las cosas claras.
Lo que pasó en el nevero se queda en el nevero.
Pero en estas calles, yo sigo siendo la ley y debes mostrarme respeto.
Amo...
(CATALINA-CT) En cuanto terminemos vamos a la otra. Coloca eso.
Y esta reunión que ha organizado la señora, ¿qué es?
Son algunas damas que vendrán varias veces a la semana
para leer juntas un libro, al alimón.
Lleva cuidado, no lo ensucies.
(LEE) "Historia de la vida del Buscón,
de Francisco de Quevedo." Una obra muy bonita, sí señor.
- ¿La has leído? - Yo no, que va.
No, pero vamos, que por las tapas se nota que lo es.
Si yo no he leído en mi vida una novela, hija.
No. No, ni yo.
Son pocos los pobres que saben.
¿Tú cómo es que aprendiste?
Porque siendo yo muy cría mi madre se enfermó
y en mi casa nadie sabía distinguir los remedios.
Juntando letras de los frascos, acabé leyendo.
Queridas, si sois tan amables de tomar asiento, por favor.
(DAMA) ¿Qué es lo que vamos a leer?
No adelantemos acontecimientos.
Aunque lo que he elegido para vosotras, os va a encantar.
Dame las llaves del ala este del palacio.
El ala este está cerrada, no se utiliza.
Necesito algo de allí. ¿Algún problema?
No, señora.
Mientras estemos en la lectura, no quiero que nadie nos moleste.
¿Me has oído? Ni una sola interrupción.
Sí, señora. La concentración es muy importante.
Sí.
(SUSPIRA)
¿De verdad pensabais que os había reunido aquí
para algo tan tedioso como es leer?
(Pasos)
Solo era una plaga de langostas. No era un castigo del cielo.
Es la Ira de Dios, amo.
¡Y nosotros le hemos cabreado por buscar a su hijo!
Lo que hemos visto es un fenómeno natural.
No hay nada mágico en ello.
¿Pero usted se cree que esto es normal?
¡Salga a la calle!
¡Si hasta al panadero se le han colao grillos en los calzones!
Tú tienes tu visión de las cosas y yo la mía. No discutiré más.
Amo, que no son unos gusanos en las lechugas.
¡Que estamos hablando de una de las plagas de la Biblia!
¡Libro del Éxodo, capítulo 10!
Sátur, ya vale.
Lo que está pasando está aquí escrito.
¡Hágame caso, amo!
En cuestiones celestiales yo soy el entendido de la pareja.
Sátur, no puedes leer la Biblia de forma literal.
¿Sabe lo que le pasa a usted?
Que usted no respeta a nada, ni a nadie.
¿Eso es lo que piensas de mí?
Creía que después de tanto tiempo me conocías mejor.
¡Pues sí, es lo que pienso!
¡Usted nos mira por encima del hombro a los que tenemos fe!
Yo siempre he respetado las creencias de la gente.
No trato de imponer mi punto de vista sobre nadie.
Por fin.
Por fin estamos de acuerdo.
Entonces dejamos de buscar.
(Murmullos de frustración)
No.
¡A tomar por saco!
¡Amo, que nos está condenando!
Usted tiene que ir a la iglesia más cercana a ponerse a rezar.
¡Pero de rodillas, hasta que le salgan pústulas!
Voy a seguir buscando.
Quizá haya alguien que tenga información.
Que la lluvia de saltamontes es el principio.
Que tenemos sobre nosotros al Ojo de Dios.
¡No siga usted con sus locuras, hágame caso!
(Pisotones)
(ADRIÁN-AD) "Abril de 1660. Estambul.
La niña que vine a buscar tiene visiones..."
"Venecia, 1661. El libro que encontré
en las catacumbas de San Bernabé indica que el Advenimiento..."
"1662, la llegada del Sucesor
vendrá acompañada de señales en el cielo y en la tierra..."
Le agradezco que arreglara las tejas del claustro.
Ha sido muy generoso de su parte.
Es lo menos que podía hacer.
Debería descansar.
No, ya estoy mejor. Gracias.
(AD) Por cierto,
no he visto en todo el día a la novicia Margarita.
¿No lo sabe?
Se ha marchado a un retiro espiritual antes de su ordenación.
Así que pronto tomará los hábitos.
Sí.
(MADRE SUPERIORA) ¡Hermana!
Traiga un vaso de agua, rápido.
Está ocurriendo.
Tranquila, Hermana.
En esta zona de mi palacio estarás tranquila.
Espero que todo sea de tu agrado.
Sí. Muchas gracias.
¿Cuánto tiempo tenemos para... leer?
Hasta después de mediodía.
Aunque como bien sabes,
hay lecturas que empiezas y no puedes dejar,
y otras que, desde la primera página sabes cómo va a terminar.
Sí...
¿Te encuentras bien, Valentina?
Muy bien, muy bien.
Solo que no me gustaría acabar como la condesa de Yanes.
Ya sabes, apaleada y repudiada.
Nadie sabrá lo que ocurre aquí, la lectura es la excusa perfecta.
No dudo de tu discreción, Lucrecia,
pero esos hombres... Pueden irse de la lengua. ¿No?
Eso es imposible.
No tienen.
¿No tienen lengua?
No.
¿Son mudos?
Son los perfectos amantes.
Por una vez, un hombre no te pedirá nada,
serás tú quien lo haga.
Eres única, Lucrecia.
Sí. Lo sé.
Pero... ¿cómo vamos a pagarte todo lo que haces por nosotras?
Nada más y nada menos que con la cantidad que hemos convenido.
Si supiera mi marido en qué gasto su dinero.
No, no, no. No lo hagas.
¿Qué?
Pensar en tu marido.
Te aseguro que él cuando yace con su amante
no piensa en ti.
Tienes razón.
Adelante.
Que disfrutes.
¡Hola!
Quién nos mandaría venir al culo de la villa pa' encargar una cama.
Anda que no habrá carpinteros buenos en el barrio.
Me han dicho que hacen buen precio.
Acabáramos... Así trabajarán,
Cipriano, que al final lo barato sale caro.
Pues vámonos, que aquí no hay ni Dios. Venga.
No. Alonso necesita esa cama.
El chico no se queja, pero le cuelga medio cuerpo fuera.
Cuando yo tenía su edad dormía en el suelo.
¿Pero se puede saber qué te pasa?
¿Qué me va a pasar a mí?
Que algo te carcome.
¿Por qué te has parado a rezar en la ermita de San Blas, eh?
Buenas.
Lamento haberles hecho esperar. ¿Qué querían?
Sí, veníamos a encargar una cama,
que sea buena, de madera humilde. Sin mucho adorno, y con...
Con cuatro patas. No te enrolles, Cipriano.
Mi compañero es ebanista.
Él se encargará de la cama.
Tiene las mejores manos de la villa.
Hombre, un ebanista...
No podemos pagarlo.
No.
No tenemos...
(EBANISTA) Solo les cobraré los materiales.
Mi nombre es Manuel.
¡Ah!
¿Estás bien?
¿Eh?
Pues mire, Manuel,
queríamos una cama para un chaval
así, como medio palmo más bajo que yo.
No puede ser...
No puede ser.
Nunca dejará de sorprenderme, Eminencia.
A veces es bueno mirar sin ser visto.
El hombre situado en el centro.
¿Qué tiene él que no tengan los demás?
(CR) Hubo un soldado romano llamado Longino,
le clavó una lanza a Nuestro Señor estando en la cruz,
para comprobar si estaba muerto.
Le hirió en un costado.
Si es el Sucesor, esa marca será de nacimiento.
Comprobadlo.
Eminencia...
¿Cómo te hiciste la herida en el costado?
Soy herrero, señor. Me lo hice en la forja.
Me cayeron unas brasas.
Ya lo ha visto, la marca no era de nacimiento.
¿Qué quiere que haga con ellos? ¿Los liberamos?
¿Y volver a cogerlos por error?
Es preferible evitarles ese mal trago, ¿no cree?
No sé si sabéis a qué me refiero.
Eminencia, como siga así va a acabar con una generación de varones.
Debería pensar un plan alternativo.
Lo tengo.
Además de mis sicarios, cuento con un pequeño ejército sin armas,
pero mucho más eficaz.
¿Un ejército?
He enviado una misiva a cada párroco de la villa.
Si ven entre sus fieles a alguien
con los signos del martirio me lo harán saber.
Aún no me ha dicho qué va a hacer con él cuando lo encuentre.
Le mataremos.
Y si alguien sabe de su existencia,
morirá con él.
(Ruido)
¿Qué haces aquí?
Estaba limpiando la alcoba de al lado y...
bueno, que he entrado y ya está.
¿Te das cuenta? Es increíble.
Sí, cuánta acumulación de polvo.
No mujer, cuántas novelas.
Fíjate...
"El Libro del Buen Amor",
"El Amadís de Gaula",
"La vida del Lazarillo de Tormes",
"La Odisea"...
¿"La Odisea"?
¿Eso de qué irá?
Pues no lo sé.
Pues no sé lo que significa Odisea, pero...
a lo mejor es el nombre de una mujer de pueblo: "La Odisea".
Mira... "La Celestina".
Anda, déjalo. Vamos a limpiar que es lo nuestro.
Que no, que no. Yo me lo llevo.
No me voy a pasar toda la vida sin saber lo que cuentan las novelas.
(IR) Catalina, precisamente te estaba buscando.
Señorita.
¿Querrías jugar conmigo a un juego de mesa?
Pues verá, señorita Irene, es que...
ahora mismo estoy con mis tareas, no puedo.
Ah, claro. Se me olvida...
que la gente tiene cosas que hacer,
no como yo.
Pero estoy pensando...
La señora está en el salón, en un círculo de lectura,
una cosa muy bonita, con unas amigas.
¿Por qué no se une usted a ellas?
No me ha invitado.
Pero seguro que están encantadas.
Con la voz que usted tiene y siendo sobrina de quien es...
Además están con el "El Buscón", un libro precioso.
Vaya usted al salón.
Gracias, Catalina. Iré.
Trae.
Dice...
"Tragicomedia de Calisto y Melibea".
Ah... ¿Cómo le encuentro?
¿Por qué les has matado?
Yo no los he matado.
¿Quién lo hizo?
Si lo supiera, lo habría evitado, ¿no crees?
Sé que buscas al Sucesor, quiero respuestas.
Apártate de mi camino.
No te irás de aquí hasta que hables.
Nadie me retiene contra mi voluntad.
No tienes otra opción.
Sí. Sí que la tengo.
Alguien quiere verlo muerto. ¿Cómo sé que no eres tú?
Porque yo ayudo a la gente.
¿Por qué voy a fiarme de un hombre que oculta su rostro?
Ahora soy yo el que pregunta.
¿Por qué la Iglesia busca al Sucesor? ¿Para matarle?
Roma me ha enviado para buscarle y protegerle.
Es lo único que te voy a decir.
(Latidos)
(Latidos más fuertes)
(Latidos)
Es todo lo que quería saber.
(Voz apagada)
(IR) ¿Lucrecia?
(IR) ¿Lucrecia?
Si vas a declamar, creo que te falta un pequeño detalle:
el público.
¿Qué es todo esto?
No es cosa mía. Lucrecia ha montado un grupo de lectura.
¿Un grupo de lectura? ¿Lucrecia?
Deberían estar aquí leyendo, pero...
¿Y en el jardín?
Tampoco están allí.
Aún no se han ido. Están ahí los carruajes.
Pues no sé dónde estarán.
Disculpe, señor, su caballo de refresco está listo.
Irene...
¡Quita de aquí perro, ya!
¡Coño!
¿Alonso, has visto a tu padre? ¿Le has visto?
No. No sé dónde está. ¿Qué pasa?
Nada, tira para la casa, venga.
¿Se puede saber dónde te metiste?
Me di la vuelta y ya no estabas.
Tenía cosas que hacer.
¿Y qué era tan importante?
Te llevaste el carro y me dejaste tirado.
Pues porque tenía prisa, Cipriano.
Échame una mano a bajar las piezas de la cama.
Me han hecho el favor de traerla sin cobrar.
¿Su compañero el ebanista?
¿Y qué más da? Si somos tres para entrar una cama.
Primero este tablón.
¡La qué has liado!
(Golpe)
(Golpe)
Lo siento, me se escapó.
Dios quería que viviera.
Bueno, pues si el perro está bien,
vamos a entrar la cama, si les parece.
(Ruido metálico)
Venga, vamos.
¿Tú qué haces aquí? ¿Para qué has venido?
Olvidasteis una de las piezas.
¡Vamos, espabila!
Muchísimas gracias, condesa.
Has sido la primera en acabar.
Espero que haya sido inolvidable.
Marquesa...
Espera, querida.
Ahora sí.
Ya estás perfecta. Recuerda que puedes recomendar
este sitio a alguna amiga.
Lo haré.
Ay... lo conseguiré.
¿Se puede?
Ya estás dentro.
Te estaba buscando.
¿Dónde están las mujeres de la lectura?
He ido al salón y no había nadie.
Estamos en un descanso. No va a ser todo leer.
Cuando lo retoméis me gustaría mucho unirme con vosotras.
Estamos al completo.
¿Y no podría haber sitio para una más?
Podría, pero no.
En ese caso, disfruta de tus libros.
Algún día te arrepentirás de tratarme así, Lucrecia.
¿Qué te ocurre?
Yo...
¡Habla de una vez!
He perdido mi anillo de boda.
¿Tu anillo?
Lo he buscado por toda la alcoba y no lo encuentro.
¿Estás segura de que lo has perdido allí?
Sí, lo llevaba al entrar en la alcoba.
Lo sé porque lo miré antes de...
¡De fornicar, Valentina!
Nunca me quito ese anillo.
No puedo volver a mi casa sin él, mi marido se dará cuenta.
(Llaman a la puerta)
¡Por fin amo, por fin llega usted!
Que tenía usted razón, que Él vive. ¡Que está entre nosotros!
¿Ahora ya me crees?
No, si no es creer, es ver.
¡Que le he visto, amo!
Y es como este. Pero en carne y hueso.
¡Y como lleno de luz, de mucha luz!
Cálmate y cuéntamelo todo. Es muy importante.
Sí. Verá...
Verá amo. Es carpintero.
Y ha resucitao a un perro.
Le digo todo esto antes de que empiece usted con sus dudas de ateo.
Sátur, nadie puede devolver la vida a los muertos.
¡Él sí lo hizo!
Y tiene cicatrices en las palmas, ¡ande los clavos de la cruz!
Dijiste que era carpintero.
Sí, ¿por qué me lo repite?
Podría habérselas hecho trabajando.
¡No, amo, no!
Que le digo que me tocó, ¿eh? ¡Me tocó!
Y por primera vez no tuve miedo.
Fue como tocar a Dios.
Sátur, tu fe a veces puede confundirte.
¿Pero qué fe ni qué fe?
¡Era usted el que quería encontrar al Sucesor, y no yo!
¡Que le digo que yo le he visto!
¿Ya no tienes miedo del castigo divino?
¡Pues no!
A lo mejor hemos leído las señales al revés.
¡Que Dios quiere que le encontremos!
Sátur, esto no es ningún juego.
La vida del Sucesor corre peligro.
¿Cómo que corre peligro?
Alguien le está buscando para matarle.
¡Bueno, pues más a mi favor!
Que nosotros somos los únicos que sabemos cómo es.
¡Y yo sé dónde vive!
¡No eche por tierra esa ventaja!
¿Y si te equivocas?
Amo, tiene que creerme.
A usted siempre se le llena la boca con la verdad, la verdad...
¡Pues su puñetera verdad está a las puertas de la villa!
Créame, por Dios se lo pido. ¿Eh?
Llévame hasta él.
Gracias.
Gracias, amo, gracias.
¡Catalina!
Catalina...
¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Te has cortado con una hoja?
Es que es tan bonito, Cipri.
(BURLÓN) ¿Lloras por el libro?
Que todo esto ha salido de la imaginación de un hombre.
Seguro que era uno que no tenía nada que hacer.
Yo que me pensaba que los libros solo guardaban polvo,
y guardan historias.
Me he puesto a leer y se me ha quitado hasta el hambre.
Tú no sabes lo que es esto.
Vámonos para casa que pronto oscurecerá.
Espera que termine esta página.
(Sollozos)
Señora, su carroza la espera.
¿Le has mirado la cara, Cipri?
Si parece que se ha hecho en ella la primavera.
Y todo porque viene de dónde viene, de la lectura.
Bueno, ¿terminas o qué?
Cipri...
cuando nuestro hijo crezca, yo quiero que lea este libro.
Que aprenda a segar. Que le será de más provecho.
¿Se puede saber a ti qué te pasa?
¡Pues que yo no sé leer!
Bueno, pero yo sí... Yo le enseñaré al crío.
¡Pero yo soy el padre! ¡Debería ser yo quien le enseñara!
Bueno, Cipri... tú le podrás enseñar muchísimas otras cosas.
Sí, pero a leer, no.
Bueno, voy a poner la página por donde iba.
¿Y esto...?
¿Qué pasa?
¿Qué pasa? ¿Qué pone?
(LEE) "Yo, Don Anselmo de Pedrera,
autorizo la entrega de quinientos ducados de mi depósito
en el banco de los Spínola
al llevador de este documento."
Cipri...
¡Amo!
¿Está usted ahí dentro? Soy yo.
Pasa.
¿Cómo se ha colado usted aquí?
Si es que tiene alma de ratero.
¿Has buscado en su casa?
No hay nadie.
Habrá salido a hacer algún encargo.
¿En plena noche?
Bueno, es lo que me se ha ocurrido.
No me imagino yo al Hijo de Dios de picos pardos.
Sátur, aún no sabemos si es el Sucesor.
¡Pero que más señales quiere! Es carpintero.
Le tira el negocio familiar.
Solo son casualidades.
Mire, amo.
Sus herramientas.
Su cincel.
Tóquelo a ver si siente algo. Tóquelo.
¿Qué quieres que sienta?
Qué cerradito está usted a la fe.
Pero qué cerradito.
Tengo una idea.
¿Por qué no se viste de maestro y nos vamos a la tasca?
Y así podemos vigilarle entre frasca y frasca.
Sátur, espera.
¡Eh! ¿Qué he hecho ahora?
¿Eh?
¡Ah!
Es su compañero, amo.
Ay, Dios mío, que se han llevado al Sucesor.
¡Que se lo han llevado!
¿Pero dónde estará ese maldito anillo?
Llevamos horas buscando.
¡No lo vamos a encontrar!
¡No! No comiences otra vez a llorar.
Mi marido es muy celoso.
Cálmate.
¿Seguro que no te lo quitaste?
¡Seguro!
¿Pero, qué hiciste con el dedo?
Pues...
¿Qué?
Él empezó a besarme la mano
y de repente, se metió el dedo en la boca.
Eso nunca me lo había hecho mi marido.
Pareces tonta, Valentina. ¡Te robó el anillo!
¿Qué?
Estaba intentando huir de palacio
y me ha traído hasta este ala cerrada.
¿Le conoces?
¿Qué hacíais aquí?
La duquesa se encontraba indispuesta
y hemos venido dando un paseo.
Pues os dejo solas.
Si no tenéis nada que ver con él, le dejaré marchar.
Ahora que lo miro es...
nuestro lacayo del grupo de lectura.
¿Y qué hacía un mudo casi desnudo en tu grupo de lectura?
Dime que las demás alcobas están vacías,
dime que tu grupo de lectura existe realmente.
¡Dime que no has montado un burdel en palacio!
(DECIDIDA) Pues sí. Lo he hecho.
¡Basta ya, es una locura! ¿Qué mente perturbada hace algo así?
(Llantos)
Perturbada, no, brillante. Unos hombres prestan servicio
a unas mujeres. ¿Qué hay de malo?
¡Es antinatural! ¡Los hombres no se entregan por dinero a las mujeres!
Pues ya era hora de que las cosas cambiaran.
Te prohíbo que sigas, Lucrecia. ¡Acaba con esto inmediatamente!
Llevamos la noche buscándole, y na'.
Le hemos perdido.
¡Todo por enzarzarnos en "si es, no es",
"ahora le busco, ahora no le busco"!
Si está vivo, le encontraré.
Amo, para futuros debates:
unas veces gana la fe y otras veces la ciencia.
¡Pero la gresca por la gresca, no!
Es él...
Y le acusan de ladrón.
Es una canallada. ¡Este hombre no ha robado a nadie!
¡Y le van a ahorcar!
Eso no pasará.
Una cosa le digo:
usted, a lo largo de su vida de héroe,
ha salvao a muchos prescindibles. Yo entre ellos.
Pero este hombre es único,
este hombre va a salvar a la humanidad.
Sátur, necesito concentración.
¿Este hombre quién cojones es?
¿No es el carpintero?
Yo a este hombre no le he visto en mi vida.
Se te acusa de robar en las tierras del marqués de Astorga.
La condena es la muerte.
Lo volvería a hacer.
Prefiero que coma el pueblo a que engorde su excelencia.
Y encima es más chulo que un ocho.
¿Dónde leches va?
¡Que es un ladrón!
(GUARDIA-GD) ¿Es él, señor?
No. El hombre que buscamos tiene 30 años.
Debió escapar durante el ataque.
Usaremos los perros para seguir su rastro desde aquí.
Disculpe, comisario,
¿por qué seguimos a ese carpintero?, ¿qué ha hecho?
Simplemente nacer.
Buscad fuera.
Vamos.
¿Cómo ha podido escapar?
¿Qué ha ocurrido, comisario?
Lo siento, eminencia, pero acabo de llegar.
Pregunte a sus mercenarios, son los responsables de todo esto.
Tenía al Sucesor. ¡Lo tenía en mis manos!
Si hubiese confiado en mí en vez de sus sicarios, ya estaría muerto.
¡Ese carpintero no puede andar muy lejos, quiero que lo encontréis!
Es solo un hombre asustado.
Probablemente haya huido al bosque. Le daremos caza.
¿Qué ruido es ese?
Quizá aun esté escondido aquí.
(ASQUEADO) ¡Ah!
(CR) ¡Quítemelas de aquí! ¡Quítemelas!
¿Me has hecho llamar?
¿Puedes decirme qué significa esto?
Son las cuentas del Marquesado.
¿Algo más? Me gustaría descansar.
Ni te muevas.
¿Qué son estas partidas de dinero?
¿En qué estás gastando nuestro patrimonio?
Déjame pensar.
En tabernas, en casas de apuestas.
¿Tienes algo que objetar?
¿O prefieres que lo pierda como tú en un absurdo negocio de cacao?
Ah, señora, que está usted aquí.
Casualmente, quería preguntarle...
¿las damas de la lectura vendrán también hoy?
Por supuesto que sí.
Don Anselmo de Pedrera.
Don Anselmo...
- ¿Has dejado ya el libro? - No deberías estar aquí.
No, no lo he dejado.
Estoy viendo a ver quién es ese hombre.
¿Pero has perdido la cabeza?
No podemos cobrar ese dinero... Es un delito.
Lo sé Cipri, pero este Don Anselmo no aparece por ningún lado
y esto todavía no lo ha cobrado nadie.
¿Y si te descubren?
¡Mírate, mira tus ropas!
Alguien como tú o yo no va al banco.
Cipri, necesitamos ese dinero. Asumiré las consecuencias.
No.
¿Cómo que no?
Que iré yo.
¿Tú?
No vas a enseñar a leer al crío y sacarnos las castañas del fuego.
Pero...
Como hombre me queda poca dignidad.
No me la quites del todo, por favor.
Ya me dirá usted para qué se mete en ese jaleo.
Y luego encima para salvar a un maleante.
Ese hombre puede ser el Sucesor. Por eso intenté rescatarle.
¿Ya empezamos?
¿Cómo que "puede ser"?
¿Y qué pasa con el carpintero, amo? ¿Qué pasa?
Mira estas caras.
El retrato que encontramos y el cartel de la ejecución.
Son idénticos.
¿Pero cómo va a ser el Elegido un chorizo de tres al cuarto?
¡Que eso es herejía sobre herejía, amo!
El Elegido no tiene por qué ser inmaculado.
Además, ya lo escuchaste.
Roban a los ricos para entregárselo a los pobres.
Si fuera el hijo de Dios,
¿para qué leches iba a robar tres panes?
¡En todo caso los multiplicaría y los llenaría de morcilla!
No sabemos nada.
Para mí, el Elegido puede ser cualquiera de los dos.
Vamos a ver, que al Señor lo pintaron asín como...
como rubio y con la tez clara.
Como el carpintero.
Jesucristo era judío.
Probablemente fuera moreno. Como el hombre que rescatamos.
¿Pero usted le vio la cara?
¡Que parecía un palmero de la cueva del Sacromonte!
Mira esos retratos son idénticos. Calcados. ¿Cómo explicas eso?
¿Que cómo lo explico?
¡Pues cagándome en el pintamonas que hizo el cartelito!
¡Que ya podía haberle metido un poquito de color!
(CP) Gonzalo.
Gonzalo.
Me gustaría saber si podrías prestarme algo de ropa elegante.
Da igual cómo me quede.
¿Y tú para qué quieres ataviarte?
Para una boda. De un primo mío.
Claro que sí, Cipri, coge lo que quieras.
Seguiremos buscando al carpintero.
Aunque no sea el Elegido, algo le ha ocurrido.
Como no lo guie una estrella de Belén, ya me dirá usted.
Que puede estar en cualquier lado.
Me atacaron...
Es él...
Han matado a mi amigo.
Es él.
No sabía adónde ir.
¡Catalina!
¿Señora?
¡Catalina! Tú limpiaste la librería, ¿sabes si alguien cogió este libro?
Pues no, señora, no sé nada.
Dentro había un documento de don Anselmo de Pedrera.
Me lo dio para llevarlo al orfanato de Santa María.
Allí los niños andan muy necesitados.
Vaya. Pues no sé.
Está bien, seguiré buscando. Gracias.
¿Señor, qué le ha ocurrido?
Traiga alcohol al salón.
Sí, se lo llevaré a su alcoba.
En el salón está la señora con lo de la lectura.
¿Pero qué es esto?
¡Te dije que lo pararas!
Es mi casa. Y haré lo que me venga en gana.
Señoras, ha terminado la lectura.
¡Quietas!
Y vosotros también, ¡fuera! ¡Vamos!
¡De aquí no se mueve nadie!
Estás colmando mi paciencia, Lucrecia.
(DAMA) Por favor, por favor.
¡Valentina!
¡Lo siento! Alguien se lo dijo.
¡Aquí se ha organizado una casa de pecado!
¡Es un escándalo!
Dios santo, un burdel.
A nadie le interesa que esto salga a la luz, duque. Ni a usted ni a mí.
¡Cállese! Trajo a mi esposa con engaños.
¡Llenó su mente de lujuria!
Este es un asunto extremadamente delicado,
deberíamos tratarlo como hombres civilizados.
¡Usted es tan culpable como ella!
Lo ha permitido.
Les aseguro que esto no va a quedar así.
Tendrá consecuencias.
(EBANISTA) El Señor es mi pastor; nada me falta.
(Melodía: un instante)
En verdes praderas me hace descansar,
a las aguas tranquilas me conduce,
me da nuevas fuerzas y me guía por caminos rectos,
haciendo honor a su nombre...
Aunque pase por el más oscuro de los valles,
no temeré peligro alguno.
Porque tú,
Señor, estás conmigo.
Le traigo mi jergón. Por si... Ya sé que no es mucha cosa, pero...
Gracias, pero puedo dormir en el suelo.
No, no, no. En el suelo no, por Dios.
Los hombres que mataron a mi amigo, me buscaban a mí.
¿Por qué? Solo soy un carpintero.
¿Por qué alguien querría hacerme daño?
(Melodía: empieza)
Eso va a ser mejor que se lo cuente mi amo.
¿Qué? ¿Qué tiene que decirme tu amo?
Usted cuando se despierta por las mañanas,
¿se siente así, normal y corriente?
(Melodía: acaba)
(Mecanismo: se acciona)
No entiendo.
(Disparo)
Sí. Que si...
No sé, que si alguna vez, aunque sea de crio
¿usted ha resucitado cosas solo con tocarlas?
No.
Bueno, al perro sí que yo lo vi.
Por no hablar de sus manos. De los clavos de la cruz.
Por eso le buscan a usted.
Porque saben quién es.
¿Y quién soy?
El hijo de Dios,
el hijo de David.
El Rey de Reyes.
El Sucesor de Nuestro Señor Jesucristo.
Sí.
No, no lo soy.
Sí que lo es, sí. Sí que lo es.
Os equivocáis.
Solo soy un hombre normal.
¡Espere! ¡Espere, ande va, vuelva!
¡Se lo solté asín, a bocajarro!
¿Cómo no iba a salir por patas?
¿Dónde le perdiste el rastro?
No lo sé.
Estuve corriendo un buen rato detrás de él. Y él iba...
iba como un gamo, menuda zancada.
Sátur, piensa. Necesito saber qué pasó.
¡Pues pasó que le perdí!
Que luego me fui a buscarle a usted.
Volvemos a estar como al principio.
Si es que hay que joderse.
¿No dicen que fue Juan Bautista el que le reveló la verdad a Jesús?
¿Qué hago yo haciendo de San Juan Bautista, qué hago?
Sátur, no te muevas de aquí.
(Estrella ninja)
¿Qué ha escuchado algo?
(Relincho)
¿Dónde va, amo?
¿Dónde va?
(Desenvaina)
(ASUSTADO) ¡Eh!
(Disparos)
(GD) Es él. Lleváoslo.
No soy quien creéis.
¡No le toques!
No, por favor.
No me mate.
Se lo han llevado, amo. Se lo han llevado.
¡Sátur!
¿Estás bien?
¿Has hablado con el duque?
Me han echado de su Palacio. No ha querido recibirme.
Señor, una carta para usted.
¿Y bien?
¿Qué dice?
¿Qué van a hacerme?
Me relegan de mi cargo.
Por cerrar los ojos ante lo que estaba pasando aquí.
Hernán...
¡Hernán!
Espera.
¿Ha ido todo bien?
Creí que te habían descubierto.
(Llaman a la puerta)
Dejaremos una parte para los niños del orfanato
y todavía nos quedará suficiente para empezar una nueva vida.
La señora.
(CT) Señora, ya se lo llevo yo.
¡Que nadie se mueva!
(CT) ¡Señora!
¿Qué queréis?
Un mundo justo.
Gracias por su aportación, señora.
Gracias.
Señoras...
¡Guardias! ¡Guardias!
¡Catalina!
Si venís a llorar por vuestro empleo, perdéis el tiempo.
He sido leal durante años.
Por usted me he manchado las manos de sangre.
Mueva los hilos necesarios para que yo recupere mi cargo.
Os tenía a mi lado porque os necesitaba. Ya no.
Ahora necesito domar a otro.
¿Qué os parece?
Una aberración.
No es una aberración, comisario.
Jesucristo murió en el Gólgota acompañado de dos ladrones.
Su descendiente morirá de igual manera.
(OFICIAL) A partir de ahora no podrá ejercer la ley.
Deberá limitarse a cumplirla como un simple civil.
(MARGARITA-MG) Necesito tu ayuda. Es monseñor Adrián. Ha desaparecido.
(IR) ¿Quieres yacer con mi esposo?
Así olvidará la pérdida de su cargo.
Eres repugnante.
¡Cipri, no!
(CP) ¡Dame mi dinero!
(LADRÓN) ¡La guardia, corred!
Que nosotros no somos de ellos.
Moriréis en la horca todos mañana por la mañana.
Acamparemos aquí.
(MG) ¿Cómo vamos a pasar la noche? No tenemos nada.
¿Algún problema?
¡No quiero ir a la horca!
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