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"En el a�o 146 antes de Cristo
Grecia estaba bajo la influencia de Roma.
La Liga Egea se negaba a aceptar el ocaso
de la antigua gloria de Grecia. En su lugar, cerr� filas
detr�s de Critolaus, gobernador de Corinto.
El m�s fan�tico de los defensores de la rebeli�n contra Roma".
Ma�ana le pedir� a la asamblea que rechace totalmente
la proposici�n del emperador de Roma.
Corinto no es problema de Roma. �No ser�a m�s inteligente
escuchar primero al embajador y decidir despu�s?
T� hablas m�s como el defensor de la sabidur�a.
Los griegos necesitamos el coraje si queremos recuperar
la gloria de nuestros padres.
Bien dicho. Es la pura verdad. -Critolaus tiene raz�n.
�Y bien? -He de hablar contigo.
-�Te reunir�s conmigo ma�ana?
-Diaeus ha causado una gran impresi�n en Artemide.
-Es f�cil con un marido que habla siempre de filosof�a
a una esposa que solo quiere amor. -Falta lo principal.
-Un hombre inteligente a su edad no se casar�a con una mujer bella.
(R�EN)
-Me gustar�a hablar contigo, Hebe.
Ahora no. Aqu� no.
�Regocijaos, amigos m�os!
Acabo de recibir la noticia de que Roma est� en peligro mortal
ante Cartago. La guerra con los �beros
les est� debilitando sobremanera. La arrogancia de Roma
est� cavando su propia tumba. No te dejes llevar
por tu entusiasmo, Critolaus.
Anticipas los acontecimientos.
Es la virtud de la previsi�n lo que da a un jefe militar
la posici�n que necesita.
Critolaus tiene raz�n cuando dice que esta dispersi�n de sus fuerzas
debilitar� a Roma.
-Cartago ya venci� a Roma en su propio campo.
-La estrella de Roma desciende en su ocaso final, Cal�crates.
Solo t� niegas lo evidente. -Eso no es cierto.
Yo estoy de acuerdo con �l. -Por supuesto, por supuesto.
Es natural.
el poder de Roma. �Qu� pasar� con la cultura griega?
Con la civilizaci�n del mundo occidental si Roma perece.
El peligro viene del este.
De la invasi�n de los persas y lacios. �No aprendiste nada?
Deja los sermones para tus amigos los romanos.
Aqu� hablas como griego y como hombre libre.
�Qu� insin�as? Ya lo sabes.
Pagar�s por este insulto. Pero padre.
Mi buen Cal�crates. Olvidad la pol�tica por una vez.
-�Qu� valor tiene una amistad como la vuestra
si solo hace falta una palabra para destruirla?
T� sirves a tu pa�s con la espada. Mi marido con la inteligencia.
Grecia necesita ambas cosas. -Bien dicho.
-Tiene raz�n. S�. -Bebamos por esta reconciliaci�n
y por la buena fortuna de Corinto y todos los griegos.
-Salud.
-�Gloria a Critolaus!
(TODOS) �Gloria!
Buenas noches, padre.
Buenas noches, Hebe. -Hasta ma�ana, querida.
-Esp�rame.
Ir� contigo.
-Tengo la impresi�n de que a no tardar los dioses
bendecir�n la boda de tu hija.
Diaeus est� destinado a sucederme un d�a como gobernador de Corinto.
No podr�a dejar a Hebe en manos m�s firmes.
-�Sabes? Es muy extra�o.
Siento como si huyeras de m�.
No creo que sea ning�n secreto lo que siento por ti, Hebe.
Dime. �Qu� pasa?
No me presiones. Deber�as conformarte con amistad.
Esc�chame. Te amo.
Si pudiera tenerte siempre a mi lado, quiz�...
Quiz� mi amor te contagiar�a.
No, Diaeus. No. Disculpa.
�Y qui�n es el hombre al que amas?
Oh. As� que tiene que haber otro.
Bueno, pues no hay nadie. Entonces...
C�sate conmigo.
Dame tiempo, Diaeus.
Si alg�n d�a me despierto enamorada de ti,
te lo har� saber. Te lo prometo.
(Murmullo)
-�Un embajador que va escoltado por legionarios
en el edificio de la asamblea? �Es una afrenta!
�Van a intimidarnos as�? -�Esos? Somos m�s del doble.
-Son el s�mbolo del poder de Roma.
-�Qu� poder? En Caltanio los romanos
est�n casi derrotados. -�Derrotados?
-�Es eso verdad? -Por supuesto que es verdad.
Su embajador, Sextus Iulius C�sar,
tiene la insolencia de presentarse en la asamblea libre de Corinto.
-Es hora de librarnos de los opresores.
-Y por la raz�n aqu� expuesta,
el Senado de Roma vuelve a repetir la urgente petici�n de que todas,
todas las ciudades griegas unidas a la llamada Liga Egea,
incluida Corinto, se separen de esa Liga, asegurando cada una
su total autonom�a dentro de los l�mites del tratado
ofrecido por Roma y bajo su liderazgo y protecci�n.
-�Es un insulto intolerable! -�C�llate!
Escucha bien, Sextus Iulius C�sar.
Yo, Critolaus, gobernador de Corinto,
en nombre de la asamblea, rechazo la petici�n
del Senado de Roma. (TODOS) �Eso es!
Rechazo esa petici�n porque atenta contra la dignidad
y la autodeterminaci�n del pueblo.
-No tienes derecho a hablar
en nombre de la asamblea. Mi grupo apoya la disoluci�n
de la Liga Egea.
(TODOS) �Nosotros tambi�n!
La mayor�a aprueba mi decisi�n.
-Te pido que lo reconsideres.
Roma puede exigir lo que ahora pide.
Sus derechos est�n en el tratado.
Y de toda Grecia. Por su glorioso pasado.
Por sus logros en todos los campos.
Por las obras maestras de sus hijos.
Por su influyente civilizaci�n que era ya grandiosa
antes de que R�mulo marcara el contorno de su ciudad.
Ser� donde llevaremos a Roma alg�n d�a.
No escuchar� m�s, Critolaus.
(TODOS) �Tiene raz�n! �Fuera Roma!
-Critolaus ha rechazado la petici�n romana y proclama
la independencia. -�Larga vida a la asamblea!
(Murmullo)
(TODOS) �Fuera Roma! �Fuera!
�Que se marchen! �Critolaus!
�Estamos contigo! �Fuera Roma!
�Fuera Roma! �Fuera Roma!
(HABLAN A LA VEZ)
En tu deseo de arrastrar a Corinto hacia la ruina,
has provocado deliberadamente a Sextus Iulius C�sar
para atraer contra nosotros el poder de Roma.
Exageras ese poder, pero me gustar�a recordarte
que el Senado de Roma, como demostr� muy a menudo,
prefiere ignorar nuestros desaf�os
porque eso demuestra lo que t� llamas tolerancia.
-Corinto est� en el momento crucial de toda su historia.
Yo digo ante todos vosotros
que la libertad no es algo que se regale.
Es algo que hay que coger.
(HABLAN A LA VEZ)
Veo que sigues con tu rara colecci�n.
-Oh, mira eso. Un raro ejemplar de v�bora.
Lo interesante de esa criatura es que tiene veneno suficiente
para matar a cien hombres.
Nunca he podido compartir tu pasi�n por las serpientes.
Son repelentes. Pero fascinantes.
Te sorprender�a saber las horas que paso aqu�.
Por ejemplo, si les tiras algo vivo,
corre alocadamente en todas las direcciones.
Entonces, queda atrapado bajo la mirada hipn�tica
de la serpiente y despu�s...
Debo decir que tus serpientes me recuerdan la mentalidad
de ciertos ciudadanos de Corinto que no merecen ser griegos.
Pronto tendr�n su merecido.
-Gloria a Critolaus y al vicegobernador Diaeus.
Entra, Vestor. �Qu� ocurre?
La escolta del embajador romano ha provocado disturbios.
Sextus Iulius C�sar y los dem�s pudieron escapar de la multitud.
Nuestro noble Coroni ha resultado muerto.
�Y qui�n es este? Es un traidor.
Estaba ayudando a los romanos. -�No le creas!
Yo solo intervine para que razonaran.
-�Mientes, miserable! -�No es verdad!
Intentaba evitar un ba�o de sangre.
Arrojadle a un calabozo y torturadle.
Sabremos la verdad. �Escucha!
-Un momento.
�Por qu� deber�amos condenar a este viejo
a una larga agon�a?
Es inhumano. -S�. Soy inocente.
Quiero un juicio justo. -Por supuesto. Lo tendr�s.
�Ah� est�n tus jueces!
(GRITA)
-Todos los traidores deber�an acabar as�.
(GRITA)
-Perd�name, querida Hebe. Deber�as estar encantada
de que el noble Diaeus te pida en matrimonio.
Supongo que s�. El problema es que...
No s� c�mo explicarte, Cintia.
Yo pienso que el amor
debe ser algo tan verdaderamente maravilloso.
Tan embriagador como el n�ctar de los dioses.
Ver�s. La presencia de Diaeus me resulta indiferente.
Si le amara, incluso el sonido de su voz
me llenar�a de alegr�a.
Solo soy tu tutora, pero te quiero.
Por eso, me atrevo a aconsejarte.
Quiero irme a la cama. Buenas noches.
�Ay! �Ay!
(Risas)
-Espera hasta que tu se�ora te llame. Qu�date conmigo.
-Debo irme.
�Oh!
-Mira, est� herido.
Llamar� a tu padre.
Despu�s de lo que pas� esta ma�ana, le condenar�an a muerte.
Llama a Cal�crates y d�selo.
�l es el �nico que puede ayudarle. No debes hacerlo.
Llama a Cal�crates. �Corre!
�Y bien, F�sico?
-No es grave. Solo perdi� mucha sangre. Estar� en pie pronto,
Debemos agradec�rselo a los dioses. Debo salir, Artemide.
Esperemos que tras una noche de reflexi�n
Critolaus haya vuelto al camino de la raz�n.
-Lo dudo.
(SUE�A) "Deprisa.
Las puertas. A la derecha.
�A la derecha! �Deprisa!
�Las puertas! Las puertas".
Artemide.
Llegas temprano, Hebe.
Acabo de ver a tu marido. Dice que el romano se pondr� bien.
Cuanto antes, mejor. Si tu padre descubre
que escondemos a un romano, ser�a el fin para todos nosotros.
�Esperas que lo averig�e? No puedo saberlo. Es posible.
Sabes muy bien que no comparto sus ideas.
Le quiero y le respeto, pero...
Se est� despertando.
�C�mo te encuentras, centuri�n?
Ahora lo recuerdo. T� salvaste mi vida.
No, no. No debes cansarte. No te preocupes.
Est�s en la casa de Cal�crates, amigo de los romanos.
Esta joven es la hija de Critolaus,
el peor enemigo que Roma haya tenido jam�s.
Solo puedo urgirte, Critolaus, a sopesar la gravedad de todo.
Roma no nos dejar� sin castigo por mucho tiempo.
Todav�a podemos prevenir las represalias que de otro modo
ser�n inevitables. Disc�lpate con el Senado romano.
Atribuye el ataque a personas desconocidas e irresponsables.
Te he recibido y escuchado en nombre de nuestra antigua amistad.
No tolerar� ni uno m�s tus vergonzosos consejos.
Esc�chame, Critolaus. Esc�chame t�.
Estamos en la encrucijada de nuestra historia.
Si los romanos se atreven a poner un pie en el istmo,
les exterminaremos antes de pasar las puertas de Corinto.
�Y si llegan a la ciudad? -Creo que no es improbable
que los muros de Corinto aguanten ese ataque.
Olvidas que dirig� la construcci�n de las fortificaciones.
No hay muro lo suficientemente fuerte para protegernos
de la furia de Roma. Grecia necesita otro Alejandro
si quiere recuperar su dignidad.
Y yo estoy listo para aplastar a mis enemigos.
Lo que quiero decir, Cal�crates. No es momento para discursos,
sino para la acci�n.
Muerte a cualquiera que se ponga en mi camino.
Os hab�is vuelto locos los dos.
Ya estoy mejor.
Deber�a estar doblemente agradecido
considerando que eres la hija de Critolaus.
-Has vuelto muy pronto.
Este es mi marido, Cal�crates.
Aqu� est�s entre amigos, centuri�n.
�C�mo te llamas? Caius Vinicius.
�Y mi padre? Es inamovible.
Como una roca. �Sabes, Vinicius?
La gente de Corinto nos odia de verdad.
Solo algunos individuos empecinados nos llevan a la ruina.
No tienes que convencerme, noble Cal�crates.
Tu hospitalidad es m�s elocuente que cualquier cosa que digas.
Ay. Si el Senado romano pudiera conocer la verdad.
Debo irme ya. Ave, centuri�n.
Vuelve pronto.
�Y t� qu� opinas? Tengo miedo.
�Crees que Roma puede declarar la guerra a Corinto?
T� mismo lo has dicho al se�alar que el Senado romano
nunca podr� conocer la verdad.
Si yo no estuviera as�, quiz� podr�a viajar a Roma.
�Lo har�as? �Interceder�as por Corinto?
No es una cuesti�n de interceder, sino de evitar una masacre.
La guerra siempre ha sido la m�s terror�fica e in�til
de las tragedias. Nunca se resolvi� ni un solo problema
exterminando a la gente. T� ponte bien, Vinicius.
Yo har� que regreses a Roma.
(Murmullo)
-El enfado del Senado es perfectamente leg�timo.
-La afrenta hacia ti y los miembros de tu embajada
es intolerable. -Es obvio que la magnanimidad
de Roma hacia los griegos se interpreta como una se�al
de nuestra debilidad. -Eso es verdad.
Por eso, debemos imponer nuestra voluntad.
Con un golpe de espada cortaremos la sublevaci�n de la Liga Egea.
-Estoy de acuerdo, Metellus. -El prestigio de Roma en juego.
El Senado est� esperando ser informado de nuestra decisi�n.
-Entonces, mandaremos una expedici�n y castigaremos
al insumiso Critolaus. T�, Valerio Metellus,
asumir�s el mando directo de las tropas.
Y t�, Lucius Vintius, ser�s el comandante.
-Asumo con alegr�a el mando contra esos que tienen la osad�a
de dudar de nuestro poder.
-El destino de Corinto ense�ar� una lecci�n a los dem�s.
La destruiremos con fuego y espada.
-Bien. Ahora intenta dar unos pasos.
Gracias. Puedo hacerlo solo.
�Ves? Est�s tan d�bil como un beb�. Deja que te ayude.
�Todav�a pretendes irte?
Tu marido y los dem�s amigos de Roma cuentan conmigo. Lo sabes.
Me he acostumbrado a tu presencia en esta casa.
Voy a echarte de menos.
Me pregunto por qu� no vino Cal�crates.
Ha salido.
�Por qu� ser� que siempre que estamos solos
te niegas a mirarme?
Te retiras cada vez que mi cuerpo te toca.
�No te agrado?
�No soy lo bastante hermosa para ti?
Eres muy hermosa. �Entonces?
Debes entender de una vez por todas, Artemide.
En otras circunstancias no dudar�a.
Soy incapaz de olvidar que eres la esposa del hombre
al que debo respeto y gratitud.
Noble sentimiento, querido. No me enga�as.
Me he dado cuenta de c�mo os mir�is Hebe y t�.
Siempre buscando una excusa para ir de la mano.
No permitir� que hables as� de Hebe.
Si supieras cu�l es tu lugar. �Qu� esperas?
�Qu� sabes t� del tormento que sufre una
cuando est� obligada a pasar su vida con quien no quiere?
Yo tengo tanta necesidad de amor.
Cometes un error, Caius Vinicius.
Volver�s arrastr�ndote de rodillas. Yo nunca me quedo a medias.
O amo u odio.
Vinicius. �Oh! Traigo buenas noticias, centuri�n.
Embarcar�s ma�ana al amanecer. Los pescadores te sacar�n
Te pondr�n a bordo de un barco.
En unos d�as estar�s en Roma. No est� en condiciones
de un viaje tan largo.
Me gustar�a que me dieras los detalles.
D�nde encontrar� a los pescadores y d�nde estar� el barco.
No te preocupes. No hay prisa. Pasea con Hebe por el jard�n.
Tengo algo que decirle a mi mujer.
�Qu� tienes que decirme que es tan importante?
Nada, querida. Pens� que esos dos j�venes
querr�an decirse adi�s sin presencia de testigos.
�No te has dado cuenta de que est�n enamorados?
Cada noche sol�a contar las horas esperando que la ma�ana
te trajera aqu�. Ahora se ha acabado.
Ay, ojal� no fuera un romano y no tuviera una misi�n que cumplir.
Todo nos separa. Tu inminente partida.
El odio de mi padre por Roma. La posibilidad de una guerra.
No podemos esperar a cambiar el mundo, Vinicius.
Pero quiz� podamos crear uno, uno que sea un verdadero refugio.
Donde podamos estar juntos el resto de nuestras vidas.
Oh, ojal� no te hubiera encontrado nunca.
As� no tendr�a que decirte adi�s.
No, no digas adi�s. Volver�.
Lo juro. No s� cu�ndo, pero alg�n d�a.
Y entonces, no nos volveremos a separar.
-El poder de la mayor�a del pueblo a quien representamos con honor
protesta por los impuestos de Critolaus
y la movilizaci�n de los esclavos.
-Una guerra contra Roma requiere sacrificios por parte de todos.
Si otros est�n dispuestos a dar su sangre,
es justo que vosotros deis vuestro dinero.
-Nos opondremos a �l en este acto ilegal de expropiaci�n.
(R�E) -�De qu� manera?
Escuchad bien.
Si quer�is evitar que vuestras propiedades sean confiscadas,
la �nica elecci�n que ten�is es demostrar el amor
a vuestro pa�s de una manera tangible.
Y ahora, por favor, retiraos. Vuestra conversaci�n me aburre.
�Fuera!
Ah, t� aqu�. Qu� sorpresa. Interesante.
-Tengo que hablar contigo. -Oh, entra. Si�ntate.
Dime. �A qu� debo esta encantadora visita?
Estoy encantado pero intrigado.
-Hay un centuri�n romano oculto en la ciudad.
-Hay un centuri�n romano oculto en la ciudad.
-Su nombre es Caius Vinicius, comandante de la escolta
del embajador romano.
-�Y d�nde est� ese centuri�n?
-Solamente te dir� c�mo y cu�ndo puedes arrestarle.
Con ciertas condiciones.
-Ah. Ya sab�a yo.
Este repentino ataque de patriotismo
no es propio de ti.
-Ah�rranos el sarcasmo, Diaeus.
La �nica raz�n por la que vine a ti en lugar de Critolaus
es porque s� que amas a Hebe. -�Hebe?
�Y qu� tiene que ver Hebe en todo esto?
-Vaya. Veo que empiezas a interesarte.
-�Cont�stame! -Est� enamorada del centuri�n.
Ella le ha tenido escondido. Ella planea su fuga de Corinto.
-�D�nde est� ese hombre?
-Te lo dir� como lo he prometido.
Solo con mis condiciones.
-Habla.
-Primero, promete no matarle.
Segundo, yo dispondr� de su vida.
-Ahora el cuadro est� completo.
(R�E)
Si yo fuera amigo de Cal�crates,
lo sentir�a mucho por �l.
-Entonces, �aceptas?
-�Detenedle! -�Cogedle con vida!
Y dime, �d�nde estuvo oculto este tiempo?
-Fue arrestado cuando estaba a punto de embarcar.
Lo he torturado, pero no quiere hablar.
Quiero que se ejecute al centuri�n como esp�a.
�No! �No! �No podr�a perdonarte nunca, padre!
�No podr�a perdonarte! �De qu� est�s hablando?
No lo entiendo.
�No me perdonar�s nunca? �Contesta!
�No ves que est� disgustada? Deja que se explique.
Esc�chala.
Quiero la verdad. Sabes que har�a todo lo posible
para evitar hacerte da�o.
Por eso, no he dicho nada.
No s� ni d�nde ni c�mo.
Hebe ha conocido a ese romano.
Se ha enamorado de �l.
No es posible. Dime que no es verdad.
�C�mo has podido? �Un enemigo de Corinto!
�No! Ahora no. Tu furia har� que se vaya.
He hablado con tu padre, pero es inflexible.
Por desgracia, no hay salida para ese romano.
Diaeus, s�cale de Corinto.
�Para tenerte en sus brazos?
No volver� a verle.
T� puedes ponerle a bordo de cualquier nave extranjera.
No, Hebe. No puedo.
�Y si acepto casarme contigo?
�Intentar�s quererme?
Y yo que cre�a que estaba a salvo
viajando hacia Roma. �Qui�n ha podido traicionarle?
�Qui�n? No he conseguido averiguarlo.
-No te atormentes, Cal�crates. Nadie te culpa.
Diaeus ha prometido ponerle a bordo de un barco,
pero si acepto casarme con �l. No har�s eso.
No debes hacerlo. No puedes sacrificarte.
�Por qu� no? Cuando alguien est� de verdad enamorado,
no se para ante nada. Diaeus no es el peor
de los hombres de Corinto.
No llores, mi peque�a Hebe.
Descubrir� el medio de encontrar a Vinicius.
Ir� con �l. No, Cal�crates. No debes hacerlo.
Tu seguridad es lo primero. No la arriesgues por m�.
C�mo debes amarle.
-Si Neptuno contin�a protegi�ndonos,
pronto avistaremos la costa de Grecia.
-Ya deseo entrar en combate. -Tranquilo, Metellus.
Desembarcaremos en una peque�a costa muy lejos de Corinto,
donde, al menos, no nos esperar�n.
Critolaus nunca pensar� que haremos una marcha tan larga.
�T� aqu�?
-�Y qui�n m�s va a preocuparse por ti en este momento?
Me evitas, pero soy yo y no Hebe quien puede liberarte.
�Crees que puedes sacarme de aqu�?
El barco en el que ibas a embarcar todav�a est� ah�.
T� y yo dejaremos Corinto juntos.
Tenemos una nueva vida por delante.
Un d�a aprender�s a quererme. Tambi�n lo s�.
�Por qu� me tratas as�? No me rechaces. Te lo ruego. No.
Ahora empiezo a entenderlo.
Si te han permitido entrar aqu� y ofrecerme la libertad,
es que te env�an ellos.
Fuiste t� quien me traicion�.
S�, fui yo. Ahora no tienes elecci�n.
O te escapas conmigo o morir�s.
Vete. �Fuera!
Est�s loco. Soy tu �nica esperanza.
�Sal antes de que te mate!
Antes de que tu cabeza caiga bajo la espada del verdugo,
Hebe estar� en los brazos de Diaeus
porque se va a casar con �l.
�Se va a casar con �l!
Adi�s, centuri�n. Hebe se reunir� contigo pronto
en la tumba porque la matar� con mis propias manos. �Lo juro!
-Parece que tu amor no es correspondido, Artemide.
-Haz que le ejecuten.
Rompe la promesa que le hiciste a Hebe.
-�Qu� promesa? �Eh?
No pensar�as que ser�a tan tonto de dejar que viviera, �verdad?
Ten paciencia.
Debes esperar hasta despu�s de mi boda.
Os he reunido aqu� por razones de seguridad.
El hecho es que Critolaus nos considera a nosotros,
el grupo pro romano, traidores.
(TODOS) �No somos traidores!
Es momento para la acci�n.
El centuri�n romano de cuya misi�n os he informado
ha ca�do en una emboscada.
Ahora se pudre en prisi�n.
Es la �nica esperanza que tenemos y debemos liberarle
si queremos evitar esta guerra.
(TODOS) �S�! �Tiene raz�n!
Aqu� est� tu prometida. Disculpa. Te hice esperar.
-La espera ha sido dulce, a pesar de mi impaciencia.
Estoy impaciente por veros casados
y pretendo que el d�a de la boda sea memorable.
Ojal� Corinto pudiera mostrar a ese d�a mi propia alegr�a.
�La asamblea ya preparada? S�. Por eso vine.
Bien, bien. Vuelvo enseguida.
T� puedes quedarte aqu� con Hebe. Tu presencia no es necesaria.
Dos j�venes amantes siempre tienen cosas que decirse.
�Sabes? De verdad pens� que tu actitud iba a cambiar.
Hebe.
Debes cambiar.
S�, pero como mi prometida,
tienes ciertas obligaciones.
Primero, cumple la promesa que me hiciste.
Ah, el centuri�n. S�.
Ya he preparado su fuga.
-Y por estas consideraciones
y para protegernos de la intervenci�n extranjera,
propongo que proclamemos el estado de emergencia
y que las solicitudes de abastecimiento de comida
para las tropas se extiendan a todas las provincias de Corinto.
La propuesta se somete a votaci�n.
Los que est�n a favor, que levanten la mano conmigo.
Oigamos a Billibus.
-Noble Critolaus, los romanos desembarcan en el istmo
al sur de Lucapreta. -No les dejemos.
-Es intolerable. -Es la guerra.
Miembros de la asamblea.
Ilustres ciudadanos de Corinto.
La arrogancia de Roma en su insolencia est� bajo la ilusi�n
de que nuestro ej�rcito no pueda hacerles frente.
El enemigo nos encontrar� preparados.
Probar�n el maleficio griego.
Me situar� inmediatamente a la cabeza de nuestras tropas
y haremos que los romanos vuelvan al mar.
Esto no es solo una promesa. Es una realidad.
(HABLAN A LA VEZ)
-Las tropas de la Liga Egea estar�n para reunirse contigo.
Bien. Con el apoyo de nuestros aliados,
les superaremos en n�mero y podremos aplastar a los romanos.
Te conf�o el mando de la ciudad d�ndote todo el poder.
-Desde el lugar que elegiste para desembarcar
nos espera una larga marcha. -Si Critolaus nos ataca,
podremos luchar en terreno m�s favorable.
-Vino un enviado del vicegobernador para interrogar
al romano. -�En mitad de la noche?
-Tengo una orden escrita. -Bien. Acomp��ale.
-Por aqu�.
Ah� est� el romano.
Estoy aqu� para interrogarte.
�La se�al!
�Vamos! �Deprisa!
�Vamos!
�No, por ah� no! �Por aqu�!
�Guardias! �Usad las armas!
�Cuidado, los guardias!
-�R�pido! �Se han ido por ah�!
�Vamos, s�gueme!
-No est� mal, pero est� lejos de ser perfecto.
Deben entrenar d�a y noche.
-A lo mejor tu padre ya empez� el ataque y habr� una gran batalla.
-Deber�as decir una gran victoria.
Traed el resto de las vendas. Habr� muchos heridos que atender.
-Se�or, el centuri�n romano ha escapado.
�Qu� ha dicho? �Algo de mi padre? -No, era otra cosa.
Dijo que hubo un ataque en la prisi�n anoche.
-S�. El romano ha escapado.
Escucha, Neap�litos. Me preocupa mucho Artemide.
Los soldados de Diaeus pronto registrar�n mi casa tambi�n.
-D�jamelo a m�. Estoy seguro de que puedo pasar inadvertido
y traerla a salvo.
el que te ofrezcas a hacerlo. Te recomiendo una gran prudencia.
No dejes que eso te preocupe. Artemide no est� en peligro.
�Qui�n sabe qu� puede hacer Diaeus?
Es capaz de descargar su furia sobre cualquier mujer.
No es eso a lo que me refer�a.
Expl�came. �Qu� es lo que hace que est�s tan seguro
de que mi mujer no corre peligro?
Preferir�a no tener que contestarte.
Por todos los dioses. �No puedes ser menos misterioso?
Perd�name si te causo dolor.
Fue Artemide quien me denunci�. �Qu�?
Es imposible. �Por qu� har�a ella algo as�?
�Dime! �Por qu�? No discutamos.
Te digo que s� de qu� hablo. Escucha.
Debes creerme cuando te digo que nunca traicion� nuestra amistad.
No he deshonrado tu nombre. No digas una sola palabra m�s.
�Artemide!
Dicen que Vinicius ha escapado.
�Tienes idea de d�nde ha ido? -�Escapado?
�Maldici�n! �Maldici�n!
�Ah! �Te matar�! �Te matar�!
�No volver�s a ver al centuri�n romano!
He tenido que defenderme. Estaba loca. Quer�a matarme.
-Ven conmigo.
S�. Todos nos refugiamos en una cueva en las monta�as. Ven.
Ve. Yo te alcanzar�. Bien.
-�Cogedle! -�Qu� quer�is de m�?
�Qu� he hecho? -Te conozco. Llev�oslo.
-�Soltadme!
-Registrad la casa. Arrestad a quien encontr�is.
�Vinicius! �Hebe!
�Est�s a salvo!
Fue Cal�crates y no Diaeus quien me liber�.
�C�mo has sabido que nos refugi�bamos aqu�?
Es terrible, Vinicius. Artemide est� muerta.
Intent� matarme. Tuve que defenderme.
�C�mo has llegado aqu�, Hebe?
-Mi paciencia es algo que no me gusta que pongan a prueba.
Te ruego que no que no juegues m�s conmigo.
Te vuelvo a preguntar. �D�nde se esconden? �Habla!
�Por �ltima vez! �D�nde se esconden? �Dilo!
�Sabes? Deber�a hab�rselo dado a una de mis mascotas.
Habr�a terminado demasiado pronto.
-�Ah! -S�, demasiado pronto.
-No le sacaremos ni una palabra.
-Voy a hacer que te despedacen poco a poco.
Deber�as decirme lo que quiero saber.
-Las tropas se est�n acercando.
-T� y la Liga Egea deb�is defender el valle.
Y t� con la caballer�a les atacar�is en el r�o.
Yo me quedar� aqu� para cubrir el camino a Luquepetra
y atrapar a todos aquellos que intenten retirarse al mar.
-�Es inteligente? -No est�s aqu� para pensar,
sino para obedecer. �Moveos!
-�Qu� nuevas hay? -Fuimos favorecidos por los dioses.
Ya hemos avistado a los enemigos y controlado sus movimientos.
-�Hab�is calculado el tama�o de sus fuerzas?
-Superior a las nuestras. Al menos, el doble.
Ya han formado las l�neas de defensa.
La caballer�a a lo largo del r�o. La infanter�a en el valle.
El plan de batalla es obvio.
El resto de las tropas est�n situadas en el camino
hacia el sur, a Luquepetra. -La estrategia de Critolaus
es igual de est�pida que su pol�tica.
La disposici�n de sus tropas nos ser� favorable.
Finalmente, yo ten�a raz�n, Metellus.
Yo estar� al mando de la caballer�a
y t� guiar�s al resto de las tropas.
�Adelante!
-�Los romanos est�n entrando en el valle!
-�Atenci�n la infanter�a! �A la carga!
-�A la carga!
-�A la carga!
-Debemos retirarnos del valle. Los romanos son demasiado fuertes
para nosotros. -�Hay que atacar inmediatamente!
�A la carga! -�Caballer�a, a la carga!
-�Se est�n retirando! �Perseguidles!
-El enemigo se bate en retirada.
-�Victoria! �Victoria!
(TODOS) �Victoria! �Victoria! �Victoria!
-Hoy hemos infligido una derrota aplastante
a los griegos, pero no mostraremos piedad.
Debemos enterrar para siempre bajo las ruinas de Corinto
los sue�os locos de Critolaus. �Gloria a Roma!
(TODOS) �Gloria a Roma!
Los dioses no han sido favorables a nuestra causa.
Prepara a tus hombres para hacer frente a un ataque
contra la ciudad. Espero un largo y doloroso asedio.
Todos los nobles y hombres ricos deben ser movilizados enseguida.
Hay que requisar toda la comida de la ciudad. Quien se oponga,
le mat�is en el acto. -Proceder� inmediatamente.
Env�a a alguien a decirle a mi hija que se una a m�
en la asamblea.
Siento comunicarte que tu hija desapareci�
sin dejar rastro. El centuri�n romano tambi�n.
-La Liga ha sido derrotada. Los romanos est�n a punto
de atacar Corinto.
Est� a salvo en la ciudad.
La batalla tuvo lugar cerca de Luquepetra.
Lucius Quintius empez� el asedio.
Comandante en jefe de los romanos.
�Le conoces? Desde luego. Es mi t�o.
Corinto est� pagando por la locura de un hombre.
-�Qu� les pasar� a nuestras familias?
(TODOS) �Estamos perdidos!
Debemos actuar. No podemos seguir escondidos.
Debemos vengarnos. Hemos sido considerados traidores,
aunque en realidad �ramos patriotas.
�Ense�emos a nuestros enemigos de Corinto que la valent�a civil
y la inteligencia pueden m�s que las armas.
-Explica a qu� te refieres. �Qu� pretendes, Cal�crates?
Tomar el mando del gobierno.
Meter en prisi�n a Critolaus y Diaeus y rendirme a los romanos
para evitar que la ciudad sea invadida y destruida.
(TODOS) �S�!
No pretendo hacerle da�o, solo quitarle el poder.
Una vez te ofreciste a salvar Corinto.
�Sigues dispuesto a ayudarnos, Vinicius?
Claro que s�. Puedes contar conmigo.
-No debemos darles tiempo para reorganizarse. Hay que atacar ya.
-Estoy de acuerdo, pero hab�a que hacer un alto tras una persecuci�n
tan larga. Tuvimos muchos heridos. Las tropas est�n exhaustas.
-S�, pero... -C�nsul, alguien quiere hablarte.
Dice que es un centuri�n llamado Caius Vinicius.
-No es posible. �Vinicius!
�Vinicius! �Oh!
No me lo puedo creer. Te d�bamos por muerto.
Solo me hirieron. Un noble corintio me ocult�
hasta recuperarme. Oh. Qu� alegr�a verte vivo.
Bebamos a la salud de ese corintio.
Este es mi sobrino Vinicius.
Cu�ntame qu� te ha ocurrido. Quiero todos los detalles.
Ahora no. Veo que est�is a punto
de atacar la ciudad. Vine para pedir que no lo hag�is.
�Qu�? �Vienes como embajador del enemigo?
No me lo puedo creer.
La gente de Corinto no son el enemigo.
Solo los hombres en el poder son los culpables.
-No puedo creer lo que oigo. Extra�as palabras
para los labios de un centuri�n.
Puedo explicarlo. -Me niego a escuchar.
Tienes que hacerlo.
No debes derramar m�s sangre. Ma�ana al amanecer
Corinto va a rendirse.
-Voy a ordenar el ataque. -Un momento.
�C�mo puedes estar tan seguro de eso?
Cal�crates, jefe del grupo partidario de Roma,
est� a punto de derrocar a Critolaus.
Fueron �l y su grupo quienes me salvaron.
Hablo en su nombre. -Es un truco para ganar tiempo.
A ti ya veo que te han vendado los ojos.
Eso no es verdad. S� lo que digo. Os lo ruego. Retrasad el ataque.
-�Crees que no me importa salvar las vidas de mis propios soldados?
Un retraso dar� tiempo al enemigo para fortificarse.
-Como oficial de Roma, no puedo aceptar tu proposici�n.
�Ni siquiera si te ense�o una forma de entrar en la ciudad
sin lucha? Expl�cate mejor.
Conozco un t�nel secreto.
De ese modo, pude salir de la ciudad sin ser descubierto.
Os llevar� all� al amanecer.
-�Nos das tu palabra de soldado y de romano?
Ten�is mi palabra.
Y debo a�adir que el �xito de la sublevaci�n depender�
de la rapidez con que se golpee.
El levantamiento debe ser simult�neo
y generalizado. -�Ah!
-�Los soldados! �Son los soldados!
Hemos ca�do en una trampa.
�Diaeus!
-�De verdad pensaste que pod�as escapar de m�?
Alto, Diaeus. No lo hagas.
Est�s a punto de matar la �ltima esperanza de salvar Corinto.
�Esperanza? �Dices que hay esperanza?
Ven.
�Ay! �Diaeus! �No! �No!
�No! �No!
(LLORA)
-Romanos, hemos derrotado al enemigo en campo abierto.
Todav�a no est� acabado. Queda mucha lucha por delante.
Debemos tomar Corinto.
Aniquilar totalmente a nuestros enemigos
y destruir toda resistencia
antes de llegar a la victoria final.
Los corintios recurren a todas las estrategias
para ganar un poco m�s de tiempo, pero en vano
la se�al de la salida del sol ser� para ellos
el principio del fin.
-El casco.
T�o, espera un poco m�s. Cal�crates no puede tardar mucho.
No, ya hemos esperado demasiado. -Centuri�n.
�Est�s preparado? El sol ya sali�. �D�nde est� el t�nel secreto?
-Cumple tu promesa. Vamos.
�D�nde est� mi padre? Quiero ir a su lado.
�Por qu� me trajiste a tu casa?
�Fuera de aqu�! -�No llames a tu padre!
�T�, que traicionaste a Corinto!
No te atrevas a decir eso. Adelante.
Grita. No te har� ning�n bien. Ahora no.
Solo los muros pueden o�rte, Hebe.
No. D�jame, Diaeus. Mi padre te matar�.
Y pensar que te habr�a convertido en mi esposa
para amarte y respetarte.
Ahora ni siquiera te tocar�a.
(GRITAN)
-�Adelante, soldados! �Por Roma!
�No puedes retenerme aqu�!
�Pagar�s por esto, Diaeus!
�Eres un canalla! �Un canalla!
-Te dejar� en una compa��a adecuada.
Ir� a luchar por el pa�s que has traicionado.
T� puedes rezar para que vuelva a salvo.
�Qu� vas a hacer conmigo? �Mi padre te matar�!
Pero si me encuentro con la muerte,
mi venganza te alcanzar� desde el otro mundo.
�No me dejes aqu�! �Por favor!
�Su�ltame!
�Ten piedad! Y tendr�s una muerte horrible.
Peor que la m�a.
(LLORA)
-�Adelante! �A la carga! -�A la carga!
Cal�crates. Ay.
�Qui�n le ha hecho esto? �Qu� le ha pasado a Hebe?
Diaeus.
Ll�vame a la casa de Diaeus. Mu�vete si quieres seguir vivo.
-Se acab�.
La muerte llega tambi�n para m�.
Al menos, tendr� el placer de verte morir primero.
�Vinicius!
�Vinicius, los guardias! �Los guardias!
�Ah! �Socorro! �Socorro! �Ay�dame!
�Ay�dame!
�Socorro!
�Ay! �Ay! �Ay!
�Ay! �Maldito!
Valor. Ya ha acabado todo. �Y mi padre?
Vamos.
-�Prended fuego a la ciudad y avisad a toda la poblaci�n!
�Adelante!
�Oh, padre!
�Oh!
Estoy esperando a la muerte, romano.
No he venido a matarte,
sino a salvarte.
Te conf�o a mi hija.
S� amable con ella.
�Oh!
Como no estoy destinado a vivir como hombre libre,
me reunir� con la muerte como soldado de Grecia.
�No, padre! �Ven con nosotros! �Te esconderemos!
Nadie te encontrar�.
(LLORA)
Ll�vatela, romano.
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