All language subtitles for Aguila Roja 091 traduzir e arranjar

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Original subtitles

¡Margarita, no! No lo hagas.

No lo hagas.

¡No!

¡Amo, no!

¡No!

¡La madre que me parió!

¿Estás bien, Sátur?

¿Que si estoy bien? (JADEA)

Menuda noche toledana.

¿Estás enfermo?

¡Qué enferme ni qué enfermo!

Que no paro de tener pesadillas con usted y con la señora.

Mire, amo, o se casan ya o yo ya no me ilusiono más.

¡Por ésta se lo digo!

Ni siquiera sé dónde está.

Pues no creo yo que sea tan complicado.

Que lo de Romeo y Julieta fue un caminito de rosas

comparado con lo suyo.

Acabaron muertos.

Ya, pero juntos. ¡Juntos!

(Llaman a la puerta)

La señora... Que es la señora.

Sátur, si es ella...

Si es ella, me pongo a cantar, a bailar,

rompo a aplaudir y hasta dar volteretas.

Por eso prefiero que nos dejes a solas.

No, no, no... Este reencuentro yo no puedo perdérmelo, amo.

¡Amo!

Lleva mi nombre.

Lo mismo es un juego romántico que le ha montado la señora.

Ábralo, amo.

Es de mi maestro.

¿Su maestro el "chinés"?

¿Y qué es lo que quiere?

Necesita mi ayuda.

¿Cómo es que necesita su ayuda?

Por Dios, no me diga que nos tenemos que ir para la China.

Para la China no.

Para la China no.

(Sintonía de la serie)

Con la presente, don Pedro de la Fuente,

juez de la causa a Hernán Mejías,

dictamina que éste morirá en el plazo de tres días...

decapitado.

(GIME)

(ORGASMO)

Todo lo que cuentan de usted es poco, marquesa.

En esta vida todos tenemos alguna virtud, juez.

Yo hago felices a los hombres, usted imparte justicia.

Y hablando de justicia... Dado que le he hecho tocar el cielo,

es justo que me dé algo a cambio.

Le mandaré rosas.

Las rosas me encantan.

Pero...

esperaba de usted,

no sé, más generoso.

Como anular la pena del ex comisario de la villa.

Si me ha metido en su cama para conseguir eso, marquesa,

es usted bastante ingenua.

Además, la sentencia es firme,

se hará pública.

¿Pública?

Pero usted podría pararlo, está a tiempo.

El comisario morirá,

según dictó el tribunal.

Haré todo lo que me pida.

Soy juez, señora, no admito sobornos.

Mi cuerpo.

Le ofrezco mi cuerpo.

Si lo libera, podrá tomarme cuando quiera, como quiera.

Le conseguiré una autorización

para que pueda despedirse de él.

Otros no tienen esa suerte.

Como postillón español, me niego a ir a la China.

No pienso cruzar más los Pirineos.

Soy lo que soy gracias a mi maestro.

Y si necesita mi ayuda, haré lo que sea necesario.

Pues... si siente gratitud, le regala... ¿Qué le digo yo?

Un botijo

o una figurita de ésas de un toro bravo.

¿Qué se le ha perdido a usted en la Gran Muralla? Vamos a ver.

Si tienen problemas, que se las apañen solos.

Aún no sé qué quiere mi maestro de mí.

La nota lo único que decía es que todo lo que necesito saber

está dentro de este cofre.

¿Qué es eso, amo?

Si esto es de oro, amo.

Es el hijo del emperador.

Y yo Saturno García.

Vaya al grano y en serio que...

¿Qué es esto? ¿Cómo nos salpica todo esto, amo?

El heredero fue secuestrado hace unos años en China.

Se pidió un rescate por él, pero su padre no cedió al chantaje.

Sí, todo eso está muy bien,

pero que cómo nos salpica todo eso.

Los secuestradores eran mercaderes españoles.

¡Lo sabía! ¡Sabía que nos endosaban el misterio!

Pero, ¿por qué iban a secuestrar unos mercaderes

a un chiquillo chino?

Por dinero, Sátur.

El emperador le dio por perdido. Mi maestro nunca perdió la fe.

Cree que el niño está en la villa.

Pues me va a perdonar, pero su maestro es muy cándido,

porque si no les han pagado,

ese pobre niño está más muerto que muerto.

Usted ya sabe cómo funcionan las cosas.

Sé perfectamente cómo funciona este mundo, Sátur.

Pues parece que no. Parece que no.

¿Se acuerda usted... del librero de Santa Ana?

Al que se llevaron a su niña y no pagó el rescate.

¿Qué pasó? Dígame usted qué pasó.

Apareció la pobre cría flotando en las aguas del Guadarrama

muerta a pedradas.

Se lo debo a mi maestro.

Tengo que buscar a ese niño.

Pero si a usted la lealtad le honra.

Pero es que está persiguiendo un imposible.

Sátur, sólo es alguien indefenso.

¡Pero que no es su hijo!

Por cierto, está esperando a que le ayude con lo del ejército.

Es para pagar el rescate. Véndelo en los arrabales.

Y si ese niño sigue vivo, lo encontraré.

¿Se puede saber qué estás haciendo, haragán?

Si quiero llegar a ser militar, no puedo dejar de prepararme.

Menos pájaros y más ayudar en casa, que ya no eres un crío.

Quiero aprender a luchar, defender a mi reino.

¿Y cómo vas a conseguirlo?

Padre me dijo que me ayudaría, me lo prometió.

Mira, Alonso, no tienes ni caballo ni apellido ni...

¡No puedes ser militar!

Vas a quitarle el pan de la boca a tu padre por un capricho.

A tu edad yo estaba deslomándome ayudando a mis padres.

Tú deberías hacer lo mismo y dejarte de sueños.

¿Es el comisario?

HOMBRE: ¡Aparta del camino!

Comisario...

Vete.

He dicho que te apartes.

Márchate, no quiero que me veas así.

¿Qué pasa? ¿Por qué se lo llevan?

Van a ajusticiarlo.

Un poco más ahí, a la derecha.

O sea, ahí, eso... Cuidado.

Me has pillado de milagro,

la mayoría de las chicas no trabajan hoy.

Ya te vale a ti, Elena, trabajar el día del Corpus.

¿Y tú qué haces aquí si eres tan devoto?

Lo mío es diferente.

Me acerqué a la taberna del "Rubio" y, como no estaba,

me he venido aquí, a echar el ratillo.

Pues vamos a la cama, que no tengo todo el día.

¿Quieres que me disfrace como la última vez?

¿Tienes el de... Cleopatra?

Ése, ése, ése...

(Golpes contra la pared)

Anda, que está el de al lado nerviosito, ¿eh?

Lo mismo tienes que ir luego allá para calmarle.

(RÍE)

(Llaman a la puerta)

¿Sí? - Soy yo. Margarita.

Has venido.

Sí. Quería hablar contigo.

¡Ay, Dios, que es la señora! ¿Pero qué hace aquí la señora?

¿Qué dices, Saturno?

Calla, calla, calla...

Pensé que la próxima vez ya serías una hermana benedictina.

Pues ya ves que no.

Pasa. Pasa, por favor.

He estado pensando

mucho en tu propuesta...

y le he dado muchas vueltas.

¿Y?

Si me voy contigo, no volveré a ver a mi familia.

Empezaré una nueva vida.

Y... quiero hacerlo,

empezar una nueva vida.

¡Ay, Dios, Dios, Dios! Shh.

Pero te estaría engañando si lo hago.

Y me estaría engañando a mí misma también.

¿Eso quiere decir que no vienes conmigo?

Eres el hombre que toda mujer querría tener a su lado.

Lo eres.

Pero yo no siento por ti lo que debería,

lo que tú mereces.

(SUSPIRA) Hace poco alguien me propuso algo...

y voy a aceptarlo.

Que seas muy feliz.

Espera.

Antes... de que te vayas.

Gracias... por cambiarme la vida.

¡Ay, la Virgen! Que tenemos boda, que se nos casa el amo.

¿Qué dices de boda?

La boda más esperada de las Españas, de Portugal

y de parte del extranjero. Tengo que ver al amo y contarle esto.

¡Voy a contárselo!

¡Saturno, tu ropa!

Elena, Elena... Elena.

Es repugnante, una barbarie.

Es obra del hombre que mis guardias

están a punto de traer a estas dependencias.

No he sido informado de ninguna detención reciente, majestad.

Porque fue apresado en las Américas hace unos meses.

Llevaba puesto este collar.

En efecto,

se trata de Sebastián Ventura.

El llamado "Malasangre".

Un renegado español.

Pasó años liderando un grupo de salvajes en la selva,

masacrando a mis tropas.

Y por fin es mío.

¡Póstrate ante tu rey!

Yo no tengo rey...

ni religión.

¿Insultas los pilares de la existencia sobre la tierra?

Reyes con gota, curas cebados...

Os respeto tanto como al barro de mis zapatos.

¿Cómo osas, desgraciado?

Esa arrogancia tuya es lo que busco.

¿Quieres trabajar para mí?

Pero... majestad...

Quiero un ejército sin miedo,

como tú cuando asaltas mis barcos, mis puertos...

Este sanguinario

ha matado a muchos de nuestros compatriotas, señor.

No creo que... - ¡Cállese!

Responde:

¿quieres adiestrar a mis ejércitos?

(GRITA)

No estoy interesado.

(RECUERDA PALABRA EN CHINO)

(EN CHINO Y ENÉRGICO)

¡Amo!

¡Amo!

Ya sé qué mercaderes comercian con China.

Me parece muy bien, pero deje esto para luego.

Sátur, ¿qué haces?

Esto es muy importante. Escuche. A ver dónde tengo esto. Aquí.

Se me ha espachurrado un poco, pero servirá.

Así, déjelo así. (RÍE)

¿Me vas a decir qué pasa?

¿Que si le voy a "dicir"? Se lo voy a "dicir"

y le voy a alegrar a usted el día.

¿Qué digo el día? La semana, el mes, el año y la vida

le voy a alegrar. ¿No quiere sentarse?

Me da miedo que "me se" caiga redondo.

Estoy bien. Dime lo que te pasa.

Ahí va.

Que doña Margarita

va a aceptar su propuesta de matrimonio.

(RÍE)

¿Qué quieres decir?

Pues lo que quiero "dicir"...

Que esta noche va a "celebrar" usted el Corpus, sí,

pero en la cama... y con su futura mujer.

(RÍE)

Sátur, ¿estás seguro?

Pues claro que estoy seguro.

No viene ahora al caso, pero...

yo mismo escuché a la señora "dicir" de su propia boca:

"Hace poco alguien me propuso algo

y voy a aceptarlo".

¿Ha dicho eso? ¿Dónde? ¿Cuándo la has visto?

Déjese de preguntas y atúsese,

que le estoy perfumando el "centro marital".

De acuerdo. Sátur, dame antes el dinero

que te han pagado por el buda para que lo guarde.

¿Qué buda?

No me joda...

Sátur, ¿lo has perdido?

No, no, no...

Sé perfectamente dónde está, en la posada...

Usted céntrese en la señora,

que yo me encargo de eso y le juro que lo recupero.

Venga, vamos. (RÍE)

Gonzalo, ya he traído la leña.

¿Adónde iba con tanta prisa? ¿A celebrar lo del comisario?

¿Qué le pasa al comisario?

Lo han detenido.

Por fin se va a hacer justicia. Le van a cortar la cabeza.

Señora, lo que estaba esperando.

El permiso para visitar al comisario. Acaba de llegar.

¿Qué va a hacer?

Lo que debo, ayudarle a escapar.

Pero piense que en ese sitio

no entra nadie que no sea registrado por completo.

¿Y tú cómo puedes saberlo?

Acompañé a mi primera señora a ver a un preso.

Abrían hasta los panes que llevábamos,

por si había algo oculto.

No va a poder pasar con un arma, por muy escondida que la lleve.

Hay rincones en el cuerpo de una mujer...

que no van a mirar.

¿Rincones?

¡Señora, no, por Dios! No.

Si cabe el miembro de un varón, cabe una daga.

Piénselo bien, que puede hacerse una carnicería ahí dentro.

Señora, por favor, no lo haga.

Catalina, lo van a matar.

A ver, señora...

A ver.

Muy bien. Baje despacito...

Despacito.

A ver.

A ver, ¿le ayudo?

A ver, muy despacio, muy despacio.

(LE DUELE)

Puedo andar sin problemas.

Bueno, usted cuanto menos se mueva, mejor.

Señora, el cardenal Mendoza está aquí.

Lucrecia.

Eminencia.

Vengo a buscar a Irene,

quiero que me acompañe la celebración del Corpus.

Y he pensado que vos deberíais venir también.

Se lo agradezco, eminencia, pero... no puedo.

Yo diría que sí, querida.

El escándalo acompaña a mi sobrina allá por donde pisa

debido a las tropelías de su marido.

Sería conveniente que todos

aparentásemos un poco de normalidad.

Será muy ameno.

Asistiremos a un pequeño ágape en casa...

de los Carrión y Pelayo,

luego a un oficio,

después besaremos los pies de Cristo.

Ya lo he comprobado yo, no hay manera de escapar.

No es por ti.

Estaba muy tranquilo aquí solo.

Creo que no quieres que deje de estarlo.

Vengo de insultar a un rey.

No voy a temblar ante un preso.

Me basta una mano para hacerte callar.

Y aquí no te va a ayudar nadie.

Son ellos los que quieren ejecutarnos.

No les ahorremos el trabajo matándonos entre nosotros.

¿Por qué estás aquí?

Resumiendo, se podría decir que por una mujer.

Siempre es por una mujer.

¿Y tú?

Resumiendo,

se podría decir que...

por rechazar un trabajo.

¿Cuándo te ejecutan?

Pronto.

A mí mañana.

Y moriré con una sonrisa en los labios.

Créeme, he visto muchas ejecuciones.

Todos acaban suplicando por sus vidas.

No, yo no.

Hice lo que quise cuando quise.

No dejo atrás nada que me importe

ni a nadie a quien le deba algo.

Y ahora, con tu permiso, tengo que descansar

para mi ejecución.

(El comisario llama a la puerta)

Necesito escribir una carta.

No soy tu doncella.

Sólo estoy pidiendo un poco de papel.

(PARA SÍ) Ésta es la carta más difícil que jamás he escrito.

Sé quién eres: Gonzalo de Montalvo,

mi hermano.

¿Dónde te has metido?

¡Aquí estás, pirata!

Mira qué cara de felicidad.

Anda que no habrás visto tú cosas aquí en esta alcoba, ¿eh?

¡Tira para casa, chinito! Para casa.

Normalmente la gente de bien llama a la puerta.

Y los sacerdotes no tratan de encamarse con las señoras,

como ha hecho usted con doña Margarita.

No tengo que darte explicaciones.

Margarita es una mujer libre.

Pero usted no.

Usted hizo unos votos con... el Altísimo.

He dejado la Iglesia, Saturno.

Mi forma de ver el mundo ha cambiado.

Eso no le justifica.

Quien se hace cura, muere cura y predicando.

No eres nadie para juzgarme.

Vete.

Pero antes de irme, me gustaría que supiera que...

doña Margarita va a casarse con mi amo.

"Asín" que...

mi amo gana, usted pierde.

Si Margarita ha elegido a otra persona, respeto su decisión.

Además, esta voy a desaparecer de su vida para siempre.

Muy bien.

Oye, ¿quién está ahí dentro que no ha salido desde que llegó?

Un monseñor. O lo era.

Yo creo que ni él mismo lo sabe.

Bueno, te dejo, que tengo una cita y de las importantes.

¿Y yo?

Tú otro día.

¿Dónde estabas?

Todavía tengo que ir a la procesión de las Descalzas.

Este alto en el camino le hará bien, eminencia.

Sí.

Sí, le vendrá bien a mis pobres huesos.

Tenemos otro sacerdote en la posada,

pero es bastante más tímido que usted.

¿Ah, sí? - Sí.

¿De qué me quieres hablar ahora? Ven.

En una de las alcobas se hospeda un monseñor.

Quizá le conozca.

¿Un monseñor?

¡Mírame! ¿Sabes su nombre?

No, no, eminencia.

Lleva días encerrado, no quiere ver a nadie.

Así que está aquí.

Déjala ahí, en la cama.

He oído trasiego. ¿Qué ha pasado, señora?

IRENE: Se ha desmayado al salir del carruaje.

Estoy bien.

No lo estás. Le ha dado un vahído en la Iglesia.

Hay que llamar a un médico. - Voy ahora mismo.

¡Quieta!

Ni se te ocurra avisar a nadie.

Lucrecia...

Señorita Irene,

cuando se pone así, no hay quien la haga entrar en razón.

Es mejor que se vayan y me ocupo yo. Vaya tranquila.

Está bien.

(QUEJIDO)

¡Señora!

Señora.

Me duele, Catalina.

Señora, cálmese, que se la voy a sacar ya mismo. A ver...

Despacito. A ver.

A ver, doble las piernas. Venga.

¿Qué ocurre, Catalina?

¿Por qué esa cara?

Señora, la daga...

le ha cortado...

Envuélvela en otro paño.

Métela de nuevo.

¿Pero qué dice? ¿No se está Vd. viendo?

No puedo dejarle ahí, Catalina.

Señora, queriendo evitar una muerte, va a provocar dos.

Asúmalo. Lo que Dios ha decidido no hay nadie que lo cambie.

Lo que tiene que hacer ahora es descansar. Venga.

Ahora mismito vuelvo, señora.

Amo.

Este y yo queríamos saber... una cosa.

¿Por qué no parte el catre con la señora?

¿O se lo ha partido ya? (RÍE)

Sátur, Margarita no ha venido.

¿Cómo que no ha venido?

Pensaba que estaba ahí dentro durmiendo después de....

Pues no.

A ver, a ver, a ver, pensemos como hembras.

Ya está. Lo mismo

ha ido a hablar con Catalina antes de dar el paso.

Si Margarita no está aquí, no tiene intenciones de venir.

(Golpe)

¡Eh! ¿Qué está haciendo usted? ¿Qué pasa?

¿Y esto? ¿Lo había visto?

Sí, Sátur, lo he visto. La calle está llena de ellos.

¿Cómo? A ver, porque creo que me estoy perdiendo algo.

O sea, ¿usted sabía esto?

Y aun sabiéndolo, ¿está aquí tan pancho cortando tronquitos?

Dame el buda.

¡Pero qué buda ni qué buda!

Digo yo que tendrá que ir a salvarlo.

No. El destino va a hacer lo que yo no fui capaz de hacer.

No intervendré.

Pero que es su hermano. ¡Su her-ma-no!

No es mi hermano, Sátur.

Para mí, ni siquiera es una persona, es un...

Es un hijo de la gran puta, dígalo Vd. con todas las letras.

Y que me perdone su bendita madre,

pero por eso precisamente tiene que salvarlo,

porque comparten madre.

Prepara los caballos. Sé dónde vive

uno de los mercaderes que secuestró al niño.

¡No!

Perdóneme, pero no.

Preparo los caballos, sí, pero para ir a salvar al comisario.

No puede usted dejarlo morir, amo.

Ya me has oído, Sátur.

Escúcheme usted a mí: sálvelo.

Sálvelo, amo, por Dios,

y que luego sufra él un calvario siendo un "poscrito".

Pero, por favor, no se cuelgue Vd. la cruz de la culpa.

¡Amo!

Sátur.

Que...

venía a ver si teníais noticias de Margarita.

¿Cómo fue bien la ordenación y eso?

¿Pero cómo que la ordenación?

Si al final la señora no se ha hecho monja ni "na".

Además, ¿no está contigo?

Conmigo no.

¡Pero qué alegría me das! ¡Ay, Sátur, que no se hace monja!

Pero qué alegría ni qué alegría.

Pero, si no está contigo, ¿dónde está la seño...?

¿Dónde está la señora?

Dame todo lo que lleves. - Ya le has oído.

Ni hablar.

(JADEA)

¡Suéltame!

(GRITA)

¿Qué haces? ¿Qué estás haciendo? ¡Ayuda!

¡No!

Primero yo... y luego el resto. (LA MANDA CALLAR)

(Relincho)

¿Está bien?

¿Siempre tardas tanto en llegar?

Casi me cuesta un disgusto.

¡Esto no era lo acordado, cerdo!

No me mires así.

Les he pagado para que me atacaran,

pero se me ha ido ligeramente de las manos.

¿Has fingido un ataque?

Era la única manera de dar contigo.

Si no llego a aparecer, tu final hubiera sido otro.

No te creas, siempre sobrevivo.

Ahora, escúchame.

Necesito que salves a alguien.

No trabajo por encargo.

Ni yo pido las cosas dos veces.

Necesito que salves a Hernán Mejías.

Él fue comisario de la villa.

Sólo salvo a quien merece ser salvados.

Sé que a ojos de todos es un hombre cruel

que mata y tortura, pero nadie conoce sus bondades.

¿Bondades? ¡Díselo a las familias de los que mató!

Él es firme, leal, protector.

Siempre vela por mi hijo y por mí. Y le han condenado por socorrerme.

Alguien que es capaz de sacrificarse así por otro,

merece vivir. Lo merece.

No, una buena acción no hace a un buen hombre.

Sálvalo, te lo suplico.

Sálvalo.

(Relincho)

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

¿Qué ocurre?

(SE QUEJA Y TOSE)

(Pasos)

¿No pensabais despediros de mí?

Hijo mío...

Lo suponía, grosero hasta el final.

Mi final va a ser el suyo.

Reservad vuestras amenazas.

No soy yo quien está ahí postrado y a punto de morir.

Mandé una carta a Roma,

al Santo Padre.

¿De qué estáis hablando?

Al Papa Alejandro le va a encantar saber quién es usted

y la vergüenza que supone para la Iglesia.

(HABLA EN ITALIANO)

¡Maldito bastardo!

Sufrirás hasta el final.

Vas a morir emparedado.

(Canto de pájaros)

(RÍE)

Espléndido.

Así aplacaré las ínfulas de Luis XIV.

(SUSPIRA)

No hay duda de que la gastronomía española

es mucho mejor que la francesa.

¡Suélteme, que soy costurera! ¡Conozco a la reina!

¿Qué bullicio es éste?

Majestad, la hemos encontrado en una zona no permitida.

Disculpe, majestad, esto es un mal entendido.

Verá, yo venía a pedir audiencia con su majestad...

No hables si no se te da permiso.

No vuelvas a molestarme con asuntos que no son de mi incumbencia.

Discúlpeme, volveré cuando me den audiencia. Con permiso.

Ya que estás aquí, dime: ¿qué querías?

Usted no se acordará de mí, pero yo cosí un traje para el infante

y usted me propuso que trabajara a su servicio como costurera, así que

venía a ofrecerme.

Un único buen trabajo

no te hace costurera de la reina de las Españas.

No. Por supuesto que no, majestad.

¿No ibas a ser monja?

Sí, pero preferí trabajar a su servicio.

Cambiar a Dios por tu reina es halagador.

¿Adónde irás ahora?

No lo sé.

Está bien, te daré una oportunidad.

Muchísimas gracias, majestad, muchísimas gracias,

Y, para empezar, vas a acompañarme a elegir unas telas a Alcalá.

A ver si tu gusto va más allá de unas simples puntillas.

Sé que tus barcos no sólo traían de China seda y especias.

¿Dónde está el hijo del emperador?

No sé de qué hablas,

yo sólo soy un humilde mercader.

(GRITA)

Secuestrasteis a un niño.

¿Qué hicisteis con él?

¡Lo vendimos!

¿A quién?

A un prestamista: Manrique.

Fernando Manrique.

Vive... en un palacete al este de la villa.

Es todo lo que quería saber.

¿Qué haces aquí?

Contarle que ya he vendido el buda, eso es lo que hago.

Los buenos criados obedecen a sus amos y los buenos hermanos...

No quiero hablar más del comisario. ¿Dónde tienes el dinero?

En casa lo tengo.

Guardado en el calcetín de los ahorros.

Tendré que volver a por él.

Pagaré el rescate del niño con ese dinero.

Amo, que me he informado y...

el verdugo que va a matar a su hermano no es de los mejores.

Sátur, ya te he contado todo lo que tenías que saber.

¡Hay que joderse!

Necesitó cinco hachazos para decapitar al reo.

¿Se imagina los gritos que dio ese pobre hombre

antes de se le cayese la cabeza al suelo?

Vamos, tiene que...

Sátur...

(Carruaje)

Ay, Dios, amo,

que igual ya es obsesión, pero, ¿ésa que iba ahí no era la señora?

¿Adónde va?

¡Alto!

¡Alto!

¿Qué ocurre?

Iban a atacarla, majestad. No salga.

¡Parad!

Lo conozco.

¡Amo!

Gonzalo, ¿estás bien?

Amo.

Amo, ¿se encuentra usted bien?

Sí, Sátur.

Señora, perdone, que sea tan bruto, pero...

¿se puede saber qué cojones pinta usted con la reina de las Españas?

Tienes visita.

Carcelero,

la señora ya se va.

Podría no haber venido,

pero aquí estoy, dando la cara.

Te agradezco mucho que pases este mal rato,

teniendo en cuenta que el que voy a morir soy yo y por tu culpa.

Hernán,

van a ajusticiarte.

¿Podríamos decirnos algo bonito por una vez?

Por supuesto que sí, querida.

Espero que sufras el resto de tu vida por lo que me hiciste.

No tendría que haber venido, rencoroso.

Si lo fuera, mis manos estarían en tu cuello.

Sólo quería pedirte perdón y lo has estropeado todo, idiota.

Tú y sólo tú.

Lo único que te interesa es tener la conciencia tranquila,

no te importa que me vayan a cortar la cabeza.

Por supuesto que me importa, la colocaré de adorno en mi salón.

(APLAUDE)

¡Bravo!

Magnífica escena para una tragedia griega,

pero completamente innecesaria.

Métete en tus asuntos.

No seas maleducado.

Intento salvarte la vida.

Señora,

¿no ha pensado en sobornar a un carcelero?

¿Cree que soy imbécil?

Es lo primero que hubiera hecho, pero son insobornables.

Uno de ellos está gravemente enfermo.

¿Cómo sabes eso?

Hay que saber escuchar, compañero.

Se lo oí contar a otro guardia.

La desesperación de unos

puede ser la salvación de otros.

Y en ese magnífico plan tan atado,

¿no has contemplado que el hombre no ceda al chantaje y la delate?

Por supuesto.

Entonces, ella...

correría peligro.

Míralo por el lado bueno:

los dos moriríais juntos.

Si es que no las piensa, amo, no las piensa.

¿A quién se le ocurre lanzarse contra la carroza de...

la mismísima reina?

(SUSPIRA)

Diga usted algo, por Dios,

que desde que se ha despedido de la señora,

le noto mustio... Más de lo normal, quiero decir.

Trabajar para la reina es un privilegio al alcance de pocos.

Me alegro por Margarita.

Que estamos hablando de la señora,

no...

del cultivo del pimiento ni nada de eso.

¿Cómo puede ser tan frío, amo? ¡Por Dios!

Primero se fue a un convento, ahora al Palacio Real.

Creo que el mensaje está claro.

A la mujer le gusta dar un rodeo.

Les gusta probar cosas antes de decir que sí,

les da seguridad.

(Llaman a la puerta)

Gonzalo,

han traído una carta para ti. Es de un...

de un penal. ¿Conoces a alguien que esté preso?

No.

Dame esa carta, anda, Cipri.

Y deja en paz al amo. ¿No ves que está ocupado? Está pensando. ¡Venga!

¡Venga!

(LEE) "Ésta es la carta más difícil que jamás he escrito.

Sé quién eres, Gonzalo de Montalvo,

mi hermano."

¿Cómo que su hermano? ¿Cómo que su hermano?

"Cuando éramos niños, juré cuidarte, protegerte,

pero la crueldad de los hombres nos separó.

La vida no es como uno espera.

Me hubiera gustado verte crecer,

sentirme orgulloso de cada paso que dieras,

ser una familia.

Y me convertí en el asesino de tu esposa.

Ahora que estoy a punto de morir, sé que jamás tendré tu perdón.

Sólo espero que mi muerte traiga la paz que te mereces.

Lo siento, hermano."

Ay, Dios mío, amo, que su hermano sabe...

Sabe que es su hermano y le pide perdón.

Quémala.

Amo, que es su hermano. Que ya sabemos que no es Góngora,

pero, por Dios,

que le esta pidiendo perdón. Está a punto de morir.

Sólo quiero que sufra como sufrió mi mujer.

¿Pero se está usted oyendo?

Que el odio le está cambiando, le está pudriendo.

Que usted es un hombre piadoso, un hombre bueno.

Tiene que perdonarle.

¡Sátur, ya basta! Cállate.

Sé dónde vive ese prestamista,

tiene un palacio al este de la villa.

Iré a buscarlo... solo.

"He...

tu...

...car...ta..."

¿Es aquí es donde vives?

Mis caballerizas están más limpias que esta casa.

¡Fuera de aquí!

Tranquilo, sólo he venido a ofrecerte algo.

Me da igual lo que sea. ¡Fuera!

Está bien.

Buscaré a otro muerto de hambre que quiera cambiar su vida de miseria.

Espera.

¿Qué es eso que ibas a ofrecerme?

Soy muy rico.

Puedo ofrecerte lo que quieras.

¿A cambio de qué? - Un trabajo sencillo.

Ayudarme a salvar al comisario.

¿Al comisario?

Tienes que escalar el torreón en el que está preso

para distraer a la guardia y darme tiempo.

Yo subiré por el otro lado.

Si me ven, dispararán.

Me juego la vida.

Sí.

Yo te ofrezco el trabajo,

tú pones el precio.

Quiero el mejor de tus caballos.

Está bien.

Ve, al caer la tarde, al bosque cercano al penal de San Luis.

Nos encontraremos allí.

(ELLA SE ASUSTA)

¡Cipri, por Dios! - Lo siento, no quería asustarte.

Pues la próxima vez hazte ver.

Lo siento.

¿A qué has venido? No deberías estar aquí.

Quería ver cómo estaba la preciosa madre de mi hijo.

Pues muy bien estoy. Estamos muy bien los dos.

Estás embarazada.

Señora...

Así que nuestra Catalina,

esa mujer honesta, rígida de moral y casada,

está encinta...

Señora...

...y encima de este desgraciado.

No la delate,

se lo suplico.

A la Inquisición le encantará tener entre sus manos

a una adúltera preñada.

No, ella es más importante que mi vida.

Haga conmigo lo que quiera, pero déjela.

Está bien,

no diré nada.

Gracias, señora. - ¡Gracias, gracias!

¡Ya basta!

Mi silencio no es un regalo, levántate.

Te harás pasar por guardia.

¿Por guardia?

¿Para qué?

Vas a sacar al comisario de ese torreón.

¿Qué? ¿Yo?

Pero... allí todos se conocen.

Señora, si lo descubren, lo matarán.

La vida de padre es muy sacrificada, conviene que lo vaya sabiendo.

Señora, por Dios, no le pida eso.

O lo hace

o te denuncio.

¿Qué hace él aquí? No están permitidas las visitas.

Quiere entregar una carta a uno de los presos.

No es un plan de fuga ni nada de eso, es...

una cosa familiar, de perdones

y cosas así.

Que sea rápido.

Señor, igual no me conoce o no se acuerda de mí. Yo soy...

...el criado del maestro. ¿Qué haces aquí?

He venido a traerle una carta de mi amo.

Es la respuesta a su carta,

el acuse de recibo.

Espero que sean buenas noticias.

Ya es suficiente.

Aparta de la puerta.

Vengo a trasladar al preso, a Hernán Mejías.

Necesito ver la orden.

(Se abre puerta)

Póngase eso.

Voy a trasladarle.

Nadie nos ha informado de un traslado.

¿Adónde lo llevan?

Al penal. Al penal de Humanes.

(Sopla viento fuerte)

(Caballo intranquilo)

Amo.

¿Ése...? ¿Quién era ése? ¿Qué ha pasado aquí?

Le ha churruscado a usted vuelta y vuelta.

No lo sé, Sátur. Sólo sé que me ha atacado.

¡Ay, Dios mío! ¿Y si era un cazarrecompensas de ésos?

Que su cabeza vale más ahora que el palacio de El Escorial.

No lo sé.

Esto tendría que ser la capilla del palacio del prestamista.

Se lo dije, que ha pasado mucho tiempo.

Y no quiero ser cruel, pero a saber

en qué zanja han enterrado al pobre chiquillo.

Amo,

tengo algo que "dicirle", pero...

sé que no le va a gustar.

¿Qué has hecho, Sátur?

Le he escrito una carta al comisario,

no demasiado elaborada:

"Te perdona. Tu hermano". Sólo eso.

¿Cómo te has atrevido?

Lo hice por usted, por su bien.

Es mi vida, Sátur. ¡Mi vida! ¡Y te dije que jamás le perdonaría!

Tenía que haberle visto usted.

Por primera vez parecía el hombre una persona "asín"...

como aliviado.

¡No tenías derecho, no tenías!

Lo sé...

y me arriesgo a que me eche de su vida.

Le has dado paz en mi nombre, Sátur. ¡Paz!

Y no lo siento, volvería a hacerlo.

El día que mire atrás...

y se arrepienta usted de no haberle perdonado,

ese día me dará las gracias,

pero no como amo,

sino como amigo.

No, Sátur.

(LE GRITA AL CABALLO)

Deberíais apreciar este lugar,

es acogedor.

¿Sabes?

Últimamente no duermo bien por las noches.

Así que te emparedaré al lado de mi cama.

Así vuestros gritos de agonía me ayudarán a conciliar el sueño.

No le voy a dar esa satisfacción.

Oh, sí, claro que lo harás.

Sobreviviréis al primer día inmóvil

y en la más completa oscuridad.

Pero después llegarán el hambre,

la sed,

el horror.

Proceded.

Sus pecados le perseguirán.

La ira de Dios caerá sobre usted.

Sobre usted.

Nunca se debe iniciar una guerra que no puede ganar,

monseñor.

Parece que tendremos que seguir soportándonos, Hernán.

(SORPRESA)

Libertad, aire puro

y una mujer hermosa. ¿Qué más se puede pedir?

No.

Señora, al amor nos hace vulnerables

y yo aproveché esa debilidad.

No...

¡No!

Hasta luego.

¡Eh!

Ya podías dejar el caballo en otra puerta,

que luego me toca a mí limpiar todas las "moñigas".

Busco a Alonso de Montalvo.

Vive aquí, sí. ¿Qué quieres?

Nuño de Santillana le envía este corcel, es un regalo.

¿Que le envía este corcel?

¿Y por qué le iba a regalar Nuño un caballo al chiquillo?

Órdenes del marqués.

...a la hora del Ángelus, el reo Hernán Mejías

será decapitado en el penal de San Luis.

Se hace saber que mañana, a la hora del Ángelus,

el reo Hernán Mejías

será decapitado en el penal de San Luis.

Se hace saber que mañana, a la hora del Ángelus,

el reo Hernán Mejías

será decapitado en el penal de San Luis.

Hijo de puta.

Hijo de puta.

(GRITA)

Es hora de mi aseo, pajarito.

Muy bien, así me gusta.

Nuño.

No pensaba que fueras tan estúpido.

¿Qué haces aquí?

Eso mismo quisiera saber yo: ¿qué haces tú aquí?

¿No vas a hablar?

¿Y esa cuerda?

Mira, ya no soy un niño, puedo hacer lo que quiera.

Precisamente porque no eres un niño, te voy a hablar como a un adulto.

Suéltame.

¿Qué te ha prometido ese miserable por salvar al comisario, un caballo?

Que me sueltes.

¿Y vas a jugarte la vida por un puñetero caballo?

Sí, por un caballo, por un caballo.

Soy pobre, Sátur, y tengo un sueño. Y no sé cómo cumplirlo.

¡Pues trabajando duro, dejándote los cuernos!

No arriesgando la vida.

Odio mi vida. La odio.

Eres un niñato egoísta, ¿me oyes?

Pero, ¿tú has pensado en tu padre, en tu tía, en mí?

Tú te mueres, pero nosotros nos quedamos llorándote.

¡Que me dejes en paz! ¿Quién te has creído que eres?

Eres un criado, Sátur. ¡Mi criado!

Soy un criado, sí.

Un criado que te ha visto crecer y que te quiere.

"Asín" que tira para la casa.

¿No me has oído?

¡Que te muevas, Alonso!

(SUSPIRA)

Contigo quería hablar yo, hijo de Satanás.

No quiero que vuelvas a acercarte a Alonso.

Voy a salvar al comisario de una forma u otra.

Si no me ayuda Alonso, lo harás tú.

Acaba de llegar una rectificación del Tribunal de Justicia

por intento de fuga, desmembramiento.

(PIENSA) "No voy a permitir que lo último que recuerden de él

sean sus gritos de súplica."

(PIENSA)Soy el duque de Tomelloso y Peláez.

Ése es el hombre al que vendieron el niño chino.

Así que querías escaparte.

(Disparo)

¡Se escapa un preso!

La ira de un hombre es capaz de derribar murallas.

Si Nuño ha conseguido llegar hasta el comisario, lo habrán detenido.

¡Vete!

(SE QUEJA)

¡Un médico!

Quiero la cabeza de ese bastardo.

La marquesa está desesperada, va a hacer algo horrible.

No se merece lo que le van a hacer.

Ha sido un hombre bueno, sólo había que saber entenderlo.

No te esperaba.

Tú tampoco vas a morir en paz.

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