Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
EL ASESINO QUE ACECH� NUEVA YORK
Nueva York. La ciudad m�s grande de todo el mundo.
Y como la amo, creo que es la mejor.
Es fuerte y segura, como el granito con el que se edific�.
�C�mo lo s�? Vivo en ella. La conozco. M�s que eso, conozco sus m�sculos.
La he visto luchar por su vida. Y eso es lo que narra esta historia.
Cuando casi llegamos a tener una ciudad sin ninguna de esas personas.
Cuando un asesino acechaba en las calles.
Todo empez� un d�a de noviembre de 1947.
La muerte no apareci� en la ciudad escondida en el vag�n de un tren de carga.
Lleg� en un tren de l�nea regular, en primera clase, tarifa con recargo,
directo a la Estaci�n Pennsylvania, enorme como la vida misma.
Y cuando finalmente baj� de su compartimento al and�n,
era algo a lo que silbar de admiraci�n.
Levaba los labios pintados, medias y un bonito abrigo,
adornado con una bailarina plateada.
Recuerdo de Cuba. Su nombre era Sheila Bennet.
Una bella cara con un cuerpo que val�a la pena seguir.
Y era seguida por un tipo de cara grande del Departamento de Aduanas de los EE.UU.
Un agente del Tesoro que la segu�a. No por la chica, sino por lo que ella hab�a hecho.
Ella sab�a que �l estaba ah�. Y eso la pon�a nerviosa.
Realmente nerviosa.
La parte oscura de todo esto era
que el polic�a de aduanas cre�a seguir a una candidata a la prisi�n federal.
Nunca sospech� que la rubia era una asesina.
�Oh, no! Ella no hacia surgir la muerte de la punta de una pistola o de un cuchillo.
La entregaba completa.
Caminando junto a una multitud, subiendo algunos pelda�os, empujando a un grupo.
De pie en la estaci�n. Mejor que completa.
Gratis. Sin cobrar por ello.
La tragedia era que no sab�a que ella era la muerte.
Esto era lo que hac�a tan dif�cil resolver el rompecabezas.
Si el polic�a hubiese sabido y si Sheila lo hubiera sabido,
mi ciudad natal no habr�a sido puesta de rodillas algo poco m�s tarde.
Todo lo que Sheila sab�a era que le dol�a la cabeza.
- Aspirina, por favor. - Lo siento, no tenemos.
Un dolor de cabeza, mariposas sobre el polic�a que estaba sigui�ndola,
y una terrible ansiedad por volver a ver a su marido.
Imagino que cuando una mujer ama, un dolor de cabeza es algo simple.
Sacudirse al perro de presa val�a el riesgo
si esto significa quitarse el dolor que viene con armas descargadas.
Cosas tan peque�as como el sonido de la voz del amante
pueden fortalecer a una mujer.
Para obtenerla, Sheila dej� caer una moneda de cinco centavos en la ranura.
Hola Sheila, �donde est�s?
Penn Station. Acabo de llegar. Te ech� de menos, Matt, much�simo.
No m�s de lo que yo te ech� de menos a ti. �Va todo bien?
Me siguen. Estoy segura de eso.
�Los tienes contigo?
No, Los envi� por correo en el camino. No quiero correr ning�n riesgo.
Chica inteligente. Bien, escucha con atenci�n. Reg�strate en el Hotel Am�rica y...
No me pidas que haga eso, Matt. No puedo estar fuera m�s tiempo.
Es todo en lo que he estado pensando, desde que sal� de Cuba, s�lo estar contigo.
�Quieres estropearlo todo?
Entonces haz lo que te digo y mantente fuera un par de d�as.
Quiz�s un polic�a federal est� esperando que lo traigas aqu�.
Eso es, buena chica.
Llamar� a Francie a su oficina y le dir� que has vuelto. Adi�s, querida.
Francie, tu hermana ha vuelto.
Estoy asustada, Matt.
No hay nada de qu� preocuparse mientras hagas lo que te digo.
�Oh, Matt!
S�lo d�jame manejar esto.
- �Maletero, se�ora? - S�, por favor.
Hotel Am�rica, por favor.
�Algo va mal, se�ora?
�Est� el doctor del Hotel?
Se ha marchado, su horario ha terminado.
El Dr. Findley atiende a los pacientes. Puedo llamarle.
Por favor.
Diez d�lares si tiene que venir. Cinco si Ud. va donde �l visita.
Su consulta est� un poco m�s arriba en esta misma calle.
�Quiere ganarse esos cinco extras?
Me llaman Cerebro, Cerebrito Danny.
Alguien espera abajo.
- Alguien al que no quiero ver. - Montacargas, por la ruta trasera.
Mi amigo puede haber pensado eso tambi�n.
Vamos. Conozco una ruta diferente.
- Chico inteligente. - Preg�ntale a cualquiera. Cerebrito Danny.
Eh... ah�.
Mejor viene conmigo.
- Estar� bien, agente. - Vendr�, �ahora?
Quiz�s logremos que el doctor del dispensario la vea.
Lo s�. Se supone que en la cl�nica s�lo atienden a beb�s, a sus madres...
...y hacen radiograf�as, pero ella es una emergencia.
Tome.
- �Se siente mejor? - S�, gracias.
Ser� mejor que dejemos que el doctor la vea.
S�, ser� mejor, se�ora. Bueno, tengo que regresar a la lucha.
- Gracias, Houlihan. - No hace falta. Ni lo diga.
�Su nombre?
Agnes. Dean.
- �Direcci�n? - 621 East 10th.
Informar� al Dr. Wood.
Pero agente, esa se�al de no aparcar no estaba ah� cuando llegue.
Voy a ir al hospital.
- �Es eso bueno? - En una ambulancia.
�Estupendo! Vas a disfrutar de un paseo gratis en autom�vil.
�Tienes una ni�a?
No, pero querr�a tenerla.
Dime, �c�mo llevas ese pa�uelo tan grande para una ni�a tan peque�a?
El Dr. Wood me lo dio para cuando tosa. Mantiene mis microbios atrapados.
- �C�mo te llamas? - Walda, �se es un bello alfiler.
Toma, �te gustar�a tenerlo?
As� estamos.
Pero puedo cuidarla en la casa.
�Y qu� hay de los otros ni�os? �Alec, Timmy, los mellizos?
La tos de Walda es contagiosa.
Para eso la Ciudad tiene hospitales como el Willard Parker.
Pero ella es tan peque�a.
Nunca ha estado lejos de casa.
Llora con facilidad.
Le dir� que yo mismo la visitar� cada noche. �Qu� le parece?
Ahora no tiene nada de qu� preocuparse. Walda va estar bien.
- Gracias. - Buenas noches.
- Houlihan le trajo una paciente. - �Otra emergencia?
- Ella se mare�. - Bien, h�gala entrar.
- �C�mo se gana la vida? - Soy cantante.
- �Come regularmente? - Casi siempre a la carrera.
- Trate de bajar el ritmo por un tiempo. - No es nada serio, �verdad?
No, no lo creo, pero Ud. debe tener su propio m�dico, �l le har� algunas pruebas.
Mientras tanto tome esta medicina como est� indicado.
Gracias.
�Cansado?
S�. Cansado de preocuparme sobre d�nde y c�mo vive la gente
y si el agua que beben est� contaminada y...
- �Te comprar� un sandwich? - No puedo.
- He de terminar unos an�lisis. - �Hasta en tu propio tiempo?
Cog� de ti mis malos h�bitos.
Tampoco ten�as que prometer que visitar�as a Walda todas las noches.
�Matt!
- �Matt! - �Qui�n es?
Soy yo, Sheila.
Sheila.
Eh, deja que el marido abrace a su esposa.
- Hola, querida. - Hola.
Pens� que no te ver�a hasta dentro de un par de d�as.
Despist� al polic�a, Matt.
�Est�s segura? Puede haberte seguido hasta aqu�.
- Todav�a est� esperando en el hotel. - Matt me llamo justo despu�s de hablar contigo.
- Es bueno estar en casa otra vez. - Como en los viejos tiempos, nosotros tres.
S�lo que no comparto m� marido con nadie.
Bueno, parece que soy una multitud. Te hablar� ma�ana, Sheila.
Ahora podremos irnos.
�Est�s segura que el polic�a no te vio poner las piedras en el correo?
Fui muy cuidadosa, Matt.
Con 50.000 d�lares en diamantes, podremos ir donde queramos
sin preocuparnos de nada.
Y no la volvi� a ver despu�s de que sali� de aqu�, �eh?
No, se�or. Pero cre� que estaba metida en algo, por la forma en que se comportaba.
�C�mo se comportaba?
Bueno, Ud. sabe. De manera bastante sospechosa.
�Alguna idea de c�mo logr� salir?
No, se�or. No sabr�a decirlo.
Bien, puede irse.
Corra la voz al resto de los muchachos.
Har�n ahora algo mejor que hablar.
Lo tengo.
- �Encontraste algo? - Nada que no sepamos ya.
Es cantante, obviamente usa un alias y es contrabandista de diamantes.
H�bil polic�a. Seguirla desde Cuba
para saber con qui�n trabaja, y entonces, perderla.
Probablemente trataron de deshacerse de las piedras. Quiz�s eso no de una pista.
Notifica a los joyeros. Prepara una descripci�n de los diamantes y de la chica.
- Buenos d�as, Sr. Krane. - Hola.
Tenemos hoy un especial de reques�n.
�Qu� le parece si dejo un poco con su leche?
- Estoy ocupado. - El mejor del mercado.
En otra ocasi�n.
- Buenos d�as, se�or. - Buenos d�as. �Tiene algo para m�?
- Un paquete peque�o. - Nada hoy.
- Bien, aseg�rese, �quiere? - Estoy seguro, se�or.
- Buenos d�as, Belle. - Hola, Charlie. �C�mo est�n tus pies hoy?
Todav�a me est�n matando.
- Fui a ver a un m�dico nuevo... - S�, lo s�, lo s�, Muy mal. Muy mal.
- Todav�a no ha llegado. - Lo har�.
- Ya deb�a haber llegado. - El correo se retrasa algunas veces.
�Qu� pasa con los sellos? �Pusiste lo suficientes en el paquete?
- Puse franqueo m�s que suficiente. - Entonces, �d�nde esta?
Dale otro d�a.
Quiz�s ma�ana.
- Eso es bonito. - Una bonita dama me lo regalo.
Volver� ma�ana, Walda, con chupa-chups.
No hay ninguna duda sobre eso. Tenia tos ferina cuando la admit�.
Bueno, ahora todo parece m�s complicado.
S�, �pero qu� es?
He hecho que dos de los mejores m�dicos de la ciudad la examinen.
Hemos realizado pruebas de todos los posibles enfermedades desde el tifus hasta las paperas.
Y los s�ntomas persisten.
Dolor de cabeza cr�nico, dolor de espalda y fiebre recurrente.
Hace 20 minutos su temperatura era de 40 y unas d�cimas. Ahora vuelve a ser normal.
Y, adem�s, ahora tenemos que a�adir el sarpullido.
Un minuto jugando y el siguiente gritando de dolor.
Bueno, Ben, tal vez en la consulta de esta noche podamos averiguarlo.
Entonces podr�a ser demasiado tarde.
�De qu� sirven todos nuestros modernos equipos y todos nuestros hospitales?
En lo que respecta a esa ni�a, podr�amos estar en aquella �poca
en la que la medicina iba a tientas.
Esas cosas entonces se esperaban, pero ahora...
Con todos nuestros conocimientos, somos incapaces de hacer que un grupo de s�ntomas signifique algo.
Los s�ntomas son avisos. �Qu� nos est�n diciendo estos?
Ben.
Sup�n que estamos otra vez en la Edad Media,
cuando las epidemias afectaban a ciudades enteras.
Antes de tener los rayos X, las vacunas y la anestesia.
Y que los s�ntomas fueran: dolor de cabeza, dolor de espalda, fiebre y sarpullido.
�Qu� dir�as que significan?
Viruela.
Los s�ntomas podr�an coincidir, �no es as�?
Pero aqu�, �en el centro de Nueva York? Yo nunca he visto un caso.
Bueno, yo s� lo he visto. En Europa, cuando no era m�s que un ni�o.
Vi cientos de ellos.
Criaturas gritando y retorci�ndose.
Destinados a alimentar una enorme hoguera que se mantuvo encendida durante semanas.
Deb� de haberlo pensado antes,
excepto que Nueva York es el �ltimo lugar en el que esperar�a encontrar viruela.
No hemos tenido un caso en 10 a�os.
�C�mo pudo ella contagiarse?
Debi� de haberla cogido de alguien que ya estaba enfermo.
Bueno, eso me asusta a�n m�s.
Si Walda tiene viruela, entonces es que alguien m�s en Nueva York tiene la enfermedad.
�Sabe lo que eso significa?
Demasiado bien. Un asesino salido del pasado
anda suelto entre ocho millones de personas.
Eso es incre�ble.
Estamos en 1947 y tenemos la vacuna contra la viruela.
�Fue Walda vacunada alguna vez?
No.
Enfermera.
Diga a la enfermera jefe que haga los arreglos para que todos los pacientes y el personal...
- ...sean vacunados inmediatamente. - �Vacunados?
- D�se prisa. �Podr�a tratarse de la viruela! - S�, doctor.
Tome sangre y muestras de tejido de la ni�a.
�Cree que estamos ante un caso de viruela, doctor?
Espero que no. Cooper no quiere correr ning�n riesgo.
Por eso optamos por la vacunaci�n.
�Tenemos un caso aqu�, doctor?
No lo sabremos hasta que el laboratorio del Ej�rcito en Washington termine las pruebas.
Esto es c�mico. Un hospital para enfermedades infecciosas,
Y tenemos que enviar afuera a hacer las pruebas.
Es un hecho que s�lo hay dos o tres laboratorios en todo el pa�s
que tienen el personal especializado para hacerlas. Es un procedimiento muy complicado.
Mantenlos cruzados.
Viruela en Nueva York. �Vaya!
Nunca olvidar� la epidemia de viruela en China en 1902.
Se extendi� como un enjambre de avispas y muy r�pidamente mat�
a medio mill�n de personas antes de que supi�ramos lo que estaba pasando.
Cuando oigo algo sobre un caso de viruela,
aunque sea en Tombuct�, empiezo a sudar fr�o.
�Pero en Nueva York!
Mantenga sus dedos cruzados, General.
- Quiz�s el resultado sea negativo. - Listo, se�or.
Positivo, viruela.
�Cu�l es la tasa de mortalidad? �Uno de cada tres morir�?
S�. Y si sobrevive,
tendr� este aspecto.
P�ngame con el Comisionado de Salud de Nueva York.
Estamos frente a una enfermedad que se extiende como un fuego salvaje. Una plaga de la Edad Media.
En alg�n lugar de la ciudad se halla la causa, y cada segundo que pasa sin encontrarla
significa mucha m�s expansi�n. Por eso es que hay que moverse deprisa, Sr. Skrip.
Quiero que se vacune a todos los que han estado en contacto con la ni�a.
Eso incluye a todos en el edificio en el que vive, en su escuela
y en el trabajo de sus padres.
Dependo de su cuerpo de investigadores para localizar esas personas.
�Cu�ntos equipos de vacunaci�n puede conseguir, Dr. Penner?
- Hasta ahora, diez. - �Investigadores?
Unos 40.
Use cualquier medio para conseguir cooperaci�n.
Todos los que no se vacunen podr�an contraer la enfermedad.
Si aun as� se niegan, hay que decirles a lo que se exponen.
Un millar de llagas horribles y una fiebre que quema a muerte a sus v�ctimas.
Ser� mejor que empiecen.
Comisionado, �qu� hacemos con los peri�dicos?
Estar�n haciendo preguntas.
Mejor dejar esto fuera de las noticias durante un tiempo, Sr. James.
- Por ahora, sin p�nico, tenemos suficiente. - S�, se�or.
�Qu� sabe de la familia de Walda?
Vinieron de un pueblo minero hace unos pocos meses.
Una historia de pobreza y poca salud.
Por esa raz�n insist� en hospitalizar a la ni�a.
En cierto sentido, me siento responsable por lo que le ha pasado.
Ud. hizo su trabajo. Le dejo esto a cargo, Dr. Wood.
Es su vecindario el que ha sido afectado.
O bien en la familia de Walda o en su c�rculo de amigos hay una persona con viruela.
Encuentre a esa persona y detendremos la enfermedad en el inicio.
Buenos d�as. Bueno tengo algo para Ud. hoy.
Sr. Krane. Sr. Krane, �qu� pasa con el especial del queso?
Mire, viene en un pote de cristal y cuando est� vac�o, directo al cubo de la basura.
- D�gale eso a mi mujer. - Ud. puede usarlo como... seguro.
Ahora no, ma�ana.
El tipo que venda m�s este mes ganar� un bot�n de oro.
- �Eres t�, Matt? - S�.
�Lleg�?
- No. - Ma�ana, Matt.
Claro, querida, ma�ana. Ahora, no te levantes. S�lo descansa ah�.
- Voy a salir un rato. - No soy muy buena compa��a.
No me quejo.
No olvides tu medicina.
Agradeceremos su llamada si llega a ocurrir algo como eso.
- Ciertamente lo har� se�or. - Gracias.
- �Quien era �se? - Del Departamento del Tesoro.
Toma, lee todo sobre el caso. Es la descripci�n de Sheila.
�Cabrones!
No te molestes en traerlos, Matt. Vas a tener que esperar.
- �Por qu�? - Esas piedras est�n muy calientes.
Deja que se enfr�en un par de semanas.
- Pero �l ya ha estado aqu�. - Volver�.
Me dejas en el aire, Moss. Ya hice los arreglos para marcharme.
Olv�dalo. Al menos durante 10 d�as.
Est� bien. Diez d�as.
No me lo digas. Deja que lo adivine.
Sabes, los chinos dicen que un retrato vale m�s que diez mil palabras.
Si tuvi�ramos uno de Sheila Bennet, podr�amos difundirlo, quiz�s as� obtendr�amos alguna ayuda.
Bueno, fue cantante. Debe tener algunas fotos profesionales.
Bien, veamos si podemos encontrar una.
Ser�a una suerte si se las hubiera hecho aqu�.
�Eh, chicos, mirad! Est�n vacunando a todos en el edificio.
- �Qu� es eso? - Lo hacen con una aguja.
Est�n arriba en casa de los Kowalski.
- Mira, ni siquiera se ve. - Mary, se te quema el cocido.
Dice que el t�o de Walda la llev� a pasear hace una semana.
- S�. - �Recuerda donde fueron?
Al Circo.
Ve, ellos no tienes hijos propios.
�Por qu� est� haciendo tantas preguntas sobre Walda?
- Le ha pasado algo. - Ella se pondr� bien, Sra. Kowalski.
- Voy a ir a verla. - Eso no est� permitido en el Hospital Willard Parker.
- Pero... - Vamos, Katie.
�No eres t� la que siempre dice que conf�as en el Dr. Wood?
Doctor, todav�a nos faltan dos pisos en este edificio.
Me sorprendi� saber que estaba enferma.
Estaba muy saludable y hermosa el d�a en que la llev� al Circo.
- �D�nde queda ese Circo? - En el Bronx.
- �En qu� lugar del Bronx? - En la Avenida Brooks, cerca del Parque Crotona.
Verifica eso y lleva contigo al equipo de vacunaci�n.
- Bien. - Ya no est� ah� ahora.
- Era uno de esos circos ambulantes. - Bueno, �c�mo se llamaba?
No puedo recordarlo. Pero estoy seguro de que no era ni Barnum ni Bailey.
No quiero que me vacunen.
Eres una chica mayor ahora.
Bueno, eso no duele, �verdad?
No.
- �Hay alguien enfermo en tu casa? - S�lo mi madre.
- �Qu� es lo que le pasa? - Acaba de volver del hospital.
Despu�s de una operaci�n. �Ha tenido un beb�!
Gracias.
Aqu� tiene el informe sobre el resto de las personas en la vecindad de los Kowalski.
- �Algo? - Nada.
De acuerdo gracias. Yo mismo lo llevar� al Comisionado.
- �C�mo est� Ud.? - Finalmente encontramos ese Circo.
En Canarsie. Todos saludables, todos vacunados.
- �Alguna otra pista? - No, nada todav�a.
Quiz�s ya no haya nada de qu� preocuparse.
Eso es lo que deseamos.
No olvide que quienquiera que fuese el que contagi� a Walda, todav�a anda por ah�.
Quiz�s es un viajante.
Quiz�s est� muerto.
- Hola, querida. �Esperas a alguien? - �Quieres bajar el volumen de esa cosa?
Me gusta trabajar con m�sica, y a ti tambi�n deber�a gustarte,
conociendo como tu marido se gana la vida.
S�lo que �l no ha estado por aqu� �ltimamente, �verdad?
- Nadie te est� preguntando. - Vale. Me hablar� a m� misma.
- Volver�. - �Oh, claro! Seguro lo har�.
Lo que ocurre es que no puedo esperar tanto que me pague el alquiler.
- �Qu� es lo que quiere? - Mi alquiler.
Estoy esperando alg�n dinero.
Si viene en un paquete, olv�dese. Lleg� hace dos d�as.
Vamos, no sea Ud. tan tonta. �Sabe lo que �l est� haciendo?
Se cans� de Ud., la dej�.
Claro.
Los hombres como �l son todos iguales, lo s�.
No lo comprendo, Willie. �Qu� dijo antes de irse?
- Nada. S�lo que se iba.
Bueno, debi� haber dicho algo.
No se iba a marchar sin decir ad�nde iba.
Mira, los pianistas vienen y van.
�l no me habr�a dejado. No Matt. Tiene que tener una buena raz�n.
Tu hermana. La buena chica a la que siempre est�s protegiendo.
- Eres un mentiroso. - Se ven todas las tardes.
Bueno, le dije a ella...
le dije que lo vigilara.
Ella lo hizo muy bien. Le ech� el ojo.
- �A qu� viene tanta prisa? - D�jame ir.
Tu trabajo te est� esperando.
Puedes cantarme tus canciones apasionadas.
Sheila.
Me alegro de verte en pie de nuevo. Ahora iba a regresar a la oficina.
�C�mo va ese trabajo?
Bien, excepto el del cron�metro, que todav�a intenta salir conmigo.
Fui a verte all�.
Me dijeron que hab�as renunciado hace una semana.
Bueno, lo hice.
�Por qu� me mentiste?
Porque sab�a que ibas a hacer lo que acostumbras.
- Mira, Sheila, ya no soy una ni�a. - Nunca crecer�s.
Quiz�s lo haga si dejas de decirme c�mo vivir.
Ya no necesitas a nadie. Aprendiste demasiado en mi ausencia.
Hasta a cocinar.
Aprendes mucho cuando est�s sola.
�Por ejemplo, a salir con hombres casados?
- No s� a qu� te refieres. - Willie lo sabe.
- El me cont� cosas sobre ti y Matt. - No vas a creerle, �verdad?
�D�nde est� Matt?
�No est� contigo?
- Sabes que no. - �Cu�ndo se march�?
se fue hace dos d�as.
�Por qu� te sorprendes?
�Es porque cre�as que volver�a a buscarte?
�Es eso?
- S�. - �Y entonces?
Nos ir�amos despu�s de que el vendiera las joyas.
�Muy limpio!
Mi propia hermana. �Por qu�?
- �Por qu�? - No s� por qu�, Sheila.
�C�mo puedo culparte? Nunca tuviste una oportunidad con �l.
Quiz�s es culpa m�a por confiar en �l, pero le amaba.
No puedo pensar en otra cosa.
Dime la verdad, Moss. �Le diste el dinero de las piedras?
No te mentir�a, Sheila. Es la �nica virtud que me queda.
Bien, primero hay que cortar las piedras. Tendr� que tra�rtelas.
Eso es. Lo que pasa es que lo mand� lejos.
- �Desde cu�ndo la caridad es uno de tus rasgos? - No lo es, pero el sentido com�n s�.
Podr�a interesarte saber que la polic�a estuvo aqu� buscando dos piedras registradas,
pasadas de contrabando por una mujer con tu descripci�n.
Bajo estas circunstancias, en este momento ser�a imprudente coger esas piedras.
- �D�nde est� �l? - No se lo pregunt�.
- Ay�dame a encontrarle, Moss. - Supongo que le encontrar�s, Sheila.
- �Qu� te dar�a eso? - Tengo que encontrarlo.
Considera lo que ganas al librarte de �l.
Ay�dame Moss. Te dar� mi parte.
Eso es poco pr�ctico. Soy joyero. Valoro cosas.
Las piedras valen 40.000 d�lares.
Matt, har�as un mal negocio.
�Es un trato?
Bien, Sheila. S�lo quiero que no te hagan da�o.
- �Cu�ndo volver�? - Dentro de 10 d�as.
Gracias.
Ten cuidado, Sheila. Recuerda que la polic�a te est� buscando.
Estar� en casa de mi hermana.
- Ning�n m�dico puede hacer nada por ella. - �Qu� ha pasado?
- Suicidio. - Ella viv�a en la puerta de al lado.
Pobre Francie Bennet.
Atenci�n a todo el personal.
Pres�ntense a su supervisor inmediatamente. Pres�ntense a su supervisor inmediatamente.
�A qu� se debe todo esto, Donna?
Acaban de admitir un segundo caso de viruela.
- �D�nde trabajas? - Soy maletero, se�or, en la Estaci�n Penn.
�Recuerda haber visto a alguien que pareciera estar enfermo?
Cada d�a veo a cientos de personas.
Por eso es importante que trate de recordar.
Int�ntelo.
Tanta gente yendo y viniendo todo el d�a...
Tantas.
Hemos examinado cada �ngulo y s�lo podemos a�adir una cosa.
El maletero en la estaci�n Penn, y Walda aqu�.
No puede haber habido contacto entre ellos.
Aparentemente, existe una tercera persona que los contagi� a los dos.
No es una perspectiva nada brillante.
Dos casos de viruela en nuestras manos.
Y no tenemos la menor pista de la persona que los contagi�.
Una ciudad de ocho millones con muchos recursos policiales y de protecci�n sanitaria,
Y, sin embargo, una persona puede salt�rselos y hacer peligrar la vida de millones.
�C�mo podemos detenerle?
- A�n no lo s�. - �La polic�a?
�Qu� le pedimos que busquen? �A un hombre, a una mujer o a un ni�o?
Todo lo que sabemos es que dondequiera que vaya, habr� victimas.
�Eh!
�Qu� haces aqu�?
�Es que hay alguna ley que proh�ba a una hermana visitar a su hermano?
�Y ese s�bito inter�s por la familia?
Lo olvid�.
Los familiares se unen cada vez que ocurre una tragedia.
No, Sid. Ahora no.
Las chicas Bennet. El orgullo de Brooklyn.
Bueno, ya no tienes que preocuparte m�s por la chica.
Ha muerto por culpa de Matt.
�Crees que no lo s�?
Entonces... �por qu� no hiciste algo cuando a�n viv�a?
�C�mo esperabas que supiera la diferencia entre el bien y el mal...
...si t� misma te enredaste con un tipo como Matt?
Nadie te ha pedido que me sermonees.
Un gerente de dormitorio, lacayo de un mont�n de vagos.
S�, as� es, Sheila,
pero me da unas pautas, y puedo dormir por las noches.
No he venido a discutir contigo, Sid.
Necesito un lugar en el que quedarme.
La polic�a me busca.
Si quieres, puedes usar mi habitaci�n.
Pero olv�date de Matt, Sheila. S�lo te traer� m�s problemas.
Hay algunas cosas que no comprendes, Sid.
�Como la muerte que brilla en tus ojos? Pareces capaz de matar.
Dr. Wood.
Su nombre es Willie Dennis.
Le ver� dentro de un minuto.
�Necesitas algo, Jerry?
Un vaso de agua, por favor.
El maletero ha muerto.
Eso o�.
No tuvo demasiadas oportunidades.
Y una cosa tan sencilla como la vacuna podr�a haber salvado su vida.
�Alguna novedad en los �ltimos casos?
Nada que no supi�ramos por los anteriores.
El chico estuvo en contacto con alguien que estaba enfermo.
Su hermano Manny tuvo la gripe el a�o pasado.
�Y qu� pasa con el tipo de dirige el Club nocturno?
Les da la mano a todos sus clientes
cuando llegan al local, y otra vez cuando se van.
�S�? Un momento. Para Ud., Comisionado...
Ellis al habla.
Bien, �cu�l es la direcci�n?
910 Grant Avenue. Gracias.
Un m�dico de Staten Island cree que ha encontrado otro caso. Un lechero.
- �Lechero? - Esto sigue.
Fue el jueves pasado. Ese d�a casi no pudo ir a al trabajo.
Le dije: "Joe, qu�date en casa". Pero �l no, no Joe Dominic.
�l tiene que batir un r�cord.
Era s�lo un peque�o dolor de cabeza, cari�o.
Te conozco, Joe Dominic. Tienes que estar medio muerto antes de tomarte un d�a libre.
�Puedo ver su lista de reparto?
Claro que s�. Est� en el bolsillo de mi abrigo, cari�o.
Nadie excepto Joe Dominic puede entregar la leche de los beb�s.
Nunca ha llegado tarde en 5 a�os, no.
Est� buscando un r�cord, un bot�n de oro. ��l y su ambici�n!
- Me gustar�a llevarme esto. - Pero voy a necesitarlo.
No durante cierto tiempo. Va a ir al hospital.
Cuide de que sea as�, Srta. Lorie.
Cuatro en total. Todos en Manhattan.
Bueno, puede a�adir otro marcador a su colecci�n.
El lechero ten�a la viruela.
As� es.
El mismo tipo que distribuye leche para los ni�os.
Que nos mantiene despiertos moviendo botellas.
�Ninguna pista?
He hecho que Skrip y sus hombres verifiquen la ruta de reparto.
- Quiz�s se contagi� de alguno de sus clientes. - Puede que no.
Se nos va a descontrolar si afecta a ni�os y a la comida.
No podemos sentarnos a esperar que se produzca otro caso
y ponernos entonces a vacunar con urgencia. En ese momento ser�a demasiado tarde.
Mira este mapa. Empieza a llenarse de marcadores.
Ya ha saltado a Staten Island, haciendo un total de cinco casos.
Ma�ana pasar� en alg�n otro barrio; tendremos entonces 10 casos, luego 20,
y llegaremos a tener cientos o miles.
�Somos una ciudad amenazada! Esto no tiene l�mites.
Casa caso es un nuevo foco de propagaci�n. El aire se va contaminando...
�y respirar puede significar la muerte!
Tenemos que detenerlo.
Llegar antes a la gente, derrotar a la enfermedad.
�Vacunar a toda la ciudad!
�Ocho millones de personas? �Eso es imposible!
Tenemos que hacerlo. Esto se est� saliendo de control.
- Necesitar�amos centenares de cl�nicas. - Cons�galas.
- Y m�dicos. - Los conseguiremos.
H�galo, se�or. Es nuestra �nica oportunidad.
Llame al Comisionado de Polic�a y al de Hospitales.
Vamos a ver al alcalde.
- �Es domingo! - Nadie se lo ha dicho a la viruela.
�Est� a salvo, a salvo!
�Llegu�!
- Est�s fuera. - Ud. es un ladr�n, se�or alcalde.
Est�s tan ciego como un murci�lago.
- Bien, arbitra t�, Pinkie. - De acuerdo.
- �Eso es, Pinkie! - Pink ni siquiera puede decir su nombre.
Bien, tienen ocho millones de brazos que inocular. �Qu� necesitan?
- Unos mil m�dicos adicionales. - Lo tienen. �Qu� mas?
Instalaciones para vacunar.
Convertir sus comisar�as de polic�a en cl�nicas.
Lo mismo con los cuarteles de bomberos en todos los barrios.
Creo que el Comisionado de Hospitales tiene algo que ofrecer.
Todos los hospitales de la ciudad y su personal de guardia las 24 horas del d�a.
- Bien, entonces estamos listos. - No del todo.
- �Cu�nto? - Necesitamos medio mill�n de d�lares
para ponernos en marcha.
Las vacunas son gratis.
Seis centavos por cada vida, eso es un regalo.
Empiecen conmigo.
El alcalde no pierde el tiempo.
Hace unas horas se subi� la manga y acept� el gran rasgu�o.
Y despu�s que el jefe dio ejemplo a su ciudad,
el Comisionado de Salud difundi� un mensaje por radio.
Si estaban sintonizados, escuchar�an el disparo inicial
de una guerra a muerte,
y si no lo pudieron o�r, pueden leer las noticias.
Los peri�dicos relatan los hechos,
el qui�n, el qu�, d�nde, cu�ndo y por qu�.
Los mayores titulares que hemos visto
desde el D�a de la Victoria golpearon la ciudad justo entre los ojos.
Ya empez� el encantamiento de las masas.
El alcalde ha iniciado su campa�a
La pr�xima cosa que ver�n son muchas fotograf�as de �l cepill�ndose los dientes.
Los titulares no ser�an tan grandes si esto no fuera grave.
Dos casos de viruela no hacen una epidemia.
Estoy de acuerdo con �l. �Nada m�s que publicidad!
Y si no lo es,
�qu� derecho tiene el alcalde a gastar el dinero de los contribuyentes de esta manera?
�Saben lo que costar� toda esta Vacunaci�n gratuita? �Millones!
�Alguna vez has visto una epidemia de viruela, Mac? �Alguna vez has visto una?
No, pero no veo que tiene que ver con...
Bueno, si alguna vez se desencadena en la ciudad, cu�date, hermano. Eso es todo.
Pero los casos detectados est�n en cuarentena. No les permiten ir andando por ah�.
Nadie puede contagiarse a menos que haya rozado a alguien enfermo.
Ah, �s�?
Mira a ese tipo de la silla.
Pudo haberse contagiado de uno de esos en el hospital.
Puede estar enfermo y no saberlo a�n, �ves?
Bien, t� sigues.
Ve y si�ntate en esa misma silla.
Blooey, coger�s la viruela s�lo por sentarte ah�.
Usted es el siguiente, se�or.
Yo no. �Me voy a vacunar!
De esa forma al conocerse los hechos, las personas acudieron e hicieron cola.
Ricos y pobres. Todos pod�an contagiarse de la viruela.
Algunos hab�an sido atacados temprano.
Otros que hab�an contra�do la enfermedad sin darse cuenta
se salvaron al ser vacunados a tiempo.
Hasta tipejos como Matt Krane.
Tipos honestos, oscuros e intelectuales como Cerebrito Danny.
Claro que hubo algunos que no creyeron en la lucha de la ciudad.
�Nadie va a inyectarme g�rmenes a m� o a mi familia!
Pero la pelota segu�a en juego, y sin importar si te gustaba o no,
a menos que suscribieras un seguro de vida
que costaba s�lo permanecer diez minutos en fila,
estabas pasado de moda. Fuera de onda.
Un brazo dolorido indicaba a tus vecinos que ten�as sentido com�n.
El recuento aument�.
Un mill�n de vacunados.
Dos millones. Pero la viruela nunca es un asunto local.
Concierne al mundo entero.
Washington, Londres, Par�s,
todos esperaban las noticias que proced�an de nuestro alcalde.
Estar seguro, estar a salvo, estar vacunado.
Los agentes del Departamento del Tesoro fueron tambi�n a vacunarse,
pero eso supuso para ellos �nicamente una breve pausa
en el trabajo principal de convertir un rastro fr�o en uno caliente.
Y mientras trabajaban,
el Departamento de Salud a�adi� a su ya cansada tarea
la de verificar la ruta de los clientes del lechero Joe Dominic.
Desde esas las puertas hasta los estudios fotogr�ficos de la zona alta,
ten�amos a dos agencias buscando lo mismo.
Y la suerte prosigui� con su broma macabra
evitando de alguna manera que los federales y los inspectores de salud
aunaran sus esfuerzos.
- �S�? - Soy del Departamento de Salud, se�ora.
Mire se�or, acabo de vacunarme en el s�tano.
Recibe leche de la Ace Dairy Company, �verdad?
- �Y qu� pasa con eso? - �Hay alguien de su familia enfermo?
�Por qu�?
Porque buscamos a alguien que tenga viruela.
Dijo que se llamaba Sheila Bennet.
Es ella, bien. �Algo m�s?
- Recomendada por el local de Willie. - �A qu� se refiere?
Es un club peque�o en el Village. En el 518 de Waverly.
- �Le importa si cojo esto? - Cortes�a de la casa.
Gracias.
�Eh! �Qu� pasa, Bub?
Mu�vete, hijo.
�Son ustedes detectives? �Qu� pasa?
Willie no anda por aqu�. Est� en el hospital.
- �Cu�l? - Willie Parker.
Por su culpa tuve que vacunarme. Tiene la viruela.
�Eh, muchachos, apuesto a que son sabuesos del gobierno!
�No llevan sirena?
Entre.
- �Dr. Cooper? - S�.
Mi nombre es Johnson, de Aduanas.
Me gustar�a hablar con un paciente suyo. Un hombre llamado Willie Dennis.
Lo siento, Sr. Johnson, es uno de los casos de viruela que est�n aislamiento.
Nadie puede verlo.
solo nos llevar� un minuto, y es importante.
Querr�a cooperar Sr. Johnson, pero est� muy enfermo.
Hemos recorrido un largo camino tras esta pista,
y es la �nica que tenemos de un contrabandista de joyas que perseguimos.
Sr. Johnson, Si hiciera una excepci�n,
no aportar�a nada.
Ha delirado durante horas.
Existe la posibilidad de que nunca recupere la conciencia.
Bien, en caso de que sea posible hablarle, �me llamar�a, doctor?
- De acuerdo, se�or. - A cualquier hora del d�a o de la noche.
Lo estaremos agradecidos.
Hemos perseguido a este contrabandista durante mucho tiempo.
Ahora mismo nuestros inspectores de salud tambi�n tratan de encontrar a otro contrabandista.
Uno que introdujo la viruela en el pa�s.
S�, lo s�.
Estamos buscando a la persona a la que Joe Dominic dej� este material.
Quiere decir a Sheila Bennet. Bueno, han estado ah� desde que ella se fue.
�Dice que estaba enferma?
S�. Desde el d�a en que volvi�.
Siempre tirada ah� y quej�ndose de dolores de cabeza.
Casi nunca sal�a.
�Le importa si uso su tel�fono?
No. Mire se�or, esto no me va a meter en problemas, �verdad?
S�, ella se fue hace como dos d�as despu�s que el marido la abandon�,
�Y sabe qu�? No pag� el alquiler.
�Est� segura que no sabe ad�nde fue?
No, se�or. Pero estoy contenta de haberme vacunado.
- �Hay algo? - Nada hasta ahora.
Nada por aqu�.
- �Tiene un foto de la se�ora Bennet? - No, no �ramos amigas.
- Bueno, �qu� aspecto ten�a? - Terrible.
No me refiero a eso. Altura, peso, color del pelo.
�C�mo iba vestida el d�a en que se fue? Algo que la distinguiera.
Bien, es rubia y alrededor...
de 1,63 de estatura. Llevaba un vestido azul oscuro.
Sin marcas distintivas.
Usa el nombre Sheila Bennet y est� casada con Matt Krane, un m�sico.
Notifique eso a todos los peri�dicos.
- No es mucho para continuar. - Es algo.
- �S�, se�or? - P�ngame con el Comisionado de Polic�a.
Lleve tambi�n esa descripci�n a todas las emisoras de radio.
De acuerdo.
John, tenemos una pista sobre la persona que nos interesa encontrar.
Es una mujer, su �ltima direcci�n es 810 West 49th Street, Nueva York.
Vamos, Owney.
�Qu� estaba haciendo en Cuba?
Pasar de contrabando diamantes a los EE.UU.
No hay restricciones sanitarias entre Cuba y la parte continental de los Estados Unidos.
Pudo haber pasado por un �rea de contagio
y traer la enfermedad al pa�s.
Lo hizo. La llevaron a la cl�nica despu�s de un desvanecimiento
la misma noche en que env�e a Walda al hospital.
Ahora recuerdo los s�ntomas.
Ella ten�a la viruela
y permit� que se me fuera de las manos.
�D�nde est� ahora?
Eso es lo que esperaba sacarle a Willie Dennis en el hospital,
pero no me dejar�n entrar a verle.
- �Te han vacunado? - S�.
- Le veras ahora. - �Vamos!
De acuerdo.
Y esa fue la �ltima vez que la viste, �eh?
�Tienes alguna idea de d�nde puede estar ahora?
Ella te contagi�, Willie.
Quiz�s su hermano Sid lo sepa.
Maneja un hotel de tercera llamado "La Luna".
Est� en la Tercera Avenida.
Qu�date aqu� con el m�dico. Mant�n los ojos bien abiertos.
Ver� lo que puedo sacarle a Sid.
voy contigo.
Hola, Sid.
No vengas a molestarme, Tom.
D�jame estar aqu� hasta que se vayan los polic�as.
- �Qu� polic�as? - Ven aqu�. �Mira, mira!
Puedo verlos a una milla.
Siempre me atrapan y me meten en chirona.
Si me ven aqu�, creer�n que soy respetable.
- M�tete detr�s del mostrador. - �Qui�n? �Yo?
S�, s�. Diles que estoy arriba limpiando. �Entiendes?
Entretenlos antes de dejarlos entrar.
S� haces eso, te dar� una cama esta noche.
�Sheila!
�Sheila!
�Abran!
�Les digo que abran!
�Un minuto!
La polic�a est� aqu�. Te seguir�n a cualquier sitio que vayas.
�Abran!
- Est� atrancada. �La cerradura est� atrancada! - �Abran!
- Diles la verdad, Sheila. - No.
- No puedes continuar huyendo. - Tengo que hacerlo.
Claro. Tienes que buscar tu venganza. Eso es todo lo que tienes que hacer.
Sentada aqu� planeando matar. �Pero qu� te pasa, Sheila?
Le encontrar�. �Tengo que hacerlo! Ay�dame, Sid.
Vale.
�Est� atrancada!
Baja por la escalera de incendios y atraviesa el cementerio.
- Te llevar� a la otra calle. - No quise causar problemas.
Tampoco Francie, pero t� terminar�s de la misma forma.
- Sid... - Ahora vete de aqu�.
- La cerradura se bloque�, es de mala calidad. - �D�nde est� Sid?
�Sid? Limpiando arriba.
Ll�vanos con �l.
�Polic�a, Sid, polic�a!
- �Otra vez metido en problemas? - Yo no he hecho nada.
Es a Sheila a quien buscamos Sid.
Aqu� hab�a alguien, Doc.
- �Vamos, empieza a hablar! - �Les dije que no estaba aqu�!
- Tardaste demasiado tiempo en dejarnos entrar. - Estaba limpiando.
Y esa ventana abierta.
Ya no buscamos a un contrabandista, Sid.
Buscamos a un asesino.
No sab�a que los m�dicos aplicaban el tercer grado.
Te estoy contando los hechos. Tu hermana tiene la viruela.
Ella fue quien la trajo a la ciudad.
A menos que la encontremos, morir�, y con ella muchos de los que la contacten.
Ella no deb�a saber eso.
Estaba enferma, �verdad?
S�... �pero viruela!
- �D�nde est�? - No lo s�. Le dije que saliera.
Yo mismo le di este frasco.
- �C�mo de importante era esa medicina? - La ayudaba a estar de pie.
- Entonces no ir� muy lejos sin ella. - Bueno, eso depende.
Unos son atacados r�pidamente y otros se sostienen.
No lo sab�a. No lo sab�a.
Vamos, tienes algunas preguntas que contestar.
Haga que lo vacunen primero.
Sheila Bennet es la persona,
La encontramos en el hotel de su hermano, pero logr� escaparse.
Tenemos que vacunar inmediatamente toda esa �rea.
No podemos. Se acabaron las vacunas.
�Qu�?
El almac�n inform� de que s�lo nos quedan 1.000 unidades.
�Con cuatro millones por vacunar y los casos aumentando?
Bueno todo el d�a han esperado un nuevo cargamento.
Y ahora el fabricante dice que no puede atender tanta demanda.
Para esta noche no quedar� ning�n lugar que disponga de vacunas.
�Qu� ocurre con otras compa��as de fuera del Estado?
Nos env�an todo lo que pueden, hasta las sacan de las farmacias.
�Cu�nto tiempo se tardar�?
- Cuatro d�as. - �Cuatro d�as?
No podemos esperar cuatro d�as.
No con Sheila Bennet suelta propagando la enfermedad.
�S.O.S.! �S.O.S!
�Vacunas para cuatro millones!
Pero no quedan m�s en ning�n lugar.
Hasta el Ej�rcito y la Marina nos dieron todo lo que ten�an.
Y cuando las puertas cierren en los centros de vacunaci�n,
empezar� el gran temor.
Cuando la asustada ciudad sienta la h�meda mano de la muerte asentarse en las calles,
nacer� el p�nico y ser� tan epid�mico como la misma enfermedad.
Aquellos que no tengan el rasgu�o en su brazo estar�n solos y desprotegidos
contra el despiadado asesino.
El alcalde convoc� un Consejo de Guerra y otra vez pidi� lo imposible.
Necesito vacunas. Montones de ellas,
y ustedes, los fabricantes van a suministrarlas.
Lo haremos Sr. alcalde, pero tardaremos varios d�as.
- �Ma�ana! - Eso es imposible, se�or.
Tambi�n lo es lo que hacemos.
Esta ciudad est� en un apuro, y Uds. nos van a sacar de el.
Pero, Sr. alcalde, la vacuna tiene que ser embalada en dosis individuales.
Eso lleva tiempo.
- Entonces entr�guenlas a granel. - No podemos. Normas m�dicas.
S�lteselas, m�ndelas en botellas de cerveza.
Pero h�galas llegar aqu�.
Bien, �cuantas mandar� Ud.?
- Trataremos de sacar unas 20,000. - Treinta.
- �Ud. se�or? - Bueno...
Treinta.
Todav�a est� el problema de las agujas.
�Agujas?
P�ngame con una empresa de m�quinas de coser.
Ellos hacen agujas. Las esterilizaremos.
Caballeros, no se dan cuenta de que nos enfrentamos a la muerte.
�No!
�Mi hija!
Usted prometi�...
Me hizo sacarla de casa.
Hicimos todo lo que pudimos.
�Asesino!
�Asesino! �Asesino! �Asesino!
�Sheila Bennet! La hemos buscado por todas partes. Por todas parte.
Y ha vuelto.
Necesito mi medicina.
Tiene la viruela.
Ap�rtese.
Necesito su ayuda, Sheila.
�Atr�s, le digo!
No podr� sostenerse as� mucho m�s tiempo.
Tengo que hacerlo hasta ma�ana.
�No! �No! �No se acerque!
No venga...
Departamento de Polic�a.
Hemos de encontrarla.
Tenemos que saber d�nde ha estado, con qui�n se ha visto.
�C�mo puede mantenerse en pie? Ya deber�a haber muerto.
Y si no, por lo menos estar ingresada en el hospital.
Pero todav�a sigue andando. �C�mo puede hacerlo?
�C�mo algunos tullidos que han estado en cama durante a�os logran levantarse y caminar?
Porque la raz�n para caminar es m�s importante que sus enfermedades.
Lo s�, lo s�, pero Sheila Bennet tiene la viruela.
Ella dijo algo cuando le anunci� que no podr�a sostenerse mucho tiempo.
Ella dijo: "Tengo que hacerlo hasta ma�ana."
Esa chica tiene un motivo.
Tiene que hacer algo ma�ana que la mantiene viva.
Ma�ana.
Con ocho millones de personas busc�ndola, la encontraremos esta noche.
Con la foto de la muerte rubia grabada en sus mentes, y con
una foto de recambio s�lo para asegurarse.
As� se dispuso la b�squeda del animal enfermo que pod�a destruirlos a todos.
Si intentaba salir de Nueva York esa noche,
ten�a que pasar la inspecci�n.
Si eras una mujer de 1,63, y adicta a aclararse el pelo,
para que tenga el color que se supone prefieren los caballeros,
tenias que demostrar que no eras Sheila Bennet.
Ocho millones buscando a una chica enferma y d�bil,
que se arrastraba a uno de sus �ltimos escondrijos.
Un lugar al que los peri�dicos y la polic�a nunca llegan.
Un convento.
El Dr. Wood ten�a raz�n cuando dijo que hab�a un motivo en Sheila.
Tiene la fuerza que se obtiene cuando una mujer tiene que ajustar cuentas
con un hombre como Matt Krane.
Una fuerza que deb�a durar hasta ma�ana,
hasta que pasaran los diez repulsivos d�as.
He recorrido un largo camino, Madre.
�Puedo descansar un momento?
Por supuesto, hija. La Hermana Mar�a le mostrar� una cama.
Gracias, Madre.
Debo aguantar.
Debo.
Debo.
Bueno, �cu�nto?
Deben ser cerca de 40.000.
�Valen 50!
Cuesti�n de oferta y demanda.
Para m� no valen nada.
�Para qu� me hiciste esperar?
Es sencillo, Matt. T� necesitas dinero y yo no quiero que lo tengas.
No me gust� el trato que le diste a Sheila.
�Necesito dinero!
�B�scalo!
Oferta y demanda.
Te he estado esperando, Matt.
- Tengo las piedras. - �No te muevas!
No vas a ninguna parte.
Nunca m�s ir�s a ninguna parte.
�Moss!
El trat� de ayudarme.
No habr�a aceptado las piedras. despu�s de lo que hemos pasado...
�Qu� has pasado t�?
Mira.
M�rame.
Algo que tambi�n encontr� por ti adem�s de los diamantes.
No es una bella visi�n, �eh?
La cara que una vez besaste.
Te has imaginado muchas cosas, �verdad?
As� es, Matt.
He venido a matarte, por lo que nos hiciste a m� y a Francie.
Est�s loca.
Pero ahora no tengo que hacerlo.
Te freir�n por asesino.
- Sheila, esc�chame. - Ya no.
No tengo mucho tiempo para hablar.
Me muero.
�No puedes entregarme!
Esta es Sheila Bennet.
- Sheila Bennet. - �Qu�?
- Informe al Departamento de Salud. - Ya lo hice.
Buen muchacho.
La manera en que te am�.
Hasta te permit� convertirme en ladrona.
�Tienes que creerme!
Estas asustado, Matt.
Quiz�s Francie tambi�n lo estuvo.
Es gracioso como las cosas se aclaran cuando es demasiado tarde.
Todo lo que Sid intent� hacerme ver.
Sid ten�a raz�n.
Est� en el �ltimo piso. Vamos Mac.
�Matt!
Deprisa. Saquen esas escaleras.
Fue tras ella, Doc, pero el la asust�. Casi se cay�.
Ella debe estar delirando. Ni siquiera se da cuenta de donde est�.
Despacio, Doc.
Sheila. Sheila.
No soy un polic�a, Sheila. Soy el m�dico.
Yo la ayudar�, Sheila. Conf�e en m�.
�Recuerda a Walda, la peque�a que conoci� en mi oficina?
- �Tiene usted una ni�a? - Me gustar�a tenerla.
- �Tiene usted una ni�a? - Est� muerta, Sheila.
La mat� cuando la toc�.
D�me su mano, Sheila.
A menos que me ayude, Sheila, muchos otros morir�n.
Todos aquellos a los que ha tocado.
D�me su mano, Sheila.
Est� bien, est� bien. D�jenlo, d�jenlo. Todo ha terminado. Todo ha terminado.
Vuelvan a casa. vamos, vamos. A casa.
L�anlo en el peri�dico de ma�ana.
Y as�, en una cornisa cinco pisos sobre la calle.
el terror de ciudad lleg� a su final.
Antes de morir, en un estallido de fiebre,
encontr� la fuerza para contarles a los doctores lo que ten�an que saber.
Y la viruela, el antiguo asesino,
fue devuelto a la Edad Media de donde hab�a salido.
Hubo muertos, pero ocho millones de personas siguen vivas.
Un tributo a la ciudad que se salv� a s� misma.
A LOS HOMBRES Y MUJERES DEL DEPARTAMENTO DE SALUD P�BLICA,
PRIMERA L�NEA DEFENSIVA ENTRE LA HUMANIDAD Y LA ENFERMEDAD.
AGRADECEMOS LA COOPERACI�N DE LOS DEPARTAMENTOS DE SANIDAD
Y HOSPITALES DE LAS CIUDADES DE NUEVA YORK Y LOS �NGELES.
]
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.