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Original subtitles

-�Vuelvan a casa, r�pido! Cierren puerta, ventanas...

No volver�s a representar a las Espa�as, y menos, a su Rey.

-�Qu� cree que pueden significar las iniciales 'SM'?

-Su Majestad.

-As� es el anillo del sello del Rey.

-He estado a punto de morir en la cama con un hombre.

-Cuando elegimos c�mo vivir, tambi�n elegimos c�mo ser recordados.

-Voy a ser la primera persona

-que cultive chocolate en �frica.

-Yo... Lucrecia de Guzm�n.

-�Cipri, has visto a Alonso?

-El chiquillo se habr� escondido esperando a que escampe.

�Ayuda!

La gente no puede contar contigo.

-�C�mo que no puede contar conmigo?

-Pues que sepas que yo no soy un miserable.

-Y que a m�, Cipriano, me importa la gente

-Vengo a recoger un pedido de parte de Su Majestad el Rey.

-Tu t�a ha decidido entregar su vida a Dios.

-Estoy buscando a una persona muy importante para m�.

-Solo s� que est� en un convento.

�Mierda!

�Y este qui�n es?

Este negocio no es para ti.

Disculpe, comisario.

�Se puede tirar?

Hay algo escrito.

-�C�mo se llama tu hermano?

-Hern�n.

T�a...

Alonso, yo no voy a volver a casa.

�Todas quietas!

�Lleva el anillo, detenedle!

�Llev�roslo!

�Ay�dame, ay�dame!

-�No, no!

�Es el comisario!

-Cipri... Por mi culpa, amo.

Nunca encontrar� a ese desagraciado all� donde voy a enviarle.

�Ha hablado?

El preso no ha confesado

d�nde est� el oro, Majestad.

�Y sobre qui�n le acompa�aba?

Tampoco.

Pero mis hombres siguen busc�ndolo por toda la villa.

�Qu� pasa en mi reino!

�Nadie me respeta ya? �A caso no infundo temor?

El prisionero confesar�.

No lo dude. Lo har� seguro all� donde le voy a enviar.

Disculpad mi indiscreci�n se�or...

pero todav�a no me hab�is dicho d�nde hab�is decidido enviarle.

A la isla de los Muertos.

Pensaba que era una leyenda.

Existe.

Se lo puedo asegurar.

Sus aguas est�n infestadas por tiburones

y sus tierras habitadas por voraces alima�as.

Siempre he pensado que la naturaleza es la m�s eficaz de las centinelas.

Nadie escapa de all�...

pero si cree que las bestias son el peor enemigo de esos hombres,

se equivoca.

�Y qu� puede haber peor sino, Majestad?

Los propios hombres.

All� los presos enloquecen, no dudan en devorarse los unos a los otros.

Me est�is describiendo el mismo Infierno.

El Infierno es mejor...

creedme.

--�Qu� he hecho, Dios m�o! �Qu� he hecho?

-�Qu� he hecho?

-�Qu� he hecho?

-Amo, amo.

-�Amo, ha averiguado usted algo?

-�Sabe d�nde est� Cipri?

-No est� ni en los calabozos del Palacio Real

-ni tampoco en los de Aranjuez.

-Nadie lo ha visto ni ha o�do hablar de �l.

-Suplantar al Rey es un delito que se paga con la muerte, S�tur.

-�En qu� estabas pensando?

-�Me cegu�, amo, me cegu�!

-�Ya sabe que en cuanto veo algo brillar,

-me tiro a por ello... no puedo evitarlo!

-�Por qu� no me lo dijiste,

-por qu� actuaste a mis espaldas?

-�Sab�a que usted me iba a obligar a devolverlo y yo no quer�a!

- Esta vez has ido demasiado lejos.

-�Usted no lo entiende, amo!

-No lo entiende... �Yo soy un mindundi!

-�Lo he sido toda la vida!

-Y con ese anillo pod�a tener poder para cambiarlo todo.

-�Todo!

-Si hab�a hambre, pues ah� estaba el sello.

-Unas goteras, el sello...

-Si hasta pod�a salvar vidas con el sello.

-Deber�as haberlo devuelto.

-Era como ser Dios.

-�Qui�n puede decir que no a eso?

-Alguien que piensa en las consecuencias, S�tur.

-Ahora mismo hay un hombre, Cipri, nuestro amigo,

-y va a pagar por ti.

-�Qu� cree, que me trae al fresco?

-Que no tengo el alma retorcida por la culpa.

-Vas a tener que esconderte. T� tambi�n est�s en peligro.

-�Los guardias te vieron la cara?

-No, amo, no.

-Sal� por patas y lo dej� all� "tirao".

-La corona tiene mil maneras de persuadir a un prisionero.

-Podr�an hacerlo hablar y dar�n contigo.

�Abran la puerta!

-�La guardia!

-�La guardia, que viene a por m�!

-Qu�date aqu� y no te muevas.

�Abran!

�Abran la puerta!

-Ve a tu cuarto. �He dicho que te vayas!

�Abran la puerta!

�Es que no sab�is abrir una puerta?

-�Qu� quer�is?

Venimos a traeros algo... �Vamos!

-�Qu� significa esto?

Venga, r�pido.

�No lo est�s viendo?

�Venga!

-�Qui�n lo env�a? �Y por qu�?

No te importa.

�Mira toda esta comida!

�Es carne!

Pero, �qui�n la ha enviado?

--S�...

-T�, no...

-No...

-Por supuesto que s�...

-No sab�a que para contratar lacayos hiciera falta desnudarlos.

-A los lacayos no, a mi tripulaci�n, s�.

Disculpe se�ora, �qu� hago con sus "marineros", me los llevo?

Vamos.

-�Y bien?

-Empieza desde el principio.

-De acuerdo.

-Mientras a ti te llevaba un vendaval,

-yo estaba intentando emprender mi negocio.

-Entiendo,

-y ellos te van a ayudar en tu est�pida idea del chocolate.

-Mis traves�as ser�n largas,

-�t� sabes lo tedioso que es ver mar por todas partes?

-Lucrecia, pisa tierra firme.

-Antes de subirte a ese barco, olvidas un detalle.

-No posees tierras para cultivar.

-Precisamente espero al due�o de unas en �frica. Las vende.

-��frica?

-�C�mo has podido si quiera pensar en ir all�! Est� sin cristianizar.

-Solo hay tribus salvajes

-capaces de cualquier cosa por defender su territorio.

-Que yo sepa las balas tambi�n matan negros.

-He comprado un arcabuz.

-Lucrecia... pi�nsatelo.

-�Te has preguntado por qu� te venden esas tierras?

-Sinceramente, querido... no.

-Voy a plantar cacao y esas tierras ser�n m�as.

Se�ora, Don Luis de la Vega.

-Pase, pase.

-Le presento al comisario de la villa, Hern�n Mej�as.

-Si�ntese.

Se�or comisario, disculpe,

ten�a que hablar con usted sobre el se�orito Nu�o.

No s� c�mo dec�rselo, pero... es serio.

-Bien, ser� directa,

-�cu�nto pide por sus fincas?

Deber�amos esperar a su marido.

-No creo que acuda. Mi esposo lleva muerto a�os.

Aprecio mucho mi tiempo, no puedo perderlo con usted.

- Si�ntese.

-Yo decido cu�ndo termina esto.

Y yo decido no venderle mis tierras.

-�Puedo saber por qu� no?

Es mujer, no soportar� �frica.

Querr� volver a los lujos de su palacio y romper el contrato.

-Si demuestro que soy capaz de resistir lo que sea

-como un hombre, �me las vender�?

Bien...

pero son mis tierras

y yo pondr� las reglas.

-Es justo. D�game, �qu� reglas son esas?

�Sabe blandir la espada?

-Desde luego.

Pelearemos por mis tierras,

como lo hacen los hombres... a muerte.

-Acepto.

Yo, yo no rob� el oro.

Por supuesto que no.

Si lo hubieras hecho, no habr�as intentado devolver el sello.

S�, s�... Yo iba a entregarlo.

Sin duda fue tu compa�ero quien rob� el oro.

T� te arrepentiste,

�l intent� pararte

y hete aqu� pagando por su pecado.

Eso no est� bien.

�l est� fuera, libre, y t� aqu�.

Quiz�s...

Quiz�s si dijeses su nombre,

cesar�a tu sufrimiento.

No mereces esto.

Di su nombre y saldr�s.

Ser� �l quien ocupe tu lugar.

La necedad no tiene cura.

�Qu� es eso?

�Qu� hay ah� dentro?

�Qu� me van a hacer?

Estos animalitos est�n fam�licos.

�Qu� crees que va a ocurrir cuando olisqueen tu sangre?

�No, por favor, no..., no!

�Por favor, clemencia! �Clemencia!

No hay clemencia para los que traicionan a su Majestad.

�No!

�Por Dios!

�No!

�No, por favor...!

Dime, �qui�n te ayud�, d�nde vive?

�C�mo se llama?

�No! �No! �No!

�No!

-Hace m�s de cuatro horas que deber�as estar despierto.

-Dos mozos de cuadra te recogieron al alba.

-�D�nde estuviste anoche? �Qu� hiciste?

No es de tu incumbencia.

-Hueles a taberna,

-y me han dicho que no es la primera vez.

-�Por qu� est�s haciendo esto?

Puedo hacer lo que me plazca

sin dar explicaciones a nadie.

-Esa no es la respuesta correcta, Nu�o.

-Eres el marqu�s de Santillana, y has de dar ejemplo.

Mi apellido me basta y sobra para infundir respeto.

-No puedes dejar que te recojan como un despojo.

No hay nada malo en que un joven de buena condici�n

quiera vivir la vida.

-Te entiendo, pero hasta el m�s hombre

-se levanta al d�a siguiente para cumplir con sus obligaciones.

D�jame, comisario.

Yo dispongo de mi tiempo.

-Otra vez has equivocado la respuesta.

-Adec�ntate y esp�rame abajo para la instrucci�n.

Hoy no voy a ir.

De hecho, voy a quedarme todo el d�a en la cama.

-Prueba a hacerlo.

�Me ha hecho llamar?

-�Has llevado ya los v�veres?

S�, se�or, �pero por qu� al maestro?

-No te he puesto a mi lado para que pensaras.

-Tienes que ocuparte de otro asunto.

-Quiero saber con qui�n se ve Nu�o,

-a d�nde va y qu� hace cada noche.

-Quiero saberlo todo.

S�, se�or.

-�Amo!

-Amo, por Dios... D�game que viene solo

-porque ha dejado a Cipri comprando clarete para celebrarlo.

-�D�game que lo ha rescatado! �Lo ha rescatado?

-He buscado en la torre de los Cuervos, en castillos,

-en atalayas reales...

-No hay ni rastro.

-Tambi�n he estado en la taberna de los Cantos.

-Dos guardias hablaban de un prisionero de trato especial.

-�C�mo de trato especial?

-Pero �trato especial de vigilarle atentamente o de molerle a palos?

-Ya sabes cu�l es la respuesta.

-�Me cago en mi negra estampa!

-�Que yo tampoco rob� las arcas reales,

-que yo solo cog� cuatro sacos de cebada!

-Seguir� buscando. Lo encontrar�.

-No es que recele de usted,

-�pero los feudos del Rey son miles,

-y est�n a tomar por culo unos de otros!

-�Que no le va a dar tiempo!

-No voy a parar hasta dar con �l.

-�Esto es injusto amo, esto es injusto!

-Que yo suplant� al Rey...

-Yo deber�a ser el condenado a muerte y no Cipriano.

�Qu�?

-�Catalina, Catalina!

�C�mo que condenado?

�Por qu�?

-Por hacerse pasar por el Rey.

-Bueno...

-�S�tur!

-Es complicado de explicar, Catalina.

Pero...

No, no, pero �l...

�l no har�a nunca una cosa as�.

T�...

T� has dicho que el condenado deber�as ser t�.

�Qu� le has hecho?

�En qu� le has metido?

-�Que no le he hecho nada!

-Vamos dentro Catalina, vamos dentro.

-�Y qu� hago yo ahora? �Qu� hago yo?

�Ay�dame, ay�dame!

Se ha desvanecido por el dolor.

�Ha confesado?

La resistencia de un preso es del todo imprevisible...

Veo que le cuesta entenderme, Eminencia.

�Le repito la pregunta?

No, Majestad. El preso no ha confesado.

D� la orden de trasladarle. Que se pudra en esa isla.

Buenos d�as.

Lo siento... Lo siento, madre.

Me he dormido.

Tranquila, solo te has perdido cuatro rezos

y la oraci�n por San Juan.

Ay, Dios m�o, lo siento.

Yo no suelo...

No soy una vaga, no quiero que piense eso.

El alma tambi�n necesita descanso.

Tampoco es que haya descansado mucho.

Las primeras noches en esos camastros no son f�ciles.

Esto no es un palacio.

Si el problema es m�o, no del jerg�n.

Si lo dif�cil aqu� es no dormir, con tanto silencio.

Es cierto.

Cuando yo llegu�, escuchaba hasta mis pensamientos.

Pues yo lo que quisiera es... no escucharlos.

Todo lleva su tiempo, hija.

�Puedes llevar esa bandeja al horno?

S�.

Lo siento, lo siento. Ahora mismo lo recojo.

Mejor pensado, no te acerques a los dulces, �eh?

Podr�as arruinar nuestra fama de reposteras.

Pero si yo solo quiero ser �til, madre.

Y ahora vas a calmarte.

Unas hermanas ir�n a la villa a recoger alimentos

para repartirlos entre los necesitados.

Las acompa�ar�s.

Yo preferir�a quedarme en el convento, madre.

�No quer�as ser �til?

S�, pero es que no estoy preparada para volver a la villa.

Todav�a no.

Nuestro �nico fin es ayudar al pr�jimo.

Esto no es un refugio para los que huyen.

-�D�nde est� el hombre que utiliz� el sello real?

-�En qu� prisi�n? �Habla!

-�D�nde est� la persona que suplant� al Rey?

�No puedes hacerme esto! �Pertenezco al Consejo de Castilla

y soy amigo personal de Felipe IV!

-La pr�xima vez no fallar�. �En qu� prisi�n lo tienen?

Ya no. �Ya no est� aqu�!

�Se lo est�n llevando a la costa!

-�Para qu�? �A d�nde lo trasladan?

Se lo est�n llevando...

a la isla de los Muertos. �A la de los Muertos!

�Alto!

-Vengo a entregarme...

�De qu� hablas?

-El hombre que est�n torturando por suplantar al Rey...

-es inocente.

-Fui yo quien rob� a su Majestad.

�Apresadle!

-El arte de la espada requiere t�cnica, paciencia y buenos brazos.

-No tienes ninguna de las tres cosas.

-Hern�n, si tanto sabes sobre el asunto,

-�por qu� no vienes y me iluminas?

-El fin �ltimo de la esgrima es matar a un hombre.

-Eso no se aprende en un d�a.

-Aprendo con facilidad. Ens��ame la lecci�n r�pida.

-No entiendo este af�n repentino por la espada.

-Tengo una mente inquieta.

-Este acero es m�s ligero, c�gelo.

-Primera lecci�n, Lucrecia:

-los reflejos son importantes.

-Hern�n, si tuvieras la misma habilidad para todo,

-los dos ser�amos m�s felices.

-Por cierto, ha llegado a mis o�dos

-informaci�n sobre Luis de la Vega,

-el terrateniente que vino a verte esta ma�ana.

�Qu� informaci�n?

-Apuntas con el filo directo el coraz�n.

-Es un error, demasiado previsible.

-Luis de la Vega...

-�Qu� sabes sobre �l, Hern�n?

-Lo que cuentan en los salones, es que tiene unos gustos...

-extravagantes.

-Levanta el brazo, est�ralo, levanta la barbilla...

-�A qu� te refieres?

-A que yo nunca har�a negocios con alguien as�, Lucrecia.

-Vamos, conc�ntrate en la espada.

-Si ves que tu rival es m�s fuerte... utiliza tu debilidad.

-La debilidad te lleva al fracaso.

-No necesariamente. Retrocede si es preciso.

-Haz que tu adversario baje la guardia...

-y cuando lo haga...

-el combate habr� terminado.

-Todav�a te queda mucho que aprender, Lucrecia.

-Si esto fuese un duelo real, estar�as muerta.

-�Cipri!

-Tienen que soltarle,

-��l no ha hecho nada! �Me oyen!

-�Vuelvan!

-�No pueden dejarle aqu�!

-�Eh!

-�Eh!

-Cipri...

-�Cipri, qu� te han hecho?

-�Qu� cojones te han hecho, Cipri?

-Perd�name, Cipriano.

-Perd�name, amigo.

-Ya ver�s como pronto te sueltan.

-Yo ya me he entregado, �me oyes?

-�Eh?

- Cipri, Cipri.

-Cipri...

-Cipri, �me oyes?

-�Qu� han hecho con mi amigo? ��Lo han liberado?!

�D�nde est� el oro?

-�Qu� oro?

�Confiesa!

-�C�mo voy a confesar algo

-si no s� de qu� me habla?

-Que yo solo ped� trigo y cebada.

-�Y media docena de cirios!

T� lo has querido.

-�Que no rob� el oro!

-�Que yo no s� d�nde est� el oro!

-�Oiga!

-�Que yo no s� de ning�n oro!

Bella hasta el d�a de su muerte, marquesa.

Soy un caballero.

Est� a tiempo de retirarse.

-Muchos han intentado enterrarme y perecido en el intento.

-�Qu� es esto si puede saberse?

La tierra que ganar� si logra vencerme.

-Cuando me hablaron de sus tierras, pens� que ser�an algo m�s extensas.

Tiene sentido del humor, marquesa. Me gusta.

-Comencemos de una vez, �no le parece?

-Nunca subestimes la debilidad.

Aqu� termina la historia de la marquesa de Santillana...

-No pienso suplicar por mi vida,

-as� que m�tame.

-No quiero piedad... �Qu� pretendes?

Me han hablado muy bien de ti, Lucrecia.

De ciertos talentos tuyos.

�Podemos tutearnos?

Te propongo un trato sencillo.

Mis tierras por tu cuerpo.

Sal de mi Palacio. �Ahora!

Pi�nsatelo bien.

Pi�nsalo.

�Que han detenido a Cipri?

�Por qu�? Si nunca har�a mal a nadie.

-Es inocente. Por eso debo ir al sur a interceder por �l.

Es un viaje largo y peligroso. D�jame acompa�arte.

-No, no. Esc�chame bien, te necesito aqu�,

-cuidando de la casa.

-No tardar� en volver, �de acuerdo?

-Vamos.

�Al ladr�n!

�Suelta el arma!

�Su�ltala! �Suelta el arma, ahora!

�Su�ltala! �Su�ltala!

�Es Catalina!

�Ladrona!

-�Basta!

�Ap�rtate!

�Quieto!

�Llev�oslo!

�Soltadle!

Soltadle.

-Alonso, suelta eso.

�Atr�s, atr�s!

�Soltadle!

-Alonso, su�ltalo.

�Soltadle!

-�Alonso!

-�Qu� est� ocurriendo aqu�?

Se�or, intentaban resistirse...

-Os necesitan en la Puerta de Toledo

-y no aqu�, peleando con la chusma. �Marchaos!

Vamos.

Gracias.

Gonzalo.

-�Est�s bien?

Yo solo quer�a salvar a Cipri.

-�Y c�mo ibas a hacerlo? �A punta de pistola?

Es inocente, Gonzalo.

Es inocente.

-Esc�chame, no voy a dejar que muera.

-Voy a traerlo sano y salvo. Te lo prometo.

-Alegra esa cara, Lucrecia.

-Tengo una agradable sorpresa para ti.

-Hoy no soy la mejor compa��a, Hern�n.

-Ser� mejor que te marches.

-Pasad, entrad.

-�Qui�nes son esos, Hern�n? �Qu� hacen en mi Palacio?

-Son hu�rfanos.

-Son del orfanato que a partir de ma�ana llevar� tu nombre:

-Lucrecia de Guzm�n.

-Hern�n,

-pens� que el d�a que me regalaste un enano hab�as tocado techo.

-Ser benefactora de un orfanato es la mejor manera de pasar

-a la historia como dama de bien.

-No como reina del chocolate.

-Ser� mejor que salg�is. No os gustar� escuchar esto.

-Esperadme fuera,

-vamos, esperadme fuera.

-�Eres el idiota m�s grande que ha parido este Reino!

-S�lo pretendo cuidar de ti.

-�No has comprendido nada!

-�No quiero ser como las otras damas de la Corte!

-�Quiero construir algo por m� misma!

-No puedes cambiar el orden de las cosas por un capricho.

-No es capricho. Es un sue�o.

-Voy a ser la mayor comerciante de cacao de toda Europa.

-Y ni t� ni ning�n hombre va a impedirlo.

-En eso te equivocas.

-Me han informado de que tu socio Luis de la Vega,

-ma�ana mismo vender� sus tierras al marqu�s de Hinojosa.

-Es noble. Y es hombre.

-La idea de cultivar esas tierras es m�a.

-�No pueden rob�rmela!

-Asume tu papel en el mundo.

-Eres mujer. Y no puedes luchar contra eso.

-"Don Luis de la Vega:

-Si su propuesta sigue en pie...

-Si su propuesta sigue en pie,

-estoy dispuesta a satisfacerle a cambio de sus tierras.

-Lucrecia."

�Recuerdas ya d�nde escondiste el oro?

-No s� de qu� oro me habla.

-Yo solo cog� unas viandas, unas viandas nada m�s...

-No, no por favor, no.

-Yo no rob� nada, no rob� ning�n oro, de verdad.

-�Basta, basta, basta!

-�Basta, piedad, por Dios!

-Piedad.

�A�n sigues sin recordar?

-No rob� el oro, yo no rob� nada, de verdad.

Atadle.

-No, por favor.

-No, se lo suplico, no.

-�Piedad!

-No.

-Se lo suplico. �No, no!

-�No, no, confesar�!

-�Confesar�!

-Les llevar� hasta el oro del Rey.

-�Ha venido alg�n mensajero?

Eh, s�, se�ora.

Ha llegado antes eso, parece un regalo.

-�Y a qu� esperabas, lerda, a qu� fuera Navidad?

Se lo llevaba ahora mismo.

-Ni se te ocurra volverme a responder,

-no quieras acabar machacada como esas almendras.

- "Querida, agradezco que hayas aceptado mi invitaci�n.

-Aqu� tienes un vestido que deseo te pongas cuando nos encontremos.

-Te espero al caer la tarde en mi palacio. Luis de la Vega."

Se�ora, qu� collar m�s raro.

Somos hermanas del monasterio de San Juan,

venimos pidiendo caridad para los pobres.

Claro. Pasen.

Pasen.

�Margarita?

Pero, �qu� haces t� aqu�?

Pues que voy a tomar los h�bitos.

�Que vas a ser monja?

-No sab�a que hab�as dejado de ser mi costurera.

Pues ya lo sabes.

-Tengo muchas ropas viejas que no uso, sube con las hermanas

-y dales lo que deseen.

S�.

-Qu�date, qu�date, Margarita.

-Nos conocemos desde cr�as

-y, algo mojigata se te ve�a,

-pero de ah� a encerrarte en un convento...

No te preocupes.

No te ser� dif�cil encontrar otra costurera.

-Cu�ntame, �qu� ha pasado?

He encontrado a Dios, eso es todo.

-�As�, de repente?

-Sin una aparici�n mariana, ni una visita del Esp�ritu Santo...

S�, as�, sin m�s.

-Ya ves.

-La de disgustos que te habr�as ahorrado

-si hubieras encontrado antes la vocaci�n, �no?

-�Gonzalo?

Gonzalo, �qu�?

-Nada, he pensado que tendr�a algo que opinar

-dada vuestra historia pasada juntos, ya me entiendes.

Es una decisi�n m�a. El no tiene nada que decir.

-Cuando �ramos ni�as

-nos pele�bamos por �l

-y, ahora mira, t� te casas con Dios y �l puede casarse con cualquiera.

Gonzalo es muy exigente. No creo que le valga cualquiera.

-No te conf�es. Las mujeres somos capaces de hacer lo que sea

-por conseguir lo que queremos.

Voy con las hermanas por si me necesitan.

-Ni se te ocurra ponerte en peligro. �Me has entendido?

�Y t� s� puedes? �Vas a ir a salvar a Cipri sin saber pelear!

-Hay una diferencia. Yo soy adulto.

�No puedes hacerlo, no eres un hombre de armas!

�Qu� har�s para liberarle?

-Usar� las palabras.

�Las palabras?

-Han cambiado reinos y hecho caer a emperadores,

-podr�n demostrar que Cipri es inocente.

�Esos hombres no son tus alumnos! �Puedes morir!

-S� lo que hago.

�Padre!

-Alonso, ya basta.

-He de irme.

-Cuando venga S�tur dile que me espere aqu�.

-Y que no me siga.

-D�selo, �de acuerdo?

�Partes ya?

-S�.

Sabes tan bien como yo que no lo vas a poder salvar.

�Qu� vas hacer t�? Nadie puede contra el Rey.

-Lo intentar�, Catalina.

Puede que t� seas el �ltimo en verlo con vida.

Si lo ves....

-Catalina...

Si lo ves, dile que le amo

y que lo amar� siempre.

Has o�do bien...

-Lo har�.

-Lo har�.

-�Has vuelto?

No, no. He venido a repartir comida con las hermanas.

-Pensaba que...

�Margarita!

Me llaman.

-Margarita, espera...

Tengo que irme.

�Su�ltame! �Que me sueltes!

�Quita tus manos de m�!

-S� que andas con el marqu�s de Santillana,

-�d�nde estuvisteis anoche, qu� hicisteis?

�No sabes con qui�n te est�s metiendo!

�Soy hijo del conde de Aliaga!

-No es momento para presentaciones.

Har� que te releven de tu cargo. Se lo dir� a mi padre.

-Cuando te corte la lengua, poco podr�s decir.

Estuvimos en unas bodegas apostando y jugando.

-�Con qu� dinero?

Nu�o es muy generoso...

-No te basta con gastarte la fortuna de tu familia.

-que quieres acabar con la de los dem�s, �verdad?

Si Nu�o quiere gastarse su dinero, yo no soy qui�n para imped�rselo.

-Conozco tu fama. Tu padre no sabe qu� hacer contigo.

Mi padre es incapaz de hacer nada contra m�.

Come de mi mano, como Nu�o.

-�Al�jate de �l!

Nu�o ha encontrado el amigo que necesitaba,

seguir� haciendo cu�nto yo dicte.

-Ya falta poco.

-Ya falta poco. Unos pasos m�s de frente y ya...

-ya casi estamos...

-Por aqu� era.

-S�, yo creo que era por aqu�.

-�Puedo arrodillarme para excavar?

-Es que as�, amarrao, no...

Sigue excavando.

-Ver� usted, es que...

-cuando escond� el oro era de noche, y as� con la solanera pues no...

-�No podr�amos esperar a que anocheciera?

�Te ha quedado clara la respuesta?

-�No me haga nada, por Dios!

-�No me haga nada!

-No me haga nada, se lo suplico.

-All�, ya recuerdo, all�.

-Detr�s de esos �rboles con forma de pez�n, por all� era.

-Desde el �rbol hasta el oro hab�a como...

-unos diez pasos.

-Uno, perd�n.

-Dos.

-Tres.

-Cuatro.

-Cinco.

-Seis.

-Siete.

-Ocho.

-Nueve.

-�Y diez!

�Que no escape!

A por �l.

�Corre!

�Disparad!

�Matadle!

Tienes un cuello precioso.

-�D�nde est� tu alcoba?

Tranquila, no hay tanta prisa.

-No es necesario que me ofrezcas licor.

-Puedo hacer esto sobria.

Sin duda, pero no se trata de eso.

Soy un hombre de juegos

y me gustar�a que participaras en uno.

-�Y eso, qu� es? �Otro vestido?

�brela.

-Una m�scara.

-�No quieres verme la cara?

Ser� lo mejor para ti.

-Lo mejor para m� es terminar con esto cuanto antes.

Tengo unos amigos

a los que quiero deleitar con un espect�culo especial.

-�De qu� est�s hablando?

Te pondr�s la m�scara y te desnudar�s ante ellos.

-�Pretendes exhibirme como si fuera un mono de feria? �Ni hablar!

-�se no era el trato.

Ser� breve.

Lo que mis amigos tarden en apostar

por saber qui�n se esconde tras la m�scara.

Nadie sabr� qui�n eres.

�Seguro?

-�Nadie lo sabr�?

-�Y si aciertan aunque lleve eso?

Mentir�.

-No entiendo tanta molestia para que nadie gane.

�No sabes lo que es la diversi�n por la diversi�n, verdad?

Son las escrituras de las tierras.

Un instante desnuda y ser�n tuyas para siempre.

�Qu� decides?

-Menos mal que apareci� usted, amo.

-Si no llegamos a cruzarnos ahora mismo soy abono para los prados.

-�Por qu� no me dijiste que te ibas a entregar?

-Ten�a que hacerlo, ten�a que equilibrar...

-�Equilibrar qu�? �Qu� dices, S�tur?

-Si lo dicen hasta los libros esos de chinos que tiene,

-las cosas de equilibrio...

-Lo bueno, lo malo...

-Compensar una mala acci�n con una buena. �Cuidado!

-Y total, �para qu�?

-si el Cipri sigue ah�, preso.

-S�tur, tienes la bala dentro,

-tengo que sac�rtela.

-Espere, espere, espere.

-Espere, que yo no aguanto como usted.

-Deme algo para ahogar el grito, amo,

-no vaya a ser que encima le desvele d�nde est� la guarida.

-Toma. Muerde fuerte.

-Ir� r�pido, no te preocupes.

--�Acabe ya amo!

-Ya est�, S�tur, ya est�.

-Ya est�.

-Ya est�, S�tur.

-�Est�s bien?

-No estoy bien, no...

-Toma.

-Bebe un poco y descansa.

-Yo tengo que ir a liberar a Cipri.

-�C�mo que liberar a Cipri, amo?

-�Pero sabe d�nde est�?

-S�.

-�Entonces qu� hace aqu� conmigo?

-S�tur, S�tur, S�tur, no te muevas, puedes desangrarte.

-Lo llevan a la costa para llevarlo a la isla de los Muertos.

-�Pero qu� costa?, �qu� isla? �Qu� cojones me he perdido, amo?

-Salieron hace muchas horas.

-Yo voy con usted.

-S�tur, no. No debes moverte.

-Amo, al Cipriano le han debido dar lo suyo por m�.

-Y por un oro que no ha robado...

-y para m�s inri no ha mentao ni mi nombre.

-�Voy a ir a por �l, cojo, tullido o desangr�ndome!

-No, est�s d�bil, y me retrasar�as.

-�Amo, amo no me niegue esto!

-Cipri me ha demostrado una lealtad que no merezco.

-�Es lo menos que puedo hacer por �l!

-D�jeme ir con usted, por Dios.

-Amo, d�jeme.

-Est� bien. Vendr�s conmigo.

-Gracias...

-Gracias.

Por aqu�.

Sab�is muy bien que...

siempre me gusta deleitar a mis invitados...

con peque�as diversiones.

Hoy vamos a disfrutar de un juego �nico.

Un juego en el que solo tendr�is que...

responder a una pregunta.

�Qui�n es la belleza que se esconde tras la m�scara?

�Es plebeya?

�Ser� una noble?

Podr�a ser la misma Reina.

�Jugad, se�ores, jugad!

Vamos, vamos.

Vamos.

El tiempo se ha acabado, caballeros.

Puedes retirarte, querida.

Pero antes de irte...

-Vamos, S�tur.

-Cada minuto que pasa, Cipri est� m�s lejos.

-Cabalgaremos toda la noche.

-Eso no es nada nuevo, amo.

-�Le dijiste a la guardia que viv�as aqu�?

-Les dije que me llamaba Benito

-y que era pastor de cabras en Chinch�n.

-Qu�date detr�s de m�.

Buenas noches, ven�a a entregar un mensaje.

-�La madre que te pari�!

-�T� crees que son horas de llamar a casas de bien?

Lo siento, se�or, es urgente.

Me env�a mi padre.

Un ni�o le dio una nota en la Posada de Fresnedo.

Es para Gonzalo de Montalvo.

-Yo soy Gonzalo de Montalvo.

Siento las molestias.

-�Venga!

-�Qu� dice, amo?

-�Qui�n le env�a una carta en plena noche?

- Es Gabi...

-Quiere saber si Alonso ha llegado bien a casa.

-�Llegar de d�nde?

-�Y por qu� le escribe a usted Gabi? �Expl�quese!

-Alonso intent� escaparse a Par�s.

-�Qu�?

-�Que el chiquillo quer�a hacerse mosquitero!

-Espadach�n franc�s, de esos...

-El ba�l donde se escondi� cay� en el camino.

-Pod�a haber muerto por una estupidez.

-��Pero qu� estar�a pensando ese mendrugo?!

-Ni siquiera se despidi� de mi, S�tur.

-�Se acab�!

-�Ahora mismo le saco de la cama!

-No. Ahora no es momento.

-�C�mo que no es momento?

-Que entre los dos le espabilamos en na', hombre...

-Hablar� con �l cuando regresemos.

-No puedo dec�rselo esta noche.

-Cipri nos necesita. No hay tiempo que perder.

-Pues cierre bien la puerta,

-no vaya a ser que a su hijo le d� el escapismo otra vez.

Parece que llev�is mucha prisa, monse�or.

�Cardenal?

�Qu� hace por aqu� a estas horas?

Hablar con vos.

�Ahora?

No es momento ni lugar para charlas. Dej�moslo para ma�ana.

Tan solo deseo daros mi enhorabuena, monse�or.

�Y por qu� quer�a felicitarme?

Acab�is de descubrir al tirador

que os dispar� en vuestros aposentos.

Me ha seguido...

Velo por los intereses de mis invitados.

Sabr� que el tirador ha confesado que fue usted quien se lo orden�.

Ahora mismo voy a informar al Vaticano de todo lo que ha hecho.

Si esa es vuestra voluntad...

In nomine Patris

et Filii et Spiritus Sancti.

-He ido all� buscando a nuestro hijo

-y te encuentro haciendo un n�mero er�tico.

-Nunca me sorprendes para bien.

-Si quieres dar sermones, disponemos de una capilla en palacio.

-�Ve all� y d�jame en paz!

-Tu hijo te ha visto desnuda ante unos nobles.

-�Le dir�s que era para conseguir unas tierras?

-�No te atrevas a juzgarme!

-�Claro que me atrevo! �Y tu discurso sobre las mujeres?

-Al menor problema, entregas tu cuerpo, como siempre.

-�Me enga��! �No era eso lo que acord� con �l!

-�Y qu� acordaste con �l si puede saberse?

-Ibas a acostarte con �l.

-Iba a ser mi �ltima vez, Hern�n.

-Mi �ltima vez.

-�D�nde vas? �Qu� vas a hacer, Hern�n?

-Matar� a ese miserable.

-�No! �Hasta que consiga sus tierras!

-No consentir� que te metas en su cama.

-�Qui�n ha dicho que vaya a hacerlo?

-A nuestro amigo Luis de la Vega le gustan los juegos.

-Pues voy a ofrecerle algo que nunca podr� olvidar.

-Por fin hacemos un alto, que tengo los huevos como cascabeles.

-Los soldados nos sacan una jornada de distancia.

-No podemos demorarnos mucho.

-La que he formao con el pu�etero sello.

-�Me cago en mi codicia y en mi negra estampa!

-Voy a salvarle. Sea como sea.

-�Y despu�s qu�, amo, despu�s qu�?

-Cipriano y yo seremos fugitivos del Rey. Nos buscar�n.

-Dar� con una soluci�n.

-�No me tome por idiota! �Esto s� que no!

-Usted sabe perfectamente la vida les espera a los que salva.

-�Lo sabe!

-Huir para siempre y vivir con miedo.

-Joder, que Cipriano tiene un hermano en el norte,

-pero yo qu� tengo, �eh? �Qu� tengo?

-��Ad�nde cojones voy a ir yo?!

-Encontrar� a qui�n rob� el oro y saldr�is libres, S�tur.

-�Pero si no tiene ni idea de qui�n fue ese desgraciao!

-�Eso es como buscar una pulga en un corral!

�Socorro! �Socorro! �Socorro!

-Hay que joderse, ya estamos.

�Socorro! �Socorro! �Socorro!

�Su�ltala, �me oyes?

Suelta la bolsa! �Vamos!

��Ayuda, por favor!!

La bolsa, �vamos!

-Corre.

-�Est� bien?

Muchas gracias, buen hombre.

Tome, por las molestias.

-No cobro por ayudar a los dem�s.

Insisto. Es de buen nacido, ser agradecido.

-Vamos, nos quedan d�as de camino hasta la costa.

-Bueno, amo, esto tenemos que hablarlo.

-Si tiene que parar en cada injusticia

-que haya de aqu� a la playa,

-vamos a llegar hechos unos Matusalenes.

-Has llegado justo a tiempo.

Me sorprendi� tu nota.

Pens� que estar�as molesta conmigo.

-No me gusta dejar los negocios a medias.

-�Chist!

-Ahora el juego lo llevo yo...

-Tengo una sorpresa solo para tus ojos.

-�Chist!

-Se me olvid� decirte que �bamos a ser tres.

-�Ves esto?

-Es la �nica cura que puede salvar tu vida.

-Tu situaci�n es la siguiente:

-O firmas un documento en que me entregas tus tierras en �frica...

-O mueres entre espasmos como un animal.

-Sabia decisi�n.

-No me digas que es solo agua.

-Nadie humilla a la marquesa de Santillana, bastardo.

-Deber�as haber dejado que yo le matara.

-�Y poner todo perdido de sangre?

-No te ofendas, pero soy bastante m�s limpia que t�

-para ciertos menesteres.

-Solo espero que tanta creatividad haya servido para algo.

-No subestimes jam�s a una mujer.

-Jam�s.

-�A qu� esperas para hablar con �l y pedirle perd�n?

-Cuando todos me recuerden

-como la primera mujer que venci� en un mundo de hombres,

-mi hijo sabr� por qu� hice lo que hice.

-El fin no siempre justifica los medios, Lucrecia.

-Para m� s�.

Es que lo veo en todas partes.

�A Jes�s?

No, madre, a Jes�s no.

�Madre superiora!

�Hemos encontrado un hombre! Est� muy malherido.

�Tumbadle ah�!

Margarita...

�Le conoces?

S�.

-Por fin.

-�Amo!

-No hay huellas recientes.

-�Lo sab�a!

-�Mire que lo sab�a!

-�Que sab�a que si ven�amos cagando leches al final nos perd�amos!

-No, y a saber ahora en qu� mar estamos...

-S�tur, estamos d�nde tenemos que estar.

-Los soldados traer�n a Cipri a estas costas.

-Espere, espere, amo...

-�Me est� diciendo que habiendo salido un d�a despu�s,

-hemos llegado antes que ellos?

-Y esa ventaja puede salvarle la vida a Cipri.

-�Amo!

-Amo, no se acerque usted tanto a la mar que no es de fiar.

-Tranquilo S�tur, que solo es la orilla.

-No, amo, no.

-No se despiste que yo he visto a la mar

-tragarse hombres como si fueran nueces.

-El mar contiene vida y muerte.

-Usted p�ngase lo poeta que quiera,

-pero ah� dentro hay m�s que agua con sal.

-Como por ejemplo, el pez ese con melena y con pechos.

-�De qu� est�s hablando?

-Hombre, usted que ha surcado tantos mares

-y ha pirateado tanto, se habr� topado con alguno.

-Que dicen que te cantan y te calienta el o�do...

-y lo que no es el o�do tambi�n.

-S�tur, eso son sirenas y no existen, son una leyenda.

-�Leyenda?

-Pero si hasta el �ltimo marino lo sabe.

-�Eso, y lo del chopito gigante!

-El hombre convierte en mito lo que no comprende.

-Lo que usted diga...

-Una cosa le digo,

-ya podemos ir mirando p'atr�s, a ver si van a aparecer los guardias

-y nos van a pillar aqu� plantaos como mejillones.

-No te preocupes. Cuando lleguen, les estar� esperando.

-Hoy firmar� acuerdos con los principales mercaderes del pa�s.

-Deber�s encargar otro cuadro con tu cabeza cortada.

-Es lo que har�n los ind�genas cuando pises esas tierras.

-Ah� est�n. Cipri no es un preso cualquiera.

-El Rey orden� que lo trajeran, sus hombres obedecer�n.

-�Su cuerpo no debe estar lejos!

Margarita, nadie puede saber que estoy aqu�.

-�Y esa ni�a?

-Su madre ha muerto y debo hacerme cargo de ella.

-Esperar s�, �pero hasta cu�ndo?

-Me va a salir musgo en las orejas.

-No hay m�s huellas. Algo no encaja.

-�Qui�n la ha dejado acercarse? �Dije que no quer�a verla!

-He venido a pedirte perd�n.

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