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Original subtitles

Subtitulado por TVE.

-Si tocamos cualquier nervio, podemos dejarle inv�lido.

O morir, estoy dispuesto a asumir el riesgo.

-Te vamos a perforar el cr�neo y luego sacaremos el co�gulo.

-�Y si saliera mal? Nosotros no podemos hacer nada.

-Vete a llenar esto. -S�lo caz�bamos p�jaros.

-�La Virgen...! �Cazando p�jaros,

con la que est� cayendo? �Venga, esa agua!

-�Ah, ah...!

-�Hermano!

�No...! Est� muerto.

-La condesa de Narbona ha llegado. Espera que la hospede.

-�Lucrecia, querida! �Condesa de Narbona!

-Es mi esposo. -Soy Javier Uceda, un placer.

-�Padre Javier!

Fue beber, empezar a gritar y se desplom�.

-�Est� empezando a entumecerse!

Los s�ntomas corresponden al efecto de un veneno.

-El grial est� hecho de un material que envenena;

cualquier l�quido que se vierta en su interior...

Creo que es el santo grial.

-Perd�neme, �pero tiene una afici�n a los misterios...!

-Es una pieza muy antigua, podr�a tener m�s de 1500 a�os.

-�Se va a poner bien? -No lo s�.

-Juan, por favor, dime la verdad.

-Puede que no se despierte nunca.

-Si abandonara mi vocaci�n sacerdotal, �te vendr�as conmigo?

-�Y ahora tu vocaci�n son las ancianas?

�Te estuve esperando horas junto al lago!

-No pude ir. Pero no hab�a nada que deseara m�s.

-�No tuviste valor!

�No me perdiste!

-�Gabi, Gabi! �Gabi!

�Eh, Gabi!

-�Estoy harta de hacer siempre lo que ha querido mi t�o!

�A partir de ahora voy a tomar mis propias decisiones!

-Es el santo grial.

-�Qu� va a hacer? Guardarlo.

-�Tiene que destruirlo ya, amo!

�Mi hijo est� as� por esa cosa! S�tur, no podemos destruirlo.

El grial est� relacionado con mi madre.

-Voy a donar gran parte de mi fortuna

al hospicio de san Miguel.

-�Que quiere matarla! �Que quiere matarla, qui�n?

-Don Javier. �De qu� si no un joven como �l

iba a estar con una anciana? �Por el dinero!

-Mire, como cristiano s� que es una cosa muy grave

cargarse el c�liz de la �ltima cena.

Tu hermano muri� por culpa de esto.

Esto es un secreto entre nosotros dos.

Nadie m�s puede saberlo, �vale? Es el santo grial.

-Intent� dejar los h�bitos pero alguien me lo impidi�.

-Si de verdad hubieras querido, nadie te hubiera detenido.

-S�, si ese alguien es de los cardenales

m�s influyentes adem�s de tu t�o.

-Se�or, espero que sepas entenderlo.

-�Fue por mi culpa, padre, porque yo llev� esa copa a casa!

�Llev� el santo grial, padre! �Chis!

-�Vamos!

�Qu� pasa? -�D�nde guardas el c�liz?

Su�ltala, por favor. -Si ma�ana a mediod�a

no nos llevas el grial al bosque del centeno,

tu hijo morir�.

�Qu� has hecho con el grial?

-�Espera!

-�Y el chiquillo, amo, d�nde est� el chiquillo?

�Te vas?

-S�, me voy fuera de la villa.

Esc�chame, esc�chame, esc�chame.

Ven conmigo.

�Por favor, ven conmigo!

Se va de la villa.

�Cenamos?

-Si no es el verdadero grial, sabremos d�nde encontraros.

-�Ah!

-�Yo no lo he hecho, no la he matado!

-Estoy segura de que Javier no ha sido.

Hemos estado juntos toda la noche.

-�Matadle!

-�No puede ser!

(LLORA)

(LEE) He iniciado los tr�mites para concertar tu matrimonio

con la heredera del marquesado de Uriarte.

-Voy a decir que anoche estuviste conmigo.

-Destrozar�n tu vida.

-�No fue �l! �Lo encontr� en su cama!

Dile a quien te paga

que el �guila Roja custodia ahora el santo grial.

-Me acaban de informar de que su marido

se ha recuperado totalmente.

-�Creo que el grial est� intentando decirnos algo!

"Balinium Fides", el Ba�o de la Fe. -�Qu� significa eso?

La leyenda dice que el grial es la clave para el tesoro templario.

-�Somos ricos!

Graznidos.

Zumbido de insectos.

(HABLA EN OTRA LENGUA)

(GRITA)

(HABLA EN SU LENGUA)

-�Ya eres m�o!

-Amo...

Que le he estado dando lustre a la catana

y ha quedado m�s reluciente que...

que el orinal de Su Majestad, ya lo ver�.

Cuidado.

-�Me cago en to, la man�a que le ha entrado con sentarse aqu�!

�Ay...!

�Habi�ndose inventado una cosa tan c�modas como las sillas!

Adem�s, �qu� est� haciendo? Pensar.

-�Pensar?

�Es que ya sabe d�nde est� el tesoro?

No voy a seguir buscando. Se acab�.

-�Que se acab�?

�El qu� se acab�?

Son muchos a�os, S�tur.

Y demasiados muertos a mis espaldas para intentar saber qui�n soy.

(SUSPIRA) �Y en realidad qu� importa?

-�Ay, Dios...! �Qu� importa dice?

�Amo, que no tenemos tiempo para esta crisis que le ha entrado!

Es mi vida, lo he pensado bien.

-�Que llevamos... que llevamos a�os detr�s de sus or�genes!

�Y to para qu�? Adem�s, �ahora...

que estamos a punto de descubrir el...

el tesoro que va a cambiar para siempre nuestras vidas?

El dinero no es lo m�s importante. -�Ah, no?

�Pues sabe qu� le digo?

Que si usted no va a pensar en nosotros, yo s� voy a hacerlo.

Voy a buscar ese tesoro, �ya lo creo que lo voy a buscar...

y lo voy a encontrar! S�tur.

No lo hagas, por favor, puede ser peligroso.

-�Y qu� m�s da?

Ese tesoro...

�va a solucionar mi vida,

la de mi hijo, la de Alonsillo, la de Margarita!

Y puede que hasta la suya. No necesito que hagas nada por m�.

-�Ya lo s�, pero quiero hacerlo!

�Qu� se cree que soy yo sin usted?

Pues la nada soy.

Eso s�, antes de empezar,

le rogar�a que me echara una mano con esto de los mapas.

(SUSPIRA)

Porque, vamos a ver, esto ondulado...

�Esto qu� significa, son monta�as o...?

Anda, S�tur, trae el mapa.

Est� bien. Encontraremos el dichoso tesoro.

(R�E) -�De verdad, amo?

S�.

-�Muchas gracias!

Pues venga, �ea, vamos...!

Vamos para la casa que aqu�

hay una teja que est� empezando a intimar con mis posaderas.

-He pensado que esta noche deber�as quedarte aqu�.

-Ahora que las Espa�as cuentan con su heredero,

prefiero la comodidad de mis aposentos.

-Sabes que la salud de nuestro hijo no es todo s�lida que quisi�ramos.

-Rezo por �l a diario para que se recupere.

-Es nuestro deber como cristianos y progenitores.

Pero si la voluntad de Dios, llegado el caso, no fuese esa,

deber�a haber otro var�n en la cadena sucesoria.

-�Ya he sufrido bastante viendo morir a una hija y dos hijos!

-Un peque�o sacrificio por ser la reina de las Espa�as, �no?

-No quiero tener en brazos un hijo que voy a perder m�s adelante.

Otra vez no.

-Quiz�s debas tomar distancia, tienes raz�n.

Pero no podr�s hacerlo hasta que no encontremos

la encargada de la crianza del peque�o Carlos.

�Y si nombro a la marquesa de Santillana?

-�Lucrecia?

-Es una posibilidad.

-�chate.

Esa ejecuci�n no ser� p�blica.

Y s�lo su cad�ver ser� expuesto por todas las calles de la villa.

-Ofrezco la fortuna de Richard Blake por su vida.

-Soltadla. Har� lo que quer�is.

-Eso es lo que quer�a o�r. �Por qu� no has entrado en raz�n?

-Partir�is para C�diz de inmediato.

All� hay una fragata que te estar� esperando con todo lo necesario.

Ir�s a por el oro y lo traer�s.

Dispones de seis meses de plazo.

De lo contrario, no volver�s a ver viva a tu mujer.

�Vamos! -Volver�.

Relincho.

Volver�.

Le conozco.

Estar� intent�ndolo con todas sus fuerzas.

Lo siento.

La cena ya est� lista.

-S�, es verdad, est� lista.

Voy a darle un �ltimo golpe de calor a la sopa no vaya a ser...

A ver si se va a enfriar...

la cena, digo.

Llaman a la puerta.

-Adelante.

-Con vuestra licencia, Majestad.

Disculpad, pero el asunto

que me trae es de vital importancia.

-De vez en cuando, cardenal, deber�a usted presentarse

a una hora normal y con una buena noticia, para variar.

�De qu� se trata ahora?

-Han robado un diamante a los ingleses.

-El que los ingleses se dejen desvalijar no es de mi incumbencia.

-Por supuesto, Majestad.

Pero resulta ser el diamante en bruto

m�s grande jam�s hallado.

Y lo ha robado un espa�ol.

-No permitir� que los brit�nicos ensucien el nombre de la Corona.

Los s�bditos espa�oles no son unos ladrones.

-Se trata del conde de Montano.

Hemos sabido que se encuentra en territorio espa�ol

con la intenci�n de vender ese diamante.

-La paz con Inglaterra pende de un hilo,

no quiero volver a ver sus barcos por nuestros mares. Encontradlo.

-Majestad.

S� que hace tiempo que no sabemos nada el uno del otro.

Pero quien ha compartido el hecho, no se separa nunca.

Acepta este regalo como disculpa tard�a.

Lleva consigo algo que nos beneficiar� a ambos.

Seguro que sabr�s dar con ello y guardarlo hasta mi llegada.

Que la luz te ense�e el camino.

�Siempre tan misterioso, conde!

�Qu� escondes?

Cada d�a haces cosas m�s extravagantes.

Pero no vives sola. Deber�as sacar la basura fuera.

Es un presente de un viejo amigo. Me vendr� bien tener un esclavo.

Si t� lo dices...

No me imaginaba que tuvieras tantos problemas para satisfacerte.

�Ay, Hern�n, no me hagas hablar de tus carencias, por favor!

-�Ah! �Lo siento, se�ora!

Recoge este desaguisado ahora mismo.

Vamos, Catalina, �se puede saber a qu� esperas?

�Es un esclavo y va a trabajar aqu�!

As� que ya puedes ir acostumbr�ndote a su presencia.

-Pero, se�ora... �no ser� peligroso?

Dicen que se comen a sus semejantes.

�Ay, todos los plebeyos sois iguales!

Desconoc�is lo verdaderamente importante

pero ten�is la cabeza llena de habladur�as.

-Y si no es indiscreci�n, �ha pensado usted ya

cu�les van a ser sus cometidos?

Porque los negros no tienen muchas luces.

�T� tampoco, Catalina, y llevas mucho tiempo sirviendo aqu�!

Es toda una suerte para vosotros, para lo que hac�is...

-�Y quiere que le proporcionemos un atuendo m�s adecuado

o que lo mande lavar o algo, a lo mejor...?

No es necesario.

S�gueme. �Vamos!

�Vamos!

Por aqu�.

"Balinium Fides".

El Ba�o de la Fe.

-�Buenos d�as, amo!

Que con usted quer�a hablar. Dime.

-S�, porque claro, eso de ser su escudero

y tenerme enga�ado, �pues no...!

No te entiendo.

-Que yo tambi�n cre�a que lo del noviazgo con la bucanera

era una estratagema, pero est� visto que no, �ah� hay tema!

No, sigue siendo un plan.

-Que conmigo no se tiene que justificar, amo.

Es que me da un no s� qu� por do�a Margarita

que la he visto ah�... toda dolida.

Pero que le entiendo perfectamente,

que llevaba usted demasiado tiempo acumulando trigo en el granero.

S�tur, fue un malentendido. Nada m�s.

-Usted ll�melo como quiera pero el resto lo llamamos beso.

Mira, me pill� por sorpresa y ya est�.

De otra manera, no... -Pero qu� sorpresa,

�que yo le he visto esquivando balas!

Si usted no quisiera, eso no habr�a pasado.

Que todos hemos hecho la cobra alguna vez en la vida.

No quer�a hacerle.

Pero no pasa nada. -�S� que pasa, s�!

S�, hasta que Margarita ha visto ese beso,

le pod�a haber explicado que era un plan.

Pero ahora ya... �ahora ya no hay tut�a!

Bueno, ahora eso no es importante.

Ya se lo explicar�. -�Pero que el momento era ahora!

�Aprovechando que el Juan se ha ido...

era ahora!

Bueno, vamos a dejarnos de tristezas en la vida y...

�Vamos a dejarlo!

�Sabe d�nde est� el tesoro?

S�. (R�E)

El Ba�o de la Fe eran unas termas romanas del siglo III d. C.

-�Siglo III!

�Co�o, amo, si es que cada vez nos alejamos m�s

de la soluci�n del misterio!

Los romanos estuvieron aqu� hace 1400 a�os.

(ENTRE DIENTES) -�1400...!

Es demasiado tiempo. El Ba�o de la Fe ni siquiera existir� ya.

-�Que s�, hombre! S�, que esa gente,

cuando hace las cosas, las hacen mejor que bien.

Yo mismo recuerdo una vez que tore� en Roma en una plaza...

que ahora la llaman el...

el Coliseo... Coliseum... �bueno, algo as�!

S�tur, despu�s de los romanos,

pisaron la Pen�nsula visigodos, musulmanes y nosotros.

Y cada uno ha construido encima. -�Pues vamos all� con pico y pala!

Que usted vivir� muy c�modo

en la austeridad m�s humilde, pero yo...

soy m�s como de... ostentaci�n y me gustan mucho m�s los lujos.

Buen, �qu�? �Vamos para all� a echarle un ojo?

�Venga, prepara el traje!

-�El de faena? S�.

-�Le has dado bien con el cepillo? -S�.

-Esperemos que sea suficiente.

�Hay que ver qu� guarros, todo el d�a descalzos,

que van dejando las huellas...! -Tambi�n he quemado incienso.

Es que ol�a un poco raro, como fuerte.

-Como fuerte no, ol�a horrible, Marta,

que es como huelen todos esos te�idos.

Claro, en la Sabana con bestias... -�Para tanto es?

-Mujer, tampoco es que una vaya siempre oliendo a rosas,

pero por eso nos vestimos para no esparcir el olor.

-�Y qu� viene a hacer a palacio? -�Aqu�?

A quitarnos el trabajo, �no ves que no cobra?

Como empiecen a aparecer muchos as�,

ya nos veo pidiendo en las iglesias.

Pues si la marquesa nos echa, ya encontraremos algo.

-�Algo, qu�? �Con la que est� cayendo afuera!

Pues tenemos un par de manos y sabemos hacer bien el trabajo.

-�Margarita, por Dios, parece mentira!

�Que pegas una patada a un �rbol y caen cientos de criadas!

Pues nos vamos de la villa si hace falta.

-�Pero ad�nde, a las Am�ricas?

No me gustar�a alejarme de mi familia.

-Pues claro que no, ni a m�.

�Y a ti? �Te ir�as de la villa dejando al cr�o y a Gonzalo?

�Y si lo hiciera?

-�Huy, qu� raro! T� has discutido con �l.

No. -�No?

-Catalina, el carruaje de la reina est� entrando en palacio.

-�C�mo la reina...? �La reina, la esposa de Su Majestad?

�Pero qu� hace esa mujer, que se presenta sin avisar?

Chillido de ave rapaz.

-Pa m� que aqu� no va a ser. No.

�Lo ve?

Por algo usted es el h�roe, el amo. Y yo... el escudero.

�Porque ni mirar un mapa s�!

Pa una vez que soy yo el que tira del carro y nos perdemos.

Na, que aqu� no est�n las termas.

Espere, espere, espere...

�no ser� que lo estoy mirando del rev�s?

No. Esta es la zona,

pero debieron construir el castillo sobre el Ba�o de la Fe.

Ya te lo dije, ha pasado demasiado tiempo

-�Entonces las termas est�n ah� abajo?

Probablemente.

-�Pues a cavar se ha dicho, no?

Y usted no se preocupe, que ya me encargo.

El camino de Ronda me lo zanj� yo solito una vez que me apresaron.

No. Una vez estuvi�ramos dentro, se nos podr�a caer todo encima.

Es demasiado peligroso. Mejor nos volvemos a casa.

-�Volver, pero c�mo volver?

Que el peligro dura s�lo un ratito

y el tesoro nos hace ricos toda la vida.

S�tur, el terreno de esta zona es inestable.

Es peligroso incluso intentar entrar.

-�Pues lo volamos por los aires y as� nos aseguramos!

Esto no creo que sea m�s peligroso que las arenas

o la poza aquella... �se acuerda?

Me acuerdo, S�tur. Hemos venido hasta aqu�, no podemos hacer m�s.

Ya se me ocurrir� otra manera de dar con mi madre.

-�Pero ser� posible este hombre...? �No, amo, no,

me ha tentado con el tesoro y ahora me lo niega!

�Y eso no es de buen cristiano!

Aunque eso para usted es casi como un cumplido.

Para m� tambi�n es duro asumirlo.

-Le importa una mierda lo que le diga, �verdad?

�Pues pod�a hacerme caso por una vez!

�Que no va a ser menos h�roe por hacer algo positivo para nosotros!

�No to va a ser pensar en los dem�s!

El tesoro tambi�n ser�a pal chiquillo.

�As� que llevas algo que nos beneficiar� a ambos?

Estoy segura de que sabr�s dar con ello

y guardarlo hasta mi llegada.

-Majestad, es un honor.

-S�, ya me lo han repetido varias veces desde que he llegado.

Quiero ver a la marquesa. -S�, se�ora.

Que la luz te ense�e el camino.

�La luz!

�Oh...! �Est�pida adivinanza!

-Se�ora, puede esperarla en el sal�n

mientras prueba la tarta de ar�ndanos de nuestra repostera.

Yo avisar� a la marquesa, estar� en su alcoba.

-�Es que va a ser este palacete el primero donde deba esperar?

-Por supuesto que no, Majestad. La reina nunca espera.

-Mi tiempo es muy valioso.

S�lo quiero dejar claro a la marquesa que,

bajo ning�n concepto, permitir� que eduque a mi hijo.

�Por aqu�?

-S�, se�ora.

Siempre te gustaron los juegos, conde.

(LEE) Busca bajo sus ropajes.

Bajo sus ropajes.

�Qu� llevas ah�? -Secreto.

�As� que sabes hablar?

�Entiendes mi idioma? -Secreto.

Secreto, vale, eso ya lo has dicho. �Sabes decir algo m�s?

�Qu� llevas colgando de esa cuerda?

�Ah...! -�Virgen santa!

�Majestad...! -�Esto es repugnante!

-No se puede hacer nada...

Que no se puede hacer nada dice.

El tesoro ah� asomando la colita y no se puede hacer nada.

�Pues sabe qu� le digo?

�Que una mierda!

Si...

Con un poquillo de p�lvora...

el oro es nuestro.

(SUSURRA) Aqu�.

Ya est�...

�Ay, Dios!

La madre que me pari�.

Saturno, si es que tienes el pulso de un tamborilero,

has perdido mano hasta para el delito.

Y todo el rastro que he dejado.

El que el amo tiene m�s olfato que un perro perdiguero.

A ver.

Ya est�. Ya est�.

Ya est�.

Vamos.

�Qu� desea, eminencia?

Entiendo que no me hizo venir aqu� para rezar.

-�Sab�is? Vuestra perspicacia

a veces resulta un poco c�mica, comisario.

El rey me ha encomendado la misi�n de encontrar

al ladr�n del diamante,

para poder entregar su cabeza a los ingleses.

As� que... en vuestras manos est�

que el rey y yo quedemos satisfechos.

No tenga ninguna duda, eminencia, as� se har�.

-Comisario...

Espero que no me hag�is el depositario

de vuestra ineptitud...

porque entonces si que os ver� rezar

pero para que termine pronto vuestro calvario.

Risas.

-La marquesa y su lengua.

Risas.

(LEE) Marquesa de Santillana la llamaban,

aunque f�cil se levantaba la saya,

entr� cosa negra en su casa y ella le alarg� la vara.

-�Eh!

�Eh!

�Qui�n ha escrito eso?

-Yo no he sido, se�or.

(GRITA) �Ah!

No sabes lo ingenioso que puedo llegar a ser yo tambi�n.

-�Ah!

�Sabes lo que has hecho?

-S�, se�ora, y lo siento mucho.

Me has dejado a m�, tu se�ora, en rid�culo.

�Acaso has olvidado a qui�n te debes?

-No, se�ora.

Me debo a usted, pero no podr�a replicarle

a Su Majestad. �Y a m� tampoco, est�pida!

-�Ah! La pr�xima vez que vuelvas

a entrar a alguien si anunciar,

sea la reina o el Esp�ritu Santo te rompo la crisma.

-S�, se�ora.

(SOLLOZA)

Y ahora termina de arreglarme.

Tengo que ir a aclarar todo esto con Su Majestad.

�T�, fuera!

Ret�rate.

(SUSURRA) -S�, se�ora.

Entretenida ma�ana la tuya, Lucrecia.

Hern�n, he de irme,

no tengo tiempo para tus nimiedades.

(R�E) Divertido garabato.

Yo no me lo tomar�a tan a la ligera.

Son simples habladur�as, Hern�n,

ya sabes c�mo son los muertos de hambre de la villa.

Se aburren mucho y necesitan inventar cosas

para entretenerse y enga�ar al est�mago.

Esta vez no son ellos los causantes,

la informaci�n viene de la reina y nadie duda de su palabra.

�Te das cuenta de las consecuencias que puede traer esto?

Ya he estado otras veces en boca de la gente.

Me parece que no sabes el mundo en que vives, Lucrecia.

En la corte pueden aceptar ciertas cosas,

pero que te acuestes con un animal no.

Has destrozado tu reputaci�n.

Y lo que es peor, has arrastrado a Nu�o.

�Nu�o lo ha visto?

Tu nombre en todos los mentideros de la villa.

�T� qu� crees?

-Pero si es la marquesa.

-Le est� agarrando la chorrilla.

-�Qu� pasa?

�Qu� mir�is? -Nada.

-�Qu� escondes ah�, plebeyo?

-Nada.

�Eh, eh! �Basta, basta! �Alonso!

�Nu�o!

�Basta ya! �Qu� ha pasado?

�Qu� ha pasado aqu�?

-�Iros todos al infierno, maldita escoria!

�Qui�n ha tra�do esto? -�Qu� est� pasando?

Espera. �De d�nde hab�is sacado esto?

-�Joder! �Has visto esto? -Est�n por todas partes, padre.

(R�E)

�Venga, salid todos fuera!

-Vamos, fuera.

-He o�do decir que no se encam� con un negro nada m�s,

sino con dos, hicieron una vichyssoise.

S�tur, eso es la vida privada de la marquesa,

y ya deber�as saber que no debes hacer caso

a todo lo que oigas. -�Yo no he dicho nada!

Pero cuando el r�o agua lleva es que suena.

Que cuando suena... La cosa, trat�ndose de la marquesa,

es que el r�o est� desbordado.

-Pero, padre, �es verdad...

que la marquesa se ha acostado con un negro?

�Y si fuera as�, a qu� viene esa cara?

-�Que qu� asco! -�Asco no, nauseabundo!

Hacerlo con un negro es peor que con un perro.

�Qu� dices, S�tur? -�Digo lo que digo!

Que los negros son... animales.

Llevan sus partes al aire, reducen cabezas al tama�o

de un garbanzo y guisan a sus semejantes...

Y no sigo porque est� aqu� el chiquillo.

Ya. �Y nosotros, los blancos...? -No.

�No cometemos atrocidades? -No.

�No hab�is visto lo que somos capaces de hacer

en la villa: robar, matar, torturar?

�Es diferente a lo que t� dices? -Usted es un hombre con cultura,

no comparare, una cosa es matar al vecino a tiros

y otra zamp�rselo a dentelladas.

En todas las partes hay b�rbaros, porque haya uno no significa

que todos lo sean. -Tengo un mal cuerpo

de hablar de los negros...

Golpes. -�Qu� ha sido eso?

-�Ha sido en la casa del maestro!

(GRITA) �Aaah!

-Tranquila. (LLORA) �Mis manos!

-Lo siento, si es que... Voy a buscar...

-Cipri. �Gonzalo, Margarita!

Cipri, trae agua fr�a, r�pido. -�Qu� ha pasado?

�Qu� ha pasado? -El fuego le explot� en las manos.

(LLORA) -�C�mo ha pasado eso?

El fuego no explota, �no?

Cog� un chaleco para sacudirle el polvo y me explot� en las manos.

-Esto es de S�tur.

Llanto de Margarita.

-�Qu� cojones llevabas en el chaleco para que explotara?

�S�tur, te estoy hablando!

�Has estado a punto de dejarla sin manos!

-No... No s� qu� ha podido pasar, pero...

-Pero...

(LLORA) Me duele mucho, Gonzalo. Tranquila.

�Qu� haces aqu�, marquesa?

No son formas de presentarse en palacio, estoy muy ocupado.

Lo s�, Majestad, y me disculpo por ello,

pero es muy importante que me atend�is.

-�M�s importante que dirigir todo un reino?

Por supuesto que no, Majestad, no es esa mi intenci�n.

-Vienes para hablar del rumor.

Majestad,

por la amistad que tenemos, os ruego, os suplico que hag�is

lo que est� en vuestra mano por detenerlo.

Eso que se est� diciendo no es verdad.

-�Intentas sugerirme que mi esposa, la reina, miente?

Deber�as valorar mejor con quien mides tus fuerzas.

No se me ocurrir�a enfrentarme a ella, Majestad, ni a vos,

solo digo que fue un malentendido.

-El esclavo estaba desnudo ante ti,

�qu� otra cosa pod�as haber estado haciendo con �l?

Ver�, en realidad, Majestad... -No te esfuerces, Lucrecia.

El rumor ya est� en toda la villa y, mira, estoy de acuerdo contigo:

Los rumores se propagan como la peste y,

como tal, hay que erradicarlos.

Pero, Majestad...

-Tu presencia ya no es grata en palacio.

Haz que te reconozca un m�dico...

Transmiten toda clase de enfermedades.

Guardias, acompa�en a la marquesa a la salida.

Majestad.

-La duquesa de Caldas ha devuelto su invitaci�n

del banquete del lunes.

Y los condes de Valmasedo tres cuartos de lo mismo.

El palacio ha ca�do en desgracia por mi culpa.

-No pudiste hacer otra cosa.

-Si yo hubiera sabido que la marquesa

estaba placiendo con el negro. -Catalina, que era la reina

y la reina es... la reina.

-Me da igual si es Su Majestad, me engancho a sus enaguas

y no me separan ni con agua hirviendo.

Do�a Irene, �desea algo?

-S�, un poquito de agua para estas flores

que he cogido viendo de misa.

-Ahora mismo.

Se�ora, yo no quiero que me tome por chismosa,

pero usted que viene de fuera, �se habla mucho por ah�?

-Al p�rroco no se le o�a el serm�n de lo que murmuraba la gente.

-�Qu� se dice?

Seguro que est�n dejando el nombre de la marquesa

a la altura del bet�n. -Peor que eso.

-La gente es muy mala y muy rencorosa.

�Ah, Dios m�o, por favor, que salgamos de esta!

-Quien juega con fuego se quema, Catalina.

Dios no va a escuchar ahora a quien no atendi� a su palabras.

-Todav�a no entiendo c�mo lleg� la p�lvora a tu chaleco,

�qu� leches hiciste?

-En el siguiente recodo giras a la izquierda.

-�Quieres contestar, por lo menos?

-Resbal�.

�Y mira el camino!

A ver si con la tonter�a tenemos otra desgracia.

-�D�nde co�o te resbalaste para ensuciarte de p�lvora,

no es como la arena, que est� por todas partes?

-Cipriano, toma la derecha y p�rate ah�.

-Encima las manos, pobrecilla. Y Margarita trabaja con ellas,

son sus sustento, su talento.

Te digo m�s, menos mal que el chaleco

ten�a poca p�lvora, porque la pudiste volar

por los aires. -�Que ya lo s�, Cipriano, ya lo s�!

�Vas a record�rmelo toda la vida?

-No, claro que no, S�tur... -Si pudiera le dar�a mis manos.

Pero no puedo hacer nada, solo pedirle perd�n

y cuidarla lo mejor que s�.

Bueno, �qu�? �Vas a ayudarme a recoger hierbas

para curarle las manos o te vas a quedar ah�,

como un gato de cer�mica?

-Te ayudo, te ayudo.

-�Qu� hac�is ah� parados como pasmarotes? �A trabajar!

�No me hagas nada! (HABLA EN SU IDIOMA)

-Ah...

Que me quer�a ayudar.

Muy bien.

-Maldito negro.

-�Se�orito, por Dios, �qu� hace?! -Ap�rtate, o te mato a ti tambi�n.

�Que te quites!

�Ah! �Dios m�o, se�orito!

�Se�orito, Dios m�o! Se�orito...

Se�orito.

-Gonzalo nos ha pedido verbena y lavanda,

tenemos que encontrar suficiente.

En unos d�as estar�s bien, ya ver�s.

�Te duele mucho?

No, ya no tanto.

Margarita, conmigo no tienes que hacerte la dura,

s� que te duele te conozco demasiado.

Como cuando te rompiste que no, que estabas bien.

�Te acuerdas? No mucho.

Cuando te ca�ste al r�o y al salir te torciste el pie,

pero t� segu�as diciendo que no, que estabas bien.

Lo pasado es pasado, Gonzalo.

D�jalo estar.

Me voy a ir a mi alcoba. No, Margarita, qu�date aqu�.

Dormir�s mejor, m�s a gusto.

No. Prefiero irme a mi alcoba.

No quiero que tu novia se moleste.

Margarita, yo me voy a la cuadra,

por eso lo dec�a. Estar�s mejor aqu�,

con toda la cama para ti sola.

Prefiero irme a mi cuarto, Gonzalo.

Bueno, pues te acompa�o, pero te preparo un poco de leche

�o prefieres un caldo? Gonzalo, que lo dejes estar.

Ya est�.

�Y si no puedo volver a utilizar mi manos?

�Me vas a dar de comer t�, me vas a vestir,

vas a coser por m�?

Margarita, eso no va a pasar. Eso t� no lo sabes.

T� y yo no somos nada.

As� que no tienes ninguna obligaci�n de cuidar de m�.

-�C�mo est�?

Pues agobiada porque no puede hacer nada con las manos,

pero las quemaduras ir�n a mejor.

-Me alegro.

Gonzalo...

Anoche, lo del beso... Mariana, no te preocupes,

te entiendo.

Echas de menos a tu marido y... te sent�as sola,

no pasa nada.

-Gonzalo, no te bes� porque me sintiera sola.

Nu�o, hijo... Nu�o, �est�s bien?

�S�? No te levantes a�n, te puedes marear.

-�No me toques!

�T� tambi�n me vas a dar de lado?

-Te has acostado con un negro.

Nu�o...

Cr�eme, a veces las cosas no son como parecen.

-�Ah, no?

�Entonces t� no te est�s comportando como una ramera?

No te permito que me hables as�.

-�Me averg�enzo de ti y de que me hayas parido!

(INTENTA GRITAR)

-No tengas miedo, no voy a hacerte nada.

Si me prometes no gritar te suelto.

(RESPIRA ASFIXIADA)

-Hola, Lucrecia, cu�nto tiempo. �Est�s loco!

Me podr�as haber matado del susto.

-En otra �poca te habr�a encantado mi triunfal entrada.

Hasta lo hubi�semos celebrado.

T� lo has dicho, en otra �poca.

-Es verdad, ahora solo somos socios.

�Socios?

-�D�nde est� el esclavo?

Ha huido.

-Te conozco, Lucrecia,

no intentes enga�arme. Es la verdad.

�Por qu� querr�a hacerlo? -Porque quieres quedarte

con el diamante que llevaba encima.

As� que es eso lo que escond�a el esclavo.

-No te hagas la ingenua conmigo.

Dime d�nde est�, Lucrecia.

Te repito que no tengo el esclavo ni tampoco la piedra.

-El rey ha pedido mi cabeza. No burl� a todos sus hombres

para que t� te quedes con el diamante.

�Dime d�nde est�!

Vamos.

(JADEA)

�Est�s bien?

S�.

�Por qu� quer�a matarte?

Es el conde de Montano.

Su esclavo tiene el diamante de los ingleses.

(EL PERRO LADRA)

(GRITA) �Ah! Los perros huelen la presencia

de un negro en tu casa, �por qu�, lo has escondido?

Ladridos. Si descubro que has ayudado

a ese mono est�s muerto.

-Dice que el olor se lo pegar�a el esclavo negro

con el que trabaja en el palacio de Conde de Benavides.

Est� bien, no lo solt�is hasta comprobar si es cierto.

Registrad las calles y despu�s los bosques y los r�os.

-S�, se�or.

-�Su�ltame! (HABLA EN SU IDIOMA)

-�Bicho!

(HABLA EN SU IDIOMA) -�O te muevas!

S�tur, baja eso. -Quer�a hacerle da�o al chiquillo,

es un animal peligroso, �quieto! S�tur, est� pidiendo ayuda.

Alonso, vete. -�Qu� vas a hacer?

-�Fuera! No te muevas.

S�tur, deja eso. Tranquilo, no vamos a hacerte da�o.

S�tur, vienen a por �l hay que esconderlo.

-Vamos. Tranquilo...

-No lo meta en casa. Si no lo escondemos lo capturar�n.

-�No oye a los perros?

No te preocupes. Me llamo Gonzalo.

-Piense lo que hace, es un negro y un pr�fugo.

�Basta! Nunca aprender�s a hacerme caso.

Ladridos.

Si no es indiscreci�n, eminencia,

�hab�is informado al rey

de que fui yo quien dio con el conde?

-Por supuesto que s�.

�C�mo si no iba a explicarle semejante desatino?

�Desatino?

El rey pidi� la cabeza del conde de Montano

y yo se la he dado. -En efecto,

y �l se la entregar� a los ingleses,

pero eso no es suficiente, comisario,

os recuerdo que el conde no era el fin,

sino el medio para dar con el diamante robado.

Mis hombres est�n buscando en el bosque,

en la zona donde lo encontraron muerto,

les aseguro que no llevaba nada encima.

-Lo s�. Lo s�.

Yo mismo me encargu� de hacerle una inspecci�n a fondo.

Pasos.

(SUSPIRA) Perdone por haberle hecho esperar, eminencia.

-Por favor, marquesa, sentaos.

Bonitos pendientes.

Siempre he pensado que ten�is un gusto encomiable.

Por m�s que os esforc�is en demostrar lo contrario

con vuestros ex�ticos escarceos.

Gracias, eminencia.

-No obstante, resulta curioso...

�Qu� es lo que resulta curioso, cardenal?

No le entiendo.

-Que el difunto conde de Montano llevase enganchado

entre sus ropajes un rub� exactamente igual

al que a vos os falta en vuestro pendiente.

Creo que esto os pertenece.

Que haya estado con el conde no significa nada.

-Por supuesto, marquesa.

Pero no me lo pong�is m�s dif�cil,

entregadme ese diamante robado antes del anochecer,

de lo contrario me ver� en la obligaci�n

de delataros al rey.

No pod�is acusar a la marquesa de nada,

ella no tiene esa joya.

-�Acaso os hab�is asociado con la marquesa

para traicionar al rey? Me temo que en esta ocasi�n

hab�is elegido mal a vuestros aliados, comisario.

Lo tenga o no ha conspirado contra los intereses

de la Corona y aunque no fuese as�...

el conde Montano y la marquesa fueron amantes en el pasado.

Eso fue hace muchos a�os.

-Decidme, �a qui�n creer� el rey;

a una noble venida a menos...

o a un fiel servidor de su Iglesia?

Si me delata el rey exigir� mi cabeza.

-Ya sab�is lo que hacer, marquesa.

Espero que teng�is un buen d�a.

Comisario. Eminencia.

Pasos.

-Ya he encerrado al te�ido en su cuarto, como me orden�.

Ya oye usted a los perros...

Te habr�as pensado algo mejor.

Ladridos.

�Qu� hace?

�Se va a poner el traje de faena?

Ver�, usted y yo no hemos hablado de...

De lo del accidente.

Bueno, de lo de las manos de do�a Margarita,

quiero decir... S�tur...

Si la llegas a matar... -�Si la llego a matar

me mato yo despu�s!

Nunca... Nunca vuelvas a coger nada

de esta guarida sin mi permiso, �me oyes?

-D�jeme ir a encontrar ese tesoro, por Dios se lo pido.

�Es que a�n no tienes bastante? -No me est� entendiendo.

�Que me da igual morir en el intento!

Que si no lo traigo aqu� y le soluciono la vida,

lo que le he hecho a do�a Margarita habr� sido por nada.

D�jeme intentarlo, amo, por favor.

Olv�dalo.

Tienes que ocuparte del africano. -No, no.

Por ese negro no pienso hacer nada, no.

Tengo que traer el tesoro, do�a Margarita se lo merece.

Lo que le hiciste a Margarita no tiene soluci�n,

por �l a�n puedes hacer algo. -�No har� nada por �l!

�No pienso poner en peligro mi vida por...!

�Por un animal!

Es una persona... -No.

Como t� y como yo. -No, no, no.

Le vas a ayudar. -No, amo. No.

No conoce nuestro idioma, no sabe d�nde est�,

si dejamos que vuelva solo a C�diz morir�.

-Si no sobrevive mala suerte, qu� se le va a hacer.

Ese es tu problema;

que solo piensas en ti. -�Y usted?

�Usted qu�? Tanto piar y...

�Qu� piensa hacer por el negro? �Qu�?

Cuando le cambies de ropa, coger� su calz�n como se�uelo,

para que los perros me sigan a m�.

Vamos, no hay tiempo que perder.

-�Me est� obligando a hacer algo contra mi voluntad!

Tanto discurso suyo acerca de los amos y los esclavos

y blablabl�...

Y a la hora de la verdad usted es igual que todos.

No se trata de eso,

simplemente quiero comprobar que puedes hacer algo

por los dem�s. Aunque sea un poco.

Si no vienes...

no vuelvas a entrar en esta casa.

-Muy bien.

�Se puede saber qu� miras?

(R�E)

-Encima con recochineo.

(HABLA EN SU IDIOMA)

-Pues muy lejos �frica, muy lejos.

All� en castro culo, m�s o menos.

-��frica? -�No, la Galia!

Pues claro que vamos a �frica.

Pero eso s�, yo te llevo a C�diz,

para que embarques y te busques la vida t� solito.

�Qu� haces?

(HABLA EN SU IDIOMA)

-Animalito, �para qu� cojones quieres t� una piedra?

(HABLA EN SU IDIOMA)

-Quita, hombre, quita.

No me quedo yo con eso, que sabe el tiempo que llevar�

eso sudando ah� junto a tu badajo.

(HABLA EN SU IDIOMA) -�Co�o! �Qu� asco!

-�Sooo!

Deja la piedra y sube al carro, que si nos ve alguien

se nos cae el pelo, vamos. (HABLA EN SU IDIOMA)

-No quiero ni regalo ni Cristo que lo fund�.

(HABLA EN SU IDIOMA)

-�La madre que me pari�!

A ver c�mo te lo explico.

Yo... contigo... no quiero estar,

as� que...

Para el carro he dicho.

-No. -�Para el carro!

(HABLA EN SU IDIOMA) -�La madre que me pari�!

Pero �qu� peste es esta?

�Catalina!

-Se�ora.

�T� tambi�n lo hueles, verdad?

-Pero �a qu� se debe, se�ora?

No lo s�...

Pero da con ello y soluci�nalo inmediatamente.

-S�. Es horrible.

�Dios!

�Catalina, es para hoy! Puede que tu casa huela as�

habitualmente, pero yo no lo soporto.

-Se�ora, pero no s�...

(MURMURA)

�Qui�n lo ha hecho? -Se�ora, si quiere

re�no al servicio a ver si alguien vio algo.

-A esa altura has dejado nuestro apellido.

�Has sido t�!

-As� es como nos van a tratar a partir de ahora.

�Como si fu�semos mierda! No humilles m�s a tu madre.

Le debes respeto.

-Se humilla ella sola. Y lo peor es que me humilla

a m� tambi�n. Basta ya, Nu�o.

Catalina, recoge esas s�banas.

-S�, se�or.

Se�ora...

Si quiere puedo mandar que las quemen.

Lo que veas m�s conveniente.

Quiero que desaparezcan de mi vista.

-S�, se�ora, ahora mismo.

-Se�ora, han...

Han visto al esclavo cerca del bosque del Alamillo.

Vamos a buscarle, si anochece tendr�

m�s oportunidades de escapar.

(GRITA) -�Ah!

Atr�s...

Cre�ste que iba a dejar escapar a una bestia como t�.

Aseguraos de que sufra antes de acabar con �l.

Vamos.

-Ya hab�is o�do al comisario; a divertirnos.

-�D�nde se habr� metido este hombre?

Gritos.

Gritos.

�La madre que los pari�!

Ser�n malnacidos.

-Ay, Margarita, si Dios me hubiera dado tu cuerpazo

anda que no iba a ser yo castigo para los hombres.

�T� has visto c�mo estoy?

-Mira qu� cuello de cisne tienes,

�para qu� quieres las manos con esa anatom�a?

Porque soy costurera, Catalina, las necesito para trabajar.

-Lleva cuidado, no te las mojes.

Si Juan estuviera aqu� seguro que te ve�a las manos

y encontraba un remedio para cur�rtelas.

Ya, pero no est� y no va a volver.

-�Cu�nta negatividad, que te est� dando la luz

y nada m�s que ves las sombras!

Ya ver�s como pronto rehaces tu vida.

S�, y pronto Gonzalo se casar� y formar� una familia,

�y yo que voy a ser?

-�Qu� vas a ser? Lo que eres ahora, la t�a.

S�. La t�a tullida que vive con ellos

y que tendr�n que mantener por pena, eso ser�.

Yo no quiero ser una mantenida.

-�Ay, por Dios! Mira lo que te digo,

t� tienes mucho tiempo para pensar y pensar tanto no es bueno.

Te podr�as fijar un poco m�s en lo que pasa a tu alrededor,

hay mucha gente que est� peor que t�. Levanta.

El negro, sin ir m�s lejos, ang�lico, que lo han cogido

en el bosque del Alamillo y lo van a reventar.

Eso es un problema.

Perd�n, tra�a un poco m�s de agua caliente.

No hace falta, ya hemos terminado.

Gracias.

Bueno, la dejo aqu�, por si acaso.

-Atiende el maestro, que se ha sonrojado.

-Vamos a cortarle los dedos de los pies,

as� no correr� nunca m�s.

(R�E) (SUSURRA) -�Dios m�o!

Gritos.

(S�TUR) �Eeeh!

�El camino a Cuenca?

(R�E) -Vaya...

Un enano y un mono.

Ya tenemos el circo montado. Anda, l�rgate.

-Es que igual si vuelvo sin �l...

el domador se molesta, �sabe?

-�Qu� pasa, eres amigo de los negros?

-No. -Ponte junto a �l.

�Vamos, co�o, que es para hoy!

-S�, ya voy.

No, por Dios, tenga piedad.

Por Dios, tenga piedad.

�Sabes rezar?

Pues reza...

Padre Nuestro que est�s en los cielos,

santificado sea tu nombre, ruega por nosotros...

Disparo.

Gritos.

(GRITA) -�Aaaah!

Gritos.

(JADEA)

-No te mueras, no te mueras.

No ten�as que morirte.

No ten�as que morirte.

�Est�s bien?

Ay�dame,

vamos a enterrarle.

-Tiene usted raz�n.

Que aunque este hombre no haya llegado a su tierra,

que por lo menos reciba cristiana sepultura.

�Hombre?

S�tur, has dicho hombre. -S�, he dicho hombre, s�.

Que yo aprendo a mi ritmo, tarde y mal, pero aprendo.

Cuando terminemos, volveremos al castillo.

-�Al castillo?

�Ha dicho castillo?

S�. -Pero �me he perdido algo o...

ha cambiado usted de parecer?

A veces para ver las cosas claras

uno tiene que mirar para otro sitio...

Y t� has conseguido que yo lo haga.

-�Yo?

Pero �qu� he hecho yo para que cambie usted de opini�n?

Ay, amo, no me haga usted sentir mal...

Que con el enfado que ten�a por su empecinamiento

no he hecho m�s que maldecirle a su espalda.

Le pido perd�n, perd�neme, por Dios.

Sin ti nunca hubiera entendido que si quiero encontrar a mi madre

debo seguir corriendo riesgos.

-Ya est�...

�Lo ve usted? Ya me ha desarmado...

Con ese piquito de oro que tiene,

yo no puedo argumentar nada, tan solo...

admirarle.

Vamos.

Aqu� tiene la preciada piedra.

Tan s�lida como espero su discreci�n.

-Por supuesto, marquesa.

Aunque dudo que el rey quede plenamente satisfecho

en el caso de no llegar a recuperarla.

�C�mo? �No se la va a entregar?

-No ser� yo quien altere los designios del Se�or.

Para que unos ganen, otros tienen que perder.

As� es la vida.

Pero, eminencia... Su Majestad no lo olvidar�.

Tiene un conflicto con los ingleses.

-El rey ya ha sido asesorado por sus consejeros,

entre los que me encuentro.

Ese asunto se resolver� de otra manera

m�s conveniente.

Lucrecia. Eminencia.

Eminencia.

Has salvado la cabeza...

Pero tu hijo no te habla

y tu reputaci�n sigue por los suelos.

Hern�n, te recuerdo con quien hablas.

He ca�do muchas veces y otras tantas me he levantado,

saldr� de esta.

Ladridos.

-�Por qu� no explosiona?

Ten paciencia.

-�Y si est� la p�lvora mojada?

�Uff!

�Joder, la explosi�n me ha pillado con la boca abierta!

�Est�s bien?

S�tur, tienes que estar atento.

-No se preocupe...

Masticar tierra fortalece la mand�bula.

Aunque no s� si es tan bueno... para la pi�ata.

S�tur, vamos.

-Pero, m�rese.

�C�mo lo hace?

Que yo llevo tierra hasta en la raja del culo

y usted va impoluto.

Aunque llevando el traje adecuado para la ocasi�n...

No saques el dichoso tema.

-Tiene usted raz�n,

estamos buscando a su madre y se tercia...

Hacernos ricos.

Pero podr�a darle una vuelta a lo del traje, �no, amo?

Bueno... Espero que el agujero

sea lo suficientemente hondo como para poder entrar.

-Bueno, �qu�, para adentro?

Vamos.

S�tur... -�Qu�?

S� que no tengo ni que dec�rtelo pero...

si me ocurriera algo; oc�pate de Alonso y Margarita.

-S�, amo, s�.

No, espere, espere. Espere...

Entro yo, usted no. No, es peligroso.

-No me ha entendido...

que ahora es al rev�s; soy yo el que me la juego

y usted cuida de Alonso y Margarita.

Claro, despu�s de mucho tiempo

lo he entendido, s�... No lo has entendido, bajo yo.

-�ltimamente esto de llevarme la contraria le motiva,

pero no se me empecine. S�tur, entro yo,

t�, vigila a los caballos.

Goteo.

-No me mire usted mal, amo,

que ya sabe que yo no soy de ver las gestas desde la muralla.

Bien, pero no toques nada.

Podr�as hacer que se derrumbara el techo.

F�jate en estas columnas.

Todo esto tiene m�s de 1000 a�os.

-Ya se lo dije yo,

los romanos hacen las cosas con fundamento.

Con fundamento y con cimiento, claro.

La de historia que guarda este sitio.

Si estas paredes hablaran.

-Nos contar�an qu� pas� con el tesoro.

Porque aqu� por no brillar no brilla ni el agua

de esta fuente romana, f�jese.

Si es que no se ve nada.

�Qu� hace?

Buscar indicios.

Y no es una fuente, es una alberca para ba�arse.

�No viste ninguna terma cuando estuviste en Roma?

-La verdad es que de esa historia tengo yo algunas lagunillas.

Porque entre las que eran romanas y las que no eran romanas...

Me refiero a las mujeres, no a las termas.

Buenas... mujeres, las romanas,

esbeltas y garbosas.

Y se lo digo yo que conoc� a algunas en una bacanal.

�En una bacanal?

-Una bacanal, s�, una bacanal.

�No sabe usted lo que es una bacanal?

La madre que me pari�.

Claro, con lo austero que es usted con la comida y en lo otro,

no me extra�a que lo desconozca.

Yo se lo explico... S�tur, s� lo que es una bacanal.

-Perd�neme.

El caso es que aquello era un fornicio de todos con todos,

que si te descuidabas no sab�a si estabas comiendo

bacalao o venado.

Si es que los romanos estos

s� que sab�an vivir los jod�os, �eh, amo?

Me aburro, me aburro mucho.

Llamad a las otras.

-Sus deseos son �rdenes, mi se�or Saturno.

-S�tur...

Ll�mame S�tur.

S�tur...

S�tur...

�S�tur!

�S�tur! -�Eh?

�Qu� pasa? Estoy hablando y no me oyes.

-No, que estaba obnubilado con la civilizaci�n romana.

Perd�neme, �qu� me dec�a?

Que voy a entrar.

-Que va a entrar usted ah�, �para qu�?

A ver si hay alguna pista, algo. -�Qu� se le ha perdido ah�?

Espera, parece que aqu� hay un s�mbolo.

-�Est� usted seguro?

A m� se me antoja que m�s que s�mbolo es porquer�a.

No, es un ancla.

-Hombre, aqu� agua hay.

Pero me parece a m� que muchos barcos no han atracado.

No, el ancla es un s�mbolo de la doctrina cristiana,

representa la esperanza en la salvaci�n eterna.

-�Un s�mbolo cristiano dice usted?

�Tambi�n sabe de esto?

Si ni si quiera es usted creyente.

Que no crea en la doctrina cristiana

no significa que la rechace de pleno.

En el fondo toda creencia nos habla de c�mo ven esas personas

el mundo, por eso me interesa.

-Amo, es usted un pozo de sabidur�a.

�Qu� digo un pozo?

Una pileta, aprovechando la coyuntura.

Ruido.

�Cuidado, amo!

�Qu� pasa?

-No s�, que algo se ha movido por aqu� a su espalda.

S�tur, no hay nada.

Ruido. -�Ah� est� otra vez!

�Ah� est�, amo!

Salga del agua, �salga del agua, por Dios!

S�tur, no hay nada. -�Salga del agua, por Dios!

(GRITA) �Ah!

M�ralos, miras sus ropas.

Somos mucho mejores que ellos.

-�Por qu� me haces esto, madre?

-Todav�a tengo los pelos como escarpias, amo.

�Madre del amor hermoso!

-Somos el hazmerre�r de la villa. No pienso esconderme.

Es de un ni�o.

-�Uf! �S�tur!

-�Ayuda! -�De qu� te sirve ahora el t�tulo?

-�Qu� me ha pasado, amo?

Te has desmayado mientras mir�bamos el esqueleto.

�S�tur! �S�tur! �S�tur, qu� te pasa?

Debemos averiguar qui�n era ese ni�o y qu� hac�a all�?

�Est�s bien?

Con tus juegos pusiste en peligro la vida de Nu�o.

Fueron esos salvajes.

He vuelto al bosque, y he cogido el esqueleto del ni�o,

est� en la guarida.

-Soy Rafael Valverde. El mejor torero de las Espa�as.

�A qu� debemos el honor de su visita?

Le he invitado yo. Se quedar� unos d�as en palacio.

Gritos. Y tambi�n he encontrado esto:

El emblema del orfanato de la villa;

el mismo en el que t� estuviste.

(GRITA) -�Ah! -Reconozco que cuando me invit�

sent� cierta curiosidad.

Una reina, una marquesa y un esclavo negro.

En la corte no se habla de otra cosa.

Ese cr�o estuvo encerrado

en ese agujero durante d�as. -No puede ser, es imposible.

Sin comida, sin agua y en la m�s completa oscuridad.

Se destroz� las u�as intentando salir.

�Qu� pasa? Hay una denuncia contra

Margarita Rando por practicar brujer�a.

�Soltadme, yo no soy una bruja!

-�Qu� es lo quiere de m�?

Que anunciemos nuestro compromiso esta misma noche.

-�Dispare, por Dios! �Dispare!

Jaleo y abucheos.

-�Sal de ah�!

Vi marcas de ara�azo dentro de esa fosa,

a ese ni�o lo enterraron vivo. (GRITA) -�Noo!

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