All language subtitles for Young Tom Edison (Norman Taurog, 1940).spanish

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Original subtitles

EL JOVEN EDISON

Esta es una historia de valor. Del valor y del triunfo de un

típico joven americano. En todos sus aspectos básicos, ésta

es una historia verdadera. El joven vivió de veras

las aventuras, las alegrías y las tristezas mostradas aquí.

Su nombre podía haber sido John Jones o Bill Smith.

Pero resulta que era Thomas A. Edison.

- Hola, Sr. Edison. - ¿Qué tal, Sr. Waddell?

¿Qué hora es? No quiero perder el tren.

- Vendrá retrasado. Hermoso día. - Sí.

- ¿Cómo marchan tus cosas en Fraser? - Bien.

¿Entonces por qué estás aquí? ¿Por qué no al frente de la otra

- tienda de tu padre? - Es que vine a ver a la familia.

Lo sé. Te gusta viajar en el ferrocarril, ¿verdad?

No hay nada más que facturas. Y una tarjeta de su primo del Canadá.

- ¿Qué me dice en ella? - Ha tenido mala suerte.

Malas cosechas, la mujer enferma, el muchacho con el sarampión,

- y él se rompió una pierna. - Vaya, lo lamento.

Hay algo más. Espere a leer la posdata.

Le pide que le preste algún dinero.

Tiene mucha gracia, ¿verdad? Anda, vamos a casa.

- Sam, el desayuno está listo. - Vale, Nancy.

- ¿Tom? - ¿Sí, mamá?

Despierta a tu hermana, llegará tarde al colegio.

De acuerdo, lo haré.

Está bien, Tom. Ya puedes parar. Estoy despierta.

Tom, tengo frío. Baja en seguida la ventana.

Lo siento, está roto el resorte y no funciona.

- Pues no me levanto. - Intentaré arreglarlo.

- ¿Por qué no tienes más cuidado? - Papá, ¿qué pasa?

¿No ves lo que pasa? Tannie ha roto la ventana.

- He sido yo, padre. - ¿No estabas en el sótano?

Tirando de una cuerda, he conseguido que pueda cerrarse desde abajo.

¿No has pensado que podías herir a cualquiera?

No, no señor.

Vamos a desayunar y sácate las manos de los bolsillos.

Rompes los cristales como si no hubiera bastantes gastos.

Otro padre te daría un buen azote. ¿No es verdad?

- ¡No me contestes! - Lo rompió sin querer, Sam.

- Tom... - El tren ya no tardará mucho.

No espero más el coche. Iré andando a la estación.

- Adiós, mamá. - Adiós, hijo. Cuídate mucho.

- Adiós, Tom. Tannie. - Adiós Bill.

- Adiós, papá. Haré tus encargos. - Adiós, Bill.

- Si otra vez... - Llegaréis tarde al colegio.

- Adiós, mamá. - Adiós, cariño.

- Adiós, papá. - Adiós, Tannie.

Vamos, Tom.

Oh... dispensa, mamá.

Tom, tus libros.

Adiós, padre.

Este muchacho es un problema, Nancy.

Siempre que te despiertas con uno de tus calambres, te enfadas con él.

Lo que ocurre es que le mimas demasiado.

Porque es diferente de los otros chicos.

Eso me preocupa. Tiene la manía de hacer experimentos inútiles.

Hoy, la ventana. El otro día, el cable del telégrafo que hizo caer a Dingle.

¿No habrás olvidado que aquello nos costó 11 dólares?

Eres demasiado condescendiente.

Como no tengas energía, será un hombre completamente inútil.

Tal vez tengas razón. Eres más sensato que yo.

Cuando me das la razón en seguida, me parece que me equivoco.

No, de veras. Intentaré educarle como te parezca.

- Al fin y al cabo, eres su padre. - Nancy, eres una pícara.

Con otro muelle en la ventana, no se cerrará tan fuerte y no se romperá.

- ¡Qué listo eres! - No. Quisiera serlo.

Creo que lo eres. Sabes tanto de todas las cosas.

No sé ni la mitad de lo que quisiera saber.

No puedes figurarte todas las cosas que ignoramos.

Mira esas hojas. ¿Por qué son verdes en lugar de azules?

¿Qué le pasa al sonido cuando ya no lo oímos?

- ¿No sería posible poderlo guardar? - ¿Guardar el sonido?

- ¿Como el de un trueno? - Otros. Como el de las palabras.

Las de George Washington o Ben Franklin.

Buenos, esos ya no, pero sería una gran idea, ¿verdad?

No te preocupes ahora. Tienes que buscar una excusa

porque no sé la lección de geografía.

El de Rhode lsland... New Hampshire,

Vermont, Alabama,

Connecticut... y Florida.

Hay 33 estados y me has nombrado sólo 17.

Oregón.

Texas.

Wisconsin.

Maine.

Massachusetts.

Si alguien tiene que dar algún golpe en clase, seré yo.

Srta. Howard, esos golpes eran código Morse. Sólo trataba de ayudarme.

¿No sólo eres holgazán y estúpido sino que tratas de engañarme?

¡Vete al guardarropa y ponte de cara a un rincón! ¡Y tú también!

Apostaría que fue el idiota de Dingle el que se lo dijo.

Pues como se entere papá, ya verás.

Yo creo que no fue un engaño, ¿verdad, Tom?

Sí que lo era, pero en aquel momento no se me ocurrió otra cosa.

Es capaz de tenernos aquí hasta la hora de comer.

Casi me alegro, porque tengo que hacer algo muy importante.

Esto es ácido clorhídrico. Y esto es amoniaco concentrado.

- Los mezclaré para... - ¿Qué pasará entonces?

No lo sé. Es lo que quiero averiguar.

- ¿Hará ruido? - No lo sé. No lo he probado.

- ¿Y cómo sabes que no explotará? - No lo sé.

- Bueno, yo me marcho de aquí. - Un momento.

- ¿No te interesa la ciencia? - Nada en absoluto.

- ¿Con qué permiso sales? - Por favor, ¿quiere dejarme marchar?

- ¿Por qué? - Va a pasar algo, seguramente.

Dime, ¿qué va a pasar?

¡Ahí lo tiene!

¡Abre, abre! Tom, abre la puerta.

No hay manera de abrirla. Anda, corre.

¡Tenemos que abrir! Tom.

¡Está ardiendo el colegio!

¡Déjeme! ¡Tom!

¡Fuego en el colegio!

Ahora tendrá que esperar. Soy el jefe de los bomberos.

¡Daos prisa, está Tom Edison dentro!

- ¿Estás bien? - Claro, estoy bien.

Esto me demuestra que el clorhídrico y el amoniaco son incompatibles.

No se mezclan.

¡El héroe!

Sr. Edison, Tom lo hizo adrede. Le había castigado

- y ha querido volar la escuela. - Hacía un experimento.

Experimento...

Duro con él. Sacúdale bien fuerte.

Y mande poner una puerta nueva en el guardarropa.

Muchachos, vámonos ya.

Hace falta ser estúpido. Prender fuego al colegio.

No ha habido ningún fuego. Sólo un poco de humo.

¿Y tú qué sabes?

Hazlo otra vez, anda.

Una vez más.

Ya no sé qué hacer contigo.

Siento confesarlo, pero tienen razón y yo soy el equivocado.

Eres un estúpido. Y ni tú eres capaz de negarlo.

Vete a casa que ya te arreglaré. Y saca las manos de los bolsillos.

Amén.

Tom, la sopa está lista.

Quiero hablar con tu padre.

La Srta. Howard está esperando.

- Buenas noches, Srta. Howard. - Buenas noches.

Gracias.

Siento interrumpirles pero deseaba verles antes de la noche.

Una soltera es peligroso que ande sola por la noche.

Lamento verme obligada a ser portadora de malas noticias.

Pero tras lo ocurrido hoy, la junta ha decidido expulsar a su hijo.

- ¿Que mi hijo no vuelve al colegio? - Exacto.

- Por supuesto pueden apelar. - Desde luego que apelaremos.

Yo no haría tal cosa, porque me voy a oponer enérgicamente.

- ¿Por qué? ¿Por qué? - No sólo por lo de esta mañana.

Suele distraer a los demás. No quita ojo de la ventana. Tararea,

golpea con el lápiz en el pupitre.

El otro día se empeñó en saber lo que era una nube.

Es que procura saber la causa de las cosas. No hay nada malo en ello.

En el momento oportuno, claro. Pero no cuando doy aritmética.

- Usted no lo entiende. Eso es todo. - Nadie es capaz de entenderle.

Deberían llevarle a Detroit a que le viera un médico.

No son suposiciones mías. Está chiflado. Completamente.

¿Cómo se atreve? Usted sí que está loca.

No hay nada en su conducta que una maestra no pueda corregir.

He dado clase en el Canadá y lo sé. No tiene ni paciencia ni talento.

Es el muchacho más despierto de toda la escuela.

No ha cometido ni una estupidez en su vida. Usted es la única estúpida.

- Váyase, no vaya a ocurrirle algo. - Con mucho gusto. No faltaba más.

¡Es usted una solterona imbécil! No debe preocuparse por andar

sola de noche. No habrá quien se meta con usted.

- Me sorprende que no lo defiendas. - No creí que fuera necesario.

- Lo hiciste demasiado bien. - Decir que Tom está loco.

No es ella la única. Lo dice la ciudad entera.

Todo el mundo cree que que hay algo raro en el chico.

Sobre todo después de lo de hoy.

Sam, quisiera que entendieran a Tom, igual que yo.

Es diferente de los otros chicos. Busca las causas, no lo efectos.

- No le mimes ahora. - Tiene que comer.

Y el eco es producido por las vibraciones...

del aire al chocar con una superficie dura y regular

tal como un muro, una roca...

- Pero, Tom... - Oye, mamá.

No lloro por los azotes de papá. Sino porque lo que dicen es cierto.

Mañana todos sabrán que me han expulsado...

porque soy... un loco. Un inútil.

No te preocupes por lo que digan. Ni mañana... ni nunca.

Esto no es el mundo entero, Tom. Hay muchísimo mundo fuera de aquí.

Vendrá el día en que formes parte de él. Una parte importante.

Mamá, ¿crees de veras que no estoy loco?

Claro que no. Eso son tonterías que han inventado.

- Papá sí lo cree. - Nada de eso.

Te quiere mucho y a nosotros también. Le tienes preocupado. Eso es todo.

Está bien, mamá. Qué buena eres.

- ¿Vas a cenar? - No tengo apetito.

Te he traído una cosa que sé que te gusta mucho.

Pastel de manzana y leche. Mi favorito.

Pienso instalar un cable telegráfico desde el sótano a tu habitación.

Así se puede hablar sin que nadie sepa lo que se dice.

- ¿Mensajes secretos? ¿Cómo espías? - No, como los telegrafistas.

Tú tendrás tu llamada secreta y yo la mía.

¿Cuál será mi llamada secreta?

- Raya, punto, raya. Eso es "T - A". - Esa será tu llamada. "T - A".

Ya tengo mi llamada telegráfica. Me siento como una estación.

- Raya, punto, raya. - Hola, Sr. McCarney.

- ¿McCarney? - Anna, cariño.

- ¿Qué te trae por aquí? - Voy al dentista a sacarme una muela.

Tienes que cuidar al niño.

Claro que cuidaré de este mocoso. Bueno, ya te puedes ir.

- Adiós, cariño. - Adiós.

¿Cómo estás hijo? Anda, vamos a jugar.

Mira la pelota, ¿listo?

Mira, alambre de cobre. Lo que necesito para nuestro telégrafo.

Ahora tú, vamos tírala. Así.

- Mandemos a alguien un mensaje. - Está bien.

¡Port Huron sitiado por los indios!

"Indios desde hoy están en pie de guerra.

Port Huron está arrasado y sus calles sembradas de cadáveres. "

¡Oíd este telegrama! Lo acabo de recibir.

"Port Huron está sitiado por los indios. La alcaldía presa en llamas.

Asesinada la mitad de la población. "

Ten.

Están locos. Yo no he transmitido nada sobre indios.

Conque ha sido cosa vuestra.

¿Cuántas veces he de deciros que no vengáis más por aquí? Largo.

¿Crees que tu telegrama lo habrá recibido alguien?

Me parece que sí, según lo que él ha dicho. ¿No crees?

¡Tannie, fuera de aquí!

Jimmy, no vuelvas a hacer nunca una cosa así.

Fue un aviso de Dios, Tom. Algo maravilloso.

Ten, te lo mereces por haber sido tan valiente.

No, no puedo aceptarlo. Gracias de todos modos.

Adelante, cógelo. Te lo has ganado.

Ha sido el mayor acto de valor que he visto en mi vida.

No intente pagar a un héroe.

Claro que si no le importa regalarnos un poco de ese alambre de cobre,

- sería muy diferente, ¿verdad, Tom? - Tannie, mujer...

¿Alambre de cobre? Claro. Llevaos el que os haga falta.

Aquí tienes, y te debo un favor que no podré olvidar jamás.

Gracias, Sr. McCarney.

- ¿Qué es lo que te impide subir? - La ley de la gravedad.

Debe tener mucha fuerza, ¿eh?

- Hola, pequeños. - Hola, Sr. Waddell.

- ¿Qué estáis haciendo? - Quiero subir a esa rama a

colocar un aislador para el hilo de telégrafo que va del sótano a arriba.

Si yo tuviera tus piernas, llegaría de un salto.

Si quiere ayudarme, ate la cuerda a la silla y entonces podré subir.

- De acuerdo. - Dásela, Tannie.

Vamos allá. Anda, Lucero.

- Quieto. - Gracias.

De nada, hijo. Cuando quieras.

- Ya le tenemos. Ahora verá. - Dejadme. No quiero jugar más.

¡He dicho que me dejéis en paz!

¿Qué haces ahí arriba?

He perdido una cosa y la estoy buscando.

La perdiste en el aire. ¿Cómo has podido subir ahí?

- He subido volando. - Embustero.

- ¿Cómo ha subido, Tannie? - Te lo ha dicho.

¿Qué estás diciendo? Has escalado.

- ¿Puedes escalarlo? - No. Es demasiado grueso.

¿Cómo lo has hecho?

He tragado un podo de gas y he subido igual que un globo.

- No sólo eres loco sino un idiota. - En cambio tú eres muy listo.

¿Dónde tienes ese gas? Dame un poco.

Apuesto lo que quieras a que no me hace volar.

¿Cuánto te apuestas?

Hay que ser imbécil para creer eso. ¿Qué se hace con el gas? ¿Se traga?

No quiero darte explicaciones.

Has dicho que tenías un gas que me haría volar. A verlo.

Está bien, te lo enseñaré. Espera aquí. Vamos, Tannie.

Ahora es cuando os vais a convencer de que es idiota.

- ¿Pero qué vas a hacer? - Le daremos un poco de esto.

- Pero eso es veneno. - Es el número 7, son unos polvos...

- No te vayas. - ¿Y si explota?

Son unos polvos efervescentes que no perjudican.

Trae un cacharro con agua. Bien grande.

Ese no vuelve, se ha asustado.

Creí que no volverías. ¿Has traído el gas?

Has de beberlo de un trago, si no, no te hará efecto.

Ya.

- Ten, tómatelo, corre. - Lo beberé todo.

Como me haga volar, no pararé hasta Jericó. Ya lo veréis.

Como no te lo tomes todo, no podrás volar muy alto.

- Sujetadme, no vaya a echar a volar. - Sujetadle bien, muchachos.

Echa más agua. Ha de tomar otra dosis para que tenga bastante fuerza.

Ten, deprisa.

Ahora, vosotros soltadlo. Y mueve los brazos como un pájaro.

Ya está. Estoy volando. Sobre las nubes. Ya está.

Me parece que aún estoy en el suelo.

Debe pasar algo raro contigo.

El gas está bien.

Ya, ¿no te lo dije?

Esto es una nueva estupidez tuya.

¿Qué es lo que te pasa?

¿Te ocurre algo? ¿Te sientes mal?

Es que ha tragado gas para subir volando a ese árbol como Tom.

Pero Tom no subió volando. Le subí yo con una cuerda.

Tom, creo que mamá nos está llamando.

- Vamos a casa, deprisa. - Ya te daré yo...

- ¡Mamá, no tan fuerte! - ¿ No te da vergüenza?

¡Toma, para que escarmientes!

¡No lo haré más, mamá! ¡Lo siento!

¡No tan fuerte! ¡No lo haré más!

¿Qué ocurre, Dingle? ¿Pero qué pasa?

A su hijo Tom le están zurrando por lo que hizo con mi chico.

- ¿Pero quién le pega? - Su mujer, ¿quién si no?

¡Mamá, no, no, no!

¿Prometes ser bueno?

¡Mamá, no tan fuerte!

¿A dónde va usted?

No la interrumpa ahora. Déjela. Ella sabe lo que se hace.

Es verdad, tiene usted razón.

- ¡Mamá, no tan fuerte! - ¿Estás arrepentido?

¡Toma! ¡Toma y aprende!

Oiga como le sacude.

Tom no suele gritar tanto.

- ¿No crees que es suficiente? - Sí, pero que te sirva de lección.

Espera, ten.

- ¿Por qué no continúa? - No se debe abusar demasiado.

Y ahora, jovencito...

- Buenas tardes, Dingle. - Buenas tardes.

- Hubo un momento en que lo creí. - Calla, disimula.

¿Qué ha ocurrido, Nancy?

Tom necesitaba unos azotes y se los he dado. Nada más.

¿Y le has pegado muy fuerte?

- Pues... verás, no demasiado. - Ya me lo figuro.

- ¿No tienes nada que decirme? - Estoy segura de que no.

Cuidado con el traje de los domingos. Ponte esto encima.

¿Cómo puedes saber qué hay en esos frascos y si en todos pone veneno?

Los tengo numerados todos. Luego miro el número en el libro.

- Eso es muy complicado, ¿no? - Los chicos no los tocarán.

- Eso no es muy correcto. - Pero es muy práctico.

Ya arreglé la ventana del cuarto de Tannie.

Y te has merecido 10 centavos por lo bien que lo hiciste.

¡10 centavos! Gracias, mamá.

- Pero lo rompí yo. - No te apures, fue sin querer.

Lo que me faltaba para comprar la química.

No. Comprarás dulces, caramelos o algo así. Como hacen otros chicos.

Los dulces te los comes y no queda nada, en cambio la química...

Si no hay caramelos no hay dinero.

Es que para mí solo serán demasiados dulces.

Repártelos con Tannie. Anda, ve.

Mamá, ¿por qué no le decimos la verdad a papá?

- ¿Te remuerde la conciencia? - No, pero él cree que me pegaste.

No estoy tan segura.

¡Basta de jugar, chicos! Fuera de aquí.

Llega el tren, atropella a alguno y luego serán las lamentaciones.

- ¡Largo de aquí! ¡Fuera! - Hola, Sr. McCarney.

¿Qué hacéis ahí? Os he dicho que os marchéis.

No quiero que molestéis. Andando, largo.

- ¿Mucho trabajo? - No, los domingos no hay mucho.

- ¿Quiere una pasta? - No, gracias.

Tengo muchas. Por 10 centavos me han dado casi una docena.

Bueno.

- Ya está ahí el tren. - ¿Qué os parece la faena?

Nosotros hemos de marcharnos y ellos se pueden quedar.

Se lo diré a mi padre. Si Tom puede jugar en la estación, yo también.

Tom, ¿por qué mandan los telegramas por alambre?

¿Por qué no pueden mandarlos por los raíles?

- Porque tocan tierra. - ¿Qué quieres decir?

- Hay cortocircuito. - Eres tan listo.

- Hola, Sr. Nelson. - ¿Qué hay, Tom?

- ¿Vamos a ver la locomotora? - Vale.

- Chico, ¿qué comes? - Pastas de coco.

- Véndeme una, ¿quieres? - Sí, señor. 10 centavos.

- ¿Te queda alguna más? - Puede apostarlo.

Tráelas aquí.

- Se necesita frescura. Subir al tren. - Aguarda que el Sr. Nelson se entere.

- Ahí tienes. - Gracias, señor.

- Chico, dame una. - Sí, señora.

- ¿Todo listo, Mac? - Listo, Nelson.

- Yo quiero otra, chico. - Sí, señor.

¡Vámonos!

¿Te quedan aún? Dame una, por favor.

- ¿Tienes cambio? - ¿Cambio...?

- Perdone, señora. - De nada.

¡Ya es tarde! ¿Qué hago? ¡No puedo bajar!

Veréis qué paliza le dará su padre cuando se entere de esto.

No seas demasiado duro con el chico, Samuel. No fue culpa suya.

No tenía ningún motivo para subir al tren.

Tenga cuidado, señora.

Buenas noches. Hasta mañana. Hola Tannie, para ti.

Ten mamá, esto es para ti.

¿Un cigarro, padre? Verás, es que tengo un pequeño negocio. Compré...

Es tarde. Dejemos esto para cuando estemos en casa. Vamos.

¡Vámonos!

Llegamos a Detroit y el Sr. Nelson, el jefe, consiguió que me admitieran.

Entonces compré la cesta y todo esto a crédito.

Hasta pinté esta insignia para la gorra.

Es una insignia muy bonita.

Ganarás mucho dinero con esto, ¿verdad, Tom?

No creo que sea gran cosa, por lo menos al empezar.

Pero cuando esté en marcha el negocio, seguro que sí.

Sí, claro. Quizá consiga permiso y poner vendedores en otros trenes.

Puede que pueda tener muchos trabajando para mí.

La gente compra mucho en los trenes.

- ¿No lo crees así, padre? - Esto no te librará de unos azotes.

- Pero si yo... - Déjate de disculpas.

- Te la mereces por subir al tren. - Eso no es justo. No fue adrede.

Esta noche no, Sam. Marchaos, quiero hablar con vuestro padre.

Lo que busca es ayudarnos de algún modo.

- Un hijo mío, baratillero. - Sólo hasta que vuelva al colegio.

- Nunca volverá, no le admitirán. - Sí le admitirán.

Y tal vez, cuando pase el tiempo, le entenderán todos como nosotros.

Esta batería no sirve. Necesito comprar otra.

Una de verdad con electricidad dentro.

Son muy caras.

¿Por qué no comprar electricidad y ponerla dentro de esta batería?

No se compra suelta la electricidad.

¿Sabes que la gente tiene electricidad en el pelo?

- Sí, ¿pero cómo se podría sacar? - Creo que conozco un medio.

Cuando todos se den cuenta de que no es un chico estúpido

sino un hombre de inteligencia extraordinaria y maravillosa...

- ¿De veras crees todo eso? - Estoy segura de no engañarme.

Tal vez no soy lo comprensivo que debiera.

Un padre y su hijo deben estar más unidos, conocerse mejor.

- ¿Por qué no hablas con él? - Lo haré uno de estos días.

Ahora está en el sótano.

Está bien.

SE NECESITA AYUDANTE PARA LOS SÁBADOS. CAPAZ Y FIABLE QUE

AYUDE A THOMAS EDISON DESPUÉS DEL COLEGIO EN LA ESTACIÓN.

Lo siento, eres muy pequeño.

- ¿Cómo te llamas? - Joe Dingle.

- ¿Cuántos años tienes? - Suficiente para darte un...

¿Qué empleo es este? ¿Cuánto se cobrará?

Es un empleo a comisión. Ya te lo he dicho, además, tú no sirves.

- Vete, no interesas. - El examen ha terminado.

Tannie será mi ayudante.

- A ella no le has hecho examen. - Tengo influencia con el jefe.

El jefe, ¿eh? Aquí hay algo para el jefe.

Vaya un modo de tratar a un hombre de negocios.

PARKER, ESTUDIO DE FILOSOFÍA NATURAL

PHELPS QUÍMICA PARA PRINCIPIANTES. DICCIONARIO CIENTÍFICO PARKER.

INVESTIGACIONES SOBRE ELECTRICIDAD DE FARADAY

Tom, si sigues comprando género así, no dejarás sitio a los equipajes.

Sí, señor.

- Buenos días, Sr. Nelson. - Buenos días.

Me parece que tendremos una guerra civil. Se abrió el fuego en el Sur.

Voy a telegrafiar a mi hermano en Nueva Orleans, no le sorprenda allí.

- Hola, Tom. - Hola, Sr. Hodges.

Póngala ahí dentro.

- ¿Está bien aquí? - Sí, muchas gracias.

¡Espere un momento, no le he pagado!

- ¿Cuánto le debo? - Dos dólares.

- ¿Cuánto? - Bueno, un dólar.

- Este monedero... - Que nos vamos, Tom.

Ahora voy. Tenga. Muchas gracias.

Si no te cojo a tiempo, te caes. ¿Por qué te entretuviste?

Esto debe sentir un reo cuando le ahorcan.

- ¿Te he hecho daño? - Sólo siento un zumbido en el oído.

- ¿Quiere una pipa, Sr. Nelson? - No, eso no tiene importancia.

- Acéptela, por favor. - Gracias, Tom.

Ya me hacía falta comprar una nueva.

- ¿Qué demonios es eso? - Es una prensa de imprimir.

- ¿A dónde la llevas? - A ningún lado. Es para mí.

- ¿La llevas a tu casa? - Encienda la pipa a ver cómo tira.

No tendrás tiempo de usar eso en casa. Siempre estás ocupado.

Eso me he dicho. Y he pensado instalarla aquí.

- ¿Cómo has dicho? - No se altere. Permítame...

Así que había gato encerrado.

Quiero imprimir un periódico y no tengo otro sitio que este.

¿Editar un periódico? ¿Y por qué no criar gallinas?

Escuche. Habrá una guerra y la mayor parte de los viajeros desearán noticias.

Nosotros las obtendremos por el telégrafo.

Cada vez que paremos en una estación, se las pediré al telegrafista.

Pero esto es un tren, no la redacción de un periódico.

No, pero la idea es patriótica. Si comunicamos las noticias

no sólo le hacemos un favor y un servicio a la compañía

sino que al mismo tiempo se lo prestamos a nuestro gobierno.

- ¿Comprende usted? - Muy bien, pero...

¿Qué ocurrirá si el superintendente se entera de todo esto?

Pues verá que somos unos leales y verdaderos patriotas.

- Que es lo que somos, ¿verdad? - Ya lo creo que sí.

Pero este trasto es lo último que te consentiré meter en el tren.

Sí, señor. ¿Otra pipa, Sr. Nelson?

HERALD. EL FUERTE SUMTER SE RINDE

EL EJÉRCITO DE LA UNIÓN VENCIDO EN BULL RUM. SORPENDENTE VICTORIA DEL SUR

EL PRESIDENTE LINCOLN LLAMA A LOS VOLUNTARIOS

- Hola, Tannie. - Hola, mamá.

¿Le diste a Tom sus chanclos y su bufanda?

- Creo que sí. - ¿Y esto qué es?

¿Cree que el ejército de la Unión irá al Sur a buscar al enemigo?

No puedo predecir el futuro, chico.

Supongo que tal vez nos encontremos a mitad de camino.

- Gracias, capitán. - De nada. Encantado de ayudarte.

- Tom, te he dicho mil veces... - Capitán, le presento a mi madre.

Encantado, señora. Ayudaba a Tom en su labor de corresponsal.

Gracias por su amabilidad. He venido para...

Iba al colegio a llevarle las chanclas a mi hija.

Las madres están en todo.

Tom me ha dicho que su marido es comerciante en grano.

Le aconsejo que vaya a Mariesville. El ejército está haciendo contratos

y tal vez su marido pueda conseguir uno.

- Gracias por la noticia. Se lo diré. - De nada, encantado.

- ¿Bueno? - Sí, mamá. Los llevaré.

¡Vámonos!

- Tom, una gran noticia. - Mantenme esto, mamá.

McElan, nombrado comandante en jefe de los unionistas.

Gracias, Sr. McCarney.

- Bueno, adiós, mamá. - Adiós, hijo.

- ¡Adiós, adiós! - Adiós.

Adiós...

¿Periódico? Gracias. "El nuevo comandante de los unionistas".

Capitán, ya tiene usted un nuevo jefe.

Ya lo sé. Y acertaron en la elección.

- ¿Quieres darme una regaliz? - Sí, señora.

- Gracias. - De nada.

Capitán, ¿le convendría al ejército una nueva clase de explosivo?

¿Un explosivo? Tienen ya muchas clases.

Seguro que no tienen ninguno como este.

Le llamo explosivo de alta potencia número uno de Thomas Edison.

- ¿Es algún invento de los tuyos? - Sí, señor.

No debes jugar con explosivos, Tom. Son muy peligrosos.

Cuando se trabaja por la patria, no importa el peligro.

¿Quiere verlo? Lo tengo en el bolsillo.

Veamos lo que has hecho.

¿De qué está compuesto?

Un poco de ácido sulfúrico, otro poco de ácido nítrico y glicerina.

- ¿Qué has dicho? - Sulfúrico, nítrico...

- ¿Y glicerina? - Sí, señor.

Pero, Tom, ¡eso es nitroglicerina!

¡Nitroglicerina!

- Tom, te prohíbo mover ni un dedo. - ¿Qué ocurre, capitán?

Apártese, este chico tiene un frasco de nitroglicerina.

Nitroglicerina... ¡Nitroglicerina!

- Cójala usted, Sr. Nelson. - Ni lo pienses. No te muevas.

Tiene que parar el tren. Si cae el frasco, volaremos todos.

Sí, lo mejor será que lo pare ahora mismo.

Quédate dónde estás y no te acerques a mí. Pararé el tren.

¡No! No haga eso. Pararíamos bruscamente.

Vaya a la máquina y diga que paren el tren poco a poco.

Está bien. Está bien.

No se pongan ustedes nerviosos.

- Capi... - ¡Quieto, Tom!

Quédate bien quieto.

Pare. Llevan nitroglicerina en un vagón.

¡Pare el tren! Llevan nitroglicerina en un vagón.

Pare poco a poco. Cuidado, por Dios. Cuidado.

- ¿Alguno tiene un cordel o un hilo? - Sí, señor, yo tengo.

Démelo. Rápido.

Ya está. ¡Cuidado con el frasco!

Bájalo por esa ventana.

Siga. Continuemos.

Está bien, señora. Está bien. Ya pasó todo.

Agua, por favor. Agua.

Llévate enseguida de aquí todos esos frascos. Que no los vea más.

- Sí, señor, ahora mismo. - Andando.

- Sr. Nelson, es que... - Deja de hablar y date prisa.

Trae el agua, corre.

¡Un cántaro de leche!

¡Estúpido, pedazo de idiota!

Si fueras hijo mío, te daría algo más que una bofetada.

- Ese bárbaro de Nelson. - Fue culpa mía, mamá.

Aún así no debió pegarte.

Qué desgracia. Trabajar tanto inútilmente.

Magnífico negocio. Sólo sacaste de él un dolor de oídos.

No hay mal que por bien no venga. Al paso que iba Tom, antes de

mucho tiempo, hubiera quebrado la compañía del ferrocarril.

- Estate quieto, no te muevas. - ¿Te duele mucho, Tom?

- ¿Cómo? - El oído, ¿te duele?

- Sólo un poco. - ¿Cree que oirá como antes?

Hasta que baje la inflamación, nada le puedo asegurar.

A veces no hay nada como un cachete para avivar la inteligencia de un chico.

Doctor, hoy no puedo pagarle. Tal vez la próxima semana.

Me voy a Mariesville a ver si me conceden un suministro del gobierno.

- Si tengo suerte, yo... - Le deseo mucha suerte.

Me marcho, que es muy tarde. Tom, Tom...

Haz lo que te he dicho y ya me dirás mañana cómo te va.

¿Cómo va ese dolor, Sra. Edison? ¿La molesta aún?

- No mucho, doctor. - Más vale así.

Y no se preocupe por lo del muchacho.

- Tom. Tom. - Di padre.

Hay algo que no voy a tolerarte. Son tus productos químicos.

Llévatelos, tíralos o haz de ellos lo que te parezca.

No quiero verlos ni un día más en nuestra casa.

- ¿Me has entendido? - ¿Pero por qué?

¡Porque lo ordeno yo y basta!

Es una buena razón.

Te daré otra razón si esa no te parece bien.

Porque no estás capacitado para esas cosas.

Eres un irresponsable y un... Y un...

- Loco. Eso es lo que piensas. - Te creía inofensivo,

pero ya no estoy tan convencido.

Un muchacho que lleva nitroglicerina en un tren y que arriesga la vida

de cientos de personas, no sólo es inconsciente. Es un loco de atar.

- Sr. Weaver, ¿podría darme trabajo? - ¿Me pides trabajo aquí?

Sí, ¿puede?

El idiota de Tom Edison quiere trabajar.

Anda, vete de aquí. Largo. Fuera.

Sr. Tomkins, ¿necesita un muchacho para ayudarle? Soy fuerte y...

Como tengas las espaldas tan fuertes como la cabeza...

- Sr. Briggs, ¿podría darme trabajo? - Claro...

El próximo verano a las dos. Largo de aquí.

Gracias, muchas gracias. Vuelva otra vez.

- ¿Qué quieres tú? - Sr. Dingle, quisiera un empleo.

- ¿Has dicho un empleo? - Sí, señor. Por favor.

Joe, escucha. Este idiota quiere un empleo.

- Vete de aquí. Fuera. - Largo. Vete de aquí.

¡El idiota de Tom Edison quiere trabajar!

¡Vete de aquí! ¡Largo, fuera de aquí!

¡Cállate!

Mamá, a Tom le pasa algo raro. Se fue abajo, al sótano.

- ¿Dónde has estado? - Buscando trabajo.

- ¿Encontraste? - Nadie se fía de mí.

¿Sabes por qué no? Porque dicen que...

No importa lo que digan.

Tienen razón, mamá. Hay algo raro en mí.

Mamá, ¿por qué no nos vamos de aquí? No es que me importe, pero

no soportaría que nadie dijera "Ahí va la madre del estúpido de Tom".

No quiero que hablemos más de esto. Tranquilízate y subamos a comer.

No tengo apetito. No quiero nada.

Está bien, hijo.

...me voy a Detroit a empezar de nuevo. Te quiero. Tom.

P.D. Besa a Tannie de mi parte. P.D. Te quiero más que a nada

en el mundo. Di adiós de mi parte a padre y a Bill. Tom.

¡Mamá! ¿Qué te pasa?

- ¿Y tu hermano? - En el sótano. ¿Estás mala?

Que avise al doctor. ¡Corre!

Tom, ve a avisar al doctor. Mamá se ha puesto mala.

Tom, ¿dónde estás?

Estupendo, chico. Yo no lo haría mejor.

- ¿Me recomendará usted? - Sí, sí. Claro.

¿Quién empleará como telegrafista a un chico de 16 años?

Tal vez quieran admitirme en Detroit.

- ¿Piensas marcharte de tu casa? - Acabo de hacerlo ahora mismo.

¿Lo sabe tu madre? Le darás un disgusto enorme.

Le romperé el corazón si me quedo.

- ¿Podría prestarme algo? Quiero... - Escúchame.

Te prestaré mi apoyo en todo cuanto pueda.

Pero nunca seré la causa de que le des un disgusto a tu madre.

Lo hago todo por ella. No tengo más remedio que marcharme.

- ¡Por favor, ayúdeme! - No, Tom, no debo.

Ya entiendo. Iré en la máquina si me deja McGuire.

- Pero no seas loco... - Eso es.

Usted es igual que todos. Pienso irme y no podrá impedírmelo.

No pienso impedírtelo, Tom. Pero tampoco te ayudaré.

Sr. McGuire, voy a Detroit, ¿me deja ir con usted en la máquina?

Lo siento pero está prohibido.

- ¿Qué haces aquí? - Mamá se ha puesto enferma.

El doctor dice que llamemos a papá y a Bill enseguida.

Pero si no sé dónde está papá. Traeré a Bill.

¡Vámonos!

Quédate con mamá. Eres mayor y y más inteligente. Yo traeré a Bill.

Eres demasiado pequeña para ir sola en el tren.

- Pero mamá te necesita. - Se lo diré al Sr. Nelson.

- Sr. Nelson, ¡espere! - A mí no me hables.

Deje subir a mi hermana. Ha de ir a Fraser cuanto antes.

Mi padre le pagará el doble, pero déjeme ir con usted.

¿Llevas encima explosivos, productos químicos o algo por el estilo?

- No, puede registrarme. - Por favor, déjela subir.

Va a buscar a mi hermano. Mi madre está enferma.

Bueno, está bien. La dejaré que vaya a Fraser.

Gracias, Sr. Nelson. Gracias. Vuelve mañana. En el número 7.

- Descuida, Tom. - Entra que te estás mojando.

- Te estaba esperando. - Mamá.

¿De dónde vienes que estás tan mojado?

De la estación, de hablar con el Sr. McCarney.

Quítate los zapatos enseguida.

Deben estar empapados.

Tom... procura...

No la he oído, ¿qué ha dicho?

- ¿Está muy grave? - Debería operarla enseguida.

- ¿Por qué no lo hace? - Porque no hay luz.

Una operación tan arriesgada no puedo hacerla con luz de petróleo.

¿Qué pasará entonces?

- ¿Ella va a...? - No. Has de ser valiente.

Tienes que...

- Mamá, ¿quieres alguna cosa? - Procura ayudar al doctor

en lo que necesite.

Dile a Tannie que se acueste pronto.

Eres el jefe de la familia hasta que tu padre vuelva mañana.

- ¿Te duele mucho el oído, hijo? - No, mamá. Contigo no me duele nada.

- ¿Mamá? - ¿Qué, hijo?

Me había escapado de casa.

Hijo...

- Te había escrito una carta. - Sí, cariño.

Cuando pienses así escribe una carta.

Resume en ella tus impresiones, léela luego y sentirás haberla hecho.

- Me enfadé con papá. - Ya te entiendo.

Si nos sentimos heridos en nuestro orgullo, alguien ha de pagarlo.

Para eso estamos las madre y los padres.

No me separaré de ti nunca.

Desde luego que no, hijo. Anda vete ahora...

y ayuda en lo que puedas al doctor.

- Doctor... - Las siete aún.

- Diez horas hasta que amanezca. - ¿No es arriesgado esperar tanto?

Cada minuto que pasa, la infección aumenta de una manera enorme.

- Tenemos lámparas. Diez o quince. - Esas lámparas no sirven, hijo mío.

Doctor...

Escuche, creo que ya está resuelto. Tengo una idea.

- Pero oiga, verá usted... - Cálmate, cálmate.

- No hagas ruido. - Pero doctor...

¡Sr. Dingle, Sr. Dingle!

¡Sr. Dingle! ¡Sr. Dingle!

- ¿Qué es lo que estás haciendo? - ¿Dónde va a operar cuando tenga luz?

Aquí, en el comedor. Creo... ¿Pero qué es eso?

Un espejo refleja la luz aumentándola. Poniendo delante muchas lámparas...

- Tonterías. - Doctor...

- Tom, Tom... - Calma, calma.

Dr. Pender, Dr. Pender...

Déjame ahora, Tom. Anda, vete fuera.

Si lo tengo todo arreglado.

- ¿Qué te pasa? - Que quiero salvar su vida.

¿No dijo que necesitaba luz? Ahí la tiene. Mírela.

¡En el nombre de Dios!

La operaré, Tom. Trae mucha agua. Agua hirviendo. Sábanas limpias,

toallas. Un par de mantas. Y trae a la Sra. McCarney.

- Voy a operar. - Gracias, señor.

- Doctor, ¿cómo está? - Lo sabremos enseguida.

Hijo, tu idea del espejo fue una inspiración.

¡El espejo!

Habrán entrado durante la noche.

¡Bandidos, ladrones! ¡Me han robado!

Avisen al sheriff. Me han robado un espejo.

- Avise al sheriff. - Aquí está el espejo y el ladrón.

- Lo siento, me hizo falta... - Nada de disculpas.

Me has robado el espejo y me las vas a pagar. Te voy...

¡Ahora te enseñaré a destruir lo que no es tuyo!

¡Duro con él!

Un momento. Ha robado ese espejo de mi tienda y lo ha hecho pedazos.

- ¿Eso es verdad? - Sí, señor. No tuve más remedio...

Vete a casa que luego te arreglaré. Y saca las manos de los bolsillos.

- Pero ha sido porque... - Vete. ¿No me has oído?

- Lo siento, Dingle. - Le costará 12 $ con 50.

- ¿Qué hay, doctor? - Estará bien enseguida, Sam.

- ¿Quién estará bien? - Nancy, por supuesto.

- La he operado anoche. - ¿Operado?

Nancy, no lo sabía. Acabo de saberlo.

No te preocupes, Sam. Ahora ya estoy mejor.

¡El puente del tren se ha hundido!

- ¿Qué ha ocurrido? - ¡Se hundió el puente del tren!

¡El puente se ha hundido!

¿Es que no puede comunicar?

Quita, déjame.

Es inútil. No puedo conectar. El cable está roto.

El número 7 pasará en 3 minutos y no hay otro modo de avisarle.

Se destrozará. Caerá en el río a 60 kilómetros por hora.

- Mi mujer va en ese tren. - Y mis hijos.

¡Cálmense, por favor!

- Sr. McCarney. - Déjame, Tom.

- Tal vez, si pudiera... - Haz el favor de dejarme en paz.

- ¿No ves lo que ocurre? - Es que yo había...

¿No has oído lo que te han dicho, estúpido?

¡Mis hermanos vienen en ese tren! ¡Tengo derecho a estar aquí!

Vete ya y no molestes ahora. Y no vuelvas a aparecer por aquí.

Es el hijo loco de Edison.

- Yo puedo telegrafiar al tren. - El cable está roto.

- Dice que puede telegrafiar al tren. - Pero no necesito los cables.

¿Oyen? Lo hará sin cables. Lárgate de aquí...

Sr. Miller, puedo parar el tren número 7 si usted me ayuda.

Déjate de tonterías y baja de la máquina.

Sr. Miller, yo puedo avisar con el silbato. Escuche.

Muy bien, Bob. No hay tiempo que perder.

¿Quién toca ese silbato? No es ocasión para...

Escuchen. Es Morse.

"D". "E".

¡Deténganse!

- Eso puede servir. - No lo entenderán. Es Morse.

Tannie va en el tren. Ella lo entiende, ¿verdad?

¿Crees que irá en el tren esperando a que la telegrafíes?

No, pero oirá su señal de llamada. Por favor, Sr. McCarney.

Tenemos que hacer algo. Intentaremos esto.

Miller, acércate cuanto puedas al río, corre.

Tom, encárgate de ello. No puedo abandonar la estación.

- Que tengas mucha suerte. - Desengancha, Fred.

Tannie, por favor, escúchalo. Por favor, Tannie.

Bill, ¿por qué silban de ese modo?

- No lo sé. - Escucha, suena como si...

Son puntos y rayas, ¿sabes? Hablan con Morse.

Raya, punto, raya. Raya, punto, raya. ¡Pero si esa es mi llamada! Es Tom.

Tren número 7 alto tren corre peligro. Lo que quiere es que pare el tren.

Por eso silban así. Escucha. Sr. Nelson, ¿oye esos silbidos?

- Claro, ¿te crees que soy sordo? - Alguien quiere que pare el tren.

Escuche. Siete...

"S", "E". ¡Hay peligro, deténgase!

De acuerdo Tannie. Es un Edison, todos están tocados. Ya conocerá a Tom.

¡Ya oigo al número 7! ¡Se acerca al puente!

¡Sr. Nelson, intentan decirnos que el puente se ha roto!

Ah, sí, bien. El puente se ha roto.

¡El puente se ha roto!

- ¡Tom, los has salvado! - Ha sido Tannie.

- ¡Salvados! - Calma, calma.

- ¡Muy bien, gracias, Miller! - No me las de a mí. Ha sido Tom.

¿Ve, Sr. Nelson? Ya le dije que era Tom.

- ¡Tom, eres un héroe! - ¿Yo?

¡Yo no lo he hecho! ¡Has sido tú!

Sr. Miller, yo sólo toqué el silbato. Tannie paró el tren.

No te preocupes. Hay gloria suficiente para los dos.

¡Nos vamos a decir que no os ha pasado nada!

¿Qué opina ahora de mi hermano, Sr. Nelson?

Es el chico más listo que conozco. Lo he dicho siempre.

Y ay de aquel que se atreva a opinar lo contrario.

- ¿Pero y el puente? - Ya todo está bien.

¡Todo bien...!

Están a salvo. Tom detuvo el tren.

Tom, si ahora no te conceden un puesto de telegrafista, te doy el mío.

Estupendo, eso es hacer bien las cosas.

- Estoy orgulloso de ti. - Pero Tannie fue quien oyó...

No me refiero sólo a esto, sino a lo que hiciste para salvar a tu madre.

- ¿Cómo está, padre? ¿Está mejor? - Sí.

¿Por qué no me explicaste lo del espejo?

- No me dejaste. - No me acordaba. Tienes razón.

- ¿Cuánto valía el espejo? - 12 dólares con 50.

Hemos de arreglar cuentas con Dingle, ¿no te parece, hijo mío?

- Creo que le debo algo, Dingle. - 12 $ con 50 del espejo.

- Y 2 $ con 50 del escaparate. - Bien, en total 15 dólares. Tenga.

- Ahora estamos en paz. - No del todo.

Hay algo más que le debo. Tom, saca las manos de los bolsillos.

- Anda, entiéndete con Joe. - Sí, señor.

Pero escuche, esto es un atropello. No tiene derecho...

Adiós, Dr. Pender. Sr. Weaver. Adiós, Sr. Jackson.

Hablo en nombre de la compañía y en el mío también.

Te damos este cargo porque eres competente para desempeñarlo.

- No por tu acto heroico. - No me importa por qué me lo dan.

Has demostrado que eres un gran telegrafista

y con el tiempo llegarás a ser el orgullo de nuestra compañía.

- Ya lo verás. - Gracias.

Sr. Edison, el Sr. Jackson, superintendente de la línea.

Sr. Jackson, este es el padre de Tom.

- Tanto gusto. - Encantado, Sr. Jackson.

- Adiós, Tom. - Adiós, Tannie.

Mamá dice que no te olvides los chanclos y la bufanda.

Gracias.

Adiós, mamá.

- Te echaré mucho de menos. - Que Dios te bendiga. Adiós, hijo.

- Adiós, hijo mío. - Adiós, papá. Adiós a todos.

Te olvidabas esto. Un pastel de manzana y leche.

¿Un pastel de manzana y leche? Aguántame esto, Tannie.

- Mamá. - ¡Vámonos!

- Adiós, Tom. - Adiós, Tom.

Antes él era el hijo de Samuel Edison. Ahora soy el padre de Tom Edison.

Y aquel muchacho tan curioso que quería conocer el secreto de

Io que aún estaba oculto, siguió su camino para ofrecer al mundo

grandes inventos que proporcionaran más comodidades y mayor seguridad.

Thomas Edison vivió desde su juventud una vida de aventuras.

Conoció la desesperación y el triunfo.

Y llegó a ser uno de los hombres más importantes del mundo de la ciencia.

Pronto tendrán la oportunidad de ver a Edison hombre

interpretado por Spencer Tracy.

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