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Lo único que pretendemos es curar tu mente,
librarte de los instintos que te han convertido en homicida,
conseguir que seas un hombre digno, honrado, útil a la sociedad.
Y vamos a intentarlo.
Hace unos años te hubieran llevado a la horca
o a la cámara de gas,
o te hubieras pasado la vida en una prisión.
En cambio, ahora intentaremos integrarte como elemento útil
dentro del orden establecido.
Relájate, no pienses en nada.
No pienses, no pienses.
Primera fase.
(Pitidos, gritos)
Reducción.
(Continúa la música)
Segunda fase.
(Pitidos, gritos)
Reducción.
Tercera fase.
(Pitidos, gritos)
Reducción.
-Yo, siempre seguro de mí mismo con mi nuevo slip Panther dorado,
el secreto de la íntima virilidad.
-¡No, no y no! Pero ¿no entiendes, Bruno?
¡No se trata de que tú te luzcas, sino de que anuncies el producto!
-Pero bueno, yo creo que... -¡Tú no tienes que creer nada!
Fíjate en mí. -Sí.
-Yo, siempre seguro de mí mismo
con mi nuevo slip Panther,
el secreto de mi íntima virilidad.
Bien... ¡Bien!
¡Preparados para otra prueba!
Atentos, motor... -¡Rodando!
-¡Acción!
(Violín)
(Conversaciones)
(Conversaciones)
¿Este es nuevo, verdad? -Sí, nunca le había visto.
No tiene mal aspecto. Algo mayor, no creo que sea peligroso.
(Conversaciones)
(Continúa el violín)
Quiero que entre nosotros todo quede bien claro desde el principio.
Yo hago esto por dinero. (RÍE) Me lo imagino.
Este, bueno, no es mi trabajo. Yo hago spots para la televisión,
lo que pasa es que tengo una mala racha y necesito dinero.
Quizá voy a resultarte muy caro.
No te preocupes, no vamos a discutir por dinero.
Claro que eso me permitirá ser exigente, ¿verdad?
(RÍE) Te garantizo que no quedarás decepcionada.
(RÍEN)
(Música)
¿Comprendes? Para poder dedicarse a estas cosas,
para anunciar productos comerciales hay que tener un cuerpo tan bello
y tan perfecto como el mío, que atraiga, que fascine incluso.
¿No estás de acuerdo? Estoy de acuerdo, eres muy bello.
Con este tórax, me pongo una camisa y ¡zas!, la camisa se agota.
Un pantalón puesto sobre estas piernas es éxito seguro.
¿Qué te voy a decir yo?
Hasta unos guantes que me ponga en las manos
se venden por el mero hecho de que los llevo yo.
Soy el maniquí ideal, el modelo perfecto.
Sí, eres perfecto. Por eso te elegí entre los otros muchachos.
Lo comprendo. Nada más verte supe que eras una mujer de buen gusto.
Perdona, soy un imbécil.
Un imbécil que solo ha servido para anunciar productos imbéciles
para una gente aún más imbécil que los consume.
Pero ¿qué te ocurre?
No lo sé.
Todo me parece irreal esta noche.
Tú, esta casa...
¿Por qué?
Porque de pronto me gustaría que tú no me hubieses conocido
en el sitio que me has conocido.
También me gustaría que tú fueras de otra manera.
¿Cómo?
No lo sé, no sé decírtelo, no quisiera ofenderte.
Dilo, dilo. ¿Cómo te gustaría a ti que yo fuera?
Pues tal vez rubia, bella, joven.
Perdóname, ya te lo he dicho, no quisiera molestarte.
Soy un grosero, ¿verdad?
(Continúa la música)
(Viento)
(Ladridos)
(Música suspense)
(Motor)
(Pulsaciones)
(Pulsaciones más fuertes)
(GRITA)
(Música)
(Pitidos, gritos)
Hemos terminado, pueden retirarlo.
Doctor, el director quiere hablar con usted. Le espera en su despacho.
Gracias.
La policía os ha pedido ayuda para aclarar lo de los jóvenes asesinados.
¿Y qué tipo de colaboración podemos prestarle?
Verá, dadas las características que presentan las víctimas,
se sospecha que alguien relacionado con la medicina o la cirugía
pueda ser el culpable. Pero ¿por qué?
Es una punzada exacta que difícilmente
resultaría tan efectiva si no estuviese dada
por alguien que tenga conocimientos de anatomía.
Además, parece ser que el arma homicida es un bisturí.
¿Un bisturí? Sí, un simple e inofensivo bisturí.
Resulta irónico, ¿verdad? (RÍE)
¿Y la policía no tiene ninguna pista?
No, pues recurren a nosotros. Pero ¿qué podemos hacer?
Desde que nos encomendaron las primeras experiencias
de recuperación de delincuentes, piensan que vamos a ser
el remedio para todo.
Yo personalmente no entiendo qué puedo hacer.
Está claro, doctor Sender,
usted es un especialista en psicoterapia criminal,
conoce muy bien la profesión médica
y también puede captar quiénes son sospechosos
de tener instintos criminales.
Sería muy interesante que usted redactase un informe
lo más detallado posible, ¿comprende? Comprendo.
(Pitidos)
Dígale al comisario general que cuente con mi colaboración.
Dígale también que siga enviándonos más gente para las experiencias,
se están logrando muy buenos resultados.
De acuerdo. Bien, gracias.
De todas formas, me parece que los medios de información
han dado al caso un excesivo tremendismo.
¿Tú crees? Naturalmente.
El autor de sus asesinatos no es más que un pobre desequilibrado.
Recuerda al destripador de Londres, del que incluso se llegó a decir
que también era médico o el vampiro de Düsseldorf.
Entonces piensas que con unas sesiones de tu nuevo tratamiento
esa persona volvería a ser normal, ¿no?
Sé que no compartes mis ideas, pero no te quepa duda.
Le convertiría en un hombre digno, normal, observador de las leyes.
Es curioso, siempre se habla de un hombre,
de un asesino, de un sádico homosexual.
¿Y no podría ser una mujer?
Gracias.
Te extrañará que siga viviendo aquí, ¿verdad?
Sí.
Lo único que puede traerte esta casa son malos recuerdos.
Ya... Perdona, no he querido...
No te preocupes.
Tampoco me gusta que la gente se sienta violenta
al hablar de mis padres.
(Ladridos)
Mis padres siempre fueron lo que se llamaba entonces
un matrimonio moderno de aquellos que se enamoraron fumando
unas extrañas hierbas y escuchando música.
A su manera, también intentaron romper con todo.
¿Con todo?
Con nada, Víctor.
Absolutamente con nada.
Eran pequeños burgueses que jugaban a rebelarse
contra lo que ellos mismos representaban.
Mi padre se pasó la vida intentando encontrar una ideología,
intentando contraer un compromiso,
pero por encima de aquellos pósters pegados en las paredes,
por encima de los libros que se dejaban entre los amigos,
existía ya para él
un compromiso que le perseguía desde su nacimiento.
Un día murió mi abuelo materno.
Les dejó esta casa y bastante dinero.
Aquí fueron languideciendo poco a poco, día a día.
(Ladridos)
Aparecieron muertos una mañana, barbitúricos.
Ni siquiera en eso fueron originales,
pero fue horrible.
Perdona.
No debí sacar nunca ese tema.
No, Víctor, por favor.
Escúchame, Ana.
Yo no estoy buscando ninguna aventura,
tú no eres un pasatiempo para mí.
Es ya muy tarde, Víctor. Tengo sueño y me duele la cabeza.
Comprendo.
No te enfades, Víctor.
Pero ¿es que no lo has entendido? Sé que puedo hacerte feliz.
No creo en fabricantes de felicidad.
Hasta mañana, nos veremos en el hospital.
(Ladridos)
(Puerta)
(Música)
¡Tú, despierta! ¿Dónde están los otros?
Se han ido por ahí, están buscando un nuevo refugio.
¿Y por qué no me han avisado? Yo conozco un buen sitio.
Bueno, verás, David...
Tú y yo siempre nos hemos llevado bastante bien y...
¿A qué viene eso? ¿Qué pasa?
Dicen que tú estás muy raro desde la pelea con Mik,
desconfían de ti. ¿Qué más?
Bueno, verás...
El dinero desapareció hace una semana.
Entonces tú estabas muy resentido por lo que hizo el jefe
y, claro, ellos piensan... Piensan que yo en venganza
me llevé el dinero, ¿no es así?
Sí.
Creen que tú fuiste al sitio donde lo escondimos y te lo llevaste.
(RÍE) Qué graciosos.
Si yo me hubiera querido vengar,
nunca me llevaría el dinero sin antes partirles la cabeza.
Yo les dije que tú no harías una cosa así,
que fueron los de la banda de Bingo, pero ellos...
Tú deberías convencerles.
Yo no tengo que convencerles de nada.
Diles que me vayan olvidando, pienso actuar solo.
Ten cuidado, David. Son muy peligrosos.
No me dan miedo.
(Música ópera)
(Conversaciones)
(Continúa la música)
(Continúa la música)
(Retrete)
Perdón.
Toma, despacio.
Ten.
(Continúa la música)
¿Esperas a alguna amiga?
No. ¿Y tú? ¿Has quedado con alguien? Tampoco.
¿Vienes mucho por este club? Pocas veces.
Únicamente cuando me encuentro demasiado solo.
(Ladridos)
Oye, vives muy lejos, ¿no?
(RÍE) No te preocupes, enseguida llegamos.
(Ruido)
(Motor, ladridos)
(Puerta)
Siéntate. ¿Te apetece algo de beber?
No. Me gustaría oír algo de música.
Lo malo es que no tengo más música que una selección de valses.
¿Valses? ¡Me encantan!
(Ruido)
¿Qué ruido es ese?
¿No decías que estabas sola en la casa?
Deben ser los perros.
Suelen juguetear a veces junto a la ventana.
Voy a poner la música.
(Música)
¿Me permites este baile? Será un placer.
(AMBOS) Oh...
Ahora sí me tomaría algo de beber. (RÍE)
Oh...
Voy a por algo.
(Latigazo)
Conque va a trabajar por su cuenta, ¿eh?
-Eso dijo. -Ya os dije que había sido él.
-Vaya con David.
Será cuestión de vigilarle.
Si vemos que maneja mucho dinero, ya sabéis lo que tenemos que hacer.
Bueno, me voy. ¿Te vas tan pronto?
Ya nos hemos divertido un rato, ¿no? ¿Qué más podemos hacer tú y yo?
Bueno, imagino que se pueden hacer muchas cosas
además de bailar un vals y tomar una copa.
Un momento, a ver si yo...
Cuando te vi con ese aspecto y en aquel club
me imaginé que no te gustarían los hombres.
(RÍE) Pues te equivocaste de lleno. Me gustan los hombres y mucho.
Bueno, verás... Es que yo, pues...
Muy bien, si quieres irte, vete.
Puedes marcharte sin ningún compromiso.
Cuando nos conocimos,
te dije que únicamente iba a ese club cuando me encontraba demasiado solo.
Según parece, yo no puedo remediar tu soledad.
Vuelve a ese club y busca lo que necesitas.
¿Sabes? Tú serías la primera mujer.
No tienes por qué hacer algo que no te apetece.
A veces me gustaría ser de otra manera.
Tal vez tú lo puedas conseguir.
Nadie debe intentar cambiar a los demás.
Todos tenemos derecho a ser como somos.
Ven, acompáñame.
(Reloj)
(Música suspense)
(Caja de música)
(Reloj)
No te consideres un héroe por esto,
tú estás condenado a vivir lleno de soledad.
Es posible. ¿Y sabes por qué?
Porque no quieres aceptarte tal como eres.
Yo no quiero ser como esos chicos que has visto en el club.
¿Y por qué?
Tal vez por lo que tú has dicho, porque no sé aceptarme como soy.
Cuando salí del centro superior de enseñanza,
me hicieron una prueba psicoelectrónica.
La ficha que me dio la computadora venía señalada con una letra H.
Estaba marcada con puntitos que perforaban la cartulina.
Aquella noche televisaban un lanzamiento espacial.
Hablaban del superhombre del siglo XXI.
Y yo sin darme cuenta me puse a llorar.
(Pulsaciones)
(GRITA)
(Ladridos)
Transmitimos desde el lugar exacto en que ha sido hallado
el nuevo cadáver. Desde hace un par de horas
la policía examina minuciosamente los alrededores.
Según he podido deducir, la policía se encuentra de nuevo
en una situación comprometida. -¡Detened la ambulancia!
Estoy por asegurarles que no han hallado ningún elemento clarificador.
-La víctima, otro joven como los tres anteriores,
se llamaba Román Mendoza, 18 años recién cumplidos,
moreno, 1,72 m de estatura, ojos claros,
era estudiante de biología, primer curso,
vivía con su familia en el barrio oeste.
Doy paso a los publicitarios.
(Sirenas)
Hola, capitán. -Buenos días.
-Empieza a resultar monótono, ¿eh?
De nuevo con ustedes. A mi lado verán al capitán Brock.
Capitán, se trata de un asesinato igual a los otros,
por lo que he podido comprobar.
Creo que nos encontramos ante un mismo criminal, ¿no?
-Nada que contestar. -Nada que contestar, ya lo oyen.
La policía siempre nos presta la máxima ayuda.
Eh, capitán, ¿podríamos filmar unos planos del cadáver?
-Ahora no. -¿Por qué?
-No hay respuesta. -No hay respuesta, ya lo oyen.
Y así, meses y meses.
¿Se atrevería a decirme delante de 15 millones de contribuyentes
que han sido incapaces de descubrir una sola pista?
-Nada que contestar. -Amigos, créanme,
esto llega demasiado lejos. Y son ustedes, todos ustedes,
los que deben hacer fuerza.
Evidentemente, la policía está fallando, ¿no creen?
Doy paso a los publicitarios.
Vale, Pablo, corta. -Sujeta la cámara, Raúl. Gracias.
Bah, policías.
(Música tensión)
(Ladridos)
Me extraña que estos perros se dejen acariciar.
Son unos fieras.
El día menos pensado les van a dar un disgusto a mis señores.
Ah, pues lo tendré en cuenta.
Y tú quién eres, ¿la que cuida los perros?
No, hombre, soy la doncella de la casa.
Ah, eso que utilizan los ricos para...
servir la mesa, limpiar la casa, hacer los recados...
Una especie de... electrodoméstico humano, ¿no?
Una cosa así más o menos.
¿Cómo dijiste que te llamabas?
¿De verdad ya se te ha olvidado? Isabel.
Tengo mala memoria. David.
¿Cómo dices? Pues que me llamo David.
Pero si no te gusta me cambio de nombre.
(RÍE COQUETA)
¿A qué te dedicas? ¿Trabajas por aquí?
Algunos días. ¿Cómo "algunos días"?
Quiero decir que no me gustan los trabajos fijos.
Pues en la televisión no dejan de repetir
que para ser útil a la sociedad
hace falta trabajar desde un puesto especializado.
Ah, ¿sí?
¿Dicen eso?
Vaya con la televisión.
Te diré un secreto:
a mí me tiene sin cuidado eso de ser útil a la sociedad.
No hables así. Cualquiera que te oyera...
Yo no tengo miedo.
¿Qué más da que me oigan?
No quiero ser útil a la sociedad.
(CON ECO) ¡Quiero ser inútil!
¡Inútil!
Vestida así estás muy bonita. (RÍE COQUETA)
Hoy estoy sola en casa. Mis señores han salido de viaje.
Bien.
Entonces tomaremos una copa y te haré compañía.
Es que, no sé, apenas nos conocemos.
Ah, yo te prometo que, si me dejas entrar,
acabarás conociéndome profunda e intensamente.
Voy a poner un poco de música.
Mis señores tienen una música antigua muy bonita.
No me gusta la música.
Y menos si es antigua.
Como quieras.
¿Quieres que vayamos arriba?
¿Y qué hay arriba?
No, no, no, no me lo digas. (RÍE)
Ya sé... ¡Tu habitación!
No. Mucho mejor.
La habitación de los señores.
Pero eso sería una falta de respeto.
Seguro que la televisión
no aconseja hacer el amor en las habitaciones de los señores.
¿O sí?
No seas tonto.
Venga, tú me gustas de verdad.
Vamos, ¿qué te ocurre?
Antes...
quiero darte un pequeño obsequio.
¿Lo ves?
(Caja de música)
No hace falta que subamos.
Es esto lo que necesitas, ¿verdad?
Hasta tienes música.
Si quieres, podemos bailar.
En honor a la verdad...
he de decirte que este disfraz te sienta mejor que el del otro día.
Te da un aspecto más... más femenino.
¿Fuiste tú quien entró por la ventana, verdad?
Ajá.
¿Lo viste todo?
No, casi todo.
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