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Maldita sea.
Seré franco con ustedes.
El arte no existiría sin las críticas.
No existiría.
Me gusta pensar en mí y en mis colegas críticos, como un equipo,
como los bancos de un río, y el arte es el agua que fluye entre nosotros.
Y trabajamos para canalizar este flujo,
guiarlo y, hasta diría, contenerlo.
Porque sin los bancos, incluso los más grandes torrentes serían, ¿qué?
Llanuras aluviales, extensiones apáticas de lodo y moscas.
Ahora, damas y caballeros,
por favor, examinen esta pintura.
¿Qué sienten?
Indiferencia, ¿estoy en lo correcto?
No los conmueve.
Seamos honestos, esto no es más interesante que su fondo de pantalla ordinario, ¿o no?
Miren las pinceladas, tan... Tan toscas y torpes.
Como un cuadro de un niño, ¿no?
¿Alguno de ustedes conoce el trabajo de Nils Ingen?
Bueno, no se avergüencen. No es muy conocido en EE.UU.
No se avergüencen. No es muy conocido en EE.UU.
Les contaré algo sobre Nils.
Nils tenía 16, era una especie de prodigio, cuando los nazis invadieron Noruega.
Tras el primer año de la ocupación, él y su
hermana melliza se unieron a la Resistencia.
Fueron traicionados.
Traicionados, arrestados y transportados al campo de concentración de Buchenwald.
Nils se mantuvo a sí mismo y a su hermana
con vida pintando retratos de los oficiales.
Y esto fue algo de lo que se avergonzó al finalizar la guerra.
Así que Nils juró dos cosas:
Nunca volver a pintar una figura humana
y nunca volver a tocar un pincel.
Y, por eso...
...el acabado áspero de la pintura.
Todos los lienzos de Nils de la posguerra se realizaron
con espátulas o con sus dedos.
Nils tituló esta obra en particular, Nora, en honor a su hermana.
Ella murió en 1955 de tuberculosis,
de la que se contagió en Buchenwald.
Y esa forma...
Y esa... Y esa forma...
Esa forma gris, vagamente aviar...
algunos la consideran una representación del alma de Nora,
soltando sus lazos terrenales, libre al fin, tras soportar tantos horrores aquí.
Esta fue la última pintura de Nils.
Tras la muerte de Nora, se rehusó a comer
y sólo bebió agua en los siguientes 27 días.
Continuó trabajando en su lienzo mientras se debilitaba
y, según dicen, esa figura en forma de ave
fue el último detalle que agregó.
Así que supongo que podrían percibir esta pintura...
como una carta de suicidio.
A cri de coeur, unas famosas últimas palabras, el llanto del corazón.
Ahora se ve como una pintura diferente, ¿no es así?
Parece una pintura diferente ahora.
- ¿No es así? - Absolutamente.
Hay algo conmovedor en ella, que no habían notado antes,
y tiene una habilidad mucho más técnica de lo que supusieron al inicio.
Y todo eso simplemente por lo que yo, como crítico
y como experto, compartí con ustedes.
Supongo que podrían decir que moldeé su experiencia de esta pintura.
¿Alguien quisiera una copia?
Voy a...
Voy a compartir un último detalle con ustedes.
Todo lo que les dije sobre Nils y Nora...
Mentiras. Mentiras.
Mentiras. Un montón de mentiras.
Yo pinté esa pintura.
Es basura. Y pueden verlo, ¿cierto?
Me tomó 30 minutos.
Y sólo es pintura lanzada sobre el lienzo sin cuidado ni inspiración.
¿Alguien sigue interesado en una copia?
No, eso pensé.
Yo sólo les hice creer que era una pieza maestra.
Ustedes me creyeron, admítanlo.
Eso, mis amigos, es el poder de la crítica
y, por eso, deben cuidarse de alguien como yo.
Gracias. Gracias.
Usted no es como imaginé que se vería un crítico del arte.
Bueno, debe saber lo que dicen del libro y su portada, ¿señorita...?
Hollis. Berenice Hollis.
¿Le interesa el arte, señorita Hollis?
Sólo vine por las patatas fritas.
No se ofenda, señor Figueras.
Estoy en un momento de mi vida en el que aprecio las cosas gratis.
Ya veo.
En cuanto a esa pintura...
Quisiera una copia.
No hay ninguna.
Eso fue simplemente lo que llamarían un gesto oratorio.
Usted es uno de esos.
- ¿A qué se refiere? - Un mentiroso.
Eso es algo fuerte, ¿no le parece?
Al que le quede el guante.
Sí.
Lo siento.
¿Quieres agua?
¿Alguna vez te preguntas cuando algo está comenzando, cómo terminará?
¿Como qué?
Cualquier cosa. Nosotros, por ejemplo.
En una semana estaré planeando nuestra boda.
Luego te llevaré a un lanzamiento, y al mirar al otro lado del salón,
te veré hablando con un artista,
un artista de hombros anchos, un escultor.
De manos grandes.
Y a medida que te vas con él, me dirás adiós.
Y yo me subiré a lo alto de la cúpula y me arrojaré a la pena.
Me vas a hacer tu puta.
Venderé mi cuerpo para apoyarte mientras visitas tus galerías,
escribes artículos y bebes champán con tus amigos de alta sociedad.
- Por amor. - Así es.
Contraeré alguna enfermedad, perderé mis dientes, quedaré ciega...
- No. - ...estaré muerta en un año.
Todo por amor.
Tendremos bebés.
Una niña, Amy, y un niño, Matt.
Nos mudaremos a Estados Unidos, a Connecticut probablemente.
Compraremos una casa, con un columpio en el porche y un arroyo.
Tonterías.
Claro. Y un muro de piedra.
Y yo moriré primero.
Tendré una clase de cáncer prolongado y tú me cuidarás durante mi enfermedad.
Y luego morirás tú.
Nuestros hijos insistirán que moriste de pena moral.
Me levantaré.
Me ducharé y me iré.
Nunca volveremos a vernos.
Lo único que tienes que hacer es mentir y dejar que pase.
¿Entendiste?
Entendido.
Adelante.
¿Quieres un estimulante?
Claro.
¿Qué harás este fin de semana?
¿Qué?
Debías invitarme a salir antes de follarme.
- ¿Has oído de Joseph Cassidy? - ¿El comerciante de arte?
- Sí. - Me invitó a su finca.
Tienes amigos millonarios.
- Bueno, nunca lo he conocido. - ¿Y por qué te invitó?
Supongo que quiere que escriba un catálogo para su colección,
y sería excelente si consiguiera ese trabajo.
Y te apuesto que tendrán bocadillos de pepino gratis.
¿Qué dices?
- ¿Tú serás el chofer? - ¿Nos turnamos?
James, hola.
Soy Louisa, Louisa Prentes.
Es extraño que te llame por esto,
pero mi banco rechazó el cheque que me diste.
¿Me podrías llamar? Gracias.
¿Quién murió, pequeña?
Tu pobre noruego.
Sigo pensando que era real.
Él fue real.
- Dijiste que te lo habías inventado. - No, sólo el final.
Nils y Nora existieron,
y Nils sobrevivió un tiempo en Buchenwald pintando a oficiales alemanes.
- Un tiempo. - Un tiempo.
En la pintura medieval, la mosca representaba el pecado,
así que si un artista incluía una mosca en un retrato, por ejemplo,
significa que esa persona estaba condenada.
Imagino que ya sabes lo que sigue.
Nils pintó moscas sobre los alemanes.
Así es.
Por desgracia, el comandante de su campo era como un historiador de arte aficionado
y se ofendió, y Nils fue destripado como un venado,
- y arrojado al monte... - Basta.
...para que las moscas se deleitaran.
Tú me lo preguntaste.
¿Qué hay de Nora?
Nora pasó su años de posguerra en París, bebiendo mucho y pintando algo.
No muy bien, por desgracia.
Se consumió, básicamente.
La pintura que nos mostraste era de Nora, ¿cierto?
¿Por qué no lo dijiste?
Porque mi historia es más conmovedora, con Nils muriendo de hambre y eso.
Sí, pero no es verdad.
- ¿Eso qué importa? - Claro que importa.
De eso se trata el arte, ¿no? De la verdad.
No.
Digo, linda, si se tratara de contar la verdad, cualquiera podría hacerlo.
Mi trabajo es separar las buenas mentiras de las malas.
¿Y cómo lo haces?
Bueno, ¿en verdad te llamas Berenice?
¿Por qué me inventaría eso?
Ese no es un sí.
Tampoco es un no.
Está bien.
Vamos por las maletas.
El almuerzo es en una hora. Por favor, sean puntuales.
Gracias.
Cuando era niña...
así era exactamente la casa de mis sueños.
Una princesa en un castillo.
¿Qué hay de ti?
¿Qué querías ser cuando eras niño?
Yo nunca fui un niño.
Salí del huevo así, como adulto.
Por favor.
No me digas que nunca quisiste pintar.
¿Has ido a Nueva York?
Sí.
¿Te has fijado en los pendones de los museos de las exhibiciones especiales?
Quería uno para mí.
"Figueras".
Tenía una profesora en la escuela de arte.
Era una buena profesora.
Ella me apartó un día y me dijo que yo era mucho mejor
hablando sobre arte que haciendo arte,
y dijo que sólo sería una tragedia si yo lo quería así.
Todavía quieres ese pendón, ¿no es cierto?
Sigue a tu corazón.
¿Te das cuenta de cuántos museos considerarían este cuadro su pieza maestra?
Y aquí, es sólo otro montón de pintura en la pared.
¿Él vive sólo?
- Eso parece, ¿no? - Debe sentirse sólo.
- ¿Qué? - ¿Un hombre como Cassidy? Es lo que quiso.
Las mujeres, por norma, no pueden entender eso, el encanto de la soledad.
- ¿Y tú sí? - Claro. Yo también vivo así.
A una...
escala un poco más modesta, pero igual.
Como un lobo solitario, ¿no?
Búrlate todo lo que quieras. He sido un monje aquí en Italia.
Y el arte ha sido mi única amante.
TARTAMUDEZ
Te apuesto que pagó de más por estos.
Y en diez años, no será capaz de deshacerse de ellos.
Señor Figueras, ¿ayudaría si le dijera
que tuve una tartamudez terrible de niño?
- Me tomó años hablar bien. - Lo siento. No lo sabía.
Un vecino me dio un consejo.
Intentar cantar las palabras para que fluyeran mejor.
Eso hace que mi apego a estas pinturas parezca un poco sentimental, lo sé,
pero me gusta lo que me recuerdan,
que nunca debería dejar que el precio de algo nuble su valor.
Señorita Hollis.
¿Correcto?
Joseph Cassidy.
- Bienvenidos a mi casa de verano. - Gracias por invitarnos.
¿Quieren un aperitivo?
Debo disculparme.
No pude evitar oír la conversación que tenían cuando entré.
Fue fascinante.
La gente y sus corazonadas.
Cómo algunos tienen el don y otros no.
Siempre confía en tus corazonadas, linda. Tienes el don.
No se equivocó al sospechar que nuestro señor Figueras
ha decididamente llevado una vida nada monástica durante su estadía en Italia.
Hubo una señorita Sofia Rosselli,
y luego una señorita Louisa Prentes, y luego... Por favor.
No se sienta tan incómodo, señor Figueras.
Lo invité a mi casa, debía investigarlo.
Por otra parte, mi vida hogareña, no la interpretaron bien.
Esta finca es de mi esposa.
Ha sido de su familia por generaciones. Si hubieran venido ayer,
habrían encontrado el lugar lleno de gente.
Niños, nietos, perros, gatos, niñeras.
Todos salieron para Londres esta mañana, toda esa maldita manada.
Aún pueden olerlos un poco, ¿no?
Ese olor gracioso de los niños.
- Jim. ¿Puedo llamarte Jim? - Por favor.
Sólo bromeo. ¿Por qué creerías que mis niños tendrían un olor peculiar?
Berenice, has estado un poco callada.
- Espero que no te hayamos aburrido. - Para nada.
Quizá debí esforzarme más por incluirte, pero...
siento que no te agradan las preguntas personales.
- ¿Y qué le hace pensar eso? - No lo sé.
Es sólo una corazonada. Quizá estoy equivocado.
- ¿De dónde eres? - Duluth.
¿Minnesota?
En su Instituto de arte
solían tener una hermosa obra de Toulouse-Lautrec, pero ya no.
Cuando digo Duluth, me refiero a un pequeño pueblo al sur de la ciudad.
¿Cuál?
Es muy pequeño, señor Cassidy. De seguro nunca ha oído hablar de él.
Claro que no.
Es bueno ser de un pueblo pequeño, ¿no?
¿Por qué lo dice?
Bueno, te aventuras en el mundo como un recién nacido,
libre de ser quienquiera ser.
Saben, ninguno de ustedes ha mencionado la silla vacía.
Supuse que era para su esposa.
¿Qué pasaría si les dijera que al final de mi propiedad
hay una pequeña casa en ruinas,
y en esa casa vive un hombre al que invito a almorzar todos los días,
y la única respuesta que recibo de él es esta silla vacía?
¿Quién es?
Ese hombre, mi joven amigo, es la razón por la que los convoqué hoy.
No lo entiendo.
Rodolfo, llévanos café a la terraza. ¿Me acompañan?
De acuerdo, señor.
Si pudieras entrevistar a cualquier artista vivo, ¿a quién elegirías?
- Anselm Kiefer. - ¿A Kiefer?
Kiefer le hablaría a cualquiera que quisiera entrevistarlo, creo.
No, piensa en un acompañante un poco más raro, ¿sí?
Ningún crítico ha hablado con este tipo en más de 50 años.
Y nadie siquiera ha visto su trabajo en todos esos años.
Sigo sin entender.
Bueno.
Si te digo:
París, 1968.
Doce pinturas se queman en un incendio en una galería.
Me está tomando el pelo.
Dos días después, en esas mismas paredes abrasadas,
aparece un marco sin ninguna pintura.
Con una nota que dice:
"Jerome Debney. Número uno".
Mi compañera de la universidad tenía un póster de eso en su pared.
¿Intenta decir que Jerome Debney está aquí?
¿Qué fue lo último que supiste de él?
Hubo otro incendio, hace un año, en su estudio y casa en Francia.
Todo se quemó. Lo perdió todo.
El trabajo de toda su vida se quemó y nadie pudo verlo.
Desapareció. Como si nunca hubiera existido.
No es un hombre millonario, su dinero proviene de una fundación benéfica.
- La Fundación Debney. - Sí.
Y soy parte de su junta directiva, con gran honor.
Y como tal, le ofrezco alojamiento a ese gran hombre.
Y ahora, todas las mañanas,
tengo al viejo Jerome Debney asoleándose junto a mi piscina.
- ¿Rodolfo? - ¿Señor?
¿Qué estaba leyendo el señor Debney el otro día cuando lo recogiste?
Flash Art, señor. La edición de marzo.
- La columna del señor Figueras. - Está bromeando.
¿Y qué hacía mientras la leía?
Se reía, señor.
Dijo: "Este joven es bastante entretenido".
Berenice, ¿te molestaría si me llevo a James para hablar en privado?
No.
Contrato investigadores para garantizar la autenticidad y la sucesión del título.
Ya veo.
Uno de ellos se topó con un artículo suyo sobre las pinceladas de Modigliani.
- ¿Lo recuerda? - Sí, claro.
Fue una tesis interesante.
Me ayudó a superar una incertidumbre sobre una pieza particular de Modigliani.
Mujer con pañuelo rojo.
Se la vendimos a un buen precio al Tate.
Ahora está en el Tate.
Sí, aunque me generó algo de curiosidad.
Así que le pedí a mi gente que investigara más.
Eras como el niño maravilla, ¿cierto, James?
Al leer tus viejos artículos,
uno pensaría que ya tendrías tu propio museo.
- Sí, bueno... - ¿Qué pasó, James?
Malversación, ¿cierto?
Bueno, parece que eso no fue lo que pasó.
¿Qué pasó entonces?
La galería tenía una cuenta para gastos imprevistos,
y creí que no pasaría nada...
sí tomaba algo de eso prestado y lo pagaba luego.
Parece algo fácil de resolver.
No manejé esa situación muy bien.
Era más malgeniado en aquel entonces.
¿Sí?
¿Has madurado con los años?
¿De qué se trata esto, señor Cassidy?
Redención.
Piensa en el revuelo que esto causaría.
Ser el primer crítico en entrevistar a Jerome Debney en más de 50 años,
ver y describir su trabajo actual, y...
Tú sabes, podría usar mi influencia
para dejarte a cargo de un museo grande pronto.
¿Y por qué harías eso por mí?
Quisiera una Debney, James,
y me gustaría que tú me la consiguieras.
¿Cómo se supone que haga eso?
Bueno, esa es una transacción tuya con el señor Debney, ¿no?
Sí, ¿pero qué me detiene de hacer la entrevista sin conseguirle la pintura?
¿Alguien te pagó por escribir ese artículo sobre Modigliani?
¿Un hombre llamado Charles Clay?
Charles Clay me vendió Mujer con pañuelo rojo.
¿Sabías que estabas ayudando a validar una falsificación?
¿O fuiste engañado también?
No es una falsificación.
En todo caso, sería el fin de tu maldita carrera, ¿no?
Usted se la vendió al Tate.
Lo sé, pero confío en la pericia de los maestros del tema.
En todo caso...
salgo para Londres mañana temprano, tú y Berenice pueden utilizar este espacio.
Vean qué pueden ingeniarse.
¿Quieres una?
¿Eres adicto, capitán?
Sólo de vez en cuando.
- ¿Cuántas al día? - ¿Quién las cuenta?
De dónde vengo, eso se llama una adicción.
Duluth, ¿cierto?
- Me pareció notar un acento. - ¿Un acento de Duluth?
De Minnesota. Algo extraño con las vocales.
Creí que todos los adictos eran unos perdedores.
Vaya, ¿estamos peleando?
- Sólo si así lo quieres. - Nuestra primera riña. Vamos.
- Insúltame. - Imbécil.
Esfuérzate un poco.
Desgraciado.
Hijo de puta, pedazo de mierda, malparido, marica.
Dime algo malo sobre mi personalidad y haz que me duela.
Tratas las cosas serias como si fueran trivialidades,
y las cosas triviales como si fueran serias.
Por favor.
Te doy otra oportunidad, luego te enseñaré cómo se hace.
¿Cuántos días crees que me quedan?
- ¿Cuántos días? - De vida.
- ¿Qué tipo de pregunta es esa? - Hay un número, ¿no? Para ambos.
Días, horas, minutos.
Luego de este minuto, uno menos.
- Así es como funciona. - ¿Por qué desperdiciarlo así?
Somos amigos, ¿cierto?
Los mejores.
Entonces, ¿a quién le importa de dónde soy?
Puedo enviárselo por correo, señora.
- Si gusta. - Sí, eso sería perfecto.
Gracias.
- Buenos días, señor. - Buenos días.
¿Tienes un amigo por correspondencia, dulzura?
Sólo mi madre.
¿En el viejo Duluth?
Tenía que contarle que conocí a un chico.
No le cuentes nada.
Mira.
- Bien hecho. - Lo hice muy bien.
Eres un hombre talentoso.
Así es.
Tuve un sueño extraño anoche.
Los sueños son siempre extraños, en mi experiencia.
Me desperté muy temprano.
Oí a alguien susurrando, así que me asomé a la puerta,
la abrí,
y ahí estabas,
en el pasillo con Cassidy, en bata,
y te dio un sobre, uno grueso.
Creí que era extraño como caballos voladores,
o teniendo sexo con tu madre.
Regresé a la cama y me quedé pensando:
"¿Por qué Cassidy le daría un sobre lleno de dinero?".
A mí.
Fue un sueño, ¿verdad?
¿Lo fue?
Eres muy chistoso, ¿cierto?
Mira.
Les contaremos a nuestros nietos sobre esto.
Llegué pobre, pero me iré como un príncipe, un maldito emperador.
Vi el azul una vez.
El azul genuino, ustedes saben.
El azul platónico.
En una piscina como esta.
Yo estaba bajo el agua,
mirando hacia el cielo.
Y quizá fue un déficit de oxígeno.
Pero por un momento...
ese azul.
Lo he estado buscando desde entonces.
Señor Figueras,
supuse que era usted.
Se afeitó la barba.
Debe dejársela crecer otra vez. Le da personalidad.
Qué honor, señor Debney.
Y qué sorpresa. ¿Cómo...?
Su columna, cada mes, con su foto.
Es exquisito ver a un joven con un ojo tan perspicaz.
Y su hermosa amiga, espero que la proteja de mi encanto.
- ¿Supongo que tiene un nombre? - Berenice Hollis.
Jerome Debney. A su servicio, señorita Hollis.
Es un honor, señor Debney.
Por favor.
¿Puedo ser directo, en una forma moderna?
El señor Cassidy nos ha reunido. Bueno, eso no importa.
Es un coleccionista.
Y los coleccionistas, como sabemos, son criaturas extrañas.
Supongo que han llegado a un acuerdo, uno que los favorece a los dos.
No quiero saberlo, no.
Uno de los grandes placeres de ser un artista
es que no se necesita interactuar con el mundo así.
Supongo que quiere una entrevista.
Con su grabadora.
No soporto esas cosas.
¿Una conversación?
Natural, informal.
Eso, tal vez, podría ser posible. Nada más.
¿Algo así le interesaría?
Eso lo sería todo para mí.
El Santo Grial. Mi mayor honor.
Pero ¿debería concedérselo tan fácilmente?
¿Perdón?
¿Qué ha padecido?
El rey lo invita a su palacio.
Se asolean al lado de la piscina.
El grial se presenta delante de ustedes.
Sin batalla, sin adversidades.
Los dioses no lo aprobarían.
Señor Debney, fue una metáfora.
Hay mucho poder en las metáforas.
- ¿Sabe nadar? - Creo...
Atraviese la piscina, bajo el agua, y hablaré con usted.
- Pero, señor Debney, yo... - Dos veces.
Si dice algo que no sea un "sí", tendrá que hacerlo cuatro veces.
Está bien.
Mi madre me enseñó a regatear.
Si no tienes nada que perder, debes ser despiadado.
Ven.
Siéntate a mi lado y lo animaremos juntos.
No creí que fuera tan sociable, señor Debney.
Una de las cosas que aprendí viviendo en esta larga oscuridad,
es que la mayoría de las cosas, de la gente,
no son lo que esperarías.
¿Eres lo que la gente espera?
¿Qué sería eso?
Una piedra.
O, tal vez, un huevo.
La pregunta es,
qué tan profunda es la dureza.
Tendríamos que dejarte caer para saberlo con certeza.
¡Bravo! ¡Lleva la mitad!
- ¿Son viejos amigos? - Recién nos conocemos.
Él es un joven ambicioso.
Así que si eres un huevo,
espero que seas cuidadosa.
Créame, no soy un huevo.
¿Sabes cuál es el huevo más triste de todos?
El huevo que se cree piedra.
¿Hay algo que le pueda decir para disuadirlo
de escribir sobre mí en su revista?
Eso pensé.
Iré a mi estudio, en donde no es bienvenido, por tres horas.
Luego de eso, daré un paseo en bote, puede acompañarme si quiere.
Luego del paseo en bote, una ducha
y luego la cena.
A la cual también está invitado.
A la cena, no a la ducha.
¿Le parece bien?
Qué dulce angustia.
¿Encontró mi azul en el agua?
¿Estás bien, campeón?
¿De dónde sacaste ese nombre tan lindo?
Me estaba esperando cuando llegué.
No creo que sea un nombre común en Minnesota.
- ¿Volveremos a discutir esto? - Dímelo.
Mi madre le apostó a mi tía Sally que sería una niña.
Y lo soy, como quizá notaste.
De ahí viene "Berenice", portadora de victoria.
¿Qué apostaron?
- Unos tarros de pepinillos. - Muy bien.
Mentir es fácil cuando dices la verdad.
Los detalles extravagantes lo son todo.
La tía Sally, los tarros de pepinillos.
Nils jurando no tocar un pincel otra vez, Nora muriendo de tuberculosis.
¿Quieres saber de Nora? Habla con Debney. Quizá la conoció en París.
Es casi hora de nuestro paseo en bote.
Tendrás que ir tú.
Si no descanso, no podré asistir a la cena.
¿Qué?
No podemos hablar del tema. En eso quedamos, ¿no?
No es tan complicado. Debía cumplir una entrega, las pastillas me ayudaron.
Luego comencé a necesitarlas más, y dejó de tratarse de mi trabajo.
Puedo parar. Es sólo que...
Estoy esperando el momento adecuado.
Y sé cómo suena eso, pero no es así.
Sí.
Tal vez tengas razón. No deberíamos hablar de esto.
¿Dónde está nuestro Galahad?
Descansando. Lamenta no estar aquí.
Hice que se cansara, ¿cierto? Con nuestra aventura.
¿Adónde me lleva?
¡Ven, niño humano! A las aguas y lo silvestre
¿Conociste a una mujer llamada Nora Ingen?
Nora.
La hermosa y destrozada Nora.
¿Qué sabes de ella?
Sólo lo que James me dijo de ella.
Los campos de concentración, su hermano pintando a los alemanes,
las moscas.
¿Moscas?
Un cuento de hadas.
- Para explicar lo que no tiene sentido. - ¿No es verdad?
Los campos no eran lugares para pintar.
La simple idea es algo obsceno.
Nils murió como todos los otros.
Hacinado en un cuarto angosto.
Por el gas.
¿Cómo lo sabe?
- Ella me lo dijo. - ¿Nora?
No fuimos buenos con ella, los hombres de mi círculo.
Nos la rotábamos como un talismán,
atreviéndonos a besar los pequeños números tatuados en su antebrazo.
Fuimos crueles
cuando debimos haber sido amables.
Ahora conoces lo peor de Jerome Debney.
¿Aún somos amigos?
Claro, señor Debney.
- Siempre lo seremos. - Maravilloso.
Maravilloso.
Este es mi lugar favorito.
Debes esforzarte para apreciarlo.
Y esos no ayudan.
Intento pensar en ellos como arrepentimientos.
Uno puede sentirse atormentado
o aprender a soportar su presencia.
Es claro que no lo hago con tanta gracia como usted.
Entonces debes contarme un secreto.
Algo vergonzoso. Te aliviará la carga.
Soy una profesora.
Una muy buena, de seguro.
- Cometí un error. - ¿De qué tipo?
Una indiscreción con un colega.
Casado, ¿supongo?
Cada año, hablo con las niñas de primer año sobre salud.
De los hechos de la vida, esas cosas.
Cómo no quedar embarazadas.
¿La profesora no era una muy buena estudiante?
Oficialmente, estoy de licencia para que me extirpen un quiste.
Tengo una amiga, mi mejor amiga.
Ella es mayor, está casada.
Le conté todo antes de irme,
y hubo un momento mientras hablaba
en que ella me miro con una cara...
Fue sólo un destello, como un reflejo.
...como si quisiera escupirme.
Me dolió. Aún me duele.
Así que cuando llegué a Italia, pensé: "¿Por qué no?
Actuar como una puta por un tiempo.
Ver lo que se siente".
¿Y cómo te va con eso?
¿Con esa nueva máscara?
Resulta que me queda bien.
Debes tener cuidado, querida.
Una máscara puede ser peligrosa.
Cuando me quito la mía en la noche, hay otra debajo.
¿Y debajo de esa?
Tantos años, señorita Hollis.
Décadas.
Y todo lo que tengo son máscaras.
¿Y tú?
¿Aún queda algo real en ti?
Eso creo.
Entonces no es muy tarde, ¿no?
¿James?
Estoy bien, polluela.
Sólo me resbalé en las escaleras.
Cuéntamelo todo sobre tu paseo en bote.
Creo que perdí más de un kilo por los mosquitos.
Pero me agrada. Es un viejo magnífico.
- ¿De qué hablaron? - De varias cosas.
- ¿No de eso? - Nunca en la primera cita.
¿Qué clase de chica crees que soy?
Creo que debo decirte la verdad.
- ¿Sobre qué? - Sobre mí.
¿Y cuál es la verdad?
Soy una chica pueblerina, cometí un error.
No pertenezco aquí, con los tiburones como tú.
- Como Bo-Peep, ¿no? - Básicamente.
Díselo a la tía Sally.
¿No tienes modales?
Ya es muy tarde para eso.
¿Me perdí algún lugar local?
Me llevó a unas ruinas.
- ¿Cerca del lago? - Justo afuera de la propiedad.
Me sentí como la primera persona en estar allí en cien años.
Me asusta pensar que anda por ahí sólo, en el agua.
¿Por qué?
Si cae al agua, nadie lo encontrará.
Quizá eso es lo que quiere, desaparecer sin dejar rastro.
Sería el final perfecto de su leyenda.
Nadie quiere terminar en el fondo de un lago.
Gracias.
¿Me haces un favor?
¿Para qué son los amigos?
Esta noche, en su casa, debo fotografiar lo que sea en lo que está trabajando ahora.
- ¿Puedes distraerlo, por favor? - ¿Por qué?
- De ninguna forma... - ¿Para qué necesitas una foto?
Para mi trabajo, mi artículo, como referencia.
Eso suena poco ético ¿no te parece?
¿Poco ético?
Nos invitó a su casa.
Es para que no lo olvide. La borraré cuando haya acabado.
¿Qué te hace pensar que te mostrará algo?
Mi carisma irresistible.
No, señor Figueras.
No, no, no.
Es algo ridículo.
¿Por qué arruinar nuestra agradable velada?
Terminemos nuestra comida.
Fingiré que nunca sugirió eso,
y nos diremos adiós como amigos.
Es su deber, señor Debney.
- ¿Con quiénes? - Con la posteridad.
Cuando parta, el mundo entrará bruscamente.
¿No sería mejor que compartiera su trabajo conmigo, ahora,
mientras aún puede explicarlo?
Puedo ayudarlo. Juntos, podemos...
¿Cuál es el ejemplo de arte más antiguo que se te viene a la mente?
Las cuevas, supongo. Lascaux, Altamira.
Un lugar extraño para pintar, ¿no cree?
¿Un hoyo en la tierra?
¿Puede explicar su motivación?
Bueno, no soy un experto en el tema,
pero supongo que hay una especie de elemento ritual.
Digo, el vientre, la Madre tierra, un descenso en...
Tengo una hipótesis mucho más simple.
No querían compartir su trabajo.
Lo ocultaban de los ojos que consideraban indignos.
Pero supongo que también se podría decir que era una forma
de salvaguardar las pinturas para las generaciones futuras.
Después de todo, su trabajo fue descubierto, el suyo también lo será.
Y yo estaré ahí para escribir sobre él, señor Debney, con o sin usted.
Es un joven tan comprometido.
Habla con tal seriedad de algo tan tonto.
Nada podría ser menos tonto.
Venga. Le mostraré mi estudio.
¿En serio?
Creo que se sorprenderá.
- ¿Puedo ir también? - Todos.
Es hora.
Estamos tarde.
- Lleva esto. - ¿Qué?
Cuando te dé la señal, déjala caer.
- ¿Qué...? - Confía en mí.
Debemos darnos prisa, me temo.
Tengo un encuentro esta noche. Con una viuda local.
¿Y podré escribir sobre eso, lo que nos muestre?
Tiene mi bendición.
De hecho, me intrigará saber su opinión.
Esto lo es todo, comprenderá.
Nada más existe.
Este ha sido un poco difícil. Apreciaría su opinión.
¿Tiene demasiado azul?
- No lo entiendo. - Esos están terminados.
Más o menos.
Aunque si la musa me llama, los retocaré.
Pero, señor Debney, aquí no hay nada.
¿No?
El azul.
Sigo pensando mucho en eso.
Señor Debney, yo...
¿Sabe del incendio, el primero, en la galería de París?
Sí, claro.
Durante tres semanas, el mundo se centró en Jerome Debney,
lo convirtieron en esto y lo otro, lo cubrieron de palabras.
Le seré honesto, creí que era un hombre exitoso.
- Un genio, inclusive. - Lo era. Lo es.
Un cigarrillo arrojado sin pensar.
En menos de una hora...
nada.
Habría pensado que perdí a un ser querido, por cómo me trataron.
Cartas de condolencia, abrazos de luto.
Y aun así, en mi corazón...
se me quitó una gran carga de encima.
Todas esas palabras, esas opiniones,
ese era el significado de ese marco vacío.
Fue una broma.
Enmarquen sus habladurías.
Y mire lo que hicieron.
- Lo he visto hasta en camisetas. - Sí.
Desde entonces,
nadie podía hacer que mi trabajo fuera
nada más que eso.
Era el Edén, señor Figueras.
Por casi 50 años,
caminé desnudo en el jardín.
Y luego una mañana,
me desperté con dolor.
Aquí.
No era nada.
Una indigestión.
Pero me recordó a la serpiente.
La serpiente que acecha en nuestros jardines.
Un día, Jerome Debney...
ya no existirá.
Y el mundo, como lo dice tan astutamente,
entrará bruscamente.
Usted incendió la villa.
Ojalá hubieras visto los colores, querida.
Las llamas consumiendo la pintura.
Fue hermoso, te lo aseguro.
Maldita sea.
Ahora...
cada mañana...
tomo la paleta, el pincel,
y pinto.
Sin pintura.
Me he convertido en mi propia cueva.
Respire profundo, joven, ya se le pasará.
Usted es un ladrón.
Su trabajo le pertenece al mundo, a todo el maldito mundo,
y usted se lo robó.
Es algo despreciable.
En cierto modo tiene la razón.
Ese azul, no se ve bien.
- En la parte de abajo, ¿cierto? - Sí.
Tienes un muy buen ojo.
Dice algo en la parte de atrás.
Cuando termino...
LA HEREJÍA NARANJA
...garabateo el título, la fecha y mis iniciales.
Para la posteridad, comprenderá.
"La herejía naranja".
- Uno de mis favoritos. - ¿Qué significa?
Es un hueso para los críticos, esos perros hambrientos.
Pueden perder sus dientes masticándolo.
Hallándole significado a algo que no lo tiene.
Esperaré afuera. Lo siento, señor, pero yo...
No puedo con esto.
James.
Déjalo. Tiene que lamerse las heridas.
Me temo que debemos despedirnos aquí, querida.
Si me tardo más,
la viuda se irá a dormir.
Te deseo mucha felicidad, querida,
y una larga vida para disfrutarla.
Ha sido un honor y un enorme placer.
Sé que se siente infeliz ahora.
Pero creo que con el tiempo, lo entenderá.
Sí.
Buenas noches.
¿Seguimos siendo amigos?
Lo siento, pero no me esperaba eso.
Tuviste tu exclusiva, ¿no? Pero no la que pensabas.
Maldita sea.
- ¿Qué? - Olvidé mi maletín.
- Iré contigo. - No, no, no. Espera.
Empaca y espérame en el auto.
¿El auto?
Mira, tengo que escribir esto ya, y no puedo hacerlo aquí...
- ¿Es en serio? - Sí, en serio. Por favor, hazlo.
Te compensaré, te lo prometo.
¿Si?
¿Qué?
Oye, perderemos el tren. Súbete. Vamos.
Ascuas, cenizas, resplandor crepuscular.
En la noche buena. En la noche gentil.
Debney: Ascuas, cenizas, aceptación.
Inconformidad y aceptación.
Debney: Inconformidad y aceptación.
Estás actuando un poco extraño.
¿Hace cuánto me conoces?
Hace unos días.
¿Cómo puedes saber cuándo actúo extraño y cuándo normal?
Hogar dulce hogar.
- ¿A dónde vas? - Debo escribir.
¿Ahora?
Cuando la musa llama...
Por favor, pórtate bien.
Señor Cassidy.
Parece que hubo un incendio en mi finca, James.
Sí. Sí, señor. Así es.
- Así es. - ¿En el estudio de Debney?
Sí. Sí, eso me temo.
¿Podría asegurarme que eso ocurrió luego de que me consiguiera mi pintura?
Sí, es correcto.
Entonces mi pintura es la única de Debney que existe, ¿cierto?
Sí, podría decir eso, señor, sí.
¿Y Debney está...?
Había salido esa noche.
¿Qué tanto más puede pintar? Ya es un viejo.
- Es viejo. - Envíeme una foto, por favor.
No, no. No puedo. Está en mi auto.
La tengo escondida, y no puedo arriesgarme
a sacarla. La señorita Hollis sigue conmigo.
¿Me la puede describir entonces?
Bueno, es... Es un poco difícil de describir.
Bueno, es su maldito trabajo describir pinturas, ¿no?
¿James?
Se llama La herejía naranja.
¿Es naranja?
Naranja quemado.
Como el sol.
Como la puesta del sol.
Es un autorretrato, en realidad.
Es...
el artista, sólo en el empíreo,
descendiendo hacia el final del horizonte.
En total aceptación.
Suena fantástico, James. Fantástico.
Gracias, señor.
Gracias.
Dime por qué esto no es algo terrible.
- No es lo que parece. - ¿Qué parece?
¿Qué parece, James?
Escúchame por un segundo.
Esa clase para turistas, ¿sí?
La hago unas 20 o 30 veces al año, 200 euros por cada uno,
en Milán, Florencia o Roma,
y siempre para los mismos estadounidenses impasibles
con las mismas estúpidas preguntas sobre Rafael y Da Vinci,
como si nadie más hubiera pintado nada.
Debney me está robando. Sí. Y a ti y a todos.
Tú no eres así.
Cariño, no tienes ni idea de quién soy.
Sabes lo que tenemos que hacer.
¿Qué?
Deshacernos de esa horrible pintura.
- No. No te atrevas. - Suéltame, James.
- No te atrevas. - ¡Me lastimas!
¿Sabes cuánto vale? Es la única de Debney en el mundo.
¿Para qué te pagó?
¿Quién?
- Cassidy. ¿Para espiarme? - Eso fue un sueño.
- Dijiste que había sido un sueño. - Díselo, por favor. Díselo.
No te creerá porque quiere que sea real. Y es real.
¿Sabes qué va a pasar ahora?
Te vas a largar de mi apartamento.
Vas a desaparecer de mi vida y regresarás
a tu estilo de puta barata, jodiendo y chupando...
- Esto se acabó. - ¡Hijo de puta!
Maldita sea.
No, no. Vamos.
Tranquila.
Tranquila.
No, no.
Lo siento, en verdad.
Fue un accidente, ¿bueno?
Me...
Me asustaste.
Lo sé. Lo siento.
Me lastimaste.
No fue mi intención.
Fue un accidente, ¿bueno? Ya pasó.
¿Si? Ya pasó.
Lo siento mucho.
¿Puedes levantarte?
Regresemos al apartamento.
¿Si?
Dame la mano.
Lo siento mucho.
Ven aquí.
¿Estamos bien?
Vamos.
Puedes hacerlo.
Todo estará bien.
Lo siento.
Lo sabes, ¿verdad? Cuánto lo siento.
Podría comprarte un ticket de avión.
¿Qué te parece?
En primera clase, a donde quieras ir.
Te está pagando. Cassidy.
No. No, no. No es eso. Me está dejando escribir sobre eso.
Es una oportunidad única, tener una obra de Debney, poder...
No es real, James.
Es real.
Vístete, por favor.
No te das cuenta, ¿verdad?
Puedo ayudarte.
Estamos perdiendo el tiempo.
¿Me dejarás ayudarte?
Por favor, tenemos que ir al aeropuerto, y yo...
¿Dónde está la mosca?
¿No debería haber una mosca?
Necesito que te calles, señorita Hollis, por favor.
- ¿Entiendes? - ¿O eres tú?
- Cállate... - Por eso la historia la cuentas tú, ¿no?
- Yo no... - Tú eres la mosca, y lo sabes.
Cállate por favor.
Eres un farsante, un impostor. Te pavoneas y das zumbidos...
Cállate, por favor.
No es real, James.
No eres real.
NOTICIAS SPECTRUM
El legendario artista Jerome Debney ha muerto a sus 84 años.
Según se informa, sufrió un infarto
en la finca del comerciante de arte Joseph Cassidy en Lago Como.
El marco vacío representaba libertad.
Representaba una nueva forma de ver. Abría un camino para ver.
DAVID GOERK DIRECTOR - GALERÍA PACE
NOTICIAS 24
El pintor solitario Jerome Debney murió hoy de un infarto.
El artista acababa de cumplir 84.
Y así nada más, desaparece el acto.
FUNDADOR - THE BROOKLYN RAIL
La esencia de Debney, diría que es su grandeza como artista.
La carrera de Debney fue marchitada por una serie de incendios,
que destruyeron una galería en París, su villa al sur de Francia,
y recientemente, su estudio en la finca de Cassidy.
El crítico del arte James Figueras, quien visitó el estudio de Debney
y es el único que ha examinado la última obra de Debney, dice:
"Tanto como hombre y como artista,
Debney poseía la sinceridad, la profundidad y franqueza inquebrantable de un profeta.
Era una voz gritando en el desierto".
DEBNEY - DESDE LAS RUINAS JAMES FIGUERAS
DESDE LAS RUINAS
LA GALERÍA CASSIDY
DESDE LAS RUINAS
Gracias.
- Muchas gracias, adiós. - Gracias.
Bien hecho, James. Buen trabajo.
¿Perdón?
Tu ensayo, tan real. Es algo tan escaso en nuestros días.
Le envié una invitación a tu amiga.
- ¿Mi amiga? - Sí, tú sabes, Berenice.
Sí.
Tuve que pedirle a un conocido profesional que investigara un poco
porque parecía que había desaparecido.
Eso es algo difícil, desaparecer.
- Por lo general, requiere de ayuda. - ¿A qué se refiere?
Bueno, para cualquier cosa complicada, se necesita algo de ayuda.
Un tipo que conozco lo intentó. Estaba metido en un lío.
- No es tan fácil como crees. - No.
- ¿Dejaron de hablarse? - Sí. Se podría decir eso.
Sí. El amor de jóvenes. Tan volátil.
Sí. Supongo que tuviste que sacrificarla por tu trabajo.
El arte puede ser una amante muy estricta, ¿no?
Es verdad.
Socialicemos un poco, ¿te parece? Ven.
Duluth sonaba un poco improbable, ¿cierto?
¿En qué sentido?
Bueno, ella era en verdad de allá. Como dijo.
Es un pueblo pequeño al sur de la ciudad.
Vivía con su madre y su tía. Era profesora, te imaginas.
- ¿Quieres un trago? - No, gracias.
No, muchas gracias.
Creo que le envió un dibujo.
- ¿Quién? - Debney.
¿A qué se refiere?
Su madre dijo que recibió un dibujo de Berenice, con sellos de Italia.
Eso me molestó un poco, como se imaginará.
Sí.
Hasta que descubrí que no tenía su firma y no vale nada.
- Qué lástima. - Sí. Qué lástima.
Qué lástima.
No me preocuparía mucho. Ella regresará uno de estos días.
Siempre lo hacen. Sí.
Aquí está.
La joya de la corona.
No puedes fumar aquí, James, lo siento.
Casi se me olvida.
Encontramos esto en el escritorio de Debney luego de que se ahogara.
SR. JAMES FIGUERAS
Creí que había muerto de un infarto.
Fue una de las dos. Siempre estaba en la piscina.
¿Estaba nadando?
Se cayó de alguna manera. Rodolfo lo encontró.
Estaba todo hinchado y azul.
Fue un poco desconsolador. Aguarda un momento.
Le contestaré a los de The Guardian. ¿Hola?
James Figueras. Evelina Macri del ARTnews.
Hola.
Antes que nada, su trabajo es brillante.
Su moderación fue lo que más me interesó.
Fue como si hubiera escrito un ensayo sobre el sistema solar sin mencionar al sol.
Un crítico de menor talla habría anclado toda su tesis en él.
Pero usted prefirió dejar que nosotros lo descubriéramos.
Que nos sorprendiéramos.
- Gracias. - El último rastro de Debney.
Oculto justo en medio de las cosas, como la verdad siempre.
Como si hubiera grabado la marca de Caín en su propia frente, ¿no cree?
¿O estoy exagerando?
¿Perdón?
La huella.
James.
James. James, ven a conocer a Philip Ricciardi.
Del Tate Modern. Te agradará.
- Lo sabe, ¿verdad? - ¿Qué cosa?
- Sólo dígalo. - ¿Qué?
La verdad.
- ¿La verdad, James? - Sí.
La verdad. Por favor.
- Philip. Hola. - Joseph.
- ¿Conoces a James? - James. Claro.
Evelina.
Señor Figueras.
Gracias.
Durante el fin de semana,
tendremos sólo un poco de ráfagas,
especialmente en el centro de Minnesota,
mientras la nieve caerá el domingo en la noche
o al amanecer del lunes.
Será una nieve pesada, húmeda, acompañada de viento,
que soplará el lunes con rachas de 48 o 56 kilómetros por hora.
Y este tipo de trayectoria de tormenta propicia
una franja estrecha de 20 a 30 centímetros de nieve.
MUJER DE ESKO SIGUE DESAPARECIDA
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