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Original subtitles

Esto no me gusta nada.

Te dije que estaba mal colocado.

Ahora.

Dios mío.

Tecnología aplicada al procesamiento de la carne.

Todo ello controlado estrictamente por nuestro departamento sanitario.

Ahora no puedo.

Solo voy a... Ahora no.

Solo voy a deciros dos palabras: Higiene y respeto.

- ¿Respeto? - Sí, respeto.

Respeto por un trato responsable que busque el bienestar animal.

- Ahora no. - ¿Cómo?

- Cariño, me voy a tener que ir. - ¿Ahora?

¿En medio de la inauguración?

- Paco, eres el alcalde. - Por eso.

Ha surgido algo donde los Alonso y me tengo que ir.

¿Es más importante que esto?

Tú lo harás muy bien. Tengo que dejarles.

Mi mujer les acompañará a visitar el resto de instalaciones.

Gracias.

Síganme, por favor. Por aquí.

- ¿Dónde está? - En el establo, con Elena.

- ¿La veterinaria? - ¿Quién si no?

Iba a ser un ternero.

- ¿Por dónde? - Por ahí.

Nada de internet.

Es brujería. Satanismo.

Es un milagro.

Vamos a tranquilizarnos. ¿Puedo?

Guardad los móviles.

Que nadie cuelgue nada en Instagram.

- ¿Facebook tampoco? - Que no.

¿Queréis que venga gente de fuera

y se rían de nosotros?

Vamos a hacer las cosas bien.

Hay que llamar a la Guardia Civil.

Si llamamos, la cosa se filtra

y tendremos a los de la tele grabándolo todo.

¿Tú estás segura de lo que ha pasado aquí?

- Curro lo tiene grabado. - Sí.

¿Lo tienes ahí?

Un momento. Ahora te lo devolvemos.

¿Y el niño?

El niño ya veremos.

¿Tú lo has mirado bien? ¿Es normal?

- Sí, Paco. Está bien. - Eso no se sabe.

Hay que llamar al cura.

Pero ¿estamos locos o...?

Seguro que Don Manuel sabe qué tenemos que hacer.

- ¿Al cura? - Sí.

- Yo no lo veo normal. - ¿Normal?

He dejado a unos periodistas

para venir a ver a un niño que ha nacido de una vaca.

Eso no es normal.

- Está cerrado. - Estará en su casa.

Vamos.

¿Qué pasa, Paco?

Perdone que le molestemos, necesitamos que nos ayude.

¿De quién es ese crío?

De Satán.

Mira. Ahí te han dado el cambiazo.

¿Qué cambiazo?

Ahí. ¿Ves? La cámara te sigue a ti y tú no estás mirando.

Como los trucos de magia,

te cambian el ternero por el niño.

Que no puede ser. ¿Quién quiere engañarme?

¿Por qué te resulta más sencillo creer

que una vaca ha parido a un niño a creer que te engañan?

¿Ves como era bueno hablar con él?

¿Quién quiere deshacerse de un niño?

Y eso, Paco, no es brujería, eso es la vida, sin más.

¿Vamos a tomar algo?

Lo más prudente sería llamar a servicios sociales.

Eso ya lo tengo valorado. Pero mientras que se lo lleven ellos.

En algún sitio debe dormir.

La mujer se ha ofrecido.

- Hola. ¿Qué va a ser? - Un cortado.

Un descafeinado con leche semidesnatada, templada,

vaso larguito, cortito de café y sacarina, por favor.

Agua.

¡Paco!

Si me disculpáis.

¿Qué pasa? ¿Qué es eso de un niño?

Tranquila, todo solucionado.

Don Manuel, que tiene sentido común, nos ayuda.

Si lleva cuatro días aquí.

- Casi un año. - No me gusta él.

¿Por qué te tienes que meter?

La gente confía en mí.

Yo tengo una empresa que levantar y necesito ayuda.

¿Estás escuchando?

Tú me metiste en la política.

Pero ¿qué política ser alcalde?

Estás para firmar permisos.

Hay que poner orden.

Si no lo paro, estaría colgado en internet.

A ver si te colgarán a ti

dando vueltas buscando no sé qué.

Buscando a la madre. Eso calmaría a la gente.

Luego...

Si quieren deshacerse de un niño no montan este circo.

Tiene que haber algo más.

Siempre hay algo más: La estupidez de la gente.

¿Todos son estúpidos?

¿La mejor manera de cubrir una mentira?

Inventarse una mucho mayor.

En política está a la orden del día.

De todas formas, usted podría echarnos una mano.

- Llamo a la Guardia Civil. - Pero a ver, usted...

Usted confiesa a la gente.

Sabrá cosas que no saben los demás.

Los curas tienen información privilegiada.

Tú te tomas muy en serio tu trabajo.

- Por supuesto. - Yo también.

¿Te suena el secreto de confesión?

Hace una semana que Trini no pisa el instituto.

- ¿Quién? - La que se sienta a mi lado.

Siempre hablaba de su novio,

que se veían después de clase.

La pillé llorando sola

y no la he vuelto a ver.

Tenemos un grupo de WhatsApp y no contesta.

Buenas tardes, Jesús.

¿Está tu hija?

¿Sabes si ha salido con alguien últimamente?

Está arriba haciendo los deberes.

Y no sale con chavales.

No me gusta molestarte

pero dicen que tu hija lleva una semana sin ir a clase.

- Entonces... - Está enferma.

Pregúntale a la madre.

Si pudiéramos charlar con ella, nos ayudaría mucho.

Mi hija falta al colegio y ¿viene el alcalde a buscarla?

- ¿Se puede saber qué pasa? - No te lo tomes así.

- Solo cinco minutos, Jesús. - Tranquilo.

Tú calla y métete en casa.

Una semana sin ir a clase y ni te enteras.

Queremos saber si sus amigas saben qué ha pasado

en casa de los Alonso.

Dile que baje.

Como esté metida en esto, la mato.

- Hola, Trini. - Hola.

- Siéntate. - No tengas miedo.

Solo queremos saber si tú o alguna de tus amigas...

Sabemos que hace una semana que no vas al instituto.

Y que llevas un año liándote...

De pareja... De relación.

Con este chico tan majo, Rober.

¿Roberto? ¿El del supermercado?

Me cago en mi puta vida. ¿Has hecho algo con él?

- No, papá, te juro que no. - Me cago en...

Hemos visto las fotos en Facebook.

Tienes el perfil abierto.

- Pero no hay nada de malo en ello. - No.

Solo necesitamos saber la verdad.

Yo no estoy embarazada.

Hala, se acabó. Fuera.

¡Ya! ¡Venga, fuera! Y tú, arriba.

Ahora subo y hablamos. ¡Venga, fuera, coño!

Jesús, por favor, cálmate.

¿Que me calme?

¿No te da vergüenza que venga

el alcalde a decirme qué pasa en mi casa?

Jesús...

- Tranquilízate. - Y tú.

Deja de meterte en la vida de los demás y preocúpate de la tuya.

¿De qué me tengo que preocupar?

Pregúntaselo a tu marido, si sabes dónde está.

Que no sabes dónde está.

- No lo sabes, ¿verdad? - Ya basta.

¡En mi casa!

Que lo sueltes.

Suéltalo.

¡Cabrón, suéltame!

Mamá.

No.

¿Otra vez dando golpes?

Será becerro.

Que está embarazada.

Está claro que no es la que buscamos.

Se aceptan ideas.

Antonio...

Mantenlo vigilado.

Perdona. ¿Buscas a Paco?

En el ayuntamiento me dijeron que estaría aquí.

He llamado varias veces pero no lo coge.

Sí, lo he visto. Has llamado tres veces.

Se ha dejado el teléfono en la oficina.

Bueno, cuéntame, ¿qué pasa?

Es un tema delicado.

Prefiero hablar con él.

De todos modos, va a tardar un poco.

Intentamos sacar un negocio adelante.

No tiene que ser fácil. Esto es enorme.

Todo el mundo necesita a Paco para todo.

Más que el alcalde, parece el confesor de todos los pecados.

- ¡Paco! - Elena.

¿Conocías a mi mujer?

Sí, ya habíamos coincidido.

Os dejo tranquilos, que...

...tengo mucho que hacer.

Voy un segundo.

¿Lo ves? Ahí pega el cambiazo, pero no se lo distingue.

Desaparece porque se lleva al ternero.

¿Ese no es Antonio?

- ¿El tonto del pueblo? - No digas eso.

No porque sea retrasado, no me ha votado.

- Demuestra que no es tonto. - Es una persona disfuncional.

Está en la sacristía.

Es inofensivo, no puede haber hecho esto.

Es perfecto para hacer lo que le manden.

- Hola. - Hola, padre.

Me llamo Antonio.

Yo era muy amigo del cura de antes.

Seguro que nosotros también lo vamos a ser.

Pero no empezamos bien si te pillo andando en las cosas de los demás.

¿Ahora qué hacemos?

Esconderlo.

De esto ni una palabra, ¿eh, padre?

Palabra.

De antes de la guerra,

cuando daban caña a los curas.

Cuando venían los milicianos, se metían aquí a esperar.

Tenían jamones, cecina, vino, de todo.

- Antonio. - Dígame, padre.

Este va a ser nuestro secreto.

¿Tú sabes guardar un secreto?

Podías haberme avisado antes de todo esto.

Hoy es el cumpleaños de mi mujer e íbamos a cenar.

Es una tontería, pero la gente está asustada.

Pero hay un niño que no se sabe de dónde sale.

- Tenía que dar parte. - Hablemos con Antonio.

No iré a servicios sociales

a decir que lo parió una vaca.

No sabía qué vivía aquí.

Son de la guerra. Antes vivían aquí gitanos,

ahora emigrantes que vienen a la vendimia.

Y Antoñito, claro.

Tenemos un plan para sanear la zona,

pero no nos llegaba el presupuesto.

¿Antonio?

¿Antoñito?

¿Antonio?

Cuidado donde pisáis.

Este gilipollas seguro que los ha sacado de la sacristía.

- ¿Este hombre sabe leer? - ¿Qué va a saber?

Lo tuvieron en el sótano de casa hasta los 15.

Cuando sus padres murieron, la gente del pueblo se ocupó.

Unos le dan comida, otros ropa y el resto lo roba.

Estamos en lo mismo. Nadie llama a servicios sociales.

No. Ya sabes cómo son los pueblos.

¿Qué pasa?

¿Qué pasa?

- ¿Es Antonio? - Se llevó al bebé.

- Joder. - ¡Antonio!

¡Antonio!

Antonio.

No hagas tonterías y dame al niño.

Es la única manera. Cuanto antes lo hagamos, mejor.

Nos va a traer todo lo malo.

¿Qué haces? Tranquilo.

Antonio, escúchame.

Tú nunca has hecho daño a nadie. Dámelo.

Es un niño normal.

¿Qué haces?

Lo que tendría que haber hecho usted.

- Déjamelo. - Aquí no lo quiere nadie.

No me calientes y dame al niño.

¡No!

Tú sabes que yo siempre te he tratado bien.

Siempre he cuidado de tus animales.

¿Te acuerdas del pastor alemán que encontraste?

- Sultán. - Sí.

¿Te acuerdas de cómo te miraba cuando lo curaba?

Pobrecito.

Mira al niño.

Mírale a los ojos.

¿Vas a hacerle daño?

- No. - No, claro que no.

Ven.

Eso. Muy bien.

Míreme bien, padre. Esto lo hago por usted.

Para que Dios perdone sus pecados.

¡Antonio!

Joder.

Cuidado con el bebé.

Está vivo. Hay que llevarlo al hospital.

Mándame una ambulancia a la plaza ya.

- ¿Está aquí? - ¿El qué?

Lo que decía está aquí escrito.

Es el ritual católico de exorcismos.

- ¿De dónde lo habrá sacado? - De la iglesia, como todo lo demás.

Aguanta, Antonio, por Dios.

Hemos tenido que ponerle morfina, pero está consciente.

- ¿Cómo está? - Solo habla de usted.

Dice que debajo de la sotana esconde cuchillos y pistolas.

Que conoce al demonio.

- ¿Tiene afectada la columna? - Es pronto para decirlo.

Gracias.

Antonio.

¿Cómo te encuentras?

¿Sabes quién soy?

Usted es el capitán de los ejércitos del Señor,

que está aquí para luchar contra las huestes del demonio.

Pero no se lo cuentes a nadie.

Eso es entre tú y yo, ¿vale?

- Vale. - Vamos a rezar.

Padre nuestro, que estás en los cielos...

Esto no se arregla con rezos, padre, y lo sabe.

Le han encontrado. Vienen a por usted.

- Hay que acabar con ese niño. - No diga tonterías.

- ¿Quién te habla de mí? - ¿Qué pasa? ¿Ha perdido la fe?

Ya no cree en nada, ¿verdad?

Ni siquiera en usted mismo.

Pero ellos no van a parar por eso.

No van a parar hasta que la encuentren.

¿El qué? ¿Qué es lo que buscan?

Vienen con alegría, Señor, cantando.

Cantando vienen con alegría.

- Exorcista. No me jodas. - Te lo dije.

Te dije que ese hombre no me gustaba.

Ahora resulta que es un loco.

Loco no parece, todo lo contrario.

No se cree la historia.

Normal, para que no sospeches de él.

¿No lo ves? Está clarísimo.

- No te enteras de nada. - A ver, qué.

Que lo de los exorcismos no es como en las películas. Toma.

No hay posesiones que valgan.

Se ha cargado a un chaval comiéndole la cabeza.

Lo echan de Roma y nos lo mandan aquí.

- Es que manda cojones. - Exacto.

Al culo del mundo.

Le han jodido la carrera para siempre a no ser que pase algo.

Algo que él pueda solucionar.

Eso es. Crea un problema y luego lo soluciona.

Ya.

- El libro era suyo, eso es verdad. - Y el niño de la vaca

lo sacó de alguna desesperada que acudió a él.

No lo sé.

Me cuesta creer que... ¿Qué gana con eso?

Que cuando pinches en Google el nombre del pueblo

lo primero que aparezca es que pasan cosas raras.

Luego llama a sus jefes:

«Mirad, he solucionado un problema».

Luego vuelve a Roma y quedamos como unos paletos.

No sé.

Me cuesta creer que pueda hacer algo tan retorcido.

Es que eres un buenazo. Anda, ven.

Te está utilizando, Paco. Te lo digo yo.

Te ha comido la cabeza como al pobre tonto ese.

Yo creo que no.

Sí, cariño, sí.

Desde que llegué a este pueblo alguien enciende una vela.

Nunca imaginé que fueras tú.

Todos tenemos algo que no conseguimos olvidar, ¿verdad?

Con internet ya no hay secretos.

Eso es un invento del diablo.

- ¿Y es verdad? - ¿El qué?

¿Qué maté a un chaval de un infarto?

Sí, es verdad.

Me cuesta creer en estas cosas.

Es como si fuera de otra época.

Si eres un adolescente,

creen que estás poseído y llaman a un cura.

Al principio, insultas, te retuerces,

pero después de meses con 12 horas diarias de oraciones,

acabas por perder la cabeza.

Te comes insectos, clavos, una moneda,

hasta tus propias heces, si es necesario.

Entonces esto es tuyo.

Esta moneda se la sacó Giacomo, el chaval que murió,

de debajo de su propia piel.

No sé cómo llegó allí pero yo vi cómo lo hizo.

Y a pesar de eso, sigues pensando que todo es sugestión.

He visto a una mujer tirar una puerta abajo por asustarme.

Tres costillas rotas.

Esto, si quieres quédatelo, solo es un trozo de metal.

No sé ni por qué la guardé. No vale nada.

- Buenos días, padre. - ¿Qué hay?

Nos gustaría hablar un momento con usted.

¿Qué pasa, Paco?

- ¿Era su primer parto? - El segundo.

No la saques de aquí. Dejadla un par de días,

por si algo le sienta mal.

- Pero ¿está bien? - Sí, perfectamente.

Todo absolutamente normal.

- ¿Qué tal el bebé? - Igual. Todo bien.

Come mucho.

Solo se despierta una vez, estamos encantados.

No sé qué habría sido de él

si no llega a ser por vosotros.

Es una gran responsabilidad aunque solo sea unos días.

¿Unos días?

Bueno, claro.

Muchas gracias por todo.

Habla tú con él, no puedo retenerlo más tiempo.

Aquí ha aparecido un niño

y no sabemos de dónde ha salido. Y Vergara no estaba.

- ¿Y el libro? - Eso no demuestra nada.

Lo cogería Antonio de la sacristía.

- ¿Está aquí? - Sí, ahí.

Hágase tu voluntad, así en la tierra...

Hola.

No me puedo creer que esto sea idea tuya.

No.

Bueno, sí. Antonio no sabe ni leer.

Imposible que se haya inventado la historia solo.

No paro de darle vueltas a eso. Tiene que haber alguien detrás.

Hay muchas cosas que no nos has contado.

Lo de la cárcel, el adolescente muerto.

¿Para qué? Está en todas partes.

No lo oculto, pero tampoco me siento orgulloso.

Eso no me hace culpable y tú lo sabes.

Manuel, este es un pueblo tranquilo, aquí nunca pasa nada.

De pronto llegas tú y se monta la de Dios.

Sigue sin seguirse.

A ver, eres exorcista, ¿vale?

Que hasta he mirado en Wikipedia para ver si existe.

Y no un exorcista cualquiera, uno con antecedentes.

¿Te parece poco sospechoso?

¿Crees que he hecho eso?

Las últimas palabras de Antonio fueron:

«Esto lo hago por tus pecados».

Dijo eso y se tiró al vacío.

¿Lo puedes explicar?

Llevo toda la noche dándole vueltas.

Tú y todos.

Hay una cosa que está clara.

Tienes algo que ver con esto y te lo estás callando.

No oculto nada, si supiese algo, te lo diría.

Tengo que solucionar esto antes de que me crujan en Twitter.

- Esto me duele más a mí que a ti. - Pues ayúdame a resolverlo.

- Alguien le habló de mí. - ¿Quién?

Alguien quiere asustarme.

No se vaya. Tengo que hablar con usted.

Nuestro hijo murió con solo dos años.

Yo estaba viendo un programa de preguntas y respuestas.

Nos despistamos un minuto, no más, se lo juro.

Cuando miré a mi alrededor, el niño ya no estaba.

Carmen salió del baño,

secándose el pelo con una toalla. «¿Y el niño?», me dijo.

Esa puerta estaba abierta.

Salimos corriendo

y ahí lo encontré, flotando boca abajo.

Se había caído a la piscina.

El pobre no sabía ni subir las escaleras.

Carmen no pudo superarlo.

Es como si le hubieran arrancado el alma.

Lloraba sin parar o se quedaba días callada.

Pero lo que ocurrió en el establo...

Lo ha cambiado todo.

La habrá sacado de su depresión.

Seguro que está mejor.

No, todo lo contrario.

Ahora está distinta.

Dejamos la habitación como estaba, sin tocar.

Es como si supiéramos que él iba a volver.

¿No se da cuenta?

Lo que ha ocurrido, lo que usted vio en el establo

es un milagro.

¿Entiende qué ha pasado?

El Señor sabía que nosotros no tuvimos la culpa.

Y nos ha dado otra oportunidad.

No sabemos si el niño les va a corresponder.

Ese niño me lo ha entregado Dios.

¿Y dónde está?

Tranquila, ya camina.

Está enorme.

Este es el contestador de Paco.

Paco, te estoy llamando

y no consigo hablar contigo.

He estado en casa de los Alonso y...

El niño no es un niño. No sé qué es.

Sé que lo que digo no tiene sentido,

pero es más grande que su madre.

Llámame en cuanto escuches esto.

Que tenemos que hablar.

Se supone que solo tiene dos días.

Ese niño necesita atención médica o no sé.

Tendrá alguna enfermedad degenerativa.

- Gigantismo, acromegalia. - ¿El qué?

La hormona del crecimiento.

Los huesos te crecen, pero los órganos no.

El cuerpo sigue desarrollándose hasta que se desgarra.

- No. Espera. - ¿Qué?

Vamos a llamar a los servicios sociales.

A lo mejor no es tan grave.

¿Cómo que no es grave? ¿Estás escuchándome?

- Sí. - Sé lo que he visto. No estoy loca.

Ven conmigo y lo compruebas.

- ¿Andaba ya? - Andaba, Paco.

Vamos.

Espera.

Vamos.

No puedo dejar de pensar en esa cosa.

- ¿Cómo que esa cosa? - Paco.

Que tú no le has visto, no lo entiendes.

¿Estaban las ventanas abiertas?

Las cortinas, ¿estaban abiertas?

¿Por qué?

Igual no entraba luz.

Lo vi perfectamente. No me trates de trastornada.

Perdona, pero un poquito alterada sí que estás.

Te lo estás tomando muy personal. Olvídate.

Por aquí no se va a casa de los Alonso.

- Te estoy llevando a la tuya. - ¿Por qué?

No son horas de llamar.

Mañana llamamos a quien sea.

A ese niño no le pasará nada

por dormir una noche más ahí.

Has dicho que le estaban tratando bien, ¿no?

¡Elena! Espera, no te vayas así, por favor.

- ¿Quieres que tomemos un café? - ¿Para qué?

Para que te relajes.

Si quieres entramos y llamamos a servicios sociales.

Es un poco tarde para llamar.

Vale, llamamos ahora.

Qué acogedor tienes esto.

¿Ah, sí?

¿Te parece?

- Pues son de IKEA. - ¿Sí?

Me gusta personalizar los muebles. Los pinto, les añado cosas.

Te han quedado muy bonitos.

- Es mi marido. - Perdona.

No pasa nada.

Tuvo que ser difícil eso para ti. ¿Qué pasó?

Nada.

Te hago preguntas como un gilipollas y no te conozco de nada.

No, el problema es que no pasó nada.

Desapareció.

De pronto, pum.

Ya no estaba.

Así, ¿sin más?

Así, sin más.

¿No te dejó ninguna nota?

La cena en la mesa,

y con este mismo vino.

Y la sartén en el fuego. Todo menos él.

¿Qué te dijo la policía?

Se miraban entre ellos

aguantándose la risa mientras me tomaban declaración.

Qué hijos de puta.

Unos dicen que me engañaba con otra.

Y otros que era yo la que le engañaba.

Siempre que llego a casa,

me siento aquí esperando a que algún día entre.

Si quieres hacemos las llamadas.

No, da igual.

Ya las hacemos mañana.

Ah, sí.

Buenas noches.

¡Hostias! Hay...

- Hay gente fuera. - ¿Quién?

Remedios, la del supermercado, con la hermana

y Juan Carlos, el de la tienda de fotos.

- A mí no me importa que te vean. - A mí sí.

Dentro de nada son las municipales y para qué queremos más.

¿Y qué pasa entonces?

¿Te vas a quedar a pasar la noche?

No se quedarán toda la vida.

Será un momento.

No, ahora quiero que te vayas de mi casa.

- Elena, tía, no me hagas esto. - Sal por el jardín.

¿Saltar el muro? Voy a parecer más culpable.

- ¿Culpable de qué? - Ya me entiendes.

No te estoy entendiendo. Mira, ya está.

Me voy yo y tú te vas cuando quieras.

No te vayas, por favor.

- Da igual. - Elena, que es tu casa.

¡Elena!

Giacomo!

Fui a llevarte esto al cuartel

y me dijeron que ya habías salido.

- ¿Qué es? - Lasaña.

- Congelada. - Pasa.

Mañana llamamos al sargento y que se ocupe él.

Tenía que haber pensado en esto desde el principio.

¿Y qué les vas a contar?

Nos hemos equivocado.

La cosa no es quién quiere deshacerse de un niño,

sino quién quiere desesperadamente un niño.

- Lee esto. - Eso no era un niño.

Carmen, ¿qué le está pasando?

Nada, no le está pasando nada.

¿Cómo que nada? ¡Míralo!

Nada, está creciendo.

Todo va a estar bien. Ya verás.

¿Qué has estado haciendo?

La comida del bebé.

No te asustes, es hígado. Proteínas. Tiene que alimentarse.

No entiendo nada. Voy a llamar a un médico.

¿Tú qué quieres? ¿Que nos lo quiten?

El niño no va a ir a ninguna parte.

Tú no estás bien. No estás bien, de verdad.

- ¿Dónde vas? - Fuera.

¿Por qué? ¿Te parece mal?

Era lo que queríamos. Tú lo querías tanto como yo.

Joder, Carmen.

- ¿Qué es esto? - Un juguete, es del niño.

Pero ¿qué has hecho?

Dame.

Dámelo.

Carmen, ¿qué hiciste?

- ¿Qué haces? - Tienes el teléfono apagado.

Como te vean aquí, se me cae el pelo.

- Que bajes, coño. - Ya bajo, ya.

Llevan años intentando adoptar sin conseguirlo.

Ella dice que ese bebé se lo ha dado Dios.

Mañana hablo con Laguna y que lo investigue.

¿Por qué dejarlo para mañana?

Yo no voy a ir. ¿Sabes por qué?

Tengo mujer, un trabajo. Soy alguien en este pueblo.

No puedo andar haciendo el imbécil

buscando no sé qué.

Vale. Pues voy yo sola.

No sé qué hago aquí. ¿Cuál es el plan?

¿Vas a entrar, les vas a quitar al niño?

Yo no voy a entrar, lo vas a hacer tú.

No.

- Paco. - No.

Les dices que los servicios sociales lo están reclamando

o que lo llevamos a un hospital.

- ¿A las tres de la mañana? - Tú no lo has visto.

Esa mujer está loca.

O está cuidando de la criatura

porque es buena persona.

No puedo entrar en casa de la gente

solo porque tú y un cura digáis que ahí viven secuestradores

o lo que sea.

- No. - ¿Es por lo de las elecciones?

No puedo cagarla por algo que ni me va ni me viene.

Tienes que entenderlo, por favor. Ahora cogemos y nos vamos.

Llama a Laguna.

No te voy a dejar solo.

- Nos vamos juntos. - ¿Qué hacéis aquí?

¿No sabéis que hay que llamar para entrar?

- No sé qué ha pasado... - Hemos venido a ayudar.

¿Ayudarme? ¿A qué?

Necesito ver que ese niño está bien.

El niño está perfectamente.

- Está descansando. - ¿Qué ha pasado con tu marido?

¿Se puso violento y tuviste que defenderte?

Eso es. Me atacó.

¿Vosotros también queréis quitarme a mi niño?

El niño es mío.

Y nadie me lo va a quitar.

¡Corre!

Joder.

Ha sido Carmen. Ha matado a su marido.

- Está loca. - ¿Cómo se os ocurre?

Tiene a Paco y tenemos que ir ya.

Si ha matado a su marido, a saber qué le hará a Paco.

David, coge el otro coche y a casa de los Alonso.

Sí, ahora, ya.

Que nadie haga nada sin consultarme.

Viene detrás.

Joder.

No sabes cuánto lo siento.

Espero que puedas perdonarme algún día.

Son las voces, Paco.

Ya sé que te parezco una loca pero...

Si supieras lo feliz que soy.

Yo quería a un niño más que a nada en el mundo

y ellos han cumplido el trato.

Él me quiere, ¿sabes?

Hace todo lo que yo le digo. Mira.

Mira.

Mira.

Ya voy, mi amor.

Si me porto bien...

Si hago todo lo que me piden, las voces se irán.

Y no nos molestarán jamás.

Tengo que irme. No quiero que asusten al niño.

Viene gente.

Padre.

Siento que me vea así, en estas circunstancias.

- Carmen, acompáñame. - No puedo, de verdad. Ojalá.

Pero es que ellos no me dejan.

¿Ellos? Aquí no hay nadie. Solo estamos nosotros.

¿Creías que escondiéndote aquí te ibas a librar de nosotros?

- Quiero hablar con Carmen. - Carmen no está ahora.

- Habla conmigo. - No tengo nada que decir.

¿No vas a leerme tu libro

para que me duerma?

Vamos a dejarnos de juegos.

Tú no estás poseída. Tú estás enferma.

Que ya no crees en nada. Es eso, ¿no?

Como un niño: Cuando pierde, ya no quiere jugar.

Esto es lo que vamos a hacer.

Voy a cogerte los brazos, te los voy a poner detrás

y vamos a salir los dos por esa puerta.

Intenta tocarla si te atreves.

Danos lo que es nuestro y no volverás a vernos.

- No sé de qué me hablas. - Lo sabes.

¿Crees que somos tontos?

Por eso huiste. La quieres solo para ti.

Quita, Carmen, o disparo.

Quieta.

Quieta, Carmen.

¡Para!

No.

Joder.

¿Qué habéis hecho?

Lo siento, Merche.

- Te tenía que haber explicado. - Paco...

No es el momento.

Estás vivo y eso es lo importante.

Cuidado, por favor.

Todo es culpa mía.

Él no quería venir.

Y han estado a punto de matarlo. Gracias.

- No, Merche. - Es verdad.

Tienes todo el derecho a odiarme.

Yo no te odio Elena. ¿O debería hacerlo?

Has hecho lo que tenías que hacer.

Si no llega a ser por ti, no quiero imaginar cómo habría terminado esto.

Mi marido necesita recuperarse.

¿Sería mucho pedir que nos dejaras tranquilos unos días?

Solo te pido unos días.

Elena...

Merche...

Paco, mi amor.

No deberías estar aquí.

¿Por qué?

La mente crea la realidad, no al revés.

¿Qué está pasando, padre?

Pase lo que pase,

veas lo que veas, niégalo.

Cierra tu mente.

¿Y esto?

¿Y esto qué es?

¿Qué crees?

¿Se ha convertido en un monstruo y ha salido por la ventana?

Lo montó todo ella porque no podía tener hijos.

Paco, descansa. No pienses en eso ahora.

- Nos enrolló con hilos de lana. - No digas tonterías.

Como si fuésemos moscas en una telaraña.

Paco, duerme.

¡Paco! ¡Despierta!

¡Paco! ¡Despierta!

¡Ay, Dios!

¡Paco!

¡Por favor!

Joder.

Adiós, Paco. Mi hijo ha venido a buscarme.

Merche.

Merche.

- ¿Todo es por Carmen? - Va a volver.

Está convencida de que soy su enemigo.

Se la han llevado.

Cuando me enviaron a Tierra Santa vi mucho.

Un soldado israelí avanzó bajo fuego enemigo,

recibiendo 12 impactos.

Al llegar a Palestina,

mató a seis antes de que le derribaran.

Estaba lleno de adrenalina. Eso lo mantuvo vivo.

¿Qué es esto?

- Ayúdame. - ¿Qué se supone que vas a hacer?

No pasa de mañana.

Antes se puede llevar a unos cuantos.

¿Y tienes que ser tú el que lo impida? ¿Y la Guardia Civil?

No tienen la munición adecuada.

La ventana de la sacristía.

- ¿Es ella? - Quédate aquí.

Don Manuel, se lo pido por favor,

deles lo que quieren.

Me obligan a matarle, ¿comprende?

Se lo suplico: Tenga compasión de mí.

¿Qué quieren, Carmen?

Sabes perfectamente qué quieren.

- ¿Dónde está? - No sé de qué me estás hablando.

¡Padre!

¿Qué haces tú aquí?

¿No ves lo que me están obligando a hacer?

No te preocupes. Mi niño te sacará de ahí.

¡Oiga! Deje eso. ¡Deje eso y túmbese!

Hágame el favor.

Deme. Viene otra ambulancia en camino.

Deme el teléfono. Tengo que hacer una llamada.

Es mejor que haga lo que le digo. Cálmese.

Tengo que hacer una llamada urgente.

Dile que les entregue la moneda. Solo quieren eso.

En cuanto la tengan, se irán.

Por favor, no quiero hacer más daño.

¡Por favor!

La tienes tú, zorra.

Don Manuel, dígale a Elena que les entregue la moneda.

- La moneda de Giacomo. - ¿Cuál si no?

Salió del mismo infierno atravesando su alma.

Tú lo viste, Manuel, los dos estábamos allí.

¿Vas a bendecir las balas? ¿Crees que con eso vas a asustarme?

Si matas a este cuerpo, ¿cómo se lo vas a explicar a la policía?

Ya mataste una vez.

- Ahora no vas a poder librarte. - ¿Tienes miedo a morir?

Carmen sí, yo no.

Por favor, Don Manuel. Le están dando otra oportunidad.

Solo quieren recuperar lo que usted robó hace años.

Yo no he robado nada. Si Giacomo lo sacó del infierno

es porque no debería estar ahí.

No lo haga, por favor.

- Yo te absuelvo de todos tus pecados. - No lo haga, padre.

En el nombre del Padre, del Hijo...

- No lo haga. - ...y del Espíritu Santo.

Amén.

¿Elena?

Elena, ¿me oyes?

¿Elena?

Está aquí.

El fetiche. ¡Tienes que destruir el fetiche!

¡Elena! ¡Elena, el fetiche!

Soy yo, soy el padre Vergara.

Tranquila, Elena. Ya está, ya pasó todo.

¿Y Carmen?

Le has disparado.

- La has matado. - Carmen está bien.

Está en la sacristía. Solo se ha desmayado.

Las balas eran de fogueo.

¿Balas de fogueo? ¿Y el agua bendita?

Tenía que convencerla de que las balas la quemarían

como si realmente estuviera poseída.

Si no puedes razonar con un enfermo, tienes que seguir su lógica.

¿Y qué lógica tiene lo que acaba de estar a punto de matarme?

- ¿El qué? - ¿Cómo que «el qué? ¡Ese bicho!

- Ese insecto con esas pastas enormes. - Tranquila.

- Casi me mata. - No digas tonterías.

¿Tonterías?

Yo lo he visto.

Vale.

Tiene que creerme.

- Casi me mata. - Tranquilízate.

Tranquila. Yo te creo.

Si no puedes razonar con un enfermo, es mejor seguir su lógica, ¿no?

¿Eso es lo que soy para ti? ¿Una enferma?

Elena, dame esa moneda.

Dame esa moneda, que os está volviendo locos a todos.

¿Para qué la quieres? Si solo es un trozo de metal.

Subtítulos: Montse Meneses Vilar www.sdimedia.com

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