All language subtitles for Le Fate (1966)

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Original subtitles

La Galia ha sido sometida por el poder de Roma.

La Galia ha sido conquistada por Roma.

Julio César se prepara para hacerse a la mar...

a la conquista de Bretaña.

En el año 54 A.C.

JULIO CÉSAR EL CONQUISTADOR DE LA GALIA

Los galos han sido sometidos al poder de Roma.

Ahora Julio César se prepara para cruzar el mar...

y continuar su conquista en Bretaña.

En el año 54 A.C.

¡César!

¡César!

Detrás de este mar está Bretaña.

Está la gloria.

Me pregunto si los dioses están de nuestra parte.

César, le caes bien a los dioses.

Sueño, pero me pregunto hasta qué punto.

El mar en calma es un sueño favorable.

Es el corazón, amigo...

el que duda y no está tranquilo.

El laurel es el símbolo de la gloria.

Es el símbolo de tu gloria.

Una corona digna de ti.

¿Cuándo te la pondrás?

El día que esté viejo y cansado.

¿Hay noticias de Roma?

Acaba de llegar Caius Opio.

¡Vamos, deprisa, que empiecen los juegos!

Ahora iremos nosotros.

Bienvenido, Caius.

Bienvenido.

Felicidad y muchas victorias, César.

¡Muchas victorias!

Sobre los hombres y las mujeres.

¡Muchas victorias!

Eso depende de lo que se haya hecho en el Senado.

¿Y bien?

No he podido luchar contra todos los enemigos de César.

¿Son muchos más que los amigos?

No, pero tienen al mayor orador: Cicerón.

¡Cicerón, mi amigo y mi enemigo!

¡El padre de la patria!

¡Un gran orador, un gran patriota, pero él no quiere entender!

Ignora mis propuestas como los demás, como todos.

Es inútil que se lo repita una y otra vez.

¡Por supuesto que me rechazan las legiones!

En resumidas cuentas, ellos están dispuestos a discutir las cuestiones.

Pero no aprobarán jamás tu expedición a la Bretaña.

¡Tienes la guerra en la sangre, César!

¡Cicerón y todos los demás falsos amigos de César!

¡Hipócritas! Temen mi ambición.

¡Pero mi ambición es la suya! ¡Es la de Roma!

Tú tampoco me crees.

Lanzaré mis legiones para conquistar Bretaña.

Perdóname, ¿estás cansado? ¿Quieres un poco de vino?

Sí, algo cansado.

He cabalgado día y noche por temor a que alzases las velas antes de mi llegada.

Hasta hoy, miles de dificultades me lo han impedido y yo he esperado.

Puedo asegurarte que me pareció un castigo.

A lo mejor los dioses han establecido...

que yo tenga que quedarme en la Galia.

¿Por qué motivo?

No lo sé, Caius.

Sea como sea, César tiene un trabajo muy difícil.

Y por lo tanto, tendremos que estar muy atentos.

Pero sé que zarparé hacia Bretaña.

¡Los juegos! ¡Vámonos!

¡Vamos!

¡Dale ahora!

¡Mátalo!

¡Vamos!

¡Dale! ¡Dale!

100 sestercios a que ese galo gana al germano.

De acuerdo, 100 sestercios.

Has luchado muy bien y como premio te concedo la libertad.

¿Cuál es tu nombre?

Vercingetorix.

Toda la Galia se rebeló bajo el mando de Vercingetorix...

obligando a Julio César a volver a Italia para organizar sus legiones.

He luchado contra la corrupción del Senado durante toda mi vida.

Ahora te pido ayuda, Pompeyo.

Yo, al igual que tú, no me impuse. Fui elegido libremente.

Sabes que comparto tu opinión, César.

Tu lucha ha sido también la mía.

Entonces, tenemos muchas cosas en común.

Muchas cosas.

Estoy de acuerdo contigo, César, pero pedir más legiones...

Pido más legiones para llevar a cabo un nuevo plan, más grande y más ambicioso.

Crear una nueva Roma.

Mi sueño y mi gran ambición es éste, Pompeyo.

Veo un nuevo estado con reformas radicales:

las provincias conquistadas que tengan nuevas leyes.

Esta nueva ambición tuya es la que se teme en el Senado.

La mía, la tuya y la de todos, Pompeyo.

Sí, díselo: soy ambicioso.

Pero sólo cuando se trata de mejorar el destino de Roma.

Cuento contigo para que hables con el Senado...

y le convenzas de que no es para César.

Hablaré con ellos, te lo prometo.

- ¡Ave! - ¡Ave, Pompeyo!

¿Tanto te fías de él, César?

No creo que hable en mi favor, amigo.

Pero, cuando lo haga...

aprenderemos algo de mis estimados amigos.

Y ahora que ya he informado al Senado...

de lo que propuse en Rávena para los intereses de la República...

es conveniente que sepáis que César necesita más legiones.

Pompeyo, ¿tú crees que César necesita más legiones o César las pide?

No creo que tenga razones.

Yo nunca habría hecho una propuesta semejante.

Pero, ¿dónde está César?

¿Por qué no está aquí para justificar su petición y sus acciones?

Además, está en Italia.

Pompeyo ha dicho que estuvo en Asís, presidiendo los anuales.

Pero no está aquí, en Roma, en esta reunión.

¿Por qué?

¿Es que teme hablarnos de su campaña de la Bretaña?

¿O es que no quiere hablarnos...

de la reciente rebelión que tuvo lugar en la Galia?

¿No será que con su silencio...

quiere ponerse por encima de las autoridades de Roma?

Es posible.

Él no está aquí y sin embargo pide otras legiones.

Ciertamente, César es un gran general, senadores.

Pero para él no existen otras preocupaciones.

Ha utilizado mucho dinero y a muchos amigos para ser reelegido Cónsul.

Le interesaban las provincias galas, llenas de riquezas.

Y sus terrenos, llenos de tesoros, lo testimonian.

¡Se la acusa injustamente!

Se debería recordar, en cambio...

cómo fue capaz de conquistar la Galia en tan poco tiempo...

y cómo sus conquistas han contribuido a llenar de oro las arcas del Estado.

Él no es capaz de actuar para sus propios intereses...

sin tener en cuenta el bien del Estado.

Ten cuidado, Caius Opio, no vaya a ser que con tu fidelidad a César...

sentimiento que, siendo amigo suyo, eleva tu honra...

empeores su situación.

Si él reflexiona tanto...

¿porqué ha seguido con la campaña de la Bretaña...

incluso después de la prohibición del Senado.?

¡Porque para César, por encima de los intereses del Senado...

están aquellos que llevan a la grandeza de Roma.

¿Se nos acusa de estar contra Roma?

¡Que se hable!

¡Pruebas, quiero pruebas! ¡Quiero pruebas!

¡Callad!

Él sabe mejor que yo que César vela por la grandeza de la República.

¡Pero ceder más legiones significaría dejar a Roma desarmada!

Perdonemos, Pompeyo, al joven Decio Escribonio Crione su ímpetu...

y pidámosle que reflexione.

¡Los hechos cuentan! ¡Sólo los hechos!

César ha demostrado que persigue solamente un plan suyo, ambicioso.

¡Y recordad, viejos Senadores...

que cuando él pidió volver a ser elegido Cónsul, yo os advertí.

Os repetí las palabras de Sila...

que juzgando a César cuando todavía era joven, dijo:

En este hombre reviven multiplicadas las ambiciones de Caius Mario.

Ahora os digo:

Estad atentos.

Su ambición puede llevar a nuestra República a la ruina.

¡César está por encima de toda sospecha!

¡Es una gran verdad!

¡Si eso es cierto, que venga al Senado!

Tendrá que explicarnos porqué hay miles de ciudadanos de luto...

y ha puesto en peligro a la mismísima Roma.

Antes de obligar a César a venir al Senado a dar explicaciones...

creo que sería justo considerar su obra y qué tipo de hombre es...

independientemente de cualquier opinión personal.

Palabras sabias que me han traído a la mente algún caso...

en que nuestros padres, ahogando el pulso de la pasión...

juzgaron según la justicia y la legalidad.

¡En este caso no se trata de castigar sino de reafirmar el poder del Estado!

¡Pido que César vuelva a Roma!

¿Has pensado en lo que te dije?

El sacrificio que me pide César es demasiado grande:

Casarme con un hombre al que no conozco.

Es uno de los terratenientes más fieles y leales de César.

y su familia es ilustre.

Piensa, Roma entera te respetará...

y te conocerán como la esposa del hermano de Cicerón.

Pero yo no le amo.

¡El amor!

El amor llegará después...

cuando con la convivencia aprendas a apreciar y a estimar a tu marido.

¿Y si amase a otro?

- ¿A otro? - Sí.

Hace tres años, cuando César se encontró en Luca con Pompeyo y Craso...

Iban de viaje.

Fue la última vez que vi a César.

Hay un oficial, Claudio, al que amo.

Sí, le recuerdo.

Nos prometimos el uno al otro y yo he jurado que le sería fiel.

Una pasión juvenil, Publia.

¡Una cosa seria, Calpurnia!

Porque yo en todo este tiempo no le he olvidado.

Y sé que él tampoco se ha olvidado de mí.

Bueno, pues le tienes que olvidar.

No es la primera vez que se le pide este tipo de sacrificio a una mujer.

Julio César necesita una alianza de familia con Cicerón.

Es el único modo de ganarse su amistad.

Sabes que César te ama como a una hija. Yyo también.

¿Crees que tu felicidad nos es indiferente?

- ¿Qué pasa, Clelia? - Caius Opio quiere verte, Calpurnia.

Dice que se trata de algo muy importante.

Que entre.

¡Quédate, Publia!

¡Salud para ti, Calpurnia! ¡Ave, Publia!

¿Y bien?

Nada, nada,

Marco Tulio Cicerón ha sido implacable.

Lo único que he podido conseguir es...

que se retrase dos días la decisión del Senado.

Pero el resultado de la votación está muy claro:

ordenarán a César que vuelva a Roma.

César nunca obedecerá esa orden, nunca.

Entonces, estallará una guerra civil.

Prepáralo todo, Calpurnia, iré a la Galia y me casaré con Quinto Cicerón.

Mientras su sacrificio no sea inútil...

Haz que Publia salga hoy mismo...

y mañana yo le daré la noticia a Marco Tulio Cicerón.

Es muy sensible con los parientes.

Ya verás como será él mismo el que pida que César se quede en la Galia.

Ya lo verás.

¡Que los dioses nos ayuden!

Decidle a vuestros comandantes que resistan.

Que resistan pase lo que pase.

Haremos llegar tus órdenes, César...

pero tienes que saber que ninguno de nosotros volverá a Roma con vida.

¡La Galia entera está en ascuas!

¡Cada bosque, cada árbol, cada encrucijada es una emboscada!

Con el nombre de Vercingetorix en los labios, los galos luchan...

y por cada mil que mueren, salen otros mil, listos para el combate.

Te conozco, Publio, has servido a César en las cuatro últimas campañas.

Contra los birontes, en el Rin, en Iberia y...

- En el golfo de Mariván, César. - En el golfo de Mariván.

Recuerdo esa guerra larga y victoriosa en el golfo de Mariván.

Recuerdo perfectamente que te salvaste nadando.

Arriesgando tu vida hasta el último momento...

como el valiente Horacio Coclés.

Entiendo tu cansancio.

El nuestro es un trabajo muy duro.

Por lo tanto, vas a volver de inmediato a Roma con el grado de Centurión.

Allí te darán tres porciones de terreno...

donde podrás pasar el resto de tu vida en paz...

con el recuerdo de tus victorias.

¡No César! ¡No soy un hombr3 4c4b4d0!

¡No me humilles de esta manera!

Eres un buen soldado. ¡Te necesito!

Es más...

Publio, haz llegar mis órdenes a tus superiores...

y diles que César les promete la victoria.

Estoy con ellos, aunque ahora tenga que quedarme aquí.

Siempre estaré con ellos.

¡Volveremos juntos tú y yo, a Roma!

¡Ahora ve!

¡Ave, César!

Barrón, escucha.

Tengo un mensaje para tu cónsul Quinto Cicerón.

Le dirás que Publia está de camino hacia su campo.

Su matrimonio debe celebrarse lo antes posible.

Eso es todo. ¡Ve!

- Perdona, César. - Sí, Claudio.

Pero tú... tú expones a tu protegida a un grave peligro...

En estos momentos la Galia no está como para hacer viajes de placer.

No temas, las legiones de Quinto Savino la protegerán.

No corre ningún peligro.

¿Estás seguro? ¿Muy seguro?

Sí, lo garantizo.

Pero, ¿y el matrimonio?

Amigo mío, es la necesidad.

La política hace que sea necesario.

César , ¿tú has entendido, tú sabes lo que es estar solo?

El que ha amado sabe lo que significa.

Yo, como el que más, sé lo que es estar solo.

¡Livio! ¡Fabio! ¡Carinio!

Julio César a Caius Opio.

¡Hola!

Las noticias que me mandas me llenan de alegría.

Preveo un matrimonio feliz y lleno de ventajas para Publia.

Mi queridísima Calpurnia, te saludo con todo mi cariño.

Me siento muy solo y te echo de menos después de esta larga separación.

Parece que todo va por buen camino.

Sabía que podía contar contigo y con nuestra querida protegida, Publia.

La Galia está divida en tres partes...

una de las cuales está habitada por los belgas...

otra por los aquitanos...

y la tercera por los de lengua celta, llamados galos.

Son hombres fuertes, inteligentes...

audaces y belicosos.

Si tú estuvieses aquí, ¡Oh Calpurnia!...

todo sería mucho más fácil.

Dentro de un mes hará tres años desde que nos vimos por última vez.

Tres largos años.

Estoy cansado, infinitamente cansado...

pero mi amor por ti es siempre el mismo.

A pesar de nuestras ideologías diferentes...

Cicerón es mi amigo y le estimo mucho.

Convéncele de la honestidad de mis sentimientos.

Yo considero el matrimonio entre nuestras familias...

como la más grande y pura de las bendiciones.

Recuerda, ¡Oh Calpurnia!...

que el destino del soldado es la muerte.

Sí, amigo, no lo olvides, los años dan mucha experiencia.

Y en mi caso no ha sido amarga, sino todo lo contrario.

¡Valerio! ¿Es verdad que César no irá a la Galia?

¿Por qué estás tan pensativo?

Publia se va a casar con Quinto Cicerón.

Es la voluntad de César. Tú sabes que sigo enamorado de ella.

¡Claudio Valerio, César te llama!

Vosotros os podéis ir.

Enviad la carta a Caius Opio y a mi mujer. Gracias.

¡Ah, Valerio!

Elige 10 de los mejore hombres. Nos vamos.

- ¿Dónde vamos? - A la Galia.

¿A la Galia con sólo 10 hombres?

Exacto, Valerio. Ahora sabemos el proyecto de los dioses.

Con César en Bretaña, Vercingetorix nunca habría osado tanto.

¿Y ahora?

Ahora le atacaremos cuando menos se lo espere.

¿Entiendes, Valerio?

Así sucede cuando el destino de una nación...

está en manos de los estúpidos e inestables que hacen política.

El Senado me niega las legiones pero...

me permite atacar y terminar con el levantamiento en la Galia.

Superando al Senado, yo salvo el honor de Roma.

¡Y hago que Pompeyo mienta!

¿Quién le negará nada al César que consiguió vencer a Vercingetorix?

¿Y cómo pasaremos? Dicen que estamos por todos lados.

Atravesaremos Ceveine.

Pero es imposible.

Nada es imposible. Ven.

Éste es el plano.

Aquí está Marco Laviano.

Aquí están las legiones de Titus.

Éste es el campo de Quinto Cicerón.

Ahora nosotros iremos en esta dirección.

Todos juntos.

Y atacaremos.

Pero, ¿y las montañas?

Temes demasiado a las montañas y no tienes fe en mí.

¿Y Quinto Savino?

Tendrá que mantener su posición...

para conservarnos un camino abierto hacia Italia.

¡Tranquilízate amigo! Cuento contigo.

Estoy tan desanimado.

¿No eres amigo de César?

¡Por fin! ¡Ya hemos llegado!

¡Sí, qué soledad!

Estamos en la Galia, Claudio Valero.

¡Mira, una cabaña!

¿Quién puede vivir en un sitio como éste?

No lo sé.

Están exhaustos. Necesitarían descansar.

¡Vamos!

¡Adelante!

¡Salud para ti, viejo!

¿Podrías darnos asilo esta noche?

Sí, por supuesto.

Llama a Publio.

Te estoy muy agradecido. Gracias.

¡Llevad adentro a los heridos!

Ahí fuera hay dos heridos. ¿Puedes ayudarles?

Conozco algunas hierbas que curan todas las heridas y les curaré.

Eres un buen hombre. ¿Qué recompensa quieres?

Tuve uno una vez hace mucho tiempo, pero se me partió.

Cógelo. Es tuyo.

Descansaréis aquí.

¿Y tú, César? Ése es tu sitio, nosotros nos quedaremos fuera.

No te preocupes, el sitio más cómodo es para los heridos.

Descansad.

Los dejo a tu cargo. Confío en ti.

Dime, ¿vives aquí?

Sí, aquí nací.

¿Quién eres?

El extraño aquí eres tú. Habla tú.

César. ¿Nunca has oído hablar de César?

Yo vivo solo. Nunca he oído hablar de nadie.

Dime, ¿cómo sobrevives?

La tierra baja por la montaña.

Por las pendientes de la colina...

la tierra es fértil y da maíz, que me sirve para el pan.

El resto lo saco del bosque.

¿Estás solo? ¿No tienes amigos?

Estoy solo, pero no abandonado.

Siempre he vivido así.

¡Qué vida tan extraña!

¡Siempre solo! ¿Nunca has deseado bajar al valle?

¿Para qué? ¿Es que la paz está en el valle?

¡Tenía que venir a estas montañas para encontrar al único hombre feliz!

Éstas son las órdenes, Quinto Savino.

Debes resistir en el campo atrincherado hasta que César diga lo contrario.

Está bien, Cornelio Crespo. ¡Puedes irte!

Voy a ordenar que refuercen la primera línea.

Es inútil.

No nos quedaremos en el campo atrincherado.

¿Y las órdenes de César?

El no está aquí y no sabe cuál es nuestra situación.

Pero habrá trazado un plan y somos parte de su proyecto.,

Aunque nos quedásemos encerrados aquí dentro, nos aniquilarían.

Sí, pero moriríamos por la gloria de Roma.

O por la de César.

¿Qué pretendes hacer, Cónsul Quinto Savino?

Ordenar que la Legión se prepare para salir hacia Italia...

y que quemen el campo.

¡Pero eso es traición!

¡Lucio Cota!

No soy yo quien tiene que explicarte que yo soy el Comandante...

y que negarse a obedecer mis órdenes es traición.

¿Cuándo quieres que salgamos?

¡Mañana! ¡Al amanecer!

Bienvenida, Astrid.

¿Qué quieres?

He venido a ofrecerte mi alianza.

¿Por qué tú, que eres la reina de los suevos, quieres ayudarme?

¡Odio Roma!

Mi pueblo ha sufrido mucho bajo su dominio.

Mataron a mi padre, devastaron mi tierra...

pero yo era demasiado débil para plantarles cara.

La lucha es dura e incierta.

El campo de batalla no es para una mujer.

Las leyes de la guerra son crueldad y sangre.

Era una niña cuando conocí esos horrores.

Déjame ir a tu lado.

Quiero compartir tu lucha y...

vengar a mi pueblo.

Muy bien, como quieras.

Venga, maldito perro, si quieres seguir con vida, escupe.

O si no, haré que te arrepientas de no haber muerto en combate.

¿Has oído lo que te he dicho? ¡Escupe!

¿Has oído? ¡Escupe, he dicho!

¡Juro que no pararé...

hasta que esta misma espada mate a Julio César!

¡Salud para ti, Vercingetorix!

¡Salve, futuro rey de la Galia!

Hemos venido aquí juntos para asegurarte la solidaridad de nuestro pueblo.

¿Dónde están vuestros soldados? ¿Dónde vuestra caballería?

No quiero solidaridad si no traéis un ejército con vosotros.

Nosotros no podemos movernos sin levantar las sospechas de los romanos.

Creen que somos sus amigos.

Ya lo sé, desde hace años combatís al lado de César.

Es justo por gente como vosotros que han sometido a la Galia.

¿Qué queréis?

Vercingetorix, toda la Galia te elegirá como rey.

¿Qué pasará entonces con el pueblo éduo?

Todos los demás jefes me han seguido sin pedir nada.

Todavía no has vencido, Vercingetorix. Nosotros conocemos a César.

César está en Italia.

Cuando sus cónsules le pidieron ayuda, dijo que no podía moverse.

César está en Italia y dos días después te lo encuentras en Bélgica.

Vas allí para atacarle y él ya está en Aquitania.

Se mueve con la velocidad del viento y con la astucia del zorro.

A César le fallan las fuerzas, nos necesita.

Te será muy útil nuestra ayuda...

el día que César crea que nos tiene como amigos.

Y nosotros, no sólo no le ayudaremos...

sino que además, le atacaremos.

Piénsalo, Vercingetorix.

De acuerdo. ¿Qué queréis?

El oro romano que está custodiado en Jerjovia.

- Es un precio muy alto. - Como la ayuda que te ofrecemos.

¿Quién se quedará como rehén para garantizar nuestro pacto?

Guardo para mí el honor de estar a tu lado, Vercingetorix.

¡Marchaos!

¡Vercingetorix!

¡Ah, eres tú Astrid!

¿Has venido tú también a pedir la recompensa por la ayuda que me das?

No, no tengo nada que pedirte.

Tú eres el hombre que ha osado oponerse a Julio César...

y eres aquel que me ayudará a vengar a un pueblo de oprimidos y humillados.

Eres guapa, Astrid.

Demasiado guapa para los horrores del campo de batalla.

No importa, estaré a tu lado y con eso será suficiente.

Podré superar todas las dificultades con la confianza que tengo puesta en ti.

Eres guapa, Astrid.

Y tú eres fuerte.

Estoy orgullosa de ti.

Supongo que te gustará saber que ya estamos llegando a la meta.

Unas cuantas millas más y habremos llegado al campamento de Quinto Cicerón.

Gracias.

Empezaba a preguntarme si esta Galia tendría un final.

Hace tres días que no pego ojo por culpa de los dichosos mosquitos.

Venga, acércame el espejo.

Gracias.

Ya estamos llegando.

El deber nos impone que estemos guapas.

¡Alto!

Es horrible. ¿Quiénes son?

No miréis, es terrible.

¡Soldados de Roma! ¡Soldados de Roma!

No continuéis. El bosque está lleno de enemigos.

- ¿Quién eres? - Un legionario de Quinto Savino.

¿Y tu legión?

Muertos, están todos muertos. Ojalá yo también lo estuviera.

Los galos me atacaron y me arrancaron los ojos.

¿Dónde está César? ¿Por qué nos ha abandonado?

Decidle que vuelva y que se vengue. Sólo él puede...

¡Una emboscada!

¡Los galos!

¡No! ¡No! ¡Déjame!

¡No!

¡Déjame!

- ¡Suéltame! - ¡Déjala!

¡Yo he matado al hombre! ¡La mujer es mía!

Ésta no me parece una prisionera corriente.

¡Deprisa, volvemos al campo!

¡Déjame! ¡Socorro!

De esta manera, la Galia será fuerte por sus leyes y por su espada.

¡Tú serás nuestro rey, Vercingetorix!

Lo seré, si el pueblo quiere que lo sea.

¡Vercingetorix! Hemos conseguido un rehén especial.

- ¿Quién eres, mujer? - Soy una mujer romana.

- ¿Cuál es tu nombre? - Publia, la protegida de César.

¿Y cómo es que César te manda a la Galia?

¿Tan seguro está de sí mismo?

Mis hombres te podían haber matado, ¿lo sabes?

Hubiese preferido morir, antes que caer en tus manos.

¿Morir? ¿Por qué?

Eres demasiado guapa para morir.

- ¿Tú la has capturado? - Sí.

La dejo en tus manos...

que la traten como a una invitada y que no le toquen ni un solo pelo.

Si le pasa algo, lo pagarás con tu cabeza.

¡Marchaos!

¿Por qué no la has matado?

A los rehenes no se les mata.

Y éste es muy valioso.

Un mensajero de los galos está aquí fuera.

No hay otra alternativa.

Vercingetorix me pide que me rinda a cambio de la libertad de Publia.

Vida por vida. Yo me ofreceré en su lugar.

Tú, Marco Liborio tomarás el mando.

Podríamos intentar una emboscada y luchar en el campo.

Con el factor sorpresa...

No, sería una locura y una destrucción inútil.

¿Es que no te ha servido de nada el ejemplo de Quinto Savino?

Escucha, Quinto Cicerón, otra vez ese mensaje.

Lleva repitiéndose más de una hora.

Ve a buscar al prisionero que capturamos hace dos días.

Le obligaremos a decirnos lo que significa esa señal.

Tiene que ser algo muy importante, si insisten de esa manera.

¿Qué significan esos sonidos? ¡Habla!

¿Has oído mi pregunta?

¡Habla! ¿Qué dicen?

¡Responde! ¡Qué dicen?

Julio César ha vuelto a la Galia.

Se ha unido a las legiones de Bruto y han ganado en Alvernia.

La ciudad de Avarico ha sido ocupada por los romanos.

¡César ha vuelto!

Entonces ya no hay tiempo para las dudas.

Dile a los hombres lo que está sucediendo...

y comunícales que les ordeno que resistan.

¡Viva César!

¡Viva César!

¡Incendiad los campos de maíz! ¡Que no quede ni rastro de los poblados!

Eso significa condenar a nuestro pueblo al hambre.

Significa que César no encontrará nada cuando llegue.

Todos los caminos están vigilados.

¡Quiero que se me informe de cada paso que den los romanos!

¡En marcha!

Lo que habíamos supuesto Viridomar y yo, era cierto

Los romanos han conseguido engañarte.

¿Acaso dudas de mi victoria?

No, nosotros confiamos en ti.

Sólo que estoy convencido de que en el momento justo...

nuestra ayuda podría ser mucho más útil de lo que tú te crees.

Me despido, Vercingetorix, y espero tus órdenes.

¿Dónde está César?

Centurión Decimosilo de la legión de Marco Laviano.

¿Sí?

Marco Laviano espera tus órdenes y te informa de que...

los víveres son escasos y el enemigo lo ha destruido todo.

No pueden vencernos con las armas. Han decidido hacerlo con el hambre.

Por desgracia, ya estoy informado.

Vercingetorix odia a Roma...

y a mí profundamente.

¿Dónde has luchado?

En Bretaña, en el río Savis.

¿Dudaste alguna vez?

No, César.

¿Y ahora?

Entiendo.

¿Estás preparado para salir de inmediato?

Sí, César.

Te darán un caballo fresco.

Vuelve con Marco Laviano.

Dile que levante el campamento y se dirija a Lutecia.

- Allí recibirá nuevas órdenes. - Sí, César.

¡Espera!

Toma oro.

Es la recompensa que te mereces por tanta fatiga.

Gracias, César.

¡Estatilio!

¡Que venga inmediatamente el centurión Claudio Valerio!

- ¿Me has llamado, César? - Sí, Claudio.

Le llevarás este mensaje a Quinto Cicerón.

¿A Quinto Cicerón yo?

Sí, a Quinto Cicerón.

Le dirás que ya no es necesario que se case con Publia.

Gracias, César, estoy contento de obedecer tus órdenes.

¡Ave César!

¡Ave!

Ya deberíamos estar cerca.

Esta noche podremos dormir junto a Quinto Cicerón.

Con tu permiso, centurión, no creo que sea lo que más te interese.

¿Qué quieres decir?

Que la presencia de Publia en su campamento...

ha hecho que nuestros caballos corriesen más de la cuenta.

Llevas unos días bastante insolente.

¿Es un error amar a una de las muchachas más bellas?

No, claro que no.

- ¿Que será ese grito? - Parece un animal.

Puede, pero será mejor que estemos atentos.

¡Quieto, no te muevas, perro romano!

¡Vamos habla!

¡Habla, maldito perro!

¿Qué pone en este mensaje?

¡Te repito que no lo sé!

Está escrito en griego y yo no conozco esa lengua.

¡No lo sé!

¡Para! ¡Para!

A lo mejor, los otros prisioneros...

Ya lo había previsto.

¡Rodan!

¡Haz que entre la prisionera!

A lo mejor hay alguien aquí en Alesia, que conoce el griego,

¡Ven!

¡Publia!

¡Claudio!

¿Os conocéis?

Mejor todavía.

Traía este mensaje.

Es de César y está escrito en griego. ¡Tradúcelo!

Yo no conozco el griego.

¡Todos los patricios romanos saben griego!

Si de verdad te interesa, será mejor que me lo traduzcas...

o sino le verás morir, mientras le torturan lentamente.

¡Te odio, te odio! ¡Cómo te odio!

¡Rodan!

¡Vamos!

¡Nooo!

¡Nooo!

¡Sigue!

Aunque pasen mil años, esas cicatrices le recordarán este día.

¡Tiene que hablar!

¡Nooo! ¡Basta! ¡Basta!

¡Déjala, Breno!

¿Prometes que a él no le harán nada?

Sí.

No tienes que hablar.

¡No hables, Publia! ¡No hables!

¡Oh, no!

¡No puedo!

¡No puedo! ¡No es posible!

Julio César a Vercingetorix. Cicerón, saludos.

El décimo día después de la luna nueva...

saldrás del refugio y nos encontraremos en el camino hacia Jerjovia.

¡César en Jerjovia!

¡En Jerjovia!

¡Decidle a César que todo está tranquilo!

César, todo está tranquilo y no hay rastro ni del Cónsul ni de sus hombres.

Esperemos que los dioses hayan querido que no le pase nada a Claudio Valerio.

Hay demasiado silencio.

¿Qué piensas hacer?

Avanzaremos hasta estar debajo de Jerjovia.

¡En marcha!

Que las legiones formen un cuadrado y la caballería esté preparada.

¡Bien César!

¡Adelante! ¡Por la gloria de Roma!

¡No podemos seguir luchando!

¡Todas las legiones han sufrido grandes pérdidas!

¡Estamos al límite!

¡Haced que las legiones de Titus Azius retrocedan!

¡Los demás, seguidme!

César, siguiendo tus órdenes...

las legiones de Titus Azius se han separado del enemigo.

Con el amparo de la noche volverán aquí.

¿Y Marco Cató?

¡Su sacrifico ha permitido a los nuestros la retirada!

Alcanza a Titus Azius y dile que acampen al otro lado de la ribera del río.

Allí haré llegar mis órdenes.

¡Nerio!

¡Que Marco Laviano nos alcance en Alesia!

¡Nebios, le dirás a Eporidorix que él también vaya a Alesia!

¡Terencius, que la legión de Titus Sextio llegue lo antes posible a Alesia!

- Y tú, Marco Antonio... - Sí, César.

¿Cuántos hombres quedan de tu legión?

- Doscientos, César. - Doscientos.

Vendrán con nosotros a encontrarse con Quinto Cicerón.

Vercingetorix se enterará enseguida de que las tropas están en movimiento...

y no podrá atacarlas todas a la vez.

Tendrá que concentrar sus fuerzas en Alesia y es allí donde atacaremos.

¿Y los víveres?

¿Qué comerá toda esa gente cuando se junte?

Quinto Cicerón tiene víveres suficientes para una semana.

En esa semana se decidirá la guerra.

No temas, Marco Antonio, estás con César y su buena estrella.

Espérame aquí.

¿Qué quieres?

Mi señora quiere entrar a ver al prisionero.

¡Entrad! ¡Deprisa!

Toma, aquí tienes tu recompensa.

Será mejor que yo me quede aquí. Entra tú.

¡Claudio!

No podía resistir la idea de que tú me odies...

de que me desprecies.

¡Claudio lo hice por ti!

¡Porque no podía soportar ver cómo te torturaban!

Te he amado demasiado y te amo demasiado como para guardarte rencor.

Pero, por desgracia nos dividen estos gritos de júbilo...

que celebran la derrota de César, la derrota de Roma.

Te equivocas, Claudio, César no ha sido vencido.

Y la victoria de Vercingetorix es sólo un episodio momentáneo.

- ¿Qué dices? - César está a salvo.

Dime que me perdonas.

¡Publia!

¡César te ha devuelto a mis brazos!

¡Él vencerá, estoy seguro!

¡Y nosotros volveremos a Roma!

¡Y el sol resplandecerá cuando lleguemos los dos juntos!

Donde está Claudio...

...allí está Publia...

...para toda la vida.

¡Publia! ¡Publia!

La luna ya está alta e ilumina todo el campo.

Será mejor que volvamos antes de que nos descubran.

Adiós, Claudio.

Aquí en Alesia es donde se ha encerrado Vercingetorix.

Pero no se quedará mucho tiempo.

No es un hombre de los que esperan a que le ataquen.

¡Saldrá!

Estoy seguro de que saldrá de la ciudad y luchará a campo abierto.

Por eso he ordenado las posiciones de defensa que habéis visto.

Dos días más.

El tiempo necesario para que lleguen las tropas de Titus Azius.

Y tendremos fuerza suficiente para ganar el ataque.

Que cada uno ocupe su posición.

Cada hora nos pondremos en contacto con mensajeros.

Bien, ahora os podéis ir.

¡Tú, quédate!

¡Eporidorix!

¿En qué zona están concentrados tus hombres?

Aquí, en los arbustos.

La caballería édua espera tus órdenes, César.

Intervendrán en la mitad de la acción.

Su actuación será decisiva en la batalla.

Será un honor haber cooperado contigo, César.

Me despido.

¿Tú que crees, Quinto? ¿Qué hará?

- Es nuestro aliado. - ¿Lo es?

Quinto, ya veremos en la batalla estos aliados de César...

Veremos qué saben hacer.

Dime, ¿sabías que Publia está bien?

Sí, lo sé.

Es difícil para mí decírtelo...

pero te pido que me devuelvas la palabra que te di hace tiempo.

Gracias, Quinto.

¿Cómo osas presentarte siquiera delante de mí, Belobaco?

Te había pedido 10.000 infantes y 2.000 caballeros.

Sin embargo, ¿cuántas son tus fuerzas? ¡Responde!

2.000 en total, Vercingetorix.

El pueblo se ha negado a dar más.

La guerra que estoy llevando a cabo no es para mí.

¡Es para la libertad de la Galia!

¡Que le corten la mano derecha y vuelva a su tierra!

¡Y que todos sepan cómo trata Vercingetorix a los traidores!

¡No! ¡Tú no puedes hacer eso!

¡No! ¡No puedes!

¡No! ¡Nooo!

¡Bebe!

He querido que asistieses...

y que vieses con tus propios ojos mi potencia.

Casi toda la Galia está aquí presente.

Cada uno de estos jefes representa un pueblo:

los oblecios, los cadurcios...

y otros cientos que luchan contra César.

Dime, ¿qué podrá hacer César contra nosotros?

Ahora que ya lo he visto, deja que me vaya.

Siempre me ha gustado tu ímpetu.

Sólo una vez has cedido.

Pero fue por amor.

¡Oh, Jesús, protege nuestras almas!

¡Oh, Jesús, protege a Vercingetorix!

¿Has escapado de allí?

No podía resistir esos cantos.

Los rituales, la alegría de esos bárbaros y...

¡Vete, esclava!

Me iré sólo si mi señora me lo ordena.

¿Has oído lo que te he dicho? ¡Vete!

¡Ve!

¿Por qué te has ido?

Una ceremonia para protegeros no me incumbe.

Yo soy romana.

Tú me has gustado siempre.

Ahora ya no me sirves como rehén.

Los dioses además de la victoria...

me regalan me regalan una mujer de César.

¡Por favor!

- ¡Vercingetorix! - ¿Qué pasa?

Eporidorix quiere hablarte urgentemente.

¿Eporidorix? ¡Que entre!

¿Vercingetorix? César espera que en dos días...

llegue la legión de Titus Azius que ahora está al otro lado del río.

Yo mismo he participado en una reunión en la tienda de César.

5.000 éduos están a sus órdenes.

Mi consejo es que ataques antes de que consiga reunir todas sus fuerzas.

¡Que todos los comandantes se reúnan inmediatamente para un consejo!

¡Y tú serás el premio del vencedor!

¿Qué quieres, Astrid?

Te odio, romana...

porque me has quitado el amor de Vercingetorix.

¡Yo le odio más de lo que tú le amas!

¡No me interesan tus sentimientos!

¡Te ofrezco la libertad!

¿Y cómo lo harás?

Te acompañaré hasta la muralla de la ciudad.

Tendrás un caballo.

Cuando amanezca estarás lejos.

¡Lejos para siempre!

Aceptaré sólo si el prisionero Claudio Valero viene conmigo.

De acuerdo, como quieras.

¡Publia!

¡Claudio!

¡Deprisa, marchaos! ¡Un caballo os espera fuera!

Gracias.

No lo he hecho por ti.

Recuerda...

por mucho que te torturen, tú ni has visto ni has oído nada.

Puedes confiar en mí.

¿Qué ha sido de Clelia?

No me ha sido posible traerla conmigo.

Ella misma ha ofrecido sacrificarse para facilitarme la fuga.

¡Pobre muchacha!

Claudio, los dioses han traicionado a César...

y Vercingetorix atacará antes de que llegue Titus Azius.

¿Cómo podemos avisar a César?

Hace tiempo que estamos en marcha.

Si pudiésemos alcanzar a Titus Azius sería nuestra salvación.

¡Que los dioses nos ayuden! ¿Dónde han acampado?

- ¡Vamos! - ¡Vamos, deprisa!

¡Preparaos!

¡Marco Laviano por la izquierda!

¡Titus Sextio por la derecha!

¡La caballería por detrás de la colina!

¡Y tú en cabeza de los arqueros!

¡Segunda legión, adelante!

¡César!

Marco Laviano me manda decir que su ala resiste por la gloria de Roma.

¡César!

Titus Sextio pregunta si puede pasar al contraataque.

¡No, aún no es el momento!

¡La señal a los éduos!

¡Ave! ¡Haced la señal! ¡Orden de César!

- ¿Me has mandado llamar? - Lleva a los tuyos por la derecha.

¿Les has hecho la señal a los éduos?

Sí.

¡A la carga!

Pero, ¿qué hacen? ¿Qué hacen?

Nos han traicionado.

¡Las tropas de reserva!

La noche es demasiado corta para su cansancio.

Descansa, hijo, descansa.

¡Oh, César! ¡Eres tú!

¿De verdad eres tú?

¿Qué soñabas?

Soñaba que entrábamos en Roma el día del triunfo.

No hay sueño más hermoso que ése.

¡Agua!

¡Agua!

Me atacaron por la espalda, César.

Pero no porque escapase...

¡A traición!

Mira, mi pecho siempre ha estado hacia el enemigo.

Tendrás tu recompensa.

Te lo agradezco, César.

Son muchos.

No tendríamos suficiente con toda la noche para contarlos.

Los éduos nos han traicionado.

Han seguido la ley del más fuerte.

Es el final, Marco Antonio.

¡Si pudiésemos resistir! Quizá mañana...

Titus Azius tiene los carros y los víveres.

Su marcha es lenta.

No llegará a tiempo.

Claro...

esta noche no hay estrellas.

Es la noche de mi derrota...

pero el ganador no sabrá utilizar la victoria.

Sólo Roma...

sólo Roma...

puede imponer el respeto de las leyes.

Nosotros somos el camino hacia el mañana.

César, ¿por qué no has dejado que los reservas se mezclasen con los demás?

Nos serán útiles mañana,,,

cuando todo esté perdido.

Sí, los éduos nos han traicionado.

Así que hay que ir a ayudar a César.

¡Caius Marcio!

¡A tus órdenes!

¡Que se preparen todos inmediatamente!

Tenemos que llegar hasta César lo antes posible.

Los víveres, los carruajes y todo lo que pese...

que se abandone.

¡Ve!

Dentro de una hora salimos. ¡Venga!

¡Que avance la legión!

¡Adelante!

¡Adelante!

¡Adelante!

¡Adelante!

¡Ahhhhhhhhh!

¡Ahhhhhhhhh!

¡César, el ala derecha está a punto de ceder!

¡Que se muevan los del centro!

¡Tú en el extremo derecho y la caballería por el izquierdo!

¡Tú espera mis órdenes!

¡Deprisa!

¡Tenemos que llegar donde está César!

¡Vamos! ¡Deprisa!

¡Laviano que vaya a ayudar a Marco Antonio!

¡Tú Bruto con el resto de la caballería! ¡Y yo con mis legionarios!

¡Venga! ¡Vamos!

¡La victoria es nuestra!

¡Alesia no está lejos!

¡Vamos!

¡Más deprisa! ¡Más deprisa!

¡Tu triunfo, César!

He luchado por la libertad de la Galia y he perdido.

No pido clemencia para mí...

sino generosidad para mi pueblo.

¡En marcha!

He luchado...

he vencido...

pero no he conquistado el ánimo de los hombres.

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