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Su whisky.
-Si las cosas han ido así, la culpa no ha sido mía.
-Sí, es verdad, pero trata de convencer a McKeel.
Es muy duro de mollera. -Bueno, ¿y qué?
Los hechos hablan por sí solos.
Que no haya habido testigos...
Además, he cumplido con mi trabajo. ¿Qué más quiere?
(Disparos)
(Música)
(GRITAN)
(Continúa la música)
(GRITA)
(Música)
(Risas)
(SE ACLARA LA VOZ)
¡Eh! Perdón, amigo. ¿Por dónde se va a Yellowstone?
¡Por allá, por allá! (RÍEN)
Comprendido.
Gracias.
Oh... Oh...
(Disparos)
Ríndete, ladrón.
Baja de ahí y suelta a la chica. Será mejor para ti.
Indio, tira el revólver y entrégate. Oh...
No escaparás. Ríndete.
Oh...
-Está bien, sheriff, me rindo.
(Música)
Carroña...
No me había equivocado.
Permita que lo dude.
La compañía de seguros no pagará si no está todo bien claro.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
Según parece, el tercer cómplice del atraco
pertenecía al personal del banco.
Y eso es lo que me han encargado que averigüe.
¿Y ha venido usted para eso de Londres?
Yo lo habría evitado,
pero las investigaciones me han obligado a venir.
¿Puede demostrar lo que dice?
Oh... Disculpe, sheriff, olvidé enseñarle mis credenciales.
Aquí tiene.
(LEE) "Jonathan Pinkerton.
Inspector de seguros del Lloyds de Londres".
(ASIENTE)
Y aquí hay una autorización del gobernador de Arizona.
Me quedaré estos documentos para comprobarlos.
Está en su derecho.
Quiero que me dé algunos informes,
pero ya lo hará cuando le parezca oportuno.
Ah...
¿Sabe de un buen hotel en la ciudad?
No sé si es bueno o malo, pero en 100 millas a la redonda
el único hotel que conozco está ahí al lado.
Gracias, sheriff.
Bueno...
Si no te gusta el hotel, me lo dices, ¿eh? Vamos allá.
Lo siento, señor.
Perdone, pero soy algo distraído.
Sí, señor.
Si quieres, te vendo también la silla de montar.
-Si la incluyes al mismo precio...
-Eh, Torres, estaba preocupado.
¿Dónde has estado estos dos días?
Todo va bien, todo va bien, tranquilízate.
Pero... ¿Y de aquel asunto?
¿Qué me dices?
Ahora podré darte lo que necesitas. ¿Sí?
-¿Qué desea el señor? Una habitación tranquila.
Estoy cansado y quiero dormir. Sí, claro. Por favor.
La número 7.
Bien. Gracias.
Hasta luego.
¿Ha hablado ya?
Aún no.
Pues continúa.
Habla, Teddy. Te lo aconsejo.
No tengo piedad para los criminales como tú.
(Llaman a la puerta)
Adelante.
Gracias, muy amable.
Pero preferiría un poco de agua caliente para bañarme.
Sé que para ustedes, los ingleses, el té es lo primero.
Para el baño tendrá que esperar un poco,
están calentando el agua. Muy bien.
Mi primer té aprendí a prepararlo en Londres, en mi juventud.
Es de suponer que su presencia aquí se debe a una razón muy importante.
Bueno...
Digamos que son vacaciones con premio.
¿Con premio? (ASIENTE)
Un modesto premio de 1 millón de dólares.
(Música de salón)
Basta, dejadlo.
Si te sorprendo otra vez haciendo trampas en mi local,
te cortaré las manos yo mismo.
Echadle de aquí.
(Continúa la música)
Dos, cuatro y seis para mí.
-A ver si esta vez hay suerte.
-Hola, ¿qué tal?
¿Me invitáis a un trago? -Es de lo mejorcito de aquí.
-Vamos, juega ya. -¿Qué, bebemos algo?
Para mí, un whisky.
Eh... ¿No acaba de llenar el vaso, señorita?
Lo siento mucho, señor.
Quisiera hablar con el dueño.
(Risas)
Yo soy el dueño. Ah, bien.
Así que... es usted el dueño.
Sí, claro.
(RÍE)
Bueno, siendo así... ¿querrá usted indicarme
dónde puedo encontrar un buen barbero?
Hay uno aquí, en la esquina. Gracias.
Mira quién está aquí. -Vámonos, este tipo no me gusta.
-Sí, alejémonos de cierta gente. -No se por qué le dejan entrar aquí.
-Anda, vámonos. -No soporta que le estaba ganando.
-Cuando se vaya, volveremos.
¿Vas a afeitarme con esa mano? Oh, no es nada. Tranquilícese.
¿Estás en baja forma o quizá es debido a la emoción...
de tu primer afeitado?
(RÍE) No, señor Londres. Es una larga historia.
Adelante, cuenta. Verá usted...
(Música)
(Silbidos)
Hola, sheriff.
Siempre trabajando, ¿eh?
Es duro mantener la ley.
No hago otra cosa que perseguir a los cuatreros.
Dígame, sheriff, el rancho de Clinton,
¿está muy lejos?
En esa dirección, a unas dos millas.
Gracias.
(Música)
¿Cómo vienes a estas horas? Ya no te esperaba esta noche.
-Mi marido tuvo que marcharse de repente.
Regresará de madrugada. -¿Adónde ha ido?
-No me lo ha dicho. Estaba muy nervioso.
¿Se ha decidido?
-No, aún no. Pero déjame hacer a mí.
Recuerda que me obligaste a casarme con él.
-Necesito ese dinero a toda costa.
-Lo tendrás, amor mío. -Señor Clinton...
Señor Clinton... -¿Qué ocurre?
-Un hombre quiere hablarle. Dice que viene de Londres.
-Está bien. Hazle subir.
Es el nombre que esperaba. Vuelve al salón. Luego nos veremos.
Hola. Bienvenido a Casa Clinton.
Perdone si le he hecho esperar un poco.
Por favor, siéntese.
¿Qué quiere usted tomar? Un whisky. Gracias.
Hace tiempo que esperaba su visita.
Bueno, esto me hace suponer
que mi propuesta de exportación ha sido aceptada.
Por favor...
Temía no conseguirlo. Gracias.
Últimamente, he tenido ciertas dificultades.
Los negocios, a menudo, traen consigo preocupaciones.
Pero ya está todo arreglado.
He resuelto las dificultades y podemos tratar tranquilamente.
Empezaremos con un envío de 3000 cabezas.
Cobraré la mitad por adelantado
y el resto en el momento de la entrega.
¿De acuerdo?
Es un buen negocio vender 3000 cabezas de ganado.
Pero déjeme que me presente, no soy quien cree.
Me llamo Jonathan Pinkerton y trabajo para el Lloyds de Londres.
Estoy aquí para investigar un atraco
realizado hace algún tiempo en Honeyville.
Según parece, dos de los bandidos han muerto.
Pero había un tercer hombre.
Mi compañía deberá pagar una fuerte suma
si no descubro quién era.
Lo siento, pero este es el negocio por el cual me encuentro aquí.
Está bien. No tiene importancia.
¿Y quiere ser tan amable de explicarme
qué tengo yo que ver en este asunto?
De momento, nada.
Pero yo tengo que investigar, ¿comprende?
Y un hombre como usted, señor Clinton,
si quisiera, podría ayudarme mucho.
Está bien. Pero ¿de qué modo?
Busco a alguien que haya llegado a esta ciudad hace poco.
Yo resido aquí hace solo dos años, pero puedo asegurarle, señor...
¿Señor...? Pinkerton.
Pinkerton, ya... Que no soy un desvalijador de bancos.
Volveré a verle, si no le molesta.
Pero quiero que sepa, señor Clinton, que...
yo no he hablado de ningún banco.
Dígame, ¿puedo volver?
Claro, cuando usted quiera.
(Risas)
(Música de salón)
Hola, Mark, ¿qué hay?
Eh... Discúlpenme. ¿Es aquel el despacho del dueño?
(RÍE) Ey, señor Londres, eres obtuso.
¿No has entendido aún que el dueño soy yo?
Y no quiero que me molesten.
Anda, despierta. Ánimo. Solo tienes facha.
-Déjame, por favor, quiero dormir.
¿Y qué tengo yo que ver?
A decir verdad,
usted podría participar de muchas maneras.
Como inculpado, por ejemplo. O si lo prefiere, como...
Como colaborador mío. Indirecto, desde luego. ¿Está claro?
Quizá no me haya explicado bien, señor Karl.
mi compañía tendría que pagar una importante cantidad
si cierto empleado de aquel banco no resultase culpable.
Y como quiere evitarse tener que pagarla,
está dispuesta a ofrecer...
200 000 dólares a la persona que me ayude a descubrir
si era o no culpable.
200 000 dólares...
Es una cifra escalofriante.
Con ese dinero, podría hacer...
una gran cantidad de cosas. Cierto.
Como comprar un rancho o marcharse de aquí... para siempre.
Sin duda, la vida sería mucho más fácil.
Sí, podría volver al Mississippi
y poner otra vez a flote mi viejo barco.
Es una buena idea.
Qué tiempos aquellos, señor Pinkerton.
200 000 dólares...
Pero ¿qué debería hacer? Eso es lo que no comprendo.
Ayudarme a encontrar al tercer bandido.
Con los dos, desapareció un cajero del banco.
Y yo he de demostrar...
si participó o no en el atraco.
¿Por qué he de ser, precisamente, yo?
¿Por qué me hace a mí esta proposición?
Porque es usted importante.
Todas las indagaciones me han traído hasta aquí.
Estoy convencido de que el hombre a quien busco
se encuentra en esta ciudad
y quién mejor que usted puede ayudarme.
¿Por qué?
Por favor... El salón es suyo.
Y supongo que todos los ciudadanos y los tratantes de ganado
acuden a él. Eso es verdad.
¿Entonces?
Imagino, señor Londres,
y perdone que le llame por el apodo que se le conoce en la ciudad,
que no tengo otra alternativa, ¿es así?
Sí, así es.
200 000 dólares... ¿Y si no aceptara?
Quieto ahí. No te preocupes por tu patrón.
Parece que vuelan más serpientes que moscas en este lugar.
Las hay en todas partes.
Vete.
Maldito Torres...
Sus serpientes empiezan a ser una verdadera pesadilla.
¿Por qué?
El último sheriff murió a causa de una mordedura de serpiente.
A propósito,
señor Londres, ¿quién sabía que venía usted a verme?
Yo diría que toda la ciudad.
En fin, seguiremos la conversación mañana.
Ah, señor Pinkerton, le buscaba. Aquí tiene sus documentos.
Gracias, sheriff.
Mañana iré a verle para que me dé aquellos informes.
¿Le parece bien? Eh, Lewis,
hay que solucionar de una vez lo de las serpientes de Torres.
Claro, Karl. Yo lo arreglaré.
(Puerta)
¿Cómo? ¿Ya cierran?
Sí, las serpientes, señor, las serpientes.
Hasta mañana.
(Disparos)
Ha huido, está fuera de tiro. Déjemelo a mí.
(Música)
Buen trabajo, te felicito.
Ya que lo has dejado escapar
y que por poco nos mata, búscalo.
Quiero que vuelva.
Tráelo aunque se ha muerto o te mataré a ti en su lugar.
¿Está claro?
(ESCRIBE) "Falleció de muerte violenta".
Es interesante, sí, pero ¿qué significa?
Muy sencillo, señor Londres.
Contrariamente a lo que todos creen, yo no soy un charlatán.
Soy un médico, un científico.
El azar me trajo aquí. Es una historia muy larga de contar.
Como científico, catalogo siempre a todos mis animales.
Su muerte y los resultados de mis experimentos.
En esta carpeta está toda la historia de Camilo,
la serpiente que usted ha matado.
Estaba tratando de encontrar un antídoto a su propio veneno.
Y la que mató al anterior sheriff, ¿cómo se llamaba? ¿Sartana?
¿Le han dicho eso también?
Qué más da, se lo cuentan a todos...
Cuando Slim Gallagher fue mordido por una serpiente,
yo me encontraba en el desierto efectuando investigaciones.
Eso fue suficiente para el jurado, pero no para la gente.
Yo le creo,
pero ¿qué hay de la serpiente que maté ayer?
¿También efectuaba usted investigaciones?
No, alguien me la robó, sin duda.
Acaba de hacer usted una acusación muy grave.
Por otra parte, es evidente que su profesión es muy peligrosa.
Ciertamente. Pero le digo la verdad.
Además, con mi fama,
¿quién se hubiera arriesgado a ir corriendo por la ciudad
gritando que le han robado una serpiente
o que se le ha escapado?
Y... ¿quién supone usted que puede habérsela robado?
Un enemigo suyo o un enemigo de Karl.
A propósito, ¿es cierta la historia de los 200 000 dólares?
Lo es.
Considéreme interesado en el negocio.
En público, todos me evitan.
Pero cuando vienen aquí a pedirme ayuda, hablan y hablan...
Acostumbran todos a contarme sus preocupaciones.
Y... es posible que alguno hable más de la cuenta,
¿no le parece?
Pero es una vieja historia de hace un par de años.
Somos muchos los que llegamos por aquel entonces, señor Londres.
Y desde los más diversos lugares de la nación.
Hola, Kate. -Hola.
-Ve a vigilar la caja, Irma. -Voy.
-Dame algo que me anime.
-Pero si eres tú quien ha de animar a los demás.
-Sí, como si eso fuera tan fácil.
Dame whisky del bueno,
no del que nos sirves cuando estamos con los clientes.
Aquello es agua sucia.
-Ajá.
Buenas noches, Karl.
(RÍE) Por fin. Hace rato que esperamos.
¿Empezamos?
El resto de costumbre, ¿no?
Sí, claro.
Karl...
(Música de salón)
Enseguida, señores.
¿Todo marcha bien? Sí, gracias.
Forastero, ¿me invitas a tomar algo?
¿Por qué no? Ten. ¿Tú no bebes?
-¡Estela!
Buenas noches, señor Londres.
Buenas noches, señorita. Encantado de verla.
Quiero aprovechar la ocasión para disculparme...
por lo que pasó ayer noche.
No es necesario,
aquí no es costumbre pedir excusas... después.
Sí, lo imaginaba.
De todos modos, no debe pensar
que me gusta enfrentarme con los débiles.
Es preciso que hable con usted.
¿Conmigo? ¿Sobre qué?
Esa proposición que anda usted haciendo a tanta gente,
me interesa mucho.
Dos.
Una para mí.
100.
Otros 100.
Subo a 400.
(RÍE)
Eh, Londres, te he dicho que te vayas. Y deprisa.
A tu salud.
Aún tengo que pagar el whisky.
(Gritos)
Voy a esos 100.
Bien por mí. ¿Cuántas cartas, Karl?
Dos.
(Golpes en el exterior)
Déjalo.
Juega.
200.
300.
Aquí están.
Paso.
Full de ases.
Color.
Las luces... Encended las luces.
Póquer.
No lo intentes, muchacho.
Ya está bien por esta noche, ¿de acuerdo?
Bueno. De acuerdo.
Las reses que quedan de mi ganado están a tu disposición.
Adiós, Kate. -Buenas noches.
A juzgar por la forma en que se van,
se diría que los has arruinado a todos.
Le amas aún, ¿verdad? Eso no te importa.
Entonces, ¿de qué te preocupas?
1500 cabezas de ganado son poca cosa para un tipo como Clinton.
Además, ese ranchero tuyo exladrón de caballos
dentro de unos meses, volverá a ser rico.
Y tú, ¿cómo has hecho el dinero?
¿Crees que lo he olvidado? Tú y tu maldito barco...
que se hundió con todos sus pasajeros aquella noche.
Karl, confiesa,
ese hombre de Londres parece comprensivo. Confiesa.
Solo te saldrán dos o tres años.
Y yo te esperaré.
Luego, viviremos tranquilos.
Hazlo por mí.
No puedo más. Hazme caso, Karl.
Kate, ¿he comprendido bien?
¿Tú te interesas por mí, por nuestro porvenir?
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