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He tardado dos años.
¿Entonces?
¿Supone que fui yo quien dejó abandonado el caballo?
Muy inteligente.
Londres, alguien le habrá dicho también que mi rancho es el preferido
de todos los ladrones de este estado y de los estados vecinos.
Usted no conoce el motivo, ¿verdad?
Sería interesante saberlo, si es cierto.
Pregúnteselo al sheriff.
Su despacho está lleno de mis continuas denuncias
por robo de ganado.
En dos años me han dejado totalmente arruinado.
Espero que sea cierto eso que dice, y que entre sus denuncias,
haya una que se refiera a dicho caballo.
Hace un par de años me robaron más de 50 caballos.
Poco después, unas 100 cabezas más.
Ya se lo he dicho.
El sheriff tiene constancia de todo y puede comprobarlo cuando quiera.
De acuerdo.
Lo comprobaré.
Vaya, ahora te dedicas al robo.
Pero has elegido un mal lugar.
La paga del sheriff es ridícula.
No vale la pena arriesgar la vida por tan poco.
Al fin te has descubierto, ladrón.
Las apariencias le dan la razón, sheriff.
Deje que le enseñe un documento que llevo encima.
¿Puedo?
Anda, cógelo. Pero no intentes nada.
Aquí está.
Verá que tengo un motivo.
Django, agente federal de los Estados Unidos
destacado en Arizona.
Como verás, ya lo suponía, querido colega.
Ahora estoy contigo. ¿Qué pensabas encontrar aquí dentro?
Las denuncias que Clinton dice haber hecho
sobre los robos que ha venido sufriendo últimamente.
Busca un ladrón y un asesino. Quizá ya lo ha encontrado.
Al menos, eso creo.
Clinton... Pero ¿qué denuncias?
¿Ese sinvergüenza dice que ha presentado denuncias por robos?
¿Qué clase de robos?
Los que se inventa para no pagar a sus acreedores.
Hace tiempo que le vigilo.
Solo espero una oportunidad. A menos que tú tengas algo de qué acusarle.
Sí.
Hace poco sus guardaespaldas me dieron la bienvenida,
y aún estoy dolido.
Maldita sea.
¿Clinton se ha atrevido a hacer eso a un agente?
No sabe quién soy.
Pero ahora que podré contar con tu ayuda,
todo me será más fácil.
Hasta mañana, colega. Hasta mañana.
(Música)
(Música suspense)
¿Qué ha pasado, Londres?
Otro atentado, pero en mi habitación.
Debemos dar una batida.
El momento de pasar al ataque ha llegado.
Pero ¿al ataque contra quién? ¿Contra Torres?
¿Qué te ha hecho Torres? Nada, el pobre.
Acabo de encontrarlo muerto.
Lo ha aniquilado una serpiente, pero no una de las suyas.
¿Por qué la han tomado con él?
¿Qué tenía que ver ese maníaco inofensivo con tu historia?
No lo sé.
Puede que quisiera hablar.
El premio que he ofrecido es muy tentador.
Torres... Podría ser.
Sabía mucho sobre serpientes.
Y quizá también supiera quién se servía de ellas.
Bueno, espero que hayan quitado ese reptil de mi cama.
Estoy fatigado. Que duermas bien.
Yo voy a casa de Torres a ver si descubro algo.
Luego decidiremos qué hacer. Bien.
(Música suspense)
(Disparos)
Estoy seguro. Sí, sheriff. Ha sido él.
La última vez que le vi, hablaba con la señora.
Volvió hecho una feria.
Ni siquiera me dio tiempo de preguntarle que quería.
El resto ya lo sabe, ¿no?
¿Estás seguro de no equivocarte?
De tu testimonio depende la vida de un hombre.
De un agente federado.
Te recomiendo que lo pienses.
Esta noche o mañana podemos volver a hablar de ello. ¿No crees?
Le repito que estoy seguro, sheriff.
Pero, claro, si me aconseja pensarlo, sí, quizá será mejor que reflexione.
Qué trastazo, madre mía.
Ten la boca cerrada. Verás cómo se arreglará.
Puedes irte.
¿Has oído? Sí, ya lo he oído.
Pero ¿no irás a creer lo que ha dicho?
Cuando yo llegué, tú estabas en el despacho de Karl.
Aún tenías el revólver en la mano al cual le faltaban tres balas.
Karl estaba junto a ti con un agujero en la frente.
Y Kate un poco más lejos.
Ya te dije que encontré a Karl ahorcado y a Kate muerta.
Después me golpearon.
Admitamos que sea así.
Te aseguro que me gustaría creerte.
Pero ¿no te das cuenta de que mi enemigo,
no habiendo podido quitarme de en medio a balazos,
intenta eliminarme ahora de un modo que parezca legal e inculpándome?
No es descabellado.
Sí, podría ser.
Pero, por ahora, lo mejor será que tú te quedes aquí.
Yo me encargaré de traerte a tu hombre con la soga al cuello.
Hubiera preferido encontrarlo yo.
Además, tú no sabes nada de mis indagaciones.
Es cierto. Debiste tenerme al corriente.
Yo también he hecho las mías.
Pero, si te deja suelto, no quedaría un solo habitante
de esta ciudad.
Aquí dentro estarás mucho más seguro que fuera.
Créeme.
Karl tenía muchos amigos y también Kate.
Ellos querrán vengarse.
¿No te parece? Si tú lo dices...
¿Qué te has hecho en la mano?
Nada. Una herida persiguiendo ayer a tu agresor.
No sé cómo. Nada grave. Un rasguño.
Ponlo en libertad.
Cuando llegue al lugar que hemos convenido, matadlo.
A toda costa. ¿Está claro?
-Bien, jefe. ¿Y esto para qué sirve?
-Seguramente habrá alguien vigilando en la cárcel.
Con esto harás poco ruido y todo saldrá mejor.
Vete.
(Música suspense)
No intentes nada, sheriff.
Continúa, pero que te vea las manos.
¿Qué te pasa, Fred? ¿Has cambiado de profesión?
Clinton me ha llamado para cierto trabajo.
Lo siento, sheriff.
Tú no te muevas.
¿Qué quieres, Fred? Mi paciencia tiene un límite.
También tu vida tiene un límite.
Eh, amigo. Fuera hay un caballo para ti.
Buena suerte.
(Música animada)
Bien.
Vamos.
Buen trabajo, muchachos. Volvamos al rancho.
(SILBA)
Hola, Clinton. Busco trabajo.
El mío es ya demasiado peligroso.
Por ejemplo, podría ser un buen mayoral, ¿no cree?
Sí, ya sé que tenía uno, pero se ha quedado sin él.
Siéntese y charlemos.
Será inútil preguntarle qué le pasa en la mano.
Me dirá que se lo ha hecho en el último robo de ganado.
Ese curioso aparato para disparar sin hacer mucho ruido
es de verdad muy interesante.
Me habían hablado de él hace tiempo, pero no creí que fuera tan efectivo
hasta que lo he visto.
Un inteligente plan, felicidades.
Así que ahora me acusarán del asesinato del sheriff
y también del de su ayudante.
Todo estaba calculado, ¿verdad?
Sin embargo, no han podido aniquilarme.
Supongo que ya lo sabe. No vengo de Londres.
Soy un agente federal.
Pesan muchos delitos sobre su conciencia.
Ha llegado la hora de confesarlos.
Después se sentirá mejor. Hable.
El hombre que busca no soy yo.
Aunque los míos le tendieran la trampa,
cuando sepa la verdad...
Adelante, Lewis. Te estaba esperando.
Entonces eres más listo de lo que imaginaba.
Tengo que darte la razón.
Por eso en mi despacho no te cercioraste de si estaba muerto.
Exacto.
Pero olvidaste advertir a tu ayudante
de que, cuando uno está muerto, no respira.
¿Cuándo sospechaste de mí?
Cuando llegué aquí y te vi matar a un hombre a sangre fría
después de haberse rendido.
¿Y cuándo tuviste la certeza?
Cuando te vi entrar ahora.
Creo que estás mintiendo. Te enseñaré el juego.
Mis cartas y las tuyas. Verás dónde te has equivocado.
Has eliminado a tus cómplices uno por uno
intentando que la culpa recayera sobre mí.
Sin embargo, me has ayudado.
Aquella parodia en tu despacho acabó de abrirme los ojos.
Pero tenía aún que arriesgarme a una última agresión.
Era necesario para conseguir de una vez descubrirte.
Obligarte a salir de tu guarida a cara descubierta.
¿Y cuál ha sido mi error más grave?
No haber hecho que me mataran en tu despacho.
Exageraste la nota porque el orden es una manía para ti.
Mi único error ha sido rodearme de cobardes.
Andando. Guárdate el resto para contárselo al juez.
Espera un momento.
Es la palabra de un agente contra la mía, la de un sheriff.
La de un asesino.
Suelta el revólver, Londres.
No hagas tonterías o te vuelo la cabeza.
Has tardado. Luego me dirás por qué.
De todos modos, gracias.
Levántate.
¿Creías haberme atrapado? Aún no lo he puesto en duda.
¿Creías haberme vencido?
Estás loco.
No puedes compararte conmigo.
Yo era un competente cajero de banco.
Organicé lo que habría sido el más perfecto atraco del oeste,
si aquel bastardo no hubiese disparado.
Soy el mejor jugador de póquer. El mejor sheriff.
El mejor en todo.
Lo siento por ti.
Pero en tu último viaje tendrás por compañero a un inútil,
a un cobarde, a un imbécil.
Clinton.
No te lo mereces, pero puedo darte a elegir.
Es cuestión de sangre fría, no tengo prisa.
Al primero que se mueva o hable, las serpientes lo liquidarán.
Será Clinton...
Apostaría cualquier cosa. Es un pésimo jugador.
Al otro lo mataré con el revólver.
Aunque no me gusta el ruido.
Después no habrá nadie que se oponga a mi poder.
Seré el dueño absoluto. Todos me obedecerán.
(GRITA)
La otra serpiente, Kate.
No te muevas, Kate.
Ayúdame, Lewis, dispárale. Calla.
(GRITA)
¡Kate, no!
¡Yija!
¡Yija! ¡Yija!
(Música animada)
(GRITA)
(Música)
(RÍEN)
¡Eh, amigo!
¡Eh, amigo! ¿Sabes por dónde se va?
No, tú solo sabes una cosa. La mejor.
(Música créditos)
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