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SUBTÍTULOS TRADUCIDOS PARA WWW.NOIRESTYLE.COM
- Buenos días, Parker. - Buenos días, Srta. Elisabeth.
- Buenos días, Sr. Maloney. - Buenos días.
- Una buena y fresca mañana. - Cierto, es fresca.
¡Pero bueno! Sr. Maloney.
Vale, Pete, a ver los calzones.
¡Eh, vosotros! Quitad esos pantalones.
Hay que abrirse, Danny.
No nos reímos de cosas como esa en Boston.
- Buenos días, Juez. - Buenos días.
Hola, Maloney. ¿Qué está haciendo ahí arriba?
Oh, buenos días, Juez.
Estos chicos de Harvard. ¿Por qué querría alguien hacer algo así?
Bueno, alguien como Colón necesitaría un trago tras tantos años en la plaza.
Creo que estaba mejor con el sombrero.
Buenos días, Juez Bailey.
Oh, un poco temprano esta mañana, ¿no?
Tengo que mantener las celdas llenas.
Vaya, es un hombre que trabaja duro.
Hola, Héctor.
- Has venido temprano. - ¿Qué tienes ahí?
Tan sólo un paquete.
Podías haberte tomado tu segunda taza de café, ya sabes.
La lista de las tareas aún no ha salido.
No me voy a ocupar del caso Winthrop, si es ahí donde quieres ir a parar.
Tengo que hacer una pequeña reparación.
- ¿Qué dijiste? - No dije nada.
Me senté encima de Longfellow esta mañana.
La Sra. Bailey dice que está lejanamente emparentada con Longfellow.
Bueno, ese es Emerson.
Oh, ¿es ese?
Ah, va a ser un caso desagradable.
Batalla por el heredero Winthrop.
Una vergüenza, una buena familia.
Es una pena. Está en todos los periódicos.
También sacarán su fotografía. - No lo harán.
No voy a ocuparme de ese caso. Hay otros dos jueces de instrucción.
Eso es cierto. Y los dos harán para que usted se encargue.
Hola. Oh, sí, un momento.
Es su hija.
¿Qué hace levantada tan temprano?
Hola, Catherine.
Oh, ¿cuánto?
¿Qué? ¿50 dólares por un sombrero?
¿Que no lo entiendo? ¿Que es una ocasión?
Pero cariño, no puedo permitírmelo.
No, no. No sirve de nada que vengas hasta aquí.
Está viniendo.
Supongo que habrá comprado ese traje del que hablaba.
- Sí. - Bueno, ¿lo tiene?
No, aún no.
Claro, no es asunto mío, Señoría.
Tiene suerte de llevar una toga en el estrado.
¿Tan malo es?
Muy bien, chicos. Ya ha llegado.
"Cumpleaños feliz."
"Cumpleaños feliz."
"Cumpleaños feliz, Juez Bailey."
"Cumpleaños feliz."
No tenía ni la más ligera idea.
Ya veis, ni siquiera sabe qué día es hoy.
¿Qué quieres después de 10 anos en el estrado?
¿Lo tienes, Héctor?
Queríamos que fuera una pequeña muestra de nuestra estima el día de tu cumpleaños.
Pero, de hecho, también servirá como símbolo de nuestra sincera enhorabuena.
- Oh, es bonito. - Y profunda simpatía.
Por haberte sido asignado el caso Winthrop.
- Oh, no. - ¡Sí!
Entonces admite que entre las siete y las nueve...
...consumió tres Daiquiris, dos Sidecars y un Ron-Collins.
- ¿Dónde estaba usted? ¿Bajo la mesa? - Señoría.
Parece que todo el mundo estaba ahí esa noche.
Bueno, si quiere saber la verdad, no me tomé un Ron-Collins, fueron dos.
¿Le da eso derecho al viejo buitre para quedarse con mi hijo?
Yo no me casé con él. - Señoría, por favor.
Mire, lleva todo el día machacándome.
¿Quién no iría a beber estando enjaulada con un estirado y frío de Boston?
"Nosotros no hacemos esto, nosotros no hacemos eso."
Le digo que me volvió loca.
Sra. Winthrop, su abogado probablemente se lo habrá aconsejado.
Y a mí me gustaría asegurarle que ayudaría mucho a su caso....
...si pudiera comportarse con paciencia y cortesía en la sala.
Se le está corriendo el maquillaje.
Señoría, es su hija.
Quiere los 50 para el sombrero.
¿Qué sombrero?
Es un regalo por mi cumpleaños.
¿No es eso mucho dinero por una corbata?
No seas tan tacaño. Dale los cincuenta.
Con eso serán sesenta.
Proceda, Sr. Holmby.
- ¿Es usted el padre del Teniente Charles Winthrop, fallecido? - Lo soy.
Señoría, mi nuera me describió como alguien estirado y frío de Boston.
Una metáfora muy gráfica. Y supongo que bastante apropiada.
¿Pero cómo se sentiría si su único hijo conociera una chica el Sábado,
...se casara con ella la semana siguiente y partiera al Pacífico por la mañana?
Sr. Winthrop...
Sr. Holmby, he estado cometiendo mis propios errores desde hace ya tiempo.
Mi nuera cree que soy egoísta cuando quiero que mi nieto vaya a la escuela ..
...en Boston y después a Harvard, como hicieron su padre y el mío.
Mi hijo fue un chico que mostró grandes promesas. Fue un soldado. Le mataron.
Me gustaría que mi nieto creciera para ser como su padre.
La última carta que me escribió mi hijo...
...la recibimos después de que nos informaran de su muerte.
En ella decía con mucha guasa,
...que seguramente no llegaría a saber si su hijo era niño o niña.
"Me gustaría que te ocuparas de que mi hijo tuviera el casco que usé...
...en el último partido que jugué"
El caso será retomado mañana.
Es un bonito avión.
Bonito estuche también. Gracias, Héctor.
¿Te dijo Catherine qué me iba a comprar? - No.
No, claro que no.
- Buenas noches, Héctor. - Buenas noches, Señoría.
- Ya son sesenta lo que te debo. - Ciento diez.
- ¿Oh? - Cosa de su esposa.
Oh.
Supongo que la Sra. Bailey también quería un sombrero nuevo.
Oh, déjame otros cinco.
Creo que será mejor que le compre unas rosas. Buenas noches.
Evelyn.
Evelyn.
Catherine.
¿Hola?
Sí, Sra. Jorgensen.
¿Está la Sra. Bailey?
No, lo siento. La Sra. Bailey ha salido.
Las dos han salido. - ¿A dónde han ido?
La Sra. Bailey llamó y dijo que no vendrían a cenar.
Así que le dije si me podía tomar la noche libre, y me dijo que sí.
Oh, la Sra. Bailey dijo que había un buen trozo de cordero en la nevera.
Gracias.
- Oh Tom, ¿aún levantado? - Hola, cariño. ¿Dónde has estado?
¿Dónde pusiste los cheques cancelados?
¿Estás haciendo la cuenta de los impuestos? Pobre cariño.
Desearía que los encontraras. Quiero deducirlos de la contribución.
¿Sabes qué? - ¿Qué?
- Hay compromiso. - ¿En serio? Creía que estábamos casados.
- Muy gracioso. - ¿Quién es esta vez?
John Struthers tercero.
No.
Así que por fin.
¿Lo sabe Catherine? - Esta vez, me lo dijo ella.
¿No es maravilloso? - Oh, no lo sé.
Los Struthers siempre me han tomado como de mala calidad.
No le hará daño emparentarse con una de las más nobles familias.
¿Los Struthers?
Los Struthers son unos arribistas. No hicieron dinero hasta la Guerra Civil.
Tú y tu peregrino padre.
- Eso me da igual. Sigo diciendo que son de mala calidad. - ¿Quiénes?
- Hola, cariño. - Hola, papá.
¿Para quién son estas rosas? - ¿De dónde han salido?
Yo las compré.
Pero Catherine...
¿Es nuestro aniversario?
¡Es tu cumpleaños!
Pobre cariño. Lo siento mucho.
Son preciosas.
Muy dulce por tu parte, Tom. - Oh, papá, esto es terrible.
Bueno.
¿Eres muy feliz? - Sí, mucho. - Eso es genial.
Así es como debe ser.
Tom.
Te casaste con una mujer muy inteligente.
¿Sabes lo que hice hoy?
Te ahorré 3.000 dólares.
¿Qué pasa?
Sé bueno y desabróchame, ¿quieres?
¿Qué hiciste?
Hice que Tía Esther me diera su piano de cola como regalo de boda.
Eso al menos son quinientos. - ¿Qué más?
Bueno, naturalmente, el piano necesita unas pequeñas reparaciones.
Luego, y esto llevó sus maniobras,
...persuadí a Genevieve para que diera la recepción. Esos son otros 2.000.
Oh, eso es genial.
¿Quién es Genevieve? - La Sra. Struthers.
Naturalmente, tendremos que pagar algunos extras. Pero eso no es todo.
- Muy bien, vayamos con el resto. - El ajuar.
Fui a todas las tiendas.
¿Sabes lo que piden por algo que no es de encaje? - No.
- 275 dólares. - ¿No lo pagaste?
Claro que no. Ni soñaría en pagar tales precios.
Encontré una divina mujer en la calle Fremont.
- ¿Cuánto? - Sólo 1.100 dólares.
- ¿Mil cien? - Pero Tom, eso lo incluye todo.
Las damas de honor, camisones, todo. Recortado con encaje francés.
Bueno, supongo que Catherine tendrá que ir al altar sin medias de encaje.
- Tom, eso no es de los Struthers. - Tienes razón, no lo es.
Ciñámonos a nuestro propio nivel.
No voy a hacer el idiota equiparándome con los millones de los Struthers.
Lo sabía. Sabía que te pondrías así.
Te da igual si tu hija se casa sin una puntada en la espalda.
No te importa si me humillan en público delante de mis amigas.
Mira, Evelyn, todas tus amigas saben lo que gana un juez de instrucción.
Ni todo el encaje de Francia hará que piensen que gano un centavo más.
Eso es lo que es tan humillante.
Dios sabe que lo he intentado. Lo he intentado de verdad.
Mira los Howards. ¿Has visto sus nuevos establos?
Dicen que no coge un caso por menos de 20.000 dólares.
Fue nombrado juez el mismo año que tú.
Sólo que lo dejó a tiempo y se fue a la Union Trust.
¿Recuerdas la noche que vine y te dije que fuéramos a ver al Sr. Dobbs?
Bueno, pues no quisiste. Así que se lo ofrecieron a él.
Y sigues sin cambiar.
Si tuvieras hoy la oportunidad, no irías a ver al Sr. Dobbs.
- Pues claro que no. Está muerto. - Oh...
Así eres tú. Cada vez que se te dice la verdad, haces una broma de ello.
¡Pues a mí no me hace gracia!
¡No es divertido estar casada con un fracasado!
Está preciosa con ese encaje francés.
Ocho yardas y media, a 27,98 dólares la yarda.
Sólo tengo una hija. Sólo se casa una vez, espero.
- Tú también estás muy bien. - Sí, no está mal.
Es sorprendente lo que se puede alquilar en estos días.
Oh, Juez, la Sra. Bailey le está buscando. - Oh, ¿de verdad?
- Héctor, ¿conoces a mi nuero? - Claro.
- ¿De qué os estáis escondiendo? - ¿Tú qué crees?
Oh, Sra. Bailey, aquí está.
Ya sabes, John. Te llegará el momento en el que te escondas de Catherine.
Y no querrás que yo... Hola, Evelyn. Te he estado buscando por todas partes.
Oh, ¿en serio? Vamos, cariño. El Sr. Struthers quiere hablar contigo.
- Todo salió genial, ¿no creéis? - Mas que genial.
Buen champán, también.
- Es un buen recolector mi hijo. - Vaya que sí.
Tom.
Evelyn y yo hemos estado hablando. - Sí.
¿Has oído hablar de la reorganización de la Union Trust? - Sí.
Es un lío legal tremendo.
Llevamos dos meses buscando al hombre adecuado. - ¿Sí?
Necesitamos un abogado de primer nivel y de una integridad tal...
...que fortaleciera el presente Consejo de Dirección. Creemos que ese eres tú.
Gracias.
Ese trabajo tiene una remuneración de 20.000 al año.
- Suena muy bien. - Claro, también tendrías acciones.
- Suena muy bien. - Tom.
¿Crees que podrías ir hasta Washington unos pocos días la semana próxima?
Muchas gracias, John. Es una oferta muy atractiva.
Pero creo que hablas con la persona equivocada.
Resulta que me gusta ser Juez. - Por favor, Tom.
No me gusta la idea de echar por la borda las satisfacciones que me produce este trabajo,
...por las dudosas ventajas de un trabajo del que no creo ser la persona adecuada.
No creo que necesite un chófer. O una limusina.
Disculpad.
Bueno. Parece tenerlo muy claro, ¿no es así?
¿Tom? Oh no, es sólo el champán.
LA CUSTODIA DEL CASO WINTHROP CERCA DE SU CONCLUSIÓN
Se espera la decisión del Juez Bailey mañana.
Cuando la custodia de un niño entra a concurso,
...es deber de este Tribunal ignorar los sentimientos del custodio o del padre.
Y solamente tener en cuenta los intereses del niño.
Por lo tanto este Tribunal concede la custodia del menor "Charles Winthrop"...
...a su abuelo.
Cabot Royce Winthrop.
Se levanta la sesión. Todo el mundo en pie.
Tomaste la única decisión que podías tomar, según la ley.
Se sostendrá en cualquier tribunal.
- Oh, Señor, Struthers llamó. - Oh.
- Y su esposa llamó. Tres veces. - Sí, sí. Lo sé.
- ¿Es esto lo que busca? - Gracias.
Así que va a coger el trabajo.
Yo no dije que cogería el trabajo.
Solo le prometí a la Sra. Bailey que haría un viaje a Washington.
Y echaría un vistazo.
2 abajo. 143 y medio.
Si no les importa, caballeros. Aquí es, Señor.
- ¿Qué hay de Amos Steel? - Tres cuartos arriba.
¿Quizás quiera cenar? Hay un excelente solomillo esta noche.
No. Sólo un huevo escalfado.
- Me preocupan esos bonos del Sur. - Yo tengo opciones con ellos.
Tú eres muy listo. Nunca te pillarán.
- ¿Qué hay de la Union Press? - Siguen a la baja.
En perfectas condiciones.
Struthers sabe de lo suyo. - Eso es muy interesante.
El hijo de Struthers se ha casado con la hija del Juez del caso Winthrop.
¿Por qué no? Winthrop estaba muy relacionado con la Union Trust.
Esta gente es así.
- Ya comprendo. - Es obvio.
- ¿El huevo escalfado es para usted? - Sí. Da igual.
Cancélelo.
- ¿Sí? - ¿El Doctor Boyd?
¿Qué ocurre? ¿No encontró al Doctor Murdoch?
- De hecho, yo... - Está bien.
Nadie viene a mí a menos que Murdoch no esté. Vamos, pase.
- ¿Duele? - No. - ¿Y aquí? - No.
- ¿Aquí? - No.
- ¿Y aquí? - Sí, eso duele.
Bueno, ¿qué espera cuando alguien le punza en el hígado?
Venga, siéntese aquí.
- Bien, Doctor, ¿cree que viviré? - ¿Es ese el problema?
Respire.
¿Con qué frecuencia va su esposa a los salones de masaje?
Una vez a la semana.
- ¿Cómo supo que estaba casado? - ¿Cuándo le dieron un masaje por última vez?
Ninguno desde la escuela.
Respire de nuevo.
¿Ha estado trabajando bien duro para que su familia siga en su nivel de vida?
Sólo tengo una hija.
Una le puede provocar tantas úlceras como una docena.
¿Es eso lo que tengo?
- ¿Cuánto tiempo lleva casado? - Diecinueve años.
Bueno, pues está en muy buena forma. Teniendo en cuenta todo ello.
¿Es una úlcera?
Abróchese la camisa.
Ha estado haciendo algo que no le gusta.
O está a punto de hacer algo que no le gusta.
Ambas cosas son fatales.
¿Cuál es esta extraña enfermedad?
Inflamación de la familia.
No la encontrará en los libros de medicina.
Pero actualmente mata más hombres que todos los gérmenes de China.
Claro que, siempre puede probar con una dieta suave.
Dormir mucho, nada de alcohol.
¿Una copa?
Tómesela, no le morderá.
Claro, hay una cura, pero todos los hombres respetables son parecidos.
No tienen agallas para hacerla. - Bueno, ¿y de qué se trata?
Mis prósperos colegas la llaman "Un Cambio Completo".
Pero yo no tengo tacto con mis pacientes.
Al pan le digo pan.
Olvídese de su esposa.
Olvídese de su familia.
Olvídese de su trabajo y lárguese.
Viva su vida.
Creo que mejor intentaré la dieta.
¿Cuánto le debo, Doctor?
No me debe nada. No cobro a quienes no puedo ayudar.
¿Bastará con cinco dólares?
Gracias.
Bonita caña la que tiene aquí.
Bambú encogido, ¿verdad? - Eso es.
No esperaba que entendiera de esas cosas.
Solía hacerlo.
Mañana por la mañana me voy al lago.
Se acaba de abrir la temporada.
Dicen que hay un montón de truchas este año.
Tengo una pequeña cabaña.
No hay nada como pescar para quitarse las cosas de la cabeza.
Adiós, Doc, espero que pesque mucho.
Aquí llega su tren, Señor.
Decidí en contra de Union Trust. Me tomo unos días libres.
Oiga, pensaba que se dirigía hacia Washington.
Cambié de idea. ¿Querría mandar este telegrama por mí?
Lo siento. Phil ha salido esta noche.
Oh, lo puedo mandar por la mañana.
Estos han sido los mejores tres días que he pasado en años.
Creo que nunca había visto un pez tan grande como el de ayer.
Muévete un poco a tu izquierda.
¿Sabes? Eres bastante buen pescador para ser juez..
Y tú eres bastante buen doctor para ser un pescador.
Siques equivocado, no puedes discutir contra los hechos.
¿Sabes que el 76% de la salud de este país está en manos de las mujeres?
- ¿Eso es así? - ¿Y por qué?
Porque los hombres se matan para ganar dinero.
Mientras que las mujeres cobran sus pólizas de vida.
Vosotros los solteros habláis todos igual.
Intentando justificar vuestro fracaso en aumentar la población del país.
¿Qué te hace pensar que he fracasado? ¿O que soy soltero?
- ¿Qué? - Sí, señor.
He estado casado 33 años. Y tengo siete hijos.
Y soy abuelo por partida doble.
¿Sabes, Doctor? Me has metido en un buen lío de verdad.
No tengo ni idea de qué contarle a la Sra. Bailey.
No le cuentes nada. Esto es para que leas en el tren.
Ha sido maravilloso no ver un periódico en tres días.
¿Y entonces por qué vas corriendo a casa? ¿Por qué no te quedas aquí otra semana?
¿Qué sucede? - Aquí dice que he desaparecido.
¿Qué?
"Prominente Jurista Desaparecido."
"El Juez Bailey Desaparece."
- Vaya, ¿qué te parece? - No envié ese telegrama.
He de telefonear. - Espera un momento.
No lo entiendes. Esto es genial, Juez.
Es un milagro.
Hola, Operadora. Operadora, póngame con Boston.
Deacon 2097.
Es la oportunidad de tu vida. Cógela.
Hola, Operadora, ¿quiere darse prisa, por favor? He de coger un tren.
No tendrás responsabilidades.
Podrás hacer lo que te plazca. Serás libre.
Recuerda, nada de dolores de estómago.
No seas ridículo.
Deben estar locos de preocupación.
¿Sí?
¿Ocupado?
Ocupado, será mejor que mande ese telegrama.
Pero, querido amigo. Supón que no estén preocupados.
¿Por qué iban a estarlo? Tu hija se ha casado con un hombre rico.
Tu mujer cobrará la póliza del seguro.
No te necesitan.
¿Oyes eso? Es mi tren.
Bueno, Doc, ¿mandarás esto por mí?
Yo no lo haría. Será un golpe muy desagradable para ellos.
Eres de gran ayuda.
Adiós, Doc. Gracias por todo.
Y manda ese telegrama, ¿quieres?
Tienes mucho ego, la verdad.
¿En serio crees que estarán derramando lágrimas por ti?
La verdad es que probablemente se sentirán liberados.
Eres un optimista de verdad.
¡Pasajeros al tren!
Adiós, amigo mío. Ten cuidado en cómo haces tu aparición.
Inocente.
Eh, Doc, envía el... ¡Oh, no!
- ¿A quién le toca? - Dos picas.
- Paso. - Paso.
- ¿Quién apuesta ahora? - Yo. Y apuesto tres corazones.
Siempre me pareció una persona muy considerada.
También era muy dulce como esposo.
- ¿Se marchó este marido? - Se fue.
Evelyn, eso no es bonito decirlo.
No sabemos qué pasó. - Venga, no hagamos un drama de ello.
Os estoy muy agradecida de que me hayáis hecho compañía.
Pero después de todo, los accidentes ocurren.
Si hubiera habido un accidente, hace tiempo que lo habríamos sabido.
Podría no ser un accidente. Podría haberlo planeado.
¿Planeado? Nunca planea nada sin consultarme.
- Se refiere a otra mujer, querida. - ¿Tom? Oh, no seas ridícula.
¿Quién le toca apostar?
¿Y si simplemente se cansó? Ya sabes, se hartó y decidió desaparecer.
¿Hartarse? ¿Cuando estaba llevando la vida que había planeado?
Y estaba a punto de ser nombrado Consejero Jefe de la Union Trust.
Oh no, querida, él no es de esos que simplemente desaparecen.
- ¿A quién le toca apostar ahora? - A mí. Y apuesto cuatro corazones.
- Paso. - Paso.
¿Qué dices, Evelyn?
- Lo siento, parece que no me puedo concentrar. - Pobre querida. Es fácil de comprender.
Creo que has sido muy valiente.
Lo que me pone más furiosa, es que es totalmente innecesario.
Estoy segura de que está sano y salvo.
Seguramente coincidió con un viejo amigo y está de visita con él en alguna parte.
Y me escribió una larga carta explicándolo y se ha olvidado de mandarla.
Cuatro de espadas.
¿Qué fue eso?
Debe haber sido el viento.
- ¿No es horroroso el tiempo que tenemos? - Sencillamente asqueroso.
Incluso para Boston.
El Juez Bailey sigue desaparecido.
Y así, Ulyses dejó su nativa Ítaca y partió.
Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses.
Su esposa, Penélope se sentó en casa a esperar.
Ulyses fue de un sitio a otro, de ciudad en ciudad.
Un día, cansado y sediento,
...subió a la cima de una colina para divisar el paisaje.
Y así empezó una de sus más extrañas aventuras.
¿Sabes? Yo también tuve una vez una aventura.
Me ensucié toda al tenerla, y me dijeron que no volviera a tener una nunca más.
¿Tuviste alguna aventura tú? - Ajá.
Te estás durmiendo.
Si no prestas atención, ¿cómo puedo enseñarte lo bien que sé leer?
Perdona, es por el calor.
¿Eres huérfana?
- Sí, sí lo soy. - Yo también.
¿En qué orfanato vives?
Bueno, vivo allí donde resulta que estoy.
- ¿Puedo enseñarle este libro a Peggy? - ¿Quién es Peggy?
Es mi mejor amiga.
La mejor persona que he conocido. - Debe ser maravillosa.
Lo es.
- Nan, ¿dónde estás? - Ya voy.
Tengo que volver a la ciudad.
- Muchas gracias por leer para mí. - Adiós.
- Adiós - Adiós.
¿Hay alguien en casa?
¿Dónde está todo el mundo?
Eh, ¿hay alguien aquí?
- Hola. - Hola.
- ¿Está Peggy por aquí? - La joven de ahí fuera está dormida.
Eso espero. - ¿Qué hace aquí?
Tomándome una cerveza y un donut. - ¿En la caja registradora?
- No. He dejado 50 centavos. - ¿Iba a pagar la cerveza?
Claro que la iba a pagar. Y el donut también, ya lo hice.
Y he cogido los 15 centavos que me sobraban.
- Vuelva a dejarlos, colega. - ¿Eh?
Vuelva a dejarlos.
¿Qué le hace pensar que tiene derecho a venir y decir lo que...?
Así que quiere problemas, ¿eh?
Muy bien. Jack se ocupará de eso. - ¿Quién es Jack?
Un amigo. Lleva uniforme y conduce una moto.
Mire, no llame a la policía. - ¿Qué pasa? ¿No le gustan los polis?
Sólo estaba cogiendo mi cambio.
No sé cómo convencerle.
Convénzale a él.
¡Oh!
Disculpe.
Bueno...
- Hola, preciosa. - ¿Qué está pasando aquí?
Cogí a este tipo con las manos en la caja registradora.
- Estaba cogiendo unas monedas. - Vale, Mike, echa un vistazo.
Había seis dólares y algo de cambio.
Bueno, ahora tienes exactamente un dólar y 56 centavos.
Debe haber un error. Puse 50 centavos y me llevé 20.
Quiero decir quince, ya que pagué por el donut...
Hola a todos, ¿qué se cuece aquí?
Este tipo ha birlado cinco pavos de la caja.
- Yo no he birlado nada. - Yo le vi.
Vale. Venga aquí.
- ¿Cómo se llama? - Tom.
Tom Brown. - ¿Ocupación?
- Vendo libros. - ¿De tapa dura?
Vale, vacíese los bolsillos.
- Se lo aseguro, agente... - Un momento. Ahora recuerdo.
Usé esos cinco dólares para pagar unos helados que me trajeron esta mañana.
- ¿Estás segura? - Segura.
Lo siento mucho.
Si esto sigue así, supongo que tendré que cogerme un contable.
Está bien, Brown. Mejor vaya con cuidado mientras esté por aquí.
- Gracias, Peggy. - Adiós, Jack.
- Muchas gracias. - No ha sido nada.
Muy bien, vago. En marcha.
Bueno, si no le importa, creo que terminaré mi cerveza. La he pagado.
Peggy, ¿me das la llave del surtidor? Quiero repostar.
Ya sabes dónde está colgada, idiota.
Esa es mi Peggy.
Chilla si me necesitas.
También pagó por esto.
- ¿Por qué lo hizo? - ¿El qué?
¿Coger los cinco dólares?
- Usted misma dijo que... - Olvídelo, todos hemos estado sin blanca.
¿Qué le hace pensar que estoy sin blanca? Tengo un trabajo.
Ya sé, vende libros.
Hábleme de ese viejo griego que se puso cera en los oídos y de esas sirenas.
- Así que Nan se lo contó, ¿eh? - Sí.
¿Cuánto cuesta ese libro?
Oh, no querrá comprarle ese libro a Nan. Ella es demasiado inteligente para él.
Debería leer a Homero tal y como lo escribió. No en esa chapuza digerible.
Me imagino que no vende mucho, ¿verdad?
Voy tirando.
¿Qué hacía antes de echarse a los caminos?
Oh...
Todo tipo de cosas.
Imagino que no le gustan los trabajos de ciudad, ¿no?
Bueno, ¿cree que podría conseguir alguno?
Hay mucha gente por aquí a la que le vendría bien algo de ayuda.
¿Cree que se arriesgarían, contratar a alguien que creen que es un ladrón?
Yo nunca dije que fuera un ladrón.
Y si lo es, no es de los buenos.
Bueno, aquí tiene sus cinco.
Vale, si así es como lo ve. Sólo intentaba ayudar.
Qué calor hace fuera. Mike dijo que cargó treinta galones.
Hasta la vista, y salude a Nan por mí, ¿quiere?
¿Quién era ese?
Oh...
Sólo otro vagabundo.
- ¡Eh, Vago! ¿Le llevo? - Gracias.
Muchas gracias. - Venga, suba.
También encontré dos docenas de trapos de cocina en venta.
- Vaya, lo hiciste muy bien con 10 pavos. - Oh, cogí otros cinco de la caja.
Oh, ¿eso hiciste?
- Sí, ¿qué pasa? - No lo entiendes. Esto está mal.
¡Eh, señor, señor!
¡Mike!
¿Qué tal si salimos el Sábado por la noche?
Pero Sr. Swenson, no sabía que tuviera esos sentimientos por mí.
Mira Peggy, sabes que eres mi chica favorita en esta carrera.
No hay nada que no hiciera por ti. - En tal caso, puede traer la cerveza.
Oh.
Vale, ¿dónde está? - Saliendo por la puerta trasera.
Vale.
Usted.
- Olvidé mis libros. - Oh, me alegro que lo hiciera.
He desgastado un par de suelas nuevas viniendo hasta aquí.
Usted no robó ese dinero.
No pasa nada.
Parece muy cansado. ¿Le preparo algo para comer?
Oh, muchas gracias, pero he de volver a Los Ángeles esta noche.
Tengo que ganarme la vida.
¿No consideraría lo de conseguir trabajo aquí?
Podría necesitar un cocinero de comida rápida.
En serio que sí.
Bueno, no sé cocinar. Excepto huevos escalfados.
Adiós.
¿Seguro que no quiere una taza de café caliente? Está recién hecho.
Bueno, hay un tipo ahí fuera.
Me va a llevar, así que...
Adiós. - Adiós.
- Peggy, la cerveza está dentro. - Ya voy.
Olvidé...
- ¿Qué se cree que está haciendo? - Eh, tranquilo.
Oh, pobre hombre.
¿Qué tiene tanta gracia?
- ¿Pensó que se intentaba propasar? - ¿Yo?
Se me tiró encima saltando como un canguro.
Me pareció ver un ratón.
Lo atrapó.
- Jamón y huevos. - Marchando.
Así que uno de los profesores le da un trago a un bourbon de 20 años.
Y ahora ya puede susurrar.
Le da otro trago y ya le puedes oír desde el otro lado del río.
Así que se termina el frasco y sale fuera con la multitud.
Pásame el ketchup.
"Sr. Presidente" dice. "Sr. Churchill, bienvenido."
"Bienvenido a Yale."
- No lo pillo. - ¿Qué es lo que tiene tanta gracia?
El tipo estaba dando el discurso en Harvard.
- ¿Qué hacías tú en Harvard? - Estaba...
...limpiando las hojas del patio. - Mentiroso.
¿Por qué no vuelves a tu caja y dejas al artista que haga su trabajo?
Has estado practicando.
- Hola, preciosa. - Hola, Mike. ¿Qué será?
Sólo una taza de café.
Hola, vago. ¿Sigues aquí?
¿Por qué no? Me gusta la comida y me gusta la directiva.
- ¿Qué haces el Sábado por la noche? - Lo siento, Mike, tengo una cita con Joe.
- ¿Con quién tienes cita el próximo Sábado? - Tengo clases de baile.
- ¿Y el Sábado siguiente? - Una hamburguesa.
Con el cocinero este.
¿Lo has olvidado? Prometiste llevarme a aprender a bailar la rumba.
- Oh, sí, sí. - No olvides una cita.
Así que ha hecho de esta su casa, ¿eh, Sr. Brown?
Vamos, jamón y pan de centeno por aquí.
- Peggy. - Ahora estoy ocupada.
- No es eso. Es sobre Nan. - Oh.
Encontré un abogado. Redactó esa solicitud de adopción para ti.
Oh, gracias, Mike, pero no debiste hacerlo. Ya la había mandado.
El cocinero me la preparó. - Oh, comprendo.
Un tipo que conviene tener cerca.
Cocina, hace los papeles legales, hace de todo.
- No es un crimen tener estudios. - Me pregunto de dónde los sacó.
¿Qué quieres decir?
Ya sabes lo que quiero decir.
Una mañana te despertarás con la garganta cortada de oreja a oreja.
- ¿Has hablado con él? - Aún no.
- Tom. - ¿Ajá?
Haces mucho trabajo aquí. Ni siquiera te tomas un día libre.
¿Por qué no me dejas que te pague un salario? Uno decente.
No podrías permitírtelo.
Además, ya he ahorrado 17 dólares.
Si ahorro un poco más, empezaré a preocuparme por lo que hacer con él.
Pero eso no es justo, Tom. Y tú necesitas muchas cosas.
¿Como qué, por ejemplo?
Como un nuevo traje, por ejemplo.
¿para qué? No voy a ninguna parte.
Tengo todo lo que quiero.
Buena comida, buenas vistas, buena gente.
Un montón de cosas que arreglar, y un montón de tiempo para hacerlo.
Eso es exactamente lo que me ordenó el Doctor.
No llegaste muy lejos, ¿verdad?
Bueno, ¿qué puedo hacer? Ni si quiera puedes hablar con él.
Tú obsérvame. Yo puedo.
Venga, tú eres inteligente.
¿No te imaginas lo que la pobre chica está intentando hacer?
- ¿Quizás comprarme un traje nuevo? - Sí, pero, ¿por qué?
Porque ella es así. Si le dejaras, te daría su propia camisa.
Thomas, eres un idiota.
¿No te resultaría embarazoso salir con alguien que tuviera un parche en el pantalón?
- Bueno... - Tienes una cita, ¿no?
¿Lo decía en serio?
Thomas, no eres sólo idiota, además eres ciego.
Es agradable salir.
Ya sabes, si tuvieras una flor en tu ojal de la solapa,
...parecerías un embajador en un noticiario.
- Hay una cajita ahí atrás. - ¿Para mí?
Oh, fíjate.
Aún tiene gotitas de agua.
Oh Tom, no debiste hacerlo.
Tráiganos dos martinis mientras miramos..
Sí, Sr. Brown.
Seguramente aquí los sirven con palillos de oro macizo.
Bien, ¿qué tomaremos?
Oh, no sé, pide tú.
Muy bien.
¿Qué tal pechuga de gallina guineana al soufflé?
Soufflé a la Maison
Y una botella de Château Rose '37.
Oye, puede que Mike tenga razón y seas un Duque disfrazado.
- Eso es. El quinto Lord Eggbeater. - ¿Eggbeater?
- Por todos los Santos, salgamos de aquí. - ¿Qué sucede?
¿Has visto lo que cobran por una hamburguesa?
Si las cuentas no me fallan, aún me queda algo de dinero.
Oh, Tom, no necesitas traerme a un sitio así para que lo pasemos bien.
Oh, vamos, vamos. Esta es una ocasión importante. Estamos de celebración.
¿Qué estamos celebrando?
Mi nuevo traje. Lo he esperado durante cinco años.
Mira esa tela, mira esos hombros. Sólo una cuarta parte son míos.
Pero chico, ¡qué estilo! - Marca la diferencia.
Te hace parecer del todo digno.
- ¿Digno? - Ajá. Como un Doctor o un Abogado.
Oh, vaya, ahí van 57 con 50 dólares tirados por la ventana.
Oh no, te queda muy bien. En serio.
Esto no te gusta, ¿verdad?
- No. - Bueno, ¿pues a qué estamos esperando?
Le conocí en un baile en Telegraph Hill.
Eso está en San Francisco. Yo nací allí.
Dios, la de cosas que hace una mujer cuando está enamorada.
Claro que, sólo era una cría. Sólo tenía 18 años cuando me casé.
¿Crees que me iría mejor con una bola más pesada?
No sé de qué te preocupas. Vas delante de mí. Tienes 76.
Bueno, eso no es suficiente. Quiero darte un repaso.
Él bebía, claro.
Al principio llegaba a casa y lloraba sobre mis hombros,
...y al día siguiente me traía dulces.
Más adelante, simplemente llegaba borracho.
Demasiado buena.
Bueno, vamos allá.
Eh, muy bien tirado.
- ¿Cómo ocurrió eso? - ¿Seguro que no has jugado antes?
- ¿Cuánto duró? - Seis meses es todo lo que pude soportar.
Luego, conseguí un trabajo de camarera. Así es cómo conocí a Chita.
No hay muchas como ella, Tom.
La manera en que cosió y zurció para la pequeña.
Incluso compró una cuna y la pintó toda de rosa y blanco.
¿Es Nan...?
Nan no es tu hija, ¿verdad? - No.
Pero tiene la misma edad que tendría la mía.
Oh, lo siento.
Cariño.
Empecé con mal pie y me quedé atrapada en la mitad.
- Pobrecilla. ¿Estás herida? - No.
No me duele en absoluto, pero...
¿Qué te pasa, cariño?
Salgamos de aquí.
- ¿Cansada? - No.
¿Y tú? - No.
¿Sabes? Esta ha sido la mejor cita que he tenido nunca.
También es la mejor cita que yo he tenido nunca.
Tiene gracia.
Salimos para bailar y no lo hicimos. - Así es.
Es una pena, con todo el trabajo que hice con Chita aprendiendo Rumba.
¿Eso hiciste?
- Hola. - ¿Y bien?
- Hola. - ¿Qué pasó?
- Juagamos a los bolos. - ¿Hasta las cinco de la mañana?
- Es una dulzura. - ¿Dijo algo?
- ¿Sabes cuál es su verdadero nombre? - Una cosa sé. No es "Brown".
- Dijo que era "Lord Eggbeater". - ¿Se burló?
Los bolos hacen algo muy gracioso a ese Lord Eggbeater.
- ¿Qué quieres decir? - Echa un vistazo.
¿No te parece que está intentando decidir algo importante?
¿Algo importante?
Pero si ya lo ha decidido, solo que aún no lo sabe.
Ahora ya lo sabe. - ¿Sabe el qué?
- Que te quiere. - ¿Eso crees?
Escucha, Peggy. Cuando hablo de estas cosas, no lo creo, lo sé.
Y cuando te pida que te cases con él, no seas tonta. Contesta "Sí".
- Venga, no seas tonta. - No seas tonta tú.
Aquí viene.
- Tengo que ponerme algo. - Y recuerda, di "Sí".
- Peggy, ¿puedo hablar un momento contigo? - Un segundo, Tom.
- Peggy. - Buenos días, Tom.
- Buenos días. - ¿Qué tal has dormido?
Peggy, ¿cuánto tiempo te llevaría conseguir un nuevo cocinero de comida rápida?
- ¿Por qué Tom? - Es la única cosa sensata para hacer.
Verás Peggy, yo... Yo tengo...
¿Es porque estás casado?
Es todo culpa mía. Debí saber que esto pasaría.
Si hubiera tenido algo de cabeza, me habría marchado de aquí hace tiempo.
Venga, te preocupas demasiado.
No estoy buscando marido, Tom.
Si alguna vez me vuelvo a casar, no será por cogerle la mano a alguien a la luz de la luna.
Peggy, no tengo derecho a involucrarte emocionalmente.
Puede que no me importe involucrarme.
Un poco.
Peggy, esto es absurdo. No sabes nada de mí.
Todo es mucho más complicado de lo que te puedo decir. Verás...
Verás, yo en cierta forma...
En cierta forma he desaparecido.
¿Qué te pregunté?
Tom.
Tom.
No quiero saber quién eres, o cuál es tu problema.
Puedes irte si quieres. O quedarte si lo deseas.
No me debes ninguna explicación.
- Mike. - ¿Está loco?
Mike, ¿se te ha ido la cabeza o qué? ¿Qué es eso de conducir así?
Tienes razón, estoy borracho. Desde que era un crío así de alto.
Nunca he estado más borracho.
¿Cómo pude hacer algo así? A mis mejores amigos.
Dos de los mejores que conozco. - Bueno, ¿qué hiciste?
Estaba celoso. Fue por eso. En cuanto se lo dije, supe que no debí hacerlo.
- ¿Decirle a quién? - Al Sheriff. Por eso me emborraché.
¿Qué les dijiste?
Te están buscando, Tom. Les dije que tú eras el tipo.
Venga, lárgate. Aún tienes una oportunidad. Adelante.
Coge mi camión, no me importa.
- Date prisa. Cogeré tus cosas. - Peggy, Peggy, espera.
No voy a huir. - Pero Tom...
En cierta forma, estoy contento de que esto haya pasado.
De lo contrario, habría tenido tanto miedo de perderte, que no me habría ido.
Verás, Peggy...
Me he enamorado de ti como si tuviera 20 años.
Oh, Tom.
Pero está loco. Tienes que irte.
Peggy, estás totalmente equivocada.
De la única cosa de la que huí, fue de una esposa en Beacon Hill.
Oh, Tom.
Espero que sepas lo que haces porque la verdad es que yo no.
Nunca pensé que volvería a mirar a otra persona. Entonces apareciste tú y...
Peggy, volveré.
No debería llevar demasiado tiempo el arreglar todas las cosas.
Bueno, si fuera tan sencillo, ¿por qué habrías huido?
Dios, odio a los polis. Tengo miedo, Tom.
Sé que es una tontería, pero sé que...
Sé que si te marchas, nunca volverás.
El Sheriff. Le di una cerveza.
Debes irte por carreteras secundarias.
No hay duda de que es difícil atrapar a los ladrones.
Hola, Sheriff. Lamento haberle causado todos estos problemas.
A buenas horas se lamenta.
- ¿Se hace llamar "Brown"? - Eso es.
Les llevó un tiempo el dar conmigo, ¿no es así?
- ¿He de suponer que sabe por qué estoy aquí? - Me temo que sí.
¿Quiere decir que lo hizo a propósito?
Bueno...
Fue una combinación de circunstancias.
Bueno, diciéndolo en plata, ¿por qué no los manda de vuelta?
- ¿Mandar qué de vuelta? - Los libros. - ¿Qué libros?
¿"Las Grandes Historias de Todos los Tiempos" en doce volúmenes?
Eso es.
Lo siento mucho, Sheriff. Los mandaré esta tarde.
Bueno, pues que no se le vuelva a olvidar. Gracias por la cerveza.
Deja de reírte, idiota. Casi me provocas un ataque al corazón.
- ¿Le atrapaste? - No. Se escapó.
Gracias a Dios.
Llegué a tiempo.
- ¿De qué te estás riendo? - Supongo que soy una idiota también.
Supongo que los dos lo somos.
Pero Peggy, más tarde o más temprano...
Más tarde.
- Hola, preciosa. - Hola, guapo.
Siéntate un momento.
¿Cuánto he dormido? - Un par de horas, supongo.
Eso es California para mí. Ni tiempo, ni Estaciones.
En casa lo llamaríamos "El Verano Indio".
Aquí siempre es...
Siempre es "por la tarde".
¿Qué tienes en el pelo? ¿Una flor de loto?
Oh, es algo que crece por aquí.
"Hay dulce música aquí que cae suavemente..."
"Que más suavemente caen que los pétalos de hermosas rosas en la hierba."
- ¿Qué es eso? - Tennyson, "The Lotus Eaters".
Es hermoso.
Es todo sobre ese viejo griego que se puso cera en los oídos. ¿Recuerdas?
Sí, lo recuerdo.
¿Cuánto llevas aquí, Tom?
Toda mi vida.
Este es el paraíso más hermoso en el que nunca he estado.
¿Crees que somos un par de locos?
¿Locos?
¿Por qué no?
¿Por qué no me despertaste? Lo arreglaste todo tú sola.
- Está bonito, ¿verdad? - Maravilloso.
Nan es una chica muy afortunada.
¿Te vas a poner corbata?
¿Para el cumpleaños de Nan? Pues claro. Además, ella me lo pidió.
También te dijo que mantuvieras las manos alejadas de las gominolas.
Dijo que me podía comer una al día.
Dice que has hecho trampas. Las tenía contadas.
- Mejor te ocupas de los invitados. - Y tú mejor te pones la corbata.
- Hola, Shirley. - Hola, Peggy.
Traje a mi hermano. Se llama Dick.
¿Está bien? También trajo un regalo.
Claro, va a haber un montón de niños por aquí.
- ¿Hay pastel? - Eso creo.
¿Me das el regalo?
- ¿Dónde está Nan? - Ya viene. Enseguida llegará.
¡Eh, pandilla, cuidado!
- ¿Aún no ha venido Nan? - No, aún no. - Bien.
- ¿Podemos poner la gramola? - Está allí, en el porche.
Es genial.
Hay cincuenta centavos arriba, también.
- ¿Tienes que llevar pajarita? - Sí, la pequeña me lo pidió.
Y lo he pasado fatal buscando un regalo para ella.
¿Qué le compraste?
- Un camión con descarga automática. - Le encantará.
- Peggy, ¿podemos ver ya la habitación? - Claro. Pero no le digáis nada a Nan.
- Oh, no. - No, claro que no.
- Hola. Hola a todos. - Buenos días.
Oh, Tom, ¿quieres sacar los helados del congelador?
Y déjalos que se deshielen un poco para los críos.
Vamos.
¿Chita?
¿Qué pasa?
¿Qué le ha pasado a Nan?
Thomas, ¿se lo dirás a Peggy?
Ya no van a dejar que Nan venga nunca más.
Oh, mirad que perchitas tan preciosas.
Y un estante para los zapatos y todo.
Nan se alegrará mucho cuando lo vea.
Aquí viene Chita. Vamos, no quiero que Nan nos encuentre aquí.
Es una habitación preciosa, Sr. Brown.
¿Por qué tarda tanto Nan?
Tú y la Sra. Forbes hagan que se sienten los niños. Traeré el pastel y empezaremos.
Un momento, Peggy.
Tom, ¿sacaste los helados?
Peggy, Nan no va a venir.
¿No va a ..?
¿Por qué?
Es del Tribunal del Condado. Lo han rechazado.
No dicen por qué ni nada.
Eh, ¿no es chulo?
Una vez conduje uno de verdad. Claro que no iba tan bien como éste.
Pero cargaba mucho más.
- ¿Voy con ella? - No, yo no lo haría.
Eh, ¿qué pasa aquí? ¿Qué le pasa a Peggy?
Han rechazado su solicitud.
- ¿Quieres decir que no tendrá a Nan? - Eso es.
Bueno, aquí está el pastel, chicos. El glaseado es de una pulgada.
Lo siento, Nan no va a poder venir a la fiesta.
¿Quién quiere soplar las velas por ella? - ¡Yo! - ¡Yo! - ¡Yo!
Tía Peggy, déjame a mí. Soy el que más fuerte sopla. El más grande.
Sois todos iguales. Pensáis que un Juez se echa la siesta en los casos.
Luego lanza una moneda al aire. Cara ganas, cruz pierdes.
Lo sé, lo sé.
¿Cómo podría saberlo? No sabe nada de ello.
De la niña se están ocupando en esa buena Institución.
Tiene una dieta saludable, una buena educación, y un poco de disciplina.
¿Y usted la quiere poner en un garito de carretera que abre toda la noche?
Para ser criada por una joven que ni siquiera está casada.
Pero, Señoría, eso no es...
Es sencillo para ustedes los neófitos, pero un Juez ha de mirar todo.
Lo sé, lo sé.
No siga diciendo que lo sabe. No lo sabe, no puede saberlo.
Tendría que ser Juez para ello.
"Grandes responsabilidades tiene aquel que está en el estrado" ¿Sabe quién lo dijo?
Eso lo dijo uno de los mejores jueces que hubo nunca. Su nombre era...
Oliver Wendell Holmes. En una reunión de las clases de Harvard, 1873.
¿Cómo sabía eso ¿Es usted abogado?
No, sólo un amigo de la solicitante.
¿A qué Escuela de Derecho fue?
No dije que fuera a ninguna Escuela de Derecho.
¿Cuál dijo que era su nombre?
Tom. Trabajo en el café.
Oh, usted es el cocinero.
Claro, vivir según suposiciones no ayuda, ya sabe.
- Mire, Señoría. - No, eso da igual.
Escuche, Brown.
Extra-oficialmente.
¿Por qué dejó las leyes? - Bueno, yo... - ¿Mujeres?
- No. - ¿El juego? - No. Nada de eso.
No es asunto mío.
Pero conozco un veterinario que tiene un remedio para el hábito de beber.
No utiliza ni psicología ni bálsamos. Lo hace con vitaminas.
Muchas gracias, Juez Davis.
Creo que he ido demasiado lejos para las vitaminas.
Oh, Tom. ¿Dónde has estado? Me tenías preocupada, estuviste fuera mucho.
- Fui a ver al Juez. - Oh...
¿Crees que hay alguna posibilidad? ¿Qué dijo?
Dijo que dejara la botella.
- ¡Peggy! - Ya voy.
Peggy, tengo que volver a Boston.
Oh, Tom.
Ya era hora de que llegaras. Los filetes se queman si no estás.
Es lo único que realmente podría ayudar.
No sirve de nada. Ese viejo Juez no cambiará de opinión.
¿Por qué no? Tráeme un plato, ¿quieres, Peggy?
Yo una vez cometí exactamente el mismo error.
Luego cambié de opinión.
¿De qué estás hablando?
Tuve un caso igual que este.
Separé al chico de su madre, porque iba muy maquillada.
Porque su abuelo podría mandarle a Harvard.
¿Un Juez?
No sé por qué no te lo dije antes.
¿Qué te pasa hoy? Los chicos tienen prisa.
Tom, hace un par de días vino un tipo aquí.
Me ofreció un buen precio por el negocio.
¿Por qué no vendemos y nos vamos? A cualquier sitio.
Donde nadie conozca, quiénes somos, o qué somos.
Peggy, no sirve de nada. No puedes...
Bueno, de acuerdo. Si así es como piensas.
Eres un Juez. Deberías saber tomar decisiones.
- Peggy, por favor, no... - Oh, da igual. Vigila esos filetes.
Yo no sé vosotros, pero yo estoy muy cansada y me voy a la cama.
Buenas noches.
Espérame, yo también me voy.
Peggy, por favor.
Esto no será fácil decidirlo por la mañana. O mañana por la noche, o cuando sea.
- ¿Aún vas a volver? - Sí.
Bueno. Ya está decidido y yo no tengo nada que ver en ello.
¿Qué puedo decir, Tom?
No lo entiendo.
No puedo tener a Nan, y ahora tampoco a ti.
Si yo quisiera a alguien, no me iría y le abandonaría.
Peggy, ojalá pudiera decirte...
...lo maravillosa que eres para mí, algo que yo nunca sería para ti.
¿No ves que por eso las cosas hay que hacerlas bien?
Bueno, no lo pillo.
Puede que haya estado en un estrado durante demasiado tiempo.
Hay ciertas reglas, Peggy. Y cuando uno las rompe...
Tienes problemas.
Tengo que volver y aclarar todo el lío en Boston.
Pero luego volveré, y...
Nos casaremos. Tú tendrás a Nan y...
Si es que vuelves.
Aún así, debo irme, Peggy.
He estado huyendo demasiado tiempo.
Es demasiado tarde. Está cerrado.
- ¡Nan! - Me escapé.
- Nan. - Peggy.
Me escondí tras unos matorrales y ellos me llamaban y me llamaban.
Me asusté un poco cuando anocheció, pero me llevaron en coche.
¿Puedo tomar un helado? Estoy hambrienta. - Oh, sí. Tom, ¿quieres...?
- No eran malos contigo, ¿verdad? - Oh, no. Me gustaba la Srta. Hepburn.
Bueno, y entonces, ¿por qué te escapaste?
- Supongo que te prefiero a ti. - Oh, cariño, cariño.
Aquí tienes.
Bueno, y ahora...
Se enfadaron conmigo porque trepé a un melocotonero y rompí una rama.
Se supone que no debes birlar melocotones, pero todas las chicas lo hacen.
Supongo que me vais a volver a mandar de vuelta allí.
Oh, no, cariño. No hasta mañana.
Ya ves, Nan.
Tienes que seguir las reglas, aunque algunas te parezcan tontas.
Si las chicas grandes no cogieran melocotones, habrían quedado algunos para ti.
Supongo que da igual cuánto lo desees.
No puedes coger lo que quieres si con ello infringes las normas.
Huyendo.
Pronto serás mayor y podrás venir a estar conmigo el tiempo que quieras.
Pero Peggy, podrías haber adoptado ya a otro niño.
Oh, no, no lo haré, cariño.
Te esperaré, incluso aunque eso tarde diez años.
- Hola, Martha. - Hola.
Oh. Ha vuelto. - ¿Cómo va todo por aquí?
Oh, ¿se refiere a la oficina? Tuvimos que bajarla.
- No, no. ¿Quién es este? - Tommy. - Tommy ¿qué?
Su nieto..
Tenga. Puede cogerlo si quiere.
- ¿Cuándo ocurrió? - En Septiembre.
La Sra. Bailey se lo trajo cuando su viejo les tiró.
- ¿Se ocupa de mi nieto? - Es más que eso.
No creo que sea bueno que le coja. Estoy pillando un resfriado.
¿Por qué les tiró?
Su viejo quería que fuera banquero, y él sólo quería pintar.
- Martha. - ¿Sí, Señora?
¿Ha venido ya el hombre de los pañales?
Sí, Señora, y le dije lo que usted me dijo que le dijera.
Dijo que sólo podía hacer visitas los Martes.
- Tom. - Hola, Evelyn.
Sí, ha vuelto.
Bueno, supongo que será mejor que preparé algo de té.
Lo siento.
Es sólo que... - ¿No te llegó mi telegrama?
No. ¿Enviaste uno?
Oh, querida, lo hice de nuevo.
Y después de eso, vendí libros.
Tienes buen aspecto a pesar de ti mismo.
No es nada. Es sólo que ya no estoy acostumbrado al clima de Boston.
¿Cuáles son tus planes, Tom?
¿Vas a quedarte aquí ahora?
No, Evelyn.
Vuelvo a California.
Tiene gracia.
Nunca pensé de mí como en una divorciada.
¿Qué hago ahora? ¿Voy a Reno? - Evelyn, yo... - ¿Sí?
No sé qué decir. No esperaba que...
No irás a volver ya mismo, ¿verdad?
Bueno, no. Tengo que ver un montón de cosas. Quiero ver a Catherine y a John.
Y pasar un poco de tiempo con...
Ya sabes, no puedo acostumbrarme a la idea de ser abuelo. - Ya lo harás.
Bueno, supongo que es mejor que me vaya.
Me pondré en contacto contigo por la mañana. Me quedaré en ese pequeño hotel de...
...Charles Street.
No puedes ir a un hotel con un resfriado así.
- Estaré bien. - Te está subiendo la fiebre.
- Oh, no puedo quedarme aquí. - ¿Por qué no?
La gente hablará.
Hace ya mucho que dejaron de hablar de mí, ahora ya da igual.
De todas formas, no sabrían que has vuelto.
Evelyn, ¿qué te ha pasado?
Nada.
Supongo que tuve tiempo para pensar las cosas.
Puede que al estar más en casa. Con los chicos y el pequeño Thomas.
Bueno, tendremos que inventar alguna historia para el resto de la familia.
¿Qué tiene de malo la "amnesia"?
Casi me hiciste que me la creyera. A pesar de saber que no era eso.
- ¿Lo sabías? - No inmediatamente.
Al ver que faltaban tus botas de agua, empecé a preguntarme por qué.
Claro que sabía por qué faltaban tus botas de agua.
Estaba lloviendo, pero ya sabes lo que quiero decir.
¿Me estás diciendo que lo supiste siempre, y no se lo dijiste a nadie?
Ni a un alma.
Supongo que he cambiado, ¿no?
Bueno, estaba en Chicago trabajando como ascensorista.
- ¿Con uniforme? - Claro.
Bueno, me cansé de ir de arriba a abajo todo el tiempo.
Así que pregunté al tipo de la estación de autobuses a dónde llegaba con 23,60 dólares.
Y me dio un billete para Yellow Creek.
Allí es dónde me metieron en la cárcel.
La cárcel también. Bueno, supongo que eso era lo previsible.
- ¿Por qué te metieron? - Un momento, Juez.
Creo que mejor permanecemos en la ignorancia de alguna de sus aventuras.
No fue ninguna aventura. Sólo fue la falta de visibles medios de sustento.
¿Eso es todo? Esperaba que al menos te hubieran cogido robando un caballo.
- Bueno, he de volver al trabajo. - Espera un momento, Héctor. Siéntate.
No me has contado cómo van las cosas en la oficina.
Oh, como siempre, supongo. Ahora tenemos un nuevo conserje.
Le dimos un nuevo juego de dientes al viejo Jeffreys cuando se jubiló.
Supongo que tumbarían todas mis resoluciones en cuanto desaparecí.
Oh no, no. Sólo tuvimos dos apelaciones.
Se le ratificó en una de ellas, y la otra está pendiente.
- ¿Cuál es esa? - El caso Winthrop. ¿Recuerda?
Sí.
No tiene nada de lo que preocuparse.
La decisión no se anunciará hasta el Jueves. Pero sé que la mantendrán.
El Jueves.
Sólo tres días.
Martes, Miércoles, eso es.
- Evelyn, tráeme mis ropas. - ¿A dónde crees que vas?
Al Tribunal de Justicia. Quiero coger unos papeles.
- Quédate. John puede cogértelos. - Sí, claro. ¿Qué es lo que quieres?
Todas las cosas que tengas del caso Winthrop.
Evelyn, ¿dónde están mis archivos? - Arriba, en el ático.
- Bájamelos, ¿quieres? - ¿Para qué los quieres?
No puedo hacerlo sin ellos.
¿Vas a intentar apelar tu propia decisión?
Claro. Catherine, tráeme un bloc de notas, muchos lápices. Con punta.
No puede hablar en serio.
- ¿Qué pasa, Héctor? - Bueno...
Señoría, siempre he tenido el mayor de los respetos y simpatía por usted.
Quizás los años más felices de mi vida los pasé con usted, pero...
Bueno, debo decirle que creo que ha perdido la cabeza.
Oh, la cabeza no, Héctor. Puede que la caja donde la guardaba.
- ¿Has encontrado algo ya? - No.
Esto empieza a ser una tontería.
Es como buscar una aguja en un pajar.
Lo que lo hace duro de verdad es que sabemos que no hay ninguna aguja.
Ni siquiera puedo encontrar un pajar. - Bueno, algo tiene que haber.
Lo que necesito es un pequeño precedente, un párrafo, un comentario. Lo que sea.
Algo a lo que agarrarse. - El coche está listo.
Bueno, si voy a ir, es mejor que me ponga una corbata.
- Pobre Tom. No es sencillo. - No, no lo es.
No es asunto mío, Sra. Bailey,
...ojalá le persuadiera de abandonar la idea. No se puede hacer.
Sólo se pondrá en ridículo.
Hasta ahora, nadie sabe que ha vuelto y puede tener un divorcio tranquilo, pero...
...si sigue con esto,
...puede que siga teniendo un divorcio. Pero no será tranquilo.
Me temo que esta va ser una vez...
...en la que no voy a decir nada.
"Así que ya ves que las cosas salieron mucho mejor de lo que esperaba."
"Ya estaría de vuelta de no ser por mi apelación en el caso Winthrop."
Debería mantener su nariz alejada de los Tribunales.
Ahora pasarán semanas hasta que regrese.
Le debe haber gustado ser Juez.
¿Sabías que en Boston llevan túnicas?
Me gustaría verle alguna vez así.
¿Sabes qué hay detrás de todo esto?
La esposa.
Primero el resfriado, luego esto.
Yo creo que le están liando. - Oh, cállate.
- ¿Por qué no haces algo al respecto? - ¿Qué puedo hacer?
Gastarte cinco dólares en una llamada telefónica.
Evelyn, el teléfono.
Evelyn.
¿Sí?
¡Oh, póngame con ella!
Hola, cariño, esto es maravilloso.
Oh, probablemente dentro de unos pocos días.
Sí, acabo de averiguarlo, no puedo hacer nada.
Sí, estoy un poco contrariado.
Supongo que no soy tan listo como yo pensaba.
Yo no estaría tan triste. Seguro que hiciste todo lo que podías.
Es una pena que entonces fueses tan parcial.
Pero no lo podías evitar.
¿Qué has dicho?
No, antes, ¿parcial?
Bueno, Tom, lo siento. No quería decirlo de esa forma.
Oh, cariño, deberías haber sido abogada.
Tom, ¿cuándo vas a volver? Tom...
Ha colgado.
Tom, ¿a dónde vas?
Voy al Tribunal de Justicia. He encontrado mi párrafo.
- Hola, Jack. - ¿Cómo está, Juez?
Carl, ponme con la Sala de Prensa.
¿Sí?
¿Qué? ¿Estás seguro que era Bailey?
¡Bailey ha vuelto!
Piso once, por favor.
No encontramos ningún fundamento para variar la decisión original...
...emitida por el Juez Thomas Bailey.
Se levanta la sesión.
- Señor Presidente. - ¡Orden en la sala!
Un momento, por favor.
Sr. Presidente, ¿podría tener el privilegio de dirigirme a la sala?
Bailey, ¿eres tú realmente?
- ¿De dónde sales? - De California.
- ¿Qué te pasó? - ¿Te encuentras bien?
Gracias. Nunca en mi vida me he encontrado mejor.
Bueno, ¿de qué se trata?
Me gustaría reclamar la atención del Tribunal Superior.
Respecto a un error que aflora en el caso de Winthrop contra Winthrop.
Bueno, ya hemos deliberado sobre eso.
- Llegas demasiado tarde. - Por diez segundos, Señoría.
Esta es una situación bastante peculiar.
Y una muy poco ortodoxa.
Y puede que muy interesante.
Adelante, Bailey.
Gracias, Señoría.
Sr. Presidente.
Debo solicitar al Tribunal un nuevo juicio para el caso Winthrop contra Winthrop.
Bajo el argumento de que yo, Thomas Bailey...
...no era el Juez apropiado para escuchar el caso.
- ¿En serio? ¿Por qué no? - Por mi parcialidad.
¿Por qué no te inhabilitaste en su momento?
- Entonces no lo sabía, Señoría. - ¿Qué hiciste?
¿Establecer una búsqueda en los archivos de tu conciencia?
- ¿Se considera eso ahora poco ético? - Esto es ridículo.
Si eras parcial y ratificamos tu decisión, entonces también somos parciales.
- Si usted lo dice, Señoría, así será. - Entonces nadie podría ser Juez.
Caballeros, caballeros.
No estamos en una sesión. - Pero Sr. Presidente...
Cuanto más coléricos nos pongamos, más le daremos la razón al Juez Bailey.
¡Mira, mira!
Échale un vistazo a esto.
¿Cómo estás? ¿Has oído las noticias?
Costó mucho tiempo, pero al final lo logró. Está en todos los periódicos.
Tu cocinero ha resultado ser el Juez más famoso de todos los EE.UU.
"El Juez desaparecido hace historia legal."
"El Juez revoca al Tribunal Supremo de Massachusetts."
Escucha esto: "El Tribunal Supremo acepta su apelación."
"Y concede la custodia del niño a la madre, la Sra. Joan Winthrop."
- ¿Qué te parece eso? - Oh, estoy tan contenta.
¿Te das cuenta de lo que ha hecho? Esto no pasa una vez cada cien años.
¿Lo puedes superar?
Y yo que siempre pensé que se había sacado de la manga lo de las leyes.
Bueno, supongo que todos cometemos errores.
Sí.
A veces, es muy difícil saber que es lo correcto.
¡Peggy!
¡Nan!
Olvidé decírtelo. A la luz de lo que ha pasado, lo he reconsiderado.
Nan.
- Ahora dice que me podré quedar. - Oh, cariño.
Y yo que le dije que dejara la botella.
Es una cosa curiosa.
La última vez que hubo una vacante en el Tribunal Superior,
...ni siquiera te iba a nombrar. - No sabía eso.
No. Yo...
Yo pensaba que eras...
...un engreído. - Y tenías razón.
Y ahora que has quitado el moho del Sistema, no lo quieres.
Entonces, habría dado mi brazo derecho por un puesto así.
Ah, es una pena.
Soy el único joven que queda en ese estrado, y tengo 84 años.
Ya sabes, Bailey.
Una vez dejé las leyes.
Y me uní a un circo en Francia. - ¿En serio?
¿Oíste hablar alguna vez de Yvonne Sadeaux?
No.
Oh no, claro, no podrías.
Era la mejor jinete de su época.
Era muy hermosa.
Y yo tenía 23 años.
Dicen que te pega más fuerte cuando tienes mi edad.
Sí.
Puede que la razón por la que pega tan fuerte es porque ves que ya es tarde.
Podría ser.
He vivido la mitad de mi vida.
Nunca sospeché que lo que descubrí fuera siquiera posible.
Cuando lo encuentras,
...no renuncias a ello.
He de marcharme.
- Adiós, Bailey. - Adiós, Señor.
Buena suerte.
Hola, Annie.
Oh, hola, Juez.
Es muy agradable verle de nuevo.
¿Va a volver a estar con nosotros?
No, creo que no.
¿Hay alguien ahí dentro? - No, se han ido todos.
Hola, Héctor.
Hola.
Este viejo sitio no ha cambiado mucho.
¿Por qué iba a hacerlo?
- Veo que los encuadernaste. - Sí.
Buen cuero. No hay duda. El viejo Simpson es el mejor encuadernador.
¿Los tienes todos actualizados?
¿Pensaba que ya no le interesaban esas cosas?
Es cierto, no lo estoy. ¿Qué tienes que decir al respecto?
Vamos, dígame que no es asunto mío.
Pero tenía entendido que ser adulto significaba aceptar responsabilidades.
Es incomprensible para mí que alguien de su experiencia y trayectoria,
...se comporte como un adolescente huyendo a una isla de los Mares del Sur.
Tú nunca has estado en una isla de los Mares de Sur, Héctor.
Quizás nunca lo hayas deseado.
Mucha gente no lo desea
Gracias, creo que esto es todo.
Bueno, muchas gracias, Williams.
Adiós. - Adiós, Juez.
- Sra. Bailey. - Adiós.
¿Le importa que no le acompañe? - En absoluto. Conozco el camino.
Adiós.
Bueno, supongo que ya está.
Sí.
Ahora, todo parece muy sencillo.
Quizá sea ahí donde la Sra. Bailey cometió su error, como dicen en la radio.
No creo que sea un error.
De hecho, ahora somos mejores amigos...
...de lo que lo hemos sido durante mucho tiempo.
No tienes mucho tiempo. Mejor coges un taxi.
Bueno, Evelyn.
Asegúrate de coger una bufanda y no olvides las botas de agua.
- Cielos Santos, no voy a desmoronarme. - No quería decir eso, es sólo...
Es sólo que acabas de pasar por un mal resfriado.
Lo siento muchísimo.
Debe ser mi día malo.
No sé por qué te grito cuando te has mostrado más comprensiva que nadie.
No pasa nada, Tom.
Y Tom.
Me gustaría que supieras, que si vienes a Boston, siempre serás bien recibido.
Gracias, Evelyn.
Adiós, Tom. Perderás el tren.
Adiós.
Eh, Señor. ¿Me vigila esto un momento, por favor?
- ¡Pasajeros al tren! - ¡Oh, Johnny!
Muchas gracias.
Era un viejo muy simpático, ¿verdad?
California para mí.
Aquí no hay tiempo.
Ni Estaciones.
En casa lo llamaríamos "El Verano Indio".
Aquí, siempre es Verano.
Siempre es "por la tarde".
Vamos, dígame que no es asunto mío.
Pero tenía entendido que ser adulto significaba aceptar responsabilidades.
Es incomprensible para mí que alguien de su experiencia y trayectoria,
...se comporte como un adolescente huyendo a una isla de los Mares del Sur.
Tom.
Peggy.
Tom, cariño, tenía tanto miedo de haberte podido perder.
- Peggy, ¿de dónde has salido? - Llegué hace una hora.
Hubo tormenta y el avión aterrizó. Llamé a tu casa, pero habías salido.
- Oh, Peggy, Peggy. - Oh, Tom. Tom...
Te escribí 50 cartas. Las rompí todas.
Sabía que ellas no te detendrían.
- ¿Detenerme? - Ajá.
Todo el camino, he estado intentando pensar lo que decir, y no pude.
Pero lo sé, Tom. Este es tu sitio.
Esta es tu casa, tu trabajo, tu gente, tu vida. - Peggy, yo...
Esta son las cosas que te hacen ser quien eres. No debes irte, no puedes.
Muy bien, cariño. No me iré.
¿No?
Estaba de camino a casa, cuando me encontraste.
Bueno.
Supongo que parezco una tonta volando hasta aquí.
Oh, no.
Es lo más tierno que nadie hizo nunca.
Está bien.
Suele pasar a menudo que a quien menos quieres hacer daño,
...sea la persona a la que más daño haces.
Héctor tenía razón. Debo actuar según mi edad y no perseguir arcos iris.
Tom...
Vaya, eres el idiota más grande que nunca vi.
¿Te has vuelto loco? ¿Demasiado viejo para qué?
Eres demasiado joven para pasarte el resto de tu vida en una hamaca.
¿Sabes lo que dicen los periódicos?
Dicen que serás el Juez más joven que se haya sentado en el Tribunal Superior.
Sí. Supongo que eso es cierto.
No significa mucho, la verdad. La mayoría ronda los cien años.
Ya sabes, tenemos mucho negocio ahora con el turismo.
Ya sabes, del estilo George Washington durmió aquí.
Y Nan les enseña el patio, y las persianas que pintaste.
¿Va todo bien con Nan?
Oh, sí. Está todo arreglado.
Pero fuimos felices, Tom.
Después de todo, eso era lo que más quería.
Gracias también por eso.
Oh, Peggy, no.
Si soy bueno en este nuevo trabajo,
...será porque aprendí mucho más en California que a hacer tortitas.
¡Pasajeros al tren!
Tom tienes billete para este tren, ¿verdad?
- Sí. - Bueno, no lo desperdiciemos.
Esto ha sido como una visita corta, ¿no?
Puede que sólo sea eso.
Nan no comerá nada más que helados hasta que yo regrese.
- ¿Le gustó su habitación? - Oh, le encanta.
- ¿Cómo está Chita? - Está bien.
Me dijo que te dijera que ha perdido peso desde que te fuiste. - Bien.
Arreglé la caldera.
- ¿Cómo están las hortensias? - Oh, maravillosas. Así de altas.
¡Pasajeros al tren!
Tom.
Todos los clientes siguen diciendo que eras el mejor cocinero de la 101.
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