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LA DAMA DE LOS TRÓPICOS
Bueno, ya hemos llegado.
¿Te alegra volver a Saigón?
Espero que sea mejor que Manila.
"La jungla en sombrero de seda"
Estoy harta de elefantes y de gente que va descalza.
Al próximo que me meta prisa por el mundo, lo mato.
- Lo ha hecho expresamente. - Naturalmente que no.
¡Hola! ¡Hola!
Mira, el padre Antonio.
¿Habría que visitarlo?
Conoce Indochina como la palma de la mano.
Sr. White...
Vea si mi hija ha cumplimentado su tarjeta de desembarque.
Su padre pregunta si tiene lista la tarjeta de desembarque.
- En seguida la acabo. - Gracias.
- ¿Cuál es mi profesión? - Muy fácil: heredera.
- La mía es más complicada. - Play Boy.
Me conformaría con unas rubias y un caballo poney.
Me queda una casilla. ¿Casado o soltero?
¿No lo sabes?
Pondré "en expectativa".
¿Sólo expectativa?
Sólo me quedan 500 dólares en cheques de viaje.
Acabaré casándome contigo por tu dinero.
Vámonos.
¡Señor! Otra vez turismo.
Baedecker llamó a Saigón, el París de Indochina.
Cada ciudad siempre es el París de algo.
¡Se optimista! ¿Quién sabe lo que nos espera?
Una aventura, un romance, algo.
¿Algo?
¿Qué buscas, Bill?
Mis cigarrillos.
Esta es la señora Hazlitt.
Y mi hermana, la condesa Berichi.
¡Ah! Ya están aquí.
- Les presento a mi hija. - ¿Cómo está?
- Y este el Sr. Bill Carey. - ¿Cómo está, padre?
El padre no ha cambiado en 20 años.
El cambio en Oriente es lento, en todo.
¡Baibin!
¿Qué haces ahí?
¿Qué has cogido? Enséñamelo.
- No es nada. - Muéstramelo.
Déjalo ahí.
No me lo iba a llevar.
Venga, vete.
Hemos de ser cuidadosos hablando delante de los niños nativos.
Pero seamos indulgentes.
Es por su madre.
- Hubiera jurado que es francés. - No del todo.
Su padre es francés. Su madre es nativa.
Me gustan los mestizos. Son perversos y fascinantes.
No, no. No son perversos.
A veces me hacen pensar... en los peces voladores.
Muy inofensivos.
Se pasan la vida saltando fuera del agua, donde han nacido,
para caer de nuevo al mar y morir.
¿Los blancos los aceptan?
No, se conforman con criarlos.
- ¿Desembarcamos? - Naturalmente.
Vamos, Baibin.
Padre, vayamos antes a ver vuestro París de la jungla.
Verá que interesante.
Admire la ciudad antes de la avalancha turística.
- ¡Baje, señorita! - ¡No, no quiero bajar!
- ¡Salga, señorita! - ¡No! ¡Lléveme!
¡No la llevaré a ninguna parte! ¡Baje!
¡Escoria de Saigón!
Aquí las mujeres están aviadas.
¿Un indígena tratando así a una francesa?
No es una auténtica francesa.
Ya veo. De nuevo un pez volador.
¿Hay un acuario donde ver más?
Le resultaría desagradable.
Al contrario, ¿verdad, Bill?
Le tenía que haber dado un puñetazo en la cara.
Que sitio tan exquisito.
Un bebé se sentiría seguro.
Muy encantador y respetuoso, según vemos.
La vista juzga mal la moralidad, señora.
La gente es amable, pero esta promiscuidad...
Ningún francés traería aquí a su mujer.
Un refugio para los amores clandestinos.
Americano, date por perdido.
- Buenas tardes, padre Antonio. - Pierre.
¿Este de quién es marido?
Pierre Delaroch, de los más ricos de Saigón.
Y muy poderoso.
- ¿Del gobierno? - No. Influyente.
- Nefasto, diría yo. - Yo no le temo.
William, no mires.
A su favor, diré que él tiene buen gusto.
El buen gusto acompaña al mal.
Lo digo injustamente. El Sr. Delaroch es encantador.
¿Quién es la dama?
¿Ella? Es un pez volador.
Me gustaría saber más. Invítelos a nuestra mesa.
Camarero, más sillas, por favor.
Y no "aletees" delante de ella.
Sr. Delaroch, le presento a unos amigos.
El Sr. Harrison, deportista americano.
- ¿Cómo está? - ¿Qué tal, Sr. Harrison?
En Saigón es rara la cortesía.
Los turistas no suelen ser corteses.
Esta es mi hija, y mi hermana, la condesa Berichi...
Sra. Hazlitt, Sr. Howard, Sr. Morton y Sr. Carey.
- ¿Cómo están? - Bien.
- Y la señorita Manon DeVargnes. - Encantado.
Manon, siéntate con nosotros.
Gracias, padre. Muy amable.
Hace años que vengo...
y constato que apenas hay cambios.
En Oriente, se busca poco reparar el mundo...,
- ...y mucho disfrutar de la vida. - Interesante.
Hemos oído cosas fascinantes de Ud.
Haré buenas compras en Saigón.
Cuando viajo me gusta ir de tiendas.
¿Compra sus ropas en Saigón, señorita...?
- DeVargnes. - Ah, sí. Gracias, Bill.
DeVargnes.
Mi ropa viene de París.
Con esos modelos le será inútil defenderse.
Venga Dolly...
El Sr. Delaroch es muy seductor, ¿no?
¿Hace mucho que lo conoce?
- No, no mucho. - Los orientales son muy amenos.
Yo conocí uno que dirigía una secta.
- ¿Quiere bailar, señorita? - Gracias.
- ¿Nos disculpas, Dolly? - ¡No te embeleses, cielo!
- ¿Cuándo ha ido a París? - Nunca he ido.
- Dijo que había comprado ropa. - No, señor.
- ¿Vive desde hace mucho en Saigón? - No.
Debe ser una ciudad apasionante.
Debe haber un montón de cosas en Saigón e Indochina...
- ...que los turistas puedan ver. - Sí, señor.
Bueno... creo que es bastante.
Pero quiero seguir bailando.
Bien, entonces sigamos.
- Por cierto, baila muy bien. - Gracias.
- Baila como si fuera profesional. - Lo soy.
Muy interesante.
- ¿Revista musical? - No.
- ¿Ballet? - No.
No quería ser indiscreto, sólo quería saber.
- ¿Le molesta que pregunte? - No, señor.
- ¿Dónde baila? - En un templo.
Nunca había bailado con una sacerdotisa.
¿Sacerdotisa?
- Gracias, señor. - Gracias.
Encantado de conocerles.
¿Nos vemos mañana en casa del comandante?
No podré asistir, pero les enviaré a las bailarinas.
- Me apasionan las danzas indígenas. - Me ocuparé gustosamente.
- Buenas noches. - Señorita...
- Gracias, buenas noches. - Buenas noches.
- Bien... cuéntame. - ¿Qué bebes?
Háblame del pez volador.
Nada que decir. Permanece bajo el agua.
- El americano es muy ameno. - ¿Estás celoso?
Un antepasado escribió: "Mi corazón flota sobre tu sonrisa"
Tu corazón es muy ligero.
Si tu me dijeras: "Pierre, te amo",
no te faltaría nada mío, nada.
No quiero nada de ti, Pierre, sólo tu ayuda.
- ¿Aún sueñas con ir a París? - Sí.
Es difícil obtener el pasaporte.
No para ti, Pierre. Para ti es fácil.
Si te lo consigo... ¿me dejaras?
No. Pero me sentiré libre.
Un día, si te canses de mí, me iré.
Mientes como una mendiga.
- Es la verdad. - ¿Verdad?
La verdad, querida, no está en ti.
Esa cara occidental esconde un alma confusa.
Sé porqué te gusto.
Ambos pertenecemos a esa no-raza de dos cabezas.
Sueñas que el pasaporte hará la magia de convertirte...
en francesa, una auténtica francesa.
Deja de soñar.
Me lo habías prometido.
Falsa promesa. Quería ver tu sonrisa.
- Señoría. - ¿Sí?
Disculpe.
El comandante desea saber si acudirá a la reunión.
Dile que me siento honrado.
- ¿Estás enfadada? - No.
En unos días habré olvidado el pasaporte.
Causarán sensación en la exposición universal.
Disculpen. Voy a avisar al comandante.
Señor: Las bailarinas han llegado.
- ¿Y los americanos? - También.
Un doble placer. Vayamos.
Señorita, es inútil insistir.
No tiene hermanos.
La familia de su padre ignora su existencia...
y aparentemente están bien.
Por eso me veo obligado a rechazar su visado.
Perdone, pero debo irme.
Señor, no necesito a nadie.
Podría vivir en Francia en mi condición de francesa.
¿Ud. ha venido de Francia a Saigón?
No, señor. No puedo llevar vestidos de París y finjo que soy de allí.
Lo lamento, pero creemos que estará mejor en Saigón.
Discúlpeme.
- ¡Señor comandante! - No, señorita.
Rehusamos enviar a nuestros niños mestizos
por el mundo, sin protección.
Estoy seguro de que será
más feliz entre los de su clase.
Los de mi clase.
Esos sombreros son maravillosos.
Se parecen a los tuyos.
Muy bonito.
- Encantador. - ¿Podemos gratificarles?
- ¿A ellos no les dan nada? - No, no señor.
Al contrario que a nosotros a ellos no les falta nada.
- Quiero un sombrero. - Vale, mañana lo compraremos.
No podremos. Zarpamos mañana a la mañana.
Bien. Pediremos a una bailarina que nos lo venda.
- Hola. - Me temo que no lo venden.
¿Y eso? Es ridículo. ¿Por qué no?
Tienen muchos sombreros, pero pertenecen a los templos.
- Y en ellos viven sus dioses. - ¿Qué dioses?
Unos 200 o 300 diferentes. Pero conozco una tienda.
Estupendo. Muy amable. Dele la dirección al Sr. Carey.
- Calle Monard, 11. - Calle Monard, 11.
Señorita Harrison. Señor Carey.
El Sr. Delaroch nos invita a tomar el té.
¿El Sr. Delaroch? Encantada.
Date prisa, antes de que cierren.
- Adiós, señorita. - Adiós.
Nos vemos en el barco, maniática.
- ¿Se une a nosotros? - No gracias. Debo ir a casa.
- Buen viaje. - Gracias.
- Hola, señora. - Hola.
Quiero un sombrero de bailarina. En forma de pagoda.
[Habla en lengua nativa]
Un sombrero de bailarina.
Sombrero.
Un sombrero de bailarina.
Ya sabe, una bailarina. Mire...
Ellas lo llevan en el templo.
El templo. ¿Entiende?
Templo. Templo. Sombrero.
Templo.
¿Diosa? [En lengua nativa]
¿Diosa? [En lengua nativa]
¡Diosa! [En lengua nativa]
Grande o pequeño, me da igual.
[Habla en lengua nativa]
No, eso no lo quiero.
Quiero comprar un sombrero.
Para la cabeza. Cabeza.
Un sombrero de bailarina. [En lengua nativa]
En forma de pagoda. [En lengua nativa]
Eso es lo que quería.
Ahora se lo envolverá.
Gracias. Tenía un problema.
Dudé en venir a ayudarle.
Ha hecho bien. Me hubiera pasado la noche.
- ¿Y la recepción? - Están tomando el té.
¿No le gusta el té?
No me han invitado.
- ¿Delaroch no es su amigo? - Sí. Pero...
No a la hora del té.
Le molesta venderlo porque es muy bonito.
- ¿Con cuánto se consolará? - Déjeme hacer a mí, señor.
Le pago el sombrero, el envoltorio y su beneficio.
Podemos irnos.
- ¿Por que grita? - Se siente perjudicada.
- ¿Cuánto es? - Se lo regalo a la señorita.
Esa no es la cuestión. ¿Cuánto le debo?
- Se lo ruego. - De acuerdo.
Deme, que lo lleve yo.
No dejan que los hombres lleven paquetes.
Ud. conoce a un tipo de hombre muy particular.
En Saigón sólo hay un tipo de hombre.
- ¿Como es? - Muy respetable y muy solitario.
- ¿Ud. se divierte mucho? - No.
- Es cruel con ellos, ¿eh? - ¿Cruel?
¿Qué le hace reír?
Que una mujer pueda ser cruel con los hombres.
En muchos sentidos.
En Saigón, las mujeres son demasiado insignificantes...
para ser crueles.
- Adiós. - ¿Adónde va?
- A... ninguna parte. - Se va, ¿eh?
¿Hará algo en particular en ninguna parte?
Nada.
Nada de importancia.
Es mi última noche en Saigón.
Sería agradable pasarla con... alguien amable.
- Si tiene tiempo... - Toda la noche.
Me alegro.
Voy a ver a mi prima Nina al café para decírselo. Adiós.
- ¿A alguien más? - No. Sólo a Nina.
- ¿Le gusta la cocina indígena? - De momento cenaré con Ud.
Al terminar mis estudios, estaba seco como el trigo.
Mi única habilidad era gastar el dinero.
Pero sino tenía dinero.
Ese era el problema. Ni dinero ni cabeza.
- Me convertí en invitado. - ¿Invitado de quién?
De cualquiera. Con tal que tuviera piscina o pista de tenis.
...con principiante incluida.
Como novela, es funesta, señor.
Ahí está Nina.
- ¿Es su prima? - Sí.
- Canta muy bien. ¿No le parece? - Preciosa.
Pobre Nina.
- ¿Porqué pobre Nina? - Tiene un bebé.
¿No tiene marido?
Sí. Está casada con un buen hombre, pero...
- ...ha tenido que volver a París. - Sin llevarla consigo.
No es eso.
Nina no es totalmente francesa.
Cuando el caballero volvió a Francia,
el matrimonio fue borrado del registro, sin más.
Tras eso, es libre de volver a casarse.
Nina se casa a menudo.
- ¿Cuándo deja Saigón? - Mañana.
- ¿Adónde va? - ¿Adónde?
Voy a...
- Voy a mi casa. - ¿Dónde está?
- Voy en barco. - ¿Lejos?
- Muy lejos. - ¡Manon! ¡Manon! ¡Estás aquí!
Qué mal he cantado. Soy muy desgraciada.
Mi niño berrea. Luis está borracho.
Luis es mi amigo, señor. Y Manon se va.
Tengo el corazón roto, señor.
Sr. Bill Carey, la Srta. Nina.
- ¿Cómo está? - ¿Qué tal?
- ¿Cuánto lleva aquí? - Llegué ayer.
Me ayuda a despedirme de Saigón.
Muy gentil de su parte.
Buenas noches, Manon. Buenas noches, señor.
- Hola. - Nina.
Siéntese y tome algo.
No bebo, gracias.
El gerente estará orgulloso de saber que está aquí.
No me quedo.
Voy a casa del gobernador. Esta noche da una recepción.
Me dijeron que estabas allí, Manon,
y pasé hace un momento.
- ¿Quiere uno? - No, gracias.
Sus amigos me preguntaron por Ud.
- La joven está inquieta. - Lamento que alguien sufra por mí.
Practicaba el turismo. Es una ciudad encantadora,
vista desde un buen ángulo.
Es una pena que no tenga más tiempo para conocerla mejor.
Sí, en efecto.
¿Cuándo te vas, Manon?
- ¿Yo? - Sí.
- ¿Irme de dónde? - De Saigón.
Pero yo no me voy.
- ¿No? - Claro que no.
Bien.
- Has devuelto la llave del hotel. - Sí, en efecto...
Lo dejo porque es muy caro. Y viviré con Nina.
- Aquí. - Sí, señor. Es verdad.
- ¿Entonces te veré mañana? - Sí.
- ¿Donde Nina? - Sí.
Gracias.
Si me acompaña a casa del comandante, podré mostrarle...
interesantes objetos.
Es tentador, pero no podré verlo todo en unas pocas horas.
Un turista tiene esa desventaja, ¿verdad?
- Sí. - Sí.
Si viene a Nueva York, le enseñaré cosas interesantes.
Gracias.
- ¿Hasta mañana, pues? - Claro.
- ¿A las siete? - Sí.
Gracias. Buenas noches.
Muy fuerte.
¿De quién se burlaba Ud. al decir que se iba? ¿De él o de mí?
- ¿Por qué iba a burlarme de Ud.? - Ya veo. Sólo se burla de sus amigos.
- Si no se les quiere. - O si se les quiere mucho.
Oh, no, señor. Delaroch siempre es cortés.
Es un hombre importante. Si se le lleva la contraria...
A lo Frankenstein.
Larguémonos antes de que vuelva el coco.
- ¿Quiere irse? - ¿Adónde?
Puede despedirse de Saigón en un carro de culí.
Yo la ayudaría a estar triste y a saludar a los edificios.
- Sería bonito. - A esta hora ya no hay.
Yo encontraré uno.
- No se libre de mí. - No.
Tengo mis dudas. Vendré con un carro.
- ¿Quién es, Manon? ¿Es rico? - No.
Es influyente y puede ayudarte. No estás obligada a irte.
Eso pensaba al principio.
Pero no es nadie. Sólo es sensible y amable.
¡Pobre Manon! ¡Qué pena! ¿Entonces te irás?
- Sí. - Pero, ¿y el Sr. Delaroch?
Más le valdría a tu marido vivir en la jungla.
El Sr. Kim Kaoum va regularmente a París,
y el gobierno le permite que lleve a sus esposas.
- ¿A todas? - No, sólo a sus preferidas.
Él me llevará, y luego...
...una vez en París, Nina...
...me fugaré del hotel, saldré a la calle y desapareceré...
...para siempre, en el mundo de los blancos.
- Manon, ¿estás segura? - Luego me casaré con un político.
Le diré que no soy feliz, sin tener a Nina.
- Hará que vengas, te lo prometo. - Oh, Nina.
Aquí está Bill. Adiós, Nina.
- ¿Te vas mañana? - Sí.
Nina, prométeme una cosa.
Después de Luis, no volverás a casarte nunca más.
Él será mi último marido. Tras él, seré viuda.
Lo prometo.
- Adiós, querida. - Adiós, Manon.
La noche es más hermosa en silencio.
De esta noche no me quejaría...,
- ...salvo porque acabará pronto. - Sí, dentro de un rato.
A veces...
A veces uno detiene su vida... por una sola noche.
Yo detendría esta mucho tiempo.
¿De qué se acordará?
De una dama cuyos ojos evocaban el vuelo de un ave.
De no haber deseado más que cogerle la mano.
Por favor, no recuerde eso.
Me ayudaría si me hablara un poco de Ud.
Unos detalles para las largas noches de invierno.
No, yo...
Pienso que es mejor así.
Cuanto menos contemos, menos recordaremos.
Puede que tenga razón.
Esto no tendrá mayor importancia mañana.
Ya estamos. Bajen.
¿Cuánto es?
- 36 a la hora. Nada más. - Esa es la tarifa normal.
- ¡20 francos! Bill es demasiado. - No para un paseo inolvidable.
- Mira el cielo. - ¿Siempre está así en Saigón?
No. Sólo esta noche.
Debe estar agotada. Siéntese.
Tengo que irme. He de hacer el equipaje.
Déjelo que descanse. ¿Y yo como voy? ¿Nadando?
Espere aquí, le ayudaré.
[Conversación en lengua nativa].
Ninguno está de mi parte.
Es un ladrón. Quiere 10 francos. 5 por haberle despertado.
Es demasiado. Dile que se vuelva a dormir.
Esperaremos a que se despierte solo.
- Es bello. - ¿El qué?
Su barco.
Los barcos siempre parecen tristes de noche.
Sí... Como la luna.
Se alejan como la luna.
Ya está listo. Debemos despedirnos.
Gracias por todo.
Es muy amable.
- Dice que está listo. - ¡Espera un momento, chico!
Debo memorizar algo.
Esta luna siempre me recordará una historia incompleta.
Vale, me rindo.
- Adiós, Saigón. - Adiós.
¡El sombrero!
Tu me ayudas demasiado.
- Buenas noches. - Buenas noches.
Buenas noches... para siempre.
¡Oh! ¡Mi sombrero!
- ¡Qué precioso! Pruébatelo, Dolly. - ¡Y una carta!
- Maravilloso. - ¿Habéis visto a Bill?
¿No está detrás del bar? A veces se queda dormido allí.
- ¿Malas noticias, Dolly? - Escuchad...
"Espero que el sombrero te sirva.
"No estaré para vértelo puesto.
"Porque hay cosas en Saigón, que hasta Baedecker desconocía.
"Si no nos vemos en Singapur, mándame por correo las corbatas.
"Gracias a todos por el paseo. Bill.
¡Abandonar el barco así!
Papá, no te acalores. Bill es muy amable.
Demasiado para pasarse la vida encerrado en un yate...
...con un montón de zombies ricos.
Bueno...,
he ganado un sombrero.
¡Eh! ¡Cójalo!
- ¿Falta uno? - Sí. ¿El comisario de abordo?
- Por ahí. - Gracias.
- Buenos días. - Busco a la Srta. DeVargnes.
¿DeVargnes? No tenemos a esa dama.
¿DeVargnes? No. Dubois, Doolittle... DeVargnes, no.
- Es ridículo... - ¿Está disgustado?
- Sí, un poco. - ¿Es joven?
Sí.
- ¿Hermosa? - Sí, morena y ojos grandes.
Ya miraré. ¿Su nombre, señor?
- Carey. - Carey.
¡Disculpe!
¡Manon! ¡Manon!
Perdone.
Buenas noches, señor. ¿Necesita algo para estar mejor?
- No, quiero nada. - Entiendo sus sentimientos.
Yo también conocí a una mujer. Pero ella amaba a otro...
...mientras yo la esperaba.
Nunca me lo he perdonado. Fue en Marsella...
¿Puede venir un momento, por favor?
Me llaman. Se lo contaré esta noche.
Le espero.
Hermosa noche, ¿verdad?
¡Bill!
- ¿Me recuerda? - Pero si le vi marchar...
He vuelto.
Vi que... no estaba en la lista del pasaje.
Uso mi nombre indígena: Kira Khim.
- ¿Nunca más el de Manon? - No. Lo dejé en Saigón.
¿Dejó el yate por mi?
¿Qué pasa?
Por comprar un sombrero casi pierdo el barco.
Perdone señor...
Ah, ya ha encontrado consuelo.
- ¿Me necesita? - No.
Por el momento.
Hace fresco.
- Voy por una manta. - No, no te vayas.
- Es un minuto. - Eso es mucho tiempo.
- ¿Por qué? - Porque el trayecto es corto.
- Angkor no es el fin del mundo. - Sí, lo es.
Ya hablaremos de eso... después.
Sí, después.
¿En qué piensas?
Me pregunto cómo llegué aquí.
¿Estás triste?
Cada vez lo estoy más.
Yo también lo estoy.
- Manon... - Sí.
- Creo que me he enamorado. - ¿No estás seguro?
Es duro decirlo lejos de Nueva York.
- ¿Allí es diferente de Saigón? - Sí.
En Nueva York es como... un traje nuevo.
Y te embelleces durante un tiempo.
- ¿Y en Saigón? - No es lo mismo.
Andemos un poco.
Telegrafiaré a Singapur para que siga sin mi.
Alegaré amnesia. Es verdad. He olvidado mi pasado.
¿Qué es esto?
Diría que un comité de recepción, para un monarca oriental.
Es para mi.
Ah, ya sé. Eres una princesa, ¿eh?
Voy a serlo.
¿Y eso?
Los sirvientes de Kim Kahoum vienen a mi encuentro.
Llegaremos a su casa en tres días. Es una gran mansión. Es muy rico.
Tenía que habértelo dicho.
Acordó la boda con mi madre.
Ya veo...
¿Es un cortejo nupcial?
¿Quién es el afortunado?
- ¿Estás disgustado? - No. No del todo.
Por favor...
¿Quieres que salte de alegría tirándote arroz?
No. Yo quiero que lo comprendas.
Esto no tiene misterio. Soy quien escolta a la novia.
Está pactado desde hace tiempo.
Él le dio dinero a mi madre. De ahí mis bellos vestidos.
Lo siento. He sido injusto contigo.
- Creí que te los regalaba Delaroch. - No.
- Es mi dote. Él es muy rico. - Ya lo dijiste.
Uno de los sirvientes te busca.
Bien, ¿sin rencor, Manon?
Ha sido divertido escoltar a la novia.
Buena suerte en la jungla..,
con anillos en los dedos y campanillas en los pies.
Adiós.
No me recuerdes como un imbécil.
Bienvenida en nombre de nuestro soberano Kim Kahoum,
que os saluda.
Tengo orden de cuidarla en el templo, y descanse bien hasta mañana.
Nuestro soberano llegará por la mañana.
Usted ordene, somos sus esclavos.
¡Hola, Fátima!
Otra vez de vuelta.
- Vete de aquí. - He de hablarte cuando acabe esto.
Estaré arriba, cerca del Buda.
No quería volver a verte, pero no he podido resistir.
- Voy a sacarte de este circo. - No, no puedo.
- ¿Por qué? ¿Te gusta esto? - No, pero..
¿Por qué, Manon?
Porque desde que nací debo hacer lo que ellos quieren.
En Saigón al ver zarpar los barcos, mi corazón se iba con ellos.
- Pero me quedaba allí. - Es lo que me parecía.
Escucha y no digas nada.
Te llevaré conmigo. Quiero tenerte a mi lado.
- ¿Tenerme? - Sí. Te parece raro.
Hablaremos de amor,
y diremos que esto sólo le pasa a los imbéciles.
Somos escépticos, y de pronto, aparece la revelación.
Aparece un sola vez.
Abrazamos a alguien bromeando, y nos da el flechazo.
Nunca me han amado así.
- Manon, cásate conmigo. - No me lo pidas, porque...
lo deseo.
Es mejor irse que ser una esposa en un registro.
No firmarás en ningún registro.
Pasaremos por la misión.
No me caso con Kyra, la delicia del sultán...
sino con Manon DeVargnes. Zarparemos en el primer barco,
- ...en una suite nupcial. - No es verdad.
Eres muy amable conmigo. Pero no es verdad.
Me acompañarás como mi esposa, ante Dios, los hombres y...
la oficina americana de pasaportes.
- ¿Iremos a pescar? - Sí, Coco. Iremos a pescar.
- Manon, ¿cuándo has llegado? - Hace una hora, en barco.
No sabía nada de ti.
Tonta. Soy feliz, Vengo para casarme.
¿Casarte?
El americano. ¿Recuerdas?
- ¿Bill? - Sí. Bill, Bill, Bill.
- Es para ti. - ¿Para mi?
Póntelo, rápido. Eres mi dama de honor.
- Me vuelvo loca. - Rápido ha ido donde el padre.
- No. ¿El padre? - Sí, nos casamos en la misión.
- En el altar. - ¿En la misión?
Tendrás pasaporte. Podrás ir a París.
- ¿Tienes sombrero? - En el armario.
Bien. Date prisa.
- ¿Te irás a América? - Sí.
- ¿Le amas, Manon? - Es el hombre más bueno del mundo.
El más amable.
¿Quién es?
- Buenos días, Nina. - Buenos días, señor.
Vaya, vaya. ¿Vestido nuevo? Encantadora. Muy encantadora.
Gracias, señor.
Nina, prometiste avisarme cuando tuvieras noticias de Manon.
Pero no las tuve, señor. No supe nada.
- Ahora las tienes, ¿verdad? - Pero, señor...
No, no soy un mago, Nina. Te he oído hablar con alguien...
que ha desaparecido.
¿Quién ha desaparecido, señor? ¿A quién busca?
- ¡Manon! ¿Dónde has estado? - Visitando a mi madre.
- Dijiste que no te irías. - Ha estado muy enferma.
Ya veo. ¿Está mejor?
- Sí. - Tanto mejor.
- ¿Y el americano? - ¿El americano?
- Sí. - ¿Se refiere al Sr. Carey? Se fue.
Me alegro.
- ¡Oh! Estás preciosa. - Nina, ¿puedes dejarnos a solas?
- Sí, claro. - Gracias.
Manon. No me enamoro fácilmente. Créeme.
Cuando me hice rico, me miraban, y yo me decía: "¿Cuánto tienes?"
"¿Cuánto puedes tirar?"
Manon. Eres muy rica.
Tu tienes el paraíso. ¿Cuánto vale tu paraíso?
Todo, querida. Todo lo que poseo.
¿No lo entiendes?
Te pido que seas mi esposa. ¿Por qué no respondes?
Manon... casémonos antes de que te ilusiones como un niño,
soñando con un mundo que no verás nunca, Manon.
Por favor, contéstame.
- Después. - No. Ahora.
- ¿Mañana? - No me iré hasta que respondas.
Manon...
Por favor..., di sí.
Sí.
Has... dicho sí.
Hay muchas cosas por hacer. Me ocuparé de todo para esta noche.
Prevendré al servicio. No, no. Mañana noche. Serán muchos invitados.
Manon. Hoy no esperaba tanta felicidad.
- Ya debería estar aquí. - Puede que no venga.
¿Cómo es eso?
Cree que hace mal casándose con Ud.
- ¿Le molesta que fume? - No.
¿Es malo que dos personas que se aman, se casen y sean felices?
Ud. se casa con una mujer a la que ama, pero no la conoce.
Y nunca la conocerá.
Manon viene de una raza más antigua que la nuestra.
Una raza de corazón insondable y misterioso como los...
sombreros de sus dioses.
Ud. sólo tendrá una mitad de su esposa apasionada.
La otra mitad siempre estará alejada de Ud.
Creo que cuando esta cara oculta se le muestre...
Ud. verá a una extraña en su casa. Será un gran sufrimiento.
Mi casa estará vacía sin ella, padre.
El Oriente no es insondable.
Le ha comprado un sombrero a su dama de honor.
Cariño.
¡Manon, mira! ¡Parece un velero!
No lo toques. Puede romperse.
He invitado a Louis a la cena de boda,
pero detesta a la alta sociedad. La encuentra cargante.
Contesta, Nina, estoy ocupada.
¿Diga? Sí. Un momento por favor.
Manon. Es Delaroch.
- ¿Dónde está? - Abajo, dice que te espera.
Yo ya estoy.
Los sombreros son preciosos.
- Dile que bajo. - Ya baja.
- ¿Me necesitas? - Ahora no, estoy ocupada.
- ¿Qué vas a hacer? - Tengo que bajar.
Mira...
Las reglas de este matrimonio son las siguientes:
en mi ausencia eres una viuda desconsolada.
Cariño, en tu ausencia soy un arroyo del bosque, esperando la luna,
Está bien.
No te marchites. Voy a vestirme.
- Manon, - Espera allí.
- Buenas noches, señor. - ¿En serio?
¿Te has casado... en la misión?
Me lo han dicho... y no lo he creído.
Igual que no creería que la serpiente no tenga veneno en sus colmillos.
¿Me has hecho eso... y no temes?
Me has ridiculizado.
Me has mentido con mucha serenidad.
Te ruego que me perdones.
No quería tu amor... y te mentí por última vez.
No, Manon, no por última vez.
Tu mentirás hasta tu último suspiro.
Señora, acepte mis felicitaciones.
Nunca olvidaré el sabor almibarado de tus labios.
Y los esperaré pacientemente.
Muy seguro está, Sr. Delaroch.
No es el dueño del mundo, sólo de Saigón.
Donde yo vaya, Ud. no estará. Ni un nombre me retiene.
Dudo que pueda ir lejos, señora.
Padre Antoine.
Ha venido.
Me alegra. Bill se sentirá feliz.
Me siento honrado de estar aquí, Sra. Carey.
¡La novia desaparecida! Iba a llamar a Scotland Yard.
Buenas noches, padre.
- ¿Me habías abandonado? - Llegaba el padre Antoine.
Te dije que salía a recibirle.
Ah, bueno. No te entendí bien.
¿Nos vamos? Espero que tenga hambre, padre.
Señoras, señores. Un momento por favor.
Perdonen. Les doy mis felicitaciones.
Gracias.
Ud. es la señorita DeVargnes, ¿verdad?
Lo era. Ahora estoy casada. Este es mi marido. Sr. Carey.
- ¿Cómo está Ud.? - ¿Cómo está Ud.?
Le he reconocido. En Nueva York conocí a su padre muy, muy bien.
Frecuenta mi salón en París. Es un hombre brillante.
- Gracias. - Ud. se le parece mucho, mucho.
- Es Ud. muy amable, señora. - Os deseo mucha felicidad.
Hágala feliz, señor. Tuvo un padre maravilloso.
Obedeceré sus órdenes, señora.
- ¡Bill, mira! ¡Es encantador! - Del hotel, con mis respetos.
Gracias. Volveremos en nuestras bodas de oro, con Ud. de invitado.
Mire, señor. Neufchâteau del 29.
- Si desean algo, llámenme. - Muy bien, gracias.
- Louis ya debía estar aquí. - ¿Embarcan el martes?
- Sí, un mes en París... - No, no. Dos meses.
Bien, dos meses. Londres dos meses, y a casa.
- ¿Dónde está? - En el país del arco iris, EE.UU.
¡A vuestra salud!
- Es una mezcla de sangre. - Eso no durará.
Muy bien, señor, se lo envío.
¿Sr. Carey? El Sr. Gobineau desea verle. Solo.
Bien. Mira las fotos mientras calmo a la bella Francia.
- ¿Qué tal, señor? - ¿Cómo está? Siéntese, por favor.
No, gracias, tengo prisa. Vengo a ver al comandante.
Soy el sustituto del comandante. Mayor Gobineau.
El comandante marchó anoche. Estará seis meses en Francia.
Bien por él.
Parece problemático que mi mujer consiga el pasaporte.
Lo siento, señor. No puedo hacer nada.
- Usted debe solucionarlo. - Imposible. Tengo las manos atadas.
¿Atadas? No entiendo.
Sólo ha de sellar un papel y firmarlo.
El comandante envió esto antes de marchar.
Véalo Ud. mismo.
Bajo ningún concepto entregará a la Srta. DeVargnes un pasaporte.
No lo entiendo. Está casada con un americano.
Ella es ciudadana de este país.
Son órdenes del comandante y debo acatarlas.
Ud. es muy comprensivo. Me dan ganas de romperlo todo.
Lo siento, señor.
- Buenos días, mayor. - Buenos días, señor.
- ¿Has terminado? - No.
- ¿No está preparado? - Aún no.
- ¿Lo ha denegado? - De momento.
- ¿Por qué? - No lo sé.
El comandante tuvo una chispa de ingenio y envió órdenes antes de irse.
- Anoche. - No te rindas. Haremos algo.
- ¿Qué podemos hacer? - Primero, picar al gobierno francés.
¿Qué te parece esto? Es para un alemán amigo de mi padre.
Dirige el "Morning Herald". Hace y deshace las guerras.
"El gobierno francés secuestra a mi mujer, denegándole el pasaporte.
"Lo entiendo, porque es la joya de la colonia.
"Pero tengo mis derechos como marido americano.
"Procuro civilizar a este país oscurantista."
- Muy bueno. ¿Resultará? - Sin duda.
Los reyes tiemblan ante Leonard.
- ¿Algo más? - Cuidémonos del gobierno.
Tienes razón.
Envíe esta carta por correo, en barco, este fin de semana.
Ahí están mis datos. Cárguelo en mi cuenta del hotel.
- ¿Preocupada? - Soy muy feliz.
- ¿Me amas? - Cada minuto más.
- Qué contrariedad. - ¿El qué?
Decir que a cada minuto. Ayer me amabas menos.
- Claro, ayer menos que hoy. - Entonces esperaré a mañana.
Tu quieres todo de golpe.
Quiero ver temblar tus piernas, tus ojos vidriosos,
perder el apetito, el sueño, muerta de amor y siguiéndome.
- ¡Mira! - ¿Qué?
- Llueve. - Lo sé.
- Lo has visto, ¿eh? - Claro, cae sobre mi sombrero.
Sabía que me amabas. Pero te costó decírmelo.
- ¿No te molesta ir mojada? - No. La lluvia es felicidad.
- Pero la gente huye. - No están enamorados.
Mira, rebota como flechas.
- Mira, mi pobre sombrero. - Dámelo.
- Te lo secaré. - Muy amable.
- Póntelo antes de que te empapes. - Gracias.
- ¿Qué tal? - Mucho mejor.
REHÚSO AYUDARTE A RIDICULIZARTE. LEONARD.
EN RESPUESTA A TU QUINTO TELEGRAMA, NO HABLO EN
ESOS TÉRMINOS NI AL PRESIDENTE NI A NADIE. ALFRED.
UNA MALA INVERSIÓN ME HA ARRUINADO
TIENES TODO MI APOYO MORAL. CHARLIE.
NUESTRO EMBAJADOR EN FRANCIA ACONSEJA DEJAR EL ASUNTO POR
ESTAR MUY ENMARAÑADO, Y LA GENTE SE BURLA. JIM.
La señora Carey desea verle.
¡Manon! ¿Sigues en Saigón después de estos meses?
- Me sorprende. - No te sorprenda, Pierre.
No has olvidado mi nombre.
Eres muy amable, gracias. Bienvenida a mi casa.
A menudo sueño con venir a verte, pero...
cambio de opinión, porque te reirías de mí.
No, Manon. Nunca me reiría de ti.
Pierre... vengo a pedirte perdón.
Perdonarte, ¿por qué?
Mentiste al comandante, sobre mi.
Y le convenciste para que me impidiera marchar...
cuando ya estaba casada.
Y te creyó...
Por favor.
Te hice daño, cierto, pero te has vengado.
Ayúdame.
Te pido demasiado, pero eres influyente, Pierre.
Manon. ¿Crees que una sonrisa basta,
para que un hombre, caiga a tus pies,
y olvide tu crueldad, y la duplique?
No, yo no soy de esas.
Sí, esa es la Manon que quiero.
Por favor.
Cuando dejarás de embaucarme.
A tu marido le espera un billete en el consulado de EE.UU.
Pronto lo tendrá. Él se irá y te dejará sola.
Su sitio está cerca de los suyos, como el tuyo está cerca de mí.
¿Por qué me evitas?
Has venido para ser atada, amada, y llegar a tu meta adulándome.
- No, no. - ¿No?
- Te equivocas. - ¿En qué?
Es culpa mía por venir. Era mejor reírte de mi.
- ¿Tengo correo? - Un momento.
- Dos telegramas, señor. - Gracias.
DEJA DE MOLESTARME. LEONARD.
Es bueno saber que los amigos no te olvidan.
Mis sombreros, mis vestidos, ¿no son encantadores?
Señora, son...
Son preciosos.
¿Qué pasa?
No te metas en esto. Soy mejor comerciante que tu.
Bonito, ¿eh? El mejor tejido.
- ¿Vendes tu ropa? - Sí. Y mis sombreros.
Ya veo.
- No regales, ¿eh? - No.
Me cansé de esto. Además, tengo muchos.
No me gusta ese sombrero. Te da un aire raro.
Sí señor, la señora está guapa con todo.
Está enamorado de mí. Será fácil negociar.
Fije el precio, señor. Todos estos y los del armario.
Todo para usted. Todo encantador.
Y no aceptaré menos de 10.000 francos.
- Es demasiado, señora. - ¿Demasiado?
[Hablan en nativo]
Mira, cariño, se los lleva.
¿Estás enfadado?
No eres feliz.
- ¿Tienes ganas de irte? - ¿Irme?
- ¿De dejarme? - Nunca.
¿Aun quieres esperar poco?
Tres meses, tres años, trescientos años.
Es exactamente igual.
Estoy contento por haber tratado con Ud.
Espere.
- ¿Cuánto por esto? - ¿No lo necesitas?
No, la hora se hizo para los esclavos.
- ¿Cuánto me da? - 750 francos.
Unos 20 dólares. Trato hecho.
- Vale mucho más. - Me costó 3 dólares en una subasta.
- Gracias. - Gracias, señor.
Por ahí no. Por favor. Por la escalera de servicio.
Entiendo, señora.
Que Alá bendiga esta casa y el paraíso brille a todas horas
Adiós, señora.
Mira, otra vez ricos.
- ¿Cuánto le has sacado? - 300 dólares.
- Bien, pase y siéntese. - Gracias, señor.
Ah, de pleito, ¿eh? ¿Cuánto debemos?
- 12.000 francos. - Unos 300 dólares.
- Es mucho. Le daré unos... - Nada.
- No tenemos nada, señor. - ¿Ni unos ahorrillos?
Nada en absoluto.
Creo que ella tiene razón.
Déjenos otros mes. Comeremos más ligero,
...renunciaremos al champán.
- Telegrafiaré a unos amigos... - Por favor, señor.
He leído las respuestas. Es mi deber
- Pero está mal. - No, no. Es correcto.
Un director de hotel no sabría ser un caballero.
Solamente con caballeros.
Me ha pillado.
- Seré franco. - No, señor.
Le pido que pague la cuenta o abandone el hotel.
- ¿Hacemos los baúles? - Nada de baúles. Sólo dos maletas.
- El resto se queda aquí. - ¿Qué?
¿Todos mis sombreros y vestidos? Valen un dineral.
Espero, señora.
Tienen tiempo hasta la noche.
- ¡Lo tenemos! ¡Lo tenemos! - Sí, tu lo tienes.
Menuda sorpresa ver el armario vacío.
No habrá sorpresa yendo con el estómago vacío.
Manon, engañadora imprevisible.
¿Qué es engañadora?
Chica con un sólo vestido y que ríe.
No se lo digas a nadie, pero la amo.
¿Es Ud. Gaston Lebois?
Sí.
Soy William Carey.
Me he enterado que busca un ayudante.
¿Habla el idioma nativo?
No.
Lo aprenderé. Me desenvuelvo bien.
Corta el pan, Nina. Llegará pronto.
- ¿Por qué tomas café, Manon? - Porque es más barato.
- Él prefiere un café por la noche. - Yo me ocuparé de él.
- Le quieres mucho, ¿verdad? - Mucho.
Manon, dime. ¿Él puede irse sólo si quiere?
Sí. Siempre puede irse. Solo.
- ¿Se irá? - No.
¿Por qué no haces nada, Manon? ¿Por qué no buscas un trabajo?
Louis cree que se equivoca quedándose en Saigón.
En cualquier otra parte, sería muy feliz y se haría rico fácilmente.
En cualquier otra parte.
Manon, ve a ver a Delaroch.
Puede que cambie de opinión y esté dispuesto a ayudaros.
Sí, podría ayudarnos.
- ¿No hay mantequilla? - No.
Con este calor se derrite.
¡Manon!
Hola, señoras.
¿Qué tal, Fátima?
- Nina. - ¿Qué tenemos?
Déjame adivinar.
¿Solomillo?
¿Pava?
- Me rindo. - Arroz y tallarines.
Nunca acierto. Por cuarta vez me sorprendes.
- ¿Cómo está Louis, Nina? - Muy bien.
Además me está esperando. ¡Adiós!
- Un gran día. - Me alegro.
Pasé por el club, y gané 5 dólares a las cartas.
Debí hacer alguna trampa.
- ¿Viste a alguien? - Sí, hable con el Sr. Gobineau.
Pronto le tendré contra las cuerdas.
¿Quieres?
Bill.
He estado pensando que si te marcharas solo,
verías a tus amigos y...
puede que me llevaras más fácilmente.
Tu lo que quieres, es librarte de mi.
No puedes pasarte la vida aquí.
- Acaso.. ¿Ya no me quieres? - Cariño..
¿A cada minuto, más?
- Ya no quedan minutos. - ¿Con todas tus fuerzas?
- De todo mi ser. - Es una gran respuesta.
Hagamos una tregua. Sirve la pava.
Quiero verte frente al edificio Empire State.
Dos km. de altura. Toda en esmeraldas.
Y el techo de oro.
Te llevaré a pequeño restaurante de la 52ª avenida.
Échate.
Es una buena idea.
El reposo es bueno para el alma.
Este calor es agotador.
¿Aquí nunca nieva?
¡Manon!
- ¡Manon! - Sí, querido.
- ¿Tienes agua? - Un momento.
Lo siento.
- ¿Quién ha bebido, tu o yo? - ¿Vas a salir?
¿A hacer qué?
- Anoche estuve con Nina. - ¿Está bien?
- Me dijo una cosa. - Te escucho.
¿Conoces a Louis, el caporal?
Dice que la compañía del caucho de Saigón necesita a uno.
- ¿Ha dicho eso? - Te digo que está loco.
No buscan a nadie en ninguna parte.
He visitado todos los tugurios y oficinas de este París de Oriente.
No hay nada.
- Ve y pregúntalo. - Perdería el tiempo.
Qué hambre tengo. ¿Qué estás preparando?
- Huevos. - No hay huevos.
Todo ese alcohol de anoche.
Y yo me desvanecí.
Ya habrá otras noches.
Tengo interés.
Bien...
¿Para qué estar juntos muertos de hambre?
Compañía de caucho de Saigón. Vale, voy a tentar mi suerte.
¿Dónde está mi camisa, la que tiene botones?
Bill.
¿Sí?
Hace demasiado calor. Quédate en casa.
Ir y volver de la oficina. Tardaré dos minutos, máximo.
Perderás el tiempo. Es una tontería.
Louis habló por hablar. Por favor...
Si es por eso, preguntar no compromete a nadie.
No. Debería habértelo dicho.
Bill, te lo ruego.
Ya veo.
Temes que me decepcione otra vez.
El mejor remedio contra la resaca.
Hay algo que aprendí a hacer bien,
soportar una negativa.
Señor, le han informado mal.
No tenemos ningún empleo para un extranjero, o un hombre...
que venga de la calle.
Llevamos establecidos largo tiempo en Indochina, Sr. Carey.
Disculpe.
Es el Sr. Carey, recomendado por el Sr. Delaroch.
¿Le ha contratado?
- Lo había olvidado. - Llámelo, imbécil.
¡Señor! ¡Sr. Carey!
Le ruego me perdone. El director quiere verle.
Por aquí, por favor.
- Sr. Carey, zarpamos en seguida. - Ya voy.
¿Desafiamos a la Compañía y te llevo?
No hay plaza para las mujeres.
Seguramente no. ¿Te gustaría venir?
- Sí, claro que sí. - Es lo que quería oír.
Sonríe o vuelvo al comedor de beneficencia.
[Conversación en lengua nativa]
Estuve en la escuela con ellas.
Zarpamos, Sr. Carey.
¿Resistirás un mes?
- Sí. - Yo también.
- ¿Me escribirás? - Todas las noches.
Bill... recuerda. Recuerda como te amo.
Yo olvidaré lo demás.
El coche del Sr. Delaroch le espera.
- Hola, ¿Sr. Carey? - Sí, Ling.
- ¿Tener calor? ¿Sí? - Sí, mucho.
- ¿Recibir carta? ¿No? - No.
- ¿Tener carta? ¿Sí? - No.
¡Oh, sí!
- Había que decirlo. - No lo ha preguntado.
- ¿Ella dice que le ama mucho? ¿Sí? - Es inútil.
Dice que está bien, que me echa de menos,
- ...y que ella espera el regreso. - ¿El regreso de ella?
No. Yo. El mío.
El de Ud. ya lo sé.
Dice que Nina es feliz, porque... Louis ha estado sobrio dos días
y que la sartén está reparada...
ha cambiado las cortinas...
y que ella se ha comprado un sombrero nuevo.
- Oh, que triste. - Triste, ¿por qué?
- Porque la Srta. perdió sombrero. - De perderlo no habla.
¿Y porqué compra uno nuevo?
Tu pones pegas a todo.
Ya lo creo.
- Vamos con retraso. - ¿Retraso?
Sí, por la ópera.
- Pero yo no quiero ir. - ¿Por qué?
- No quiero ir. - Pero, ¿por qué?
¿Tienes miedo a que te vean conmigo? No.
Tu tienes miedo a que él se entere a su regreso...
que él te deje, y no tengas a otro más que a mi.
Su amor está por encima de esto.
Si se entera comprenderá que hayas ido a la ópera conmigo,
una noche, Manon.
De hecho, he ido a ver al Sr. Gobineau.
El comandante ha respondido. Tu pasaporte ya está listo.
¿Mi pasaporte?
- No. - ¡Sí!
Aquí está. Ya ves, Manon...
yo mantengo mis promesas.
¡Sí! ¡Está firmado!
¡Está firmado!
¡Está sellado!
¡Está sellado!
Aquí dice que puedo ir a cualquier parte.
- A cualquier parte. - Sí, lo sé, Manon.
¿Dispuesta?
- ¿Qué? - Sí, a la ópera.
- Sí, de acuerdo. - Gracias.
¿Ves como ella pide perdón por sus pecados?
Pecados que ella niega.
¿Ves? Él perdona, Manon.
Sí, le ha perdonado.
¿Eso no tranquiliza un poco?
El ha perdonado.
Por favor, vámonos. Estoy cansada.
- ¿A casa? - Sí.
Bien.
¿Parezco un extranjero?
- No. - ¿Qué soy?
- Todo lo que he soñado y más. - Muy bien.
- Maté un tigre. - ¿Te amenazó?
No, yo a él.
¿Sabes cuánto caucho produce un árbol al día?
- No. - Para hacer 175 gomas de borrar.
Cuéntame algo.
- Tengo algo que decirte. - ¿Bueno?
Sí.
Te lo diré después. Ahora no puedo hablar.
- Es como ahogarse. - No. Como volar.
Hemos llegado. Las puertas de Arcadia.
Una nueva escupidera.
¡Arriba! Es la hora de comer.
- Sr. Carey, ¿vuelve aquí? - Deme la 17 y duerma.
Número 17. Si señor.
- Tiene una carta, señor. - Gracias.
- Vuelva a dormir. - Gracias, señor.
La primera, subiendo.
Te eché de menos.
Eso es horrible.
Tengo una pregunta más grave.
- ¿Cuál es? - ¿La bañera sigue perdiendo?
La dueña la reparará el año próximo.
Nada novedoso.
Bill.
- No te dado la noticia. - ¿Cuál?
Espero que no valores demasiado tu trabajo.
- ¿Por qué? - Porque el comandante ha vuelto.
Le vi la semana pasada. Dijo que el pasaporte...
No te oigo.
Te hablo del pasaporte, Bill.
He visto al comandante.
- ¿Qué es esto? - ¿El qué?
Una nota de sociedad del "Saigon Herald".
LA SRA. MANON CAREY ACOMPAÑADA POR EL SR. DELAROCH
Puedes ir a la ópera con él. Pero ¿por que me envían esto?
"Delaroch, presidente de la Compañía de caucho".
Es interesante, no lo sabía.
- ¿Estuviste allí? - Sí.
¿Por qué te invitó?
No pongas esa cara. Perdona. Soy un grosero.
- ¿Te gustó la ópera? - Mucho. La música exquisita.
- ¿No tienes sueño? - No.
Yo nunca fallo. Nunca voy a la ópera.
¿Dices que el comandante ha vuelto?
Debió de volver...
¿No me ocultas algo? Dímelo.
¿Se ha hecho amigo tuyo?
Perdona por ser celoso.
No me quejaré... mucho.
- ¿Y esto? - Verás...
- Es la petaca de Delaroch. - No es la suya.
Seguro que sí.
P.D. Pierre Delaroch.
- ¿Cuándo ha venido? - No, cariño. No ha venido.
¿Entonces?
La encontré en mi bolso al salir de la ópera.
- ¿Y tu la pones en mi bata? - Sí.
- Mientes, Manon. - No, cariño, no miento.
¿Qué bolso llevaste a la ópera?
¿Estaba aquí dentro?
- Bill, debes creerme. - No mientas. Vino a verte.
- No. ¡No! - ¡Cállate!
La noche que fuiste a ver a Nina...
...no me despertaste al volver.
Y por la mañana tenía un empleo, Manon.
Delaroch me ha manipulado como a un imbécil.
Un mes de exilio.
Por favor, no digas eso. Te lo ruego.
Viste a Delaroch esa noche.
- Para alejarme de ti. - ¡No!
No fue para alejarte.
Entonces fuiste a verle.
De pronto... es como si machacaran la cabeza.
- Fue así. - No, no fue así.
Vamos, dímelo.
No puedo.
¡Vamos!
¡Mi trabajo lo pediste tu!
¡Respóndeme!
Entró en esta habitación.
Prometió ayudarme a obtener el pasaporte.
Yo no quería perderte. Quería irme contigo.
Déjame.
¡Que me dejes!
Te dio un pasaporte. Me compró con un empleo.
Y quiere que te lleve conmigo.
Vuelve, vuelve a tu manera de trabajar.
- ¡No! ¡No! Yo soy tu Manon. - Mi Manon.
¡Sí! ¡Tu Manon! La Manon que te ama.
Daría mi vida por ti.
Me previnieron de que un día surgiría tu cara oculta.
- Y ahora la tengo ante mi. - ¡No! ¡No!
Vete con tus hermanas de pies desnudos y dientes negros.
- ¡No! ¡No! Bill. ¡No digas eso! - ¿Por qué no?
- Apártate. - ¿Qué vas a hacer?
- ¿Dónde está Delaroch? ¿Dónde? - No lo sé. ¡No lo sé!
Tu le proteges.
Sus besos serán más fríos que tu pérfido corazón.
Calle Pèlerin, 19
Sí, la Sra. Demassey en persona me telegrafió ayer.
El comandante regresa mañana en el "Hércules".
¿Por qué, si aun le quedaba un mes en Francia?
Dice un proverbio: "Una vez que el Oriente
haya tocado tu corazón,
ya no latirá más en Occidente". Dime, Ling.
Gracias.
Ruego me disculpen. Ahora vuelvo. Continúen sin mi.
Hasta ahora.
No te esperaba esta noche, Manon.
- ¿Sucede algo, querida? - Le has enviado una carta a él.
¿Carta?
Viniste a mi casa la noche de la ópera.
Entraste en mi habitación, dejaste la petaca y te fuiste.
- Tu lo sabías, ¿verdad? - ¿El qué, querida?
Que no podría usar el pasaporte mientras fuera su mujer.
Por eso lo hicieron y me lo diste.
Manon.
Aposté por ti y he ganado.
- Viene a matarte. - No soy idiota.
Te matará. Lo detendrán y deportarán a la Isla del Diablo.
No, Manon. Tranquilízate.
Te aseguro que tu irascible marido no me matará.
- Ya lo verás. - No.
He venido a ahorrarle el trabajo.
Él no te matará, ni se pudrirá en prisión.
Él no morirá en la Isla del Diablo.
Yo se lo evitaré.
Yo se lo puedo evitar, y lo haré.
No, tu no matarás a quien tanto te ha querido.
Somos iguales. Tu y yo somos iguales.
Sí, ambos somos iguales en la maldad.
¡No dispares!
- Es por aquí. - No, no, el tiro venía de allí.
- ¡Está muerto! - Llamar a la policía.
- ¿Quién estaba con él? - La Srta. Manon.
Yo sabía que era ella.
- ¿Tu la dejaste entrar? - Sí.
Buscar por el jardín. No, estará allí.
¡Manon!
¿Qué haces ahí?
Miro el barco. Pronto zarpará.
He oído un disparo y creí que...
Manon.
- ¡Eras tu! - Sí.
Manon, Manon.
No hagas ruido.
¿Él lo ha descubierto?
Sí.
- Llamaré al médico. - No.
Entonces a Bill.
Ya no hay Bill.
Debes hacer algo por mi.
- Trae al padre. - ¿Al padre Antoine?
Quiero decirle...
...lo mala que he sido.
Quiero contarle todas mis torpezas.
Puede que tenga unas palabras para mi.
Después...
ponme en un barco y envíame junto a mi madre.
¡Deprisa, Nina! ¡Rápido!
No hables más que al padre.
Voy a buscarlo.
¡Nina!
¿Dónde está ella?
Antes de que Ud. marchara, quería que supiera...
Te he buscado por todas partes.
La policía te buscará en el hotel. En seguida vendrá.
- ¿Tienes tu pasaporte? - Sí.
¿Hay otra salida?
Nos vamos si hay vía libre. Esta noche sale un barco.
Lo estoy viendo.
Aún tenemos una oportunidad.
¿Nosotros?
En Singapur cogeremos un barco inglés.
- ¿Me quieres? - Te lo diré después.
No. Dímelo ya.
Sí, quiero todo de ti. Olvida lo que te dije. Te mentí.
Poco importa lo que hayas hecho, y si estaba bien o mal.
Querer es poco si huimos del daño.
- Te quiero, Manon, para siempre. - Me quieres para siempre.
Sí, te amo.
¿Qué te pasa?
Nada. No es nada.
¿Manon, qué has...?
¡Manon!
Bill, abrázame.
- ¡Llamaré al médico! - No te vayas.
Nina ha ido a buscarlo.
Abrázame.
Hay un médico en el barco.
A bordo con pasaporte, somos libres del todo.
- ¿Lo hacemos? - Sí.
Soy fuerte. Llévame.
Sí...
Sí...
¡Sí!
¡Manon! ¡Cariño!
Manon.
Ámame un momento más.
Nuestro barco.
¡Manon, no te mueras! ¿Me oyes? No me dejes.
Bill... No llores por mi.
Nunca he sido más feliz que ahora.
Recuerda...
...te amo.
Manon.
Manon.
¡Manon!
Padre. Padre, ayúdenos.
Hijo mío, ella va allí donde no hay este ni oeste.
Será juzgada por el Único que conoce la amplitud de sus pecados.
Traducción y sincronización: J. L. G. LAGO [jvanlvis] 07/02/11 para Cine-clásico.com
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