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(Música)
(Música suspense)
"Tras la violenta muerte de Calígula, emperadores y emperatrices
se suceden en un cruel juego de ambiciones,
violencia y abusos de poder.
Es una época en la que la vida humana carece de valor,
una época en la que la corrupción y la traición imperan sobre la vida
y Messalina, con sus odios y sus pasiones,
es el símbolo de esta época".
(Música suave)
Sulpicio.
Llevo tiempo esperándote,
este lugar es demasiado peligroso para mí.
Dame noticias.
Claudio, Claudio va a ser el nuevo emperador,
eso significa que nuestro plan tendrá éxito.
¿Ya has hablado con él?
Todavía no es momento de hacer tal cosa,
no sería prudente revelar tu nombre,
pero no te preocupes, eres la única noble romana
de quien no sospecha.
Roma jamás volverá a tener una vestal tan preciosa como tú.
Tú serás la emperatriz
y el destino de Roma quedará en nuestras manos.
Estaré aquí dentro de seis días a la misma hora.
(Música)
Es un día propicio para mi coronación.
-Que los dioses os concedan un feliz reinado, Claudio,
los soldados y el pueblo de Roma saludan a su nuevo emperador.
(Continúa música)
Si esta es la nueva Roma que recaerá sobre mis hombros,
me pregunto si he actuado sabiamente aceptando el cargo.
-No conozco mejores manos que las vuestras
para guiar el destino del imperio.
-No voy a engañarme, los pretorianos me han alzado en el trono,
pero los nobles intentarán derrocarme.
Ninguno de ellos ha venido,
y tal vez en este momento estén conspirando contra mí.
-El Senado os ha proclamado emperador por aclamación
y va a defender vuestros derechos.
-No podrán hacer nada contra las legiones.
-Gobernar rodeado de tantas intrigas
es una ardua tarea.
-No os preocupéis por ellos, César, los nobles son ambiciosos,
pero fácilmente corruptibles.
(Tambores)
(Bullicio)
Llegas tarde, tribuno, Claudio ha llegado hace un buen rato.
Por todos los dioses,
miedo me dan los emperadores que son tan puntuales.
(RÍE)
Te apuesto un talento por el alto. Dos talentos por el bajo.
Cinco talentos por el alto. 10 talentos por el bajo.
20 talentos por mí mismo, ¿aceptáis? Pues claro.
(RÍEN)
Con vuestro permiso, divino Claudio. ¡Au!
(Risas)
¡Pégale!
Tendrás preparado el dinero, ¿no?
(Risas)
Vamos, pagad vuestras deudas, me he ganado el dinero.
Toma. Eso está bien.
Por todos los dioses, ha sido fácil.
Bueno, no perdamos más tiempo, amigos,
a nuestro alrededor crecen demasiadas flores.
En mi opinión les has sobornado.
(Música oriental)
Vaya, ¿has visto qué bien bailan esas chicas?
(RÍE) Saben mucho.
La de la izquierda se mueve... -Da gusto verlas.
-Casarse con alguien que pertenece a la aristocracia
sería una decisión de lo más sabia, divino Claudio.
Los nobles tendrán que rendirse antes o después
y uno por uno se pondrán de vuestra parte.
-Esas son las ventajas, ahora pensemos en las desventajas.
¿Quién es la mujer a la que debería poner a mi lado?
-Yo he pensado en Valeria, Valeria Messalina.
Os lo aseguro, forma parte de una de las familias
más nobles de Roma.
Pronto se convertirá en una vestal en unos pocos meses,
pero si Claudio le pide su mano...
-Ya me has hablado antes de esa joven vestal,
¿quién es exactamente?
-Es la sobrina de César Augusto,
la mujer más hermosa de todo el imperio.
-¿La sobrina de César Augusto?
Espero que no sea tan aburrida como su ilustre antepasado.
Sabéis que nunca os daría un mal consejo.
-¿Estáis decidiendo el destino de Roma?
-El emperador contraerá matrimonio con Valeria Messalina.
-¿La sobrina de Augusto?
Si ese es vuestro deseo, divino Claudio,
que los dioses os concedan una vida pacífica
y un largo reinado.
Por el gran imperio de Roma.
Y por los fuertes brazos que lo defienden.
Necesito de esos brazos tan fuertes para que me defiendan.
Mm...
¿Os han dejado solas? ¿Puedo ayudaros?
(RÍE)
¡Au! Me habéis rasgado el vestido.
Es cierto, pero olvide el vestido,
los dos nos bastaremos para defenderla.
¿Cómo puedes decir esas cosas aquí, delante del templo de Vesta?
Oh, es un sacrilegio.
Por cierto, ¿no tienes que hablar mañana ante el Senado?
(Música)
(RÍEN y GRITAN)
(Bullicio)
He venido a este templo muchas veces.
No sé qué hacer para convencerte,
no veo por qué no quieres acceder a mis deseos.
¿Hay otro hombre que impida casarte conmigo?
No, pero te haría muy infeliz.
¿Y tú, Vipidia, no tienes nada que decir?
-Valeria se siente muy halagada por su interés,
es usted el más poderoso entre todos los nobles,
pero el destino de Valeria está consagrado a la diosa Vesta.
-Como desees, Valeria.
Por tu bien solo digo que espero que no te arrepientas de tu negativa.
Las vestales son las hijas de los dioses
y solo los dioses pueden otorgar el poder.
La ambición te devora, Valeria, en tu caso es una virtud.
Por eso quería que fueses mi esposa.
-Sígueme.
(Música suave)
¿Quién eres?
La diosa Vesta nunca te dará el amor
y el amor es lo único por lo que vale la pena vivir.
(RÍE)
Eres imprudente irrumpiendo en los jardines de Vesta,
si te atrapan, te matarán, vete. Tal vez valga la pena.
¿Cómo te llamas?
¡Valeria!
Valeria. Valeria...
Eres preciosa, Valeria.
Yo me llamo Lucio Massimo
y, como soldado, puedo amarte más que ningún otro.
Márchate,
un soldado debe morir en la batalla, no en los jardines de Vesta.
¿Cuándo volveré a verte?
¡Valeria!
Por la mañana esos pinares están desiertos.
(RÍE) Estaré esperándote.
Puedes rechazar la oferta del emperador aceptando
la vida retirada de las vestales, eres tú quien debe elegir.
¿Y si decidiese disponer de mi vida de otro modo?
Pues que no serías feliz.
Quédate en este templo, Valeria, las crueles voces del mundo
no pueden llegar hasta aquí
ni las ambiciosas pasiones de los hombres.
No, Vipidia, no puedo renunciar a vivir,
ni puedo renunciar a amar.
Y la gloria que no podré obtener de los dioses,
la obtendré de los hombres.
Ya está decidido. Pues que los dioses te protejan.
Valeria.
Es la tercera mañana que vengo a estos pinares al alba
y no han llegado más que las golondrinas
a hacerme compañía.
¿De verdad creías que iba a venir?
¿Te has olvidado de que soy una vestal?
No, pero la madre de Rómulo y Remo también era una vestal.
¿Por qué has vuelto? Porque te quiero, Valeria.
Tan solo estuvimos jugando la otra noche,
pero después me di cuenta de que es un juego
que causa sufrimiento. Vete, márchate.
Mañana no te haré esperar tanto tiempo.
(Música suave)
He contando las horas...
(Música romántica)
Hasta poder volver a verte.
Sentémonos en la hierba.
Eres valiente desafiando a la muerte por una vestal.
Siempre he soñado con un hombre que me amase de verdad,
sin importarle quién fuese.
¿Y ese hombre era muy diferente de mí?
No, eras tú. Pues ya puedo morirme.
(Música bélica)
Si no te conociese, diría que te preocupa
lo que te espera en Armenia.
Así es, la guerra puede ser muy desagradable.
Oh, Massimo, a ti solo te preocupa lo que vas a dejar en Roma.
¿Cómo se llama? ¿La conozco yo?
No, puede que yo tampoco la conozca bien.
Venga, no debes ser tan pesimista, haz como yo y no le des más vueltas,
y eso que dejo a mi familia en Roma, a mi esposa y dos niños.
-¿Y aún así estás contento?
-Claro, así podré ver a mi familia de Armenia.
-Pero ¿cuántas familias tienes?
-Una en cada país que me han destinado.
(Música militar)
Lucio, hemos venido a buscarte.
Tus amigos queremos celebrar tu despedida.
No, no puedo.
Ya sé lo que pasa cuando rechazas la invitación de unos amigos
porque hay una mujer.
Las mujeres de tu vida no tienen los encantos de las nuestras.
No, no es lo que pensáis. Oh, oh, así que es serio.
Puede que sí sea serio.
Me temo que ni la campaña en Armenia ni 100 campañas más
podrán hacer que la olvide.
¿Roma no tiene otros soldados que pueda enviar a Armenia?
Parece que no.
Pero ¿no irás a aceptarlo sin protestar?
Un soldado romano jamás pensaría
en oponerse a los deseos de su emperador.
¿Me estarás esperando?
He pasado los días más maravillosos de mi vida contigo,
cómo voy a olvidarte.
Contaré los días y las horas
y todas las noches miraremos hacia el mismo cielo.
(Música)
Divino Claudio, esta es la esposa que habéis elegido.
Los dioses han aceptado vuestro deseo imperial.
-Su lugar está junto a mí,
puede ser que lo haya escrito el propio destino.
Desde el día de hoy compartirás conmigo
los honores y el peso del imperio.
Los que vengan detrás de nosotros serán quienes juzguen
si hemos sido dignos de tan magno poder.
Nuestros descendientes nunca podrán juzgarnos,
solo se recuerda a los hombres ilustres,
se les convierte en dioses, como pasó con Julio César.
La serenidad en la reflexión
es el privilegio del mundo del futuro.
Julio César todavía no ha sido juzgado.
(Música solemne)
Vaya, la esposa de Claudio es joven y hermosa.
-Un poco joven para él, una inteligente jugada política.
-¿Os habéis dado cuenta? No ha venido ni un solo noble.
-¿Para qué iban a venir, para celebrar su propia derrota?
(Música suave)
Dejadme.
Tus deseos se han cumplido en su totalidad, divina Messalina.
El tribuno Lucio Massimo se dirige en este momento
a Armenia, donde estoy seguro que logrará cubrirse de gloria.
Y el lugar donde olvidará a Valeria.
Pero cuando vuelva, amará a Messalina.
Te he convertido en emperatriz por tu belleza y por nuestro amor.
Ahora gobernaremos Roma
a pesar de Claudio y de sus aduladores.
Claudio espera el regalo de la primera noche,
pero para ti yo soy el emperador.
Espera un momento, escúchame con atención,
te conozco, recuerda,
intentar jugar conmigo puede resultar peligroso.
¿Estás tan seguro de que me conoces?
No podría haber elegido mejor,
tienes cada una de las cualidades con las que he soñado.
¿Eres tú el emperador o yo la emperatriz?
Es suficiente, no te atrevas a desafiarme,
yo soy tu emperador, no te olvides de eso.
No lo olvidaré.
Bebamos por nuestro amor y por nuestro poder.
(Música suspense)
Tú y yo haremos historia
porque la historia solo la escriben los valientes.
Te estoy dando el mejor vino del imperio.
(Música suspense)
(RESPIRA AGITADAMENTE)
¡Ah!
Guardias.
Llamad a Lucio Geta.
(Música tensión)
Me he visto obligada a defender mi honor.
No se lo digas a Claudio hasta mañana
porque esta noche... es mi noche de bodas.
Óyelos, escucha a esa escoria plebeya
gritando y pasándoselo en grande.
-El nuevo César ha sido generoso en sestercios
para la celebración en honor de su esposa.
Ya sabes, a los pobres les gustan las emperatrices guapas,
quedarán contentos con un plato de alubias.
-Bestias, no son más que bestias salvajes
celebrando su propia ruina.
Valeria ha traicionado la causa de todos los nobles de Roma.
Escucha, Marcelo,
la causa que defendemos necesita de tus brazos.
Debemos actuar ya,
antes de que el pueblo proclame el triunfo de la emperatriz.
(Música suave)
(Música suspense)
Ah...
Diría que te han ordenado que acabes conmigo.
Y, entonces, ¿a qué estás esperando?
Sé lo que estás pensando, que matarme sería una locura.
¿De qué sirve odiar cuando puedes amar?
(Música suave)
(RÍE)
(Pasos)
(JADEA)
(Música tensión)
Existen muchos peligros en Roma,
todavía sois joven y sin experiencia,
no me gustaría que os hicieseis ilusiones
sobre vuestra nueva situación.
Necesitáis un aliado y amigo poderoso en la corte.
Ese hombre había venido a matarme.
Y he sabido cómo defenderme yo sola.
Soy la mujer del César
y tengo la intención de ejercer mi poder yo sola.
¿Cuántas veces le has dado la vuelta a ese reloj, Caio Silio?
Ten paciencia.
-Marcelo es sagaz, fuerte y valiente.
-Pero las dependencias están bajo vigilancia.
-¡Está aquí, Messalina está aquí!
¿Los nobles romanos están así de asustados
por una mujer joven e indefensa?
No, nadie está asustado, solo nos preocupamos por Roma.
No os preocupéis, Roma está en buenas manos,
en las mías.
Ninguno ha venido a rendir homenaje a Messalina.
Pero Messalina sabe tratar a sus amigos,
así que he venido a veros yo misma.
Y os he...
os he traído mi regalo.
(Música tensión)
(Música)
"Dos años más tarde,
la legión armenia tras haber cumplido con su misión regresa a Roma".
Una chica lista, ¿eh? ¿Cuántos años tienes?
-Siete. -Muy bien, ¿y cómo te llamas?
-Messalina.
-Por todos los dioses, desde que he puesto el pie en Roma,
solo oigo hablar de Messalina.
-Nunca nos habían distribuido tanto grano como en estos días.
-Ah, ¿sí?
-Y tendría que ver los espectáculos del circo.
-No vengas a buscarla aquí, ya conoces la ley,
nadie podrá volver a verla.
Vete, Lucio Massimo, olvídate de Valeria.
-Vamos, Messalina.
-No te veo sonreír, tribuno,
me prometiste que serías feliz cuando llegásemos a Roma.
No me puedo creer que se haya encerrado
en el templo de Vesta.
Deja de pensar en ella de una vez.
Vamos, alegra esa cara, Lucio,
hay miles de formas placenteras de que olvides a tu Valeria.
Las mujeres como Valeria no se pueden olvidar.
Venga, vámonos.
(Bullicio)
¡Por la salud de Messalina! -¡Salud a los dioses!
-¡Por la salud de Messalina!
La emperatriz vivirá hasta los 100 años
si tus deseos son sinceros.
Son tan sinceros como este buen vino,
nos ha traído 100 barriles para esta noche.
He probado de este y ahora voy a por el siguiente,
quiero comprobar si son todos de la misma calidad.
¿Dónde está mi ánfora?
-¿No quieres probar las regalos de Messalina?
No. Qué lástima.
-Messalina se ha ganado el favor del pueblo de Roma.
-¿Qué pasará cuando el vino se agote? -Entonces apoyaré a los nobles.
(RÍEN)
No me digas que tienes ganas de comer.
Sí, ese horrible vino me ha abierto el apetito.
Vaya novedad. ¿Cuándo no tienes tú hambre?
Ven conmigo, preciosa. -Tú eres para mí.
-Puede que el vino me haya destrozado el estómago, pero no los músculos.
¡Alto, déjalo!
(A LA VEZ) ¡Salud a Messalina! -Me tiene miedo.
Toda Roma parece haber perdido la cabeza por esa mesalina.
Todo este alboroto, por una mujer.
-¿Quién ha dicho algo en contra de Messalina?
Ha sido él.
(RÍEN BURLONES)
-¡Ah!
(Música)
(RÍEN)
-Eh, mira.
-¡Ah!
(RÍEN)
(RÍEN)
(Gritos de pelea)
Son malos, ¿eh?
-¡Ah!
-¿Vamos?
Oye, tú.
(RÍE) -Ven con nosotros.
(Gritos de pelea)
-Abrid paso, abrid paso.
Dad las gracias a los dioses por tanta belleza.
-Mira quién ha venido a Roma. -¿Las chicas de Armenia
se quitan la ropa tan rápido? No lo sé, él es quien conoce
los hábitos de todas las mujeres del mundo.
Desde todos los puntos de vista,
Armenia ha progresado más que Roma,
siempre hay unas vacaciones, o una guerra.
-Las mujeres de Roma son las mejores del mundo.
-Mi escudo brilla más que los rayos del sol,
cuando hay nubes en el cielo, es mi deseo el que las despeja.
En la mitad de la batalla refleja más batalla, y espanta a los enemigos.
Y ahora, ahora dejad que consuele esta pobre espada
que sostengo entre mis manos.
(RÍEN)
-No quiero entregarme a los lamentos, puesto que esta pobre espada
sufre cuando pasa demasiado tiempo a mi lado.
Pobre espada mía,
se muere de deseos de hacer picadillo a estos regimientos.
Artótragos.
Artótragos. -Aquí estoy.
-¡Artótragos! -¡Que estoy aquí!
(RÍEN)
-Aquí estoy, al lado del héroe más poderoso y glorioso
de todos los continentes, que puede estar, por ejemplo, allí.
O por allí.
Y en la tarde, según dicen las crónicas de la batalla,
¿cómo pudiste romperle la pierna de un solo golpe?
(RÍEN)
-No era mi deseo hablar aquí de mis proezas bélicas,
pero en Armenia, ¿lo recuerdas? 810 es el número de hombres que maté.
Sin olvidarme de otros 80 que maté en Macedonia.
También debo sumar los 80 macedonios, Artótragos, ¿cuánto suma eso?
-Son 7000.
(RÍEN)
-¡Apartaos, abrid paso a la guardia de la emperatriz!
Sal de en medio, legionario.
Lucio Máximo.
Por todos los dioses.
Tus amigos te han estado buscando desde que llegaste
para celebrar tu regreso, pero has desaparecido.
Ah, ya lo entiendo, al gran general, al victorioso héroe,
ya no le gusta la compañía de los simples mortales.
Me alegro de verte, Geta. Y yo a ti.
La gloria de tus triunfos se difundió hasta aquí.
Solo tuve algo de suerte.
Pretoriano, un caballo para el tribuno, rápido.
Ven conmigo, vamos a divertirnos,
vamos a celebrar tu regreso de la manera que te mereces.
¡Sal de aquí, vete! -¿Por qué nos hacen esto?
-¡Socorro, es nuestra casa! -¡Tenemos derecho a la vida!
¿Por qué no nos dejan vivir? Messalina se enterará.
-Apártate.
¡No toques mis cosas!
¡Ah, me quieren matar, socorro!
¡Socorro, me están robando!
¡Me quieren matar, socorro, socorro!
¡Me están robando!
-¡Quieta, quieta! ¿Quién intenta robarte?
-¡No me toques! -¡No te muevas!
-¡No me toques! -¡Que no te muevas!
-¡Alto, quieta! -¡Suéltame, suéltame!
¡Alto! ¡No te muevas!
¡Alto!
Deteneos, y dejad que esta gente se vaya.
Volved todos a vuestras casas, no os vayáis de aquí.
Los soldados no os harán ningún daño si no les tenéis miedo.
No hay ninguna ley en Roma que os obligue a dejar vuestras tierras,
volved a vuestras casas.
Lleváis demasiado tiempo sufriendo estas injusticias,
la ley está de vuestro lado.
En Roma la ley es soberana, ni el emperador puede romperla.
Aulo Celso, ¿qué estas haciendo aquí a estas horas?
He elegido la hora y el lugar más adecuados
para abrir los ojos del pueblo.
Es un abuso más en nombre de Messalina.
¿No lo veis? No tienen derecho a hacernos esto.
¡Continuad con la evacuación!
Te estás aprovechando de nuestra amistad,
ningún otro hombre viviría después de hablarme de ese modo.
Estas tierras han sido confiscadas para vendérselas mañana a Betadio,
que soltará 3000 sestercios en las manos de Messalina.
¿De dónde crees que saca el dinero esa gran emperatriz tuya
para ganarse el favor de la gente? Ten cuidado, Celso.
No voy a permitir esas afirmaciones,
una palabra más, y me veré obligado a arrestarte.
¡Aulo Celso, Geta!
Esto es imposible, no está bien que dos viejos amigos como vosotros
os habléis de ese modo.
Es insoportable ver a un amigo ciego
ante las monstruosas acciones de Messalina.
Toda Roma aclama a la emperatriz. No toda Roma,
solo parte de los plebeyos que desconocen el alto precio
que deberán pagar por un puñado de grano,
que Messalina desparrama con sus dramáticos gestos. Tú no la conoces.
Pero conozco a Geta,
los derechos del imperio no pueden verse dañados
por una comunidad de miserables desgraciados.
Hablaré con la emperatriz, seguro que a mí me escuchará.
Quiero que los tres volvamos a ser amigos, como en los viejos tiempos.
¿No lo ves así, Geta? Es difícil, Máximo,
que una rama muerta vuelva a brotar.
La amistad entre Celso y yo ha terminado.
Aprendí de mi experiencia militar que si gran parte
de los soldados se quejan, es porque algo va realmente mal.
Pero si solo son unos pocos, puedes castigarlos sin temor,
los descontentos casi siempre están equivocados.
Has dicho casi siempre.
Pero esta vez no son solo unos pocos
los que se quejan de esa Roma tan supuestamente feliz.
Bueno, ¿qué pasa, podemos volver a casa, o tendremos que irnos?
¿Quién eres tú?
Una de las personas por las que estáis discutiendo,
y quiero daros mi opinión. Muy bien, vamos a escucharte.
Si me miras así, no podré hablar. ¿Siempre miras a las mujeres así?
¿Y por qué no, acaso te consideras una mujer vulgar?
Vámonos, Celso, volvamos a Roma.
Pero, por favor, dime qué va a ser de nosotros.
No tienes por qué preocuparte, te quedarás en el pueblo.
¿Podremos quedarnos? -¿Podremos quedarnos?
-¿Podremos quedarnos?
¡Vinicio, Vinicio!
(TARTAMUDEA) Dame tu armadura, amo, hace mucho calor.
¿Por qué estás tartamudeando?
¿Que tartamudeo, o solo me equivoco en las palabras?
O acabas de romper algo, o me estás robando más de lo habitual.
¿Cómo puedes decir semejante cosa de mí?
¿Por qué, acaso sería la primera vez?
Sí, maestro.
Valeria, no te has olvidado de mí.
¿Cómo sabías que he vuelto?
Por Vipidia, me dijo que me estabas buscando en el templo,
por eso he venido a esperarte. Me dijo que ahora eras una vestal.
(Música romántica)
Cuatro años es mucho tiempo,
¿seguirías amándome aunque aquella vestal ya no existiese?
Yo siempre te amaré.
¿Seguirías amándome a pesar de lo que haya pasado este tiempo?
Mis besos durarán para siempre, sin importar lo que haya pasado.
Entonces, bésame.
Bésame, y ámame,
porque te necesito.
Sí, lo haré. Muy bien. Hola, Lucio.
¿A cuál de los dos has elegido como amigo, a mí, o a Aulo Celso?
Solo quiero saber cómo un hombre honorable como Celso,
y un hombre honorable como tú, no estáis de acuerdo.
Anúnciame ante el emperador.
Pediré a la emperatriz que te vea.
No puedo quejarme ante la emperatriz por un acto cometido en su nombre.
No conoces a Messalina.
Ven conmigo.
Los perfumes, Lidia.
(Música suave)
Divinidad, os anuncio al tribuno Lucio Máximo.
(Continúa música)
A vuestro servicio, divina Messalina.
(Continúa música)
Máximo, ven aquí.
Acércate.
(Continúa música)
(SORPRENDIDO) ¿Tú... Messalina?
(RÍE)
Espera.
Vuelve aquí.
No es la mujer del césar la que te lo ordena,
es Valeria la que te lo suplica.
Por favor.
(Música suave)
¿Tú, Valeria?
Es imposible.
Durante cuatro años he deseado a una mujer que ya no existe.
Para ti siempre seré Valeria.
Si pudieses saber cuánto he ansiado que volvieses...
Entre los brazos de Claudio.
¿No sabes que una vestal no tiene elección en el amor?
Especialmente, cuando es la voluntad del emperador.
(Música suave)
No podría vivir sin ti.
¿Qué es lo que querías preguntarle a la emperatriz?
¿Era sobre esas tierras confiscadas? Sí.
La guardia pretoriana está asesinando a la gente en tu nombre,
quieren destruir y quemar todo un pueblo donde vive gente pobre.
(RÍE)
Tu amigo Geta es un hombre honorable,
pero como soldado, no conoce el honor.
Hay muchos otros hombres honorables que te odian.
Sé de quién hablas, pero Aulo Celso no es el único.
¿Cayo Silio también está en mi contra?
Los nobles y la mitad de los senadores me repudian,
se enojan conmigo por intentar ayudar al pueblo.
Quise confiscar esas tierras porque quería dárselas
a los soldados de las guerras de Armenia.
Quería entregárselas a tus soldados,
por eso debes quedarte conmigo.
Amas a Valeria, y ahora también amarás a Messalina.
(Música suave)
(Música tensión)
¿Quién eres, cómo te llamas?
No necesitas una daga para recibirme, soy Silio.
Perdóname por entrar en tu casa de este modo,
pero Roma está llena de espías.
Ya nadie puede sentirse a salvo, ni siquiera en su propia cama.
¿Cuál es el problema, Silio?
Debo darte malas noticias, Aulo Celso.
He oído que esperabas tener a Lucio Máximo de tu lado
para enfrentarte a Messalina. Tengo que desilusionarte,
Lucio Máximo ha sido nombrado cónsul por Messalina.
¿Cómo es posible?
Un hombre de su talla.
Geta, Geta ha debido de convencerle. No, no ha sido Geta, sino Messalina,
es capaz de convencer a cualquiera.
Todos los hombres parecen tener miedo de ella,
su fascinación les abruma a todos.
Cuando un hombre como Lucio Máximo
sucumbe a la voluptuosidad de una mujer como Messalina,
uno empieza a dudar de sí mismo,
y pierde la fe en las cosas en las que siempre ha creído.
Tu honestidad y tu lealtad no sirven de nada contra Messalina,
tenemos que planear un acto de fuerza.
Estas son mis armas: mis discursos, mis informes;
nunca he creído que la justicia pudiese nacer de la violencia.
Cuando te corten la garganta en las escaleras de palacio,
la justicia no va a salvarte.
No.
Pero la violencia, tampoco.
Estaré de tu lado,
pero mi campo de acción será el Senado, y el tribunal.
Está bien, Celso.
Eres un hombre honorable,
todo lo que hagas y digas, será por el bien de Roma.
Pero mantente alerta frente a Messalina,
si quieres ver el día de la libertad.
(Ambiente festivo)
Largo.
Si observáis los sucesos del pasado...
Escucha, Aries, estoy hablando contigo también,
y establecéis una comparación con los de hoy en día,
llegaréis a la certeza de que no importa lo que pase,
nada, nada consigue cambiar los acontecimientos de la historia.
-¿Qué te pasa, Lucio, la charla de Claudio te ha aburrido?
No, estoy preocupado por la emperatriz.
¿La emperatriz? Es el emperador quien tiene la misión de gobernar,
y hay una administración con un grupo de elegidos,
entre ellos, un leal servidor.
La emperatriz es una mujer, y como mujer que es,
no dejes que se aburra por las fantasías históricas de un anciano.
Claudio es un emperador excelente,
pero un esposo miserable, ve con ella.
(Ambiente festivo)
-Si Roma está destinada al triunfo,
es porque la historia ha tomado esa decisión.
Mis palabras son aburridas, pero todos recibís una paga
por escucharlas, así que intentad prestar atención,
en lugar de quedaros hechizados por los sensuales movimientos del baile.
Pensé que no ibas a acercarte en toda la noche.
¿Cómo has podido dudar, mi amor?
(Ambiente festivo)
Bebamos.
Por nosotros, y por nuestro poder.
¡Quemadlo todo, destruid todos esos cuchitriles!
(GRITAN ASUSTADOS)
(Música dramática)
¡Rápido, quemadlo todo!
(Continúa música)
-¡Mis hijos, mis hijos! -¡Vamos, daos prisa!
(GRITAN ASUSTADOS)
Menos mal que hemos venido.
¡Lucio Máximo, Lucio Máximo!
He insultado a la persona que me dijo que habías traicionado a Roma.
Perdóname, Silvia, no creí que dijeses la verdad.
¿No ves que no tengo tiempo para sermones?
No pretendo soltarte un sermón, pero mira toda esta gente.
No creen en nuestros dioses,
en los que a estas alturas tú ni yo tampoco creemos,
sino en un dios de justicia y compasión.
¿Por eso los quieres despojar de sus casas?
¿En nombre de qué, Lucio Máximo, estás dispuesto a ensuciar tu honor
con esta infamia, en nombre de una vil cortesana
que quiere dárselas de emperatriz? No abuses de nuestra amistad.
¡Monstruos!
Mira los resultados de tu trabajo, Messalina puede estar orgullosa.
Ten cuidado, Celso. Puedes amenazarme,
pero no podrás detenerme, tengo pruebas suficientes
para acusar a Messalina en el Senado.
Toda Roma escuchará mi voz, y comprenderá al fin lo que sucede.
¡Jamás lo permitiré! No le mates.
¿No sabes que no se puede atacar a un amigo?
Dios odia la violencia,
no hagas algo de lo que puedas arrepentirte el resto de tu vida.
Dale las gracias a ella, te ha salvado la vida.
Messalina,
¿cómo puede existir una mujer así?
Hay momentos en la historia
en los que la vida de los hombres carece de valor.
Pero a Messalina le ha llegado su hora,
mañana el Senado decidirá si Roma vive,
o asiste al principio de su final.
(Música dramática)
(GRITAN ASUSTADOS)
(Música)
Pareces preocupado, ¿en qué estás pensando?
En lo que ha pasado esta mañana.
¿Qué más da? Sé que me has defendido.
Aulo Celso te odia.
Pues yo no le tengo miedo.
Los tribunos siempre intentan acaparar poder
hablando mal del imperio, ¿no lo sabías?
No solo quiere impresionar a la gente de la calle,
va a denunciarte ante el Senado.
Dice que tiene pruebas de tus errores.
No tengo ningún miedo de él,
la verdad no está del lado de Aulo Celso.
Es un hombre muy joven, y es un senador,
y la época en la que el Senado podía decidir, se acabó.
La República está muerta porque Julio César le puso fin,
y todos los republicanos murieron asesinados en Filipos.
(RÍE)
Pero, no hablemos más de eso.
Pero no puedes entrar. ¿Te has vuelto loca?
¿Quieres que me azoten?
-No sería mala idea. ¿Qué pasa ahí?
Le he dicho que no puede entrar. Ayúdame.
-Deja de hacer ruido, y ayúdame con esto.
Aguanta esto, y procura que no se rompa, ¿oyes?
Buenos días.
¿Me quieres explicar qué haces en mi casa?
Maestro...
-Cierra el pico, me explicaré yo misma.
Muy bien, estoy esperando una respuesta.
Me han echado de mi pueblo, han derribado mi casa,
así que he venido a quedarme contigo, no tenía otro lugar al que ir.
¿Te has vuelto loca?
No. Y tu casa es muy bonita, creo que esto me va a gustar.
Escúchame bien, jovencita, si esto es una broma,
ha llegado demasiado lejos.
Pero si te ha enviado Celso, voy a...
¿Qué dices? Celso no sabe nada.
Estaba muy triste por lo que pasó entre vosotros el otro día.
Es un buen hombre, y te tiene mucho cariño.
Yo también se lo tengo a él.
Eso no tiene nada que ver, es de ti de quien hablamos aquí.
No debes preocuparte por mí, me las arreglaré,
y no te molestaré en absoluto.
Cuidaré de tu ropa, y ayudaré a este pobre hombre en las tareas del hogar.
He estado fijándome en él,
y sospecho que en ocasiones te roba.
-¡Amo, te juro por todos los dioses que...!
-¡No jures, es un pecado!
(GRUÑE)
Aunque los suyos ya no cuentan.
¿Qué he hecho para que una catástrofe así me caiga encima?
como esta me haya caído encima?
Bueno, me has quemado la casa. Que todos los dioses me ayuden.
¿Adónde vas?
¡He tropezado!
(Ambiente callejero)
-¡Atrás, atrás! ¡Quitaos de en medio, atrás!
-Que se calmen un poco.
-Apartad, echaos para atrás, dejad de empujar.
-Le han cortado la garganta.
Su asesino ha luchado con él hasta la muerte.
Podría haber sido un suicidio.
El senador Aulo Celso se ha suicidado, se ha suicidado.
-¡Silencio, callad! -¡Atrás, atrás!
-¡He dicho que os calléis! -Pasad por aquí.
-¡Dejad de empujar, he dicho que os tiréis hacia atrás!
El senador Aulo Celso se ha suicidado.
¡Lo has asesinado tú, era el único hombre honesto,
Dios te castigará! (LLORA)
¿Te arreglas para celebrar que Aulo Celso ha muerto?
Dejadme.
(Puerta)
¿Estás loco? Ya no.
Lo estaba antes, loco por creerte,
por silenciar mi conciencia.
Has asesinado a Aulo Celso, ahora ya sé por qué
estabas tan tranquila cuando vine a advertirte sobre él.
¡No estoy dispuesta a aceptar que me insultes!
Al contrario,
te quiero a mi lado para que me defiendas.
Tengo muchos enemigos en Roma,
especialmente aquí, en palacio.
¿Quién mató a Celso?
Mírame a los ojos.
¿Me creerías si te dijese que se quitó la vida?
Celso iba a hablar en tu contra en el Senado.
Hubo alguien más que le vio,
alguien a quien tú respetas.
Lucio Geta.
Es tu amigo, y era su amigo.
Pregúntale cómo murió Aulo Celso.
No, vuelve cuando hayas hablado con Geta.
Estaba asustada, temía que Messalina te hubiese mandado a prisión.
¿Por qué has pensado eso?
La vi cuando salía, y había odio y venganza en su cara.
Aulo Celso se suicidó.
Messalina no tiene nada que ver. ¿Que no tiene nada que ver?
Cuando fuiste a palacio, sentí miedo de lo que podía pasarte,
y recé a Dios para que te ayudase a comportarte
como un hombre justo y compasivo. Porque su ira me daba miedo,
y en cambio... ¡Cállate, no lo entiendes!
Sí, lo he entendido a la perfección,
tu indignación murió en los brazos de la emperatriz,
te sonrió, y caíste a sus pies. ¡Que te calles!
Has profanado la memoria de Celso con ese abrazo,
con tu cobardía has traicionado todo. ¡Te he dicho que te calles!
(GIME)
¿Te he hecho daño?
Perdóname.
Eres tú quien debe perdonarme he hablado demasiado,
y he dicho cosas que ni debería pensar.
Ahora, ve a acostarte.
Tengo que quedarme solo.
(Música)
¿Me habéis hecho llamar?
Espero no haberte despertado.
Aquellos que temen la venganza de la muerte, no duermen.
Creía que eras un hombre valiente.
Mirad mis manos, arden como si las sostuviese sobre el fuego,
es la sangre de un amigo. Esas manos me han salvado la vida.
Tú y yo compartimos el mismo secreto, y la misma sangre.
Estamos hechos el uno para el otro.
(Música)
Si Lucio Máximo te pregunta cómo murió Aulo Celso,
debes decirle que Aulo Celso se suicidó.
¿Y si no me cree?
Tiene fe en ti, te creerá,
más de lo que cree en mí.
Messalina, sabéis que yo siempre os he amado,
siempre he obedecido todos vuestros deseos.
Por favor, parad, deteneos ahora, que aún estáis a tiempo.
(RÍE)
¿Por qué debería detenerme ahora, ahora que sé que me amas,
que empieza una nueva vida para nosotros?
(Música)
Despacio, despacio, bajadlo. Esto es, vamos.
Ahí construiremos una magnífica escalera,
y aquí, un estanque maravilloso, y ahí detrás,
plantaremos un montón de árboles. La cantera está muy cerca de aquí,
tendrá usted la mansión de un sátrapa y le costará muy poco.
-Si la tierra no me hubiese costado 100 veces más que su valor...
-La emperatriz siempre logra los precios más altos.
-Oye, ¿quién ha mencionado a Messalina?
-¿Ves dónde acaban las tierras
que habían de ser para los veteranos?
-¿Te habías creído esa historia?
-Máximo dijo que las tierras serían para nosotros.
-Son todos iguales, y Lucio Máximo, peor que ninguno.
-¿Y tú qué tienes que decir, comandante?
-Ah, dejaos de charlas.
-¿Lucio Máximo también te ha abandonado?
-Meted las narices en vuestros asuntos.
-Que estúpidos son los animales, fíjate en esa paloma,
en lugar de escapar prefiere quedarse como prisionera
en una casa donde le aseguran la comida.
Oye, ¿no tienes otra cosa que hacer
que no sea regarme como a las flores?
Cómo te pones por unas gotas de agua. ¿Para qué construiste una fuente
si te da miedo mojarte? Geta, me alegro de verte.
¿Qué te ha pasado, estás enfermo?
No es nada. Tengo que hablar contigo, Lucio Máximo.
Yo ordené que matasen a Aulo Celso.
¿Qué estás diciendo? No, no es nada.
Bajo mi mando se han cometido actos violentos,
y yo lo he permitido,
me he enfrentado a todo el mundo faltando a mis principios.
(Música)
Messalina...
Me ha involucrado con su belleza, ha destruido...
Mi honor con toda su lujuria. Deberías ocuparte de tu vida.
No necesito nada, solo necesito tu perdón.
El veneno que he tomado ya está apagando mi vida.
Escucha, Lucio, Messalina quería que yo te convenciese
de que Aulo Celso se había suicidado.
Espero que me perdones.
Y cuando hablen mal de Geta,
al menos una persona sabrá
que supe que me equivocaba.
(Música dramática)
Los dioses han sido generosos al permitirme verte,
y hablar contigo.
(Continúa la música)
Os lo imploro, tribuno, Messalina no quiere ver a nadie,
va a castigarme. Le he traído un regalo.
¡Por favor, por favor! Tiene que verlo, no puede negarse.
Déjame tranquilo. ¡No podéis entrar, por favor!
Soltadle.
Perdóname, Lucio Máximo, me he visto obligado a tomar prestado
de nuestro mutuo enemigo una táctica tan poco cívica.
Sé por qué has venido a palacio,
y también sé qué le has traído a Messalina.
Yo también le profesaba un gran respeto a Lucio Geta.
Debe ver al hombre al que condujo al suicidio.
Es probable que no salieses de aquí con vida
después de enseñarle ese cadáver.
Tienes las manos limpias, Lucio Máximo, eres un soldado,
y Roma te necesita ahora más que nunca.
Tus legionarios se han dispersado, vuelve a reunirlos
y asegúrate de que estén preparados.
Vete, Lucio Máximo, y no tengas más dudas.
Sabes que lo que te pido es por el bien de Claudio
y del imperio.
Hablaré con Messalina en tu nombre.
Perdonadme, augusta señora, por atreverme a molestaros.
Pero lo que vengo a mostraros bien merece algunos segundos
de vuestro valioso tiempo.
Nunca he apreciado la ironía. ¿Qué es lo que quieres?
Hoy, augusta señora...
(Música tensión)
La historia vuelve a repetirse, aunque sus signos sean diferentes.
¿Recordéis una mañana en la que me llamasteis
para recoger un cadáver?
Era el signo de que Messalina había nacido.
Ahora, el cuerpo de Lucio Geta, a quien obligasteis a suicidarse,
podría suponer que vuestro reinado, augusta señora, se termina.
¿Cómo te atreves? Te haré pagar por esas palabras.
No, Messalina, ni siquiera os lo podéis creer.
¿Sabéis quién ha traído este cadáver aquí?
No me lo creo. ¡Sí, él!
Me pidió que os dijese que este es un regalo digno de vos,
dijo que mujeres como vos, Messalina, no merecen vivir ni ser amadas,
y que os veréis obligada a vivir el resto de vuestros días
rodeada por el odio y el desdén.
Dijo que cada recuerdo vuestro le avergüenza,
y lamenta no haber caído en la batalla como un soldado.
¡Ya es suficiente, Narciso!
Sufrirás mi venganza por esto, y también la del césar.
No puedes permitir que me insulten de este modo.
¿Qué quieres que haga, que mate a Narciso?
Sí. ¿Crees que con eso
lo arreglarás todo? Tienes que hacer algo,
tienes que defenderte. Solo hay un modo de resolver esto,
sin embargo, debo estar seguro de que te tendré a mi lado.
¿Qué quieres que haga? Olvidar las intrigas,
dejar atrás tus crímenes, odios, conspiraciones y traiciones.
¿Quieres abandonar el trono y el imperio?
¿De qué sirve este poder, Messalina?
¿Eres capaz de agarrar con tus manos el agua o el aire que respiras?
Es algo que persigues continuamente y que siempre te esquiva.
Pero no puedes rendirte así, Geta ha muerto,
la guardia pretoriana se ha quedado sin jefe,
será sencillo para los nobles derrotarla, ¡haz algo!
Debería tener fuerzas para abandonarlo todo
y regresar al disfrute del espectáculo del sol
alzándose tras las colinas, o de las flores que brotan.
En Capri hay una villa que pertenecía a Tiberio,
puede que allí encontremos consuelo a nuestros espíritus.
Escúchame, Messalina. ¿Por qué no vienes conmigo a Capri?
Estás loco, césar.
Pero no pienso seguirte en tu locura.
(Música tensión)
(SUSURRA) Cayo Silio...
(SUSURRA) Cayo Silio...
Tú, Messalina. Sí, soy yo. No sueñas.
¿Y qué ha traído la mujer del césar esta vez?
¿Un nuevo regalo? Esta vez mi regalo es Roma.
Tú y yo juntos obtendremos el apoyo del pueblo.
¿Y Claudio? En Capri, o en el campo.
No, Messalina, los exilios son peligrosos.
Pueden reavivar la nostalgia y originar lamentos,
despertar esperanzas y deseos de restauración.
Está bien. ¿Qué quieres que haga con él?
Los muertos son menos peligrosos.
Si Claudio muriese, el pueblo se rebelaría.
¡Eso debe suceder! Su muerte se convertiría
en el símbolo de nuestra rebelión, buscamos un acto de justicia.
No tramamos la conquista del mundo. Es peligroso. Espera.
Ha de haber otra solución. Claudio debe morir.
Solo en ese caso, uniré mis fuerzas con las tuyas.
Cuando te hayas decidido, enciende el gran brasero
de la terraza de tu estancia, esa será la señal
que estaré esperando.
Al fin, podremos marchar juntos como siempre he deseado.
No podría arreglárselas sin mí para mantener la casa en orden,
ya me entiendes. Nunca ha tenido sus cosas tan bien,
sus armas resplandecen y sus sirvientes
han dejado de robarle.
¿Sabes? Estoy contenta de que el amo me haya acogido en su casa,
algunas veces no le entiendo, pero tú has sido su amigo
durante muchos años y contigo, tal vez...
-Me gustaría saber por qué insistes en llamarle tu amo,
no eres su esclava. -Escucha, todos los hombres
se dividen entre amos y esposos, y me temo que Lucio Máximo
siempre será solo un amo para mí. -¿Por qué tiene que serlo?
Eres un poco pesada, pero si tenemos en cuenta el resto,
no estás nada mal. -Gracias.
¿Pero has visto a Messalina? Es el tipo de mujer
que gusta a los hombres, y no puedo conseguir
que cambie de gusto ni por todo el oro del mundo.
-Olvídate de Messalina, fue una mala decisión,
pero ahora ya está todo acabado.
Así que ya es hora que hagas que la olvide.
-Escucha, que nadie pase por aquí. -¡No puedes entrar ahí!
-¡Pero si es mi casa! -Es la casa del cónsul,
Lucio Máximo. -¿Qué ocurre?
No le habrá pasado nada. -Nada por el momento.
-Vuelve aquí.
No hagas ninguna tontería.
Es una visita oficial, por eso lleva tanta escolta.
-Messalina, debí imaginarlo. Naturalmente, no podía dejarlo
en paz. Caerá otra vez en sus redes. -Esperemos que no.
Lucio, por favor, vuelve conmigo.
¡Por favor, no me dejes sola ahora o haré algo desesperado!
Lucio, eres el único que puede ayudarme.
No es posible, ahora ya no es posible.
Yo siempre te he amado, pero es un pecado
que espero que me sea perdonado. Ahora ya no puedo sentir compasión.
¿No es suficiente que venga aquí y me arrastre a tus pies
como una pordiosera de los suburbios?
Incluso allí, las mujeres son mejores que tú.
Recuerda, todavía soy la mujer del césar.
Entonces, ordena que me maten.
¿Qué debemos hacer, queréis que lo arrestemos?
Y que lo matéis, di a tus hombres que entren.
Sería preferible... -Dejad tranquilo a Lucio Máximo.
¿No os basta con arruinar su vida? ¿Cómo te atreves a hablarme así?
¿Quién eres y qué relación tienes con él?
No lo sé todavía, pero sé que le quiero más
de lo que haya querido a nadie, daría con gusto mi vida por él.
Te daré la oportunidad de satisfacer tus deseos
antes de lo que crees. Arrestad a esta estúpida cría.
¡Quietos, soltadme, soltadme!
(Música acción)
(Relincho)
¿A qué estáis esperando? ¡Seguidle, vamos!
(Continúa la música)
Por el momento estamos a salvo. Ha sido una espléndida carrera.
No había disfrutado de un paseo así en toda mi vida.
No puedes olvidarla, ¿verdad?
Es cierto que es muy hermosa, no como yo, pero no te imaginas
cuánto cremas orientales utiliza para estar así de guapa.
Por otro lado, si yo saltase a una fuente, me quedaría como estoy.
Tienes razón, Silvia, tú tienes más dones que ella.
Tal vez los tenga, pero es de ella de quien estás enamorado.
¿Crees que no me importa? Para una mujer enamorada lo es todo.
Silvia, no sabes lo que estás diciendo,
yo ya no amo a Messalina.
Tú eres muy mona y algo caprichosa, pero por encima de todas las cosas,
una niña. Oh, Máximo, estoy cansada
de que todos me llamen siempre niña, tengo 17 años.
Y estoy enamorada de ti. La vida no es tan simple como eso,
no puedes resolverlo todo con un par de palabras
y tu tierno sentimentalismo infantil.
Sí se puede, las cosas deben arreglarse así
porque es la única manera. Escúchame un momento,
solo un momento, mi pueblo está a punto de marcharse a Marsella,
subiremos a bordo de un barco y huiremos de esta terrible ciudad
que es tan corrupta. Puedes venir con nosotros,
viviremos juntos y seremos felices para siempre.
No, Silvia, no puedo dejar Roma ahora.
Aún hay más intrigas, tal vez más venganzas y matanzas.
¿Cómo voy a casarme con un hombre que solo piensa en matar gente?
¿Quién ha dicho nada de casarnos? Lo digo yo.
¿Pero qué esperabas? ¿Que me iba a enamorar de un hombre
sin pensar en casarme?
(Pájaros)
Pero soy una chica desafortunada, si quieres saber la verdad,
y tú, tú eres un soldado. Una chica no debería fiarse de un soldado,
mi abuelo lo decía. Y tenía razón,
no te fíes de un soldado, no te fíes de mí,
ni tampoco de alguien que solo piensa en matar.
Ahora, espérame aquí. Muy bien.
¡Glauco! Marcio, Máximo está aquí.
No esperaba que vinieses hoy, deben de haberte enviado los dioses.
Marcio tiene las armas y quiere hablar contigo sobre los caballos.
-¿Quién es esa cautivadora ninfa? Una pequeña cristiana.
Voy a confiártela a ti, llévala de vuelta con su gente.
Ven conmigo, debemos avisar a todos para que se mantengan en alerta,
puede desatarse una crisis en breve.
Quiero quedarme contigo, puedo ayudarte.
No, pequeña, tú quédate aquí, nos esperan tiempos difíciles.
Hasta siempre.
(Música)
Llévale esto a Valeria Messalina.
(Trompetas)
Durante mi ausencia quedarás al cuidado de Roma,
mantente alerta y asegúrate de que se respeta el Estado
y las vidas de sus ciudadanos. -No descansaremos, césar,
Roma estará ansiosa por vuestro regreso.
-Ve con Messalina, Narciso, habla con ella, pídele perdón
e intenta convencerla de la futilidad de sus planes.
Puede que todavía seamos capaces de ser felices juntos.
(Tambores)
Claudio se marcha, divina Messalina, se va a Aquilia con una escolta
a inspeccionar las obras del acueducto.
¿Estás listo? Me llevo a guardias pretorianos
de mi confianza. Atacaremos a la comitiva por sorpresa
en las cascadas. Antes de la noche, todo habrá acabado.
Toma, tus hombres lucharán mejor con esto.
Para mí no habrá mayor recompensa que la alegría de ganarme
vuestro favor. También tendrás eso, Fantes,
ya he solicitado que te nombren jefe de la guardia.
Ahora, vete, y que la fortuna te acompañe.
(Música tensión)
¡Alto ahí! ¿A dónde vas? -Iba a volver con mi ama.
-¿Quién ordenó que ese brasero se encendiese?
-Yo no sé nada. Me das demasiada importancia,
no soy más que una humilde sirvienta, no tengo ni idea.
-Me estás engañando, eres una mentirosa.
¿Qué es eso que escondes detrás de la espalda?
¿Qué estás haciendo? ¡Toma!
(GRITA) ¡Ah! ¡No!
-(GRITA) ¡Habla, dime!
¿De dónde venías? Era un mensaje de Messalina, ¿verdad?
¿Quién lo escribió, quién te lo dio?
¡Confiesa! Esa repentina salida de Fantes y su guardia pretoriana,
¿qué sabes? -(GRITA) ¡No, no!
-Venías de casa de Cayo Silio, ¿no es cierto?
-(GIME)
-¡Habla! -No.
(GRITA)
-¡Habla! -¡Basta, lo contaré todo!
La guardia pretoriana va a atacar a Claudio junto al río.
-Hay que avisar a Lucio Máximo de inmediato.
(Música)
(GRITAN)
(Música tensión)
¿Qué ha pasado? -Nos están atacando.
¡Rápido, vayamos al salto de agua!
-¡Pretorianos, al ataque!
(Música acción)
¡Defended ahí al emperador!
(Continúa la música)
¡Vosotros, cerradles el paso!
¡Dirigidles a las rocas!
(Continúa la música)
¡Alto, bajad de los caballos!
-¡Vamos, seguidme!
(Música acción)
-Dejadme ver quiénes son. Los pretorianos.
Ellos nos subieron al trono, y ahora han venido a darme muerte.
Ah, qué cierto es, ser contradictorio es muy característico
de la naturaleza humana. Sigue leyendo.
-Daba un paseo en la vía sacra pensando en cómo...
-¡Atacad!
(Continúa la música)
(Música, trompetas)
¡Al ataque!
¡Adelante!
¡Nos están atacando, estamos rodeados, subid a los caballos!
¡Rápido, retirada!
(Música acción)
(Música tensión)
(Música)
Hemos llegado a tiempo, Claudio, estáis a salvo.
(Continúa la música)
Tú, mensajero.
Rápido, ponte un uniforme de los pretorianos
y corre a Roma a casa de Silio. Vas a decirle que le llevas
un importante mensaje y que te ha enviado Fantes.
-De acuerdo.
-¿Qué estás haciendo?
-Tened confianza en mí una vez más, divino Claudio.
-Te lo agradezco, Lucio Máximo, te debo mi vida
y la del imperio. Regresemos a Roma,
este día tiene que dar mucho de sí.
(Continúa la música)
Fue una corta pero violenta batalla. Claudio ofreció su cuello
sin temor a la espada que le atacó y apenas sufrió.
Fantes se encargó de todos los supervivientes.
Nadie conocerá nunca el origen de esta masacre.
-Roma es nuestra, divina Messalina.
Ahora se abre una nueva era para Roma,
y la fama de Julio César se verá eclipsada.
(Música, risas)
¡Brindemos por los placeres de la Roma imperial!
¡Y por tu victoria, Messalina!
-¡Por la nobleza! -Al fin tenemos un emperador...
-¡Por los dioses!
Siempre imaginé así el día de nuestro triunfo, Messalina.
Ahora, gracias a nosotros, los nobles y el pueblo marcharán juntos
por primera vez en la historia de Roma.
Bebamos por la prosperidad de Roma, con el mejor vino del imperio.
(Continúa la música)
¡Oye, Silio, oíd todos, nos han masacrado en Aquilia,
Fantes está muerto y Claudio está vivo, vivo!
(Gritos)
Messalina, vete y regresa a tus aposentos.
Mantened la calma, a vuestras armas, no os quedéis parados como estatuas,
preparaos para un ataque. ¡Pretorianos, apostaos
en todas las entradas, que nadie entre!
Tú, corre la puerta principal y asegúrate de que los guardias
resisten hasta el último aliento. ¡Rápido!
(Música acción)
¡Toma, lucha como un hombre!
¿A quién quieres matar, Lucio Máximo?
Tu espada ya está goteando sangre,
también tú has matado por Valeria Messalina.
Aquí no estamos en el campo de batalla,
donde quien mata es un héroe,
aquí está el tirano que mata al tirano,
y así será para siempre mientras en Roma haya un emperador.
Se ha acabado, Lucio Máximo,
se ha acabado para mí, pues me estoy muriendo.
Y también para vosotros, que debéis seguir viviendo.
(Música dramática)
(Música tensión)
¿A qué estás esperando? ¡Mátame!
Debes morir como has vivido. ¡No!
No, Narciso, mi muerte es tu responsabilidad,
debes matarme tú mismo.
No voy a ayudarte a hacerlo.
Vamos, cumple tu venganza. ¡No la mates!
(Música dramática)
Lucio, Lucio...
Solo tú me amaste de verdad.
Y yo...
Solo te quise a ti.
(Continúa la música)
Tenía que morir para que Roma pudiera vivir.
(Continúa la música)
A este precio,
sería mejor que Roma muriese.
(Continúa la música)
Aleluya.
Aleluya.
Aleluya.
Ave María.
Aleluya.
¡Silvia, Silvia!
¡Silvia!
(Música sacra)
Mis plegarias se han oído, ya no tengo más que pedir.
(Música)
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