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Bajo el cielo de Roma
Roma 19 de julio de 1943
En estos tiempos de oscuridad, oh, Señor,
eres mi única luz.
Cuando me siento débil, eres mi fortaleza.
Cuando me siento solo,
estás a mi lado.
Vamos, Sara.
¿Vienes? Es tarde.
Está bien, me voy. Puedes quedarte aquí.
La misión de la lglesia recae en los hombres,
con todas sus debilidades, incertidumbres, temores...
Miedos de responder,
porque sentimos al demonio sobrevolando,
listo para atacar.
(transmisión de radio) Estamos recibiendo informes de que la ciudad de Roma
ha sufrido un fuerte ataque aéreo de bombarderos estadounidenses.
Es difícil evaluar...
¡Santo Padre!
Su Santidad,
debe de ser San Lorenzo, la estación de trenes.
Prepare el coche.
No estará pensando en salir, ¿verdad?
Es peligroso.
¿Y si hay nuevos bombardeos?
Llamaré a la Policía italiana para organizar una escolta oficial.
No llame a nadie.
¿Dónde está mi bebé?
El Papa...
¡El Papa, el Papa!
Dios te bendiga, hija mía.
¡Atrás, por favor!
¡Basta, basta todos, por favor!
¡Atrás! ¡Atrás, por favor!
Citaré al embajador de inmediato
y me pondré en contacto con el general Eisenhower.
Presentaremos una protesta formal.
Su Santidad...
No es mi sangre.
Es la sangre de Roma.
Esto no volverá a suceder, Montini...
Nunca más.
Dos meses más tarde 8 de septiembre de 1943
Aquí tienes.
Regresa pronto, hay más para entregar.
Apúrate.
¡Diario, diario!
¡Lean sobre el armisticio!
- ¡Diario, diario! - Está escrito.
¡La guerra ha terminado!
Gueto judío
¡ltalia firmó el armisticio! ¡La guerra ha terminado!
¡Consigan su diario aquí!
Aquí tiene.
¡La guerra ha terminado! ¡El armisticio!
Ricardo.
Ricardo, despierta.
Vamos, dormilón.
¿Qué hay para desayunar?
Adivina.
Pan blanco.
¡Mermelada...
leche...
chocolate y pastel de manzana!
Estuviste cerca.
Caldo y pan de centeno.
¡Ah!
Vamos, vamos.
Más tarde saldremos y tal vez encontremos un poco de regaliz.
¿El suave?
Sí, pero sólo si llegas a lo de papá antes que yo.
No olvides tu libro.
¡Espera!
¡Eh!
- Buenos días, profesor Boni. - Buenos días. ¡Ah!
- Lo siento, profesor. -Ten cuidado.
Todo el tiempo.
¡Toma esto!
¡Pequeño granuja!
¡Hiciste trampa!
¡No!
¡Gané!
Eso es lo que crees.
Eso no cuenta.
Por supuesto que cuenta.
Buenos días, papá.
Buenos días, Ricardo.
Papá...
No olvides cerrar la puerta del negocio con llave cuando estás adentro.
Mmm, siempre lo olvido.
Mira esto.
¿Qué opinas?
Mmm, está bien.
Tienes razón.
Es solo el primer intento.
Tengo que seguir mejorándolo.
Ahora que la guerra terminó,
¿los pases siguen siendo necesarios?
Hice promesas a mucha gente.
Siempre las noticias.
- Baja el volumen. - Me están esperando.
Eres un hombre tan bueno.
Demasiado bueno.
Cuando termine con todos estos
haré otros tres para nosotros.
Amas tanto a Roma que nunca te irás.
Aquí... para el arroz.
¡Apúrate!
De lo contrario, se acabará como la última vez.
Y tráeme un poco de tabaco ya que estás.
Sí.
- Vamos, Ricardo. - Está bien.
Aquí tiene. Uno y medio.
¿Puede ser un poco más?... Para el bebé.
Por favor, Juan.
Eres responsable de alimentarlo.
Gracias.
El siguiente.
Miriam, llegas tarde.
¿Cómo está?
Tiene tanta hambre que no puede dormir.
Bueno, si necesitas algo...
Necesito que los estadounidenses se apuren
y traigan toda la leche en polvo que tienen.
Tengo que irme.
Basta, David.
¿Basta qué?
Deja de hacer preguntas estúpidas de una buena vez por todas...
- ¿Estúpidas? - Sí.
¿Quieres saber qué es estúpido?
No de ti.
Estar parado en esta fila, eso es estúpido.
Es legal, no estúpido.
Vamos, dime qué necesitas.
Te lo conseguiré. Te hago un buen precio.
Eso es lo que eres.
¿Qué cosa? ¿Un héroe fascista?
No, un ladrón.
Sí, robo besos.
¿No te parece que vas demasiado rápido?
Buenos días. ¿Cómo estás?
Bienvenido a Roma, general Wolff.
No sea tan diplomático, embajador Weizsacker.
Estoy aquí porque perdí los favores del Führer.
Todos los saben.
¿Esta es la oficina que preparó para mí, general Stahel?
Espero que la apruebe.
Lo haré, por ahora.
Le presento al capitán Von Gödel.
Está aquí para controlar que se apliquen aquí
en ltalia los mismos procedimientos
que en otros países ocupados.
Estimamosque se esconden en Roma
cerca de 10,000 judíos.
Muchos llegaron hasta aquí desde otras partes de Europa.
Hasta ahora, Roma les ha brindado refugio,
pero pronto se convertirá en su trampa.
¿Cuál es el plan?
Primero tenemos que entregar su oro como una forma de rescate.
¿Y una vez que lo entreguemos?
Como sabemos, la solución al problema judío
es una prioridad absoluta para el Führer.
Perdón, pero me gustaría señalar que Roma
es la sede del Papa.
Perseguir a los judíos debajo de su ventana podría...
¿cómo decirlo? ...irritar su sensibilidad.
¿Y qué?
Como mucho, el viejo cuervo graznará un poco.
Creo que está subestimando al hombre, general.
¿Por qué?
¿Conoce la encíclica Mit brennender Sorge?
Una de las peores humillaciones para nuestro régimen.
La escribió en Roma el cardenal Paceli,
con la colaboración de sacerdotes alemanes
que se oponen al nazismo.
El texto se envió a todos los obispos de Alemania.
lmprimieron todas las copias en secreto
y las entregaron a ciudadanos fuera de toda sospecha.
Las entregaron en todas las parroquias de Alemania.
El texto se entregó a los párrocos
y lo escondieron en un lugar seguro.
Cuando nos enteramos, ya era demasiado tarde.
''Entonces vendrá el día en que, en vez de prematuros himnos
de triunfo de los enemigos de Cristo, se elevará al cielo
el Te Deum de la liberación...''.
La encíclica se leyó de forma simultánea
desde los púlpitos de 11 ,000 iglesias.
''...Un Te Deum de acción de gracias y de júbilo,
porque el pueblo alemán, habrá regresado a la religión
y doblará su nuevamente su rodilla en presencia de Jesucristo
y se dispondrá a luchar contra los que niegan a Dios...''.
Eso fue el 21 de marzo de 1937.
Como sabemos, el Führer se enfureció.
El hombre que inspiró, planificó y llevó a cabo todo esto...
es el actual Papa.
Yo no lo subestimaría.
Tenemos el control de Holanda, Francia, Polonia.
El Vaticano tiene el tamaño de un estadio de fútbol.
¿Cree que sería tan difícil atacarlo?
Quiero más controles de seguridad armados
alrededor de los muros.
Debemos tener una visión clara de sus posiciones y movimientos.
Su Santidad.
Comandante Von Altishofen.
El monseñor Montini me dice que necesita que confirme
mis órdenes por escrito.
Sí, Su Santidad.
Se las confirmo en persona.
Bajen los fusiles.
No deben usarse armas bajo ninguna circunstancia.
Pero, Su Santidad, ya han tomado Roma.
En poco tiempo los alemanes
querrán también el Vaticano.
Si no los detiene el respeto por estas santas vestiduras,
¿cree que sus armas lo harán?
Y si atacan, ríndanse.
No quiero que haya un baño de sangre por mí.
Aquí están, Su Santidad.
Ahora esa línea blanca es lo único que
nos protege de ellos.
¡Toma!
¿Cuánto quieres por esto?
No, Lia, no voy a vendértelos.
¿Por qué no?
Una chica tan bella como tú...
no puede usar menos que esto.
¡Vamos, damas y caballeros!
Con los alemanes en la ciudad,
no sé cuándo podré conseguir más cosas.
¿Los alemanes?
Creí que el armisticio era una buena noticia.
Pero nos ha puesto en sus manos.
¿Y qué cree que harán, profesor?
¿Quién sabe?
En el peor de los casos, nos llevarán a algunos
de los más jóvenes a trabajar en una fábrica.
¿Cree que eso es lo único que harán?
Has escuchado lo que dice la gente.
Bueno, son solo rumores.
No, no son solo rumores, Dante.
Mira, los alemanes tienen suficiente en su cabeza
con el avance de los estadounidenses.
No tienen tiempo para hacerlo.
No se atreverían con el papa aquí.
Es fácil decirlo. No eres judío.
Jacobo, ¿puedo hablar contigo?
- Sí, por supuesto. - Gracias.
Estás asustando a la gente con lo que dices
que harán los alemanes.
Bueno, así lo veo yo.
- Hola. - Hola, querida.
¿Cómo estás?
Todo sigue igual.
Los alemanes están concentrados en los estadounidenses
y los italianos, en las mujeres.
¿Qué tal un tango?
Mi repertorio es interminable.
¿Adónde me llevas?
Es una sorpresa.
Tienes razón. Solo les interesan las mujeres.
¿Quieres que te lleve?
Voy para el mismo lado que tú.
¿Y cómo lo sabes?
¿Hacia dónde vas?
No es asunto tuyo.
¿Puedes parar?
Cuanto antes aceptes que te lleve, más rápido te liberarás de mí.
Bueno, llévame a la universidad.
Solo esta vez, ¿sí?
¡Qué desorden!
No tuve tiempo de limpiar mi oficina.
Espera.
Los alemanes nunca entenderán las calles de Roma.
- Gracias. - Aguarda.
Tengo algo para ti.
¿Betún para zapatos?
Ábrela.
¿Estás loco?
Devuélvelo.
¿Por qué no lo quieres?
¿Por quién soy
o porque crees que es robado?
- ¡Devuélvelo! - No lo haré.
- ¿Lo compraste? - ¡Sí!
No soy tan malo.
Si estoy contigo, me convertiré en lo que quieras que sea.
Solo dame una oportunidad.
Realmente me importas.
Daría mi vida... por ti.
No bromees con eso.
No lo hagas.
Perdón por la hora.
Tuve que tomar un desvío.
No te preocupes. Las clases se suspendieron.
Los alemanes cerraron la universidad
justo cuando iba a graduarme.
Sé lo que se siente.
Lo siento...
No quiero quejarme justo contigo.
Las leyes raciales no van a durar para siempre.
Un día voy a regresar allí
y a obtener mi diploma.
Estos son los apuntes de Literatura inglesa.
Gracias, Marco.
Es casi como si mantuvieras
la universidad abierta para mí con tus apuntes.
Ya no podré seguir ayudándote.
¡Ánimo!
Los alemanes pronto se irán...
Quizás sea mejor de esta forma,
así no tengo más excusas.
¿Excusas? ¿Para qué?
Para no luchar por mi país.
Los partisanos están buscando voluntarios.
Pero nunca has disparado un arma.
Si quiero que la universidad vuelva a abrir para todos,
si quiero que ltalia vuelva a ser libre...
tengo que estar dispuesto a hacer mi parte.
35... 20.
¿Tiene licor?
¿Licor?
Creo que no.
Piense bien.
Ah, sí.
La provisión de coñac para los oficiales.
Déjeme verla.
Sabes dónde está.
Teniente Premoli...
división de Abruzzo, tercer batallón.
Queda liberado de sus obligaciones, teniente.
Pero este depósito es propiedad de la Armada italiana.
La Armada italiana ya no existe.
Ahora nosotros estamos a cargo.
Controlen el área...
Desháganse de él.
Tritúralo.
Ricardo, tráeme la letra D.
Sí, papá.
La pondré sobre la mesa.
Gracias.
¿Esperas a alguien?
No.
Vamos, Armando, abre.
¿Quién crees que es, Mussolini?
David.
Entra.
¡Heil Hitler!
Nos asustaste.
Te dije... debes usar una palabra clave.
Mi hija siempre me dice lo mismo.
Finalmente encontré la tinta.
¿Dónde la encontraste?
La robé.
Hace tiempo que no te veo...
en la sinagoga los sábados.
Los sábados no son un buen día para mí.
Míranos, David.
La guerra me ha obligado a imprimir documentos falsos
y a ti a vivir del mercado negro.
Pero cuando termine, voy a seguir vendiendo libros.
¿Y tú? ¿Qué vas a hacer?
Con o sin guerra,
el mercado negro siempre es necesario.
¿Qué sucede?
¿Por qué ustedes dos no están peleando como siempre?
Te veo más tarde, Armando.
Y confía en mí... piensa en una palabra clave, ¿sí?
¿Qué pasó?
No lo soporto.
La gente necesita tantas cosas ahora
y él se aprovecha de todos nosotros.
Y nunca se toma nada en serio,
ni siquiera la guerra.
Siempre está disconforme.
Es deshonesto y egoísta.
Tienes razón.
Pero mira la calidad de su tinta.
Listo... mira.
¡Maravilloso! Buen muchacho.
¿Está seguro de que quiere afeitarse con eso?
Esto corta la barba al mismo tiempo
retrasa su crecimiento, madre Pascualina.
Se necesitan 15 minutos para afeitarse con una navaja normal,
y tan solo cinco con esto.
Piénselo. Diez minutos más cada día.
Diez minutos más para trabajar, rezar o leer.
O incluso para dormir.
Duermo lo suficiente.
Sus pastillas.
Es un misterio.
Creamos estas cosas maravillosas
y luego nos olvidamos de quien creó a los seres maravillosos que somos.
Su sopa de pollo.
Santo Padre.
Perdón, Su Santidad.
Llegaron las cintas que estábamos esperando.
Lo siento, Su Santidad,
no pude retener al proyeccionista hasta esta hora.
Bien. Y...
No, no, no, no. Hay que asegurarla.
Estos proyectores alemanes están bien fabricados
y tienen una buena óptica,
pero si no los enrollas correctamente
pueden trabarse.
Así, ¿lo ve?
Mañana se exhibirá esta película en todos los cines de ltalia.
Todos sabrán que Mussolini está libre nuevamente
y que ya está en Berlín con Hitler.
Esto podría provocar una guerra civil.
Por un lado,
los que están listos para matar por el il Duce
y por el otro, los que están dispuestos a matar por la libertad.
Ponga la otra película.
Como dije, esto viene de los cuarteles alemanes.
Es una de esas películas de propaganda
que los nazis les muestran a sus soldados.
''No hay que sentir culpa por aniquilar una vida
que no tiene ningún valor.
Los débiles deben ser destruidos.
''No debemos demostrar piedad, tenemos que acostumbrarnos a
no demostrar piedad con la conciencia limpia.''
''De esta manera, nuestros tambores...
nuestras banderas y nuestras tropas estarán unidos...
Y nadie podrá derrotarnos.''
''¿Eres un hombre?''
''¿O dentro tuyo hay otra cosa?''
¡No!
Enciéndela.
Ya empieza radio Londres.
[transmisión de radio] Buenas noches.
Algunos meses en prisión y 1,000 liras en multas
con una sentencia suspendida.
Ese es el precio para cualquier ciudadano italiano
sin antecedentes penales...
Bueno, supongo que entonces todos somos delincuentes.
Este es el pase original.
El otro es la copia.
¿Qué te parece?
Creo que es perfecto.
Ahora todo lo que necesitamos es un sello como el del Ministerio.
Y sabemos quién puede conseguirnos uno.
Lo sé, lo sé.
¡Es un alemán!
Espera aquí.
No, espera.
Si algo sucede, sal por esa puerta.
Y no regreses.
Buenos días.
¿Dónde estaba?
En la parte de atrás de la tienda...
Me quedé un poco dormido.
No tengo muchos clientes estos días.
Usted tiene ediciones extraordinarias aquí.
Esa tiene fecha anterior al siglo XVlll,
pero aún tengo libros más raros
de mediados del siglo XVl.
¿Es judío?
Sí.
¿Hace mucho que vive aquí?
Mi familia ha vivido en Roma por siglos.
Entonces, ¿usted conoce a todos los judíos que viven en el gueto...
y a otros también?
Pero por supuesto que usted no revelaría su identidad.
Esta es verdaderamente una excelente edición.
Volveré por los libros del siglo XVl.
Dante Cimino...
Él es el jefe de la comunidad, ¿cierto?
Mira, no entiendes.
No tenemos opción. Tenemos que hacer lo que nos piden.
Dios mío, ¿cómo vamos a satisfacer su pedido?
¿Qué sucedió?
Siéntate.
¿Dante?
Dante fue citado por el comando alemán.
Le pidieron algo.
Nuestra comunidad debe entregarles a los alemanes 50 kilos de oro
o bien arrestarán y deportarán a 200 de nosotros.
- ¿50 kilos? - En 36 horas.
¿Qué?
¿Qué se creen que somos? ¿Animales?
¿Pueden comprarnos y vendernos y matarnos indiscriminadamente?
¡Miriam! ¡Cálmate!
Este no es el momento.
Ahora mismo y cada minuto que pasa significa la vida de uno de nosotros.
Concentrémonos en conseguir el oro.
Podemos establecer un punto de recolección en la escuela,
pero necesitamos encontrar un lugar seguro para guardar el oro.
Conozco uno.
El oro no los detendrá.
Y si el oro no los detiene,
¿cree que seguirán con las persecuciones?
¿Aun en Roma?
De cualquier forma, debemos responder de inmediato.
¿Con qué alemán podemos hablar?
Su embajador, Weizsacker.
Demasiado esquivo.
Directamente al Jefe de la SS, General Wolff.
Él negará todo.
General Stahel...
¿Cree que pueda intervenir?
Es el comandante militar de la ciudad.
Sí, pero ¿lo escuchará?
Dicen que es un hombre de fe.
Quizás las palabras del Papa todavía signifiquen algo para él.
General, llegó esto para usted.
Recibí esto de la Santa Sede.
Una invitación del Papa.
Qué honor.
¿Cree que debería aceptar?
¿Con quién más ha hablado de esto?
Con nadie... Solo usted.
¿Qué me querrá pedir?
Quizá deba ir y averiguarlo.
Usted es el embajador alemán ante la Santa Sede.
Usted debería saber lo que tiene en mente el Papa.
El punto no es lo que el Papa piensa.
El punto es lo que usted va a pensar después de hablar con el Papa.
No olvide quién es Pío Xll,
un Papa, que hace poco tiempo
respaldó la conspiración contra nuestro Führer.
No dejaré que ejerza influencia sobre mí.
Estoy seguro de que no lo permitirá.
Con el general Wolff, por favor.
25 gramos.
Ahora la guerra nos ha quitado todo.
Gracias.
Deberíamos usar este oro para comprar armas.
En lugar de eso, se los estamos entregando a los alemanes.
- 100 gramos. - Van a cumplir con su promesa.
Si les damos el oro, nos dejarán tranquilos.
Seguro, ¿por qué no?
Antes usted dijo que nos dejarían en paz,
que estaban preocupados por los estadounidenses.
¿Y así es como nos dejan en paz?
Yo prefiero darles un poco de oro antes que 200 vidas.
No voy a quedarme de brazos cruzados a ver quién tiene razón.
Esto es lo único que me queda de oro.
Ahora me voy del gueto.
¡Vamos, salgamos de aquí!
- Marco. - Miriam.
¿Qué estás haciendo aquí?
Vine a darles esto.
Es la única cosa de oro
que traje a Roma.
Gracias.
Yo sé que querías usarlos para tu graduación.
¿Te acuerdas?
''La muerte de cualquier hombre me afecta
porque soy parte de la humanidad...
Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas.
Doblan por ti.''
- John Donne. - Donne.
Gracias.
Eso es una ganga.
¿Qué?
50 kilos de oro a cambio de 200 vidas.
¿Eso crees?
Bueno, ¿cuánto vale tu vida, Blanca?
Depende quién la quiera comprar.
General.
Heil Hitler.
12:00, el Vaticano. Anótelo.
General Stahel.
Su Santidad.
Le advirtieron sobre mí.
Los consejos habituales que uno recibe antes de una reunión
con el jefe de un estado extranjero.
Por favor.
Viví en Alemania... durante 12 años.
Me contaron.
Y, ¿sabe una de las cosas que más me gustaron de su país?
Sus automóviles.
El 500K es el auto más hermoso del mundo.
Yo personalmente prefiero el 770.
¿Hasta dónde desea llegar, general?
¿Un pedido de oro será suficiente?
¿O tomará medidas más serias
contra nuestra comunidad judía?
Esa decisión no depende de mí.
Sí, pero seguramente le han informado.
De ser así, no estoy autorizado
para compartir esa información con usted.
¿Ama a su país, general?
He sido soldado desde los 22 años.
He luchado en Bélgica, Francia, Finlandia e ltalia.
Me han condecorado con la Cruz de Hierro de Primera Clase
y con la Cruz de Caballero.
Yo sé lo que significa amar al país.
Y todo lo que le voy a pedir es que siga haciéndolo.
Alemania necesita el amor de sus hombres,
de hombres que no manchen su honor con acciones indignas.
Entonces...
¿Le gusta Roma?
No estoy aquí por placer.
No, por supuesto que no.
Pero debe haber notado que hay algo
acerca de esta ciudad que es eterno,
como solo otra ciudad en el mundo:
Jerusalén.
En ambas ciudades la presencia de Dios
parece percibirse con más fuerza.
Mi Dios, su Dios...
y el Dios de todos los hombres.
Berlín, 1943 Cuartel de Hitler
General Wolff.
El Führer ha puesto sus ojos en Roma.
Me ordenó realizar la misión más delicada
de toda la historia del Reich...
Una misión de la que no solo dependen nuestras carreras
sino posiblemente la suerte de la guerra.
Señores...
el Führer nos ha ordenado secuestrar al Papa.
Ya están preparando un lugar apropiado
para su detención en Austria.
¿Y cuál es el propósito de su secuestro?
Usarlo como moneda de cambio.
Para extorsionar a los aliados.
Necesitaremos cientos de hombres.
La liberación de Mussolini ha demostrado lo eficaces
que son los pequeños grupos de soldados elegidos.
Pero somos conscientes de las consecuencias de
algo como esto...
El Führer nos está observando.
¿Quién de ustedes quiere decepcionarlo?
42 kilos, 356 gramos.
Y nos quedan menos de 20 horas.
Ya todos entregaron el oro que tenían.
Todavía nos faltan muchos kilos.
¿Y ahora qué hacemos?
¿A quién le vamos a pedir ayuda?
Yo sé lo difícil que debe haber sido
para ustedes pedirme ayuda.
Quizás podamos juntar más
pero no podemos arriesgarnos.
Empezaremos a organizarlo de inmediato.
Tendrán el oro que necesitan.
Sí, Santo Padre.
La comunidad estará agradecida, como yo.
Se lo devolveremos tan pronto como podamos.
''Y el Señor vino a Abram en visión, diciendo:
''No temas, Abram.
Yo soy un escudo para ti; Tu recompensa será muy grande.''
El Señor lo llevó afuera y le dijo:
''Ahora mira al cielo
y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas.''
''Y añadió:
''Así será tu descendencia.''
¿Qué diablos están haciendo?
¡Aléjate de mi auto!
Bueno, eso va a ser un poco difícil.
¡Vamos!
¡Van a destruir mi auto!
¡Dámelo!
Ponte detrás de mí.
¡Vamos, corre!
- ¡Entra ahí! - Por allá.
¡Vamos, corre!
¡Al auto!
¡Rápido!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
- Por favor, permítanos... - ¿Qué quieren?
¿No escucharon?
Esto es un convento. No puedo dejarlos pasar.
Por favor, Padre, entienda.
Es una situación muy peligrosa.
- Déjalos entrar. - Sí, Padre Pfeiffer.
¿En qué se metieron ahí afuera?
Pregúntele a Garibaldi aquí.
Tratamos de robarles un cargamento de armas.
¿Robarles a ellos?
Algunas cosas deben dejarse para los que saben cómo hacerlo.
Eran muchos más que nosotros.
Para empezar, ninguno de ustedes debió haber estado allí.
- ¡Es suficiente! - Padre, por favor.
Silencio.
Estamos buscando a dos jóvenes.
Uno de ellos usa anteojos,
que creo que están rotos.
¿Los ha visto?
Esto es un convento.
Aquí no hay nadie así.
Podrían haber entrado a escondidas.
En ese caso, si los encuentro,
se los entregaré.
Muy bien.
Será mejor que se escondan aquí esta noche,
pero a partir de mañana, no quiero volver a verlos.
Basta.
¿Entonces?
El Papa nos va a ayudar, pero con algo de suerte no lo necesitaremos.
Pase lo que pase, sabemos que todos hicieron lo mejor que pudieron.
Recémosle al Señor
por los regalos que estamos por recibir.
Alabado sea el nombre del Señor ahora y para siempre.
En el nombre de Jesús,
Satanás, que has sido derrotado por Moisés en el Mar Rojo,
sal de este hombre.
Vete.
¿Qué estás leyendo? ¿El manual de la guerra de guerrilleros?
Poemas de amor.
Exacto.
Cancionero de Petrarca.
Nunca lo había escuchado nombrar.
Aún no nos hemos presentado.
Me llamo Marco, ¿cómo te llamas?
Yo...
Bueno, gracias por lo de hoy.
Gracias por nada.
Te enviaré la factura por los daños a mi auto.
Lo siento. No sabía dónde esconderme.
La próxima vez que estés jugando a la guerra,
aléjate de mí, ¿de acuerdo?
¿Cómo puedes hablar así?
Estaba peleando por ti, también.
Yo me cuido solo, gracias.
Bueno, mientras te estás cuidando a ti mismo,
el país se está dividiendo -
la mitad del lado de los estadounidenses y la otra mitad con los nazis.
¿Con quién estás?
¿Necesariamente tengo que estar con alguien?
No, no es necesario; es tu elección.
Pero decídete rápido
porque cuando los hombres buenos no hacen nada,
prospera el mal.
¿Tú eres un buen hombre?
Lo intento.
No... tú eres un hombre rico.
¿Qué te hace pensar eso?
Tus zapatos,
el material con el que está hecha tu camisa,
tu reloj.
Mi reloj...
Aquí tienes.
Tienes razón. Siempre he tenido todo.
Así que cuando mi familia se mudó al sur para estar cerca de los aliados,
decidí quedarme aquí y hacer algo útil.
Esa fue una decisión estúpida.
Quizás, pero pensé que era lo correcto.
¿Tienes tabaco?
Es para mi padre.
¿Cuánto?
Tú decides.
¿Cuánto te debo?
Nada.
Dime cuánto te debo.
¿Por qué no aceptas el regalo?
Porque tú nunca das nada sin pedir algo a cambio.
Mira, todos están ofreciendo su propio oro.
¿Tú?
80 centavos.
Papá, me prometiste que cerrarías la puerta...
¿Qué sucedió?
Lo hicimos, Miriam. ¡Lo hicimos!
Juntamos los 50 kilos.
¿Llegó el oro del Papa?
No...
Ya no necesitamos su ayuda.
¿Y quién trajo todo esto?
No tengo idea.
Estaba en la antigua escuela, por si venía alguien.
Escuché un ruido en la parte de atrás,
fui a ver y cuando volví
alguien había dejado esto en la balanza.
¡Un ángel!
Bueno, quienquiera que sea,
200 de nosotros le debemos nuestras vidas.
Lo siento.
Ahora les hemos entregado nuestro oro
y todos están celebrando.
Pero las cosas solo van a empeorar,
y no quiero estar aquí cuando eso suceda.
No, no, no.
Necesito un lugar seguro para esconderme.
- ¿Qué tal un convento? - ¿Un convento?
David.
Lo siento.
Miriam, niña encantadora, todo está bien.
¿Puedo hablar contigo?
Estoy ocupado.
Necesito...
Necesito disculparme.
¿Por qué?
¿Vienes conmigo?
Cuando era niña,
durante años nunca subí a este puente.
¿Por qué?
Porque me habías dicho que debajo del puente había piratas
y tenía miedo de que me secuestraran.
¿Así que hubo un tiempo
en el que creías lo que yo te decía?
Sí...
Una época feliz.
¿Por qué quieres disculparte?
Vi el anillo.
Te acusé de no hacer nada por la comunidad...
y, en cambio,
ya habías hecho más que cualquier otra persona.
Eso no cambia nada.
Aún soy un ladrón.
Para mí cambia algo.
Yo siempre rechacé la idea de que fueras una buena persona...
Pero en lo más íntimo sabía que era así.
Yo...
Te amo, David.
Siempre te amé.
Espero que puedas perdonarme.
Miriam...
Dilo de nuevo.
Mi nombre.
David.
Estará bien ahora.
¡Ah, Dante!
¿Puedo tomar un poco más de vino?
Sí, por supuesto.
- Ven con nosotros. - ¿Qué tal?
Son perfectos.
Ya puede cruzar la frontera con su esposa
hasta el sur, donde estará segura.
¿Cuánto le debo?
Es solo una hoja y un poco de tinta.
- Sabe que es más que eso. - Que tenga un viaje seguro.
¿Quieres que toque una canción especial
para ti y tus ojos azules?
¿Puedes creerlo?
¿Qué dicen?
Nada.
Los estadounidenses todavía están en Cassino.
¿A cuánto queda de aquí?
Son 100 kilómetros.
- 130. - ¡Acéptenlo!
Los alemanes seguirán aquí,
así que tendremos que aceptarlos.
Bueno, ella realmente los acepta.
Humberto, ¿Tomás te paga con dinero o con licor?
No habría mucha diferencia.
¿Qué te parece un tikvà para agradecer a Dios por este día?
¿Un tikvà? No soy judío.
- ¡Eh! - Marco.
Tienes algo que me pertenece.
Tienes razón.
Toma, te lo devuelvo.
Veo que le has dado mucho uso.
No necesito un libro para eso.
Entiendo...
Sabes cómo inventar historias solo, ¿no?
Confías en la persona equivocada.
¿Estás seguro?
Eh...
¡Vamos, canten todos!
Con la bendición de Su Santidad, Pío Xll.
General.
Capitán.
Los judíos han entregado el oro.
Es hora de comenzar la segunda etapa de la operación.
Necesito algunos de sus hombres del frente.
Por supuesto.
Perdón, Madre Superiora.
Esta familia llegó hasta nosotros en busca de refugio.
Puedo llevar al hombre con los otros sacerdotes
pero las mujeres y los niños...
Este es un convento de clausura.
Lo sé, Madre, pero es una emergencia.
Pronto comenzará el toque de queda.
No puedo asumir esa responsabilidad.
Solo el Papa puede abrir un convento de clausura.
Escuche, Madre.
No tiene que asumir ninguna responsabilidad.
¡Tan solo abra la puerta y yo me ocuparé del resto!
¡Madre!
Bien... entren.
Entren, entren.
Vamos.
Hizo lo correcto, padre.
Es por eso que siempre confié en usted.
Gracias, Santo Padre.
Pero Su Santidad,
esto podría establecer un precedente peligroso.
Debe establecer un precedente.
Estamos en un estado de emergencia, Eminencia.
Debemos estar preparados para recibir a quienes necesiten nuestra ayuda.
Por lo tanto, todos nuestros institutos, parroquias,
conventos y monasterios
deben abrirse a quienes busquen refugio.
¿Se da cuenta de que eso podría dar a los militares
un motivo para que tomen represalias contra nosotros?
Sí, Eminencia, el Papa es consciente de ello.
Y es por eso que necesitamos rezar con mayor intensidad.
16 de octubre de 1943
Los pases están listos.
Hay gente esperándolos.
¿Podrás entregarlos todos?
Ah, buenos días.
Le pedí ayuda a David.
Bien, bien.
Ustedes dos por fin están juntos.
Gracias por tu ayuda, David.
Nunca hubiera creído
que me pedirías trabajar un sábado.
Bueno, solo porque es por una buena causa.
Te llevaré a la sinagoga algún día.
Eso lo veremos.
Ahora vamos.
Ve a descansar, papá.
Has estado imprimiendo pases toda la noche.
Me falta limpiar la prensa y subo.
Está bien.
Ah, ya pensé en una palabra clave.
¿Cuál es?
Tikvà.
Significa esperanza en hebreo.
Tikvà.
Vamos a separarnos.
Tú lleva los pases al gueto,
y yo voy a ayudar a papá y traer los de Trastévere, ¿sí?
¿Dónde nos encontramos?
- En el puente. - En el puente.
Eh...
¿Qué haces aquí todavía?
Te daré una mano.
Deja. No quiero verte por aquí.
Juntos lo haremos más rápido.
¡Fuera!
Tienes que estar con David, no con tu viejo padre.
Mamá no podría haberse casado con un hombre mejor.
Cada día me recuerdas más y más a ella.
Ahora ve. Te veré más tarde.
Es él... ¡el de anteojos!
¡Deténgase!
¡Alto!
¡Vamos!
Déjenlo en la calle.
Servirá de ejemplo para los demás.
¡Han recibido órdenes!
¡La primera unidad tomará el edificio este!
¡El otro lado está quemado!
¡Vamos, vamos!
¡Abran ya mismo! ¡Vagli!
- ¿Familia Vagli? - Sí.
Vístanse y sígannos.
¡Ay, Dios mío!
Estarán seguros con esto.
¡Gracias!
¡Pipolo! ¡Familia Pipolo!
¿Puedo usar la puerta de atrás?
Sí. Sígame.
- ¡Espere! -¡No! ¡Por aquí!
¡Vamos, vamos!
¡Alto! ¡Alto!
¿Qué pasó?
¿Familia Lorenzi?
Somos nosotros.
Vístanse y salgan. Tú, adentro.
¿Qué pasa, papá?
Todo está bien, ve a vestirte.
Está bien. No salgan a la calle.
Agradécele a tu padre, Miriam. Y que Dios lo bendiga.
De nada, Sra. Vasti.
¡Tú, allí!
¡Muévete!
¡Aquí! ¡Rápido, rápido! ¡Vamos!
- Los alemanes se están llevando... - ¡Calma, calma!
¡No importa cómo, salgan del gueto!
¡Dejen todo y váyanse!
Avísenles a los demás. ¡Vamos!
¡Ustedes dos, por el callejón!
Vamos, mi amor. Tenemos que apurarnos.
Sí, sí... Muy bien.
¡Por aquí! ¡Vamos! ¡Tráiganlos!
Despejen.
¡Formen una fila!
¡Levántate!
¡Vamos!
Por allí.
¡Córrela! ¡Vamos! ¡Rápido!
¡Allí!
¡No es mi bebé! ¡Solo lo estoy cuidando!
¡No es mi bebé!
¡Ahí está su madre!
¡Toma a tu niño! ¡Toma a tu niño!
Están en la fila. Córranse.
¡Muévanse! ¡Muévanse!
¡Muévanse!
- ¡Más rápido, corre! - ¡Es lo que hago!
¿Adónde vas? ¡Detente!
¿No sabes que los alemanes están por todos lados?
Si no tienes cuidado, te llevarán también a ti.
¡Suéltame! ¡Mi familia está allí!
Escúchame.
Vamos a dar la vuelta juntos
y caminar hacia donde vinimos.
¡No! Necesito verlos.
Basta.
Harás que me arresten con todos los demás.
No llores, por favor.
Ya lo verás; seguramente lo lograron.
Ahora tienes que pensar en ti.
¿Tienes adónde ir?
Busca un lugar seguro
y no salgas hasta mañana a la mañana.
- No. - ¿Lo entiendes?
Están deteniendo a los judíos. Corre.
- No. - ¡Ve a ocultarte!
¿Hace cuánto están atacando?
Cerca de tres horas. Comenzaron al amanecer.
Llegaron un sábado,
para estar seguros de que todos estarían en sus casas.
¿Adónde los llevan?
Aún no lo sabemos.
Tenemos que detener estos arrestos.
Convoca a una reunión
con el embajador Weizsacker de inmediato.
¿Cuán enérgico debo ser?
Extremadamente enérgico.
Dile...
que si estos arrestos no se detienen de inmediato,
el Papa hará oír su voz.
Esto es muy angustiante para Su Santidad.
Angustiante más allá de las palabras que en Roma,
delante de sus narices,
tantas personas deban sufrir por su raza.
Llamé al Comando, monseñor.
Parece que no solo arrestaron a judíos.
Lo que está sucediendo aquí, embajador,
es absolutamente intolerable.
Lo que está sucediendo, monseñor,
se ha decidido en los máximos niveles.
Eso no lo hace más aceptable.
La Santa Sede no desea verse forzada
a hacer una desaprobación pública.
Cualquier protesta del Pontífice solo empeoraría las cosas
y aumentaría radicalmente el número de deportaciones.
Ya sabe, monseñor, sigo esperando
que me pregunte por qué no he abandonado mi posición.
Se lo digo de forma extraoficial,
pero temo las consecuencias que podría tener incluso
una presunción de intervención de la Santa Sede.
Cada día me recuerdas más y más a ella.
Ahora ve...
Te veré más tarde.
Su Santidad...
La reunión con el embajador Weizsacker
no tuvo el resultado esperado.
Los arrestos continúan.
¿Quiere hacer escuchar su voz?
¿Su Santidad?
Un anuncio público tomaría horas,
sin mencionar sus consecuencias.
Los arrestos deben terminar de inmediato.
Solo tenemos una posibilidad: Stahel.
¿Quiere que vaya a hablar con él?
Sería demasiado llamativo.
El general se vería forzado a rechazar su solicitud.
Entonces, ¿a quién podemos enviar?
¿Hola?
¿Sí?
¿Qué?
¡De inmediato!
¡Padre Pfeiffer!
¡Padre Pfeiffer! ¡Venga!
¿Quién es?
¡El Papa!
Hola.
Cualquier cosa que pueda hacer.
Entiendo.
Sí.
Y rezaré por usted, Su Santidad.
Cuidaremos de su coche.
Estacione en el garaje.
General.
Presumo que sabe por qué estoy aquí.
No tengo competencia sobre lo que sucede.
La SS es responsable.
El Santo Padre debería saberlo.
Solo Dios sabe cuánto me desagrada todo esto.
Pero no puedo hacer nada al respecto.
Nada.
Vaya y dígale al Papa que no soy el responsable,
aunque use este uniforme.
Pero es un uniforme de general.
Son momentos difíciles, general.
Momentos de decisión
y usted es responsable de estas decisiones...
frente a Dios.
Soy alemán igual que usted.
¿Por qué no actuamos de una forma
de la que no tengamos que avergonzarnos algún día?
lntentaré llamar a Berlín.
Dígales eso.
Los arrestos no se han detenido. Llame ahora.
Por favor.
General Himmler, rápido.
Soy el general Stahel.
Aguarde afuera, por favor.
General Himmler...
Tengo cinco divisiones asignadas para rechazar el avance estadounidense
y mi tarea es suministrar la tropa.
Necesito que el Comando tome una decisión.
O uso a mis hombres para cazar judíos
o los asigno a las tropas que están en el frente.
Sí.
¿Qué quiere decir con detener los arrestos?
Sí, Reichsführer.
Dígale a los oficiales que retiren a sus hombres.
Se ha suspendido la operación.
Los refuerzos que esperábamos no van a llegar.
Sí, capitán.
¡Rápido, vamos!
El padre Pfeiffer tuvo éxito.
Los arrestos se han detenido.
Hablar con Stahel funcionó.
Recemos para que este gesto no le cueste muy caro.
Ahora debemos concentrarnos en los que están arrestados.
¿Cuántos son?
Más de mil, Su Santidad.
¿Dónde los retienen?
En la Via della Lungara.
Mientras los tengan aquí en Roma, no todo está perdido.
Tenemos que pasar por alto al embajador Weizsacker.
Tenemos que informar directamente a Berlín
que si hay más actos de violencia contra los judíos,
haré un pronunciamiento público contra el régimen.
¿Desea hacer intervenir al obispo alemán?
Sí.
Mientras tanto, trataremos de persuadir a los alemanes
para que liberen la mayor cantidad de prisioneros posible.
¿Cómo?
Nunca harán concesiones, pero son alemanes.
No podrán rehusarse
si se nos ocurre un pretexto legal.
Se ha cometido una injusticia...
Es necesario liberar a estas personas de inmediato:
personas no judías,
judíos con pasaportes de otros países
que aún no están sujetos a deportación,
niños de matrimonios mixtos.
Gracias, padre.
No regresen al gueto.
Busquen un refugio o váyanse de Roma.
- Que Dios los bendiga. - Gracias.
Que el Señor esté contigo.
Gracias.
¿Miriam?
¿Miriam?
¿Profesor Boni?
Soy yo, David.
ln nominee Patris, et Filii et Spiritus Sancti, Amen.
¿Alguna respuesta de Berlín?
Perdón, Su Santidad,
el embajador polaco ha solicitado una reunión.
¿Qué lo hace abstenerse de hablar públicamente?
El 26 de julio del año pasado...
el obispo holandés condenó explícitamente
la persecución a los judíos.
Y el día siguiente los nazis organizaron una represalia,
y arrestaron y deportaron a 40,000 judíos.
Ya había escrito un informe
en respaldo de las palabras del obispo holandés.
lba a publicarse el día siguiente.
Ni siquiera lo dudó.
Quemó el informe.
Dijo...
si mataron a 40,000 inocentes
por el informe de un obispo,
¿cuántos más matarían por el del Papa?
Trate de ponerse en sus zapatos,
sabiendo que todo el mundo
espera que se pronuncie contra Hitler,
pero que por sus palabras,
Hitler se llevaría más vidas inocentes.
¿Qué haría usted?
Sr. Lorenzi...
me gustaría mucho ver esas ediciones del siglo XVl.
Papá.
Él viene conmigo.
Espera a papá en la oficina.
Solo necesito unos minutos
para encontrar los libros que le interesan.
¿No recuerda dónde los guarda?
Lo recordaba antes de que sus hombres dieran vuelta todo.
Un poco de luz vendría bien.
Dos minutos, no más.
Papá, Papá.
- ¿Quieres ayudar a papá? - Mmmm.
Baja.
Toma los pases extras,
sal por la puerta de atrás y huye.
¿A dónde?
Lo más lejos que puedas.
Por favor, Ricardo, es muy importante.
¿Y tú, papá?
Un día regresarás, golpearás la puerta y yo estaré aquí.
¿Y tendré que decir tikvà? ¿La palabra clave?
Sí, tikvà.
Papá, Papá.
Este es el más raro.
Es de la primera mitad del siglo XVl.
Debe ser muy valioso.
Es lo más valioso que tengo.
Podemos irnos ahora.
¿Y el niño?
¿Dónde está su hijo?
Ya sabe cómo son los niños.
Uno se da vuelta un momento
y desaparecen.
Papá.
Juan...
Su Santidad...
No quise interrumpir.
No se preocupe.
¿Qué sucede?
¡Deja tu equipaje!
¡Muévete! ¡Vamos!
¡Dije que dejaras tu equipaje!
¡Vamos, vamos!
¿Por qué no me informaron?
Debían informarme
si pensaban trasladar a los prisioneros.
Usted le planteó a Himmler
que no tenía suficientes hombres para custodiarlos.
Recibí una orden de un nivel superior
de llevarlos a todos.
¡Cierren las puertas!
¡Cierren las puertas!
¿Papá?
¡Papá! ¡Papá!
¡Miriam!
¡Papá, no!
¡Miriam!
¡Papá, no!
- ¡Atrás! - ¡Déjame entrar!
¡Soy judía!
- ¡Yo también soy judía! - ¡Loca!
¿Qué estás haciendo aquí?
Ven, ven conmigo.
Ahora estás sola.
Vas a estar a salvo, te lo prometo.
¿Y bien?
El tren llegó a Alemania.
Es lo último que sabemos.
Usted hizo todo lo posible, Su Santidad.
Solo Dios podrá decírmelo.
¡Heil Hitler!
Estamos listos, general.
Si da la orden,
podremos comenzar la fase inicial de la operación de inmediato.
Buen trabajo, comandante Werner.
Esté alerta entonces.
Y cuando dé la señal, proceda
y llévele al Führer mi ofrenda personal...
el Santo Padre.
Fin de la parte 1
Bajo el cielo de Roma
Ay, Señor.
¿Y ahora qué?
Lo siento, me temo que no hay novedades.
No sabemos nada.
No sabemos dónde, por qué ni quién.
Nadie tiene ningún tipo de información.
Si supiera algo más, se los diría.
Dante.
Discúlpeme.
David...
Gracias a Dios.
¿Cómo pudiste escapar?
Por las alcantarillas.
¿Y tú?
lmprovisé.
Jacobo está aquí.
Lía también, con el hijo de Ester.
A Ester se la llevaron.
¿Por qué, mamá?
Hijo mío, tienes que ser fuerte por mamá.
Todo está bien. Yo estoy contigo ahora.
Estás a salvo, hijo.
¿Miriam? ¿Su familia?
No lo sé, lo siento.
Allá también está ese muchacho que creo que conoces.
¿Qué estás haciendo aquí?
Tú no eres judío.
¿Conoces a ese oficial alemán que estaba tratando de atraparme?
Bueno, me encontró.
Estaba volviendo a casa,
pero ellos estaban vigilando mi departamento.
Cuando llegué, me vieron
y salí corriendo... me dispararon.
Pero tuve suerte.
La poesía me salvó la vida.
Por suerte te lo devolví, ¿no?
Sí.
¿Y Miriam?
La última vez que la vi estaba en el gueto,
justo antes de la redada.
Muchos se salvaron.
No solo aquí, sino en otros lugares también.
Quizás ella esté con ellos.
Eso espero.
- ¡Mira toda esta gente! - ¿Qué podemos hacer?
¿Qué sucede?
¡Olvídese de la ayuda que les hemos dado a los comunistas
y a unas pocas almas hambrientas, Padre Pfeiffer!
Pero ahora, nos estamos olvidando de que esto es un convento.
Si no lo resuelve,
me encargaré de que los superiores lo sepan.
Escúchame.
No le dirás ni una palabra de esto a nadie.
Y...
Que no se te ocurra dejar el convento
ni usar el teléfono por ningún motivo.
Bueno, tiene razón sobre una cosa.
Soy tan solo un simple sacerdote.
Los rangos más altos tienen que decirnos qué hacer.
Los papeles, por favor.
Han aparecido cientos de ellos
y hemos tratado de recibirlos a todos,
no solo a los judíos del gueto,
sino a todos los demás vecinos también,
su Santidad.
Ahora están en Laterano, San Calixto.
lncluso en los edificios canónicos de San Pedro.
Lo sabemos.
Lo sabemos.
Su Santidad...
el territorio del Vaticano no puede invadirse
pero nuestras instituciones en Roma son un territorio ocupado.
Los alemanes podrían entrar por la fuerza en cualquier momento.
El clero no sabe qué hacer.
Están esperando una señal.
Si quieren una señal del Papa...
entonces la tendrán.
Su Santidad, por favor. Cualquiera puede escuchar.
De hecho, creo que es uno de los
medios de comunicación preferidos del Señor.
Pero los alemanes monitorean nuestras transmisiones.
Eso es cierto, su Santidad.
- ¿Ven? - Escuchen.
¿Listos?
Sí, sí.
Que Dios los bendiga a todos.
Cuántas veces tenemos que repetir angustiados
las palabras de nuestro Divino Maestro...
El Padre Pfeiffer.
...¿''Misereor super turbam''?
Creo que es...
¿Y cuántas veces tuvimos que agregar
''Non habent quod manducent''?
Ellos no tienen nada para comer.
Especialmente cuando consideramos
la cantidad de regiones devastadas por la guerra.
Y nunca dejamos de tener presente el extremo contraste
entre nuestra propia privación y la necesidad de las masas,
cuyos lamentos dolorosos y sollozos tristes
ahora escuchamos cada vez más cerca.
Nos dirigimos al mundo cristiano
con una plegaria paternal inquebrantable de ayuda y piedad.
El mismo viejo discurso.
Aquí estoy.
Me paro junto a la puerta y golpeo.
El convento les da la bienvenida a todos.
En este momento que estamos juntos,
quiero que actuemos como si fuéramos uno,
para que podamos soportar una situación muy difícil.
Pero, para que esta sociedad prospere,
tenemos que establecer algunas reglas.
Los hombres y las mujeres se hospedarán en lugares distintos.
Sé fuerte.
Adiós, papá.
Podrán reunirse en los horarios de las comidas.
Todos deberán trabajar para el bien común juntos.
Ninguno de ustedes podrá
salir del convento, por razones obvias de seguridad.
Y, por la misma razón,
no se hagan preguntas entre ustedes.
Si llegaran a caer en manos de los alemanes,
no podrán repetir lo que no saben.
Estoy seguro de que no necesito decirles que cualquier persona,
en cualquier momento,
podrá entrar aquí
y no podremos ofrecer ninguna resistencia.
Solo hay una puerta de madera que nos separa
de los asesinos, amigos míos.
Han pasado días, Su Santidad, semanas desde que esta familia judía
ha vivido en forma permanente en la rectoría de San Pedro,
a dos pasos de estos departamentos.
Si me disculpa por decirlo,
ya no somos más los amos de nuestro hogar.
Entiendo perfectamente y comparto su preocupación.
Quédese tranquilo, que me ocuparé de esto.
Estamos comprometiendo nuestra ventaja más preciada
en estos tiempos, nuestra neutralidad.
Debemos desalojar a esas familias, Su Santidad.
Nos ocuparemos de eso, Eminencia Canali.
Entonces, Su Santidad, ¿ordeno que los desalojen?
No, Monseñor.
Deje todo como está.
Está bien... Dejen eso aquí.
Ayúdeme a poner estas cosas allá.
Sí, eso es.
¡Eh, ustedes dos!
Los necesito en la cripta.
Necesitamos un lugar para esconder a un niño
en caso de que ingresen los alemanes.
Sígueme.
Lo encontraremos en las bolsas.
¿Quizás lo olvidamos?
No, lo trajinos. Estoy segura.
Tenemos que encontrarlo. Lo necesitamos.
No, tenemos que encontrarlo ahora.
David, ¿a dónde vas?
- ¡Tú también estás aquí! - ¡David!
¿No se suponía que debías salir de Roma
con los pases que Armando te hizo?
Esos pases nos salvaron la vida,
pero no puede arriesgar el viaje con mi familia.
Y Armando y su familia, ¿los has visto?
Los arrestaron...
justo delante de mis ojos.
Este estúpido pedazo de papel fue todo lo que separó
a Armando y a Ricardo de la libertad.
¿Y qué pasó con Miriam?
No, de Miriam no sé nada.
Yo solo vi que se llevaban a su padre y a su hermano.
¿Estás seguro?
A Miriam no la vi.
Ella no estaba en ese camión.
Muchas gracias.
- Muchas gracias. - Por nada.
¡Ella escapó!
¡No se la llevaron!
¿Y ahora dónde puede estar?
Voy a empezar a buscar en el gueto
y luego hablaré con todos los contactos que tengo.
Lo sé. Eso es exactamente lo que dije.
Me gustaría proponer un brindis por nuestro Führer,
y su audaz recate de nuestro fiel aliado Mussolini.
¡Por el Führer!
Espero que hayan disfrutado de la cena, señores.
¿Alguien quiere un cigarro?
Ah, no, gracias, General.
El café y el coñac se servirán en el salón.
Si me disculpan...
Regreso en unos momentos.
Entonces, básicamente, de los 10,000 arrestos previstos,
no más de 1,000 se trajeron por tren.
Nos faltan hombres.
Muchos judíos se escaparon, a otros les advirtieron con anticipación...
y no pudimos organizar todo lo suficientemente rápido.
Y aquellos que escaparon
encontraron refugio con amigos y parientes.
Ahora muchos están alojados en las iglesias
y también en el Vaticano.
No puedo entender por qué la lglesia
esconde y protege a sus enemigos declarados,
que son los judíos y los comunistas.
Esos sacerdotes, todos merecen una paliza.
Y el Vaticano debería convertirse en nuestro propio museo privado.
¿Qué tenemos aquí?
Esas manos tan delicadas.
Demasiado delicadas para este tipo de trabajo.
Ah, aquí estás.
Estaba esperándote en la otra sala.
Blanca, yo...
Shh.
¿Por qué no me esperas ahí adentro?
- Regreso en un minuto. - Muy bien.
¿Podrías dejar de ser tan estúpida?
No seas tan obstinada.
Recuerda que quieren pagar 5,000 libras
por cada judío capturado.
No pongas esa cara.
lgual vamos a estar mejor aquí que si nos secuestran como a los demás.
Yo preferiría estar muerta antes de quedarme acá.
¿No sientes vergüenza?
¿Vergüenza? ¿De qué?
De disfrutar la vida en lugar de esconderme como una rata.
Me voy a reunir con algunos partisanos.
Quizás puedan decirnos algo.
¿Cuándo nos reuniremos nuevamente aquí?
En exactamente tres horas.
Bien. Buena suerte.
A usted, general, no se lo molestará más durante la tarde.
Puede ir a su casa.
Supongo entonces que el tema de su conversación
no me atañe.
Déjeme adivinar...
¿es Su Santidad el objeto de esta reunión?
Posiblemente.
El Pontífice me ha citado.
Podría entregar un mensaje en su nombre, general.
No será necesario.
Creo que el Papa tendrá noticias nuestras muy pronto.
Mándele mis saludos.
Si me disculpa.
Armando.
¿Tomás?
- ¿Umberto? - David.
¡Me asustaste!
¿Qué estás haciendo aquí?
Ah, solo necesitaba un trago.
Esta noche toqué en la villa.
Ese es un lugar aterrador, créeme.
¿Quieres un poco?
¿Y tú? ¿Qué estás haciendo aquí?
Estoy buscando a alguien.
Sí... como todos en estos días.
Miriam...
¿La hija de Armando?
Yo sé dónde está, pero no te va a gustar saberlo.
Vamos.
Me reuní con los partisanos.
Cada día nos fortalecemos más y más.
Me contaron sobre algunos lugares donde se están escondiendo los judíos.
Quizás podríamos ir a verificar.
No es necesario. Yo sé dónde está.
- ¿Ah, sí? - Sí.
¿Qué quieres decir con los alemanes?
¿Qué está haciendo ahí?
No lo sé... solo está ahí.
Se fue con una de las chicas del gueto, Blanca,
pero no sé por qué.
¿Y cómo vas a hacer para sacarla de ahí?
Todavía no lo sé...
Pero te juro que la voy a llevar de nuevo a su casa
aunque me cueste la vida.
¿A dónde van?
¡Dios! Padre...
Está peor que los alemanes.
Soy alemán.
¿Qué están haciendo levantados?
Ah... ¿qué estamos haciendo?
Nosotros... nos levantamos temprano para ir a trabajar.
No tiene idea todo lo que queda por hacer.
Bien... Vamos.
Usted sabe, general, que tenemos
grandes y pequeñas instituciones diseminadas en los alrededores de Roma.
Nos gustaría que estas instituciones se declaren inviolables.
Como usted sabe, Su Santidad,
esos acuerdos de extraterritorialidad comprenden al Vaticano
y a unas pocas instituciones más.
Sí, pero hemos logrado que se declare a Roma
una ciudad abierta.
lncluso los aliados aceptaron esto.
Usted está hablando de un castillo de arena, Su Santidad.
Los aliados no dudarán en destruirlo,
al igual que nuestra gente.
Hablemos, general, sobre lo que somos
y no sobre lo que representamos.
Somos seres humanos.
¿No está de acuerdo con que todo hombre
conlleva la responsabilidad del mundo entero
sobre sus hombros?
Yo no soy una persona que elude sus responsabilidades,
Su Santidad.
Pero lo que me está pidiendo tiene un precio muy alto.
Es por eso que rezo por usted, general.
Soy consciente de lo que pasa a mi alrededor,
lo que algunos de sus colegas tienen en mente para mí.
No puedo decir una palabra, Su Santidad.
Ante todo, soy un soldado del Reich.
No es necesario que diga nada.
Puedo ver a través suyo como si fuera un cristal...
Y veo a un creyente,
que en este momento recibe el ruego del Papa.
Defienda nuestros lugares sagrados, general.
Podría pedirles ayuda a los partisanos.
Ya he visto lo buenos que son sus hombres.
Seguro, siempre tienes razón.
No, no siempre.
Muéstrales el escondite.
Aquí está.
Vamos, se los mostraré.
¿Acá adentro?
Está bien, aquí estarán a salvo.
Déjenlos solos, Padre. No puede forzarlos.
Es por su propia seguridad, por si acaso.
Quizás si no tuvieran tanta hambre no protestarían tanto.
Todos estamos haciendo lo mejor que podemos.
¡Una plato de sopa por día no es suficiente para nadie!
Es necesario alimentar y atender a estas personas diariamente
y no podemos cubrir las necesidades básicas.
Ya hemos alcanzado nuestro límite, Su Santidad.
Su Santidad, estamos hablando de cientos de miles de comidas diarias.
Los depósitos estarán vacíos en un mes.
Entonces los reabasteceremos.
Por favor, por favor.
Tenemos algunos camiones disponibles.
Los alemanes nos confiscaron 150 vehículos.
Nos quedan alrededor de 80.
Disponga un sistema de transporte.
Pero eso...
Operará todos los días para buscar harina, aceite, carne...
en Umbria, Toscana, Abruzzo...
en cualquier lugar donde puedan encontrar suministros.
Esto podría afectar las provisiones de la Ciudad del Vaticano.
Monseñor, ordene reducir nuestras raciones.
Ya lo hemos hecho, Su Santidad.
Es imposible reducirlas más.
Entonces tendremos que ahorrar dondequiera que sea posible,
en calefacción, vestimenta, combustible.
Perdón, Su Santidad, ha llegado esto urgente del comando alemán.
Lo firmó el general Stahel.
Esto significa que todos nuestros conventos e iglesias
pueden declararse extraterritoriales.
El Señor está con nosotros.
Perdón, Su Santidad,
pero declarar a todas nuestras iglesias territorio del Vaticano
es lo mismo que decirles a los alemanes
que estamos escondiendo refugiados.
Ellos ya lo saben, Padre.
Pero ahora, si quieren entrar,
deben desobedecer una orden directa emitida por su propio comando.
Les resultará más difícil entrar,
pero, por esta misma razón, si vienen
actuarán sin piedad.
Y debemos estar preparados para defendernos.
¿Cómo, Su Santidad?
Si mi madre me viera así...
La mía saltaría de alegría.
¿De qué se ríen?
¡Fuera de aquí, vamos!
Bien, bien. La entonación es correcta.
Ahora, imaginemos que estamos en peligro.
Todas deben venir rápido y cantar más fuerte...
...que estás en el Cielo,
santificado sea Tu nombre;
...que estás en el Cielo, santificado sea Tu nombre;
Venga a nosotros Tu Reino...
¿Qué sucede?
Usted tiene sus oraciones y yo, las mías.
Jacobo, no es momento de discutir.
Solo memorízalo.
¿Ahora tú me vas a dar lecciones a mí?
Eres terco como una mula.
¡Por favor, hazlo!
¡Padre Pfeiffer, aquí está!
¿Qué estás haciendo?
Conozco mi posición, ¿y tú?
Tenemos que hacerlo.
No es solo por ti, también es por nosotros.
¡No, no, no, no!
Gracias.
- ¡Padre Alfredo! - Gracias al Señor.
¿Cómo está, monseñor?
Es un gran alivio.
Agradezca al Santo Padre de nuestra parte.
Él les agradece y les envía sus bendiciones.
Que duren, padre.
A parecer, el mismísimo Papa lo ordenó.
Muchos judíos que escaparon de los arrestos
se están escondiendo en iglesias y conventos.
Stahel realmente paralizó nuestros planes
con este programa extraterritorial.
No es más que un castillo de naipes.
Si Stahel no estuviera aquí, no significaría nada.
Honestamente, señores, no creo que el general
esté entre nosotros mucho más tiempo.
Y en ese punto, tan solo necesitaremos una excusa para entrar.
Y no solo en iglesias y conventos,
sino también en el Vaticano.
Mi consejo es ponerle fin a esta iniciativa grotesca.
- Escuche... - ¿Qué iniciativa?
El secuestro de Su Santidad.
No me tome por estúpido.
Parece que esto se ha convertido en una obsesión para usted.
Entiendo que, si tiene éxito en esta tarea,
causará una excelente impresión al Führer,
pero digamos que, como están las cosas,
sería mejor garantizarnos el respeto de alguien más.
¿De quién?
¿De la jerarquía de la lglesia Católica?
¿Cómo hace usted, Herr Stahel?
Ha aceptado la derrota, si no ha cometido una traición.
Están haciendo planes dentro del territorio papal,
organizando la resistencia, ocultando judíos.
¿Realmente cree que todo esto sucede sin que el Führer lo sepa?
No.
Ya intentaron secuestrar al Papa una vez...
personas mucho más poderosas que nosotros.
Napoleón secuestró a Pío Vl en Roma,
y desde entonces tenemos un problema en Francia.
''Qui mange du Pape, en meurt''.
Quien ponga sus manos sobre el Papa, morirá.
Usted, Stahel, es el tipo de oficial
que no querría tener en mi comando.
Y creo no ser el único que siente lo mismo.
Váyase.
¡Arranca!
¿Por qué no arranca?
¿Y ahora qué?
¿Hay un mecánico aquí?
Apenas sé manejar esto.
Sí, un mecánico aquí, justo.
Es mejor que te vayas
y regreses mañana por la mañana
con alguien que sepa cómo arreglarlo.
¿Qué opinas, Marco?
Seguro... no te preocupes.
Además, no se irá a ningún lado, ¿no?
- Exacto. - Está bien.
- Hasta mañana entonces. - No hay problema.
Y gracias.
No te preocupes por nada.
- Adiós. - Adiós.
Te deseo lo mejor.
- ¡Qué lástima! - ¡Qué pena!
¡Bájense!
¿Qué hay atrás?
Vamos a ver.
Provisiones.
¿Eh?
Comida. ¡Mmm! Es buena.
¿Sí? ¿Sí?
- Está bien. - Gracias.
Déjenlos pasar.
¿Qué diablos estamos haciendo aquí?
¿No querías ser un héroe?
Un héroe, sí, pero no un suicida.
Debemos estar locos.
Vamos.
¡Ah! Pongan todo en la alacena.
Bien...
¿Podrías decirme si Miriam estuvo aquí?
Es morocha... soy su hermano.
Mira, mi jefe...
Si está aquí, está arriba.
¿Y ahora qué? ¿Nos quedamos esperándola?
¿Y si no pasa por aquí?
Voy a encontrarla.
¿Y ahora? ¿Qué se supone que haga?
Tranquila... Tranquila...
tengo un coche.
Ven conmigo, saldremos de aquí.
¿Estás loco? Vete, déjame sola.
Vendrás conmigo.
Nos matarán a los dos.
Baja conmigo ahora.
¡Eh, tú!
¿Qué sucede?
¿Qué tienes ahí?
Te hice una pregunta.
¡Eh! ¡Tú! Tráeme unos cigarrillos.
Aquí tiene.
Sigue caminando, mi amor.
Tan solo camina.
Trata de quedarte tranquila, por el amor de Dios.
- No puedo hacerlo. - Entra.
¿Por qué no me dejas en paz?
- Miriam. - Marco.
Vamos.
Está bien.
- ¿Hablas en serio? - Sí.
¿Qué sucede?
Detén ese camión.
- ¿Qué estás mirando? - Nada.
- ¿Pasa algo malo? - Eh, no.
- Vamos... - ¡Se hace tarde!
Nos esperan para el juego de cartas.
Está bien. Déjenlos pasar.
Vamos.
Detente.
Podemos tomar un atajo aquí.
Eh...
Cuando te conocí
creí que eras un soplón y un ladrón.
Pero ahora sé que mereces a Miriam.
No podría hacerte un mejor cumplido.
Nunca me presenté.
Soy David.
Vamos.
Abajo. Aquí.
Tendremos que caminar desde aquí.
Podrían detenernos en la ciudad.
Viajar en el camión es demasiado riesgoso.
Tengo un pase, pero tú no.
Los esperan para la cena.
Tomemos un atajo por aquí.
Vamos.
¿Por qué me sacaste de allí?
¿Qué esperas ahora?
Ya no importa.
Las cosas no son como antes. No soy la misma.
¿Y si aún viven? ¿Cómo lo sabes?
Cállate, por favor. Lo haces aún más difícil.
¿Y yo?
¿No significo nada para ti?
¿No comprendes por qué fui hasta allí?
Estuve siempre que me necesitaste.
Y lo sigo estando.
No dejaré que te hagas daño.
¿Está claro?
Miriam, estás viva.
¿No tienes un poco de respeto por los que no lo lograron?
¡Miriam!
¡Miriam!
¿Por qué yo lo logré... y ellos no?
¿Están locos o son estúpidos?
¿Cuál de las dos cosas?
Se salieron con la suya esta vez.
Valoro que salven una vida,
¡pero no pongan en riesgo las de otros!
No son los únicos que se esconden aquí.
Y tú...
uno de esos tipos que arreglan todo con un arma.
Ahora ve a enfermería y que te revisen el tobillo.
Miriam.
No te preocupes.
Todo estará bien.
Tendrás que mostrarles cómo hacerlo, por supuesto.
Necesitan ayuda.
Realmente no es tan incómodo.
Y definitivamente es mejor no sacártelo.
Ella está bien,
en especial con todo este movimiento de gente.
¡Miriam!
Lía.
- ¡Ay, Lía! - Miriam.
Te ves bien. ¿Cómo llegaste hasta aquí?
¿Y el bebé?
Es de Ester.
¿De Ester?
¿Y tus padres?
También están aquí. Están bien.
¿Y Armando y tu hermano?
Ay, Dios, lo siento, Miriam.
Lo siento mucho.
Asegúrate de que no llore.
Gracias.
¿Eres el herido?
Sí.
Perdón por la demora.
Tuvimos tanto trabajo con la reorganización...
tuvimos que traer a los bebés,
asegurarnos de que todos se acostumbren a su nueva función.
¿Bien?
¿Eres médica?
Tendrás que conformarte.
Lo siento, no quise...
Es solo que parecías tan...
¿Tan qué?
Joven.
Es un defecto que se soluciona con el tiempo.
No hay nada roto, es solo una torcedura.
¿Estudiaste Medicina?
Quiero decir, antes de la guerra.
No, Literatura.
¿Bromeas? Yo también.
Entonces, ¿cómo aprendiste a cuidar tobillos?
Siempre pensé que la literatura sería suficiente para mí.
Pero descubrí que hay más cosas en la vida que los libros
y ahí comencé a ayudar a otros.
Comprendo lo que dices.
No cargues peso sobre ese pie.
Lo controlaré en unos días.
Esto llegó esta mañana.
Se lo advertí.
De todos modos...
Pronto todo el infierno caerá sobre nosotros.
Es usted un hombre inteligente, Stahel.
Sabía que las cosas terminarían así.
¿Por qué lo hizo?
Si aún no lo comprende, general,
dudo que pueda explicárselo.
No creí que haríamos un trabajo tan bueno.
¿Lo ves?
Unos tablones, un poco de pintura,
y aquí lo tienes.
Si los alemanes se atreven a poner un pie en el convento
quedaremos todos atrapados como ratones.
Tienes razón.
Esconderse no es la mejor estrategia.
Tenemos que luchar con los partisanos,
al menos los más jóvenes.
¿lncluso los lisiados?
Ya no me duele.
El profesor Boni dijo que el pase le sirvió.
Podríamos imprimir uno para todos los refugiados.
¿Tú y yo?
Y Miriam.
- ¡Mamá, papá! - ¡Aquí estás!
Vamos a comer.
Su tazón, por favor.
Aquí tiene.
¡Eh! Espérenme.
No puedo seguir así, David.
No puedo comer...
Apenas puedo respirar.
Solo me siento bien cuando estoy con él.
No me pide nada.
Era de Armando.
Sabía que volveríamos a vernos
y pensé que te gustaría tenerlo.
A tu padre no le gustaría verte así.
¿Y cómo lo sabes?
No eres la única que lo conocía.
Nunca se habría rendido.
Habría luchado hasta el final.
- ¡Basta! - ¡Él amaba la vida!
Y sé que habría querido que tú también la amaras.
Necesitamos que nos ayudes a imprimir algunos pases.
Si Armando estuviera aquí, se lo habríamos pedido a él.
El frente oriental.
Lo siento, general.
No debería, Su Santidad.
Estoy acostumbrado a cumplir órdenes,
pero quería verlo de nuevo antes de partir.
Ya no hay vuelta atrás.
A partir de ahora, todos los actos serán actos de guerra.
Y quiero advertirle, Su Santidad, que debe tener cuidado.
Cuando las acorralan,
las bestias se vuelven particularmente feroces.
Estoy obligado por un juramento que no significa nada para mí,
pero hay algo que quiero decirle...
No excluya la opción de abandonar Roma pronto.
Este es mi hogar...
y la ciudad de Roma es mi familia.
¿Adónde podría ir?
Que Dios nos proteja a ambos, general.
Está bien... Vamos.
Voy a...
Alcanzar a tus amigos partisanos.
Nos encontramos al amanecer.
Está bien.
Espera...
Voy a revisarla.
Recuerdo cuando la trajeron.
¡Qué celebración!
Mi madre también estaba allí.
Nunca habíamos visto tan feliz a mi padre.
Bien...
Vamos a trabajar.
No hay electricidad.
¿Y ahora qué hacemos?
Ahora, las imprimimos a mano.
Muy bien.
- ¿Todo bien? - Sí.
No, no lo toques. Deja que se seque.
¿Y bien?
Perfecto.
Casi.
Eres buena para esto.
Podrías dedicarte a esto algún día.
¿Sin mi padre ni Ricardo?
No lo sé.
Tal vez podríamos encontrar a alguien que te ayude.
¿Hola?
¿Dónde está?
Hicimos mal en separarnos.
Gracias...
por todo.
¡Marco!
¿Estás loco?
¡Cada minuto en la calle puede costarnos la vida!
Tengo muchas cosas importantes que preparar.
lmportantes, seguro.
Pero te diré una cosa...
Si Pfeiffer nos atrapa,
ni siquiera el Comité de Liberación Nacional
nos salvará.
Por aquí.
Creíamos que podíamos negociar con ellos
mediante la diplomacia, como siempre hicimos.
Y usted pensó que eran personas
con las que se podía razonar, Su Santidad.
Pero estábamos hablando con el diablo sin darnos cuenta.
Va a llover.
No es un trueno.
El frente está cada vez más cerca.
Satán está a nuestras puertas.
Quiere deshacer todo lo bueno que hay en el mundo.
Pero no triunfará.
Vamos a vencer y a restablecerlo...
con la ayuda de Dios.
¡Los soldados! ¡Despiértense todos!
- ¡Hay soldados alemanes! - ¡Despierten!
¡David, despierta! ¡Los soldados están aquí!
¡Ve a la enfermería!
Buscaré a los niños más grandes y nos encontramos en el sótano.
- Está bien. - ¡De prisa!
¡Rápido, a la enfermería!
¡Ayúdame, los alemanes están aquí!
¡Llegaron los alemanes!
¿Qué sucede?
¡Los alemanes!
¡Tenemos que ir a buscar a los bebés, Madre Superiora!
¡Las dos, a la iglesia!
¡Rápido, ven rápido!
¡Tenemos que cuidar a los bebés!
¡Vamos!
¡Escondan todo el equipaje!
¡Voy contigo!
Que los pongan en fila contra la pared.
¡Muévelo!
¡Ven aquí!
Rápido, vamos a ponerlos en la cripta.
- Dámelo. - Toma este.
Toma también este bebé.
¡Contra la pared! ¡Vamos!
¡No! Se darán cuenta de que no eres una monja.
Es igual de peligroso para él.
- Déjalo aquí. - ¡Por favor!
Nos aseguraremos de que esté a salvo. No te preocupes.
¡Estará bien! ¡Vamos, no te preocupes!
¡Vamos! ¡Tú también!
¡Rápido, niños, de prisa!
¿Qué sucede?
Espera...
¡Vamos! ¡De prisa!
Rápido, rápido.
Debajo de las escaleras... Entra.
- ¡Vamos! - Shh...
¡Rápido! Más rápido.
¡Rápido! Hazlos entrar.
¡Vamos! Hasta el final.
- Toma estos dos.
- Está bien. - lré a ver a los otros.
¡Vamos, rápido!
David aún no ha venido con los otros niños.
No podemos esperar. Cierra la puerta.
Shhh...
¡Raus! ¡Raus!
Estoy pintando... Es una restauración.
¡Muévete!
Sí, soldados alemanes también.
¡Debe hacer algo de inmediato!
Antes de que las cosas... empeoren.
Esta es un área extraterritorial.
¿No conoce la ley?
Quiero pedirle que me acompañe
hasta la iglesia, padre.
¡En fila!
¡Basta!
¿Todos son curas?
Sí, tiene mi palabra.
¿Es verdad?
Tú...
Recita el Ave María.
Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita Tú eres...
No toleraré un comportamiento de este tipo.
¡Son peores que los animales!
¿No les da vergüenza?
Deberían avergonzarse de sus acciones en la Casa del Señor.
¡Allí!
El Padre Nuestro.
El Padre Nuestro, por favor.
¿No lo sabe?
Hijo mío...
Tenga piedad de él.
Es un hombre mayor, está casi sordo.
¡Tú, fuera de aquí!
Entonces recita tú el Padre Nuestro.
No.
¿Entonces?
No lo sé.
Soy judío.
Me llamo Montini y soy asistente del Secretario de Estado vaticano,
¿Quién es el oficial a cargo?
Dígame su nombre y su grado de inmediato.
No estoy obligado a hacerlo.
Esta irrupción viola tratados internacionales.
Hemos informado al Santo Padre.
Retírense ya mismo o usted y sus superiores
tendrán en sus manos un grave incidente diplomático.
Ya nos íbamos.
¡Liberen a los rehenes!
Eso...
no es posible.
¡Vamos!
¡Ay, gracias a Dios!
¡Marco, Marco!
¿Dónde está David?
Se suponía que iba a llevar a los niños al sótano,
pero nunca llegó.
¿Qué?
¡Los niños!
¿Dónde están los niños?
¡Mamá! ¡Papá!
David...
¡David!
Lo siento, lo siento.
¡David!
Todo está bien.
David, pensé que te habían capturado.
No podría haber seguido adelante...
No permitiría que nadie te aleje de mí.
¿Entiendes?
Fuiste muy valiente.
¡Qué buena niña!
¡Ay, mi bebé! ¡Gracias!
Está bien. Vamos a buscar a mamá.
Vamos a presentar una protesta oficial
ante el Observador Romano sobre lo sucedido.
Remarca su importancia y su gravedad.
- Bueno. - ¡Santo Padre!
¿Y?
Llevaron a todos a la cárcel de Regina Coeli.
Gracias por todo, Padre Pfeiffer.
Agradézcales a ellos.
Ellos son los que imprimieron los pases.
Esto los llevará a un lugar seguro pasando la frontera.
Gracias, Miriam.
Todavía tengo el que tu padre hizo para mí.
La última vez tuve miedo de usarlo,
pero esta vez no lo pensaré dos veces.
Nos vamos.
Se irán de aquí de a dos.
Los grupos grandes llaman mucho la atención.
Los primeros dos.
La historia no lo olvidará.
No trabajo para los anales de la historia;
trabajo por caridad.
Vamos, llegó el momento.
¡Adiós!
Que Dios los proteja.
- ¿Puedo desayunar algo? - Sí.
Gracias.
¿Quieres un poco?
Tomé una decisión: yo también me voy.
¿Quieres llegar al otro lado de la frontera?
No... Vuelvo con los partisanos.
¿A luchar?
La otra noche me contaron su plan.
Es una misión importante.
¿Están todos locos?
Roma está pendiendo de un hilo...
No hay tiempo para misiones importantes.
¿Te diste cuenta?
Si miras la cúpula desde aquí,
parece como si pudieras alcanzarla...
y tocarla.
Pero cuando te acercas, parece que se moviera fuera del alcance.
Mi padre ganó mucho dinero con el régimen.
Me avergoncé de él.
Pero nunca tuve el coraje de enfrentarlo.
Durante toda mi vida, he tratado de lograr algo
y siempre se me escapó.
¿Qué estás haciendo?
Rápido, Padre Pfeiffer.
¡No puede hacer esto!
¡No me puede hacer esto!
- ¡David! - ¡Cálmate!
Es por tu propio bien.
¡Yo decidiré qué es mejor para mí!
¡Abre la puerta!
Lo siento, Marco.
No permitiré que te vayas y te maten.
- ¡Sácame de aquí! - Lo siento.
¡Sácame de aquí! ¡David! ¡David!
Está despejado. Vamos.
Sí, capitán.
Con respecto a sus órdenes, general,
he pensado dos escenarios para secuestrar al Papa.
Uno de ellos es una simple abducción,
mientras que el otro provocaría un resultado más letal.
Una vez que tengamos al Papa,
nos concentraremos en buscar al resto de los judíos
escondidos en los conventos.
La Prefectura ha confirmado
que fue una bomba.
Docenas murieron.
Se vengarán.
Se las agarrarán con la población.
Todos nuestros esfuerzos por mantener la guerra sitiada han sido inútiles.
Los alemanes ya están instalados,
arrestando a los habitantes en la zona.
Tenemos que averiguar qué tienen en mente
y tratar de detenerlos.
Nadie puede hablar con ellos, Su Santidad.
Ni el Prefecto, ni el Jefe de Policía.
Tratemos de contactarnos directamente
a través de nuestros canales, pero rápido.
¡Padre! ¡Alto!
Soy el Padre Pfeiffer.
Me gustaría hablar con el comandante.
¡No!
¡Váyase!
He venido directamente en nombre de...
¡Dije que no!
¡Vamos! ¡Fuera!
¡De prisa! ¡Vamos!
24 de marzo de 1944
En la calle Ardeatina, Su Santidad.
Los salesianos de la zona los vieron.
Hitler ordenó ejecutar a diez civiles
por cada soldado asesinado...
más de 300 personas.
A los jóvenes, los ancianos... los mataron a todos.
Debemos defender a toda costa nuestras posiciones, señores,
para que nuestras tropas puedan replegarse hacia el norte
si perder demasiados hombres.
Corten las comunicaciones, el acceso a los puentes, calles.
En otras palabras, fortifiquen Roma para evitar el avance del enemigo.
- Señores. - General.
General...
Debemos reaccionar ahora, general.
La situación está empeorando.
Si no secuestramos a Su Santidad de inmediato,
no podré garantizar su traslado seguro.
Entiendo.
Tendré a mis hombres listos.
Se acerca el acto final de esta tragedia
y yo voy a intervenir directamente.
Podrán secuestrarme, tomarme de rehén,
usarme en un intercambio.
Con esto, oficialmente renuncio al trono papal.
Si algo me pasa,
no le habrá sucedido al Papa...
sino al Cardenal Paceli.
Pero tenemos que evitar cualquier incidente de ese tipo.
Su Santidad debe dejar Roma de inmediato.
Puede refugiarse en España
hasta que la situación se tranquilice.
No abandonaremos San Pedro por ningún motivo.
Esta es nuestra diócesis.
Nos quedamos aquí.
Sin embargo, ustedes pueden hacer lo que crean conveniente.
¿Recuerda lo que sucedió en Múnich, Su Santidad,
cuando ese revolucionario le apuntó un arma al corazón?
Quería irme, escapar.
Y la única razón por la que no lo hice,
es porque usted se quedó ahí.
En ese momento me di cuenta
de que no importa donde esté;
mi lugar está a su lado.
Llegó el momento de hablar con los fieles...
directamente.
Recibiremos la señal de la Plaza de San Pedro en Roma,
donde el Papa, Su Santidad, Pío Xll
va a dar un discurso.
Hemos condenado esta guerra
una y otra vez.
Esta terrible plaga que nos aqueja
por haber ignorado las súplicas de paz de la lglesia.
Gracias por todo el apoyo que nos han brindado.
No obstante en este momento nuestros corazones alborotados,
impacientes por nuestra atormentada ciudad, Roma,
y por sus ciudadanos,
que han sido heridos, mutilados y asesinados.
Nuestro sufrimiento personal es nada comparado con su dolor,
su desconsuelo,
que lastima y entristece lo más profundo de nuestros corazones.
Hoy todo el mundo civil y cristiano
ha posado sus ojos en Roma.
No queremos creer que esta ciudad
podría transformarse en un campo de batalla,
en un campo de guerra.
Comandantes, ejércitos,
todos aquellos, que en virtud de su poder,
tienen la opción de elegir...
les imploro,
para que su memoria
no sea maldecida eternamente en la faz de la Tierra
por siglos.
A ti clamamos los desterrados hijos de Eva.
A ti suspiramos,
gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas...
La suerte de esta guerra parece estar echada.
Acepté venir, Su Santidad,
porque creo que con su ayuda
podemos negociar un acuerdo de paz independiente
solo con las fuerzas occidentales,
sin incluir a la Unión Soviética.
No.
Creo que usted aceptó verme por otro motivo.
Creo que quería reunirse conmigo cara a cara.
No es para nada honorable atacar a un adversario
sin primero mirarlo a los ojos.
No sé de qué está hablando.
Ah, sí lo sabe.
Usted y yo hemos bailado esta danza de la muerte sin siquiera conocernos.
Yo lo hice porque me forzaron.
Pero usted...
¿por qué lo hizo, general?
Seguí las órdenes que me impartieron.
¿Y esas órdenes qué le exigían?
¿Que me secuestrara?
¿Que me asesinara?
¿Que destruyera nuestra ciudad?
Al resistir, le garantizamos a nuestro ejército una retirada más segura.
Al resistir, provoca el sufrimiento seguro
de cientos de miles de inocentes
y la destrucción de Roma.
Aquí estoy, general.
Esto es lo que implica mi estrategia.
Haga conmigo lo que quiera.
Esto ya ha sucedido muchas veces antes,
a lo largo de la historia del Cristianismo.
Pero nunca nos impidió prevalecer sobre nuestro antiguo adversario.
Ese no es el punto.
El punto...
El punto es que se niega a aceptar
que mi país está en guerra.
Cada acto, cada decisión mía se ve afectada por esto.
Soy un soldado.
¡No!
¡No!
Ante todo, usted es un hombre,
una criatura de Dios.
El mal...
El mal es nuestro antiguo adversario, general.
Está dentro de cada uno de nosotros.
Oscuridad y claridad, de eso están hechos los hombres.
Lo oscuridad los destruye,
la claridad los alimenta.
Quizá le parezca trivial, pero no lo es.
No sé a dónde quiere llegar.
Estoy tratando de ver, en la profundidad de su ser,
si todavía hay un rayo de luz...
Si la luz del Señor todavía puede iluminar
la oscuridad que invade y perturba su alma.
¿Usted realmente, en plena consciencia,
se entrega a la oscuridad?
¿Al sufrimiento?
Ningún hombre puede querer eso de verdad.
Míreme.
Ninguna criatura de Dios podría querer eso.
Y usted es una de las criaturas de Dios, general.
¿Puedo pedirle un favor?
¿Qué dijo, General Wolff?
Usted es quien dio la orden.
Misión cancelada...
Emprendimos la retirada.
Está bien, ábrelo.
Ven conmigo.
Bien.
¡Miriam!
¡Ricardo!
Ay, Ricardo.
Estás vivo...
¡Estás vivo!
Te encontré.
Tikvà.
Se han ido, Su Santidad.
Ni siquiera dispararon un tiro
y nadie les disparó.
Roma es libre.
Libre...
pero privada de tantos de sus hijos.
¿Quiere dar un paseo conmigo, Monseñor?
¿Sin guardias ni escoltas?
Solo nosotros dos.
Gracias, Señor,
por haber puesto fin a esta noche oscura,
por haberle mostrado a tu sirviente la luz del nuevo día.
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